¡Hola! Muchas gracias por sus comentarios y por tomarse la molestia de leer este intento de fanfic, me di cuenta en algunos comentarios de ambas páginas donde público que un par de personas acertaron en lo que dijeron, sus teorías, suposiciones, etc son bien fundamentadas y aquí se aclarara un poco todo.

Me disculpo si hay faltas de ortografía, Ooc y términos mal dichos.

Hago esto sin fin de lucro y por puro entretenimiento.

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El día anterior algo realmente interesante había sucedido en el jardín del palacio Pacto de Sangre. Llevaba anticipándolo por un tiempo y llámenlo casualidad o coincidencia pero se encontraba cerca del lugar de los hechos justo en el momento indicado. Shibuya estaba visiblemente molesto, como si tuviera celos de que el mazoku rubio estuviera con otro.

Él sabía lo que sucedió, Shinou lo sabía y Wolfram Von Bielefeld lo sabía; era un secreto que ellos compartían junto a esa otra personalidad del rey que se encontraba en su interior. El cómo sucedieron los hechos fue algo muy curioso de ver. Pero no iba a pensar mucho en ello cuando no había nada que pensar; el rey debía recordar aquello por sí mismo y darse cuenta de sus verdaderos sentimientos.

Pero jugaría un poco con él antes que nada.

Casi no podía contener la sonrisa que le provoco ver la cara que puso cuando dijo que el rubio era su esposo; era una mentira, lo sabía y agradecía que el rubio le siguiera el juego; pensó que Shibuya se merecía un poco de sufrimiento por ser tan despistado y al parecer el mazoku de fuego pensaba lo mismo.

Agradecía también que el rey Saralegui llegará en ese preciso momento para distraerlo; perfecto, ahora evitaría a Shibuya un par de días antes de darle explicaciones.

Ya habían pasado varios meses desde que se había llevado a cabo esa ceremonia privada y era increíble que el otro pelinegro no se diera cuenta de nada y que no recordara en absoluto lo que él mismo había solicitado.

Hablando del rey de Shin Makoku. Al parecer estaba de visita en el templo y se dirigía hacia él mismo con esa cara seria. Interesante, vería como resultan las cosas en este momento y decidiría si decirle o no la verdad.

-Murata, necesito hablar contigo- hablo cuando estuvo a pocos paso de distancia

-Shibuya, es bueno verte ¿Qué es lo que deseas consultar conmigo?- sonrió con inocencia, esto sería entretenido

-Sabes sobre qué- dijo incómodo de tocar el tema

-Me temo que no lo sabré si no lo dices- volvió a fingir inocencia

-Tú y Wolfram…- la expresión que se colocó en su rostro parecía de decepción y dolor

-¿Te refieres al matrimonio?- acomodó sus gafas sobre el puente de su nariz mientras un extraño brillo reflejaba en los cristales de estas –Sabes Shibuya a veces sería bueno que fueras consiente de tus propios actos y sobre los sentimientos de la gente que te rodea; más importante, podrías ser consciente de lo que en tu interior deseas-

-No entiendo de lo que estás hablando- dijo confundido por las palabras

-Sólo estoy diciendo que tú mismo arrojaste lejos a Lord Bielefeld- le observó fijamente a los ojos -¿Has escuchado el dicho "Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde"? Muchas veces no valoramos lo que tenemos hasta que esta fuera de nuestro alcance; si no cuidamos lo que amamos terminará marchándose- suspiró y colocó su mano sobre el hombro del otro –Él esta con la persona con la que debe estar, si no crees en ello entonces tienes que buscar en tu memoria y darte cuenta de la verdad- el Sabio se apartó y esbozó una sonrisa –podrías también ponerte de acuerdo contigo mismo- comenzó a caminar en dirección contraria –buena suerte Shibuya- hizo un ademán con la mano y se perdió en los pasillos, lejos de la mirada del otro.

-parece ser que te has divertido mi Gran Sabio- se escuchó una voz cercana

-Tú también pareces divertirte Shinou- dijo observando al hombre rubio que se encontraba apoyado en la pared de piedra cruzado de brazos

-Un poco, pero pronto se terminará-

-Sí, esperemos no lo arruine esta vez- dijo en un suspiro

-No lo hará porqué es el rey que yo he elegido- dijo con una media sonrisa

-Te tienes demasiada autoestima ¿Lo sabías?- comentó con una sonrisa divertida

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Decidió regresar al castillo después de su breve encuentro con Murata. Entendía pero a la vez no lo hacía; es decir, sabía que en el fondo poseía sentimientos por su ex prometido, siempre se dio cuenta de ellos pero fue más fácil hacerlos a un lado e ignorarlos completamente. No debió hacerlo.

