Derecho de Autor:
Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto.
SINOPSIS:
Oyes al doctor decir eso que no imaginabas que diría. Te preguntas qué hiciste mal… Y ahora, estás ahí, sintiendo el agua calar en tu cuerpo… Ése eres tú.
A las personas que hacen posible una vida medianamente pasadera, a las personas que sujetan mi mano no por compasión.
Holograma
Diario 4
PrejuiciOs
"Ahora se disuelven esos sentimientos que flotan en el aire, se extinguen aquellos deseos escondidos, junto a mi vida… No podré vivirlos ¿Puedes agrupar todos estos sentimientos?... Aunque mientas ¿al menos hoy puedes decirme que voy a vivir? ¿Puedes darme la esperanza que no tengo?
Y ahora, qué ves…ves esas nubes de las que hablan los escritores. Sientes que también, tú, tienes esa habilidad para unir palabras que entonen perfectamente una oración.
Sientas que no necesitas elegir palabras elegantes, porque las palabras del corazón no se eligen.
Sientas que también puedes reunir las palabras que indiquen qué es lo que sientes.
Sientes que puedes hacerte todas esas preguntas que se hacen los que no tienen un mañana… Porque tú sabes que vas morir.
¿Qué es vivir?
¿Qué es la vida?
¿Qué es de mi vida?
¿Qué fue de mi vida?
Y…
¿Qué será de mi vida? ¿Qué será de mi vida?
Esas preguntas es a la que no le conoceré la respuesta, ¿a dónde se irán?…
Solamente puedo mirar hacia atrás y este momento. Presente y pasado es todo lo que poseo. Es todo lo que (me) queda.
Queda…
Queda…
¿Cuánto me queda de vida? No me animé a preguntárselo al médico. Quise actuar como si fuera lo más natural. "Voy a morir…" Pero no tuve el valor para preguntar cuándo. Por un lado no quiero contar el tiempo que me resta, no quiero mirar en el calendario la fecha estimativa de mi muerte, es... tortuoso.
Yo creo… Que nadie quiere saber cuándo va dejar de sentir.
Me asustaba pensar… que tenía no sé, cuatro meses para disfrutar del hecho de simplemente respirar. Por eso le dije al médico que no necesitaba saber cuánto tiempo me quedaba. No quería mortificarme con la duración de mis días, y quiero que todo suceda naturalmente.
Pero algunas cosas están decididas. No quiero volver al hospital. No quiero que me tengan entubado y drogado hasta la llegada de mi hora. No hay nada que puedan hacer por mí y no quiero que lo último que vea sea el techo blanco de un edificio con olores tristes. No es mi forma de "acabar" con mi historia en este mundo.
No pregunté por los meses que faltaban para que esta enfermedad me matara. En el fondo, quiero pensar que nada de lo que me dijo el doctor es verdad. Es mi manera de afrontarlo.
No… realmente no sé si lo estoy resistiendo del mejor modo.
Ahora que voy a perder mi vida…
Quiero mi vida.
Deseo cambiar muchas cosas.
Deseo disfrutar de lo que se me ha negado.
Deseo hacer las cosas que nunca imaginé hacer.
Sin prohibiciones, sin reglas, sin normas… Sin ataduras
Nadie va a decirme lo que está mal.
Es por eso, no quiero pensar en mi enfermedad. No quiero contar mis días… Sólo quiero vivir lo más normal posible.
Naruto me miró y siguió comiendo. Estábamos sentados en el pasto, bajo la sombra de un árbol. Quería estar solo… Pero sin importar cómo me sintiera, Naruto siempre me seguiría, porque somos amigos.
―Sakura-chan es maravillosa, ya sé está preparando para el torneo ―comentó Naruto.
―Naruto… ¿Te gusta el boxeo o sólo lo haces por ella? ―pregunté serio. Ciertamente le gusta Sakura.
Se rascó la cabeza, él no tenía ningún interés por un ningún deporte. Naruto era una persona sencilla, no se mataba estudiando, sólo agarraba los libros faltando cuatro días para los exámenes. A veces no hacía los deberes y sus notas no eran malas, pero tampoco estaban dentro de los mejores. Yo creía que él venía a pasar el tiempo en el colegio… Pero una vez él me dijo: "¿Eh, Sasuke, pensas que el colegio es una prisión? Por eso siempre estás solo, haciendo penitencia a pesar de que no tenés cara de delincuente"
Naruto era feliz. Había ingresado al Club de Boxeo masculino, por Sakura Haruno. De boca de Ino, nosotros nos enteramos que Sakura practicaba boxeo en un gimnasio. Tenten, que diagramaba todo lo referido al deporte estudiantil, la invitó a unirse al grupo de boxeo femenino. Sakura decía que no sabía mucho y que era un simple amateur… Pero en menos de dos semanas se convirtió en la Líder del grupo. Ganó varios torneos intercolegiales y confesó que su sueño era participar en los juegos olímpicos. Siempre llevaba sus guantes de box colgados en su mochila o en su cintura, venía corriendo al colegio y con una revista de deportes en mano. Por dentro, me preguntaba cómo hacía para estar contenta todos los días.
Rock Lee compartía el amor por los deportes con Sakura, por eso se hicieron amigos inseparables. Cuando Lee no practicaba tenis ni judo, ayudaba a Sakura en el ring. Naruto quería hablar con Sakura como lo hacía Lee, aunque nunca lo dijo, sé que mi amigo está celoso de Rock Lee. Fue por Sakura que Naruto se enlistó en el boxeo, no había ninguna otra razón… Naruto miró para otro lado y estiró sus manos.
― ¿Seguro no quieres unirte a nosotros, Sasuke? El boxeo es más divertido que el tenis ―se rió Naruto, y se llevó las manos a la cabeza.
"Unirte a nosotros…"
Me quedé pensando ¿Cuántas fueron las veces que caminé a tu lado, Naruto? ¿Será que más adelanté necesitaré de tu hombro?
