Capítulo 10: Las alas ardientes del Fénix
==Mansión de Ares, Monte Olimpo==
Deimos estaba a punto de matar a Shun y Musa con una de las púas de su armadura, pero fue detenido por una pequeña pluma metálica, la cual había sido lanzada por un hombre misterioso que irradiaba una espesa aura incandescente y emitía un cosmos agresivo y sumamente poderoso. El hombre se dirigió lentamente hacia donde se encontraba el dios del terror.
– ¿Qu… quién eres tú? –Cuestionó Flora asustada – ¿acaso eres otro centinela?
Sin responder, el hombre continuó avanzando hasta llegar a donde se encontraban atados el caballero y el hada. Una vez ahí, rompió las cuerdas que los sujetaban a la columna, dejándolos en libertad.
–Hermano –murmuró Shun con voz débil –viniste.
–Así es, shun –respondió –no pensaste que te iba a dejar sólo ¿verdad?
– ¿¡Hermano!? –exclamaron Musa y Flora sorprendidas.
– ¿Quién te crees que eres tú para venir a interrumpir mi pelea? –exclamó Deimos molesto.
–Soy Ikki, el ave fénix –respondió el hombre –y he venido a terminar con tu miserable vida.
–Hahahaha –rio el dios –no me digas que tú también tienes la ridícula idea de que puedes vencerme. Tan solo mírate, ni siquiera los doce caballeros dorados juntos podrían llegar a herirme, ¿crees que tú, un vil caballero de bronce, podrías tener alguna oportunidad contra mí?
–Espera un momento –interrumpió Musa – ¿no te había visto antes? Ya recuero, fuiste tú el que me atacó en el santuario de Athena ¿no es así?
–Así es –respondió el caballero del Fénix –en ese momento creí que ustedes representaban una amenaza para el santuario, pero ahora me doy cuenta de que no es así.
–Claro que no –respondió Flora –estamos del mismo lado.
–En realidad me refería a que con ese nivel tan bajo no son una amenaza para nadie –dijo Ikki con tono burlón, haciendo enojar a Musa –Shun, tú y tus amigas váyanse de aquí, yo me encargaré de derrotar a este sujeto.
–No, hermano, no nos iremos –respondió el caballero de Andrómeda –perdón pero creo que ni siquiera tú podrías derrotarlo solo, ese no es un hombre cualquiera sino un dios, Deimos, el dios del terror.
–Así que el dios del terror –respondió el Fénix de forma engreída –perdón, hermano, pero ya sabes que yo no creo en los dioses, pero ya que tanto insistes en quedarte mataré a Deimos aquí mismo para que podamos irnos a buscar a Ares. ¡PHOENIX GENMA KEN!
El caballero Fénix atacó pasando rápidamente su puño por la cabeza del dios. Tras esto, Deimos se quedó inmóvil sin poder realizar ningún movimiento.
– ¿Qué te parece? –Dijo Ikki –ni siquiera el dios del terror es rival para mi puño fantasma.
Ikki reunió una gran cantidad de cosmos y lanzó una poderosa llamarada de fuego contra Deimos, incinerando su cuerpo por completo y dejando únicamente su cabeza. Los jóvenes estaban a punto de irse, pero en ese momento se escuchó una aterradora voz proveniente de la cabeza de Deimos.
–Fénix, detente, Fénix –dijo la cabeza decapitada –has despertado la ira de los dioses, tu castigo deberá ser peor que la muerte.
En ese momento Ikki notó que sus pies se estaban fundiendo lentamente, causándole un gran dolor. No solo eso, sino que todo el lugar empezó a distorsionarse.
–Ustedes que han desafiado a los dioses merecen el peor de los castigos –exclamó con una voz tenebrosa.
Entonces el cuerpo de Flora empezó a incinerarse también, hasta que finalmente terminó calcinándose por completo.
– ¡No! –exclamó el Fénix mientras su cuerpo seguía consumiéndose –maldito miserable, ya te dije que yo seré tu oponente, déjalos ir a ellos.
–Todos ustedes se atrevieron a levantar su puño contra mí –dijo la siniestra voz –así que todos ustedes van a pagar con sus vidas.
En esta ocasión fue el cuerpo de Musa el que empezó a quemarse hasta que terminó hecho cenizas.
– ¡No, detente! –exclamaba Ikki de forma desesperada.
Esta vez fue Shun cuyo cuerpo empezó a fundirse lentamente igual que el de su hermano. El caballero del Fénix, cuya mitad inferior de su cuerpo ya había sido completamente incinerada, se arrastró hasta llegar a donde se encontraba Shun, pero no pudo hacer nada para salvarlo.
– ¿Porqué, hermano? –exclamaba el caballero Andrómeda adolorido, cuyo cuerpo había sido desintegrado hasta los hombros – ¿por qué me hiciste esto? ¿Por qué levantaste tu puño contra el dios Deimos?
Unos cuantos segundos después el cuerpo de Shun terminó de destruirse por completo, dejando solo a Ikki, cuyo cuerpo continuaba degradándose dolorosamente.
– ¿Qué le sucede a tu hermano? –Preguntó confundida Flora – ¿estará bien? Desde que intentó atacar a Deimos se ha quedado ahí sin moverse, con esa expresión en su rostro.
–No lo sé –respondió Shun –a menos que… ya veo, lo más probable es que el puño fantasma de mi hermano se le haya regresado en su contra, de ser así mi hermano debe estar atrapado en una terrible ilusión.
–Ya entiendo –señaló Musa –eso explica su expresión llena de miedo, las ilusiones de Deimos son infernalmente aterradoras y es prácticamente imposible distinguirlas de la realidad.
Ikki empezó a despertar lentamente de la ilusión y luego cayó al suelo de rodillas, exhausto y aterrado, y notó a Deimos parado al lado suyo, quien no había recibido ningún daño.
–Ha, parece que ni siquiera el legendario Fénix es rival para un dios –presumió Deimos –al parecer no sabes que al levantar tu puño contra un dios lo único que consigues es hacerte daño a ti mismo.
–Ya veremos si eso es cierto –respondió Ikki en tono desafiante – ¡HO YOKU TENSHO!
Detrás del caballero se proyectó la imagen de una inmensa ave de fuego y luego lanzó una poderosa y ardiente llamarada contra Deimos. Sin embargo, para sorpresa de Ikki, su ataque se disolvió pocos metros antes de poder tocar al dios. Después de unos segundos, el ataque de Ikki volvió a formarse, pero esta vez se volvió en su contra, pulverizando por completo la armadura del Fénix y dejando al santo herido tirado en el suelo sin poder moverse.
–Pero qué patético –murmuró Deimos –por como vino de altanero esperaba que durara un poco más. No importa, ahora bien ¿dónde nos quedamos? Es verdad, estaba a punto de eliminarlos.
