Derecho de Autor:
Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto.
SINOPSIS:
Oyes al doctor decir eso que no imaginabas que diría. Te preguntas qué hiciste mal… Y ahora, estás ahí, sintiendo el agua calar en tu cuerpo… Ése eres tú.
NOTA DE AUTORA:
La narración está dividida en tres secciones. En la primera se relata quién dejó, en el hospital, las flores rojas para Sasuke y los sucesos anteriores a su enfermedad. Luego regresamos con el Diario de Sasuke y el final queda a manos de la persona que ha estado cerca del Príncipe de este Cuento.
Ha estado allí… quien no ha querido ser notado, pero que ha sido tan protagonista como el autor del diario (Sasuke), porque el verdadero cariño no necesita la expresión de las palabras… El verdadero cariño jamás dice "Te amo" con palabras, sino con actos. Y si lo expresa, solo lo hace al final ¿Te imaginas a quién me refiero?
Llegaste hasta aquí y notaste (quizás) que una sombra perseguía a nuestro Príncipe de sangre Blanca.
El kimono de Sasuke es ensuciado y él debe usar uno nuevo que es obsequiado por Deidara;
La raqueta quebrada por Naruto desaparece y mágicamente una nueva (de color rojo) está en el bolso de Sasuke;
Sasuke tiene fiebre y un paño está en su cabeza;
La lista sigue. Pequeños detalles que quizá ni notaste… que tal vez sí.
Ahora no interesa.
No habrá vueltas de tuerca, es un hecho… Porque te hice guiños, especialmente en el Diario 3. Queda a tu criterio sonreír o dar marcha atrás.
Pre-Holograma
"Ante el día y en el reino de la oscuridad, había un resplandor que ensombrecía todo, en absoluto…
Mientras sombras vacías deambulaban, era como si él jugara alrededor de inanimados caminantes.
Allí donde apareciera, todas las atenciones y desatenciones, capturaba tan solo con su preciosa danza de puntillas.
Agraciados movimientos dibujaba, en el decolorado asfalto.
La sonrisa más hermosa, de su boca se apropió.
En su cuerpo se inmovilizó, la inocente inocencia.
La deslumbrante luminiscencia…
Más fuerte que todos los hilos dorados del sol
En mí, gemidos evocó
La imaginación, en quien no sueña, hizo nacer.
Su boquita, algodón de azúcar, temeraria desafiaba a la conquista de su amor.
En el amanecer de su adolescencia, locamente estar cerca de él… Deseé impuramente
Era Luz…
La única Luz…
Mi pequeña Luz… en mi completamente oscuro mundo".
No llevó doce. Él no quería una docena y se lo había aclarado al florista. Tan solo quería nueve especímenes. Ni una de menos, ni una de más. Pagó por las flores y ninguna extra miró. Perfectamente, sabía lo que estaba haciendo.
Él camino lentamente las dos cuadras para regresar al edificio. Habían pasado apenas dos horas, desde que Sasuke había ingresado al hospital. Más bien desde que había reingresado, luego de desmayarse en plena calle, y a segundos de ser atropellado por un conductor, por una desesperada huida ocasionada por el propio Itachi.
El vivo recuerdo, recaló. El malestar paralizó su propio respirar, Itachi era consciente de que su desastrosa actuación frente a la revelación de Sasuke, había desestabilizado aún más a la única persona en el mundo a la que no quería lastimar y a la que buscaba inalcanzablemente proteger. Cuidar de cualquier mal, desarticulando cualquier mínima amenaza presente que tuviera el potencial de dañar física o emocionalmente al pequeño, fue lo que se juró hace tantos años…
Y, precisamente, sentía que le había fallado.
Que todo había sido su culpa, no estar ahí… cuando toda la tortura comenzó.
No estar desde el maldito segundo, para ofrecer a Sasuke su hombro izquierdo para apoyarse, para soltar toda aquella densa tortura que no paraba de crecer por cada puto segundo que pasaba solo. No haber ofrecido toda la calidez que tenía guardada y almacenada, solamente para él. No entregar las palabras reconfortantes, que le hicieran dormir en las interminables noches que vivía.
Haber estado ausente, mientras su "luz" sufría terriblemente.
Se sentía… tan inútil. Por primera vez sentía que era tan Humano…
Tan estúpidamente patético.
Itachi dio un fuerte golpe contra el muro del hospital. Una línea roja descendió unos centímetros lentamente, ni fue consciente de la fiera fisura. El joven quitó su puño herido, al sentir una vibración. Tenía un mensaje en el celular de su madre. Ella informó que llegaría a la medianoche o a primera hora del lunes. Al menos, contaba con un juego de horas para pensar qué hacer, en el caso de que Sasuke no despierte.
No despierte…
"¡Despertará!" Con ese mental gritó, Itachi despedazó a la inquietud que temerosa buscaba controlar su cabeza, después ingresó al hall del hospital. En recepción, preguntó por alguna novedad de su hermano y le comunicaron que había sido trasladado al tercer piso. "Estaré ahí" avisó a la empleada. No preguntó si estaba autorizado, así era él y negligentes eran las enfermas que ante el espectáculo de un joven de complexión perfecta, rostro severo y varonil, no hicieron más que suspirar y murmurar entre ellas, en vez de profesionalmente detenerle por transitar en un pasillo restringido.
Itachi abrió la puerta del cuarto de blancas paredes, Sasuke estaba acostado en la camilla. El maldito esqueleto del portasuero, la solución seguía goteando, el visitante lo podía sentir. Bajaba, hasta llegar a la mano izquierda de Sasuke. Lo grave estaba más arriba, el tubo de silicona iba de una oreja a la otra, bordeando su rostro. La imagen de Sasuke rodeado de cables no era alentadora, pero el que su pecho se moviera, dio un leve alivio a Itachi…
Es que el saber que el sentimiento que guardaba era prohibido y condenado a desvanecerse junto a él, lo atormentaba todos los días. Cada noche, era robada la neutralidad de su rostro, cuando inevitablemente recordaba los hermosos ojos oscuros de Sasuke y la historia volvía a iniciar… Olvidaba, que había prometido dejar de hacerlo… Había jurado no volver a suspirar. Pero era lo mismo, Itachi no se desilusionaba, no era desencantado y se lastimaba, era herido cada día.
Sin siquiera parpadear, el mayor observó a Sasuke. Había temido ver a la persona por la que moría, y por la que revivía al segundo. Tuvo miedo, lo reconocía, de encontrarse con el más hermoso cuerpo sometido a una intubación endotraqueal. Admirar el más excelso cuerpo encadenado a los tubos, para ser retenido en este mundo, no era un tarea sencilla.
Itachi cerró brevemente los ojos, para disipar la acción del llanto. Ya controlado, dio unos pasos y cayó de rodillas del lado izquierdo de la camilla. Molió sus dientes, para no expresar el intenso dolor que a cada instante se hacía más fuerte.
Un imperceptible sonido, detiene el desconsuelo del visitante. Suave, alguien respira. Seguía aquí… Estaba respirando, Sasuke seguía respirando. Al final, Itachi levantó el rostro para observar al durmiente.
Y amor… Profundo amor fue lo que se dibujaba en sus devastados ojos oscuros. Dando ásperas exhalaciones, acercó sus largos dedos hacia la pálida mejilla del paciente.
―Nueve gerberas rojas, Sasuke ―se reclinó sobre la camilla, para escuchar su débil respiro, todavía sujetando el ramo―. Nueve… porque nací el 9 de junio… ―confesó, dando un bajo resoplido, su voz se hizo más dura―: No es verdad. Sasuke van nueve veces, en que trato de protegerte… y siempre todo termina mal, ¿no es así?
"Bip, bip" coreaba el monitor cardíaco. Itachi dejó el ramo de flores a un costado de la cama. Volvió a cerrar los ojos. Este era su momento con Sasuke, el primer momento después de que los médicos lograran estabilizarlo. ¡Y Dios, era un milagro que las enfermeras no se hubieran alzado a que él permaneciera en el hospital! Después de haberlas empujado violentamente ¡Pero ellas eran las responsables! ¡Quién les había mandado a tratar de separarlo de su Sasuke! ¡Su corazón estaba siendo arrancado, al ver moribundo a su único motivo! ¡Sasuke lo necesitaba, más que nunca necesitaba de su hermano mayor! ¡Corazón herido, estaba siendo apuñalado salvajemente, y se resistía a obedecer al grupo de desalmadas enfermeras, que de forma insolente exigían que abandonara a Sasuke!
¡Qué renunciara…! No pudo controlarse, él abofeteó a las enfermeras. Cayó tan bajo, atacó a las mujeres sin medir su fuerza que evidentemente era superior. Y no se arrepentía, pudo estar junto a Sasuke como lo había prometido. "Jamás te dejaré" clamó Itachi en medio de la desesperación, lo cumplió.
Por eso estaba ahí, por su hermano menor estaba con dos litros de cafeína encima, la preocupación colmando sus pupilas y un estomago vacío, Itachi no había comido nada sólido.
―Yo… Te vi, te he visto… Nostálgico, anhelante. Estabas mal, debí obligarte a que me lo dijeras antes ―tomó la mano izquierda de Sasuke, el dolor atizó en su pecho, al ver de cerca el tubo que conectaba a la vena del paciente―. Perdóname… Perdóname.
Itachi con sus grandes manos, sostuvo la pequeño mano de su hermano. La llevó a la altura de sus labios, y sin importarle que la delicada mano estuviera cableada, deslizó ésta por su boca. Todo cuidado, había en el tacto. Desde el tubo de silicona hasta las uñas, Itachi besó la totalidad de la mano izquierda del durmiente. Devastado, quiso pasar parte de su cariño, aquel que había sido golpeado con la noticia de hace unas horas… Quería tanto gritar, que el sentimiento de romper todo, de mandar a todos a la mierda, comenzando por el incompetente doctor e incendiar el maldito hospital, crecía peligrosamente en él. Pero… Ahora, justo ahora… Itachi solo quería sujetar la pequeña mano de Sasuke, mientras con gotas tibias bañaba aquellos preciosos dedos.
Elegancia, pureza e inocencia… Las flores tienen un lenguaje. Y el rojo vivo de la flor, era más que el color favorito de Itachi. Había en el ramo, otro mensaje, uno más de Itachi. Uno que le permitía la gracia de expresarse, y a la vez de callar. La gracia de cantar en idiomas no frecuentes, atrapando el asombro en Julieta. Esa misma gracia, estaba presente en la gerberas.
Sin embargo, el ramo no era el primer mensaje. Sasuke siempre tenía algo en qué ocupar su atención, él debía brillar y no sentía las canciones que no tenían letra ni sonido. Porque al despertar y ver las gerberas, no se daría cuenta que eran rojas y que la raqueta nueva también lo era.
―Despertarás… Sé que lo harás ―pronunció el visitante seguro, insistía en recorrer a fuerza de besos la mano que sujetaba posesivamente.
En ese preciso momento, de estar consciente Sasuke, habría sido sorprendido por la muestra de afecto jamás imaginada. Quien fuera, a sus ojos, el hermano mayor distante lavándose el rostro con sus propios dedos. El durmiente habría superado la incómoda realidad, exigiendo el dominio de su prisionero tacto. Y la seriedad, nunca ausente en Itachi, habría atenuado el conflicto por la infracción al espacio personal. Porque no importaban las palabras… ni las intratables arrugas que nacerían en el bello rostro del adolescente de cabellos azulados, podría haber nuevas frases hirientes y una no conocida miradita enardecida, aún con todo ese arsenal de contrariedad, toda la artillería pesada del lenguaje, Itachi no liberaría al menor. No lo haría… Jamás lo haría.
Lo imaginado podría acontecer. Sin embargo, Sasuke seguía durmiendo en el sueño interminable, mientras su mano era empapada por su hermano mayor.
―Todavía no despiertas. Sé que acabarás con tu eterno sueño, solo a Brahma se le permite invernar millones de años… Tú regresarás, para resplandecer cada aspecto oscuro en mí, porque… Sólo tú, eres mi Luz, la que ilumina mi completamente oscuro mundo ―expresó, el tono apagado seguía en cada letra, y pegada a la última oración, iba el lamento de un corazón que sufría.
Un corazón que seguía soportando los desgarradores zarpazos de sentirse apartado de la vida emocional de Sasuke, un rechazado generado por la falta de interés, el desconocimiento de su pecaminosos sentimiento y, la casi siempre presente, indiferencia del menor.
(Dieciséis años atrás)
Fugaku Uchiha y su esposa irían a orar por la llegada del cuarto integrante de la familia. No conocían el sexo del "no nacido", ellos jamás fueron padres ansiosos para atiborrar un cuarto vacío durante el período de gestación, pese a que Mikoto seguía insistiendo en que daría a luz a un Príncipe. Cada nueva etapa era tomada con calma, especialmente por Fugaku que negó categóricamente reunir ecografías del útero de su mujer. Si bien en la familia Uchiha, así como la "fiebre de bebé nuevo" no era expresaba de occidente a oriente con fiestas, cada nuevo nacimiento recibía una ceremonia especial y para ésta el matrimonio se preparaba.
Madara Uchiha, hermano mayor de Fugaku, había pronosticado el nacimiento en trece días. Los esposos rezarían en un abandonado santuario dedicado a una deidad señalada por Madara. Allí la familia hacía las presentaciones de cada nuevo miembro de la familia, antes de su nacimiento para que su llegada fuera bendecida por los dioses. Solo los esposos debían rezar.
El matrimonio Uchiha dejó a su hijo Itachi en el auto junto a las llaves y un teléfono celular que el infante, en efecto, podía manipular. La cautela estaba en la sangre de Itachi, que obediente leía un libro pesado, mientras era consciente de cada movimiento fuera del automóvil.
Pero por mucho que el primogénito haya demostrado tener una capacidad intelectual asombrosa, no por nada hablaba dos idiomas y estaba en camino de aprender el tercero, su cuerpo delataba su corta edad… y la infaltable "curiosidad" por cosas que no hubiera visto… o Seres desconocidos.
En esa perceptible subida y bajada de ojos, hacia el frente del camino de tierra, donde sus padres estacionaron, Itachi vislumbró un destello. Cerró el libro, y observó los alrededores. En la escalinata del santuario que estaba al costado derecho de Itachi, se merecían hojas muertas. Al otro costado, eran los arboles que murmuraban nostálgicos. Itachi creyó haber oí mal, pero un nuevo sonido sobresaltó al niño, haciéndolo desistir de reanudar la lectura. Itachi viró sobre su espalda y vio lo que parecía una destellante cometa adentrándose en el bosque y por un breve momento la luz se detuvo, como si estuviera llamándolo.
Incauto impulso, que es colocado en el corazón de los más pequeños, allí iba apresurado y olvidando cerrar la puerta del auto, el niño de elegantes marcas en el pómulo.
La luz blanca corría de prisa, como un corcel salvaje, mientras por detrás iba a tropezones su perseguidor. Ya se habían metido en la penumbra de las copas verdosas, ante las ruinas de una estatua de Buda una luz se detuvo y mostró su verdadero rostro.
La boca de Itachi se abrió por completo, ante tan extraña criatura que levitaba a unos centímetros de la tierra. Cabeza de dragón con cuerpo de caballo, sus largos bigotes ondeaban furiosamente. Sus ojos no se quedaban lejos de la ferocidad, emitían una frialdad quemante, todo su cuerpo estaba rodeado de llamas y el andar de la criatura misma, parecía poner en peligro al bosque. Para rematar superaba abismalmente la altura del infante.
― ¿Qué eres? ―indagó Itachi, conmocionado por la rareza de aquella criatura flotante.
Era clave la interrogación, seres de ese aspecto nunca podrían ser capturados y encerrados en un zoológico como sucedía con los animales normales. Y bien también valía decir, "¿me comerás?"
La extrañara criatura observaba fijamente.
"La misión humanitaria jamás estuvo en su sangre. Pero la malicia humana que lo afecté, combatirá… Para deslumbrarte. Él viene a revolucionar un inaccesible mundo sombrío, un mundo interior que le pertenece. Intacta su alma regreso, más otra vez fueron aprisionados sus recuerdos ancestrales. Quedan nueve noches de soledad, del mismo vientre él regresará" El anuncio provenía del ser místico. No podía hablar y eligió formar un mensaje en la mente del infante.
Flamearon con fiereza las flamas del fantástico ser. Conmocionado, el niño sintió un dolor horrible en la cabeza. Sus ojos no pudieron sostener la visión esplendorosa del monstruo, iba perdiendo la noción del lugar. Ventanas que se cierran, hicieron de su mente la noche. Horas más tarde, Itachi fue encontrado por sus preocupados padres.
Nueve días después, la familia Uchiha hizo un viaje a los bosques de Akita, habría un eclipse solar total y la familia quería presenciarlo con un hermoso paisaje. Mikoto se descompuso en medio de la caminata. Mientras Fugaku buscaba ayuda para su esposa, resguardado por la sombra de una frondosa higuera, Itachi asistía a su madre. En medio del eclipse, Sasuke Uchiha nació.
(Cuatro años después)
Odiaba las interrupciones. Itachi dejó de leer "El paraíso perdido" de Milton, alertado por el suave sonido de apertura de su habitación. ¿Era posible odiar supremamente una acción... Pero dulcificarse, si fuera el autor de la falta su amada excepción a todo? Lo era. Itachi detestaba las interrupciones… Y amaba las distracciones azulinas. Su cara de concentración, fue suplantada por una cálida expresión que a cada segundo crecía. Porque iba sintiendo ese aire… ese aroma… Todo era Azul…
Azul, amado color del Cielo.
Azul, color de su camiseta.
Azul, en sus cabellos.
Azul… Universo que se hace Azul.
A gatas avanzó el pequeño intruso. Tuvo cuidado en arrastrarse con el máximo sigilo que podría tener un niño de cuatro años. Esa táctica la había usado con su madre y hasta una vez asustó al propio Fugaku Uchiha. Esta vez… Iría por el premio gordo, estremecer al témpano humano con el que convivía.
El gesto alegre se extendía por el rostro del mayor, al compás de la caminata del inofensivo acechador. Éste con sumo cuidado se deslizaba furtivamente por tierras desconocidas.
Estaba a tres metros.
El pequeño travieso presionó sus labios.
Estaba a dos metros.
Fijó sus ojos en la espalda de su objetivo, quién reconoció el esfuerzo.
Estaba a un metro.
Sus manos se cerraron en un puño anhelante.
A cincuenta centímetros… a veinte… a menos de diez.
Él debía saltar sobre el estudiante y se erguió para hacerlo…
¿Y qué pasó? Itachi giró sobre la silla giratoria y ante un perplejo niño, sonrió levemente. Admiró su delicado rostro y su boquita de cristal. Los ojitos tiernos y sus cabellos alborotados, de un color azul. Itachi quería seguir contemplando a Sasuke, pero no la abandonaba la sensación… de deslumbramiento. Era encanto, cuando sonreía. Alrededor del pequeño, siempre había destellos luminosos… Como si él mismo fuera el sol. Era una idea delirante, que opacara al astro del universo. Era un pensamiento tonto, que Itachi creyera que Sasuke brillara más que el sol… Pero así lo sentía Itachi Uchiha.
Con cariño, el mayor dio un golpecito con los dedos en la frente del pequeño. Decepcionado, Sasuke se frotó esa zona.
―Lo siento, Sasuke ―era la décima vez que Itachi presentaba esa excusa en la semana.
La desilusión de esos radiantes ojos, no pasaron desapercibidos por el causante de la grave falta. Y no podía hacer nada, Itachi sabía que su padre en trece minutos vendría por él.
― ¿Me dejas por las clases de inglés? ¿Eso es más divertido que jugar conmigo? ―rezongó el peliazul, regalando su mirada más mortal al pobre pelinegro.
Tenía una preciosa voz, que no acompañaba a su reluciente ira.
―Si fuera por gusto, me quedaría en casa ―manifestó Itachi, observando la belleza de sus ojitos. Redondos, enormes y abrillantados, como si hubieran sido revestidos de almíbar, la azucarada cobertura de una tarta frutal que fue exhibida en una repostería.
―No es justo. No quieres estar conmigo, siempre estás leyendo ―El mismo tono, el mismo reclamo. Sasuke volvió a demandar atención fraternal.
Y el sol picaba en verano, el fuego crecía en su corazoncito y él señaló acusadoramente al libro que estaba en el escritorio de su hermano mayor.
―Mañana es domingo y te irás con tus amigos ―Sasuke no contenía su berrinche y lo relució.
¿Con quién jugaría, si no era con Itachi? Sus padres no le permitían salir porque portaba los escasos cuatro años. Los ojos de Sasuke, estaban listos para demostrar su descontento. El malestar de ser abandonado, apareció en sus preciosos ojos e Itachi lo vio… Perfectamente lo notó. Los ojos abrillantados cambiaban a un almíbar reseco.
― ¿Qué te parece, si vienes conmigo? ―propuso el mayor, para cambiar esa careta, que no le quedaba mal, pero le hacía sentir culpable.
Esa careta (de enojo)… Itachi no quería que se acentuara hasta borrar su ternura. Algo en su interior, gritaba que evitara toda desilusión en su carita.
La invitación surgió inmediatamente, sin que el mayor lo hubiera pensado. Deseaba contentar al menor. Y no era una mala idea, Deidara había insistido varias veces en "la importancia de conocer en persona a Sasuke Uchiha". A Itachi no le molestaba llevar a Sasuke en la siguiente "aventura de amigos".
― ¿Lo dices de verdad? ―No estaba de más asegurarse, aquella era una invitación tentadora para Sasuke.
Itachi asintió. Y de quemar… con sus invisibles rayos, Sasuke pasó a brindar calor en invierno. La calidez retornó, con una reluciente sonrisa el pequeño salió del cuarto y regresó al tiempo.
―Voy a conocer a la chica que hace cosas con los papeles ―se emocionó y dio varias vueltas sobre sí mismo hasta que el mareo, le hizo caer sobre la cama de Itachi―. Y al chico que me regaló esta marioneta. ¿Cómo se llama?
El muñeco que sostenía Sasuke y que ahora extendía hacia Itachi, era un samurai. Sasori, entusiasta artista, contaba con decenas de creaciones a base de madera y había regalado a sus amigos un modelo. El pelirrojo como buen amigo, recordó que Itachi tenía un hermano menor y le entregó un modelo para Sasuke.
―Akasuna no Sasori.
El pequeño se sentó en la cama. Observó el títere con el mayor detenimiento, levantó una ceja y volvió a hablar emocionado:
― ¿Sasori? ―repitió el infante, asombrado―. Tiene que ser un escorpión bueno, porque me regaló un juguete.
Itachi se rió y pensó en comentárselo a Sasori, quien de seguro pondría una cara digna de ser retratada. La palabra "buena" no combinaba con el pelirrojo amigo de Itachi. Pero tuvo que despedirse de Sasuke, al ser llamado por su padre. Una clase de idioma, lo esperaba y no podría salvarse con la simple excusa de que estaba cansado. Sin reflejar incomodidad alguna, Itachi se despidió de Sasuke, internamente lamentaba que fuera la última vez del día en que pudieran conversar. El aplicado estudiante sabía que lo peor vendría a la noche, cuando Fugaku le obligara a continuar con la lectura de "El Leviathan" de Hobbes.
Como Itachi presintió ni pudo conversar con su hermano menor, porque esa noche después de la cena fue arrastrado a la biblioteca por Fugaku. Mientras que Mikoto llevó a Sasuke a reencontrarse con el mundo de los sueños, Fugaku Uchiha acompañó a su hijo mayor en la biblioteca, a fin de cerciorarse de que éste avanzara en sus estudios. El padre de familia sostenía que ningún colegio tenía el nivel adecuado para formar a una persona, y que por esta misma razón Itachi debía refinarse no solo por medio de clases particulares, sino también pulirse por su propia cuenta. Un larga lista bibliográfica había armado Fugaku para el sucesor legítimo de la familia Uchiha, su primogénito.
La familia Uchiha tenía la costumbre de visitar el templo los domingos a la tarde. Pero Itachi, adelantándose al viaje, entregó en el almuerzo el boletín de notas a su padre. Frente a la admiración de él, exigió su premio por su perfecta calificación en el colegio:
―Quisiera ir al parque con Sasori, desafiaremos a los ajedristas.
En el extenso parque que estaba a siete cuadras de la casa, los domingos se acercaban ajedristas y competían al aire libre contra cualquiera que aceptara un duelo. La competencia era controlada por voluntarios. Entre el conglomerado, siempre un par de habilidosos que hacían pasar papelones a los aficionados. Era, sin duda alguna, el objetivo de Itachi. Al menos eso intuía Fugaku tras escuchar que iría con Akasuna No, un compañero, con un grado de responsabilidad admirable.
―Sería una linda experiencia, cariño ―Mikoto demostró agrado por el requerimiento de Itachi.
El padre solo asintió. Compartía el pensamiento de Mikoto, el ajedrez era una forma lúdica de relajarse y a la vez pensar.
―Quiero llevar a Sasuke conmigo ―agregó Itachi, dirigiéndose a su padre.
Fugaku rechinó sus dientes y dio un largo suspiro. Era justo que Itachi saliera, aunque ir con Sasuke fuera como un castigo para alguien de su edad. Él no comprendía por qué Itachi se empecinaba en pasar tiempo con el menor. No era necesario que lo cuidara, la tarea correspondía a Mikoto.
―Sasuke, no le causes problemas a tu hermano ―cedió el padre, solo por ser un deseo del orgullo de la familia (Itachi).
El mencionado se mordió la boca "¿Cuándo había dificultado la vida de su hermano?" Era lo que trataba de entender, mientras que los mayores decían que irían al templo con los padres de Mikoto.
―Estás enojado ―mencionó Itachi, tras unos minutos de caminata y ver a Sasuke con las cejas arqueadas.
El pequeño no había hablado, ni se había despedido de "mamá" ni de "papá" –pese a que el saludo al último, siempre fuera helado-. Estaba raro desde que Fugaku "exigió" un buen comportamiento. Itachi no había cuestionado al peliazul por la falta de cortesía, sabía que el humor de su hermano menor cayó en picada debido al padre de ambos.
―Yo te alegro la vida, si no es por mí… ―Sasuke se detuvo a pensar y aseveró―: Tú serías aburrido… Yo soy tu Luz.
Nada estaba dentro de la normal previsión. Itachi se paró en seco, mientras Sasuke continuaba la caminata con sus pasitos cortos.
"Yo soy tu Luz"
Sasuke estaba alejándose unos centímetros.
Petrificado, así quedó Itachi. Era cierto que era abrumado por el torrente de información que recibía cada día, que lo hacía colapsar y tener dolores de cabeza. Que entre el ahogo de letras, ni las discusiones de Sasori y Deidara le hicieran desesperarse. Las bromas de Tobi… No producían nada en él. Era el precio de haber leído el Anticristo de Nietzsche a los ocho años. Que ya ni sonreía. Esa expresión humana… Se había enmohecido y era incapaz de transmitirla en el colegio.
En el colegio…
Y sin embargo, aún cuando Itachi era un adulto en un cuerpo de niño… Era extraño que tan solo una risa de Sasuke… Le hiciera sentir cálido. Como ayer, con el pequeño andando a gatas para espantarlo a él, cuando leía.
"Tan crío y tan amargado" decía Madara en voz alta, refiriéndose a su sobrino mayor. "No me creo que nada lo haga feliz" el tío hacía ese tipo de afirmaciones, solo a Mikoto. Itachi lo sabía, porque lo había escuchado más de una vez. A Itachi le importaba una mierda lo que creyera su tío…
No reía el hijo mayor de la familia… Pero no era del todo cierto que nunca riera.
Sasuke. Su pequeño hermano.
Solo con ver a Sasuke, solo con escuchar su voz… (angelical)… Itachi también reía.
Como si la sonrisa de Itachi estuviera condicionada a la existencia de su pequeño hermano.
"Sasuke…"
El único rasgo de humanidad que le quedaba a Itachi después de arrimarse a Nietzsche.
Y era inevitable. Las esplendorosos pupilas nocturnas con su hermosa sonrisa… Eran Vida.
Era oxígeno…
Era Agua.
Era calidez… (Fuego)
Era todo lo que necesitaba y todo a lo que se aferraba para saber que aún era humano. Esa calidad humanística hacía sentir a Itachi cariño y odio (hacia quienes incomodaran a su hermano menor).
Entonces esa era la razón. Única, entre las razones no razonadas, emerge para ser descubierta. "Sasuke Uchiha" había sido el rasgo diferencial de la nada atrayente historia que arrastraba.
Unos pasos apresurados corrían a toda velocidad hacia él. Todavía rígido, el primogénito recibió un fuerte impacto en su estómago. Torpemente, retrocedió tres pasos hasta estabilizarse y dos bracitos no tardaron en sujetarse de sus ropas.
"Sasuke…" deletreó su nombre, no fue audible el tortuoso gemido insonoro.
El peliazul frotó su cabecita contra el cuerpo del más alto. Un ligero hormigueo corrió por las piernas del pelilargo, estupefacto su boca se abrió sin pronunciar una silaba. Adormecido… Totalmente. Sus párpados se contrajeron hasta revelar por completo la blancura de sus ojos. Sentía, los finos cabellos de su hermano refregándose contra su cuerpo y el suave tirón sobre sus prendas.
Tratando de no temblar, no sudar y no trastabillar con aquel frágil cuerpo, Itachi movió con torpeza sus manos. Las asentó a cada lado de él, y a son de movimientos aletargados, se arrodilló. Con todo el tiempo, admiró la más bella imagen.
Sasuke, puro rostro, que no pierde la sonrisa… Regala inconstante la gracia, y él (Itachi) se atonta, se aturde y se agita, en exceso.
Entonces… Era verdad.
Siempre lo fue…
Era Luz para Itachi.
― ¿Te pasa algo, aniki? ―formuló la pregunta, porque Itachi estaba blanco como un fantasma.
La luz se desenredó de sus brazos… Se entibiaron las puntas de sus dedos y su corazón se congeló. La falta de calor, despertó por completo al durmiente, que ha dejado de ser abrazado por la juguetona Luz.
Sasuke ladeó de un lado a otro su cabeza, su adorado hermano mayor actuaba raro… O eso sospechaba. Recobrando la compostura, Itachi negó con la cabeza y tomó de la mano al pequeño.
