Capítulo 3: El camino hacia la morada de los dioses
==Isla Empíreo, Magix==
Los jóvenes fueron emboscados en su campamento por dos criaturas que se hicieron pasar por sus seres queridos, al ser descubiertos, estos no tienen otra opción más que revelar su verdadera forma, la cual daba la apariencia de ángeles caídos cubiertos con una densa aura negra. Al escuchar ruido, el resto de los miembros del campamento salieron a ver qué ocurría.
-¿Quiénes son ustedes? –Les preguntó Bloom – ¿acaso son vampiros?, porque eso parecen.
-Algo parecido –respondió la exuberante mujer con un sensual acento –mi nombre es Abrahel, soy lo que es conocido como un súcubo.
-Mi nombre es Efelios –agregó el apuesto hombre con una voz profunda y masculina –soy un íncubo, verán, nosotros somos ángeles de la decadencia que nos alimentamos de la energía humana mediante el coito, por lo cual usualmente adoptamos la forma de personas que son deseadas sexualmente por nuestras víctimas.
-Yo pido ser la primera –dijo Stella mientras observaba al guapo íncubo.
-¡Stella! –reclamó el resto del grupo al unísono.
-No se preocupen –dijo Abrahel con una oscura sonrisa en la boca –no van a necesitar esperar su turno.
El cielo nocturno empezó a llenarse de sombras, las cuales se dirigieron hacia el campamento velozmente adoptando formas antropomórficas una vez en el suelo. Todos los íncubos tenían rostros atractivos y cuerpos esbeltos, también vestían ropa elegante de tonalidades oscuras con un estilo medieval, mientras que los súcubos eran mujeres sumamente atractivas y con cuerpos exuberantes y ropas elegantes y provocativas, tenían alas oscuras y una mirada fría pero erótica.
Seiya se prepara impulsivamente para atacarlos pero Abrahel se acerca lentamente a él y empieza a acariciarlo suavemente recorriendo todo su cuerpo y pegando cada vez más su cuerpo al del caballero, Seiya, incapaz de hacer algo, solo sede a las caricias del súcubo hasta que una bola de fuego la golpea.
-No te distraigas, Seiya –dijo Bloom después de haber atacado al demonio –no debemos dejar que se alimenten de nosotros.
Efelios se acerca Bloom y la mira fijamente a los ojos con su erótica mirada casi hipnótica y empieza a acariciar el cuerpo del hada de manera lasciva, pero ahora es Seiya quien la despierta atacando a la entidad oscura por la espalda.
Bloom, concéntrense en los súcubos, nosotros nos encargaremos de los íncubos, tal vez de esa forma no puedan seducirnos.
Bloom asintió con la cabeza. Por otro lado, uno de los íncubos se acerca a Stella levitando lentamente.
-Hola, mi número es... –se dirigió Stella hacia el íncubo en forma de coqueteo hasta que este fue embestido por una ráfaga de aire congelado.
-Stella, no tenemos tiempo para esto, necesitamos deshacernos de estas cosas –le dijo Hyoga.
-Está bien –respondió Stella mientras lanza una bola de energía quemando a uno de los súcubos que se encontraba detrás de Hyoga.
Hola, guapo –dice una de las diabólicas mujeres con tono seductor acercándose a Shun.
De repente, del suelo empezaron a crecer largos y afilados tallos de bambú, los cuales atravesaron y destrozaron el cuerpo de la diabólica mujer dejándola atrapada entre sus tupidas extensiones.
-Gracias, Flora –se dirige Shun al hada de las flores.
Otra de ellas se acerca a Evan e intenta seducirlo.
-Qué ojos tan bellos –dijo el súcubo intentando seducir al aspirante a caballero –reflejan una gran pureza, ¿sabes el premio que sería para mí corromper a alguien como tú?
Musa llegó rápidamente para salvar al joven aspirante a caballero agarrando a golpes al demonio, pero esta se defendió y atacó a Musa, entonces Evan llega y le da un fuerte golpe al súcubo en el vientre. Al ser golpeada por Evan, el cuerpo del súcubo empieza a resplandecer y a calcinarse hasta que termina haciéndose cenizas por completo.
-¿Qué fue eso? –cuestionó Musa con tono sorprendido.
