Alemania
Pasara lo que pasara, Alemania SIEMPRE preparaba la cena de los viernes en la noche. Era un poco una tradición y otro poco una manera de obligarse a volver a casa más temprano que el resto de los días de la semana. Todos lo sabían en la oficina y nadie se atrevía a intentar impedir que esto ocurriera, así estallara una guerra, todos trabajaban silenciosa y proactivamente para que ella pudiera llegar a casa el viernes, a tiempo, para preparar algo.
Así que el resto de habitantes de la casa usaba eso como excusa para tener la tarde libre... no que no tuvieran otras tardes libres a la semana, pero esa tarde era LA TARDE libre. En la que Veneciano iba a comprar ropa nueva, Prusia se la pasaba jugando a videojuegos en el salón o de paseo con Hungría. Y Austria simplemente existía en algún lugar como cualquier otro día, pero más relajado. Hasta juntarse todos para cenar.
La única diferencia hoy con el resto de los infinitos viernes era que Alemania estaba teniendo un mal día... uno de esos días en que ella se había levantado de especial buen humor convencida de que sería un buen día... y no había hecho más que salir de la cama que se había golpeado el dedo meñique del pie contra la puerta del baño, se había manchado la blusa negra con pasta de dientes, la secadora de pelo había hecho un pequeño corto circuito... uno de ESOS hermosos días que todos solemos tener de vez en cuando.
Así que por supuesto, después de una eterna lista de pequeños infortunios a lo largo del día, cuando había llegado al fin a la salchichonería de su confianza a comprar bratwurst y hacer la deliciosa receta de brats a la cerveza que llevaba saboreando desde el sábado de la semana pasada que la había leído... la señora le explicó con mucho pesar que todo el lote de salchichas había sido comprado esta semana justamente por un ruso (tenía que ser...) que estaba intentando probar una receta de bratwurst que había visto en internet el sábado anterior.
Si tan sólo hubiera ido el día anterior... si tan sólo no estuviera siendo un día de mierda. Bufando un poco y de mal humor había tenido que ir a la otra salchichonería y, desde luego, eso hacía que llegara a casa minutos más tarde de lo que pretendía llegar.
De este modo, Alemania llegaba a casa... y veía rodar sus naranjas naranjas por toda la escalera del garaje, puesto que se le había desfundado la bolsa de papel que había tenido que comprar... porque se le había olvidado su bolsa del mandado. ¡Naranjas, naranjas!
—Deutshcland? No hagas escándalo —la riña de Austria golpeando la puerta del garaje, que sólo pasaba por ahí. Ni se detiene a abrir la puerta.
—Ah, los verdammt placeres de la vida en comunidad... —sisea entre dientes abriendo la puerta con muchos trabajos para detener todo lo que trae en las manos, sin siquiera intentar pedirle a Austria que le ayude a hacerlo.
Si tan sólo hubiera dado dos vueltas del garaje a la cocina... las hubiera dado de haber llegado a tiempo...
—Hallo? —grita para ver si hay algún alma caritativa que pueda pasarle un poco de suerte el día de hoy, que bien que la necesita, bajando un poco las bolsas a la mesita de al lado de la puerta para conseguir bajar su bolsa, y el portafolios... y notar a la vez que trae una carrera en las medias...
Silencio absoluto...
—Danke por saludarme, Österreich... que sí que te oí y SÉ que me oíste —protesta cargando de nuevo sus bolsas y yendo hacia la cocina... notando que Veneciano cocinó ALGO en ALGÚN momento del día y, cosa hermosa, no recogió la cocina de acuerdo a sus estándares.
Y aun así va a tardar un raaaaato en ir ahí. Tiene la tentación de beberse una cerveza, pero opta por mejor simplemente enfocarse en lo urgente, mirando su reloj y agobiándose porque... es tardísimo. Aunque la receta indica que esto no debe tardar más de una hora en prepararse, pero bueno, para el día que estaba teniendo probablemente tardara el triple de lo apropiado.
El TOC le impide dejar las naranjas en paz... así que una vez que vuelve con ellas (una maldita se había metido debajo del coche del austriaco... y ha tenido que arrastrarse un poco por los suelos, perdiendo todo el estilo, para conseguir sacarla) trata de alcanzar el estado más zen posible... poniendo a hervir las brats en la cerveza y... yendo a la sala a poner a Bach en el estéreo.