El dios tomó a Musa por el cuello y estaba a punto de enterrar su púa en el cuerpo del hada, pero fue interrumpido por una voz.
–Detente –se escuchó la voz de Ikki, quien estaba envuelto por una incandescente aura color fuego y portaba su armadura como si nada le hubiera pasado –ya te dije que yo seré tu oponente. Y ustedes –dijo dirigiéndose a Shun y las hadas –creí haberles dicho que se fueran de aquí.
–Pero, hermano –objetó Shun –tú mismo has visto lo poderoso que es Deimos, no podemos dejarte a solas con él.
–Precisamente por eso, Shun –respondió el Fénix –si todos morimos aquí habrá menos probabilidad de llegar con Ares, es por eso que ustedes tienen que seguir recorriendo el laberinto hasta encontrar la salida.
–Esperen un momento –interrumpió Musa – ¿por qué estás usando tu armadura? Yo vi cómo fue destruida ¿acaso es otra ilusión?
–No se trata de ninguna ilusión –respondió el caballero fénix –la armadura del Fénix tiene la habilidad de renacer de sus cenizas, igual que su estrella vigilante. Ahora váyanse de aquí, no queda mucho tiempo.
–Bien –respondió Andrómeda –pero yo me quedaré contigo a pelear contra Deimos.
No, Shun –respondió Ikki –tú tienes la obligación de proteger a tus amigas de los peligros del laberinto.
Así, después de un rato, Shun finalmente accedió a irse de la terraza junto con Flora y Musa.
– ¿Y ustedes piensan que los dejaré ir así de fácil? –interrumpió Deimos.
El dios lanzó una ráfaga de cosmo-energía roja contra Andrómeda y las hadas, pero Ikki se interpuso para recibir el ataque y distrajo al dios para que sus amigos pudieran irse.
–Realmente eres molesto, Fénix –dijo Deimos –me desharé de ti de una vez por todas ¡RANDOM HOLE!
En ese momento apareció frente a Ikki un agujero negro que empezó a succionar todo, como si se tratara de una aspiradora. El caballero intentó aferrarse de lo que pudo, pero por más que luchaba por no ser absorbido, la presión del agujero negro fue más grande y terminó absorbiéndolo. Al pasar a través del agujero, el caballero Fenix apareció flotando en el espacio, donde pudo ver de cerca el Sol y algunos planetas. Debido a que se encontraba en el espacio, el santo de Athena no podía respirar y su cuerpo empezaba a congelarse, además de que la baja presión lastimaba su cuerpo y pudo sobrevivir únicamente por su armadura, la cual también empezaba a congelarse. Con algo de esfuerzo, el caballero pudo concentrarse y notó que el agujero por el que entro empezaba a cerrarse, así que hizo todo lo que pudo para dirigirse hacia él, pero la ausencia de un medio y el no poder respirar dificultaba su movimiento. Finalmente, cuando el agujero estaba a punto de cerrarse, el caballero Fénix pudo impulsarse hacia él y regresar a la terraza del santuario de Ares.
– ¡Imposible! –Exclamó Deimos sorprendido –nunca antes alguien se había liberado de mi Random Hole, mucho menos un humano.
–Te dije que no te sería tan fácil deshacerte de mí, Deimos –respondió el santo –y también te dije que estaba aquí para encargarme de ti.
Ikki golpeó al dios con toda su fuerza, pero la barrera de energía que protege a Deimos destrozó el puño de la armadura de Fénix y dejó el puño del caballero gravemente herido.
–No seas ridículo –dijo el dios –aun siendo capaz de liberarte de mi Random Hole no tienes ninguna esperanza de poder golpearme, incluso tu hermano y sus amigas llegaron más lejos que tú.
Deimos sujetó al Ikki por la cabeza y lo arrojó violentamente contra una de las imponentes columnas que adornaban el lugar, la cual terminó destrozada a causa del impacto, al igual que parte de la armadura de Ikki y algunos de sus huesos. Luego se acercó lentamente a él y lo levantó sujetándolo por el cuello, tras esto se quedó unos segundos mirándolo fijamente a los ojos.
– ¿Sabes, Fénix? –Dijo Deimos –hay algo en tus ojos que me agrada, y es que reflejan una historia trágica, al igual que Andrómeda y Musa, o tal vez aún más trágica, mucho más. Puedo ver todo ese terror que experimentaste en tu pasado y aprovecharlo en tu contra.
Enfurecido, Ikki lanzó un golpe contra Deimos, pero el dios detuvo su puño y comenzó a aplastarlo con su mano.
–Veo que eres un completo estúpido –Dijo el dios –y no lo digo solo por esa absurda insistencia tuya en pelear contra mí, sino por haber dejado ir a la única persona que podía contrarrestar el sonido de mi violín.
Deimos tomó su violín y comenzó a tocarlo, lo que generó una tortura para la mente del caballero. Ikki se retorcía a causa del sonido e intentaba cubrirse los oídos, pero todo era inútil, ya que la música del violín penetraba directamente en su cerebro. Tras unos minutos, Fénix empezó a tener alucinaciones psicóticas y a escuchar voces extrañas, además sentía que su cuerpo se volvía cada vez más pesado.
–Hahahaha –Deimos lanzó una risa diabólica –será inútil que intentes cubrirte los oídos, la música del violín entrará directamente en tu cerebro y quemará tu mente, neurona por neurona, hasta despojarte de tu cordura.
Mientras tanto, Musa, Shun y Flora ya se encontraban lejos de la terraza cuando Musa escuchó algo que la inquietó. La chica advirtió a sus compañeros, pero ellos no escuchaban nada.
–Tal vez se deba a tu conexión con la música y el sonido que puedes escucharlo y nosotros no –dijo Flora.
–Tal vez –respondió Musa –pero se escucha muy similar a la sinfonía de Deimos.
–Ya veo –señaló Shun –lo más probable es que Deimos esté torturando a mi hermano con su diabólica música, de ser así tengo que ir a ayudarlo antes de que sea tarde.
–Espera, Shun –respondió Musa –si vas lo único que lograrás será quedar atrapado en la trampa de Deimos y los matará a los dos, será mejor que sea yo quien vaya para ponerle fin a su sinfonía de una vez por todas.
–Bien –respondió el caballero –entonces yo iré contigo.
–No, Shun –respondió el hada –tú tienes que continuar y proteger a Flora, les será más fácil sobrevivir a los peligros del laberinto si permanecen juntos.
Tras una breve discusión, Musa pudo convencer a Shun de quedarse y ella regresó a la terraza.
Por otro lado, Deimos continuaba tocando su sombría sinfonía, torturando la mente de Ikki.
–Muy pronto la primera capa de tu mente quedará destruida –explicó el dios –dentro de diez minutos estarás rogándome que te mate, en veinte te estarás haciendo daño a ti mismo intentando acabar con tu vida, en media hora tu tejido cerebral empezará a mostrar daños físicos y tu cerebro empezará a sangrar, para entonces tu mente ya deberá haberse roto como si estuviera hecha de cristal.
