2

Lechuzas mensajeras

Vega Black no era una niña como las demás. Los habitantes de Weston no tardaron mucho tiempo en darse cuenta de ello cuando Vega se mudó con sus tíos. Tampoco es que los Tonks fuesen una familia muy corriente, con esos nombres tan raros o aquella hija que tenían que se teñía el pelo cada día y vestía de formas extrañas, pero el señor y la señora Tonks eran vecinos muy amables y respetados por todos.

La niña se había mudado con ellos porque había perdido a sus padres aquellas Navidades. Eso era lo único que las clientas de su herboristería habían conseguido sonsacarle a Andrómeda Tonks. Sabiendo eso, Vega había sido recibida con mucha amabilidad en el pueblo. Las señoras le sonreían, e incluso había niños de su edad que la invitaban a jugar con ellos. Pero eso a Vega no le interesaba,

Poco acostumbrada a relacionarse con nadie más que con su mejor amigo, Harry Potter, allá en Privet Drive, no sabía muy bien como responder a tanta amabilidad. Cuando los vecinos de Weston se le acercaban, ella sonreía, daba las gracias amablemente y se apartaba.

Le habría gustado poder quedarse en casa, jugando con Devon, dibujando, tocando la guitarra o escribiéndole cartas a Harry, pero a tía Andrómeda le preocupaba que Vega se quedase sola en casa, pensando en Privet Drive o en sus padres, hundiéndose en la melancolía. Al principio protestó, pero en el fondo Vega prefería no quedarse sola mucho tiempo.

Así que pasaba gran parte del tiempo con su tía, sentada en la puerta de la trastienda de la herboristería, mirando al parque, ayudando a tía Andrómeda con sus clientas o haciendo los deberes para el colegio en el almacén de la tienda.

Leyendo aburrida un gran libro encuadernado en piel (Historia de la magia de Adalbert Waffling) que tenía apoyado en un lado, Vega mordisqueaba el extremo de una pluma mientras buscaba algo que pudiese serle útil en su redacción sobre «La inutilidad de la quema de brujas en el siglo XIV».

Mientras escuchaba distraídamente lo que hablaban las clientas de la tienda con su tía a través de la cortina que la separaba del mostrador, Vega leyó:

En la Edad Media, los no magos (comúnmente denominados muggles) sentían hacia la magia un especial temor, pero no eran muy duchos en reconocerla. En las raras ocasiones en que capturaban a un auténtico brujo o bruja, la quema carecía en absoluto de efecto. La bruja o el brujo realizaba un sencillo encantamiento para enfriar las llamas y luego fingía que se retorcía de dolor mientras disfrutaba del suave cosquilleo. A Wendelin la Hechicera le gustaba tanto ser quemada que se dejó capturar no menos de cuarenta y siete veces con distintos aspectos.

Vega sonrió levemente al leer que los muggles no eran capaces de reconocer la magia, pues a través de la cortina oyó como una de las clientas (la señora Gatewell) alababa a tía Andrómeda sobre la crema anti acné que le había comprado para su hija.

—¡Es una maravilla!— decía la señora Gatewell emocionada —, Tenía la cara que parecía un papel de burbujas de los granos que tenía, y la crema los ha reducido muchísimo en apenas una semana ¡Casi parece cosa de magia!

Vega oyó como tía Andrómeda y las demás clientas se reían divertidas y hablaban de lo blancas que dejaba las camisas el detergente casero de tía Andrómeda y alababan la buena mano que tenía. A Vega no la extrañaba mucho, tía Andrómeda era una especialista en la magia de limpieza y en pociones cosméticas. Algunas de sus pociones las vendía a sus clientas muggles, que ignorantes de que eran pociones mágicas, volvían encantadas a comprarle de nuevo a la tienda.

La campanilla de la puerta repicó y las clientas saludaron a una recién llegada.

—¡Buenos días Rachel! — saludó alegremente tía Andrómeda — ¿En que puedo ayudarla hoy?

—Hola Andrómeda — respondió la señora Wolpert —, venía a recoger mi pedido especial.

—¡Ah! — exclamó tía Andrómeda —, vaya, me temo que aún no lo tengo preparado, pero pasa al almacén.

Tía Andrómeda apartó la cortina de la puerta y dejó pasar a la señora Wolpert, que sonrió amablemente a Vega.

—Vega cariño ¿puedes preparar el pedido de Rachel? — pidió tía Andrómeda — tengo que terminar de atender a la señora Gatewell.

—Claro — respondió Vega mientras dejaba a un lado la pluma, con cuidado de no manchar el pergamino de tinta.

