"Sólo puede acabar de una manera"


Cap. 04: Soldados sin batalla.


Durante la noche hubo un punto en el que volví a despertarme y quedé bastante asombrada con lo que vi.

En todo aquel tiempo, desde que los de Shinra llegasen a Nibelheim, no me había percatado, pero...

- ¿Cloud...? - susurré en la oscuridad, observando fijamente al rubio muchacho que había sido del mismo modo que Tifa vecino mío hasta hacía escasos dos años, cuando también se había marchado con la oleada de fiebre juvenil por unirse a SOLDADO. Hubiera reconocido aquel peinado de picos en cualquier parte – Eres Cloud, ¿verdad?

El chico pegó un respingo, sentado como estaba frente al fuego al lado de Sephiroth y con el casco azul de infantería de Shinra quitado.

No le había reconocido hasta aquel mismo momento. El chaval había sabido ocultarse bien.

Pero, ¿por qué?

- Ripley. – me saludó con un mecánico movimiento de cabeza. El chico había sido de toda la vida un poco hosco al haber crecido sin padre. De niño buscaba pelea por la mínima tontería que surgiera.

No me sorprendí de que me tratara por mi apellido que no por mi nombre, tampoco es que hubiéramos sido íntimos de críos.

- No te había reconocido. – murmuré observando a la durmiente Tifa acurrucada contra la piedra justo en el extremo opuesto de donde se hallaba el chico - ¿Cómo estás?

- Bien. - fue su cortante respuesta. Nunca había sido tampoco muy hablador de todos modos.

- Si lo llegamos a saber os hubiéramos llevado a tu madre y a ti algún refrigerio o algo para saludarte. - dije afablemente. La verdad es que, con toda la fama de pendenciero que arrastraba el chaval, el pobre me caía bien. Ambos básicamente habíamos crecido sin padre - ¿Has ido a verla?

- Sí.

- Has cambiado mucho, lo sabes, ¿verdad? Para mejor, si preguntas.

- Eso mismo me ha dicho ella.

Hubo un instante en el cual el silencio se condensó sobre nuestras cabezas como una nube tormentosa.

- He visto que Tifa no te habla mucho. - observé - ¿Os habéis peleado o algo?

Desde la corta distancia que nos separaba, le observé contener un momento la respiración.

- Tifa... - titubeó un instante dirigiéndole una fugaz mirada a la dormida chica de lo que yo entendí era vergüenza – No sabe que estoy aquí.

Aquello me dejó helada. Tifa y Cloud habían sido amigos de infancia desde que tengo memoria... o al menos ése era mi punto de vista de su relación. La verdad es que Cloud en realidad no se relacionaba con nadie.

- ¿No se lo has dicho? - inquirí.

El otro meneó la cabeza de lado a lado.

- ¿Por qué? Es tu amiga.

- ¿Y a ti qué más te da? - replicó el chico entonces volviéndose a poner su casco y levantándose de su postura para erguirse con el fusil al hombro – Buenas noches.

Nada le respondí, pues otra cosa no, pero siempre he sido muy observadora y mi intuición me decía que el tema no era plato de gusto de Cloud, de modo que lo dejé estar con sus problemas. Tampoco es que fuera amigo mío, así que...

- Tienes una preocupante inclinación por poner a los demás al límite de su paciencia. – oí de pronto que se dirigía a mí la voz calmada y prepotente del hasta ahora callado Sephiroth – Una inclinación, según a quien molestes, muy peligrosa. Deberías tener más cuidado.

- Y tú deberías meterte en tus asuntos. – le espeté muy tranquilamente – Escuchar conversaciones ajenas es de mala educación, ¿lo sabías?

Y el tipo se había echado a reír. Cuando se reía parecía otra persona completamente diferente, casi... como cualquier otro.

Más... humano. Sí, "humano" creo que es la mejor palabra para definir la sensación que su risa producía en mí. Se veía como algo tan natural en él... tan natural como lo sombrío de su carácter, una combinación de polos opuestos muy peligrosa para darse en una misma persona.

- ¿Nunca te has planteado... medir un poco tus palabras? Pudiera ser que algún día te encontrases a alguien con mucha menos paciencia que yo. - siguió pinchando, haciendo gala de su muy ácido sentido del humor – Entonces sería todo un espectáculo ver cómo corres en una situación semejante.

