"Sólo puede acabar de una manera"


Cap. 06: Diez días (2ª Parte).


- ¡Maldición!, ¡no puedo creérmelo!

- ¿El qué?

- ¡Me estás dejando sin blanca!

- No apuestes lo que no puedas permitirte perder.

- ¡Dame un respiro!

- De eso nada. Lo que he ganado es mío.

- ¡Seguro que cobras más en Shinra y esto para ti es una menudencia!

- Ciertamente así es.

- ¡Seguro que haces trampas!

- Tú que tienes mal perder.

Discutir con Sephiroth siempre terminaba derivando a lo mismo: él tenía que llevar la razón por encima de todo, como el aceite.

Y estoy segura de que hacía trampas.

De hecho sólo le gané una vez y creo que fue porque él me dejó, así que...

- ¡Ja!, ¡has perdido! Chínchate.

- De veinte partidas has ganado una. Déjame aplaudir tu pericia en el juego.

- ¡Buuu! Al "Señor Materias Leveadas" no le gusta perder, ¡ja, ja, ja!

- Le dijo la sartén al cazo.

Al menos así conseguía distraerle de sus pajas mentales. Seguía muy obsesionado buscando entre los documentos de Shinra y había cosas que me decía que no podía encajar en ningún sitio.

- Los Ancianos antaño fueron los dueños de este mundo. – me instruía – Y su sabiduría se basaba en un vínculo directo con el planeta, escuchando sus voces.

- ¿El planeta tiene voz? - le preguntaba yo confusa y, al mismo tiempo, tremendamente intrigada no ya sólo por lo que me estaba contando, sino el CÓMO me lo contaba.

- La voz del planeta dimana de la Corriente Vital, un flujo constante que concentra los recuerdos y las almas de los que han partido, generando un bucle de muerte y resurrección ininterrumpido. - me explicaba él – La raza de los Ancianos, ya extinta, tiene todo su poder y recuerdos fluyendo por la Corriente Vital... pero todavía he de averiguar de dónde procede entonces la raza humana y cuál es su vínculo con la caída de los Ancianos.

- ¿Crees que podemos ser usurpadores del poder de los Ancianos?

Y aquella pregunta le había ensombrecido el semblante.

- De ser así, semejante crimen es imperdonable. - fue todo lo que me contestó.

A veces me daba por ponerme a buscar con él entre los documentos sin saber en realidad qué era lo que estábamos buscando. Recuerdo que a veces me cargaba con pilas y pilas de carpetas, cajas y papeles que a veces pesaban una barbaridad para que se las llevara al escritorio o se las quitase del propio escritorio para hacer hueco a más papeles.

Y fue en una de ésas que, subida como andaba yo en la escalera de mano de la biblioteca, Sephiroth me iba diciendo que tomase más y más documentos de una de las baldas más altas de las estanterías interminables... hasta que no soporté más peso, me desequilibré y me caí al suelo arreándome un buen porrazo en el camino. La caja que había estado sujetando hasta hacía relativamente escasos segundos entre las manos me golpeó de pleno en la cabeza con la caída.

- ¡Pero qué torpe eres! - oí en mitad de mi golpe y de la visión doble que este trajo consigo que Sephiroth me gritaba - ¡Mira la que has liado!

Pero no fue ni acercarse tres pasos a mí para ver el estropicio que había montado que, imprevisiblemente, se había agachado inmediatamente y me había tomado la cabeza entre sus manos para examinarme.

- Tienes sangre. - fue todo lo que dijo.

Intentó hacer que me levantara pero yo, con mi vista escindida en dos y una sensación de caerme permanente, no logré ponerme en pie y tuvo que llevarme en brazos hasta el sillón del escritorio donde procedió a cerrarme la brecha que se me había formado en la frente con un hechizo de Curación.

Luego me aplicó una pomada en la zona del impacto, donde tenía un severo chichón tras habérseme cerrado la herida.

- No sé cómo te las apañas… – me regañó – … pero siempre acabas golpeándote con algo. Pareces una criatura de tres años, no sabes cuidarte sola.

- Si no me hubieras hecho cargar con tantas chorradas no me hubiera ca... ¡Au! - protesté - ¡No hagas eso, que duele!

- Pues cállate y no tientes mi paciencia.

Una vez terminados los cuidados y de ponerme una gasa hasta que me bajase la hinchazón, Sephiroth se incorporó.

- Vaya, no sabía que se te diera tan bien el oficio de enfermera, Sephiroth. – me burlé con una sonrisa. De todos modos era lógico que supiera curar heridas y contusiones, había estado en la guerra y en la guerra te apañas con lo que sea para curarte las heridas.

- No te acostumbres. – me advirtió él con aquella mirada verde tan severa suya.

- Vamos, no lo estropees poniéndote en plan cascarrabias. – reí yo incorporándome lentamente.

- Quédate sentada. – me previno.

- Estoy bie... - y no fue ni terminar la frase que me mareé nuevamente y me hubiera estampado contra el suelo de no ser porque él me sujetó.

Se le veía molesto con la situación.

- ¡Te he dicho que no te levantes! - me gritó - ¡Tienes un golpe en la cabeza, idiota!

Y no sé por qué motivo, pese a que estaba enfadado y gritándome, me pareció tan cándido el hecho de que se preocupara por mi bienestar que me puse ñoña y le abracé sin pensármelo dos veces.

Se ve que le pillé con la guardia baja de nuevo y, si en un principio se tensó bajo mis brazos como un garrote, poco a poco relajó la postura y, si bien no correspondió a mi gesto, tampoco hizo ademán de apartarme.

Se veía que este tío no estaba lo que se dice muy familiarizado con el contacto directo en lo que a muestras espontáneas de cariño se refería.

Y aquel día, tras salir de la Mansión Shinra, me percaté finalmente de lo que había hecho y corrí a escribir en mi diario como una colegiala tonta las primeras cursilerías que se me ocurrieron y que, por respeto a mi persona, no referiré aquí.

Estaba muy emocionada por un lado cuando, por el otro, me preguntaba incansablemente a santo de qué me venía esta sensación tan extraña como reconfortante que me llenaba por entero.

Supongo que ahí me debí de dar cuenta de que Sephiroth me gustaba y, tras escribir las pertinentes perogrulladas en el diario fui a hundir la cabeza hondo en la almohada aquel quinto de los diez días que duró aquel trance donde creo que se me debió de ir toda noción del espacio-tiempo junto con el sentido común.

Pero, ¿quién podría exigirte sentido común cuando tienes dieciocho años y estás colada por un tío que, desoyendo las órdenes de sus mandamases, se había ido a encerrar en el sótano de un lugar donde se guardaban documentos secretos?

A mí, desde luego, no.


Nota de la autora: gracias a Waild que me ha comentado y sigue mi historia que he escrito éste capítulo. No estaba muy inspirada pero tu review me ha dado las fuerzas necesarias para retomarlo, ¡gracias! ^^

Éste capítulo tan largo de "Diez Días" estará dividido en varias partes, así que aún queda hasta que ocurra lo que tiene que ocurrir según los sucesos del juego. Luego habrá un breve paréntesis y seguiremos con el argumento del juego bajo el punto de vista de Ripley. ¡Nos leemos! ^^