La señora Wolpert sonrió amablemente y en cuanto tía Andrómeda volvió a la tienda, cerrando la cortina tras de sí, la mujer sacó una varita de un bolsillo interior, y apuntando a la cortina, susurró:

Muffliato. — Y seguidamente volvió a guardarse la varita, sonriendo a Vega —, así esas chismosas no nos escucharán hablar.

—Claro... — dijo Vega, pensando que tenía que apuntarse aquel hechizo para otras ocasiones —, ¿En que puedo ayudarla entonces, señora Wolpert?

La señora Wolpert sacó un pedazo de papel del bolso y Vega alargó la mano para cogerlo. Leyó lo que ponía mientras la mujer le explicaba:

—Últimamente mi Jimmy tiene problemas para dormir, así que iba a prepararle un caldero de pócima del sueño. Se que tu tía podría venderme un poco, pero prefiero preparármela yo en casa, y Andrómeda tiene los mejores ingredientes para pociones de la región.

Vega asintió distraídamente cogiendo unos botes que había en una mesita y se giró hacia la estantería de los ingredientes mágicos, que estaba al fondo de la trastienda, oculta tras un velo con encantamientos anti-muggles. Mientras buscaba lo que quería la señora Wolpert (diez onzas de mocos de Flobberworm, cinco ramilletes de lavanda y otros cinco de valeriana, así como un par de botellitas de esencia de díctamo), esta parloteaba incesantemente, hasta que se fijó en la tarea que Vega había estado haciendo hasta que la habían interrumpido.

—"La inutilidad de la quema de brujas en el siglo XIV"— recitó la señora Wolpert —, que trabajo más interesante ¿Son tus deberes para el colegio?

—Si — respondió Vega mientras metía el pedido en una bolsita de papel recio—, En Hogwarts te ponen muchos deberes para el verano, es una autentica lata...

—No seas así, a mi me parece muy interesante — dijo con un brillo en los ojos —, Estoy deseando que a mi Nigel le llegue la carta de Hogwarts de una vez por todas...

—¿Nigel es su hijo no? — preguntó Vega, tendiéndole a la señora Wolpert su paquete —, No sabía que fuese mago...

—Es un alivio que lo sea... por lo menos para mí — suspiró la mujer —, Jim no está muy a gusto con la idea, pero desde que le confesé que era una bruja, los dos sabíamos que era muy probable que Nigel también fuese afín a la magia.

—No se preocupe señora Wolpert — dijo Vega amablemente al ver el semblante alicaído de la mujer —, Su marido es un muggle inteligente, no como otros que yo conocí. Si quiere que me pase algún día a hablar con su marido, o con Nigel de Hogwarts lo puedo hacer sin problemas. Ya sabe que no caigo muy bien a los niños muggles de Weston, así que no me importaría enseñarle cosas a Nigel, así podría pasar el tiempo con otro niño mago.

—¡Oh! no te preocupes por Jim, querida, de él me ocupo yo — dijo la señora Wolpert con una sonrisa—, pero estaría encantada de que vinieses a jugar con Nigel algún día. No tiene muchos amigos en el pueblo, y de ese modo cuando vaya a Hogwarts el año que viene, tendrá a alguien que le pueda guiar por el colegio si lo necesita.

—De acuerdo entonces — dijo Vega alegremente mientras le cobraba a la mujer el encargo—, me pasaré mañana por la mañana a visitarles si no le importa.

—¡Por supuesto! nos vemos mañana — se despidió la señora Wolpert mientras atravesaba la cortina hacia la tienda —, ¡Muchas gracias por todo, querida!

Vega saludó con la mano hasta que la mujer se perdió de vista del escaparate y volvió a la trastienda. Se sentó en la silla, enfrentándose de nuevo al trabajo que debía escribir, pero tras un suspiro aburrido, hizo un rollo con el pergamino y cerró el libro, cansada de escribir, y lo guardó todo en la mochila. Ya eran casi las siete, así que tía Andrómeda no tardaría en cerrar la tienda para ir a cenar a casa, por lo que Vega decidió adelantarse y volver ella sola por esta vez. En cuanto hubo avisado a su tía, se colgó la mochila del hombro, encendió el walkman portátil mientras se ponía los cascos para escuchar música durante el trayecto y bajó los escalones de la tienda de un salto, apresurándose hacia la salida del pueblo al ritmo de su música.

La casa de los Tonks estaba a unos dos kilómetros del pueblo por un camino de tierra. El camino atravesaba un trozo del bosque y tenía que atravesar un pequeño puente de madera que cruzaba sobre un arroyo antes de llegar a la casa.

A Vega le gustaba adelantarse a su tía para volver a casa porque así podía tirarse un rato junto a la ribera del río y estar tranquilamente a solas para pensar o para tocar la guitarra sin molestar a nadie.