Bach le organizaría las ideas... y mejoraría el día. Estaba segura de ello. ¡Siempre lo hacía! Y ahí es que se encuentra a Austria.
—Ah... Österreich! —le mira y...
—¿Qué estabas trasteando? ¿No tenías que hacer hoy la cena?
La alemana hace una suave reverencia de saludo de lo menos pomposa (Suiza siempre ha diferido en esto), pero absolutamente inevitable, aprendida, tatuada en sus huesos y completamente practicada desde que aprendió a caminar.
—Guten tag —saluda de todos modos.
—Nein, no trasteaba nada... se me han caído las naranjas en la escalera, porque se ha roto la bolsa, porque he tenido un pésimo día, en resumen... y sí, estoy preparando la cena —resume acercándose al sistema de sonido.
—¿Qué vas a poner? —pregunta sin mirarle casi.
—Bach. Mal día, de verdad... —explica como si eso aclarara todo —. Todo lo que ha podido salir mal, ha salido. ¿Sabes dónde está Italien?
—Comprando quien sabe qué. Sáltate las tres primeras, no me gusta el viento metal.
Alemania le fulmina de reojo porque a ella sí que le gusta... pero suspira y ahí va a poner la cuarta.
—¿Tú cómo estás? Schweiz?
—Bien, bien —gesto desinteresado con la mano.
—¿Quieres algo de beber? Voy a la cocina que hoy podría quemárseme el agua sin ningún tipo de esfuerzo... —murmura estirando la espalda y mirándole.
Se relaja un poquito con la música de fondo, aunque lo que espera ver al mirar al austriaco es si le parece que todo está sonando apropiadamente o hay alguna nota extraña que no debería de sonar de alguna manera específica... no sería la primera vez.
—Un café, bitte.
—¿Me acompañas en la cocina? —hace un gesto con la cabeza.
El mayor hace un claro gesto de desagrado pero se levaaaaaanta.
Alemania hace un suave gesto de cabeza como agradecimiento, pasándose una mano por el corto pelo, entrando a la cocina delante de él. Y tiene que correr a la estufa porque claro, claro, CLARO... la estúpida cerveza se está cayendo de la olla y haciendo pshhhtttttt. Cosa que, a estas alturas, a ella ya no le asombra, por vida suya.
—Ya veo que lo tienes todo controlado. ¿Vas a hacer strudel?
—Strudel? Nein... y no creo que debiera hacerlo, sinceramente. ¿Quieres hacerlo tú? —pregunta con cierta mala intención sabiendo perfectamente que el austriaco NO va a querer porque NUNCA quiere hacer Strudel, aunque a él le salga mejor.
—Mmm... nein, danke —se sienta en la mesa de la cocina a esperar que ella le sirva el café.
—Eso mismo imaginé... como siempre —asegura haciendo los ojos en blanco y moviendo un poco las salchichas dentro de la olla volviendo a ver el reloj para ver cuánto les falta, antes de acercarse a la cafetera y abrir una puertecita para sacar la taza del café —. Compré el postre, porque hoy se me hizo tarde.
—¿Qué compraste?
—Un panetone que estaba de oferta —Veneciano va a matarte.
—¿De oferta? —levanta una ceja porque está a favor del ahorro, desde luego, pero suelen estar secos y saber mal.
—Tomé lo que pude, porque Frau Melzer no tenía Brats, tuve que ir a la otra salchichonería.
—Hubieras comprado de Frankfurt o las sajonas.
—Nein, la receta era con Brats —necia —. Y no quieres que te diga todo lo que me ha salido mal hoy... me ha dolido el dedo meñique del pie desde la mañana. Ni siquiera me lo he visto pero creo que he de tenerlo morado —se sienta al lado del austriaco y se quita el zapato de tacón bajo.
El de anteojos se inclina un poco para mirárselo también. Y es que... las medias hacen que no se vea realmente bien qué es lo que ocurre así que... se levanta un poco la falda con bastante menos pudor del necesario...
Austria levanta las cejas y ahí va la media para abajo, que al menos es de las que se sostienen con un resorte en el muslo.
—Deutschland! —la riñe Austria apretando los ojos.
