Derecho de Autor:

Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto.

SINOPSIS:

Oyes al doctor decir eso que no imaginabas que diría. Te preguntas qué hiciste mal… Y ahora, estás ahí, sintiendo el agua calar en tu cuerpo… Ése eres tú.

Nota de Autora:

La narración está dividida en tres secciones. En la primera se relata dos sucesos en tercera persona, con dos años de diferencia. Luego regresamos con el Diario de Sasuke y, como es de esperarse, la escena final está dedicada al funeral.

HolograMa

"¡Clamo al cielo y reniego de él!Si no actúa como su familia espera, que muera."

(Dos años atrás)

Con mucha pesadez Kimimaro guardó las facturas del mes. Con un pequeño ajuste llegaría a pagar tres de las doce que tenía por vencer. Y con otros recortes salvaría el año. ¿Qué podía hacer? Las pastillas que tenía recetada, no podía quitarlas de su gasto. Al igual que tampoco podía evitar pagar por el tratamiento de Juugo. Volviendo a resignarse, Kimimaro acomodó los libros.

La puerta de la sala se abrió con pesadez, un hombre se anunció:

―Ciertamente… 98.5 % del examen. Usted es el primero… que descalifica a mi hijo.

Kimimaro se quitó los lentes y cuidadosamente lo guardó en el estuche.

―El desempeño de Sasuke es excepcional. Buenas tardes, señor Fugaku.

―No lo es. 98.5% no es igual que 100% ―devolvió pasando por alto el saludo, o al menos parecía―: Y siento, que nuestra confianza no sea estrecha, como para dejar que me llame por el nombre, "Profesor".

―El examen era perfecto, pero tenía que hacerlo con su compañero de banca y no lo hizo. Lo resolvió solo y no fue lo que pedí. Creo que él puede ser mejor… Él es brillante, quería que lo viera. Pero hasta una persona brillante necesita conocer personas. Yo… no quiero que siga cerrándose.

Fugaku rió tenebrosamente.

―Es eso… ¿se da cuenta que premia a la mediocridad? ¿No tiene más valor que mi hijo haya podido resolver una prueba por sí mismo? Esto solo demuestra que él está preparado para afrontar cualquier examen, al contrario de otros… Es terminante, él no va a relacionarse con nada que no sea el estudio. La vida escolar no es más que una guerra, desde los nueve años Sasuke lo sabe perfectamente. Y usted también debería seguir la lectura de "El Príncipe".

¿Cuántas veces había sentido en Sasuke la presencia de la mejor obra de Maquiavelo? Kimimaro era consciente de la fuerte influencia de esa doctrina en su alumno favorito, y aunque era loable la lectura de ese libro… No quería que el aprendizaje de Sasuke se centrara solo en un libro político, menos que ese libro fuera leído desde el punto más siniestro.

― ¡El chico tiene una vida! ―exclamó el profesor.

Y la cara de Fugaku se iluminó. Era como estuviera contento por la respuesta de él.

―La tiene… ¡Y usted interfiere en ella! ¿Qué pretende? Su misión es darle los lineamientos para el siguiente nivel. Si no está capacitado para llevar a cabo su tarea, debería renunciar, Kaguya.

―Busco lo mejor para mis alumnos ―Kaguya tomó sus pertenencias y las fue introduciendo en la bolsa.

Para el profesor estaba todo dicho. En cambio para Fugaku, la conversación recién comenzaba:

―Sinceramente, Kaguya, no considero conveniente que un profesor se muestre afectado por un alumno.

Kimimaro dejó de juntar sus cosas y levantó la cara. Fugaku miró con satisfacción al joven profesor, como si supiera algo que él no sabía.

―Si quiere decir algo, no ande con rodeos ―Firme. Kaguya ni estaba asustado.

―Muy bien, mi valiente profesorcito. Sasuke jamás se ha interesado por tener una novia y me atrevería a decir que lo más cercano que tiene a un amigo, es su compañero Uzumaki ―Fugaku estaba satisfecho por la carencia de amistades―. Puedo entender que mi hijo no sea recto, reconozco que han existido mentes brillantes que adoptaron esa… Inclinación contraria a la naturaleza ―Fugaku hablaba sin trabarse, parándose en la línea objetiva al valorar la homosexualidad. Sin embargo, Fugaku tomó un poco de aire y sus ojos destellaban en odio cuando dijo―: Pero no toleraré que se relacione con alguien como usted, que no vale ni el décimo de mi inversión en su educación ―El padre de Sasuke miró de arriba abajo al joven profesor y su nariz se arrugó―. Usted no tiene ni el dinero ni clase de la familia Uchiha. Prefiero ver morir a mi hijo, antes que contemplar cómo arruina su vida con un hippie.

"Sasuke… No va a fallarme" Fugaku miró con odio a Kimimaro. Ya había perdido a su primer hijo, y no perdería al segundo. Su primogénito renegó de la universidad, dándole el peor disgusto a la familia Uchiha. Sería una deshonra más profunda que la sentida por Itachi, definitivamente Fugaku haría todo por no volver a experimentar el Fracaso. No… Fugaku no perdería el honor del nombre Uchiha por un vagabundo.

―Hay cosas mucho más importantes que el dinero y la clase ―advirtió Kimimaro, con rabia por las expresiones de él.

Una risa torcida fue la que recibió el profesor y comprendió la razón del distanciamiento de Sasuke. Era demasiado "Perfecto"… Kimimaro lo sabía, no existía tal perfección. Sasuke era "estructurado" y ahí tenía el motivo de esa personalidad.

―Más importantes… ¿Cómo sus problemas financieros, profesorcito? ―deslizó con una suave voz Fugaku.

―Que está insinuando ―devolvió Kimimaro, un poco perplejo por la información que tenía el padre de Sasuke.

Y es que Fugaku no se presentaba a declarar la guerra sin conocer cada detalle de las personas que pretendía derrotar.

―Es fácil, Kaguya… ¿Cuánto quiere para largarse de esta ciudad? ¿Cuánto quiere para resolver sus problemas de indigencia?

Con una profunda ira, Kimimario miró al hombre.

―Usted va a largarse de nuestras vidas. Yo puedo destruir a un insecto sin una gota de sudor… Pero le estoy dando una oportunidad, vea hasta donde llega mi amabilidad.

Kimimaro conocía perfectamente la realidad de su miseria, que penas lograba sobrevivir en el mes. Sin embargo, estaba lejos de humillarse frente a Fugaku.

― ¿Cree que la pasión del aprendizaje tiene un precio? ¿Acaso cree que voy a aceptar su chantaje?

Fugaku tomó su celular, tecleó un par de veces y mostró la pantalla a Kimimaro. En ella estaba el profesor y Sasuke con las caras pegadas, era una tonta selfie que se habían sacado en un viaje escolar. Pero se suponía que estaba en el celular de Sasuke, ¿cómo es que Fugaku había accedido a esa foto?

―Bueno… Bueno… Olvida… Que la seducción de un menor no será bien visto por la directora del colegio ¿qué pensará Tsunade cuando vea la seriedad con la que se maneja el profesorcito Kaguya? ―dijo Fugaku―. ¿Qué opinión tendrá el consejo escolar de Tokio de usted? ¿Cómo se verá en los diarios… que de su anterior escuela lo expulsaron por acosar a un alumno y que en Tokio se atrevió a seducir al nieto de Aizaka, el reconocido ingeniero de Japón?

La amenaza congeló brevemente a Kimimaro. Era una foto que nada decía, Fugaku no usaría eso como un arma. ¿Podría hacerlo?

―Sasuke no necesita a un hippie que lo único que puede enseñarle, es sobre un mundo de fantasía inexistente, que para eso ya tenemos a Hans Andersen. La vida es una guerra, solo sobreviven los más fuertes y los débiles perecen. Así de terrible es la realidad que nos toca vivir, no es un cuento de hadas ni el final de un popular manga. Tiene una semana, profesorcito.

Con esa advertencia, Fugaku cerró con un fuerte golpe la puerta de esa habitación.

"¿Se va?" El curso estaba sorprendido por la noticia, que al final de clase dio el profesor de filosofía. Los alumnos se retiraron hablando de una despedida sorpresa para el profesor, que en la siguiente semana partiría a China. Una oportunidad de aquellas que solo se presentan una vez en la vida, había tocado la puerta de Kimimaro. Y él había decidido tomar esa chance.

―Así que… no volveré a verlo ―Sasuke era el único que se quedó en el aula y se había acercado hasta él.

El pisoteo de zapatos, aún se escuchaba en el pasillo. Kimimaro suspiró antes de enfrentar todo lo que dejaba en Japón, allí estaba… reducido en dos ojos negros.

―Existe internet… Podremos comunicarnos ―con aire alentador, él hablaba y como si viviera en las Nubes continuó―: Tienes mi correo electrónico para escribirme las veces que quieras y que lo necesites. Tú sabes que te seguiré respondiendo, incluso si me encuentro en Himalaya.

Como lo había expresado, quería creer que nada cambiaría. Kimimaro tomó la mano de Sasuke y la llevó hacia su corazón.

― ¿Recuerdas lo que te dije, Sasuke?...

El profesor descendió hasta apoyar las manos en el hombro del alumno. La mirada con el color de la esperanza (verde) contempló con profundidad al color de los sentimientos fúnebres (negro), luego descendió hacia el oído izquierdo del menor. Sus labios lentamente pronunciaron una última enseñanza, luego se retiró para volver a ver los ojos confusos de Sasuke. Kimimaro hizo una suave presión en él y cerrando los párpados, sonrió.

¿Regresaría? ¿Kimimaro se olvidaría de él? Sin duda, tendría nuevos alumnos que borrarían el recuerdo de Sasuke. Cuando eso pasara, el profesor definitivamente no volvería. Solo era el mejor alumno de la clase, esa palabra "Mejor" era lo único que lo acercaba a Kimimaro. No había nada más que los uniera… Era verdaderamente triste. Por eso, era el momento para dejar que todo fluyera y lograr acercarse. "Sigue a tu corazón" Sasuke miró hacia el rostro de él, tenía que animarse a expresarlo o nunca más lo diría.

Sólo tenía que decirlo… Tenía que decir lo que le venía pasando. Que no estaba enojado por ese 98.5% en el examen de hace unas semanas, y aunque seguía discordando con las razones del profesor… Todo era maravilloso cuando estaba con él.

"Quiero estar contigo, Kimimaro-sensei".

Pero la boca de Sasuke no se abría y Kimimaro seguía apoyándose en él.

Trataba de hablar, pero su cuerpo no respondía. Como si algo estuviera impidiéndole continuar con esa confesión. ¿Por qué no podía hacerlo? Que tenía de malo en pedirle que quedara en Japón, olvidando aquella oferta que seguramente lo haría feliz. Precisamente, eso. El profesor quería seguir, iba luchar por pasión (enseñanza). Sasuke no podía obligar a Kimimaro a quedarse, algo tan egoísta como llorar y suplicar que no se marchara… no estaba en su sangre. Sasuke jamás podría hacerlo. Kimimaro se iba para "Realizarse" y no podía interferir. Después de todo, Sasuke desde un comienzo se sintió fascinado por su Inteligencia… y, precisamente, se marchaba para mejorar.

Tampoco podía decir qué sentía… Porque todo era confuso y se resumía en un "Te necesito". Y esa egoísta revelación… Sólo terminaría lastimando a ambos. En el fondo, ese sentimiento no era tan claro como para imponerse por sobre el consolidado deseo de marcharse de Kimimaro.

"Déjalo ir…" ordenaba una voz en la cabeza de Sasuke.

"No lo haré…" La necesidad fue escondida. El escudo con el que Sasuke se escondía, ese que se fue quebrando con la llegada de Kimimaro-sensei, comenzaba a recurar la vitalidad. El Dolor… Otra vez era escondido.

"Lucha por tus ambiciones, profesor" Fue el deseo mudo de Sasuke.

Kimimaro, en todo el tiempo que Sasuke pensaba, fue presionando nerviosamente el hombro del alumno. Esperó varios minutos por la respuesta de Sasuke. Al no recibir ninguna palabra, lo soltó. Sasuke a penas movió las cejas y se ajustó el bolso sobre la cadera.

―Yo… No podré acompañarte en el hospital, lo siento ―Y no que es hiciera falta expresarlo.

Era lógico que el profesor no estuviera ese día. Esos exámenes de rutina que Sasuke no quería hacerse, habían sido programados por Kimimaro y Sasuke había aceptado hacerlos con la condición de que el mismo profesor lo acompañara. Con esta noticia…

Para Sasuke no había nada que decir.

―Hasta mañana, profesor ―Sasuke salió del aula.

No hubo un "Hasta mañana". Fue la última vez que Sasuke vio al profesor. En el avión de las ocho de la noche, él había partido hacia China. Nadie volvió a saber de Kimimaro Kaguya.

Tal vez… Sasuke fue Cobarde por no animarse a decir que lo necesitaba, pero Kimimaro nunca tuvo el valor para tomar la mano de su alumno, mandar al diablo a Fugaku y volar hacia un nuevo Destino… junto a Sasuke.

Y fue el final de una relación que no comenzó.

Tiempo después…

Había una vez un príncipe que tenía una vida perfecta, poseía tanto belleza como inteligencia. Se convirtió en el orgullo de sus padres y era adorado por las musas de su reino… Por encima de la visible oferta de cariño, encubriéndose entre las miles de personas… había alguien que estaba mucho más cerca de él, de lo que su propia guardia real permitiría.

Un día el príncipe descubrió que sus encías estaban deterioradas. Quería recuperar su sonrisa y, no queriendo preocupar a los reyes, salió del Palacio vestido como plebeyo para ver a un mago conocido por su arte de sanar…

Miles de pruebas realizó aquel extraño hombre, vestido con una toga blanca. Durante nueve días el príncipe frecuentó al Mago, y en la cuarta visita el Mago encontró el origen del dolor. No tuvo el valor para comunicárselo… En el noveno día, el Príncipe clamó por una respuesta, que en vacilaciones le fue dada. El problema estaba en la Sangre Azul del Príncipe, que misteriosamente se transformó en el color de la Nieve.

Dos años habían pasado sin que nadie supiera de la suerte de Kimimaro. Tenten y Lee le escribieron en Navidad y Año Nuevo, luego en el día del profesor. Los emails no fueron contestados. Tras un año, nadie recordaba al profesor que dio clases por un corto período en Konoha. Sasuke borró cualquier recuerdo de él, en devolución a la partida clandestina. Kimimaro se había ido sin importarle la fiesta de despedida que los alumnos pensaron en hacerle, y sin dar a Sasuke la posibilidad de despedirse.

Naruto se convirtió en el mejor amigo de Sasuke y se había enlistado en el Club de Boxeo, quedando en el vigésimo tercer lugar en el ranking intercolegial de boxeadores masculinos. Este nuevo año el rubio planeaba saltar diez posiciones. Por su parte, Sasuke se estaba preparando arduamente para el siguiente Torneo. El Club de Tenis de Konoha, capitaneado por Neji Hyuuga se había coronado como el mejor equipo nacional dos veces.

Y éste sería el tercer año consecutivo de su impecable racha… No, no había nadie que se interpondría en el camino de la victoria. Porque definitivamente en el tenis intercolegial no había persona que pudiera hacerle frente al talento de Sasuke Uchiha.

― ¿Vives con tus padres? ―cuestionó el médico.

Sasuke miró con dureza al hombre. Estaba en el hospital, ese hombre tenía que entregar el resultado, eventualmente prescribir alguna droga y hacer algunas recomendaciones. Solo eso. Sasuke, aunque era la primera vez que estaba cara a cara con un médico, conocía perfectamente esa rutina…

Y esa pregunta personal que el sanador dirigía a él, no estaba dentro de esa "rutina".

― ¿Le interesa? ―devolvió con otra pregunta, que era un helado ataque.

La devolución no fue la que esperaba el hombre mayor. Era comprensible que el paciente estuviera irritado, estaba en la clínica como hace seis horas, a la espera de unos análisis que se había realizado hace dos semanas atrás. Un estudio al que volvieron a someterlo sin explicación alguna, y al que Sasuke había accedido solamente para no tener que regresar en otra oportunidad.

― ¿Puedes llamarlos? ―Él ignora la respuesta dada anteriormente. Y es como si hubiera escuchado un "sí"… ¡Por Dios, era solo un niño!

¿Llamarlos? Y desde la mención de sus padres, esa conversación entre paciente y curador no se auguraba como buena.

―Soy perfectamente capaz de entender cualquier prescripción ―Fue cortante.

― ¿Cuántos años tienes? ―El doctor miró a su paciente.

Dentro pensó que aquella era otra vida… que no podría salvar.

―La edad suficiente para venir solo a una clínica, doctor.

Automáticamente, se protegía. Sasuke siempre era cortante.

―En verdad, ¿con quién vives? ―insistió el sanador y dejó el bolígrafo que tenía sobre la mesa.

