Capítulo 7: Frío y calor

==Mansión de Ares, Monte Olimpo==

La Tierra y Magix se encuentran en peligro. Para salvarla, un grupo de jóvenes se ha adentrado en el santuario de Ares, en la cima del monte Olimpo, para detener los planes del dios de la guerra. Después de separarse del resto del grupo para encontrar la salida del laberinto, Hyoga y Stella llegaron al patio de una enorme fortaleza. Alrededor de ese patio había altas y amplias torres, las cuales estaban colocadas alrededor de una torre mucho más extensa y alta que las otras. Se trataba de la torre principal, y en la cima había un misterioso hombre observando todo lo que sucedía en el santuario sin el conocimiento de nadie.

–Este castillo es enorme –Comentaba Stella mientras caminaban por la fortaleza –me pregunto si podré quedármelo como trofeo de guerra o algo así, aunque tendría que cambiar la decoración, ese tal Ares tiene un estilo demasiado... bélico.

–Es el dios de la guerra, Stella, ¿qué esperabas? –Respondió Hyoga –y, por favor, ¿podrías tomar esto con más seriedad? El destino de nuestros mundos depende de esto.

– ¿Sabes, Hyoga? –Dijo Stella –eres un chico muy lindo, y esa venda en el ojo de alguna forma te hace ver como un chico malo sexy, a cualquier chica le gustaría salir contigo, pero deberías relajarte un poco de vez en cuando, además, esa obsesión tuya con tu madre no es saludable, y las chicas no encuentran eso atractivo, me preocupa que tengas una especie de complejo extraño, deberías buscar ayuda profesional.

– ¿De qué demonios hablas? –dijo Hyoga.

–Vamos, Hyoga –respondió el hada –hace un momento me dijiste que te recordaba a tu madre, ¿le dices eso a todas las chicas? No creo que te dé muy buenos resultados, cuando gustes puedo ayudarte a mejorar tus líneas

–Por favor, Stella, no digas tonterías –respondió algo irritado –eso fue solo un comentario, ya sabes que mi deber es con Athena y no tengo tiempo para esas cosas.

–Como dije antes, deberías relajarte un poco.

–Ella tiene razón –se escuchó la voz del hombre que observaba desde la torre central –deberías relajarte más, después de todo Athena morirá junto con la Tierra muy pronto y ya no estarás atado a ningún deber.

Se trataba de un hombre alto, con cabello corto color rubio y ojos verdes, vistiendo una armadura blanca con detalles dorados.

–Creo que esas armaduras se están poniendo de moda últimamente –dijo Stella –tal vez debería conseguir una así, aunque se ven muy incómodas.

– ¿Quién eres tú? –Preguntó el caballero de Cisne sorprendido al ver a aquel sujeto – ¿Cuánto tiempo llevas vigilándonos?

–Soy Ludwig de Torre –respondió –y en realidad acabo de bajar de la Atalaya, esa enorme torre en el centro de la fortaleza de Ares.

–Yo soy Hyo...

–Hyoga de Cisne, lo sé –interrumpió Ludwig –y tu amiga, Stella de Solaria.

– ¿Cómo demonios...

–En la Atalaya puedo ver y escuchar todo dentro de los límites del santuario –respondió el centinela –soy el centinela encargado de vigilar todo lo que sucede aquí.

–Si puedes ver todo desde ahí ya debes saber que te conviene dejarnos pasar –dijo Stella.

– ¿En serio? –Respondió Ludwig con un tono burlón –de hecho, princesa Stella, todos sus amigos ya han sido asesinados por los otros centinelas supremos.

Recibir esa noticia impactó a Stella, por lo que quedó paralizada y sin habla por unos segundos.

–No digas tonterías –reclamó Hyoga –Seiya y los demás han atravesado exitosamente por las doce casas, y vencido a los dioses guerreros y generales marinos de Poseidón, ¿en verdad quieres que crea que fueron vencidos tan fácilmente?

– ¿Doce casas, generales marinos? –Dijo Ludwig – ¿crees que esos perdedores se comparan con los Centinelas supremos?

– ¿Qué demonios son los Centinelas supremos de todas formas? –preguntó Stella confundida.

–Verás, Stella –explicó el guardián –el ejército de Ares se divide en peones y Centinelas supremos. Los peones son cientos y tienen el deber de proteger la entrada y los pasillos del santuario, su bajo nivel se ve compensado con su gran número. Los Centinelas supremos, por otro lado, somos los guerreros más poderosos al servicio de Ares. Supongo que tienes una idea de que tan elevado tiene que ser nuestro cosmos para poder pertenecer al grupo de élite más poderoso dentro del ejército del dios de la guerra.

–No me importa que tan poderoso digas ser, Ludwig –dijo Hyoga –nos queda poco tiempo para salvar a Athena y a la Tierra, y no voy a desperdiciarlo hablando contigo.

Hyoga lanzó un golpe contra el pecho de Ludwig. Tras esto, un pequeño chorro de sangre cayó al suelo. La sangre provenía del puño de Hyoga, el cual había sido herido al golpear a Ludwig.

–Hahahaha –rió el Centinela –pero qué estúpido eres. La armadura de Torre es la más resistente de las armaduras de los Centinelas. Esta armadura puede resistir el impacto de una lluvia de meteoros ¿y tú me atacas con tu puño desnudo?

Ludwig sujetó con fuerza el brazo del caballero y empezó a torcerlo, lastimando al santo de Cisne. Stella intentó ayudarlo, pero antes de poder llegar, Ludwig arrojó al santo violentamente contra ella. Hyoga y Stella intentaron levantarse, pero en ese momento el lugar comenzó a temblar.

– ¿Qué está pasando? –Preguntó Stella confundida – ¿acaso es un terremoto?

–No lo creo –respondió Hyoga –estos movimientos son muy irregulares para un terremoto, además puede sentirse un cosmos bastante amenazante.

– ¿Acaso dices qué...

–Así es, Stella –interrumpió Ludwig –tengo el poder de controlar los minerales que yacen en el suelo del Olimpo.

–Así que tu superpoder es controlar las piedras –dijo Stella con tono sarcástico –vaya, apuesto que tus padres deben estar orgullosos.

– ¿Eso crees, eh? –respondió con tono desafiante

Entonces, la porción del suelo en la que se encontraban Stella y Hyoga empezó a temblar de forma violenta y del piso empezaron a salir largas y delgadas pilas de piedra intentando atacar a los jóvenes. El hada y el caballero esquivaron algunas y fueron golpeados por otras. Hyoga dio un gran salto para evitar los ataques de Ludwig, en ese momento su Pandora Box se abrió y la armadura de Cygnus salió de su interior, vistiendo a Hyoga al mismo tiempo que el anillo de Stella se transformaba en una especie de cetro y ella se transformaba a su forma de hada.