—Was? Sólo... —se sonroja un poco —, estoy viéndome el dedo del pie, ¿vale?
—¡No te desnudes en la cocina!
—Was?! —protesta porque no se estaba desnudando. Austria pone los ojos en blanco.
—A ver, trae el pie.
—Danke —murmura levantándolo hacia él con cierta suavidad.
Lo toma, con las manos frías apoyándolo sobre su rodilla y a la alemana le da un escalofrío… por las manos frías, digo. Alemania, se te ve el plumero. Austria suspira y se lo masajea un poco.
—No tienes nada.
—¿De verdad? —es que no se lo cree... ¡con lo que le ha dolido hoy! Aun así cierra los ojos agradeciendo un poquito el masaje a pesar de las manos frías —. Menos mal, no pensé que roto pero si al menos hinchado. Me pondré botas bajas mañana y ya está.
Como a "a pesar de" si los dedos fríos son más agradables. ¡O sea es que le han dado un escalofrío!
—¡Ahh! —suelta la chica unos instantes más tarde echando la cabeza atrás... y sonrojándose un poco al notar su propio gemidito placentero.
—A ver... ¿te duele si hago así? —lo mueve para ver si lo tiene roto, porque sabe que es una bestia y no la dama delicada que siempre le machacó con que tenía que ser... y se queda un poco congelado con el sonido que BIEN que ha oído perfectamente
Alemania traga saliva y vacila en si quitarle la pierna de encima o no... carraspea suavemente.
—D-Dolerme... ehm... a-a ver o-otra vez...
Austria se humedece los labios un poco incómodo de hacerle de nuevo y sacarle otro... gemido. Aun así lo hace un poquito más suavemente esta vez, fingiendo que no ha pasado.
—E-Es... b-bueno... es que aprietas en la planta con el pulgar cua-cuando haces eso.
—Was? —lo hace otra vez, ahora solo el pulgar.
Y el gemidito se le escapa... incluso se lleva una mano a la boca para callarse a sí misma, porque es tremendamente placentero.
—¿En serio? ¿Aquí te duele?—aprieta otra vez más fuerte y más rato. No te hagas el idiota, Austria, que bien que sabes que eso no es dolor.
Es que tiene que tomar aire y... tragar saliva a la vez para impedir que le salga OTRO sonido de esos... ¡Pero tiene un buen escalofrío y se sonroja más sin tener IDEA de qué coño le está haciendo Austria en el maldito PIE!
—Hum... —susurra él un poco nervioso, pero es lo bastante cínico para no parar. Ni idea teníamos que Alemania tenía un punto erógeno en la planta del pie.
—W-Was... ? —sisea suavecito y vuelve a cerrar los ojos. Créanme, ella... tampoco. Y Austria que tiene fuerza y precisión matemática con los dedos...
—Deutschland? —insiste.
—W-Was? —es que se le van a quemar las salchichas.
—¿Te duele o no? —insiste, cuadrado.
Y todavía se pregunta a sí misma si esto es como... Dolor de esos dulces y agradables... Pero maldita sea con los dedos maravillosos de Austria. Así que de todos modos sigue masajeándola un poco, en silencio, porque no parece estar gritando como si lo tuviera roto.
—N-Nein, dolor nein...
—¿Entonces?
—E-Es... A-Algo... Raro.
—Raro. A ver, avísame cuando lo sientas —empieza a mover el pulgar leeeeentamente aumentando poco a poco la presión.
Otro gemido implacable y fueeeeerte que paraliza a Austria obligándolo a quedarse presionando justo en ese punto.
No nos extraña ni siquiera un poco. Alemania termina (con renuencia) intentando tirar un poco de su pie, completamente descompuesta sobre la silla, y creo que hasta se ha despeinado, nadie sabe cómo.
Austria la suelta y carraspea un poco. Alemania respira con dificultad así como si Austria se la hubiera tirado ahí mismo a la mitad de la cocina, ¡sin saber cómo es que pasó eso!
—Esto ha sido... irregular —valora, levantándose yendo a servirse él mismo el café de lo descolocado que está.
—Verdammt —se pasa una mano por la cara. Él se lo toma estando aun en la encimera, de espaldas a ella. Bastante sonrojado —. ¡¿E-Exactamente qué... qué te pasa?! —protesta.