Sasuke sabía que el hombre haría la pregunta miles de veces. Sabía que la acritud con la que se manejaba… no detendría al hombre, algo le decía que nada le pararía. Por eso esta vez, Sasuke cedería:

―Con mi hermano mayor ―Si bien respondió, por alguna razón Sasuke mintió, como si una parte de él… estuviera protegiéndolo anticipadamente, como si ya supiera las palabras que vendrían a continuación―. Y no insista, no lo llamaré.

El doctor respiró entrecortadamente. Entonces, el "chiquillo" no tenía padres.

―Eres demasiado joven…

Pero el "chiquillo" contaba con su hermano mayor.

―Sería mejor que lo llames, creo que te haría bien que él estuviera contigo.

"Sería mejor… que estuviera contigo" ¿Llamar a Itachi? Inconscientemente la mano de Sasuke descendió hasta su bolsillo derecho, en donde descansaba su celular. Estuvo unos segundos en silencio y presionando el objeto. De repente, perdió el enfoque de la realidad y creyó ver la espalda de Itachi.

Esa visión estuve por varios segundos en su cabeza, hasta que Sasuke parpadeó varias veces y encaró con frialdad al médico:

―Puede decirme qué está mal. Debo estudiar para tres exámenes y, ciertamente, no tengo el interés de seguir sentado en la banca del pasillo hasta que usted se digne a darme mi diagnóstico.

Los ojos grises del médico se detuvieron en los negros del paciente. Lo que diría a continuación, no sería tomado de buen modo. Ya lo sabía… Y lo peor es que no sabía cómo empezar, hace veinticinco minutos que lo tenía enfrente… extendiendo el tiempo cuánto podía. Seguía siendo difícil para el mayor hablar sobre un resultado que no había salido del todo bien… Aún cuando ese tipo de situaciones se le presentaron en doce oportunidades –con algunas variantes- y el que tenía ahora era otro caso irreversible… y al que no podía mirar por mucho tiempo a los ojos.

―En el análisis de sangre salió que es leucemia ―comunicó el doctor.

Todo se detenía, brevemente.

― ¿Seguro?

―Si hubieras… ―La explicación del médico comienza. Y ya no importa cuánto diga, la claridad con la que explique… No interesa, que las palabras no tengan la precisión que se requiere en un profesional.

Esa ilustración pierde relevancia… Porque no interesa el qué… sino el "¿Por qué a mí?" Y esa pregunta está tan lejos de ser respondida por el médico.

—Lo que quiere decir es que, si yo hubiera venido antes… qué distinta sería la realidad, ¿no? —el paciente se expresaba con una pasividad aterradora—. Entonces no hay posibilidades.

—Lo siento, Sasuke —se condolece el doctor y decidí ver hacia la pared antes que al paciente―. Lo hablé con mis colegas. Naturalmente, analizamos todos tus estudios, entiendo que quieras tener una segunda mirada. Pero debes saber que pedí la opinión de los oncólogos en leucemia. Yo lamento decirte que está avanzada. El cáncer es…

— ¿Cuándo? —El muchacho hace la pregunta que todo enfermo de cáncer le hizo alguna vez, y corta esa extensa explicación medica que ya no importa… que ni interesa… Porque no cambiaría en nada saber más… saber menos…

El paciente quiere saber el tiempo no el cómo, y el doctor tiene que decirle. Alcanza a murmurar, pero ni es oído y tiene que volver a repetir… "el tiempo que te queda es…"

—No, mejor no quiero saberlo.

Ese cambio, incomoda al doctor, que ahora entiende que el conocimiento es elemental, para que el paciente pueda planificar todo lo que quiere hacer en los días que le restan.

—Doctor, ¿sinceramente cree que una vida que carga con un final anunciado puede planificarse?

Y era verdad… No existía la planificación para una vida que no puede vivirse… Tan solo vivirla.

"No puedes elegir cuánto deseas vivir… Por eso… Cierra los ojos brevemente, haz que la armonía te acobije… y explora las memorias que has guardado durante tu pequeña existencia, para retener el mejor recuerdo con el que dormirás… Todavía puedes elegir"

HolograMa

Diario 8

LeuceMia

"Y cuando eres consciente de que pronto se irá… Son miles las cosas que quieres gritar, pero más que ninguna otra cosa… Quieres decirle lo que no tuviste coraje de confesar, y abrazarlo… para que tu calor sea su último recuerdo."

Había despertado… O ni siquiera dormí. No estoy seguro de haber dormido, pero estoy convencido de que este ardor no es reciente.

Precisamente fue lo que cortó mi sueño.

Ayer… Después de mucho tiempo, lloré en medio de la lluvia. En este último mes, logré controlarme. Mantuve en jaque a mi cuerpo, hasta el día de ayer. Cuando fui superado por esa creciente sensación de que había algo que estaba mal, que después de escuchar al doctor… y hacer todo para que nada cambiara, todo había estado cambiando lentamente. La declaración de una chica, una compañera a la que no miré y que decía amarme, mi discusión con mamá, que provocó mi segunda caída, el nacimiento de Soranosuke, la extirpación de alguien a quién había olvidado (Kimimaro)… y sobretodo… la preocupación de Itachi por mí… que le grité que lo odiaba, provocando que me ignorara.

Realmente la película de Deidara, no vino en mi mejor momento. Pero… fue gratificante sentir al agua en mi piel, aunque después tuve que bañarme. Lo recuerdo bien, sin embargo no estoy seguro de cuánto tiempo estuve mojándome, fue imprudente… Lo sé. En casa estaba Itachi… y…

¿Me habrá visto? Solo recuerdo que fui a bañarme, me puse directamente el piyama… iba a (tratar de) cepillarme los dientes… Pero no estoy seguro de si lo hice.

Me incliné a la derecha, y un pedazo de tela húmeda cayó sobre la almohada. ¿Y esto?

Un chirrido cortó el silencio, enseguida tomé la tela y la puse debajo de mi almohada. Unos pasos fuertes deambularon y las cortinas de mi habitación fueron abiertas en par. El sol atacó a mis ojos, y yo respiré agitado… lentamente moví mi brazo para taparme. Esa persona volvió a caminar y se posicionó frente a mí, a unos centímetros de mis pies. Estoy acostumbrado a las formas de los demás y sé quién está conmigo.

Es hora de rearmarme de valor. Yo traté de serenarme. ¿Qué día era? Viernes… Día de las prácticas matutinas de tenis, por la manera que era atacado deduje que eran más de las seis de la mañana. Sé lo que significa, es un retraso que no será tolerado. Porque así es él… y espera que sea a su imagen.

Se había acercado. Papá puso una mano en mi rostro, debió sentir el intenso calor, dado que inmediatamente la retiró.

―Unos grados de temperatura, no serán una excusa para desistir del entrenamiento―fue su dura decisión.

No preguntó cómo me sentía. Resoplé… No esperaba compasión de él. Y también, es bueno que no se alarme por un simple malestar. No… Esto sigue sin ser nada. No es lo bastante fuerte como para derribarme.

Me incorporé. Tenía el cuerpo adormilado, pero era momento de comenzar mi jornada del viernes.

―Se te hace tarde ―Papá salió de mi habitación.

"No detendrán al mejor jugador del circuito regional" Eso quería decir, pero no lo diría directamente. Estaba acostumbrado a la presión constante. Por eso mi cuerpo se erguía automáticamente con una orden de él, sin hacer caso del dolor.

Quería tanto romper los hilos con los que me controlaba. Esas invisibles cuerdas con las que regía por sobre mi voluntad. Pero, otra vez, no era el momento indicado para tirar de esos hilos. Estaba agotado y la mejor decisión que podía tomar era ejecutar esa orden, y en el camino recuperar mis fuerzas.

Por eso me levanté y caminé hacia el baño, para terminar de despertar en este nuevo día. Y el agua fría produjo un alivio casi inmediato.

Parte de mi pecho estaba descubierto. Me tapé por completo con mi bata y me alegré de no usar la toalla. Eso hubiera sido un error fatal, puesto que delante tenía a mi hermano mayor.

―Te has cepillado ―Itachi tomó mi cepillo de dientes.

No estaba seguro de si era una pregunta. Cuando él habla es complicado dilucidar entre la afirmación y la inquisición.

―Lo hice antes de bañarme ―preferí responder… Con una Mentira. No lo sé… Tendría que haber dicho, "sí" y no agregar ninguna palabra más. Pero presentía que algo más me diría y no estaba preparado para el juego de preguntas de Itachi con el que haría caer un testimonio (el mío) plagado de verdaderas insinceras.

Esas temidas preguntas no salieron de sus labios. Él me miró intensamente y volvió a poner el cepillo en donde estaba.

―Levantarse temprano, era una programación, Sasuke ―expresó―. Tu… despertador ha fallado.

"(…) Ha(s) Fallado." Apreté el nudo de mi bata, e intenté que mi expresión estuviera firme. Itachi no quitó sus ojos de los míos, y ya no se trataba de ese juego infantil de ver quién mantenía la mirada… y quién parpadeaba primero, yo no podía… no podía. Para romper ese momento, bostecé. Era mejor si creyera que estaba adormilado, a que siguiera examinando mis ojos…

―Precisamente, si me permites ―caminé en dirección a la puerta.

"Respira…"

― ¿Qué dijiste?

Estoy seguro… de que he escuchado algo… Que antes lo he oído.

―Juegas tenis y sin embargo, Sasuke… ―Se detiene, hay rigidez en esas palabras―Algo tan básico como respirar…

Y te altera… Todo lo que esa persona tiene para decir, te suena a crítica y… Te fastidia… Que solo vea…

Las imperfecciones.

― ¡¿Estás insinuando algo?! ¡¿Con una mierda, dime qué está mal?!

―No lo haces bien, otouto ―continuó.

"Algo tan básico como respirar… no lo haces bien, otouto". Si troto, si entreno… si practico tenis… ¿Dices que no respiro?

― ¿No lo hago bien? ¿Cuántos torneos has ganado? ¡Tú qué mierda sabes de mi deporte! ―grité, y él encogió sus hombros ― ¿De qué te estás riendo?

Se acercó a mí.

―Ahora… Estás respirando… y eso me gusta, me gusta demasiado ―dijo y su mirada ya no era burlesca… era risueña.

Con sus largos dedos tocó mi boca, bajó los ojos a mi boca… y frotó mi labio inferior. Yo cerré mis ojos… pude sentir su respiración cercana a mi rostro.

―No utilices esta mano, a menos que sea absolutamente necesario ―dijo y tomó mi mano izquierda ―. Diviértete… No apresures el resultado, quedan pocos días de entrenamiento.

Me desperté por completo… y suspiré decepcionado.

No sé que estaba esperando, pero quedé desencantado por la advertencia de mi hermano. Aunque me alegra saber que… no sigue enojado conmigo y que se preocupa por el partido que debo jugar… ¿él como se enteró?

Él sonrió y ante mis ojos, depositó un beso en el dorso de mi mano, que aún sostenía. Me ha besado. Abrí la boca, si bien no estaba seguro de sí iba a decir algo sobre aquel extraño gesto. Pero no tuve tiempo de intentarlo, Itachi puso su dedo índice sobre mi boca ("silencio, Sasuke"), y se dio la vuelta sin decir ninguna otra cosa…

¿Acaso… no entró al baño para arreglarse?

La sorpresiva conversación con mi hermano mayor, me dejó intrigado. Estuve alrededor de una hora desayunando, mamá que había terminado de regar las plantas del jardín, técnicamente me echó de la casa con una tonta sonrisa y diciendo "… Ay… mi Dios, te han llegado al corazón. No voy a permitir ser la segunda, mi príncipe. Eso nunca…".

¿La segunda? ¿Qué tendrá en la cabeza mi madre?

Todavía pensando en el gesto de mi hermano, olvidé por completo que estaba sobre la hora. No fui al entrenamiento de tenis, llegué tarde al colegio y preferí ir al entrenamiento de Naruto.

"Eso me gusta, me gusta demasiado".

―¡Sasukeeeee! ―chilló Naruto, casi me dejó sordo ―. ¿Quieres verme destripar a este saco de arena?

Naruto, decidiendo por sí solo, me arrastró hasta una esquina. Le sostuve el saco, hasta que con un super-golpe él me tiró contra el piso.

― ¡Lo llamo Rasengan! ¿Te lastimaste? ¿Te fracturaste? ¡Ay no, no, Neji me mata! ―Puso una cara de susto.

Mi amigo, más que respeto a Neji… Le temía, desde que le conté que practicaba artes marciales en el dojo de su padre.

―Estoy bien, ¿con qué "rasengan"? ―dije con una risita.

―Es mejor que la "Flor de Loto" de Lee ¿no? ―se defendió Naruto, o intentó no verse ridículo.

Los dos reíamos. El nombre del mejor golpe de Lee, tenía un secreto… y era que la técnica fue creada por Lee con la ayuda de Sakura, en honor a ella la llamó "Flor de Loto". Su segunda técnica se llamaba "Sekai no Sakura" (el Mundo de Sakura), no recuerdo la lista de sus golpes. Pero todas tenían un común denominador, todas se referían a "Sakura Haruno".

―Naruto… creo que es hora de que te des por vencido.

Como su mejor amigo sabía que había miles de cosas que uno podía hacerle a Naruto, golpearlo… insultarlo… y obtendrías un ataque frontal de él. Pero si hablabas de sus sentimientos… Ahí… él siempre actuaba…

―Tú… Tú… una vez te pido, una vez… ¿por qué ella no puede amarme a mí? ¿Por qué soy ruidoso? ¿Por qué seguramente no aprobaré el examen de ingreso a la Universidad de Tokyo? ¿Por qué solo soy un tonto con sueños?

Habrá sido lo primero que tuvo a mano, o no. Naruto cogió mi bolso y sacó una de mis raquetas.

― ¿No soy tan genial, como tú…? ―Era peligroso que siguiera blandiéndola, y era hora de que saliera al rescate de ésta.

No lo hice. Sucedió que lo tiene que pasar cuando una persona está cegada por la ira, con ella golpeó el sacó de arena. Un crujido se escuchó y vi como la raqueta vibró, Naruto la soltó.

― ¡No me hables! ¡Si te acercas, te juro que te rompo tu perfecto tabique!

Naruto actuaba a la defensiva y gritando, solo cuando rompían sus ilusiones. Era lo que había hecho, destrocé sus ilusiones como las de un niño que todavía cree en Santa Claus.

Lo sabía… porque él era una persona trasparente y predecible, tanto como Rock Lee.

También sabía cómo reaccionaría, igual se lo dije. Hace mucho pensaba en decirlo… Después de que Sakura me revelara que sentía por Lee.

El rubio me dio un empujón que me hizo caer, y se contuvo de golpearme. Gruñó y se alejó con pesados pasos. No tenía esa radiante energía, su frente estaba arrugada con una mezcla de rabia y dolor. Sé que cuando llegue a casa, se acordara de mi madre (gritara Sasuke hijo de puta) y llorara. No quería burlarme de él, solo hacerle bajar de las nubes ahora, para que no le doliera tanto al caer.

Su primer amor, Haruno Sakura, no aceptaría sus sentimientos… Porque ella eligió a Rock Lee. Lo triste de esta historia, es que yo no tuve el valor para contárselo.

+++Respira… Sigue Respirando+++

Los días de ansiedad, se fueron volando. Había llegado el día la semifinal del Torneo Regional. Tenten había llevado a un par de amigas al partido. Lee invitó a un par de chicos de su barrio e Hinata Hyuuga vino a ver a su primo, nuestro capitán. El resto de mis compañeros de equipo también llevó alentadores. Él único que no hizo ninguna invitación, era yo. Tenten armó un par de tarjetas de invitación y yo no invité a nadie, coloqué las tarjetas en un panel del colegio. Al ver ese conglomerado de desconocidos, que había alrededor de la cancha, decidí escribir un mensaje.

"El partido es a las 15 hs. Juego en singles uno."

Dudé un poco, tenía pensado enviar la nota a Gaara. Pero marqué a Itachi, fue un error…

¡¿Qué hice?! Mi teléfono vibró, en tres segundos ya tenía una respuesta.

"Iré a verte"

¿Vendrá? Las manos me temblaron y casi se cae mi celular… Yo tal vez, si quería enviarle una mensaje a esa persona.

El celular volvió a vibrar y nuevamente estuvo por resbalarse de mis manos, cuando leí que era del mismo receptor:

"Gracias por la invitación, Hati"

"¿Hati?" ¿Qué quiso decir?… Pero ¿No está enojado conmigo? ¿Itachi… me ha perdonado?

El tiempo no parecía tener fin mientras alzaba el celular y estaba tendido en el césped. Hasta que Lee me arrastró a las bancas. Guardé mi celular en mi bolso y seguía pensando en que tachi vendría a verme… "Ganar". Porque yo iba a ganar, no tenía ni una derrota en mi historial y definitivamente no empezaría hoy… El día que mi hermano mayor me vería jugar por primera vez en un partido oficial. "Haré el mejor saque, yo… no perderé ningún punto" pensé convencido de que deslumbraría a mi hermano mayor.

