HOLA! ESPERO QUE PASARAN UNA LINDA FIESTA DE FIN DE AÑO Y PARA EMPEZAR BIEN, LES DEJO MI PRIMERA ACTUALIZACIÓN DEL AÑO. MUCHAS GRACIAS A LAS QUE ME DEJARON REVIEWS, UN FOLLOW O UN FAVOURITE.
Capítulo 2:"¡Sal de mi cuerpo!"
Hubiese mentido si dijera que nadie en el castillo habló sobre la curiosa y divertida forma de andar del profesor Snape o del mal humor de Hermione arrastra sábanas Granger, pero la verdad era que todo aquel que se topara con ellos se llevaba una sorpresa, ya fuese buena o mala.
Por un lado, teníamos a Hermione tratando de caminar en el cuerpo de Snape, no estaba acostumbrada a tener piernas tan largas por lo que daba las zancadas más largas de lo usual tratando de evitar cualquier roce con su cuerpo sin mencionar que pisaba de tanto en tanto la larga capa negra. Los alumnos se apartaban de ella cuando la miraban acercarse, pero solo debías esperar segundos para que empezaran con burlas y rumores extraños de sobre lo que habría hecho el profesor anoche.
Al otro lado del castillo, estaba un enojadísimo Severus caminando en el cuerpo de Hermione, cubriéndose por completo con la sabana que arrastraba e interrumpía el paso de todos. "Apártense de mi camino" era lo único entendible que salía de su boca además de los gruñidos. Al principio, los alumnos que se encontraban con ella no podían evitar hacerle bromas pesadas y comentarios hirientes, pero al ver que ella traía una cara de pocos amigos decidieron no meterse en su camino y rogaron a Merlín que protegiera al pobre infeliz que recibiría toda esa ira acumulada en ese pequeño cuerpo.
Al doblar la esquina, Hermione chocó con algo. Se sujetó con fuerza la cabeza que le ardía y soltó un quejido. Levantó la vista para descubrir que se había golpeado con el mango de una antorcha. Nunca antes le había pasado eso, ella siempre solía pasar por debajo sin ningún problema. Recordó que ese no era su cuerpo y que Snape era mucho más alto que ella.
El único beneficio de esto es que si quedaba marcas, no sería en su cuerpo.
—¡¿Qué estás haciendo?! ¡Cuidado con mi cuerpo!
Hermione nunca había estado tan contenta de verse a sí misma, aunque debía admitir que se sentía extraño verse a sí misma caminando furiosa en su dirección dispuesta a atacarla en cualquier momento.
—¡Granger! Le exijo que me devuelva mi cuerpo ahora mismo.
—¿Profesor Snape? ¿Qué rayos me hizo? — Preguntó mirando como esa sábana blanca había sido cruelmente arrancada de su cama para cubrir la incontrolable melena de león que tenía por cabellera. El profesor ni siquiera se había tomado la molestia de lavar su cara como ella había hecho con él. Era un desconsiderado y ahora todo el castillo conocía a Hermione Granger recién levantada.
—La pregunta aquí es ¿Qué me hizo usted a mí? ¡¿Por qué demonios estoy caminando como un pato?!
—¿Por qué tengo una sábana arrastrando por todo el castillo como si fuese un velo?
—No es de buena educación responder a una pregunta con otra, Granger. Ahora dígame cual fue el truquito barato que usó para cambiarnos de cuerpo y terminar así.
Que una estudiante Gryffindor y un profesor Slytherin pelearan en medio de los pasillos tan temprano no era algo usual en la vida en Hogwarts, por lo que Hermione arrastró a Snape a un armario vacío en donde podrían hablar lejos de los oídos y de las miradas de los curiosos entrometidos.
—¡No tengo idea de cómo pasó esto! Yo solo desperté en una habitación que no era mía y en su extraño cuerpo.
—Cuidado con hablar así de mi cuerpo, lo cuido mucho.
—No lo parece.
—No llegaremos a nada si discutimos entre los dos, Granger. Y, aunque me encante hacerlo, tendremos que detenernos si queremos encontrar una explicación razonable para esta locura.
El espacio reducido del armario podría haber sido un factor que podría perjudicarlos a ambos si alguien los encontrarse en esa situación, pero a ninguno de los dos les importó dado que lo que querían ahora era la cercanía de su propio cuerpo y no en el ajeno en donde se encontraban. Estaban tan concentrados en su conversación que no se dieron cuenta cuando la puerta se abrió y la persona que menos esperaban los descubrió.
Más bien, ser en lugar de persona.
