Capítulo 3 "Quiero besarte"

Al verlo sentado tan serio como siempre su corazón comenzó a latir fuertemente, sus facciones sin emoción alguna, sus ojos rojos que la miraban por momentos clavándose en ella como si pudieran traspasarla. Dejo escapar un gran suspiro y se decidió a invitarle un pedazo de pastel que había preparado ella misma.

Reiji parecía estar en otro planeta, o era eso o la estaba ignorando totalmente. Intentando mantener la calma se acercó un poco más a él.

Al sentirlo tan cerca, su respiración se entrecortaba, la imagen semidesnuda de él, se le había quedado grabada en la mente. Su cuerpo se tensaba y su piel se erizaba al recordar su tacto, No podía evitar pensar que se sentiría tocar su piel, sus labios, "¿besaría bien?"

Sacudió la cabeza de un lado al otro, era repugnante lo que estaba pensando… ¿en qué clase de mujer se quería convertir? Tomo un largo respiro y se dispuso a hablar nuevamente, dibujando una sonrisa.

-¿Reiji quieres pastel?-

-Sí, Claro- Respondió mirándola directamente a los ojos.

Tratando de mantenerse estable, sin mostrar lo nerviosa que estaba tomo el cuchillo y corto rápidamente un pedazo de pastel.

Estaban muy cerca, podía sentir la mirada penetrante de Reiji, sus mejillas ardían y su corazón estaba a punto de salirse de su pecho. No podía ser normal lo que le estaba pasando. En definitiva, ¿Qué era lo que le estaba pasando? Con tan solo escuchar su voz su piel quemaba.

Dibujo nuevamente en su rostro una falsa sonrisa y le extendió el plato al pelinegro que la miraba como si estuviera en un mundo distante. Cuando ambas manos se tocaron, sintió que su corazón se detenía, una descarga eléctrica recorrió todo su cuerpo, mil sensaciones desconocidas revolotearon a su alrededor, abrió los ojos sorprendida por lo que sintió y aparto la mano como si hubiese tocado algo extremadamente caliente. Trago duro y se apresuró a separarse de él, que de un momento a otro la miro con una pícara sonrisa. Como si mil cosas se le estuvieran ocurriendo, como si ya hubiese descubierto su secreto.

Reiji desvió su mirada cuando su hermano entro al comedor y deposito un beso en los labios de ella.

-Buenos días linda.-

Con tan solo ver esa escena su mandíbula se apretó con ira.

-Reiji.- Pronuncio palpando su hombro, tomo asiento en la punta de la mesa y ella a su lado.

-¿Entonces cuando te vas?.-

Escucho la dulce voz de ella. ¿Acaso su hermano se iba?

-Mañana por la mañana.-

-Shu, insisto porque no te niegas.-

-Porque no, ya me comprometí con ellos y no puedo negarme.

-Shu…-

-¡UME YA BASTA DIJE QUE NO!-

-No levantes la voz, es temprano y me haces doler los oídos.- Hablo con indiferencia.

De reojos vio la cara pálida de la chica, por la vergüenza que supone que sentía y se enfureció con su hermano por hablarle de esa forma.

-¿Así que te vas?- Pregunto comiéndose la última porción de pastel que quedaba en su plato.

-Si, mañana tengo que viajar a Francia.-

-Y se puede saber cuándo me lo ibas a decir.-

-Te lo estoy diciendo ¿no?.-

-¿Ume tu no iras?.- Pregunto fingiendo inocencia en su tono de hablar, por lo que había escuchado anteriormente sabía perfectamente que ella no iría, pero su finalidad con la pregunta era saber si ella se quedaría allí con él.

-No, ella se queda, espero que no te moleste.- respondió el rubio antes de la que la joven articulara palabra.

En su interior se encendió una llama que no podía controlar ¿alegría? ¿Qué era lo que esperaba que pasara en ese trayecto sin la presencia de su hermano? Oh si, él ya sabía lo que quería, solo necesitaba escuchar lo que más le importaba.

-¿Cuánto tiempo estarás fuera?-

- Dos semanas, si las cosas se complican con los empresarios tres.-

-Bien, no tienes de qué preocuparte… Me ocupare de Ume.-

Le lanzo una mirada penetrante a la castaña que hizo que su piel se erizara.

