"Sólo puede acabar de una manera"
Cap. 07: Diez días (3ª Parte).
28 de septiembre, año 0002. 02:55 h.
Me es imposible dormir, me temo que mañana no rendiré muy bien repartiendo la propaganda de las narices. Han sacado un nuevo producto que no creo que nadie en este pueblo dejado de la mano de Dios vaya a usar en toda su vida: las Colas de Fénix.
Es más bien para combatientes, como los campeonatos de lucha en el Golden Saucer y tal o si te topas con uno de los bichos monstruosos de fuera del reactor y este te deja K.O.
Pero claro, la pega es que debes de tener a alguien a tu lado que te lo administre, porque sino...
¿Y para dónde va a ir el cacharro este? Para el hospital, de fijo. Es en el único sitio donde creo que le puedan encontrar alguna utilidad... aunque es caro de narices, su precio de salida son nada menos que 300 giles... y, la verdad, no sé ni por qué narices estoy escribiendo esto, me importa un bledo lo que saquen al mercado, la mayoría de las cosas no puedo permitírmelas, así que...
Por lo demás y hablando de todo un poco, Sephiroth sigue pasando las noches en la Mansión Shinra sin salir del sótano.
¿Dormirá sobre el escritorio? ¿Y cuando tenga que ir al baño qué?
Este acaba con tortícolis, te lo digo yo.
Estas y otras tantas "perlas" son las que, muy inadecuadamente, llenan mi diario de unas y otras observaciones acerca de los diez días que transcurrieron desde el asunto en el reactor hasta lo que más adelante se catalogaría como "El Incidente".
Sé a ciencia cierta que no pensaba con mucha claridad por aquel entonces y que mis inquietudes de las tres de la madrugada no eran precisamente por el cambio climatológico que, correspondiendo al impacto medioambiental que el reactor en sí supuso para Nibelheim, acechaba nuestro pueblo como una gran sombra de ave rapaz tapando nuestras cabezas y cegando nuestros ojos a la verdad.
Porque Shinra otra cosa no, pero lo que se dice fastidiar el medio ambiente es algo que se les da de maravilla.
Fastidiar el medio ambiente y destruir vidas.
Como la mía, como la de Cloud o Tifa... como la del propio Sephiroth.
Durante todos estos años tras lo ocurrido he ido almacenando mucha rabia contra Shinra y todo lo que representa.
Pero si hay algo que odie con toda mi alma, además de a los Turcos, es al maldito profesor Hojo y sus experimentos.
Pero ya llegaré a eso más adelante.
De momento, y para no desviar mi cauce de pensamientos, me inclino por el lado más límpido de esta odisea mía donde, durante diez días, fui muy feliz.
Feliz por cualquier cosa, feliz hasta de ver un canto rodado en el camino que todos los días y sin excepción me hacía a patita dos veces desde casa hasta la Mansión Shinra con un tupper en la mano y todas mis buenas intenciones por montera.
- Por lo menos a ti te hace caso y te deja entrar, porque lo que es a los demás... - me había dicho un día Zack, preocupado como estaba por su muy obsesionado camarada de armas.
Y era cierto, si Zack o Cloud intentaban bajar para informarse en lo más mínimo sobre él siempre acababan de patitas en la calle. Sephiroth se cerraba en banda tras semejantes visitas y luego costaba un rato largo hacerle entrar en razón.
En aquella cuenta atrás jamás le vi de buenas con nadie y, si se enfadaba demasiado, se enfrascaba en sus papeles y no me dirigía la palabra ni siquiera a mí.
Todo cuanto podía hacer era irle trayendo pilas y pilas de carpetas en silencio hasta que decidía regresar de su muy negra obsesión hacia el mundo de lo sociable.
- ¿Qué tal la comida? - le dije en una de ésas cuando hubo finalizado con su ración de por la noche.
Al tío le gustaba hacerse el difícil.
- No está mal, no está mal... - había dicho desapasionadamente – Para un pueblo sin luz y sin habitantes...
- ¡Oye!, ¡que me ha costado su buena media hora cocinar eso! - exclamé con mi orgullo ciertamente algo pinchado.