—Vaya, vaya, pero si son la sabelotodo Gryffindor y el murciélago de las mazmorras en un armario. Y muy juntitos — Gritó Peeves lanzando besitos invisibles hacia la curiosa pareja — Esto sí que será noticia. Esperen que se enteren todos aquí, en especial McGonagall. Me preguntó qué es lo que estuvieron haciendo aquí. — El extraño hombrecitos de ojos maquiavélicos se acercó peligrosamente a la cara de la castaña quien respondió mirándolo de mala manera.
—Peeves, no lo hagas por favor. — Pidió Hermione mirando atónito al poltergeist flotante.
—Si abres la boca, te reviviré y te volveré a matar — Amenazó Snape levantando el delicado índice de la joven Gryffindor.
—¿Es que acaso ya me volví loco o estoy viendo opuesto? — Preguntó en tono burlón — ¡Están jugando a ser ustedes! ¡Yo también quiero jugar! ¡Seré Potter! — Terminó tratando de imitar el tono de voz de Harry.
—Cállate de una buena vez o llamare al Barón Sanguinario para que te calle.
—Vaya, vaya. Tanto enojo no puede caber en el cuerpo tan pequeño de una Gryffindor ¿O sí?
—Profesor Snape, deje de perder el tiempo con ese tonto poltergeist — Insistió tomando el brazo del cuerpo de la Gryffindor para que le hiciese caso. — Debemos buscar ayuda. Hay que ir con la profesora McGonagall, ella sabrá que hacer.
—¿Y qué me vea atrapado en su cuerpo plano? ¡No! Iremos a mi despacho y buscaremos la forma de… — Snape había tomado la gran mano de Hermione y había tratado de sacarla del armario, pero no pudo. De haber estado en su cuerpo, habría podido arrastrar a la castaña como si de un papel se tratase, pero ahora que era mucho más pequeña y liviana de lo que solía ser, no podía moverla. Ya entendía porque algunos de sus alumnos decían que parecía un árbol.
—Ahora yo tengo la ventaja, Snape, así que compórtese como la alumna obediente que soy y busquemos a McGonagall.
Hermione sacó ventaja y tomó su brazo —Sin apretarlo mucho, no quería que su cuerpo quedara con marcas— arrastrando así a su profesor quien pataleaba y pataleaba. Solo podían escucharse las quejas de Snape con la voz de Hermione y las carcajadas de Peeves que seguía a nuestra pareja.
Minerva era de esas personas que sentían que las mañanas pasaban lento, muy lento. De esas personas que cuando llegan al trabajo por la mañana solo podían pensar que sería un día muy largo, pero cuando iniciaban les faltaba tiempo para acabar. De esas que no esperan nada fuera de lo común llegara a ellas —Lo cual era difícil decir ya que todo lo que la rodeaba era mágico, literalmente —, de esas que solo ponen los ojos en blanco cuando el compañero molesto les habla pero son tan amables que no los callan.
—¿No es una mañana maravillosa? ¡Por fin jueves! Eso quiere decir que mañana es viernes y luego el fin de semana, creo que nos merecemos un descanso — Exclamó el retrato parlante de Albus Dumbledore que miraba a la actual directora con una sonrisa de oreja a oreja a través de sus gafas de media luna.
—¿Cómo puedes estar tan contento todas las mañanas, Albus? —Preguntó poniendo los ojos en blanco y llevándose su humeante taza de té a los labios.
—Pues, me pintaron sonriente ¿Qué puedo hacer contra eso? — Respondió sonriendo aún más.
La puerta del despacho se abrió abruptamente sacando a los dos ancianos de su conversación, ambos pegaron un salto por el susto. Minerva se levantó de su asiento para recibir a su profesor de pociones favorito —Y único— y a su alumna favorita entrar a trompicones a su despacho. El profesor agarraba del brazo a Hermione y esta tenía el ceño tan fruncido que era preocupante.
—Snape, por Merlín, explícame que sucede aquí. ¿Por qué traes a la Srta. Granger de esa forma?
—Yo no traje a Granger aquí, ella me trajo a mí —Gritó Hermione zafándose del agarre de Snape quien se paraba cohibido delante de la directora, como si tuviera vergüenza de decir algo. Minerva abrió los ojos como platos al escuchar la contestación de su alumna predilecta.
—Srta. Granger ¡¿Qué forma de contestar es esa?! Además no le estaba hablando a usted, si no al profesor Snape.
—Disculpe, profesora, yo no dije nada, no tiene por qué regañarme. — Dijo Snape que estaba levemente sonrojado. ¿Sonrojado? ¿Snape podía sonrojarse? Esto empezaba a asustarla.
—Si no te has dado cuenta, Minerva— Habló la castaña con un tono de voz notoriamente enojado — la Srta. Granger y yo hemos cambiado de cuerpo y ahora estoy atrapado en ella. Estoy atrapado en el cuerpo de una adolescente Gryffindor que no tiene ni la más mínima gracia. — Se notaba muy irritado, pero a pesar de que trataba de hacer la peor expresión de enojo, el rostro delicado que tenía Hermione no ayudaba en su propósito.
