Derecho de Autor:
Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto.
SINOPSIS:
Oyes al doctor decir eso que no imaginabas que diría. Te preguntas qué hiciste mal… Y ahora, estás ahí, sintiendo el agua calar en tu cuerpo… Ése eres tú.
A la persona que aún recuerdo.
Usted y yo debemos cerrar nuestro capítulo.
Holograma
Diario 6
Resistencia
"Lo llaman Coraje. Te caes… Sin gritar, te levantas… Y no es Fuerza, tampoco divina voluntad, es pura Obstinación y Orgullo"
De repente ves muchas sonrisas y manos unidas. Ves que las personas caminan juntas… Sakura abrazando a Lee… Ino abrazando a Kiba…Kurenai-sensei abrazando a Asuma-sensei… Itachi abrazando a esa chica…
Flashback
Salí de mi tercera clase de alemán, caminé unas cuadras y me adentré a mi parque favorito. Me gustaba sentarme un rato y leer allí después de una clase particular como la de este día o simplemente ver pasar a la gente, esa era mi nueva manía. Busqué mi banca y que fui lo que vi…
Una rubia de cabellos cortos apretando con un hombre bajo el árbol más frondoso, ellos estaban en medio de un fogoso beso. No debería sorprenderme, las parejas tienen una tendencia en hacer pública "su calentura". Siempre creí que esas escenitas eran desagradables. Sinceramente… ¿quién quiere ver aquello?
Pero por alguna razón, yo era el tonto que seguía observando lo que consideraba repulsivo. Quizá no podía quitar la mirada, porque esa rubia estaba con alguien de pelo negro… y largo… Se me hacía conocido, como si quisiera comprobar que estaba en un error y no era esa persona. Entonces él deshizo el beso, lo vi perfectamente aquel hombre era mi hermano mayor.
El canturreo de pájaros se detuvo, un viento desordenó mis cabellos y yo… no dejé de mirarlos.
Y luego no hubo más ruido.
Había un silencio. Solo eran ellos y yo… a nueve metros.
"Crack"…
¿Alguien pisó una rama?
No…
Escuché un "crack" y el dolor me invadió… -¿era mi enfermedad? -. Mi enfermedad estaba volviendo, me di la vuelta antes de que me vieran.
End flashback
Un beso entre…
Itachi y esa chica.
¿Por qué?
¿Había algo entre ellos?
Intenté apaciguar mi dolor… Era diferente a otras veces, porque no parecía que el cáncer fuera el causante de mi malestar. Ese beso… ¿Por qué me afecta tanto? No era el primero que veía. Es solo un… beso.
¿Y por qué ese beso es lo más triste que has visto en esta vida?
Porque lo era… Debo reconocer que ese momento no fue agradable, me hizo sentir más miserable.
Quizá…
(Yo… necesito de alguien…)
Hoy siento que no poseo una reserva extra de fuerza y yo… y yo… tengo la vulnerabilidad de una hoja desprendida, que debe resignarse a ser el cobertor del suelo.
¿Por qué…?
Borra todo.
Borra todo.
Que no te importe. Piensa en otra cosa… La contracara del dolor, es la felicidad ¿El día más feliz de mi vida? ¡Eso es! Inmediatamente vino a mi mente, los brazos de Itachi que cubrieron mi cue… ¡Esto no sirve!
Si no puedo sonreír, entonces haré que duela…
Evoca algo mucho más doloroso. Borra el dolor con otro dolor.
Sumamente punzante.
Tiene que existir…
"Así que… No volveré a verlo" Esas viejas palabras que alguna vez pronuncié, regresaban a mí. "Estaré cerca" Fue lo que usted dijo, pero no fue suficiente para calmar la sensación de que no era verdad y de que debía decirle… tantas cosas, lo que no hice porque usted no me sabía sentimental. Me callé todo y me despedí de un sentimiento que aniquilé el día de su partida.
Y ahora que todos los caminos se van cerrando, yo recuerdo, que existió alguien importante para mí. Tuve que hacer tanto esfuerzo para recordarlo… Lo había eliminado de mis memorias, pero él existía. Él vive en algún lugar de este planeta. Él seguía existiendo y él merecía saber esto de mí. Porque… Lo necesito.
Cuando sientes que el tiempo se te acaba, comienzas a recordar las cosas que dejaste inconclusas. Todas esas cosas que no resolviste… La última vez que viste a esa persona que quieres volver a ver ¿Qué sentiste al saber que se iría? ¿Qué sentiste cuando se fue de tu vida?
Quise olvidarme de él y actuar como si no fuera importante el hecho de perder a la persona con la que quise estar… No sé si decir "por siempre", pero si con la que quise estar en aquel lejano instante de mi vida.
"Ahora lo necesitaba"
Agarré mi antigua agenda, y lo busqué entre mis contactos con letra "K". Sonreí al comprobar que estaba en mi lista. Fui un tonto al eliminar su correo de mi cuenta electrónica, gracias a kami-sama no tiré mi agenda.
Aún puedo ubicarlo. Aún puedo despedirme decentemente, y no quiero esperar a que me vea incapaz de pararme por mis propios medios. Quisiera encontrarlo y abrazarlo con estas manos que por ahora son capaces de brindar un saludo afectuoso y decir lo que nome animé a decir.
Me acerqué a mi escritorio y comencé a escribir un email a esa dirección olvidada:
"Profesor:
En todo este tiempo no le escribí, y se imaginará por qué… Pero hoy, alguien me ha dicho una cosa que quiero compartir con usted. Por eso necesito que nos comuniquemos.
Respóndame.
Un abrazo desde Japón.
PD: No hace falta decirlo, usted sabe que le deseo éxitos dónde sea que esté"
No podía seguir de este modo, y me animé a enviar un correo electrónico a mi perdida persona importante. Pasó una semana y no tuve ninguna respuesta, y yo tontamente me pasé revisando mi casilla de email, con la esperanza de tener noticias.
Las clases de tenis fueron más duras, Gai habilitó nuevos horarios –de tres veces a la semana, pasamos a cuatro, con extensión de horas-. Terminé cada sesión de práctica fulminado, Naruto estaba preocupado por mí, porque decía verme desfallecer. Le hice creer que exageraba "No soy el que llevaba un ojo morado" decía, riéndome de su gracioso rostro. En las peleas la victoria no siempre se logra por tener menos moretones, Naruto peleó con un tal "Omoi", a quien le ganó, pero éste le dejó un bonito "Souvenir" para que lo recordara por un largo tiempo.
"¿No lo olvidarás, verdad, Naruto?"
"Después de esa paliza, Omoi tampoco tiene que olvidar que con el mejor amigo de Naruto nadie se mete" Había dicho con una sonrisa triunfal, aún sin un moretón visible, nadie podía decir que Omoi no sufrió. Algunos compañeros afirmaban haber visto a Omoi con magulladuras en el vestuario mientras se cambiaba.
