Aquí estamos nuevamente, espero les guste
CAPITULO VI OBSESIÓN
La tranquilidad que me proporcionaba Theodore después del sexo, me recuerda tanto a esos momentos en el que yo hacía mis rondas nocturnas. Me encantaba el silencio de los interminables pasillos de Hogwarts, sentía que a cada paso que daba podía ver algo sorprende y único, que muchos otros solo podían imaginar si tenían la fortuna de leer Historia de Hogwarts.
Mi tranquila rutina que tenía como prefecta cambio el día que lo vi a él caminando sigiloso, ocultándose entre las sombras, por un momento creí que era solo una alucinación, ese día en particular Potter no dejo de hablar de él toda la mañana, que si era un mortifago, que si debíamos seguirlo, que si Dumbledore debía interrogarlo, ahora que lo pienso Potter si contaba con buenos instintos. Al ver nuevamente su distintivo cabello, no lo pensé y comencé a seguirlo, con mi varita en alto lista para cualquier percance. Me coloque un hechizo desilusionador, no quería ser descubierta por una tontería mía, durante horas lo seguí por todo el castillo, subiendo y bajando escaleras, me encontraba a punto de darme por vencida, diciéndome lo tonta que era por dejarme influenciar por las teorías conspiratorias de Potter. De pronto se detuvo, yo me encontraba a unos cuantos pasos detrás de él mirando lo que hacía, comenzó a caminar de un lado a otro y me di cuenta de donde estábamos. La sala de los Menesteres, mi cabeza se llenó de todas esas sospechas que Potter tenía sobre él, apreté con fuerza mi varita, dispuesta a todo.
La puerta fue cobrando forma, se abrió y entro, antes de que se cerrara corrí para entrar junto a él. Siempre le pregunte en que momento descubrió que lo seguía, pero él solo hacia una sonrisa torcida y decía que él tenía sus secretos. Pero ahora estoy segura que fue en ese momento, el sonido de mis pisadas al pasar lado de él debieron ser muy obvias.
Nos encontrábamos dentro de la sala de objetos ocultos, comenzó a caminar entre los pasillos, hasta que llego a una pequeña estancia, se notaba que ya había estado ahí antes, ya que estaba parcialmente despejada, con cojines por aquí, libros por allá.―¿Que voy hacer?― Entre sus manos tenía una carta, la cual leía y releía, se veía incrédulo por las palabras ahí escritas, con desesperación la estrujo y la hizo pedazos y comenzó a caminar de un lado a otro, pateando todo lo que había a su paso. Gritaba furioso pero en sus ojos se veía miedo, estaba desesperado. Esa fue la primera vez que lo mire como humano, sin esa mascara llena de desprecio hacia los demás y para mí fue tan impactante, que solo me quede ahí admirándolo, él era un libro nuevo, un libro extraño y exótico totalmente único.
―Es un maldito bastardo―Dijo, con una de sus manos trato de arreglarse sus cabellos y ajustar su corbata, pero el temblor de sus manos no le permitió hacer un buen trabajo, derrotado comenzó a caminar hacia la salida, Creí que tenía una oportunidad de saciar mi curiosidad y poder reparar la carta que hizo pedazos, pero no tuve oportunidad, antes de que pudiera atraer hacia a mí los trozos de pergamino él ya había regresado ―¡Incendio! ― Solo mire como se hacían polvo mi oportunidad de saber por qué estaba así, era muy meticuloso y precavido. Lo seguí con rapidez para salir de ahí, porque si no la puerta no desaparecería y él se daría cuenta de mi presencia, pero al parecer estaba muy distraído y no noto como la puerta tardo más de lo común en desaparecer.
Ahora me doy cuenta que desde ese día comenzó mi obsesión por él, mis horas de estudio en la biblioteca las fui adaptando a tal forma que siempre estaba él presente, cuando pasaba junto a su mesa memorizaba cada libro que había frente a él y al día siguiente yo los buscaba, tratando de descifrar que deseaba, ya que todos los libros eran de magia y pasiones muy avanzados. Durante los almuerzos. En ese tiempo fue cuando deje de mirar a Ronald para mirar más hacia donde él estaba se sentaba, rara vez hablaba y se notaba que comía muy poco, nada en comparación de la engullida que se daba siempre Ronald.
Con el tiempo me di cuenta que era un hombre de rutinas, ordenado, dedicado, igual de meticuloso que yo para realizar investigaciones, si no fuera tan cuidadoso, mi investigación para saber que buscaba hubiera dado sus frutos. Justo a la hora indicada el apareció por el pasillo, miro alrededor cerciorándose que no hubiera nadie, abrió las puertas de la sala de los Menesteres y como siempre siguió los mismos pasillos hasta llegar a la pequeña estancia, tenía abierto aún un libro, el cual yo no me había podido acercar aun a ver cuál era. Así que como siempre me senté en una esquina, pese al hechizo que llevaba en mí, me acomodaba lo más oculta posible pero sin dejar de lado una buena visión del lugar.
Como tantas veces de igual forma yo traía un pequeño libro para pasar el tiempo, de una extraña manera me sentía tan cómoda estar en la misma sala que él, disfrutando del silencio.
