The Walking Dead no me pertenece nada algunos personajes que salen aquí son de mi autoria pero solo para esta historia.
Tambien agrego una tabla de personajes para evitar confusiones:
Giselle (14) hija de Beth y Daryl
Judith (20)
Federic (15) hijo de Rick y Michonne
Francis (15) hijo de Eugene
Jasper (16) hijo de Tyresse
Horace (19) hijo de Sasha
Charles (19) hijo de Abraham y Rosita
Jung y Conrad (19) hijos de Maggie y Glenn
Carl (32)
"Todo cambia, todo se reconstruye y si estás aquí ya es una bendición"
Federic Grimes
Después de todo lo que había ocurrido Federic perdió el miedo para decirle a su padre y madre que quería ser sacerdote; su conversación fue por el contrario de las más gratificantes que había tenido con ellos, porque cuando se dirigió a los dos de ellos estaban sentados en el sillón conversando muy bajo.
Federic se puso delante de ellos y habló muy claro, los suficiente fuerte para que entendieran y no tuviera que repetirlo de nuevo —Quiero ser sacerdote, ayudar a otros a creer en algo superior a pesar de las adversidades. A lo mejor ustedes no lo entienden pero eso quiero hacer y si toda su energía es para hacerme pensar lo contrario es mejor que no lo hagan—.
Sus padres sonrieron antes de hablar — ¿Cuánto tiempo has pensado en eso? —. Dijo Michonne.
—Mucho— exclamó Federic muy serio.
Rick se levantó y le abrazó —Yo no puedo creer en Dios pero creo en ti, en lo que puedes hacer así que no me importa lo que quieras hacer voy estar detrás de ti apoyándote. A lo mejor cambias de parecer en el futuro porque el sacerdocio es difícil pero siempre estoy a tu lado—.
Michonne envolvió a los dos en sus brazos —Jamás te obligaría a hacer algo que no quieres. Te amo y confió plenamente en tus decisiones además, de todos los Grimes eres el más sensato —. Bromeó.
Los tres soltaron una risita y el tema de la carrera de Federic quedó solucionado, pero él tenía una nueva percepción de sí mismo ahora que sabía lo que quería hacer. Todo comenzaba a embonar a pesar de que no fuera tan agradable para algunos.
Luego de revisar la zona, tratar de arreglar lo que tenían y continuar con su vida habían llegado personas de Memory Town, los pocos sobrevivientes que se habían negado a participar en la masacre. Venían pidiendo ayuda para sobrevivir en su pueblo porque apenas había gente: niños y ancianos. Todos habían escuchado con atención las suplicas de la comitiva y aunque algunos no estaban muy contentos sentían remordimiento por dejarlos morir.
Al final Carl se había ofrecido como voluntario para ayudarles durante un tiempo para que pudieran volver a la normalidad, no había existido ninguna protesta pero él sabía que nadie quería que Carl fuera porque en Memory Town no se lo merecían, pero Federic al igual que los demás sabía que era importante.
La puerta sonó en su habitación y como si lo estuviera conjurando a su hermano Federic vio a Carl de pie con ojos cansados. Ni siquiera tuvo que pedirle que se sentara en la cama porque Carl se tiró, dejando su vista en el techo —Ya se ha arreglado todo. Mañana me voy —.
Federic estaba triste, ya había pasado por la época en que Carl estaba en Memory Town y sabía que lo iba extrañar, lo peor era que esta vez era por tiempo indeterminado —Deberían haber esperado un día más, para hacerte una fiesta de despedida o algo—.
Carl se rio —No es por gusto. Bueno, vamos a ayudar a nuestros amigos para que no sean nómadas, voy a integrarlos lentamente para que Ruth se pueda encargar de Memory Town —.
—Sí— contestó Federic.
—Lo digo en serio, esto es provechoso para ellos y para nosotros: tenemos lealtad y pagamos nuestra deuda…es…perfecto— exclamó con la voz desganada.