Resoplé ¿cuándo necesite de alguien que no fuera yo mismo? Nunca necesité nada. Siempre traté de valerme por mí mismo. "Soy el mejor" Como Neji afirmó, yo me metí en la cabeza que podía con todo y con todos. Nunca pretendí ganar en todo, pero hacer algo y sobresalir en ello, era trascendental… No para mí. Para mis padres siempre ha sido primordial, por ellos tenía la obligación de ser el mejor de la clase, del colegio… en deportes.
¿Cuál es objeto de ser el mejor? Obtener el primer lugar y ser venerado por todos… Que papá vea que puede enorgullecerse de su hijo.
No me imaginaba una vida sin victorias, no me imaginaba una vida con errores. Mi padre tampoco lo veía, pero Itachi le demostró que él podía sentirse derrotado. Y así fue… Papá lloró cuando Itachi eligió un camino corto. Por eso… Los errores eran la señal del fracaso, y me encargué de evitarlos. Viví mi vida sin errores… Sin errar, olvidé mi niñez…
"No necesito amigos" No necesitaba un amigo, yo no asistía al colegio para hacer amigos. No veía en ellos más que potenciales rivales y compañeros a los que podría utilizar a mi antojo, y sacar de ellos una ventaja. Todos eran utilizables. No quería relacionarse con nadie, me cerré porque no quería depender de nadie. No quería que nadie arruine mi vida… No quería obstáculos en el camino que me marcaron. Por eso no tenía amigos ni novia.
Había conjeturado que la amistad era nociva. Itachi tenía amigos… Pensé que ellos fueron los que arruinaron su futuro. Kisame que a duras penas terminó la secundaria, Zetsu que ni empezó la secundaria, Sasori confeso ateo, Tobi un diabético a los diecinueve años, Konan que dejó el colegio al quedar embarazada de Pein… y ya esperaba a su tercer hijo.
Eso para mí fue incalificable. ¿Cómo podía mi hermano mayor relacionarse con ese tipo de gente? ¿Acaso no sabía que papá y mamá confiaban en él?
¿Acaso…? ¿Acaso Itachi no se daba cuenta que yo quería ser igual a él?... ¿Por qué Itachi se relacionó con esa gente? Ellos convirtieron a Itachi en insurrecto. Ellos cambiaron a la persona que quise imitar. Por esa razón me alejé de cualquier lazo de amistad, pensé que la amistad sólo te retrasaba. Después de todo no se asiste al colegio para conseguir amigos, sino para estudiar.
¿Había escapado de los errores? No yo estuve sumergido en un error, realmente ¿qué tenía de malo que la amiga de mi hermano mayor haya quedado embarazada a los diecisiete años? Ella abandonó sus estudios para encargarse de su hijo ¿eso no era amor? Yo… Yo… ¡Dios, estoy temblando!
¡Yo tonto, yo falso, yo inventado, yo prejuicioso, yo conservador, yo derecho… Yo el menos humano!
Yo Holograma… pretendía que Itachi fuera Holograma…
No aceptaba como era Itachi y lo critiqué como lo hizo papá.
Un Holograma solamente ve Errores... Yo fui tan prejuicioso.
Pero, entonces, señal de lo equivocado que estaba, apareció Naruto… Un chico que como dije no era estudioso y solo tenía ramen en la cabeza. Hacía de todo para hacerse notar en clase, lo catalogué como "el payaso" del curso. Ni le prestaba atención a sus bromas, quizá por eso él se centró en mí. Traté de alejarme de él, pero Uzumaki me hablaba y era imposible hacerlo callar, se fue haciendo cotidiano entre nosotros. No quería relacionarme con Naruto, y él se esmeraba en que sucediera lo contrario y sucedió lo que traté de impedir.
Junto a la amistad de Naruto, se apiñaron otras amistades, Lee, Shikamaru, Chouji y Kiba. No pude evitarlo, me comenzó a agradar la compañía de Naruto.
Aunque en el colegio estaba más tiempo estudiando que jugando, junté los minutos, de mi reducido tiempo libre, para estar con ellos. Cinco minutos, a veces ni eso, aún cuando fueran cortas las conversaciones, me basta para serenarme. Al estar con ellos… me sentía como un chico común y corriente. Pese a que Naruto no era la amistad imaginada… Nos hicimos amigos… No… Estoy mintiendo.
Él me hizo su mejor amigo. Naruto es el que buscó mi amistad. Yo no hice nada para merecer su amistad.
Alguien me zarandeaba, era el hiperactivo chico del que estaba hablando.
― ¿Te metes? ¡¿Qué decís?! Aún puedes hacerte fuerte ―exclamó, se notaba que quería aprovechar al máximo los días en el colegio, no para estudiar… sino para jugar, porque nosotros no somos adultos, somos chicos.
"Hacerte fuerte" ¿A qué iba exponerme? Si Naruto supiera…
―No lo creo, Naruto ―le dije―. El boxeo es un deporte de torpes.
Yo no practicaba deportes riesgosos, esa fue una petición expresa de papá. Él decía que el boxeo era para violentos y que no podía arriesgarme a sufrir una fractura. Lo mismo pensaba papá del fútbol, béisbol y básquetbol. En cuanto a mí, creo que me habría gustado divertirme con los guantes de boxeo. Hubiera sido otra manera de entretenerme, sin dejar de lado el tenis. Aunque seguramente perdería en el primer round contra Naruto, ni hablar de enfrentarme a Sakura. Tal vez… si me hubiera animado a desobedecer a mi padre, y entraba al club de boxeo, mucho antes mi enfermedad habría salido a la luz. Hubiera tenido un control periódico de mi cuerpo. Pero es tarde… es tarde para calzarme los guantes.
―Ah, no tienes que fingir que eres fuerte, Sasuke.
Sentí un golpe en mi cabeza, y llevé mi mano allí. Naruto me miró confundido, y volvió a reírse.