El dios continuó torturando al santo durante otros quince minutos sin que él pudiera hacer nada para defenderse.
–Interesante –murmuró el dios –a estas alturas ya deberías estar rogándome que le ponga fin a tu vida, parece que eres demasiado orgulloso para aceptar tu derrota, pero eso no te servirá de nada ya que no te queda mucho tiempo de vida.
–Yo… yo no le ruego a nadie –dijo Ikki con mucha dificultad para hablar –mucho menos… mucho menos a alguien tan miserable como tú, prefiero seguir siendo torturado hasta morir antes que perder mi orgullo contra ti.
–Ya veo –respondió Deimos –aún en tus últimos momentos sigues siendo un maldito insolente sin respeto por los dioses, entonces te daré lo que pides, aumentaré la intensidad de mi técnica.
El dios tocó una tonada diferente, alcanzando un nivel de tortura más cruel que el anterior. El caballero Fénix pudo ver toda su vida frente a él, reviviendo cada tormento que había sufrido durante su vida. La tortura era tanta que la mente de Ikki estaba a punto de romperse, pero en ese momento el violín de Deimos dejó de escucharse. Ikki cayó exhausto al suelo, y Deimos se sorprendió porque su violín fue silenciado, entonces se dio cuenta de que había alguien entrando a la terraza.
–Así que eres tú –dijo Deimos al ver a Musa –veo que desperdiciaste la oportunidad que te dio Fénix de prolongar tu vida un poco más. Después de todo, tú entre todas las personas deberías ser la última en querer verme ¿no es así?
–Cierra la boca, Deimos –respondió enfadada el hada –sabes que lo nuestro es personal, tengo que ser yo quien acabe contigo, además soy la única que puede remover el efecto de tu sinfonía.
–Hahaha –rio el dios –es muy ingenuo de tu parte pensar que necesito del sonido del violín para atacar.
El dios tocó un acorde de su violín y una de las cuerdas se tensó y salió disparada contra Musa, como si se tratara de un rayo, enterrándose en la pierna izquierda del hada.
– ¡No! –Exclamó Ikki –déjala en paz, Deimos, te dije yo pelearía contigo.
–Hahaha –rio el dios –no seas impaciente, Fénix, me tomará unos cuantos segundos acabar con ella, luego volveré a divertirme contigo.
Tocando otra nota, otra de las cuerdas volvió a atacar a Musa, esta vez atravesando su hombro derecho, dejando al hada adolorida en el suelo.
–Detente, Deimos –exclamó el Fénix – ¡HO YOKU TENSHO!
El caballero lanzó una poderosa ráfaga de fuego, pero fue detenida por la barrera invisible de Deimos, Ikki concentró una inmensa presión en un solo punto, pero aún con todo esa cosmo-energía concentrada no pudo hacer nada contra la barrera.
–No me digas que ahora te preocupas por ella, Fénix –dijo el dios en tono sarcástico –haha, ustedes son patéticos, voy a enseñarles el temor a los dioses de una vez por todas, esta vez le perforaré la garganta a la chica y nadie podrá salvarte de mi sinfonía.
Deimos toco otra nota, y esta vez una cuerda se dirigió hacia la garganta del hada.
– ¡SONIC CURTAIN! –exclamó el hada, generando una barrera de energía frente a ella.
La cuerda proveniente del violín de Deimos impactó directamente contra la pared de energía del hada, salvándola de una muerte segura. Pero la presión ejercida por la cuerda era tanta que la pared de energía comenzaba a agrietarse.
–Hahaha –el dios lanzó una risa confiada – ¿crees que con eso puedes defenderte de mí?
La cuerda ejercía cada vez más presión, y la defensa de Musa estaba por ser destruida, pero el ataque de Ikki, quien seguía ejerciendo toda su fuerza contra la barrera de Deimos, logró penetrarla y enterrar su ardiente puño en el violín del dios, destruyéndolo por completo.
–No… no puede ser –murmuró sorprendido Deimos – ¿cómo… cómo pudo un humano haber destruido mi violín? Vas a pagar caro por esto, Fénix.
El dios pateó violentamente el cuerpo del caballero, arrojándolo lejos de ahí hasta estrellarse con una pared. Preocupada, el hada voló hasta donde se encontraba el malherido cuerpo del Fénix.
–Ikki –exclamó el hada – ¿estás bien?
–No te preocupes por mí, Musa –respondió Fénix –pero tú no deberías estar aquí, sino con Shun y los demás, ahora vete de aquí y alcánzalos.
–No lo haré –respondió el hada –Deimos jugó cruelmente con mi mente, tú deberías saber lo que eso se siente, además insultó la memoria de mi madre, así que no me iré de aquí hasta ver su cadáver con mis propios ojos.
–Está bien –respondió el caballero –respeto que quieras defender a tus seres queridos y tus deseos de vengarte, así que acabaremos con Deimos juntos.
El hada aceptó y entre los dos atacaron al dios del terror con todo su poder. Ikki lanzó una poderosa ráfaga de fuego, pero el dios desapareció y reapareció detrás del caballero, atacándolo por la espalda. Posteriormente, Musa atacó desde las alturas con una onda sonora, pero Deimos la desvió con la mano sin ningún problema. Tras esto, el hada y el caballero lanzaron sus ataques al mismo tiempo, pero con un movimiento de sus manos, el dios desvió los ataques, golpeando a Musa con el ataque de Ikki y a Ikki con el ataque de Musa. En un abrir y cerrar de ojos, Deimos se teletransportó a donde se encontraba Musa, la sujetó del pie y la azotó violentamente contra el suelo, luego se teletransportó nuevamente a donde se encontraba Ikki y comenzó a golpearlo salvajemente, hiriendo gravemente al caballero y agrietando su armadura. Luego lo sujetó de la cabeza, presionándola hasta despedazar la careta de la armadura de Fénix, y lo arrojó fuera de la terraza, dejándolo caer al vacío. El hada de la música voló rápidamente para salvarlo, regresando al caballero a la terraza. Una vez ahí, Deimos lanzó una esfera de energía color rojo oscuro contra el hada, estrellándola contra una columna y dejándola malherida en el suelo.
–Pero qué patético –dijo el dios con tono de desprecio –es por esta clase de sentimentalismos estúpidos que sus especies están condenadas a la extinción. Es por eso que sus mentes son tan débiles y resulta tan fácil entrar en ellas. Conservar sus planetas con vida no sería más que un desperdicio de espacio en el universo.
–Cierra la boca, Deimos –respondió Ikki –no hables de nosotros como si nos conocieras, tú no sabes por lo que Musa o yo hemos tenido que pasar, o lo que hemos sufrido. No sabes nada de la humanidad ni de las personas, jamás sabrás lo que se siente ser un humano ni has tenido que sufrir lo que las personas sufren. No tienes ningún derecho de juzgar a esas personas porque nunca has estado en su lugar.
