HOLA HOLA!
LAMENTO EL RETRASO, OTRA VEZ, PERO NO PENSÉ QUE ME DEMORARÍA TANTO EN ESCRIBIR UN CAPITULO Y... SABEN, VOY A SER HONESTA ESTÁ VEZ, CADA VEZ QUE INTENTABA AVANZAR ALGO PASABA Y PARECE QUE EL UNIVERSO ESTUVO EN MI CONTRA ESTA VEZ Y POR ESO ESTE CAPITULO ES CORTO. POR CIERTO, QUIERO AGRADECER A TODOS LOS QUE ME DEJARON REVIEWS, SABEN QUE SIGNIFICA MUCHO PARA MI Y SIEMPRE TRATO DE CONTESTARLOS. USTEDES SON LAS QUE ME MOTIVAN A CONTINUAR, ASÍ QUE LAS DEJO PARA QUE SE DIVIERTAN.
Aclaraciones: En el capitulo anterior, puse por un momento que Angelina se casó con Fred. Esto no fue así, se casó con George y si leyeron el capitulo completo verán que fue así, lo que creo que pasó es que cuando leí la biografía de Angelina vi tantas veces el nombre de Fred que por un impulso lo escribí y no me di cuenta T-T lo siento.
Advertencias: Los personajes no me pertenecen, son de JKR, solo la idea de este fic es mía. :D
Capítulo 5: Las rosas son rojas al igual que mis sábanas
Los dos días siguientes fue una calma total tanto para Hermione como para Severus. Ambos confinados a su simple rutina con altibajos. Para Hermione, tratar de controlar a un mar de alumnos entre asustadizos, hormonados y en cierta forma idiotas. Para Snape, sus días consistían en escuchar conversaciones extrañas de mujeres en el baño de mujeres estando ellas en ropa interior después de los entrenamientos de Quidditch, clases que ya conocía de memoria, evitar los besos y manoseos de Ron Weasley y tratar de fingir ser la señorita perfecta yo no rompo un plato que todos en el castillo conocían.
Hasta que un día, todo cambio.
—¡Me estoy muriendo! ¡Necesito un medimago! ¡Ahora!
—Mione, estás exagerando — Dijo Ginny poniendo los ojos en blanco sin quitar la mirada atenta de los párrafos que leía de la revista Corazón de Bruja.
—Tengo una hemorragia interna.
—Claro que no, deja de ser tan dramática.
La castaña se dejó caer sobre la cama con toda la gracia que tenía una piedra cayendo al fondo de un lago. La joven se encogió sobre sí misma y se sujetó con fuerza su vientre hinchado y adolorido por aquel proceso metabólico femenino que ocurría cada 28 días. Snape siempre pensó que las mujeres exageraban cuando de su periodo se trataba pero entendió que no.
—Siento como si me hubiesen acuchillado. Me duele mucho.
—¿Tan fuertes son tus cólicos?
—Lo son. ¡Quiero algo caliente! ¡Quiero que paré! ¡Necesito una poción!
—Ya calma, ya pasara. Le pediré a un elfo que te prepare un té caliente, espérame aquí — Dijo saliendo y cerrando la puerta mientras la joven castaña se ponía una almohada en la boca y gritaba.
Esto era horrible, no podía caminar, no podía usar la misma ropa interior durante más de treinta minutos antes de que se diera cuenta de que estaba manchada y tenía que correr hacia el baño más cercano a cambiarse, no podía sentarse mucho tiempo ya que cada vez que se movía sentía como toda la sangre descendía desde su útero hasta mojar la toalla higiénica, no podía levantarse rápido, no podía hacer nada. Lo peor era que esto recién iniciaba y lo indicado por Granger y todas las chicas que habían hablado con él, esto duraría unos cinco días por lo menos, de los cuales esperaba no tener que soportar todos ya que de ser así tendría que pasar todo el día metido en la ducha viendo la sangre ser limpiada por el agua.