El santo y el hada se apresuraron hacia donde se encontraba Ludwig, pero este lanzó un segundo ataque, haciendo que grandes rocas salieran del piso y se elevaran a gran velocidad, era como ver una gran lluvia de rocas, solo que en sentido contrario. Ambos lograron esquivar casi todas las rocas y usaron sus respectivos ataques para deshacerse del resto, pero al último momento una piedra de gran tamaño derribó a Stella y una de sus alas quedó atorada entre los escombros. Sin poder moverse, el hada pidió la ayuda de Hyoga, pero este continuó con su camino y logro golpear al centinela.

– ¡DIAMOND DUST! –exclamó el caballero.

La ráfaga de aire congelado emitida por Hyoga formó una delgada capa de hielo en la armadura de Torre, pero el hielo se rompió a los pocos segundos.

–No puede ser –exclamó Hyoga sorprendido –mi Polvo de Diamante no le hizo ningún daño.

El caballero de Cisne repitió su ataque, pero esta vez Ludwig detuvo la ráfaga con su mano.

–No seas estúpido, Cygnus –dijo Ludwig –entiende de una vez que tus ataques no significan nada para mí. ¡IVORY TOWER!

Una lluvia de rocas surgió detrás de Ludwig con una gran fuerza, golpeando violentamente al santo de Athena.

– ¡SOLAR FLARE! –se escuchó la voz de Stella detrás de Ludwig.

El centinela se dio la vuelta para recibir una intensa ráfaga de energía solar proveniente del cetro de Stella, lo que lo arrojó fuertemente contra el suelo y detuvo la lluvia de rocas.

–Stella –dijo Hyoga –pudiste liberarte de los escombros.

–No gracias a ti –respondió un poco molesta.

–Lo siento, Stella –respondió Hyoga –pero sabes que nuestra prioridad ahora es Ares y su ejército.

–Así que este es el nivel de los famosos invasores al santuario de Ares –se escuchó la voz de Ludwig –ya veo, no es de sorprenderse que el resto de ustedes hayan sido eliminados tan fácilmente.

–Deja de decir eso –gritó Stella furiosa – ¡SOLAR FLARE!

– ¿Acaso es posible ser tan estúpida? –Dijo Ludwig al tiempo que rechazaba el ataque de Stella con sus manos – ¿es que en verdad no entiendes que ese hechizo nunca va a funcionar conmigo?

El centinela repelió el ataque del hada con gran facilidad y posteriormente le encajó un potente golpe en el estómago, haciéndola escupir un chorro de sangre.

– ¡STELLA! –Gritó Hyoga preocupado – ¡DIAMOND...

–Ya se los dije –interrumpió Ludwig mientras sujetaba al caballero por el cuello –la armadura de Torre es la más resistente entre los centinelas, capaz de soportar temperaturas extremamente bajas y extremadamente altas, de hecho se dice que es capaz incluso de soportar la temperatura del núcleo del Sol. Es por eso que sus ataques mediocres no funcionan contra mí.

Tras esto, el centinela sujetó a ambos por la cabeza y luego hizo estrellar sus caras violentamente una contra otra. Luego, al caer al suelo, Ludwig empezó a pisotear salvajemente la cabeza de Hyoga, pero este pudo darse la vuelta y atacar al centinela. Sin embargo, los ataques de Hyoga volvieron a ser inútiles contra la armadura de Torre y Ludwig le metió una patada en el estómago, arrojándolo cerca de donde se encontraba Stella.

–Ya he sido demasiado piadoso con ustedes –dijo Ludwig –es momento de que se reúnan con sus amigos en el reino de Hades, ¡IVORY TOWER!

En ese momento, dos enormes estructuras de piedra con apariencia de tentáculos salieron del suelo y azotaron a Stella y Hyoga como si fueran látigos, ya que, a pesar de estar hechos de piedra, parecían ser muy flexibles y moverse con facilidad. Los dos jóvenes quedaron sepultados bajo los tentáculos de piedra hasta que estos se levantaron para atacar nuevamente, liberando a Hyoga y Stella. Esta vez los jóvenes lograron usar sus poderes para destruir los cúmulos de roca.

–Dices que tu armadura es capaz de resistir un frío extremo –dijo Hyoga mientras intentaba levantarse del suelo –y que es por eso que mi Polvo de Diamante no te afecta, ¿no es así?

–Así es, Hyoga –respondió el centinela.

–Pues deberías saber, Ludwig, que el Polvo de Diamantes no es mi única arma –dijo el caballero de Cisne mientras elevaba su cosmos y el aire a su alrededor se enfriaba – ¡AURORA THUNDER ATACK!

Esta vez el ataque de Hyoga embistió violentamente el cuerpo de Ludwig, haciéndolo impactar contra una columna y congelando gran parte de su armadura con una gruesa capa de hielo.

–Vámonos de aquí, Stella –dijo Hyoga –nos queda poco tiempo para llegar con Ares.

–Claro, espera un momento –dijo Stella, intentando ponerse de pie con un poco de dificultad y tosiendo unas cuantas gotas de sangre –esa cosa me rompió algunas costillas, espero que no me deje marcas permanentes.

Hyoga ayudó al hada a levantarse y se dispusieron a proseguir su camino por el santuario del dios de la guerra, cuando fueron interrumpidos por una voz.

–Deténganse –se escuchó la voz de Ludwig desde el fondo, quien parecía no tener un rasguño.

– ¡No puede ser! –Exclamó Stella sorprendida –sigues con vida.

–Hahahaha –rio el centinela –claro que sigo con vida, hada tonta. Ya se los había dicho, no hay forma en que un ataque basado en frío o calor me afecte.

–Veamos qué tan cierto es eso –respondió Hyoga con tono desafiante – ¡AURORA THUNDER ATACK!

Esta vez el caballero reunió todo su cosmos frío en su puño y corrió rápidamente hacia el centinela, pero este generó un remolino de rocas afiladas que lastimaba a Hyoga y no lo dejaba avanzar. Entonces, Stella voló rápidamente hasta Ludwig, aprovechando que este estaba ocupado con Hyoga.

– ¡SUN BEAM! –gritó el hada, mientras un intenso destello de luz era emitido por su cetro.

La luz emitida por el ataque de Stella cegó temporalmente a Ludwig, lo que aprovechó Hyoga para acercarse rápidamente a él y meterle un golpe en la cara con todo el cosmos del Rayo de Aurora concentrado en su puño. El golpe de Hyoga derribó el casco de Ludwig al suelo y congeló parte de su cara.

–Hijo de... –reclamó Ludwig molesto.

–Tal vez tu armadura sea en verdad indestructible, Ludwig –dijo Hyoga –pero tu cuerpo no lo es, así que mientras tu cara esté descubierta podemos herirte.

–Ni creas que te será tan fácil –respondió el centinela – ¡IVORY...

El ataque de Ludwig fue interrumpido por Stella, quien llegó rápidamente y le metió una fuerte patada en la boca, haciéndole escupir un chorro de sangre.