"Me verás… en el deporte que amo"

―Qué racha tenemos. Una derrota en dobles dos y en singles tres… El siguiente es el definitivo, ¿verdad, Sasuke? ―Vaciferó Gai.

No había prestado atención al partido, a lo que sucedía a mi alrededor. E inmediatamente me fijé en el marcador, dobles dos terminó 6 juegos a 4 en contra nuestra, dobles uno 6 juegos a 3 victoria asegurada por el dúo Teen-Lee (como se hacían llamar), derrota en singles tres 7 juego 5, en singles dos Neji cerró con 6 juegos a 2.

Es el definitivo…

Era mi turno. Tomé mi raqueta con el marco azul y caminé hacia las pistas. Repasé minuciosamente las gradas, él no estaba…

¿Por qué de nuevo?

¿Repetirás esa mala costumbre de prometer cosas que de antemano sabes que no cumplirás? ¿Seguirás sembrando la esperanza en las vidas que están siendo desgastadas por fúnebres diagnósticos?

"Ahora comenzaremos con singles uno." El entrenador levantó el pulgar en alto y sus dientes produjeron el habitual brillo. Tenten y Lee formaron una "V" con el dedo índice y anular. Neji mantenía los ojos cerrados… Sé que estaba escuchando todo. Todos esperan que gane.

Agarré con la derecha a la raqueta, me paré a unos centímetros de la red. El chico con el que jugaría, estaba esperándome.

"Abarai Kazuki de Houshi Gakuen contra Uchiha Sasuke de Konoha Gakuen"

―En nuestro equipo no tenemos un dobles perfecto… ―Abarai me apuntó con la raqueta.

Mi oponente era un chico alto, posiblemente de la altura de Hidan y de musculatura desarrollada. Su fuerte era el saque y el remate. El año pasado nos enfrentamos a ellos, en la segunda ronda. Abarai jugó en dobles y perdió 7-5 con la dupla Teen-Lee. No hubo necesidad de que saliera del banco, con las consecutivas victorias, pasamos a la siguiente ronda.

― ¿Y qué? ―respondí y me di la vuelta.

"Partido a un set. Al servicio Abarai de Houshi Gakuen" el anuncio era lejano, a millones de años luz…

Por más que intente sonar fuerte yo…

Por primera vez en mi vida, sentí que… iba a soltar la raqueta, sin haber defendido a mi equipo. Si he aprendido a jugar sin pasión… no debería ser un problema contrarrestar el primer saque. El golpe duro de la pelota contra las gradas, señaló que había perdido el primer punto "15-0"…

Yo… realmente no…

No… soy capaz de dominar mis emociones, y esta impensada desesperación, comienza a descascarar mi voluntad jugar.

Es que…

"Iré a verte" ¡Lo prometiste!

"30-0"

"¿Esto es lo mejor de Konoha Gakuen?" Ese eco vago… Voz que he oído hace poco…

"40-0"

¿Por qué no estás, niisan? ¿No acabas prometer… que vendrías por mí?

¿No me pediste… que disfrutara el partido?

"A partir de ahora… donde sea que esté, tú estarás conmigo."

¿Y dónde se supone que estás? ¿Qué es más importante… que… que yo?

Yo… en ese instante… Yo… te odio tanto.

"Juego para Abarai. 1 juego a 0. Cambio de cancha"

―Es solo un punto, Sasuke ―gritó Gai.

La voz del profesor me despertó, algo aturdido caminé por el lateral de cancha. Abarai venía hacia mí, cuando nos cruzamos me empujó con el hombro.

―Te destrozaré ―dijo con total seguridad.

Esa advertencia, me hizo tomar conciencia sobre el ambiente de rivalidad. Es cierto estaba en medio de un juego. Esperé por estar aquí…

Hice de todo para estar aquí…

Lancé la pelota y la golpeé con la raqueta, en completa oscuridad. La pelota regresó a mí… del lado derecho.

"0-15"

¿Por qué no logro ver nada? Una pelota descendía con lentitud del cielo y la golpeé… esta vez, él respondió. Al instante regresó pero esta vez por encima de mi cabeza.

"0-30"

Se repitió el mismo proceso…

"Juego para Abarai 2 juegos a 0"

―Eres patético, Uchiha… ―Abarai disfrutó estar dos juegos arriba.

―Todas tus fans están aquí. ¡Vamos enloquécelas con tu talento! ―exclamó Tenten, desesperada como su pareja de dobles.

―Sasuke… solo son dos puntos, ve por la pelota ―gritó Lee.

¿La pelota?

Sentí un fuerte dolor en la pierna. Un potente dolor me hizo ver que la pelota lastimó esa parte de mi cuerpo. Todo comenzó a esclarecerse… ¿Qué ha pasado?

"15-0"

Estaba con una rodilla inclinada y mi raqueta a unos centímetros de mis pies, la cogí y observé las gradas.

"No estás…"

Sacudí mi cabeza, escuché el golpe de un nuevo punto para Abarai. Miré el tablero 4-0 ¿Por qué dejé que avanzara? Gai pidió tiempo para mirar mi rodilla, me acerqué al entrenador. Mientras él aplicaba una pomada en mi pierna, tomé una botella de agua y me lavé la cara. No hablé con él, sé que por más crédulo que sea vea, comprendía todo lo que sucedía… Que aún no me había conectado con el juego y que ya había despertado. En cuanto a Neji estaba que ardía por los puntos perdidos. En cambio el dúo Tenten y Lee, vociferaban palabras alentadoras "¡Vamos, Sasuke demuéstrale a ese idiota quién es el mejor jugador del torneo!"

Los admiradores de Houshi Gakuen corearon un "¡Dos puntos más, baja a la niña bonita!". 4-0… He permitido que adelantes.

Abarai hizo el servicio, corrí dispuesto a devolver la pelota que iba al centro con lentitud. ¿Se cree vencedor? Él siguió la devolución hacia su izquierda, con torpeza logró pasar la pelota, situación que aproveché para atacar el fondo "0-15".

―Un golpe de suerte. Lo mejor de Konoha Gakuen son los dobles... El año pasado nos equivocamos al ensayar en un juego que no conocemos.

― ¿Vas a servir? ―le apresuré.

Estaba cerca de la pelota, iba a rematar en la zona desprotegida de mi oponente. Justo en ese momento, mi vista se distorsionó. Veía tres pelotas y golpe como pude, tan desorientado me fue imposible detener mi caída sobre la cancha.

"30-15"

―Te lo advertí… Nos ganaron por los dobles. Si el torneo fuera solamente individual, nadie sabría de ti.

Tosí sobre el suelo, dando un color más vivo al polvo de ladrillo. ¿Es posible que sea…? Tratando de mostrar ninguna emoción, toqué la humedad y noté que no era mi saliva… Me incorporó, al tiempo que tomé mi raqueta y tracé un semicírculo, para ocultar mi verdadero objetivo de un movimiento tan inútil como innecesario para el partido. Tapé la sangre con audacia y Abarai continuaba mirándome sin darse cuenta de nada.

―Mi nombre sepultara al tuyo.

¿No fue mérito nuestro, sino un error de ustedes?

¿Nunca se acabarán…?

¿Las… Excusas?

―Perdieron porque no fueron lo suficientemente buenos ―hablé con desgano―. Eres un reverendo imbécil, si no aceptas cuál fue el verdadero error.

Y me enderecé. Seguiría usando la mano derecha, no malgastaría mi energía a menos que fuera absolutamente necesario. Podía controlar este partido. No iba a flaquear en un torneo. Yo sé que soy capaz de controlarme… Ganaré el siguiente juego a mi ritmo.

Logré recortarle tres juegos, íbamos 4-3. Sin embargo, el picante sol derretía mis fuerzas…

Aleteaba en un día soleado, con alas de cera…

Estoy cayendo…

Abarai respondió con una volea, sentí acalambrada mi tierna lastimada. No había otra alternativa, me lancé para llegar a detener el golpe… Caí sobre el suelo, levantando algo de polvo.

"5-3. Ventaja Abarai"

La pelota golpeó contra la red, sin convertirse en punto. Lentamente rodó hasta llegar a mi nariz… Respiré con fuerza. ¿Por qué no pude? Me incorporé aún con la pierna adormecida. Realicé el saque sin potencia, fácil de devolver incluso para un neófito. Abarai envió un globo y yo salté para alcanzarla… pero de nuevo, no tenía las fuerzas para responder y terminé cayendo en el piso.

No solo era mi pierna izquierda, también el mareo que comenzaba a fastidiarme.

¿Qué haré? De seguir así… lo más seguro es que yo…

¿Recuerdas lo que te dije?... Esa lejana voz, resurgía otra vez… Volvía a mí… Regresaba a mí. Esa voz que apareció… Cuando teniendo trece años, mi acercamiento a la ingeniería se iba transformando en mi hábito de por vida. Mi mundo se había quebrado y yo estaba cayendo en la oscuridad… Justo ahí, apareció él.

¿Recuerdas lo que te dije?...

―No me verás… ―Respiré, aún con esa agitación y sin tener el control de mi mente, revivo las palabras pasadas.

"Eres mucho más que una mente brillante. No temas equivocarte, no temas sentir… Odio, ira, amor, envidia, celos, amistad, orgullo, miedo… Son sentimientos humanos y están dentro de ti. Pero sobre todo vuela alto por tus sueños y sigue a tu corazón, Sasuke. Yo estaré cerca… para verte volar."

―Caer ―rugí, completando mi decisión.

―Pero si ya has caído ―observó divertido el chico de Houshi Gakuen

Logré levantar mi cuerpo del piso, escupí sangre y lo tapé con mi zapatilla. Busqué mi raqueta, había volado un par de metros. La examiné un poco y noté que tenía tres cuerdas rotas… Caminé hacia mi bolso para buscar otra raqueta, la de repuesto no estaba en las mejores condiciones después de que Naruto de desquitó con ella y tenía que haberla dejado en en el taller de reparación de encordados… Pero con todo el vaivén de esta semana, me olvidé por completo. Solo espero que resista.

Agarré la raqueta de repuesto, me tomó por sorpresa. Lo que tenía entre mis manos, no era mi raqueta azul golpeada por el rubio ¿Por qué el marco era de un color rojo? Estoy seguro de que era azul… Además el mango de la raqueta que sostenía era negro, cuando siempre vendé a mis raquetas con una cinta gris. De seguro es un nuevo regalo de mi padre… Pero ¿Por qué rojo? No era el color favorito de papá ni el mío.

Lo tomé igual y regresé al campo de batalla.

―Hoy es el día que será recordado… ―indicó con burla.

No se percataba que estuvo luchando solo. Que ni había entrado en el juego.

Corrí un par de mechones que cubrían mi rostro y sentí el calor en mi frente ¿cuidarme? No habría un resultado distinto, yo ganaría y me apresuré a lanzar:

―Lo es… No todos los días eres derrotado en dos minutos, tras haber fanfarroneado por dos horas.

Tuve el deseo de mostrarle que tan débil me he vuelto, mi saque fue a una velocidad inimaginable y tocó parte de los cabellos de mi oponente. La pelota picó tras su espalda.

― ¡Insolente! ―el semblante de Abarai era puro odio.

No perderé, no lo haré delante de un bocón. Presioné mis dientes, y obligué a mi cuerpo a responder. Solo faltaba un punto, para sentenciar la derrota de Abarai.

Lo prometí.

Seré el mejor del circuito… Seguiré haciendo magia, hasta que esta enfermedad me consuma por completo.

"Juego y partido para Uchiha Sasuke de Konoha Gakuen. 7 juegos a 5."

Terminó el partido demasiado rápido para mi gusto, pero felizmente para mi cuerpo que no daba más. Abarai salió refunfuñando, no esperaba menos de él. Lo único que interesaba era esta nueva victoria en el tenis, y que he ganado una batalla contra mi enfermedad. Si dejo de hacer las cosas que me hacen bien… ¿Acaso no será como admitir que ella es invencible?

Pasamos a la siguiente ronda, Lee y Tenten me abrazaron por el juego. Cuando salíamos de la cancha, Neji pidió al resto de nuestro equipo que se marchara. Es algo que todavía no entiendo, los titulares son 8 y sin embargo Neji continuaba en el capricho de prescindir de la mitad.

― ¿Por qué somos 4 y no 8? Alguna vez recapacitaron sobre por qué, solos nosotros vemos los partidos del adversario.

Una de las actividades obligatorias que teníamos, era ver el partido de nuestros rivales. A veces lo veíamos grabado o íbamos personalmente a conocer al rival. La regla era que estuviéramos los cuatro o nadie.

―El equipo es de 4 integrantes, el resto no se toma las cosas en serio. Y no es excusa tener exámenes… todos tenemos exámenes o participamos de otros Clubes ―continuó Neji―. Yo no espero menos de nadie.

Los ojos blancos de Neji estaban completamente sobre los míos. También lo miré, estaba igual de cabreado que la vez que jugamos.

―Tenías que haberlo derrotado ―me reprimió.

Derrotado…

―Neji, qué dices. Sasuke nos ha dado la victoria ―Lee no perdió tiempo, en resaltar el partido ganado.

―Cierra la boca, Lee ―ordenó, ni miró hacia él y con frialdad añadió―: Cometiste todos los errores en este partido, Uchiha…

―Lo sé. No volverá a ocurrir, no perderé ni un punto contra el siguiente oponente ―manifesté la promesa.

La cumpliría aunque al costo de mi vida. Confío en mis habilidades… y en mi voluntad para proteger el deporte que amo. ¿Qué clase de pasión tengo… si permito que esta enfermedad se lleve mi capacidad de reacción? No me quitará el don que poseo… para hacer Magia.

"Sasuke… Lo que haces es magia. Eres un mago"

Era el primer partido al que Kaguya Kimimaro iba a verme, y con esas palabras se enlistó en el pequeño grupo que decía que yo jugaba estupendo. Solo que ahora era "Magia", con ese término definió mi habilidad en el tenis. De escuchar de otros que era "genial"… Ahora era un mago.

Kimimaro me llamó Mago.

"Profesor, usted también puede lograrlo. El tenis solo es práctica" Era honesto, es lo que creía. Que cualquiera que quisiera ser bueno en un deporte, solo tendría que dedicarse a la práctica permanente. Más tarde o más temprano, dominaría el juego.

"Nadie puede pintar como Salvador Dalí. Nadie puede escribir con la pluma de Jorge Luis Borges… Es un sinfín de nadie puede. Y Sasuke, en todo este circuito de Tokyo… Nadie puede jugar como tú lo haces… Es un Don y está aquí. Aunque aún no lo veas" con su fino dedo índice, Kaguya-sensei presionó sobre mi pecho.

―Sé que no perderás puntos…

Neji cambió su expresión amarga, a una de severidad.

―Voy a mejorar mi juego ―Aún puedo hacerlo, aún puedo inventar una nueva técnica… yo…

―No perderás, porque yo no puedo seguir confiando en tu juego. Estás suspendido por tres partidos, Uchiha ―decidió Neji.

¿Qué? ¿Suspendido?

Esas ideas de completar mis tácticas, perdieron el color. Miré a Neji para arrancarle la verdad de sus ojos.

― ¡El siguiente partido es la final! ¡Neji, necesitamos a Sasuke! ― se quejó Lee.

― ¡Un equipo, somos un equipo y no lograremos nada sin un integrante, que encima es nuestro mejor singles! ―sin tapujos, Tenten increpó a Neji por la decisión.

La habitación se hacía más pequeña, las puertas y las ventanas estaban cerradas. Las voces de mis compañeros se iban deformando, hasta ser una espantosa distorsión. Toda esa asfixia fue subiendo a mi pecho, no tenía las fuerzas para seguir de pie. Gai se aclaró la garganta, para acallar el parloteo.

―Neji, tienes una razón para suspender a Sasuke.

El capitán observó largo rato al profesor. Pero yo lo sabía… sabía perfectamente lo que pasaba por su cabeza, Neji no iba a retirar mi castigo.

―Yo no puedo arriesgarme con él, es todo ―reveló.

El dúo negó con la cabeza, Gai se llevó una mano a la frente y tenía la misma mirada filosa que Neji. Ordenó al grupo que recogieran sus cosas y que descansaran. Estaba por irme con mis compañeras, pero el profesor me pidió que caminemos. Cuando me habló, lo hizo con seriedad.

―Sasuke, nos queda un torneo… no te desanimes, tenemos mucho por lo que jugar y confío que tendrás un regreso explosivo. Aprovecha este tiempo para hacerte un chequeo general. Necesito el apto físico de este año. Descansa mucho ¡Ánimos, tu juventud te hará recuperar al cien por ciento! ―me alentó. Y fue a saludar al entrenador del equipo contrario.

―Sí… ―Era demasiado tarde para que él me escuchara, y elevé la cabeza al Cielo.

Sin el tenis…

¿Es el fin?