El pobre profesor estaba más irritado de lo normal. De por sí, para todos, era terrible tener a una malhumorada Hermione Granger así que pueden imaginarse lo horrible que era tener a una malhumorada y hormonada Hermione Granger que se detenía cada tres pasos sujetándose el vientre. Por otro lado, Snape había aprendido algo que toda mujer hacia y que hasta a él le había parecido raro.
—Voy al baño, ¿me acompañas?
Últimamente, desde la llegada de su periodo, Snape no podía evitar pedir que alguna de las amigas de Hermione lo acompañara al baño y una a otra terminaba en el baño como unas diez mujeres. Tampoco había podido evitar tener que avanzar un poco más que ellas y preguntar.
—¿Me he manchado?
Por otro lado, Madame Pomfrey estaba cansada de ver a Snape asaltar su almacén de pociones en busca de pociones contra el dolor y le decía todo el tiempo que no necesitaba tantas, que estaba exagerando. Por supuesto, él solo cambio del almacén de Pomfrey a su propio almacén ordenándole a Hermione una tanda diaria de pociones lo más rápido posible.
Hermione por otro lado se sentía en las nubes. Nunca pensó que esa semana pudiera ser tan tranquila y sobre todo, sin dolor. Se sentía con total plenitud, podía salir a correr, podía dormir sin temor a manchar las sabanas, podía usar esos pantalones blancos que tanto le gustaba —por supuesto que no ahora ya que Snape no tenía ropa con variedad de colores—, podía sentarse todo el tiempo que quería y pararse con gran velocidad sin sentir que se derramaba por completo. Esto era el cielo… Aunque sentía un poco de lastima por Severus, él no había hecho nada malo… bueno, no había hecho nada que fuese irreparable contra ella.
—Hola, pensé que te gustaría verme.
—Muérete.
—Vine a cuidar de mi cuerpo antes de que termines matándolo, así que hazte a un lado. Te traje algunas cosas que me animan cuando estoy en mis días.
—Ah — Soltó desganado mientras se dejaba morir de dolor en la cama totalmente solo. Hermione dejó algunas cosas en la mesita de noche y tomó el resto con sus manos una por una, para mostrárselas a Snape o al menos intentarlo ya que acababa de enterrar su cara en la almohada.
—Una caja de varitas y calderos de chocolate; un paño caliente para el estómago, creme te calmará; también tienes esta radio y conozco una emisora en donde pasan mis canciones favoritas, puede que te animen un poco. Creo que te gustara esto, son artículos de limpieza para tu, bueno, mi zona intima. También unas compresas higiénicas nocturnas que supongo que serán las que más usas, son las más grandes, esto evitará que te manches tan seguido. Oh, casi lo olvido, aquí te traje una infusión y pociones contra el dolor.
Snape empezó a levantar poco a poco la cabeza después de escuchar sobre los regalos que Granger había traído para él. La idea del chocolate sonaba bien y las compresas calientes aún mejor, pero nada se compararía con las pociones contra el dolor.
—No sé qué es lo que te motiva a ser buena conmigo, Granger, pero te pediré que no te detengas y sigas consintiéndome más —Pidió abriendo la caja de calderos de chocolate.
—Creo que estás siendo dramático.
—YO NO SOY DRAMATICO —balbuceo con la boca llena de chocolate.
—Por supuesto que sí. Yo he tenido que lidiar con esto desde que siempre y nunca me había dolido de tal forma en que he tenido que faltar a cinco clases así como tú comprenderás —Enfatizó el "tú" antes de encender la radio en donde la voz de Glenda Chittock anunciaba la siguiente canción —Esta canción te queda como anillo al dedo.
—Que graciosa, Granger —Respondió luego de escuchar el título de la dicha canción, "Blood everywhere" —Te lo juro por la barba de Merlín, cuando vuelva a mi cuerpo le haré un favor a todas las mujeres del mundo y elaboraré una poción para que las mujeres no tengan que volver a menstruar en su vida.