–No sean tontos –dijo Ludwig – ¿Es que no valoran sus vidas?

El centinela sujetó la pierna del hada y la azotó violentamente contra el suelo; luego, Hyoga intentó darle un golpe en la cara, pero este lo evadió fácilmente y le metió un fuerte puñetazo en el estómago. Entonces, sujetó al hada y al caballero por el cuello y destruyó un par de columnas de mármol con sus cuerpos. Los jóvenes intentaron contraatacar, pero Ludwig fue más rápido y de una patada estrelló salvajemente sus cuerpos contra La Atalaya, causando una gran fisura a causa del impacto.

Con un poco de esfuerzo, Stella consiguió levantarse del suelo y darle un puñetazo a Ludwig en la cara, pero este sujetó su brazo, la levantó por el aire, le dio tres golpes en el vientre, y finalmente le enterró los dedos en las costillas. El hada intentó darle un golpe con la otra mano, pero dos pesados pilares de piedra salieron de las paredes y le aplastaron salvajemente la muñeca con todo su peso antes de que su puño pudiera tocar la cara del centinela. La pobre chica no podía hacer nada más que gritar de dolor al ver la sangre escurriendo del interior de su brazalete.

–Vaya que tienes suerte, Stella –dijo Ludwig –de no ser por ese brazalete, ese golpe te hubiera arrancado por completo la mano. Ha, no importa, de todas formas te dislocó la muñeca y te destrozó todos los tendones y nervios, así que no podrás volver a mover esa mano nunca. Pero soy compasivo, así que terminaré con tu sufrimiento de una vez.

Ludwig se disponía a acabar con la vida del hada, pero en ese momento, Hyoga sujetó sus pies rápidamente y los congeló de tal manera que no pudiera despegarlos del suelo.

– ¿Qué demonios... –exclamó el centinela.

– ¡DIAMOND DUST! –gritó Hyoga mientras lanzaba su puño congelado contra la cara del centinela.

Tras esto, el caballero tiró una patada en la cara de Ludwig e intentó meterle un puñetazo, pero el centinela detuvo el golpe con su brazo.

– ¡SUFIECIENTE! –gritó Ludwig.

En ese momento, una gran cantidad de púas enormes salieron del suelo. Los jóvenes apenas y pudieron esquivarlas a tiempo, pero dos de ellas empezaron a agitarse como si fueran látigos y sujetaron uno de los pies de Stella y Hyoga, y azotaron sus cuerpos repetidamente contra el suelo. Los azotes eran tan violentos que con cada impacto una parte del suelo era destrozada, pero Hyoga pudo usar su Polvo de Diamante para congelar y romper las púas y liberarse a él y a Stella. Así, ambos cayeron al suelo, donde empezaron a crecer cuatro muros de piedra alrededor de ellos.

– ¿Qué demonios es esto? –preguntó Hyoga confundido.

–Les di la oportunidad de tener una muerte digna, Cisne –respondió Ludwig –pero la rechazaron, así que ahora quedaran encerrados dentro de una tumba de piedra hasta que se les acabe el oxígeno y mueran de asfixia. Lo más probable es que antes de morir enloquezcan por la falta de espacio y oxígeno y se maten entre ustedes, sería algo entretenido, es una pena que no estaré ahí para verlo.

Stella y Hyoga observaban como la voz de Ludwig se ahogaba conforme los muros alrededor de ellos se cerraban, hasta que finalmente se sellaron por completo, dejándolos en total silencio y oscuridad.

– ¡LUMINAIRE! –Exclamó Stella en el interior de la cripta para generar una esfera de luz para iluminar el lugar – ¿y ahora qué?

–Tenemos que salir de aquí –respondió Hyoga –no debería ser un gran problema, cuando estaba en Siberia una vez rompí una inmensa capa de hielo que cubría el océano para nadar al fondo y rescatar el cadáver de mi madre.

El caballero de Cisne golpeó uno de los muros con toda su fuerza, pero lo único que consiguió fue lastimarse la mano.

– ¡Hyoga! –Exclamó Stella – ¿estás bien?

–No lo entiendo, ¿por qué no puedo romper el muro? –Cuestionó Hyoga confundido –ya veo, la densidad de estas paredes es mucho mayor que la del hielo de Siberia, además Ludwig puede controlarla y hacerla más y más densa y dura, tal vez no haya forma de salir de aquí.

–No digas tonterías, tiene que haber una forma ¡SOLAR FLARE!

El ataque del hada tampoco tuvo ningún efecto en el muro, así que ambos continuaron lanzando sus diferentes ataques durante varios minutos, pero nada parecía tener ningún resultado.

–Es imposible –dijo Hyoga exhausto –parece que nunca podremos salir de aquí.

– ¿En verdad moriremos encerrados en este lugar? –Dijo Stella jadeante –se me está empezando a acabar el aire y me estoy empezando a quedar sin energía, apenas y me queda suficiente para mantener esta luz encendida.

–Resiste, Stella, necesitamos esa luz para poder ver lo que estamos haciendo y qué está pasando aquí adentro.

–Lo sé, además odio la oscuridad... aunque, ¿sabes? No me molestaría quedarme a solas y a oscuras contigo –dijo el hada en tono de broma, intentando animar al santo –suena un poco tentador, ¿no crees?

– ¿¡Qué demonios está mal contigo!? –Gritó el caballero de Athena molesto –nuestra vida y el destino de la Tierra dependen de que terminemos este maldito laberinto y tú no has dejado de decir tonterías desde que salimos del santuario de Athena. ¿Si no te importa esta misión entonces para qué demonios viniste en primer lugar?

–No soy tonta, Hyoga, sé que no te agrado, ni siquiera te molestaste en ayudarme cuando el ataque de Ludwig me derribó.

–Sabes que lo más importante ahora es derrotar a Ludwig, sin importar el costo.

– ¿Y qué hay de la vida de tus amigos?

–Ni siquiera eso, además ni siquiera somos amigos.

–Entiendo –respondió el hada con voz cortada –entonces con más razón hay que salir de aquí para derrotar a Ludwig y que al fin puedas deshacerte de mí.

–Stella, yo... sabes que no quise decir eso –dijo Hyoga al darse cuenta que había herido a Stella –es solo que, desde que Ludwig dijo que nuestros amigos habían sido asesinados no he podido pensar en otra cosa ¿qué tal si es cierto? Toda la responsabilidad de vencer a Ares y proteger a la Tierra caería sobre nosotros dos.

–Sí, sí quisiste decir eso, apuesto que hubieras preferido tener en tu equipo a alguno de tus amigos, o incluso a alguna de mis amigas en vez de a mí. Pero entiendo lo que dices, tan solo de pensar que Bloom y las demás están muertas y ni siquiera tener tiempo para sufrir su pérdida me hace perder la concentración, es por eso que a veces digo tonterías y demás, es como una forma de lidiar con el estrés.

