Disbelief at the last minute.
#29 | Amargo
500 palabras.
—Vinimos a verlos a ellos —mencionó Ikki señalando a los mellizos que estaban cerca de la chica. Miho arqueó una ceja, y después de observar a donde señalaba el hombre devolvió la mirada hacia él.
—¿A Aria y a Koga? ¿Vino a verlos? —preguntó, todavía más confundida—. Qué raro. ¿Qué es lo que le motiva a venir a visitarlos?
Ikki se tomó una larga pausa para responderle.
—Me interesa adoptarlos.
Miho arqueó una ceja, todavía más confundida. Observó a la mujer que acompañaba al hombre, quien también se notaba confundida por las palabras que habían salido de sus labios.
—¿Adoptarlos?
Ikki asintió con la cabeza.
—En efecto. —dijo el hombre, sonriéndole a los niños que estaban observándole curiosos. Al no entender realmente lo que la situación ameritaba, observaron a Miho, quien rápidamente notó Ikki era una especie de figura parental para todos los que estaban ahí en la casa hogar. Escucharon el timbre y rápidamente el que habían identificado como Makoto se fue a la puerta, dejando entrar a un hombre de cabello castaño, quien notó la presencia de ambos extraños curiosamente. Rápidamente, los niños se conglomeraron a su alrededor. Miho le observó como si necesitara repentinamente que él hablara por ella.
—Buenas tardes —saludó cordialmente el hombre a ambos, a lo que Esmeralda sonrió e hizo una leve reverencia con la cabeza. Ikki le respondió el saludo—. ¿Les podemos ayudar en algo?
—El hombre dijo que vienen a adoptar a Aria y a Koga —le respondió Miho antes de que Ikki pudiese responderle. El hombre arqueó una ceja y después de unos cuantos segundos, dirigió su mirada hacia los niños.
—Ya veo. —dejó en uno de los sillones una mochila que llevaba cargando en uno de sus hombros y después se dirigió hacia los invitados—, ¿gustan que les ofrezca algo? Habría que discutir esto más a fondo.
Esmeralda asintió con la cabeza y mencionó rápidamente algo sobre una taza de café. Ikki le secundó y el hombre le pidió en voz baja a Miho que por favor preparase las bebidas. Esta asintió con la cabeza y se fue a lo que supusieron era la cocina. El hombre se sentó en uno de los sillones y les pidió que hiciesen lo mismo. Esmeralda se sentó al lado de Ikki.
—¿Qué es lo que hace que quieran adoptarlos? —inquirió el hombre. Esmeralda observó su teléfono, esperando un mensaje de Mime. Hasta ahora, no había recibido nada.
—Queremos que nuestro hijo conviva con más niños. En nuestra familia somos cuatro adultos, y entre nosotros consentimos mucho al niño. No creo que sea justo que un sólo niño tenga tanta atención, siendo que hay niños que no reciben amor.
Era en parte verdad. Miho llegó con una bandeja que tenía tazas de café y galletas. Ikki le dio un sorbo a la suya, sintiendo el sabor amargo calarle en la lengua.
—¿Cuántos años tiene su hijo?
—Dos y medio.
El hombre asintió con la cabeza y soltó un suspiro.
—Hablaré con el director.
—gem—