—Estoy segura que eso no pasará. Lo odio, pero es un mal necesario. Échate bien, te pondré este paño caliente en el vientre — Las grandes manos de Hermione levantaron despacio la camiseta gris de la Gryffindor para poner el paño caliente envuelto en otro para que aliviara sus dolores.
—Eso se siente bien — Suspiró mientras solo percibía con sus sentidos el calor en su vientre y las palabras de aquella "sangrienta" canción romántica. Hermione tomó con su mano libre una de las tantas varitas de chocolate y mordió un trozo esperando en silencio a que la canción terminara, anunciaran algún patrocinador del programa y luego pasaran a otra canción.
—¿Te importa si me recuesto? —Preguntó aunque más parecía un anuncio ya que sin esperar la respuesta, Hermione ya estaba recostada al lado de su profesor mirando al techo y sin apartar la mano de su vientre.
—No intentes nada y cuidadito con tus manos, Granger, no quiero que ni suban ni bajen.
—Eres un enfermo, Snape, que tú habas eso no significa que por estar en tu cuerpo también lo haré.
Hermione se acurrucó en su cama. ¡Ay! Como extrañaba su cama, no es que la cama del profesor pese incomoda ni nada parecido, pero no cambiaría su cama por nada del mundo. Severus se dio la vuelta para tener una posición mucho más cómoda y Hermione hizo lo mismo para poder seguir sosteniendo el paño caliente en su vientre.
—Nunca he estado con un hombre así— Dijo Hermione cambiando de brazo.
—Yo tampoco, Granger —Ambos terminaron riendo al entender el peso de las palabras adormiladas de Snape.
—Me refiero a que nadie ha estado así conmigo, junto a mi durante mi periodo mimándome, poniéndome canciones con un paño caliente en mi vientre y regalos, ni siquiera Ron. Creo que esto es lo que quisiera que hagan conmigo y pues si nadie lo hará, tendré que hacerlo yo.
—Deberías buscarte a alguien así, Granger. Después de esto, si tuviese que convivir con una mujer haría esto cada vez sin que ella me lo pidiese porque esto es horrible — Severus se acurrucó más al pecho de Hermione. En la radio, alguna antigua canción de Las Brujas de Macbeth.
—Sabes, esto es algo que jamás pensé que pasaría. Que un profesor estuviese en mi cama acariciando mi vientre y tratando de hacerme dormir en su pecho. Bueno, lo estoy haciendo yo pero tú estás en mi cuerpo y yo te estoy haciendo eso así que es como que tú lo hicieras.
—Me estás mareando.
—Lo sé — Hermione se besó a si misma sus rizos castaños cortos y siguió masajeando su vientre esperando que los cólicos desapareciesen. Severus se estaba quedando dormido poco a poco, aunque no pudo concretar su sueño ya que alguien apareció en la puerta.
—Herms, te traje tu correo y… — Ginny s quedó parada inmóvil después de cerrar la puerta, en su rostro se reflejaron mil emociones que iban desde la sorpresa, el miedo y el enojo. La joven dejó que sus ojos casi se salieran de sus cuencas, que en su boca se formase una "o" y la tacita de té con las cartas cayeran de sus manos desparramándose por el suelo y rompiéndose y mojándose.
—Ginny yo —Habló Hermione levantándose de la cama empujando a Snape en el acto quien rodó por la cama hasta el suelo —Puedo explicártelo todo, en serio.
—No te me acerques. Usted es un enfermo, profesor. Yo sabía que había algo raro aquí, lo sabía desde que preguntaste por él, Hermione, pero jamás pensé que te estabas acostando con un maestro — Exclamó la pelirroja dirigiéndose a su amiga que se levantaba torpemente.
—Weasley, yo puedo explicar, sé que tienes una idea errónea de lo que pasa por lo que acaba de ver, pero tenemos una muy buena explicación sobre esto.