-Voy a ordenar lo que falta en mi habitación… si me disculpan.- se excusó rápidamente y salió disparando dejando a los dos hermanos solos.

El de orbes rojos miro con desafío al de azules.

-Shu acaban de llegar hace tres días ¿Por qué la trajiste si sabias que tenías que irte?-

-¿Acaso no la vistes? Si dejo que ande sola por ahí mientras me voy cualquier hijo de puta podría echarle garras.-

-¿Por qué no la llevas contigo?- Pregunto más desafiante que antes.

-Vamos Reiji, viajar a parís con las mujeres que hay allí… no voy a desaprovechar una oportunidad así.-

-Nada como los viejos hábitos.- Pronuncio divertido, aunque su mandíbula se tensó al escucharlo.

-Ni que lo digas. Bueno voy a terminar de empacar.-

-Si tanto miedo tienes de perderla, ¿Por qué no la cuidas más?- soltó antes de que su hermano saliera de la habitación.

Shu giro sobre sus talones y le brindo una sonrisa totalmente orgullosa.

-No tengo miedo de perderla, ella jamás me dejaría.-

-¿Estás seguro de eso?-

-Muy.- respondió frunciendo el ceño dando la vuelta para marcharse.-

-si la amas tanto no deberías engañarla.-

-Tch, ya te lo dije, no es nada de eso… solo no quiero que toquen lo que es mío.-

-Entiendo.- respondió acomodando sus lentes poniéndose de pie. – Pero, deberías cuidarla más.-

Shu lo miro levantando una ceja. Pero no respondió simplemente se marchó a realizar sus asuntos.

-¿Qué no toquen lo que es tuyo? Eres un idiota Shu.-

Ume se sentó en el borde de la cama, inclino su cabeza hacia atrás y se puso a analizar toda la situación.

En solo unas horas su novio se iría, se quedaría sola, pero eso no la hacía sentir para nada triste, trataba de buscar en un rincón algo de tristeza algo que la haga sentir mal, por no poder ver a su novio durante dos semanas, aunque sea un poco de esa desesperación que cualquier chica pudiera llegar a sentir pero nada venía a ella.

-ok Ume… Shu se va… ahora es cuando te pones a llorar-

Apretó sus ojos con fuerza y arrugo la nariz.

Luego de varios segundos abrió solo un ojo.

-SHU SE VA…. ¡LLORA AHORA!- volvió a cerrar sus ojos con fuerza.- pero al instante los abrió dejándose caer, quedando acostada sobre el colchón.

-¿Qué pasa conmigo? Es mi novio… y se va… ¡concéntrate!- se dio una bofetada y tomo un largo suspiro, por alguna razón creía que si lloraba por el viaje de Shu iba a demostrar algo.

Cerro sus ojos tratando de recordar todos los bellos momentos con el rubio. Pero ninguno le venía a la mente. Sin embargo la imagen del pelinegro si apareció en su radar, sus músculos, su tacto, su forma de hablar, su respiración. Abrió los ojos y se sentó nuevamente en la cama con la respiración agitada. No podía creerlo, su novio se iba y ella estaba pensando en su hermano, que ser tan despreciable. Shu la quería, y ella lo engañaba con los pensamientos, pero aun así ni una lagrima cayo por su mejilla.

-Ni bien se vaya Shu tomare mis cosas y me volveré a Nueva York, de ningún modo me quedare sola con Reiji…-

Shu estaba terminando de empacar el poco de ropa que le faltaba con la misma tranquilidad y flojera que tanto lo caracterizaba, su mirada azulina no reflejaba ningún tipo de emoción, de pronto su ceño se frunció y apretó los dientes con furia.

-¿Qué la cuide más?, Tch, ahora quieres hacerte el experto en amor hermano.- soltó una pequeña risa.- ella jamás se alejaría de mí, soy lo único que tiene, a excepción de "ese imbécil", pero, él no es más que un pañuelo para ella.-

Apretó con fuerza el puño y esa mirada azulina que no mostraba preocupación alguna se transformó en una cargada de ira, era como ver las olas del océano golpear con furia contra una roca.