+++Respira… Sigue Respirando…+++

Después de la pelea que tuve con Naruto, evitamos hablarnos. No quería apresurarlo, él solo encontraría la respuesta… Puede sonar egoísta, pero casi ni pensé en nuestra fuerte discusión. Porque para mí… se cumplían…

Siete días sin tenis.

No tuve fuerzas para ir al entrenamiento de esta semana. Me suspendieron y agarrar la raqueta sabiendo que mi afamado apellido no estaría en la lista… Ni siquiera como suplente, me afectaba con una magnitud mayor al 98.5% que obtuve en el examen de Filosofía hace dos años. Aún no lo comprendo ¿98.5 %? ¿No es una burla? ¿Qué buscaba con ese 98.5 %, profesor Kaguya?

Faltaban pocos días para que se jugara la final, y yo… deseaba escuchar el grito del público, el ansia de todos los jugadores… de ser tapa del diario deportivo escolar. De soñar que entre el público habrá un cazador de talentos (totalmente improbable), que quizá… el juego que juegas es el decisivo para ganar. Toda esa adrenalina que solo sientes en el tenis (que yo siento)… es lo que me estaba matando… esta nueva oportunidad de hacer magia…

Y tener una veda para brillar.

Sin él tenis… Soy una errante sombra entre millones, perdido y olvidado en atestadas calles.

―Has regresado... Siempre lo harás ―emitió una voz risueña.

Esta chica.

―Tú de nuevo.

Cabellos rubios y su prenda ceremonial, la alocada sacerdotisa del templo.

―Prefiero ser "la bella sacerdotisa" ―Yo resoplé a son de burla, no era la gran cosa con el carnaval de colores que traía encima, rojo, amarrillo y blanco―, o "Shion, El péndulo."

No juzgo a las personas anticipadamente, ella demostró estar ida.

― ¿Tú escogiste el nombre? Es imposible que te hayan bautizado con…

―Este honorifico es la herencia de tiempos pasados, y yo soy "el péndulo"… El majestuoso péndulo del reloj del tiempo.

―Pensé que eras sintoísta ―contradije. En el sintoísmo no se manejan los ciclos.

― ¡Brillante como siempre! ¡Bravo, es lo que siempre te definió! ―aplaudió, ella comenzaba a irritarme ¿por qué hablaba cómo si me conociera? Detuvo sus felicitaciones repentinamente, y enfocó sus ojos hacia los míos, para rematar con un―: Estás triste… No tienes que estarlo. En esta vida existen muchas clases de sufrimiento, que no logramos superar. El sufrimiento de vidas pasadas, nos brinda un nuevo comienzo. El alma olvida y camina errante en este mundo… Ya que el amor no es tan fuerte como se dice… Solo unos pocos son bendecidos con este puro sentimiento… Te lo dije. Aunque débil, sigue estando, y está aquí. ―apoyó la palma de su mano en mi pecho y yo la quité de inmediato.

¿Sufrimiento? ¿Qué conoce del dolor una mujer que se refugia en las bondades de un templo? Que metida más de la mitad del día, que participaba de alegres ceremonias… y cuyo conocimiento de las enfermedades del mundo son tan desconocidas, como la organización del gobierno japonés. Tan distanciada de las atroces historias que leemos en el diario.

¿Amor? Una chica que, desde una temprana edad, convive con la creencia de entidades superiores, ¿ha conocido el amor para hablar naturalmente de su existencia y decir que está dentro de mí? ¿El Verdadero Amor está cerca…? ¿Tan cerca que ni le he visto? ¡¿Oh, Dios… Estoy Ciego?! ¿Se refiere a Karin? Es ella… ¡Genial es ella!

Pero entonces…

Por qué no me produjo nada su declaración… ¡¿Por qué no siento nada?!

¿Almas gemelas? ¿Dios, es la esperanza que nos has dado ese susurro mundano que nos inyecta con el cuento de las "Almas Gemelas"?

―Si eres el péndulo… ¿Eres capaz de atravesar el tiempo? ―pregunté a modo de juego. Si hablaba al menos por un rato, dejaría de pensar.

Y también a modo de juego, comprobaría que tan tocada estaba esta chica de cabellos claros.

A contrario de mi frase sarcástico, ella se mostró seria.

―Déjame mostrarte… ―susurró con un silbido tenue y posicionó sus manos a cada lado de mi rostro.

Los cabellos de Shion se elevaron, sus ojos violetas parecían mirar hacia la nada. Un suave viento corrió y su túnica se elevó unos centímetros.

―El tiempo no va detenerse ¿Lo comprendes? Vive cada segundo ―dijo con una voz misteriosa, distinta a la jovial o misericordiosa que solía emplear en las ceremonias.

¿Ah?

Retiró sus manos y retrocedió un paso.

―Has vuelto a lastimarte. Yo no entiendo… por qué aún no le abres tu corazón ―Volvió a hablar, pero esta vez con una voz preocupada.

Miró mi rodilla lastimada, la herida estaba oculta con el pantalón y era imposible que ella supiera de ello.

¿Será verdad que puede ver en el pasado? No es posible. Ella… no pude correr por el tiempo. ¿Quién es ella?

― ¿De quién hablas? ―pregunté, me acordé que ella mencionó a una persona.

Ella me observó, parecía pensar si era conveniente decir lo que tenía en mente. Luego se despidió con estas palabras:

―Hora de tocar la campana del templo, volveremos a vernos antes del nuevo inicio, Sasuke Uchiha.

¿Y ésta loca cómo sabe mi nombre? No se lo dije, estoy seguro de que no me presenté con ella. ¿Pudo haberlo escuchado en el bautismo de Soranosuke? Tiene que haberlo escuchado… ¿O es que en ver esta loca es el péndulo que oscila sin detenerse?

+++Respira… Sigue Respirando…+++

Era el día. Llegó el día de la final del Torneo Regional… Que yo no jugaría. Las clases de sábado matan a cualquiera del aburrimiento, la mayoría elegí faltar ese día. ¿Cómo sería cursar en un colegio que tiene dos días libres –sábado y domingo-? Ninguno de mis compañeros de tenis asistió. Por supuesto debían prepararse para las once, no vendrían solo para cursar una hora y luego salir de corrida a las canchas de Tenis. La asistencia era opcional, cuando participabas de un Torneo. Los alumnos decidían si presenciar la clase y salir con tiempo al torneo. Pero nadie hacía uso de esa opción, uno tendría que estar demente para ir al colegio y correr a lo loco para llegar a la competencia. Y de hecho yo estaba eximido de estar en el aula, el profesor de química me miró con intriga y sé que esperaba que en cualquier momento, me levantara de mi pupitre para irme al torneo. La obtención de logros, atrae a las personas… y desde luego, los profesores conocían perfectamente a los clubes destacados del colegio.

―Puedes retirarte, Uchiha ―El profesor me entregó una hoja, la tomé sin mirarla. Ante mi acción, él agregó―: Sobresaliente examen, y toda la suerte en el Regional.

El jueves tuvimos un examen, esta mañana durante la clase práctica en el laboratorio, él se enfrascó en la corrección de unos papeles. Doblé el papel, cogí mis cosas y opté por tomar la oferta del profesor. Que estuviera suspendido no me inhabilitaba para acercarme a la gradas y por primera vez en mi vida, ser un espectador del juego. Cogí mi celular y no había ningún nuevo mensaje en el grupo de mi equipo, el último era de Neji recordando esta mañana la hora y sitio del partido final… Aquel partido del que fui excluido.

No quería hacerme ilusiones con el levantamiento de mi sanción, Neji no mostró nunca flexibilidad y no empezaría conmigo. Es solo que… Pedí a las estrellas por un milagro, y que hoy esté en las canchas. Pero a tan solo media hora del primer partido, no había ningún SOS de mi equipo. Ni una señal de un desesperado pedido de ayuda, todo mi esfuerzo en este torneo… Sin entrar a escena al cien por ciento y con una enfermedad que me impedía sobresalir, luchando con mi pasión por la raqueta…

No contaba para Hyuuga Neji.

Puede haberlo hablado con él, sobre mi enfermedad y reprocharle que me estuviera quitando mi razón para seguir peleando contra el cáncer. ¿Le habría removido la conciencia o es que hubiera recibido una reprimenda por no haberlo dicho antes?

Je… Después de todo, esta enfermedad no puede llegar a cambiarme del todo.

Fue orgullo. El maldito orgullo me impidió conversar con Neji sobre mi bajo nivel en el entrenamiento y mi poca meritoria victoria contra Abarai.

―Por allá, por allá ―gritó una chica a su compañera. Ambas iban vestidas de porristas―. Las canchas de tenis están a dos cuadras, la final nos espera… Ya quiero ver el maravilloso juego de Kita ―aseguró ella.

―Recuerda que en el equipo contrario estará Uchiha Sasuke ―Estaban del otro lado de la calle, se las podía oír porque hablaban alto.

― ¡KYAAA En el tenis hay tantos chicos guapos! ¡Voy a animarte con todo mi corazón, Sasuke Uchiha! ―chilló otra chica.

Así que… Sin darme cuenta me acerqué al punto de mi consternación, a solo dos cuadras de las canchas. Me detuve y me apoyé contra un mural. Más chicas pasaban corriendo hacia las pistas.

¿Por qué me atacas justo ahora? Pido por un deseo imposible… Quiero jugar, pero me acaban de atar las manos y solo puedo observar a la distancia ese fervor al que soy tan ajeno.

―No estás respirando ―declaró una voz. Allí mismo sentí que había una mano sobre mi hombro.

Di un respingo y levanté los ojos para toparme con unos oscuros ojos, a milímetros de mí. ¿Por qué sigue pasando? Que me ahogo en mi pesar, y de repente…

Apareces… Tú…

Un predador que se aproxima cuidando no ser visto, que ataca en el momento oportuno… Por eso dices, lo que nadie más sabe y de antemano, desgraciadamente, conoces:

―Te suspendieron.

¡Carajo! ¡¿De dónde sacaba información sobre mí?! ¿Eres espía, Itachi? ¿Cómo haces para conocer mi vida, sin que nos tratemos más dos horas en el día? Lo detesto, que aparentes tener todos mis secretos, aún cuando estés tan lejos…

Y que tan solo te acerques cuando verdaderamente todo comienza a derrumbarse.

En eso se parecen tú y él.

Me mordí el labio y lo empujé para caminar en dirección contrario a las pistas de tenis.

―Me estás ignorando ―recitó Itachi, comenzando a caminar de detrás de mí.

― ¡No estuviste…! Tenías que… tenías que… estar… ―solté con furia, la miseria que estuve viendo por su culpa.

Y quería tanto emprender una carrera hacia el infinito. Dar un millón de vueltas al mundo y olvidarme del tenis, convencerme que no era la gran cosa estar muriendo… Verdaderamente, cuando te han cortado las manos… Así me siento. Y no… No tenía las fuerzas para sentarme en las gradas y animar a mis compañeros.

Si realmente, estoy siendo grotescamente egoísta…

Y solo pienso en el dolor de no poder jugar.

Y… que justo Itachi llegue… ¿Esperaba verme jugar?

¿Por qué estoy corriendo de nuevo? ¿Por qué no puedo fingir que no es el fin del mundo estar suspendido? ¿Por qué siento que el pecho se me oprime y me es difícil respirar?

Unos brazos me rodearon por detrás, pegó todo su cuerpo al mío. Bajó lentamente su cabeza, hasta posarla en mi hombro izquierdo. Pude sentir su respiración sobre mi oreja, y suspiró haciéndome temblar.

Casi había olvidado lo que es temblar, no por un dolor físico… Más bien por una sensación inexplicable. Sé cuando tengo miedo, conozco los dolores de mi enfermedad… ¿Pero qué es esto que me invade por completo, esta extraña sensación que corre por mi cuerpo... cada vez que te acercas?

―Sobre eso, alguien contestó por mí ―se refería al mensaje.

― ¿Qué otra persona puede tocar tu celular? ―gemí, en parte por mi carrera y también porque… El raro malestar se repetía, al igual que el día que vi a Itachi besando a una chica.

Una fina risa se escuchó, ¿le hacía gracia mi interés?

―Eso no importa. Tomó mi celular, me di cuenta hace dos días al revisar el buzón de mensajes. Fue una semana pesada en el trabajo ―se excusó.

Esta semana, solo vi en la cena del martes y miércoles a mi hermano mayor, sus ojeras me decían que estuvo más que ocupado con sus labores. Traté de calmarme. No podía continuar con esta escena de lo que sea que aparente. ¡Porque no estoy celoso!

Y si era verdad, si era una nueva mentira… No me sentiría engañado. Me bastaba que me dijera que le habría encantado verme jugar.

―Pero… ¿Hubieras venido? ―me aventuré a interrogar.

Esta tonta ilusión, de que alguien hubiera estado en primera fila para verte haciendo… Magia, es lo que te hace olvidar las decepciones vividas.

―Habría hecho lo que sea para ver qué tan bueno en el tenis es Abarai de Houshi Gakuen ―reveló serio, tenía la sensación que había una sonrisa en su rostro.

― ¡Ese charlatán! ¡Ya quisiera ser mejor que yo! ―me enojé, y enseguida me solté de ese abrazo.

Itachi se sujetó el estomago y rió a viva voz, su risa… No era inventada. Reía de verdad.

Me quedé pensativo ¿Cómo sabía el nombre de mi contrincante? Era alarmante que tuviera todos mis datos, cual si fuera un registro de información. Sin embargo era gratificante saber que pese a no estar allí, él estaba al tanto de mi vida.

Como si supiera todo. Salvo… Por una cosa.

Sentí un tirón en mi mano. El papel que continuaba manteniendo en mi mano izquierda desde que saliera del colegio, fue arrebato por mi hermano mayor.

― ¿Estudiaste para este examen? ―Itachi observó la nota.

― ¿Eh? No realmente, todo estaba en mi cabeza ―No era por alardear, no estudié. No lo necesitaba.

Con solo leer una vez un texto, podía recordar gran parte del contenido. No hacía falta que amaneciera estudiando, y sin embargo… perdí bastante tiempo haciéndolo. ¿Esa era la perfección que buscaba sin darme cuenta? ¡Qué estúpido!

Itachi dobló el papel y la guardó en el bolsillo de su pantalón. ¿No me la devolverá? ¡Mejor para mí! ¡Un papel menos!

―Tengo dos entradas para el parque de diversiones, ¿vendrías conmigo? ―dijo, sacándome de mi batalla mental por pedir que me regrese mi nota.

¿Es una ci…? ¿Ah?

― ¿Es eso una invitación, Itachi? ―Él levantó una ceja―. Nunca me has hecho una, lo que hiciste hasta ahora fue decidir por ti mismo.

―Masoquista ―murmuró y me tomó de la mano para comenzar a correr―. Si me lo hubieras dicho desde un principio, no iríamos retrasados…

¿Ah? ¿Retrasados? ¿Ahora yo tengo la culpa?

― ¡Oye, qué haces! ¡Para, para! ―traté de recuperar mi brazo, más sujetaba por unas pinzas de acero, no me sería regresada al igual que mi examen.

A los tumbos, si saltando, trotando… caminando y volviendo a correr llegamos una estación de subte. Itachi continuaba tirando de mi mano, como si fuera su muñeca y yo… por fin sentí lo que es ser tironeado. Cuando éramos niños, yo solía tomar de la mano a mi hermano mayor y arrastrarlo… de la izquierda a la derecha, escaleras arriba, escaleras abajo. Lo obligada a ir por helados, que luego ni quería comer.

¿Es una venganza Itachi? En lugar de cederme el único lugar vacío en el subte, se sentó y yo me quedé parado. ¡Genial! Hermano hijo de…

Unas estaciones después, Itachi volvió a arrastrarme. Fuimos a un estacionamiento e Itachi retiró su auto. Dijo que era más divertido hacer algo de gimnasia y que por eso no fue a buscarme en auto. Lo que afirmó aún más mi idea de que él sabía perfectamente que Neji me suspendió, mucho antes.

El viaje duró dos horas, o menos. Hablé con Itachi sobre Soranosuke, me dijo que tuvo fiebre y me sentí terrible por ser un mal padrino. Itachi me aseguró que no era grave y por eso los padres no me avisaron, eso sí querían que fuera el fin de semana a visitarlos. Eso me alegró, quería ver a mi ahijado.

¿Cuál era la sorpresa de Itachi? Un paseo en el parque de diversiones Fujikyu Highland.

La atracción elegida por Itachi fue Fujiyama, una montaña rusa. ¡Oh, dios! No, tuve ganas de huir… y dejar a la mierda mi orgullo. Pero teniendo a Itachi como hermano, eso no pasaría. Y allí estaba yo… Rogando a los dioses salir con vida de este desafío. No lo reconocería ante Itachi, de modo que nos sentamos… En la primera fila, el maldito escogió el lugar. Cabe mi tumba.

