Disbelief at the last minute.
#16 | Aventura
500 palabras.
Contrario a lo que Esmeralda temió al inicio, Ikki se mostró bastante contento con la idea de tener un bebé, aunque apenas estuvieran iniciando su matrimonio, la idea de tener un niño le llenaba de una alegría que por ufano que sonara, no podía describir.
La asió en sus brazos y comenzó a decirle lo maravilloso que era lo que le decía, y del cómo eso le llenaba de dicha, y de cómo la amaba. Esmeralda se sintió mucho menos insegura, a pesar de que todavía no se terminaba de acostumbrar a la idea.
Estaba casi tan contenta que había decidido contárselo a Mime. El nipón alzó una ceja y la alegría que segundos antes lo llenaba fue rápidamente reemplazada por una extraña sensación de haber sido bañado con un balde de cubos de hielo. Una sensación que no le gustaba en lo absoluto.
—Tal vez mañana —intentó decirle mientras comenzaba a recostarse—. En el trabajo lo noté un poco cansado, debió llegar a su departamento y colapsado en el primer minuto que estuvo dentro.
Esmeralda arqueó una ceja. —Pero sí estuve hablando con él minutos antes de que llegaras —expresó la rubia completamente confundida. Ikki se encogió de hombros y le hizo señas para que se acostara con él.
—Yo estoy cansado, ¿está bien si podemos discutirlo mañana? Por favor —pocas eran las veces en las que Kido favores, así que sorprendida, Esmeralda asintió con la cabeza.
—Está bien. Sólo le enviaré un texto.
Al día siguiente, Ikki se encontraba admirando (quizá un poco sorprendido) el departamento de su mejor amigo. No es que no hubiera estado nunca ahí, pero por alguna razón se sentía todo diferente.
Ahora que se ponía a pensar en su comportamiento, quizá el repentino interés que tenía por el lugar se debía a que quería evitar a Mime. Pero al ser este el dueño de lugar, no podía. Observó cómo Esmeralda y Mime preparaban un estofado aparentemente típico de los países nórdicos.
Después de media hora de estar preparando la comida, Esmeralda dijo que debía irse, puesto que hubo una emergencia en el hospital y debería regresar al su puesto. Aquello no pareció molestar a Mime, lo cual ponía todavía más nervioso a Ikki, si es que eso ya era posible.
Se despidió de su esposa, no sin antes ofrecerse a llevarla por tercera vez, a lo que está le había dicho que podía conducir ella sola, sin necesidad de que nadie le ayudará. Obviamente el plan no funcionó, lo cual lo dejó solo con Mime. El pensamiento lo dejó atemorizado, por alguna razón.
—Lamento lo que ocurrió ayer —fue la primera excusa que salió de sus labios.
—Yo no —se encogió de hombros el otro, sabiendo perfectamente de lo que hablaba. Ikki arqueó una ceja.
— ¿Qué cosa?
—Eso mismo. Mira, Esmeralda ha sido casi como una hermana para mí desde… ya sabes, pero eso no quiere decir que tú seas sólo un amigo.
—Mime, yo no…
—No me amas, sólo deseas. No importa.
—gem—