―¡Ahhhhhhhhhh!― Me exalte tanto por su grito que tire algunas cosas, asustada me levante con mi carita en alto, dispuesta a atacar. Pero grande fue mi sorpresa al mirarlo desparramado sobre los cojines, tenía la corbata desabrochada, el cabello revuelto y los brazos extendidos, miraba fijamente el techo, se veía tan perdido en sus pensamientos, que por un momento creí que yo lo había imaginado.
―Fue interesante saber que tanta paciencia tenías pero ya no es gracioso, me estorbas, así que deshazte del hechizo que te esconde y dime que pretendes― Me quede pasmada, no entendía como fue que me descubrió, había sido tan cuidadosa, siempre preocupándome por no dejar rastro ―Por un momento creí que eras Theo, pero él no puede permanecer callado más de cinco minutos― En mis tiempos de escuela no recuerdo a verlos visto nunca juntos, así que se me hizo tan difícil en ese entonces ponerle rostro al joven con el que me confundía ―Crabbe y Goyle, están totalmente descartados, son tan idiotas que necesitarían de una vida para poder hacer un hechizo de ese calibre, Pansy y Blaise, están demasiados ocupados retozando en algún rincón, como para pensar meterse en mis asuntos― Dejo caer su cabeza un poco más y miro hacia donde yo me encontraba ―También pensé que eras alguna de las chicas con las que he estado, pero eso sería imposible, porque siempre que salen de mi cama, les lanzo un hechizo repelente para evitar que vuelvan a molestar― la furia me invadió, ocasionando que salieran chispas de mi varita, en ese momento creí que era por indignación al escucharlo hablar así de las chicas, pero ahora creo que fueron simples y crudos celos.
Al darme cuenta de mi arrebato de ira el miedo de sentirme descubierta me gano y tire algunas cosas que se encontraban detrás de mí, no sabía qué hacer, así que hice lo más estúpido que pude a ver hecho, corrí hacia la salida, corrí con todas mis fuerzas, no quería que él me viera, no quería tenerlo de frente, porque en todo ese tiempo no había logrado saber que escondía y por lo tanto no tenía pruebas que validaran mi acoso.
Recuerdo tener toda mi energía centrada en escapar que no escuche sus pasos tan cerca de los míos, así que cuando estuve a punto de tocar la puerta para poder salir de ahí, él tomo mi mano impidiendo mi escape
― Así que solo quedaban tres opciones― Me dijo tan cerca de mi oído que me estremecí ―Las cuales no son San Potter, ni la comadreja, porque ellos al verse descubierto hubieran intentado hacer una extravagante y estúpida aparición ― Con brusquedad dejo caer todo su peso sobre mí, aun sosteniendo mi mano, había puesto en mi mejilla la punta de su varita ―¡Finite incantatem!― el hechizo que me cubría desapareció, dejándome totalmente expuesta a su profunda y gris mirada ―Así que solo quedas tu Grenger.
―Yo, yo…―Al sentir la presión de su varita con más fuerza sobre mi mejilla, me molesto más de lo debido y explote ―¡Expelliarmus! ― No vio venir mi ataque de furia, así que el golpe le dio completamente de frente, cayendo en sima de varias cosas viejas y oxidadas.
Por un momento pensé en salirme, pero al ver que no se movía olvide mi huida y corrí hasta él ―¡MALFOY! ― temerosa lo llame, así que apreté con fuerza mi varita, temía que me estuviera engañando y que en cualquier momento intentara atacarme ―¡MALFOY! ― Cuando vi la sangre sentí que el mundo se venía abajo. Tenía tanto miedo de a verlo matado, con desesperación comenzó a quitar todas las cosas que me impedían estar a su lado ―¡Malfoy! ―Me arrodille junto a él tratando de encontrar de donde venía toda esa sangre, con cuidado gire un poco su cabeza y ahí estaba la herida que lo mantenía así, ―¡No! ¡No! ¡Malfoy! ― Por un momento pensé en llevarlo a la enfermería, pero me di cuenta que esa no era una opción ―¡Wingardium leviosa! ― El cuerpo inconsciente de Draco comenzó a flotar frente a mí, con cuidado lo coloque sobre los cojines que el tenia esparcidos por ahí ― Tranquilízate Hermione, tranquilízate― Me decía, ya sabía lo que tenía que hacer, primero limpiar la herida― ¡Tergeo!―lo use para limpiar toda la sangre, era una herida un tanto profunda, temía no poder cercarla con magia, así que use ―¡Vulnera Sanentur!― Sentí tanta tranquilidad al ver como se iba cerrando la profunda herida que le ocasione.
Su respiración acompasada me daba tanta tranquilidad, con cuidado quite sus cabellos de su rostro, nunca había estado tan cerca de él, se veía tan tranquilo, tan perfecto.
―Admirándome Grenger― Justo en ese momento fue que todo cambio.
Continuara…
No era mi intención dejarla entrar en mi vida, pero ahora que lo está, no dejare que nadie la aleje de mí, si para eso tengo que traicionar todo lo que me han enseñado, que así sea.
Espero puedan decirme que opinan de cómo va la historia
