BIEN, ME DEMORE MUCHO EN ACTUALIZAR PERO LA VERDAD ES QUE ESTABA SIN INSPIRACIÓN Y SOLO PODÍA MIRAR LA COMPUTADORA POR UNA HORA Y ESCRIBIR MEDIA PALABRA. LAMENTO HABERME DEMORADO, POR ESO HICE EL CAPITULO LARGO Y ME DIVERTÍ HACIÉNDOLO, ESPERO QUE USTEDES TAMBIÉN LO HAGAN LEYÉNDOLO.

MUCHAS GRACIAS A LOS QUE DEJARON REVIEWS EL CAPITULO PASADO, Y LAMENTO SI NO RESPONDÍ ALGUNO, SIEMPRE ANDO UN POCO OLVIDADIZA Y A VECES CREO QUE YA LOS RESPONDÍ. COMO SEA, DISFRUTEN EL CAP, ESPERO CUMPLIR CON SUS EXPECTATIVAS. :3


CAPITULO 6: De regreso a la normalidad

Hermione estaba asustada, muy asustada. Sudaba en frio, apretaba las piernas, miraba de reojo a las personas sentadas delante de ella y se preguntaba na y otra vez como es que había terminado en eta situación. Ella, en el cuerpo de Snape, sentada en un lujoso club mágico junto a magos mayores amigos de su profesor tomando un par de copas.

Ah, ya lo recordaba. Recordaba claramente haber estado leyéndole a Severus mientras este tomaba un té para calmar sus cólicos. Ambos estaban en el despacho cuando la chimenea se activó y de entre las llamas verdes apareció la cabeza de Lucius Malfoy quien lo invitaba tomar unas copas con unos amigos.

Severus le había rogado ir y le recodó muy bien cuando ella le obligó a ir a esa despedida de soltera. Hermione no pudo negarse y aceptó la invitación y unas horas más tarde ella se encontraba en medio de un mar de testosterona con personas que ella no conocía fingiendo una risa por sus chistes y anécdotas las cuales ella ignoraba.

En la mesa se encontraban, por lo que tenía entendía, tres compañeros de promoción de Severus, Lucius y otros dos amigos que supuso serian un par de promociones mayores que él. Hermione iba por su tercer vaso y se había mantenido gran parte de la noche escuchando a los amigos de Snape hablar lo que para sus amigos tal vez les había resultado fuera de lo común.

—¿Qué sucede, Snape? Has estado muy callado.

—Sí, espero que el vapor de tus amadas pociones no te haya afectado el cerebro —bromeó uno que tenía el cabello rojizo, recordó que le habían dicho Banner o Danver.

—No, no. Lo que pasa es que me duele un poco la cabeza, mucho trabajo.

—¿Cuándo piensas dejar ese trabajo tan aburrido? Siempre digo que podrías trabajar con nosotros.

—No seas tonto, Scabbior, Severus es demasiado bien portado últimamente —bromeó Lucius— aunque eso no le impide hacer travesuras con algunas niñas.

Hermione casi se ahoga con su trago. Era obvio que Lucius se referia a las chicas como Jade de la casa de citas a domicilio, pero todo se daba claro para que la mente de Hermione creyera que hablara de alumnas de Hogwarts.

—Cierto, Snape, rodeado de hermosas jovencitas que usan falda todos los días. ¿Alguna mocosa que valga la pena? —Preguntó Scabbior con una mirada lasciva en sus ojos negros.

—No… ninguna —respondió incomoda.

—Oye, mira, ¿ella no es Jaimie McAdams? —todos se voltearon a ver a una mujer que vestía elegantemente sentada en la barra junto a un grupo de señoritas que conversaban amenamente. Era bonita, pelinegra y e movimientos gráciles.

—¿No habias salido con ella hace como un mes?

—¿yo? —preguntó Hermione asustada de que toda la atención habia vuelto a recaer sobre ella.

—Sí, nos abandonaste por ella. ¿Y cómo estuvo? Dicen que llevártela es muy difícil, pero vale la pena.

—Ah pues… yo.

—¿Por qué no la saludas? — Hermione fue obligada a levantarse de la mesa a trompicones y se quedó parada como una tabla sin saber que hacer —¡Hey, Jaimie!

La mujer elegante volteó con una gran sonrisa que desapareció lentamente en cuanto vio a Severus parado en medio de la gente al frente de una mesa de hombres mayores que se reían disimuladamente. Ella se disculpó con su grupo y se levantó para avanzar hacia ellos.

—¡Severus Snape! —la elegante señorita se acercó a paso veloz en su dirección, ahora se arrepentía horriblemente de haber hecho caso a los amigos de Snape. —¡¿Cómo te atreves?! ¡¿Cómo te atreves a hablarme como si no hubiese pasado nada?!

—¿Qué? ¿Yo? ¿Qué hice? —preguntó Hermione retrocediendo un paso.