―El entrenamiento me deja agotado ―comentó… y yo sentí una nueva punzada ―. A ver cuando me ayudas con historia, te juro que la profesora tiene algo en contra de mí.
Respiré lento e intenté ocultar mi dolor.
―Y ella jura que eres tú el que tiene algo en contra del estudio ―comenté riendo.
Tal vez tendría que haber traído las pastillas. El dolor era intenso. Tenía que alejarme. Tomé todas mis cosas y decidí regresar al aula.
No voy a darle ningún resquicio de duda. Lo siento, Naruto pero esto es algo que ya decidí. Si no soy fuerte… haré que creas que soy fuerte. Tú puedes seguir sin mí, y sé que lo harás excelentemente. No necesitas saber que soy débil, porque tú me crees fuerte y es ello lo que te incita a superarte. Cree en mi genialidad, esfuérzate por ser mejor que yo. Puedes hacerlo… Tú puedes ser mejor que un enfermo de cáncer. Pero sigue creyendo que nada puede vencerme.
Tú, Naruto Uzumaki, ya eres Real, por ser sólo tú.
Pero no lo ves.
Yo sé que es otra cosa que odiarás de mí, pero tendrás que disculparme. No quiero compartir esto. No quiero que sepas que soy débil. No quiero que me tengas compasión. Seguro vas a decir que no es compasión y que los amigos están en las buenas… y en las malas. Pero incluso tú sabes, que nadie tiene compasión por su antagonista… Por favor, ahora necesito que me veas como a tu rival… si me ves como amigo vas a tener compasión por mí. ¿No entiendes que necesito verme fuerte? O voy a llorar como lo hice con mi hermano mayor.
― ¿Te vas? ―preguntó alterado.
Te conozco. Yo sé… que tú haces las cosas al revés… y para creer en ti, primero tienes que creer en mí. Por eso aparentaré ser fuerte.
―Espérame, Sasuke ―gritó Naruto, comenzando a correr hacia mí.
"Espera…" No… puedo. Naruto, demanda a la vida para que pueda esperarte sin desmayarme… En verdad, no voy esperar que me alcances. Quizá para ti no sea importante, pero debo cuidar de mis minutos. Escuché sus pasos, estaba cerca… Me detuve y presioné fuerte mis ojos. Debía serenarme, yo tengo que manejar este pequeño dolor de cabeza. Él me alcanzó y puso su mano en mi hombro, le sonreí a mi amigo.
Mis kilómetros finitos se agotan, estos instantes se oxidan y pulverizan… aún así voy a soportar todo lo que venga y todo lo que pasé de ahora y hasta el final, será parte del recuerdo de nuestra amistad. Porque hasta el último minuto, Naruto, debes creer en mí.
Ya pasaron dos semanas desde mi encuentro con el doctor. Jugué por un tiempo con tirar por el drenaje las pastillas que él me regaló, terminé por guardarlas. Esperaba que no llegara la oportunidad de usarlas. Pero nada detiene el devenir, van desfilando las horas y los minutos son un fugaz roce que se diluye en mi piel. Mis células mueren y sé que no van a regenerarse… El dolor se profundiza, yo sigo en mi necesidad de no tocar las pastillas.
Tratando de ignorar los dolores de cabeza, he pensado en cómo gastar los créditos de mi vida. Pero no me he animado a poner un orden de prelación, ya que he descartado la idea de que pueda planear algo. Mi vida siempre ha sido planificar cada actividad, armé un cronograma de todas las cosas que iba a hacer en el año, fechas de exámenes, los horarios de mis actividades extraescolares, los días de clases... Mas ahora que necesito cuidar tanto de cada minuto, no puedo armar nada. Sé lo que quieren los demás, pero yo no sé qué quiero hacer.
Desde un principio había desechado la idea de sentir…
Había aniquilado el disfrute.
No he vivido lo suficiente.
¿Qué pasará con las dudas que habitan en mí? ¿Qué va a pasar con todas las preguntas que no llegué a preguntar? Tengo que hacer algo con estas inquietudes…
¿Qué cosas que quiero hacer antes de morir? ¿Con qué debo comenzar? Me hacía estas preguntas durante las clases… ¿Qué es lo que le falta a mi vida? ¿Una novia? Podría ser… pero eso no se consigue en un día. De hecho si puedo ponerme de novio con alguien, pero eso no me hará sentir enamorado. Me haría sentir más miserable… Si al menos pudiera sentir verdaderamente un sentimiento, cualquier cosa. Traición, envidia… lo que sea.
El aula ya estaba vacía. Naruto se había ido al Club de Boxeo y me quedé solo. Miré por la ventana, algunos alumnos se iban y yo tendría que hacer lo mismo. Entre medio de esas cabezas, pude verlo. Una cabeza pelirroja que resaltaba del resto. Gaara estaba saliendo del colegio. El chico malo de la escuela, el chico con más suspensiones en clases… Su mochila colgaba de su hombro izquierdo. Él no era tonto, pero siempre parece estar al límite con las faltas y con las notas. Algunos de mis compañeros decían que Gaara estuvo un tiempo en un centro psiquiátrico. Era un espécimen raro en el colegio, él no hablaba con nadie y no formaba parte de ningún grupo de deportes. Él y yo no congeniábamos en nada. Gaara fácilmente podía ser un extranjero que hablaba en sánscrito y al que nadie entendería jamás. Él palmeó el bolsillo de su pantalón y sacó un paquete.
Y eso fue suficiente para prendar la curiosidad en mí ¿Cómo será su vida? Algo dentro de mí, gritaba que siguiera a Gaara. Fui tras él, aunque no estaba seguro de lo que buscaba siguiéndolo. .. Tal vez sólo buscaba perder el tiempo o quería conocer otro mundo. Quería conocer un mundo distinto al mío.
