Bueno primero que nada quiero pedir disculpas por el tiempo que paso. Realmente se merecen una disculpa. Como lei en un comentario "pasaron 84 años" lamento mucho no haberme tomado el tiempo para actualizar esta historia, pero realmente no habia tenido tiempo, pasaron muchas cosas y no muy buenas durante este tiempo. Pero prometo esta vez terminar de escribirla. Espero que les guste (hace mucho no escribo) y bueno sinceramente pido disculpas. Y bueno ahora si las dejo con el nuevo capitulo.
POR CIERTO ADVERTENCIA ANTES DE LEER... CONTIENE ESCENA HOT.
Capítulo 10
¿y…ahora?
La música del celular no paraba de sonar, la vibración en la pequeña mesa al lado de su cama hacia que la habitación en si vibrara al ritmo de la música. Extendió su mano y contesto aun con los ojos cerrados. Ume escucho sin ganas como su jefe le preguntaba si podía reemplazar a su compañera de trabajo y entrar unas horas antes de su horario habitual, no estaba muy feliz con el pedido pero aun así respondió que sí. Varias veces su compañera había hecho lo mismo por ella así que sería injusto no hacerlo. Dejo el celular nuevamente en la mesa y soltó un pequeño suspiro al sentir unas manos que la abrazaban por detrás y un cálido beso en la nuca. Dio media vuelta y se encontró con unos bellos ojos rojos que la miraban como si ella fuera lo más hermoso del universo.
-Buenos días - pronuncio el regalándole una sonrisa que hizo que un cosquilleo de electricidad recorriera cada parte de su cuerpo.
-Buenos días Reiji- respondió con una sonrisa más grande que su rostro, no podía ocultar la felicidad que sentía al verlo ahí con ella en la misma cama, abrazándola, acariciándola. No quería salir de ese lugar, deseaba detener el tiempo justo ahí, exactamente así como se encontraban uno en frente del otro mirándose como si nada más existiera, solo ellos dos. –Debo ir a bañarme, tengo que ir al trabajo en unas horas.-
-Te diría que no vayas pero…- Tomo una bocanada de aire, él era demasiado obsesivo con el trabajo y jamás faltaría por algo así, pero si continuaba la frase sería la mayor mentira que habría dicho en la vida, ni siquiera lo pensó dos veces olvido todo lo organizado y estricto que era.- No, no vayas, quédate aquí conmigo.- la abrazo fuertemente para así no dejarla ir.
-Debo irme- las palabras apenas se entendían debido a las risas de por medio, realmente ella tampoco deseaba eso.- mi compañera tiene al hijo enfermo y para ser honesta ella me cubrió varias veces cuando presentaba exámenes así que no sería justo que no la cubra justo ahora.- lo beso tiernamente y se levanto de la cama.
- Amistades… entiendo, ve- Pronuncio divertido señalando el baño.
La veía caminar hacia el baño de la habitación envuelta en la sábana blanca que arrastraba más de lo que la envolvía, no podía explicarse así mismo el sentimiento que estaba experimentando, pues jamás le había pasado algo así, era nuevo para él, pero si pudiera definirlo en una palabra seria, felicidad.
Ume cerró la puerta del baño y se apoyó sobre esta abrazándose a sí misma, sonriendo como niña cerro los ojos tratando se procesar todo lo sucedido. Camino hacia la ducha y abrió la llave tanteo el agua y se metio completamente bajo esta, como si la tibia cascada la relajara y le demostrara que los hechos de la noche anterior si habían sido reales. Cerro lo ojos y no pudo evitar recordar…
-"Déjame hacerte mía"-
Eso es lo que ella quería, que el la hiciera suya, entregarse por completo. Era una lucha de pensamientos y sentimientos que ya no podía controlar, una batalla que se había salido de control y estaba en el medio de ambos bandos. El razonamiento decía no, apenas lo conoces, es quien es… pero el corazón, ese fuego que estaba latente en su interior decía si hazlo. Lo tenía enfrente, viendo como sus ojos la deseaban así como ella a él, esperando su respuesta, esperando que tome una decisión.