-No tengo idea –respondió Evan igual de sorprendido que el hada –pero estos seres son criaturas de la oscuridad, Stella, ¿puedes elevarte e imitar la luz solar?
Stella asintió con la cabeza y se elevó hacia el cielo, una vez arriba su cuerpo empezó a iluminarse, irradiando cada vez más luz hasta que el escenario se iluminó como si se tratara de la luz del día, al ser bañados con la radiación emitida por Stella los demonios empiezan a calcinarse, igual que como ocurrió con el que fue atacado por Evan. La luz duró durante pocos segundos ya que para reproducir tal intensidad el hada tuvo que utilizar una gran cantidad de energía, lo cual causó que se desmayara después de emitir la energía y callera desde las alturas, pero Hyoga la atrapó rápidamente antes de que su cuerpo se estrellara contra el suelo.
El destello de Stella destruyó a todos los íncubos y súcubos excepto a Efelios y Abrahel, quienes poseían un poder superior al resto de su especie y por tal razón sobrevivieron a la imitación de luz solar, aunque el destello sí logró debilitarlos y les dejó algunas quemaduras en la ropa y la piel. Efelios, quien reflejaba gran cantidad de ira en su rostro, abrió sus alas y se dirigió a atacar a los jóvenes, pero Seiya reaccionó rápidamente y lo confrontó.
-No entiendo, ¿cómo es posible que esté vivo? –exclamó Bloom sorprendida.
-¿Crees que a nosotros nos iba a afectar esa pobre imitación de luz solar? –Le respondió Abrahel mientras pasaba su suave y fría mano por el rostro del hada –solo la verdadera luz solar puede destruirnos.
La dama de la noche tomó suavemente la barbilla de Bloom entre sus dedos índice y pulgar y dirigió su cabeza lentamente hacia ella, besando sus labios suave pero apasionadamente. A través del erótico beso lésbico el demonio le roba energía a Bloom, sorprendiéndose por la cantidad de poder que el hada poseía.
-Espera un momento –dijo Abrahel sorprendida – esta energía es inconfundible, ¿así que tú posees el Dragon Flame?
El súcubo lanzó una risa diabólica y tras esto lanzó una gran bola de fuego contra Bloom estrellándola violentamente contra el tronco de un gran roble destrozando parte de la corteza del árbol, pero Bloom, molesta, se levantó del suelo y empezó a aumentar su energía cubriendo su cuerpo con un aura ígnea cada vez más intensa, el hada concentró una gran cantidad de energía en su mano y posteriormente se lanzó contra el súcubo colocando su mano en la boca del demonio y generando una gran bola de fuego dentro de la boca de la dama oscura, quemando su garganta y posteriormente incinerando todo su cráneo.
Mientras tanto, Efelios, quien también había robado una parte del Dragon Flame, lanza saturadas bolas de energía color púrpura golpeando Seiya y posteriormente se lanza contra él rasguñando su pecho con sus largas afiladas garras, después sujeta su cuello y lo arroja violentamente contra el suelo. Lentamente, el caballero se levanta del suelo cubierto con un aura color azul, el íncubo, sorprendido de que siguiera con vida, vuelve a lanzar las mismas esferas de energía contra Seiya.
-¿Qué no sabes que no puedes usar la misma técnica dos veces contra un caballero de Athena? –dice Seiya mientras realiza su peculiar movimiento de ataque.
-¡PEGASUS RYU SEI KEN! –el caballero de Pegaso lanza sus meteoros contra el ángel de la lascivia golpeando su cuerpo hasta que este termina en el suelo, sin vida, con los huesos destrozados y múltiples cráteres en el cuerpo.
Después de vencer a los íncubos y súcubos, los jóvenes arreglaron el desastre que había dejado la pelea y volvieron a dormir.
Aunque eran altas horas de la madrugada Bloom no lograba conciliar el sueño ya que estaba nerviosa y temía que pudieran volver a ser atacados, así que salió de su tienda y decidió dar un paseo por el bosque. Al salir de su tienda la chica se sorprendió al ver a Seiya sentado a la orilla del río.
-Veo que tampoco puedes dormir –le dijo Bloom.
-Quiero asegurarme de que nadie vuelva a atacarnos mientras dormimos –respondió Seiya.