¿Por qué se involucró en una pelea callejera con Omoi? Porque él me llamó marica por no "tirarme a Karin" la chica que "me tiraba onda" y a la que Omoi deseaba. Por no "aprovecharme" de los sentimientos de Karin, fui el blanco de su frustración. ¿Valía la pena agarrarse a trompadas por un imbécil que me creía marica por evitar a Karin? Para Naruto si lo valía:
"¿Este ojo negro? No es nada. Sé porque no lo haces… Tú solo podías cargarte a ese idiota de Omoi, pero evitas pelear con idiotas. Descuida, yo pelearé para proteger a mis amigos. Tú sólo obsérvame"
Esto que hoy parece nuevo, es como si recién lo comprendiera. Lo que digan de mí… le interesa… ¿Por qué no me di cuenta antes?... Naruto… tú eres mi Mejor Amigo.
Y con este descubrimiento, voy intuyendo que será complicado desprenderme de nuestra amistad, Naruto. ¿Por qué complicas mis decisiones? Decidí no contarte sobre mi enfermedad… y en cada oportunidad me das muestras de amistad, cuando necesito que sean de "Rivalidad".
Respira y cálmate. Esas dos cosas me ayudan a no gritar cada sensación agónica.
Así se hizo domingo, el día más aburrido de la semana. Verifiqué mi correo nuevamente y sigo sin una respuesta. Es como pensé… él… no me recuerda. Él probablemente se olvidó de mí. Traté de no pensar en el correo y bajé la pantalla de mi notebook, ¿debía insistir? ¿Era mejor seguir esperando? Me quedé pensativo en mi escritorio, con esas y otras preguntas en mi cabeza.
―Ya volvimos ―anunció mi abuelo, entrando a mi habitación ¿Ya? ¿Cuánto pasó? ―. Había muchas personas en el santuario, te lo perdiste.
Papá, que vino detrás de él, asintió. Mamá iba con mis abuelos al santuario y mi padre solía acompañarlos, como cada domingo querían llevarme con ellos. No quería ir, desde que visité al doctor, interpuse todo tipo de excusas para no visitar uno. Lo que por supuesto no fue bien recibido por papá, que ahora me miraba iracundo. Lógicamente, rechazar una invitación de mis abuelos era mal visto por mi padre, que se preocupaba por lo que llegara a pensar su suegro. La inquietud de mi padre era entendible, después de todo, mi abuelo lo culpaba a él por el "asunto de su nieto rebelde" (Itachi). Pero… No estaba preparado para ir y pedir deseos… Tampoco quería verlos comprando aquellos extraños objetos que te protegían, que te ayudaban, que te…
―Inteligencia no te falta, suerte en el amor menos y como el dinero viene de la mano de la cabeza, era innecesario comprar esos… Por eso te trajimos éste. ―Fue lo que dijo mi abuelo, antes de entregar un sobre dentro del que hallé la amarga ironía: un amuleto para una larga y próspera vida.
No quería amuletos, pero ellos tenían que hacerlo.
―Justo lo que yo hubiera comprado, suegro ―comentó papá, felicitando tan acertado regalo.
Mientras ellos hablaban, sostuve entre mis dedos el Amuleto de la Vida, mi vista se hacía borrosa y escuchaba fuertemente sus risas, como si se estuvieran burlando de mí. Era el momento de gritar, tenía sentido "Larga vida a mi nieto" oí decir en boca de mi abuelo, "a su salud" adicionó papá. Qué lejos estaban de saber cómo me sentía y sin embargo, debí dar las gracias con una sonrisa que competía por ser la más falsa de la historia.
―Gracias, abuelo… Muchas gracias ―agradecí, totalmente contradictorio y recitando palabras de agradecimiento con una voz que resistía… que resistía el dolor.
Sonreí… Sin sentir la sonrisa.
Observando la pequeña "salvación" entre tus manos, sonríes…
Cuando sonríes, sin saber de qué te ríes… vuelve esa pregunta a tu mente, para acongojarte. Quisieras borrar de la cabeza, las preguntas dolorosas… No puedes eliminarlas, no puedes deshacerte de ellas. Y resurge el interrogante que quieres enterrar, de todas las personas a las que pudo elegir, ¿por qué esta enfermedad te ha escogido? Sabes que es un pensamiento egoísta, porque… tienes que aceptar, que no eres ningún santo y que no estarías sufriendo si fuera otro el enfermo.
Sientes que el único perjudicado eres tú… Eres tú.
Tú…
―Fugaku, veo que le compraste el material a mi nieto ―comentó mi abuelo, tomando un libro de ingeniería de mi escritorio―. Será un ingeniero civil igual que su abuelo. No… Igual no, será mejor que el abuelo.
"Será…"
Todos tus pensamientos se van reduciendo a ti mismo. Te victimizas…
"No puedo ser Mejor… que mi abuelo"
―Abuelo, papá ¿Les molestaría dejarme solo? ―pregunté al borde de un sentimiento que me aniquilaba.
Te victimizas… No quieres que sientan compasión por ti… Pero eres precisamente tú, quien siente un pesar impensado por ti mismo. Y aún cuando te has obligado a no hablar del tema para que no te afecte, te oprime mucho más.
―Claro, nieto ―respondió mi abuelo, encantado―. Educado como el abuelo. Es mi nieto favorito. Entre nosotros, el siempre fue mi favorito ―seguía diciendo, no para mí, o tal vez si… Aún seguía en mi habitación, como si quisiera que lo oyera.
―Lo sé, suegro ―consintió mi padre.
Quieres que se vayan. Que ellos se larguen de tu cuarto y que dejen de decir cuánto aprecian tus modales… Tus formas de Holograma. No quieres que hablen más. Te vas embriagando con tu propio dolor, porque el temor aflora…
Sufres y es primavera. Ahora lo sabes que no hay época para ella… porque el dolor es de cuatro estaciones y tu dolor nació en invierno, sin que te dieras cuenta, el día en que la sangre salpicó tus dientes.
Estoy solo, me dejaron solo en mi habitación. Tapé mi boca y apagué el grito. ¿Por qué? Temía que me oyeron, no puedo confiar ni en las paredes, dudo que ellas resguarden mi tristeza.
Necesitaba de nuevo… sentirme seguro, como cuando fui…
"Abrázame otra vez… Abrázame y no me dejes ir… Si te lo pido, ¿no me soltarás, hermano? Por favor, sostenme"
¿En qué estoy pensando? Con la profunda desesperación clavada en mi pecho, me animé a escribir un nuevo correo:
"Estimado profesor:
Hoy me siento confundido… con todas las personas que me rodean. Es como si estuvieran riéndose frente a mí y yo no pudiera responderles porque estaría siendo descortés. ¿Me entiende?
¿Recuerda lo que le conté una vez? Eso de que por qué no me producía alegría el día de mi cumpleaños, le dije que no me despertaba felicidad recibir un obsequio porque era más como un deber que tenían mis parientes conmigo… ¿Qué por qué pensaba eso? Bueno, alguien que trata de agasajar a una persona antes pensaría en qué es lo ideal para el festejado, y he comprobado que no se da de ese modo, conmigo… En mi habitación hay tantas cosas que no son de mi agrado, es gracioso pero creo que odio mi raqueta… No le había dado mucha importancia, sin embargo hoy me siento… me siento… creo que afligido por un regalo que me suena a grotesco sarcasmo. Yo siento que me…
Olvide lo que dije líneas arriba. De igual modo no es algo que pueda cambiarse.
Usted aseguró que la distancia no sería un impedimento, ¿lo es ahora que no me ha contestado la carta enviada y no devuelta de hace unos días?