-Confió en que no harás nada estúpido Reiji…. Ume es solo mía.-

Sus orbes se clavaron hacia el gran ventanal que daba al jardín y soltó un suspiro mientras aflojaba su puño. Era una maldita obsesión que tenía hacia ella, él lo sabía perfectamente, ella era muy diferente al resto de las mujeres que había conocido y por ningún motivo iba a permitir que se la arrebataran por lo menos hasta que él no se aburriera de ella no iba a permitir que algo así pasara.

Era la primera vez en su vida que le pasaba esto, y estaba asustado aunque jamás lo iba a reconocer.

"Si tanto miedo tienes de perderla, ¿Por qué no la cuidas más?"

Esas palabras daban vuelta por su mente una y otra vez. Una mezcla de emociones se apoderaba de él. Reiji era un hipócrita precisamente el, le venía a decir algo así… el que jugaba con las mujeres a su antojo haciéndolas caer como tontas a sus pies.

Aunque tenía que reconocer que a diferencia de él, su hermano jamás hizo llorar a una mujer, aunque era frio y calculador Reiji siempre fue muy cuidadoso con todas las mujeres que había estado. Sin embargo el, no podía decir lo mismo.

Con su cara angelical siempre conseguía lo que se proponía, con una simple sonrisa conquistaba a la mujer que se le antojaba, pero con ella había sido distinto.

Conquistar a Ume no había sido nada fácil, ella había sido la primera mujer que lo rechazaba, y él no podía permitir eso. Por primera vez le tocaba cambiar el juego y eso le había gustado. Tal vez por eso era que no podía permitir que ella se fijara en otro. Ume era su pasatiempo perfecto, no iba a permitir que nadie se la arrebatara.

Una sonrisa de satisfacción se dibujó en su rostro.

-Es imposible que ella se fije en otro, me necesita… me necesita.- se repitió a si mismo con una gran sonrisa.

-¿¡QUE QUIERES DECIR CON ESO DE QUE ELLA JAMAS TE DEJARIA IMBECIL!?- Grito el pelinegro dándole un fuerte golpe a la mesa atrayendo la mirada de los ejecutivos que se encontraban sentados a su alrededor.

-¿Señor Sakamaki se encuentra bien?- pregunto un sujeto que se encontraba a su lado.

Reiji miro a su alrededor volviendo a la realidad, carraspeo suavemente, acomodo su corbata y se removió en la silla fingiendo que nada paso.

-Si estoy bien, ¿en que estábamos?-

Los ejecutivos se miraron sorprendidos no era normal que Reiji Sakamaki se distrajera de esa manera y mucho menos que gritara de esa forma.

-Estábamos hablando del compuesto de su nuevo analgésico Señor Reiji.- Pronuncio una mujer morena de orbes verdes que lo miro angustiada.

-Claro, si bien…mmm bueno…Tengo que tomar aire, lo siento-

Se levantó rápidamente saliendo de la oficina y se dirigió hacia la azotea, abrió la puerta de par en par y al sentir el aire en su rostro respiro muy profundo apoyando sus manos en sus rodillas.

-¿Qué diablos fue eso? QUE DIABLOS FUE ESO? REIJI MIERDA!- se reprendió así mismo una y otra vez.

Esta presentación era muy importante para él, tenía que explicar el compuesto químico de su nuevo medicamento y lo había echado a perder, pero eso en verdad le importa un comino, no podía parar de pesar en esas palabras que su hermano le había dicho.

¿Por qué estaba tan confiado en eso? Tal vez, su capricho por tenerla lo había cegado y Ume realmente amaba a su hermano y estaba imaginando cosas… pero si era asi... no, no era así, él no se imaginó cuando ella se quedó inmóvil en el baño, o como corrió su mano y las mejillas se le prendieron fuego cuando lo toco esa misma mañana, No eso no lo había imaginado. Entonces recordó aquella charla que habían tenido la mañana en que comió esos asquerosos pero exquisitos hot Cakes y su rostro se ilumino con una gran sonrisa.