– ¿Y acaso crees que tú sí, Fénix? –Dijo Deimos – ¿crees que conoces la mente de las personas? Te aseguro que no conoces ni siquiera tu propia mente ¡DEMIURGOS INTROSPICERE!
Deimos lanzó su ataque contra Ikki, dejándolo inconsciente en el suelo. Después de unos minutos, el caballero empezó a abrir los ojos y notó que estaba en un lugar diferente. Se trataba de una enorme isla volcánica cubierta de volcanes activos por todos lados. El ambiente era hostil, la arena quemaba los pies y el aire abrasaba los pulmones.
–No puede ser –exclamó Ikki sorprendido al darse cuenta del lugar en donde estaba –es la Isla de la Reina Muerte, pero ¿cómo es que llegué aquí? Ya entiendo, lo más probable es que Deimos me haya teletransportado a este lugar. De ser así tengo que encontrar la manera de regresar al Olimpo lo más pronto posible.
–Te equivocas –se escuchó la voz de Deimos, quien apareció lentamente frente a Ikki –en estos momentos tu cuerpo yace inconsciente en la terraza del santuario de Ares.
–Ya veo –dijo el caballero –entonces esta es otra de tus ilusiones.
–No, Fénix –respondió el dios –esto no es una ilusión. En este momento nos encontramos dentro de tu mente.
– ¿Mi… mi mente? –Exclamó el caballero confundido – ¿quieres decir que este lugar es mi mente?
–Así es, lo más probable es que haya adoptado la forma de la Isla de la Reina Muerte debido a que tus recuerdos más significativos se dieron ahí –respondió el dios – ¿ahora lo ves? Dices conocer a las personas y que su vida vale la pena, pero ni siquiera reconoces tu propia mente teniéndola enfrente.
–Cierra la boca –respondió Ikki molesto –tú no tienes ningún derecho de entrar en mi mente, solo intentas justificar el genocidio que Ares está planeando, pero no voy a permitir que eso suceda.
El puño de Ikki se vio envuelto de ardientes llamas y atacó ferozmente a Deimos, pero el dios detuvo su puño con su mano y luego empezó a torcerlo.
–No seas estúpido –dijo el dios –que yo esté dentro de tu mente no quiere decir que mi poder haya disminuido. De hecho, déjame decirte que si te elimino aquí, tu mente desaparecerá y tu cuerpo se convertirá en un cascarón vacío. Dime algo, ¿por qué peleas? ¿Acaso es por Athena? ¿Crees que vale la pena levantar tu puño contra un dios y ganarte el sufrimiento eterno con tal de proteger a otro dios?
–Ya deberías saber eso –respondió Ikki –no me importa si Athena es o no una diosa, o en contra de cuantos dioses me tenga que revelar. Yo peleo por la paz en el mundo, para mí Athena es únicamente el vínculo que nos guiará a un mundo lleno de paz y justicia, donde todo el terror y el dolor que una vez nos aquejó no existirá más, y los humanos serán libres de tomar sus propias decisiones, buenas o malas, sin que los dioses intervengan en sus vidas ni actúen como jueces esperando a que cometan errores para castigarlos.
– No es tan sencillo como piensas –Respondió Deimos –sin la intervención de los dioses el mundo sería un caos, mucho peor de lo que es ahora. Los humanos necesitan ser controlados y aprender que sus acciones tienen consecuencias, y este lugar es la prueba de que tengo razón, tan solo mira lo perturbada y atormentada que está tu mente, y todo a causa de la acción del hombre.
En ese momento Deimos proyectó todas las escenas de los maltratos que había sufrido ikki durante su infancia, haciendo que la isla se volviera aún más desolada y triste.
–Te equivocas –respondió el caballero –es cierto que viví un infierno durante mi estancia en la isla, pero también pude conocer muchas personas que valen la pena. Fue ahí donde conocí a Esmeralda, ella es una muestra de la bondad y generosidad que pueden tener las personas. Además, si he podido conservar la cordura todos estos años es gracias a mis amigos que han estado conmigo en todo momento. Es por eso que creo en las personas, y mientras exista al menos una persona buena en el mundo pelearé para que ellos puedan vivir.
Entonces la isla empezó a florecer mientras en ella apareció la imagen de una joven rubia con un vestido rosado, así como escenas de Ikki peleando lado a lado con los otros cuatro caballeros de bronce. El caballero miró dichas escenas recordando lo que había vivido con sus compañeros y luego empezó a aumentar su cosmo-energía al máximo, haciendo que los volcanes de la isla empezaran a hacer erupción violentamente.
–Dices que si muero aquí también moriré en la vida real, ¿no es así? –Continuó el caballero aumentando cada vez más su cosmos –entonces lo mismo debe aplicarse contigo. Si hago estallar mi mente contigo aquí, tú también morirás.
Deimos se sorprendió por la inmensa cosmo-energía expulsada por Ikki y por lo destructivo de las erupciones volcánicas.
– ¿Acaso eres estúpido? –Exclamó el dios –si continuas así vas a terminar destruyendo tu propia mente.
–No me importa –objetó Ikki –estoy preparado para morir, pero no moriré solo, te llevaré conmigo.
–Hahaha –rio el dios –no seas estúpido, Fénix, a diferencia de ti yo no estoy sujeto a este lugar, puedo irme cuando yo quiera, así que tu sacrificio no servirá de nada.
El dios se disponía a abandonar la mente de Ikki, pero antes de hacerlo, el caballero se sujetó fuertemente de él, desapareciendo del lugar junto con Deimos. Tras esto, el caballero apareció flotando en un lugar inmenso y solitario en el que no había absolutamente nada, ni siquiera un suelo, solo un interminable fondo blanco.
– ¿Dónde demonios estoy? –Se preguntaba Ikki sorprendido – ¿qué es este lugar tan extraño? Es como si se tratara de la nada absoluta.
En ese momento, los aterradores ojos rojos de Deimos aparecieron en el fondo.
–Hahaha –se escuchó la voz del dios –te encuentras dentro de mi mente, Fénix. Al parecer fuiste teletransportado junto conmigo desde tu mente hasta aquí.
En ese momento el fondo empezó a cambiar. Toda la historia del universo apareció en rápidas escenas, como si tratara de una película, luego el lugar se oscureció y se llenó de estrellas, planetas y galaxias, como si se tratara del espacio.
–Espero que al poder observar mi mente desde el interior entiendas lo inmenso que es un dios comparado con un humano –continuó –ya que mientras tu mente se reduce a una pequeña isla, la mía es comparable con universo mismo.
–Ya veo, así que estoy dentro de tu mente –dijo el caballero con un tono un tanto confiado –eso quiere decir que mi plan funcionó.
– ¿De qué hablas? –preguntó el dios confundido.