El carrito fue subiendo con lentitud, no quería pensar lo que pasaría cuando terminara de ascender. Giré hacia un costado y vi a mi hermano mayor tan fresco y sonriente, todo lo contrario a mí.

―Si sobrevivo… Me aseguraré de matarte ―le amenacé, fingir no servía de nada. Itachi me leía con demasiada facilidad.

―Solo diviértete ―me aconsejó.

― ¡Te odio! ―grité, en cuanto el carrito se detuvo y al siguiente segundo siguiente comenzó a caer en pica libre.

Entonces sentí, un calor sobre mi mano. Con toda la velocidad que íbamos, no tuve inclinarme para mirar que sucedía. Solos por breves segundos, en que volvimos a detenernos pude ver que Itachi tenía una mano sobre la mía, dejé de presionar y levanté mi mano tan pocos centímetros que no creí que Itachi entendiera mi petición silenciosa… Grande fue mi sorpresa cuando la agarró rápidamente. La estruje mientras seguimos girando… Sin poder verlo, pero sintiendo que estaba conmigo.

El vértigo desapareció, porque Itachi sostenía mi mano.

Algo tan simple como agarrarse de las manos… Puede ayudarte a vencer a una temible montana rusa.

Si tiemblo… Si grito… ¿Qué tiene de malo darle un toque de vértigo a tu vida?

Adrenalina.

¿Es acaso esto?

Está bien… Hermano mayor… Gritemos como dos locos que por primera vez suben a una montaña rusa.

―Mírame… ―me dijiste, cuando estábamos a minutos de de ingresar a "TEKKOTSU BANCHO". Un juego en que… se asegurabas unos mareos, con las vueltas. No era eso a lo que me inquietaba, era la distancia que tenía con la tierra.

¿Qué tenía para decir? Estaba temblando considerablemente… En todos estos años, nunca había ido a un parque de diversiones. Volé en helicóptero con el abuelo, hice varios viajes… Conocía todos los ascensores de las oficinas centrales de Tokio, y aunque la salida siempre fue propuesta por mi mejor amigo (Naruto), había un algo que terminaba por excluirme del grupo de entusiastas adolescentes.

No le temía a la altura, o eso creía.

Lo encargados del juego daban las instrucciones, mientras aseguraban los asientos. La idea era ir en pareja, las sillas colgaban de un fierro que formaba una suerte de círculo, sujeto a un mástil. Cuando todo estaba listo, dieron la orden de ascenso.

"OK, voy a calmarme" Traté de ordenarme mentalmente. Obligándome a no mirar hacia abajo.

Un gritó mudo salió de mis labios, con la velocidad que descendíamos, el aire ahogó mi voz. No era tan espantoso, el aire chocaba con fuerza y el viento hacía lo propio, aún así no era una mala experiencia. Con mis pies sobre el aire, era como flotar. Estiré mis brazos para imaginar lo que sería volar, la vista era hermosa… Pese a lo poco que podía ver por la velocidad. Pronto sentí una mano sobre la mía y la cabeza de Itachi más apoyada sobre mí.

Extendiendo alas sin plumas, caemos… bruscamente.

Estás conmigo… y me muestras qué puedo volar.

Tras un par de vueltas vertiginosas en esas sillas, bajamos y fuimos a conquistar otras dos montañas rusas. Y debo admitir que pasa la primera experiencia, me fue mucho más placentero ir a alta velocidad en rieles no apto para cardiacos.

Comimos algo ligero en el patio de comidas y continuamos nuestro recorrido con juegos más serenos. Como el juego de Té, en el que varias veces choque con Itachi. Toda giraba allí, y pura risa. Había grupos de amigas y parejas formados. Y nosotros, dos hermanos que lo pasan bien… ¿En esta rara cita?

Para el final de la tarde, Itachi me arrastró al juego más tranquilo de todos.

― ¿Es enserio? ―Estaba atónito. Es que… La vuelta al mundo era una atracción para parejas o chicas.

Se viajaba en un solo cubículo.

―Y sé que te mueres por subir conmigo ―comentó Itachi, empujándome a la fila.

Sin darme tiempo a contestar, el encargado del juego a penas puso un pie en el pequeño compartimento, me dio un leve empujón. Itachi estaba sentado de lado y tras debatirme si sentarme junto a él, en el diminuto espacio a su derecha o en el asiento de enfrente… Me dirigí a este último. Itachi parecía mirar hacia abajo, estaba recostado sobre la ventanilla. Yo miré hacia el techo, luego pasé a observar la bella postal que nos regalaba el viaje. Unas colinas y un profuso color verde, con el atardecer próximo que le daba notas naranjadas al lugar.

El atardecer… ¿Hace cuánto no detenía a admirar uno de los delicados momentos de la vida? El ocaso… es la inminencia del deceso de un día. Cada día es distinto… No existe un lunes igual al próximo. El descubrimiento de esta realidad, debería empujarnos a vivir con intensidad cada segundo.

Apreciar…

Me giré a ver a mi hermano mayor, me levanté bruscamente. No fue un movimiento inteligente, caí sobre Itachi. Que reaccionando rápidamente me tomó de los brazos, sujetando mi cabeza sobre su pecho. Con una de sus manos, fue tocando mi cabello. Mi cuerpo tembló… no era vértigo, de solo sentir que alguien tocaba mis cabellos… Mamá no lo hacía desde que tenía ocho años, papá decía que era un acto de debilidad. Y yo estuve de acuerdo con lo dicho por él.

Pero últimamente, he permitido que Itachi toque mis cabellos… que con sus manos rodeé mi cuerpo, como si el fin del mundo estuviera cerca, que acaricie mi rostro…

Las sutiles acciones de cariño que fui evadiendo… Se las abrí a él.

Tal vez fue debilidad…

Sin embargo, en esta ocasión no hubo nada que derribara mi fuerza. Tal vez… esta vez había una necesidad, sin buscar unos brazos a los que lanzarme para no caer… Tan solo quería estar cerca de Itachi mientras el día moría.

Estaba sentado en el suelo, con la mitad de mi cuerpo apoyado en el regazo de Itachi. Él seguía agarrándome, no iba a caer… Aún así, sentía la fuerte presión de sus dedos y despacio fui subiendo mis ojos hacia él. Encontrándome con unos ojos como perdidos… Me miraba, no hay duda de ello. Pero había algo más, dentro de sus impenetrables pupilas.

"Es como si estuvieras suspirando… por alguien"

Este recuerdo que vuelve, me hace ver, que lo había preguntado. Tú dijiste que estabas cansado, si tan solo pudiera recordar tu expresión de ese día… Podría comparar aquella con la de ahora. Más temo que todo sea borroso, y me impide descifrar tu secreto. Si es que lo tienes.

Sorprendiéndome, bajó su rostro hacia mi frente. Corrió con cuido mis cabellos, y cuando me imaginaba que iría hacer lo de siempre. Un golpecito en mi frente con los dedos, sentí un calor allí… Una parte de su cuerpo distinta a su mano. Un beso fue depositado en mi frente.

Casi me ahogué y de inmediato quise ver su cara. Tenía tantos deseos de verlo a los ojos, no lograría leerlo… De eso estaba convencido, pero quería pensar que esta vez podría hacerlo.

Y lo que pude notar… Fue su sonrisa, una genuina sonrisa.

Me quedé mudo, todo fue más rápido de lo que hubiera esperado y al final el viaje acabó. Con decepción me levanté del suelo y salimos del juego.

― ¿Te has divertido? ―me preguntó unos minutos después de viajar en el auto.

¿Hacía falta que lo preguntara? No iba a admitir, cuánto lo disfrute…

―Ni puedes imaginar cuánto ―respondí con una sonrisa, había olvidado la mentira.

Mi celular tenía cincuenta y siete mensajes del grupo de tenis. Once de mis rivales en la final "Grupo Mirai Gakuen". Otro par de un número desconocido. No abrí ninguno, no es la manera en que quiero terminar mi salida. Apagué el teléfono móvil sin husmear mensaje alguno.

―El otro lado de Sasuke ―murmuró Itachi―. Me gusta ―Y ahora me observó fijamente, para después regresar su atención a la carretera.

Sabes Itachi ahora estoy seguro, de que no me importa que me hayas mentido, con el mensaje que aseguraste no haber leído. Solamente tú, sabes cómo lanzarme hacia las tinieblas de la soledad y… en un segundo rescatarme de esa tortura, llevándome hacia el inalcanzable paraíso.

Alrededor de las once de la noche, llegamos a casa. Debido a que era sábado papá y mamá fueron a cenar a casa de la abuela. Itachi había hablado con ellos, y les dijo que estábamos en una exhibición de automóviles. Otra mentira con el sello de Itachi, que fue bien vista por papá "Procura que tu hermano presencia las explicaciones de los ingenieros" fue la única orden que dio.

― ¿Quieres que veamos una película? ―sugirió Itachi―. Tu favorita…

Yo abrí la boca, él también lo hizo.

― ¡Brother Bear! ―gritamos los dos.

A pesar de la distancia que hasta podría certificar que existía desde hace años, era como si tan solo… con una corta entrevista, surgieran nuestros lazos perdidos. Lo recuerdas, también como yo Itachi. Que esa película la vimos, un millón de veces en mi infancia.

"¿Recuerdas la historia que contaste anoche?… Yo también tengo una" Como me gustaba esa parte, era magnifico como a pesar de los años me producía un dolor.

―Hicieron una secuela de este largometraje ―comentó Itachi, dando una interrupción a mi abstracción.

―Lamentablemente… ―suspiré, recordando el mal trago vivido con Brother Bear 2―. Ahora entiendo porque me lo ocultaste.

"Koda, hice algo muy malo" ¡Pobre, Koda!

―Sabía que te decepcionarías ―Itachi dio un largo resoplido, yo sonreí por sus palabras.

Era mi película favorita, a los diez años caí en una depresión, al enterarme de que había una segunda película de "Brother Bear". No fue la noticia, sino mi curiosidad por adentrarme en una nueva historia, que estaba seguro no superaría a la primera… Más bien fue la ilusión de ver cómo seguía el lazo de hermanos de Koda y Kenai. ¡Qué desilusión! ¡Adiós a mis ilusiones! ¡Con razón salió directamente en DVD! Esa vez Itachi me había insistido en que era una pérdida de tiempo verla, y yo insistí. Mamá me compró el disco… Itachi tenía toda la razón, fue un desperdicio de tiempo.

"No…" Koda retrocedió un par de pasos, sobre la nieve y con los ojos espantados. Corrió, mientras de fondo se escuchaba la música de Phil Collins con "No way out"

Son esos cortos minutos que te preguntas, cómo pueden reflejar tanto. Intenté meterme en la mente de Koda, pero es tan difícil… y no hago otra cosa, que envolverme con su desconsuelo.

―Hay algo que debo decirte, Sasuke ―continúa mi hermano mayor, estaba completamente metido en la pantalla, que su repentina voz me hizo sobresaltar―. Es sobre tu ex profesor.

Con lentitud giré mi cabeza para verlo.

― ¿Hermano…?

¿Ex profesor? Itachi suspiró con pesadez.

―Yo no tuve ninguna amistad con él, pero… Teníamos algo en común. El punto es que hace dos años, él me llamó ―Yo me sobresalté―. Dijo que estaba en la India y que se iría a China a probar suerte. Hace siete meses recibí un llamado de una mujer, diciéndome que Kimimaro tuvo un accidente y…

Un silencio se apoderó de él.

―No te quedes callado, sigue hablando… Yo tengo derecho a saber qué le pasó ―le apresuré, toda esa indiferencia por su desaparición, había desaparecido en un parpadeo.

Itachi se inclinó hasta tomarme de las manos, estábamos sentados en el mismo sofá de tres cuerpos.

―Quedó en estado vegetativo, dado que era irreversible, lo iban a desconectar.

―Dime… qué no eres sincero…Que no hablas de Kimimaro Kaguya.

De inmediato se abalanzó sobre mí, rodeó mis hombros. ¿Por qué me abrazaba? Mi corazón se agitaba e Itachi seguía sin contestarme. Yo estaba desesperado, el profesor al que le estuve escribiendo y del que esperaba ansiosamente una respuesta… No era que me estaba ignorando, no había forma alguna de que leyera mis emails. ¿Era eso? No… No…

Y toda esperanza se esfumó, con las siguientes palabras de Itachi:

―Lo siento, Sasuke. Quería decírtelo, pero… ―me abrazó más fuerte―. Pasaron muchas cosas entre nosotros, dijiste que Kimimaro no te importaba y…

― ¡Le estuve… Le estuve escribiendo a un muerto! ―Hice fuerza para que me soltara― ¡Y tú lo sabías… Y tú… te lo callaste! ―Le di golpes en la espalda―. ¿Te reías de mí?

Itachi dejó de presionar, y yo aproveché su conmoción por mis palabras para liberarme.

―No… Sasuke, no es verdad ―aseveró con los brazos caídos.

Yo simplemente no podía creerlo, él me había visto escribir el email. "Es un juego lo que estás haciendo" Eso me dijo Itachi, porque sabía lo que sucedió con Kimimaro.

― ¿Leíste mi carta…? ¡La leíste! ¡Y aún así continuaste sin decirme… que él… él!

Y… No pude evitarlo, todo me estaba superando. El dolor seguía creciendo en mi pecho, yo estaba llorando.

―Te lo quería decir… Estaba buscando el momento de hacerlo, pero quería que estuvieras tranquilo… No estabas bien y yo no quería que esa noticia te lastimara mucho más.

¿Lastimarme? ¿Cuánto pensabas esperar para ahorrarme este dolor?

―Pero lo has hecho, me lastimaste… Yo… Yo…

Todo este dolor, me impedía seguir hablando. Traté de respirar, Itachi hizo un movimiento para acercarse a mí. Y yo extendí mi brazo para que no se aproximara, seguí respirando agitado. Cuando pude regular un poco mi pulso, corrí escaleras arriba. Por supuesto que Itachi no me seguiría, ¿o lo haría?

Me encerré en mi habitación. Tomé mi celular de mi bolsillo, había más mensajes nuevos que ni abrí. Busqué frenéticamente entre mis contactos, alguien a quien acudir… Me detuve en el número de mi mejor amigo. Lo descarté tras un largo debate conmigo mismo, seguíamos peleados… y tenía miles de sensaciones en mi pecho, que requerían de una conversación, que decidí mejor no tener. Al continuar deslizando mi dedo en el aparato, di con el Itachi… Tiré el celular contra la pared.

El llanto se convirtió en lluvia, me aferré a mis piernas.

¿Usted nunca estuvo? No… Usted no pudo estar, profesor. Y yo… Le estuve escribiendo por la desesperación de no saber con quién contar.

Lloré por la muerte de Kimimaro Kaguya, porque después de todo… Nadie conocía la desgracia a la que me enfrentaba, por la amargura que me produjo no recibir respuestas…

Después de largas horas de llanto, estaba sudando. Toqué mi frente y noté que también estaba ardiendo. Con esfuerzo llegué al baño, me deshice de mi remera y en el espejo vi mi reflejo desnudo con algunas manchas, las nuevas y las viejas. Doblé mi pantalón para comprobar una cosa, el corte en mi rodilla había vuelto a abrirse…

Todo… ¿Irremediablemente me recordaría a mi enfermedad?

Sin darme cuenta, había tomado el cepillo dental. Me sorprendí un poco, con mi descoordinación. Al entrar al baño evitaba mirar cepillo, para no mortificarme. Fuera de todo control mental, me cepillé los dientes durante un minuto y saqué el cepillo para notar que estaba manchado con sangre…

¿Fuerza…?

Tiré el maldito cepillo.

¿De qué servía? ¿Valentía? ¿Quién la tiene?

Me acosté en la bañera, abrí el grifo y cerré los ojos. ¿Cuánto puedes aguantar bajo el agua? Es una de las cosas que me preguntaba y que creía que no haría…

Pero… Estoy aquí…

Peleado con mi mejor amigo. Sin el jugador que le falta al equipo, Gaara sigue sin presentarse en el Club. Sin mi tenis, suspendido por Neji Hyuuga. Y con… la persona que odié sin razón alguna, ahora muerta.

Son muchas las alegrías, que ahora me tienen bajo el agua.

+++Respira… Sigue Respirando…+++

Una enfermera acomodaba mi almohada, al notar que había despertado. Se alegró de verme y me dijo que llamaría a mi hermano mayor. Genial, cuando decidí terminar de una vez con todo, aparece él.

―No necesitas cuidarme todo el tiempo ―le avisé.

Hace media hora que Itachi había entrado a "visitarme", y solo miraba por la ventana.

―Claro que no debo. Eres todo un adulto, en un cuerpo de niño ―contestó, sin mostrar enojo alguno por mi ataque.

―Si me lo hubieras dicho antes, me habrías ahorrado una decepción ―lancé, no quería pelear… Solo me molestaba que siguiera actuando como si no hubiera sucedido algo terrible entre nosotros.

Ayer estaba desesperado por mi reacción, hoy… le daba lo mismo que fuera infeliz o feliz.