—Yo puedo decir lo mismo, profesora. Desperté esta mañana y me encontré con la gran sorpresa que estaba atrapada en el espantoso cuerpo de un hombre que no era sino el profesor Snape. Y debo decir que hasta la acción más simple como respirar se siente diferente. Tiene que ayudarnos a volver a la normalidad, profesora, por favor.
—Hazlo, Minerva, antes de que Granger terminé dejándome paralitico de por vida y yo tenga que quedarme en este espantoso cuerpo de niñata. No sé cómo haces para sostenerte con estas piernas tan débiles, Granger y que mencionar del cabello.
—¡¿Y qué quiere que diga de usted?! Tampoco es un adonis, si hubiese tenido que cambiar de cuerpo con alguien hubiese preferido que fuese Robert Downey Jr. O Hugh Jackman. Al menos si fuese guapo, famoso o interesante, mi estadía en este cuerpo no sería tan horrible. — Minerva entendió que habría una pelea inmediata ya que ya podía escuchar los comentarios hirientes que Snape tenía preparados para la joven bruja que parecía profesor.
—¡BASTA LOS DOS! ¡YA ES SUFICIENTE! — Gritó la directora levantándose de su asiento colocando con fuerza ambos brazos sobre la superficie de madera del escritorio para reclinarse frente a ellos.
Ambos se callaron ya que pensaban que si volvían a abrir la boca aunque sea para emitir un chillido, esa vena que McGonagall tenía en la frente iba a saltar de su lugar. La mujer dejó escapar un suspiro como si soltara todo el peso del mundo.
Estuvieron en silencio durante un buen varios minutos, minutos en los cuales Snape y Hermione estuvieron sentados en silencio con los brazos cruzados y con las miradas agachadas, tan solo esperando que la mujer rompiera ese incomodo mutismo.
—Antes que nada, debemos poner las cosas en orden. Primero, tú, Snape, siéntate con las piernas cerradas, puedo ver las bragas de la Srta. Granger desde aquí; y usted, Granger, deje de sentarse con las piernas cruzadas de esa forma o le provocara al cuerpo de Severus algún problema con sus gónadas por falta de circulación.
Hermione bajó su pierna derecha y la posicionó en el suelo con la otra, y a decir verdad, sintió mucho alivio en la entrepierna, ya no sentía la dolora presión que había sentido por primera vez en toda su vida. Snape hizo lo mismo a regañadientes y con toda la lentitud del mundo, cerró poco a poco las delicadas piernas de Hermione hasta que estuvieron tan juntas que ni un cabello pasaría por ellas.
—¡¿En serio tengo que andar con las piernas abiertas por esta… esta… esta cosa?! — Reclamó Hermione no pudiendo evitar sorprenderse cuando escuchó aquella voz grave en lugar de la chillona salir de su garganta.
—¡Tenga más respeto por esa "cosa"! Y no es una cosa pequeña, es una GRAN cosa, muy grande y es muy importante, demasiado importante. Así que si lastima algún centímetro de esa cosa, iré y mostrare sus bragas azules por todo el colegio. ¿Me entendió? — Amenazó con la voz mucho más aguda de lo que él tenía.
—¿Cómo sabe que son azules? — Siseo molesta, su ceño se frunció con total naturalidad, la cara de Snape podía hacer muchas más muecas que la suya ya que tenía las líneas de expresión mucha más marcadas y al parecer, la expresión de enojo era la más usada.
Snape, en el cuerpo de Hermione, levantó sin ningún pudor la falda arrugada de colegio hasta arriba para revelar las bragas azules. Hermione, totalmente escandalizada, ocupó las grandes manos de Snape para bajar la falda y cubrir sus piernas aun cerradas.
—¡Basta! —Minerva dio un golpe en el escritorio para imponer su autoridad — Snape, deja de hacer eso, no permitiré que le faltes el respeto a Hermione ni a su cuerpo ¿Entendiste?
—… De acuerdo — Respondió poniendo los ojos en blanco — Pero que Granger no vuelva a cuestionar mi hombría o no me hare responsable de mis actos.
—Deje de ser infantil, Snape, además no hay que pueda cuestionar. — Bufó Hermione.
—¡Dejen de pelear! ¡Concéntrense! Debemos encontrar la forma de volverlos a la normalidad. ¿Cuándo fue que pasó esto? — La directora volvió a tomar asiento y masajeó sus sienes con ambas manos tratando de procesar toda esta nueva y loca información.
—Esta mañana, al despertar — Respondieron en unísono, no pudieron evitar mirarse por unos segundos antes de volver a concentrarse en la lideresa de Gryffindor.
—¿Hicieron algo antes de dormir o durante la noche?