–Sabía que si intentaba hacer estallar mi mente tú escaparías –respondió el caballero Fénix –así que me las arreglé para que me trajeras a la tuya y así poder destruirla desde el interior.
–Tengo que aceptar que eso fue ingenioso de tu parte –respondió el dios –pero al mismo tiempo muy estúpido. Ya te lo dije, Fénix, mi mente es todo un universo, es una realidad óntica más allá de toda subjetividad humana. La mente de un dios es la verdad absoluta. No hay forma de que alguien con un poder tan insignificante como el tuyo tenga oportunidad alguna de hacerle algún daño.
Ikki ignoró las palabras de Deimos e intentó atacar su mente, pero sus ataques eran inútiles, puesto que se trataba de un lugar inmenso. Después de unos minutos, el caballero empezó a sentirse paralizado y luego a desvanecerse lentamente.
– ¿Qué… qué está sucediendo? –Murmuró Ikki confundido – ¿qué pasa conmigo, por qué no puedo moverme, y porqué siento como si estuviera desapareciendo?
–Hahahaha –rio el dios –tu mente es tan insignificante comparada con la mía que no le queda otra opción más que disolverse en la inmensidad de mi conciencia. Así como una gota de agua se disuelve en el inmenso océano, perdiéndose para siempre, tu mente está condenada a desaparecer, Fénix, y no hay nada que puedas hacer para evitarlo.
Ikki permaneció inmóvil mientras desaparecía lentamente, perdiéndose gradualmente en la profunda mente de Deimos. En ese momento, el caballero Fénix pudo escuchar una hermosa voz femenina entonando una sublime melodía. Que una voz así hubiera podido entrar a la mente de Deimos sorprendió al dios tanto como al caballero, y conforme el sonido envolvía la mente de Ikki, este iba recuperando la movilidad, neutralizando el efecto de la mente de Deimos sobre la de Ikki
–Esa voz –murmuró Ikki –esta voz pertenece a Musa.
–Así que es esa maldita hada –replicó el dios –no, no puede ser ella, simplemente no hay forma de que su voz haya podido penetrar mi mente. Tal vez se deba a su conexión con la música. No, hay un cosmo sumamente poderoso que envuelve su voz, no puede ser suyo.
–Ya veo –comentó Ikki –se trata de la cosmo-energía de Athena. Fue ella quien envolvió la voz de Musa y me liberó del efecto paralizante para mostrarme la salida de la mente de Deimos.
El caballero siguió la voz del hada, desplazándose a través de la profunda mente de Deimos como si estuviera nadando. En ese momento se dio cuenta de que todos los planetas, galaxias y todo lo que había en aquel lugar giraban alrededor de lo que parecía una gigantesca y brillante estrella. El caballero abandonó su trayectoria para dirigirse a esa estrella, ya que sospechaba que podía tratarse de algo importante, pero conforme el tiempo pasaba, Ikki se volvía más traslúcido y su mente se perdía más y más. La voz de Musa le advirtió que se olvidara de eso y saliera cuanto antes de la mente de Deimos, pero el caballero ignoró las advertencias y llegó hasta la estrella. Una vez ahí, Fénix golpeó a la estrella con todas sus fuerzas, pero no consiguió hacerle ningún daño, así que acumuló una inmensa cantidad de cosmo-energía y luego la expulsó violentamente, generando una gran explosión.
– ¡PHOENIX GENMA KEN! –exclamó el caballero mientras hacía estallar su cosmos.
Ikki aprovecho la explosión para impulsarse siguiendo la voz de Musa, por lo que logró salir de la mente de Deimos antes de que la suya terminara de disolverse. Una vez que la mente de Ikki regresó a su cuerpo, el caballero despertó de su sueño en la terraza del santuario, al igual que Deimos.
–Es una pena que no hayas podido atacar mi mente –dijo el dios con tono de burla –velo por el lado amable, alcanzaste a entender la diferencia entre un dios y un humano antes de morir.
Deimos intentó atacar a Ikki, pero en ese momento se dio cuenta de que se encontraba solo, en una pequeña habitación de madera de lo que parecía la casa de una familia de bajos recursos. Esto sorprendió al dios, quien empezó a escuchar los gritos de un hombre y una mujer discutiendo de forma violenta.
–Ya veo –dijo Deimos –esta es una ilusión tuya, ¿no es así, Fenix?
–Parece que fuiste un poco descuidado al permitirme entrar a tu mente –se escuchó la voz del caballero –aunque en efecto la mente de un dios es inmensa e imposible de comprender para un humano, al menos tuve la oportunidad de dirigir mi puño fantasma directamente en el núcleo de tu conciencia.
En ese momento, un hombre entro por la puerta de la habitación de madera con una expresión violenta en el rostro, además parecía que estaba alcoholizado y llevaba un cinturón en la mano.
–Hahaha –rio Deimos –no me hagas reír, ¿en verdad crees que esto me asusta?
El dios intentó atacar al hombre del cinturón, pero en ese momento se dio cuenta de que sus poderes habían desaparecido, además su cuerpo se había convertido en el de un niño pequeño, de alrededor de ocho años, vistiendo ropa vieja y desgastada. Lleno de ira, el hombre azotó violentamente a ese niño con el cinturón. Deimos no entendía lo que sucedía.
–La razón por la que no eres capaz de sentir empatía por los seres humanos es porque nunca has estado en su lugar ni experimentado su dolor –se escuchó la voz de Ikki –así que he decidido mostrártelo con mi puño fantasma. Ahora experimentarás lo que se siente ser un humano, sin poderes ni nada que te permita huir ni defenderte. Esto es violencia doméstica, y es tan solo uno de los males que las personas sufren día con día.
En ese momento el escenario cambió. Deimos se vio atrapado en el cuerpo de una mujer musulmana a la que un grupo de hombres apedreaban despiadadamente. Nuevamente, el dios no contaba con sus poderes para defenderse, así que recibió de lleno el castigo de la turba enfurecida.
–En este momento estás sufriendo violencia de género –dijo Ikki –es otro de los horrores a los que están sometidas muchas personas en la Tierra.
Una vez que la multitud terminó de lapidar a la mujer, el escenario cambió nuevamente. Esta vez Deimos se encontró en medio oriente, y nuevamente en el cuerpo de un niño. El niño se encontraba en medio de una violenta guerra en la que podían verse personas matándose entre sí con armas de fuego y explosivos, muchos de los cuales lastimaron al niño en el cual se encontraba Deimos.
Así, por medio de la ilusión de ikki, Deimos sufrió enfermedades, hambruna, cambio climático y cada uno de los males que aquejan a la humanidad hasta que terminó el efecto del puño fantasma, dejando al dios rendido de rodillas en el suelo.
–Te acabo de dar una muestra de lo que las personas vivimos día con día –dijo el caballero –espero que ahora que entiendes el sufrimiento de las personas dejes de menospreciarlas y entiendas que lo que Ares quiere hacer no es correcto.