–Te entiendo. Mi maestro Camus me sugirió no dejarme llevar por mis emociones, pero a veces simplemente no puedo evitarlo, sobre todo cuando se trata de mi madre o de mis amigos. La verdad es que ser un caballero de Athena es mucho más difícil de lo que parece, he visto morir amigos y maestros, algunas veces incluso por mis propias manos, es por eso que no debo dejar que mis emociones me controlen.

–Debe ser horrible.

–Lo es.

–Lamento haber sido tan inmadura antes.

–Lamento haberte abandonado, aunque solo te lastimaste un ala, ¿no es así?

–Sí, pero las alas son la parte más sensible del cuerpo de un hada, de hecho puedes hacer maravillas con ellas si sabes cómo estimularlas correctamente, pero Brandon no es muy bueno en eso –dijo el hada con tono insinuante.

–Cómo sea –dijo Hyoga, intentando cambiar de tema con la cara sonrojada –tenemos que salir de esta cueva rápido, el aire está por acabarse y además probablemente seamos los únicos que podamos vencer a Ares.

–O tal vez no, tal vez Ludwig nos mintió y nuestros amigos siguen con vida.

–Tal vez, pero eso nunca lo sabremos, a menos que derrotemos a Ludwig y los encontremos en el laberinto.

–No necesariamente, ¿recuerdas lo que dijo Ludwig, sobre la Atalaya?

–Tienes razón, él dijo que podía ver y escuchar todo en el santuario de Ares desde la Atalaya, así que si logramos subir a la cima tal vez podamos averiguar si Seiya y los demás siguen con vida.

–Lamentablemente nunca lograremos salir de aquí para averiguarlo.

–Sí lo lograremos, pero tenemos que trabajar juntos.

El caballero de Cisne reunió una gran cantidad de cosmos en su cuerpo y se puso en posición de ataque, al mismo tiempo que Stella aumentaba su energía mágica.

–Cuando salgamos de aquí yo distraeré a Ludwig y tú volarás hasta la cima de la Atalaya –dijo Hyoga – ¿estás en condiciones de volar?

–No tan rápido como lo estaría con mis alas completas, pero no habrá ningún problema.

–Bien, entonces hagámoslo. ¡AURORA THUNDER ATACK!

El ataque de Hyoga impactó contra uno de los muros, congelándolo y causando una pequeña resquebrajadura.

– ¡SOLAR WIND!

La ráfaga de energía solar de Stella penetró la grieta y destruyó por completo el muro.

– ¿Qué demonios fue eso? –Exclamó Ludwig sorprendido al escuchar el sonido de sus muros de piedra derrumbarse.

El centinela se aproximó al lugar donde se encontraba la prisión de piedra para descubrir que esta había sido destruida desde el interior.

– ¡Maldición! –Exclamó Ludwig –ustedes dos ya deberían haber muerto por falta de oxígeno

–Te dije que hablar con las piedras no nos detendría –dijo Stella – ¡SUN SHOWER!

El hada emitió de su cetro una potente ráfaga de energía, Ludwig cruzó sus brazos para cubrirse del ataque de Stella y la ráfaga rebotó en todas direcciones, destruyendo y quemando una gran parte del lugar.

– ¡Demonios! no pensé que esa hada tuviera un poder destructivo tan grande –murmuró Ludwig.

Hyoga aprovechó que Ludwig estaba distraído para atacar, pero el centinela lo esquivó rápidamente y le metió un rodillazo en el estómago, elevando al caballero por los aires. Luego saltó hasta donde se encontraba Hyoga y le dio un codazo en la espalda, azotándolo violentamente contra el suelo. Hyoga lanzó su ataque nuevamente contra Ludwig, pero el resultado fue el mismo.

–Por favor, Hyoga, ten un poco de dignidad –dijo Ludwig, mientras se hacía a un lado para evitar el Polvo de Diamante –con esa técnica no lograrás hacerme un rasguño.

– ¿Quieres apostar? –respondió el caballero.

– ¿Es broma? –Respondió Ludwig –tu Polvo de Diamante ni siquiera está tocándome.

–Tal vez no eras su objetivo –objetó Hyoga.

Ludwig se dio la vuelta y observó como el Polvo de Diamante de Hyoga había congelado la parte inferior de una de las columnas. El hielo empezó a resquebrajarse, y con él, la estructura de piedra de la columna congelada empezó a romperse hasta que finalmente se partió y calló sobre Ludwig. El impacto destrozó la columna y los escombros volaron por todas partes, así que Hyoga tuvo que escapar rápidamente para no ser lapidado por la avalancha de rocas igual que Ludwig.

Después de unos minutos, el caballero se acercó al lugar donde la columna había sepultado al soldado de Ares, pero no pudo percibir nada.

–Parece que en verdad está muerto –murmuró Hyoga –eso quiere decir que en cuanto Stella baje de la Atalaya podremos irnos, solo hace falta que...

Las palabras de Hyoga fueron interrumpidas por largas rocas afiladas que salieron del suelo y lo lastimaron gravemente.

–Maldición –dijo Hyoga –no debí haberlo subestimado.

–Así es, Hyoga –dijo Ludwig, mientras salía lentamente y malherido de entre los escombros e intentaba ponerse de pie –aunque debo admitir que eso fue bastante astuto, ahora sé que debo tomarte en serio ¡CRIMSON STORM!

Una oleada de rayos de energía color rojo salieron de la nada y atacaron salvajemente a Hyoga hasta que cayó herido al suelo.

–Levántate, Hyoga –dijo Ludwig –sé que puedes resistir más que eso ¡IVORY TOWER!

Una enorme mano de piedra salió del suelo y sujetó a Hyoga, presionando fuertemente su cuerpo, pero el caballero de Athena enfrío su cosmos hasta que pudo congelar y destrozar la mano de roca.

–Tus construcciones de piedra ya no me impresionan, Ludwig –dijo Hyoga – ¡AURORA THUNDER ATTACK!

– ¡CRIMSON STORM! –gritó a su vez Ludwig.

Los dos ataques impactaron entre sí y se mantuvieron casi al mismo nivel por un tiempo, pero de pronto, dos réplicas de piedra de Ludwig aparecieron detrás de Hyoga y lo golpearon fuertemente en el vientre, haciendo que el santo perdiera la concentración y recibiera los dos ataques juntos. Una vez que el caballero cayó al suelo, los clones de piedra de Ludwig empezaron a atacarlo a patadas, pero Hyoga se deshizo de ellos con un puñetazo y una patada.

– ¿Es todo lo que tienes, Ludwig? –Dijo Hyoga mientras se levantaba del suelo – ¿trampas y trucos sucios? Necesitarás más que eso si quieres derrotar a un santo de Athena.

–No me hagas reír, Cygnus –respondió Lugwig –tan solo mírate, estás acabado. No hay forma en que ustedes dos...

Ludwig dejó de hablar, como si se hubiera dado cuenta de algo importante.