Ambos hermanos caminaron hacia el parque. Si bien al principio, Sasuke estaba animado, la emoción fue descendiendo mientras más se acercaban. Es que… sería la primera vez que vería a esas personas, y de lo que únicamente Itachi le había contado. Sasuke ni por foto había visto a las amistades de su hermano. Lo que más le asustaba al pequeño, era Hidan un chico de 13 años. Que sin que lo conociera, le generó miedo al peliazul. Es que Itachi había relatado que a Hidan le gustaban las películas de terror y hasta tenía su propia risa macabra. Sasuke presionó con fuerza la mano de Itachi y rogó que el cinéfilo del terror no viniera.
Itachi señaló hacia un punto. En el corazón de la naturaleza, estaban unos chicos dispersados entre las raíces de un árbol gigante. Instintivamente, el menor se escondió detrás de Itachi y caminó agarrándose del pantalón de éste. Los chicos del árbol miraban extrañados al pelinegro, que se demoraba en acercarse. No era para menos, Itachi tuvo que caminar lentamente, dado que los pasos de Sasuke eran más pequeños. De apurarse, haría tropezar a su recién descubierta luz.
El miedo estaba presente, lo sentía Itachi en su hermano menor. Quiso resguardar el temor y envolver al pequeño en sus brazos. Actitud, de por sí estúpida y exagerada. Itachi conocía a sus amigos… Sin embargo, no quiso avanzar más. El instinto de preservación se apoderó de cada fibra de su ser, mantuvo una distancia de cinco metros. Sasuke temblando, es lo que obligaba al mayor a no adelantarse.
Un peligris hizo una mueca, sin comprender porque el Uchiha preservada el margen del espacio.
―Él es… ―comenzó con una voz que demanda atención, si es que no la había reunido, de los chicos del árbol.
El pelinegro iba a presentar a la personita que se ocultaba detrás. Como si afirmara "Yo sé quién es…", uno de ellos interrumpió a Itachi:
―Sasuke. No puede ser otra persona ―apresuró la presentación un hombre de piel y cabello azul, mientras un rubio con una media coleta señalaba el dedito sobre la ropa de Itachi.
Frente a la mención de su nombre, lentamente, el más pequeño dejó su refugio para ser visto por el grupo de adolescentes desconocidos. Había quienes trataban de encontrar semejanzas entre el infante y el pelilargo, otros que simplemente pensaban que Sasuke poseía una existencia propia y que era en exceso adorable para tener algo en común con su hermano. En este grupo, se enlistaba Deidara, el rubio que sin esperar alguna palabra de Sasuke, se apresuró a tomarlo de las axilas. Tobi, un adolescente que llevaba puesta una máscara naranjada, empujó al rubio y ahora era él quien estrujaba al pequeño Uchiha; Konan, la única chica del grupo, que no quería quedarse atrás y con el repentino instinto maternal que la embargó al ver esa "ternurita", apartó al chico de la máscara y le dio un cálido abrazo al pequeño.
―Él también es parte de nuestro organización ―Pein fue el último en acercarse al hermano de Itachi, le revolvió los cabellos demostrando afecto.
Y Sasuke entendió la importancia de ser miembro de algo… Aunque no entendiera bien qué. Su padre siempre mencionaba esa palabra "organización", con gravedad y respeto. Pein se pronunció en un grado superior de solemnidad. Supuso, el infante, que debía sentir orgullo de ser parte de esa "organización", con tan solo presentarse.
―Será nuestra adorable mascota, eso será el pequeñín, "Petit-Sasu-chan" ―se emocionó el rubio, dio aplausos efusivos.
Konan estuvo de acuerdo con la propuesta, hizo saber de su deseo al "Líder" de la pandilla.
―Yo soy la mascota del escuadrón ―se quejó Tobi.
El grupo estaba riéndose, Tobi solo se rascó la cabeza. Mientras que un peligris aprovechó la desatención del resto para "meterse con el pequeño":
―Oye… Tú pareces un chico inteligente, ¿Has visto la película El Exorcista? ―inquirió el adolescente, quería comprobar qué tan consentido era Sasuke.
El temido cinéfilo, era aquel sujeto. Se delató solo, al sacar el tema de las películas. Esa sonrisa rara que tenía el chico de cabellos grises, perturbó a Sasuke. Pero como la curiosidad seguía siendo innata de él y quería impresionar a Itachi, al llevarse bien con los desconocidos, preguntó de qué se trataba. La duda fue aclarada por Hidan, con dos oraciones. Como era de imaginarse Sasuke borró su confusión y luego encogió sus hombros. No le gustó la historia y no quería oír más. Hidan pareció darse cuenta e interrumpió su extensa sinopsis de la cinta y le iba a preguntar si estaba bien. Por la cara blanca que tenía el inocente niño, seguramente no había visto una película de terror.
Itachi había preguntado a Kisame por aquello de "Sasuke. No puede ser otra persona". ¿Tanto postergó la presentación de su querido hermanito, que al ver la previsión de los metros… fue notoria su desconfianza? ¿Qué era lo evidente? ¿Qué actuara cauteloso ante la presentación de su preciado hermano menor?
El joven de piel azul iba a contestar, cuando notó que su acompañante se esfumó. Anonado Kisame giró la cabeza hasta dar con su amigo. Itachi, siniestramente, se había trasportado hasta estar junto a Hidan. ¿Qué me perdí? Fue lo que meditó Hoshigaki al ver el cambio extremo del siempre serio Uchiha.
―Qué mierda le hiciste… ―increpó, había un calamitoso fuego en su garganta y completó mentalmente "… a mi luz"
La hostilidad estaba presente en cada letra. A tiempo llegó Itachi que se interpuso entre su hermano menor, para que aquel siniestro chico ni osara acercarse. El resto pasó a mirar a un iracundo Itachi, con sus ojos inyectados de un poderoso tóxico, a punto de amenazar de una sangrienta e inminente muerte al pobre Hidan. Era algo cómica la escena, puesto que Itachi era más joven que Hidan.
¿Cuál era la falta imperdonable? ¿Qué habría hecho el pagano profeso para desencadenar la furia del inmutable Itachi? Que fuera culpa de Hidan, nadie lo dudaba. Kakuzu se tomó la cabeza con una mano y dimitió a la defensa del bocón.
¿Debo intervenir? Dudó Pein, él fue impresionado por el repentino arranque. La mano no le temblaba al separar a Hidan de Kakuzu, Sasori de Hidan o hasta a Konan de Deidara. A ciencia cierta, no faltaba el día que no tuviera que amansar las aguas de las batallas, que a menudo eran iniciadas por Hidan. Precisamente, esperaba que todos se sacaran con el peligris, quien no tenía activa la "tecla" del filtro para esconder sus broncas… Sin embargo, que Itachi cayera fácilmente. Eso sí que era de otro mundo.
"Haz algo" ordenó en un susurro Konan y le dio un codazo al pelirrojo con pecas. Bendita sea ella, que alentó al cabecilla del grupo a participar de la contienda. Pein se interpuso entre ambos y primero ordenó a Hidan disculparse de la idiotez que cometió, era más que obvio que la culpa recaía en él. Mágicamente, éste se disculpó, continuaba asustado por la rabiosa mirada de Itachi.
El pelinegro seguía con la idea de partirle el rostro de imbécil a Hidan, pero el sentir a Sasuke temblando detrás… Le contuvo. Por supuesto no iría a golpear a su estúpido amigo, porque eso asustaría mucho a su hermanito. Tan solo asintió al pelirrojo y sin perdonar al peligris se dio la vuelta. Tomó una manito de Sasuke y ambos se alejaron.
Una vez que Pein pudo salvar el pellejo de Hidan, todos fueron por un helado y se sentaron cerca de una cancha de tenis. Kakuzu, que era el mayor de la banda, reconoció a un compañero del colegio y fue saludarlo. Ren Yamazaki, que era el nombre del chico, les invitó a que miren el partido que jugaría. Como el grupo aún saboreaba el helado y Tobi se compró el quinto, decidieron presenciar el juego.
El compañero de Kakuzu era alto y robusto, su profusa cabellera verde tapaba gran parte de sus cejas. Se veía que era un chico confiado porque se daba aires sin mirar a su próximo oponente. El otro jugador era un chico de la misma altura, pero de contextura tan delgada que generaba la risa en el público. Kakuzu se acercó a tres chicos y apostó a que ganaba Yamazaki.
El partido había dado inicio. Ren Yamazaki no tardó en buscar el respeto del público, con jugadas arriesgadas. Estaba más atento a la ovación que a la calidad de juego del contrincante, quien no tenía problema alguno en devolver cada movimiento de Ren.
― ¿Qué hacen, hermano? ―inquirió curioso Sasuke, veía emocionado como la pelota iba de un lado a otro.
Itachi estaba ocupado limpiando con una servilleta el helado derramado en la mano de su hermanito, Sasuke cuando se concentraba en algo se aislaba tanto que no notaba nada. El helado se derretía y el Uchiha menor solo tenía ojos para el juego.
―Eso… es Tenis ―respondió Itachi ni siquiera había visto un saque de los tenistas, miraba concentrado lo más interesante que había en la cancha y sus zonas aledañas, a Sasuke.
Un gemido fue la respuesta que recibió del pequeño, que con la vista seguía el recorrido de la esfera verde. Itachi siguió limpiando la mano del peliazul, el helado seguía desvaneciéndose por el calor y se lo quitó antes de que terminara por bañar los deditos del niño. Ladeó el palito y decidió terminar de comerlo, puesto que había sido abandonado por su dueño.
― ¿Te gusta? —Itachi tiró el palito en el suelo.
—Si me gusta… No lo sé ―dijo confuso sin despegar su atención visual del partido―. Es solo que… Me recuerda… a algo… el pasto y esos chicos grandes.
El verde de la cancha, le daba añoranza de algo vivido. Era la primera vez que él salía de casa. Mikoto no llevaba a su hijo menor a la plaza, decía que desde pequeño debía acostumbrarse a las reuniones de la familia y las fiestas de etiqueta. Si bien Sasuke asistía a ellas, siempre era dejado con los hijos de los clientes y colegas de su padre.
― ¿A qué te recuerda? ―Interesado en el sueño, le siguió en el tema.
La curiosidad del mayor, golpeó fuerte en la cabeza de Sasuke, que rápidamente se frotó la cabeza. El sueño de alguna noche, fue vertido en su memoria.
―No… sé… Creo que tuve un sueño… Dos chicos lanzándose cosas, eran como clavos y tapas de metal, en un bosque… O no. Algo se tiraban. Uno de ellos tiraba cuchillos en un blanco, acertaba todo y el más chico, solo se escondía en un árbol. Era peligroso… Pero a ellos les gustaba… Y ahora todo es verde, igual a mi sueño. Lo recordé, pero… no sé. ¿Fue un sueño? ―exclamó, sin despegar sus pupilas de la cancha. Lucía conmocionado por el sueño que no recordaba correctamente.
El pelinegro dejó caer su brazo derecho. El relato de Sasuke había movido una fibra en él. "Uno… tiraba cuchillos en un blanco, acertaba todo" No era un sueño. Cada sueño es personal. En las noches cada persona construye su mundo, se respeta la originalidad en las creaciones nocturnas y el plagio ni es combatido, puesto que los sueños no se repiten. En el reino onírico no se configuran copias, no hay dos sueños iguales. Esto último, le alertó. Itachi rompió el palito del helado, no iba a hablar de aquello.
Los únicos emocionados en el juego eran Kakuzu y Sasuke. El primero por la apuesta y el peliazul se divertía viendo a los chicos corretear en el césped. Sasori explicaba a Deidara las reglas, mientras que Pein y Hidan alzaban la oreja para captar furtivamente la explicación. El resto veía el partido, a cada tanto comentaban por los complicados movimientos que hacían los tenistas.
El juego fue dejado de lado. Los contrincantes tuvieron varios encontronazos verbales durante el partido, como no había árbitros ellos mismo hacían las veces de juez. Se veía, desde un principio, que habría problemas. No pudiendo aguantar la cólera, y con el juego 6-1 ganado por el amigo de Kakuzu, el rival de Yamazaki cogió a éste de la camiseta. Kakuzu invadió la cancha para socorrer al atacado tenista.
―Este tipo dice que soy un asqueroso tramposo ―acusó Yamazaki, en cuanto su rival le soltó―. Es un pésimo perdedor.
El acusado tenista, levantó al aire las manos con indignación. Apresurándose a la queja del jugador, Sasuke, que junto a su hermano se aproximó al centro de la cancha, afirmó:
―La pelota cayó fuera quince veces. Esos "tiros altos" tuyos, quedaron fuera de las líneas blancas,Yamazaki.
Sin cordialidad, sin aplicar modismos, así se dirigía un niñato. Ren Yamazaki se ofendió:
― ¿A quién le hablas? Enano, no te metas. Qué pueden haber visto, tus ojos de niñato.
Y claro que iba contestar, Sasuke no iba a callarse ante el desafío verbal propuesto.
―Si mi hermano menor dice que golpeaste mal, es porque lo has hecho ―Itachi arremetió en la discusión.
Cada Akatsuki sabía que no sería una elección inteligente meterse con el mayor. Pero es sabido que los tontos, jamás leen los carteles de advertencia y enarbolando valentía, son protagonistas de hechos tan lamentables como evitables. La mirada fulminante del pelinegro, hizo sonreír a Yamazaki, quien perfiló su odio hacia el más pequeño del grupo de Kakuzu.
―Supongamos que el enano tiene razón ¿Por qué no me demuestra qué tanto sabe de tenis? ―No era un broma, era visible su alarde y su menosprecio hacia el Uchiha menor.
¡Y lástima que se ensañara, no contra Itachi sino contra su Tesoro! Kisame se palmó la cara, el amigo de Kakuzu era imbécil. Si de una cosa estaban seguros Pein y sus amigos, era que enfurecer a Itachi era tan posible como cambiar el sentido de las mareas. Sin embargo, en cuanto se refería a Sasuke… La explosión de Itachi, era un resultado anunciado. Lo habían comprobado en primera fila hace un par de minutos. ¿Pein se adelantaría para nuevamente ser el mediador de otra "Guerra" por "la protección de Sasuke" a nueva solicitud de Konan? Porque se respiraba un clima de hostilidad.
El contrincante de Yamazaki quiso argumentar algo, instintivamente Hidan se colocó delante de él y negó con la cabeza. Esa pelea había dejado de pertenecerle desde que Yamazaki llamó "enano" a Sasuke. Nadie más que Hidan comprendía lo que estaba sucediendo.
Itachi perfiló su mirar y no hablaría con un acento indiferente, estaba vez el odio… Odio, sentimiento que no demostraba, mancharía cada una de sus palabras. Sin embargo, no fue necesaria la intervención fraterna, esta vez alguien con el mismo grado de peligrosidad salió en defensa del menor.
― ¿Eres estúpido? Sasuke es un niño ¿vas a meterte con alguien que cuadriplicas en edad, Yamazaki? ―reclamó un hastiado Kakuzu, sacudió dos veces su mano derecha para cerrarla en un puño peligroso.
―Un bebé debe aprender controlar su boca, amigo mío ―advirtió el sujeto, levantado su dedo índice arriba de su cabeza.
Los ojos de Kakuzu se crisparon. Hidan rió excitado y se pasó la lengua por la boca, casi olía el próximo olor a sangre. Por eso festejó la reacción de Kakuzu, quien tomó de la camiseta al tipo. Él no era expresivo al extremo como Deidara, y dentro del grupo era el más brutal. Esto era sabido por Hidan, que ensanchó el gesto ante el avivado fuego que corría.
―Escúchame, pedazo de basura con el hermanito de Itachi…
―Yo quiero hacerlo, amigo de niisan ―Sasuke alzó la voz.
Aún sin creerlo, Kakuzu miró de costado al pequeño. Evidentemente se refería a él y fue llamado "amigo de niisan", porque no memorizó su nombre. No es que Kakuzu necesitaría que confirme su decisión, es que "el defensor" no salía de su asombro. Estaba dispuesto a cagar a palos a aquella sucia rata, y fue detenido por su "defendido". La interrupción le sirvió a Kakuzu para ver, qué estaba haciendo… Iba a moler salvajemente a una "persona" – abominable rata con aspecto a persona- justo delante de un inocente niño. Kakuzu retrocedió dos pasos, no del todo convencido de lo que hacía. Yamazaki tras ser soltado por su atacante, simuló estar desilusionado por el tiempo muerto en el combate. Kakuzu rechinó sus dientes y maldijo con un tenue gruñido.
― ¿El niño juega al tenis? ―Pein no había tomado parte en la discusión, no lo consideraba urgente. Al igual que Hidan había ingresado a la cancha.
Itachi ignoró la curiosidad del pelirrojo, y se inclinó para tomar los hombros de su hermano.
―Quiero ir ―suplicó el niño.
El pedido no le cayó bien al mayor ¿Dejar que su dulce hermanito se enfrente a un ogro con cara de chico? Eso meditaba Itachi, pese a decidir que no había nada que repensar. Porque el tipejo había demostrado ser un resentido, al proponer un desafío a un infante.
―Hice como me enseñaste. He analizado su juego, sé que puedo. Estos ojitos han visto todo ―con sus manos simuló tener binoculares.
Itachi quitó los "binoculares" del rostro de Sasuke y acarició las mejillas de él. Con su penetrante mirada, estudió sus pupilas y vio la determinación que ardía como el fuego. De ser una linda Luz… mutó a un Fuego quemante. Cuando se proponía algo, el menor era terco. Sin embargo, no era pura necedad, había una cuota de peligrosidad en sus inocentes ojos, ya convertidos en llamas negras.
― ¿Nada de lo que diga te hará cambiar? ―Itachi tocó el flequillo de él, luego golpeó la pequeña frente con sus dedos―. Quiero ver tu destello, Sasuke… Brilla.
Inmediatamente, el pequeño valiente abrazó a su hermano. Yamazaki tosió con burla, haciendo que ambos se separen. Mientras el niño se acercaba a su rival, los invasores del juego salieron de la cancha. Hidan dio un paso hacia Itachi. Puso una mano en el hombro de él y escupió:
―Si Sasuke pierde… todos nos desquitaremos con ese imbécil. Quédate tranquilo, no sale vivo, Itachi.
Era una disculpa disfrazada, que no fue tomada por el buscado destinatario y fue llevada por el juguetón viento. Podría Hidan haber ofrecido toda su fortuna para disculparse con el pelinegro, sin ser escuchado. Toda la atención de Itachi estaba a diez metros, en el centro de la cancha con Sasuke.
―Haremos esto, yo hago el saque desde el otro lado y tú golpearás la pelota. Tendrás tres oportunidades. Vas a estar… Te la haré fácil a tres metros de la red y yo mandaré la pelota donde estés, para que la golpees. No hace falta que pase la red, pero tiene que ser un golpe limpio. Si logras dar el golpe, reconoceré… ―Se agachó hacia la oreja del enano― que tienes razón… y que hice trampa ―murmuró y volvió a tomar distancia―. Si yo gano, vas acompañarme en mis otros partidos, haciendo lo que un niñito engreído y sin talento como tú debe hacer ¡Buscar las pelotas de los profesionales!
A Sasuke podían asustarle las películas de terror y las tormentas. También que las personas le gritaran, pero frente a un joven que admitía ser un tramposo frente a sus narices… No había forma de que se intimidara. Iba a ganar la mini-competencia y haría que Yamazaki reconozca que jugó con trampa. Dentro de él habitaba el espíritu de equidad, que había resurgido con ver a una persona aclamando una victoria… que no existió.
Yamazaki le tiró una raqueta al pequeño, que al recogerla con la mano derecha sintió lo pesada que era. Kakuzu, aún con sus cejas contraídas y conteniéndose las ganas de romper la cara al tipejo que consideraba "amigo", elevó su mano y la bajó para que Yamazaki hiciera el saque. Minutos antes había discutido fuertemente para ser el árbitro de ese "injusto juego".
La pelota, como prometió Yamazaki, fue hacia el peliazul, que permaneció estático y ni pudo golpearla en el primer intento. Nuevamente, Kakuzu dio la señal, con el segundo tiro Sasuke respondió con un roce. Ni fue una devolución y el rival rió con ganas.
Hidan amplió gustoso el gesto alegre, no por la derrota inevitable… Si no por la paliza que le daría al amigo de Kakuzu. Lo había dicho, e iba a cumplir su palabra. Le partiría la quijada al malnacido de Yamazaki, con o sin la ayuda de Akatsuki. Éste era el modo que tenía de disculparse con Itachi.
El pequeño soltó la raqueta y examinó su mano derecha, la abrió y la cerró. Desvió sus ojos hacia los entusiastas admiradores, Deidara, Tobi, Kisame y Konan, que aún con los dos errores le aplaudían cualquier monada que hiciera. En medio de Sasori y Pein, el niño encontró el apoyo que necesitaba.
"¿Te defraudé, niisan?" Fue lo que pensó, al tiempo que se le resbalaba la raqueta.
―Tenemos dos ojos, ¿qué te dice esto, otouto…? ―gritó. "Yo creo plenamente en ti, otouto" Fue el pensamiento del hermano mayor.
"Que miramos con los dos… o con uno solo" A esa conclusión llegó Sasuke.
Itachi estaba asintiendo y miraba con seguridad.
― ¿Puedo cambiar de mano, Yamazaki? ―Sasuke había pensado en el grito y llevaría adelante esa idea, con toda la tenacidad que puede tener un digno hermano de Itachi.
El joven que se burlaba, giró su muñeca en señal de que ni le interesaba lo que hiciera. Estaba confiado de que no habría ningún cambio, en su opinión tan solo era un bebé que apenas sabría caminar y aún usaba pañal. Hasta debería sentir vergüenza de desafiar a un infante, Yamazaki podría haber disculpado al niñito. Sin embargo, su mirada… No le gustaba. Ese niñito tuvo el atrevimiento de usar bien sus ojos, cuando a esa edad los niñitos tendrían que quedarse tranquilos y llorar.
Se equivocaba Yamazaki, al vaticinar una derrota. El peliazul dejó los pañales al año de vida y empezó a caminar antes de su primera primavera, fue el deseo de seguir a su hermano mayor lo que hizo que tempranamente abandonara su cunita. Y sería su deseo de impresionar a Itachi, lo que le daría la victoria.
El traspaso de mano del niño, fue contemplado por Itachi. Hubo un chispazo, en los ojos del pequeño como si aquel movimiento fuera decisivo. Con tan solo cuatro años, el niño sujetó el mango de la raqueta con la firmeza que poseía el propio Itachi Uchiha.
Un rayo pasó por los ojos de Sasuke, o tal vez Itachi lo imaginó. Entonces lo recordó, "Pero la malicia humana que lo afecté, combatirá… Para deslumbrarte" el mensaje de la criatura mística, fue revivido por el primogénito. Después de ese tiempo, descubrió que aquello que halló en el bosque fue un Kirin. Y si bien el nacimiento de Sasuke se produjo nueve días después, como lo anunció el Kirin, para Itachi el resto del mensaje era incomprensible, o lo había sido.
Solo había una persona en la vida de Itachi, que siempre intentaba hacer algo para llamar su atención. Y allí mismo, Itachi presionó sus puños.
― ¿Preparado? ―chasqueó el grandulón.
Yamazaki Ren hizo un simple saque, aún riendo y sin notar la nueva expresión del menor. Sasuke extendió la raqueta y la fue subiendo en dirección a su hombro contrario para alcanzar la preciada pelota. Como por atracción esa esfera verde tocó las cuerdas, recorriendo unos milímetros para con un impulso alcanzar el vuelo. Se elevó varios metros, fue seguida con la vista por los asombrados espectadores, que incrédulos miraban el duelo entre un niñito y un gigantón. La esfera cayó detrás de Yamazaki y, a un centímetro de la línea de fondo, se convirtió en punto seguro.
―Di que hiciste trampa ―ordenó, el tierno infante apuntó con la raqueta a… su primer rival.
Boquiabierto, a Yamazaki se le resbaló la raqueta, ésta dio un golpe seco. Brujería, imposible que sin haber practicado el deporte, un tierno niño diera una magistral respuesta y con su mano zurda. Ante la incredibilidad de los adiestrados jugadores y el regodeo de los amigos animadores, el adorable Uchiha de cuatro años había hecho un Globo… ¿Sin darse cuenta? ¿Sin haber tocado una raqueta en su vida…? ¿Sin tener una noción de lo que era tenis?
Había luz alrededor de su pequeño hermano, Itachi relajó su estoica expresión y una leve sonrisa se perfiló en su impasible rostro. Discreta satisfacción, que no fue originada por nadie más que Sasuke. Esa pequeña luz, era mucho más deslumbrante que el sol… La oscuridad de sus ojos, eran hermosa claridad. La única claridad que Itachi tenía, en medio de las constantes presiones para ser el mejor. Sin buscarlo, o tal vez buscándolo, encontró a la musa que toda vida necesita.
Estaba listo, Itachi, para escribir un poema como aquellos versos de Bécquer. Iba confeccionando los planos para una obra arquitectónica que merecería ser recordada por los amantes de historias de desamor… Y tenía la letra, del himno que desplazaría a James Blunt con su "You are Beautiful" de su célebre lugar… Porque Itachi Uchiha encontró lo que todo artista talentoso requiere para trascender en una época: una musa.
"Él viene a revolucionar un inaccesible mundo sombrío, un mundo interior que le pertenece" ¿Era así? ¿El mundo interior que Sasuke agitaría era el suyo? ¿Qué relación sino tendría que él hubiera sido llamado por la bestia que anunció su llegada?
Soltando un gemido áspero, el hermano mayor inclinó su pierna izquierda. Había sentido un ardor penetrante en su pecho. Quemazón incomodo, flameaba intensamente e Itachi estaba luchando para retenerlo en su boca. No quería dejar salir esa agonía, y se agarró de un brazo, el que estaba cerca para no caerse.
― ¿Itachi? ―Sasori sintió el jalón repentino.
El pelirrojo vio que su amigo, estaba encorvado y jadeante. Se apresuró a agacharse para examinar al pelinegro y como buen futuro estudiante de medicina, le tocó la frente.
―Estás ardiendo ―el pelirrojo apartó la mano del foco de calor, él estaba en llamas―. ¿Te encuentras bien? ¿Quieres que te traiga agua?
Itachi negó. Todo estaba bien, al mismo tiempo no lo estaba. Lo antes sentido, se escapaba de cuerpo. Sasuke estaba brillando con solo cuatros años, e Itachi a unos metros agonizaba por el descubrimiento de una verdad que lo atormentaría… Que presentía, haberlo experimentado, no hace unos instantes… Si no hace tanto tiempo. Largos e inmemorables años que no recordaba haber atravesado.
―Yo… Solo lo necesito a él ―llegó a murmurar quien se convertiría en la no correspondencia del amor.
Itachi no lo dijo para su amigo, más bien era una confesión para sí mismo. Entonces pegó las pupilas en Sasuke, quien sonreía dulcemente al público.
Retrocediendo un paso, Sasori siguió la atención de Itachi. Nunca antes había oído de una conexión inquebrantable entre los hermanos, que el apoyo se convirtiera en el afecto más hermoso en la faz de la tierra… Porque ese tipo de sentires, estaban reservados para otra entidad de sentimientos. Que Itachi susurrara aquello, confundía mucho más al pelirrojo. Sin embargo, la adolescencia no había ingresado por completo en Sasori y no comprendía el "Yo… solo lo necesito a él" que emitió Itachi. Por ello, confundido miró a su amigo que agitado no despegaba la vista del gesto alegre de Sasuke, entonces hizo lo que jamás haría ante las personas, Itachi sonrió.
Y desde cuando el pelinegro se ensimismaba a tal grado con algo.
Y otra vez… ¿Desde cuándo Itachi sonreía en público?
¿En qué momento… había olvidado el dolor, para entregarse a la insólita alegría que jamás demostró poseer?
―Soy tu fan, Sasu-chan ―gritó un alegre Tobi, que saltaba alrededor de Pein y éste descolocado le dejaba estar.
―Eso no vale ―Deidara se cruzó de brazos―. Yo soy tu fan, Itachi-chibi.
―La única fan, soy yo. La verdadera hermana mayor de esta ternurita ―se unió Konan, para desplazar a los dos primeros fanáticos.
Sasuke Uchiha hizo el primer movimiento para adentrarse en cada historia del grupo. Alegró a Tobi y Deidara, dejó boquiabierto a Hidan, Konan le adoró al segundo, Zetsu y Kakuzu reconocieron su habilidad, Kisame comprobó el linaje del "Clan Uchiha" también presente en el pequeño y Pein dejó caer la latita de gaseosa que anteriormente se había comprado. Éste mojó el calzado de Sasori, que corrió de inmediato los pies y salió de la breve suspensión en la que se encontraba. También Itachi había recibido el descuido de Pein, pero no reparó en el incidente.
Todo era lejano, el griterío alegre, el desconcierto de la mayoría del público. El que Kisame no dudara en alzar lo más valioso que había en el lugar y lo subiera a sus hombros… Sasuke Estaba escalando alto, cercano a los dos metros de altura gracias a Kisame, sonreía tiernamente. Hidan y Zetsu no tardaron en acercarse hacer que levantara sus brazos, ellos podían alcanzarlo, eran de la misma estatura que Kisame.
Entonces Itachi Uchiha a pasos torpes se aproximó, estiró el brazo izquierdo para tocar a Sasuke. Entre los amigos, le cerraron el camino, él no pudo sortear los obstáculos. Más gente, extraños a empujones rodearon a Kisame, porque era él sostenedor de la inmaculada luz. Itachi lo comprendió…
Una religión tiene más de un feligrés, un deportista tiene más de un fanático… y él, corazón que arde en la hoguera, comprendió la desgracia que flameaba en su pecho. Era el hermano mayor, estaba allí para cuidar del pequeño, y esa relación de sangre era la bendición para permanecer cerca y la desgracia que ameritaba la lejanía. Entonces sí, la misión más sagrada que tenía era resguardar a Sasuke, en el camino transmitir todo lo que sabía del mundo y en un momento dado… Alejarse, para permitir que alguien más ingresara a su vida, alguien distinto a él… Así estaba escrito.