Ahora Wolfram estaba con otro; esto era la realidad que en aquel sueño había visto. Cuando soñó que el rubio estaba con un hombre que no era él.

Se preguntó ¿Cómo sería su vida ahora si desde un principio hubiera aceptado que amaba a Wolfram? Sabía que era tonto pensar en "que hubiera pasado si…." Ya que el hubiera no existe, o haces o algo o no lo haces y vives con el resultado de tu decisión.

Pero no podía evitar pensar en ello…. ¿Serían felices juntos? ¿Pelearían menos de lo que hacían estando comprometidos? ¿Lo harían cada noche como en sus sueños?

Se sonrojó por el recuerdo de ello; eran sueños extraños que tenía pero, en el fondo, muy en el fondo sentía que era algo que sucedía en la realidad.

"Es verdadero" escuchó una voz contestarle, se giró hacia ambos lados y detrás de sí; no había nadie. Sólo estaba él porque se había escapado sin avisar a nadie. Ignoró lo que escuchó y pensó que quizá era una trampa de su mente que respondía lo que quería escuchar.

Continuó cabalgando en su fiel caballo Ao e intentó dejar de pensar, quería olvidar todo este asunto, dar marcha atrás y corregir el error que había cometido al dejar ir a su prometido; aunque sabía que no podría hacerlo.

A su mente vino el recuerdo de la visita inesperada de Sara y sobre la proposición que le había hecho hace dos días. Sara le había pedido unir sus reinos en un enlace matrimonial.

Siendo sincero, Yuuri lo apreciaba demasiado a pesar de los altibajos de su amistad. Fuera de eso no poseía ningún otro sentimiento por el rey rubio. Tampoco sabía los verdaderos sentimientos de este, siempre pensó que este sentía algo por su guardaespaldas Berias; aunque era su tío y eso sería extraño. Pero no iba a juzgar esa relación.

¿Qué debía hacer?

En el fondo quería rechazar la propuesta de Sara; era lo mejor para ambos, no quería un matrimonio si no era la persona indicada y la que amara más que a nada en el mundo. Sonaba cursi si, lo sabía, pero no le importaba; siempre había tenido esa idea. Por otro lado, no podía recuperar a Wolf, este ya había unido su vida a alguien más y no quería romper una nueva relación sólo por su egoísmo y por darse cuenta muy tarde de lo que sentía.

Quizá aceptar el trato con Sara era lo mejor; podría llegar a amarlo con el tiempo ¿No es así? Sara podría ser la persona que le ayudara a olvidar a Wolf y sus errores con él.

"¡No!" Escuchó de nuevo esa voz ¿De dónde venía? "Wólfram es la persona que he elegido para compartir el resto de mi existencia, nadie más puede ocupar el lugar que él posee en mi vida y en mi corazón"

Esa extraña voz tenía razón ¿Pero qué podía hacer para recuperarle?

"Él no abandonó mi lado y jamás lo hará, estamos unidos por la eternidad"

¿Qué se supone significaba eso?

Arribó al castillo poco después, cuando dejó de escuchar la voz que le respondía a sus dudas mentales. Había más de una persona esperándole en la entrada; se sintió ligeramente culpable por no avisar de su partida. Conrad y Gunter corrieron hacía él preocupados. Él sólo les dedicó una sonrisa y bajo de su caballo.

-Estoy bien, lamento preocuparlos- respondió tratando de sonreír como usualmente lo hacía –sólo di un pequeño paseo-

-¡Heika! ¡En verdad estábamos muy preocupados! ¡Gracias a Shinou está bien!- Gunter lo abrazó con fuerza mientras lloraba –si quería dar un paseo yo, su más fiel servidor hubiera estado gustoso de acompañarle; por favor no vuelva a irse de esa manera-

Yuuri pensaba que Gunter exageraba un poco –Estoy bien, en serio, no pasó nada- su vista de desvío a Conrad; el día anterior este le había preguntado por lo que sucedió en el jardín pero no quiso hablar al respecto; su padrino respeto esa decisión. Quizá podría hablar con él más tarde sobre lo que pensaba y sentía.

¿Estaría bien decírselo aun cuando era el hermano del causante de sus pensamientos y sueños?