-Me parece una buena idea, ¿te molesta si te acompaño? –pregunta Bloom mientras se sienta al lado del caballero
-Para nada.
-Dime, ¿Te puedo hacer una pregunta?
-Claro, adelante.
-¿Acaso estás enamorado de la señorita Athena o algo parecido?
-¿De qué hablas?, ella es una diosa.
-Eso no significa nada, además, yo solo lo pregunto porque ese súcubo dijo que adoptaban la apariencia de quienes eran deseados por sus víctimas, y ella adoptó la apariencia de Athena.
-Por cierto, ¿quién era ese chico por el que se hizo pasar Efelios?
-Sky, mi novio... pero no has respondido mi pregunta, ¿sientes algo por Athena?
-Hemm... bueno, yo... ella es una diosa y...
-¿Acaso tienes miedo de reconocer tus sentimientos?
-¿Es en serio?, soy un santo de Athena, no le temo a nada.
-Sí, sí sientes miedo, y también tienes miedo de admitir que tienes miedo, ¿sabes?, tener miedo no es tan malo, todos lo sentimos de vez en cuando.
-No los guerreros de Athena, además, no estamos una situación en la que podamos darnos el lujo de sentir miedo.
-De hecho yo creo que es justo el tipo de situación para sentir miedo –respondió el hada bajando la mirada con una expresión de tristeza en el rostro – ¿Sabes?, no quería decir esto pero... desde que Hermes llegó a Magix me he sentido aterrada con lo que podría suceder, con el final que esta guerra pueda tener, estoy asustada por el destino de Magix y la Tierra, ya perdí un hogar y una familia, no quiero perder otros dos. Desde que empezó todo esto mi corazón no deja de latir cada vez más y más rápido pensando en lo que podría suceder si no terminamos esto a tiempo.
Bloom tomó suavemente la mano de Seiya e inocentemente la dirigió lentamente hacia su pecho izquierdo. Seiya se puso nervioso.
-¿Puedes sentir lo rápido que late? –Dijo el hada con lágrimas en los ojos –ojalá pudiera ser tan valiente como tú.
-No te sientas mal, Bloom –respondió el caballero con una sonrisa en la boca mientras secaba las lágrimas de la chica con sus dedos –ya verás que todo saldrá bien, te lo prometo, venceremos a Ares y salvaremos nuestros mundos.
-Gracias, por alguna razón me siento más segura estando contigo –Bloom sonrió –por cierto, ya puedes soltarme.
Seiya se sonrojó y retiró rápidamente la mano del busto de Bloom.
Mientras tanto, Hyoga había sido despertado por un ruido en su tienda.
-¡Stella!, ¿qué haces aquí? –preguntó sorprendido el caballero de hielo.
-Estaba sola en mi tienda y sentí miedo, ¿cómo sabemos que no hay más de esas cosas ahí afuera?
-Tienes razón... ¡espera!, ¿cómo sé yo que tú no eres uno de ellos?
-Porque... espera, esa chica dijo que adoptaban la forma de alguien a quien la víctima deseara... ¿acaso me deseas?... bueno, claro que me deseas, ¿quién no?, pero no esperaba que fueras tan explícito. Escucha, me siento alagada, y pienso que eres un chico muy lindo, pero tengo novio, aunque no me molestaría "robarte un poco de tu energía"... haha, es broma.
-Yo no... Yo no quise decir eso, lamento que lo interpretaras de esa forma –Hyoga se puso nervioso – ¿gustas una copa con agua?
-Claro, ¿podrías enfriarla con tu magia de hielo?
-Por supuesto, pero no es magia, es control del cosmos, no existe tal cosa como la magia.
-Sí, sí, cómo digas, ¿sabes?, estudio en una escuela de hadas y mi experiencia diaria me dice lo contrario.
Hyoga sirvió una copa con agua, la sostuvo entre su mano hasta que parte de la copa se cubrió con una delgada capa de hielo y se la dio a Stella, posteriormente sirvió otra para él.
-Gracias, pero... ¿no crees que es un poco aburrida? –comentó Stella mientras con su dedo índice rozaba la superficie del agua dentro de la copa de Hyoga, realizando movimientos circulares con su dedo –listo, mucho mejor.