– ¿"Ustedes dos"? –Repitió el centinela para sí mismo –hay algo extraño aquí. Dime, Cygnus, ¿dónde está esa insoportable hada, acaso te ha abandonado?

Maldición, ya se dio cuenta pensó Hyoga –ella está fuera de tu alance, ni siquiera te molestes en buscarla.

–No seas insolente, santo miserable, deja de... –en ese momento, Ludwig alzó su vista y vio a Stella volando a lo largo de La Atalaya – ¡Esa maldita hada profana! ¡CRIMSON STORM!

Esta vez el centinela dirigió su cosmos contra Stella, pero Hyoga fue más rápido y pudo interponerse en su camino, recibiendo el ataque con su cuerpo para proteger al hada.

–No te metas, Hyoga –dijo Ludwig – ¡IVORY TOWER!

Cerca de quince réplicas de piedra de Ludwig salieron del suelo y empezaron a atacar a Hyoga. El santo de Athena logró destruir algunas, pero cada vez aparecían más, algunas de gran tamaño, alcanzando alturas de cerca de tres metros.

Vamos, Stella pensó Hyoga te falta poco para llegar a la cima, date prisa

– ¡CRIMSON STORM!

Ludwig volvió a lanzar su ataque contra Stella y esta vez Hyoga no pudo hacer nada para protegerla, así que los rayos de energía alcanzaron al hada y la derribaron. Mientras caía, Stella abrió sus alas para mantenerse en el aire, pero fue interceptada por un segundo ataque.

– ¡IVORY TOWER! –exclamó el centinela.

Una lluvia de pequeñas piedras afiladas dirigiéndose a la cima de la Atalaya a gran velocidad embistió salvajemente a Stella, lastimando gravemente su espalda y sus alas, haciéndola incapaz de volar y derribándola de las alturas. Pero mientras caía, Stella alcanzó a agarrarse de una pequeña ventana y a escabullirse al interior de la torre, en donde encontró una inmensa escalera.

– ¡Demonios! –Se quejó –odio las escaleras. Se supone que ese sujeto trabaja para un dios ¿no puede pedir un aumento y comprar un ascensor para su maldita torre?

–Maldita hada miserable –protestó Ludwig – ¿cómo te atreves a entrar ahí? Lo único que puedo hacer ahora es reducir el espacio en el interior de la torre hasta aplastar a la maldita hada ¡IVORY TOWER!

El interior de la torre empezó a comprimirse, reduciendo el espacio disponible y sofocando lentamente a Stella.

– ¡AURORA THUNDER ATACK! –exclamó Hyoga.

El caballero de Cisne lanzó su puño congelado para destruir a los clones de piedra de Ludwig y posteriormente lo encajó en la cara del centinela de Torre, lastimándole seriamente la mandíbula.

–No olvides que tu oponente soy yo, Ludwig –dijo Hyoga –y aún no has terminado conmigo, así que deja a en paz Stella y pelea.

–Así que quieres morir antes que tu amiga –respondió Ludwig –como quieras. Entonces me encargaré de ella después de... ¿qué demonios... –exclamó sorprendido al ver a Hyoga.

Mientras tanto, Stella se encontraba cada vez más cerca de la cima de la Atalaya y las paredes habían dejado de cerrarse, ya que Ludwig estaba ocupado con Hyoga.

–Maldición –se quejó el hada – ¿por qué de repente empezó a hacer tanto frío? ¿Acaso será la altura? No, no lo creo, es demasiado repentino para ser la altura, ¿Acaso será...? No, no es posible, él está casi dos kilómetros más abajo, no puede ser él, ¿o sí?

Stella se asomó por una de las ventanas y no pudo ver nada debido a la altura, excepto por un brillante resplandor dorado, lo que la dejó confundida.

– ¿Qué demonios está pasando? –Exclamó Ludwig, sorprendido – ¿por qué tu armadura se volvió dorada?

–Es porque la armadura de Cisne fue vuelta a la vida gracias a la sangre de los caballeros dorados –respondió Hyoga –así que cuando mi cosmos se eleva al máximo, mi armadura y yo nos volvemos tan poderosos como uno de ellos.

–Así que es eso –respondió Ludwig, elevando su cosmos –gran cosa, ¡CRIMSON...

–Te enseñaré el verdadero poder de un caballero de Athena, Ludwig –respondió Hyoga, colocándose con las piernas ligeramente abiertas y con los brazos arriba de la cabeza, sujetando sus manos una con la otra – ¡el poder del séptimo sentido! ¡AURORA...

–... STORM!

–... EXECUTION!

Ludwig lanzó sus rayos de energía, pero estos fueron congelados por la ráfaga de aire helado expulsada por Hyoga.

– ¡No! –Exclamó Ludwig con una expresión llena de sorpresa y miedo en la cara –eso... eso no es posible...

–Deberías saberlo, Ludwig –respondió el caballero mientras lanzaba su ataque –no puedes usar el mismo ataque dos veces conmigo.

El centinela de Ares fue embestido violentamente por la Ejecución de Aurora de Hyoga, arrojándolo varios metros en el aire hasta que fue detenido por el techo del santuario, donde su cuerpo quedó incrustado por unos segundos antes de caer bruscamente al suelo.

Mientras tanto, Stella acababa de llegar a la cima de la Atalaya.

– ¡Wow!, qué buen tiro, Hyoga –murmuró Stella al ver el final de la pelea de Hyoga y Ludwig –concéntrate, Stella, tienes que ver si Bloom y los demás siguen con vida.

–Esa voz... –dijo Hyoga desde el suelo – ¿acaso...? ¿Stella?

– ¿Hyoga? –Exclamó Stella sorprendida – ¿dónde estás? Espera, Ludwig tenía razón. No sé cómo demonios está construida esta cosa, pero puedes escuchar todo desde aquí arriba. Puedo escucharte como si estuvieras frente a mí.

–Stella, date prisa en averiguar eso para irnos de aquí de una vez.

–Claro –respondió el hada.

Stella exploró la amplia azotea de la Atalaya en busca de una manera de ver claramente hacia abajo. El lugar era una extensa terraza con jardines, fuentes, columnas e incluso otras torres más pequeñas de unos cuantos metros de altura. El hada continuó recorriendo el lugar hasta que encontró un gran salón.

Stella entró a ese salón y se dio cuenta de que estaba lleno de libros e instrumentos que no entendía, hasta que se acercó a una de las ventanas y se dio cuenta de que en ella había varios tipos de lentes diferentes. El hada se asomó a uno de ellos y se dio cuenta de que podía ver lo que sucedía en lugares específicos del santuario, así que probó varios hasta que finalmente logró localizar a sus amigos. Así, el hada salió del cuarto y se dirigió a la orilla de la terraza.

– ¡Hyoga! –Gritó emocionada el hada –pude ver a nuestros amigos, Ludwig mintió, ellos siguen con vida.

– ¡Eso es genial! –Exclamó Hyoga animado –ahora baja para irnos de este lugar.