—Más bien ¡¿Qué no hiciste?! —Corrigió evidentemente exasperada— no contestaste ni una sola de mis cartas, no me buscaste. ¡Me ignoraste por más de un mes! ¿Y aun así te atreves a preguntar qué fue lo hiciste?

—Yo… eh, lo siento mucho, no pensé que lo tomarías…

—Exacto, no pensaste, Snape. Me heriste y mucho. Espero que te pudras en el infierno, Snape, tú y tus estúpidas mentiras para niñas inocentes, siempre tan falsas como tú.

—Lo lamento tanto, pero..

Jaimie ni siquiera la dejó excusarse ya que su mano larga cayó con toda su fuerza sobre su mejilla volteándole la cara con un sonoro golpe. Eso había dolido mucho, fue como si su cerebro fuese sacudido en algún juego mecánico.

—Y no vuelvas a dirigirme la palabra nunca.

La mujer asintió con la cabeza tratando de mantener en lo más alto su nariz sin dejar de temblar como un chihuahua por la furia contenida. Se dio la media vuelta y se perdió entre la masa de gente.

—¿Qué acaba de pasar? —preguntó Hermione aun con mano en cara y en shock por lo que acababa de pasar mientras Lucius la ayudaba a sentarse tratando de no reírse en voz alta aunque los otros hombres en la mesa lo hacían.

—Pues te metiste con Jaimie y sufriste las consecuencias, viejo amigo.

—Sí, Severus, esa mujer está loca y cree estar en una relación con cualquiera que le hable bonito y luego se acueste con ella, para tu mala suerte…

—y diversión de la nuestra —agregó el pelirrojo.

—Tú hiciste más que hablarle bonito, Snape, recuerdo que le juraste bajarle el sol y la luna y luego te la cogiste— Lucius dio palmaditas en su espalda —; sin embargo, amigos, eso fue una gran hazaña, nadie se acuesta con Jaimie y sale intacto y Severus rompió el record por más tiempo.

—Brindemos por las conquistas de este profesor de pociones tan pavo —chocaron sus vasos y bebieron el líquido ambarino.

—¿Conquistas? — preguntó Hermione tratando de procesar toda la nueva información.

—Y no son pocas debo agregar.

—¿Cuántas hubo? — el profesor miró a sus amigos con una desbordante insistencia que a ellos les pareció chistosa por lo cual no tuvieron mesura al empezar a nombrar cada una de las mujeres que recordaban haber visto salir con Snape y por supuesto, no habían sido pagadas porque si no hubiese sido una lista más larga.

—Está Scarlett, Rita, Abigail, Lupita.

—Louisa, Daphne, Mariana, Alethea.

—Linda, Celeste, Joannie, Anaximena, Adhemia.

—Genoveva, Marilla, Anne, Ruby.

—No te olvides de la dulce Pam, Alysia, Venia, Nadya, Claudiette y ahora Jaimie al parecer.

—Sabes creo que hay más.

—Creo que ya escuche suficiente —interrumpió Hermione tratando de recordar los nombres. Scarlett, Rita, Abigail y… muchas más. Eso estaba mal, Severus no podía r con mujeres y jugar con sus sentimientos de esa manera, era cruel y egoísta y bárbaro y… No podía hacerlo, estaba mal y eso era todo. Lo odiaba, lo odiaba mucho —Iré al baño.

¿Cómo podía? ¿Cómo se atrevía? Debió contarle de todo lo que había hecho antes, ella podría estar atrapada en un cuerpo con sida o alguna otra enfermedad sexual que de seguro desconocía. Snape era un puerco. No entendía como alguien que había sido tan "tierno" con ella también era del tipo de personas que ella odiaba con toda su alma. Sintió una pequeña puñalada en su corazón, en sus sentimientos, ella quería que Snape fuese feliz pero no de esta forma, no yendo de mujer en mujer.

Entró en los servicios y se encerró en un cubículo. Estaba llorando, Merlín, estaba llorando por los ojos de su profesor. No sabía si era por el golpe o era por la rabia que le tenía a ese hombre en ese momento, pero dejaría que sus emociones la desbordaran por un rato.

Para alguien como Snape, que estaba solo, debía ser reconfortante en alguna manera buscar parejas como si de un helado se tratase. Pensaba con la cabeza de abajo y no la de arriba. No le importaba los sentimientos de esas chicas… ni los de ella. ¿Acaso no pensó en como ella se sentiría cuando se enterase? ¿No pensó en cómo podría cambiar la forma en como ella lo ve? Odiaba que hubiese salido con esas mujeres, no podía ni recordar sus nombres pero las odiaba por haberse dejado engañar por él y lo odiaba porque había jugado con esas mujeres.

