Mantenerte cerca es peligroso
Despierto con pesadez en todo el cuerpo. Anoche fue una de esas veces en las que te acuestas porque cada miembro de tu cuerpo suplica por un descanso pero tu mente es presa de una inquietud atroz, el terror mental hace que tú mismo inventes, desarrolles, des vida y enfrentes a tus peores miedos. Annie se encuentra impasible a mi lado. Durante un largo rato de tortura mental yo supuse que estaba dormida ya que su respiración se asemeja a una marea baja en tardes soleadas y sus ojos se encontraban cerrados como queriendo ocultar un importante secreto. Sin embargo, cuando la veo despierta puedo apreciar que en sus ojos hay un destello de misterio, no puedo ver más allá de lo que ella me permite. Es increíble como después de todo lo que ha pasado conserva e incrementa cada día esa fortaleza para resistir lo que nuestro maldito destino nos tiene que estampar en la cara.
-Finnick- ella me llama conservado su estabilidad emocional.
-¿Si?-.
-Tengo hambre, ¿pescarías algo por mí?- su cabello rizado se acomoda mientras se sienta lentamente en la cama dándome la espalda.
-Claro, querida, regreso en 10 minutos- le doy un beso y me preparo para una sesión de actividad marina. Llevo la red y mi tridente en mano apretados con fuerza al momento que salgo de mi casa. La mañana es clara, tranquila, despejada... incorruptible por el caos o la maldad. Decido perderme en ella para realizar mi encargo y aclarar mi mente. Debo pensar los acontecimientos recientes con claridad, pero... ¿las consecuencias valdrán la pena? ¿Debo escoger entre mi familia... o lo que es mejor para Panem?
Escucho a Finnick salir de la casa a paso tranquilo. Lo veo alejarse y corro como si no hubiera un mañana. Debo ser rápida porque no tengo mucho tiempo. Revuelvo toda la casa con impaciencia intentando encontrar algo, lo que sea, no es tan notorio. Una pista, una idea, un indicio del destino. El lugar está hecho un completo desastre pero nada aparece. Recorro las habitaciones minuciosamente, cada una tantas veces como mi paciencia me lo permite, pero no encuentro nada. Ya busqué 4 veces por toda la casa, ¿qué son otras 4 más?
Frustrada por mis intentos fallidos bajo las escaleras arrastrando los pies. No puedo encontrar algo cuando no sé lo que busco. Me recargo en la alacena por el mareo y huyo al fregadero. Mi estómago se ha revuelto y ahora intenta vaciar su nulo contenido. Malditas náuseas matutinas.
Al recuperar la compostura veo que las cajas de cereal se han regado porque yo me he recargado. Las recojo pero me percato de algo... Finnick odia el cereal. ¿Por qué las tendría en su alacena?
Encuentro una caja perfectamente empaquetada pero abierta... parece que se esfuerza demasiado por pasar desapercibida. Al abrirla encuentro papeles remplazando los alimentos. Todos están inundados de escritos y en el centro una marca de agua llama mi atención... es un sinsajo. Sinsajo. Ese es el sello de mis padres. Sé que los documentos tienen que ver con ellos ya que se encuentran en el alfabeto cirílico, y eso es una de sus escasas enseñanzas que sigo conservando. Regreso todo a su contenido menos un sobre de pesada caligrafía dirigido a mí.
Cuando Finnick llega la casa, ya se encuentra todo en orden, y yo limpio el piso disimulando. Se sorprende porque alguien más es pagado por realizar ese trabajo. El pescado me lo devoro y decido llevarlo al lugar que necesitamos ir por ahora, aunque sea el que más despreciamos.
-Annie...- Él quiere iniciar una conversación mientras nos acercamos al pueblo.
-Finnick...- imitando su tono sabe que no quiero hablar.
-Debemos hablar de lo pasó ayer- insiste, que hombre tan terco.
-No puedo creer que hayan hecho eso. ¿Que los vencedores nos destrocemos entre nosotros de nuevo? ¿No es suficiente experimentar desastres una vez? Algo están tramando, seguro creen que...-.
-No me refiero a eso, hablemos del bebé. Tenemos que encontrar una forma de que tu embarazo pase desapercibido en los juegos. Cuando nazca el próximo año buscaremos formas para esconderlo de la vida de Panem frente a las cámaras...-.