—Me sentía mareado. Ustedes pensaron que estaba ebrio durante la cena, luego me fui a dormir. — Respondió con fastidio.
—Yo sentía dolor de cabeza y vientre pero asumí que eran cólicos por mi periodo. — Agregó Hermione poniéndose un mechón de cabello negro detrás de la oreja.
—Espera un momento… ¡¿Estás con tu periodo?! — Gritó con una expresión marcada en el rostro de Hermione que ahora era suyo — ¡Devuélveme mi cuerpo ahora! ¡Antes que empiece a sufrir una hemorragia en tus piernas!
—¡CALLATE SNAPE! — Volvió a gritar la directora.
—Aún no, pero estoy cerca de mis días y debo decirte que soy muy regular. — Hermione sonrió, pero al estar en el cuerpo de Snape esa sonrisa parecía una macabra mueca dirigida con todo el odio del mundo hacia el profesor de pociones asustado.
—Volvamos a lo que nos importa. Ya presentaban "síntomas" por así decirlo, quiere decir que pudieron tomar una poción o ser hechizados horas previas a la cena. ¿Algo que recuerden?
Estuvieron en silencio durante algunos segundos hasta que Severus respondió levantándose de su silla sin percatarse si la falda se le levantaba o no.
—¡La pelea entre McKenzie y Collvey!
—Claro, uno de esos hechizos te cayó directo a ti. — Razonó Minerva
—¿Pero eso no explica por qué cambie de cuerpo con él?
—Severus cayó sobre ti. Fuiste la primera persona que tuvo contacto con él. Supongo que el hechizo los hizo intercambiar de cuerpo… Pero los chicos, por más estúpidos que fuesen sus hechizos, ninguno lanzó algo sobre intercambio de cuerpos.
—Pero fusionaron sus hechizos ¿No? Eso debió ser —Respondió Hermione volviendo a cruzar sus piernas olvidando por completo que no estaba en su cuerpo y que ahora era una posición incómoda.
—Perfecto, Granger, por fin dice algo inteligente —Hermione puso los ojos en blanco, una mueca muy infantil para alguien que tenía la apariencia de un hombre lúgubre de ya muchos años.
— Creo que solo queda una solución a este problema y es simple. Debemos encontrar o un contrahechizo o una poción que los ayude. — Finalizó McGonagall evitando a toda costa de que esos dos volviesen a pelear.
— Genial... ¿Y cómo haremos eso? — Preguntó Hermione sintiendo como el entusiasmo que había sentido hace unos pocos segundos era manchado por la duda.
— Pues... Conozco a unas personas en el Ministerio que podrían ayudarnos a encontrar una solución ya sea por contrahechizos o por pociones.
— Esos idiotas del Ministerio nunca hacen nada bien. Solo harán que nos quedemos así para siempre o que cambiemos de cuerpo con peores personas. Es una suerte no que no me tocara Weasley o yo mismo haría un favor al mundo y acabaría con su existencia— Dijo con el ceño fruncido y apartándose los rizos castaños y aun enredados de la cara.
Hermione apretó fuertemente los puños e involuntariamente su entrecejo su frunció. Minerva miró exaltada al profesor/alumna dispuesto a regañarlo.
— Por favor, Severus, no tenemos tiempo para tus berrinches — Comentó Dumbledore desde su cuadro.
—¿Y en cuánto tiempo podremos volver a la normalidad?— A McGonagall le daría un ataque al corazón si seguía viendo a Snape siendo tan amable, con una cara de preocupación y con una mirada que podría decirse parecía ser dulce. Hermione sin duda iba a cambiar por completo su forma de ver a su colega.
— Ese es el problema, supongo que les pedirán ciertos exámenes o algo así y pues la última vez que les pedí un favor tardaron como una semana. — Respondió levemente sonrojada.
—¡¿Una semana?! — Preguntaron al unísono, evidentemente molestos, en especial Hermione, no, Snape. Sí que era difícil identificarlos.
— Es lo mejor que puedo hacer.
— No podemos esperar una semana. No me quedare aquí, en el cuerpo de Granger. Minerva, yo nunca te pido nada. Así que, por favor, ayúdame — Rogó.
— A mí se me ocurre algo — Interrumpió una voz chillona y burlona. Uno de los cuadros de los antiguos directores empezó a quejarse y a tambalearse, no pudo evitar gritar "Terremoto". Peeves se dejó ver junto al cuadro que no paraba de sacudir con ambas manos.
— Peeves, deja al pobre director Fortescue en paz, ahora — Exigió McGonagall lanzándole una mirada que podría congelar a cualquiera que estuviese vivo — ¿Quién te dejó entrar aquí?
— Dices que tienes una solución, ¿cuál es? — Preguntó Hermione poniéndose de pie tan rápido que se mareó un poco.
