Capitulo 11
"Una historia de amor."
Podía escuchar los murmullos de los cinco hombres a su alrededor, pero no podía entender de que hablaban, su mente estaba en otra parte, habían pasado dos semanas y el aún seguía en Francia. Los estúpidos que tenían que cerrar el trato no les gustaba unas formas y pedían reformaciones. Estaba harto quería irse de allí, quería ver a la chica que había perdido por imbécil. No podía creer que no tenía ni el número del bar donde Ume trabajaba, realmente había sido un bastardo con ella. Extrañaba su voz, su risa. Si alguien le hubiera dicho dos semanas atrás que se sentiría así al perderla se le hubiera reído en la cara, cosa que había hecho cuando su hermano se lo advirtió. ¿Cómo podía ser posible? Se sentía vacío, como si le hubieran arrancado una parte del cuerpo.
Cuando cuatro de los hombres sentados en la misma se levantaron reacciono de que la cena había terminado. ¿Qué habían decidido? No tenía la menos idea. Cuando se dispuso a hacer lo mismo el señor Duval le pidió que se quedara unos minutos. Sintió que los nervios estaban a punto de explotar, era consciente de que no había prestado ni la más mínima atención durante toda la cena. Cuando los demás se marcharon Shu miro casi con miedo al señor frente a él.
-¿No has podido comunicarte aun?- Pregunto bebiendo la copa de vino tinto que agitaba en su mano.
¿A caso se refería a Ume? ¿Que le diría a continuación? ¿La verdad? Su pierna derecha comenzó a moverse por debajo del mantel blanco consecuencia de los nervios. Tenía la necesidad de hablar con alguien, que alguien le diera algún consejo o un golpe en medio de la cara por ser tan idiota. ¿Pero era su jefe el indicado? ¿Pero qué mejor que un romántico francés?
-No…ella…- tomo la copa frente a él y se tomó todo el líquido tinto de un trago, el anciano lo miro sorprendido pues jamás lo había visto así, si algo sabia de Shu Sakamaki era la seguridad en sí mismo que tenía.- ella no quiere hablar conmigo.-
Su respuesta lo dejo sorprendido pero no mucho, sabía que el joven rubio ocultaba algo.
-¿Qué sucedió? Si es que se puede saber. Has estado muy... demasiado distraído. Se lo bueno que eres haciendo tu trabajo pero estas semanas Shu… estas semanas fueron desastrosas.-
No pudo soportarlo más, sus ojos se habían empañado, se sintió estúpido mientras se frotaba los ojos como todo un macho rudo.
-Yo… ¡se entero que la engañe!.-
Lo siguiente en la mesa fue un silencio que duro por lo menos un minuto. No podía ver a la cara al hombre frente a el. Acababa de decirle a su propio jefe que había sido un completo hijo de puta infiel.
-¿Cuántas veces fueron?- pregunto sin inmutarse. Lo que hizo que el rubio soltara una carcajada llena de rabia y nervios.
-Que se enteró...- se sirvió otro poco de vino.- una, que no se enteró, cientas, aunque creo que ya debe de haberse dado cuenta.-
-Entiendo…- esa palabra hizo que Shu clavara sus ojos en el.- voy a contante una historia, pero necesitare otra botella de vino.-
Shu espero mientras la joven mesera dejaba la botella de vino, esta vez blanco en la mesa, ella era muy guapa no dejaba de verlo, pero él ni siquiera se sintió atraído. En el fondo no podía creer que estaba allí, esperando a que el viejo frente a él le contara una estúpida historia de amor. Pero no quería volver al hotel, no quería recordar que fue allí donde engaño a su novia y que fue allí donde ella se enteró.
Una vez que Duval lleno su copa y la de Shu con vino empezó con el relato.