No era odio… eran celos. Celos de que esas mujeres hubiesen disfrutado tocar el cuerpo en el que ella estaba y eso la hacía sentir sucia. Si bien sabia por experiencia propia de que Snape no era un hombre puro y casto, había tenido su relaciones pero creía que todas habían sido con señoritas de trabajaban de eso, no con "amistades". Pensó que ella había sido la única mujer que había estado bajo la piel del profesor y que no había tenido que pagarle, la única que había tenido una conexión especial.

Estaba celosa, celosa de todas las que habían pasado por la cama de Snape y por el cuerpo en donde ella habitaba… pero, ella no debería sentirse así, tenía una relación estable con Ron y no debía importarle lo que haya pasado en la vida de su profesor, ¿no?

Estúpido Snape.

Hermione se lavó la cara una vez disfrutando de la frescura que el agua helada le brindaba a su irritada cara. Sea lo que sea que Snape le haya hecho a esa tal Jaimie debió ser horrible para merecer todo el odio de esa mujer, se notaba que ella había esperado mucho tiempo para hacer eso.

Secó sus manos y salió del baño. Divisó a los hombres mayores conversando levantándose de la mesa y recogiendo sus abrigos. Lucius levantó la mano indicándole con señas que iban a la puerta. Ella se apresuró a alcanzarlo y por ello no se dio cuenta de que una mesera iba caminando con una bandeja con vasos entre llenos y vacíos. Chocó con ella y los vasos se derramaron sobre él mojándolo en el acto.

La bandeja cayó al suelo y alguno que otro vaso se rompió pero no era nada grave, si los arreglaba, pensó la mujer, nadie se daría cuenta y no lo descontarían de su salario. Ella se apresuró a recogerlo y ponerlos en la bandeja, trató de repararlos al instante.

—Oh, lo siento —La mujer levantó su mirada azul y los posó en los oscuros ojos de Hermione —fue mi culpa, lo lamento tanto.

—No, no, fue mi culpa, no vi por donde iba —la desconocida sacó un pañuelo de no sé dónde y trató de limpiar la bebida derramaba de la ropa de Snape.

—Déjeme ayudarle y acepte mi disculpas, señor…

—Snape —respondió avergonzada la Gryffindor— Severus Snape.

—Elizabeth Bettany, venga, le secaré eso en un santiamén —La ojiazul la condujo a la barra en donde con su varita lo limpió con magia, Hermione volteó buscando con la mirada a los amigos de su profesor pero ya no los veía, la habían abandonado —¿Puedo ofrecerle un trago gratis, para compensar el que tire sobre usted, por favor?

Hermione asintió. Le agradaba la mujer, parecía amable. Les enseñaría a esos hombres supuestamente amigos de Snape, que su profesor podía mantener una relación sin tener que tirarse a una mujer en los primeros cinco minutos.


Severus nunca entendería que era lo que Hermione había visto en el zanahorio Ron Weasley. No era el más inteligente como lo era ella, tampoco era atractivo como lo era ella, muchos menos tan habilidoso como lo era ella. Era muy opuesto y sin embargo había capturado la atención de la joven castaña de alguna manera, por ende era comprensible que estuviese detrás de ella todo el tiempo. El único problema era que no estaba precisamente detrás de Hermione, estaba detrás de él quien a su vez estaba atrapado en el cuerpo de Hermione.

—¡MIONE!

Severus entró corriendo —si es que lo que dar pasitos de bebé se le podía llamar correr— a la biblioteca en donde estaba dispuesto a esconderse un rato del pelirrojo ya que tenía la teoría de que no lo buscaría en un ambiente de estudio al que él era "alérgico". Oculto entre una pila de libros más alta que él, Severus vio con Ron entraba en la biblioteca y hablaba con la Sra. Pince probablemente preguntado si la había visto por ahí.

—Debe estar por allá —Respondió señalando la parte interna de la biblioteca. Ron agradeció y se dirigió por las mesas en donde pensó encontrarla ignorando por completo la pila de libros y a la castaña que se escondía detrás de ellos.

Aprovechando el despiste del Gryffindor, Severus salió corriendo de la biblioteca rogándole a Merlín que Ron no lo viese.

—¡Mione! ¡Espérame!

Muy tarde.

—Weas… Ronald, ¿qué haces aquí? —preguntó mientras avanzaba lo más rápido que podía por el pasillo.

—Estaba buscándote. ¿Dónde te habías metido? Te busque durante toda la tarde.

—Bueno… Yo estaba ocupado, ocupada —se corrigió—. Tengo un par de cosas que hacer y pues nos veremos luego.

—Pero, Mione, prometiste que pasaríamos la tarde juntos.

—¿De verdad? ¿Cuándo? —Preguntó confundido tratando de sacar el brazo de Ron de su cintura pequeña. Aun seguía en sus días y odiaba que lo tocasen, mucho más si eran hombres. ¡Aléjense!

—¿No lo recuerdas, tontita? —Preguntó divertido mientras le tocaba la punta de la nariz con su dedo índice— Lo prometiste en la sala común cuando me dijiste que te dejara tranquila.