No debería haberle escrito, después de lo que parece una clara señal de olvido… Pero no tengo a nadie con quien hablar sobre una noticia que me ha consumido.
Lo saluda cordialmente un ex alumno.
PD: Respóndame."
Suspiré y no envié el correo, era demasiado dramático y a pesar de necesitarlo, no quise verme de ese modo "desesperado".
Estos días no hice otra cosa que no sea estar pendiente de mi notebook, pero aún si él fuera el primer "problema" que iría a resolver antes de mi partida, no por eso debería seguir encerrado en mi cuarto.
Debo aprovechar la movilidad que aún no me fue arrebatada. Sé… cómo seguirá esto. Dentro de poco… mis piernas no querrán levantarme, por eso las haré caminar lo más lejos que pueda.
― ¿A dónde vas? ―preguntó mi abuela, haciendo que me detuviera en la puerta.
―A tomar un poco de aire, regreso a las siete. Lo prometo.
"Prometo… Prometo… ¿volveré?"
―El abuelo quiere verte en la cena. No te tardes, hay peligro en la calle y cuidado con coger un resfriado. Afuera está fresco ―sonrió mi abuela.
"Cuidado"… ¿Cuidado de qué? A simple vista no se ve que esta enfermedad me está mutilando. "Cuidado" Como si pudiera pasarme algo peor que esta enfermedad. No…. El peligro no solo reside en la calle, porque el veneno está en mi cuerpo.
Me despedí de ella, y una vez fuera, clavé mis ojos al cielo hermoso… Estos días he notado que sea puesto más bello. "No me había dado cuenta de lo hermoso que puede ser el Cielo" Quizá recién voy viendo que todos los días pueden ser maravillosos.
Ladeé mi cabeza y noté que mi abuela me miraba preocupada por la ventana. Antes de irme, la saludé con la mano "Abuela… Abuela".
Tomé entre mis manos el amuleto y lo presioné contra mi pecho. Comencé a correr… Acrecientan las dudas y quieres que te las respondan a todas.
Había llegado al santuario en que mi abuelo compró el amuleto, quería devolvérselo al vendedor. No va a ayudarme… y no quiero que me mortifique con una esperanza imaginaria.
Quieres saber ¿Quién puede darme la respuesta que me calme? ¿Qué religión puede explicarme que no es un ensañamiento en contra de mí? ¿A qué Dios debo llorar? Necesito saber… A quién hacerle las preguntas.
¿Cuál es el Pecado que estoy pagando?
Si existes, Dios ¿Por qué me haces esto?
¿Por qué has puesto el veneno en mi sangre?
¿Por qué decidiste que debo morir? ¿Soy el único que no ha comprendido el sentido de la vida y por eso pretendes eliminarme, Dios?
Y las preguntas se multiplican en segundos, te acorralan, te cercenan… Te debilitan.
Las lágrimas quieren danzar en tu rostro y tú las retienes… Saldrán, están prontas a salir.
Cerré los ojos.
― ¿Estás bien? ― preguntó una voz.
Qué conveniente que fue no haber llorado, porque había una chica del otro lado. ¿Estás bien? ¿Si estoy bien? Y esa pregunta se convierte en la peor de este día ¡¿Te parece que estoy bien?! "Educado como el abuelo. Es mi nieto favorito" "No respondas, no respondas, Sasuke. Es una chica, ella no conoce tu historia" La voz de la madurez autoimpuesta, amarra a la ira y te domestica… Como ayer, como hoy.
"¡Patea la pregunta!"
―Tú crees… ¿en esto? ―pregunté y levanté el amuleto. ¿Por qué me regalaron este amuleto?
Deduje que era una sacerdotisa, por la vestimenta que llevaba puesta: una chihaya. Sus cabellos eran rubios y sus ojos de un color lavanda.
―Bueno, son confeccionados por nosotros ―señaló ella.
Tenía que ser creyente, después de todo es una chica consagrada a este santuario. Apreté con más fuerza el amuleto ¿Por qué construir objetos que no revertirán una situación? ¡No voy a salvarme por un amuleto de la salud!
―No por mucho creer, te pueden ayudar ―contesté a la defensiva. "No quiero creer y no quiero que otros crean por mí."
Aventé el amuleto. La sacerdotisa se sobresaltó.
―Nuestros amuletos gozan de buena reputación, muchas personas vienen a este santuario por ese motivo… pero ellos olvidan una cosa importante. Los deseos no se cumplen solos, también las personas deben poner algo de sí mismas ―resolvió la sacerdotisa―. Por ejemplo, si necesitas un trabajo, debes hacer el intento de buscarlo. Si necesitas aprobar una materia, tienes que estudiar ¿puedes verlo?
No se cumplen por sí mismos. Mi enojo disminuyó notablemente. Mi abuelo quiere verme sano, no fue con mala intención, pero aún si tuviera la mejor intención del mundo yo…
―Un poco más claro… Sí, creo que sí ―contesté.
Ella sonrió y levantó el amuleto que tiré para volver a ponerlo sobre mis manos, susurró un "confía". Para cuanto quise responderle un "perdí la fe", ella se había ido.
―Sasuke ―me llamó una voz conocida.
Era un profesor del colegio. Lo saludé y empezamos a hablar, es una de las cosas que creo… que odio… Llevarme bien con los profesores.
―Suelo rezar unos minutos y luego me quedo en algún lugar apartado, para pensar ―contaba él.
―Usted sabe… que fue de… ―le interrumpí y no quería levantar el nombre de "K".
La persona que ansiaba ver y el que me habla, eran cercanos. Quizá él tendría alguna información.
―Al igual que tú, no sé de él. Sasuke, no pienses en eso.
"No creo que lo volvamos a ver por Japón" Esa lectura hice. La respuesta no produjo nada en mí, era como si esperara que no supiera de él.
―Dijo que estaría siempre que lo necesitara, y mintió como sucede con todas las personas. No me sorprende ―comenté, para demostrarle que no me afectaba.
"Si estuviera conmigo… él haría menos doloroso todo"
"Por eso yo… No confío, perdí la confianza en las promesas y en las personas"
¿Por qué me abandonó? ¿Por qué la conexión fue disuelta por esos kilómetros? Cuando recupero las Esperanzas… De nuevo comienzo a dudar de las personas. Comienzo a perder mi fe, porque una pregunta es hábil para derrumbar mis esperanzas.
―No digas eso. Si tú supieras que… ―quería decirme algo, en cambio yo no quería saber más del tema.
―Me tengo que ir, en casa me esperan ―Me despedí.
Otra vez estoy corriendo de esas promesas, de eso de que siempre estaría conmigo. ¡Maldito mentiroso! ¡Para qué abrió puertas que luego me cerró en la cara! ¡Para qué me enseñó a confiar, si era el primero del que debía desconfiar!
Tiemblas tú, que no has conocido el temor hasta que tomaste conciencia de tu pesar. Crees que ya no eres hombre, porque las lágrimas constantemente amenazan con escaparse de tus ojos. Te aterra… Estás aterrado y piensas que es de cobarde sentir un poco de miedo.
Te prometiste serlo…
¿Eres valiente?
Y tú comienzas a vacilar de todo.
No deseas llorar. Quisieras ser igual de valiente que los héroes de las películas. Esos Héroes que afrontan el peligro. Que no temen, que no lloran… Pero te das cuenta que no puedes.