-¡Yuuri!- escuchó la voz de alguien más llamarle, dirigió su vista ahora al interior del castillo dónde Sara venía a toda prisa a su encuentro -¿Estas bien?- llegó a su lado con un rostro lleno de preocupación

-Sí, lo estoy, lamento mucho preocuparte- le dedicó una sonrisa

-Menos mal- suspiró aliviado el rubio de gafas –me gustaría hablar contigo, si es posible ahora mismo-

El pelinegro supo de qué iba a ser esa charla, no podía evitarla, Sara le había dado un par de días para pensarlo; era obvio quería una respuesta. Pero ¿Qué respondería al final? ¿Era bueno decir que sí?

Su interior se sintió inquieto, frustrado e impaciente, trató de mantenerse en calma y seguir sonriendo–por supuesto, vayamos al jardín-

Notó que el otro asentía con la cabeza y le seguía al lugar indicado caminando a su lado. Era el momento de decidir su futuro y debía responder apropiadamente; si tan sólo su interior se mantuviera en calma.

Llegaron al jardín dónde se encontraba plantado "hermoso Wolfram", el aroma que estas flores desprendían era agradable, relajante; en verdad le gustaban tanto como la persona por la que habían sido nombradas.

-Yuuri ¿Has pensado en ello adecuadamente?- escuchó la voz de su acompañante interrumpir sus pensamientos -me gustaría me dieses una respuesta- le mostró una pequeña sonrisa

El rubio de gafas sí que era lindo, además era inteligente y probablemente sería una buena compañía como pareja. Lo meditó unos segundos y abrió la boca para darle una respuesta; cuando de repente todo se volvió negro.

¿Qué sucedió? ¿Se desmayó?

"Me haré cargo de este asunto si no tienes inconvenientes" De nuevo esa voz ¿De dónde venía?

Su visión regresó al cabo de unos instantes pero, en vez de sentir su propio cuerpo como suyo y poder moverse con libertad; se sintió como un mero espectador. Estaba viendo a través de sus propios ojos. Que extraño.

-Lamento mucho la demora a tu pregunta- se escuchó a si mismo hablando pero con un tono diferente al suyo; el rubio le miró sorprendido al principio pero luego su rostro se tornó serio –agradezco la proposición y la molestia tomada para viajar desde Pequeño Shimaron a Shin Makoku, pero me temo que debo rechazar la proposición antes mencionada-

-¿Puedes darme una explicación del por qué decides rechazarla?- preguntó el rubio no conforme con la respuesta

-Mi corazón ya posee un dueño y mi reino ya tiene un consorte que comparte el trono conmigo- respondió con seriedad –lamento mucho las molestias ocasionadas-

Yuuri se sorprendió bastante con sus propias palabras ¿Estaba casado y no se había dado cuenta? ¿Con quién se casó? ¿Cuándo?

De nuevo todo se tornó oscuro; no entendía lo que estaba sucediendo, nada tenía sentido ¿Esto era un sueño también?

Al abrir los ojos se encontraba en una habitación ya bien conocido por él. Estaba en el cuarto de Wólfram, dónde en sus sueños ellos hacían esas cosas.

-Me temo que nada de lo que has visto pertenece a un sueño- escuchó esa voz y se giró detrás de sí mismo; ahí estaba él, pero a la vez no lo era. Este otro yo poseía el cabello más largo y sus ojos eran ligeramente diferentes.

-¿Quién eres?- pregunto sorprendido de verse diferente a como era -¿Dónde estamos?-

-Yo soy tú- notó que el otro se acercaba hacia él –soy esa parte de ti mismo que se hace cargo cuando tú lo necesitas- su semblante era serio ¿Este era su yo que todos veían cuando perdía el conocimiento? –Nos encontramos dentro de nuestra mente-

-¿Eres yo?- parpadeo incrédulo -¿Tú me has estado hablando todo este tiempo?- le miró asentir con la cabeza -¿Por qué?-

-Porqué has perdido el camino que debes, has dejado ir lo que más amábamos y aún permaneces en confusión; creo que es tiempo de que yo tome el control de nuestro cuerpo y actúe bajo mis propios métodos-

-¡Espera!- dijo en un grito desesperado -¿Por qué harás algo como eso? ¿Qué está pasando? ¿Esos sueños que he tenido….era reales?-

-Nada era un sueño, te he dejado mirar a propósito para que te dieras cuenta de cuánto amo a MI consorte- se cruzó de brazos el pelinegro mayor