— No le hará caso a ese odioso poltergeist ¿verdad? Mi cuerpo ya está sufriendo lo suficiente como para sumarle las consecuencias de la locura que podría obligarla a hacer.
— ¿Acaso quieres esperar una semana, Snape? No perdemos nada con intentarlo — Dijo Hermione acercándose al pequeño hombrecito que flotaba sobre su cabeza. Peeves sonrío maquiavélicamente mientras jugaba con el lacio y grasiento cabello de la cabeza de Snape (ahora su cabeza).
— Por esta vez voy a coincidir con Snape, Hermione. ¿Qué planeas, Peeves? — Insistió la directora.
— Nada, solo quiero ayudar. Hace unos años, dos alumnos también cambiaron de cuerpo. Todo lo que tuvieron que hacer fue ponerse en los lados opuestos de un pasillo y correr a toda velocidad hacia ellos. Asi volvieron a la normalidad.
Hermione pensó que eso no tenía sentido alguno y por eso le costaba creerle al hombrecito. Aunque la sonrisa malévola, las muecas de burla y los ojos brillantes y perversos tampoco ayudaban a confiar en él. Pero estaba desesperada, aceptaría lo que fuese por recuperar su cuerpo. Su amado y ahora, usado cuerpo.
— No perdemos nada intentando — Suspiró. Peeves dio una voltereta, emocionado de que le hicieran caso a su descabellada idea. Su sonrisa maquiavélica se ensanchó — Por favor, Snape.
— Más vale que funcione. Snape estaba casi tan o más desesperado que Hermione por recuperar su cuerpo. Por supuesto que nunca lo diría en frente de ella para que lo viese débil.
McGonagall observó en silencio como Snape (ahora Hermione) abría la puerta para pararse al otro lado del pasillo y prepararse para correr en dirección de Hermione (ahora Snape).
"Esto no me gusta".
Dumbledore caminó a través de los cuadros para poder ver mejor, aunque no era el único ya que otros ex-directores también compartían cuadros para ver el espectáculo que Peeves organizaba. Hermione tenia las rodillas dobladas y se movía ansiosa en su sitio concentrándose para correr todo lo que pudiera en cuanto le indicarán, al igual que Snape, ya que no sabían cuándo o como lo indicaría el poltergeist.
— A la cuenta de tres... ¡Tres!
Hermione corrió a toda velocidad como si fuese lo más simple del mundo, a diferencia de Snape que sintió un pequeño dolor en la parte de atrás de las rodillas, pero no era más fuerte que el dolor que sintió cuando su cuerpo lo embistió y lo hizo caer con fuerza en el suelo entre quejidos y punzadas en las costillas.
—¿Les mencione que los alumnos habían sido los gemelos Weasley? Aunque ahora que lo pienso, son tan iguales que tal vez nunca cambiaron de cuerpo — Dijo entre carcajadas mientras se desvanecía entre los pasillos dejando a unos adoloridos Snape y Hermione aun tirados en el suelo.
—Auch.
—¿Cómo es que te duele si estás en mi cuerpo?
—Créame, Granger, que a pesar de no estar en mi cuerpo, siento el dolor como si fuera mío — Lamentó Severus mientras Madame Pomfrey le aplicaba un ungüento para los golpes que tenía. Al igual que la directora, la medimaga se sintió completamente fuera del lugar cuando se enteró que Snape y Hermione habían cambiado de cuerpo.
—Sigo sin creer que esto sea cierto, Minerva. Tenemos que encontrar una solución. Ya deja de quejarte, Hermione.
—¡Severus!
—Perdón — La enfermera retiró sus manos del ungüento y dejo que él mismo se aplicara en el lugar donde le dolía.
—Enviaré lechuzas urgentes para ya, pero hasta entonces, Snape — Habló dirigiéndose hacia la silueta delicada de la Gryffindor que aplicaba el ungüento — Deberás actuar como la Srta. Granger, hacer todo lo que ella haga como asistir a las clases y esas cosas. Sus instrucciones son muy simples. Hermione repartirás exámenes y darás clase de repaso hasta que podamos encontrar un suplente para ti, Severus. Y tú, como ya dije, solo debes ir a las clases, tomar apuntes por ella y tratar de fingir que todo está bien. Y usted, Srta. Granger, deberá tratar de cuidar el cuerpo del profesor lo mejor posible.
— Es una broma, ¿verdad? — El profesor de pociones dejó la ungüento y se levantó inmediatamente forzando el ceño de la frente del cuerpo de Hermione — ¿Acaso quieres que quedé paralitico por toda la vida? Porque conociendo la torpeza de Granger, ella entrara en pánico y terminara matándome por las escaleras si es que no lo hace por retención urinaria.