-Si…- Solo un susurro, solo eso basto para que él se levantara con ella en brazos y la besara como si el mundo se fuera a acabar.
Entre risas nerviosas y besos, ella le indico donde quedaba la habitación, Reiji camino hacia esta sin bajar a Ume de sus brazos, abrió la puerta empujándola con una pierna, no era muy propio de él, pero realmente no le importaba un comino. Visualizo la cama y se dirigio hacia esta, muy cuidadosamente se apoyó sobre esta y dejo caer a Ume como si fuera de cristal. Quedo observándola, viéndola respirar con dificultad, agitada, y lo supo. No quería solo follarla, quería hacerla suya, quería que siempre fuera suya.
Lentamente fue bajando el cierre del vestido que esta traía lo deslizo hacia abajo dejándola solo con la ropa interior, un hermoso conjunto de encaje color blanco. Trago saliva al ver lo hermosa que era. Pero no solo su cuerpo era hermoso, todo Ume era hermoso para él. Ella se acomodó de rodillas en la cama y comenzó a quitar su camisa dejando al descubierto su torso marcado.
-Si me ejercito- pronuncio divertido, a lo que ella solo sonrió recordando el encuentro en el baño.
El mismo desabrocho su cinturón y luego su pantalón, se lo quito y le dio un perfecto Angulo a ella para ver su fornido cuerpo. No podían esperar más tenían la necesidad de sentirse, tocarse, de volverse uno.
Quitándose la poca ropa que quedaba, él se acomodó encima de ella y sin dejar de besarla recorría todo su cuerpo desnudo, llevo su mano hasta la parte baja de su cuerpo y sintió lo mojada que estaba. Ella se arqueo y soltó un pequeño jadeo al sentir los dedos de el en su entrada. Estaba lista, solo lo necesitaba a el, y por supuesto que lo tendría.
Se acomodó abriendo sus piernas y lenta pero profundamente se metió en ella. Ambos gimieron suavemente, quedándose inmóviles por unos segundos. Para el era el lugar perfecto donde quería estar, y quedarse allí para siempre, no salir nunca. Para ella era el mismo paraíso.
Se movió lentamente, quería hacerla desear más, que ella misma le pidiera más, quería tomarse todo su tiempo para poder complacerla como debía. Los suaves movimientos fueron aumentando. No quería ser muy rudo, aunque por dentro todo en el quemaba, no era una opción que ella creyera que solo la estaba follando, esa noche ella era su princesa y él no era exactamente un príncipe pero iba a demostrárselo. Pero al escuchar su voz, supo que ella también estaba ardiendo como él.
-Más rápido Reiji…mas…- Se aferró de su espalda y delicadamente mordió su cuello. Fue lo que el necesitaba para sacarse ese fuego que estaba reteniendo. Ella lo deseaba, el la deseaba, y sabía perfectamente que Ume no pensaría que la estaba utilizando.
Se levantó frente a ella, y con ambas manos abrió su piernas para mantenerlas asi, sus movimientos se volvieron más fuertes, más salvajes, los pechos de Ume se movían al ritmo de las embestidas, escuchar sus gemidos, ver como entraba y salía, el sonido que provocaba con cada penetración, lo incendiaba más, era como un volcán a punto de erupcionar. Rápidamente se sentó en la cama y la atrajo hacia el sentándola encima suyo. Ella comenzó a moverse tan rápido como podía necesitaba sentir que todo él estaba dentro suyo. Lo abrazo fuertemente clavando sus uñas cuando un calor extremadamente fuerte empezaba a apoderarse de su interior. Él se dio cuenta lo que sucedía por lo que profundizo las embestidas. Al cabo de unos segundos, ambos llegaron al clímax juntos, como si lo hubieran programado para acabar al mismo tiempo.