Federic se tumbó en la cama junto a su hermano— No tienes que convencerme a mí, estaremos aquí—.
El fresco de la mañana hizo que Giselle temblara al despertar, se colocó un abrigo y salió a la calle donde Daryl esperaba. Ella le dio una pequeña sonrisa a su padre y tomados de la mano fueron a la salida del pueblo, ahí estaba todo el pueblo despidiendo a los nómadas y a Carl junto a Sasha, Horace, Eugene y su esposa que no querían vivir en el lugar que les recordaba a Francis, los adultos les daban abrazos mientras los más jóvenes estrechaban sus manos.
Giselle sintió que se le encogía el pecho, había hablado con Carl en la noche y le había dicho que estaba bien, que se recuperaría de todo lentamente pero que no debía preocuparse por ella ¿Pero que debía decir? "Quédate a mi lado y deja a todos los demás a su suerte, no te vayas porque te quiero mucho y no te separes de mí". Eso no era algo que en definitiva debía estar en su vocabulario.
Incluso aunque quisiera hacerlo no podía así que se tragó todos sus sentimientos y apareció frente a las puertas con una gran sonrisa para que Carl no se fuera sintiéndose mal. Judith y Federic estaban abrazando a Carl con todas sus fuerzas incapaces de soltarlo mientras sus padres trataban de animarlos para que le dejaran tranquilo. Su padre estrechó su mano, le dio un abrazo y le deseo suerte.
Daryl hizo lo mismo y miró a Giselle ahí de pie. Carl dio un suspiro pequeño y se acercó a la joven que no movió ni un musculo, Carl se acercó y se abrazó a ella; Giselle ocultó su rostro en el pecho de Carl tratando de contenerse pero todo resultó un fracaso porque terminó llorando oculta entre su cuerpo.
Se mordió los labios con un sobreesfuerzo cuando quería suplicarle que no fuera. Todas las personas estaban alrededor y podían sospechar de sus sentimientos pero Giselle no podía evitarlo. Se aferró más a Carl quien no quería soltarla, si ella le hubiera pedido que se quedara para afrontar lo que le había pasada en los últimos días mandaba al diablo a todo ese pueblo, pero ella había sonreído.
—Yo estaré bien, tengo gente que me quiere, yo estaré bien y tú debes ir a ayudarles— le dijo con determinación.
—Es tu ultima oportunidad— le susurró a Giselle.
Ella se limpió el rostro —Buen viaje—. Contestó aún con los ojos rojos. Así que de mala gana Carl le besó en la frente y caminó fuera de su casa.
Ese día Giselle pasó el resto del tiempo en el árbol más alto del poblado y nadie preguntó la razón porque habían sospechado cuando la vieron con ese sombrero de vaquero en la cabeza, ella ignoró lo que los demás pensaran y apenas notó que su padre no le estaba cuestionando su comportamiento porque para ella el corazón estaba destrozado. Aun con respiraciones entrecortadas y ojos húmedos trató de leer la carta que su madre le había dejado. La parte que hablaba del amor y Giselle se consoló con esas letras muchas veces hasta que estaban en su memoria.
Ahora que Carl ya no estaba Judith se dio cuenta que las personas no cercanas a ella la trataban de modo distinto, de algún modo más formal. Ella se estaba recuperando y por eso el peso que ocupaba Carl aun no llegaba con toda su fuerza pero comenzaba a sentirse abrumada. Sabía que si Carl había logrado superar la prueba ella también conseguiría hacerlo solo que a veces pensaba que no.
Afortunadamente siempre tenía a Jung a su lado, con una sonrisa, un consejo o simplemente estando a su lado abrazándola hasta que ella se relajaba. Conforme su relación iba progresando se volvía más seria; Judith cada día estaba más enamorada y todas esas tonterías que le habían causado gracia cuando lo escuchaba de sus amigas ahora le sonaban perfectas.