Salí del colegio, pude alcanzarlo y lo seguí por unos minutos. No caminaba rápido y estaba entretenido con el paquete, entonces se paró. Gaara volvió a meter la mano en su bolsillo, luego se metió algo a la boca y vi algo de humo alrededor de él. Riendo, Gaara se dio la vuelta. Lo que tenía en su boca, era un cigarrillo. Sus ojos parecían querer saltarme encima, atacarme y causar cualquier clase de herida, hasta el cigarrillo vibraba en su boca. Se acercó y me empujó contra un poste de luz. Gaara se inclinó y quitó el cigarrillo de su boca. Sopló la nicotina sobre mi cara, yo tosí y él rió.
―No vives por esta zona, ¿estabas detrás de mí desde que saliste del colegio? ―Su voz era áspera y venenosa―. Triste maniquí, no crees que seamos de mundos distintos. Pero nosotros somos desiguales en cada asqueroso detalle, ¿o qué? ¿No puedes verlo? ―enunció Gaara―. Éste no es tu mundo… Es mi mundo, date la vuelta y no me sigas. Me enferma tenerte cerca.
Yo no iba a irme. ¿A dónde he de regresar? Yo no renunciaría a cambiar lo que deseo modificar, suprimir y anular.
―No, no voy a correr. No existe lugar al que correr, y sí te estuve siguiendo.
Gaara inhaló fuerte y exhaló el humo sobre mi cara. Sorbí ese aroma toxico. Cuando comencé a toser de nuevo, Gaara lanzó una risa maliciosa. Para él yo era un modelo de chico de familia tradicional… Sin amor.
―Me sorprendió que anduvieras tras mis pasos… Tú siempre caminando por la misma avenida y a la misma hora, siempre controlando lo que comes, siempre ansioso de sobresalir. Ya hasta debes tener una plaza en la Universidad de Tokyo ―se burló―. ¿Sabes cómo te veo? En un par de años te veo con un traje y una gran casa… Pero sin haber probado una porción de diversión… Te casarás, pero es seguro que sea sin amor, ya que todo en ti es falso. Karin te ama… porque eres todo lo que una chica espera, eres perfecto. Karin dice quererte… Pero nadie puede amar lo que no existe. Sólo haces lo que un padre espera de su hijo. Pobrecita de ella, se ha enamorado de un triste títere.
Yo mismo estaba indignado con Karin, por querer mi falsa personalidad. Pero Gaara no tenía por qué decirlo.
― ¿Crees que alguno de tus sentimientos sea real? Odio las obras teatrales, ver una obra teatral en vivo, me enferma. A mí no me agradas, ¿vas a largarte?
Su mano derecha apretó mi hombro izquierdo. Me paralicé, todo se enfrió. Fue como si estuviera desnudo frente a la realidad, Gaara se levantó y caminó con sus pasos desgarbados. Cada pisada de él, pegó fuerte en mi cerebro. Era el momento de soltar las emociones que contuve por demasiado tiempo, es la hora de expresarme sin prohibirme de nada.
―Así que, Gaara, tú ves que la vida de Sasuke Uchiha es una puesta en escena al que ni siquiera puedo llamar mi vida ¡Gracias por decirme lo que ya sé! ―grité con toda la fuerza de mi voz.
Mi voz cargada de aflicción e ira, detuvo su marcha y eso fue lo que sorprendió a Sabaku No, que enseguida dobló el cuello y me miró, ¿y yo qué hice? Elegí ese instante para darme la vuelta. Caminé tratando de aplicar seguridad en cada paso. Mientras más me alejaba de Gaara, aumenté el ritmo de mi caminata. Mis pies querían viajar rápido.
Tampoco hay satisfacción en mí. Odio lo que soy. Pero lo que más odio, es que me digas que no tendré una corrección, Gaara.
Odio que tú hayas podido detectar mi ilusión. Soy la contradicción de la existencia. Respiro, pero no estoy vivo… No engañé a todos, pero mientras Gaara sea el único que lo note, no pasa nada.
Cuando estuve lejos, y perdí por completo a Gaara, comencé a correr. No tenía un lugar al que quisiera ir, solamente necesitaba escapar de esa sensación de vacío… Necesitaba apartar la sensación de nada. Como si correr barriera la angustia de llevar una enfermedad en la sangre.
―Quiero cambiar…
Necesitaba esconder mis temores con un dolor físico, y la mejor respuesta era correr. Quería sentir la fatiga en mis músculos, llegar a casa y no pensar en nada más que bañarme y estudiar. Porque siempre fui la clase de persona que todo el tiempo piensa y diagrama, para estar un paso delante de todo… Y lo estoy, estoy tan cerca de la muerte.
Llegué corriendo a mi casa, subí a mi habitación y tiré mi mochila sobre la cama. Sobre mi escritorio había un par de bolsas. Me acerqué a husmear qué era, agarré una bolsa y miré dentro. ¿Qué era eso? ¿Qué buscaban con ese regalo? Se me resbaló de las manos, no debía sorprenderme… Pero mis manos temblaban. Decidí sentarme en la silla y después de unos minutos, levanté la bolsa que tiré. De modo automático saqué de ella mi nuevo diccionario de alemán-japonés. El contenido de las otras bolsas era similar: un diccionario koreano y un par de libros de ingeniería. Pensé si leerlos… Acaso… ¿Acaso tengo que perder el tiempo en leer algo que no me va a servir? Volví a tirar los libros al piso y me acosté en la cama.
Sería un desperdicio… Podría donarlos antes de que pase lo inevitable. Qué hago con mis otras cosas, mis libros, mi computadora, mi celular… En realidad no podía disponer de nada. Ninguna de las cosas que están en mi cuarto son mías… Todo es un regalo de papá y mamá. Algo menos en lo que pensar, no tendría que ocuparme de repartir esas cosas… Aunque respecto de los libros, lo mejor sería regalarlos ahora.