-Ella… ella no tiene a nadie ¿cierto hermanito? Es por eso que estas tan confiado, ¡que estúpido eres Shu!- pronuncio en medio de una carcajada.- Si eso es lo que ella piensa, yo le demostrare lo contrario.

-¿Reiji te encuentras bien? están muy preocupados allí dentro- se escuchó a su espalda.

Volteo instantáneamente para encontrarse con la morena esbelta que estaba en aquella reunión.

-Estoy mucho mejor, volvamos a la reunión Mika.-

La chica quedo anonadada al ver como Reiji paso por su lado totalmente renovado, y con una gran sonrisa, sacudió su cabeza de un lado al otro y tomo un largo respiro.

-¿El…Sonrió? ¿Acaso esta azotea tiene poderes mágicos? -Balbuceo palmando el aire.

-¡MIKA APRESURATE!-

-Yyyyyy volvió.- Hablo para si misma mientras giraba sobre sus talones y corría hacia el interior del edificio.

La cabeza de Ume estaba a punto de explotar, trataba de encontrar una explicación a sus pensamientos y acciones, pero no llegaba a una solución lógica. Ni siquiera conocía a Reiji como para estar teniendo esos pensamientos y aun peor era el hermano de su novio. Sumergida en un sinfín de ideas se sobresaltó al sentir como unas manos rodeaban su cintura y la abrazaban con fuerza a sus espaldas.

-¿Te asuste?- pregunto besando su cuello.

Sentir la voz de Shu no la tranquilizo para nada, se sentía como si la hubiese encontrado en pleno acto de infidelidad. Algo temblorosa llevo sus manos por encima de las de él acariciándolas con ternura y así disimular los nervios, aunque sea un poco.

-¿Terminaste de empacar?-

-Si… ¿Por qué? ¿Tienes algo en mente?- pregunto girándola lentamente para quedar frente a frente.

-Puede ser…- contesto seductoramente tocando el cuello de su camisa.

-Qué casualidad, también tengo algo en mente.- La atrajo más hacia él, quedando prácticamente pegados, pero antes de besarla hizo un gesto como recordando algo.-¡Reiji!-

Los ojos de Ume se abrieron como búho no esperaba escuchar ese nombre justo en ese momento tan... bueno en ese momento.

-¿Reiji?- pronuncio confundida y asustada, no quería parecer que estaba a la defensiva aunque en su interior supiera que si lo estaba.

-Si el idiota me llamo que tenía que ir a buscarlo en…-miro su reloj.- hace diez minutos.-

-¿Cuándo te llamo?-

-Hace una hora, va a estar, algo enojado cuando llegue.-

-¿Acaso no tiene auto?-

-Sí, si tiene pero dijo algo, que no escuche, mejor voy yendo, ¿viste mis audífonos?-

-Están sobre la mesa, ¿para que los quieres?-

-Porque realmente no quiero escuchar las quejas de Reiji cuando suba al auto, nos vemos en un rato.-

Se despido rápidamente y salió con una velocidad a la cual Ume no estaba acostumbrada a ver por lo tanto no dudo en echarse a reír.

Así era como tenían que ser las cosas, Shu su novio, Reiji su cuñado y ella no debía pensar cosas morbosas, no podía destruir esa relación de hermanos, no podía…

-Así tienen que ser las cosas, basta de estupideces Ume, basta…-

Salió del cuarto totalmente renovada, intentando ser la misma chica de siempre. Camino hacia la cocina por un poco de jugo donde se encontró con la misma señora que la había chocado el día anterior. Se encontraba algo alterada preparando lo que supuso seria la cena de esa noche. Tenía una sartén el en fuego con unos vegetales fritándose, una olla con agua la cual estaba a punto de mandar a volar la tapa de tanto hervir, el agua del grifo que corría con fuerza sobre unos tomates y ella picaba unos trozos de carne. Ume la miro algo sorprendida y con gracia a la vez, no es que se estaba burlando de la señora sino que la situación era muy chistosa. Cuando se adentró un poco más, la señora volteo en su dirección y el saludo cortésmente, disculpándose por el desorden.