Ume temblaba bajo el abrazo de Reiji, mientras el recuperaba la respiración y la sostenía tan fuerte que un momento pensó que la aplastaría. La soltó apenas, solo para ver su rostro, se veía cien veces más hermosa de lo que era. Fue entonces que tuvo una revelación que jamas en la vida pensó tener, haría lo necesario para conocerla más, hasta el más íntimo detalle, no la iba a perder.
La realidad saco a la castaña de los recuerdos cuando Reiji puso un vaso de café frente a ella.
-¿En qué pensabas?- Pregunto el pelinegro sonriendo mientras bebía de su vaso podía verse el hilo de un saquito de te colgando de este.
Era como si el viera dentro de su mente, sabía que esa pregunta era solo para verla ponerse roja como un tomate.
-En.. el trabajo.- respondió evasivamente tomando el vaso de café.- ¿Dónde lo compraste?
-En la cafetería de la esquina- Dibujo una sonrisa de oreja a oreja, verla nerviosa era lo que quería, le gustaba saber que tenía ese efecto en ella. Pero pronto vio como la felicidad que tenía la hermosa chica frente a él se desvanecía y una frente arrugada se hacía visible. También lo supo, y aunque no quería reconocerlo sabía que ese sentimiento era por una persona en particular, su hermano. No quería hacer preguntas, mucho menos hacerla recordar, pero sabía que eso la estaba atormentando. ¿Culpa? ¿Acaso ella lo amaba? ¿Lo perdonaría? ¿Acaso ella…
-¿Te arrepientes?-
La suave voz de ella lo saco de sus pensamientos, ¿había sido cierto? ¿Ella acaba de preguntarle eso?
-No- su respuesta fue corta y precisa, no había dudas solo una total seguridad de que esa palabra era la correcta.- ¿Tu?- ¿porque pregunto? ¿Realmente estaba preparado para escuchar su respuesta? Se arrepintió y se maldijo interiormente.
-No.- rápido y claro, tampoco hubo dudas en su respuesta.- Pero... ¿y… ahora?-
¿Y ahora? Esa era una pregunta que ninguno de los dos pensó hasta el momento. ¿Qué pasaría ahora? Él no la amaba, ella no lo amaba. Sentían atracción el uno por el otro. Pero él no iba a perderla, él quería llegar a conocerla. Pero ¿y ella?
-Y ahora… no voy a dejar que te alejes de mi Ume.- Los ojos de la chica se agrandaron al escuchar esto.- No sé a dónde llegaremos con esto, que va a pasar.. y créeme, yo siempre se lo que va a pasar, pero realmente no quiero que te alejes de mi.-
"No quiero que te alejes de mi…. No quiero que te alejes de mi….no quiero…"
El aplauso frente a su cara la hizo reaccionar.
-Tierra llamando a Ume..-
La castaña sacudió su cabeza abrió y cerró los ojos como si estuviera despertándose de un sueño vio como los ojos marrones de la compañera la miraban divertida esperando una contestación.
-¡LUCY! Lo siento.. Yo… estaba…-
-En otro planeta lo se.- recogió su largo cabello rubio formando un rodete no muy ordenado, algunos de sus cabellos quedaron sueltos dándole un aire de rebelde, pues asi era exactamente Lucy, no solo era una compañera de trabajo sino también una buena amiga de Ume, no tanto como Yuma, pero podría decirse que casi. Lucy era alta metro setenta casi. Su piel era morena como si se bronceara todos los días del año, su cuerpo era delgado no mucho pero delgado, la remera musculosa blanca marcaban muy bien sus voluminosos pechos y el jean su trasero y si tenía una cualidad era la de sonreír casi todo el tiempo.
-Solo pensaba..- ¿Le contaría lo que estaba sucediendo? ¿o acaso ella pensaría que era una zorra? Su mente aún era un mar de contradicciones. Para ella el tema de Shu estaba más que terminado, no quería escucharlo ni sus excusas ni nada. Pero ¿acostarse con su hermano tan rápido? ¿Eso la hacía una puta no es asi?