No eres vigoroso, porque la comida que está para mantenerte vivo… Tú no necesitas ingerirla y pierdes la fuerza que caracteriza a un Héroe.
Tu estómago se niega a procesar los alimentos… y tú pierdes el apetito.
El pedido de nutrientes disminuye. La reserva de energías se está acabando.
Tú agradeces estar vivo.
¿Quién no temblaría de pavor al sentir los tormentos espantosos que azotan al portador de cáncer? Una milésima de este dolor es inimaginable.
Te derrumba… Te hace caer… Te vence… lentamente.
Es Sadismo Extremo.
Ves al tiempo seguir corriendo, hoy es un nuevo día para probar tu resistencia.
―Habrá miles de postulantes ―dijo papá en la cena del miércoles y mirándome directamente―, ingresar a la Universidad de Tokio es un desafío que muchos ansían saltar.
Me alcanzó un papel.
―Ésta es la fecha estimativa de exámenes de admisión en Ingeniería ―me aviso papá―. Estaré pendiente de cualquier novedad, céntrate en los finales del colegio y el torneo de tenis. No descuides a los idiomas. Conociéndote, tienes organizadas todas las fechas y sabes que no puedes renunciar a ninguna prueba de esta carrera contra el tiempo.
"Contra el tiempo"
Siempre he sido guiado por papá… Él me marcó el trayecto de casa al colegio y de casa a los diversos institutos de actividades extraescolares. No me desviaba de ese recorrido y seguía sus indicaciones. Pero él no estará para marcarme el camino del inframundo.
―Descansa, Sasuke. El viernes tienes la prueba preliminar de Resistencia, sabes lo que espero de ti.
Prueba de Resistencia… Y papá sabía todo de mí… Pero a la vez no sabía nada mí.
―Lo de natación es el viernes ¿Sasuke? ―preguntó Itachi.
Itachi no sabía nada de mí… Justo él, estaba tan alejado de mí.
―Sacaré el mejor tiempo ―juré, ignorando a Itachi y centrándome en papá.
Me olvidaste, cuando juraste que no me olvidarías. No, yo te importo, hermano mayor, y mañana no será la famosa prueba… Porque esta enfermedad transforma cada día en una prueba de resistencia. ¿Ves? Ayer me hiciste creer que podíamos estar juntos. Pero hace unos días vi que por mucho que intentemos ser cercanos… Tú y yo, tú y yo…
Me limpié la boca con la servilleta y me levanté de la mesa para irme a mi habitación.
"Lo de natación es el viernes ¿Sasuke?" No finjas interés. Estiré mis cabellos y arrojé un par de libros para tranquilizarme. "Estoy enamorado" ¿Tú enamorado? Yo también… tengo… tengo…
Tengo…
¿Qué tengo?
Yo…
Esto no puede afectarme.
Controlé mi excitación y tomé mi ordenador para volver a escribir:
"A quien corresponda:
No tenido planeado escribirle, sin haber recibido una respuesta de usted. Es serio lo que me está pasando y realmente necesito que me escuche, pero como usted no está aquí, debo escribirle y aguardar por una respuesta que ya es suspirada… Esta vez lo necesito, lo necesito como jamás he necesitado a nadie en este mundo de millones de existencias.
Respóndame, no es un juego para llamar su atención.
Saludos afectuosos desde Japón.
PD: Usted ha significado lo más que una persona puede significar en una vida. No me olvide, yo sigo pensando en esas cosas que no pudimos decirnos."
¿Le envío el correo?
― ¿Sacarás el mejor puntaje en ingeniería? ―escuché la pregunta detrás.
Intenté hablar, pero como me venía sucediendo cuando él me atrapaba, mi corazón se paralizó. ¿Cuánto tiempo ha estado allí?
―Por supuesto ―dije luego de tres minutos, sin mirarle y bajando la pantalla de mi notebook.
Me di la vuelta. No iba a seguir dándole la espalda para que creyera que me había asustado.
―Me pregunto cómo harás tal cosa, sin esto ―mi hermano tenía en la mano un papel.
Era el mismo que papá me entregó y que olvidé en la mesa. ¡En qué estaba pensando! Itachi torció sus labios y yo le arranqué el papel de la mano.
―Tienes la cabeza en otro planeta ―comentó amargado Itachi y miró mi ordenador ¿Lo leyó? ―. Es un juego lo que estás haciendo, ¿te gusta seducir al estilo clásico?
¡¿Un juego?! "K" es lo único que tengo, y tú… ¡Lo dice la persona que juega con los sentimientos!
― ¡Al menos no ando diciendo que estoy enamorado para luego andar seduciendo a cualquier tipa que se me cruce!
Le grité y le di un empujón ¿Por qué este brote? ¿Por qué lo dije? ¿No se suponía que iba a atar mis palabras antes de soltarlas? Itachi tomó mi rostro y se inclinó sobre mi oreja, estaba temblando de la misma manera que en la casa de Sasori, estaba derritiéndome y por qué… si la discusión no era sobre mi enfermedad… acaso… ¿hay algo que me ponga más alterado que la posibilidad de que se entere de lo que sucede con mi salud?
Yo… si todo fuera menos confuso…
―Me viste ―soltó Itachi, pude sentir su boca en mi oreja y no me ayudaba en nada… o eso creí ―: ¿Celoso?
"¿Celoso?"
"¿Celoso?"
"¿Celoso?"
"¿Celoso?"
"¿Celoso?"
"¿Celoso?"
"¿Celoso?"
"¿Celoso?"
"¿Celoso?"
"¿Celoso?"
"¿Celoso?"
"¿Celoso?"
"¿Celoso?"
"¿Celoso?"
"¿Celoso?"
"¿Celoso?"
¿Yo celoso?
"―Demasiado infantil ¿qué función tiene una hoja decorada con flores? ―Deslicé al ver que el profesor sonreía al tener el examen de una de sus alumnas.
Tuvimos una prueba y él estaba acomodando la pila de manuscritos, hasta que tomó de ésta una que le llamó la atención. Y yo me había quedado con él, por una duda que me surgió durante el examen, pregunta que pensaba hacerle una vez que soltara el papel que seguramente tendría la peor calificación del curso ¿Por qué lo digo? Simple, mientras el profesor admiraba el aspecto, yo analizaba el contenido.
―No entiendo qué puede ser tan divertido, profesor ―dije para que notara que seguía ahí, mientras que el resto del curso estaba disfrutando el receso.
El punto es que las hojas eran del tipo que usan las chicas bobas, estampadas con imágenes decorativas. El profesor se llevó la hoja a la nariz, volvió a sonreír y yo bufé por aquella monería de él. ¿También tenían un perfume las páginas?
― ¿A qué se debe esa expresión? ¿Sasuke, estás ce…? ―"K" estaba sonriendo.
― ¡Ni piense en decirlo! ― Me apresuré a tapar el estúpido interrogante.
La palabra no era nueva en mi vida. ¿Yo celoso? ¿Estoy celoso? Es imposible. ¡No me interesa lo que Itachi haga con esa rubia teñida!
"¿Teñida?" Espera… ¿qué fue lo que pensé?
Itachi se separó y me contempló divertido. Sentí que mi cabeza ardía y no era como aquella vez que me desmayé… yo… tú… yo…
―Te pido… que te retires de mi habitación ―logré decir, evitando cualquier efecto secundario de la pregunta: ¿Celoso? Aunque produjo hasta un quinto efecto en mí.