¡Circe! Era cierto. El pelirrojo no lo dejaba en paz y pedía pasar "tiempo de calidad", por supuesto, Snape entendía muy bien que significaba eso y no estaba dispuesto a compartir ese tiempo con un adolescente hormonado estando en el cuerpo de una adolescente con demasiada progesterona en el cuerpo. Debía cuidar su lengua y no volver a prometer cosas que no estaba dispuesto a cumplir.

—Oh, claro, lo prometí. Sabes… Yo tengo algo importante que hacer ahora así que podemos dejarlo para mañana — Pidió mientras se alejaba lentamente de él por un pasillo.

—Pero, Mione… —Ron hizo un puchero y la sujetó de su mano.

¡No me toques, Weasley! ¡Las malitas hormonas!

—Ron…

—Estás actuando rara. ¿Acaso hice algo malo? Si es así te pido perdón, Herms, pero no me merezco ser tratado con tu indiferencia y frialdad. Por favor, dime que todo está bien entre nosotros.

¡Ay no! Esto era patético e incómodo. El chico Weasley estaba abriendo su corazón ante la persona equivocada y no sabía qué hacer. Nunca se había preparado para algo como esto, entendía muy bien lo que significaba amar a alguien y que las cosas no salgan como esperas, lo había vivido en carne propia y sabia el dolor que podía causar. Tal vez Ronald Weasley era un idiota y su persona menos favorita en Hogwarts pero si Hermione lo había elegido era por una buena razón y esperaba que la chica supiera lo que hacía. Estos últimos días habían entendido el extraño cariño que le tenía la castaña al pelirrojo y entendería si ella estaba dispuesta a mantener una relación que tal vez tuviera un futuro o no con él. Hermione se había convertido en una persona especial en su vida esta última semana y pues podría decirse que en una amiga…

Está bien, está bien… Lo haría por ella.

—Todo está bien… Ron. Es solo que me he sentido extraña estos días. Siento que no soy yo misma, que algo en mi cambio. Lamento si te lastime de alguna forma, no fue intención —Snape se estaba luciendo con su disculpa, tanto que el mismo se sorprendía de lo bien que podía fingir ser Hermione— Eres un gran chico, y no mereces que te trate como te traté estos días.

—Mione, tranquila —él acomodó un mechón de su cabello detrás de su oreja y luego lo acarició todo el largo el cual no era mucho–. Entiendo que hayas estado algo gruñona, pero no quiero que te sientas mal.

—Entonces… ¿Todo está bien?

—Todo está bien.

Acabo de salvar tu relación con el zanahorio, Hermione Granger, recuerda que me debes un gran favor en el futuro, pensó para sí mismo.

—Ven aquí —Weasley atrajo su cintura entre sus brazos hacia él y con una mano le sujetó el mentón para darle un beso en los rosados labios.

¡NO! ¡NO! ¡NO! ¡NO QUIERO!

Snape no podía apartar al Gryffindor porque en primer lugar, se supone que acaban de arreglar y segundo, porque él tenía mucha fuerza como para que él pudiera zafarse. Cerró los ojos con fuerza cuando Ron bajó su cabeza para cerrar el espacio entre ellos uniéndose en un beso con ella, uno tierno en el cual los labios de él rozaron, primero, los de ella como si de un inocente juego se tratase y luego tomó intensidad por todos los días que no la había besado antes.

¡Ayúdenme!, suplicó mentalmente.

Severus abrió los ojos y solo vio frente a él una forma difuminada de Ron Weasley con los ojos cerrados y el cabello cayéndole sobre la frente. No sé movía de su sitio más que para temblar con sus rodillas por la rabia que contenía su pequeño cuerpo en ese momento. Cuando sintió que el pelirrojo trataba de obtener un beso son lengua de él, pisó su pie y se soltó apartándose jadeante.

—Yo… eh… gracias por eso —hizo una reverencia con su cabeza y salió corriendo del pasillo en busca del baño más cercano en donde vació el contenido de su estómago en el retrete y se lavó la boca con el jabón de tocador unas diez veces como mínimo.

Ron Weasley lo había besado… en los labios. ¡Por las barbas de Merlín! ¡Eso había ocurrido! Iba a necesitar terapia después de eso, sin duda alguna, de solo recordarlo le daba ganas de volver a vomitar o lavarse la boca de nuevo.

Hermione no le debería solo un favor, esa mocosa estaría en deuda con él toda su vida y esperaba que fuese una muy larga.


Y así como de rápido había sucedido el cambio, así de rápido pasó la semana y con ella el plazo estipulado para que los contactos de Minerva McGonagall lograran a exitosa elaboración de la poción que lograría volverlos a la normalidad. Aquella mezcla había llegado muy temprano vía lechuza y Minerva reunió a Hermione y a Severus luego de que abandonaran el Gran Comedor con los estómagos llenos.