Estaba pensando en eso, cuando repentinamente volví a sentir el dolor de cabeza. Traté de dormir, mas el dolor era insoportable. Estaba sudando y aunque me encontraba tirado en la cama, no pude hallar el sueño. Miré hacia mi escritorio ¿No era hora de tomar las pastillas? No, por supuesto que no. Antes tuve dolores parecidos y nunca ingerí un fármaco por ello… ¿Ése habrá sido el descuido? ¿Tomarme todo a la ligera? Creer que los dolores se irían sin ningún tipo de tratamiento, ¿ése será el error que estoy pagando?
Si lo es… No hay nada que pueda hacer. Sacudí mi cabeza y sin quitarme el uniforme, bajé a la cocina.
― ¿Ya viste los libros que te compró tu padre, Sasuke? ―preguntó mamá.
Ella estaba cortando algunos vegetales para la cena. Sus manos eran rápidas, ella podía cocinar sola. Aunque yo no era muy bueno, siempre trataba de ayudarla. Me pegaba a ella… antes de que Itachi dejara la universidad. Aún sentía en mi cabeza… Sentía esa pesadez, pero otra vez, quería olvidarme de todo. ¿Hay un sentido en llorar de aquí y hasta mi muerte?
Hice lo que no hacía desde hace mucho… Estar a su lado.
Prendí la hornalla de la cocina y en la olla volqué las verduras picadas. Mamá sonrió, y yo busqué algunos condimentos y se lo alcancé para que los pusiera en la olla. Ella se quedó rígida y su nariz se arrugó. Aspiró fuerte y me miró, había notado algo en mí.
―Sasuke, ¿qué es esto? ¿Me puedes contestar qué es esto? ―Mamá presionó sobre mi brazo.
Se inclinó sobre mí y su nariz se arrugó, la noté asqueada. ¿Por qué?
―Es mi camisa ―contesté. ¿Me ensucié? Ella odiaba la mugre, mi camisa debe estar sucia.
― ¡No mientas! ¿Estuviste fumando, jovencito? ―gritó colérica… No mi camisa no está sucia, se le pegó el olor del cigarro de Gaara―. No tienes la edad para hacerlo. Me decepcionaste, pensé que eras inteligente, Sasuke. ¡Ah! ¡Pero cuándo lo sepa tu padre! ―siguió gritando y me sujetó fuerte.
"Me decepcionaste"
El dolor se intensificó en mi cabeza, me iba a caer en cualquier momento. "Contrólate" me ordené "Sasuke, debes controlarte". ¿Las pastillas del doctor podrán darme paz? ¡Una pastilla no puede ser más fuerte que mi determinación!
Ella seguía regañándome. No le di importancia a nada de lo que ella decía, el dolor hacía lo propio para que no escuchara sus quejas. Más mamá mencionó a papá… La potencial amenaza. Si bien el dolor que sentía era intenso, lo que más temía era ver la cara de papá reventando de bronca.
―Mamá, no fume ―dije en mi defensa.
¿No era lo que esperaba oír? Que llevo una "Vida Sana" Pero su rostro se deformó, nuevas arrugas había en su frente. Mamá no me creyó.
―Huele a muerte, esto huele a muerte segura ―se exaltó―. Escúchame cuando te hablo ¿Quieres matarte?
¿Quieres matarte?
¿Matarme?
¡¿Quién quiere morir sin vivir?!
¡¿Qué imbécil dijo que estoy renunciando a lo poco que me queda?!
Mamá…
―Actitudes como éstas van a ser tu perdición, la gente muere porque no sabe vivir (1)―recitó como un coro de iglesia.
¿Cuántas veces me advirtió la misma cosa? ¿Por qué dice la misma mierda de siempre? ¿Qué gana repitiendo esa advertencia que perfectamente conozco… desde que recuerdo? ¿Por qué me lo dice, esta vez a mí? ¿Qué no se da cuenta… que yo… no he hecho nada…? Aún no hice nada.
¿Qué no sabe que no me animé a tomar un cigarrillo por mi cuenta?
Yo no tomo alcohol.
Yo no me drogo.
Ni fumo.
Ella misma sabe qué es lo que hago… qué como, qué respiro.
"Sasuke… No hay una explicación para tu enfermedad, ahora no interesa cuánto te hayas cuidado. La leucemia sigue siendo un misterio incluso para los médicos. Puedes seguir cuidándote, pero tu cuerpo no va a responder" Explicó con pesar el doctor.
"Al menos ya no tendré que cuidar mis dientes del azúcar" había dicho para quitarle importancia al asunto.
―La gente muere todos los días, mamá. La gente no muere sólo por fumarse un maldito porro y no interesa cuánto cuides tu vida… si tienes que morir, vas a morir―respondí enérgico.
Ella me miró ofendida y comenzó a sacar los platos para la cena. No me escuchaba.
― ¡No fume…! ¡¿Por qué no me crees?! ¡¿Cuándo va a pesar lo que sienta?! ¡¿Te jode que rompa mis pulmones?! ―Le regalé una sonrisa torcida―. ¡Es mi vida! ¡Son mis pulmones, mis dientes… mi sangre!
¿Es que no te das cuenta que soy yo el que decide? ¡Es mi vida! Sí, es mía. Con todos los vicios que tiene. Con esta sangre de mierda y órganos que no responden. Es mía… Es mi cancerígena vida. Esta enfermedad es mía…
Respiré agitado. Ella estaba llorando. Inmediatamente, mi exaltación fue bajando. El vacío regresó a mi vida y lamenté haber gritado aquello.
―No fume… ―dije a pesar de que no creía que confiara en mí.
Mamá tiró los platos que tenía en las manos. El ruido que hicieron al romperse, no cambió su expresión indignada.
Pero de nuevo… El dolor en mi cabeza era mucho más fuerte. Eso fue todo para mí… ¿Por qué tengo que disculparme por algo que no hice? Es más de lo que puedo soportar.
