"Sólo puede acabar de una manera"


Cap. 11: La Corriente Vital.


Recuerdo de aquella noche… cielos negros surcados de tormenta, relámpagos de un verde hiriente y venenoso sembrarme la vista entremedias de una sucesión de imágenes, diálogos entrecortados y recuerdos dolorosamente vívidos que me invaden la cabeza cada vez que fuerzo a mi cerebro a evocarlos.

Recuerdo… el borrón merculino, casi líquido, del filo de la Masamune pincelar el aire mientras otro filo de mayor envergadura y menor agilidad trataba de igualársele en la batalla ya no en fuerza, sino en rapidez, por la supremacía.

Pero… ¿por la supremacía de qué exactamente?

Recuerdo el entrechoque metálico de las hojas encontrarse entremedias de una lluvia de fricción traducida en chispas, recuerdo los gritos, las preguntas sin responder, las amistades quebradas… y aquel semblante inhumano, perfectamente alineado y simétrico, observarme a través de litros de suero y clavándome los tentáculos de su oscuro mirar en la nuca.

El semblante duplicado de aquel hombre, aquella promesa… aquel sueño trazado desde las estrellas al otro lado del espejo.

El semblante de un monstruo.

Recuerdo también el golpe blando y pesado que genera un cuerpo al precipitar contra el suelo seguido del estruendo del enorme espadón tras él.

Y luego tanta… tanta sangre…

Apoyándome apenas contra el tanque tras mío, quedé bajo la vista inhumana de Jenova y los ojos de Sephiroth de entremedias de su larga melena salpicada de sangre devoraron lo que yo entiendo que debió de ser mi silueta superpuesta con la de su "Madre" con un ansia feroz, demencial.

Su postura retomó su previa idiosincrasia y caminó casi en el borde de la irrealidad de vuelta a mi lado, al de Jenova, aún con el arma tintada de carmesí en la mano.

Yo ya no sabía ni cómo mirarle, la boca abierta, los ojos vidriosos y el sudor recorriéndome un rubor helado que decoloraba mi rostro por entero. Y no sentí otra cosa que frío cuando su mano enguantada vino a posárseme bajo la mandíbula.

- Yo soy… el Elegido. – murmuró echándome el vaho del aliento al rostro en aquella estancia helada, ambos iluminados bajo aquella luz glauca ante los ojos de Jenova – Soy la existencia elegida que se convertirá en el Dios de este planeta para devolverlo a manos de los Cetra y alejarlo de la codicia humana. – y sonriendo de aquel modo torcido y ausente, añadió – Una codicia impresa en tus genes que yo limpiaré.

Pronto supe de un modo inconsciente a qué se refería en el momento en el cual me vi reflejada en sus ahora venenosos ojos verdes, la clase de "purificación" a la que él me sometería, la prueba definitiva de mi entrega y lealtad.

Aquel hombre… aquella cosa… me transformaría en algo a lo que yo ni siquiera me atrevía a dar nombre.

- Redimirás los pecados de tu raza en tu propia carne. – continuó él, alternando su vista desquiciada entre mi rostro y el de Jenova tras el cristal, superponiéndolos, trazando de un modo magistral cada palabra en el aire, paralizando con cada sílaba mis inmensas ganas de vomitar que le siguieron a continuación a sus palabras – Transformarás tu esencia impura en algo digno del legado de Madre… en algo genéticamente compatible que, a su vez, mantenga la esencia original de su herencia intacta. – y agachándose a mi altura, me pasó los pulgares de sus manos enguantadas primero por los ojos, después por la nariz y los labios – Te convertirás en una nueva Madre. Una Eva digna de llevar el mensaje de destrucción y renacimiento a través de las muchas tierras que tú y yo consumiremos hasta la asfixia y luego aniquilaremos hasta llegar al premio final que nos aguarda en nuestro largo viaje. – su respiración, así como la vena que pulsaba su cuello y que mis ojos apreciaban con enfermiza intensidad en medio de aquel resplandor verde, taladraban mis sentidos por ráfagas.

No obstante, además de su pulso acelerado y sus pupilas dilatadas, mi vista periférica también apreció otra cosa… un movimiento sutil tras las espaldas acorazadas de Sephiroth según él seguía susurrándome negras promesas de su Armagedón particular.

- Tú y yo… seres imperfectos de orígenes repudiables daremos vida a algo más puro, Ripley. – y la mano que pasó a sujetarme una muñeca tembló ligeramente – La Corriente Vital nos espera.

Tras aquella terrible declaración, las lágrimas finalmente cayeron cuesta abajo por mis mejillas en el preciso instante en el cual el vidrio a mis espaldas se resquebrajó levemente y los ojos de Sephiroth quedaron congelados observando la nada al frente.

Una sola gota de sangre perló mi frente para deslizarse entre mis ojos y hacerse un todo con mis lágrimas en el momento en que la presa de su mano sobre la mía aflojó y la sensación cálida, húmeda y pegajosa de la sangre manchó la parte posterior de mi pijama en apenas segundos.

Pero no sentí dolor alguno. La hoja inmensa que había atravesado el estómago de Sephiroth y cuya punta se había incrustado en el cristal del tanque había logrado, de alguna manera, eludir mi cuerpo.

Comencé a sollozar en cuanto la voz de Sephiroth cortó el aire mientras su peso iba recayendo, lento pero seguro, sobre mí.

- ¿Quién… eres…? – fue todo cuanto dijo.

Y yo le abracé, culpable y consciente de que le había traicionado, de que aquella hoja jamás le hubiera herido si yo le hubiera avisado a tiempo.