Ahora ellos se encontraban en medio del despacho de la directora esperando que ella les ofreciera el tan ansiado líquido retornador de sus vidas normales. Severus miraba de reojo a la Gryffindor atrapada en su cuerpo y esta a él. La verdad era que no había sido una experiencia totalmente desagradable, pensaron ambos, si bien había incomoda la mayor parte del tiempo sobre todo cuando querían usar el baño, había sido divertido ver cómo era estar en el cuerpo de otra persona y entender que ser hombre era tan difícil como ser mujer y ser mujer era tal vez casi tan difícil como ser hombre.

O tal vez más, pensó Snape recordando cómo había batallado con el sujetador esa mañana.

Hermione no había sentido que fuese una experiencia horrible del todo. Sintió que pudo conocer más a una persona que ella creía era la peor del mundo y entendió que estaba casi totalmente equivocada. Severus tenía sus lados tiernos, no solo los amargos; poseía también un gran corazón, estaba dispuesto a ayudar y a dejarse ayudar si sabias como hablarle. Sabía cómo darse su lugar y darte un lugar. Entendió que él era como era porque estaba solo, a pesar de los amigotes que tenía, estaba solo y no tenía mejor forma que sacar su mal humor que con castigos hacia sus alumnos.

Severus también entendió algo sobre Hermione y todas las mujeres en general, no era fácil ser ellas y entendía porque seguía solo. No había sabido cómo tratarlas y había sido un estúpido todo el tiempo cuando de mujeres se tratase, pero ahora entendía como era el día a día de una mujer y lo horrible que podían ser los hombres faltosos. Y sobre todo, había recordado lo que se sentía ser estudiante otra vez, lo difícil, aburrido, interesante, complicado y divertido que puede ser y tal vez entendió que fue exagerado con su actitud hacia ellos.

—Buenos, chicos, esto es incómodo —Dumbledore, quien los había estado observando desde su cuadro en lo alto decidió hacerse notar — Esto es el fin de una etapa, deberían decirse algo bonito.

Severus pensó que sería una pésima idea, sin dudarlo, pero tal vez sería necesario ya que después de todo, él había compartido su intimidad con Hermione y ella también, pero no diría nada, no iniciaría a pesar de que sentía que tenía millones de cosas que decirle como por ejemplo, decirle que sentía que habían entablado una conexión tan fuerte que ya no podría verla como una simple alumna y esperaba que, si ella quisiese claro está, que algún día fuesen muy buenos amigos.

Pero por supuesto, no lo diría.

—Oye… Me divertí. Fue extraño, eso sin dudarlo, pero me divertí mucho —Dijo Hermione rompiendo el silencio entre ambos—, fue la experiencia más extraña en mi vida, claro está, pero fue divertida. Jamás pensé que aprendería tanto estando en otro cuerpo que no fuese el mío y pues hubo situaciones incomodas.

—Sí, lo recuerdo bien —respondió dejando ver una sonrisa al igual que ella cuando imágenes de ellos yendo al baño, en la ducha o cuando hubo el pequeño inconveniente de los "calores" — debo decir, Hermione, que tampoco considero que esta fuese una horrible experiencia. Me sirvió mucho para entender cosas que eran un misterio para mí y tan comunes para ti.

—Creo que ambos aprendimos de esto y espero que el regresar a la normalidad no cambie la forma en como nos llevamos, porque usted me agrada, profesor, y mucho.

—Es curioso, yo iba a decirle lo mismo— el profesor sonrió y tomó la pequeña mano de su estudiante apretándola fuerte y con cuidado al mismo tiempo.

—Sí que son tiernos, ¿no es así, Minerva? —intervino Dumbledore rompiendo el momento.

—Sí, sin duda—respondió con desgano— ya tómense la poción a menos que quieran quedarse así más tiempo.

—En realidad encuentro muy agradable este cuerpo, me gusta usar pantalón en lugar de falda todo el tiempo —bromeó la Gryffindor mientras se llevaba el vial a los labios —Salud.

—Salud.

Ambos sintieron como el líquido caliente recorría sus gargantas y descendía por ella descendiendo bruscamente de temperatura. Era extraño, a pesar de que lucía viscoso había sido como beber agua. No sintieron nada después de ello, lo cual fue raro ya que esperaron que hubiese dolor intenso y tuvieran que retorcerse en el suelo o algo así.

Tal vez debía darle tiempo solamente.

—Tal vez deberían besarse.

—¡¿Que?! —dijeron todos volteándose al ver al cuadro sonriente en la pared.

—Bueno, ustedes tuvieron contacto cuando pasó su cambio, tal vez necesitan eso.

—Es una tontería, Albus.

—¡No pierden nada intentándolo!

Un Severus Snape sonrojado trató de ocultar su vergüenza. Entendía bien que después de lo que había pasado, un beso no sería nada pero no lo haría. Hermione pensaba lo mismo, no habría beso, en cambio solo levantó su mano a lo alto para que todos la vieran y luego la coloco sobre la cabeza de Snape.