―Si te lo hubiera dicho antes, habrías hecho algo mucho peor.

¿Era eso? ¿No me lo dijo antes porque me creía una persona que se entregaba trágicamente al dolor de una pérdida? Pero más que esta discusión, me interesa algo más importante:

―Mamá… ―comencé, pero instintivamente Itachi me detuvo:

―No volvió, siguen en Kobe. El abuelo tiene una cena a las nueve de la noche ―contó Itachi. Por supuesto, papá haría de buen yerno frente al distinguido Ingeniero. Respiré aliviado.

No seguimos con la discusión. Itachi se quedó a mi lado leyendo una revista. Vendría una psicóloga a hablarme sobre lo maravilloso de vivir y lo malo del suicidio. Un sermón interesante, si tienes probabilidades de vivir, en lo que a mí concierne… Ya estoy condenado. Y no sé porqué lo hice, tal vez fue la suma de todo.

Ahora mismo, no estoy pensando en quitarme la vida. Y estoy seguro de que no va a cambiarme la vida el oír a una psicóloga.

―Sasuke…

―No voy a hablar, todavía no te perdono por lo de…

―Yo te dije uno de mis tres secretos ―interrumpió Itachi, ¿Tres secretos? ―. Tú también tienes los tuyos, dudo que lo hayas hecho por Kimimaro. Tú… Todavía quieres jugar al tenis ¿Qué es lo que me estás ocultando? ―preguntó de repente.

Una suma… de todo y un motivo más fuerte que el resto.

―No te oculto nada ―Era mentira.

Lo de Kimimaro pudo ser su secreto, pero yo merecía saberlo… y él… él… No tiene derecho a saber el mío.

Itachi era inteligente, que hubiera abandonado la universidad no era un hecho del que uno pudiera agarrarse para intentar engañarlo. Traté de controlar hasta mi respiración, porque un solo soplido irregular, le daría una pista… de lo que temo, él ya presentía.

Continuó mirándome con total concentración, para distinguir cada letra limpia de mentira. Debía vaciar mi mente pronto, él es demasiado bueno… para interpretar mis palabras y gestos.

―Encontré una pastilla en tu habitación ―dio el golpe certero.

Abrí mi boca… ¿Pastilla? ¿No hablara de las pastillas de…?

― ¡¿Encontraste?! ¡¿Cómo puedes encontrar una puta pastilla en mi cuarto?! ¿Revisaste mi cuarto? ―La desesperación de verme descubierto, hizo que de inmediato lo tachara de inquisidor.

― ¿Hace cuánto no te cepillas los dientes, Sasuke? ―continúo él, con lo que ya parecía un interrogatorio.

― ¿Quién dijo que no me cepillo? Lo sigo haciendo… ―Y con rapidez, intenté desaparecer esa pregunta.

¿Cómo… cómo lo sabe? Solo viene a dormir, no está mucho en casa.

― ¿Dónde se supone que está tu cepillo de dientes? ―Era un interrogatorio, y al frente tenía al fiscal de la causa judicial.

¿Qué excusa me inventaba? Tiré el cepillo con sangre… y coloqué una nuevo para despistarlos, que seguía estando en el baño. Claro que no lo había usado.

― ¿Y eso que te importa? ―No se me ocurrió nada y lo mejor carta que tenía, era no dar información.

"Guardar silencio, es un derecho de los acusados"

―Me importa… Porque te desmayaste jugando con Neji, porque encontré tu cepillo de dientes y había rastros de sangre… De repente hablas con un chico al que ni ensueños le hablarías, me importa porque sales corriendo de casa de noche y te encuentran tirado en la calle, me importa porque hace más de cuatro meses que no vas a hacerte una revisión con tu odontólogo, al que ves desde que eras un bebé. Te suspenden en tenis… Comienzas a revolver al pasado… y le escribes a una persona a la que no has visto hace más de dos años. ¿Quieres que siga?

"Saber… lo que haces con tu vida, aunque sea mínimamente es un derecho de los familiares. Es una regla no escrita, y a la que fácilmente eludimos… aduciendo su inexistencia física"

No eran pequeños detalles, era todo mi historial de cambios y tropiezos.

―Tú… Tú… ¿Por qué siempre eres tú…? ―grité, no tenía mentira de cual agarrarme.

Él había demostrado su efectividad en analizarme.

―Tendrías que haberlo aceptado.

Cerré mis puños, y golpeé un par de veces contra mis piernas.

―Señor Uchiha, ¿podemos hablar? ―Un médico apareció e hizo un ademán a fin de que Itachi lo acompañe.

―En un momento.

El hombre asintió antes de salir de la habitación, dejándome solo con mi hermano.

―Pedí que te hicieran un análisis completo. ¿Tengo que hablar con el doctor? Sasuke no quiero llegar a ese extremo, prefiero que me lo digas tú.

Cerré con fuerza mis ojos, no me pondría llorar. Él… era tan rápido en todo. Se aclaró la garganta, espero por mi consentimiento. Yo ahora miraba mis puños apretados. Él suspiró, dispuesto salir… No había otra salida.

―Te odiaré más, si ahora te vas. ¿Me alcanzas un vaso con agua? ―Itachi enseguida me atendió.

Tal vez era mejor que se lo contara el doctor… Una persona que no sentiría pizca de angustia al relatar el estado de un perfecto desconocido (yo). Sin embargo, este seguía siendo mi secreto… y antes de que fuera expuesto, pensé yo tenía que hablar con él…

No pude eludir la tensión de relatar mi triste historia, y serás la primera a la que le contaré… La misma persona que me escondió la muerte de Kimimaro, en quien yo deposité el secreto de mi espantoso futuro.

Sorbí lentamente el agua, no quería que se acabara. Sé que no dejaba de mirarme, y que no iba a moverse de allí aunque le dijeran que nuestra casa se estaba incendiando. Es desconcertante, pero sé que así es…

En nuestra vacilante relación no recurríamos a las amenazas… No hasta el día de hoy, en que Mi Secreto debía salir de mis propios labios o del médico que esperaba en el pasillo a Itachi.

¿Y cómo comenzar la historia que te contaron y que no quieres contar? Esa historia que prefieres guardártela para ti.

Mamá contaba historias sobre Príncipes… que tenían una Sangre Azul. Yo, con esa ingenuidad de la infancia, me preguntaba si era verdad, que cuando los príncipes se lastimaban saldría un líquido azul.

―Yo…

Los padres tienen princesas y todas las madres tienen un hijo de la realeza. Mamá decía que yo era su príncipe, pero… Yo solo era una persona común y corriente, con sangre roja.

Siempre creí que sólo existían dos sangres: la especial (Azul) y la común (Rojo). Un príncipe Azul, un plebeyo con sangre Roja.

―Yo… ―Dudé más.

Existía una tercera, poco conocida. Casi inexistente para la mayoría, de la que nadie me habló jamás. La dañina sangre Blanca…

Yo… después de todo no era tan común como creía. Mi sangre ha dejado de ser roja, es… blanca.

―Yo… mi sangre… es blanca… ―Sé que mi confesión, no es del todo claro. Y trato de que sea entendible para ti.

―Sasuke… ¿Qué…? ―Itachi levanta una ceja, no comprende lo que en balbuceos le digo.

Respiró pesadamente.

―Yo tengo leucemia ―Dolió mucho más de lo que había esperado.

La confusión que antes tenía, cambió a incredibilidad.

―No es… ―empezó a decir él, era como si le faltaran las palabras para completar esa frase.

Él vacila. Y yo sé lo que es…

― ¿Verdad? ―continué lo que él dejó al aire, porque esa palabra estaba perdida en algún lugar desconocido y no sería cantada por su voz…

Se desplomó en la silla al lado de mi cama y se levantó a los segundos.

―No disfruté haciéndote esperar en las citas. Sasuke, sabes… que es una forma cruel de vengarte de mí ―observó bastante serio.

Es Negación en su expresión más pura.

―Yo te dije que lo siento, Sasuke ―insistió, quería desacreditarme y en sus ojos creí ver un pedido de ayuda.

Volví a abrir mi boca con lentitud, antes de hablar. Tendría que pensar en cómo convencer a Itachi, de que esta pesadilla… yo la estaba viviendo.

―Dijiste que he dejado de ver a mi odontólogo. A él no le agradó el color de mis encías y me ordenó realizarme estudios… Me los hice, pero cuando fui por los resultados… No… no me los entregaron y volvieron a realizarme una prueba de sangre… con el segundo análisis de sangre se confirmó que tengo cáncer en la sangre.

Sé que le quedaban dudas, él había percibido mis cambios. Con unir sus sospechas a mi revelación, le debería bastar para creerme. O quizá no quería aceptarlo… Como lo hice yo, al repreguntarle al médico.

―Yo tengo que hablar con el doctor… Tiene que ser un error ―Itachi salió de mi habitación.

Konan, después de todo… No es una buena sensación la de compartir las desdichas. Me levanté de la camilla y ahí mismo me cambié con la ropa que Itachi llevó. No iba a quedarme para ver a la psicóloga y tampoco tenía las fuerzas para ver a mi hermano mayor, cuando tuviera la confirmación médica de mi enfermedad.

No encontraba la salida, las enfermeras estaban entretenidas con sus conversaciones sobre pacientes y las personas que esperaban sentadas en el pasillo, no me generaban confianza. Nadie me la daba, en este momento. Di un par de vueltas hasta darme por vencido y preguntarle a un niño, con su indicación llegué a salida solo para encontrarme con mi hermano mayor.

Solo lo observé unos segundos, ¿ya tendrían los resultados? Yo no quería saber nada de eso, ni del hospital y corrí hacia la salida. Pude escuchar que me gritaba, esta vez… A diferencia de las otras dos veces, al enterarme sobre la muerte de Kimimaro y al escapar de casa por una discusión con mamá, él corrió detrás de mí.

¿Por qué? ¿Por qué?

Pase un semáforo, y él no llegó pasar, tenía unos segundos de ventaja y no me paré. En el fondo, sabía que iba a seguirme… Comencé a tose, no debía apresurarme tanto. Un sobreesfuerzo, no era una decisión conveniente para mi estado de salud. Lo sé… Los colores se mezclan, mis ojos se caen y vuelvo a sudar como ayer… ¿Me sobreexigí?

Crucé otra calle, sin semáforos, y sin reparar en la proximidad de los autos. Tan solo quería escapar… De más preguntas, de cuánto tiempo me queda… De…

Todos mis pensamientos abrumadores, se vieron interrumpidos. Alguien agarró mi mano y me hizo volver hacia atrás, sobre la vereda. Al mismo tiempo, un auto pasó bocinando. Alguien me había salvado de un indudable accidente.

Giré para ver el rostro de mi héroe. Mi cabeza seguía retumbando, no podría continuar por más tiempo de pie.

―Itachi… ―gemí antes de que el fuego me consumiera, y cayera en un mundo sin rostros.

No choqué contra el asfalto, él me retuvo antes de que me precipitara al suelo.

―Perdóname… ―Le escuché decir, mientras me abrazaba con fuerza.

+++Respira… Sigue Respirando+++

Ardía, estaba ardiendo. Personas gritaban algo de "Urgencia". Entreabrí mis ojos para ver batas blancas. No tenías las fuerzas para oponerme a un tratamiento inútil. Mi cuerpo no respondía y solo podía quejarme. Estaba sudando, todo mi cuerpo estaba en llamas.

Itachi…

Entre el mundo de la realidad y las ilusiones…En medio de los dos, me encontraba. Viendo la oscuridad, y todo ese jaleo a mí alrededor.

Aún… Era consciente de lo que pasaba en la sala.

Hombres que enseguida me rodean… Visten de blanco y me conectan a una máquina con luces. Uno de ellos, se acerca con una mascarilla…

Aquellas herramientas que te mantendrán de pie… indispensables para conservar la salud de un enfermo…

¿Tan mal estás?

Quería seguir respirando, por mis propios medios. No lo quería en mi rostro… Intenté alejar esa cosa de mí, que al final me fue colocada.

¿Qué son todos estos procedimientos?

¿Qué son esas caras serias?

¿Por qué… Están demandando celeridad?

Y ellos…

Me están observando… Lo sé.

Quieren que estés aquí…

¿Salvar una vida?

Solo quieren ser Héroes… en otra infeliz historia.

―Tienes que salir ―ordenó una enfermera.

Ella tomó del brazo a mi hermano mayor, quería sacarlo de esta fúnebre habitación. Sin embargo él… seguía mirando hacia mí.

―No puedes quedarte ―decían las enfermeras.

― ¡Yo no me voy…! ―gritó mi hermano mayor.

Empujó a las enfermeras y otras se interpusieron en su camino hacia mí. Estaba peor que yo, sus ojos contenían una angustia totalmente visible. Y ese rostro que ha ocultado cada expresión, revela un sentir. Itachi por fin era legible para cualquier ser humano.

Pronto más mujeres se interpusieron entre los médicos que me atendían y aquel desesperado familiar, que suele verse en las películas, que pretende estar cerca… Como si la cercanía sirviera en la recuperación del crítico estado de un paciente. Es una escena miles de veces repetidas en la ficción televisiva… y esta vez lo estás viviendo en carne propia. Es tu triste historia, con alguien que no actúa… que grita, patalea y está dispuesta a olvidar que los hombres no deben golpear a las mujeres, y comienza a empujar bruscamente a las frágiles enfermeras.

― ¡Sasuke…! ―Estaba agitado y descontrolado.

Dos hombres de negro, supongo que seguridad del hospital, socorrieron a las enfermeras. Aún con todo ese grupo encima, Itachi continúo luchando… Mis parpados fueron cayendo y seguí escuchando su voz gritando mi nombre, con mucha fuerza y cada vez… con más aflicción.

Una enfermera cayó al piso, Itachi había abofeteado a la joven que en vano se oponía a que se acercara…

A mí.

Realmente

Esa persona… estaba luchando por mí…

¿Qué sientes por mí?

Yo…

―Sasuke… Sasuke… Estoy aquí, no te duermas… Tienes que saber…

Con mucho esfuerzo pude tocar la mascarilla que me colocaron, un médico tomó mi mano y negó con la cabeza. ¿Por qué lo hacían? ¡Yo… no quiero estar aquí!

―Que jamás te dejaré… Sasuke… Sasuke… Sasuke…

Seguí escuchando mi nombre…

Cada vez más bajo.

―Respira… Sigue Respirando… Por mí… Sasuke… Sasuke… Debes saber… Sasuke…

¿Respira… Sigue respirando?

―Sigue respirando…Yo te…

¿Qué... Es lo que quieres decirme… Niisan?

Yo… quiero entender…

Pero la cortina negra se ha corrido sobre mis ojos.

+++Respira… Sigue respirando+++

"Un ruido"

―Lo logramos. Estable ―comentó una mujer.

"Voces…"

― ¡Qué locura, el negarse a recibir tratamiento! ―protestó una segunda voz femenina.

"Voces que encerradas en una posición… llaman a la razón"

―Esta etapa es tan conocida… Los enfermos bajan los brazos ―Hablaba la primera mujer, con el taconeo de fondo.

"¿Bajar los brazos? ¿Todos, necesariamente, debemos ser Valientes…? ¿Debemos actuar como si no sintiéramos dolor y resistir…?

Si dejarse vencer es de cobardes… ¿no es acaso egoísmo el exigir que alguien que sufre luche por (sobre) vivir?"

Entreabrí mis ojos, estaba acostado en una camilla. El techo era blanco, giré mi cabeza despacio y me di cuenta que las paredes eran iguales. La agitación corrió por mi cuerpo, es por esto que odiaba los hospitales. Tenían ese color igual a… los cementerios, y el olor no me ayudaba a pensar lo contrario. No había nada alentador en los sanatarios, y ahora más que nunca me recordaban a mi enfermedad (sangre blanca).

Comencé a mover mi cabeza de un lado a otro, en cierta forma deseaba que fuera un sueño que me tuvieran aquí, postrado en la cama de un hospital. Justo ahí noté que no era cierto que estaba solo, con las paredes de la muerte. Habían pétalos… De un color rojo profundo, con un tallo grueso y sin hojas. No eran rosas… ¡Dios no eran Rosas!

Me acomodé y continué mirando aquel detalle. Las flores del florero eran la única cosa de color en mi habitación… Lo demás era tan tétrico.

Mis ojos comenzaron a cerrarse, lentamente y creo que volví a dormirme.

Desperté en un momento. Sentí que una persona caminaba alrededor de mi cama, y esperé a que saliera. Creo que era la enfermera. Me quedé unos minutos en la cama, fueron lo suficiente para ordenar mi cabeza… Yo recordaba perfectamente todo lo que había sucedido antes de desvanecerme en el hospital.