—¿A mí?
—J-Ja! Tú hiciste... ¡no sé qué es lo que hiciste!
—Sólo estaba viendo si te dolía el pie. ¿Qué estabas haciendo tú? —la riñe girándose hacia ella.
—¡Tú es-estabas... haciendo... cosas!
—No hacía nada más que tocarte un PIE —se defiende. Ella se sonroja y traga saliva.
—¡De una manera muy... rara!
—Ni siquiera me has detenido —la acusa.
—V-voy a... ir al baño. Tú te encargas de las salchichas —protesta girándose hacia allá, a punto de la combustión del sonrojo.
—Sólo apaga el fuego —responde en una terrible elección de palabras como si fuera un juego burlón.
—¡Apágalo tú! —replica en combinación, miren que torpecitos los dos.
—No son mis salchichas —¿en serio, Austria?
—Österreich!
—Was?
—¡Apaga las verdammt salchichas!
—¡No es como que yo las tenga encendidas!
La chica asoma otra vez la cabeza a la cocina... y le mira la ZONA en cuestión. Él se sonroja y se gira un poco, al notarlo para cubrirse. Nunca lo sabrás Alemania. Malditas chaquetas grandes. Alemania aprieta los ojos y se oye a Veneciano entrando y saludando.
Y hay una ventaja de ser chica. Bueeeeeno... O sea, al menos aparente...
Alemania tiene dos infartos juntos y... buff... hace eso que sabe hacer muy bien que es poner cara de póker.
—Ciaoooo~ —canta Veneciano de buen humor dejando las llaves en el cestito de la puerta y arreglándose un poco el pelo en el espejo, aun cargado con un montón de bolsas de plástico.
—Hallo —saluda escueta recargada en la puerta del baño, sonrojadita y a la vez aliviada de que Veneciano haya llegado ya. Pensando que sí que se ve muy guapo... y... que ha gastado un montonal de las tarjetas.
—Ah, la mia ragazza —le sonríe dejando las bolsas en el suelo y se acerca a ella.
No le detiene y, en realidad, se sonroja más... como siempre se sonroja cuando Italia la llama así, pensando secretamente en cómo es posible haberse conseguido un chico tan guapo y tan... italiano.
—I-Italien.
La besa, así saludan los italianos, en un beso apasionado. Poniéndose un poco de puntillas para alcanzar. Bien, lo que faltaba. Un beso italiano. Alemania le besa de manera especialmente apasionada y ansiosa de vuelta, abrazándole de la cintura y atrayéndole hacia sí.
Veneciano levanta las cejas devolviéndole el beso y como... es un hombre no nota la pasión como algo malo, si no que lo atañe a que ella lo ha extrañado. Y sí que lo ha extrañado, ahora mismo se concentra únicamente en lo bien que besa SU italiano, y en que gracias a dios no llegó unos quince minutos antes.
¡Quince! ¡Qué cínica! Di mejor dos. Austria les espía desde la puerta de la cocina... o más bien, sentado en la mesa de la cocina. ESCUCHANDO. Debe ser Veneciano el primero en separarse, cosa RARA.
—¿Estás bien? —pregunta mirándola a los ojos y acariciándole la mejilla.
—J-Ja... he tenido un mal día —responde con la respiración incluso agitadita, parada en un solo pie porque el otro está descalzo.
—Oh... yo te cuido —beso rápido en los labios—. Deja me ducho y me visto para bajar a cenar y verás como todo se te olvida —le sonríe.
—Y si... ¿Y si mejor me ayudas con la cena? —pregunta inclinando un poco la cabeza y mirándole intensamente.
—¿Qué le pasa? —huele el ambiente a ver si algo se ha quemado.
—Se me hizo tarde... todo me salió mal hoy, y... compré panetone —así de bien informa Alemania a veces —. Estaba haciendo Brats pero no he hecho aún la salsa...
—Aaaah, bueno, no pasa nadaaa —que se te hizo tarde, ya ves el drama para alguien que lleva un reloj y puede usarlo por semanas sin pila o que dando la hora mal porque sólo lo lleva como complemento, no para saber la hora.
—Nein, sí pasa... me pegué en el pie además —se sonroja con esto último del pie al recordar a Austria haciendo... algo con su pie, incomprensible y extraño... carraspea.