― ¡Pero me gustaría hacerlo y refundir mis pulmones! ¡Me encantaría liquidar mis pulmones con nicotina! ―grité sin que pudiera contenerme. De todos modos ya no tengo que cuidarme, y ni tú ni nadie va a salvarme. ¿Mamá has notado la fugacidad de mi destino?
La censura se ha cortado. Yo gritando y ella más enfurecida. Sus ojos comenzaron a mirarme como a una cucaracha de la cocina que desea exterminar. Ella va a odiarme.
― ¡A tu cuarto! ―me ordenó― ¡Ya!
Ella no aceptó que ya no tiene un poder sobre mí. Me quedé mirándola, compadeciéndome de su situación. Creo escuchar el mensaje escondido, detrás de sus palabras imperativas "Te comportaste mal. Eres un mal hijo" Pero Mikoto Uchiha tiene que acostumbrarse a ello. Me perdió.
Estaba entre salir de casa y hacerle caso.
Algo me estaba sofocando. El ardor en mi cabeza, se había expandido por todo mi cuerpo y se hacía insoportable.
Escapar… tenía que escapar. Iba a subir a mi habitación. Justo entró Itachi acompañado de Kisame. Ellos se reían de algo, divertidos por alguna cosa de la que era ajeno. Yo me detuve en seco y respiré fuerte. Entonces mi hermano me miró extrañado. Sus ojos me analizaban… su ojo clínico iba atravesar mi cabeza ¡Dios! Él se acercó a mí. Mi cuerpo temblaba de miedo, no había forma de que me defendiera de la mirada de Itachi. Era vulnerable a él, la persona que me había visto llorar…
―Hola, Sasuke… ¿Quieres ir a tomar un helado?―Kisame estaba haciéndome una invitación.
La voz de Kisame me trajo a la realidad. Itachi me seguía mirando. No iba a poder estar con ellos… ¿Kisame quería hacer sentir mejor a un enfermo terminal? No podría soportar que Kisame fuera amable conmigo. No iba a soportar su compasión y corrí hacia la puerta que ellos dejaron abierta.
No me detuve a mirar lo que dejaba atrás, porque no quería que nadie me retuviera. Y sabía que esa salida precipitada, extrañaría hasta a Kisame. Por eso avancé rápidamente por las calles sombrías, era cuestión de segundos para que alguien viniera detrás de mí.
Es que yo… No quiero aceptarlo… pero estoy asustado. No… no soy adulto, estoy escapando. No he madurado… Todavía soy un niño.
Alguna vez mamá tenía que notarlo. Me odia porque no soy tan perfecto como ella imaginaba.
Yo…
Lo siento. Lo lamento mucho.
Por muy corta que sea mi vida, agradezco que me hayas dejado existir, mamá.
Agradezco todo lo que hiciste por mí, no creo que sea tu culpa lo que pasa. La culpa no es de nadie, madre. Vive, acepta las cosas como se dan. Yo estoy tomando la vida como es. Puede que exista temor en el fondo de mi ser… Pero ni lo alcanzarás a ver. Otra vez quiero cargar los problemas en mi espalda. Si mañana debo morir, no hay nada por hacer… No se puede cambiar esto con voluntad. Y no lo detendremos solamente deseando que no pase. ¿Ves que a veces la voluntad debe ceder ante el destino? Es verdad que a cada instante dudo y no quiero aceptarlo, pero ya sé que mi destino es morir.
Son estos minutos que se derriten con cada respiro, son ellos los que me hacen abrir los ojos.
Mis ojos habían luchado por no ver… Por fin soy capaz de mirar al mundo…
Todo lo que he vivido, ha sido una ilusión. Todo lo que he sido, es fingido.
Tengo que vivir con mis problemas, porque ya no puedo escapar de ellos. Me había hecho esa idea, pero… yo me escapé de Itachi y Kisame.
Me dije que no escaparía de nada. Dudé otra vez.
Pero otra vez, gracias, mamá. Por permitir que conociera el mundo. Gracias por hacerme el hermano menor de Itachi. Gracias por darme tu cariño. Gracias por darme la vida…
Quisiera convertirme en lo que anhelas. Quisiera cumplir tus expectativas… Quisiera ser el hijo del que estuvieras orgullosa. Quisiera que sonrieras cada vez que hables de mí… Quisiera que tu pecho se infle de felicidad al pensar en lo que soy… Pero ni tendré la oportunidad de intentar ser lo que quieres que sea. ¿Podrás perdonarme no haberme ganado la oportunidad de ser algo?
Lo que he estado evitando, está sucediendo… Yo no fui dedicado, hay algo que me está doblegando. Me hace gritar… me hace temblar, me hace llorar, me hace gemir porque soy incapaz de detenerlo. No puedo detener con mis manos el crecimiento de mi enfermedad.
¿Es esto una pronta derrota?
Yo he perdido…
Estoy perdiendo…
Y… tú, me vas a perder, mamá.
Quisiera… Quisiera que me presiones contra tu pecho.
Quisiera… volver a sentirme a salvo en tu vientre.
Pero sin importar cuánto retrasemos el tiempo… las cosas no cambiarán. Ten por seguro, mamá, nadie es responsable de lo que me toca vivir… Si todavía buscas un culpable, mamá, cúlpame a mí.
Yo me equivoqué… E-espera… Mis ojos se ahogan con esta estúpida agua. ¿Soy dramático, no? ¿Estoy llorando por una estupidez, no? ¿Quién llora por qué le duela el cuerpo? ¿No es tan grave un dolor de cabeza, no? ¿Quién llora porque poco a poco pierde el apetito? ¿Tengo que bajar unos kilos, no? ¿Quién llora por unas tontas manchitas rojas? ¿Es estúpido llorar por la belleza estética, eh? ¿Quién llora por un simple sangrado? ¿Qué importancia tiene el afeamiento de mi dentadura? ¿Quién llora porque un médico dice que pronto vas a morir? Solamente los tontos lloran, ¿no?... Mamá ¿estoy exagerando por estas tonterías? ¿Eh?