Pomfrey vio en dirección a Hermione quien se balanceaba de un pie a otro tratando de cruzar las piernas l mejor que podía. Debió ir al baño en la mañana.
—Pues es la única opción que tendrás, Snape. Tómalo o déjalo. Hermione es una chica responsable y tiene la cabeza fría, sabrá que hacer. Ella cuidara muy bien de ti.
—No parece que lo hiciera esta mañana. ¡Ve al baño de una vez! — Le gritó mientras Pomfrey se llevaba a Hermione al baño de la enfermería.
—Ella es muy inteligente, mientras tú ocupas su lugar en las clases y ella él tuyo, creo que la Srta. Granger es lo suficientemente capaz para dictar un par de clases durante una semana, si es necesario, adelantaremos las prácticas de pociones para que no tenga que enseñar algo nuevo. Además, ella trabajará en tu laboratorio tratando de encontrar un antídoto, para ayudar un poco a los del Ministerio, y cuando acabes sus clases, tú la ayudaras. ¿De acuerdo?
Snape sabía muy bien que no sería un acuerdo, era eso o dejarlo. Minerva no lo dejaría decidir, lo estaba empujando a algo que no quería. Solo le pediría a Merlín, Morgana y Circe que protegieran su indefenso cuerpo de las manos torpes de Granger.
—No sé si no te has dado cuenta, pero no tengo la menor idea de cómo comportarme como una mujer. Mucho menos, una que es Gryffindor. — Dijo él tratando de ignorar el hecho de que cada vez que se levantaba olvidaba asegurarse que su falda no sé le levantara.
—Pues, supongo que aprenderás, Snape. Ya es hora de que te conectes con tu lado femenino.
—Yo no tengo nada femenino — Replicó inflando las mejillas que se tiñeron de un carmesí muy bonito.
—Claro que sí, todo el mundo lo tiene. Tómalo como una oportunidad, Snape. Aprenderás a entender mejor a las mujeres y tal vez tengas mejor suerte con ellas
Snape pensó para sí mismo que le gustaba su relación con las mujeres. Unos tragos, charla sin importancia, cama y adiós. No tenía por qué complicarse tanto.
— Miss Granger te dirá lo que ella suele hacer y tú solo debes seguir sus indicaciones y viceversa. Puedes darle consejos de lo que tiene que hacer… y supongo que tendrás que enseñarle a como ir al baño. — Dijo viendo al enorme profesor de pociones saliendo del baño a paso veloz con la cara completamente roja y sacudiéndose las manos mojadas.
—Por el bien de mi vejiga.
—Primera lección para ser yo, nunca, nunca seas amable con los estudiantes.
—Lo querrían si lo fuese. Al menos un poco — Intervino Hermione que estaba sentada en la cama del profesor, ahora su cama y su habitación hasta que pudiesen arreglar ese lio en el que ambos estaban metido hasta el fondo. Minerva dijo que sería extraño, por no decir peligroso, que los alumnos vieran a su profesor de pociones dormir en la cama de una estudiante y viceversa. Ambos estuvieron de acuerdo.
—¿Me importa? ¡No! — Replicó con una frialdad que sorprendió a Hermione de que ella pudiese hacer esa gélida más si se lo proponía. A este paso, el profesor arruinaría toda su esencia — Como decía, no quiero que sea amable con los alumnos, no quiero que se formen ideas erróneas y crean que los soportaré todo el día.
Ni que quisiéramos pasar el día con usted.
—Segundo, seleccioné la ropa que te pondrás durante la semana. Está en el armario de izquierda a derecha. La ropa interior está en el segundo cajón de esa cómoda. Los elfos se encargan de recogerla, así que ponlas en ese cesto — Señaló un cesto de mimbre a una esquina de la habitación que aparentaba estar vacío — Luego de eso, los productos de higiene personal están en las gavetas del baño, en la primera. No será difícil de encontrarlos.
—Suelo correr por las mañanas —Añadió paseándose por la habitación con la espalda curveada —, pero supongo que, dado a sus débiles piernas, usted no comparte mi afición, por lo cual le pediré ciertas cosas por mí como no acercarse a la felpa porque soy alérgico o el enorme esfuerzo de que al menos, baje la cabeza al momento de pasar por lugares bajos. Recuerde que ahora es alta. Tal vez hayamos cambiado de mente, pero puede ser que gestos, muletillas y reacciones que, por naturaleza, queden en mi cuerpo y debo advertir que soy temperamental. Por último, debo recordarle que si impartirá mis clases, no quiero, reitero, NO QUIERO, que por ni un motivo empiece a subir puntos a su casa ni a ninguna otra. Casi olvido recordarle que no usara mi laboratorio privado, usara el del aula de pociones. No permitiré que haga explotar algo valioso e irremplazable.