Esta vez no iba a ser distinto, así que se apartó del camino para bajar por la cuesta que daba al arroyo. Cuando llegó al agua se quitó las sandalias y chapoteó con los pies mientras dejaba vagar sus pensamientos.

Nigel Wolpert también era un niño mágico como ella... Vega no podía decir fuese una sorpresa, pero no podía habérselo dicho a la señora Wolpert. El profesor Dumbledore, director del colegio Hogwarts, le había prohibido a Vega a finales del curso anterior que revelase su don. Cuando Vega y su amigo Harry Potter se había visto atrapados por un recuerdo de Lord Voldemort, el mago oscuro que había acabado con los padres del chico, este había tratado de asfixiar a Vega hasta matarla por medio de un hechizo, que a pesar de alcanzarla de lleno, Vega había conseguido contrarrestar y salvar su vida a pesar de que estaba a punto de perder la consciencia. Emrys Gryfinach, así lo había llamado el director, significaba que Vega era capaz de sentir y manipular los flujos de energía mágica que la rodeaban sin necesidad de pronunciar hechizos y sin tener que utilizar una varita de intermediario. El profesor Dumbledore la había advertido de que era un don peligroso, algo que tendría que aprender a controlar para no causar accidentes a su alrededor en caso de perder los nervios y utilizar su poder sin querer.

Vega, ante la grave insistencia del profesor en sus advertencias, se había tomado aquel consejo muy en serio y se había pegado todo el verano practicando, tratando de sentir de nuevo la sensación que la había embargado en la Cámara de los Secretos de Hogwarts, cuando el recuerdo de Voldemort, Tom Ryddle, le lanzó el hechizo que detuvo sus pulmones y estuvo a punto de matarla.

No había cosechado mucho éxito, pues había sido incapaz de efectuar ningún tipo de magia ni hechizo sin ayuda de su varita. Sin embargo, sus esfuerzos no habían sido en vano.

Vega se concentró, mirando fijamente un guijarro en el fondo del arroyo. Oía el agua corriendo, sentía el frescor de la hierba húmeda en sus manos, olía el aroma fresco del bosque que le traía el viento. La niña se centró en esas sensaciones, dejando su mente en blanco, hasta que por fin, sintió más que vio frente a ella, un ligero resplandor en el aire, similar al polvo en suspensión iluminado por el Sol, excepto que se había producido a la sombra de los arboles.

Vega sonrió con satisfacción y se relajó ligeramente. Cerró los ojos un segundo, comprobando como siempre que a pesar de tener los ojos cerrados, podía sentir como aquella cosa se movía y arremolinaba a su alrededor. No era algo físico que pudiese tocar, sino como una impronta en el aire, que podía detectar únicamente cuando estaba relajada, o con todos sus sentidos alerta. Podía ver esas corrientes de "polvo luminoso", pero también podía, en cierto modo, olerlas, sentirlas, e incluso en ocasiones, si se concentraba, podían dejarle un regusto en la lengua.

A falta de un nombre para aquel fenómeno, Vega había llamado a aquellas corrientes de luz, flujos mágicos, pues había visto en varias ocasiones como aquellas corrientes lumínicas tendían a arremolinarse en torno a los magos del pueblo. Y no solo eso, pues cada mago tenía su propio flujo mágico, que emanaba de sí mismo y que era completamente distinto al de los demás. Vega se entretenía en ocasiones sentándose en el parque del pueblo y concentrándose en los flujos de magia de sus vecinos, tratando de identificar quien era de quién sin abrir los ojos, solo mediante sus sentidos.

De este modo era como había descubierto que el joven Nigel Wolpert era un mago, pues ya había sentido su magia en varias ocasiones, cuando este salía a jugar al parque con su hermano menor, Julian, quién sin embargo, no dejaba tras de sí un rastro mágico. A Vega le gustaba observar el flujo mágico del niño, mucho más salvaje e indisciplinado que el de los adultos magos y brujas que les rodeaban, muy similar al de la propia Vega. Ella no tenía una explicación clara de por qué esto era así, pero recordaba lo que el profesor Dumbledore le había dicho a finales del curso pasado, de que los niños magos, debido a la fuerza de su magia y a su incapacidad para controlarla, podían realizar proezas de las que un mago adulto no era capaz.

Vega se recostó boca abajo, con los pies aún en el agua. Cansada, intentaba mantener la conexión sensorial que le permitía ver los flujos mágicos. Aquello siempre la dejaba agotada, pero tenía que aprender a controlarlo, para así algún día descubrir como manipular esas corrientes mágicas a su favor de forma consciente. Como siempre, se concentró en su propia energía mágica, intentando aprender como diferenciarla de las propias corrientes mágicas que flotaban independientes en el aire, entrelazándose con su magia. Esas corrientes independientes, Vega las llamaba energía natural. Era incapaz de reconocer su origen, y eran tan claras y puras como el agua de montaña, pero muy poderosas. A Vega le gustaba pensar que era la magia en su estado más puro e inalterado, salvaje e independiente, siempre había intentado capturar alguna corriente, analizarla, pero era muy complicada de detectar, y eso hacía que se cansase mucho más rápido.