–No digas estupideces, Fenix –respondió el dios –gran parte del sufrimiento de esas personas es causado por otras personas. Si las personas no saben distinguir entre el bien y el mal, y son capaces de infligir tal sufrimiento a sus semejantes ¿no te parecería justo que desaparecieran?
–Te equivocas, Deimos –respondió Ikki –es cierto que existe gente perversa en la Tierra, pero la mayoría son buenas personas, capaces de luchar y salir adelante a pesar de todo ese dolor. Ninguno de ellos merece que todo su esfuerzo sea en vano para terminar siendo exterminados por culpa de unos cuantos, ellos merecen que su esfuerzo sea recompensado, necesitan saber que su esperanza rendirá frutos después de todo.
–Tonterías –respondió el dios –los humanos se han convertido en una plaga para el planeta y para ellos mismos. La única forma de salvarlos es a través de su propia extinción.
–Tú no eres nadie para decidir eso –respondió Ikki –no haces más que negar la capacidad de las personas para tomar sus propias decisiones y al mismo tiempo exigirles que tomen la decisión correcta. Niegas la capacidad del individuo para discernir entre el bien y el mal, y al mismo tiempo los torturas con la culpa. Lo que tú buscas no es justicia, es solo propagar terror por el mundo.
–Tú mejor que nadie deberías entender que el terror no es más que un brote de virtud –dijo Deimos –sin el terror la virtud es impotente. El terror no es otra cosa que justicia inflexible, severa y rápida. No importa, no pienso discutir esto con un humano porque sé que tu mente es demasiado pequeña para comprenderlo, pero no voy a perdonarte que te hayas atrevido a penetrar en el núcleo de mi mente. Fénix, deberías sentirte orgulloso, ya que serás el primer humano que me verá utilizar el 10% de todo mi poder.
Deimos se desplazó rápidamente a donde se encontraba Ikki y le encajó un violento golpe en el vientre, luego empezó a golpearlo a una velocidad tan alta que el caballero ni siquiera era capaz de percibir el dolor de un golpe sino hasta después de haber recibido cinco golpes más. Tras esto, el dios azotó violentamente al santo contra el suelo y luego lanzó una poderosa ráfaga de energía contra él, pero Musa se interpuso rápidamente, generando múltiples barreras de energía para protegerse a ella y al caballero. Sin embargo, el ataque del dios destruyó las barreras protectoras con una gran facilidad, dejando al santo y el hada heridos de gravedad en el suelo, el cual estaba cubierto por todos lados con la sangre de los jóvenes.
–Mu… Musa –murmuró Ikki con la poca fuerza que le quedaba –no lo entiendo ¿por qué has arriesgado tu propia vida para protegerme?
–Honestamente ni siquiera yo lo sé –respondió el hada, a quien también le quedaba muy poca fuerza –eres arrogante, obstinado, no respetas las reglas y no trabajas en equipo, también eres distante y solitario, pero en el fondo puedes llegar a ser un chico muy lindo. Creo que me recuerdas a alguien que conozco.
–Lamento interrumpir este bonito momento –dijo el dios –pero ya es hora de que los dos se larguen de este santuario ¡RANDOM HOLE!
En ese momento se abrió uno de los agujeros negros de Deimos, absorbiendo a Musa y a Ikki, quienes no tuvieron fuerzas suficientes para resistirse. Al cruzar el portal, los jóvenes aparecieron en medio del espacio, justo en la nebulosa del Águila. Poco antes de que el agujero se cerrara, Deimos cruzó a través de él hasta donde se encontraban los jóvenes, donde empezó a castigarlos violentamente sin que ellos pudieran hacer nada para defenderse, puesto que el frío extremo del espacio y la falta de presión y oxígeno los mataba lentamente.
El dios volvió a abrir otro de sus portales, absorbiendo nuevamente a los jóvenes. Esta vez aparecieron en un lugar frío con colinas, valles y dunas, también había algunos cráteres, así como inmensos ríos y lagos de metano líquido. La atmósfera era densa y era difícil respirar, así que Musa utilizó su magia para generar una burbuja de energía que cubría su nariz y su boca, también creo una burbuja similar para Ikki, permitiéndoles respirar.
– ¿Dónde estamos? –preguntó intrigada el hada.
–No lo sé, pero mira eso –respondió el caballero señalando hacia el cielo –eso que esta allá parece ser el planeta Saturno, y por su cercanía sospecho que estamos en una de sus lunas.
–Estamos en Titán, para ser más específicos –se escuchó la voz de Deimos, quien cruzó el portal poco antes de que se cerrara –la luna más grande de Saturno.
– ¡Tú! –Exclamó ikki –maldito miserable, regrésanos al Olimpo ahora.
El caballero se lanzó a atacar a Deimos, pero el dios esquivó el golpe y le metió un puñetazo en el abdomen, dejándolo casi inconsciente, luego lo sujetó del cuello y lo arrojó a uno de los lagos de metano, pero Musa logró rescatarlo a tiempo.
–Detente, Deimos –exclamó el hada – ¡SOUND WAVES!
El hada atacó a Deimos con todo su poder, pero el dios detuvo su ataque sin ningún problema, luego lanzó una ráfaga contra la chica, azotándola contra una de las montañas. Ikki lanzó una patada contra Deimos, pero el dios la detuvo fácilmente con su brazo. Luego, el caballero intentó meterle un puñetazo en la cara, pero Deimos sujetó el brazo de ikki y lo presionó brutalmente hasta que destrozó por completo la protección del brazo de la armadura de Fénix. El dios continuó presionando con la intención de arrancarle el brazo a Ikki. Musa intentó ayudarlo, pero Deimos lanzó violentamente el cuerpo de Ikki contra el hada, haciéndolos estrellarse con la misma montaña de antes. Tras esto, Deimos lanzó una esfera de energía contra los jóvenes, pero estos pudieron esquivarla a tiempo, por lo que la energía impactó contra la montaña que se encontraba detrás de ellos, destruyéndola por completo.
– ¡HO YOKU TENSHO! –exclamó el caballero, dirigiendo su ardiente puño contra Deimos.
El dios pudo esquivar el golpe de Ikki fácilmente, pero el fuego ardiente de las alas del Fénix reaccionó con el gas flamable de la atmósfera, causando una enorme explosión e incendiando el lugar, dejando a Ikki y Musa heridos en el suelo con poca energía.
–Hahaha –rio el dios –tan desesperado estás por ganar que ni siquiera te das cuenta de las estupideces que haces.
Ikki se recostó al lado de Musa, cubriéndola con su cuerpo para protegerla del fuego, entonces Deimos comenzó a pisotear violentamente sus cuerpos. Ikki pudo levantarse e intentar atacar a Deimos, pero todo fue inútil.
– ¡RANDOM HOLE! –exclamó el dios, abriendo otro de sus portales.