–Está bien, pero hay algo más, te lo diré cuando baje, esta altura me hace sentir un poco mareada... ¡oh! espera un momento, casi olvido algo.

En ese momento todo el laberinto se oscureció por completo por una centésima de segundo y luego volvió a la normalidad.

– ¿Qué fue eso? –exclamó Hyoga sorprendido.

–No te preocupes –respondió Stella –tan solo me he robado un poco de luz.

– ¿Te robaste la luz? ¿De qué hablas?

–Te lo explicaré cuando baje.

El hada bajó lo más rápido que pudo de la Atalaya y una vez abajo le contó a Hyoga que había visto a sus amigos con vida recorriendo el laberinto.

–Espera un momento –dijo Hyoga –dijiste que había algo más, ¿no es así? Además, ¿qué es eso de "robar luz"?

–Tienes razón –respondió Stella –olvidaba eso. Por cierto, buen ataque el que usaste contra Ludwig, todo el lugar quedó congelado, además tu armadura se volvió dorada por un momento.

–Lo sé, fue impresionante, ¿no es así? –se escuchó una voz detrás de ellos.

Se trataba de Ludwig, quien se encontraba sumamente herido a causa del ataque de Hyoga, su cuerpo y su armadura se encontraban cubiertos con escarcha y apenas podía moverse.

–Tiene que ser una broma –exclamó Stella sorprendida – ¿tú otra vez? ¿Acaso eres inmortal?

–Nada de eso –respondió Ludwig –la armadura de Torre me protegió del ataque de Hyoga, ¿no es genial? Hasta ahora solo había escuchado decir que la armadura de Torre era capaz de resistir el cero absoluto, pero esta es la primera vez que tengo la oportunidad de comprobarlo por mí mismo. Pero debo admitir, Hyoga, que tu ataque fue ciertamente majestuoso; de no haber sido por mi armadura seguramente hubiera muerto. Eres el primero que ha logrado herirme de esta manera, y eso es algo por lo que tendrás que pagar ¡CRIMSON STORM!

Ludwig lanzó su ráfaga de haces de luz contra Hyoga, pero este pudo esquivarlo fácilmente.

–Ya te lo dije–dijo Hyoga –tus ataques no funcionarán dos veces contra mí ¡AURORA THUNDER ATACK!

– ¿Estás seguro? –Respondió Ludwig mientras esquivaba el ataque de Hyoga – ¡IVORY TOWER!

Dos clones de piedra de Ludwig salieron de la tierra y sujetaron a Hyoga para que no pudiera moverse, entonces Ludwig se acercó a él y empezó a castigarlo violentamente.

– ¡SOLAR WIND! –exclamó Stella desde la parte de atrás, mientras lanzaba su ráfaga de energía contra Ludwig.

–No te metas, Stella –dijo Ludwig mientras creaba una gran mano de piedra que salió del suelo para capturar al hada –esto es entre Cygnus y yo.

–No es así, Ludwig –respondió Stella –a mí también me mentiste, ¿lo olvidas? Me hiciste creer que mis amigos y amigas habían muerto.

–Hahaha –rio Ludwig –así que es eso. Te diré algo, Stella, las demás hadas y caballeros de Athena ciertamente siguen con vida, pero eso no hace ninguna diferencia, y no solo porque ellos no representan ninguna amenaza para el señor Ares, sino porque nunca serán capaces de encontrar la salida del laberinto.

– ¿Y tú qué sabes? –replicó el hada.

–Demasiado –respondió el centinela de Ares – ¿o es que acaso no recuerdas lo que te dije? Puedo controlar cada mineral en este lugar, sin importar que tan pequeño o qué tan grande sea.

– ¿Qué insinúas, Ludwig? – protestó Hyoga.

–Quiero decir que desde que me enteré que alguien había irrumpido en el santuario de Ares he estado manipulando los pasillos y corredores del laberinto a mi voluntad, es decir que el camino ha estado cambiando todo este tiempo, así que sus amigos prácticamente solo han estado caminando en círculos–respondió Ludwig.

Esto despertó la ira de Hyoga y Stella, quienes usaron sus poderes para liberarse de su respectiva prisión e intentar atacar a Ludwig, aunque sin éxito, hasta que Stella logró golpearlo con uno de sus ataques.

–Creí haberte dicho que no te metieras –exclamó el centinela, molesto.

Utilizando su cosmos, Ludwig hizo a una piedra pequeña salir disparada con la fuerza de una bala, perforando la rodilla de Stella, dejándola tirada en el suelo gritando de dolor.

– ¡STELLA! –Exclamó Hyoga –maldito infeliz, ¡AURORA THUNDER...

Ludwig le metió un golpe en vientre a Hyoga antes de que pudiera terminar su ataque.

–Ahora podemos continuar con lo nuestro sin interrupciones –dijo Ludwig mientras ponía su mano abierta en la cara del santo, concentrando su cosmos color rojo en su ataque –¡CRIMSON...

Hyoga pudo alcanzar a meterle una patada en la cara a Ludwig, pero fue alcanzado por su ataque de todas formas y terminó estrellándose contra uno de los muros del santuario. Antes de poder levantarse, del muro salieron unos apéndices de piedra que sujetaron sus muñecas, como si se trataran de grilletes.

–Ya estarás feliz, ¿no, Hyoga? –Dijo Ludwig mientras se acercaba al santo, con un pedazo de roca en la mano, el cual modificó con su cosmos para darle una forma alargada y puntiaguda – ¿acaso no era esto lo que querías, morir antes que tu amiga?

Ludwig se disponía a clavar su lanza de roca en el corazón de Hyoga, pero fue alcanzado por una ráfaga de energía solar que destruyó su arma y lastimó parte de su mano.

–Ya te lo dije, Ludwig –dijo Stella, quien se encontraba a un lado de él –esta pelea es mía tanto como de Hoyga.

–No entiendo por qué están todos tan ansiosos por morir –dijo Ludwig con un tono arrogante –supongo que saben que lo que les espera si sobreviven es peor que la muerte.

Stella lanzó una poderosa ráfaga de energía contra Ludwig, pero este pudo desplazarse a través de ella sin mayor problema y clavarle un fuerte golpe al hada en su pecho izquierdo, haciéndola escupir un gran chorro de sangre y dejarla sangrando por la boca por un tiempo.

–Tal vez no parezca la gran cosa –dijo Ludwig –pero ese golpe no solo te destrozó todas las costillas del lado izquierdo, también te desgarró el pulmón y deformó tu corazón, así que no bombeará sangre a tu cuerpo de manera regular y morirás en poco tiempo.

– ¡No, Stella! –Gritó Hyoga – ¡maldito seas, Ludwig!

– ¡Silencio, Hyoga! –exclamó Ludwig.

El caballero consiguió romper uno de los grilletes que lo sujetaban, pero antes de que pudiera romper el otro, este jaló al santo hacia el muro, donde su cuerpo empezó a hundirse hasta que solo su cara quedó descubierta.