La jadeante silueta de Cloud frente a mí, a espaldas de Sephiroth, temblaba bajo su uniforme.

- Devuélveme a mi madre. – dijo el muchacho con una carga a partes iguales de dolor y rabia tiñendo su registro vocal – Devuélveme a Tifa. ¡Devuélveme a mi pueblo! – casi podía oír con preclara nitidez las lágrimas que empañaban también su rostro – Yo… yo te respetaba… ¡hasta te admiraba!

Entre mis brazos, Sephiroth tembló. Tembló con una rabia tan virulenta que casi podía sentirla hasta yo.

- Desgraciado… - jadeó con la boca perlada de carmesí.

Y entonces todo él se derrumbó sobre mí.

A partir de aquel instante mis recuerdos no son lo que se dice muy confiables y no tengo muy claro el orden… pero sé que Cloud en un momento dado desapareció y Sephiroth, si bien permaneció bastante rato entre mis brazos, con una resistencia inhumana y pese a la fatal herida de su estómago, logró ponerse en pie conmigo mientras me agarraba como si yo fuera una especie de salvavidas y él se estuviera ahogando sin remedio.

No sé cómo acabé izada por la cadera con uno solo de sus brazos mientras su hombro izquierdo me servía de apoyo y con… con la… cabeza… de aquella cosa, de Jenova, entre mis brazos.

Sephiroth me había asignado la custodia de la cabeza que él mismo le había cortado a su Madre mientras él me cargaba con un brazo. El acuchillante sonido del filo de su Masamune arañando el suelo asido por su diestra con cada nuevo paso que daba dirección a la salida.

- Lo que tú digas… Madre… - gorgoteó entremedias de la sangre, presa de su delirio, según avanzaba escaleras abajo a lo que más tarde supe eran Cloud y Tifa.

Y yo, incrédula ante tamaña demonstración de fuerza, apenas si atiné a oír la voz lejana de Zack, debilitado por la pérdida de sangre, enunciar una única frase.

Una única orden.

- Cloud… acaba con él.

Nunca supe qué ocurrió ni cómo Sephiroth logró maniobrar conmigo encima con la katana… pero sé que el hedor metálico de la sangre no dejaba de llegarme por vaharadas directo a la boca del estómago.

Quería vomitar. Quería vomitar y mi propio miedo no me lo permitía.

- Un humano como tú… - siseó Sephiroth con evidente desprecio - ¡¿Creyéndose capaz de poder matarme?! ¡¿A MÍ?!

Una momentánea sensación de ingravidez y Sephiroth y yo acabamos en el suelo, arrodillados frente a un precipicio de metal con una caída a varios metros que, invariablemente, nos llevaría de cabeza al origen del Mako que la central nuclear extraía directamente del subsuelo, excavando hondo: la Corriente Vital.

Observando distraídamente al frente lo que Sephiroth estaba contemplando a su vez, seguí llorando aterrorizada al ver la figura flácida de Cloud limpiamente empalada por la Masamune que Sephiroth aún esgrimía con la diestra, preparado para soltarlo de un momento a otro directo a aquella Laguna Estigia desde la cual el planeta lloraba.

- Recuerda bien esto… - comenzó a decir aquel hombre, aquel sueño tornado en pesadilla, hasta que la voz debilitada de Cloud frenó su soliloquio.

- Mi familia…

El rostro de Sephiroth se transformó todo él en una mueca de incredulidad.

- Tú… - siseó.

- Mi pueblo natal… - continuó el muchacho alzando trabajosamente las manos enguantadas hasta cerrarse en torno al filo que lo tenía ensartado - ¡… Lo has destruido todo! – y observándole de frente con una mueca maníaca sembrada de lágrimas, sentenció - ¡NUNCA TE LO PERDONARÉ!

Y ganando terreno, empalándose aún más en el frío acero, las botas de Cloud llegaron al borde del precipicio con lo que, haciendo palanca con su peso, consiguió empujar todo el peso mío y de Sephiroth a un lado.

Sephiroth a todo esto no podía creer lo que veían sus ojos y su presa en torno a mí se estaba volviendo dolorosa, como si lo que viera de alguna manera le perturbara en sumo grado y necesitase aferrarse a algo más que su mera fortaleza física.

- Imposible… - le oí decir - ¿Qué… qué eres tú?

Y tras un instante de silencio, su risa me sobresaltó a un grado de nerviosismo que ni yo sabía era posible dentro de un mismo cuerpo. Estaba a punto de derrumbarme.

No obstante, sus labios encontraron mi oreja y le abracé si cabe con más fuerza en cuanto su voz me taladró el cerebro.

- Vayamos… a la Tierra Prometida.

Y fueron las últimas palabras que oí de él antes de sumergirme de pleno en la nada fosforescente de aquel grito terrenal, más desgarrador que toda música conocida.


Nota de la autora: me acababa de ver el OVA "FINAL FANTASY VII, Last Order" con un doblaje al castellano tan cojonudo pese a ser fansub... que me retomó brevemente la inspiración y acabé éste capítulo que llevaba empezado ni se sabe.

No voy a prometer nada salvo que, pese al tiempo que transcurra, tengo intención de acabar éste fic. La asiduidad de publicación es otra cosa bien distinta.

Espero que os haya gustado y, si bien se ha quedado en cliffhanger, también ha dado punto y final a la etapa de Nibelheim, de modo que al menos algo se ha acabado.

Gracias a todos, ¡nos leemos!