Disbelief at the last minute.
#17 | Campo
500 palabras.


Ikki una vez escuchó decir de alguien, que el matrimonio era un campo minado. Que si se sobrevivía el primer año, sin problemas se sobrevivirían el resto de ellos. No estaba muy seguro de ello, ahora que llevaba menos de un mes y estaba siendo de todo menos fiel. Eso fue lo que se notó hacer, lo que de alguna forma no podía evitar, y que eventualmente tendría repercusiones terriblemente negativas en su matrimonio. Se lamentaba, y al mismo tiempo, no podía sino sentir cómo las caricias que su amigo de infancia le proporcionaba eran majestuosas.

—No le diré a Esmeralda, pero recuérdalo, Kido. No hay nada romántico en esto.

Ikki ni siquiera había pensado en que lo fuera, no encontraba la necesidad de que Mime se lo recordase. Asintió con la cabeza y rápidamente se dejó llevar por la forma en la que le acariciaba. Mime pareció satisfecho con sus respuestas, así que continuó proporcionándole más y más caricias.

Era su día libre, podía permitirse un poco de relajación.

Después del rápido rendezvous, ambos se alejaron uno del otro e hicieron como que realmente nada había sucedido. Era una sensación extraña, Ikki supuso, pero no comentó nada al respecto o mostró signos de inconformidad. Estaba conforme con lo que estaba obteniendo, y de alguna forma el otro parecía también estarlo.

Ikki se fue del departamento de su mejor amigo un par de horas después, justo cuando habían terminado una película de terror taiwanesa (la cual le pareció muy mala, y comentó su desagrado en voz alta, relatando lo falso que era cada detalle y cada efecto especial), y compró en el camino dangos que le daría a Esmeralda como postre.

El festival de Ohanami era el favorito de Esmeralda, precisamente porque podía comer todos los dangos que quisiera, especialmente si eran de colores extravagantes. Cuando eran novios, Ikki se permitía a veces gastar sumas extraordinarias de yenes meramente en dangos para sorprenderla.

Mime no era mucho de andar comiendo dangos, o cosas dulces en general, pero cuando le regalaba algo lo comía sin rechistar.

Llegó al departamento, y encontró a su esposa durmiendo en el sofá. Casi temiendo despertarla, cerró la puerta lo más silenciosamente posible. Supuso que debió quedarse dormida esperándolo. Ikki agradecía el gesto, pero no le agradaba la idea de que malcuidara su sueño (más de lo que hacía en el hospital) sólo por esperarlo.

Dejó los dangos en el frigorífico, quizá Esmeralda los encontrar en la mañana, sonriera y se los comiera mientras se apresuraba a tomar el tren bala para llegar al trabajo. De momento, sólo podía imaginar mundos maravillosos en los que Ikki no podía entrar, que no podía ver, pero que de alguna forma agradecía que la mantuviesen con pensamientos positivos. Le tomó cuidadosamente del sofá, apagó la televisión y aunque a paso lento, la llevó a la recámara principal, mientras escuchaba su respiración acompasada. Cuando estuvo en la cama, le quitó las pantuflas y le cubrió con las sábanas. Estaba hermosa.


—gem—