Disbelief at the last minute.
#21 | Pasión
500 palabras.
Saori tenía razón cuando dijo que a partir de ese día les sería imposible descansar. O al menos durante las noches. Afortunadamente, Mime estaba todo el tiempo prácticamente con ellos, así que les ayudaba cuando no necesitaba comer. Saori también estaba muy empecinada en ayudarles, cosa que en un inicio les sorprendió, sin embargo, no le dio razones para hacerla querer desistir. Era en realidad bastante útil con ello, cosa que suscitaba curiosidad dentro de su hermano mayor. Un día del primer mes de vida del pequeño, no pudo evitar mencionarlo.
—No sabía que fueses tan buena criando niños.
Saori le sonrió tristemente. —Empirismo puro es lo único que sirve.
Ikki arqueó una ceja, y quiso preguntarle de qué es lo que estaba hablando. Su hermana jamás había tenido por qué actuar de niñera, después de todo era hija del magnate Mitsumasa Kido (el que él se deshiciera de muchas conexiones que su nombre le daba no quería decir que fuese obligatorio que ella lo hiciese. Él se deshizo de todo ello, porque no quería ser llamado un nanahikari). Tuvo que pensar tres veces lo que su hermana inquirió antes de dar con una respuesta que le había dejado boquiabierto.
—Saori, ¿acaso tú…?
La mujer evitó su mirada, y jugó un poco con el bebé de su hermano. Se mordió un labio y después soltó un suspiro.
—Koga y Aria.
—Pero tú nunca…
—¿Recuerdas mis dos años de internado en Portugal? —Ikki asintió; Saori negó con la cabeza—. Era para ocultarlo. Seis meses que me quedaban, uno para criarlos, y al volver debía deshacerme de ellos.
Ikki no podía creer lo que su hermana le decía. Primeramente, porque siempre creyó que era tan engreída (no la culpaba, hubo un tiempo en el que él fue exactamente como la veía) que pensaría que no había hombre lo suficientemente bueno para ella.
—…no comprendo, ¿cómo?
—Es algo de lo que no me gusta hablar.
Ikki desistió del tema. Algún día quizá se lo dijese su hermanas, aunque de momento no podía hacerlo. Entendía eso. Mine llegó minutos después de aquella extraña conversación, y Saori dijo que aprovecharía aquello para darse una ducha en su propio departamento. Mine estuvo observando al bebé por unos cuantos minutos, y estuvo jugando con él un rato más. Ikki lo observó desde la cocina, y aunque tenía ganas de decir algo, no sabía qué podría.
—Tiene los ojos de Esmeralda.
Ikki arqueó una ceja, asintiendo.
—Y tiene tu espíritu empecinado. Quizá podría utilizar esa carita de inocente que tiene algún día a su favor.
Ikki dejó salir una carcajada. Cuando pensó que sería padre, no creyó que tendría a su mejor amigo hablando del niño como si fuera masa para moldear. El niño se durmió rápidamente, y Mime se fue a la sala. Ikki le siguió.
—¿Y Esmeralda?
—Descansando. Ahora que puede.
Mime río. Cuando Ikki se sentó a su lado, sonrió para sí y comenzó a morder su oreja.
—¿Y tú? ¿No descansarás?
—No me apasiona.
—gem—