—Oh —le mira los pies, no sé qué esperando. Pensando encontrarse uno amputado o algo parecido. Le encuentra una media sí y una no, y un zapato sí y uno no. La cosa es que Alemania no suele ser chillona...
—Ehm... ve a bañarte, Italien —nerviosa. El chico parpadea porque no parece haber... sangre ni nada semejante —. Sólo es un golpe, me ha dolido un poco a lo largo del día —asegura sintiéndose algo idiota de haber dejado incluso que Austria le... sobara. Cielos.
—Hum. Bueno, luego le echamos un vistazo, si quieres.
Alemania traga saliva y asiente.
—No tardes, bitte.
—Bien —otro beso rápido y sonríe. Ella vacila.
—Quizás debiera cambiarme también.
—Ah, ¿quieres bañarte conmigo? —sonríe más pícaro. La sajona abre la boca con esto.
—N-Nein... Si nos bañamos los dos no bajaremos a cenar nunca —se sonroja.
—¿Y? —sonríe y le acaricia la cara otra vez.
—¿Y... todos los demás?
—Están hechas las salchichas, ¿no? Que abran un pan y las metan dentro, no es tan difícil.
—Pero la salsa... —la cuadrada, aunque... sí que quiere ir con Italia, pero quiere que sea él el que le convenza.
—Hay kétchup en la nevera, Germania, mamma mia.
—Yo hago siempre la cena... y estamos aquí en la cena... ¿crees que hoy podamos no estar?
—¿Y si te prometo que vamos rápido? —no deberías hacer promesas que no planeas cumplir, italiano manipulador. La alemana le mira a los ojos... porque mentiría si dijera que no le conoce, aún así relaja un poco el ceño.
—¿Lo prometes de verdad? —ya, como si no supieras que es un cínico.
—Claaaaaro —fíate de una vocal alargada. La chica levanta una ceja... y da un pasito —. Y... —se empieza a quitar la corbata andando hacia atrás—. Tengo un jabón nuevo.
Ella carraspea un poco, y le pone la mano encima de la que desanuda la corbata para intentar que se suelte y hacerlo ella. Se sonroja un poco, aunque estos movimientos los tiene bien entrenados y le conoce bien, esa sonrisa y... mmm... jabón nuevo.
—¿Otro jabón? No lo habrás comprado ahora, ¿verdad?
—Claro que sí. Huele a cerveza... —la deja hacer, yendo a tomar las bolsas.
—Son las salchichas... —explica sin poderse pensar que pueda alguien tener un jabón de cerveza.
—El jabón, amore —aclara riendo.
—¿Jabón de cerveza? —levanta las cejas y se acerca pensando que no podría haber un aroma más masculino... y agradable—. Tú nunca hueles a cerveza.
Él sonríe y... se encoge de hombros.
—Es para no tentarte tanto.
—Aunque no me molestaría que olieras a cerveza —se acerca a olerlo un poco y se sonroja con eso —. Italien...
—Che cosa?
—Ya me tientas lo bastante —asegura.
—Ah, ¿sí? —sonríe. Ella se sonroja un poco más y le mira la corbata, quitándosela de un suave y preciso tirón.
—Ehm... y... ¿qué más compraste? —caaaambio de tema.
—Ropa y... cosas —prefiere no contárselo.
—¿Algo demasiado caro?
—Nah, nah... —gesto de desinterés. La rubia le mira sin creerle demasiado.
—No necesitas más ropa... —medio riñe y le detiene del brazo antes de que pueda tropezarse con la escalera por seguir tonteando y andando de espaldas.
—Germaniaaaa —lloriquea.
—Pues es verdad, ya ni cabe mi ropa —sonríe de lado leeeeevemente.
—Italien —sale Austria de la cocina. Alemania pega un saltito así como si ahora Austria le hubiera atrapado.
—Ah... Mi-Mira quién llegó.
Veneciano se gira a mirar a Austria, que se acerca a ellos casi sin mirar a la alemana, esta carraspea un poco y medio se acerca a Veneciano.
—Creo que habría que llevar a Deutschland al médico —suelta el austriaco.
—Was?
—Esto del pie... me preocupa.
Veneciano mira a Alemania de reojo y ella se sonroja.
—Nein, Nein... No es nada.