—Ya lo toque, ahí está el contacto —indicó con un tono sarcótico como si fuese lo más evidente del mundo.

—Pues esperemos.

—Les dije que deberían besarse —comentó luego de cinco minutos de espera en los cuales no había sucedido nada al parecer.

—No se hará eso, Albus.

—Que después no digan que no doy buenas ideas —respondió ofendido ante Minerva.

—Tal vez tenga razón—comentó Hermione quien trató de no sonrojarse aunque no fue un gran esfuerzo ya que era imposible que la cara de Snape sufriera alguno de esos — podríamos intentarlo y no perdemos nada, ya hemos pasado por cosas peores.

—Bueno… Si no hay otro modo.

Inmediatamente Albus volteó ansioso de ver como sus dos personas favoritas en este momento aceptaba su propuesta. Hermione se inclinó un poco para alcanzar la mejilla de Severus y este se quedó tan tiazo como una tabla esperando el ansiado beso. El contacto fue cálido, como la caricia de una pluma blanca y suave.

—Yo no me refería a eso —Dijo Dumbledore cambiando de cuadro.

—Pues es todo lo que…

Snape giró la cabeza para discutir cara a cara con el retrato parlanchín pero se topó con su propia cara, con Hermione controlando su cara en su cuerpo, y se encontró también con sus labios finos sobre los carnosos de él. Ambos tenían los ojos abiertos a más no poder, no hubo roces ni caricias de ninguno, ni siquiera hubo alguna respiración, solo el contacto estático de sus labios que Hermione decidió cortar luego de un par de segundos que parecieron horas.

—Eso era todo lo que necesitaba ver por hoy, gracias.

—Tonterías, Albus, mira lo que provocas. Qué extraño, esto debería funcionar —recordó la directora mientras miraba bien los viales y la carta con indicaciones que había llegado con ellos.

—Yo… —Severus quiso decir algo pero no sabía que exactamente. Odiaba cuando su cerebro actuaba como si fuese el de Granger y se quedaba mudo de la nada.

—…Lo siento —terminó por él inconscientemente.

Fue en ese instante que empezó el dolor en el cuerpo de ambos, un retorcijón fuerte en el estómago, visión borrosa, ganas de vomitar, mareos, perdida del equilibrio y ambos cayeron revolcándose sobre la alfombra. Hermione miró el techo como si estuviese en estado absoluto de concentración mientras percibía como iba perdiendo lentamente cada capacidad motora del cuerpo de Snape hasta que finalmente ni siquiera podía mantener los ojos abiertos y los cerró dejando en su memoria la iban del techo pintado de la oficina.

Severus abrió los ojos, la cabeza le dolía mucho. El techo se veía igual, tal vez solo se había desmayado. Se tocó la cabeza esperando que no hubiese ningún golpe potencialmente mortal como para enviarlo a la enfermería. No, todo bien, excepto que su cabello castaño no estaba ahí y había sido reemplazado por la cabellera negra y ahora algo corta.

Hermione tocó sus rizos cortos y castaños, los observó, los olió y beso contenta de tenerlos de vuelta. Se tocó la cara e inspeccionó que su pequeña y respingona nariz, labios carnosos y ceño no fruncido estuviesen también en su lugar. Miró hacia abajo y sintió el sujetador apretando sus costillas regalándole esa sensación que, no podía creer, había extrañado.

—¡Volví a ser yo!

—¡Y yo ya no soy tú!

Severus se apresuró a levantarse, aunque tambaleante al principio pudo ponerse en pie y se dirigió hacia la pequeña castaña y le ofreció su ayuda para levantarla con lo que ella recompensó con su sincero abrazo. Minerva miró con satisfacción la escena contenta y agradecida de devolverles sus vidas a sus alumnos o los que alguna vez fueron sus alumnos.


El aula de pociones no es el lugar favorito de todos y sobre todo no sería tu lugar favorito si fueses una chica en los "dulces" inicios de tu periodo ya que con todo el calor formado por los vapores de los calderos y a eso aumentarle los cólicos, se vuelve la peor hora del día.

Una chica Ravenclaw de tercer año lo sabía perfectamente ya que solo quería darse cabezazos en la pared de piedra para tratar de olvidar su dolor aunque sea por un momento. No prestaba atención a nada que saliese de la boca de su maestro, ella había dejado de escuchar algo coherente desde el "buenos días" típico.

—Y ahora… ¡Russo!

La niña levantó su cabeza de la mesa y trató de recomponerse para que el oscuro profesor no la castigará. Sus compañeros de clase voltearon para verla y no fueron muy discretos al hacer eso. Snape examinó la cara de la niña, conocía muy bien esa expresión en los rostros femeninos ya que el mismo había pasado por eso no hace mucho.

—Dejen de mirar y presten atención. Las instrucciones ya están en la pizarra así que trabajen.

