"Sólo puede acabar de una manera"
Cap. 09: El incendio de Nibelheim.
2 de octubre, año 0002. 02:02 h.
He oído un ruido procedente de la calle. Parece que hay gente chillando por algo y me parece raro ya que es muy tarde.
Jolín, que hoy tengo que madrugar... voy a ver qué narices ocurre.
Supongo que en aquel momento no quise creérmelo.
- P... por favor...
¿Por qué iba a hacerlo? Aquello era surrealista. Surrealista y horrible.
- ¿Por qué... haces esto...?
Tremendamente horrible.
Mamá había salido a la calle como todos a ver qué pasaba y se quedó un instante paralizada al ver cómo el larguísimo filo de una espada ponía fin a la vida del panadero, quien hasta hacía escasos segundos había estado implorando a su agresor que no le matara.
Yo también permanecía paralizada y boquiabierta mientras a nuestro alrededor una maraña de fuego y calor se extendía por todo Nibelheim en forma de incendio descontrolado que iba diezmando, una a una, nuestras casas y todo lo que habíamos conocido hasta entonces.
Porque no podía creer lo que veían mis ojos.
- Ése... ¿Ése no era amigo tuyo, Gaby? - musitó mi madre contemplando con ojos incrédulos al descontrolado SOLDADO ir segando vidas con su terrible filo de acá para allá y seguir propagando el incendio sin molestarse siquiera en hacer caso de los gritos y las súplicas en mitad de la noche cerrada - ¿Por qué...?
No supe responderle y ambas seguimos mirando como espectadoras mudas e impotentes aquella masacre de la que éramos inadvertidos testigos hasta que él se dio la vuelta.
Mamá entró en estado de pánico y en un momento la vi correr hacia las afueras del pueblo, franqueando enloquecida las llamas sin pararse a mirar si yo la seguía o no.
Y le vi a él ir tras ella.
- ¡SEPHIROTH!
En cuanto la tuvo en su radio de acción y fue a levantar la gigantesca Masamune contra mi indefensa madre, acorralada contra el muro llameante de una casa, me interpuse entre ellos y el filo se detuvo en su trayectoria a un milímetro escaso del cuero cabelludo de mi cabeza.
Pudo haberme cortado limpiamente por la mitad y no lo hizo.
Desde su ventajosa posición, armado y con la Materia de Fuego activada en sus brazales (el origen sin duda de que hubiera incendiado el pueblo), Sephiroth me dio una mirada escrutadora verde y cruel.
No parecía el mismo.
- Es… mi madre. – le dije con un hilo de voz, aún sintiendo el filo de la espada sobre mi cabeza con peligrosa proximidad – Déjala... déjala en paz.
Al haber oído la palabra "madre" le cambió ligeramente aquel brillo cruel en la mirada y suavizó mínimamente sus rasgos furibundos hasta transformar su rostro en una mueca burlona. Bajó la espada.
- Las madres son importantes, ¿verdad, Ripley? - me dijo tranquilamente allí, rodeados de fuego y gritos como estábamos – Permíteme entonces que te presente a la mía. - añadió asiéndome del brazo bruscamente y arrastrándome con él fuera del pueblo, hacia las montañas.
Y así, tratando de hacer oídos sordos a los gritos de mi madre llamándome a lo lejos, fuimos andando deprisa, yo sin resuello y Sephiroth tirando de mí con aquella fuerza inhumana suya, todo el trayecto por el Monte Nibel, que se nos hizo inusualmente corto al no haber ni obstáculos para distraernos ni caminos largos por los que perdernos.
En pocas horas llegamos de vuelta al reactor, el origen sin duda de toda aquella locura.
Mi vecino, el padre de Tifa, quien se encontraba allí inspeccionando el terreno por su cuenta, al ver a Sephiroth en aquel estado intentó razonar con él para que me soltara y sólo consiguió que él le hundiera una cuarta en las costillas, dejándole tras nosotros ahogado en un charco de su propia sangre.
Yo a todo esto no había dicho nada y lo único que había hecho, como si en realidad no estuviera allí y aquello no fuera más que una horrible pesadilla, había sido presenciar las acciones de Sephiroth y oír su interminable discurso acerca de los Cetra y otras cosas que yo no entendía.
- Este planeta pertenecía originalmente a los Cetra, también comúnmente conocidos por el sobrenombre de "Ancianos". - me había explicado por el camino al reactor – Los Cetra eran una raza itinerante. Inmigraban, colonizaban un planeta y se iban... Al final del arduo viaje que les llevaría de un planeta a otro, encontrarían la Tierra Prometida y la felicidad suprema... Pero aparecieron aquellos a los que les disgustaba el viaje. Esos dejaron de emigrar, construyeron refugios y decidieron llevar una vida más fácil. Se llevaron lo que los Cetra y el planeta produjeron sin devolver una sola pizca a cambio.
A mí todo aquello, en mitad de la estupefacción que me producían sus acciones, me sonaban a delirios fantasiosos de alguien que no estaba en sus cabales.
Un loco.
- ¿Sabías que ésos son tus antepasados, Ripley?
Yo negaba con la cabeza, temblando y sudando profusamente no ya sólo por el agotamiento, sino por el miedo.
- Ah, ¿pero cómo podías saberlo si ha sido un suceso tan celosamente guardado por la misma Humanidad...? - seguía diciendo – Del mismo modo que tampoco sabes que hace mucho tiempo, un desastre acaeció en este planeta. Tus antepasados escaparon y sobrevivieron gracias a que se ocultaron. El planeta pudo salvarse sacrificando a los Cetra. Tras aquello, tus antepasados siguieron incrementándose, multiplicándose... y ahora, todo cuanto queda de los Cetra se halla en los informes que encontré en la mansión de Shinra.