Si era "ella", si era "él", irreverente incursionar en la sexualidad de su más hermosa desgracia, lo lamentable era que Itachi no amanecería al lado de Sasuke, alguien lo alejaría… Y allí, justo en ese instante, el tiempo se iba descontando, para que la futura pareja apareciera, para llevarse el único tesoro que Itachi no podría esconder de los corruptos ojos humanos.
Agonía, cruel destino sentir que la sonrisa de Sasuke regocije a su alma y que al mismo tiempo, le partiera el corazón en trocitos, provocando un imparable martirio, que le impedía respirar con regularidad. ¡Oh, dulce desalmada amargura, encuentra a quien le hará feliz hasta el final de los tiempos y también a quien le desmenuzara el pecho eternamente!
El gesto desesperanzador creció en su rostro, le estaban triturando el corazón, ni siquiera estaba en el inicio de la adolescencia y había sucedido. Lo inesperado, lo que en las personas normales acontecía en los primeros años de pubertad. Itachi Uchiha oficialmente había caído en el más precioso sentimiento, él estaba enamorado.
Y no sería correspondido, él lo sabía. Su propia sangre, circulaba en la de Sasuke, eran hermanos que jamás estarían juntos románticamente.
~~~Pre-holograma~~~
(Dos años después…)
"El crujido resonó…
Jalé de él, para mantenerlo seguro en mi pecho,
Egoístas reflejos, yace en mis brazos mi Luz apagada"
Esa noticia había entusiasmado a Itachi, se celebraría un torneo infantil en las canchas públicas. Kisame había llegado corriendo con el diminuto folleto, que prontamente entregó al primer admirador del "peque tenista". Repasando las líneas, Itachi estaba absolutamente convencido de que sería el primer paso para Sasuke… Un paso gigantesco con el que Sasuke demostraría que no fue un golpe de suerte el que pudiera ejecutar un movimiento perfecto con la raqueta. No lo fue para Itachi, que naturalmente notó el destello de los hermosos ojos negros. La noche no tiene luz… Los ojos de Sasuke no eran claros, la noche… oscuridad absoluta tiene estrellas y las estrellas tintinearon en su mirar apagado… Hermosa noche de estrellas, que poseía más luz que el sol… fue su demostración divina ante Goliat (Ren Yamazaki).
Itachi dudó en avisarles a sus padres, ellos centrados en el adoctrinamiento del primogénito no tenían un plan futuro para el menor. Dado que necesitaba de la autorización para participar, Itachi tuvo que contar del torneo. Fugaku no consideraba de gran importancia esa competencia, ni leyó el volante que Itachi le alcanzó. Sin embargo, firmó la autorización solo por el compromiso de Itachi de estudiar un nuevo idioma. El mayor debió recurrir a una concesión voluntaria para conseguir el absurdo trazado paternal. Desgraciadamente, la aceptación de Fugaku era lo único que les importaba a los organizadores.
Sasuke se alegró tanto con la noticia, que repartió millones de besos en las mejillas de un apenado Itachi. Fue todo un espectáculo el ver a Itachi nervioso, Pein hasta se atrevió a carcajear. Los amigos de Itachi habían sido convocados por él para un día de picnic en un parque y ahí donde hizo el anuncio del torneo infantil.
En el torneo, con los nervios de punta, pero con el total apoyo de Itachi y sus amigos, Sasuke ganó uno por uno sus partidos. El rival de la final era un chico un año mayor, quince centímetros más alto, de cabellos pelirrojos y ojos verdes. Se decía que era un chico distinto al resto de la competencia.
La pelea fue reñida, en esa instancia ninguno quería dar el brazo a torcer. El juego fue arrastrado al time break, y la coronación como por obra del destino fue para Sasuke.
Al llegar a casa, Sasuke fue corriendo con su padre para relatar todo lo acontecido en las canchas. Y solo recibió un "¿Has pensado en practicar ajedrez, hijo?" , y cortó toda esa emocionante explicación del pequeño ganador para dirigirse a Itachi y decirle que tuvo bastante tiempo de diversión, que lo mejor era que se pusiera a estudiar antes de que se retrasara en el colegio. Cuestión totalmente imposible para Itachi, hecho del que era consciente el propio Fugaku. Más bien, era una advertencia para que Itachi dejara de, según Fugaku, perder el tiempo en tonterías.
Al tiempo, Sasuke fue inscripto a un segundo torneo, con el costo de otra concesión para Itachi, que fue obligado a estudiar ruso. La nueva competencia inició un sábado a la tarde, el pequeño tenista llegó a semifinal. Al día siguiente, continuaría la ronda. Sin embargo por ser domingo, Fugaku impidió la asistencia de Sasuke porque la familia debía ir al santuario. Itachi intentó convencer a su padre de que era importante para Sasuke. No obtuve nada.
En el tercer torneo, Sasuke si bien se inscribió, directamente ni se presentó. Había sido llevado a la fuerza a la casa de su abuelo, que recibió una conmemoración por su trayectoria en Ingeniería Civil. Sasuke estuvo decaído durante todo el viaje en auto, no había desayunado pese al ruego de Itachi. Una vez en casa del abuelo, tampoco quiso comer.
Con la intención de alegrar a su nieto, Aikaza se acercó al infante.
―Esta distinción ha ganado el abuelo ―extendió el platillo de plata con el reconocimiento ―. ¿Tienes algún progreso que mostrar al abuelo, Sasuke?
El niño observó el platillo, no comprendía del todo el revuelo por el plato que tranquilamente podría ver otro día. ¿Solo por eso le habían quitado la posibilidad de presentarse en el Torneo Infantil? Sasuke abrió la boca para decir algo.
―Se le cayó un diente de leche, suegro ―respondió con sequedad Fugaku, y creyó oportuno mencionar a quien fuera el verdadero prodigio―. Ahora sobre Itachi…
―De seguro existe un nuevo logro en mi nieto mayor ―dijo, retirando el plato de la vista de Sasuke y dándole una leve palmada a Fugaku.
Ellos se olvidaron de Sasuke y comenzaron a caminar para conversar sobre el orgullo de la familia: Itachi. Sin embargo, el titular de la admiración familiar no estaba interesado en deslumbrar al ingeniero y en lugar de correr a cantar con proeza los nuevos méritos, se acercó a un perdido niño. Lo tomó de la mano y sin dar aviso a nadie, salió a dar un paseo por el patio con el pequeño.
Es una función de los padres, el registrar con certeza cada habilidad y cada defecto de sus propios hijos. Pero a Sasuke le había tocado un padre que se centraba en descubrir con certeza las flaquezas, para realzarlas en su máximo punto. El hallazgo de una falla, eclipsaba cualquier destello de talento. De ahí que Fugaku no hubiera vislumbrado la facilidad con que Sasuke movía la raqueta.
― ¿Te gusta el tenis? ―Itachi toqueteó la mano habilidosa de su hermano menor.
―Pienso… que es divertido ¿eso es malo? A papá parece disgustarle ―su nariz se contrajo.
Esto hizo detener al primogénito, se agachó para acariciar su tez de niño bonito. Era en extremo ingenuo para ver lo que Itachi vio en sus pupilas, el día que el pequeño desafió a un adiestrado jugador de tenis.
―Es hora de que te revele un secreto: los padres son personas y se equivocan. A nosotros nos tocó uno que no ve lo que existe dentro de ti.
― ¿Lo que hay dentro de mí…? ―repitió cambiando la seguridad de Itachi por duda.
Tan inocente que no lo veía, una Luz pura que por aspirar a la aprobación paterna…
―Es mucho más que talento. En tu caso, las cualidades incomprendidas, emergen con una naturalidad asombrosa. Tu facilidad para mover la raqueta, no es normal ―reveló Itachi, sin dejar de tocar su piel.
No veía lo que habitaba en su interior.
― ¿No soy normal? ¿Soy… raro? ―asustado, agachó la cabeza para esconder su desgracia.
Ayudado por sus manos, Itachi realzó la carita de su hermano para que siguieran mirándose.
―Algo así. Es bueno que no seas normal… Lo normal… no es especial ―le trató de confortar y también en cierta forma, decía lo que pensaba.
La desazón desapareció, la extrañeza cubría su rostro ¿ser anormal es ser especial? Meditaba para sí Sasuke. "Lo anormal es malo, pero… ser especial suena bien" se susurraba, y como la discreción no fue insertada en la infancia, Itachi le oyó.
―No entiendo nada. Para mí… ―Se detuvo y cerró en un puño su mano izquierda―. Solo es divertido correr tras una pelotita en el pasto.
Había una luz que despedía, Itachi agarró la mano izquierda del peliazul. Sabía lo que le sucedía. Nacen en los lugares impensados, donde son incomprendidos. Sin el impulso del entorno, fácilmente desvían su camino… Sasuke no era "normal".
―Me alegra que lo veas así. ¿Me prometes algo? ―el mayor deslizó suavemente sus dedos por la mano aprisionada.
Sasuke no contaba con la aprobación paternal, ni siquiera con la de su abuelo.
― ¿Qué cosa? ―estaba curioso.
Dejó de acariciar la diminuta mano, para rodearla por completo. Todo desliz de alegría fue suplantada, por una dura expresión.
―Los torneos infantiles no lo son todo. En el colegio, hay clubes deportivos, el de tenis es uno de ellos. Quiero que seas un titular del Club de Tenis y quiero verte midiéndote con los mejores, Sasuke.
Y a pesar de hablar de una promesa, aquello tenía la forma de una orden. La ambición escondida de Itachi por presenciar el crecimiento de la habilidad innata de Sasuke, quedó delatada con el filo de su voz. Porque eso veía Itachi en Sasuke, una técnica que se gestaba sin respetar ciclos… crecía monstruosamente, para reclamar el trono al que estaba destinado. Para Itachi, el futuro de Sasuke era convertirse en un legendario tenista.
― ¿Los mejores? ―repitió, el miedo de "medirse" con los "mejores".
― ¿Lo harás, pequeño Genio? ―le apresuró a decir que sí.
No contaba con el apoyo paterno ni materno, las líneas descendentes no anidarían su pequeño sueño… El mundo entero podía frenar fantasías, oscureciendo cada camino que quisiera tomar. Si existía una avenida iluminada, entre todas las oscuras… Sasuke no podría decir que estaba condenado a perder su destello. Itachi lo estaba invitando a brillar.
Sasuke ladeó su rostro. Por un largo tiempo observó a Itachi, cuando asimiló el cumplido que tanto había ansiado, se tiró sobre él. Itachi retrocedió dos pasos y terminó cayendo con el alegre infante sobre el pasto del jardín. Había sido tan brusco.
―Dímelo otra vez… ―rogó, aún sin creerse que su adorado hermano mayor… "el genio Uchiha" lo había llamado "pequeño genio".
El mayor sabía que el reconocimiento, era anhelado por Sasuke. El niño tenía una inmensa admiración por su alto nivel intelectual, que lo llevaba a esforzarse al máximo para no quedarse atrás… Sasuke siempre estaba corriendo para seguir los pasos de Itachi. Esa palabra que Sasuke buscaba como atributo propio… Era un adjetivo que naturalmente se había adherido en Itachi, a quien la familia Uchiha llamaba genio. La emoción que invadía al infante, ocasionó una acentuada alegría en el pelinegro.
―Pequeño genio, mi pequeño genio ―susurró sobre su oreja, calor que enciende.
―Te lo prometo. ¡Te lo prometo! ¡Te lo prometo! ―repitió sin cansarse y restregando su cabeza contra el pecho del mayor―. Césped, ladrillo… En lo que sea, jugaré hasta el fin… porque niisan cree en mí y niisan estará en todos mis partidos ―aumentó la promesa, a la que Itachi no podría negar docilmente.
"La promesa que se cumpliría, encontró a su contrapromesa
Que estuviera en cada escenario, era el único capricho"
~~~Pre-Holograma~~~
Largos pasillos. Un chico de once años estaba recargado contra la blanca pared del hospital. Su celular estaba en el piso, la pantalla se quebró al caer y el chico ni se inmutó. ¡Qué absurdo sería detenerse en este artefacto, si estaba sintiendo el deseo de morirse! Aún si tuviera la vista pérdida, con el corazón en la boca miraba la habitación que tenía a tres metros. Aterrorizado, de que ésta se abriera y también desesperado de alguien saliera con algún comunicado.
Se escucharon corridas, el golpe de un taco al romperse y en seguida dos personas rodearon al chico abatido.
― ¡¿Qué pasó?! ―Fugaku tomó de los hombros a Itachi.
Un par de zarandeos hicieron reaccionar al pelinegro, cuyos ojos estaban por vez primera cercanos al llanto.
―Sasuke y yo fuimos a la plaza… La rama del árbol se desprendió, fue en un segundo. Tomé su mano para alejarlo. No pude… Yo no quería que se lastime, pero no fui bastante rápido... Sasuke se golpeó la cabeza ―trató de explicar el primer hijo, con la voz que se le cortaba.
―Te lo digo desde ya, no más parque para mis hijos ¿Qué hubiera pasado, si además se accidentaba Itachi? ―le reprochó a su esposa, olvidando que él fue el que autorizó a Itachi salir con Sasuke, de nuevo por una petición del segundo.
Mikoto se derrumbó en una banca. No se quitó el zapato roto, que la hacía ver más miserable. No tardó mucho en caer en un llanto horrible.
― ¿Señores Uchiha? ―un hombre canoso salió del cuarto observado insistentemente por el primer hijo, ante la atención de los mayores, continuó―: Sasuke tiene una fisura en la cabeza de siete centímetros, no es de gravedad. En cuanto al daño interno, haremos unas tomografías y esperaremos a que despierte.
El médico le revolvió el cabello a Itachi. Lo había notado terriblemente afectado por lo acontecido. Después de escuchar el relato del chico, le había dicho que no fue su culpa. De nada servía, el que se auto inculpara solo demostraba lo que estaba sufriendo por su hermano menor.
― ¡Dios, Itachi! Límpiate la cara ―ordenó Fugaku, al minuto de que el aire volviera a la familia. No le gustaba ver al chico lloroso.
Un leve daño externo, el interno a la espera… No era suficiente para tranquilizarse a Itachi, que se acercó al tacho de basura y encontró la lata de una sardina, la tapa tenía un desprendido limpio. Las conservas abre fácil también eran consumidas por el personal del hospital, el hijo mayor de Fugaku cogió la tapa y fue hasta al baño de hombres. En el brazo izquierdo, por debajo de las axilas, se cortó la piel… Catorce centímetros, por ser un inútil incapaz de haber salvado a Sasuke.
Sangrando por debajo de su camiseta negra, el adolescente regresó con sus padres. La sensación que Sasuke sería perjudicado por su culpa, seguiría en él hasta que despertara. La advertencia del doctor, escondidamente temerosa con el "esperaremos a que despierte", fue cumplida. Fue una rama que no llegó a romperle el cráneo al peliazul, tardó 99 horas en volver. Cuando lo hizo, Sasuke recordaba a sus padres y a su hermano mayor. No había un daño cerebral… La idea de que estaba bien, llenó de alegría a Itachi. Felicidad que duró tres semanas, cuando Mikoto permitió a Sasuke moverse a sus anchas en casa, el pequeño estaba en cama desde que había salido del hospital.
Itachi cogió la pelotita de tenis que Sasuke guardaba en su baúl. Se la alcanzó a Sasuke, era hora de que volviera a hacer… Lo que solo Sasuke hacía con ese preciado objeto.
―Tiene un caminito ―el peliazul deslizó un dedo para recorrer las líneas de la esfera verde―. Niisan… ¿Por qué es tan chica la pelotita?
―Debe serlo, para jugar tenis ―respondió Itachi, levemente impresionado por la duda de él, que desconfiado giraba la pelotita como si no la reconociera.
La palabra no conocida, era tan extrañaba a la nueva realidad de Sasuke:
―Tenis… ¿Qué es?
Una pregunta compuesta de dos palabras, bastaron para que el mayor abriera los ojos espantado. Los brazos de Itachi cayeron pesadamente. Toda expresión sutilmente demostrada, desapareció.
― ¿Qué es? ―repite inocente, curiosidad naciente de un objeto que pareciera ver por vez primera.
Era una mala gastada ¿Por qué si fuera una genuina broma, no se borra la incomprensión en aquel inocente penado con la gracia de la verdad? Itachi era conocedor de la mayor virtud y mayor pena de la infancia: no saber mentir. Si le agregaba el extra de que Sasuke jamás había modificado la realidad a su antojo… Quedaba una única verdad. Todo en él… Había sido anulado. Barridas las hojas disecadas de un sendero, que luce limpio, sus ojos demostraban que no comprendía para qué serviría la pelota verde manzana.
¡Oh, culpa que se duplica… se multiplica en millones por una pequeña respiración del diminuto genio!
Se le fue el aire a Itachi. No jugaba, toda la curiosidad que estaba en sus ojos no eran parte de una absurda actuación. Sasuke levantó con la mano la pelota y la observó, con ojos perdidos. Era normal que no recuerde el accidente, eso informó el médico, que no guardara las escenas de horas antes, que haya borrado parte de sus recuerdos, era pequeño para retener sus memorias completas… Pero que justo fuera esa parte esencial.
―Creo… que será mejor que sea yo quien la conserve ―Se recompuso para no asustarle. No le había respondido, en su lugar le quitó lo que fuera un simple juguete para el niño.
Sasuke no peleó por la pelotita, cerró su mano y miró extrañado a su hermano mayor. Había dejado de tener un valor la esfera, desde que el primogénito mencionara que era para "jugar tenis". Había perdido su encanto. Sin sentir que le perteneciera, el menor sonrió para hacer su primera obra de caridad del día:
―Si quieres te la rega…
Se desprendería de la promesa. Una prematura despedida, se avecinaba a tan temprana edad… Ni tenía dieciséis años. Injusto el tiempo y maldita la mala ventura que por más rápido que corriera, le pisaría y se pondría adelante juguetonamente. No era solo el tenis… Sasuke diría "Adiós", sin haber despertado.
Calamidad que disfrazaba de caridad, se endulzaba con su voz.
―No ―se apresuró Itachi a renunciar al obsequio ofrecido con una benigna sonrisa―. La cuidaré. Hasta que ese día llegue, otouto.
La esperanza de que Despierte estaría en él. Tenía la fe de que esa pelotita, regresaría con su legítimo dueño. Itachi esperaría. Se había resignado a esperar, no lo forzaría. Sasuke debía recordar por sí mismo. Y lo haría, sí es que realmente fue feliz al ser llamado "genio" por su hermano mayor.
―Hablas raro ―mencionó el infante. Se dio la vuelta para tomar el control remoto de un juguete, ignoró por completo las extrañezas de su hermano.
El mayor tocó la esfera y lo presionó con fuerza antes de salir. Una poderosa determinación, le ayudó a abandonar la habitación sin demostrar la intensa agonía. Se estaba desmoronando, estuvo a punto de caer de rodillas frente a su hermanito. ¡Qué poder oculto le habrá conducido a su dormitorio! Itachi abrió el cajón de la mesita de luz, en ésta depositó la esfera. Luego se dirigió a un rincón, para pegar su frente allí.
Mentalmente el hermano mayor, repasó el evento de hace unos minutos. Sasuke perdió varios recuerdos de su infancia. Perdió los más importantes… El doctor dijo que despertaría. El doctor mintió, Itachi golpeó con ira la pared.
Los recuerdos de Sasuke no fueron del todo eliminados, algunos regresaron despacio. Sin embargo, ese "don" que lo hiciera distinto… Pasó a ser un simple talento que lo hacía destacar del resto de sus compañeros. Había dejado de ser "diferente", al olvidar que no era normal y al creer que "solo estudiando y siendo el mejor promedio del colegio sería alguien respetado", como le repetía astutamente Fugaku.
Años después, por sugerencia de Fugaku Uchiha, Sasuke se unió al Club de Tenis de Konoha. Las razones fueron a decir de Itachi, tontas. Que se enlistara tan solo por ser un deporte elegante e individual (en el caso de los singles), era burdo a comparación con la promesa que habían hecho y que aparentemente Sasuke olvidó por completo.
Todo fue en picada libre, cuando Itachi abandonó los estudios universitarios, Sasuke fue configurado por Fugaku Uchiha y reprogramado para aquietar cualquier tipo de apego a los sentimientos… Peligrosos, por llevar a la locura al hombre medianamente racional. Sasuke, desprovisto de sus preciosos recuerdos, de su fuerte deseo por impresionar a Itachi, mansamente se entregó a la voluntad paternal. Cuando Sasuke estaba completando su transmigración de personalidad, una existencia tintineante trató de despertarlo antes de que siguiera durmiendo en su cajita de cristal.
Él (Kimimaro Kaguya) era distinto a cualquiera chispa de vida con la que Sasuke hubiera contactado. De largos cabellos y un rostro glacial… Cabellos que no eran negros y ojos del "Color de la Esperanza". Se delató la ironía, que una persona poseedora del mirar esperanzador (verde), no fuera el antídoto contra su inhumanidad.
La adolescencia es una etapa de cambios. Errores y confusiones, germinan en este conflictivo momento. Cuando Sasuke conoció a Kimimaro estaba pasando por una crisis de identidad, nunca creyó posible que su padre notara su existencia… Se había resignado a estar a la sombra de su hermano mayor, a quien envidiaba y a la vez sentía extrañamente admiraba. Y de repente, sin esperanzas en una sucesión del favoritismo, se convirtió en el predilecto.
Y con ello, en el más controlado de la familia. Censurado al hablar, atestado de lecturas y presionado para formar alianzas que fueran convenientes. Fugaku proclamaba la inexistencia de la amistad, condenada la tiranía del amor y aplaudía la formación de alianzas, que una vez cumplido el objetivo, por el cual se formaron –trabajo de investigación en equipo-, debían ser destruidas. Así fue que Sasuke consideró a sus compañeros como "aliados" y "enemigos", según cada caso.
La interrupción de Kimimaro en su vida… Fue un choque. "Eres más que una mente brillante" Sostuvo el profesor y Sasuke comenzó a creer en él. En la posibilidad de que era algo más que una simple máquina capaz de sacar cuentas en segundos y memorizar libros enteros.
Sin un precioso recuerdo que lo uniera a Itachi, la conexión de ellos se fue debilitando con el pasar de los años. Cuando Itachi se iba resignando a convertirse en el "no mencionado hermano mayor", aquel "personaje de la historia negra de un adolescente", el personaje desconocido para las amistades y que siempre provocan un "No me contaste que tenías un hermano mayor", Sasuke le dio una esperanza:
"Tus ojos… Es como si todo el tiempo estuvieras suspirando… por Alguien" Eso había confesado. Fue todo lo que Itachi necesitó para que todo su cuerpo se descontrolara, y siguiera el sádico juego de la auto-tortura. Imaginando que había una pequeña posibilidad de rearmar la relación quebrada, Sasuke volvería a ser autodependiente de su hermano mayor. ¡Maravilloso sueño, que no realizaría! ¡Como salido de una historia gótica, surgió Kimimaro!
Sin embargo, ni Kimimaro Kaguya con la bondad de sus palabras, pudo romper el muro que Sasuke había construido para aislarse de las personas.
Porque estuvo en soledad, por tanto tiempo… Brahma, el dios Hindú, solo quería jugar. Creó una diosa para escapar del tétrico aburrimiento.
Y ese estúpido espejismo, de que era más que una mente brillante… Se rompió. Sasuke iba frenando la apática por Kimimaro, pero tempranamente fue abandonado por el profesor.
Brahma fue despedazado por Maya, la diosa a la que dio vida. En miles de pedacitos fue reducido Brahma, para iniciar el juego de Maya.
Y Sasuke se sumergió completamente en su sueño.
Uno por uno, recogiendo los trozos de su esencia… Brahma acepta que las historias humanas son sueños y Él es dueño y señor de la ventura mundana… Con este descubrimiento, Brahma regresa a la realidad. Porque recuerdo quién es... El juego de Maya termina.
―Así que… sigues durmiendo ―desprovisto del tono demandante, Itachi habló.
Había interrumpido la meditación del niño, que estaba sentado en la cama con el piyama puesto y repasaba mentalmente el temario del examen de historia. Con sutileza movía los labios sin producir sonido, el ser interrumpido no le agradó al aplicado niño y antes de hablar, emitió un bufido.
―Eres tan ciego, hermano mayor ―respondió un Sasuke de catorce años, todavía con los ojos cerrados―. Estoy a punto de acostarme. Debo despertarme a las seis ¿Me haces el favor de irte?
Esa voz que solía poseer dulzura, era fuerte veneno. Itachi no exhaló ante la antipatía con la que fue recibido. Agarró la invitación al desalojo, al llegar a la puerta, dobló su cuello y miró con profundidad al menor.
Sucede cada…
―Un Kalpa … Dura el sueño de Brahma. Tú… sigues durmiendo ―fue lo que tenía en mente y lo compartió.
Después de un Kalpa, 4.320 millones de años, Brahma acaba con sus sueños, abriendo soñoliento sus divinos ojos.
Sasuke abrió sus ojos. El choque de visión, fue inmediato. Larga… y muda contemplación, se rompió cuando Sasuke arqueó sus cejas y se levantó de la cama para acercarse a su irritante visita.
―No tengo ni el tiempo ni el humor para tus desvaríos ―respondió el menor.
Él extendió la mano para que Itachi se fuera y… otra vez, Itachi no enfrentó a la violenta tormenta. Seguidamente, el peliazul cerró con un portazo.
Una vez que desalojo a su hermano, Sasuke se apoyó con la puerta. Estuvo varios minutos con la cabeza perdida y al recobrar su compostura, maldijo a Itachi. Había perdido el hilo de sus estudios y no quería recapitular todo, enfadado por la interrupción, Sasuke se tapó con las mantas y se ordenó dormir.
Sin embargo, el sueño no venía. "Sigues durmiendo" Su frente de arrugó. Esas palabras… No tenían sentido alguno para Sasuke y no podían arrebatarle el descanso. Sucedió a la inversa, esa noche Sasuke no pudo dormir bien. Se vio anclado en un insomnio, y entrada la madrugada… Fue él mismo quién susurró "sigues durmiendo".
―Qué quieres… ―murmuró Sasuke, con los ojos abiertos y mirando a la nada, perdido―. ¿…Decirme?
Arrinconada… y oxidada promesa. Empolvada, fue archivada en un sector inaccesible de sus recuerdos. Hubo un mensaje, porque siempre había una señal en las palabras de Itachi. Sasuke olvidó que era parte de una promesa la razón de su adhesión al mundo de las raquetas. Y ahora no solo se recluía en su habitación con los libros de ingeniería o estudiaba por largas horas para un examen que haría peligrar su primer lugar en el ranking en el colegio… Sasuke no solo distribuía su tiempo (diagramaba) y cancelaba salidas con amigos, también estaba haciendo lo mismo con lo único que aún disfrutaba… Itachi lo fue percibiendo, el cambio verbal de su pequeña luz. Programaba ganar cada partido. "Gané" anunciaba al volver de alguna competencia, cuando antes era "Me divertí, Niisan".
El resplandor fue apagándose, hasta ser una diminuta estrella que en solitario trataba de azorar a la terrorífica oscuridad. Era una estrella más en el firmamento… Pero alejada de sus pares, aislada de las reuniones estelares, seguía siendo la Luz de Itachi.
Una Luz dormida, a la que Itachi prometió esperar… Estaría cerca, para impedir que se golpeara al emprender una caminata a tanteos y sin estar despierto. Como un guardián protegería cada uno de sus pasos, estaría…
Detrás de Sasuke.
Y Sasuke, sin ver, ingresó a un intrincado laberinto. Itachi sin pensarlo, fue el segundo en entrar en ese laberinto. Sasuke fue quien se perdió en calles desconocidas, Itachi siguió su errático y desconcertante andar.
Sin hallar la salida, Sasuke se acostumbró a las siniestras paredes del laberinto y comenzó a diagramar el itinerario de cada día. Todo habría de seguir el ritmo gris… con cronogramas y programación de cualquier evento. Sin embargo, en dos años, un análisis haría a romper el esquema perfecto. Leucemia: el descubrimiento de que la ciudad que Sasuke había construido en el laberinto, estaba cayendo… Causaría un gran cambio.
El diagnóstico, haría entrar al príncipe en un estado intermedio entre el sueño y la realidad.
En el futuro.
Aún no estaba del todo despierto. Ni siquiera estaba en el estado intermedio.
"Tú… Sigues durmiendo"
Si no estuviera durmiendo, habría entendido la revelación escrita detrás de las palabras de su hermano mayor.
Estar despierto… De haberlo estado…
Sasuke habría juntado cada trocito perdido de sus recuerdos, frente a la diversión de la maliciosa Maya.
Y habría recordado cómo fue que llegó al Club de Tenis.
HologramA
Diario 9
SAve you
"El despertar de Brahma provoca la desintegración de un sueño que le pertenece. Cada 4.320 millones de años de reposo, Él regresa a la Realidad, acabando con las historias construidas…
Millones de años en la vida de un ser divino, a penas es un Sueño para Él.
Somos millones de Sueños. Somos creaciones de un único Soñador.
Mi sueño no fue tan largo como el del Dios Hindú.
Yo estoy despierto, estoy vivo y vengo a gritar:
16 años… puedes tardar en abrir los ojos… y notar que había una única persona destinada a salvarte…
Salvarte de seguir viviendo con los ojos cerrados."
"Pido un deseo a las estrellas… Quiero ver sonreír a la persona que… quiero y que me confunde. Sé feliz… Sin mí, Niisan" El deseo que pedí, me ayudaría a dar el último paso. Sin embargo, mi cuerpo no daba el mortal adelante, deteniendo tontamente el filo de un desenlace… buscado, tristemente buscado y que se muestra esquivo. Mi pie izquierdo estaba en el aire. Yo continuaba parado en la escala más alta del edificio. Al borde de la salvación… y sin poder dar el paso final de esta trágica historia.
Como el estado pause de una película, que interrumpe el correr del guión fílmico… congelado ¿Por qué… por qué no doy el siguiente paso?
Fuerza invisible, que anuda la voluntad desesperada. Se lanza a frenar, el corte del débil hilo de una joven vida.
Y detiene…
Calladamente, estanca las raíces en el árido terreno.
Fuerza invisible, que me congelaba y me obligaba a esperar, unos minutos más. Enraizaste mis pies, para alargar una vida que se acorta.
Todo quieto. Hace un segundo había ruido. Todo en silencio, ¿por qué no escuchó nada? ¿Por qué ni siquiera percibo el llamado de mi hermano mayor? ¿Es que ha desistido de venir por mí?