Ignoró pues las energías naturales y trató de focalizar únicamente la suya propia, para intentar manipularla. Alzó las manos, separando los dedos, viendo como las corrientes jugueteaban entre sus dedos formando remolinos. Las sensaciones que emanaban de esas corrientes le resultaban a Vega muy curiosas, pero familiares a la vez. Lo sentía frío, pero cálido a la vez, como si estuviese sentada ante un fuego en una noche fría, le causaba escalofríos. Su magia se iluminaba como la luz de la Luna a través de las hojas de un árbol y olía a cerezas y menta.

Vega siempre sentía la tentación de coger su varita y practicar algún hechizo, solo por la curiosidad de ver como aquella corriente se transformaba para dar lugar a la magia, pero sabía que aquello era muy arriesgado, pues los menores de edad como ella no tenían permitido hacer magia fuera de la escuela, así que estaba deseando volver al colegio para poner en practica su nueva habilidad en un ambiente totalmente mágico.

Por supuesto, esa no era la única razón por la cual Vega ansiaba regresar a Hogwarts, también echaba mucho de menos a sus amigos Harry Potter, Hermione Granger y Ron Weasley. A Vega se le hacía raro estar tan sola durante el verano, pues desde siempre había vivido a pocas casas de su mejor amigo, Harry, y siempre habían sido inseparables pues solo se tenían el uno al otro en Privet Drive. Después, juntos ingresaron en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, donde conocieron a sus nuevos amigos Ron y Hermione, y desde primero lo hacían todo juntos los cuatro. Habían vivido increíbles aventuras en los dos únicos años que habían cursado por el momento, así que Vega estaba deseosa de volver a la escuela con ellos para descubrir que aventura les depararía aquel curso.

De pronto, Vega sintió como un nuevo flujo mágico se acercaba por el camino desde el pueblo. Enseguida reconoció el ligero olor a jabón y rosas que desprendía el flujo mágico de tía Andrómeda, así que se incorporó lentamente, cortando su concentración lentamente y dejando que su percepción se desvaneciese, bostezando cansada.

Unos minutos más tarde, oyó la voz de su tía que la llamaba desde el puente y Vega se incorporó, saltó el arroyo con agilidad y se reunió con ella al otro lado del puente. Cuando se estaba acercando a su tía, Vega se dio cuenta de que esta llevaba una lechuza apoyada en su hombro. Vega sonrió sorprendida y avanzó los últimos metros que la separaban de su tía corriendo.

—¡Devon! — exclamó Vega muy contenta.

—Llegó a la tienda solo unos minutos después de que te fueses — comentó tía Andrómeda —. Menos mal que ya se habían ido todas las clientas o habrían hecho preguntas...

Vega extendió un brazo para que Devon volase hacia ella y Vega vio que sostenía una carta.

— ¡Una carta de Harry! — dijo Vega —, ¿así que ahí es donde habías ido eh?

—Vamos a casa — dijo tía Andrómeda —, ya la leerás cuando lleguemos, y así Devon podrá descansar.

Mientras tía Andrómeda preparaba la cena en la cocina, Vega se dirigió a su habitación, donde le quitó la carta al búho, que voló hacia su jaula, donde se acurrucó, limpiándose las plumas cuidadosamente. Vega rellenó un bol con agua y otro con algunas chucherías para su búho, y lo acarició distraídamente en la cabeza mientras abría el sobre y lo tiraba a un lado.

Querida Vega:

¿Cómo estás?

Siento mucho no haber escrito en un tiempo, pero Hedwig se fue hace un par de días y sigue sin haber vuelto, no se donde puede estar... Por suerte Devon debió de pensar que necesitabas noticias mías, porque ha aparecido en mi ventana como caído del cielo.

En Privet Drive todo sigue más o menos igual, ya sabes que la vida con los Dursley no es que esté plagada de emociones... Llevo un tiempo sin saber nada de Ron o de Hermione, pero supongo que el incidente de la llamada de teléfono debió de disuadirlos de intentar hablar conmigo. Tampoco ayuda que tío Vernon no deje de vigilarme para asegurarse de que no escribo cartas (esta la estoy escribiendo de madrugada, puedo oír roncar a mi tío desde su habitación, así que no hay peligro).

