"Sólo puede acabar de una manera"
Cap. 03: Pequeña chica, gran Materia.
Lo cierto era que el camino por las cuevas hacia el maldito reactor de las narices era largo y retorcido donde los hubiera. Solamente había ido tres veces por aquel camino al susodicho reactor y, con tantos recovecos, mi memoria me jugaba a veces muy malas pasadas.
Ya hemos pasado por aquí un par de veces... - observé vagamente al encontrarme la misma muesca que había dejado con mi navaja multiusos (regalo de mi madre) sobre la misma roca en el mismo condenado ángulo.
Y Sephiroth, que otra cosa no, pero de tonto no tenía un pelo, observó exactamente lo mismo.
- Estamos dando vueltas. - sentenció como si aquello fuera una falta gravísima.
- Yo no... - intenté explicarme hasta que fui bruscamente interrumpida.
- Te has perdido. - dedujo muy tranquilamente.
Me quedé a cuadros.
- ¡Yo no me he perdido! - exclamé - ¡Hay una maldita apertura por aquí cerca que nos llevará hasta el siguiente pasadizo!
- El cual nos conducirá de nuevo justamente donde estamos. - replicó Sephiroth, inmutable – Seguro que llevas buscando la susodicha apertura desde el mismo instante en que te pusiste a la cabeza de esta expedición. Estamos perdiendo el tiempo.
- ¡Te digo que sé adónde voy!
- ¿Ah, sí?
- ¡Sí!
- ¿Y cómo es el siguiente pasadizo que supuestamente deberíamos estar atravesando?
- ¡Es un claro natural que desemboca en una fuente de Mako!
Sephiroth entonces se llevó una mano a la frente y se masajeó las sienes con el anular y el pulgar de su mano derecha.
- ¿Como ése claro que veo a la izquierda, por ejemplo? - resopló señalando con la cabeza un punto que había escapado a mis ojos.
Y el maldito tenía razón.
Al otro lado de una de las cavidades más chiquititas, podía adivinarse el fulgor verde esmeralda del Mako brillar contra la fauna circundante al claro.
Refunfuñando y haciendo como que le imitaba en la forma altanera de hablar mientras Sephiroth no miraba, seguí de mala gana a unos muy maravillados Zack y Tifa acercarse a la bella fuente.
- Es tan hermosa... - musitó Tifa encantada de la vida. Los ojos le brillaban al observar aquel milagro de la naturaleza – Si el reactor Mako continúa aspirando la energía, esta fuente también se secará.
La verdad es que la chica tenía toda la razón del mundo. Y no era la única que lo pensaba.
Por desgracia, en aquel entonces tales opiniones no eran socialmente tomadas en serio. A nadie le importaba que determinadas reservas naturales desaparecieran si con ello sus cacharros electrónicos seguían funcionando y, por ende, su cómoda vida seguía transcurriendo sin problemas.
Porque, lo que te da la naturaleza, está para que lo tomes y lo uses a tu entera discreción y conveniencia.
¿Verdad?
- Materia. Cuando condensas la energía de Mako se crea Materia. - dijo Sephiroth acercándose – Es muy poco frecuente poder ver Materia en su estado natural.
Me lo iba a decir a mí. Encontrar mis dos esferas lo suyo me costó. Se habían formado de las fuentes naturales a lo largo de un proceso de varios años de gestación. De aquella fuente en concreto había sacado yo Curación, mi primera Materia.
- De paso... - terció Zack acercándose también a su vez a la fuente - ¿Cuál es el motivo de que al utilizarse Materia también pueda utilizarse magia?
Sephiroth se le quedó mirando como si aquella fuera la pregunta más idiota que jamás hubiera escuchado.
- ¿Tú estabas en SOLDADO y ni siquiera sabes eso? - inquirió.
La tensión del silencio en aquellos instantes se podía haber cortado con un cuchillo.
- … El conocimiento y la sabiduría de los Ancianos se hallan contenidos en la Materia. - explicó entonces Sephiroth negando con la cabeza - Cualquiera con este conocimiento puede utilizar libremente los poderes de la Tierra y del planeta. Ese conocimiento interacciona entre nosotros y el planeta invocando la magia… o eso es lo que dicen.
- O sea, que la misma esencia del planeta, por el origen natural de la misma Materia, combinada con un supuesto conocimiento que tenemos acerca de la Tierra, hace que podamos curar, destruir o proteger entre otras muchas cosas. - dije yo – Pues a mí no me cuadra eso de que la Tierra provea de armas peligrosas para que nosotros las utilicemos libremente.
- Sin embargo tú misma has dicho que la Materia tiene origen natural, ¿no es así? - apuntó Sephiroth - ¿Qué puede decirte eso al respecto de los contradictorios que pueden llegar a ser los deseos del propio planeta?
Zack a mi izquierda se rascó efusivamente la cabeza.
- Dios, si os vais a poner a filosofar acerca de la Materia y sus orígenes creo que nos tiraremos aquí todo el día. - razonó – La Materia es un asunto... de poderes misteriosos.
Contra todo pronóstico, Sephiroth se echó a reír.
Y la verdad es que, cuando no estaba de morros, tenía un aire de lo más encantador.
- ¿He dicho algo gracioso? - preguntó Zack, cortado.
- Un hombre me dijo una vez que no utilizara términos no científicos como "poder misterioso". - explicó - ¡Ni siquiera se le podría denominar "mágico"! Todavía recuerdo lo furioso que se puso.
- ¿De quién hablas? - preguntó Zack.