Es que he sido… Olvidado.
"Sasuke…" Una voz gastada, con un susurro fantasmagórico, resuena. Acaba con la ausencia de ruido en el techo. No es clara, para que pueda identificar al llamante.
Repite mi nombre ¿Quién es? ¿Qué quiere? Mucho más congelado, me asusté. No era Itachi, no lo es ¿podría ser…? Mientras pensaba en la identidad de la voz, hojas secas envueltas en un remolino, llegaron hasta la azotea, justo donde me encuentro y ante mí danzan. Siguieron revoloteando, para alejarse en el impetuoso baile, en el aire giran.
¿Es real? No es posible que las hojas hayan podido alcanzar esta altura… ¿y de dónde vienen?
¿Morí sin notar que me había entregado al suicidio?
Intenté mover mi petrificada mano para tocar las hojas, más estaban como a dos metros de distancia.
"Sasuke…" Vuelve a silbar.
Sonido que me sacude por dentro, también paralizante. No es Itachi, por lo que…
¿Profesor Kaguya Kimimaro?
El viento hizo volar mis cabellos. ¿Es usted, profesor? Se lo quise sonsacar, no salió nada, ni un quejido.
"… ¿Sasuke, se han aclarado tus dudas?" Con su pregunta, me convencí de que era él. Al menos era su misma tonalidad, precisa y aguda.
Lentamente, un hilo como de neblina dibujó una figura a tres o dos metros de mí. Traslúcido, un hombre de cabellos largos y rostro templado me observaba. Mi ex profesor había aparecido en la azotea del hospital y flotaba en el aire. Alrededor de esa ilusión final… las hojas que bailaban solas, ahora danzaban con él. Me estremecí… El suave viento, esta vez, lo sentí en mi pecho. Kimimaro me tendió la mano derecha… invitándome a que me agarrara de ella.
¿Si todo es claro? ¿Si mis dudas han sido contestadas? ¿Si han sido resueltos mis miedos?
Si… todas mis preguntas han sido tratadas...
¿Han sido interpuestas las inquietudes que anidan en mi interior? Aquellas que por mucho tiempo han dormido, despertaron para germinar la insatisfacción, ya demandan ser satisfechas.
Si hubiera recibido las respuestas a las inquietudes, en teoría estaría preparado para rendir el examen. Me gustaría decir que estoy en paz. Sin embargo, yo… Profesor.
Yo estoy…
¿Sasuke, se han aclarado tus dudas?
Llevo conmigo, un puñado de certezas. Sin embargo, profesor, si en este tiempo, en tan solo meses, la inseguridad multiplicada ha invitado a este baile a la desesperanza.
Y yo…
"¡Sasuke!" Un grito desesperado, interviene en mi meditación adormilada. El fuerte gritó que provenía de la puerta trabada tronó, haciéndome retroceder dos centímetros de Kimimaro con su follaje otoñal. Me quedo ahí, rígido, pierdo lo que sería un ensayo de respuesta para Kimimaro, porque ahora mismo lo único que roba mi atención, es la voz que juzgué… desistió de la lucha.
Es él. No se había ido, seguía allí. Cuando menos lo imaginaba, giré la cabeza hacia la puerta que era golpeada potentemente. La rapidez con que encaré el violento golpe, me impresionó. Hace unos instantes, estático, no pude mover mi cuerpo para tocar las hojas. Pero la voz exasperada de mi hermano mayor, me hizo olvidar a Kimimaro.
¿Por qué… Hermano mayor? ¿Por qué… no te detienes?
"Es tu elección…" fue lo que me advirtió el profesor, imperioso remarcó que debo escoger.
Aún contemplando la puerta, recordé la pregunta y la eventual consecuencia de mi respuesta. Volví a centrarme en el irreversible destino ¿Irme con Kimimaro Kaguya? Es lo mejor, estaría evitando todo lo que vendría. Mas recaídas, cansancios triplicados, desmayos incontrolables, sangrados, fiebres que no bajan, pero…
Hermano mayor…
Es mi elección. Yo… Minutos atrás, decidí saltar. Pero ¿Por qué el que vea a Kimimaro Kaguya y escuché a Itachi, retrasa la ejecución de mi voluntad?
El espíritu traslucido volvió a ofrecerme su mano, era una invitación hacia el precipicio.
Un paso a un mundo… al que accederé con la renuncia de éste (mundo físico).
En la mano dispuesta a recibirme, un desconocido horizonte me era ofrecido.
Sin mis padres.
Estoy preparado para dejarlos.
Un lugar sin amigos.
Naruto es fuerte. Gaara… ya no me importa lo que haga.
Un espacio sin mis compañeros…
Lee, Tenten, saldrán adelante con el capitán Hyuuga.
Un mundo en el que tendría la compañía de mi ex profesor…
Me reencontraré con Kimimaro Kaguya. La revancha de gritar lo que antes guardé, está en mis manos.
Pero…
La contracara de la gracia de ausencia de dolor… Es mucho más oscura.
Sin Itachi.
Sin sus austeros y, a veces, preocupados mirares. Sin la sensación de que estuviera lejos, cuando en verdad está extremadamente cerca… Tanto que la teatralización (mi invención) impecable, recibe su primera crítica amarga a la baja del primer telón. Sin sus advertencias, sin su preocupación sincera, sin su impávido rostro… Sin el misterio que no pude resolver, ¿cómo sabe tanto de mí? ¿Cómo estar fuera de mis ojos, cuando mi corazón siente que está tettiblemente cerca?
Y en ese instante… Yo dudé.
Mi mano estaba suspendida y Kimimaro acercó la suya. Yo no me aproximé, él estaba incitándome a continuar con el plan inicial. Cuando nuestros dedos se rezaron, o mejor dicho creí tocar esa neblina, no me abalancé sobre él. Levanté la mano y la de él se quedó detenida.
"Ven, Sasuke" Me alentó, sonriendo con tranquilidad. "Ven conmigo, he venido por ti…coge mi mano, yo…"
No siguió hablando. En cuestión de segundos, Kimimaro miró detrás de mí. La sonrisa desapareció, bajó la mano que me tendía y su expresión se apagó.
"¿Vendrás a mí? Quiero que vuelvas a mí" Lo que en principio fuera insistencia, se modifica para ser ruego.
Yo… El viento se llevó el recuerdo de un inmaduro sentimiento. Sórdido voz que usa una silaba, menos perezoso mis músculos, que flaquean reteniendo a la tácita aceptación. Levanté más la mano.
"¿No vendrás? Si todo es tristeza, ¿por qué te quedarías? Si la Esperanza, no vive en ti ¿qué te hace dudar tanto?"
Yo… Mientras repasaba, los segundos continuaban corriendo, mi pecho ardía... era tan doloroso. ¿Por qué me quedaría? Ladeé mi rostro, despacio, hacia la puerta trabada. Justo una ráfaga me obligó a ver de nuevo a la figura fantasmal. La tardanza, no sería tolerada. Estupefacto, observé el comienzo de su desintegración, a medida que las hojas iban cayendo. Un impulso me obligó a tratar de acercarme a él…
El alma que me buscó. Aunque no tuviera cómo responder a los planteos de él, quería saber, si esto era una ilusión y me fui hacia adelante, peligrosamente adelante hacia el follaje flotante. Tontamente adelante. Hasta perder el contacto con el suelo.
¿Así moriré? No con la intención firme de saltar, sino por el afán de capturar hojas secas ¡Qué tonto! Pedí un deseo antes de abrazar el suicidio… y en una sola vacilación mía, se presenta la voz de Kimimaro, revuelan las hojas… Y yo me negué a darle mi mano.
Sin embargo, en el último momento me incliné… Sin recapacitar en la ausencia de superficie.
Todo iba a la velocidad del andar de una tortuga, sinfonía adormecida, temí por el dolor de imaginarme partiendo mi cabeza contra el cementado piso. Recién pavoroso de sentir el dolor… ¡Niño ingenuo que aclama por el final del sufrimiento, ahora que está cayendo, teme ser lastimado
Si fue una alucinación la presencia de Kimimaro, no interesa. Ésta fue mi elección, lo irónico es que terminé resbalando. No salté, me resbalé. Cerré fuerte mis ojos para no ver mi inevitable muerte. Ahí sentí un tirón en la campera que traía puesta, mis pies estaban en el aire. Pero alguien logró sujetarme.
― ¡No, aún no…! ―La desesperada voz, era de Itachi.
¿Cómo ha podido…? ¿Cómo ha llegado? Con la ayuda de la otra mano, me tomó del pecho y con rapidez me hizo volver. Eso fue precipitado, la mala maniobra produjo un traspié en él. Y terminó cayendo de espalda contra el duro piso de cemento de la azotea, mientras que yo por inercia caí sobre él… Fue un golpe que descolocó mi cabeza, me aturdió… bastante. Y de seguro, él estaba peor que yo… Primero con el dolor de espalda y ahora con mi cuerpo colisionando sobre su pecho.
El dolor físico era lo de menos para él. Antes de quejarse, sentenció con agitación, pero con determinación:
― ¡Tú…! ¡No vas a saltar! ¡Tú no saltarás!
Orden en su voz, sufrimiento que arrastra con el poco aliento que tiene. Lo dice quien viene desarticulando cada una de mis decisiones. Yo seguía encima de él, posé mis manos a cada lado de su pecho y elevé mi cabeza para encontrarme con él.
―No volverás a hacerlo ¿Me escuchaste? ―su ojo izquierdo estaba entrecerrado. Aguantaba el dolor… y no se queja del agudo golpe―. ¿Me escuchaste? ―repitió sin dejar de sacudirse por la falta de aire.
De nuevo, no prestaba atención a nada que no fuera yo. Dejaba de lado, su propia agonía por la caída… Encima con peso extra (yo).
―Perdí muchas cosas… Itachi ―quería que él lo entendiera, esto no es… La desestabilidad en un inconsistente adolescente, un acto que pone pies arriba la cordura de un padre. Todo lo que sentido hasta ahora, es superado en crecimiento. Por "esto" que habita en mi sangre, todo lo que vivo va más allá.
Es cierto que resbalé… y qué dudé de irme con Kimimaro. Sin embargo, viéndolo bien. Quizá hubiera sido lo mejor agarrarme de Kimimaro, aún si eso significara elegirlo por sobre Itachi.
Todo se estaba desmoronando y abandonar el barco antes de presenciar el horror del siniestro, era mucho mejor. No era un chico que había sido rechazado por la persona a la cual amaba y que buscaba desahogar sus penas con un suicidio. Esto era mucho más grave. No me permiten jugar tenis, me peleé con mi mejor amigo, la relación con papá… es absolutista, mamá llora por pequeñas cosas… Una chica me habla de amor y yo… envidió sus sentimientos ¿Qué habría pasado, si hubiera tenido la oportunidad de hablar con Kimimaro Kaguya? Tuve la oportunidad de hacerlo. Lo Desperdicié, al paralizarme por tirarme al precipicio.
Mucho más fuerte que todas las razones antes nombradas, yo tengo estos ataques de dolor… y no quiero gritar, para que todos sientan lástima por mí.
Todo está a punto de explotar, cada persona se compadecerá de mí… y yo les daré la razón, al caer. ¿Puedes imaginarte lo que es caer… y que todos te miren con lástima?
Mientras pienso en mi desastrosa vida, con la firmeza que me falta, él lleva su mano derecha hacia mi cabeza, haciéndome regresar a sus brazos.
―Y solo por eso vas a dejar todo… ―continuaba con ese aire convulsionado, que no se iría, que persistía en atorarse en su tráquea.
Él había logrado romper el palo de escoba, sabía que no resistiría mucho. Confiaba en que aguantaría lo suficiente, hasta que yo saltara del edificio, ¿tanto me demoré de saltar? Escuché a Itachi decir mi nombre, al tiempo que daba horribles puñetazos sobre ella y yo ni pensé… que él no se conformaría con dar "golpecitos" en la puerta y llamarme con paciencia, realmente buscaba detener mi muerte anticipada. Una deceso que tarde o temprano llegaría. Itachi… No quieres verme morir rápido y sin dolor… ¿Prefieres que muere lentamente y siendo el conejillo de indias de los médicos? ¿Quieres que siga fingiendo… que mi cuerpo está perfectamente?
― ¿Te parece mucho el estar muriendo…? Si no es hoy, mañana estaré diez metros bajo tierra ―dejé que saliera la resignación, tentando pronto al llanto.
Por la demoledora verdad, me abrazó con más fuerza, si fuera posible.
―Eso no pasará ―asevera, lo haces ver fácil.
¿No pasará? ¡No me has visto! Mis dientes, mis manchas en el cuerpo, mis desmayos y las fiebres que interfieren sin dar aviso, me asusta… me tiran al piso, sin que haya nada que pueda evitarlo. Que lo digas… no impedirá, lo que a estas alturas es inevitable. Una junta de médicos, mucho más familiarizados con las enfermedades que tú y yo, ha coincidido en que estoy muriendo. Que el veneno que llevo en mi interior, está contaminando todo.
Está destruyendo lo que intento sostener.
―Sucederá, mis días en este mundo están contados ―contesté, haciendo las pausas para que me escuche y la comprensión filtrara en él―. Fue decidido, yo debo morir.
Maternal, cuento la triste historia, escondiendo la desdicha. Tengo una fecha de caducidad. Sabes, Itachi, que los alimentos podridos se desechan ¿Lo entiendes?
―Te prohíbo que vuelvas a decir esas cosas ―me devuelve enojado.
Una evolución sónica, ni tú vas a conquistarla. Avanza, la destrucción de las células, reticentes a la regeneración.
―Tapa el sol con una mano, seguirá brillando. Aún si me obligas a no hablar de la muerte… Seguirá estando en mi mente ―Yo hablaba convencido, todo este asunto estaba decidido para mí.
Porque sigues en la fase de negación, esto no me hace bien ¿por qué insistes?
El agarre cedió. Itachi dejó de abrazarme, me sorprendió muchísimo que me soltara despacio. Me incorporé para sentarme en su regazo, bien podría haber aprovechado esta oportunidad y saltar de una del noveno piso. Pero me tenía preocupado, el trance en que estaba mi hermano mayor, cuyos ojos parecían guardar un oscuro dolor.
―Tu mente. ¿Es ella la que te instiga a suicidarte? ―Me miró decidido al extremo, dejándome sin aliento por lo que diría a continuación:― Entonces haré que olvides…
Se incorporó con dificultad, sus nudillos estaban sangrando. El ver su sangre me asustó, estaba por tocar esa mano bañada de rojo. Él rápidamente me apretó por debajo de mis hombros, tan enérgico para hacerme gemir. Era increíble que ni esos significantes golpes, le quitaran energía. Como si no estuviera lastimado, ¿le quedaban fuerzas en los brazos, después de haberlos abollado contra la puerta?...
¿Esos puños colisionaron sobre una puerta de fierro inaccesible? ¿Él… estuvo lastimándose por… mí?
Ha sangrado, debido a mí.
Heridas delatan su preocupación excesiva, las palabras pudieron faltar… y el reparar en el vivo río rojo sobre sus nudillos, me hicieron ver… qué él es así. No se malgasta en develar opiniones, en participar de acoladas discusiones, no aboga por ningún bando…
Porque tiene el propio. Siempre está en el punto medio, es el único… que preferiría ser el árbitro en un partido de fútbol, que ser uno de los once jugadores de cualquier equipo. Es… extraño… que quieras contemplar y posicionarte entre las bravas mareas, Itachi. Y lo es más, verte alterado.
Él presionó más, en mi cuerpo, cortando la culpa naciente.
―Mmm … ―quise pararme, más era imposible cuando Itachi deseaba detenerme allí. Bajo la protección de sus brazos.
―Entonces controlaré todos tus pensamientos ―rumió, ni quitaba la presión.
Controlar pensamientos… Al estilo Orwerlliano, ¿Te crees capaz de manipular mi mente?
―Voy a lograr… que pienses solamente en mí, no voy dejarte ni un maldito segundo en paz ―presionó con frenesí.
Una persona está presente, cuando la ves más de una hora por día. Si tú no me dejas respirar…
―No es posible que estés las veinticuatro horas pendiente de todo lo que hago. Esta semana te olvidaste de mí, estuviste días enteros sin verme el pelo ―más que una contraofensiva, tiene el tinte del reclamo―. Aún así, no entiendo cómo te enteraste de mi suspensión en tenis.
Te tuve un día, conmigo. ¿Qué hay del resto? ¿Por qué si no estabas, te comprometes a estar?
―No existe persona que se haya librado de su sombra ―expresa, sin quitar sus manos de mi cuerpo.
Peterpan perdió a su sombra, aunque solamente fuera en una historia ficcional. No voy a apelar a la creatividad mágica, que no tiene peso en esta discusión. No necesito valerme de impugnaciones fantásticas, tengo mi contraargumento con más peso real del que espera:
―En la noche las sombras duermen… ―soplé débilmente.
Ante la oscuridad… Inevitablemente, descansas. Hermano, te he visto perderte por días y caer en casa pasada la medianoche. Sé que te tiras en la cama, totalmente acabado y te duermes sin haberte desvestido.
Me miras serio. Debes abrir los ojos, deja de ser necio. Tú no eres así… ¿Por qué ahora pretendes agitar la paciencia?
―Las sombras se confunden en la oscuridad, que es distinto ―alegas, con la habilidad de un abogado.
¿Dices que no dormirás? Que si te conviertes en una sombra, no te despegarás ni un milímetro de mí. Absurdo, ¿quién lograría tal hazaña?
―No vas a aguantar más de once días, el record de Gardner en el Güines es…
Esta necesidad de oponerme, me hace levantar hechos meritorios. De personas que conocieron la gloria, y señalo un límite. El límite que todos tenemos. No podrás estar despierto para protegerme así en la oscuridad como en la claridad. Pero me interrumpes antes de que mis ideas se transformen en una oración:
― ¡No me contradigas! ¡Todo lo que te diga lo vas a manipular con lógica! ¡No eras así! ―exclamó mi hermano mayor, presionando con brutalidad mis hombros, que rápidamente soltó al sentirme temblar por su acción brusca―. ¡Esto no es uno de esos concursos de argumentación que debas ganar!
Mis labios se despegan lentamente. Por instinto, el gato exhibe las garras, yo tengo que dar la contraofensiva. No hay un guión para repeler el debate. De repente, me di cuenta que… No había nada en mi cabeza para decir. Absolutamente nada.
No es que hubieran sido saboteadas mis respuestas, sus ojos habían cambiado, en ellos había una fuerza a la que no pude atacar… Como la mirada matadora que usaba la profesara de historia sobre Naruto, al encontrarlo dormido en una clase. Él me hacía sentir pequeño y a segundos de ser eliminado de la faz de la tierra.
Y… di el más amplio concepto de asombro, con mi voz que duerme frente a lo que dice a continuación:
― ¿No te das cuenta… que digas lo que digas, voy a perseguirte? ¿Tanto te cuesta aceptar que no quiero y no voy a dejarte? ―reveló, como la promesa inquebrantable que mantendría por el resto de su vida.
Entonces me vi a mismo, imponiendo mi visión negativa ¿No vas a dejarme? ¿Yo soy el necio?
―Itachi… ―solo pude recitar su nombre y quisiera poder decir algo más que su nombre.
―Escúchame ―exigió, no era necesario. Sé que le dejaré continuar, mi existencia se ha vuelto patética desde que su voz… ha vencido a la mía―. En este mundo nada es más importante para mí. Ni mis amigos, ni mucho menos esa rubia con la que me viste… No existe nadie ni nada más importante que tú ¿Te llamas a ti mismo el mejor alumno del colegio y mejor tenista… si ni siquiera has notado lo cerca que he estado de ti? ¿Dices que es imposible convertirme en tu sombra? ¿Y qué se supone que he estado haciendo hasta ahora? ¿Qué mierda estuve haciendo, si no es correr detrás de ti? ¿Qué carajo hice, si no es estar pendiente de ti? Solo ves… lo que quieres ver… Me sigues viendo con tus ojos vendados, ¿Crees que me gusta que actúes como si no me conocieras? Tú… solo ves a través de tus ojos. ¿Desde cuándo eres tan ciego?
¿Qué solo veo… con mis ojos? ¿Y cómo se supone que debo mirarte? Dices que estabas al pendiente de mi vida. Y yo… Es que… ¿qué lugar ocupo en tu mente? ¿Tiene un significado esta vida que se acorta en tu línea que se extiende?
Y otra vez, quebrantas mi lamentable latido de corazón:
― ¿Es que no ves… que eres mi universo?
Y mi pregunta, es respondida.
Tu…
Tu…
Universo.
Tu… Universo.
¿Soy yo… el escéptico?
―Itachi… ―La evidencia hace gala, esta deplorable voz, dice que me ha aplastado dulce y tristemente.
Con mi voz ahogada, mantuve mis labios sin cerrarlos, tan solo desprendí en una brisa su nombre. El suicidio realmente es una decisión unilateral, que no puedo tomar… La persona de la que no quiero desprenderme y ante la que no quiero arrastrarme, dice que soy… su universo.
¿Itachi eres consciente de lo que tu revelación puede provocar? ¿Sabes que no es una cosa que puedes soltar… solo porque sí? La habilidad que no te cansas de alardear, tu lectura sobre mis pensamientos, da otra muestra:
―No voy a retirar las palabras, que evocadas han sido para ser escuchadas… retenidas, como el obsequio que no se devuelve. El vivir por ti… No te bastó para que lo entendieras. Lo repetiré hasta reventarte la cabeza… Eres mi universo.
Y lo repites, para que comprenda que no se trata de una confusión de sonidos. Te escuché bien.
―Estaré para ti… Solo para ti, es lo que te prometí y lo que me juré… cuando naciste. Y es lo que confirmé la noche que fui a tu habitación, después del accidente… Sé que no lo recuerdas, has olvidado tantas cosas. Sin embargo, aún si quieres seguir alejándote de mí… Yo… voy a seguir haciéndolo. Yo voy a continuar… detrás ti. Porque si lloras, estaré para borrar tus lágrimas. Si tienes miedo, te abrazaré y si te caes… estaré para levantarte. Estaré contigo, cuando el miedo te venza y pierdes tu Confianza. Es mi promesa… que se mantendrá por cada día de mi vida. Y voy a cumplirla y me importa una mierda que creas que suicidarte es la única solución. Dejarte saltar… No es una opción, Sasuke.
Un peso crece en mi estomago, un yunque sobre mis tripas, bloquea mi respiración.
"Si lloras, estaré para borrar tus lágrimas."
Mis hombros se encogen y se aceleran los latidos de mi corazón.
"Si tienes miedo, te abrazaré"
Y me tiro sobre ti. Las fuerzas que me fueron arrebatadas, me son regresadas y te regalo un fuerte asombras… En segundos te repones y me correspondes, pasando tus manos por mi espalda.
"Si te caes… Estaré para levantarte."
Inevitablemente, la oratoria poética… es lo que mejor se te da. Una lanza argumental, es un arma de la que deniega mi mente, que se rinde ante tu canto angustiado. Tienes la voz justa… y las palabras adecuadas para hacerme…
― ¿Estás llorando, Sasuke? ―Lo has notado como es natural en ti.
Sentirme triste y feliz.
Aturdido, por tu arte innato de leerme, yo un papiro con símbolos de una extinta civilización, que está siendo cifrado… Me negué a ser comprendido.
―Solo sigue abrazándome ―exigí, realmente debía verme como el patético paño de lágrimas que nunca quise ser y al que menos quise ver.
El llanto es de las acciones humanas, que detestaba con supremacía y de la que jamás quise hacer uso. Antes de mi enfermedad, estuve años sin llorar. Cuando Kimimaro se fue del país a hurtadillas, el estado de abandono dolió como pequeños agujas sobre mi cuerpo. Terrible la desazón de la olvidada melancolía, que aún con el agudo dolor que creí tener no me quitó ninguna lágrima. Esa vez tendría que haberlo entendido… Fue un momento difícil, más no lo bastante como para que agonizara.
Ahora. Todo es insoportable. Esta enfermedad que avanza a pasos agigantados, el sentir que no vale la pena seguir luchando y de repente… Ser salvado de morir por un tropezón. Ser sermoneado con palabras que no puedes no amar. Amas esas palabras. Amas oír que te estuvieron cuidando, sin que lo percibieras… Por ser un egocéntrico que creyó no importarle, a la única persona que quisiste impresionar. Tenías su atención, cuando no creías tenerla.
"Otouto… No importa cuántas veces sea, siempre estaré para ti…" Pasaron años, dando antigüedad a la promesa que recobra vitalidad. Un escudo que protege de las inclemencias climáticas, hoguera en el ártico, representa la única habitación que no ha perecido en el derrumbe… Lo es, toda esta vida (tuya) que ha sido reducida a escombros, todavía un área intacta conserva.
De las millones de habitaciones, la única… que no quisiste abrir. A la que ahora acudes, desesperadamente.
Estoy aquí… Aferrándome al ala protectora de mi guardián terrenal.
Y lloro inconsolablemente. No me detengo, no contengo mi infelicidad revestida de felicidad. Y te abrazo, no te quiero soltar. ¿Soy el peor de los indecisos? ¿Por qué buscaba alejarme de ti, si al tiempo te reclamo mentalmente por no estar…? Si todo el tiempo te reclamo, te maldigo en mi mente… y en un santiamén vuelvo a confiar en cada una de tus promesas. No te necesitaba, era la respuesta que daba al ser interrogado por mi mejor amigo sobre nuestra distancia. Me sentía tan poderoso –el mejor promedio y tenista, el futuro ingeniero de la familia Uchiha-, que me convencí de que eras una pieza prescindible de mi tablero…
Y de repente, esta historia toma un cambio de trama. Oscurece… Los edificios de mi ciudad se derrumban y…
Al primero que quiero ocultarle todo… es a ti.
Al primero al que quiero engañar… es a ti (escondí manchas de sangre en el baño, contigo a noventa y nueve centímetros).
Paradójicamente, al primero que llamo… es a ti.
La primera relación romántica que no me fue indiferente… es la tuya (yo… no soporté tu beso con esa "Cualquiera". Sin conocerla… para mí esa hueca rubia es y será una "Cualquiera".)
La primera conexión rota que lamenté… es la nuestra (odié que no supieras nada mí, aunque fue sola una creencia momentánea)
¿Por qué me pongo fatal si no estás… al punto de casi perder un partido de tenis? Yo jugaba sin pasión... Hace unos meses acepté que no odiaba mi deporte y que era una de las cosas que disfrutaba. Aún si me dejaba agotado, quería seguir doblando mi muñeca. Ante un nuevo partido, tuve el deseo de que alguien me viera en la cancha. No fue un error… (darte una invitación a último momento). Te quería conmigo en ese partido contra Abarai. Prometiste estar y tu ausencia llegó al punto de hacerme olvidar que estaba sujetando mi raqueta… Casi pierdo, debido a ti…
Kimimaro también me falló, en dos partidos… Actué como un estúpido exagerando su falta. Cuando me felicitó por "mi gran actuación", le respondí con hielo "Gracias, es lo mismo que dicen los diarios de esta mañana". En cambio tú… solo te disculpaste por no estar. Pude haber fingido que tu asistencia no era elemental, sin embargo al instante te perdone… La rabia, pasó a ser felicidad, con la simple mención de que hubieras estado en el estadio por mí.
¿Esta enfermedad ha ablandado mi corazón…?
No.
No ha sido obra de mi condena. Yo… una persona que naturalmente guarda resentimientos humanos, creo que puedo perdonarte todo.
Eres luz… Eras la luz que borra las tinieblas que quieren hundirme en la miseria de la que quiero escapar.
Te empujé, volvimos al suelo. Estaba llorando sin preocuparme por ocultarlo. Fueron varios minutos, en que mojé tu cuello. Me sequé con una mano, restregando las lágrimas sobre mi rostro. Había cambiado el curso del mapa, navegante que se guía por las constelaciones. A pesar de que el destino era distinto, en cualquier momento, podría retomar mi idea de lanzar al abismo… Y tenía que asegurar de no hacerlo:
―Sácame de aquí, antes de que me arrepienta. Llévame lejos de este espantoso lugar ―le pedí, dejando descubierto mis ojos rojos.
Itachi sostuvo mi rostro con sus manos, sé que prefería dejarme a merced del personal del hospital, a fin de que el milagro divino se presentara. Respiré casi desfallecido del llanto. Tiene que ver a través de mí, lo miré con súplica. Esto no me hace bien… y él tiene que entenderlo.
―Solo si prometes que ya no me esconderás nada ―susurra con la firmeza que me ha amansado.
¿Qué más voy a ocultarte? Asentí varias veces, más lágrimas… Las que pensé que se guardarían, desbordan sin que pueda detenerlas. Sus dedos presionaron en mi mejilla, agua cae… Me tocas. A ritmo pausado acercas mi rostro al tuyo. Te miro, hermano… Te ves fuerte y yo tan débil.
Sin soltarme, baja la cabeza hacia mí. Sus labios secan la humedad sobre mis mejillas. Mis brazos cayeron, a penas lo sentí tocar mi piel. Yo no sé por qué lo hizo, aún sin reponerme de la acción inesperada, vuelve a asombrar a la extrañeza: él besó mis ojos.
― Yo sigo aquí… Nunca me fui. Todo estará bien. Yo… estoy aquí. Tu hermano mayor, está aquí ―las reconfortantes palabras que salen de esos labios que me tratan con cuidado, abollan el estupor porque abrigan a mi corazón―. No llores…Sasuke, estoy contigo.
Esta renovada fuerza que invade mi cuerpo, me hace abrazarle. Necesitaba esto… Que alguien estuviera conmigo. No solo a través de las palabras, o sí. Exigí un guión excelente con la mejor de las interpretaciones actorales, que fuera Real… o al menos con el poder para engañarme sobre su fidelidad. Lo primero, es más de lo que pude soñar. Hoy más que nunca me sentí el menor. El tonto hermano menor que quiere ser consolado por su perfecto hermano mayor. Así, nuevamente, lloré sobre su pecho.