Tiene que irse. Mi corazón comenzó a latir fuertemente.
―No ―susurró y me tomó del brazo.
Esta vez no fue cuidadoso al agarrarme del brazo, parecía enfurecido de algo que ni llegaba a enterarme. Sus ojos estaban afilados para el primer corte de mirada, y yo no resistí la fiereza de sus ojos, por lo que comencé a… temblar por una extraña razón que tampoco comprendía. Incliné mi cabeza a un costado, e inmediatamente el sujetó mi mentón para obligarme a que lo mire.
―Te veo mañana a las cinco en el parque que me viste con la rubia―Daba miedo por su pronunciación peligrosa. No era una invitación que me hacía, era una orden.
―Lo siento, tengo otras prioridades ―me negué, no iba a ningún lado con él.
Su mirada se oscureció, otra vez se ladeó en mi oreja para susurrar:
―Sé que no tienes práctica de tenis ni de natación.
¿Él cómo lo supo? Apretó mi brazo, sus ojos se concentraron sobre los míos y ya no me resistí. No era tan fuerte para oponerme, qué patético.
―Muy bien… Ahora si me haces el favor de…
―Me gustaría un "Lárgate" ―dijo tocando mi mejilla―. Pensé que ya habíamos superado esta parte. Deja de ser cortés y distante.
Se dio la vuelta y salió de mi cuarto.
Puse una mano en mi pecho. No lo comprendo, sigo sin comprenderlo. ¿Qué estaba buscando? O no ¿qué es lo que debo pensar de todas las cosas que me dice?
Desperté sudoroso. Tuve que hacer un esfuerzo extrahumano para levantar mi cuerpo y llevarlo bajo la lluvia artificial –ducha–. El despertar de los sentidos que se produce al ser tocado por el agua, no me llego. Mi cuerpo no quería despertar y pelear como venía haciendo con cada amanecer y mi mente si quería continuar.
Obligué a mis pies a caminar rumbo al colegio. Forcé a mis oídos a escuchar la clase e hice que el alimento pasara por mi garganta. Torcí el cansancio y escondí la fatiga, con mi mejor excusa: estrés.
Naruto tenía que entrenar con los guantes, me insistió para que me quedara a verlo. Pero había quedado –bueno, fui forzado– en una ci… en ver a Itachi a las cinco.
Iba pensando en la forma en que me lo pidió –exigió–, cuando vi a tres personas hostigando a un chico que seguía transitando por la calle, como si no fueran más que moscas y no sujetos peligrosos los que zumbaban a su alrededor. Uno de ellos, de cabello castaño, se movió y logré ver al chico que escoltaban hace unas cuadras delante de mis ojos: Gaara.
Venían obstaculizándole el paso, amagando con propinarle una paliza. ¿O analizaba mal al grupo? No me equivoqué, ellos se iban adentrando a calles menos bulliciosas. Les seguí para ver en qué termina la persecución, eran las tres y media contaba con tiempo de sobra.
El lugar al que llevaron a Gaara era conocido como "el otro lado de la cuidad", casas desgastadas, gatos escuálidos deambulando por las tejas y graffitis eran algunas de las características de esa zona. A medida que avanzaban reían con más ganas, finalmente uno de ellos sujetó a Gaara del brazo y lo arrastraron hacia un callejón. Se ocultaron en la oscuridad, ese era su objetivo desde el inicio, meter a Gaara allí.
Detuve mis pies y apreté mi bolso escolar. ¿Gaara saldría bien parado?
"No te involucres con delincuentes juveniles, Sasuke" Papá… Yo… Mis dedos se sacudían y no podía cerrarlos en un puño justiciero.
"Descuida, yo pelearé…" ¿Dónde estás, Naruto? "Para proteger a mis amigos. Tú sólo obsérvame" No quiero seguir cuidando mis manos, de qué sirven las manos que sólo tocan un piano, yo debo…
¡No le daré la espalda! Antes de que sea tarde, corrí al auxilio de mi compañero. Al llegar al callejón sin salida, vi que uno de ellos sostenía al pelirrojo. El otro le dio un golpe en la mejilla.
― ¡Se creen machos por atacar de a tres! ―grité y notaron mi presencia. Aproveché el desconcierto de ellos y quité la mano que sujetaba la camisa de Gaara.
Esos ojos verdes observaron mi rostro, agotando toda perplejidad terrenal. Hace unos meses atrás también me hubiera sorprendido de mí mismo. Introduciéndome en historias que no eran mías, en peleas que estaban prohibidas y entrando a escena sin un plan, con pasos precipitados y sin pensar que lo mejor era llamar a la policía.
Apoyé mi mano en el hombro de Gaara. Lo que intento decir es que… Seremos dos contra tres.
El más alto torció una mueca y levantó las cejas exclusivamente para Sabaku No. Su expresión decía: "Preséntame a tu amigo"
―No lo conozco, no sé quién diablos es este pendejo, Saigo ―Gaara manejaba tan bien su voz, ni vibraban sus vocales y ya había superado su asombro.
Me miraron de pies a cabeza. Mientras que yo buscaba el aliento perdido de mi reciente maratón. El calor de mi cuerpo no descendía, me estaba quemando. Era un calor que abrazaba cada fibra de mi ser. Estaba debilitado otra vez, justo cuando más requería de la fuerza.
―Pero si tiene tu mismo uniforme, Gaarita ―corrigió sonriente el castaño, apuntando mi corbata bordo.
―Nos miente, Myojin ―dijo el otro, de cabello gris y ojos ámbares.
Estamos en un callejón sin luz, con unos delincuentes y Gaara estaba calmado, puesto que se atrevió a contestar arrogantemente:
―Te felicito por tu excelente vista, pero el que tengamos idéntico uniforme no quiere decir que lo conozca.
¿Quería desligarme de la pelea? Por tal osadía recibió dos puñetazos que lo tiraron al suelo. Gaara se levantó y mostró a su atacante una sonrisa con rastros de sangre fresca.
― ¡No te pases de listo! ―Exclamó el hombre de cabello gris y levantó el puño para seguir agrediéndolo.
Lo estaban apaleando frente a mí. Era de película. Abrí la boca, queriendo gritar por ayuda, pero mi voz había sido derretida por el calor de mi cuerpo, mientras que mis ojos seguían registrando cada detalle violento.
―Basta, Oshima. Conocido o no, este chico me agrada ―Saigo pasó la lengua por sus labios―. Y no creo que te importe, si jugamos con él, Shukaku.
Las últimas palabras de "Saigo", generaron una reacción que no había logrado ver en Gaara. Él siempre con una cara de psicótico y aura de muerte rodeándolo, cambió el papel de depredador a simple animal alarmado, me gritó:
― ¡Corre, Sasuke!
¿Saigo sería más peligroso que el mismo Gaara al que todo nuestro colegio temía, incluso Neji? ¿Qué está pasando? Miles de temerosos interrogantes se generaron en mi cabeza, antes de que pudiera considerar la advertencia de Gaara, Saigo me tapó la boca y me empujó contra la pared.
―Ni creas que nos olvidamos de ti, Shukaku… ―amenazó Oshima―. Esto es lo que recibes por meterte con la chica del jefe.