- Vaya, ¿ahora también hacemos de ama de casa? - se burló - Teniendo en cuenta que has sido tú la artífice de semejante refrigerio espero no indigestarme esta noche con lo engullido.
- Pero si llevas comiéndote mis comidas desde el primer día, tío mentiroso.
- Ah, ya caigo. Tu plan es envenenarme lentamente, ¿eh? Pues lamento desilusionarte, pero en Shinra nos entrenan para hacernos inmunes a los venenos.
- Dirás usar Materias leveadas anti venenos. - me burlé yo a mi vez.
- Un solo comentario más a ése respecto y te tragas las esferas de Materia que llevo equipadas una por una. - me advirtió.
- Uy, cuando quieras. Las vomitaré, las venderé y seré una mujer rica.
- Eres insoportable.
- Y tú un tiquismiquis.
Y así iban y venían las puyas, unas más ácidas que otras, unas más o menos acertadas que las arriba citadas.
29 de septiembre, año 0002. 24:00 h.
Cada vez me duermo más tarde y me está pasando factura. Los documentos del sótano de la Mansión Shinra parecen no tener fin y la voracidad de Sephiroth por leerlos y empaparse de cosas que, supuestamente, no tendría por qué saber, hacen que me quede hasta las tantas con él reorganizando carpetas y cajas.
Creo que lo hago sólo por tenerle delante de las narices.
Su manera de moverse, de clavar sus ojos verdes en los papeles y de hacer ése gesto tan característico suyo de ponerse una madeja de pelo argénteo tras de la oreja distraídamente hacen que quiera contemplarle durante horas.
La verdad es que, aunque sea un poco tocapelotas, el tipo tiene una presencia que irradia seguridad y firmeza en todo lo que hace.
Se ha propuesto encontrar lo que sea que esté buscando y no va a parar hasta encontrarlo.
Yo, desde luego, pienso ayudarle si eso le hace feliz.
Y puede que la paja mental sea sólo la mía y puede que, una vez acabe con su investigación, se largue bien lejos y no vuelva a pisar Nibelheim nunca más.
Creo que el día en que eso ocurra se me va a hacer un nudo en el estómago tan grande que no voy a poder comer chocolate nunca más.
Sé perfectamente a lo que suena y que es completamente estúpido sentirse así por alguien a quien no conocía hasta hacía poco más de una semana... pero si se conoce a Sephiroth ya no queda entonces mucho por conocer.
Era sencillamente adictivo estar en su presencia. Sé que la palabra no es que suene muy bien que digamos, pero es totalmente cierto.
No sé si era toda la fama que le precedía ya de antes lo que hacía que la gente se le arrimase... pero lo que es yo... yo me movía por impulsos totalmente diferentes.
Como he dicho, su presencia era absorbente, se bastaba solo para llenar una sala entera.
Supongo que sería el carisma, supongo que sería el encanto, ¡qué sé yo! Pero lo que tenía muy claro es que me gustaba y aquel sentimiento se iba haciendo cada día más fuerte.
Y el tío se daba cuenta. Y le gustaba jugar a veces con ése hecho.
De vez en cuando levantaba la vista de sus papeles y me sorprendía, mirándole como una cría boba. Frente a él en cuestión de milésimas me transportaba de nuevo a mis quince años.
Y con todo el pavo subido que eso conlleva.
De vez en cuando carraspeaba o pegaba un palmetazo sobre el escritorio para sacarme de mi obnubilación y se echaba a reír cuando me veía pegar un brinco del susto.
Pero no decía nada.
Y a mí ése silencio me llenaba por dentro de una retorcida mezcla tanto de estúpidas ilusiones como de amargas dosis de realidad común.
Por eso yo tampoco decía nada y me callaba aún a sabiendas de lo horriblemente obvia que era.
Nota de la autora: bueeeeno, gracias al apoyo recibido hoy he hecho dos capis del tirón ^^ No sé qué tal lo estoy llevando, ya que el romance no es lo mío, pero creo que, aunque breve el período de tiempo a desarrollar, puede ser perfectamente real, ¿no?
¡Un saludo! ^^