Dudley cada día está más cerca de superar su récord de gordura, y dentro de poco podrá compararse a un ballenato recién nacido, estoy convencido de ello, pero mis tíos no parecen darse cuenta de ello, o simplemente les da igual, porque aparte del televisor que le han instalado en la cocina para que no deje de comer en todo el día sin moverse ni un ápice, le han comprado uno más para su habitación. Pensándolo bien, no es que sea algo malo, así Dudley está demasiado ocupado embobado con la tele como para darme mal a mí.

Yo por mi parte, no puedo hacer mucho por aquí. Mi tía me tiene prácticamente esclavizado desde que se enteró que no ibas a volver a Privet Drive. La muy asquerosa... cuando vio que se mudaban nuevos vecinos a la casa de tus padres la vi como se relamía de gusto. No hay nada mejor que nuevos vecinos a los que cotillear para ella... Es absolutamente asqueroso...

Ojalá estuvieses por aquí, me aburro muchísimo, tanto que casi he terminado ya todos los deberes para la escuela, porque no tengo otra cosa que hacer (y eso que los deberes solo los puedo hacer a altas horas de la noche).

Seguro que ya lo sabes, pero dentro de nada es mi cumpleaños. Se que sería mucho pedir, pero me conformaría como único regalo que vinieses a pasar un día conmigo en Little Whinging, aunque fuese solo para desconectar un rato de mis tíos. Me hago ilusiones con eso, pero sé que es muy poco probable... aunque pudieses venir, dudo que mi tía me aflojase la cadena para que pudiese irme contigo aunque fuese media hora.

De todos modos, espero que me respondas pronto, tus cartas son el único entretenimiento que tengo en esta casa.

¡Ya falta menos para que nos veamos en Hogwarts!

Un abrazo,

Harry.

Vega suspiró apenada y dejó la carta a un lado, tumbándose en la cama. Cerró los ojos, dejándose arrullar por el piar que emanaban los pájaros del papel pintado encantado de su habitación. Aquello había sido un regalo de tío Ted, sabedor de que cuando vivía en Privet Drive con sus padres adoptivos, se pasaba gran parte del tiempo sentada dentro de la pajarera del jardín. Los pájaros del papel pintado eran de hecho los mismos que tenía entonces dentro de la pajarera, tío Ted los había encantado para que viviesen por siempre dentro de aquel mural. Vega lo agradecía, pues eso hacía que realmente se sintiese como en casa. Pero por otro lado la entristecía, pues le daba la impresión en ocasiones, de que si abría los ojos, se encontraría a su madre llamándola desde la ventana de la cocina para sentarse a la mesa con ellos a cenar.

Los echaba muchísimo de menos, pero era consciente de que no volvería a verlos jamás, y si bien sabía que no estaba sola, pues sus tíos cuidaban de ella, no podía dejar de pensar que en cierto modo, había perdido a su familia por segunda vez.

No recordaba a sus padres biológicos, era demasiado joven cuando su madre, Marlenne, fue asesinada, supuestamente, por su padre, Sirius Black, que cumplía por ello prisión de por vida en la cárcel de los magos, Azkaban. Ella nunca había querido creerse esas historias, en parte porque su padrino, Remus Lupin, gran amigo de su padre, no parecía convencido de que aquello fuese cierto. Pero también porque prefería imaginar que su padre realmente amaba realmente a su madre, y ella no había nacido simplemente como parte de algún maquiavélico plan de Voldemort para que su "más leal mortífago" pasase desapercibido.

Vega sacudió la cabeza, sacando esos pensamientos de su mente. No quería pensar en aquello ahora, lo importante en aquel momento era Harry. La muerte de los Marshall había sido un duro golpe para Vega, por supuesto, eran sus padres. Pero Vega sabía que aquello también había tenido grandes consecuencias en la vida de su amigo. En Privet Drive, los elitistas vecinos siempre habían despreciado a "aquella niña deslenguada y su amigo el flacucho de gafas" como había oído una vez Vega que les llamaba una señora. Los Marshall habían sido para ellos como un bote salvavidas en un mar de desprecio. Siempre los habían defendido y ayudado cuando tenían problemas. Si volvían del colegio con moratones o cortes por haber sido lentos al huir de Dudley Dursley y sus amigotes, Janet les recibía en casa con un abrazo y palabras de consuelo, unos muffins de chocolate y vendajes y tiritas mientras Alfred trataba por enésima vez de hablar con los padres de los chicos que les acosaban, sin ningún resultado más que el que les dejaran en paz durante al menos una semana y nada más.