—¿Algo más? — Preguntó Hermione mirándolo con indiferencia y un dejo de sarcasmo en su voz. Tal vez no lo hacía a propósito, pero estar en el cuerpo de Snape implicaba muchas cosas como hablar tal y como él lo hacía.
—Creo que no, pero si hay algo te lo hare saber. ¿Hay algo que necesite saber? ¿Alergias, enfermedades o compromisos?
—Pues, no soy alérgica tampoco tengo enfermedad, aunque de seguro en unos días me debe llegar mi periodo. Soy muy regular — Snape hizo una mueca de asco —, pero no creo que sigas en mi cuerpo para cuando eso pase. En todo caso, si llegase a pasar, yo estaré ahí.
—Que consolador. —Hermione ignoró el comentario.
—También que tengo novio. Es Ronald y es un chico.
—Que observadora. En serio, Granger, usted es una alumna racional y me sorprende que haya elegido a una zanahoria andante como la persona digna de recibir sus hormonas adolescente.
—Es un buen chico, y no quiero que diga o haga algo que deuda arruinar mi relación con él, por favor — Pidió levantándose y acercándose a su profesor. Snape retrocedió. Sí que era más alto de lo que pensaba.
—Trataré.
—Se lo agradezco. Mi ropa está en mi armario, solo use el uniforme y supongo que no será difícil combinar ropa de diario. Mi ropa interior está en el cajón de abajo del armario y mis útiles de aseo en el baño. Al ser un cuarto de prefecto, tendrá toda la privacidad que necesite. Por ahora, no tengo tareas pendientes y las de mañana se encuentran sobre mi escritorio junto a la ventana. Hice una lista con indicaciones — Ella le tendió un trozo de pergamino en donde habían ciertas indicaciones y un detallado modelo de su cuarto hecho a lápiz. Sería extraño que un profesor entrara en las habitaciones de su alumna a indicarle donde estaba su cajón de ropa interior.
—Por cierto, mi cabello tiende a ser insoportable así que tendrá que trenzarlo o usar unos ruleros que pongo para que no se enrede.
—Ni lo sueñe. — La pequeña castaña se dirigió hacia la puerta dispuesta a irse y encerrarse en la torre de Gryffinor hasta que pasase la semana cuando descubrió que no podría — ¡¿Por qué está caminando como si me hubiese pateado un hipogrifo?!
—Es difícil caminar cuando algo te cuelga entre las piernas, además trato de imitar tus zancadas. ¿Por qué está caminando encorvado?
—Es difícil caminar bien cuando algo te cuelga en el pecho.
Hermione se acercó a su cuerpo e inconscientemente, Snape sintió que su cuerpo se contraía. Tendría que aprender a dejar de hacer eso, parecía un conejo asustado. Ella apoyó sus grandes manos sobre los huesudos hombros y los empujó para atrás.
—Hombros atrás, saca pecho, dobla la cintura y… — Ella agarró sus caderas y las empujó un poco. Snape se sintió ultrajado. Granger estaba tocándolo por todo el cuerpo. Aunque no era su cuerpo. — Ahora si pareces yo.
—Qué alivio. Mi turno, a ver, camina hasta la puerta sin abrir tanto las piernas.
Hermione hizo lo indicado. Le costó un poco, ya que daba pequeñas sacudiditas inconscientemente. Ella tendía a menear demasiado las caderas haciendo que las miradas fueran directamente a un punto que él preferiría que nadie mirara. Aunque ahora que miraba, no tenía un trasero plano. Tal vez si cambiaba de ejercicios… ¡¿Qué estaba pensando?!
—No, no, no. Mueves mucho las caderas. Prefiero que sigan pensando que me pateo un hipogrifo a que estoy yendo para el otro equipo, muchas gracias. Mira como lo haré yo.
Snape empezó a caminar de la forma más varonil que el cuerpo de Hermione le permitía. Ella lo imitó durante diez minutos hasta que pudo caminar decentemente. Por supuesto, después de ver como caminaba su profesor, ella tendría que enseñarle a como caminar movimiento las caderas.
— Ya sabes cómo ir al baño, ¿verdad?
Hermione no pudo evitar sonrojarse, por lo que el cuerpo del profesor se sonrojó. Aún había mucho por aprender antes de fingir ser el otro durante esta semana.
Decir que el día pasó con total normalidad para ambos sería ser optimista. Todos en el castillo ya corrían el rumor de que Snape había estado en una pelea y había salido perdiendo por lo que caminaba raro, y todo aquel que se encontraba con Hermione pensaba que la chica debía estar en sus días o algo así. Durante la cena, la castaña había caminado directamente hasta la mesa de maestros hasta que entendió las extrañas señas que el profesor Snape y la directora McGonagall le hacían.
Ahora eres Granger.