Mis ojos se mojan y no sé cómo detener la tristeza.
Papá dijo que los hombres no lloran… Mamá, no estoy llorando…. No le digas a papá que me has visto llorar, yo no lloro. Mis ojos están mojados, pero voy a secarlos. No te preocupes, mamá. Estaré bien… Debo descansar un poco y estaré bien… ¿Verdad que durmiendo el dolor pasará? El doctor miente, no necesito las pastillas para estar bien. Descanso unos minutos y estaré mejor.
Más agua sale de mis ojos, yo no sé… si lo hago bien.
El dolor regresa… Dejé de correr hace un tiempo. No había nadie cerca. Todo era un absoluto silencio. Mi cabeza me duele de nuevo y no tengo las pastillas para detener este dolor. Caí sobre la vereda, todo mi cuerpo estaba adormilado, traté de respirar pero no podía absorber el aire.
Yo… lo siento mucho. Es complicado decirlo, no tengo el valor para decírtelo de frente. P-Perdón, no supe cuidar lo que me brindaste… Me equivoqué, perdón… Me lo has advertido y no te escuché… y es que es cierto… y-yo… yo… Por no saber vivir, voy a morir. (1)
"Dios nos ha contado de su paraíso… yo que no creo, ¿seré salvado al final?"
+++Meses después…+++
No había otra verdad. Un padre ama a sus hijos, pero el amor de una madre es distinto. El amor de una madre es más profundo que el de un padre. Para una madre es difícil olvidar… El amor de una madre por un hijo es inmediato, es instantáneo… Natural.
Ella lo sabía.
Ella lo sentía.
― ¿Estará bien? ―preguntó Hidan, mirando a la madre de Itachi―. Digo si la madre de Itachi estará bien. ―Señaló hacia un punto.
Kisame suspiró. Sasori metió las manos en los bolsillos, sacó un paquete de cigarrillos y le ofreció uno a Deidara. No había nada qué hacer, Sasori había pasado la mitad de su vida con esas calamidades. Hidan que era poco conocedor de ese mundo, no dejaba de mirar preocupado a la señora Uchiha. Entonces hastiado, el pelirrojo se aclaró la voz un par de veces, no tenía ganas de hablar y Hidan lo estaba obligando a hacerlo.
― ¿Quién mierda puede estar bien, Hidan? ―repuso Sasori, moviendo su cigarrillo y tirando el polvillo sobre el piso, antes de volver a metérselo en la boca.
―Vas a ensuciar la casa de Itachi ―contestó Hidan.
Sasori dejó que el humo saliera de su boca y se rió. Ciertamente, nadie iría a reparar en eso. Desecha, la familia Uchiha estaba destrozada. Parte de sus vidas había muerto, Fugaku y Mikoto tenían un solo hijo e Itachi ya no era el hijo mayor. Itachi pasó a ser el único heredero de esa familia.
"― ¿Qué es? ―cuestionó Fugaku, en cuanto su esposa salió del consultorio médico.
Tenía la cara radiante, y se veía jovial. Ella estaba sumamente feliz.
―No es nada malo, es lo más hermoso que puedo pasarme. La doctora dijo que hay un cosita hermosa aquí ― Ella se frotó la panza plana―. Fugaku, nuestro Itachi ya tiene un hermanito"
Y ahora que todo se arremolinaba, Mikoto se tocó el vientre. Juntó ambas manos en esa zona y oprimió su estómago chato. Lo había sentido en sus entrañas, respiró con espasmos discontinuos. Lo había cobijado por nueve meses. Lo había amado desde el primer momento que lo había concebido.
―Querida, también puede ser una bonita niña ―sugirió Fugaku.
Ellos ya tenían un hijo y Fugaku miraba con agrado la llegada de una niña, igual de bella que su madre. Pero Mikoto cruzó los brazos en su panza, negando de lado a lado.
―No, Fugaku. No seas necio, no es una niña, es mi hermoso bebé.
―Mi hermoso… Bebé ―gimoteó Mikoto―. Mi bebé… Devuélvanme a mi bebé.
El dolor que ahondaba en su interior, se hacía insostenible. Se caían los cimientos de los sueños, de su deseo de ver a Sasuke crecer. De sus deseos de sentirse orgullosa de él. Ella no lo creería nunca. Sasuke no podía apartarse de ella… No así.
En la medianoche la despertó el llanto, el pequeño Sasuke lloraba en su cuna. Ella corrió a la habitación del bebé, y lo tomó en sus brazos.
―Sasuke… No te asustes, corazón. Mamá va a protegerte de todo ―calmó soñolienta, al bebé de dos meses ―. Duerme, en los brazos de mamá estás a salvo. Siempre vas a estar a salvo en mis brazos, bebé. Te prometo… que siempre cuidaré de ti.
―No pueden sacármelo, es mío. Yo lo tuve… ―se rompía, su corazón fue roto―¿Quién es Dios para arrebatármelo? ¿Quién es Dios para sacarme lo que yo misma tuve en mis entrañas? Yo lo creé… Es mi carne, es mi sangre… Él es una parte mí… ¡Fugaku! ¡No dejes que se lo lleven, no puedes dejar que… me lo saquen! ¡É-él… es m-mío…!
Sasuke se había tropezado en la calle. Se había lastimado al caer.
―Ya vas a estar mejor ―aseguró Mikoto, poniendo en la rodilla del pequeño Sasuke una venda.
―De verdad… ¿no voy a morir, mamá? ―Estaba asustado, era la primera vez que veía sangre.
―No, bebé ―prometió. "Mientras yo viva, no vas a morir".
No podía dejarlo, no iba a abandonarlo. Mikoto no quería soltar a su hijo. Se lanzó sobre el cuerpo de su hijo menor.
―Por favor, Fugaku… Sasuke me necesita, no podes separarme de mi bebé. Sasuke no puede irse, él no puede morirse antes que mí.