El agua de Hyoga empezó a tornarse de un color oscuro hasta que finalmente terminó en un color púrpura rojizo oscuro, Stella repitió el proceso con su copa.
-¿Qué es esto? –preguntó Hyoga intrigado.
-Es el mejor vino de Solaria –respondió el hada –espero que te guste.
-Está delicioso –comentó Hyoga tras probar el vino.
-¿Aún crees que no existe la magia?
-Mi maestro Camus me explicó una vez que toda sustancia está hecha de átomos y que cada átomo tiene su propio movimiento aleatorio, dijo que la temperatura es la escala que nos indica qué tan activo es cada movimiento, si el movimiento es grande la temperatura de la sustancia aumenta, si es lento la temperatura desciende, y que para congelar cualquier sustancia es necesario detener los movimientos atómicos. No hay nada de magia en eso, solo controlas los átomos de las sustancias. Tampoco hay magia en lo que tú haces, lo único que hiciste fue separar los átomos de hidrógeno de los átomos de oxígeno de las moléculas de agua, después separas los átomos de oxígeno en átomos de hidrógeno y unes esos átomos para formar átomos más pesados hasta que terminas por convertir las moléculas de agua en moléculas de vino.
-Solo bébetelo y ya.
Una vez que salió el sol los jóvenes limpiaron el campamento y continuaron con su búsqueda. Los cuatro caballeros, las cinco hadas y Evan eran perseguidos por una colonia de hormigas de tres metros, eran hormigas terrestres y aladas, Seiya atacó usando sus meteoros de Pegaso y destruyó a dos de ellas, posteriormente Bloom les lanzó bolas de fuego y destruyó a otras dos, Hyoga y Stella también destruyeron unas cuantas hormigas y Shiryu cortó a varias usando el filo de su brazo derecho, los jóvenes lograron destruir a varias hormigas pero aún eran perseguidos por un enorme número de ellas.
-Tengo una idea, adelántense –anunció Tecna.
Una vez que todos se habían adelantado, Tecna sacó un dispositivo con el que disparó unos discos hacia los árboles que rodeaban el lugar, una vez habiendo disparado la cantidad de discos que ella consideró suficientes se dirigió hacia donde se encontraban los demás y cuando las hormigas se acercaron lo suficiente a los árboles a los que les había disparado, Tecna activó los discos y de ellos salieron láseres que conectaron unos discos con otros, los láseres quedaron colocados de tal forma que al continuar las hormigas con su trayectoria original estas eran cortadas en pedazos por los láseres, los láseres cortaron a varias hormigas y las que sobrevivieron dieron media vuelta y avanzaron en dirección contraria huyendo del peligro. Rápidamente Tecna alcanzó a los demás y todos continuaron con su camino.
-Estoy agotada y muero de hambre –se quejó Stella –ni siquiera hemos desayunado.
-Lo siento, pero no tenemos tiempo para eso, Stella –reclamó Seiya.
-Yo también estoy muriendo de hambre –agregó Bloom –miren, aquí hay algunas moras.
Bloom cortó unas moras de un arbusto que estaba cerca de ahí, cuando de repente el suelo empezó a temblar, entonces, del suelo empezaron a salir unas grandes púas que rodearon al hada, las púas se desenterraron más hasta revelar que eran en realidad los colmillos de una inmensa planta carnívora, la cual cerró su boca atrapando a Bloom en su interior.
-¡BLOOM! –exclamaron los jóvenes.
Pero no era la única, del suelo crecieron otras plantas más que intentaron devorar a los demás, los jóvenes se deshicieron de algunas de ellas e intentaron salvar a Bloom, pero cada vez que alguien se acercaba a ella surgían más plantas del suelo y atacaban a quien se acercaban. La planta ya estaba digiriendo al hada pero una gran explosión desde el interior de la planta abrió su boca y Bloom salió de ella cubierta de los fluidos de la planta.
Bloom y los demás intentaron seguir avanzando pero cada vez había más plantas que obstaculizaban su camino, entre más plantas eran destruidas más surgían del suelo. Una de las plantas mordió el brazo de Shun e intentó devorarlo, pero fue cortada por Shiryu, otras rodearon a Stella pero esta generó una ráfaga de viento solar en forma de disco centrado en ella, la cual hizo cenizas a las plantas alrededor, luego aumentó su energía cubriéndose con su aura, que aumentaba cada vez más, pero la luz solar expulsada de su cuerpo fue absorbida por las plantas, lo cual causó que su tamaño se triplicara, el hada estaba a punto de ser atacada por las plantas hasta que, de la nada, todas las plantas volvieron a sumergirse tranquilamente en la tierra.