Nos tomamos unos minutos para recuperarnos, o más bien para que yo dejara de sollozar. Al ponernos de pie, Itachi me pidió que subiera a su espalda. No me quejé, animado enrosque mis débiles brazos a su cuello y me apoyé en su hombro izquierdo. Las piernas me temblaban, agotado no pude aprisionar su cintura y colgaban de los fuertes brazos de Itachi. Uno de mis grandes misterios, es el por qué Itachi era más vigoroso que… Papá. Antes de ser adulto, quizá a mitad de la adolescencia. Itachi había superado en fuerza a nuestro padre. Hasta mamá lo notó, pero nadie se atrevió a mencionarlo en la mesa
En el ascensor, una enfermera preguntó por mí. Mi hermano mayor felicitó a la mujer por ser observadora y dijo que yo estaba "consentido" por tener bronquitis. La mujer le dio unos consejos a Itachi para el cuidado de mi supuesta dolencia. Ella y su fea sonrisa, entretuvieron a mi hermano mayor, en el punzante tiempo que no se acababa.
Ella y su horrenda gracia… Entretuvieron a Itachi.
Eterno dialogo entre mi hermano y esa señora maquillada, se dilata para gastar toda palabra existente en el diccionario. Irritante, dos personas intercambiando ideas en la misma frecuencia. No me sentía del todo bien, mi salvador se olvidó de mí… ¿Por qué el ascensor se atrasa entre las estaciones? Piso seis, hace diez horas que estamos aquí. La odio… La odio a ella que campante traza gestos coquetos, pretendiendo ser ninfa.
La ausente fuerza, reapareció. Mis piernas pudieron por fin sujetarse a la cintura de él y lo rodeé… Itachi dejó de contemplar a la enfermera y me miró… Levantó una ceja por mi repentina arremetida.
―Me mareé un poco, saben que no estoy bien ―fingí. No estaba al cien por ciento, más mi actitud era por una cosa distinta a lo que ellos podrían sospechar.
Silencio, ni él ni la otra valoran mi disculpa. No tuve las ganas de ocultar nada,miré receloso a la mujer, sin soltarme. Armé un cerrojo sobre Itachi, presioné al punto del ahogo a mí hermano mayor, sin dejar la suspicacia de mi rostro. Un oscuro sentimiento nubla mi pecho, huye la discreción junto a la cordialidad, incrementa el recelo que a grandes cucharas pasa por mi boca.
La enfermera contrariada me regaló una expresión asquerosa. Aspiró remilgada, el moco le habrá llegado al cerebro. Dio una ojeada al panel de control, se desorbitó al ver el tablero que marcaba el piso 4. Presionó airada el botón de apertura. Casi se cae al salir apurada, claro ella estaba tan concentrada en simpatizar con un apuesto joven que terminó por desatender sus obligaciones altruistas. Ojalá que la reprendan, sería justo que el director del hospital la reprenda por parlotear en vez de atender. "Enfermera calentona" insulté por dentro al verla correr por el pasillo. Lástima que la puerta del ascensor volvió a cerrarse, cortando la vista del circo que montaba con sus traspiés de tacón.
Salimos del edificio, sin la presencia desagradable de la enfermera. Yo continué viajando recostado a esa protectora espalda, sereno. El auto estaba a dos cuadras, y él se negó a que usara mis pies. Me hizo sentar en el asiento del acompañante y me colocó el cinturón de seguridad. Antes de encender el motor, Itachi acarició mis cabellos y besó mi frente.
Nuestros padres seguían en casa del abuelo, eran las ocho de la noche y nuestro fin de semana fue… tenso, con mi intento de suicidio en la bañera y luego en la azotea tras contar lo que me sucedía. Al llegar a casa, Itachi quiso trasladarme hasta mi habitación. Le pedí que no lo hiciera, necesitaba reordenarme un poco después de todo lo que viví. Con cuidado, mi hermano me ayudó a descender del auto. Yo bajé la vista al piso, me miraba. Sé que quería preguntarme qué sentía. Habíamos pasado por una inmensidad de situaciones y la emblemática, demandaba una explicación. Mi enfermedad, debíamos conversarlo y no tenía idea de cómo abordar la situación.
―Yo… ―No tenía ni idea de qué decir, y me paralicé al ver su mano sujetando mi brazo izquierdo.
¡Cómo lo había olvidado! Sus nudillos sangraban. Habían sangrado desde que tuvimos la discusión en la azotea.
―Tú… ―gemí, aún observando los trazos carmín sobre su piel.
Los dos estamos parados en el living, Itachi suavizó sus ojos. No decía una palabra, allí la mudez se come a las palabras. Titubeo que calla, me carcome.
―No es importante ―redujo el caso, porque sabía que afligido veía la sangre y repara en el estancamiento del que no saldré, por eso recalca ―: Ni duele.
Él aleja el dolor que se expresa con sangre. Reluce, un rojo brilloso en agua, flamea para encender mi pecho. Se oprime, quema el ver sus manos manchadas de escarlata.
―Pero a mí… a mí… ―Pude contestar, reafirmando mi dolorida situación frente al pasmo de Itachi―. Me mortifica que estés herido.
Es el turno de mi hermano para callar. No es que esperara alguna devolución de él, a decir verdad me hubiera encantado saber que piensa, ahora que sus pupilas paralizadas se estancan en un punto perdido.
Estaba un poco mareado, por esa rara opresión a la altura de mi pecho, impreciso me dirigí al tocador, en busca del botiquín de primeros auxilios. Con éste en mano, regresé al living. Itachi, había recuperado su mirada aguda, había dejado de contemplar la nada y se enfocó en mí. Era algo incomodo, no saber qué pasaba por su cabeza. Me senté a su lado, en el sofá de tres cuerpos y agarré su mano… caliente, contrasta con el nulo calor de mi cuerpo.
Limpié los restos de sangre con la ayuda del algodón y el agua oxigenada. Apliqué el desinfectante y procedí a vendarla, frente al interés de él.
―Ésta también necesitaba de tus cuidados ―Itachi me tendió la otra mano, que por cierto lucía tan deplorable.
¿Cómo podía soltar algo así, usando una voz seria? Pensé, mientras brindaba una atención a la otra mano. Apliqué el antiséptico sobre los nudillos y di una vuelta con la gasa. Dos puntos rojos decoraron la venda, me hizo sentir peor y dejé el trabajo a la mitad.
― ¿Fue mi…? ―Un nudo, me obligó a detenerme. Culpa, es lo que me hacía contemplar la venda, desenfocado.
Centrado en mi pequeña existencia, cerrando mis oídos para no escucharle… Lo único que incité fue al fiero rasgado de su piel.
―Tuve que hacerlo. Sabes que me vi obligado a hacerlo ―afirmó, movió la mano curada a medias y con ésta levantó mi mentón―. Es el precio mínimo que debí pagar y no me arrepiento… Te tengo conmigo ―acarició mi labio inferior, una rara ansiedad circuló por mi sangre, subía y bajaba.
Itachi sonrió. Lo miré, pude hacerlo, parpadeando de ratos ante su ecuánime rostro. Pero esas pupilas dejaron de concentrarse en mí, había bajado unos milímetros la cabeza. Había algo que, precisamente ahora, le hacía entreabrir la boca. No me prestaba atención, sus ojos parecían suspendidos… Yo susurré su nombre. No estaba conmigo, había viajado a un paraje lejano. Casi naufragante en su mundo, Itachi ejerció una leve presión sobre mi labio tocado. ¿El efecto? El menos explicable en la tierra. Se evaporó la incertidumbre, pronto la sensación de vacío invadió mi estomago, ausencia desgarradora, quise aquietar ese dolor resucitado… Que no me tocaba siniestramente, entremezclaba a la dulce agitación, me hacía rememorar el abrazo de hace unas horas. Fortalecido, a diferencia de la debilidad del abrazado, el dedo de Itachi recorrió mi boca, no quitó sus ojos del trabajo de sus dedos. Por supuesto que me inquietaba un poco lo que hacía, tocaba mi labio… Y no estaba jugando, concentrado frotó mi carne.
Si fue el manoseo, si fue incomodidad… Yo gemí con un "ah" debilitado, Itachi retiró su mano. Lo que ciertamente me decepcionó, no me gustó el tenerlo cerca y luego sufrir la lejanía. Es que él… Está cerca, está lejos… Me inhibe su cercanía, pero me deprime su distancia. Pensamientos absurdos, nacen y mueren, empeorando el extraño malestar. Este alboroto de emociones que crea en mí, es desconcertante.
Él mismo se enrolló la gaza, relevándome de mi tarea. Tampoco me agradó que lo hiciera. La noción de responsabilidad germinó en mí, era mi deber curar sus heridas.
La atmósfera que nos atolondró, desapareció y no regresaría para envolvernos con su sábana. Le dije que subiría a mi habitación. Ya en ésta, recogí los restos de mi celular… El cristal estaba quebrado, se ganó el pasaje al basurero. La rabia de la noche pasada, me envenenó y había aventado contra la pared al pronunciado rey de las comunicaciones. Esto me va a costar un sermón de papá.
Decidí tomar un baño para eliminar el olor a fármaco de mi cuerpo. Es increíble que con tal solo estar una hora por esos corredores, se te pega el hedor a enfermo. Tomé varios minutos para arreglarme, antes de ponerle la cara a mis problemas. Había dormido en el hospital, no estaba cansado y regresé con mi hermano mayor. Le debía una conversación, pensé en dársela más temprano que tarde. Todo en el hospital había sido… angustiante, hasta que Itachi apareció.
El descenso de las escaleras no fue mucho más calmado que la noche anterior, al ser subidas atropelladamente por la muerte de Kimimaro.
Y ahora…
Que las confesiones electrónicas no viajaran hasta él, asimismo que el tiempo gastado para comunicarme ha sido un desperdicio, es un mal trago que pasó por mi irritada garganta. Una sopa putrefacta que mi estómago digería aceleradamente, dando un espacio a un ligero respiro tras el ahogo. La muerte del profesor no me afectaba al punto de querer suicidarme. Si traté de saltar del noveno piso, se debió a la sensación de… Estar rodeado de personas, sentir que puedes contar con todas… Sin embargo, saber que ninguna te calmará, te angustiarán mucho más, con esto de "¡cuánto lo siento!". Todos podrán enarbolar frases confortantes, no serían más que lástima. El decir "¡pobre!" con la mirada, no produce otro efecto que el acrecimiento de la miseria, no quiero oír un "Cómo lo siento"… No necesito que nadie lo sienta, porque solamente yo lo siento. Yo experimento por mí mismo el dolor.
Precisamente, por esto… Callé. Para evitar el síndrome de la compasión colectiva, que se multiplicaría a través de redes sociales con las típicas postales cibernéticas que harían viral mi cáncer. Preferí guardar todo… Yo cerré la boca, pero mi cuerpo no pensaba igual. Me impidió jugar libremente.
El hospital de paredes blancas, el olor a enfermos incurables, terminó por empujarme a la azotea.
"¿No te das cuenta… que digas lo que digas, voy a perseguirte?" Confesó mi hermano mayor.
Tú… ¿Vas a perseguirme, niisan?
El solo hecho de recordar la amenaza…
Río sin pensarlo, cuando ayer lloré desconsoladamente sin controlar las mareas.
Tú…
Eres la primera y única persona que me ha visto llorar. La única que conoce mi secreto.
Mi secreto…
Merece una modificación esta aseveración, nuestro secreto.
En el living, Itachi miraba con detenimiento su teléfono. Ansioso por saber qué le mantenía absorto, avancé lento. Me recliné para ver. Él escondió con rapidez el móvil. No me gustó que escondiera el objeto.
―Es una conversación con una "amiguita rubia" ―solté un poco molesto.
Tirar la piedra que diera el inicio a un fiero enfrentamiento de términos malsonantes, no era mi intención. Ni sé por qué me enojé. Supongo que pretendía hablar de cómo me sentía y usarlo de psicólogo ad honorem. El pronosticar que está entretenido leyendo mensajitos de la rubia teñida, desvía mi humor. Él me miró directo, sonriendo victorioso por la mención de esa mina y me aseguró:
―No te va a gustar ―Augura para no cederme un breve vistazo.
La tonta razón era ésa. "No te va a gustar". Yo estreché mis cejas, me crucé de brazos… Un sabor amargo se deslizó por mi garganta. ¿Qué corno sabría? ¿No será que pretende esconderme un mensajito asqueroso? ¿Es la forma más infame de decir que no me meta?
―Eso lo decido yo ―bufé, sin recordar que no debía "insistir".
Era su vida, sus conversaciones y sus contactos PRIVADOS. Su vida y sus mensajitos estúpidos. Sus notitas con una puta… Una bruja tan falsa como el color de sus cabellos. Una rubia de New York, con el pubis de negro. Labios grotescos de rojo que te llenan de vulgares besos el rostro, si permites que te ensucie. El perfecto semblante de mi hermano, seguramente fue tapizado de un mugriento pintalabios, la idea me vino a la mente. Centré toda mi disconformidad en la mejilla de Itachi, ¿cuántas inelegantes roces recibieron su cuerpo? ¿La infame rubia de New York, conocería la piel de mi hermano mayor, tapada por las necesarias prendas?
Avanzan, las absurdas acusaciones, los insultos hacia una figura desconocida, aumentaron. Creció un oscuro dolor en mi pecho y no es placentero, que se repita la misma sensación que tuve con la enfermera. Es hilarante que maldiga a una persona sin conocerle el nombre ni el rostro.
Un extraño gesto se define en la boca de Itachi, ¿es una mueca de disgusto?
Estoy indignado ¿Por qué tiene que cartearse con una arpía? ¿Por qué parece no entenderlo? ¡Una puta quiere entrar en sus pantalones! Una sensación horrible a la altura de mi corazón, me llevó a abalanzarme sobre mi hermano. No es mera curiosidad, ha dejado de serlo. Es como si toda mi vida dependiera de revisar su teléfono móvil. Sí, quería leer lo que fuera que le hubieran escrito.
Dirigí mis manos hacia la derecha de él, que astuto la extendió hacia atrás. Peleamos un tiempo hasta que Itachi pidió un "cese de hostilidades", con un ronco gemido. A esa altura, me había sentado sobre su regazo. Me había balanceado sobre él… Mientras él trataba de irse para atrás, me levanté de su cuerpo, para sentarme a su izquierda. Itachi borró el gesto juguetón, ése que apareció mientras yo le asediaba. ¡Habré sido un histérico! ¡Me desconozco, me arrepiento de haber liberado al torpe impulso!
Al tiempo que me tapaba la boca, incapaz de comprender ese resurgido arranque infantil, Itachi me mostró la pantalla brillante. Apresurado le di una lectura visual. Era un mensaje del Grupo Akatsuki en Line. Sus amigos le pasaron una foto de los sonrientes alumnos de la secundaria Mirai Gakuen, los chicos que fueran los rivales del Club de Tenis de Konoha. La imagen, retocada por photoshop, tenía impresa la palabra "Champions"
El reproche interno que armé por la rubia se disipó. Mis manos temblando, se encontraron con las de mi hermano.
― ¿Ellos… han perdido? ―presioné el celular, junto a la mano de Itachi.
―Te decepcionaron ―reveló sin ningún rastro de emoción, que fuera visible para mí.
―El resultado no estaba dentro de mi análisis ―mascullé, sin poder creerlo.
¿Tenten y Lee han sido vapuleados por Mirai Gakuen? ¿Konoha Gakuen, el equipo ganador de las nacionales del año pasado, ha caído? ¿El favorito del torneo?
―Yo digo, que te sigue importando ―susurró mi hermano cerca de mi rostro.
Itachi deshizo mi agarre y se levantó. Tomó el celular, que yo sujetaba aún impactado por la tremenda noticia, y lo dejó en la mesa ratona del living.
Estuve unos minutos rígido. Visualicé el partido en mi cabeza, para hallarle un sentido al resultado… Imaginé los grises de la formación presentada por el capitán. El dobles de Tenten y Lee tendrían que haber sumado una victoria, Neji tuvo que lucirse, del resto al menos uno tendría que haber ganado un partido.
Revolviendo todo, para entender la caída de Konoha, me fijé en el móvil sobre la mesa. El celular de Itachi estaba quieto a dos metros. Estiré mi brazo para agarrarlo. Necesitaba saber más… y pensé que la conversación de Itachi y sus amigos no se habría detenido con una simple foto ilustrativa de los campeones.
Una contraseña sin duda frenaría mi intromisión, hecho anormal: el celular no tenía clave. Pude ingresar a la cuenta de mi hermano y abrí el chat más reciente. Deslicé mis dedos hasta ubicar el diálogo del sábado, en el grupo "Akatsuki" a las diez, Deidara era el que inició la conversación con "estoy en el estadio. Te envié mensaje privado, Itachi"
"¿Mensaje Privado" Que Deidara mencionara aquello, me hizo salir del chat. ¿Estaba mal continuar con mi lectura? Levanté mi mirada hacia el portal que daba a la cocina, se escuchó un sonido del agua cayendo por las cañerías. Itachi me dejó el celular… Debería habérselo llevado, como bien hubiera hecho cualquier persona con sentido común. Es sabido que cuando abandonas tu celular, renuncias a tu privacidad. Itachi no es ningún tonto, ¿ha olvidado algo fundamental?
¿Qué digo? Mi hermano jamás tuvo una privacidad telefónica. A los trece… yo le quitaba el celular, él jamás se quejó y directamente me lo ofrecía. En mi infancia, tuve la oportunidad de conocer más sobre él, sin embargo… lo único que hice fue gastar su batería con tontos jueguitos. Su celular era mejor que el mío, no… A esa edad yo no tenía uno. Y el acierto más grande de mi parte, en mi infancia, hubiera sido el darle un espacio a mi hermano mayor.
Pero, aun sabiendo qué era lo correcto, yo siempre preferí lo incorrecto. En lugar de alejarme, buscaba un pasaje del día para entrar a su habitación. En ese punto, todo había cambiado, mi hermano mayor era casi un adulto. Aunque quise, no me animé a pedir un segundo en su tiempo y preferí sentarme en su cama con su celular.
Jugaba con el celular, e Itachi a veces estaba mirándome. Sé que me observaba. Algunas veces él detenía sus estudios cuando yo invadía su habitación. Paralizaba la lectura, suspendiendo su respiración cada vez que ingresaba. Esos ojos, refugio del más hermoso y siniestro secreto, demostraban desaliento.
Y yo, un mal lector de la narrativa misteriosa, imaginé que él estaba enamorado.
Era como si Itachi me mirara, a la vez… No me miraba. Sus pupilas perdidas, levitaban en un mundo a millones de años de la tierra. Creí que mi hermano se había enamorado, porque quienes se enamoran… Navegan sin brújula, tal cual creí le sucedían a sus orbes que parecían hablarme, sin que me susurraran. En él percibí, la paralización intermitente que aquejaba a los escribientes de cartas que no retornarían, enviadas a campos bélicos, la esperanza de una contestación es un absurdo que reanima cada día.
Me confundí. A los trece años creí confundirme, mi hermano había reconocido "Es cansancio… Lo sabrás pronto" a mi temprana adultez para preguntar: "¿Te gusta alguien y no quieres contarme?" y mi consiguiente impertinencia "Tus ojos… Es como si todo el tiempo estuvieras suspirando… por Alguien". No había razones para que Itachi ocultara una relación. "Es cansancio" así se excusó Itachi y yo debí aceptar esa revelación… No pude, habitaba una sutil desesperanza en sus pupilas, que divisé por un corto segundo.
Itachi hace unos meses se abrió al decirme que estaba enamorado, cuando no pude más… Al sentir que perdería todo, sin haber sentido nada, el que ni siquiera fuera un pequeño recuerdo en su vida, me aterrorizaba y le pregunté si sería olvidado, el día que se enlazara para formar una familia y yo… pasaría a ser su pasado.
"Ya estoy enamorado" reveló Itachi. Su corazón había sido capturado, me lo dije hace unos meses y no le pedí el nombre.
¿Quién era tan perfecto… para tener la amabilidad de mi hermano? La amabilidad que todavía retengo y abuso de ésta, preocupándolo cuando ya… Todo lo que él es, le pertenece a una persona desconocida.
Yo… No quise saberlo… No solicité el nombre de su novia. No cambié mi posición, sigo sin querer conocer la identidad de ella. Prefiero morirme sin saber quién era la chica a la que besó en la plaza.
Sacudí mi cabeza, la depuración de pensamientos, que ocasiona el investigar los mensajes de mi hermano, me desconcertaba. No me entregaba apasionado, a la llana indagación de los mensajes, claro que no me rebajé al mal hábito de creer que el teléfono móvil no es privado. Solo quería enterarme bien del juego de Konoha y Mirai Gakuen. Mi celular murió ayer, al chocar contra la pared. Y aunque bien podría quitar el chip del obsoleto artefacto para implantarlo sobre el de Itachi… Capturé con ambas manos, la privacidad telefónica de mi hermano.
Serán dos mensajes, quiero saber el resultado general y Akatsuki podría conocerlo. Decidido, primero busqué el mensaje privado de Deidara, que decía: "Hola, Itachi llegué al estadio como me lo pediste. Neji da miedo, en cualquier momento va a matar a cualquiera, tiene la cara de haber desayunado jugo de cebolla" "Sigo sin ver a tu hermano, Itachi. ¿Cómo vas con el trámite en el banco? Mira que el partido inicia a las 11. Te espero en la expendedora de gaseosas." "Itachi, ya comenzaron. Estaré del lado de la banca de los perdedores, ósea Mirai Gakuen. Tendré cuidado de no ser visto por Sasuke… ¿Sabes? No entiendo por qué haces esto, yo creo que Sasuke sería feliz de saber que no es la primera vez que venimos."
"¿No es la primera vez que venimos?" ¿A qué se refiere? ¿Cómo dice que no es el primer partido al que asiste, si nunca le he visto en las canchas?
Un poco confundido, regresé al grupo de "Akatsuki" para continuar la lectura desde la nota de Deidara.
Pein: Perdón por no decirles antes. Ayer me encontré con nuestro exprofesor Gai, me dijo que Sasuke no va a jugar hoy. Itachi perdona que no te avise.
Deidara: ¡¿Justo me lo dices ahora y en "Line", Líder?!¡Por eso no veía a Itachi-chibi con el equipo Konoha!
Tobi: ¿No está? ¿Sasu-chan no juega?
Kisame: ¿Lo sabías Itachi?
Pein: El martes Itachi me pidió el día libre, pensé que era para ver a Sasuke en el estadio. ¿Cómo van, Deidara? ¿Has visto a Itachi?
Deidara: No, Itachi no responde mis mensajes. Es una lástima que venga, si Itachi-chibi ni juega. Acaban de perder Dobles Dos, a ver… leo… 6-1.
Hidan: Uyyyy Son pésimos, pensar que fuimos a verlos el año pasado ¿se acuerdan?
Konan: ¿La final? ¿Cómo olvidarlo? Sasuke barrió el piso con el chico del otro colegio. ¿Cuál fue el resultado?
Sasori: Fue 6-0, en trece minutos. Deidara se lo perdió al ir por bebidas para el grupo.
Una hora después, la conversación siguió:
Deidara: Increíble ¡Konoha cae en dobles uno! ¡Sasori, gracias por recordarme que me perdí el partido relámpago! Itachi, no te enojes, pero reconoce que tu pequeño hermano es un engreído… se hubiera contenido un poco. Yo no me demoré nada con la máquina de las latas. ¡Y te recuerdo que fui a ver a tu hermano, no a los otros uh!
Kisame: Jajaja Estuvo esplendido, Sasuke aplastó al tipo solo con la mirada. ¿Tu hermano no pensó en ser jugador profesional, Itachi?
Hidan: ¿El cejotas y la marimacho perdieron en dobles? ¡Se los dije son perdedores! ¡Todos son pésimos, con excepción de tu hermano, Itachi!
Deidara: Sísísí, perdieron es que fue un dobles raro, Hidan. Estaba la chica pucca con un salame que no cazaba una. Los acribillaron con 6-2 en dobles uno.
Hidan: ¿Y qué hace nuestro "Pequeño Genio"? A este ritmo no va a jugar. Te jodiste, Deidara. ¡En tu cara, rubia! Si no fuera por el muerto que nos calló, todos estaríamos allí de idiotas. ¡Resígnense, chicos, tiene mala pinta el partido. ¡Chau Torneo!
Kisame: ¡Ojo con el apodo del chico, se nos enoja Itachi!
Hidan: Y una mierda. Ese bastardo no está, lame botas.
Kakuzu: No me digan que están perdiendo, confié en el equipo de Sasuke.
Deidara: A Sasu-chan no lo veo y el Líder más arriba dijo que no va a jugar, Hidan. ¿Si juega, tendría que estar en la banca, no? ¿Fe? ¿Volviste a apostar, Kakuzu?
Kakuzu: En los diarios el equipo del chico figura como el favorito a quedarse con el torneo.
Hidan: ¿El equipo favorito, Kakuzu? ¿Qué diario te timó? ¡Ya perdieron dos partidos! ¿Cuánto apostaste, estúpido?
Kakuzu: No querrás saberlo.
Kisame: Me dejaste sin palabras, Kakuzu.
Pein: Mantennos informados, Deidara. El resto a trabajar.
Deidara: Oki doki!
"Oki Doki" No cabía la sorpresa en mi estómago, ¿ellos asistieron a la Final del Torneo del año pasado? ¿Estuvieron entremezclados entre los estudiantes de ambos colegios? Solo mi madre estaba presente. Papá estaba en el trabajo, sobre Itachi imaginé que no podría a verme y no lo invité. Una vez terminada la ceremonia de entrega de medallas, nos tomamos fotos. Luego Rock Lee se disculpó con mi madre y me obligó a subir a la camioneta de su padre, el destino era la casa de Lee. Allí festejamos hasta las nueve de la noche.
¿Ellos estuvieron ese día? ¿Ellos fueron a verme?
¿Es posible que no lo hubiera notado?
¿Por qué vendrían…? ¿Por mí?
Yo no los conocía, no los invité. Eran los amigos de mi hermano mayor.
¿Ellos también me consideran un buen jugador? ¿Ellos me han visto jugar?
El descubrir que fui espiado, me hizo palpitar. ¿Por qué no me lo dijeron? Si apreciaban mi tenis, ¿por qué no me felicitaron? Mi actuación, de ese día, había sido perfecta en tiempo. Neji había tenido un juego espectacular ese día, con aplauso incluido, que quise borrar. Deseé opacar el brillo de una estrella, una supernova ensombrece a las lámparas de la noche y en eso me convertí. El 6-0 que obtuve en trece minutos, fue mi explosión… un destello con el que barrí la ovación a Neji Hyuuga.
Retomé mi lectura de mensajes. Tres horas después, en el mismo día del partido, el rubio volvió a escribir:
Deidara: En singles tres ganó el Bruce Lee, 7-6… Le costó al pobre. En singles dos, el chico de Konoha se fracturó y Mirai Gakuen abandonó, parece que quieren hacer jugar a los capitanes.
Hidan: Kakuzu ya le está rezando a sus santos, jaja. Desearía estar en tu lugar, rubia.
Deidara: Adivino, ¿llegó un descompuesto?
Hidan: Ajá. Un vejestorio podrido, hasta le salen gusanos por el culo. ¿Quieres que suba una foto, Dei-chan?
Pein: ¿Qué te dije del respeto por los afectos de nuestros clientes, Hidan?
Deidara: Paso Hidan. Entra a escena el capitán, tiene una cara que da miedo.
Debajo de esta frase, había una foto adjunta. Borrosa por la distancia, vi a Neji con sus labios en línea, las cejas algo elevadas y el mirar nada conforme. Ésta fue seguida de un par de stickers de conejos asustados, tenía que ser Deidara. ¡Qué inmaduro insertando conejitos!
Kakuzu: ¡Vamos, Neji!
Una pequeña risa salió de mis labios. Por la apuesta, Kakuzu apoyó a nuestro capitán.
Deidara: 6-3
Kakuzu: ¿Van por los suplentes? ¡De diez el triunfo de Neji!
Tobi: Tobi es feliz
Deidara: No, chicos. Neji, el capitán de Konoha, perdió 6-3, el tipo no fue fácil. 1 victoria, 1 empate y 3 derrotas para Konoha, Mirai Gakuen ganó el Torneo Regional.
Hidan: ¿Cómo, cómo? ¿Cuál es el nombre del pendejo ganador?
Tobi: ¿Ellos no ganaron? Eso no está bien. ¿Y Sasuke?
Deidara: Parece que es como dice Pein, nuestro Itachi-chibi no jugó y tampoco lo vi en la banca, Tobi. No sé, Hidan, el chico de singles uno es un pelirrojo. Voy a tratar de agarrar a un chico de Mirai Gakuen, haber si obtengo la "data del pelirrojo" y luego les cuento en la base.
Ganó Mirai Gakuen, ganó Mirai Gakuen. Konoha, ellos perdieron. ¿Neji había perdido en singles uno? Mi mano lentamente bajó hasta descansar en la mesa, ¿Cómo es que nuestro capitán fue derrotado? La diferencia entre Hyuuga y yo… No era extrema, había un "adicional" que me colocaba por encima de él. Solo un adicional, no más.
Dejé atrás la conversación de Akatsuki, seguía asimilando el resultado final y noté que Itachi había tenido una última conversación con otro amigo el sábado. Además de Deidara, alguien le habló.
Estaba solo en el living. No quería hacerlo, había un chat entre Sasori y mi hermano. ¿Qué es lo que mi hermano hablaría en privado con el pelirrojo el día de nuestro paseo? La curiosidad fue más fuerte e ingresé de una:
Sasori: Los chicos te hicieron preguntas por el grupo. Responde por aquí, ¿verás a tu hermano?
El mensaje fue enviado el día sábado a las 10.30 hs.
Sasori: La blonda pesada acaba de enviarme un mensaje, ¿la bloqueaste? Ella dice que lamenta haberte quitado tu celular y haber leído tus mensajes. Sé que fue una pendejada lo que hizo, Itachi… Pero creí que dejarías de esperar lo imposible, mira vamos a hablar de esto. No te vas a escapar. Y responde mi pregunta anterior ¿Vas al partido de Sasuke?
A las 11.20 escribió:
Sasori: Pein dice que Sasuke está suspendido… ¿Tú estabas enterado?
Sasori: ¿Por eso le pediste a Deidara que fuera a ver el partido? No me mientas que le acabo de preguntar por privado a mi novio.
12.02 el pelirrojo tecleó:
Sasori: Tú sabías todo. Sabías de la suspensión de Sasuke, y por eso le pediste a Pein que te diera el franco aún cuando no jugaría.