-¿Ester, cierto?-

-Si señorita Ume, pase tome lo que desee.-

-¿Quiere que la ayude?-

-Oh no, claro que no usted no debe hacer estas cosas.-

-¿Quién dice?-

-Bueno es la novia del Señorito Shu y pues…-

-Soy mesera en un bar, vivo sola desde muy pequeña, créame se cocinar y más aún mojarme las manos.- hablo divertida robándole una sonrisa a la agobiada mujer.

Ume tomo los tomates, comenzó a lavarlos uno por uno y a cortarlos en cubos mientras que Ester metió en la olla un puñado de pastas, ambas comenzaron a conversar sobre las comidas que Ume preparaba en la casa y Ester le daba uno tips de diferentes sazonadores. Entre tanta charla la cena estaba a punto solo faltaban algunos detalles.

-Sabe señorita Ume, sinceramente me alegra que el Amo Shu encontrara a alguien como usted.-

-Ester llámame solo Ume no Señorita, y gracias eres muy amable.- Respondió algo sonrojada mientras acomodaba los utensilios que acababa de lavar.

-Sinceramente jamás imagine que el joven Sakamaki trajera como novia oficial a una chica tan encantadora como tú, ya que bueno…-

Ume abrió los ojos sorprendida, su corazón se aceleró de pronto y una sonrisa se formó en el rostro, sin querer había llegado al tema que su novio siempre evitaba, no era que fuese de esas locas que quieren saber con cuantas y como se llamaban todas las ex con las que había estado pero si como para conocerlo más, tal vez había una razón por la cual él era algo… distraído. Palpando con un dedo sus labios y fingiendo desinterés se acercó a Ester para que esta siguiera hablando.

-¿Cómo eran las chicas anteriores?- pregunto como si nada, como si fuera algo muy natural.

-¿Chicas anteriores? Bueno ya sabe, usted es la primera novia oficial.

-Si eso lo se… ¿pero jamás trajo a nadie?-

-Si… pero no…-

-¿"Ume estas aquí?"- se escuchó a alguien entrando por la cocina.

-¡HAY NO PUEDE SER!- grito exasperada al notar a Shu entrando a la cocina, justo cuando estaba en la mejor parte de charla.

Tanto Shu como Ester se quedaron inmóviles mirándola sin entender, a lo que esta se dio cuenta inmediatamente, cerró sus ojos e inflo las mejillas y analizando la situación volvió a hablar.

-Olvide comprar mayonesa, voy al almacén… hola amor.- hablo pasando por delante de el con una sonrisa y dándole un rápido beso en sus labios.

Shu miro a la mujer a lo que ella respondió con un gesto elevando un hombro y haciendo un leve puchero con su labio inferior.

-¿Sabe dónde queda el almacén?- Pregunto el rubio con duda.

Tan rápido salió de la cocina sus ojos se abrieron como plato lo único que rogaba era que Ester no le cuente a Shu lo que hablaban, ahora tenía que salir a comprar y no tenía ni la más mínima idea donde quedaba el tonto almacén, aunque había visto uno cuando salió con Shu a unas pocas cuadras. De todas formas si no lo encontraba le preguntaría a alguien y ya.

Tomo el saco que se encontraba en el perchero y mientras se lo ponía se dirigió a la puerta. Una vez en el exterior miro hacia los lados para ver si encontraba a uno de los empleados de la casa para preguntar pero no vio a nadie, el sol ya se estaba poniendo y algunas estrellas se estaban haciendo notar. Dejo escapar un soplido y se dispuso a caminar, mientras lo hacía peleaba con ella misma mirando el suelo…

-¿Por qué no se me ocurrió otra cosa?, o mejor, ¿porque simplemente no me hice la tonta y ya?...-

Un fuerte choque contra alguien la hizo volver al mundo real otra vez.

-OYE PORQUE NO TE FIJAS.- levanto la vista y se encontró con unos ojos carmesí que la miraban muy serios. –R…Reiji..- su nombre salió como si estuviera susurrando el más pecaminoso secreto y no quisiera que nadie lo escuchara, sus mejillas se tornaron rojas tan rojas que le quemaban, sus labios temblaban y sus ojos no se desprendían de los de él. Los brazos de él envolvían su espalada, podía sentir con la firmeza que este la sostenía, sus brazos eran fuertes…. De un momento a otro reacciono liberándose del agarre.