—¿Y cuál es? ¿Ya no quieres a mi hermano y decidiste meterte con el profesor, Hermione? Eso es muy bajo y tú no eres así. Contéstame Hermione.
—Ginny yo…
—No es con usted con quien estoy hablando, Snape, es con Granger —Gritó al profesor.
—No te voy a responder —Habló la pequeña castaña que estaba con los brazos cruzados —porque la estas callando. Yo no soy Hermione, yo soy Severus, al hombre que estas gritando es tu amiga sabelotodo.
—Cambiamos de cuerpo, es lo que trataba de explicarte — Dijo Hermione volviéndose a acercar a su amiga.
—¡Ay! Por supuesto que no creo sus mentirotas, ¿acaso creen que nací ayer? —La pelirroja tenía razón, nadie creería esa verdad.
—Es la verdad y puedo probarlo. Yo estuve ahí cuando George se le declaró a Angelina, yo estuve ahí cuando te rompiste la licra deportiva y tuve que prestarte mi casaca para que te cubrieras, yo estuve ahí cuando tú y Harry… ya saben — La pelirroja abrió los ojos cual búho ya que esas cosas solo las sabia Hermione — Puedo decirte una infinidad de cosas más y de las cuales todas son verdades. Tienes que creerme, Ginny.
La mencionada no lo podía creer, su mejor amiga estaba atrapada en el cuerpo de su profesor. Eso explicaba todo: el repentino cambio de ánimo, la falta de feminidad, que la nombrara por su apellido, que nunca supiera las cosas de las que hablaban.
—Pero… ¿Cómo? —Susurró sentándose en la cama atónita.
—¿Recuerdas la pelea de hace unos días? La de los chicos de Slytherin y Gryffindor.
—Sí.
—¿Recuerda que a mí me cayó el hechizo y para mi mala suerte aterrice sobre Granger?
—Sí.
—Eso hizo que cambiáramos de cuerpo al día siguiente. Severus ha estado en el mío y yo en el de él, hemos tratado de llevarlo lo mejor posible pero no ha sido fácil. McGonagall nos está ayudando y esperamos que antes de que acabe la semana todo vuelva a la normalidad, pero…
—Un momento… Si tú has estado siendo el profesor Snape y Snape estaba ocupado siendo tú, eso quiere decir que pasé todo este tiempo saliendo con usted — Dijo señalando el cuerpo de Hermione siendo Snape el aludido.
—Es lo que tratamos de decirle Weasley y debo decirle que no queremos que nadie…
—¡Oh, por Merlín! —Exclamó llevándose las manos a la boca — Eso quiere decir que metí al profesor Snape al baño de mujeres cuando nos estábamos bañando.
Sería un trauma eterno para la jovencita Weasley y para la cambiada Hermione.
Muy temprano esa mañana, cuando todos aún estaban en el Gran Comedor disfrutando de su desayuno, Minerva McGonagall mandó a llamar a la joven castaña y al profesor de pociones a su oficina. Tenía buenas nuevas; sus amigos del Departamento de Pociones en el Ministerio habían logrado crear una fórmula que ayudaría a la pareja a volver a la normalidad, más o menos.
— Por lo que me dijo mi contacto, esto no los devolverá a sus respectivos cuerpos aun pero lograra crear un efecto similar. Harán que sus mentes se conecten momentáneamente con sus cuerpos, para que cuando ocurra el cambio puedan adaptarse más rápido y la poción sea más efectiva.
—¿Eso quiere decir que los inútiles del ministerio no hicieran nada aun y nos están dando ese intento de poción para que creamos que están trabajando? —Dijo Snape llenando totalmente su comentario con sarcasmo y reflejando en su rostro su mueca de inconformidad eterna que con el tiempo el cuerpo de Hermione había aprendido a adaptar a su rostro.
—No seas así, Snape. Perdónelo, profesora McGonagall, está irritable desde que mi cuerpo decidió iniciar su periodo.
—¡Cállate, Granger, no sabes por lo que estoy pasando! —Gritó amenazándole con el dedo índice mientras se paraba de puntitas delante de él.