Sorprendidos por la actitud de las plantas, los jóvenes observaron que Flora se encontraba sentada en posición de flor de loto sobre la tierra, emanando un aura color verde.
-¿Tú hiciste que las plantas se fueran? –preguntó Hyoga.
-Pudiste haberlo hecho antes –agregó Stella –esas plantas casi nos matan.
-Lo siento, Stella, pero no era tan fácil, eran demasiadas –respondió Flora.
Los caballeros y las hadas continuaron buscando, sin éxito, la entrada al Olimpo, enfrentando peligros cada vez peores. El boscoso paisaje que los rodeaba poseía una gran variedad de vegetación y especies animales, muchas de ellas familiares, muchas otras desconocidas, en el ambiente podían escucharse el sonido de los insectos, aves y otros animales de la isla. Después de un tiempo los jóvenes pasaron cerca de un manantial, el manantial tenía un agua tan limpia y transparente que casi era posible ver el fondo a pesar de ser bastante profundo.
-¡SEIYA! –Gritó Shun tras detenerse a mirar más detenidamente el agua del manantial – ¡tienes que ver este manantial, es...
-Lo siento, Shun –respondió Seiya sin detenerse ni voltear –sabes que estamos buscando algo importante, no tenemos tiempo para eso.
A pesar de las palabras de su compañero, el joven caballero se quedó a contemplar más de cerca aquel manantial.
-Es hermoso, ¿no? –le dijo Flora, quien también se detuvo a observar.
-Así es –respondió Shun sin despegar la vista del agua –pero no solo eso, si te fijas bien podrás ver que a una gran profundidad parece verse una especie de resplandor.
-Es verdad, no había notado eso –respondió Flora tras observar más detalladamente.
-Sé que es tonto desperdiciar el tiempo de esta manera, pero por alguna razón no puedo evitar sentir una gran curiosidad acerca de esto, es como si... simplemente no puedo dejar de pensar en eso.
-Ahora que lo mencionas es algo intrigante, tal vez deberíamos averiguar más al respecto.
-Pero, Flora, no tenemos tanto tiempo, necesitamos alcanzar a los demás.
-No nos tomará mucho tiempo, solo echamos un vistazo y alcanzamos a los demás.
Shun se puso a pensar durante unos segundos y después accedió, dejó su Pandora Box en el suelo y ambos se sumergieron en el agua. El hada y el caballero se maravillaron con la enorme cantidad y variedad de criaturas acuáticas que habitaban el manantial, pero se sorprendieron aún más al ver lo que parecía ser un arcoíris.
¿Acaso eso es un arcoíris, bajo el agua?, ¿cómo puede ser eso posible? Pensaron.
Mediante gestos faciales ambos acordaron seguir el arcoíris subacuático, así que nadaron un largo camino hasta que finalmente llegaron al otro lado del arcoíris, que era justamente el lugar de donde provenía la misteriosa luz. Bajo la luz había una gran cortina de algas, Shun y Flora atravesaron esta cortina para encontrarse con un túnel, el cual los condujo a una oscura cueva que, pese a estar en el fondo del manantial, no se encontraba llena de agua por lo cual se podía respirar y caminar en ella, es como si la cueva estuviera en la superficie, aunque sí había mucha humedad y algunos charcos de agua en el suelo.
-¡Shun, mira esto! –exclamó Flora mientras observaba una construcción.
La construcción consistía en cuatro columnas y un techo triangular en la parte superior, era inevitable reconocer la arquitectura griega en aquella obra, dentro de esta se encontraba un espejo alto con un elegante marco de mármol y al lado de este la estatua de un musculoso hombre de 2.5 metros de altura, con grandes ojos saltones y una expresión feroz en el rostro, cubierto con una bufanda flotante y cabello recogido con una coleta, esta estatua más bien parecía tener un estilo oriental.