–Soy generoso, así que dejaré tu cara descubierta para que puedas despedirte de ella –dijo Ludwig –por cierto, ni siquiera intentes escaparte de ahí, puedo controlar la estructura molecular de la pared para que te sea imposible romperla.

– ¿Igual que la otra prisión supuestamente indestructible? –respondió Hyoga, desafiante.

–Así es –respondió Ludwig –y si no me equivoco no fuiste capaz de destruirla por ti mismo. Y tú –dijo volteando a ver a Stella, quien seguía tirada en el piso haciendo un gran esfuerzo por contener sus lágrimas – ¿así es como piensas derrotarme? tan solo mírate, me das pena, llorando en pleno campo de batalla. Dime algo, Stella, ¿qué es lo que estás haciendo aquí exactamente? Tú no sabes lo que es el dolor o el sufrimiento, eres una niña rica y tonta, no estás hecha para esta clase de vida; así que te propongo un trato, me daré la vuelta y tú te marcharás de aquí. Si quieres irte a tu casa o continuar recorriendo el laberinto sin ninguna oportunidad de sobrevivir a lo que vendrá después, es tu decisión.

Ludwig le dio la espalda al hada por unos segundos y posteriormente volvió a voltear.

–Justo como pensé –murmuró Ludwig al ver que el hada ya no estaba –ahora, Hyoga, ¿qué te parece si continuamos con...

El centinela fue interrumpido por una poderosa explosión en su espalda que lo dejó aturdido por unos segundos. Cuando se dio la vuelta se encontró con que había sido Stella, quien seguía allí a pesar de la propuesta de Ludwig.

– ¿En verdad estás tan desesperada por probarte a ti misma que desperdiciaste tu única oportunidad de sobrevivir? –dijo Ludwig.

–No es eso –respondió el hada –es solo que, contrario a la idea que tienes de mí, no podría estar descansando tranquilamente en mi casa sabiendo que dos planetas, uno de los cuales considero mi segundo hogar, serán destruidos mientras yo puedo hacer algo para impedirlo, sobre todo si mis amigos están arriesgando sus vidas para conseguirlo.

–Ha –rio Ludwig –qué ingenua, crees que puedes hacer algo para impedirlo. Pero tengo que admitir que casi estoy empezando a respetarte por haberte quedado, así que te daré una muerte digna ¡CRIMSON STORM!

– ¡SUN BOLT! –Exclamó Stella, lanzando una oleada de rayos de luz dorada que colisionó con el ataque del centinela –vamos, Ludwig, ¿es que ya no tienes más ataques? ¿Entonces qué más tienes, claro, además de trampas y mentiras?

–Ya te lo dije –respondió Ludwig –vivos o muertos, tus amigos no hacen ninguna diferencia.

–No me refiero solo a eso –interrumpió el hada –también nos mentiste diciéndonos que había solo tres centinelas supremos.

– ¿De qué demonios hablas? –preguntó el centinela sorprendido.

–Cuando subí a la Atalaya vi los cadáveres de los otros dos centinelas supremos –respondió Stella –pero también vi a otros dos sujetos, parecían muy poderosos, aún más que tú.

–No digas tonterías –respondió Ludwig, aún confundido por las palabras de Stella –Equus, el señor Machiavelle y yo somos los únicos centinelas supremos. No hay nadie más en el santuario además de nosotros tres, el señor Ares y el ejército de peones.

El centinela le dio un fuerte golpe en el vientre a Stella, luego sujetó su mano herida y empezó a torcerla cruelmente.

–Olvidas que yo aún tengo dos manos –dijo Ludwig, castigando cada vez más la mano del hada –debiste haberte ido cuando tuviste la oportunidad.

–Es verdad, no tengo mis dos manos –dijo Stella, mientras sujetaba su cetro con la otra mano –pero tengo esto.

En un rápido movimiento, el hada cortó violentamente la cara de Ludwig con su cetro, dejándole una profunda herida que iba de una sien a otra, pasando por ambos ojos, cegando al centinela de forma permanente.

– ¡AAAAGH! –Gritaba de dolor el centinela mientras se cubría la herida con la mano – ¡maldita hada miserable!

–No tengo mis dos manos, pero al menos tengo mis dos ojos –Dijo el hada con tono burlón –sin ofender, Hyoga.

–No te preocupes –dijo el caballero –ese fue un gran golpe, tal vez sí puedas ganarle después de todo. Si lo haces, el laberinto dejará de cambiar y podremos llegar con Ares.

–Tienes razón –respondió el hada –y además podrás liberarte de la prisión de roca.

–No creas que será tan fácil, maldita hada –dijo Ludwig, lleno de ira y odio – ¡IVORY TOWER!

Entonces, del suelo salió un gran látigo de roca. Stella intentó huir, pero sus alas aún estaban lastimadas y su herida en la rodilla le impedía caminar bien, así que el látigo la azotó con todo su peso repetidas veces. Tras esto, el centinela empezó a golpearla violentamente, pero ella logró escapar y sujetarlo por la espalda.

–Dime, Ludwig –dijo Stella – ¿qué tanto confías en la resistencia de tu armadura?

– ¿Es en serio? –Respondió el centinela – ¿es que no la viste salir ilesa después de haber sido expuesta al cero absoluto?

– ¿Sabes? –Respondió el hada mientras aumentaba su temperatura –la ventaja de las temperaturas altas es que, a diferencia de las bajas, no tienen un límite y puedes aumentarla indefinidamente.

–Así es –respondió Ludwig –la temperatura no tiene un límite superior, pero tu cuerpo sí lo tiene, y también tu energía.

–Y también tu armadura –señaló Stella –nos dijiste que la armadura de Torre era capaz de resistir las llamas del Sol, pero dime, ¿en verdad crees que pueda soportar la intensidad de los dos soles de Solaria haciendo explosión?

–Solo dices patrañas –exclamó Ludwig –no hay forma en que tú puedas alcanzar ese poder destructivo.

–Te olvidas de algo–respondió el hada –soy la heredera de la familia real de Solaria, toda la energía que corre por mi cuerpo proviene de los soles de Solaria.

En ese momento, la temperatura de Stella aumentó tanto que ella y Ludwig fueron bañados por una intensa columna de energía color dorado que emitía un calor similar al de la superficie del sol.

–Entonces eres más estúpida de lo que creí –dijo Ludwig – ¿es que no te das cuenta de que si alcanzas esa temperatura estarás drenando toda tu energía vital? Morirás antes de que puedas alcanzar ese poder destructivo.

–De todas formas el golpe que me diste anteriormente deformó mi corazón y moriré en unos minutos –respondió Stella –así mi muerte al menos servirá de algo.

– ¡No lo hagas, Stella, detente! –exclamó Hyoga, quien aún se encontraba sumergido en una de las paredes.