—No saben cómo odio cuando pelean —Dijo la directora masajeándose la cabeza una vez más.
—No saben lo tiernos que se ven ahora —Agregó Albus desde su cuadro. Snape lo mandó a la mierda.
—Gracias, profesora, sé que esto ayudara de alguna forma. ¿Solo debemos esperar y ver qué pasa?
—Exactamente —La mujer mayor entregó a cada uno un vial con un contenido de color rojizo que se suponía que los conectaría más de lo que ya estaban. Snape podría controlar su cuerpo momentáneamente al igual que Hermione.
—Bueno… salud, Granger — Snape se llevó el vial a la boca y se tomó todo de un sorbo, Hermione lo imitó. Sintieron como el líquido rojizo corría por sus faringes quemándolas por completo. Hermione se sujetó la garganta tratando de no aplastar su manzana de Adán, esa habia sido una mala idea, ¿Cómo era posible que una poción pudiera quemar tanto?
—Si yo hubiese hecho la poción esto no pasaría.
—Deja de quejarte, Snape.
—Ya váyanse los dos, me provocaran una migraña —Exigió la bruja sentándose detrás de su escritorio. Los dos receptores se callaron y dieron una reverencia forzada antes de salir a carrera por la puerta del despacho, golpeándose los hombros al intentar cruzar el umbral. Minerva necesitaría alguna pastilla de esas para los nervios tan famosas entre los muggles por culpa de esos dos.
Hermione tenía clases con cuarto año ese día más tarde. Sus alumnos habían mejorado tanto; al principio, todos ellos estaban tan callados que estaba segura que pronto se escucharía el cantar de un grillo, pero ahora, al igual que ella, participaban en clases respondiendo a las preguntas que ella lanzaba al salón en general con la recompensaba de un punto extra para sus casas. Por supuesto, entre los mismos alumnos se peleaban entre ellos para alcanzar la atención del maestro.
Hoy verían una nueva poción, la poción agudizadora de ingenio, lo cual emocionaba mucho a Hermione ya que había preparado varias preguntas para sus alumnos. Se sentía tan bien enseñar y que te aparecieran por ello, tal vez debería cambiar de profesión y abandonar la idea de la escuela de leyes y prepararse para ser profesora.
—¿Cuál es el ingrediente principal de esta poción?
—La raíz de jengibre cortada.
—Hmmm… No, ¡tú!
—Escarabajos machacados.
—Correcto, un punto para Slytherin.
Sin duda se sentía bien ser maestra, se sentía tan orgullosa de lo que había hecho por esos niños. Les había devuelto las ganas de aprender, estaba creando pequeñas versiones de ella.
Snape estaba más irritable que nunca. Sentía como su ropa se le pegaba a su cuerpo, como su sujetador se aferraba a su piel quemándola por completo e irritándola de tal manera que estaba a punto de romper protocolos, quitarse la maldita prenda, quemarla y empezar a rascarse por todo el torso.
Pero debía controlarse, debía hacerlo. Estaba en el patio del colegio rumbo a su siguiente clase y si lo hacía ahora todos lo verían. Aunque claro no sabían que era él ya que pensaban que era Granger. Alguien golpeó su hombro y siguió de lado, ¡¿quién era el estúpido desgraciado que quería morir en las manos de un hormonado Severus Snape?!
El chico que lo había golpeado ni siquiera dijo perdón, solo se reía con sus demás amigos. ¡¿Cómo se atrevía?! ¿No sé daba cuenta de que no querían que nadie lo tocase, lo mirase, le hablara, que no quería estar ahí, que quiera sacarse el brazier, correr a su cama y morir en paz?
—¡Oye tú! ¡IDIOTA!