Fugaku no tenía palabras de consuelo. Ella Pataleaba y gritaba, se negaba a tranquilarse. Ella no quería soltar el cajón de Sasuke.
―Si no se calma, la van a sedar de un momento a otro ―advirtió Sasori y sacó otro cigarrillo.
Hidan compartió las palabras de Sasori, le parecía lo más sensato. La pobre mujer se estaba retorciendo de dolor, y Hidan consideró que sedarla era lo más humano. En el fondo, era lo único que podían hacer por ella.
―No, mi madre nunca nos perdonaría que lo hiciéramos ―sentenció Itachi. Deidara quiso poner una mano en su hombro, pero Itachi se corrió―. Discúlpenme.
Kisame miró hacia el cajón de Sasuke. Sasori siguió con la mirada a Itachi. Por alguna razón, Hidan no podía dejar de mirar a Mikoto. ¿Qué había salido mal? ¿Acaso los médicos no podían salvar a Sasuke? ¿No pueden salvarlo? "Ya es tarde" fue lo que según Sasori repetían los doctores. Hidan pensó ¿Entonces qué? Sasuke tenía que esperar el final… y el final llegó.
Hidan resopló, todo le pareció una amarga ceremonia. La mañana había empezado mal con ese llamado de Kakuzu contándole de la muerte del hermano menor de Itachi. Hidan estaba durmiendo cuando el timbre del teléfono sonó. Había gritado e insultado a Kakuzu por despertarlo, pero se calló al escuchar la triste noticia.
Desde horas tempranas Sasori y Deidara se habían movilizado para armar el entierro. Kisame también se había presentado en la casa Uchiha, quería acompañar a Itachi pero hasta ahora ni le dio el pésame.
Había acontecido lo que los médicos previeron y todos tenían esas caras que se ven en los velorios –sí, era un velorio–, pero la tristeza de Mikoto era el detalle rimbombante de esa velada. Los sollozos de ella, retumbarían en la cabeza de Hidan incluso cuando el tiempo pasara y ya nadie recordara que Mikoto, en un tiempo, fue madre de dos hijos.
"Quiero volver a casa, pero mis piernas tambalean y olvidé cómo regresar. No puedo encontrar el camino… No veo el camino que me lleve hacia ti. Y me desespero, no quiero soltar tu mano, mamá… Este camino es oscuro y empiezo a temer, porque yo sé que ya no podré levantarme como antes"
Continuará…
1-La gente muere porque no sabe vivir: Desde que recuerdo, cuando veíamos en las noticias que personas morían de cáncer, sida, por consumo de drogas… Mi mamá recitaba esa frase. Yo… tuve miedo a una muerte violenta y sufrida, nunca me gustó el olor del hospital. Por eso ante la sola idea de que me lleven a una clínica, comenzaba a temblar. Siempre mentí sobre cómo me encontraba, dolores de cabeza… fatiga en la vista, siempre lo oculté. La gente que tiene una "vida sana"… vive, decía mamá. Éste es uno de los prejuicios con los que me crié, y debo admitir que, debido a ella, la mayor parte de mi vida viví pensando que nunca iba a morir si me cuidaba de cualquier vicio. Yo sé que se equivocó, el tiempo nos dio un golpe contra la pared y mamá lo va entendiendo. Nadie se salva de los prejuicios. Todos tenemos prejuicios, tratemos de superarlos ¿Vale? Porque la vida tiene sus vueltas, y nos termina mostrando nuestros errores de la forma menos sensible, tal cual nos demuestra "Holograma".
Este diario lo hice pensando en mi madre, me acordé de las muchas veces en que no le dije te quiero, y decírselo ahora… sólo terminaría por hacer dolorosa esta relación. La escena del cigarrillo fue sacada de mi vida, es una de las cosas que recuerdo como los momentos más tensos. No fumo, pero hubo un tiempo en que me junté con una compañera de clases que fumaba, por estar con ella, mi ropa también olía a cigarrillo, hasta mi cabello. Pero fue divertido, ella me enseñó a jugar billar y me acompañó una vez a la biblioteca. Recuerdo que esa vez ella empezó a hablar mientras yo leía, la bibliotecaria se nos acercó y nos pidió que hiciéramos silencio o saliéramos. Al final nos fuimos a los dos minutos, y enseguida ella sacó un cigarrillo. Solamente fui por un año fumadora pasiva, nuestra amistad apenas duró un año, en el siguiente mis padres me cambiaron de instituto… Mi madre es una persona que tiene un olfato sensible, y desgraciadamente también tiene su modo de concluir. Creo que ella nunca me creyó cuando le dije que nunca había fumado… y yo la verdad sólo buscaba un poco de atención, me era imposible decirle "Te necesito… Estoy sangrando. Tengo miedo" Porque las personas que escondemos todo, aunque sea difícil de creer, sufrimos… Ahora supongo que eso ya no importa, ni lo que yo sienta ni lo que ella espere de mí.
Itachi a penas apareció, ¿les gustó la intervención de Itachi en el diario 3? No se preocupen, Itachi reaparecerá de a poco y su presencia se hará crucial, es un hecho que en los cinco capis que quedan, va a acompañar a Sasuke hasta el final.
Ya estamos casi en la mitad del fanfic, trataré de reunir todos los fragmentos que tenga escrito para sacar el siguiente capítulo, porque es mi deseo terminar esta historia lo más rápido que pueda. Gomen ne, acabo de regresar de mis vacaciones… casi morí hahaha, pero estoy feliz de haber regresado a casa; la escritura tiene el efecto que ningún fármaco puede darte, intentaré cerrar los nuevos capis de mis otros fics, los dejé en el tintero desde el año pasado. Eh falta poco para que publique Líder y Mi Pecado. Les envío mi abrazo virtual, no teman en recibirlo, mantendré mis brazos abiertos hasta que decidan aceptarlo.
ItaSasu es Amor Verdadero
Oyasumi, Mata Ashita