Como usar labial o ropa bonita, se imaginaba la cara de Jung mientras lo hacía, le daban ganas de dibujar su nombre con corazones pero suspiraba de su propia burla y volvía a concentrarse. Ella se había repetido muchas veces que no iba a caer en semejantes cursilerías pera ahí estaba pensando en Jung con corazones a su alrededor.
Esa tarde que se reunió con Jung él pobre era un lio, ahora que Eugene se había marchado él también tenía nuevas responsabilidad y se encargaba de las reparaciones técnicas porque había aprendido todo del hombre. Pero Jung a diferencia de Judith olvidaba sus problemas en el trabajo y estaba ahí para escucharla.
La llevó en la silla hasta su casa para que conversaran con más calma, Jung la sentó en el sillón y comenzó a contarle su día entre besos, podía tener la confianza para eso porque no había nadie en la casa. Judith daba pequeñas risas y besos cada vez más apasionados porque al igual que Jung sentía esa cercanía y deseo.
—Ah Judi, no sabes lo mucho que quiero que te recuperes para que pueda hacerte muchas cosas— contestó Jung de modo travieso.
— ¿Sí? ¿Pues qué me vas a hacer? — pidió traviesa Judith.
—Sí Jung, que le vas a hacer— interrumpió Maggie con las manos en la cintura.
Jung saltó del sillón asustado por una presencia que pensaba que no estaba en casa — ¡Mamá! Pensé que no estabas en la casa… escuchaste mal—.
Maggie le lanzó un trapo que tenía en los hombros — ¡No me quieras ver al cara de tonta que no nací ayer! — exclamó ella un poco irritada.
Los dos jóvenes se quedaron callados con la cara roja, Maggie quería ser estricta pero no podía, no después de su propia juventud así que solo suspiró —Solo sean cuidadosos y no digan eso en la casa de Rick, en especial tu Jung, por tu seguridad—.
El joven cargó a su novia a la silla y con cuidado la llevó a su casa, Michonne ya preparaba la cena cuando llegaron así que le invitó a comer con ellos, el joven aceptó gustoso y cuando Rick apareció Jung pidió tener unos minutos para platicar con él.
Judith, Jung y Rick se quedaron sentados en la sala unos segundos de manera incomoda, el joven se aclaró la garganta para tener el valor de hablar —Señor Grimes, yo lo respeto, lo admiro mucho y no lo estoy diciendo solo como un cumplido. Solo quiero que lo sepa—.
Rick asintió, los dos jóvenes frente a él nerviosos y sonrojados. Sus instintos de policía ya sabían a donde querían ir pero decidió que ellos hablaran por si mismos así que asintió. Jung siguió con su plática —Por eso estoy aquí, para que me dé permiso de salir con su hija. Prometo que voy a portarme como se merece—.
Judith dio la sonrisa más grande y boba que le había visto en su vida, Rick quería girar los ojos con fastidio porque su hija estaba enamorada, primero Carl y luego Judith, agradecía que Federic quisiera ser sacerdote para tener que evitarse todo eso —Espero que realmente lo hagas. No por el castigo que puedes recibir sino por los dos, por Judith—.
Jung asintió y entrelazó sus manos con la joven que si hubiera estado más fuerte se hubiera lanzado a los brazos de su padre. Todo eso era cursi y completamente ridículo para la Judith fuerte de años atrás pero para la Judith de ahora era simplemente perfecto.
Un regalo de fin de semana, algo cortito pero siguiendo la historia. Creo que Judith tiene la desicion más polemica de la historia en el capitulo anterior. A Diana, gracias tú por leer, por lectores como ustedes es que sigo escribiendo, Carl y Daryl por fin tuvieron su charla para dejar las cosas muy claras. Judith siempre ha sido muy amiga de Charles pero esta aprendiendo a ser menos grosera. Va a ver tomatasos por este capitulo tan cursi al final pero Judith sigue siendo una chica jjajaj