Me incorporé. Me concentré en cada ruido que había en el pasillo. Cuando pude controlarme, tomé los cables que me ataban, que supuestamente estaban para paliar mi dolor… que teóricamente estaban para retenerme en este mundo, con determinación. Los quité de mi cuerpo y me levanté de la camilla. Me puso un abrigo que estaba sobre una silla… ¿De qué serviría? ¿Para cuidar mi salud? Quizá solo quería hacer como que seguiría viviendo…

"Hace frío, Sasuke. Esa campera es ligera" Para una madre los hijos jamás se abrigaran bien.

"La bufanda, la bufanda, nieto" También la abuela cuidaba de mí.

Pero no era solo eso… Yo sé a quién pertenece este abrigo.

Yo pude sentir el calor de él, está en mi piel.

Estaría conmigo.

Hasta el último instante.

Salí de la habitación de paredes blancas. En los pasillos había enfermeras, que entraban y salían de cuartos. Caminé casi pegado a la pared, para evitar una colisión con ellas y con las camillas que usualmente transitaban a toda velocidad. Los doctores iban más apurados que las enfermeras. Ni notaban mi insignificante presencia y no me fue difícil deslizarme por las escaleras que ascendían al último nivel de edificio.

Caminé despacio. Entre todo ese personal sanador, alguien se detuvo frente a mí. Una enfermera me miró con desconfianza y me pidió que la esperara mientras atendía a un paciente. Entró a una habitación y eso fue todo para mí, fui descubierto. No me quedaba otra cosa por hacer, corrí por el pasillo del noveno piso. Nadie me detendría, yo estaba seguro de lo que haría. Seguí corriendo hasta llegar al pasillo final que me conectaba con la salida. Me ardía un poco la cabeza, pero es algo que soportaré. Porque no volverá a pasarme… No volverá sucederme.

Abrí la puerta de la azotea. Crucé el arco sin dudar. Había una vieja escoba junto a la puerta final, era como si todo estuviera preparado para que ejecutara mi decisión. Tomé la escoba y en sentido vertical la posicioné por debajo de la manivela de hierro para bloquear el ingreso de cualquiera que viniera a hacer un acto heroico… No quiero héroes de batas blancas, que usen mi desolación como una excusa para ser vanagloriados por televisión. No quiero que nadie salve a quien no desea ser salvado.

Di un paso hacia atrás, todavía mirando la escoba que imposibilitaría el acceso de cualquier persona… Di tres pasos, seis.

No, nadie llegaría a tiempo.

Estaba temblando otra vez… Crucé mis brazos y coloqué mis palmas a cada lado de mis hombros.

No… No es lo mismo que un abrazo de mi hermano mayor.

Pero, esta ridícula acción, me daba el valor para continuar con el último capítulo.

Ahora… aunque quiera ver… Todo se hace remolino, no logro distinguir las imágenes que están alrededor de mí.

Es como si todo trascurriera a mil por hora.

¿Qué está pasando?

Todo comienza a dar vueltas.

Imágenes.

Las miles de caras que se guardaron en mi mente… Todo va tan rápido, y momentáneamente se detienen y vuelven perderse en este especie de recuento fotográfico de mi vida.

Las voces resuenan en mi mundo… son millones de murmullos, que se aglutinan para ser un mensaje incomprensible.

Como si estuviera viendo… como si estuviera escuchando… como si estuviera viviendo mi vida en segundos.

Los cumpleaños festejados.

El primer día de clase.

Las últimas palabras de Kimimaro.

Mi primer amigo.

Mi primera raqueta.

El bautismo de Soranosuke.

Las victorias en el tenis…

Como un repaso… de mis logros, de mis inexistentes derrotas… personas que ignore, todo vuelve a mí.

Brevemente se detienen, aquellos recuerdos… Y llegan al paréntesis de esta pequeñísima línea personal.

Una figura. Esa cabellera que se encuentra atada y esas largas marcas en su rostro, con ojos misteriosos me contemplan y me perforaran.

"¿Te sientes bien? Creo que te escuché gritar"

Esa persona sabe tanto de mí.

"Te suspendieron"

"Habría hecho lo que sea para ver qué tan bueno en el tenis es Abarai de Houshi Gakuen"

"Me importa… Porque te desmayaste jugando con Neji, porque encontré tu cepillo de dientes y había rastros de sangre…"

Esa persona sabe todo de mí… y yo me esforcé por negar que existía alguien que tenía no solo una lista de mis virtudes, sino también de mis defectos… y de mis Miedos.

Una persona que…

[Verdaderamente me conoce.]

Yo no vi… que estaba aquí… Creía que había miles de kilómetros, que nos había separado.

Porque debo sincerarme conmigo mismo:

Desde que recuerdo… Estuve encantado con todo lo que estuviera relacionado a él… Yo traté de alcanzarlo, para caminar a su lado…

Traté de correr, para ir a su misma velocidad.

Quería imitar ese resplandor que emitía… Cegador, era Cegador.

Esa luz que irradiaba… era Perturbadora.

Porque…

[Él era Perfecto.]

Yo quería tanto imitarlo.

Pero ahora veo… que no buscaba superarlo…

Yo estuve anhelando algo.

Por demasiado tiempo esperé…

Que fuera mucho más cercano… a mí.

Sin embargo ahora es distinto… Yo no puedo alcanzarlo, yo no puedo…

No puedo… no tengo las fuerzas para luchar por él…

Porque yo no puedo ofrecer… yo no…

― ¡No saltes! ―Desde una ventana, en un edificio viejísimo, enfrentado al hospital, gritó un hombre.

Yo no puedo dar…

― ¡Cuidado! ―Son alaridos que me llaman, solamente estaba parado en el punto más alto.

No puedo… dar mi vida por él… Porque estoy perdiendo lo que jamás podré regalar.

[Mi Vida… para dedicártela]

Escuché el ruido de golpes contra la puerta, ¿quién viene por mí?

― ¡Otouto! ―Y ahora sí, soy llamado por la única persona de este mundo de la que no quiero desprenderme.

Me paralicé por completo. ¿Has llegado hasta aquí?

― ¡Otouto! ―Repitió.

Era otra vez él… De nuevo él.

Oigo tu voz… Sé que tienes miedo. Es normal esperar lo peor de alguien que está en el último piso del hospital, que se ha acercado demasiado al precipicio… y que con ambas manos logró subir a la baranda.

Pero… ¿Sabes? Yo estoy seguro de mi decisión, nada va a detenerme.

Perdí a Kimimaro…

Lo perdí.

Y tontamente estuve enviando emails a un muerto. Estuve enojándome con alguien que no me respondería…

Yo estuve jugando a ser Valiente… Y no me queda nada por lo que luchar… Con la noticia de este día, he perdido casi la totalidad del valor con el que me enfunde para seguir existiendo.

Pensé que podría conquistar cada una de mis dudas, liberarme… Resistí todas las pruebas que se me presentaron, dolores nocturnos, sangre en mis encías, discriminación… compasión. Estaba haciéndolo magníficamente… Estaba… lidiando con todo del mejor modo posible.

Entonces viene el peor golpe desde que me enteré de mi enfermedad, Kimimaro murió hace un año… Y yo… no tuve la oportunidad de hablar con él, antes de que se fuera para siempre de este mundo.

Y ahora que Itachi conozca mi secreto… No es una situación a la que podré enfrentarme.

Era la última persona que hubiera querido que lo supiera, antes hasta se lo hubiera contado a sus amigos… o aquella chica que dijo amarme, ¿cuál era su nombre? Hasta a mis padres podría haberles contado sobre el veneno que llevo en la sangre.

Pero Itachi… mi hermano mayor.

Yo… Esta relación es complicada. Ni puedo atreverme a pelear por este sentimiento que tonta y tardíamente florece en mi pecho.

Es tarde… Una rápida despedida dolerá menos. No quería ver su rostro de desesperación, era demasiado con haber permitido que me viera totalmente derrotado y siendo entubado por los médicos. Lo de hace horas… no quiero que se repita. Que llore por mí… no, no lo soportaría.

Cerré los ojos y lentamente arrastré mis pies sobre el cemento. Mi corazón latía agitadamente y mi túnica formaba pequeñas ondas. El aire corría por debajo… Mis cabellos tapaban parte de mi rostro.

Es mejor de este modo. Quiero recordar tu resplandeciente sonrisa. Quiero irme con el recuerdo del sentimiento de protección que trasmitieron tus ojos… Quiero quedarme con las palabras que me dedicaste el día en que sentí morir…

"Una persona como tú… es lo mejor que pudo pasarle a alguien como yo."

Quiero irme con estos recuerdos… que valen más que una vida completa en soledad.

Itachi…

Itachi…

"Yo soy Itachi… Tu hermano mayor…"

Me parece recordar esa voz que me obsequió el regalo de su nombre.

"I-taa… I-ta…" Junté las tres primeras palabras, e intenté levantar tu nombre en mis labios. Me veo a mí mismo…

Me veo recitando tu nombre.

"Soy Itachi…" repetiste tu nombre para que lo recordara.

Fue inevitable que ese perdido recuerdo me hiciera sonreír. Y agradezco que mi hermano mayor hubiera dejado la cámara encendida para filmarnos… ¿cuántas personas no son capaces de recordar la gracia de la primera palabra… y cuántas son felices con pequeños detalles? Y no… Todo el dinero del mundo jamás te dará la Felicidad,

Lo sé… ahora lo sé.

Porque desde ese momento quedó grabado a fuego en mí.

Yo aprendí tu nombre… por tu voz.

―Itachi ―sin que pueda evitarlo, susurro su nombre.

Itachi… Si es un bello nombre para un (mi) guardián terrenal. Debería pensar los miles de gracias que mereces. Gracias por cuidarme esas noches en que la oscuridad me sofocaba… Gracias por ser el mejor hermano mayor… que cualquier hermano menor anhela. Gracias por ser mi primer medio beso, esa vez que estuvimos en la casa de Akasuna no Sasori… Gracias por ese brazo que me diste cuando papá volvió a decidir por mí… Ese día en que temblé y yo no pude más, lloré por primera vez por mi enfermedad y fue… en tu hombro… Fue sobre ti.

Gracias por cambiar la tormenta con arcoíris, el día que no jugué la final del torneo y me llevaste al parque de diversiones. Fue la primera vez que subí a una montaña rusa y casi muero de un infarto por esa locura de andar a una velocidad excesiva.

Gracias por salvarme… de chocar con el auto, hace unas horas.

Gracias… por saber todo de mí.

Eres mi hermano, y también mi primer medio beso, mi héroe en las pesadillas… el hombro sobre el que llorar…

¿Exigí mucho de ti?

―Itachi… Itachi… Itachi… Itachi… ―seguí pronunciando.

Yo… sin darme cuenta… demandé tanto de ti.

Y tú… siempre estuviste cuando de modo egoísta pedí tu ayuda.

Yo… no estuve escondiéndome de ti, era como si en el fondo hubiera deseado que lo notaras.

Yo… silenciosamente grité que vieras a través de mis ojos.

Me desesperé porque creí que estabas lejos, fue todo lo contrario…

Estabas ahí… No adelante, sino atrás de mí…

Yo… no me di cuenta, que respiras sobre mis cabellos.

Pero no tienes que seguir estando ahí para mí…

Te libero.

[De sufrir conmigo]

Sentí al aire correr por mis pies. Todo era demasiado tranquilo…

[Ahora que te estoy liberando del peso de mi cuidado]

No quiero llevarme el peor recuerdo… Quiero tener la mejor reminiscencia de este caótico mundo…

Lo mejor de este (Mi) Mundo.

Todo es doloroso… Pero no lo es tanto… Si pienso que por un corto tiempo pude tener a alguien que sinceramente se preocupaba por mí.

Mantuve mis ojos cerrados, porque quería conservar tus recuerdos en mi mente… No necesito ver el precipicio.

Voy a guardar con sumo cuidado los momentos de mi vida contigo. Porque sabes… Quiero almacenar todo lo que me hizo inmensamente feliz… ¿Lo entiendes?

"Sasuke…"

Tu rostro sereno llamándome, ahora invade mi mente.

"No importa cuántas veces sea siempre estaré…"

Y tus palabras que vuelven a estremecer a mi corazón.

"…Para ti".

Quedarán por siempre dentro de mí.

Estoy decidido.

Adiós a mi inconmensurable tristeza.

Mi pie está en el aire, la corriente sigue levantando mi bata blanca.

Yo… Lo siento, hermano mayor… Es la última vez que lo diré.

Esos gritos desesperados que hacen eco… Se van perdiendo. Aún con los ojos cerrados, me incliné dos centímetros hacia el precipicio. Ya no me postraré más… A donde vaya no habrá dolor… No habrá derrotas… No habrá despedidas… No habrá remordimientos… No habrá lágrimas… Y no habrá eternos "lo siento, hermano mayor"…

Yo decido cuándo Morir.

Lo negué por tanto tiempo…

Mientras rechazaba cualquier contacto humano, para alcanzar la perfección.

Había una persona que me observaba, que me cuidaba, que velaba cada instante por mí.

Cada paso que di… fui sostenido por tus manos.

Estuviste… conmigo.

¿Por qué tú…?

Tú…

Solo tú…

― ¡OTOUTO! ―Un grito que carga con toda la desesperación del mundo (mi mundo), hace que mi pie retroceda unos centímetros.

A pesar de mi resolución de hace unos minutos… Yo… Yo… Niisan.

¿Qué es este dolor…? ¿Qué es esta fuerte presión que me sumerge… en la inmensa consternación?

― ¡OTOUTO!

Esa aclamación que no cesa,

Esta pequeña existencia, deja de ser intrascendente…

Hace cuatro meses me dijeron que estoy muriendo

Y esa desolación que me atormenta, desaparece…

Porque ahora oyes… oyes…

Oyes… que alguien grita por ti.

― ¡OTOUTO!

Sintió que mi visión es eclipsada, por unas cortinas de agua.

Pese a que esta repentina tempestad obstaculizaba mi vista, no me limpié. Tonta… agua… Tonta…

¿Qué es esto? Si de repente llueve, el cielo debería estar cubierto de nubes negras.

"Yo… Niisan…"

Estoy feliz… de escuchar su voz por última vez. Si estoy feliz… ¿Por qué duele tanto?

"No temas sentir… Odio, amor, celos, miedo… Son sentimientos humanos y están dentro de ti. Pero sobre todo (…) sigue a tu corazón, Sasuke." Fueron las últimas palabras de Kimimaro Kaguya. Tal vez… fui demasiado exigente con todo y no lo entendí. La segunda persona que estimé, intentó meterse en mi vida… y yo… por cobardía, estuve jugando a estar enamorado sin abrirle mi corazón…

Si lo quería debería haber dado el primer paso y no esperar que él lo diera. ¿Verdad?

Levanté mi vista al cielo, en el afán de encontrarlo sentado en alguna nube, tocando el violonchelo que en dos ocasiones tocó para mí.

Sensei, usted fue importante en mi vida. Se preocupó por mí, con sinceridad. Eso es algo que no cambiará… Fue como un fino haz de luz que trató de despertarme de mi eterno sueño… Fue una estrella, con el brillo totalmente tenue, que pretendió abatir la oscuridad que me rodeaba. Pero el cariño que sentí, no se trasformó en "Haría todo por usted"… Usted sobrevaluaba la sinceridad en las personas, fue franco en cada aspecto. Así que ¿Vamos a llamar Pasión a esa etapa de mi vida?

Estoy hablando como si tuviera la experiencia requerida, y… ahora lo comprendo. Sí, la tengo. Tengo la experiencia para afirmar que fue pasión de la adolescencia, sin embargo esto no me exime de los errores cometidos… antes y ahora mismo. Perdón… por no ser valiente al menos por una vez…

Sensei, "sigue a tu corazón" es una hermosa frase que no cumpliré. No puedo detener con mis manos esta eterna llovizna. Me quitaron la posibilidad de seguir jugando… Perdí lo que más me hacía feliz. Sin el tenis, soy una estrella que no tiene Luz… Todavía hay cosas que me gustaría decir –confesar-. Sin embargo,de solo pensar en hablar sobre estas emociones, comienzo a temblar. ¿Realmente es necesario convertir en palabras lo que este corazón siente, si ni yo mismo entiendo… por qué ahora tiritan mis dedos, cuando escucho su voz?

"¡SASUKEEEEE!"

Yo me quedaré con este sentimiento que… suena terrible, pero morirá conmigo. Por eso… quiero pedir una cosa… Si es cierto que existe un Dios, de seguro estás en el cielo. Kimimaro-sensei te ruego que me ayudes y pidas algo en mi nombre:

Es que yo

Yo…tengo un deseo final.

Pido un deseo a las estrellas…

Quiero ver sonreír a la persona que… quiero y que me confunde.

Sé feliz…

Sin mí, Niisan.