-No sabemos si va a nacer, los Juegos pueden...-digo cortante.
-Claro que va a nacer. Así deba matar a todos los otros tributos y suicidarme para que te proclamen vencedora, ambos llevarán una vida por delante-.
-Hay probabilidades de que no sea un tributo este año y lo sabes...Hmmmm...Ya llegamos-.
Atravesamos el umbral de un edificio que parece un enorme almacén. En todo Panem se corren los rumores de que los Distritos profesionales como el 1, 2 y 4 entrenan niños desde pequeños para ir a los Juegos del Hambre y ganarlos. Temo confirmar que todo es cierto. El capitolio dice prohibir la preparación pero es la mano que impulsa este proyecto, el edificio donde se lleva a cabo. El Distrito 2 suele llevarse casi todas las victorias, como un perro entrenado para complacer a su amo. Otros nos preocupamos por algo más básico, sobrevivir. Como ningún niño irá este año, todas las instalaciones se encuentran vacías.
-Finnick, te he traído porque debes estar listo para lo que enfrentes ya que es seguro que tú vayas. Yo también entrenaré y no tendré piedad contigo al pelear. Concentra toda tu energía en mantenerte vivo-.
-Yo opino lo mismo, niño- un hombre sonriente sale de una esquina acercándose a nosotros- Hola muchachos, su sesión empieza ahora. Tienen 5 minutos para cambiarse- corremos a los vestidores a ponernos ropa de entrenamiento, sin que Finnick se dé cuenta deposito la carta misteriosa en mi blusa doblada.
Al llegar hay maestros de combate listos para instruirnos. Todos saludan Finnick con familiaridad, ya lo conocen de pequeño. Corremos, pasa el tiempo y no aguanto las piernas, pero ellos no dejan que descanse. Calentamos con otros ejercicios y no importa que mi cuerpo no los soporte, los maestros llegan a gritarme y por no hacer los entrenamientos bien, me sancionan con el doble de lo que originalmente debo hacer. El trabajo es duro para mí pero si Finnick mejora sus probabilidades todo valdrá la pena. Ignoro su mirada de preocupación.
Esa noche compruebo que él duerme tratando de recuperar las fuerzas perdidas, me escapo del cuarto sigilosa como serpiente y busco la carta escondida en mi ropa sucia. La carta revela sus secretos cirílicos bajo la luz del baño, intento traducir todos los caracteres:
Annie:
No tienes idea de lo doloroso que me resulta escribir esta carta. Si la lees significa que estoy muerto y tu madre también. Seguramente te formulas muchas preguntas antes de siquiera aprender a leer este texto pero debo explicarte algunas cosas que son muy importantes:
Los Juegos del Hambre los crearon conquistadores malvados del Capitolio para infundirnos miedo, y controlarnos con su "generosidad". No tengas miedo, sin importar lo que hagan.
El Distrito 13 existe. El capitolio fue amenazado y cortó todo contacto con ese peligro creyendo que se extinguirían por no ser autosuficientes. El Capitolio nos tiene muy vigilados pero debes actuar de una manera para que siempre te subestimen. Así no sabrán de lo que eres capaz.
Hay rebeldes y nosotros somos parte de ellos. Hay otros que creen en una sociedad sin opresión de un gobierno o Juegos del Hambre. Existe más gente luchando por un mejor porvenir, puedes confiar en ellos.
Tu madre y yo morimos sin dolor, con dignidad para darte un futuro mejor. Puede ya no recuerdes los momentos que estuvimos a tu lado pero recuerda que todos los días desde que supimos que estarías en nuestra vida te quisimos y siempre pensamos lo mejor para ti. Tuvimos que dejarte en el orfanato para que tuvieras las mejores posibilidades. Ser hijo de un rebelde puede marcar tu muerte.
Lamentamos dejarte a tu merced pero mantenerte cerca es peligroso, hija. Cuando menos lo esperes un sinsajo cantará contigo para tranquilizarte y su vuelo te guiará a un mejor mundo. Tal vez cuando tengas hijos entiendas lo que nosotros hacemos por ti en este momento. La suerte podrá no estar de tu parte pero no la necesitas, eres más ruda que todos tus futuros adversarios.
Te quiero a morir,
Papá.