—Hace unas cosas... extrañas.
—Che cosa?
—N-Nein!
—¿Por qué no? —pregunta Veneciano mirándola.
—Porque... me... duele, eso es
—Por eso digo que hay que ir al doctor —insiste, Austria.
—Ja... ehm... bueno, quizás no sea necesario.
—A lo mejor si Svizzera se lo mira —propone Veneciano, inocente—. ¿Por qué no le dices que venga a cenar?
Austria el cínico carraspea con esa idea, no del todo seguro. Alemania aprieta los ojos porque bastante es que Austria le haya hecho... eso...
—No es realmente dolor, es una... cosa.
—¿Eh? —pregunta Veneciano sin entender.
—Mira, ven —decide Austria que mejor mostrarle a Veneciano—. Deutschland, túmbate en el sofá con los pies desnudos —ordena.
—W-Was?! No voy a tumbarme en... —le fulmina sin creer que esté haciendo eso CON VENECIANO.
—¿Por qué no? —protesta Veneciano.
—Porque... —bufa un poco porque no encuentra una maldita razón. Se sienta en el sillón aún fulminando a Austria, que la mira con cierta sonrisita de lado y hace un gesto para indicarle que levante los pies —. Esto es de lo más impropio... —protesta subiendo los pies igual.
—¿Qué tiene de impropio? —pregunta Veneciano que se acerca a sus pies. Austria mira a la alemana, cruzándose de brazos.
—¿Cuando me has visto ventilar aquí los pies...?
—Pues te has golpeado —discute el italiano. Alemania bufa incrédulo y aprieta los ojos.
—Veneciano... tómale los pies y masajéaselos, en la planta, con el pulgar. Presiónalos con la fuerza de un La en el Stradivarius —pide el austriaco sin mirar al italiano, mirando a Alemania a la cara.
Alemania abre la boca INCRÉDULA.
—Nein... —dobla las piernas y pone las plantas sobre el sillón... Seguramente le enseña el calzón al italiano, le da igual.
—¿Eh? —Veneciano parpadea con una petición tan rara y específica y más aun con la reacción de ella.
—¿Por qué no? —Austria mira a Alemania por encima de las gafas.
Alemania traga saliva porque... es que además no puede decir nada al respecto, y eso es... es... ¡es ENFERMO del austriaco! ¡Eso es!
—Me... dan cosquillas.
—¿Por qué le estabas haciendo eso en los pies? —pregunta Veneciano un poco extrañado, inclinando la cabeza.
Austria levanta las cejas y se sonroja un poquiiiiiito, girándose al italiano. Alemania se lleva las manos a la cara odiándoles a los DOS.
—Estaba intentando ver si tenía algo roto —explica el muy cínico, cuando la puerta suena... y entra Prusia con Hungría.
—¿Y quieres que vea que tiene cosquillas? —pregunta Veneciano sin entender muy bien.
—Justo lo necesario para que el circo sea más grande... —protesta Alemania.
—Heil! ¡El awesome yo viene a salvaros el día! —saluda Prusia entrando.
—Mein gott in himmel —protesta la rubia.
—¿Qué estáis haciendo? —pregunta el recién llegado acercándose a ellos al encontrarles a todos en la sala.
—¿Qué pasa? —pregunta a la vez Hungría, asomándose desde detrás de Prusia.
—Creemos que Germania tiene un hueso roto en un pie —explica Veneciano a ambos.
—Ohh... ¿ya lo vio Svájc? —pregunta Hungría sonriéndole un poco a Austria como saludo.
—Nein, no creo tener nada roto, pasé todo el día así... además dudo que los huesos rotos...
—Nein... aunque podría llamarle para que viniera a ver, Veneciano ya me lo ha sugerido —Austria se humedece los labios y mira a Alemania sonriendo de lado.
—Naaaah, no hace falta, yo sé mirarlo. A ver, West, trae los pies —pide Prusia, tan seguro.
Hungría medio entrecierra los ojos porque ALGO de Austria... pero no es capaz de decir qué.
—Nein, nein... ¡sólo tengo un poco inflamado un dedo!
—Dice que le da cosquillas —explica Veneciano a Prusia.
—¡Qué tontería! —suelta Prusia.
—I-Italien mejor —protesta Alemania sin la más mínima intención de levantar las plantas del sillón —. Si alguien va a revisarme que sea él.