+++Un tiempo después…+++

Los padres de Sasuke no habían hecho ningún preparativo, estaban centrados en la terrible perdida. Todos los trámites habían sido llevados por Pein. La empresa Akatsuki (Amanecer) fue la que organizó el velatorio. Desde temprano, iniciaron los preparativos. Zetsu y Tobi despejaron el living de la familia Uchiha que, a pesar de no formar parte de toda esa movida, pidió expresamente que la ceremonia se realizara en la casa. Konan tomó como tarea propia el arreglo de flores y se negó a recibir ayuda. Kisame llevó los aperitivos para los despidientes. Kakuzu preparó el café. Hidan era el chofer del auto fúnebre. Deidara se encargó de llamar a los afectos de Sasuke (abuelos, tíos, compañeros del colegio).

Y Sasori…

―Es un modelo original ―Kisame pasó la mano por las figuras del féretro de Sasuke, era un diseño extraordinario ―. No es el trabajo de una noche en desvela… ¿Cuándo fue que lo empezaste?

¿Cómo lo sabía? La obra de Sasori no volvería repetirse, ése era un modelo especial con que estaba trabajando sin descanso desde hace más de un mes.

―Un resfrío no debilita a una persona al punto de arrastrarla por el piso ―Sasori había visto quebrarse al escudo de Sasuke ―. Itachi también lo presentía, tal vez… hasta antes de que Sasuke decidiera ser sincero con él.

Deidara se encogió. Se hacía una idea de lo que debería estar soportando el pelinegro. Ya había sido rechazado por Itachi hace unos minutos, se imaginaba aquella reacción. Itachi nunca fue una persona abierta con los sentimientos, jamás demostró sentir ni dolor ni… ¿amor? Al parecer ni la muerte de Sasuke lograría conmover a Itachi al grado de hacerle llorar como Mikoto Uchiha, o eso creía Deidara.

Por otro lado, Kisame no sabía cómo encarar la situación. Presentía que Sasuke ocupaba más del cincuenta porcientos en los pensamientos de Itachi, y que ahora más que nunca estaba por encima del cien por ciento en su mente. Pero se veía distinto, como si no fuera Itachi… Solo era una persona más que había perdido la capacidad para camuflar sus sentimientos.

"Itachi escondía algo, pronto unos dedos aparecieron por encima de su rodilla. Deidara gritó señalando los deditos, corrió hacia el pelinegro y señaló el blanco anular que se aferraba del pantalón oscuro de Itachi.

También él pelinegro miró hacia abajo, por un momento con una sonrisa y como si hubiera recordado que aquello era desagradable, se aclaró la voz para dirigirse al grupo de curiosos:

Él es…

Sasuke ―completó Kisame―. No puede ser otra persona.

Al oír su nombre, una cabecita se asomó detrás de Itachi. Con unos cabellos de un color azulado con tonos negros, una piel que afirmaba no conocer el sol y unos ojos que contenían la inocencia de la noche. Después de comprobar que era seguro el lugar, el pequeño decidió abandonar su escondite. Todo era nuevo para él, ese día iba a conocer a los amigos de su hermano mayor, tenía curiosidad por saber quién era el chico de los títeres y ver a la chica de las grullas de papel… y al chico chocolate (Tobi) y… y… y…

Definitivamente tenía miedo de conocer a Hidan.

Deidara no esperó ni tres segundos en ser presentado y abrazó con ganas a la "cosa más tierna que Itachi podía tener en sus manos". Era como un gatito con enormes y hermosos ojos, que de inmediato capturó todo el interés del grupo de amigos. Ellos no tardaron en presentarse y revolverle los cabellos, a la vista de un hermano mayor que no parpadeaba por ver cada detalle de sus amigos hacia su pequeño tesoro.

¿Por qué dijiste que no puede…? ―preguntó el Uchiha mayor, pero se detuvo centrándose completamente en Sasuke.

Antes de que Kisame pudiera entender qué pasaba, Itachi corrió hacia el pequeño. Éste tenía unos ojos de sorpresa, que lentamente se iban trasformando en susto. Kisame vio a Itachi gritarle a Hidan, único responsable de que Sasuke estuviera a punto de llorar.

Yo no sabía que el chico le tenía miedo a… ―trataba de explicarse el religioso.

'¿Sasuke? Es pequeño… demasiado pequeño´ Eso había dicho Itachi cuando Tobi le preguntó por su hermano menor. Era la primera vez, que Kisame había notado un cambio en la voz del pelinegro… Como entre nervioso, pero sin estarlo. Y se acostumbró a la tableta de emociones que Itachi exhibía alrededor de su hermano menor.

Porque no puede ser otro… Itachi, tan simple como eso ―dijo al aire Kisame, todavía riendo por la mirada de muerte que Itachi dirigía hacia Hidan.

Quizá Itachi no lo veía… que desde un comienzo fue demasiado protector de Sasuke, y ello le impedía siquiera observar a una chica, cuando comenzó a transitar la pubertad"

¿Qué estaba haciendo? Kisame se odió por no estar desde el primer segundo de la muerte de Sasuke, al lado de Itachi.

―Es devastador… Sé que él está mal ―Kisame miró al féretro de Sasuke―. Voy con Itachi.

―No ―le cortó Sasori―. Itachi ha decidido.

Kisame iba a oponerse, pero Deidara le dio un leve puñetazo en el cuerpo. Actitud que fue suficiente para que el conmovido hombre azul recordara que hace unos instantes el rubio fue ignorado por el Uchiha mayor.

Los parpados de Sasori se cerraron por siete segundos, y volvieron a abrirse para otra vez cerrarse. Deidara, que podía ser tan ajeno a todo salvo a lo relativo a Sasori, notó la pesadez en los ojos del pelirrojo. Ni las gotitas que se puso, tenían el poder hacer invisible la fatiga de días enteros de desvelo.

―Estás cansado. Debes dormir, Sasori ―se preocupó Deidara. No le gustaba cuando él se automedicaba, sus ojos miel lucían opacos por el exceso de esa sustancia.

Sasori trató de enfocar su vista. Por solo un segundo su mirada se cruzó con la de Itachi, que estaba en un rincón. O tal vez… Itachi ni había visto a Sasori. Estaba como alejado de esa tristeza general. Tan aislado de todo, como envuelto en una telaraña y listo para ser devorado.

―Estoy tan fatigado que dormiría por dos semanas enteras ―se sinceró el pelirrojo―, pero no es el momento… Tengo toda mi vida para dormir, hoy es la despedida de quien lo fue todo para Itachi y nosotros tenemos que estar aquí. Aunque Itachi no quiera derrumbarse en nuestros hombros.

Así era. Deidara y Kisame comprendieron cada palabra de Sasori. El rubio lo sintió, cuando quiso poner una mano sobre Itachi y éste evitó que lo tocara. Kisame también pudo ver que la oportunidad de ofrecer un "pésame" a Itachi, no fue posible porque Itachi había estado esquivando a cualquiera que quisiera acercarse.

― ¿Te traigo un café? ―se ofreció Kisame.

Sasori solo miró a su compañero de trabajo, sus ojos estaban algo rojos y revelaban la tarea a la que se sometió para terminar el féretro de Sasuke. Kisame entonces decidió ir por el café.

Konan y el ahijado se habían despedido. Pein rodeó a su familia y fue ese el momento en que Kisame, Sasori y Deidara decidieron arrimarse.

―Ese día que saliste corriendo de casa, me dejaste sorprendido ―confesó Kisame, frente al cuerpo de Sasuke―. Itachi estuvo cinco minutos sin hacer nada, luego me pidió que lo cubriera… Yo sabía que en el preciso instante que saliste, él quería salir detrás de ti. Nosotros aún… no sabemos cómo acercarnos a Itachi… y tú… lo conseguiste, conseguiste estar mucho más cerca de él… pese a que tratabas de alejarte de él.

Deidara deslizó sus manos por el kimono blanco de Sasuke. Sintió el detalle de las flores en la prenda delicada y una corta sonrisa cruzó su rostro.

"― ¡Buenos dí… ¡ ―gritó a puro pulmón Deidara, guardando silencioso repentinamente.

Baja la voz ¿Cómo entraste? ¿Por la ventana? interrumpió Sasori, se estaba acomodando la corbata en el living.

El rubio se acercó hasta el sofá de la casa para tomar una zapatilla negra que no era de Sasori, y colocó el calzado en la cara de éste.

¿Esta zapatilla? ¿De quién es? cuestionó, alzando con incredibilidad el calzado―. ¡A quién te cojiste!

Es temprano para que acabes con mi paciencia ―respondió sin aumentar la voz el dueño de casa.

¡Son converse! ¡Te cojiste a un pendejo! ―continuó Deidara, revoleando el zapato.

Sasori miró su reloj, venía con quince minutos de retraso. Decidió no hablar con el rubio, porque dar explicaciones no serviría de nada cuando se trataba de Deidara. Agarró la mano de él y lo llevó hasta la habitación de huéspedes. Abrió la puerta y lo empujó en el cuarto.

Deidara casi gritó al ver a las personas que dormían en la cama. Un huraño joven de largos cabellos negros, sumido en un buen sueño, tenía aprisionado en su pecho un pequeño cuerpo. De éste, cabellos azules oscuros, era lo único que podía verse y una pequeña mano de un tono mucho más clara que el otro.

Olvidando completamente el trabajo, había en la cara de Itachi una expresión de pura felicidad al tener en sus brazos a su hermano menor. Deidara había abierto su boca por el impacto de la imagen y observó por largo rato a los durmientes, hasta que Sasori volvió a tirar de él.

Quiero una foto… Oh Sí la quiero ―dijo de la nada el rubio, soltándose del pelirrojo

Estás loco ―sentenció el de cabellos cortos.

Cuando el rubio se empecinaba con algo, no había forma de hacerle entrar en razón. Tarde o temprano tendría una foto de ellos."

―Perdona que haya sido pesado ese día con las fotos, soy así con todo lo que me parece lindo. Te extrañaré ―fueron las palabras de Deidara, mientras tocaba la frente del difunto.

Tanto los ojos de Kisame como los de Deidara estaban acuosos. Ellos se movieron, para que Sasori pudiera aproximarse a Sasuke.

―En realidad… Yo esperaba… O más bien, tenía la ingenua esperanza de que resistieras un poco más, para hacer una obra más a tu altura. Espero que perdones que mi arte… sea modesto.

Sasori pasó sus manos por el cabello de Sasuke y descendió para besar su mano. Estaba frío. Un estremecimiento corrió por su boca, y se separó de la helada piel. Sin embargo, esa sensación seguía en su cuerpo como si alguien lo estuviera congelando, Sasori ladeó su cabeza. En una esquina, sin nadie a su lado, Itachi estaba mirando a cada persona que se acercaba a despedir al Uchiha menor. Entonces Sasori pudo ver cada sentimiento no expresado, pero que sólo en ese momento observó en sus ojos… Toda la desgracia, reunida con todo el amor que tenía.

"―Soy tan egoísta… el saber que había muerto, me confortó. El profesor había fallecido, nada me alejaría de Sasuke… porque yo volvería a ser el primero en su vida. Todo volvería ser como antes. Pero… fue todo lo contrario. Este cruel destino, es el precio de un sentimiento prohibido… No lo entiendo. Yo no pedí tener este profundo sentimiento en mi corazón…

¿De qué estás hablando? ―Sasori movió una mano frente a Itachi.

Lo amo ―Itachi estaba temblando―. Yo no quiero que esta enfermedad me separe de lo que más amo.

Y no era como otras veces, en que Sasori trataba que Itachi entendiera que seguir con esa locura no era sano… Aunque Sasori debía admitir que era una "locura sana", pues Itachi no buscaba que Sasuke sintiera lo mismo… O lo era en un principio, porque eso de que Itachi no había tenido nada que ver en la elección de dos padrinos para Soranosuke seguía inquietando a Sasori. Había demasiada coincidencia en que entregara un Kimono a Deidara una semana antes del bautismo, y que ese nuevo kimono lo llevara puesto el mismo Sasuke en el santuario.

Pero Esta vez el "lo amo" era pronunciado con una desgarrador lamento, con la nefasta mención de una "enfermedad".

¿Itachi… tú… estás enfermo? ―preguntó con temor Sasori.

Todo estaba fuera de la realidad. Itachi temblando y diciendo incoherencias, definitivamente algo malo sucedía.

Cáncer… ―susurró despacio, Sasori palideció ―. Ojala fuera yo…

La cara de Sasori se recompuso. Más esa tranquilidad no fue larga, solo había una persona por la que Itachi se derrumbaría en un segundo. Emociones que él contenía, salían a la luz solo por alguien que lo era todo en la vida de Itachi.

Es mi hermano menor, tiene leucemia.

Fue la terrible confirmación, de lo que Sasori ya presentía.

Itachi… ―suspiró lúgubremente el pelirrojo.

No tenía palabras para aliviar, no las tenía ahora ni las tendría después. ¿Qué podía decir Sasori para aligerar el dolor de Itachi? Y no, definitivamente no diría un patético "lo siento". No servía ni serviría de nada procurar una compatibilidad en el sentir. Porque no existía… ¿qué iba sentir? Sasori no tenía leucemia, tampoco podía sntir siquiera una fracción de la angustia de estar perdiendo a la persona que uno ama. Deidara estaba sano y Sasori no podía decir que entendía ese dolor. Solo quedaba una cosa. Sasori hizo lo que solamente en esa situación irreversible puede hacerse, que no era mucho pero verdaderamente era lo que quería hacer: abrazó a su amigo.

Está muriendo, es lo más preciado que tengo… No importa que no me ame… Yo solo quiero que se quede conmigo… No estoy pidiendo por un amor correspondido, solo quiero que viva… Porque si él… si él… ―gimió con una profunda desesperación.

Todo ese sentimiento demoledor fue trasmitido, Sasori sintió un doloroso apretón en el brazo y en el hombro. Itachi estaba haciéndolo inconscientemente. Ese abrazo era tan fuerte, que temía que Itachi le rompiera los huesos.

Desde esa cruda revelación, el pelirrojo se había obligado a prepararse para el desenlace. Noches de insomnio vivo, primero haciendo los bostezos para el cajón y posteriormente trasladando el diseño a la madera.

Itachi seguía sin moverse, Sasori decidió terminar su despedida hacia el difunto. Fue ahí cuando apreció los cabellos entre azul y negro, el largo de sus pestañas tocando su piel, la pequeña nariz y su pulcro rostro… Toda su belleza había sido realzada con un maquillaje moderado. El dolor que Sasuke había luchado por esconder, era imperceptible debido al excelente trabajo del maquillador.

Con todo ese arreglo… El arte sería eterno. Sasuke descansaría eternamente.

"Cuando eres ajeno al sufrimiento, es absurdo tratar de acercarse a él. Es lamentable y pretencioso decir "lo siento…", pero las personas se aferran a dos palabras que contienen la receta de la equivalencia… y es la tarjeta de presentación convalidada socialmente en las despedidas.

Miles de veces escuchada…

Lo lamento. Yo jamás comprenderé cuánto lo has sentido… Itachi."

CONTINUARÁ…

Undiario intenso ¿Kimimaro aparecerá para conducir a Sasuke hacia el otro mundo? ¿Shion tendrá una premonición y luchará para evitar el resultado? ¿Naruto hará una reaparición repentina (como es su costumbre)? ¿Gaara estará en el hospital? ¿Sasori estará fumando en la azotea?... ¿Alguien lograra detener la caída de Sasuke? ¿O es que habrá… vencido a la leucemia? ¿Acaso Sasuke decidió cómo y cuándo morir? Y entonces…

¡¿Quién protagonizará el desenlace de Holograma?! ¿Se imaginan quién será la persona más importante en la vida de Sasuke? ¿Cuál es el desenlace que proyectan sus mentes? En el siguiente diario, tendremos el esperado final.

Las canciones que me inspiraron a escribir el Diario 8 son: Human (Christina Perri) y Save me (Hanson). La primera me hizo imaginar a Sasuke decidiendo terminar con todo… Sobre el tema de este diario (Suicidio), entiendo que solamente las personas que pasan por una situación sin remedio (como una enfermedad terminal), conocen en carne propia el dolor (y toda vez que no sentimos su mismo padecimiento), no podemos exigirles que sean Héroes y resistan hasta el último segundo. Quien… "resiste" hasta el último minuto bien y quién no puede… bien (es mi postura, no le deseo el Infierno al suicida). Por eso "Human" es la octava canción de Holograma, no somos "Dioses" somos "Humanos". En cuanto a Save Me (canción complementaria)… Sasuke en esta nueva entrega todavía busca (inconscientemente) a quién pueda salvarlo de "jugar a vivir una vida que no es su vida" (¿Kaguya Kimimaro o Uchiha Itachi?).

Por último quiero informarles que el capítulo 7 "Inalcanzable" de "Por Besarte", está relacionado a Holograma. Sería un Preholograma.

He leído sus reviews, y me gustaría responder un par de preguntas que hace años me hicieron… Trataré de hacerlo en el Final.

Espero que nos reencontremos, pronto…

Hologram

The End

Diary Nine

"Save You"

"I will love forever you, Sasuke"

(Theme Song "Save You" by Simple Plan)

Coming Soon…

ItaSasu es sinónimo de Amor Verdadero

Oyasumi, matta ashita