Todos en el patio se giraron para ver quien estaba gritando aunque no era sorpresa para nadie descubrir que era Hermione Granger quien por su actitud tan obvia, todo el colegio sabía que estaba en los días más difíciles de sus "días de mujer". Los ojos multicolores de todos aquellos alumnos se posaron sobre la chica castaña. La amiga pelirroja que estaba junto a ella dio un par de pasos al costado, tratando de pasar desapercibida.
No era posible que ese pequeño cuerpo contuviera tanta ira, pero al parecer sí. Snape olvidó por completo que estaba en el cuerpo de Granger y avanzó hacia el chico… O eso creyó.
—¡No me vuelvas a tocar! —Hermione dejó escapar ese gritó de su garganta sin poder evitarlo, estando en medio del salón de clases. Se tapó rápidamente la boca con las manos al darse cuenta de que ella no había autorizado que esas palabras salieran de su boca. ¿Qué estaba pasando?
—¿Profesor?
—Eres un idiota, ¿acaso no tienes ojos? ¿No te das cuenta de que estoy caminando por aquí? Yo… —Severus se detuvo abruptamente cuando sus manos sin proponérselo subieron a su boca para callarlo.
—Yo… Lo siento, chicos, no sé qué me sucede.
—Sev, digo, Hermione, ¿te encuentras bien? —Preguntó la chica Weasley tomando del brazo a la castaña.
—Déjeme, Weasley, yo sé que estoy haciendo. Y tú, niño, eres un…
—Callate, Granger, desde que te vino tu regla estás tan irritable que te volviste una molestia para todos — Respondió el chico provocando las risas de sus compañeros.
Hermione sintió como sus ojos querían llenarse de lágrimas y como no podía hacer nada para evitarlo, tampoco podía hacer nada para que el cuerpo de Snape se conectara con esas emociones y en serio no quería llorar ante los alumnos pero había algo que no estaba en su control.
—¿Cómo se atreve? — Gritó delante de los alumnos quienes estaban totalmente confundidos.
—¡CINCUENTA PUNTOS MENOS PARA SLYTHERIN! —Gritó Snape delante de todos los alumnos del patio que se burlaron aún más de él — ¡CINCUENTA PUNTOS MENOS PARA HUFFLEPUFF! ¡CINCUENTA PUNTOS MENOS PARA RAVENCLAW! ¡CINCUENTA PUNTOS MENOS PARA GRYFFINDOR!
Hermione se agarró la garganta irritada con ambas manos sin poder levantar la mirada apenada hacia sus alumnos. ¿Qué acababa de hacer? ¡Había bajado cincuenta puntos a cada casa! ¡Acababa de eliminar doscientos puntos en un minuto! Levantó su cabeza y la dirigió hacia el monto de alumnos asustados, confundidos y recelosos que se habían alejado de los primeros asientos y ahora se amontonaban junto a la puerta.
—Mione, vámonos de aquí — Dijo Harry quien fue en rescate de su mejor amiga y se la llevó por algún pasillo muy lejos de los demás estudiantes que seguirían con sus burlas por el resto del día. Por alguna razón Hermione fue la que sintió las manos de su amigo en sus hombros y no Snape, él en su lugar visualizo su amada aula de pociones y a sus alumnos de cuarto año asustados frente a él.
—Chicos, yo lo lamento… La clase terminó — Dijo Hermione cuando sintió que había retomado el control del cuerpo de Snape y cuando se sintió lista salió del salón dejando solos a los chicos para irse a esconder en sus aposentos.
No fue un buen día para ninguno.
MUCHAS GRACIAS POR LEER, ESPERO QUE SE DIVIRTIERAN Y PARA LOS QUE NO ENTENDIERON ESTA PARTE, LO QUE PASA ES QUE DESPUÉS DE TOMAR LA POCIÓN, POR MOMENTOS HERMIONE RECUPERA LAS SENSACIONES DE SU CUERPO AL IGUAL QUE SNAPE Y VICEVERSA, ESTÁ VEZ SNAPE TOMÓ EL CONTROL DE AMBOS CUERPOS SIN DARSE CUENTA.
REVIEWS?
BESOS!