Sasori: ¡Siempre nos ves la cara! ¡Ya lo hablamos! Pero tu actitud me dice que entendés una mierda.
Sasori: Te fuiste con Sasuke.
Sasori: Estás con tu hermano, y sé que leíste mis mensajes, vi la puta flecha de leído. ¿Tú no comprendes o es que te explico al revés? Maldita sea, ¿te queda un miligramo de cordura? No hagas nada insensato, Itachi.
Recién a las 13.11 hs mi hermano contestó:
Itachi: Estás igual de pesado que la rubia histérica. Poco me interesa si ella te está reventando el buzón, esa idiota hizo más que leer mis mensajes. No me jodas, es mi día libre y pienso pasarlo al máximo.
Itachi directo como siempre y negándose a dar explicaciones, me reí un poco. A esa hora fue que llegamos al parque de diversiones, yo había dejado mi celular en el auto e Itachi apagó el suyo después de teclear un mensaje. Era éste. Pensar que me enojé por nada, cuando mi hermano comenzó a jugar con el celular… Que sin que pasaran cinco minutos, fue apagado.
El último mensaje fue de Sasori con un audio, bajé el volumen antes de oírle. "No seas un hijo de puta, no te atrevas a dejarme con la palabra en la boca. Eres más necio que Hidan" gritó enfurecido.
Volví a releer las palabras de Itachi. "Rubia Histérica" "idiota", no pude sofocar mi risita malvada y quitar mis ojos de las palabras. Paré de reír, ¿ella era la autora de la violación de correspondencia? Itachi me contó que alguien respondió por él ¿Fue "la rubia histérica" quién me contestó el día que invité a Itachi a verme? Mi hermano bloqueó su número, bien merecido lo tiene por tocar lo que no le pertenece. ¿Cómo tuvo el descaro de fisgonear en la privacidad de una persona? ¿Cómo osó poner sus inmundas manos en el móvil de mi hermano mayor e impedir que Itachi viniera hacia mí?
No puedo creer que ella se atreviera a interferir en nuestra relación. Ni la conozco ni menos creo haber hecho algo para que hiciera esa jugada. ¡Es qué ni sé quién es! Solo sé que es la mina que mi hermano besó en la plaza, es ella o es otra… ¿Tendría otra novia? No me gustó la sensación helada que me atravesó el pecho, al divagar en la parejas de Itachi. No debería tratar de entender nada, me sienta tan mal. Sacudí mi cabeza varias veces.
Si bien Itachi ignoró las preguntas de Sasori, ahora más que nunca tenía en claro que Itachi se enteró de mi suspensión y había pedido el día (lo dijo Pein y lo confirmó Sasori). Tan solo para sacarme de ese lugar… ¿Por qué no me lo contó? ¿Y por qué razón mandó a Deidara a las canchas? ¿Para tener la primicia del resultado? ¿Por qué Sasori arremetió contra mi hermano? "No hagas nada insensato" ¿Cuál es la insensatez que podría cometer? ¿El descansar… era tan diabólico que Sasori remarcaba la grave falta? Yo no jugué, Itachi no merecía el franco, ¿éste era el reclamo de Akasuna No?
Independientemente de las últimas inquietudes… Él movió cada pieza del tablero, con la intensión de sacarme de ese lugar (la tristeza de no poder jugar). Me hizo tropezar en la mini carrera hacia el estacionamiento y me llevó a todas las montañas rusas.
Entonces… Él estaba enterado de todo, y la intención desde un comienzo fue que me sintiera bien.
Y cuando estaba mejor anímicamente, me reveló el secreto de la ausencia de Kimimaro.
Yo…
¿Es la primera vez que hace algo sin decírmelo? ¿No… lo es?
Cerré mis ojos. Rememoré las veces que la puerta de su habitación estuvo abierta para mí. Yo… ¿desde hace cuánto tuve la libre entrada a su refugio?
Yo, ante la cercanía de la tormenta, me arrastraba a su habitación. Él… cuando quise Crecer de inmediato y vencer mis miedos por mí mismo, se acercó para mantenerme a salvo… ¿No fue así? En un principio, yo corría hacia su puerta, unos años después él veníasa mí (a protegerme de las noches sin estrellas)… Él aparecía en mi cama. Pero al final, "Crecí" y no lo necesité (eso creí, me consideré hábil para transitar en este caótico mundo). ¿Cómo sucedió? ¿Yo… le cerré la puerta en la cara? ¿Yo… me emancipé de él?
―Volviste al viejo hábito de obsesionarte con tecnología ajena ―enunció para que por fin notara que estaba frente a mí.
Di un respingo y me fui hacia atrás, contra el respaldo del sofá. Las personas no me sorprenden, con solo observar sus hábitos… puedo predecir el siguiente movimiento. Sé qué dirá mamá sobre tal hecho humano… puedo pronosticar la reacción de papá, Neji sigue un patrón similar al de papá… Pero Itachi. Con él todo se complica.
De mis manos, mi hermano agarró el teléfono, que colocó en la pequeña mesa del centro. Pronto se sitúa frente a mí, yo permanezco sentado. Pude ver su cinturón y el notorio bulto debajo de éste. No había notado… que mi hermano mayor no solamente ganó estatura, robusteció en otro sentido. Era bastante grande… Sacudí la cabeza un par de veces. ¿En qué demonios pensaba?
Algo contrariado, alcé la vista, porque él… estaba lejos. La sensación de la distancia que mantuvimos, permanecía, porque desde el Cielo, sentí que me observaba. A millones de kilómetros.
― ¿Tan mal lo hicieron? ―me habla del partido, luego se ensombrece su voz―: Abarai ni acaricia el nivel de Kita.
― ¿Eh? ―musité con asombro, no estaba atento.
¿Qué Abarai no es competencia para Kita? ¿Cómo alguien que no practica tenis puede hacer una afirmación de ese calibre? Él notó mi mirada escéptica y se explicó:
―Tú… ―retoma, para callar. Le escuchó atento, sé que tiene algo para expresar ―. No viste los partidos del rival, dado que es una actividad previa al encuentro. Kita está en un nivel por fuera del simple talento. Ni el capitán Hyuuga está a su altura.
No pude decir nada, Itachi metió una mano en el bolsillo de su pantalón y agarró mi mano para colocar en ésta un pendrive.
― ¿Necesitas comprobarlo? ―no lo abandonaba, la gravedad en el timbre. No diré que me desconcertó, lo estaba desde antes. Itachi debió notar algo en mí, porque adicionó―: Todo está ahí... La deslumbrante técnica de Mirai Gakuen y la desastrosa alineación de Konoha. El temible servicio de Kita, opacando el de tu capitán. Los resultados, no lo reflejan todo. Konoha no mereció ningún punto.
Seguía sin reaccionar vocalmente, la derrota sabe a veneno, era cierto. Sin embargo, la crítica de mi hermano era lo realmente preocupante. Una apreciación que es resaltada por alguien ajeno a la competencia colegial. Que de no ser un jugador o entrenador, desconocería todo aquel mundo. A menos que fuera un apasionado del tenis…
Tantos torneos, ¿por qué seguirías la competencia nacional de los estudiantes, Itachi?
"El martes Itachi me pidió el día libre, pensé que era para ver a Sasuke en el estadio". "Pensar que fuimos a verlos el año pasado"
Tú…
No pude presagiar ni tus reacciones, ni tus respuestas… Ni tus sentimientos, hermano.
"Somos como dos comensales, que comen a la misma hora… Todas las noches" ¿No es acaso la forma en que definí nuestra relación? Acusé a la distancia establecida, convencido de que todo se había enfriado. Perdí el interés, en reparar el lazo que tuvimos.
Creí verte… y taché está relación de irrecuperable. Por fin se rompe, el congelamiento involuntario y un agudo gemido se escapó de mis secos labios. Tiembla mi mano y el pendrive cae haciendo un suave ruido, solo he visto a través de ti, cuando te quitaste la máscara mientras yo era atendido por los médicos.
Lo ves, desde luego que ves, la inestabilidad emocional que regresa, que no se ha marchado, sigue aquí. Coges el pendrive y vuelves a depositarlo en mi nerviosa mano. Cuando te inclinas, tu rostro está cerca. Mi trance oscuro quita la posibilidad de detenerme a explorar... Tu sonrisa, trato de verla. Otra vez, se vuelve borrosa, tu expresión se esconde bajo tus ojos cerrados.
Itachi… ¿Por qué lo haces?
Te enderezas, has dejado de estar sobre mi respiración. Abres tus ojos. Serio expresaste:
―Porque te destrozó el no estar y quieres entender el resultado.
Afirmas, no preguntas, no lo crees necesario. Me has interpretado… Respondes la pregunta insonora. Y yo…
Reuní las fuerzas, que antes no tuve y presioné el pendrive.
Soy un libro abierto… ¿o soy tu libro de cabecera?
El deseo sin formarse, acaba de ser pronunciado por ti. Realmente sabes todo de mí, porque estás más cerca de lo que un guardia imperial estaría del príncipe de un reino. Yo estoy corriendo en los bosques, te mantienes a una distancia prudencial, asegurando el terrino. Es así, hermano mayor.
Y yo…
Tus tres secretos. Yo sostuve que me pertenecía el de Kimimaro, que no tenías derecho a guárdatelo. Pero no me llegó la notica… Ésta te encontró. Siendo que ni fueron cercanos, alguien te llamó… ¿Por qué tú y no yo? El mensaje no voló hacia mí, quizá ese secreto no me pertenecía… Era tuyo. Al igual que los dos restantes…
Mi enfermedad. Te confesé mi secreto, porque tú me acorralaste, Itachi. Y yo… No te asedié por tus silencios, las citas acordadas no disfrutadas. Debí interrogarte, debí encerrarte en tu propio misterio. Yo… tarde entiendo a qué se debieron las citas que no fueron. Cada movimiento de la espontaneidad fue destituida, todo lo armabas. Planeaste verme para hablar de Kimimaro, no te animaste o te arrepentiste, por esa razón cancelaste nuestras citas.
Él me levantó entre sus brazos, todavía mantenía el pendrive en mis manos. Fui recostado suavemente en una cama de una plaza y media, de cobertores rojizos y que olía a él.
―Tú… ―subí mis hombros, tenía que exponer la teoría que manejaba, aún sobre mi extrañeza de estar en el cuarto de él ―. ¿Esas citas canceladas, eran para contarme lo de Kaguya Kimimaro?
Me mira intensamente, se da cuenta que lo estuve pensando. Es inquisición, lo que en un principio fuera certeza. Sin embargo, al final… Itachi da un suspiro cansado, no asiente. Arrullé mis manos, desesperado por oírle un "Sí". Nada veo nada en su neutral rostro, ni en los ojos. Abrí la boca grande e inflé mis pulmones, retorciéndome exhalé, todo agitado por oírle. Una horrible sensación se esparce por mi cuerpo, él sabe tanto que necesito una respuesta.
―Quisiera decirte que sí ―fue su seca devolución, desapareció de mi vista congelada, antes de que revolviera la frase recitada.
Me dio la espalda. Quise levantarme para reclamar por una mejor respuesta, aunque en el fondo sé, que habría sido en vano. Yo no lo siento, su poderoso susurro, ha desaparecido. Puse una palma en mi pecho, una leve agitación sacudió a mi cuerpo. ¿Por qué el dolor es distinto? No me empuja al suelo, ni me hace quejarme, un raro revoltijo retuerce mis tripas. Quisiera entender un poco más a Itachi, sé que esto, la sorpresiva agitación, me la estaba ocasionando él. Es lo que me está lastimando… Él… Sólo Él… y mi incomprensión.
Y yo…
"Quisiera…"
¿Qué sé yo acerca de ti?
"Decirte…"
Dieciséis años…
"Que sí"
Y yo…
Itachi se acercó a un armario y con una cubierta en mano me cubrió. Se quitó los zapatos, sin preguntar nada se acomodó a mi izquierda. Pasó sus fuertes brazos por mi espalda y recostó mi cabeza en su confortable pecho.
Si a penas ayer repare en la inexistencia distancia…
¿Qué carajo sé de ti?
+++Si pudiera salvarte…+++
La mañana del lunes desperté a las siete. No me había costado entregarme al confort de las sabanas, a costa de las nebulosas dudas. Arrastraba a la fatiga de estrellas sin noche y que Itachi estuviera conmigo sujetándome fuertemente, irremediablemente me llevó a dormir por unas horas en la habitación de él. Me desperté a las cuatro de la mañana, él también despertó conmigo, o al menos es lo que me pareció. Mantenía los ojos abiertos, cuando yo los abrí. Sus brazos estaban bien adheridos a mi cintura, le pedí que me soltara y fui desoído. Tras una pequeña discusión, para que me permitiera ir a mi habitación y su negativa a dejarme libre, tuve que ceder a sus vigorosos brazos y terminar el descanso bajo su caliente cuerpo.
Yo… no quise preocuparlo. En el fondo sentía que esta insistencia por agarrarme, se debía a mi enfermedad y lo que será el resultado final de su aparición en mi sombría vida-Suena a que lamento el tacto de mi hermano mayor… y no es verdad. Hallé en esta nueva realidad, una rara armonía. Me comienza a agradar… que esté cerca, físicamente a mi lado. Arropándome con sabanas o solo sonriendo de esa forma tan sutil, de la que solo él es capaz.
Jalé de mis cabellos, al sentir el calor correr en mis mejillas. Sucede cada vez que pienso en este tipo de cosas, una llama se enciende dentro de mí y por más que quiera… no consigo extinguirla. Para desaparecer, o intentar eliminar, la sensación que comenzaba a ahogarme, acomodé mis libros dispersados en el escritorio y decidí ir a clases.
Mis padres estaban en la mesa, seguro llegaron de Kobe a la madrugada. Dejé mi mochila en el piso, la siempre ausente cuarta silla… Estaba siendo usada. Itachi se quedó a desayunar con nosotros, hace varios meses que simplemente desaparecía sin avisar nada a mamá. Le di una corta mirada y agarré mi jugo de naranja, un poco incómodo por la sonrisa que me brindó.
Ayer estuve a segundos de saltar del noveno piso. Hoy estoy en medio de un desayuno normal. Mamá muerde una galleta… Papá degusta el café e Itachi… No come ni bebe. Al final, después de volver del hospital no hablamos de mí, la noticia de la derrota de Konoha contra Mirai, borraron mis ganas de hablar y él tampoco quería presionarme, lo sé y lo agradezco.
El aire del desayuno era el de siempre, sé que Itachi no mencionó nada de mi enfermedad y que pronto deberíamos abordar el esquivo tema. Sinceramente, deseé que el día de revelar el secreto no llegara nunca. Mantuve ese pensamiento, presionando un puño, y me senté al lado de mi madre. Siempre había sido así…
Yo junto a mamá, él junto a papá.
Itachi me estaba observando, era algo incomodo que lo hiciera insistentemente. Los minutos agonizaban en el reloj, no se transformaban en minutos. La asfixiante sensación, no se iba. Tras sufrir su indiferencia, que me mirara tan centrado, era en cierta forma invasivo. Itachi no parpadeaba para captar hasta mi mínima reacción. No era agradable ser el objeto de análisis en una mesa de cuatro personas.
Me levanté dispuesto a comenzar mi nuevo día. Al calzarme los zapatos en el zaguán, sentí una mano sobre mi hombro.
―Voy a caminar contigo, otouto ―neutral, repetía mis acciones y se colocaba una zapatilla negra.
―Es una recorrido de veinte minutos ―aclaré una vez parado. Consciente de la acción de entregar la acotación antes de directamente decir "No".
Es que el opresivo estremecimiento de tener sus ojos sobre mí, no era tan "soportable". Su mirar, constante y firme, me ponía nervioso. Aún cuando hubiera dejado de existir un secreto que proteger… Sentí el peso de que estuviera cerca. Acercándose… Aproximándose…
La rara sensación de que estaba vigilándome.
Desvelado mi secreto, no había nada por resguardar, o al menos…
Es lo que imaginaba.
Su presencia… Aclamada cuando estoy a punto de caer, no debe ser pretendida… Si estoy de pie.
―No te pregunté cuánto dura el recorrido, dije que iré ―Me dio un leve codazo hacia la puerta principal.
Volvía a sentir el maldito escozor, de que iba más allá y respondía mis reflexiones internas.
Por encima de mis planes, siempre era cómo él quería. Salí primero, él detrás de mí. Itachi cerró la puerta de nuestra casa y volvió a darme un empujón hacia el sendero empedrado de nuestro jardín.
Iba a oponerme. La sinceridad mezclada con su absoluta autoridad, no me permiten negarme y ni me gasto en refunfuñar. Caminamos tres cuadras, él unos pasos al frente. Al cruzar las calles, noté que Itachi miraba todas las direcciones. Estaba siendo más cauteloso que otras veces. No dijo una sola palabra, yo no sabía cómo actuar, tampoco le hablé. El día anterior no tocamos esta bomba que descontaba segundos sin que pudiéramos desactivarla. El débil bisbiseo del cronómetro, martillaba mi cabeza. Era tiempo… que sigue abalanzándose y yo sigo sin aclarar… Mi drama. No podía sacar el tema tan fácilmente.
― ¿Hasta cuándo vas a hacerlo? ―Era él quien repartí las cartas sobre la mesa.
Sin comunicación en las solitarias calles, a las ocho y tantos segundos, olvidé que caminaba junto a Itachi. Repasando mis propias confusas líneas, retrasé mis pasos. Terminé chocando contra su espalda, él se había detenido anteriormente. Un gemido agudo escapó de mi boca, al sentir su cuerpo. De estar atento, habría frenado mis pies con antelación. El golpe seco dolió, retrocedí tocándome mi sufrida frente.
― ¿Hacer qué? ―Si hace las preguntas, al menos deberían ser correctas.
Los interrogantes que el arma… siempre son imperfectos -apropósito-. Confusos, abarcan un inexplorable espacio, abiertas interrogaciones… que se nutren de verdades que no he asumido. Él se dio la vuelta.
―Actuar como si estuvieras despierto, cuando solo duermes… ―expresa, sus ojos se crisparon.
¡Qué tontería! Le di crédito a una pregunta inútil. ¿Me reprochaba de mi infortunado accidente de hace cinco minutos?
―Me quedé pensando… ―me ofendí. El accidentado era yo.
Y como si hubiera escuchado mi pensamiento antes que el sonido de mis palabras, posicionó una mano en mi frente.
―Deambulas con los ojos cerrados, es como si no quieras ver y lucharás por huir de todo ―prosiguió el reto, mientras que su cuerpo se disculpaba con lentas caricias por el choque.
No puedo decir que eso no me afectó. Un ardor corrió por mi pecho, diferente al de mi enfermedad… Me daba pánico el seguir escuchando a mi hermano. Porque sabía, que mis emociones florecerían… Como el nerviosismo en forma de hormigueo ante la acusación de que evado lo que me hace mal.
Por eso tiré de su mano que continuaba en mi frente, retrocedí dos pasos.
―Yo no estoy escapando. ¿Ves bien? He venido al colegio porque lo deseo ―le aclaré. La muestra más clara de mi fortaleza, es el no hacer renunciado al colegio. Para afianzar mis palabras, agregué―: Te dije que no volvería al hospital. Yo no quiero que nada cambie. Estar en el hospital es admitir que el engranaje del reloj, es inservible. ¡Sé… lo que vendrá, no me gusta!
Explota la bomba que cargo. El desagrado tomó el control de mi rostro. Palidezco al imaginarme con miles de cable en el cuerpo, a merced de las enfermeras que vanaglorian el vivir sin reparar en la agonía de un enfermo terminal.
―Sasuke… Todo cambió. Este mundo está cambiando, también tú ―mueve una mano, casi podría decir que hizo un salto, porque vuelve a estar a milímetros de mi cuerpo y toma un par de cabellos míos ―. Te refieres a los cambios solo desde un punto de vista negativo ―estaba peligrosamente cerca, casi ni le escuchaba y solo miraba sus hermosos ojos―. Los cambios son atrasos o avances. Hace tiempo que retrocedes… a tu propia voluntad. No tienes que retroceder, para mantener todo intacto… Ésta no es la forma de afrontarla ―negó, agachó su cabeza hacia la mía y juntó nuestras frentes, la referencia a mi enfermedad estaba presente en la palabra―. No huyas.
"No huyas". Me quitó el aliento. Quería decirle que no huía, más mi mente no podía poner en funcionamiento mis labios.
―Que estuvieras más horas con tus compañeros, que solo me vieras un par de horas en la semana… No quiere decir que ellos te conozcan mejor. Puedes pasarte años enteros leyendo a James Joyce, sin entenderlo… o en una noche comprender todo. Comprender a Joyce en la primera lectura, no fue una tarea difícil ―exhala, haciéndome temblar ―. Corres… Corres… Estás huyendo. Te lo digo… Porque te he visto, durante millones de segundos te he observado… y en el primer segundo que te he pensado, te entendí. Existía algo que te preocupaba, estabas escapando… Mi error fue no haberte enfrentado antes.
El esquema de la vida antes de la leucemia, era perfecta. ¿Mi deseo de no querer modificar una sola pieza de este campo de batalla, me ha hecho retroceder? El luchar por la preservación de esas estructuras indestructibles, me han convertido en alguien que huye.
Mi atacada ciudad de hierro, se convierte en ruinas.
―Yo… Sé que todo se está cayendo… ―musité tan bajito, que no creí ser oído.
Pero fui escuchado, dado que de un momento a otro, sus labios se posaron en mi frente. Estuvieron ahí, mientras sus brazos agarraban mi nuca. No me deshice de su cercanía, el estar descubierto me hacía más débil de lo que ya era… El estar expuesto, me daba escalofríos. Sin armadura, a disposición de cualquier peligro, que me rodeara, era como recuperar la cáscara que me habían quitado.
―Hoy es el día después de la derrota. Quieres confrontar a tu capitán. Sin embargo, piensas huir, para no destruir un área que pretendes conversar ―discernió con la habilidad que congela. Que me hiela―. Quieres vengarte, otouto.
Gritar a Neji era parte de un resentimiento que creció desde el día anterior. Esta mañana tendría que haber salido de casa a las seis para ir al Club de Tenis por mi revancha, me desperté una hora tarde para evitarlo. "Quieres vengarte, otouto" Era tan observador, nota que no iba a dar la cara y me alienta a ir con mis compañeros. A la vez, no quiere ser un tranquilo espectador en una sala de proyección, quiere meterte en mis decisiones.
Irrumpe. Se enreda, sin ser llamado.
―Tú… Eres detestable ―presioné mis manos sobre su pecho, logrando quitar sus brazos de mi cuerpo y le di un empujón hacia adelante.
―Tu odio, guardado, solo incrementará tu sed de venganza ―me mira, la seriedad sigue presente en sus ojos―. No te hace bien esconder tu resentimiento, nunca lo hará. Pero si no quieres enfrentarte a la verdad, no te obligaré. Recibiré tu desagrado sin protestar. Ódiame, detéstame… y vive maldiciéndome… No cambiarás el hecho de que estás escapando.
¿Qué dijo? Esas palabras.
"Ódiame, detéstame…"
Retumba. Se hace eco, regresando las palabras a mi perturbada cabeza. La voz de Itachi repitiendo esas dos palabras, me hacen cerrar los ojos. Al siguiente parpadeo todo estaba oscuro, oigo un estertor. Alertado, trató de hallar a los fuertes de los jadeos. La calle se mueve, por fin percibo que estoy corriendo. Este cuerpo se agita, más escalofriante que el desgarrador respirar… es el latido descolocado del corazón. ¿Estoy huyendo?
Una figura aparece frente a mí. Las nubes nocturnas alteran mi sentido de visión. El tiempo trascurre adelantado, no logró ver a la figura que está frente a mí en medio de una calle silenciosa y oscura. El viento parece mover los cabellos del joven de extraña vestimenta que cargada un espada, de la que creo ver su empuñadura del lado de su hombro derecho. En su rostro… Creo ver dos marcas a la altura de sus mejillas. Son profundas… Si pudiera ver sus ojos. Sentí que el ver su cara, era vital. Pese al deseo interno, mi vista no subía y se quedó estancada allí, imposibilitando la justiciera identificación de una víctima con su victimario.
Cuando creí que no oiría ni su voz, el "avance rápido" de este corto de "suspenso" se detiene. Pero un zumbido en mis oídos, no me permiten valorar claramente, la voz del joven. Lo único que tomé son dos palabras algo distorsionadas:
"Ódiame, detéstame…"
Me tapé ambos orejas para correr ese timbre que no me permitía escuchar bien. Algo estaba interfiriendo en mi sentido auditivo, era insoportable y presioné más fuerte para seguir oyendo. Si… seguía así, mi oreja reventaría.
― ¿Sasuke? ―el llamado es débil, casi desesperado.
Caí de rodillas sobre un piso duro. Presioné con fuerza sobre la misma zona, para encontrar la estabilidad que no tenía.
"Ódiame, detéstame… Tonto hermano menor".
Volvió a hablar la voz distorsionada. En seguida, sentí un fuerte dolor de cabeza, como una lanza que me atravesara. Dejé de machacar mis orejas, fui corriendo mis manos hacia arriba para detener el nuevo ardor. Mis manos, antes de posarse en mi frente, fueron sujetadas por una vigorosa energía. Gemí desbocado, Itachi rodeó mi cabeza y me llevó a puerto seguro… Su cálido pecho. Unos segundos, tardé en estabilizarme. Sus dedos recorrieron mis cabellos con suavidad, como queriendo desaparecer el dolor que evidentemente, me estaba haciendo colapsar…
― ¿Es…? ―Preocupado, no detiene las afectuosas caricias, que ya no son necesarias. Pero se sienten tan bien. Si dependiera de mí, estaría conforme con ser tocado suavemente.
Despacio abrí mis ojos, noté que había caído de rodillas sobre una baldosa agrietada. Por encima de mis deseos, no me gusta preocuparlo más de la cuenta. Sé que es lo que quiere preguntarme.
―No ―niego ahogado, no quería que la nombrara. El dolor fue una especie de rayo, sentido en mi cerebro, agudo sí, pero diferente a "ELLA"―. Escúcheme un sonido ensordecedor ¿Un recuerdo vino...? Una imagen invadió mi cabeza. Era la silueta de un hombre… en una noche de luna llena. Me dijo… me dijo… ¿Ódiame, detéstame?... No pude oír bien su voz… Pero… Se me hace conocida.
Mi explicación era tan desordenada. Ni yo mismo entendía qué carajo pasaba… Antes de que esta ilusión se haya estacionado en mi mente, Itachi dijo algo parecido… ¿Qué está pasándome?
Me sobresalté un poco, Itachi… Retiró sus manos de mi cabeza. ¿Es esto lo que hace, después de ver que estoy bien? Solo se aleja, ni piensa en que quizás necesito más de él. Que no me molesta para nada, que sus manos me sigan tocando pese a que haga temblar.
―Entonces estás bien ―Él me ayudó a incorporarme.
―Qué tonterías dices, te estoy diciendo que una imagen de película de thriller traspasa mi cerebro… Y no lo entiendo ¿Quién es aquel joven? ―gemí bajísimo, me fastidiaba un poco su "entonces estás bien" y decidí insistir en mi extraña alucinación.
Miré duramente a mi hermano. "No estoy bien y me haría bien, que siguieras tocándome" quise gritarle en la cara, me avergoncé de mí mismo por crear un deseo infantil.
Sacudí un poco mi cabeza y decidí centrarme en el sueño del joven de la espada. Al reanudar nuestro camino, Itachi dejó de ir adelantado, se posicionó a mi lado. Sé que me estaba observando de costado, y me agradaba.
Varios chicos se dirigían a sus respectivos clubes, la indumentaria deportiva delataba su pertenencia. Chicos con casacas sin magas y short, otros con bates y guantes de beisbol, corrían desesperados por alcanzar la entrada de hierro de nuestro colegio. Los rezagados de siempre, demostraban su impuntualidad.
Nunca había incumplido el horario del Club. Itachi tenía razón, no quería llegar al campo de tenis. Pero lo que me dijo…
Yo estaba huyendo. Mientras que un par de rezagados a las corridas se dirigían a sus respectivos clubs para ser castigados por su capitán, rasgué mi camisa. No había traído ni mi bolso con las raquetas menos mi camiseta. Sí… Itachi estaba en lo cierto, estaba huyendo, incluso desde antes de salir de casa. Había escapado de casa, después de una pelea con mamá. Escapé cuando papá me informó de los nuevos cursos a los que fui inscripto. He estado corriendo de cada nueva situación que me debilitaría.
Crucé el portón del colegio, sumamente decidido. Haría algo que tal vez lamentaría después. Pero el no ejecutar esta acción, sería un remordimiento con el que quiero lidiar. No me contendría, la caída de mi equipo afectaba mi vida… Por encima de un 98.5% en un examen de historial. La disminución de una nota era nada a comparación de la sanción de Hyuuga. Por eso, era una deuda conmigo mismo, el no retroceder y vomitar el crudo odio que se mantenía atorado en mi garganta desde que estuve al tanto de la derrota. Era la hora de ceder a las ansias de venganza.
―Iré ―pronuncié la simple palabra enérgico, porque supuse que Itachi seguía detrás mío.
Yo no salté del edificio, dudé… y fui retenido por Itachi. El suicidio ha desaparecido de mi cabeza. Yo…
"Quieres vengarte, otouto…"
Tiré mi cartera en el césped. Lo haría. Moví mis pies. A paso raudo ingresé a la zona deportiva, seguía avanzando hasta dar con el área de tenis. En la cancha de entrenamiento un conglomerado de chicos con el uniforme de mi club estaba cercando la banca del entrenador. La estridente voz de Gai mezclada con el parloteo de mis compañeros, me decían que la discusión había comenzado.
"Fue pesado, tienen mucha práctica" uno se lavó las manos.
"Si dejarán de entrenar solo a los cuatro elegidos…" se quejó un muchacho, que siempre faltaba a clases. Lo reconocí por su cabellera violeta.
"Si Uchiha no nos hubiera dado la espalda…"sugirió uno de los últimos titulares, un chico fornido del que no recordaba el nombre. Neji cada tanto cambiaba el equipo de titulares, los únicos fijos éramos el capitán, Lee, Tenten y yo. El resto era "el recambio", eran removidos en cada nueva ronda de partidos. "Uchiha abandonó al equipo, hoy ni vino a dar la cara" volvió a desahogarse.