Finnick sabe de esto. Finnick conoce toda esta maldita información, ¿y no se molestó en decirme? Seguramente ya repasó la carta muchas veces, puede que se la sepa de memoria. No conozco sus razones para ocultarme esta preciada información pero...
Oh... Finnick es parte de la rebelión.
Sus intentos de protegerme al ser descubierto por el Capitolio están a salvo conmigo. Pero no ante Panem. Regreso a dormir a su lado y lo observo un rato. Cuando duerme sonríe y ronca inconscientemente... es... es hermoso. Me gustaría que mi bebé se pareciera a él. Sería la persona más tierna que el mundo conociera.
Todos los días vamos al edificio para mejorar nuestra condición física. Entrenamos hasta caer rendidos y volvemos a entrenar. Después de un tiempo nos dedicamos a golpear sacos de boxeo y colchonetas. Mis habilidades mejoran aunque Finnick acapara toda la atención de los entrenadores por lo que casi nadie me corrige.
Llega el día en el que Finnick y yo tenemos que hacer combate cuerpo a cuerpo. Él tiene miedo de hacerme daño porque lo que se jala el cabello y camina con impaciencia.
Dan la señal de comenzar y Finnick no golpea.
-No tengas miedo- le suelto tantos golpes como puedo. Lo quiero, pero no es honesto... ¡¿Por qué no es honesto conmigo?! ¡¿Así espera formar una familia?!
-¡Pelea!- sus brazos por fin responden mis golpes con una fuerza mayor a lo que anticipaba. Esas mismas manos que suelen abrazarme ahora me atacan, me apartan... me lastiman.
Me molesto tanto que le doy una patada con todo mi pequeño ser. Él deja de luchar y cae al piso retorciéndose en agonía. Esta vez me he excedido. Todos corren a ver como se encuentra pero yo huyo a los vestidores. No puedo enfrentarlo. Lo odio en este momento. Llego al pequeño lugar y lanzo todo lo que encuentro en mi camino.
-¿Por qué huyes, preciosa?- un entrenador de ojos verdes de serpiente me sigue hasta mi escondite, no confío en él.
-No huyo, pero eso no estuvo bien- debo recobrar la compostura, nadie sabe de lo mío con Finnick.
-No me digas que te afectó lo que sucedió hace rato. En la vida hay gente apta y gente que no lo es, no puedes sentirte mal por eso- se acerca a mí como si yo fuera una presa asechada, la cena de esta noche- No puedes evitar ganarle a ese mujeriego, no sirve para pelear. Aparte, tú eres muy bonita, Annie. ¿Has considerado… en otras opciones para ganar?- ya se encontraba a escasos centímetros de mi boca.
-Quítate de mi camino- lo aparto de un empujón pero no desiste en molestarme. Me inmoviliza los brazos y olfatea mi cabello como perro. Qué asco. Aplico lo aprendido con Finnick y corro sin detenerme hasta mi casa, no sé como quedó después de la patada.
A la mañana siguiente no salgo de mi hogar y me dedico a cepillar mi cabello. Mis rizos me vuelven loca, prefiero que me coman los mutos antes de deshacer cada nudo formado pues al terminar se regeneran como nuevas células. Me desespero a muerte, cuando llega una nueva mano a separar los mechones formados por ondas como las olas ya no forcejeo.
-Lamento haberte abandonado ayer. No quería enfrentarte y... y... yo... pues...-empiezo antes de pudiera decir algo pero me quedo sin palabras.
-No te preocupes. Que desastre tienes ahí, ¿quieres que te ayude?-le ofrezco un cepillo y él lo toma dispuesto a empezar. Yo sé que hace las cosas con todo el cariño que puede pero cada vez que lo intenta me siento del carajo.
-¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!- suspiro y descanso- Duele. La suerte no estuvo de mi parte al nacer-.
-A mí me gusta tu cabello, es bonito. Me gustaría que le bebé lo heredara. Ya me lo imagino creciendo y quejándose como tú para ir a la escuela...-.
-Finnick-.
-... y ya lo veo nadando con tortugas y atunes...- Caray, no se calla.
-Finnick-.
-...y le pienso enseñar a usar el tridente, cuando cacemos peces llegaremos a manos llenas y tendremos de comer para una semana completa...- Tengo que decirle.
-Finnick-.
-¿Qué?-.
- ¿Qué te hace pensar que quiero que nazca este bebé?-.