La historia trataba de un joven empresario que recién comenzaba a largarse en el mundo de las ventas. Tenía a cuantas mujeres quisiera, todas las noches era fiesta, alcohol y mujeres. Había tenido tantas que no podía recordar el nombre de casi ninguna. Hasta que un día entro a una tienda para comprar unos cigarrillos. La joven en el mostrador era realmente hermosa, tenía ojos y cabello negro, la piel blanca como la nieve, era a simple vista hermosa. Cuando se acercó a ella como un depredador, sonriéndole lascivamente, esta simplemente le dijo cuanto debía pagar. Ni siquiera se había impresionado por su atractivo físico. Él se sorprendió al ver que no tuvo ni el más mínimo efecto en ella. Salió de la tienda confundido y decepcionado, aquella tonta había sido la primer mujer que lo había rechazo. Pero no iba a darse por vencido. Todos los días durante casi un mes fue a la misma tienda por cigarrillos. Cada día intentaba establecer conversación con la muchacha, cada día progresaba un poco, pero solo un poco, de un hola… a como estaba el tiempo… a como estaba el trabajo. Hasta que un día consiguió que ella le concediera una cita. Esa cita se volvió varias citas, lo que formo un noviazgo. Pero cuando consiguió que ella sea su novia el volvió a las viejas jugadas. Un dia ella lo dejo. Simplemente se marcho de su lado sin decir nada, habían pasado días y el no sabia nada de ella. Cuando fue a buscarla a la tienda una joven morena le dijo que simplemente había renunciado. Desesperado comenzó a buscarla por todos lados, luego de casi un mes una amiga le dijo donde se encontraba no antes de golpearlo fuertemente por haberla engañado. Viajo durante horas para llegar a la pequeña playa donde estaría la casa de la joven que por idiota había perdido. Ella estaba de pie junto a una palmera, cuando la vio su mundo se dio vuelta, estaba tan hermosa como la primera vez que la vio. Pero a su lado había un hombre uno que la abrazaba como si ella le perteneciera. Se acercó a ellos convertido en una furia. Los enfrento a ambos pero solo recibió un vete por parte de ella. Lo había echado, le refregó en la cara todas las mujeres con la que se había enterado que la había engañado y lo echo del lugar. Ella estaba decidida a no perdonarlo jamas.
Pasaron los meses, y él no podía olvidarla, sabía que ella ahora le pertenecía a otro hombre que estaba feliz y que ni siquiera lo recordaba. Pero el podría haber sido el que causara esa felicidad en ella sin embargo lo había echado a perder por idiota.
Un dia caminaba hacia una cafetería y al sentarse en la pequeña mesa en el rincón mas oscuro del lugar, levanto la vista y la vio. La vio sentada en la otra punta del local, tomando un café y leyendo un libro muy grande para sus pequeñas manos. Su corazón golpeo fuertemente, simplemente seguía siendo hermosa. Tomo coraje y se levantó en dirección hacia ella.
Cuando esta levanto la vista no realizo gesto alguno. Estaba dispuesta a irse cuando la detuvo dulcemente. Le pidió unos segundos de su tiempo. No sabia si seguía con aquel sujeto, o si ya había formado una familia. Simplemente quería saber como estaba. Al ver la cara de sufrimiento de el ella se volvió a sentar. Y hablaron. Los segundos se convirtieron minutos, los minutos horas. Ella había dejado al sujeto de la playa, y estaba sola, había abierto una pequeña biblioteca cerca del lugar y por eso se encontraba allí. Y entonces lo supo, esa era una nueva oportunidad para volverla a conquistar, esta vez no lo iba a arruinar. La amaba, ella era única en el mundo y no iba a volver a perderla.
Cuando el hombre termino el relato el rubio simplemente parpadeo iluso, trago saliva y lleno de ironía le respondió.
-Excelente cuento Señor Duval, muy bonita historia… ¿cómo se llama el libro?.- se removió el cabello nervioso la ira no lo estaba dejando pensar antes de hablar pero el hombre simplemente sonrió.
-El libro se llama... a veces los rumores no son ciertos.- Los ojos azules de Shu se abrieron como plato.- lastime y engañe a una mujer. Pero cuando supe que ella era a quien amaba, todo se terminó. A partir del momento que volvió a mirarme en la cafetería como lo hacía al comienzo fue y será la única.-
-No sé si la amo.- Espeto mirando hacia un costado, pero obtuvo una gran carcajada como respuesta.