-Eres bastante torpe.- La regaño cuando ella se hizo a un lado.

-No soy torpe, tú no te fijaste que yo venía caminando.-

Se reprendió interiormente por ser tan contestadora no quería quedar como una grosera y si tenía que describir en una palabra la mirada que Reiji le estaba enviando seria… ¡DISCULPATE!

-lo siento no quería hablarte mal.. Es solo que, me asuste.- Su excusa la condenaría en el primer lugar en el infierno. La sola presencia del pelinegro la ponía de los nervios, y la forma como la estaba mirando en ese momento, arqueando una ceja y una leve sonrisa en su rostro, no la estaban ayudando en nada.-Mejor me voy.-

Camino dos pasos pero este la detuvo rápidamente.

-¿A dónde vas a esta hora?-

-A comprar mayonesa…-

-¿Mayonesa?- pregunto dubitativo. Ella simplemente movió su cabeza para afirmarlo.-bien te acompaño-

-¡NO!- grito esta automáticamente, lo que menos necesitaba en este momento era estar sola con él.- No hace falta.- agrego más cortes.- recién llegas de trabajar así que…mejor…-

-Dije que te acompaño y punto, camina.-

La autoridad y la arrogancia con la que Reiji le hablaban la sacaban de quicio, pero a la vez le resultaba muy sexy. Sacudió su cabeza para alejar esos pensamientos pervertidos que amenazaban con volver. Como si su cuerpo estuviera traicionando su mente, comenzó a caminar dejándolo atrás, Reiji la siguió sin decir nada, aunque en su interior sentía una alegría de carnaval.

Luego de caminar casi cinco cuadras la castaña paro en seco y miro hacia los lados para luego girar y quedar enfrente de Reiji que iba a unos pasos atrás de ella.

-¿Dónde está ese almacén? Juraría que era por aquí.- pregunto arqueando una ceja.

-El almacén del que hablas está a tres calles para atrás- señalo con su dedo hacia atrás por arriba de su hombro.- y estaba cerrado.-

Los ojos de Ume se abrieron como búho y su corazón comenzó a agitarse. Y camino muy decidida en dirección al Pelinegro.

-¿Y porque no me lo dijiste?.- hablo entre dientes quedando cerca de el pero a unos centímetros considerables.

-Te veía muy entretenida caminando y te deje seguir.- Aunque su mente gritaba, "Mentiroso te gustaba ver su perfecto trasero moviéndose de lado a lado"

-¿Dime que hay otro almacén más adelante?- su pregunta sonaba más a suplica que a otra cosa.

-Claro hay uno doblando justo aquí.- hizo una seña con su dedo señalando la esquina de donde se encontraban, esta lo miro extrañada siendo que él le sonreía de una forma… "Inocente" las palabras de Reiji habían sonado muy dulces, y no es que lo conocía de toda la vida simplemente que aquel sonido de voz simplemente no encajaba con él.

-Bien… vayamos.- hablo ella dándose la vuelta.

Cuando llego a la esquina y doblo en esta se encontró con un oscuro callejón sin luz y con una gran pared que bloqueaba el paso, tomo una bocanada de aire furiosa y giro para retrucarle al pelinegro de porque la tomaba en broma. Sin embargo antes de poder decir algo se encontraba aprisionada en la pared con el cuerpo de Reiji totalmente encima suyo tomándola de ambas manos a la altura de su cabeza y trabando sus piernas con las suyas, aun con el abrigo que llevaba podía sentir el frio de aquella pared que congelaba toda su piel… no no era eso, era la mirada de aquel que la sostenía con fuerza para que no se moviera la que le erizaba la piel. Era tenerlo a centímetros de su cara, su boca apenas rozando la suya chocando sus alientos, lo que la tenía con el corazón a punto de explotar su pecho.

-Quiero besarte.- dijo mirándola a los enormes ojos que se abrían como búho una vez más para luego mirar sus labios con deseo.

Y era un hecho el corazón de Ume estaba a punto de sufrir un colapso…