Disbelief at the last minute.
#3 | Equivocación
500 palabras.


Cuando Ikki logró abrir los ojos, las luces no eran menos brillantes, ni sus oídos eran clementes con su cabeza, que parecía repentinamente más receptiva a lo concerniente a su alrededor. Cuando por fin se adaptó a lo crudo, que resultaba realmente la parte más difícil de su reciente situación, pudo notar que donde yacía era una cama. Y que no era desconocida. De hecho, muy terroríficamente, recordaba haber estado en ella varias ocasiones en su vida, y no creía que la misma situación se hubiese inusitado cuando había tocado dicho lugar de descanso.

Se levantó repentinamente, arrepintiéndose de inmediato. Si su cabeza se quejaba minutos antes por el inexistente brillo que provenía de las ventanas, definitivamente lo estaba desafiando a tirarse de un barranco para ver si así era más fácil la vida. Se volvió a recostar sobre la almohada, e intentó unir puntos.

Pequeños retazos de lo ocurrido la noche anterior volvían a su memoria, y no eran cosas que le hubieran gustado hacer. Muy para su mala fortuna. Recordaba, ¡oh cielos! ¡Qué recordaba! ¿En qué estuvo pensando en esos momentos? ¿En qué pudo haber pensado cuando…?

—Veo que estás consciente ahora, Kido —dijo quien menos quería ver en esos momentos entrando en la habitación, con una bandeja en sus manos y dentro de esta lo que Ikki dedujo sería un desayuno un tanto ligero, con un poco de ácido acetilsalicílico, bicarbonato de sodio y ácido cítrico reducidos a polvo y nombrados Alka-Seltzer—. Buena cuba la que te diste anoche.

Ikki no respondió de inmediato. Apenas sus ojos captaron vista de Mime, sabía que había algo mal con éste. Y lo decía principalmente porque lo único que podía ver de su cuello era que estaba siendo cubierto por una linda bufanda acorde a su vestimenta. Ikki sabía por qué escondía su cuello, aunque todo el panorama que en su mente comenzaba formarse bien podía ser una equivocación. A final de cuentas, sabía que hubo un punto en el que su mente decidió que era demasiado y optó darle tregua, dejándole inconsciente. Bendita resistencia al alcohol aquella que le había salvado de hacer más estupideces de las que ya había cometido. Y vaya que recordaba una gran parte de las estupideces que había cometido.

—Tienes nueve horas antes de que la misa comience, lover boy. Así que no te preocupes por ella, todavía tienes tiempo para recomponerte.

Las palabras de Mime no lograban reconfortarlo en lo absoluto. Si algo, le entraban por una oreja, cruzaban dolorosamente su cabeza, y salían por la otra. Qué difícil lidiar con una bomba dentro de tu cráneo como la que Ikki tenía en esos momentos, pero la realidad realmente ameritaba la situación, y a él no le gustaba el panorama que se le presentaba.

—Hay que… olvidar lo que sucedió ayer, ¿no te parece? —su voz sonaba dos tonos más baja, y aparentemente cada vez que abría y cerraba la boca, la sentía pastosa. Mime sólo pudo atinar a asentir lentamente, concorde.


―gem―