Snape regresó sobre sus pasos y se sentó junto al grupo de Gryffindor que Hermione solía frecuentar y el detestar. Pudo escuchar algunas risillas de los alumnos dirigidas a él por el ridículo que acaba de hacer.
Y Hermione no se quedaba atrás. Muchas veces había metido la pata ignorando los llamados de los maestros cuando lo llamaban por su nombre.
Ahora eres Severus, no lo olvides.
Sin contar el hecho de que seguía golpeándose la cabeza con letreros o antorchas. Y ni hablar del tema de usar el sanitario, seguía siendo un mundo para ella por lo que no había bebido casi nada en todo el día y sentía que se deshidrataría pronto.
—¿Qué fue eso, Herms? Ignoraste nuestros llamados — Dijo Ginny haciéndole un espacio para que sentara junto a ella. Automáticamente, aceptó la invitación.
—Solo estoy cansado, cansada — Se corrigió rápidamente. Tomó el tenedor que tenía a su izquierda y pinchó el pedazo de chuleta que estaba en su plato.
—Faltaste a todas las clases sin mencionar que desapareciste toda la tarde.
—No te interesa, Potter — Respondió de forma agresiva llevándose el tenedor a la boca.
—Por supuesto que me incumbe, Snape. Cuando los niños no están en sus clases empiezan a jugar por los pasillos en donde lo único que saben hacer es molestar a Filch. Todos nosotros tenemos un contrato que cumplir en donde dice que debemos buscar un reemplazo cuando no estemos disponibles. Los alumnos tienen un horario que cumplir, pero no pueden cumplirlo porque falta un profesor. Debiste avisar al menos.
—Yo…
—Pomona, por favor, ¿podemos olvidar eso? Mejor solo disfrutemos la cena. Snape me avisó que estaría fuera todo el día en la mañana, por lo que fue mi culpa — Intervino Minerva al ver que su preciada alumna estaba en problemas.
—¡¿Qué tienes, Hermione?! Tú no eres así. — Reprendió Ron dejando de lado su cordero a medio devorar para regañar a su novia.
—No me vengas con tus sermones, Weasley — Sus compañeros se le quedaron mirando con los ojos abiertos como un grupo de lechuzas. Cordial y gentil, cordial y gentil. Ahora eres Hermione Granger, debes ser cordial y gentil — Perdonen mi comportamiento. Estoy en realidad muy cansada, he tenido problemas de mujer. Estoy estresada, quiero llorar y tengo… cólicos.
A pesar de que sonaba más como una interrogante, fue suficiente para que los hombres de la mesa aceptaran las disculpas. Pero no para Ginny Weasley, ella conocía muy bien a su amiga para notar que había algo mal.
—Espero que se te pasé el mal humor para mañana, recuerda que este fin de semana es la boda de Angelina y de George.
No tengo compromisos.
—Sí. ¿A dónde irán con Angelina para su despedida de soltera? — Preguntó Harry como si no le importara el asunto, aunque en realidad había sido el "elegido" para averiguar a donde irían las chicas a celebrar la última noche de soltera de la ex capitana de Quidditch.
—No estás invitado, así que no te interesa.
Snape sintió que un balde agua helada había caído sobre él. Granger se las pagaría. ¡¿Cómo podía hacerle eso?! No tenía ni idea de que hablar con esos mocosos y mucho menos tendría idea de que hacer en una despedida de solteras con hombres semidesnudos bailando por ahí y chicas borrachas por allá.
—¿Despedida?
—Sí. No me digas que lo olvidaste. Has estado hablando de eso durante toda la semana — Dijo Neville mirándola de forma graciosa —Creo que nuestra Hermione está algo confundida.
—Por cierto ¿Qué fue eso tan importante que te hizo faltar a tus clases? — A veces Filius Flitwick podía ser inoportuno.
—Yo tenía cosas que hacer… En Londres — Tenia que buscar temas de conversación lo suficientemente buenos para distraerlos o terminaría metiendo la pata otra vez — ¿Sabían que uno de los Weasley se casa este fin de semana?
—Oh, cierto. El joven George y la Srta. Johnson. Pensar que tan solo hace un par de años estaba recorriendo estos pasillos.
—Fueron amables en invitarnos.
—Sí. La boda será el sábado…
Me salve. Pensó dejando escapar un suspiro de alivio al asegurarse de que la conversación no caería sobre ella de nuevo. Pero ahora había un nuevo problema. Había olvidado por completo el tema de la boda por su nuevo problema con Snape y sobre todo, había olvidado decirle que ella sería una de las damas de honor.
Ups.
ESTÁ DEL ASCO, PERO DE NUEVO, ES LO MEJOR QUE PUEDO HACER. ESPERO QUE SE DIVIRTIERAN, ESTO ES COMEDIA.
REVIEWS? :3
