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Un beso.


PANSY.

Pasto recién cortado, asfalto ardiendo en el sol, y los gases del tubo de escape, son los olores que me recuerdan al momento en que Harry Potter salió del Charger negro clásico y corrió por los escalones del Morgan Hall hacia donde yo me encontraba de pie.

Sus ojos escanearon mi largo vestido azul claro, y sonrió.

—Luces genial. No, más que genial. Luces como si debiera dar lo mejor de mí.

—Tú luces más o menos —dije, notando su camiseta y lo que parecían sus mejores pantalones. Me incliné—. Pero hueles increíble.

Las mejillas se le sonrojaron lo suficiente para notarse, y me ofreció una sonrisa conocedora.

—Ya me han dicho que luzco más o menos. Eso no me disuadirá de cenar contigo.

— ¿Te lo han dicho?

Asintió

—Mentían. Al igual que yo. —Lo pasé, bajando los escalones.

Harry se apresuró a pasarme, llegando a la manija de la puerta del lado del pasajero antes que yo. Tiró de ella, abriéndola con un solo movimiento.

—Gracias —dije, sentándome en el asiento del pasajero.

El cuero se sentía frío contra mi piel. El interior había sido recién limpiado y aspirado, y olía a ambientador.

Cuando se sentó y se volvió hacia mí, no pude evitar sonreír. Su entusiasmo era adorable. Los chicos en Kansas no eran tan…entusiastas.

Por sus brazos musculosos y sólidos que se abultaban cada vez que los movía, concluí que debió haber trabajado afuera todo el verano, tal vez embalando heno o cargando algo pesado. Sus ojos verdes prácticamente brillaban y el cabello negro, fue iluminado por el sol.

—Iba a llevarte a un restaurante italiano aquí, en la ciudad, pero afuera está lo suficientemente fresco para… yo…yo solo quería pasar el rato y llegar a conocerte sin ser interrumpidos por un mesero. Así que, hice esto —dijo, haciendo un gesto con la cabeza hacia el asiento trasero—. Espero que esté bien.

Me tensé, volviéndome lentamente para ver de lo que estaba hablando. En medio del asiento, asegurado con un cinturón de seguridad, se encontraba una cesta tejida, oculta bajo una manta gruesa doblada.

— ¿Un día de campo? —dije, incapaz de ocultar la sorpresa y alegría en mi voz.

Él respiró, aliviado.

—Sí, ¿está bien?

Me di la vuelta en el asiento, rebotando una vez que miré hacia adelante.

—Ya veremos.

Harry nos condujo a un pastizal privado al sur de la ciudad. Aparcó en un camino estrecho de grava y salió el tiempo suficiente para desbloquear la verja y abrirla. El motor del Charger rugió mientras conducía por dos líneas paralelas de suelo sin hojas en medio de hectáreas de pasto crecido.

—Has usado mucho el camino ¿eh?

—Esta tierra pertenece a mis abuelos. Hay un estanque en el fondo, donde Draco y yo solíamos ir a pescar todo el tiempo.

—¿Solían?

Se encogió de hombros.

—Éramos los más pequeños. Ambos perdimos a nuestros abuelos en el tiempo en que nos hallábamos en la escuela media. Además de encontrarnos ocupados con los deportes y clases en la secundaria, no se sentía bien pescar aquí sin el abuelo.

—Lo siento —dije. Aún tenía a todos mis abuelos, y no podía imaginar perder a ninguno.

Después que alcanzamos una pequeña colina. Aparcó el Charger bajo la sombra de un árbol a nueve metros de un estanque de cinco hectáreas. El calor del verano contribuyó al crecimiento de las plantas y nenúfares, y el agua se hallaba hermosa, surcándose por la briza ligera.

Harry me abrió la puerta, y salí al pasto recién cortado. Mientras miraba alrededor, se metió en el asiento trasero, reapareciendo con la cesta y la manta. Sus brazos se hallaban libres de cualquier tatuaje, a diferencia de su muy entintado primo. Me preguntaba si tendría alguno bajo la camiseta. Entonces, tuve el repentino impulso de quitarle la ropa para encontrar la respuesta.