Los alumnos voltearon de nuevo y empezaron a elaborar la poción de la semana. Severus se acomodó la capa y avanzó entre las mesas hasta llegar a la más cercana a la pared en donde se encontraba la Ravenclaw quien se sujetaba el vientre con una mano y con la otra trataba de pelar una semilla.

—¿Qué tan fuertes son tus cólicos, Russo? —Susurró para ella. La niña se sorprendió cuando el profesor le preguntó ello. Es que acaso era tan obvia, se preguntó tratando de aparentar normalidad pero el repentino sonrojo en su cara la delató aún más.

—Me duele mucho —admitió después de unos segundos.

—Ve a la enfermería para que te den algo, dile a Madame Pomfrey que yo te mandé — dijo ayudándola a levantarse y abriéndole la puerta para que ella se fuera — Ah, y Russo —llamó antes que se fuera.

—¿Sí, profesor Snape?

—Cinco puntos para Ravenclaw… Por soportar eso.

El hombre dejó a la niña sonrojada y atónita parada en medio del pasillo antes de cerrar la puerta del salón; estaba seguro que la niña había soltado un tímido "gracias" antes de eso.

Hermione levantó la mirada fastidiada, hoy hacia demasiado calor como para pensar en hacer algo productivo y sus amigos pensaban igual que ella. Ron ya se había quedado dormido apoyando su cabeza sobre su mano, Harry tomaba un vaso de limonada fría y buscaba del airecito que creaba Ginny al abanicarse con una libreta. A pesar de estar bajo las sombras de los árboles en el patio, parecía que hubiese más calor. El día sin duda pasaría lento. Era uno de los últimos días del verano y parecía que esta estación quería irse dejando una gran impresión.

—Perdona pero no me gustas, prefiero a los altos.

Luego se escucharon risas de chicas a lo lejos. La castaña miró a un grupito de chicas de quinto año riendo en a viva voz y lanzaban comentarios hirientes y burlones ante el rechazo de un chico Hufflepuff por una de sus compañeras a un intento de salida. Hermione podía entender muy bien que la chica no estuviese interesada o que sabría ella, pero sentía que ella no tenía el derecho a fijarse de su estatura cuando ella media igual que él.

Harry movió el brazo soporte de Ron y este dejó caer su cara al vacía antes de despertarse totalmente asustado y desubicado.

—¡¿Qué?! ¡¿Qué?

—Oye, mira —habló Harry señalando en dirección al muchacho tratando de enfocar la mirada de su pelirrojo amigo hacia donde quería— lo rechazaron.

—Pobre soldado caído.

Hermione pudo ver como el chico bajaba la mirada triste intentando contener sus lágrimas ante la humillación. Se supone que los hombres no lloran y eso había sido algo estúpido que alguien alguna vez dijo, pero no era cierto. Tienen tanto derecho a llorar como nosotras, pensó en cuanto una de las chicas que se burlaban le dijo a las otras: "Uy, ya va a llorar".

—Herms… ¿Adónde vas? —Ginny fue la única que notó como su amiga se levantaba y se encaminaba hacia el chico de uniforme amarillo.

—Oye… Sí, tú —el chico levantó la mirada sorprendido de que ella le hablara al igual que las otras chicas —Creo que preferirías mil veces mi compañía que en lugar de la de ella.

—Eh… Sí —Hermione lo tomó del brazo y le dio un casto beso en la mejilla mientras se lo llevaba lejos ante la mirada atónita de las compañeras burlonas y las de los otros chicos en el patio ya que no era nada común que un chico de grados inferiores saliera con una de grados superiores en especial una que está por acabar el colegio y que además era una heroína.

—Oye, no tienes por qué avergonzarte ante un rechazo y menos ocultar tus emociones —le dijo tratando de romper el silencio incomodo que el sonrojado niño tenía con ella.

—No soy un llorón y no necesitaba que me salvaran — respondió avergonzado.

—A mí me pareció que sí —Hermione soltó una risilla y se acercó al oído del chico para decirle —No dejes que se burlen nunca de ti, no te sientas mal si te rechazan por no tener algo o no ser alguien, ellas se lo pierden. Y si te sirve de algo, yo creo que eres muy apuesto y lo suficientemente alto como para que me acompañes a Hogsmeade pronto.

—Gracias — parecía que la confianza había vuelto al joven y Hermione se sintió bien.


Hermione corrió todo lo que sus piernas le permitían en medio de tanta nieve en la dirección ya conocida de memoria. Se sujetaba con fuerza la pequeña boina rosada con una mano y con la otra sostenía un papel arrugado. Después de dar la vuelta, divisó el objeto de su búsqueda.

El amargado profesor de pociones leía muy concentrada algunas cartas que acababan de llegar por correo mientras bajaba las escarchadas escaleras. Hoy si hacia frio, aunque no era tan malo, su bufanda y guantes eran suficientes.