—¿Qué insinúas? ¡Yo puedo hacerlo la mar de bien! —protesta Prusia.
—Creo que vas a tener que sujetarla inmovilizada, Preussen, si sigue tan reticente... —propone Austria.
—Tú eres un bestia... was?! —se levanta un poco y mira a Austria SIN PODERLO CREER.
El austriaco sonríe de lado. Y este es tu castigo por... mirar antes, creo. Y por no avisarle de lo que estaba pasando o algo así. O tal vez sólo es maligno por diversión.
—¡¿Te has vuelto loco!?
—¿Yo? —tan inocente que suena eso.
—Ja!
—¿Qué es lo que te parece una locura de todo esto exactamente? —levanta una ceja.
—Nada. Italien —le llama y este la mira —. Revisa tú lo que tengo en el dedo, bitte —pide sonrojada.
—Vale —asiente y le sonríe un poco yendo a los pies de nuevo, haciendo un gesto para que se los tienda.
—Ves como no hay que sostenerla, señorito —sonríe Prusia.
Alemania traga saliva y estira uno de los pies... el que tiene la media, pensando que quizás no pase lo mismo en este pie... también. Olvidándose del asunto de que el golpe, claro, es en el otro pie.
Y de todos modos ahí va la mano de Veneciano bajo su falda a soltar la media. A pesar del escalofrío que le da... le deja, porque es Veneciano y el puede hacer lo que quiera. Se la baja por la pierna acariciándola un poco y levanta las cejas un par de veces con complicidad porque le gusta hacer esto.
Ella se sonroja un poco porque están todos ahí, pero... es Italia. Odia a Austria porque deberían estar haciendo esto mismo en su cama, A SOLAS.
—Uuuuh! —grita un poco Hungría que, aunque no se mete mucho con Alemania... bueeeeh.
Prusia se ríe maligno con eso y Alemania mueve un poco la pierna para volver a doblarla, sonrojándose del todo otra vez, porque... ¡joder!
—¡Aaah! —protesta Italia.
—Preussen! Ungarn! —protesta Alemania —. ¡¿Por qué no van a la cocina o a... donde sea!?
—¿Nerviosa? —pregunta Austria, malignamente para acabar de hacerla.
—Ugh! Nein!
—Pero tu pie... —protesta Prusia un poco preocupado.
La alemana estira la pierna otra vez hacia Italia pensando que como el italiano le toque... enfrente de todos... va a morirse.
—Vale, ya, acaben de una vez —protesta porque suele ser bastante impaciente con estas cosas. Así que Veneciano le toma el pie de nuevo y le acaricia un poco el tobillo para que se calme.
—¿Qué prisa tienes ahora? —pregunta Austria.
—¡Todo el público que hay! —protesta calmándose un poco porque Italia... y su tacto. Italia la calma.
—Pero no entiendo qué ocurre que no se deja revisar el pie... eso es raro —pregunta Hungría extrañada de que la siempre práctica Alemania no quiera hacer lo más práctico.
—Preussen, Ungarn, podéis ir a la cocina, hay que acabar de preparar la cena—concede Austria bajándole un poco la malignidad.
—¡Oh! —suelta Hungría algo decepcionada.
—¡Yo no voy a ir a eso sin saber si West tiene algo roto! —protesta Prusia frunciendo el ceño y cuando Veneciano toma entre sus manos el pie de Alemania... suena el timbre de la puerta.
—Bitte, que no sea Russland, bitte, que no sea Russland... —sisea Alemania entre dientes, tensa como una tabla. Prusia pone los ojos en blanco y se va a abrir...
—Ave! —se oye el saludo y las risas.
—Ahhhh! —Alemania casi se cae del sillón.
Roma saluda con besos a Prusia antes de entrar a la sala.
—¡Ah! Creo que no te dije que invité a il mio nonno y a tu padre a cenar—comenta de repente Veneciano a Alemania con el pie entre sus manos, sin hacer nada aun.
—W-Was?! Pero... ¡No hay suficientes Brats!
—No pasa nada, ya apañaremos algo —sonríe y decide empezar a probar con el pie antes de que le riña de nuevo mientras los otros dos entran.