Era el colmo. Caminé hacia una esquina en donde estaban apiladas las raquetas de estos "tenistas profesionales" y cogí una pelota de una cesta. Ubiqué a las tres gallinas lenguaraces y tiré, simultáneamente, las tres pelotas para hacerlas llegar hacia cada compañero. Las esferas rozaron el cabello, brazo y mejilla de los chicos. Todos dejaron de parlotear, para mirarme.
Sonreí de medio lado, al tiempo que me acercaba a la congregación de perdedores. Yo era el único que estaba con el uniforme del colegio, iba aproximarme a Gai pero alguien me detuvo del brazo.
―Lo sentimos ―se disculpó tempranamente Tenten, temblorosa sostenía la manga de mi blanca camisa.
De costado aprecié su disconformidad por su nefasto desempeño, perdió 6-2 en dobles uno. Estiré mi brazo para que me dejara, me adelanté cinco pasos antes de responder:
―Tenten, que te sirva de lección. Fue… tu exclusiva derrota. Jugar un singles contra un dobles, no fue tu mejor acierto ―remarqué alto, sabiendo que el mequetrefe de su compañero me escucharía.
Abiertamente, acusé al idiota que supuestamente jugó con ella. Sería en vano esperar por una devolución de cumplidos. El silencio solo respaldaba mi decisión de buscar a mi reemplazo por fuera de este grupo de aficionados. Ninguno daba la cara, prefiriendo rumear para dar a conocer su descontento. ¡Qué lejos estaban de "los cuatro elegidos" Neji, Tenten, Lee y yo¡ ¡Cobardes que ni ensombrecerían el incipiente tenis de Sabaku no Gaara!
―Sasuke-kun ―se dirigió a mí, el improvisado singles tres ―. Luchamos con todo nuestro potencial, el segundo lugar en el Torneo Regional… ―decía Rock Lee y calló por el ruido de algo rompiéndose.
El ruido de un puñetazo contra un poste acabó con lo que era el principio de una extensa disculpa de Lee. El palo de cemento vibró, Tenten se tapó la boca al notar un grueso hilo escarlata correr desde el puño de Neji.
―La derrota, Lee ―corrigió enojado el capitán, no quitó su puño y tenía la vista baja―. Llamemos al resultado por su nombre, fue una derrota.
Una derrota. ¡Bravo, capitán! Mis hombros se encogieron. Me agaché un poco, seguí cerrando mis hombros. Lo que estaba sintiendo, explotaría sin que ninguno de ellos pudiera frenarlo. Reabrí mis hombros, mi boca se fue separando. Se agrieta el embalse, cuando el retener el curso del agua deja de ser posible. Nadie esperaría la siguiente escena, reí cínicamente ante el gran espectáculo al que tuve la gracia de asistir. La mejor función cirquera, el dueño del circo dentadura perfecta y flequillo con patillas estilo Bruce Lee, una pareja de trapecistas, decenas de payasos entre aterrados y desconcertados, por último… el célebre zancudo puntilloso, estar sobre el balcón es su peligrosa tentación. Triste zancudo, se hace abre camino, aprovechándose de largos postes.
― ¿De qué mierda te ríes? ―me encaró Hyuuga, dos líneas gruesas se formaron en su frente. Lucía más amargado que lo normal.
Continúe riendo sonoramente, abrí grande mi boca para soltar mi grotesco júbilo. Irreverente, sonora voz ofende al plantel cirquero, aumenta mi inaudita gracia, mientras él clavando sus uñas en sus palmas. Me reí más fuerte, Hyuuga… Estaba cerca de bajar la guardia.
―Tú… ―silbó, en un jadeo espantoso y me señaló―. Te escapaste antes. Me vi obligado a suspenderte… Te advertí que serías nuestro Talón de Aquiles ―se enfureció, el solo escucharle, me hizo aumentar mi malsana alegría―. Me diste la razón con ese pobre 7-5 contra Abarai, perdiste tantas pelotas.
El capitán mencionó mi último partido. La cita que fuera su defensa, se convirtió en su peor escudo:
― ¿Te creías que nadie iba a darte un alto solo por ser el primer individual? ―gritó exaltado. El brusco movimiento de cabeza, hizo que varios mechones de su cabellera le cayeran sobre el rostro acalorado, el agitó su cabeza, desordenando más sus cabellos y airado enarboló encrespado―: Y ahora vienes, riéndote de nuestra día negro ¿Te crees mejor que nosotros?
Aumenté la vibración de mi risa. Tenten y Lee se taparon la boca. Neji desaliñado. Humano, como todos ha sacado a la luz que no quise ver… Yo fui seleccionado por Gai a los once años. En ese tiempo, Neji, Tenten y Lee ya se conocían. Neji era el único titular, jugaba en singles dos y mis compañeros decían que era el candidato a singles uno. Un año después, Neji se convirtió en el capitán del equipo, si bien repitió ese puesto en la secundaria… Nunca fue el primer singles. Durante las vacaciones de verano, Itachi me había dicho "Buen manejo de la derecha. Pero… Qué pasará el día, que tu derecha se acalambre… o falle. Eres dependiente". Una falla, él había descubierto una falla en mi juego. Comencé a entrenar mi zurda para eliminar mis puntos ciegos, sorprendentemente… Me di cuenta que mi zurda superaba a mi derecha. Dejé de usar mi mano diestra y destiné la siniestra para el tenis.
Gai, con la vuelta a clases, programó un circuito pesado de entrenamiento. Lee y Tenten deslumbraron al profesor, quien decidió juntarlos para que sean el dobles. Neji reafirmó su posición de Capitán. En cuanto a mí, fui designado como el primer singles con solo once años.
Durante un año, Gai nos entrenó y no participamos de torneos. En el segundo año, solo jugamos en el intercolegial y a pesar de ganar esa categoría, el profesor nos hizo desistir del torneo regional. En tercer año, Lee tuvo una lesión en la pierna y Tenten estuvo internada cerca de medio año por una neumonía. Gai dio por perdido el año, solo al siguiente… Empezaría nuestra racha, de tres coronaciones seguidas.
Fui el primer jugador y Neji Hyuuga el segundo.
―Dobles dos deprimente. Tenten resistiendo en dobles uno, de paso revelando cada una de sus jugadas ¡Gran movida, capitán! Singles dos zafando por el abandono de los rivales… Y Lee en singles tres, deplorable. Desarmaste al mejor dúo, para visualizar las flaquezas del equipo… ―enumeré el historial del trágico duelo ―. Y tú… Singles uno por primera vez… En tu estreno, no podías ser menos que el equipo, capitán. Humillaste al Club Konoha, tras cuatro años de invicto, singles uno cayó.
No me interesaba que estuvieran presentes los aficionados. Desde mi punto de vista, ésta era una discusión entre el capitán y el suspendido singles uno (yo). Los demás solo eran simples recogepelotas en la esperada final de un Gran Slam.
―De ser los candidatos, nos convertimos en la farsa del torneo. En el ámbito deportivo los partidos perdidos, se lavan con victorias. Una imagen dañada… Necesita más que una victoria para restaurarse ―sentencié, para acallar cualquier tonta excusa.
Arruinaron nuestra imagen. Destrozaron al Club con esa mediocre alineación trazada por el capitán. Toda y exclusiva, culpa suya. Gai no hubiera desarmado el dobles TenLee. Nadie murmuró, nadie fue capaz de mirar por siquiera diez minutos.
Nadie, absolutamente, nadie podía hacerme frente… en el Tenis. Mi Tenis.
―Hemos llegado a una decisión ―aclamó el profesor, seguía allí, entre el alumnado―. Se levanta la suspensión. Te necesitamos para el comienzo de las nacionales. El grupo necesita a su primer singles, Sasuke Uchiha.
Tenten y Lee, recobraron el aliento perdido, chocaron sus palmas. Los chicos que no eran titulares fijos se asombraron, Hyuuga ni había considerado en informales que había sido suspendido. Esto explica el por qué había sido acusado de abandonar al equipo.
― ¿Qué pasa? ―Gai me miraba, no le entregué ningún gesto.
¿Festejar la reincorporación ansiada? Por mucho que ame el tenis... Yo no puedo olvidar el dolor de ser destronado, en el momento en que necesitaba más razones para seguir peleando. No puedo forzar una risa ante una decisión que no alimenta a mi golpeada alma. Esperé tanto por un simple "Ven" que jamás llegó, de mis compañeros del entrenador ni del capitán. Ninguno estuvo conmigo aquel doloroso día…
―Yo no voy a regresar aún, profesor. Me quedan dos fechas de suspensión ―Torcí mi terquedad.
Ni tenía pensado presentarme ante ellos. Y estoy aquí, haciéndole frente al día después… No he venido por el perdón.
Estuve a punto de suicidarme.
― ¿Cómo que no, Sasuke? Te han levantado la sanción ―se exaltó Tenten, aprensiva por la indolencia que denoté.
A segundos de acabar con esta miserable vida.
―Solo porque perdieron. Tendrán que arreglárselas sin mí ―No me molesté en darle la cara a mi compañera, me enfoqué en Gai, como si él me hubiera cuestionado―. Voy a tomar su consejo anterior, profesor. Descansaré hasta el término de mi sanción.
Solo una persona estuvo allí…
No reniego de mi cariño hacia este deporte, más siento que existe algo mucho más poderoso que me levantó. Recuperé mis ganas de vivir, porque una persona cree en mí… En lo que soy. No me levanté para doblegarme al juego del capitán y ante la primera oportunidad, aferrarme a ésta… Tan solo por ser "Vital" para el grupo.
Yo no juego por el equipo.
Yo no juego para el capitán ni para el entrenador.
Porque después de todo… Estoy sintiendo que ni siquiera juego para mí.
Solo una persona estuvo… Cuando mi suspensión fue cumplida.
Una sola que borró mi infelicidad para cambiar los colores grises.
Una sola que durmió mi dolor.
Gai me observaba, negando unos centímetros con la cabeza. Sé que pensaba qué esto era lo que estaba buscando, desde que fuera desafectado del equipo que se mediría contra Mirai Gakuen. Para él no estaba bien que no tomara este regalo.
Yo, antes, acepté una montaña de obsequios, que hubiera despreciado de no ser por la omnipresencia paternal. "Esto" no es algo de lo que papá se preocuparía, aunque lo fuera, me importaría una mierda complacerle.
Ciertamente, la exoneración fue deseada por mí. Estuve pegado al celular a la espera de un mensaje que pidiera por mí, por mi inconmensurable ansiedad para demostrar porque soy el mejor del equipo. Pero todo cambió…
Y yo apagué mi celular para desconectarme de todo y centrarme en la única persona que dispersó mi caída al abismo.
―Reconsidéralo, Sasuke, nosotros… ―se avecinaba un discurso acalorado del entrenador, que abría una apertura para una segunda revisión que anularía a la primera.
¡Qué poco me conocían! Nunca había modificado mis decisiones. No iba a cambiar de parecer, negué. Conservé mi postura estoica, para distanciarme del resto.
―Neji, vas a decir algo ―sonaba sugerente, aunque no había nada de bondad en la grave voz de Gai.
―Suspenderlo, fue mi elección. Si quiere cumplir la sanción, es la decisión de Sasuke ―Hyuuga volvía a lavarse las manos.
No se arrepentía. Neji Hyuuga comparaba su elección con mi renuncia al perdón. Que declinara al indulto, me convertía en la causa de futuras críticas… No lo sería. Sonreí de lado, antes de aclarar lo evidente:
― ¿Tu elección? ¿Hacerme a un lado por unos errores en un partido? Jamás le fallé al equipo… ¿Una puta vez no puedo ser Humano? ¿Es que todos los días esperas que logre un 6-0, solo por ser el primero en la lista, mientras que al resto se les da el privilegio de tropezar diariamente? Me suspendiste por el bien del equipo, esa mierda quieres creer… ¿Y qué tal si esto no fuera lo mejor para el equipo? ―me ofusqué. Respiré hondo, calmé las ansías antes de acabar este partido, tantas veces cancelado―: Si yo hubiera estado en la cancha en la final del regional, te aseguro que habría ganado mi partido. ¿Y tienes idea de por qué? Para mí esto no es un juego, a diferencia de ti, capitán, no trato de ganar para ir a Korea.
Hasta la mitad de mi autodefensa, en su rostro admiré la contestación que daría. Sin embargo, ésta se diluyó con el correr de mis palabras y la idea abortó con mi oración final. Había liberado ese oscuro odio, que germinó con mi suspensión y que maduró con el resultado de la final regional. Todo fue dicho.
A paso seguro abandoné las canchas. Me alejé unos metros, una vez lejos me recosté contra un paredón y di una profunda exhalación.
―Lo has hecho ―Era Itachi.
Quizá no fue una felicitación. Para mí era un "estoy orgulloso de ti". Demoré cerca de una hora, y me esperó. No imaginé que lo haría, aquí estaba con mi bolso que había tirado en el pasto…
El bolso que aventé sin una segunda intención. Si funcionó… Me esperó, cuando pudo dejar mis cosas en el aula e irse de mi vida. Me acomodé un poco contra la pared.
―Ellos… quisieron regresarme las manos ―sé que la alusión no requería de explicación, él entendía mi lenguaje―. Neji me había suspendido por tres partidos, se arrepintió. Fue… su primer indulto.
Respiré convulsionado, Itachi me ofreció una botella de agua… ¿De dónde la habrá sacado? Estaba con las manos vacías en la caminata que hicimos. Apresurado tomé la botella sin abrir y bebí. ¿Ni siquiera la tocó?
Son este tipo de acciones las que hacen ver lo afortunado que me siento de tenerlo, apoyándome. Bebí despacio el agua, lo que diría a continuación, era esencial relatarlo tranquilo. Lo sentí de ese modo.
―No lo acepté… Yo no volví para jugar a toda costa, regresé porque una persona… me hizo ver que no estaba solo―sostuve, no ahorcaba a la verdad, que libre se muestra.
Estoy reconociendo, que estoy aquí por él y tiemblo ante lo que debiera ser una afirmación clara. Sin titubeos tendría que reconocer, que estoy aquí por él. Aunque lo sé, no puedo usar las palabras correctas y explayarme más, porque siento que algo se sacude dentro de mí.
―El antiguo Sasuke habría aceptado las disculpas del capitán ―mencionó mi hermano, como si hubiera escuchado solo una parte de mi confesión.
Y pese a su falta de correspondencia, que sutil perfora mi pecho, me desconcertó su franqueza. El antiguo Sasuke era tan apegado a las normas sociales, una disculpa habría bastado para aquietar su humor. Éste Sasuke se niega a alzar las disculpas y tirita tontamente… Cuando se prometió jamás hacerlo frente al imán de mis vacilaciones.
Por encima de la pelea personal por mis reacciones estúpidas, necesitaba decir lo que pensaba:
―No quise verlo… El capitán también me envidia ―Itachi se cruzó de brazos ―. Sé que ambiciona ser distinto, es lo mismo que le sucede a Naruto… La diferencia es que Naruto utiliza esa envidia para enfrentarme, aspira a ser mi rival. Neji…
―Prefirió ignorarlo, no quiso reconocer que tu tenis es diferente al de él. Habrá sido un shock ―Ni era noticia, él… volvió a demostrar estar adelantado al emitir su análisis.
Asentí. Gracias a ti, pude verlo. Esa tensión que siempre hacía que Hyuuga me tratara de una forma que rayaba el odio, tenía su lado oscuro. Una envidia divergente a la de mi amigo, oculta permanecía hasta hoy. Neji estaba celoso de mi nivel.
―El tenis, el colegio, basta de todo ―solté todavía perdido―. Quiero sentirme como Tom Sawyer. ¿No delatarás al chico correcto que quiere ser incorrecto?
Esto que saqué, el monstruo sediento de sangre fue calmado. Estaba tan aliviado que quise emprender un viaje en una balsa. Empezaría a romper las reglas y necesitaba del completo apoyo de Itachi. Iba a destruir mi expediente de cero inasistencias, sin levantar una excusa valedera.
―Sawyer era apestosamente bueno para conocer la diversión antes de Huck Finn ―suelta, sin quitar esa seriedad que es comodidad para mí.
Había un justo motivo para sonreír. Nada pudo hacerme más feliz en ese momento, que tuvieras palabras que siguieran este juego novelesco.
―Te prepongo algo. No es un paseo en balsa ―se calla por un rato, para obtener todo mi interés aquel que tiene, prisionera―. Tú y yo en bicicleta hacia un destino que te sorprenderá.
La invitación es buena, circular por la vereda en una fresca mañana. Habría aceptado, si no me sintiera agitado tras la confrontación al capitán. Poner en funcionamiento mis piernas, no sería apropiado.
―No me apetece pedalear, yo prefiero…
― ¿Quién dijo que usarías el pedal? ―se adelantó.
No se cortan las sorpresas. No usaré mis pies, entiendo lo que implica. Itachi toma mi mano y salimos del colegio. El guardia ajusta su doblada nariz, haría un corto interrogatorio por el ingreso y salida de un estudiante. Corre la vista y reprende a dos alumnas que llevan el cabello suelto –es una regla de la institución, el asistir con el cabello recogido-. Reprocha la falta, con una enardecida autoridad. Esto me hace ver, el porqué no nos detuvo. Itachi había utilizado su terrorífico mirada, la que augura un peligroso porvenir para quién se atreva a frenarle. Finge el guardia estar ocupado, hace la vista gorda, dándonos el pase a fuera.
Allí amarrada a un árbol de la vereda, frente al colegio, había una bicicleta dama roja. Itachi soltó mi mano, una vez que estuvimos al lado de ésta. Tomó el candado con clave, que aseguraba lo que aparentaba ser de su propiedad. Él me tendió la cadena. La sujete, algo extrañado… La idea… Se transforma en un sueño a realizar, porque pronto tienes una respuesta:
―Sí, quiero.
Quiero comenzar lo que sea que tengas en mente. Quiero sentir el aire fresco de una mañana de estudio, no experimentado por ser un alumno ejemplar. Quiero que me obligues a ser el chico malo, que nunca he sido. Quiero tener el primer ausente en mi cuaderno de cero inasistencia. Había tanto sentimiento en esa corta y retardada aceptación.
Itachi sujetó el manillar, el pie derecho reposaba en el pedal mientras que el izquierdo seguía en el piso. Le entregué mi bolso y la cadena, él la dejó en la canasta negra y me quitó el sweater para alcanzármelo.
―Úsalo de colcha ―me indicó.
Claro que aceptaría, me hacía una idea de lo que me dolería el trasero de estar sentado sobre el porta paquetes de la bicicleta.
Una vez que me acomodé, todo empezó a moverse… Las chicas con sus faldas largas, al estilo de Hinata, o cortas… como la mayoría. Cabellos castaños, cabellos rubios… Corbatas, el adormecido ritmo de la población estudiantil.
― ¿Sasuke? ―alguien me llamó.
Me angustié. No por identificar a quien me cite… Sino por esto que estaba haciendo, abandonar el lugar del que hace meses juré no ausentarme. Estaba quebrando mi norma educativa de un modo ruin. Destruyendo al alumno modelo que todos amaban. Estaba renunciado a mi diploma de asistencia perfecta.
―Te advierto que no me detendré ―susurró Itachi, había oído mi nombre en la voz de un chico.
El instante de represión interna, no es largo. Con la advertencia, me recobro. Esto es lo que yo pedí: romper las reglas por una desgraciada vez. ¿Quién quiere detenerse para que todo se detenga? ¿Quién pretende regresar, si existe alguien con quien escapar de los rostros que se repiten y de la monotonía que te apresa? Si la condena es perpetua, ¿por qué declinar a la libertad condicional?
Si el viaje ha iniciado, ¿por qué romper el boleto? Tanteas en el bolsillo, puesto que el control de pasajes empieza. No quieres descender, antes de tu destino:
―No te detengas… ―respondí, con el mismo susurro al tiempo que fui subiendo mis manos hacia su cintura―. Jamás lo hagas. No ahora.
No ahora… que las piezas trituradas se acoplan, que todo… es construido.
Una Ciudad sobre el caos, se asienta.
Porque estoy seguro de cómo quiero que se construya este nuevo mundo.
Y te tengo… Te tengo conmigo.
Y siento…que te necesito, desesperadamente.
Y te quiero conmigo.
Por siempre.
―No ahora ―repito, la súplica se pega en mi paladar y sumerjo mi rostro sobre él.
Pegado, un koala se aferra a su madre. Esta imitada acción, nos conduce, a puerto seguro. Aún si desconozco el destino del paseo, sé que no habrá interferencias, porque éstas se alejan a cada pedal.
La persona que adoré en mi niñez.
En los albores de mi adolescencia, la detesté…
El "Misterio"… Descubrió la verdad que acobije celosa y temerariamente.
Hábil, reparó en la grietas de mi ciudad y me enfrentó… Antes de que muriera aplastado.
Pasan las personas, las cuadras, los árboles, los autos a mayor velocidad. Todo se va desvaneciendo con la velocidad. No me preocupaba ver todo borroso, ni quede de repente todo esté silencioso. Porque siento, que él está cerca. Mientras lo tenga junto a mí, el mundo entero, junto a cada ser vivo, puede borrarse completamente.
―Tienes que soltarme…―enfatizó Itachi.
Me di cuenta, que todo ese tiempo no hice más que adormecerme y enrollarme con fuerza a su ancha espalda. ¡Si hasta su voz parecía sonar ahogada! Rápido, quité mis manos y me bajé de la bicicleta. Él también lo hizo, se agachó para asegurar la bicicleta en un árbol y no estaba afectado como lo estaba yo. ¡Demonios!
Yo decidí examinar el lugar. Tal como había mencionado, llegamos al templo. Longevos árboles rodeaban el lugar tranquilo. Una escalinata de piedra sinuosa conducía hacia el pórtico de madera. Iba a dar un paso hacia allí, pero fui detenido por una mano. Itachi me jaló hacia el espesor de la naturaleza, donde habían más sombras y nos alejamos de la escalinata. ¿Es qué no venimos a visitar el templo?
El sonido de mi celular, se oyó más fuerte que lo normal. Itachi miró de costado, ¿será mamá? Saqué el teléfono de mi bolsillo.
―Es un mensaje de Suigetsu, aún no me ha borrado de su lista de amigos ―comenté, viendo el mensaje en cadena con miles de emoticons.
Recibir un mensaje en cadena, era una clara evidencia de que seguía en la agenda de Suigetsu. Guardé el móvil.
―Quizá te considera un amigo, por fuera de la renuncia ―enunció él, natural.
Paré en seco. Itachi siguió caminando. ¿Estaba enterado de que decliné al Club de Natación?
―También lo sabías… ―Con esto, él se detuvo.
Hace un mes interpuse mi retirada de natación, los hematomas de mi cuerpo no se iban y si deseaba continuar en el Club de Tenis, debía renunciar. Para mí era primordial centrar mis fuerzas en aquella área y no malgastar energía en un deporte que no disfrutaba. Participé de la actividad acuática a recomendación, también, de papá. No puedo pelear dos frentes, y conservar mi reinado del mismo que lo venía haciendo, por eso di un paso al costado.
―Tu traje de natación no se ha movido de casa ―precisó Itachi, giró un poco la cabeza para verme―. Mamá lo sabe. No dijo nada, porque cree que te estás preparando para el examen de ingreso universitario. Sasuke, deberías saber, que las suposiciones son los peores errores.
Era la movida que haría, excusarme con la prueba, justificaría mi salida de las piletas. Ella se acopló a la mentira que no recree, por un tonto descuido.
― ¿Y tú… por qué no…no... ? ―titubé, sobre el planteo que haría. ¿Por qué no me interrogaste? ¿Eso quería cuestionar?
Si a cada hora descubro que tu temible pregunta de hace unos días, "¿qué me estás ocultando?", se formó por mi deprimente nivel actoral, ¿Por qué no me acostumbro? El ser descascarado, despacio, inquieta como la sensación de tener a un acosador respirando el mismo oxígeno. A milímetros de mí, cuando se encuentra a cien metros lejos.
―Quería estar seguro. Lo estoy desde que, imprudente te mojaste en el patio ―aseveró Itachi, había regresado su vista al frente. Me desagrada cuando usa aquel tono, entre la agilidad para entender comportamientos que considero poder manejar y su misticismo, para ver mis más profundos secretos.
Misterio.
Misterio.
Cubre a cada segundo, sus ojos.
― ¿Seguro de qué? ―indagué ahogado, más preocupado por lo primero que por el hecho de que me hubiera visto bajo la lluvia.
―Ese día, cuando te inscribieron a nuevo instituto de idiomas, en tu habitación me permitiste, después de largos años, abrazarte. No me soltaste, te aferraste como si fueras a perderme. No fue un momento de debilidad, fue mucho más profundo ―valoró, sin regresarme la mirada, demostrando interés por lo acontecido meses atrás.
Me llevé una mano a la boca. Guardaba conmigo el abrazo que compartimos, la noche que Itachi se ofreció a reclamar a papá por mis horas extraescolares. El calor de esa noche y el candor incomodo que me atacó al ser abrazado en la azotea volvió. Quemante, fue el beso que dejó en mi mejilla… en el bautismo. Nervios, en el medio beso que por error le di… Palpitaciones, tuve cuando presionó de mi muñeca esa vez que escribía un correo para Kimimaro.
Esas escenas se proyectaron en mi interior. Nuestros incómodos momentos, no quizá fueron mis incómodos recuerdos. ¿Y si para Itachi todo era normal?
―Lo sentí con tus preguntas bobas… ―agregó Itachi, sin dejar la seriedad de su voz.
Al igual que la sensación ante el corte de una película interesante, desencajado miré a mi hermano.
―Tendrías el mismo pensamiento, si estuvieras bajo mi piel ―me defendí, no reduje el enfado.
Itachi retomó la caminata, yo no moví ni un pie. Seguía andando, estaba a varios metros sorprendentemente. Quise apresurarme para darle alcance, corrí un poco. Estando a centímetros de él, me apoyé en su espalda y me colgué de su cuello. Restregué mi rostro contra su cabello para arruinarle el peinado, se lo merecía por decirme "bobo". Serían segundos de ventaja, él me jalaría. Entonces oí un "no" bajo de él.
― ¿Dijiste no? ―pronuncié, algo atontado. No comprendía, ¿no a qué?
No recibí respuesta. Se oían los aleteos de pájaros, pasaban de rama en rama. Despacio, fui liberando su respiración, con mis manos que se desenroscaban de su cuello e iba a bajarme de él.
―No lo hagas ―exigió de repente Itachi. ¿Qué no haga qué?
La orden fue acompañada por un castigo, estrujó mis manos. No quería que lo suelte, me reí un poco. Podría haberme negado, a complacer sus repentinos y enigmáticos caprichos. Inexplicable, no solo acepté, sino que volví a asegurar mis manos sobre su piel. Dentro sentía, un ardiente tambor, que decía que no bastaba… Que faltaba algo.
Ahí me ves, Itachi, enrollando mis piernas a tus caderas… Di "no lo hagas" cuando pretendo soltarte, no te quejes si inconsciente vuelvo a los hábitos que dejamos atrás. ¿Cómo? Mi hermano enrolló sus brazos a cada lado de mis piernas para asegurarme. ¿Estaba de caballito en su fuerte espalda?
El corcel trota, el sol no ha logrado irrumpir en la noche de los árboles. Hay oscuridad a mediodía, en el paraje desconocido. Mis piernas se sacuden agitadas, el cabello de Itachi acaricia mi rostro. En las sombras, veo una pequeña luz.
Todo se vuelve oscuro, en un segundo…
Y donde cantan los ruiseñores, donde ríen los gorriones, un búho se acomoda en una rama… Sus cejas están caídas.
Las ramas se agitan, dos hojas caen sobre mi cara. Cruje la madera, un trocito de corteza se desprende de la rama. "Agárrate bien, otouto. Estamos cerca de la aldea." Susurra Itachi. Yo revuelvo sus cabellos, aprovechando que viajo sobre su espalda, en un momento mi vista baja al piso… O lo que fuera un falso piso, estábamos varios metros de la tierra. Recién allí noté que Itachi daba largos saltos de rama en rama. Estaba por decirle que se detuviera, que dejara de dar peligrosos saltos. Pero un ave puso en frente de mis ojos, pluma entre marrones y negras, el siniestro búho extendió sus alas y su graznido resonó en el bosque.
Abrí los ojos. ¿Fue un sueño? Oí un cantó por detrás, doblé el cuello y ahí estaba aquel misterioso pájaro, el búho sentado junto a un cuervo y un halcón. ¡Qué macabra combinación!
El corcel siguió trotando, tuve ganas de tirar de sus cabellos para que se apresure y perdamos al trío de lóbregos pájaros. Unos minutos después, Itachi se detuvo. Me hizo bajar de su espalda, porque aseguró que haríamos un recorrido a pie. Antes de hacer el segundo tramo de este viaje hacia quién sabe qué perdido lugar... Mi hermano tomó un trapo blanco.
―Véndate ―me ofreció la tela.
Primero observé la cinta, luego a él.
―Necesito que veas ―Le iba a decir, que precisamente con eso vería un carajo. Él carraspeó ―. Porque lo esencial es invisible a los ojos, quiero que veas el mundo sin tus ojos.
"Lo esencial es invisible a los ojos." Repetí un par de veces la frase. Me es familiar, sé que lo oí en alguna parte, el punto es ¿dónde? Quizá por esas palabras familiares, es que acepté y me vendé. A quién engaño, me intriga lo que trama.
―Listo. ¿Qué sigue? ―hablé, fingiendo cansancio del juego―. ¿Itachi?
La indagación es devuelta, eco resonante. No tardan en murmuran los gigantes de copa verde y cuello marrón. Resoplé, y avancé dos pasos. Estiré mis manos hacia delante. Nada. Me adelanté cinco pasos más, de nuevo nada. No veía nada, no era gracioso. Le llamé una vez… cinco más, sin obtener otra cosa que mi voz haciendo un débil eco. Extendí mi mano izquierda y di quince pasos. Escuché un graznido sombrío, es… el pájaro cantó otra vez.
―Oye, Itachi. Sé que estás ahí, viéndome caminar como una momia salida de su tumba ―solté comenzando a fastidiarme, un nuevo sonido se oyó―. Un ave ululó… es un cuervo. Veo sin los ojos, ¿fin del juego? ―dije lo más tranquilo que pude.