Pero, como era lógico, yo seguí contestando. ¿Por qué no? Había empezado él.

- Oh, perdone usted, Señor Gran Humildad. Me aflige mucho saber que le he ofendido por mi muy extensa muestra de verborrea prepotente y altanera, nada que ver con sus tranquilas y reposadas palabras cargadas de modestia y sencillez, claro...

- Te crees muy graciosa, ¿eh?

- Sólo de lunes a domingo, incluidos los festivos. - me detuve un instante, envalentonada al ver que se seguía riendo – Vamos, admítelo, en el fondo te parece divertido.

En esto que fue en aquel instante en que me dio una de ésas miradas verdes ya no heladas, sino... escrutadoras.

De ésa clase de miradas que no se te olvidan nunca.

- No quieras ser simpática ni estar a buenas conmigo. – me dijo con aire distraído, girando la cabeza y volviendo a posar su vista ausente en el fuego de la hoguera – Puede que no te guste lo que encuentres debajo de ésa prepotencia que tanto me achacas.

Nada más dijimos aquella noche y el sueño pronto acudió de nuevo a mí, sin reservas ni interrupciones.

A la mañana siguiente, demasiado temprano y con nada en los estómagos, nos levantamos para proseguir nuestra caminata que, todo hay que decirlo, finalmente se enderezó con la ayuda de Tifa, quien finalmente encontró un punto en el paisaje que le sonaba.

- Lo logramos por fin. - dijo la chica - Aunque desde luego tomamos el camino más largo...

Y Sephiroth me había dirigido en silencio una de ésas miradas como de llevar la última palabra. El maldito había vuelto a tener razón de nuevo y eso me frustraba.

El reactor se alzaba imponente, gris y rodeado de vapor por doquier. En mitad de aquel secarral de polvo y cenizas en el que Monte Nibel se había convertido parecía una suerte de gigante de hierro que nos fuera a comer de un momento a otro.

La visión, desde luego, no era en absoluto tranquilizadora.

- Esperad aquí, Tifa y tú... tú... - nos instruyó Zack mientras me lanzaba una mirada de duda – Perdona, pero ¿cómo decías que te llamabas?

- Ripley, Gabrielle Ripley.

- Ya... Ripley... muy bien. Tú y Tifa esperaréis aquí afuera.

A mí me daba un poco igual, pero Tifa se puso enseguida de morros.

- ¡Yo quiero entrar también! - protestó - ¡Quiero ver!

Pero Sephiroth en aquellos instantes cortó toda queja con un movimiento brusco de su brazo.

- Sólo al personal autorizado se le permite la entrada. - sentenció - Este lugar está repleto de secretos industriales de Shinra.

- ¡No obstante...!

La apenas recién formulada nueva queja de Tifa fue inmediatamente acallada en cuanto Sephiroth le dio la espalda para dirigirse al enmascarado Cloud.

- Cuida de la dama y de la... - lo pensó un instante – … graciosa aquí presente. - terminó mientras me observaba con algo que creo que era humor.

Cuando Cloud se interpuso en el trayecto de una testaruda Tifa para impedir que esta subiera, la chica resopló.

- ¡Será mejor entonces que cuides bien de nosotras, eh! - fue lo último que exclamó antes de sumirnos los tres en un incómodo silencio que nos duró una hora.

Y, una vez transcurrida ésa hora, Zack y Sephiroth regresaron del interior del reactor, el cual ya había dejado de expulsar aquellas cantidades ingentes de vapor. Debieron de haber arreglado la avería sin mucho esfuerzo.

Sin embargo... algo ocurría, algo que todos pudimos paladear en el ambiente.

Zack había vuelto pálido como un muerto. En lo que a Sephiroth respectaba...

El gran héroe de Shinra no nos habló a ninguno en todo el trayecto de vuelta a Nibelheim, parecía como ido de la realidad, molesto... y triste.

Intentamos sonsacar algo a Zack pero no nos quiso contar nada.

Creo que fue en aquel instante cuando algo cambió dentro de todos nosotros, como si ya nos oliéramos el desastre a varios kilómetros.

Y una cosa he de decir ante las impresiones que tu instinto pueda facilitarte: no son en absoluto erradas. Ya tuve tiempo de comprobarlo más adelante.