El calor irradiado por Stella y la falta de concentración de Ludwig hicieron que la prisión de piedra en la que se encontraba Hyoga se debilitara, así que el caballero pudo romper la pared sin ningún problema. Hyoga se dirigió rápidamente hacia donde se encontraba Stella para hacerla entrar en razón, pero no pudo atravesar la barrera de energía, ya que la temperatura era demasiado alta y cada vez aumentaba más y más rápido hasta alcanzar la temperatura del sol.

– ¡Suéltame, maldita hada! –Exclamó Ludwig – ¿qué no lo entiendes? Si no me sueltas ambos moriremos, muy probablemente tú primero ¡IVORY TOWER!

El centinela intentó atacar a Stella, pero las piedras con las que atacaba se derretían antes de poder hacerle daño al hada, así que empezó a atacarla con codazos en el vientre y el pecho, pero Stella resistió sus golpes y no lo soltó.

Después de un tiempo, la temperatura alcanzó a la de un sol y medio de Solaria, pero la armadura de Torre seguía sin ningún daño, así que Stella expulsó violentamente la energía que quedaba en su cuerpo, aumentando drásticamente la temperatura.

– ¡No puede ser! –Exclamó Ludwig –la temperatura ha alcanzado los 1.8 soles. Pero no importa, no hay forma de que pueda dañar mi ar... –El centinela fue interrumpido por un extraño crujido – ¿qué... qué demonios fue eso?

–Fue tu armadura, Ludwig –dijo Stella –tu armadura ya ha empezado a romperse.

–No, eso… eso no es posible –dijo Ludwig –estás mintiendo.

Entonces, cada vez más grietas empezaron a aparecer en la armadura de Torre. Sin embargo, tras un tiempo, la temperatura empezó a subir muy lentamente hasta que finalmente se estabilizó. Inmediatamente después, Stella perdió su transformación y cayó rendida al suelo.

– ¡No, Stella! –exclamó Hyoga mientras corría a ver al hada, ya que la barrera de calor había desaparecido.

El caballero sujetó suavemente al hada entre sus brazos. A pesar de haber estado expuesta a la gran temperatura que había expulsado, el cuerpo de Stella se sentía frío y rígido, y su piel era pálida, como un cadáver.

–No te preocupes, Stella, vas a estar bien –dijo Hyoga, intentando hacerla sentir mejor.

–Perdón, Hyoga –dijo el hada con voz tenue y temblorosa –no pude vencerlo, parece que su armadura sí es indestructible después de todo.

–No digas eso, Stella –respondió el santo –demostraste tener más valor y determinación de lo que todos aquí pensamos.

– ¡Hahaha! –Rio Ludwig con un tono altanero y sorprendido a la vez – ¿puedes creerlo? Recibí el frío congelante del cero absoluto y el poder de los dos soles de Solaria, y nada pudo destruir mi armadura. Aun así esta hada se atrevió a agrietarla, pero eso no importa, ya que dentro de poco estará pagando por su crimen en el infierno.

Tras esto, el centinela de Torre le dio una patada al cuerpo agonizante de Stella que la arrojó lejos de él. Preocupado, Hyoga corrió adonde había caído el cuerpo de su amiga.

–No te preocupes por ella –dijo Ludwig –en un momento te mataré a ti también y los dos podrán encontrarse en el infierno.

–Por si no te has dado cuenta, Stella ya se encargó de derrotarte –respondió el caballero del frío.

– ¿De qué hablas? –Preguntó confundido Ludwig –ella está por allá tirada a punto de morir, mientras yo estoy aquí aún en condiciones de pelear.

–Veo que aún no lo entiendes –dijo Hyoga –entones te lo mostraré.

El caballero de Cisne reunió una gran cantidad de cosmos congelado en su cuerpo, pero esta vez se encontraba lleno de ira, odio y tristeza.

–Conozco esa cosmo-energía –comentó Ludwug –pero ya deberías saber que ese ataque no va a funcionarte conmigo ¡CRIMSON STORM!

– ¡AURORA EXCECUTION! –contraatacó Hyoga.

El aire congelante de Hyoga disipó fácilmente el ataque del centinela y posteriormente lo embistió violentamente, destrozando su armadura y congelando su cuerpo. Tras esto, el centinela cayó bruscamente al suelo.

–No… no lo entiendo –dijo Ludwig, casi agonizando –ese ataque no te funcionó la última vez, ¿cómo es que...

–Ya te lo dije, Stella ya se había encargado de derrotarte–respondió Hyoga – Déjame explicarte. Tu armadura es capaz de resistir el frío congelante del cero absoluto, así como el calor de los dos soles de Solaria. Pero no hay forma en que pueda soportar un cambio de temperatura tan brusco y repentino de más de once millones y medio de grados centígrados.

–No… no puedo creer... que la armadura de Torre haya sido destruida –dijo Ludwig con sus últimas palabras antes de caer sin vida.

–Lo lograste –dijo Stella con voz débil, quien se encontraba agonizante tirada en el suelo –venciste a Ludwig.

–No, Stella –respondió Hyoga acercándose a ella –lo logramos. Pero no hables ni gastes energía, tienes que recuperarte antes de llegar con Ares.

–Por favor, Hyoga, ambos sabemos que no sobreviviré. Ten, quiero que tengas esto –dijo el hada mientras arrancaba un pedazo de su falda.

– ¿Qué estás haciendo?

–Es la luz que robé cuando estaba en la cima de la Atalaya.

–Eso no importa ahora, mejor guarda esa energía para recuperarte pronto.

–Sí importa –respondió Stella mientras transmitía la luz de su mano al trozo de su falda que había arrancado. Al terminar, le dio el pedazo de tela al caballero.

–Esto es… es un mapa del laberinto del santuario –exclamó Hyoga sorprendido –ya veo, desde la Atalaya pudiste ver el laberinto completo, así que decidiste capturar la luz y transferirla a este pedazo de tela, como si fuera una fotografía ¡Eso fue brillante de tu parte!

–Hyoga, por favor, ten cuidado en tu recorrido por el laberinto, los tres centinelas supremos no son los únicos por los que debes preocuparte, hay más... cough cough… hay… –la chica fue interrumpida por una breve tos de sangre, tras la cual cayó inconsciente.

Después de secar sus lágrimas, el caballero recogió al hada en sus brazos y continuó su camino por el laberinto, esta vez guiado por el mapa que le entregó Stella.


Nota: Me he dado cuenta que en ocasiones abuso un poco con las descripciones de los personajes, así que a partir de ahora, en vez de dar largas descripciones, adjuntaré imágenes de los personajes relevantes para la historia (a excepción, obviamente, de los protagonistas, ya que estos existen en su propio universo y son conocidos), así que empiezo subiendo a mi perfil imágenes de los que han aparecido hasta ahora. Aviso que no soy un gran dibujante, pero espero que los dibujos den una idea de cómo imaginé a los personajes.

Nota 2: El siguiente capítulo será publicado entre el 3 y el 10 de Octubre.