Oshima y Myojin hicieron lo propio con Gaara. Estaban tirando de su camisa, por lo poco que pude observar.
―Una cara linda… ―afirmó Saigo riendo de modo macabro―. Muchachos, hagan lo que quieran con el pelirrojo. Este pendejo delicado es mío ―afirmó el hombre.
La magnitud de lo que estábamos viviendo, entró en mi cabeza. Gaara se alarmó porque Saigo pretendía violarme. El miedo comenzó a correr por mis pies, iba subiendo a mi cerebro.
"Si no soy fuerte… haré que creas que soy fuerte" Es la promesa que me hice. Pataleé sin fuerzas, él presionó su cuerpo contra el mío y robándome el aire. Mis manos fueron atrapadas con una sola de él, reía de mi defensa fallida y al tocar mi frente, me susurró: "Si lo deseas igual que yo, estás caliente"
Ahí noté, que la tenía a ella.
―Inténtalo… ―le advertí.
Me golpeó en el pecho. Tiró de mi camisa y dos botones cayeron, su diversión se trasformó en confusión al ver algunos de mis hermosos puntos rojos y la hematoma que Neji dejó en mi pecho.
―Este calor no es deseo, tengo cáncer ―susurré para que solamente él me oyera―. Tócame… toca… mi piel y te obsequiaré mi enfermedad.
"Estoy infectado" Deslice mi mano por el cuello de mi atacante y él retrocedió hasta caer de espaldas. Sin pensarlo, escupí en su horrenda cara. Él se limpió desesperado con las manos, como si mi saliva fuera un acido a medida que iba retrocediendo. Pataleó cuanto pudo para alejarse de mí ¡Qué persona estúpida…! Su ignorancia suprime el deseo de agresión. Piensa que mi enfermedad es contagiosa y cree que mi virus le infectará.
Comencé a reír de lo idiota que era y de la paradójica suerte.
¿Quién lo diría? Estoy siendo discriminado, pero mi enfermedad ya nos ha salvado:
― ¡Es suficiente! ―ordenó mi atacante.
Reí sonoramente, ¿ha perdido el interés por mí?
―Pero… Saigo ―dijo uno de ellos, sorprendido.
― ¡Es suficiente! ¡Está jodido y yo no me iré al infierno con él! ―gritó Saigo, señalándome con un dedo.
Los compañeros de Saigo me observaron, comencé a reírme más fuerte y golpeé la pared. Saigo huyó asustando aún más a sus compañeros, que no dudaron en soltar a Gaara y seguir los pasos de su líder. Los tres corrieron por los callejones y tuve el presentimiento de que la pandilla no se atrevería volver por este barrio.
―Deja de cagarte en la risa ―ordenó Gaara.
―Y ahora no soy yo… El que no quiere divertirse ―contesté, por fin cesando con las carcajadas tenebrosas.
Nunca creí verlo así, me sorprendió con el grito que dio minutos atrás. Ni qué decir del susto que aún mantenía, Gaara daba señales de agitación, mientras que yo… había olvidado el miedo.
―Casi nos entran por el culo, pensé que…
― ¿De qué hablas? Fue divertido, deberías ver tu expresión ―le corté emocionado.
―Sasuke ―levantó mi nombre y estaba más serio que hace un rato, cuando aún confiaba que podía contra sus tres atacantes―. Lo conozco bien como para saber que no come verdura ¿Qué les dijiste a Saigo? ―preguntó Gaara.
―La verdad, que soy peligroso ―comenté y me desplomé.
Gaara soltó una risa burlona.
―Tú no eres peligroso, yo soy el veneno de la sociedad. No te tires laureles ―dijo Gaara.
No creí nada de lo que dijo, pero me parecía gracioso que él viera de ese modo su existencia. Entonces se acercó y me sorprendió que me tendiera una mano, ni dudé en aceptarla para erguirme rápido.
Salimos del callejón y recordé lo que escuché de la discusión:
―Ellos dijeron que te metiste con la chica…
―Que una chica me mire a mí y no a él, no es mi problema. No la toque, ni pretendo hacerlo, pero ella no piensa lo mismo. Siento que te estoy debiendo algo. Y no me gusta ―me dijo.
―Estamos a mano. Te debía algo ―le corregí.
Esa noche… Aquel que me socorrió en la calle, fue Gaara. También es un acto que pretendo reintegrar. Gaara no pensaba igual:
―Estás alucinando.
―Fuiste tú, el que me llevó a casa de Akasuna-san. Recuerdo que alguien me llamó "idiota"… y el único que podría llamarme…
―Por eso te digo, que dices un disparate ―insistió pasando por encima de mi revelación, cruzó una calle.
―Esa noche me levantaste de la calle, Gaara. Me ayudaste ¿Cómo se le dice a eso en tu lenguaje? ―Corrí a su lado.
"Papá, no le daré la espada a un amigo"
―No fue un favor ―me cortó―. Estás equivocado, si piensas que soy un tipo que hace favores. Pero debo devolverte el que hiciste hoy. No me gusta deberle nada a nadie.
Sin decir más que eso, Gaara siguió caminando y me hizo una señal con la mano para que no lo siguiera. Me quedé pensando en esa extraña conversación, al tiempo recordé que tenía que encontrarme con Itachi en el parque. Primero debía quitarme la camisa, porque de seguro se daría cuenta que algo me pasó… Pasé por un sanitario y me cambié la camisa por la camiseta de tenis.
Llegué bien, con once minutos de gracia. Me acomodé una banca y esperé. Se hizo las seis y no había noticas de mi hermano. Quería largarme, ¿para qué me cita, si va a hacerme esto? Una mujer de cabello azulado se paró frente a mí.
―Hola, Sasuke ―me saludó.
―Buenas tardes, Konan.
―Escuché que se verían esta tarde. Te preguntarás por qué no ha llegado Itachi ―empezó a decir ella, y se sentó en la banca.
¿Preguntarme? ¿No era bastante obvio? Y tan confidencial no era nuestra cita, ya que Itachi contó sobre ésta a Konan.
―No, de hecho no. Era de esperarse que él se olvide de que había quedado conmigo en este parque ―dije y me levanté―. Un gusto verla, ya debo…
― ¿Volver a casa a estudiar? ¿A la cancha a practicar tenis? ¿O a las piletas de natación? ―sugirió ella.
―No puedo quedarme ―insistí.
―Pein me dejó plantada en nuestra tercera cita, lo esperé cuatro horas en el puerto en donde daríamos un paseo. Él se había olvidado del día en que quedamos, y resulta que estaba de lo más campante con sus amigos. Iba a romper con él… por eso. Pero… mientras lo hacía sufrir durante un mes por semejante plantón, dejándolo morirse de la duda si le quería o no, me enteré que estaba embarazada.
―Esto no tiene…
―Te lo conté para que quites esa cara de "ya sabía que no vendría". ¿Seguro no te importa? ¡Grita! ¡Itachi es un idiota por haberte citado y no haber venido! ¡Es un tremendo idiota! ¡Es lo que me dicen tus ojos!
― ¿Qué dices? Mis ojos no hablan.
―Di lo que piensas. ¡No te resignes! ¡Itachi-baka! ¡Vamos, dilo conmigo! ―exclamó con más energías.
