Disbelief at the last minute.
#15 | Pantalón
500 palabras.


Ikki no dejó que Mime le respondiera nada antes de comenzar a alejarse. Estaba seguro de que muchos transeúntes preguntarían qué es lo que había sucedido entre ellos dos, por qué Ikki había hecho lo que hizo. Hizo como que no escuchaba nada, y comenzó a sorber de su taza de Starbucks. Al menos el sabor que tenía le daba la seguridad de que no había malgastado (del todo) los casi 400 yenes que había utilizado para comprar la bebida.

Aunque no lo veía, tenía la certeza de que Mime estaba estupefacto, no es para menos. Después de todo, esperaba esa reacción de parte de él.

No le sorprendió que Mime no intentara conversar con él durante el trabajo. No era para menos. Al llegar a su casa, se topó con Esmeralda escribiendo en la computadora. Le sonrió y se acercó a ella. Esmeralda parecía un poco nerviosa por lo que sea que tuviera que decirle.

— ¿Cómo te fue en el trabajo?

—Me fue bastante bien. Nada interesante. ¿Qué hay de ti?

—Muy bien, hubo mucha gente en el hospital, pero nada nuevo —la chica se rio un poco y después se fue a servir un poco de arroz. Ikki le imitó el gesto y se sirvió él mismo una porción medianamente grande. Después de ello, se sentaron ambos y estuvieron un rato viendo televisión. Esmeralda conversaba de cualquier cosa e Ikki intentaba seguirle como podía. Cuando decidieron que ya era muy tarde ambos se fueron a su habitación, donde muy nerviosa, Esmeralda comenzó quitándose el pantalón. Extrañado y asustado por su actitud, el nipón le sonrió y le abrazó.

— ¿Todo bien? —preguntó. Esmeralda después de unos segundos negó con la cabeza—. ¿Qué sucede?

—Es sólo… es una posibilidad que le había comentado a Mime, y no quería preocuparte por ello —la actitud sospechosa de su esposa era todavía más extrañada, pero no replicó a ello. En vez de eso, comenzó a darle pequeños besos en el cuello, sintiendo cómo el cuerpo de Esmeralda temblaba con cada uno de ellos.

— ¿Entonces para qué preocuparte? Además, ¿es algo que te perjudique?

Casi sintió cómo la rubia se encogía entre sus brazos, y después de pensárselo unos segundos, se dio cuenta de que sus palabras podrían ser algo hirientes. Al darse cuenta de ello, comenzó a disculparse y la pegó aún más a su cuerpo. Esmeralda pareció agarrarse de él como último recurso, casi como si quisiera llorar.

—Esmeralda, dime, ¿qué ocurre? ¿Estás enferma? ¿Te duele algo?

—…no, ninguno de ellos. Pero temo que lo que discutí con Mime podría hacer que te enojaras.

Ikki arqueó una ceja. Lo único que podría haber discutido con el noruego que le hiciera sentir nada más que amor por ella, sería lo sucedido aquella tarde. Y en realidad, más que hacerlo enojarse le haría sentirse como un mal esposo.

—Nada de lo que digas podría hacer que me enojara contigo —aseguró.

Aquello pareció darle valor a Esmeralda. Soltó un suspiro y dijo:

—Estoy embarazada.


—gem—