Vega no vivía mal en Weston. Es más, la gente era amable y respetuosa, y siempre era curioso ver como las pocas familias de magos se integraban, en cierto modo, en el ambiente muggle del pueblo. Harry sin embargo, ya no tenía a nadie que le protegiese de las maldades de sus tíos y de su primo. Nadie vigilaba que comiese lo suficiente, que no lo forzasen a trabajar demasiado, en definitiva, que le alejase durante un tiempo de los Durlsey. Esbozó una sonrisa, estaba segura entonces que el regalo que había encargado para el cumpleaños de Harry iba a serle de muchísima utilidad.

Se oyó entonces un estruendo en el salón que sobresaltó a Vega. Se levantó rápidamente para ver que había sido y llegó al salón a tiempo para ver como unas llamas verdes se apagaban en la chimenea y a su tío Ted acompañado por otro hombre.

—¡Remus!— exclamó Vega feliz saltando para ir a abrazar a su padrino.

—Hola Vega — respondió este con una sonrisa tranquila. Parecía cansado, como siempre, y seguía vistiendo ropas raídas, como si las llevase encima desde hacía un tiempo, pero aparte de eso, tenía mucho mejor aspecto que cuando había ido a visitarles la última vez, hacía un par de semanas.—, Dime ¿Te tratan bien por aquí?

—Más les vale — respondió Vega con una sonrisa pícara.

Tío Ted se rió, pero su risa se vio interrumpida por la voz de tía Andrómeda que provenía de la cocina:

—¡Más os vale que no me estéis manchando el suelo del salón de ceniza!

Los tres miraron el suelo del salón y vieron que estaba completamente cubierto de hollín de la chimenea. Tío Ted rió nerviosamente y murmuró un encantamiento de limpieza, que no fue lo suficientemente rápido, pues tía Andrómeda llegó justo en el momento en que se desvanecía parte de la ceniza. Puso los ojos en blanco, aunque sonrió y se acercó a saludar a Remus.

—Me alegro de verte, Remus— dijo alegremente, a pesar de la mirada severa que dirigió hacia la alfombra, cubierta de suciedad—, pasad a la cocina, estaba terminando de preparar la cena.

Vega se acercó expectante a su padrino, pero este pareció adivinar rápidamente las intenciones de la chica.

—Antes de que preguntes, sí, te he traído lo que me pediste... — Vega abrió la boca pero Remus siguió hablando—... Sí, lo pagué con tú dinero únicamente como me pediste, y no, por mucho que me insistas, no me voy a quedar con los cambios

Mientras decía eso, Remus sacó una bolsita de cuero del interior de su chaqueta y la depositó en las manos de Vega, que le miraba algo avergonzada.

—Este es tu dinero, lo que te dejó tu familia para tu futuro, y no pienso aceptar nada... Puedo apañármelo con lo que tengo y no necesito más — añadió ante la disimulada mueca de escepticismo de Vega.

Vega suspiró, dándose por vencida, y guardó el saquito de cuero, que tintineó con el sonido de monedas entrechocando, en un bolsillo del vaquero.

—En esa cámara hay demasiado... — argumentó Vega —, tanto que no sabría que hacer con él... seguro que hay suficiente para que cuatro familias como la de mi amigo Ron vivan holgadamente durante cincuenta años... — Vega miró con determinación a su padrino—. No aceptas el dinero, lo entiendo, pero estas Navidades tendrás un regalo genial, ya lo verás. No puedes evitar que utilice lo que tengo para cuidar de las personas a las que quiero — añadió con una sonrisa pícara.

Remus puso los ojos en blanco mirando al techo, pero sonrió, algo que Vega consideró una victoria. Mientras se sentaban en torno a la mesa de la cocina, Remus metió una mano en su bolsillo y le tendió a Vega una cajita cuadrada para después girarse para seguir hablando con los Tonks. Vega, sabiendo de que se trataba, la abrió ávidamente.

La cajita estaba llena de unas perlas de cristal, del tamaño de canicas gordas rellenas de un humo azulado. Eran "hechizos pre-formulados para el mago inexperto", como rezaba el anuncio que Vega había leído hacía varias semanas. En concreto, aquellas canicas contenían hechizos anti muggles, que Vega pensaba enviar a Harry para que utilizara contra los Dursley. No eran hechizos muy potentes, pues solo duraban un par de horas, pero eran indetectables, por lo que Harry no se metería en líos con el Ministerio de Magia por infringir la ley que prohibía el uso de magia en menores, y a la vez podría librarse de sus abominables tíos durante algún tiempo, manteniéndolos alejados gracias al hechizo repelente de muggles. Vega sonrió, satisfecha por la increíble idea que había tenido, y pidió permiso para levantarse de la mesa e ir a guardar la cajita a su habitación.

Cuando volvió a la cocina, tío Ted se giró hacia ella y se sacó un trozo de papel del bolsillo de la túnica, que le tendió a Vega.