Ikki y Musa fueron absorbidos por el ataque de Deimos y fueron transportados a un lugar oscuro, cubierto de hielo y lleno de túneles y cuevas. El lugar era azotado por un frío infernal y en el suelo había restos de varios seres extraños atrapados en el hielo.
– ¿Dónde estamos esta vez? –Preguntó Ikki –el frío aquí es insoportable, comparable al de Asgard, y el ambiente es lúgubre y aterrador.
–Parece que estamos en la Dimensión Omega –respondió el hada –el planeta prisión de la Dimensión Mágica, donde terminan los peores criminales que atentan contra la seguridad de los habitantes del universo mágico.
–Así es –continuó Deimos, quien acababa de cruzar por su portal –es un lugar apropiado para enterrar sus cadáveres por atreverse a dirigir su puño en contra de los dioses.
Molesta, Musa se lanzó a atacarlo, pero el dios la sujetó del cabello y azotó su cara violentamente contra el suelo, luego Ikki se dispuso a atacarlo, pero Deimos lo interceptó enterrando salvajemente una de las púas de su armadura en su costado.
–Esta vez serás absorbido por tu propia mente y desaparecerás por completo, Fénix –dijo Deimos – ¡DEMIURGOS INTROSPICERE!
El dios lanzó su ataque dejando al caballero inconsciente, luego se dispuso a darle el golpe final, pero Musa se interpuso y lanzó una ráfaga de energía contra Deimos, sin embargo el dios despareció y reapareció detrás de ella, lanzando un ataque contra el hada. Musa se reincorporó rápidamente y soltó un golpe contra su oponente, pero este desapareció y reapareció detrás de ella nuevamente, así que el hada se dispuso a encajarle una patada en la cara, pero el dios sujetó su pierna antes de que pudiera tocarlo y luego enterró brutalmente sus dedos en la pantorrilla de Musa, dejándola retorciéndose de dolor en el suelo.
– ¡Aaaghh! –Gritaba el hada a causa del dolor –maldición, sin Ikki aquí no tengo oportunidad de sobrevivir contra Deimos.
–Si te sirve de consuelo no tenías ninguna oportunidad de todas formas –dijo el dios con un tono arrogante.
Deimos se disponía a ponerle fin a la vida del hada, pero en ese momento, una imponente ráfaga de fuego lo atacó por la espalda. Se trataba de Ikki, quien había despertado del sueño que le había impuesto el hijo de Ares.
–No es posible –exclamó sorprendido el dios – ¿cómo pudiste escapar de mi prisión mental?
–Ha, ya deberías saber que no puedes usar la misma técnica contra un caballero –respondió Ikki –ahora muere, Deimos.
El santo se disponía a atacar a Deimos, pero con tan solo un movimiento de su mano, el dios pulverizó por completo la armadura de Ikki, dejándolo desprotegido. Tras esto, usó su poder psicokinético para arrojarlo violentamente, impidiéndole moverse.
–Maldición –murmuró Ikki –siento mi cuerpo demasiado pesado, es como si la gravedad hubiera aumentado de una manera espantosa. Si sigue así, mi cuerpo será despedazado por su propio peso.
El dios continuó aumentando la gravedad, triturando los huesos del caballero, pero Musa lo atacó por la espalda usando sus ondas de sonido.
–Parece que te olvidas de mí –dijo el hada.
–Para ser un par de mortales mediocres ya han resultado bastante molestos –dijo el dios – ¡RANDOM HOLE!
Nuevamente volvió a abrirse un agujero en el cielo, absorbiendo a Ikki y Musa. El hada y el caballero volvieron a ser transportados a un lugar helado, pero este era diferente, ya que el suelo estaba cubierto de nieve y además parecía haber una gran tormenta de nieve, también había mucha vegetación congelada y en el cielo había algunas lunas, incluso parecía haber ruinas de una civilización desaparecida.
–Espera un momento –dijo el hada sorprendida –yo he estado aquí antes. Estamos en el planeta de Bloom, Domino.
En ese momento aparecieron Shun de Andrómeda, la madre de Musa y Esmeralda, dispuestos a atacar a los jóvenes.
–Maldito seas, Deimos –exclamó el caballero lleno de ira –deja de jugar con nuestros recuerdos.
Así, Ikki acabó con los tres usando sus alas del Fénix, desapareciendo la ilusión de Deimos.
–Hahaha –rio el dios –al menos ya aprendiste a no depender de tus emociones, es una pena que ya sea demasiado tarde para eso.
El dios del terror lanzó una esfera de energía contra Ikki, dejándolo gravemente herido en el suelo.
– ¿Saben? –Dijo Deimos –este lugar me recuerda mucho a mi hermano, Phobos. Él solía estar obsesionado con la búsqueda del poder y solía visitar este planeta porque creía que aquí encontraría la llama del dragón, un poder divino más allá de los dioses. Pero yo no soy como él, a mí no me interesa el poder absoluto, lo único que quiero es sembrar el terror en mis víctimas hasta poder ver como la esperanza se escapa de sus ojos. Sin embargo, parece que ustedes ya han abandonado la poca esperanza que les quedaba y no hay más terror que puedan sentir, así que no tiene caso seguir jugando con ustedes. Mejor regresaré al Olimpo y los dejaré morir de hambre o de frío en este lugar.
El dios empezó a desvanecerse lentamente, regresando al santuario de Ares.
–Te equivocas –dijo Musa con la poca energía que le quedaba –no hemos abandonado la esperanza aún.
–Musa tiene razón –continuó Ikki –aún si eres un dios, aún si no tenemos ninguna oportunidad de derrotarte, seguiremos peleando hasta el final ¡HO YUKU…
–Espera, Ikki –dijo Musa, extendiendo su mano –quiero que tomes la energía que me queda, no importa que tan poca sea, quiero que la uses contra Deimos.
Ikki asintió y tomó la mano de la chica.
– ¡HO YOKU TENSHO! –exclamó el santo mientras sostenía la mano de Musa.
Elevando su cosmo-energía al máximo, y combinándola con la energía de Musa, Ikki alcanzó a golpear fuertemente la cara de Deimos antes de que pudiera abandonar el lugar. Debido a que Ikki golpeó a Deimos en el mismo instante en que este se teletransportó, y a que el caballero sujetaba la mano del hada, los tres fueron teletransportados de regreso a la terraza del santuario de Ares. Una vez ahí, Musa perdió su transformación y los dos jóvenes cayeron rendidos por haber agotado sus energías.
–Veo que ustedes no se rinden tan fácilmente –comentó Deimos –parece que tendré que… ¡No puede ser! –exclamó sorprendido al darse cuenta que tenía unas cuantas gotas de sangre en la cara – ¿de dónde habrá salido esta sangre, acaso será… acaso será mía? ¿Será que Ikki y Musa sí lograron lastimarme después de todo?