—¡Severus!

Severus se encontró a si mismo tirado en medio de la nieve y con un peso extra sobre su espalda. Odiaba cada vez que Hermione hacia eso, le quitaba poco a poco su reputación de "Alejarte de mí a no ser que quieras ser hechizado", pero la castaña no entendía.

—Más vale que haya un buen motivo para esto, Granger —dijo haciéndola a un lado y levantándose sacudiendo la nieve residual de su capa. Hermione se apresuró a recoger las cartas de su amigo y se las entregó.

—Claro que sí, tenía que entregarte esto —La Gryffindor le entregó el papel arrugado y se dirigió junto a él de vuelta al castillo.

—¿Qué es esto?

—Léelo.

Sus botas se hundía lentamente sobre la nieve recién caída provocando que avanzar fuese cada vez más difícil teniendo en cuenta de que trataban de subir la pequeña colina. Hermione sacó sus mitones rojos de los bolsillos de su abrigo y se los puso para calentar un poco sus congeladas manos.

—¿Quién es Elizabeth Bettany?

—Es una bruja que conocí cuando estaba atrapada en tu cuerpo. Es muy linda, nos hicimos amigas, bueno tú y ella, y te invitó a tomar un café el sábado —contestó sonriente ya divisando las columnas del patio del castillo.

—¿Y?

—Pues debes ir, es una cita. Te divertirás, hemos estado hablando durante un mes y es muy tierna, inteligente y está interesada en ti.

—No recuerdo haberte dado permiso para meterte en mi vida amorosa, Granger —respondió de mala manera—, y no pienso ir a ninguna cita con una mujer que no conozco.

—¡Ay, no seas así! —Exclamó dándole un pisotón al suelo despejado del patio— Hazlo por mí, ¿sí? —Ella alargó ese "Sí" durante un buen rato en donde Severus temió que se quedara sin aire en los pulmones y se desmayara en sus brazos.

—Podría considerarlo— la brujita soltó un chillido de alegría y saltó a sus brazos casi tirando sus cartas otra vez —, no sería tan malo "socializar".

—¡No te acostaras con ella la primera cita, Snape! —Advirtió soltándose de su agarre el cual Snape no permitió —Bájame ahora.

—Usted no puede darle órdenes a su profesor, Srta. Granger, recuerde muy bien eso.

—Voy a gritar.

—No te atreverías —el profesor acomodó mejor sus brazos en el cuerpo de la castaña para que fuese más cómodo cargarla, ella no se quejó.

—¡Ya te dije que te alejes de ella!

Ambos se separaron tan rápido como si de fuego se tratase y buscaron con la mirada quien los había descubierto. No había nadie en el patio, los gritos venían de adentro. Se dirigieron a ver quiénes estaban peleando y grande fue su sorpresa al descubrir que eran los mismos niños que habían estado peleando y provocaron su accidente.

—Collvey ya es suficiente, McKenzie deténganse ya— gritó McGonagall quien hacia su aparición en el salón en medio del salón seguida por Ron y Draco. Ambos se adelantaron a corriendo con varitas en manos dispuestos a parar todo ese circo y no alentarlo como la primera vez.

—¡Confundus!

—¡Crinus Muto!

De nuevo los hechizos volvieron a juntarse y se fusionaron, todos los alumnos corrieron temerosos de que les cayera alguno el rayo pero fue para su mala suerte que el pelirrojo quien estaba más adelante fuese el receptor de este que lo lanzó volando por los aires hasta que fue detenido por un cuerpo blando.

Aquí vamos de nuevo, pensó Hermione.

FIN


NO PUEDO CREER QUE YA ESCRIBÍ ESTÁS PALABRAS, ESTA ES LA HISTORIA MÁS CORTA QUE ESCRIBO PERO CREO QUE ME QUEDÓ MUY BONITA. DECIDÍ CORTARLO AQUÍ, NO QUERÍA QUE LA HISTORIA FUESE LARGA Y CREO QUE HASTA AQUÍ ESTA BIEN, QUIERO DEDICAR ESTE FIC A TODAS USTEDES QUIENES LEYERON ESTA HISTORIA TAN LOCA, EN ESPECIAL A:

-XERXES ELI

-RENBELLATRIX

-PAPERDOLL13

-CEECYC

-FERNIIBOWIE

-VRUNETTI

-PHOENIX1993

-AURA-VON-LEAU

GRACIAS POR LOS REVIEWS, ME MOTIVARON A CONTINUAR, Y BUENO A LAS QUE LE DIERON FOLLOWS Y FAVORITE, ESTOY MUY AGRADECIDA TAMBIÉN CON USTEDES, ESPERO VOLVERNOS A ENCONTRAR EN ALGUNA OTRA HISTORIA QUE SE ME OCURRA ESCRIBIR O CONTINUAR. NOS LEEREMOS PRONTO.

CON AMOR,