Extendió la manta multicolor con un movimiento, y la dejó perfectamente en el suelo.

—¿Qué? —preguntó—.¿Es…?

—No, es genial. Solo… esa manta es tan hermosa. No creo que debería sentarme en ella. Parece bastante nueva. —La tela seguía nueva y tenía pliegues donde fue doblada.

Harry hinchó el pecho. —Mi mamá la hizo. Hizo docenas. Me hizo esta cuando me gradué. Es una réplica. —Sus mejillas se sonrojaron.

—¿De qué?

Tan pronto como hice la pregunta, hizo una mueca.

Traté de no sonreír.

— ¿Es una versión más grande de tu mantita de la infancia, no es así?

Cerró los ojos y asintió.

—Sí.

Me senté en la manta y crucé las piernas, acariciando el espacio a mi lado.

—Ven aquí.

—No me encuentro seguro de poder. Creo que acabo de morir de vergüenza.

Lo miré, entrecerrando un ojo por un rayo de luz escapando de las hojas del árbol. —También tengo una mantita. Murfin se encuentra en mi habitación, bajo mi almohada.

Los hombros se le relajaron y se sentó, colocando la cesta delante de él. —Blake.

—¿Blake?

—Supongo que trataba de decir "blank"* y después se convirtió en Blake.

Sonreí.

—Me gusta que no mientas.

Se encogió de hombros, aún avergonzado.

—De todos modos, no soy muy bueno en ello.

Me incliné, golpeándole el hombro con el mío.

—También me gusta eso.

Harry sonrió y abrió la cesta, sacando un plato cubierto de queso y galletas, luego una botella de vino y dos copas de champán de plástico.

Reprimí la risa, y Harry rió.

—¿Qué? —preguntó.

—Es solo… esta es la cita más linda que he tenido.

Sirvió el vino.

— ¿Eso es algo bueno?

Esparcí el queso Brie en la galleta y le di una mordida, asintiendo, y luego tomé un pequeño sorbo de vino para bajarlo.

—Definitivamente tienes una A por esfuerzo.

—Bien. No quiero que sea tan linda para ser puesto en la zona de amigos —dijo, casi para sí.

Lamí la galleta y el vino de mis labios, mirándolo. El aire entre nosotros cambió. Era más denso… eléctrico. Mi incline hacia él, quien hizo un intento fallido de ocultar la sorpresa y la emoción de sus ojos.

—¿Puedo besarte? —pregunté.

Sus cejas se alzaron.

—¿Quieres… quieres besarme? —Miró alrededor—. ¿Ahora?

—¿Por qué no?

Parpadeó. —Solo… mmm… una chica nunca me ha pedido…

—¿Te hago sentir incómodo?

Rápidamente negó.

—Definitivamente eso no es lo que siento ahora mismo.

Acunó mis mejillas y me atrajo sin dudarlo ni un segundo. Inmediatamente abrí la boca, saboreando la humedad de su labio inferior. Su lengua era suave y cálida y sabía cómo a caramelo de menta.

Hice un sonido, y se alejó.

—Vamos a, mmm… hice sándwiches. ¿Quieres de jamón o de pavo?

Me toqué los labios, sonriendo, y luego me obligué a poner el rostro serio. Harry se veía conmocionado, de la mejor manera posible. Me entregó un cuadrado envuelto en papel de cera y, cuidadosamente, pellizqué la esquina hasta que vi el pan blanco.

—Gracias a Dios —dije—. ¡El pan blanco es lo mejor!

—Lo sé, ¿verdad? No soporto el pan integral.

—¡El pan blanco y las calorías son lo mejor!

Saqué el papel y probé el sándwich de pavo y queso suizo, hecho cuidadosamente, con ese olor a aderezo de chiplote, lechuga y tomate. Miré horrorizada a Harry. —Oh Dios.

Dejó de masticar y tragó.

—¿Qué?

—¿Tiene tomates?

Los ojos se le llenaron de horror.

—Joder. ¿Eres alérgica? —Miró alrededor frenéticamente—. ¿Tienes un auto inyector de epinefrina? ¿Debo llevarte al hospital?