Enfurecido, el dios comenzó a pisotear violentamente a los jóvenes sin que ellos pudieran hacer nada para defenderse, puesto que habían usado todas sus energías en golpear a Deimos.
– ¡Son unos malditos miserables! –Exclamaba el dios lleno de ira mientras castigaba cruelmente al hada y al santo –no voy a pasar por alto un crimen tan despreciable como herir a un dios. Haré de sus últimos momentos un infierno hasta que me supliquen que los mate.
–Ha –Ikki soltó una pequeña risa –parece que no importa quien gane ahora, Deimos, aún si nos matas ahora y Ares gana y destruye la Tierra, esa cicatriz en tu cara será siempre un recordatorio de que la humanidad existió y fue capaz de igualar a los dioses, aunque sea por un breve instante.
– ¡Silencio! –Exclamó furioso el dios –no voy a tolerar un comportamiento tan insolente.
Lleno de ira, Deimos lanzó una esfera de energía contra Ikki, dejándolo aún más lastimado de lo que ya estaba. El caballero intentó levantarse, pero perdía el equilibrio y empezaba a ver borroso.
–Hahaha –rio el dios – ¿qué te parece? Parece que estás empezando a perder tus cinco sentidos. Déjame decirte que a diferencia de mi hermano Phobos a mí no me gusta privar a mis víctimas de sus sentidos, puesto que es por los sentidos por donde perciben el terror. Sin embargo, eres un humano después de todo, tu cuerpo es frágil y no puede soportar tanto daño, además he notado que desde que empezó esta pelea tu cosmo-energía ha estado elevada al máximo, alcanzando incluso nivel de los caballeros dorados más poderosos, es natural que tu cuerpo no soporte tanta presión y empiece a morir lentamente.
–Maldición –murmuró el Fénix –de ser así solo queda una última opción.
El caballero aumentó su cosmo-energía de forma brutal y se levantó a atacar a Deimos, pero el dios esquivó fácilmente sus golpes. En ese instante, Ikki aprovechó para sujetar al dios por la espalda, mientras su energía continuaba creciendo.
–No puede ser –murmuró el dios sorprendido – ¿cómo es posible que todavía pueda generar tanto poder? Hace tan solo unos segundos estaba agonizando.
–Hazme un favor, Musa –dijo el caballero, dirigiéndose al hada –por favor vete de aquí, ahora.
–Pero, Ikki –objetó el hada –tú me dijiste que…
–Lo sé –interrumpió el Fénix –te prometí que te dejará vengarte de Deimos, y en verdad lamento no poder cumplir esa promesa, pero está es la única forma que se me ocurrió para deshacerme de él.
–Haha –rio el dios –no me hagas reír, Fénix ¿crees en verdad que con una cosmo-energía tan mediocre como esta puedes vencerme? No importa que tanto eleves tu energía, sigues siendo un humano, y un humano jamás podrá compararse con un dios.
Deimos intentó soltarse de las ataduras de Ikki, pero por más que lo intentaba no pudo librarse. Era como si su energía disminuyera.
– ¿Qué… qué demonios me hiciste? –Balbuceó Deimos – ¿por qué… por qué no puedo moverme?
–Ya te lo dije, Deimos –respondió Ikki, a la vez que aumentaba su energía cada vez más –cometiste un grave error al dejarme entrar en tu mente. El mismo fragmento de mi mente que se quedó en el núcleo de la tuya es el que me permite bloquear tus movimientos, y no solo eso, sino que actúa como una especie de portal, transportando energía de tu cuerpo al mío.
–Maldito seas –exclamó molesto Deimos – ¿quieres decir que te estas robando mi energía?
–Así es –respondió el caballero –pero mi cuerpo no soporta tanta energía, por lo que tengo que expulsar toda tu energía junto con la mía.
–No seas estúpido –respondió el dios –si haces eso solo estarás desperdiciando tu vida, morirás en vano ¿o acaso crees que me ganarás con esa energía?
–Descuida, Deimos, ya he pensado en todo –respondió Ikki –Musa, por favor, vete de aquí, encuéntrate con Shun y pídele que me perdone, pero no podré reunirme con él.
–Ikki, ¿qué demonios estás haciendo? –Exclamó el hada preocupada y con lágrimas en los ojos –detente, tienes que regresar con tu hermano y conmigo.
– ¡Si no quieres morir junto con nosotros será mejor que te vayas ahora! –exclamó el santo.
Con lágrimas en los ojos, el hada abandonó el lugar rápidamente. Tras esto, el aura de Ikki se volvió más abundante y su energía aumentó violentamente, generando una inmensa explosión que devastó por completo toda la terraza. Musa esperó cerca del lugar hasta que el polvo y el humo se disiparon por completo y luego fue a buscar a Ikki, pero fue inútil, pues no pudo encontrar nada, hasta que levantó la mirada y pudo ver lo que parecía una estrella fugaz ascender rápidamente hacia el cielo. El hada pudo percibir el débil cosmos de Ikki en esa estrella y comprendió que se trataba de él junto con Deimos. Entonces, llena de tristeza y limpiándose las lágrimas, decidió abandonar el lugar y continuar con su recorrido por el laberinto de Ares.
Por otro lado, a cientos de kilómetros hacia arriba, se encontraban Ikki y Deimos ascendiendo hacia el cielo con una velocidad impresionante.
– ¿Qué demonios haces, Fénix? –Dijo el dios dirigiéndose al caballero, quien se encontraba bastante débil tras expulsar tanta energía de su cuerpo –la atmósfera del Olimpo no es como la de la Tierra, y a esta velocidad podría desintegrar incluso el cuerpo de un dios, y tú ni siquiera estás usando una armadura, es imposible que sobrevivas a la fricción.
–Ya deberías saber que no tengo intenciones de sobrevivir, Deimos –respondió el caballero.
–No seas estúpido, tú me dijiste que creías en un mundo mejor, un mundo donde los humanos escribirían su propio destino y serían libres, si mueres ahora jamás podrás ver ese mundo y todo tu esfuerzo habrá sido en vano.
–Te equivocas, no necesito verlo, sé que ese día llegará siempre que Athena esté de nuestro lado.
Tras esto, el caballero perdió sus cinco sentidos y luego quedó inconsciente, pero la fuerza con la que sujetaba a Deimos no disminuyó, dejando sorprendido al dios por la fuerza de voluntad que tenían algunos humanos.
Mientras tanto, Shun y Flora se encontraban recorriendo el laberinto. En ese momento Shun tuvo una sensación extraña, como si una parte dentro de él muriera.
– ¿Estás bien, Shun? –preguntó confundida Flora al ver que el caballero se puso a llorar desconsolado.
–Es Ikki, mi hermano –respondió el caballero con lágrimas en los ojos –su cosmos se ha desvanecido por completo, ¿acaso habrá…
Flora abrazó fuertemente a Shun, quien empezó a llorar en el hombro del hada.