-Escucha hijo, no saber y no querer reconocerlo son dos cosas muy distintas, porque en el momento que una mujer te pone en ese estado… créeme que algo sientes por ella.-
Luego de pasar un buen rato con las largas charlas ambos se despidieron. Al llegar al hotel a regañadientes entro en la habitación. Se tiro en la cama boca arriba y saco su celular del bolsillo. Abrió la galería de fotos y vio una en la que estaba con la castaña. Recordó el lugar, era en central park bajo unos arboles tupidos. Ella estaba casi colgándose de su cuello sonriendo de oreja a oreja mientras el la sostenía por la cintura y apenas asomaba una sonrisa. Se sintió despreciable al recordar el momento. Ume no paraba de hablar sobre su carrera y lo que haría en un futuro, pero el simplemente no podía recordar las palabras exactas, ya que observaba a las mujeres alrededor. Recordó que bajo ese árbol después de tomarse la foto ella le dijo que lo quería, y el respondió un casto "yo también". Sintió como su pecho se cerraba y le impedía respirar. Coloco los auriculares en el celular y se dispuso a escuchar música, eso era lo único que podía alejarlo de sus pensamientos negativos hacia el mismo.
¿Qué estaría haciendo ahora? ¿Estaría con otro hombre? Uno que la haga feliz? ¿Estaría llorando? ¿Estaría feliz?
Él no era motivo para estar triste y lo sabía, seis meses estando con ella y apenas le había dicho unas tres cuatro veces que la quería. Seis meses al lado de una mujer hermosa y jamás la había tratado como se debía. Simplemente había pensado que ella no se iría de su lado nunca. Que lo necesitaba. Ella era muy abierta con él, le contaba cada detalle de su día, pero él era muy flojo como para prestarle atención, ni siquiera sabía cómo se llamaba ese perro del que tanto hablaba de cuando era niña. En cambio el jamás le conto nada, ni siquiera que vivía en una jodida mansión. Nunca hizo algo para que en estos momentos ella este mal. Nunca hizo algo para que ella sintiera amor. Sin embargo los detalles que ella tenía con él, hacerle su comida favorita, preguntarle cada día como había estado aun sabiendo que él no le respondería más de lo necesario, preguntarle cada día como estaba, tocarlo como solo ella podía hacerlo. Ella si había logrado que él se sintiera mal… ella había logrado que el la amara.
-¡MALDICION!- grito eufórico mientras se ponía de pie. Estaba reconociendo que la amaba, el la amaba, y como un estúpido la había perdido, a la única mujer por la cual estaba sintiendo eso.
En ese momento de revelación alguien golpeo su puerta. Camino hacia está totalmente calmado, la abrió y vio a Vivian parada frente a él, llevaba un vestido negro totalmente ajustado al cuerpo y los pechos tan apretados que casi saltaban fuera de este. Pero él ni siquiera lo noto, simplemente la miro unos segundos a la cara y justo cuando esta movía la boca para hablar él le cerró la puerta en la cara. Sin darse por vencida golpeo nuevamente a la puerta esta vez más fuerte con ira. Él estaba dispuesto a dejarla ahí golpeando como estúpida, pero estaba demasiado agotado emocionalmente como para sopórtala un segundo más. Abrió la puerta rápidamente dejándola con la mano en el aire y se apresuró a hablar.
-No quiero saber a qué viniste, ni lo que tengas que decir, simplemente no quiero tener más nada que ver contigo, hazte un favor y lárgate de aquí.-
Sin más que decir volvió a cerrar la puerta. Se tiro en la cama y volvió a tomar el celular. Se colocó los auriculares y subió el volumen al máximo, si aquella mujer no había comprendido el mensaje no quería escuchar los golpes en la puerta.
Abrió nuevamente la carpeta de fotos y encontró una imagen de Ume que ella misma se había tomado estando en la universidad. Llevaba el pelo recogido en una coleta y una remera musculosa gris con detalles en negro. Tenia una sonrisa de punta a punta mientras enseñaba el examen con un A++ en la parte superior derecha. Se pasó la mano por la cara bruscamente ¿Cómo había podido perder a una chica así?
Tenía que pensar que haría cuando volviera. Que le diría. Porque si de algo estaba seguro por primera vez en su vida, era que recuperaría a la chica que amaba.