-¿Cómo se llama?- pregunto la joven sacándola nuevamente de su nube personal.
-¿Cómo dices?-
-¿Cómo se llama el sujeto que te tiene asi? y no digas Shu porque sé que él no es.-
¿Tan predecible era que acaso todos se daban cuenta de que pensaba?. O solo era una idiota que no podía mantener su preocupación oculta. Realmente necesitaba sacarse de encima toda esa preocupación, quería que aunque sea alguien le dijese, "ESTUPIDA COMO SE TE OCURRE" hablar con Yuma era fácil, el jamás la juzgaría, pero no podía molestarlo cada vez que tuviera alguna duda Tenía dudas sobre hablar del tema con ella, pero estaba harta de tener dudas. Entonces lo soltó todo. Mientras cobrara a los clientes y Lucy servía los tragos ambas conversaban de lo más tranquilas, pues los clientes estaban más concentrados en las bebidas que en sus charlas. Trato de no omitir ningún detalle, pues no quería quedar como si su relación con Shu había sido terrible, y tampoco quería quedar como si Reiji la hubiese provocado, ya que nada había sucedido asi. La rubia escuchaba atenta cada palabra que salía de su compañera, en ocasiones no podía evitar soltar alguna que otra carcajada. Cuando termino de contar todo la mandíbula de Lucy estaba casi tocando el piso, sostenía una botella de whisky en una mano y en la otra un vaso con dos cubos de hielo.
-Muchacha, el trago por favor.- hablo un hombre de unos cincuenta años desesperado.
La joven se disculpó y sirvió el trago rápidamente, como si hubiera tomado cinco energizantes juntos, giro rápidamente hacia la castaña y el abrazo fuerte sacudiéndola por todos lados.
-¡TE FELICITO AMIGA!-
¿Qué acaso la estaba felicitando por todo lo que conto? La cara de la rubia tenía un brillo de ¿Orgullo? Realmente no entendía nada.
-Al fin te sacaste a ese rubio de encima, no te merecía Ume.- Ella sabía perfectamente que Shu no era un buen novio, cada vez que iba al lugar la miraba y le guiñaba un ojo. Por supuesto que no se lo iba a contar a su amiga, no porque sintiera lastima sino porque sabía que tarde o temprano se daría cuenta. De todas formas nunca paso de ahí, ya que si lo hubiera hecho ella le hubiera partido la cara con lo que fuese que tuviera en mano.
-¿Acaso escuchaste toda la historia? Lucy… me acosté con su hermano-
-¡¿Y eso que?!Ya están separados, déjalo allá en Francia y tu.- se acercó a ella como si estuviera bailando rumba.- revuélcate todo lo que quieras con el estirado.- Pudo ver que entre la felicidad de la castaña también había remordimiento, suspiro y continuo hablando.- ¿Acaso lo amabas? NO, no lo hacías de lo contrario no hubiera ocurrido nada de lo que paso. ¿Acaso EL te amaba? NO tampoco lo hacía de lo contrario no te hubiera metido los cuernos cientos de veces! Y si fuera así sabrías algo de el… de su vida… dime Ume ¿qué sabes de su vida?- la expresión en la cara de su compañera lo decía todo.- Lo ves, no sabes nada, seis meses a la basura, deja de lamentarte y disfruta.-
En realidad era cierto, no sabía absolutamente nada de Shu, no sabía a donde iría a parar toda esta aventura con Reiji, pero estaba segura que nadie hasta el momento la había hecho sentir como el pelinegro. Muy en el fondo sabía que lo volvería a hacer, que no se arrepentía, por eso tal vez se sentía tan culpable. Queria muchísimo Shu, tuvo lindos momentos con el, pero los engaños, las palabras hirientes, ¿Cómo olvidar eso?
Entre las charlas y los constantes clientes se hicieron las dos de la mañana, el bar estaba vacío y las jóvenes recogían sus cosas para irse a sus hogares, Lucy se dirigía hacia la puerta mientras Ume tomaba las llaves del local y se volvió hacia ella casi estampándola contra la barra.