Yo estoy… "No te resignes"
― ¡Es otro imbécil que no cumple ninguna promesa! ―Seguía animándome.
Yo estoy enojado con él… ¡Grita! Lo hice, grité tan fuerte que algunas chicas me miraron sorprendidas por mi arranque. Pero luego… Todo lo que en ese instante guardé, se aligeró.
―Se siente mucho mejor, el expresar los sentimientos ocultos. Hazlo siempre ―Konan sonrió.
Bajé mi cabeza y volví a sentarme. La miré y recordé que ella fue una de las personas que critiqué. Me pareció la típica historia de la colegiala tonta que se enamora del chico popular del colegio y a la que dejan encinta. Me odié por ese pensamiento pasado, al ver cómo me sonreía sinceramente y acariciaba su hinchado vientre. Estaba embarazada por tercera vez.
―Adelante, puedes tocar ―me dijo ella.
Un poco dudoso, puse mi mano sobre su redondez.
―Me dijeron que será otra niña ―comentó Konan.
Sentí que algo se movía dentro de ella, quité la mano de allí.
―Es un varón ―no sé por qué dije tal cosa, tal vez porque había escuchado que ellos deseaban un niño.
―Sería un sueño para Pein, la ecografía dice que es niña… ―respiró fuerte y dejó de hablar―. ¿Puedes acompañar al auto? No me siento bien… Mejor regreso a casa.
Hice lo que me dijo, y ella se abrazó a mí. Le abrí la puerta y ahí noté lo mal que se encontraba:
―Tus piernas ―señalé el pantalón celeste de ella, estaba empapada en sangre.
Ella respiró agitada. Desesperada me alcanzó la llave de su auto. ¿Qué pretendía?
―Haz lo que te diga, no es difícil para los chicos, es como jugar un videojuego de carreras ―aseguró entre espasmos.
No había tiempo para quejarme, ni menos oponerme. Ella necesitaba de mí.
―Nunca jugué uno… Pero mi padre me dio dos clases de manejo, a escondidas de mamá.
―Nunca creí decirlo… Pero que útil que fue Fugaku ―gimió, mientras la ayudaba a sentarse en el asiento trasero.
Rápido arranqué el auto. Metí la mano en mi bolsillo y saqué el amuleto de la salud que, pese a no servirme, llevaba conmigo. "Por favor no me falles ahora, debo llevar al hospital a Konan" rogué, mientras envolvía el amuleto entre mis manos. "No puedes ayudarme Kami-sama, pero salva al niño que viene y aún no conoce el mundo. Por favor…"
Con el terror, traté de acelerar sin causar un accidente. Mi corazón rompía mis costillas y por momentos me ahogaba como si mis propias venas estuvieran ahorcando mi corazón. Ella no hacía más que aumentar mi temor, gritaba de dolor.
Por algún milagro, pudimos llegar. Estacioné el auto y a los gritos reclamé que atendieran prontamente a Konan. Los enfermeros corrieron con la silla de ruedas y ahí la sentaron, dijeron que la llevaban a la sala de partos.
―Dile a Sasori que recoja a mis hijas y llama a Pein ―me pidió apretando mi mano y entregándome con la otra su teléfono móvil―. Tengo miedo… Es prematuro. El doctor me había advertido… que no podía tener otro… ―confesó, mi respiración se cortó.
Sabía el significado del temor, le harían una intervención quirúrgica. Era delicada la situación que atravesaba la amiga de mi hermano. En sus manos… Pude sentirlo, el mismo escalofrío que me recorría desde que el doctor me habló de mi enfermedad… Sentíamos el mismo miedo… Pero ella no sabía que yo también sufría.
―Será un niño y no te preocupes. Saldrá bien ―Busqué todas las palabras confortantes para aliviar su preocupación y se las trasmití, sin dejar de correr a su lado. Antes de perderla le entregué el amuleto que estrujé en mi viaje, el que fuera nuestro boleto de suerte.
―Gracias… ―me susurró, tomando el objeto.
Me quedé en el pasillo… y ella ingresó a una sala con el rótulo de "Partos".
Pude sentir los empujones, hombres con bata blanca desfilaban veloces por el pasillo, todos apresurados por salvar vidas… Abrían y cerraban puertas y yo seguía de pie viendo cada corrida por la vida. Los especialistas en el Arte de Curar entraron a la sala de Konan.
Vidas que son salvadas, pero la mía… Viviendo en mi interior, contaminando mi vida… Ella corre libremente en mi sangre y envenena lo que toca. Destruyendo los tejidos de mi cuerpo, inutilizando mis órganos y complicando mi existencia, ella habita mi cuerpo y nadie puede quitarla.
Ella es un huésped maligno.
Ella me ha condenado a una vida grávida de desconsuelo.
Ella se llama Leucemia.
El médico que me atendió no lo señaló, que no hay mejor Remedio que la Resignación.
¿Qué podían hacer por mí?
Después de todas las cosas que viví en estos días, esas emociones que no me había permitido: nostalgia, tristeza, ira… Ira porque me dejaron plantado. Decidí que era tiempo de resolver y darle un final a las relaciones pasadas.
Era hora de despedirse.
Tomé mi celular y decidí deshacerme de este pesar. Tecleé rápido para no arrepentirme de ninguna palabra, porque eran las últimas destinadas a él. Lo que escribí fue:
"Estimado Profesor:
Entendí perfectamente su preocupación por mí, ¿nota que sigo siendo sarcástico? Seguro se está riendo, esa era la idea con la primera línea.
El motivo de esta carta no es arrancarle una sonrisa, por el contrario es contarle lo que no me había atrevido a decir antes. Si alguna vez siquiera le interesó algo de mí, pues… bien:
Yo estoy muriendo.
Ésta es mi Feliz realidad:
Tengo leucemia.
¿Por qué? No tengo idea ¿Cuándo me iré? No sé cuándo moriré, pero le aseguro que esta carta no es para que llore por mí. Es más para quitarme un peso de encima, alguien me pidió que dijera lo que sentía y que dejara de ocultar mis emociones. Creo que ya no me sirve, seguir atesorando mis sentires. Y es verdad, como dijo esa persona, ahora me siento aliviado, porque alguien sabe lo que me pasa: usted.
Pese a todo, voy a resistir. Esto no es más que una prueba, pero no una de Fe, sino de Fortaleza Interna. Me propuse hacer todas las cosas que me quedaron pendientes, y sí, usted es una de ellas. Creí que podríamos vernos… Veo, ya no tristemente, que no sucederá. No lo culpo directamente de lo que me pasa, pero no voy negar el hecho de creer que si usted se hubiera quedado en Japón, posiblemente me habría interesado más en mi salud y en no aplazar mis entrevistas con el doctor. Todo sería distinto, pero ese paraíso forma parte de un pasado que no puede cambiarse. Usted se marchó y yo me enfermé.
No es necesario decir lo que sentí aquel día que se fue… Usted debió saberlo, y si no lo supo, no se lo diré, porque es tarde para explicárselo.
Hasta nunca. Le aseguro que es la última carta que le escribo.
Atte. un olvidado e insignificante ex alumno de los tantos que tuvo.