—Casi lo había olvidado, estaba leyendo el periódico en la oficina esta mañana y me he encontrado con esto — sonrió misteriosamente—. Creo que te interesará.

Vega desplegó el papel con curiosidad. Era un recorte irregular de periódico que pertenecía al diario del mundo mágico El Profeta porque la gente de la fotografía en blanco y negro se movía. Vega alisó el recorte y leyó:

FUNCIONARIO DEL MINISTERIO DE MAGIA

RECIBE EL GRAN PREMIO

Arthur Weasley, director del Departamento Contra el Uso Incorrecto de los Objetos Muggles, ha ganado el gran premio anual Galleon Draw que entrega el diario El Profeta.

El señor Weasley, radiante de alegría, declaró a El Profeta: «Gastaremos el dinero en unas vacaciones estivales en Egipto, donde trabaja Bill, nuestro hijo mayor, deshaciendo hechizos para el banco mágico Gringotts.»

La familia Weasley pasará un mes en Egipto, y regresará para el comienzo del nuevo curso escolar de Hogwarts, donde estudian actualmente cinco hijos del matrimonio Weasley.

Observó la fotografía en movimiento, y una sonrisa se le dibujó en la cara al ver a los nueve Weasley ante una enorme pirámide, saludándola con la mano. La pequeña y rechoncha señora Weasley, el alto y calvo señor Weasley, los seis hijos y la hija tenían (aunque la fotografía en blanco y negro no lo mostrara) el pelo de un rojo intenso. Justo en el centro de la foto aparecía Ron, alto y larguirucho, con su rata Scabbers sobre el hombro y con el brazo alrededor de Ginny, su hermana pequeña. En una esquina de la foto, Percy, el hermano mayor de Ron (o por lo menos, al mayor que Vega conocía) que estaba en el séptimo y último curso de Hogwarts parecía especialmente orgulloso y llevaba una medalla colocada en el fez que llevaba graciosamente sobre su pelo repeinado. Las gafas de montura de asta reflejaban el sol egipcio. A su espalda, los gemelos Weasley, Fred y George, dos años mayores que Vega, hacían caras de burla sin que Percy se diese cuenta, imitándo la pose altiva de este y riéndose. En la foto también aparecían dos jóvenes más. Vega reconoció a Charlie Weasley, alto y musculoso, el segundo hijo de los señores Weasley, al cual había conocido en primer año en Hogwarts cuando con Harry y Hermione le habían confiado en lo alto de la torre de astronomía a Norberto, el dragón que Hagrid había estado criando en su cabaña. Por lo tanto, el único Weasley al que no reconocía debía ser Bill, el mayor de todos los hermanos Weasley. Era un chaval bastante guapo, con el pelo largo y un aire de estrella del rock que le gustó bastante. Parecía un tío muy guay.

Vega sonrió, no sabía de nadie que mereciera un premio más que los Weasley, que eran muy buenos y pobres de solemnidad. Se alegró de que hubiesen recibido una gran cantidad de dinero y esperó que así Ron pudiese tener una varita nueva, pues cuando esta se le había roto al principio del año anterior, el pobre chico había pasado un año de catástrofe en catástrofe por culpa de la varita rota.

—Me alegré mucho cuando me enteré de que Arthur había ganado el premio— comentó tío Ted—. Es un buen hombre, con una familia quizás demasiado grande, pero ya era hora de que ganase algo, con todo lo que trabaja...

Vega asintió con una sonrisa y se levantó de la mesa animada.

—Voy a escribirle a Harry para enviarle su regalo ¿Puedo enviarle el recorte del Profeta o lo querías para algo tío?—Preguntó Vega.

—La verdad es que me gustaría guardar el artículo que hay en la parte de atrás sobre la nueva gama de utensilios magimedicos... —dijo tío Ted con una mueca—, pero puedo buscarme otro Profeta, supongo, así que no hay problema

Vega negó con la cabeza y le tendío el papel de vuelta a su tío.

—Es igual, seguro que Ron le enviará uno junto con su regalo de cumpleaños a Harry, así que quedate con el tuyo.

Dicho eso, Vega fue hacia su habitación, dejando a sus tíos y su padrino discutiendo sobre los utensilios mágicos que tío Ted reparaba. Al entrar, encendió la luz de su mesilla y se estiró sobre la cama para sacar el bote de tinta, los pergaminos y la pluma que guardaba en la mochila, que había tirado bajo la cama al llegar a casa. Con cuidado de no manchar las sábanas, destapo el tintero y escribió:

Querido Harry:

Ya pensaba que esta semana no podría escribirte, como Devon no volvía me estaba empezando a preocupar de que se hubiese perdido por el bosque cazando o algo así.