- Hojo de Shinra S.A. Un hombre sin experiencia asignado a proseguir el trabajo de un gran científico. Era un auténtico nudo de complejos ambulante.
Yo no entendía ni torta de qué o quiénes estaban hablando, pero la aclaración del concepto de la Materia nos había dado a Tifa (pues la observé y parecía intrigada con la fuente) y a mí algo en lo que pensar.
Personalmente, hasta hace poco, jamás había tenido noción de qué o quiénes eran ésos Ancianos que tanto rondaban las leyendas circundantes en torno al templo erigido en su memoria ubicado al Sur, por el archipiélago bajo el continente. Para mí todo aquello, al no haber viajado, me resultaba ajeno, exótico y extraño al mismo tiempo.
Nuestro mundo es pequeño y no era difícil ubicarse en él en un mapamundi. Todavía recuerdo las clases de Historia y de Geografía en la escuela y me asalta la añoranza de tiempos pasados que nunca volverán.
Pero vuelvo a irme por las ramas, parece una costumbre muy arraigada en mi subconsciente ahora. Pienso, recuerdo y añoro días en los que, con poca que fuera la novedad, todo Nibelheim se agitaba desde sus cimientos.
Mi pueblo ya no es lo que era salvo un vil calco de lo que fuera antaño. Ya no hay alegría ni rostros sonrientes que te pregunten qué tal el día cuando vas a por el pan ni nada. Mi pueblo hace mucho tiempo que murió.
Pero ya llegaré a eso más adelante.
Nuestra larga excursión por los túneles infinitos a rebosar de Mako del Monte Nibel no estuvo exenta de peligros; peligros que Sephiroth, hasta las cachas de Materia como iba, sigo diciendo, despachaba sin mayores contemplaciones...
Sin mayores contemplaciones hasta que dos de ésos dragones verdes nos rodearon en una emboscada.
Del primero se iba encargando Sephiroth muy bien... pero del segundo nos quedamos solos ante el peligro Zack, Tifa, el otro uniformado y yo.
Tifa y yo teníamos conocimientos básicos de artes marciales, los suyos infinitamente más avanzados que los míos a base de mucha práctica y mucho esfuerzo; pero nada que pudiera competir con el maldito dragón.
Zack, al igual que el otro, acabó K.O. En menos de lo que canta un gallo y mi hechizo de Curación, incluso a nivel Maestro de nada sirvió en su estado de inconsciencia.
Entonces lo recordé, recordé en aquel instante la Materia que me había dado Sephiroth.
Y la usé.
De tan bestia que era el nivel a la que estaba subida que caí hacia atrás y me golpeé la nuca contra el suelo.
Y en mitad de los muchos pajaritos que vi desde el suelo, también atiné a contemplar cómo la bestia, debilitada, salió corriendo antes de que aquellos ataques terribles siguieran.
Tifa me ayudó a levantarme y, cuando vi aquello, incluso mareada y viendo colorines en el aire me puse a chillar como una colegiala.
- ¡Ja!, ¡chúpate ésa! - exclamé eufórica, bailando y mostrando elocuentemente mi dedo corazón - ¡Eso te enseñará a no meterte conmigo!
Mientras Sephiroth devolvía a Zack y a su otro compañero al mundo de la consciencia a base de utilizar magia, Tifa me observaba maravillada.
- ¡Lo has derrotado! - exclamó - ¡Has podido con una de ésas cosas!
Y yo me hallaba a mis anchas, ufana a más no poder, orgullosa hasta decir basta... hasta que una voz tranquila y fría vino a sacarme de mi nube.
- Naturalmente que ha podido con el monstruo. – dijo Sephiroth acercándose – Es MI Materia la que lleva. - recalcó.
En aquel momento le hubiera arreado una buena patada en las espinillas y le hubiera hecho comerse su Materia... de no ser porque, en primer lugar, yo tenía las de perder en un enfrentamiento semejante; y segundo, porque su dichosa Materia de Relámpago me gustaba demasiado como para tirarla.
Nos tiramos casi todo el día para avanzar y ya teníamos hambre cuando se hizo de noche y nos refugiamos en una de las cuevas que parecían más deshabitadas.
Al no tener nada que comer, comenzamos a hablar para distraer los estómagos.
La mayoría estábamos muy cansados y queríamos también dormir un poco. A Sephiroth, autoproclamado líder del grupo, le pareció bien pese a quejarse un par de veces de la falta de resistencia de sus dos compañeros.
En el Monte Nibel, todo hay que decirlo, hacía un frío de tres pares de narices y yo había venido vestida con camiseta de tirantes y pantalones cortos, sin chaqueta ni nada... y me estaba helando el culo.
Una vez nos pusimos a dormir, hechos polvo, yo me acurruqué en un lateral, pegada a la pared de roca y, encogida en posición fetal, empecé a tiritar sin querer.
Al cabo de un rato en el que no conseguí dormirme, oí un suspiro de resignación y vino a caerme, como llovido del cielo, el abrigo largo, negro y acorazado de Sephiroth.
Observándole atónita, no varié mi postura y me le quedé mirando con cara de lela.
- Te castañean los dientes. – fue toda la explicación que se dignó a ofrecerme – Me molesta y me impide hacer la guardia tranquilamente.
Yo no dije, por vez primera, ni esta boca es mía y me le quedé mirando cómo, espada en mano, se sentaba frente al fuego que habíamos encendido, echaba alguna ramita de vez en cuando y sus fríos ojos verdes se perdían en el danzar de las llamas.
Me dormí poco a poco con aquella imagen grabada en el cerebro.