-Hay una inscripción en el techo –señaló Shun –pero parece estar en griego, tal vez Seiya pueda descifrarla.
Tras esto, los dos jóvenes salieron de la cueva y nadaron hacia la superficie, pero antes de llegar la luz empezó a moverse, Flora y Shun se sorprendieron al ver que la luz empezaba a salir de una cavidad que se encontraba arriba del tunel, la fuente de dicha luz era una enorme criatura similar a una morena pero con cabeza de un horrible pez linterna con afilados colmillos, la cual persiguió al hada y el caballero hasta capturar a Flora dentro de sus fauces. Shun intentó rescatarla, pero sus esfuerzos fueron inútiles, así que pensó en pedir ayuda a los demás.
-Esperen un momento –interrumpió Hyoga mientras caminaban por el bosque – ¿alguien ha visto a Shun?
-Ahora que lo mencionas, desde que pasamos el manantial no lo he visto para nada –respondió Seiya.
-De hecho, tampoco he visto a Flora en todo este tiempo –agregó Bloom.
De repente empezó a escucharse un ruido entre la hierba, alguien se acercaba a ellos a toda velocidad; se trataba de Shun, quien llegó jadeando por haber corrido tanto.
-Por favor, tienen que venir –dijo Shun aun jadeando –un horrible monstruo ha atrapado a Flora.
Los jóvenes se sorprendieron por las palabras de Shun y se dirigieron inmediatamente al manantial. Una vez dentro del agua, la bestia intentó devorarlos pero afortunadamente lograban esquivarla cada vez que se lanzaba contra ellos.
Tengo una idea, es arriesgado, pero tal vez sea la única forma de salvar a Flora pensó Shun.
Shun se acercó al monstruo y empezó a provocarlo, de tal manera que este centró su atención en el joven caballero hasta que finalmente terminó devorándolo. Sus compañeros no podían creer que Shun hubiera sido devorado por la bestia y se enfurecieron más, por lo cual la atacaron con más fuerza.
Mientras tanto, dentro de la boca de la gran criatura marina, Shun se encontraba nadando buscando a Flora hasta que finalmente la encontró, se encontraba aferrándose a algo que parecía ser uno de sus colmillos para no ser tragada por el monstruo. Flora se alegró al ver a Shun y tomó su mano, pero una gran corriente de agua los arrastraba hacia las profundidades de la bestia, en ese momento, la Pandora Box de Shun, que aún se encontraba en la superficie, se abrió y de su interior salió la cadena de Andrómeda, la cual se dirigió hacia las profundidades del agua, con gran velocidad atravesó uno de los dientes de la serpiente y se introdujo dentro de su boca, sujetando la mano de Shun y jalándolo hacia afuera del cuerpo de la bestia. Shun y Flora estaban a salvo ahora, pero la bestia solo había sido ligeramente aturdida por el golpe, por lo que se recuperó fácilmente y nuevamente intentó devorarlos. Los diez jóvenes nadaron rápidamente hacia la cueva para ocultarse de la gran serpiente marina.
-¿Qué es este lugar? –preguntó intrigada Tecna.
-No lo sabemos –respondió Flora –a nosotros nos sorprendió tanto como a ustedes.
-¿Crees que puedas leer la inscripción de la parte superior, Seiya? –preguntó Shun.
-"Dolor y pena es lo que le espera a aquel que intente profanar este lugar sagrado con pies mortales" –leyó Seiya.
-¿Qué creen que sea esto? –preguntó Musa.
-No lo sé –respondió Shun –pero desde que vi esa luz... no lo sé, es cómo si...
-... Como si este lugar te llamara... siento exactamente lo mismo que tú, Shun –comentó Evan mientras observaba fijamente la construcción con una mirada perdida, como si no existiera nada más.
-¿"Lugar sagrado"?, ¡No puede ser! –Exclamó Shiryu con una gran expresión de sorpresa en el rostro – ¿será acaso que... será acaso que estamos frente a la entrada del Olimpo?
Una expresión de sorpresa aún mayor invadió el rostro de sus compañeros.
-Tiene sentido –aclaró Evan –geográficamente este es el centro de la isla, aunque jamás se me hubiera ocurrido buscar en las profundidades.
-Bien, ¿y qué estamos esperando? –Exclamó Seiya –entremos.