Caí hacia atrás, jadeando y agarrándome la garganta.

Harry se cernió sobre mí, inseguro de dónde tocarme o cómo ayudarme.

—Joder. ¡Joder! ¿Qué debo hacer?

Lo agarré de la camiseta y lo jalé hacia mí, concentrándome en hablar. Las palabras salieron, finalmente. —Boca a boca —susurré.

Se tensó, y luego todos sus músculos se relajaron.

—¿Estás jugando conmigo?

Se sentó mientras yo me eché a reír.

—Jesús, Pans. ¡Estaba enloqueciendo!

Mi risa se desvaneció y le sonreí. —Mi mejor amiga me llama Pans.

Suspiró.

—Así que voy a ser puesto en la zona de amigos.

Levanté la mano sobre mi cabeza, torciendo un mechón de mi largo cabello, sintiendo el pasto fresco debajo del brazo.

—Mejor contrarrestarlo con afecto agresivo.

Levantó una ceja.

—No estoy seguro de poder manejarte.

—No lo sabrás si no lo intentas.

Harry se sujetó con los brazos a cada lado mío, y luego se inclinó hacia abajo, tocando sus labios con los míos. Bajé la mano, sujetando mi falda, y sonreí mientras el dobladillo subía por mis rodillas. Sus labios besaban los míos mientras se posicionaba entre mis piernas con un movimiento suave.

Sus manos se sentían tan bien en mi piel, y mis caderas rodaron y se movieron en reacción. Enganchó su mano en la parte posterior de mi rodilla, jalándola contra sus caderas.

—Santa mierda —dijo contra mis labios.

Lo jalé más cerca. La dureza detrás de la cremallera presionada contra mí, y gemí, sintiendo la tela en mis dedos mientras le desabrochaba los pantalones.

Cuando metí la mano en sus pantalones, Harry se congeló.

—No traje un… no esperaba esto. Para nada.

Con la mano libre, saqué un pequeño paquete del lado de mi sostén sin tirantes.

—¿Deseas uno de estos?

Harry miró el cuadrado de aluminio en mi mano, y le cambió la expresión. Se sentó sobre las rodillas, mirándome, mientras me elevaba yo misma sobre mis codos.

—Déjame adivinar —dije, saboreando la acidez en mis palabras—. Nos acabamos de conocer, soy atrevida sexualmente y traje un condón, así que debe significar que soy una puta, volviéndote totalmente desinteresado.

Frunció el ceño.

—Dilo. Di lo que piensas —dije, desafiándolo—. Dímelo en la cara. Puedo soportarlo.

—Esta chica es elocuente y divertida y, muy posiblemente, la criatura más hermosa que conoceré alguna vez en la vida. ¿Cómo, en nombre de Dios, me las arreglé para estar en este momento con ella? —Se inclinó hacia adelante, medio confundido, medio asustado—. No me encuentro seguro de si esto es una prueba. —Miró mis labios—. Porque, créeme, si lo es, quiero pasarla.

Sonreí y lo atraje para otro beso. Ladeó la cabeza, inclinándose ansiosamente.

Lo mantuve a raya, solo a unos centímetros de mi boca.

—Puedo ser rápida, pero me gusta ser besada lentamente.

—Puedo hacer eso.

Los labios de Harry eran llenos y suaves. Tenía un aire

de nerviosismo e inexperiencia, pero la manera en que me besó me dijo una historia diferente. Me dio un beso suave en la boca una vez, prolongándolo un poco, antes de alejarse, y luego me volvió a besar.

—¿Es verdad? —susurró—. ¿Que las chicas rápidas no suelen quedarse por mucho tiempo?

—De eso se trata ser rápido. No sabes qué harás hasta que lo haces.

Exhaló. —Solo hazme un favor —dijo entre besos—. Cuando te encuentres lista para alejarte, trata de desilusionarme fácilmente.

—Tú primero —susurré.

Me recostó en la manta, finalizando lo que empecé.


*Blank es manta en inglés.

Nuevamente, Harry Potter no es mio. Si lo fuera seria rica y estaría casada con Tom Felton :p pero como no soy disfruto de jugar con sus personajes.