No te preocupes por no tener noticias de Ron o Hemione, no es nada personal. Sé que Hermione se fue de viaje a Francia con sus padres y no volverá hasta el final del verano, llamó por teléfono hace un par de semanas. En cuanto a Ron, probablemente te lo contará él con más detalle en la carta que te envíe con tu regalo de cumpleaños, pero su padre ha ganado un premio y todos los Weasley están en Egipto visitando a Bill (que se parece un montón a Axl Rose en pelirrojo, mola un montón).

En cuanto a tus tíos, estoy segura de que te encantará mi regalo. Te servirá para librarte un rato de ellos, ya lo verás, las instrucciones vienen en la caja (no lo agites, es frágil).

Me gustaría muchísimo poder ir a visitarte, también es bastante aburrido por aquí... Es decir, puedo salir a pasear por el bosque y tal, lo que no está nada mal, pero apenas hay entretenimiento por aquí que no sea ayudar a mi tía en su tienda. Mañana voy a casa del hijo de unos magos que vive aquí también. Al parecer entrará a Hogwarts el año que viene y su madre quiere que le quite un poco el "miedo" al colegio... estoy tentada de contarle tonterías para acojonarlo más aún... no sé, lo consultaré con la almohada.

Intentaré hablar con mis tíos o con Remus para poder pasarme aunque fuese solo unas horas, pero dudo que puedan, últimamente están todos muy liados de trabajo, y Remus ha sido despedido del último, así que se va a marchar a Escocia una temporada a buscar algo nuevo... espero que lo encuentre pronto.

De todos modos, no desesperes, a finales de agosto mis tíos me llevarán a casa de mi prima Dora a pasar unos días en Londres para comprar las cosas del colegio, a lo mejor podemos recogerte a ti por el camino y "acortar tu sentencia"

Sino, el 1 de Septiembre nos veremos en el Expreso de Hogwarts (seguro que nos vemos antes, segurísimo)

Animo y no desesperes, los Dursley son como depredadores, huelen la miseria y les encanta propagarla... sobretodo si es la nuestra, así que fuerza, y seguimos escribiéndonos ¿Vale?

Un beso.

Vega

Vega apartó a un lado la carta para que se secase la tinta y mientras envolvió cuidadosamente la cajita de madera llena de "hechizos pre-formulados para el mago inexperto" y después plegó la carta y la ató al paquete para que Devon pudiese cargar con todo sin problemas.

Sin embargo, en cuanto se levantó para entregarle la carta al búho se dio cuenta de que la jaula estaba vacía. Vega se asomó por la ventana abierta pero no había signos de Devon en el jardín.

—Se habrá ido a cazar al bosque...—se dijo Vega a sí misma, encogiéndose de hombros y volviendo hacia su cama—, ya volverá por la mañana...

Apoyó el paquete sobre la mesilla y se tumbó sobre la cama suspirando. A través de la puerta entrecerrada podía oír las voces amortiguadas de los tres adultos en la cocina. Eso la hacía sentir tranquila y segura, y Vega se quedó dormida poco a poco, pensando en su mejor amigo, que tan sólo se sentía a pesar de estar en la misma situación que ella, y deseó que el final del verano llegase cuanto antes para poder volver a reír todos los días con él.


Lo sé... Lo séeee... No me mateis _

He tenido un año muy muy muy muy muy muy muy ajetreado, siento mucho no haber publicado antes y teneros con el mono

Está siendo muy dificil continuar escribiendo, con todas las cosas que tengo encima con el fin de carrera, el trabajo de fin de grado, el buscar un master, aprobarlo todo _ algo tuve que dejar de lado y tuvo que ser esto

pero enfin, estoy aquí de vuelta =)

Aquí teneis este capitulo, del cual no estoy nada contenta porque me da la impresión de que es muy... meh, pero si no lo publicaba ya, me iba a pegar repasándolo y reescribiendolo eones, y estoy ya un poco harta porque estaba muy falta de inspiración para este cacho...

El siguiente capitulo espero sea más movidito, aún no lo sé, porque no he empezado a escribirlo, solo está en borrador en mi cabeza, aunque sé por donde lo voy a llevar, mas o menos xP

Enfin, siento muchísimo la tardanza, pero por fin son vacaciones, y a pesar de las 6 asignaturas que tengo que recuperar para septiembre, espero poder seguir escribiendo más de seguido en mi tiempo libre.

No voy a abandonar la historia, eso segurísimo, tengo muchos grandes planes para Vega, así que no desespereis pidiendome que no lo deje, porque no lo voy a dejar ;D

Puede que escriba lento, y que tarde horrores y que me desespere con mi mediocridad, pero espero que me sigais apoyando con tanto fervor, porque leer vuestros comentarios me dá muchos ánimos para seguir escribiendo :D

Nos vemos por aquí!

Lawliet