-¡Hombre demasiado sexy y extraño enfrente!-
No parecía asustada, pero era muy extraño que alguien como ese hombre estuviera allí a esas horas de la noche, pues todos los que rondaban ese lugar eran los alcohólicos que salían del bar. Ume se asomó apenas para ver si reconocía al sujeto, había preparado la llave por si debía cerrar rápidamente la puerta, al acercarse lo reconoció, su piel se volvió pálida, simplemente quedo estupefacta al verlo allí, estaba mas guapo que hacia horas, como era de esperar llevaba un traje de vestir todo negro y una hermosa corbata roja.
- si quiere violar a alguien yo me ofrezco como voluntaria Ume no te preocupes.-
El comentario de su amiga la hizo estallar en una carcajada, pero de los nervios. Lo había dicho tan fuerte que esperaba que el no haya escuchado.
-El…el es Reiji.- dijo mirándola con ansiedad. La boca de la rubia se abrió formando un gran circulo, miro al pelinegro y la miro a ella, para luego guiñarle un ojo a la castaña.
- ¿y.. Que se supone que sigues haciendo aca hablando conmigo? FUERA, dame las llaves yo cierro, solo… vete con ese galán de cine.- manoteo las llaves de sus manos y prácticamente la saco a empujones.- mañana quiero detalles.- la cara de Ume se volvió roja cosa que hizo que Reiji lo notara y dibujara una sonrisa.
Mientras caminaba hacia el mil cosas pasaban por su cabeza, ¿Qué le diría? ¿Cómo lo saluda? ¿le da un beso en la mejilla? ¿en la boca? No sabia que hacer o decir, no podía creer que el estuviera allí. Al estar frente a frente solo se quedo mirándolo, si no quería quedar como idiota, había fracasado totalmente. Sin embargo el sonrió al verla tan nerviosa.
-espero que no te moleste que haya venido a buscarte.- sus palabras parecían tan formal, tan educado.
-¿Por qué?- ¿solo eso? Su inconsciente la golpeo sacudiendo su cerebro, lo único que le faltaba era que un hilo de baba callera por su boca.
- porque no te avise y tal vez…- no pudo terminar de hablar ya que ella lo interrumpió.
-No, ¿Por qué viniste?- su pregunta no presentaba enojo ni frustración todo lo contrario, estaba sorprendida de verlo allí, ¿Por qué había ido?
-oh, eso. Pues porque no voy a dejar que camines sola a estas horas de la noche.-Hizo un movimiento con la mano para que ella comenzara a caminar.
-Gracias- susurro con las mejillas rojas, para ella fue algo muy considerado y hermoso lo que acababa de hacer.
No podía ser real todo esto, apenas conocía a Reiji y le era imposible describir con palabras lo que le sucedía al verlo, al estar ahí a su lado caminando. El era como un imán para ella, todo su cuerpo temblaba al estar junto a él. Todos sus pensamientos negativos se esfumaban al escucharlo hablar, era como si el la hubiera hipnotizado. Lo deseaba, lo deseaba de una manera ilógica. Al llegar a la puerta de su edificio se plantaron los dos uno frente al otro, ella revolvió su bolso y saco las llaves mientras el miraba cada movimiento.
-¿Y… ahora?- dijo clavando sus ojos sobre los de ella.
-¿Quieres subir? Tengo hotcakes- respondió regalándole una dulce mirada.
-No me gustan los hotcakes.- su voz era tranquila y divertida a la vez.
Ella camino hacia la puerta, la abrió y giro suavemente sonriendo casi inocentemente.
-Si bueno... suerte que no tengo.- movió su cabeza hacia un lado sin borrar su sonrisa. El simplemente soltó una leve carcajada y camino hacia ella tomándola por la cintura y clavando un suave pero apasionado beso en sus labios mientras entraban al edificio.
Ella lo deseaba y el a ella. Y por el momento ambos iban a disfrutarlo...