-¿Pero qué hay de la inscripción? –preguntó Bloom.
-Solo son tonterías –respondió Seiya en un tono burlón mientras se dirigía hacia el interior.
Seiya se dirigía al interior de la construcción hasta que algo lo hizo tropezar, al voltear a ver se dio cuenta de que era una especie de hiedra viviente.
-No es gracioso, Flora –se quejó Seiya.
-Yo no hice nada –respondió Flora.
Del suelo empezaron a surgir más de estas hiedras, las cuales empezaron a enredarse en los cuerpos de los jóvenes impidiéndoles moverse.
-Flora, haz algo –aclamó Stella.
-Eso intento, pero no funciona –respondió Flora –es como si estuvieran siendo controladas por alguna fuerza oscura.
Con gran esfuerzo, Seiya logró romper la prisión en la que se encontraba, posteriormente Bloom, Stella y Shiryu hicieron lo mismo, pero empezaron a surgir más de estas hiedras del suelo, esta vez con pequeñas púas, una de ellas se enredó en la pantorrilla de Bloom, presionando cada vez con mayor fuerza, hasta que la pantorrilla de Bloom empezó a sangrar, otra empezó a enredarse alrededor del brazo derecho de Seiya y otra en el cuello de Shiryu. Las plantas crecieron hasta que todos quedaron sepultados bajo ellas.
Los chicos permanecieron atrapados durante algún tiempo hasta que las plantas se prendieron en llamas misteriosamente. Se trataba de Bloom, quien había podido usar sus poderes para quemar las maléficas plantas. El hada se levantó lentamente con una expresión de ira en el rostro y cubierta con un aura incandescente que se expandió por toda la cueva las hierbas quedaron hechas cenizas, poco a poco los demás fueron recuperando la conciencia y gradualmente se levantaron del suelo.
Una vez que todos se habían incorporado, los santos y las hadas procedieron a cruzar al interior de la pequeña construcción.
-Y bien –comentó Musa –si esta es en verdad una entrada al reino de los dioses, ¿cómo se supone que llegamos allá?
-En realidad nada nos asegura que así sea –respondió Shiryu –aunque tal vez...
-Tal vez... –interrumpió Evan –tal vez el espejo sea la clave.
-¿De qué hablas? –cuestionó intrigada Tecna.
-No lo sé –respondió Shun –pero desde que llegué a este lugar he estado sintiendo una extraña sensación hacia ese espejo.
-Me sucede exactamente lo mismo, Shun –respondió Evan mientras ambos miraban fijamente aquel espejo.
-No lo sé –interrumpió Seiya –pero si tienen razón y ese espejo puede llevarnos no puedo quedarme aquí perdiendo más tiempo.
Seiya se disponía a cruzar a través del espejo, pero cuando estaba a punto de atravesarlo su brazo fue sujetado por algo. El caballero bajó la mirada para ver qué era lo que lo detenía y se sorprendió al ver que su brazo estaba siendo sujetado por una enorme mano de piedra, pero se sorprendió aún más cuando, al subir la mirada para averiguar de dónde provenía dicha mano, se dio cuenta de que se trataba de la mano de la enorme estatua que estaba al lado del espejo lo que lo sujetaba. La gran estatua movió sus ojos lentamente y clavó su mirada en los ojos del santo de Athena.
-Ningún mortal tiene permitido profanar el portal sin permiso de un dios –dijo la estatua sin despegar la vista de Seiya, con una voz grave y profunda acompañada de un retumbante y sonoro eco y un tono monstruoso y aterrador.
Tras decir esto, la estatua le dio a Seiya un fuerte golpe en el pecho, con lo cual el caballero fue lanzado por el aire hasta estrellarse violentamente contra una de las columnas que conformaban la construcción.
-Soy el guardián Ni-O encargado de proteger el portal, Nara –explicó la estatua con esa voz monstruosa –fui creado por los dioses para asegurarme que ningún mortal cruce por ese portal.
-¿Portal? –Cuestionó intrigado Shiryu –entonces es verdad que ese espejo nos puede llevar al reino de los dioses, ¿no es así?, si es así, entonces lo único que hay que hacer es vencerte.