-¿Consorte? ¿Estás hablando de…-

-Sí, he tomado la mano de mi prometido en matrimonio, oficialmente y con la bendición del primer rey estará a mi lado hasta el final de mis días-

-¿Wólfram es mi esposo?- dijo sin poder creerlo -¿Pero qué pasa con Murata?-

-Sí y no, mi amado contrajo matrimonio conmigo, no contigo; somos iguales pero diferentes; aunque lo deseara sólo le he podido entregar la mitad de mi ser; la otra mitad sigue indecisa sobre lo que desea y él lo entiende, le he explicado la situación; aceptó ser amado y entregarse a mí; pero sé que en el fondo de su ser aún hay sufrimiento y añoranza por qué le ame completamente y no a medias como hasta ahora- dijo desviando su vista hacía una pintura cercana del rubio –es realmente hermoso, me encantaría poder darle lo que él desea- se acercó a tocar con sus dedos esta –pero no puedo obligarte a nada que no desees- suspiró –no quería perderlo y tú no parecías darte cuenta de lo que en verdad hacías al dejarlo ir- observó unos instantes la pintura de nuevo –El Gran Sabio presencio nuestra unión, yo se lo pedí- se giró a ver al otro –mintió acerca de ello debido a las circunstancias-

-Debes estar bromeando…- dijo aún sin creer lo antes dicho

-No, yo no bromeo sobre ningún tipo de asunto-continuo mirándole fijamente -¿Qué harás ahora? Si no te decides tomaré el control permanentemente de nuestro cuerpo y tú te reducirás a ser un mero espectador; si deseas continuar nuestra vida con él, estaré dispuesto a compartirlo contigo, ambos seremos uno mismo y tomaremos las decisiones juntos, no volverás a permanecer ajeno a nada concerniente a nosotros- observó el rostro del otro -¿Cuál es tu respuesta?-

-Yo…- sus labios se abrieron y habló dando una respuesta que cambiaría su vida, no se arrepentiría de ello

-Bien, si esa es tu decisión- el mayor caminó hacía la puerta de la habitación y comenzó a abrirla lentamente –me alegra llegáramos a un acuerdo; hasta pronto, mi otro yo- su cuerpo se convirtió en vapor y desapareció

Yuuri caminó hacia la puerta que desprendía una luz cegadora y la atravesó. Muchas imágenes vinieron a su memoria, muchos momentos y encuentros con el mazoku rubio; ahora entendía todo el misterio; todo era claro ahora.

Cuando volvió a abrir los ojos lo primero que vio fue el rostro preocupado de Greta, también visualizó a Gunter, Gwendal, Anissina, Conrad, Gisela y Lady Cherry. La expresión cambió a una de asombró cuando se incorporó en la cama. ¿Por qué le miraban así?

-Yuuri- Greta habló aun mirándole incrédula -¿Estas bien?-

El mencionado asintió con la cabeza –me duele un poco la cabeza pero estoy bien- su voz sonó extraña -¿Qué sucedió?-

-Te desmayaste en el jardín y no despertabas- contestó su hija

-¿Hace cuánto sucedió eso? ¿Dónde está Sara?- buscó con la mirada en la habitación al rubio de gafas

-Se ha marchado desde ayer, lleva un día inconsciente- respondió esta vez el castaño saliendo de su asombro –su majestad usted…-

-Es Yuuri ¿recuerdas? Tú me pusiste el nombre- observó a su padrino -¿Qué sucede?-

-¿Usted…intentó convertirse en el maoh?- se atrevió a preguntar; notó en la mirada del resto que era lo mismo que ellos querían mencionar

-No ¿Por qué lo dices?- parpadeo confundido por la pregunta

-Yuuri tiene el cabello largo- dijo su hija adoptiva –cómo cuando se transforma y el cabello le crece y su rostro cambia-

-aunque sus facciones…- esta vez habló Gwendal pero no completó la frase, se mantuvo observándole

-¿De qué hablan?- observó esta vez a Gisela quién le tendió un espejo; sus ojos se abrieron enormemente al ver su reflejo.

¡Era como una fusión de sí mismo con el maoh!

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Dejaré el capítulo hasta aquí, muchas gracias por sus comentarios, me hacen muy pero muy feliz, espero esta historia siga siendo de su agrado, sé que dije también que faltaban poco, si faltan ahora si dos capítulos para terminar, me extendí mucho con este y subiré el siguiente la próxima semana debido al trabajo y final de semestre.

Pueden dejar sus comentarios con su opinión, me haría feliz leerlos

¡Hasta la próxima!