- ¿Qué tiene eso que ver con Nibelheim, Sephiroth? - logré decirle finalmente, mi voz dolorosa contra las paredes de mi garganta seca - ¿Qué... qué te ha pasado?
- Yo soy el último de ésos Cetra. - me dijo enigmáticamente.
- ¿Qué?
- A mí se me fabricó a partir de las células madre de Jenova, un Anciano que fue encontrado en un estrato geológico de 2000 años de antigüedad. El profesor Gast, el dirigente del proyecto Jenova y genio científico, me fabricó. - concluyó.
Yo no podía creerlo. ¿Fabricado?, ¿como a una máquina? Aquel concepto tan deshumanizado se me antojaba... aberrante.
- ¡Nadie puede "fabricar" a nadie, Sephiroth! - exclamé a la desesperada - ¡Puede que lo que ponga en ésos informes sea completamente mentira! ¡Puede que te injertasen algo en un laboratorio para que tengas la fuerza que tienes, pero nadie puede "fabricar" a nadie! ¡¿Cómo explicarías entonces un lógico período de gestación?! ¡A la gente no se la "fabrica" pieza por pieza como si fueran puzzles desde que son bebés!
Ahí se había echado a reír, aunque la suya fuera una sonrisa triste y derrotista.
- La ciencia y la tecnología están mucho más avanzadas de lo que crees, y máxime si hablamos de Shinra. – repuso – Un período lógico de gestación a la hora de mi nacimiento puede ser perfectamente explicado por una incubadora artificial o por un vientre ajeno, del mismo modo que tengo muy claro que, salvo para el tema de las radiaciones de Mako, no tengo recuerdos que me ubiquen dentro de un laboratorio. Eso debió de ocurrir antes de que pudiera desarrollar mi memoria.
- ¡De ser así, ¿dónde está el fósil ése de Jenova?!
- Ah, eso pronto lo sabremos.
Y así había sido hasta las puertas del mismísimo reactor, en cuyo interior observé horrorizada varias urnas rotas que contenían seres humanos atrapados en calcificaciones de Mako, completamente cristalizados y convertidos en monstruos.
Depositando una mano enguantada sobre la pulida superficie de la puerta que había escaleras arriba de todo aquel campo de cadáveres cristalizados, Sephiroth habló con una voz inusitadamente grave.
- Madre, he venido para verte. - habló al aire - Por favor, abre la puerta.
- ¡SEPHIROTH!
Ambos nos giramos, o más bien Sephiroth se giró y yo con él, para encarar a Tifa, quien tenía en la mano la Masamune que él había dejado clavada sobre el cuerpo sangrante del padre de la chica.
- ¡¿Cómo has podido hacerles eso a mi padre y a todos los ciudadanos?! - y girándose hacia mí, observé lágrimas en sus ojos - ¡¿Y tú qué haces con él?!
- Yo... - comencé a decir hasta que la risa siniestra de Sephiroth me trabó la lengua.
Tifa entonces la emprendió contra Sephiroth, Masamune en mano, y este se limitó a frenarle el golpe, arrebatarle la espada y herirla con ella provocando que cayera hacia atrás escaleras abajo con la nuca contra el suelo.
- ¡Tifa! - grité intentando ir hacia ella hasta que la poderosa mano de Sephiroth me interrumpió en mi carrera agarrando mi muñeca rápidamente para girarme contra él y encararme de frente.
Su mirada era puro hielo.
- ¿Tú también vas a ser una traidora, hmmm? - escupió con desdén - ¿Prefieres a ésa débil y penosa criatura antes que a mí? - añadió señalando a la inconsciente Tifa escaleras abajo con la cabeza.
Yo le miré anonadada, intentando resistir la fuerza que ejercía sobre mi muñeca para no ponerme a llorar de dolor como una niña.
- Tú... - comenzó a decir de nuevo con la voz entrecortada por la rabia – También piensas que soy una abominación, ¿eh? También vas a traicionarnos a Madre y a mí...
Pese al dolor que me invadía por todo el brazo, supe que aquella situación era mejor enfrentarla con psicología, no ya sólo por el hecho de conservar mi vida, sino por que cupiera la mínima posibilidad de que Sephiroth entrase en razón y dejara de comportarse como si estuviera mal de la cabeza.
Deposité mi otra mano libre sobre la mano enguantada de él que me asía con aquella fuerza bruta y le di un apretón que intenté que pareciera todo lo afectuoso posible.
- Nadie te está traicionando, Sephiroth. – le dije con mi voz más calmada pese al dolor de mi brazo – Venga, vamos a ver a tu Madre, ¿eh? ¿No querías que la conociera? Ahora es el momento.
Su presa disminuyó y su semblante se suavizó visiblemente. Había dado justo en el clavo sin siquiera saberlo.
Ya dándome de la mano y no asiéndome de aquella manera tan brutal, me condujo al interior de la cámara en la que aguardaba una de las peores pesadillas de nuestro planeta.
Jenova, el oscuro Viajero de las Estrellas.
Nota de la autora: vale, seguimos peleándonos con algunas incoherencias para que el relato fluya como yo quiero que lo haga. ¿Cómo lo veis?
PD: ¡gracias a TheCreepyShadowOMG por darle a favs!