Shiryu se lanzó contra Nara y le dio un fuerte golpe, pero este lo detuvo fácilmente y azotó al dragón contra el suelo, posteriormente Bloom le lanzó una bola de fuego en la cara, pero el único efecto que hizo fue provocar la ira del gran monstruo de piedra, el cual se dirigió velozmente contra el hada y empezó a golpearla salvajemente. La bestia de piedra continuaba maltratando a la chica hasta que una lluvia de estrellas fugaces lo embistió salvajemente, aunque a simple vista el meteoro de Pegaso de Seiya parecía no haberle hecho ningún daño, tras un par de segundos el petrificado cuerpo de Nara comenzó a agrietarse y romperse.
-¡Humano insolente! –exclamó el gigante de piedra.
Nara se lanzó violentamente contra Seiya, pero antes de poder alcanzarlo fue detenido por una poderosa onda de sonido, la cual había sido generada por Musa para ayudar al caballero, al darse cuenta de esto Nara dio un fuerte aplauso, lo que provocó que la onda de sonido se regresara contra Musa, arrojándola violentamente contra el suelo. Mientras Musa se encontraba aturdida, Nara se aproximó a ella y puso uno de sus pies sobre su cara, Nara estaba a punto de dejar caer su pesado pie sobre el cráneo de Musa, pero antes de poder hacerlo su costado izquierdo fue penetrado por un objeto con una gran fuerza, se trataba del puño de Evan, quien, al ver que Musa se encontraba en peligro, no dudó en atacar a la gran estatua.
-Déjala en paz, maldita bestia –le reclamó Evan con un tono de ira. El joven aspirante a caballero lucía una apariencia diferente a la habitual, su rostro estaba inundado con una temible expresión de ira, su cuerpo estaba bañado con una incandescente aura roja y sus ojos tenían una indescriptible expresión que inspiraba terror a quien quiera que los mirara; tenía una actitud muy diferente a su acostumbrada personalidad calmada y tranquila.
¿Cómo es posible que un humano haya podido penetrar mi cuerpo solo con su puño?, es imposible Pensó Nara.
El enorme hombre de piedra se enfureció y tomó a Evan violentamente por el cuello con su mano y lo elevó por el aire, impidiendo que este pudiera respirar. Nara clavó su vista en los ojos de Evan y se quedó observándolos durante algún tiempo.
-Pueden cruzar –señaló Nara mientras lentamente bajaba a Evan.
La cara de los jóvenes se llenó con un enorme gesto de sorpresa al escuchar estas palabras, al principio incluso llegaron a pensar que se trataba de una trampa, pero Nara solo caminó tranquilamente hacia el lugar donde se encontraba en un principio, se colocó en su posición inicial y permaneció inmóvil.
-Esperen, ¿en verdad podemos pasar? –preguntó confundida Bloom.
-Eso parece –respondió Shiryu –aunque... no comprendo qué fue lo que sucedió exactamente.
-Humm... Seguramente nos tuvo miedo –comentó Seiya con un tono burlón –y eso que no nos vio con nuestras armaduras o transformaciones.
-No lo creo, se supone que fue creado para impedir el paso a los intrusos aún a costa de su vida –aclaró Evan sobando su garganta.
-Pues yo apoyo la teoría de Seiya –agregó Stella con una sonrisa en la boca –es claro que nos tuvo miedo.
-Dijo que no dejaría pasar a ningún mortal que no contara con el consentimiento de un dios –señaló Hyoga –antes de salir del santuario Athena nos brindó su protección de diosa, tal vez Nara pudo percibir eso de alguna manera.
-Es lo más probable –comentó Flora.
-Bien, ¿y qué estamos esperando?, crucemos el portal –cuestionó Musa.
-Es verdad, no tenemos tiempo que perder –completó Seiya.
Los diez jóvenes caminaron en dirección al espejo y uno por uno pasaron a través de él. Inmediatamente después de cruzarlo, los santos y las hadas aparecieron en una pequeña isla de unos cuantos metros en medio de un gigantesco río, el río se encontraba flotando en un extraño lugar que parecía ser el cielo nocturno, lleno de estrellas, planetas, galaxias, nebulosas y asteroides, como si se tratara del espacio, pero era atravesado con lo que parecía una enorme red de energía que parecía distorsionar el espacio y el tiempo.