PD: Sí, lo odio. Porque fue el primero que me dio Esperanzas y hasta el día de hoy, secretamente, creía en ella. Hoy sé que la Esperanza ha muerto… Igual que Dios"
Sonreí. Cada palabra escrita, estaba conforme con cada oración… Después de todo, estas palabras no eran pensadas. En ellas estaban mis sentimientos de frustración.
Yo estoy solo, y siempre lo estuve… Creer que lo tendría antes de dormir eternamente, fue un estúpido juego que me calmó estas dos semanas y a la vez perdí estos catorce días al tratar de recuperarlo… ¿Recuperarlo? Qué mentira, usted nunca estuvo para mí.
Pulsé en enviar. Luego eliminé y bloqueé esa casilla, al regresar a casa, quemaría la agenda. No quería una respuesta. Yo no lo necesitaba. Mi secreto fue compartido y no permitiría que otra persona lo supiera. Es cierto… Un pesado es quitado, cuando sueltas lo que te carcome.
Cerré el primer capítulo.
Comencé a reírme… De su cara, de mi situación y de las miles de preguntas que se estaría haciendo.
"¿Por qué Sasuke, si él era el más sano?" Le va a reventar la cabeza esa cuestión y no dejaré que me encuentre.
Imaginé su cara llenándose de puro pesar. Me causaba gracia, y reí más fuerte.
Con las risas, el agua amarga fue bajando por mi mejilla. Pero no me contuve, seguí riendo de lo que me sucedía.
"Hoy te das cuenta de las cosas que tuviste y no supiste apreciar… De las personas que quisiste y no estaban para ti… Hoy empiezas a armar tu maleta, harás un viaje del que no regresarás, por eso quieres llevarte todos los abrazos y todas las sonrisas y quieres cerrar cada capítulo abierto de tu vida."
Meses Después…
Shion tenía un par de inciensos en sus manos y los iba distribuyendo por cada rincón de la casa, bajo la vista atenta de un hombre.
―Es la chica del santuario, Konan ―murmuró Kakuzu. Estaba seguro que era ella.
Konan observó a Deidara tratando de abrazar a Itachi, quien esquivó el consuelo. Cuando él pasó por su lado, recordó algo. El día que ella habló con Sasuke en el parque, antes de dar a luz.
―Itachi ―Ella detuvo al pelilargo―. De verdad… ¿no pudiste llegar a la cita?
― ¿Crees que tengo la memoria de Pein y que sería capaz de olvidar que había quedado con la persona más importante de mi vida? ―susurró Itachi y siguió su camino, como si no hubiera sido demorado por su amiga.
¿Entonces por qué? Konan se confundió mucho y hacía bien al presuponer que Itachi no diría una palabra más sobre aquello, ya que Itachi no manifestaba el sentido de ninguno de sus comportamientos. ¿Qué le costaba explicarlo?
―Ese día… El día que Sasuke no fue con nosotros al santuario, y al rato salió de casa ¿te acuerdas? ―le decía la abuela de Sasuke al abuelo―. No lo detuve, quería salir… Estaba un poco inquieta porque me pareció que no sonreía como antes, entonces me acerqué a la ventana y corrí las cortinas… Lo que vi, no era real no sé… Me pareció ver una silueta con dos alas, el sol era tan fuerte y la silueta giró sus hombros y movió las manos… Creí ver mal, era mi nieto… Pero ahora lo entiendo, fue como una señal de que pronto nos dejaría.
Todos levantaban algún recuerdo… Lamentando no haber podido hacer nada, preguntándose cuán grande pudo ser el dolor con el que cargó Sasuke. Pein tuvo que esquivar un par de personas para no tropezar, y pensar que habían movido muebles para que hubiera lugar para todos los afectos de Sasuke. No había caso, en la casa se habían agrupado personas que Pein ni conocía y tampoco era el momento para presentarse como el jefe de Itachi.
Ciertamente el pelirrojo tenía que estar junto a Itachi, pero el pelirrojo buscaba a Konan. Pein volvió de la casa de Shizune y quería asegurarse que el bebé estaba bien. Seguramente lo estaría, ¡Dios, era tan pequeñito! Sí, dramatizaba.
―Las dos niñas están con Shizune ―Pein tocó el rostro de su pareja, los ojos de ella temblaban―. ¿Vas a despedirte? Dame al bebé.
Konan sonrió y besó la cabeza de su pequeño.
―Quiero ir y quiero que lo vea ―musitó Konan, acercándose a Sasuke con el bebé en sus brazos.
Ella sujetó al bebé con una mano y deslizó la otra por el ataúd.
―Esa vez tenía miedo de que las cosas sucedieran mal, y tú me alentaste… Dime, Sasuke, en ese largo pasillo en que te dejé ¿había algo que podía hacer por ti?
Como pasaba con todas las mujeres que se acercaban al cajón, las lágrimas salieron de sus ojos.
―Cariño… Mira lo lindo que es tu… ―Sin poder seguir, lloró intensamente.
Inmediatamente Pein corrió al lado de ella y pasó un brazo por su cuello. La mujer se apoyó en él, mientras que el bebé lloraba. Konan miró el rostro de Sasuke y luego se centró en el bebé. El pequeño varón apretaba fuerte su juguete favorito, el amuleto de la salud que Sasuke le obsequió el día de su nacimiento.
"Lo escuchaste… Tantas veces… Esa frase que calma a aquellos que tienen Fe y las palabras que dan consuelo ante la desgracia son: "Dios te puso a Prueba" Las cosas malas que vives son transitorias, porque la bienaventuranza está cerca. Pero hoy aclarece sabiendo que morirás, y tienes que postrarte ante el dolor, cada día que pasa es más intenso… Sobrevives… ¿Sigues creyendo que es una Prueba? Quieres que acabe y te preguntas cuándo dejarán de ponerte a prueba"
CONTINUARÁ…
Notas.
1-Shion: Es una sacerdotisa de cabellera rubia y es el personaje principal de la primera película de Shippuden. En este diario, ella conversa con Sasuke en el santuario y será decisiva ahora que estamos cerca del desenlace. Espero que la amen como yo.
2- Saigo (Líder de la pandilla), Myojin y Oshima: Personajes inventados por la autora. Saigo escapó de Sasuke, porque cree que el cáncer es contagioso. Grandísimo baka! –Aunque la idiotez de él, ayudó a Sasuke-. Esta pandilla es un fiel retrato de esa idea errada.
¡Capítulo larguísimo! Qué va, mis dedos teclearon más de la cuenta para Holograma.
Cuántas situaciones nuevas para Sasuke: Lo llamaron marica, no sabe si está celoso, casi lo violan, fue discriminado, lo dejaron plantado y se despidió de "K". Ahora ¿sienten que está viviendo? Haciendo las cosas que le prohíben, metiéndose en peleas y, de ratos, contestando según su sentir.
¿Qué tal el sensei de Sasuke? El profesor tiene un pequeño reflejo de alguien que ha marcado mi vida, y este capítulo es para esa persona.
¿Chicas quién será el tal "K"…? Quien adivine la identidad del profesor, tendrá la dedicación del fic que solicite *Tsu cruza los dedos y dice: que pida preparade hahaha*
Escuchen "I will stand by you" de "The Pretenders" es una de las canciones que me ayudan con Holograma, pero no la que me decidió a escribir. ¡Ya sabrán cuál es! (Si les interesa)
ItaSasu es sinónimo de Amor Verdadero
Oyasumi, mata ashita