—¿Qué hacéis? —pregunta Roma sonriendo, acercándose a saludarles.
—Nada —responde Alemania TENSÁNDOSE como si Italia pudiera MATARLE al tocarle el pie.
—Mirábamos si West tenía algo roto en el pie —explica Prusia y eso hace que Veneciano recuerde que debe mover los dedos, masajeándola normalmente.
Alemania vacila un poco y se sonroja aunque esto no parece ser tan... terrible. De hecho parece ser bastante normal. Un masaje... en el pie.
—Italien —pide Austria y Veneciano le mira, recordando que le ha dicho que hiciera algo... presionar con el pulgar en la planta. Lo hace.
Y ahí va, de golpe esa sensación tan clara a su espina dorsal, acompañada con un gemido completamente ahogado. Germania, que había pasado directamente al baño sin saludarles, entra a la sala justo en el momento del gemido. Parpadea al ver además a todos alrededor del sofá.
Roma levanta las cejas teniendo muy claro a lo que suena eso habiendo oído unos cuantos de su padre, la mira a la cara. Veneciano parpadea un poco sin poderse creer del todo...
Alemania intenta quitarle el pie a Veneciano de la mano, sonrojadísima. Austria da un paso atrás y desaparece entre las sombras cual villano, sonriendo malignamente sin más revuelo. Pero el italiano tiene que probarlo de nuevo una vez más para estar seguro antes de soltarla.
Alemania traga saliva y hasta el mismo Germania se sonroja un poco con el sonido.
—¿Qué le hacen a Deutschland? —pregunta en protesta.
—¡Nada! —Veneciano la suelta, un poco sonrojado.
Alemania recoge las piernas y se sienta, pensando en veinte maneras distintas de matar a Austria. Buena forma de relajarte... Alemania. Roma sonríe y se acerca a su niño a saludarlo.
Alemania NO ENTIENDE directamente cómo es que... pasa eso con sus pies. Debe estar enferma o algo así. Quizás debería revisarse las hormonas o algo así... No estaría embarazada o algo extraño, ¿verdad? Sabía que las mujeres embarazadas luego estaban especialmente sensibles con algunas cosas... aunque había tenido el periodo hacia poco... pero qué otra cosa podía ser.
—¿Entonces no está roto? —Prusia, que no ha entendido un pimiento, se sienta a su lado directo a ver él.
—¿Roto qué? —pregunta Alemania que se ha olvidado hasta del golpe.
—¡Pues tu pie!
—Nein, nein, no está roto —le empuja un poco para que no le toque porque sólo le falta que se lo toque Prusia y le cause una de estas... ¡cosas!
—Anda, déjame ver, no me empujes.
—¡Sí te empujo, no vas a ver nada! —y es que aun cuando es grandota, su empujón no hace demasiada cosa contra su hermano.
Él es que... la empuja de vuelta para saber porqué no le deja, luchando para capturarle un pie. Y a pesar de la fuerza que tiene la alemana, porque sí que tiene... no le basta para impedírselo.
—Preussen! ¡Traigo falda!
—¡Y a mí qué! —chilla intentando aun.
—Pues no se me da la gana enseñarte los calzones —es que pelea y, un instante más tarde, nota a Prusia con su pie en la mano.
—Ni que quisiera vértelos.
Alemania BUFA, aunque piensa que Prusia no va a apretarle correctamente... se pone nerviosa igual, pero ya le conoce y pelear con él... Cuando Roma suelta a Veneciano y este nota lo que hace Prusia, suelta a su abuelo en un revuelo tomando a Alemania de la mano se la lleva escaleras arriba.
—Anda pues... revisa me el p... —Veneciano la interrumpe y se queda con la palabra a medias.
Prusia se queda sosteniendo el aire de hecho.
Alemania agradece a Veneciano que haya tirado de él, sinceramente, y la haya rescatado del berenjenal… aunque aún le da vergüenza lo que pasa. Pues espera que le vaya a dar más cuando Veneciano pruebe hasta el extremo qué pasa, cómo y hasta qué punto.
¡¿Qué?! ¡Nooo! Así funciona, Austria dice que de nada.
¡Pero Alemania quería convivir con Veneciano no que le apretara los piessss!
Para que le riña por comprar ropa. ¡Será buena!
¡No olvides agradecer a Josita la edición!