Tampoco hubo una respuesta. Llevé una mano a la venda que cubría mis ojos y entonces oí un ruido de hojas secas a mi derecha. Giré hacia ese lado, las copas de los arboles se balanceaban… Pero algo más, se movía. Corría hacia el punto del ruido, sin anteponer mi brazo. Tropecé con una roca y caí sobre las hojas secas. Al tratar de incorporarme, toqué un hilo con mi mano izquierda. Jalé de él y sentí que se tensó.
― ¿Éste es el juego? ―inquirí, aunque desde luego no creí que hablara.
En lugar de Itachi, el cuervo graznó.
―El pájaro respondió por ti, hermano ―me burlé.
Tomé el hilo y lo fui enredando a medida que avanzaba. Llegué hasta un árbol y toqué el hilo antes de realizar un movimiento. Éste tenía una vuelta en el tronco, que tuve que hacerla para seguir. A medida que avanzaba, me convencí que este era el juego de Itachi. El hilo estaba enredado entre los árboles e incluso sentí algunos trazos que impedían pasar. Las vueltas en los troncos a veces eran más de tres, hasta se metían por encima de las ramas bajas. Me tropecé un par de veces, y tuve que detenerme por largos segundos para deshacer un nudo que no veía. Terminaba un nuevo y aparecía otro, era desesperante…
Pero quería llegar. Algo debía a ver al final. Una cosa que Itachi querría enseñarme.
Finalmente, el extraño ovillo, descansaba en mis brazos. No había lugar para continuar el hilvanado y di un tirón suave al hilo que se tensó. Di tres pasos, seguí enrollando y al sentir la resistencia, caí de rodillas al suelo. Me encontraré con otro árbol, pensé. Lento, como aprendí en estas largas horas de práctica, acerqué mi mano para tocar la rustica corteza de un tronco y no me molesté en levantarme.
Sin embargo, no fue corteza… Lo que sentí en las yemas. Un material no rústico acaricié, uno agradable al tacto. No frío… sino caliente, como el aire que ahora choca contra mi rostro. Sonreí y di un tirón suave, volví a sonreír. El temblor recorrió mi cuerpo, pero ansioso de cerciorarme de que el juego terminó, toqué el nudo del final… Envuelto en un dedo.
―Te demoraste ―dice y quita la tela de mis ojos.
Por fin veo, que el enlace que acariciaba estaba en la mano izquierda de Itachi, en el dedo meñique. Había amarrado su dedo el hilo de color rojo.
― ¿Qué hace ahí? ―señalé al pájaro negro que posaba en el hombro de él.
―Tal fue tu retraso, que tuvimos tiempo de hacernos amigos ―refirió Itachi, el animal graznó fuerte.
― ¿Hiciste el trazado? ―le pregunté y miré mal al cuervo.
Mi hermano palmo sobre el tronco en que estaba sentado y yo me acomodé ahí. El cuervo movió su pico de un lado a otro, Itachi levantó la mano y el pájaro voló. Al parecer no era broma eso de que se había familiarizado con él.
―Te habrás dado cuenta, mientras viajamos en bicicleta, no hay casas cercanas. El templo, donde dejamos la bicicleta, fue abandonado hace cuatro siglos, al menos es lo que comenta nuestro tío ―relata, y yo me detengo en la coincidencia del tiempo―. Hace dos años, tuve un revés emocional… Fue ahí que hice este trazado ―relató como si estuviera leyendo en voz alta, había un enigmático sentimiento en el resplandor de su oscuro mirar.
La impresión de que mi hermano mayor hubiera atravesado por la oscura trama que todo escritor prepara para el protagonista de una novela, me hizo mirar fijamente. Estaba sin pestañear, quizá hasta podía ganarle esta partida, más otra vez… Había tanto por decir, mucho más para callar. No iba a explicar ni mostrarme la dimensión de su desilusión pasada. Lo leí perfectamente, porque él dejaba que hiciera la pequeña lectura. Y yo quise… en ese instante, sanar sus escondidas heridas.
Instintivamente, observé el enmarañado ovillo rojo. El desgaste del tiempo se reflejaba, con pequeños pelos sobresalientes.
― ¿En todo este tiempo, pensaste en traerme? ―interrogué, aún azorado por la revelación y sabiendo que no explicaría lo sucedido hace dos años.
―Nunca pensé en traerte. Las cosas simplemente se dieron de este modo, todas las vueltas del hilo… Son las idas y venidas de mi intrincada vida, el hilo desgastado… no se ha cortado. Mejor dicho, no pudo romperse. Está agarrado a mi meñique, no soltará… Ya no puede soltar mi mano ―confesó, él acarició mi mejilla izquierda―. Tú… lo entiendes ¿No…? Que no fue necesario que usarás tus ojos, para llegar a mí.
Ahí mismo. Hubo lugar para la suspensión, entreabrí mi boca. No sé qué esperaba de mí, ni tampoco tenía una idea de cómo contestar a esa revelación. Itachi había creado una telaraña hace tiempo atrás, ¿para que fuera resuelta por mí? Había algo más relevante. El hilo que escogió era rojo… En síntesis, un Hilo Rojo. Dos personas destinadas a encontrarse, lo harán sin importar el tiempo y el lugar…
No necesariamente se refiere a dos personas que se reúnen con un fin romántico.
Contemplé a mi hermano mayor, él se limitó a darme una sutil risa.
Tal vez…
¿Itachi y yo?
El pájaro, que continuaba en el hombro de él, bajó la cabeza y volvió a subirla. Sin más, dio un fuerte aleteo, y se perdió entre la espesura de hojas.
―Tú y yo… ―gemí inaudible―. Tú… yo…
¿Cómo esa vez en casa de Sasori? Cuando me recosté sobre ti, todo retumbaba, igual que ahora. Ardí al máximo, al memorizar el medio beso.
―Te ves adorable ―enunció, para recortar mis palabras y se acercó para besar la punta de mi nariz.
Enrojecí de inmediato. ¡No era el momento! ¡No era el lugar! Ni siquiera era el clima apropiado para que hiciera esas…
― ¡No puedes hacer ese tipo de… cosas…! ―le di un par de puñetazos.
Itachi frenó mi ataque, para posteriormente arremeter. Sus dedos largos presionaron mis caderas, no quise soltar la risa, pero ésta escapó. Era raro que tuviera cosquillas en mis caderas y vientre. A decir verdad, era mucho más extraño, que solo Itachi me provocara cosquillas. Cuando era pequeño y era cambiado por mamá, jamás me retorcí, ni aunque ella tuviera las manos frías. Pero con Itachi es distinto.
Entre risas, allí comenzó una mini guerra de cosquillas, los dos caímos del tronco. Rodamos sobre las hojas secas, hasta que por el cansancio terminamos el pleito y nos quedamos boca arriba acostados sobre la tierra.
Recostado, pude ver las hojas verde en lo alto, apenas un trocito de cielo azul se observaba.
El cielo…
No me suicidé y sigo aquí.
Sigo aquí…
Me levanté del piso.
―Hermano mayor… ―pronuncié, sin dejar de mirar arriba―. El doctor… te confirmó mi fatal futuro, ¿verdad?
Itachi no hizo ningún gesto, era tonto abrirme sumando a la duda. No esperaba el "Sí", terminaría por borrar la valentía que débil me empujaba a dar color a mi verdadera intención de diálogo. Porque no quería hablar de mi enfermedad, no al menos directamente:
―A las personas malas, les suceden cosas malas. Los buenos… tienen la promesa de que se hará justicia, porque Dios es la verdad. A esta altura, ni alucino con una nominación al novel de la Paz...
Guardé silencio. Este pensamiento cortado, quema mi garganta. Y lo que diré, me afectará tanto.
― ¿A dónde quieres llegar? ―Itachi me miró, como solo él lo hace. De esa manera, en que sabes que analizará todos los rasgos que dibujes en un segundo. Él no parpadea.
Resoplé lento.
―Yo… Lo he estado pensando, todos los días. ¿He sido tan malvado que merezco morir? ―aventé el temor que me pertenecía, que es tan mío como mi enfermedad―. Las acciones malas son juzgadas, merecen una justa pena. Si ésta es mi condena al dolor causado, prometo no llorar… Voy a entregarme manso a mi destino, si Dios me contesta una sola pregunta ¿Cuál es el crimen del que se me acusa? Quiero… Yo quiero tanto saber el nombre del acto aberrante que he cometido para tener el maldito veneno en mi sangre. Quiero saber… qué hice mal… ¿es que soy el único en la faz de la tierra que no ha entendido el sentido de vivir? ¿Es que… hacer todo para ser el hijo perfecto, no tener distensiones, traer… notas impecables… es el pecado imperdonable? ¿Sepultar… mi propia vida, es lo que hice mal…?
Irrumpe la armonía, las inquietudes que nadan en mi mente, las que me hice, desde que este infierno inició. La tristeza circula y llega a la altura de las ventanas, que se empañan. Todo vuelve a ser impreciso, todo tiembla. Todo húmedo ante un radiante sol.
Demando al cosmos una respuesta… No pido una Esperanza. Quiero saber por qué estoy condenado a apagarme como una brasa en un noche de invierno.
―No hay ningún aspecto malo en ti. Ni en la punta de tus pies. No lo repitas, borra esas estupideces de tu cabeza ―me susurra, al tiempo pone sus manos en mi hombro. Lento presiona allí, se detiene y sorpresivamente apoya su cabeza en mi mejilla, ahora respira agitado―. Sasuke…
Le escuchó. Ahogé un gemido. Veo más borroso, la presión crece. Me encojo porque cada vez soy más pequeño, mucho más para hacerle frente a la inmensidad de la angustia que se cierne sobre mí. Ya no pudo contener las aguas saladas.
Lloro, en silencio. Nada malo hay en mí, es lo que me hacía falta oír, "no sentirme pecador". No reventar mi cabeza de teorías acerca de mi eventual participación en un abominable delito, que mereciera una pena divina.
―Tienes dieciséis años. Tú… Eres un niño. Si supieras, toda la inocencia que existe dentro de ti. Toda la pureza dormida en tus ojos, es lo que yo siempre veo. No tomas alcohol, porque sabes que no eres mayor, no consumes tabaco porque sabes que le hará mal… a tu deslumbrante talento ―Cogió mi mano izquierda y presionó su boca en mi torso―. Siempre estudias y me encanta que te concentres… Eres muy exigente en todo lo que haces, me gustas así ―volvió a besar mi mano izquierda, no le detuve, porque solo importaba lo que estaba diciendo de mí―. De ti, lo único que detesto un poco es tu obsesión por seguir un protocolo que nadie avala, sigues reglas estúpidas… Sigues reglas que ni tú mismo entiendes ―absorbió fuerte el aire, viento caluroso choca en mi rostro―. Tú eres lo único puro que existe en mi vida. En todo caso, todo lo malo vive en mí.
Sientes este abrazo más punzante. Sé que quieres hacerme sentir mejor y lo logras, eres la voz relajante que ceda a la agonía. Siento el palpitar de mi corazón, retumba y retumba, arma un ritmo inquietante cada vez que me tocas, con tus manos o con tus palabras. Pero ¿Por qué dices que el mal reside en ti?
―Sé que quieres hacerme… ―un nudo fuerte, me impide seguir. Aún no me de repuesto de mi vergonzoso cosquilleo en la piel.
―Este paseo no es para obligarte a nada, solo quiero que disfrutes ―su voz, envidio y adoro el timbre varonil de su garganta.
El paisaje hermoso atraía a la tranquilidad, ciertamente sentí que hablaría, si Itachi me lo exigiera. Fuerte, la sensación de que él me dará calor crece y crece. Y no quiero detenerlo… Me gusta sentirme así.
Pero a decir, prefiero esperar y pensar que nada grave pasará, para poder disfrutar que hayamos restablecido nuestra vieja dependencia. Solo un par de días, hermano mayor, prometo que la llovizna acabará y el cielo despejado verás.
+++Si pudiera salvarte…+++
"Ódiame, detéstame" Una voz helada, expresó la orden oscura.
¿Era para mí? Miré al frente, atrás, de nuevo al frente. Nada, a la derecha e izquierda, no había nadie. Esa voz no provenía de ningún lugar. Todo estaba en blanco, no tenía ni un mínimo sentido de localización. ¿A qué lugar he sido conducido?
"Dime, Sasuke, ¿se han aclarado tus dudas?" Nuevamente alguien se dirigió a mí, pero, a diferencia de la primera voz, la nueva tenía a la suavidad pegaba en la garganta. No era la voz que pronunció la venenosa orden.
Di un paso atrás, al ver lo que estaba frente a mí. Si algo le faltaba a este absurdo era esto, que apareciera el cuerpo de Kimimaro Kaguya, con su camisa lavanda favorita. De un solo color, el sombreado bajo sus ojos y los dos puntos en la frente me contemplaban con agudeza. El par de cilindros en sus cabellos blancos, estaban en la ubicación irregular frecuente, uno tapaba la oreja derecha y el otro estaba detrás del oído izquierdo. Asimétrico y adecuado para él, un profesor entregado al arte de la enseñanza y practicante de yoga.
Se veía, idéntico a la última vez, no llevaba encima los dos años que nos perdimos. Ni una raspadura, ni una pequeña señal de madurez, me era mostrada. Era él sin haber envejecido un día. Él sin todos los días que teníamos perdidos, él contradiciendo al tiempo que debería haber adquirido.
"Yo necesito… que respondas la pregunta que te hice hace un año". No había movido la boca, telepatía fue lo que usó. Ciertamente, esto me sobresaltó ¿Y de qué hablaba? ¿Hace un año?
Quería contestar. Una vehemente ráfaga negra, me hizo retroceder. Quise agarrarme de algo, más no había cosa de qué sujetarse, así tuve que estabilizarme sin ayuda. El violento viento subió arriba, era una especie de barrilete negro que serpenteaba furiosamente. Se detuvo sobre mi cabeza y en un segundo atacó a Kimimaro. A golpes, el rabioso objeto, se estrelló contra la imagen de Kimimaro. Era horrible el sonido que hacía, al chocar airoso en el pecho del profesor. Preso del terror, no pude ayudar al fantasma atacado.
Los fuertes golpes no se detuvieron, oí un sonido como de un espejo quebrándose. Entonces dirigí la vista hacia el barrilete infernal. Kimimaro había desaparecido, fantasma o no, nada hubiera resistido el violento ataque. Habiendo terminado la despiadada mutilación, la estela negra, que continuaba dando giros demoniacos, se detuvo y me observó. La violenta ráfaga resultó ser un cuervo de ojos rojos. Retrocedí un paso, intuía, que la siguiente víctima sería yo. Pero el pájaro, comenzó a graznar alegre, una de esos cantos que usan los pájaros para conseguir pareja. Aleteó a unos centímetros de mí, e intentó asentarse en mi mano. Me aterroricé más, destruyó a Kimimaro y canta para mí. Los ojos fervientes no dejaban de inspeccionarme, yo retrocedí asustado y terminé cayendo de espaldas.
Empapado de sudor, así amanecí. Había tenido un confuso sueño con el profesor y un endemoniado cuervo. Me froté la nuca, increíblemente sentí un ardor ahí, lo que por cierto no me tranquilizó. Me caí en la fabricación de una fantasía y ¿ese dolor es sentido en la realidad?
A pesar de que me desconcertó, no quise conversarlo con mi hermano, sé que prometí no ocultar nada… Ni un mísero detalle de lo que me sucediera, y me hace sentir culpable. Pero esto solo es un delirante sueño, constante y repetitivo que me provoca alucinaciones desde que viera el fantasma de Kimimaro o lo que fuera que hubiera enfrentado en la azotea. Es algo que quisiera comprender al ciento por ciento, antes de compartirlo con Itachi. Y sí, no es el primer sueño extravagante que tengo. De hecho se viene repitiendo hace tres noches.
Yo no creí en las leyendas, ni decir de una conexión interdimensional… Sin embargo, todo es extraño el evocar en un sueño a una persona muerta y escuchar la filosa voz diciéndome "ódiame, detéstame…" Me hacen dudar incluso de mi cordura.
Por supuesto que no pude ignorar el asunto, dada la frecuencia, y tomé una decisión. El volver a ser afectado por una especie de pesadilla, me empujó a hacer una consulta a Shion. Ella estaba loca, disimulaba bien para mezclarse entre los cuerdos. Más sin contar mi falta de crédito por sus dotes de sacerdotisa, reconozco que acertó en que mi pierna estaba herida y que algo pasó minutos antes cuando tocó mi rostro. Algo dentro de mí, me decía que ella al menos tendría una respuesta que aliviaría mi extrañeza.
Había esperado hasta el domingo para ir en busca de la sacerdotisa. La semana entera estuve reflexionando sobre la respuesta que tendría para mí. Aunque no confío en ella, mis pies apresurados por encontrarle un sentido a mis infrecuentes, desconcertantes y extrañas fantasías sombrías, son los que apremiantes me condujeron al templo. Me carcomía no saber por qué soñaba cosas extrañas y el tener recortes oníricos de terror psicológico, oír una perturbadora voz ordenando que lo odiara, me preocupaba más de lo normal. ¿Odiar a quién?
¿Por qué la voz, esclarecida en cada noche, pide por odio…? ¿Mantiene una conexión con el fantasma sin rostro?
Y yo…
Escéptico del mundo impalpable, resisto a la crecida de historias paranormales… Pero también…
Yo quiero comprenderlo.
Quiero entender por qué un joven escéptico –YO- sueña con lo irreal.
―Has regresado, te esperaba… ―saluda una voz femenina―. Inexplicable el hado que de regreso trae a aquellos que han sido tocados por la fortuna y su hermana la miseria, Sasuke Uchiha ―anunció ella, al minuto de que pusiera un pie para subir la escalera de piedra del santuario.
Aquí van de nuevo, sus modismos místicos exasperantes. La percepción que compone su esencia de doncella religiosa, no hacen más que darle un aire de rareza.
― ¿Cómo conoces mi nombre? ―cuestioné, bajé mi pie del escalón.
La observé. Shion tenía puesto una chihaya, encima de ésta llevaba un kimono color celeste bordado de flores fucsia. Sujetaba una escoba de paja, había barrido la escalera de piedra y parte de la verada.
―No necesitas decírmelo, Sasuke Uchiha ―respondió ella. Esta chica daría miedo, si yo fuera un artista reconocido en el mundo y ella fuera una fanática enardecida de mi persona. Me atemorizaría, tener una fanática idéntica a Shion.
Pese a mi perplejidad por la petulante respuesta, no le dejaría llevar la delantera de una conversación que yo planeé:
―A una pregunta, le corresponde una respuesta ―insinué su mala educación.
Ni tocada por mi provocación, realzó una apreciación por mi frase:
―Indirecto… para herir, directo para rematar. Ni en mil años se modificaran tus formas, Sasuke Uchiha.
Ya me fastidiaba que repitiera mi nombre completo. Que esquivara las preguntas como un reo que se apega a una coartada, trazada con un cinismo que descolocaría hasta a un benevolente cura, no le funcionaría conmigo.
―Qué sabes tú de mí, en cada encuentro no haces más que hablar como si nos hubiéramos visto ―la enfrenté, tratando de no caer en ese juego "quién sabe más" ―. ¿Nos hemos visto antes?
Ella soltó la escoba, ésta dio un golpe seco al caer sobre el suelo empedrado.
― "Antes"… ―deletreó ella, sus ojos se aligeraron―. Tu nombre… Jamás olvidaría el andar de quién camina creyendo estar despierto. Qué sé de ti, lo que cualquiera sabría… si las personas dejaran de usar los ojos para mirar a sus semejantes ―con ambas manos se tapa los ojos, para volver a abrirlos a los segundos―. Tienes todo lo quieres, a la vez te sientes como si no tuvieras nada. No eres feliz ―sintetizó en una oración, cambiando su estado alegre a uno lóbrego.
A pesar de la desastrosa elección de los colores en la moda, la chica se daba aires de psicóloga.
―Veo que posees un punto―hice una pausa, no revolvería nada. Si fuera incompleta su contestación, lo que me sorprendía era que insistiera en mi estado emocional, oculto bajo mi frigidez. Quizá el que me viera enfurecido tirando un amuleto, le hace pensar que estoy triste. Sería inútil insistir, así que decidí adelantarme a mi consulta―: ¿Crees en los fantasmas?
Mi primera prioridad estaba en interpretar mi sueño. Sin embargo, al enfrentarme a la sacerdotisa, pensé primero debía poner a prueba su poder espiritual, suponiendo, que tal cosa existiera.
―Has visto uno… ―teorizó ella, aún con su ocurrente gesto divertido. Bajó las manos lento,
―Puede que sí, y responde ―exigí apremiante.
―Las personas descreen de la existencia de entidades que no logramos ver. Las fiestas para los muertos tienen una razón de ser, rezamos a los dioses en nuestros altares… Si aceptamos la convivencia con seres extrasensoriales. ¿Por qué no creeríamos en un subtipo de estos seres no palpables? Personas que mueren guardando un lamento, se quedan estancadas en la tierra. Existen y los llamamos almas errantes, fantasmas suena a tragedia medieval―hizo una mueca de fastidio―. ¿Un familiar tuyo no tuvo una buena muerte?
Inquietud que es atendida, retorna con picardía. Sé que su mente va más rápido de lo que esperaba, me observa interesada.
―Es probable. Es una persona que murió hace un par de meses. Yo siento que no se ha ido ―No era del todo agradable relatar sobre el fantasma, que casi me arrastra hacia el precipicio.
Por encima del desagrado, fácil fue que accediera a la curiosidad de ella. No había nada que me impidiera sacar a la luz el caso Kimimaro Kaguya. De ser el secreto bajo llave, guardado y encerrado en un oscuro rincón de mi memoria… Pasó a ser un tema más de mi historia. Hace un año atrás, me habría afectado la sola mención de su nombre. En cambio, ahora mismo, hablar de él con un desconocido, era más fácil que hacer un ejercicio de álgebra…
Porque seguía aquí.
Continuaba esta batalla que taché de perdida, no todo había caído… Mi pequeña ciudad, recibió… lo que se llama "toda la ayuda del mundo", de tan solo dos briosas manos. Las únicas que pudieron salvarme de caer. Itachi… Gracias a ti, puedo hablar sobre Kimimaro.
―Sasuke Uchiha, las almas en pena, están perdidas en el mundo de los humanos… porque les quedó algo pendiente. Desdichados, aquellos que nos buscan en las noches ¿Qué es lo que te dice… tu voz interior? ¿Te respondo con la verdad? ―usaba un vocecita mística que me era francamente irritable.
―Tal vez no mientas. Yo pensaba… ―detuve mi explicación, reformé la oración―: Vi al fantasma de esta persona fallecida en un edificio.
Kimimaro me ofreció su mano para que la acompañe a un paseo… No la tomé. Pude hacerlo, el recordar todo lo que dejaría fortaleció mi decisión. Acepté renunciar a un selecto grupo de personas, incluido mis padres. El nombre de la persona que cerraba mi lista de afectos, me retuvo.
Aún después de que Itachi detuviera mi caída, no me abandonaba la ligera inclinación por el suicidio. Pero él… compartió su desesperación de verme al filo de la muerte. El terminar mi historia, el dar un cierre precipitado… Sería… como seguir viviendo en el pasado, no lo superaría, por el contrario escaparía de él. De las imposiciones y de las expectativas acunadas en mí. Eso estuvo bien para mí. Pero…
Una persona… espera algo diferente de mí.
Aún si el mundo se viene abajo.
Si… todo se vuelve negro, él espera… algo diferente.
Y yo… siento que no puedo defraudarlo.
―He vuelto a ver en estos días al fantasma, en un sueño, fue bastante real para mí ―reforcé, para que ella no recalque lo evidente, "fue un sueño" ―. Me dijo que quiere una respuesta a su pregunta.
―Por una respuesta, el fantasma te visita a través del mundo onírico. Tú sabes… ―Shion desvía la cara hacia el templo y ciertamente le suena normal mi relato―. Las personas atravesamos situaciones complejas, que nos colocan en contextos inimaginables. Si hay armonía, no tenemos nada que reclamar. Sin embargo, si reina el dolor, el inconformismo… Toma formas tenebrosas. Aún si la vida de aquella alma errante fuera un total caos, debes saber que todos pasamos por una cuota de infelicidad. Si no logramos superar ese estado gris, es posible que vaguemos en este mundo físico.
Extendió la mano para graficar el universo, el trazado del semicírculo iba lento. ¿Cuántas historias sobre fantasmas habrá oído, para tomarse todo con calma? Ella es sacerdotisa, para los creyentes es común mencionar a fantasmas, mientras que el resto de los mortales nos desquiciamos por una experiencia que no tiene explicación.
―Todos sufrimos, a causa de que, Sasuke Uchiha, el dolor es inevitable… ―razona, esta vez me mira―. Sin embargo, las almas errantes fueron seres que han adoptado al sufrimiento como un estado permanente de sus vidas. No superaron el dolor, que nos alcanza a todos, por eso regresan a nosotros. Nos visitan, quienes en este mundo físico un profundo dolor poseen.
Personas que no superan el dolor, que forzoso en un tramo de nuestra historia personal nos aguarda, se esclavizan al sufrimiento. Amarrados a la vida terrenal, sin un cuerpo son incapaces de comunicarse. Los errantes fueron heridos, no trataron los desgarros que continúan abiertos.
―Inevitabilidad, en el dolor, sufrimos porque queremos ¿Es un rasgo humano el ahogarse en el lamento?―realcé mi asombro y lo convertí en un escepticismo, que se disfraza de duda.
¿Si contara mi nefasta historia, pensarías que sigo de pie porque elijo sufrir cada etapa de esta condena que no tendrá una revisión?
―Así es. Las personas pasan por muchas cosas… Encuentran al dolor, algunos tristemente se hunden en él, Sasuke. La gran mayoría cree ser feliz, no lo son realmente. Una casa, una pareja y un hijo es el prototipo de felicidad diseñada para muchos, otros creen que el dinero y éxito son la fuente de la dicha. Aún adoptando uno u otro estilo, en el largo camino de nuestra vida, existen piedras que debemos…
Y piedras, escollos que arruinan una llana calle, son "estratégicamente" colocadas. Están por un motivo, empedrando el transitar. Santificadas piedras, tiradas fueron para hacernos caer. Caer estrepitosamente. Mística enseñanza, reordena al ganado que alborozado sigue el andar del pastor. Antes de que siguiera con ese sermón, interrumpí:
― ¿Pruebas? ¿Vas a hablar de las miles de pruebas que se nos atraviesan y cómo caminar sobre ellas en nuestra finitud humana para alcanzar el Cielo? ¿Me hablaras de las pruebas divinas que son impuestas para medir la fe? ―exclamo encrespado con su túnica religiosa y su insistencia para que me uniera al "rebaño".
El rebaño amansado, sigue las indicaciones del pastor. Yo también tuve mi momento de duda, ciegamente creí para no perder la cordura.
―Eres desconfiado… ―se ofuscó de manera teatral―. ¡Kami-sama, enfrentas a mí, a la desconfianza!
Alzó las manos al cielo, dramatiza antes los cuestionamientos de un presunto ateo. La Fe que habitaba en mí (si es que la tuve alguna vez antes de mi enfermedad)… fue desgajada, y no tengo porque fingir que recepto creencias que no poseo.
― ¿Desconfianza? Vengo de una familia que se debate si entregarse a oraciones cristianas o santificar a los kamis ―enarbolé mi declaración y miré hacia las nubes ―. Mi abuela materna duerme con la biblia. Mi abuelo materno se apega a las tradiciones nacionales. A diferencia de ti, sacerdotisa sintoísta, he sido educado con una doble religión. Tengo una visión mucho más amplia, en lo que a cultos se refiere.
La abuela narraba historias fantásticas sobre días completos de lluvia (diluvio), una pequeña fuerza que arremete a la ferocidad (David y Goliat), los hechos prodigiosos autoría de un hijo divino (el mesías de los católicos)… Historias que pronto fueron cuestionadas por un filósofo de lengua afilada.
Papá, coadyuvado por el abuelo, tempranamente encendió la mecha del raciocinio en mí. Las historias de la abuela, autoría anónima, no salvaron las surgidas controversias de los historiadores, que luego fueron interpeladas por mí.
A los nueve años, el relato de mi abuela, dejó de tener sustento.
A los dieciséis, el análisis de sangre, revivió… al terror.
Y con él (miedo irracional)… sobrevino el llamamiento a Dios.
La Fe te regresa, cuando clamas a la Esperanza.
Aterrorizado, amansado… Rezas por un milagro divino.
Sin embargo, quienes no sirven a Dios, reciben una condena.
El desamparo te acosa… si no crees y quieres creer.
Creer… en algo.
En quién pueda salvarte…
―Mi abuela materna es rusa, una cristiana ortodoxa… De lo que ella me habló, la creación del mundo y la entrega de Jesucristo, pienso que puede existir una razón por la que existimos. No estamos aquí solo para respirar gratis ―aseveré para aquietar su ansiedad―. Pero es arduo meterte en la cabeza que existe la divina salvación y que los pecados serán castigados en un juicio final, sin recursos ni apelaciones que puedan ser antepuestos ante un tribunal superior.
Esta parte final de mi posición, me hizo recordar la razón de que no receptara las creencias de mi abuela. El afamado premio a la sumisión cristiana, se evaporó. No soy la persona más caritativa, de lado opuesto… Ni soy el mayor pecador de este siglo. Entonces, ¿por qué el cáncer viene por mí?
―No eres católico ―dedujo ella, animada por el descubrimiento.
La única Fe que tengo,es la fortaleza que me otorgó Itachi. Sus abrazos y sus palabras, me dieron la "Fe" que no tenía. Y creo, creo en su fuerza para sostenerme ante una caída.
―Si no receptas las enseñanzas de La Sagrada Biblia, entonces tú… concuerdas conmigo, Sasuke Uchiha. El estar triste… es una elección. El sufrimiento es nuestra opción.
No había sido ocultada de forma correcta, al mencionar ciclos y reflexionar sobre estados anímicos, su real religión. Por encima del sintoísmo, ella abrazaba al budismo.
―Tenemos que adecuarnos a su existencia, es lo que sostienes del dolor… Pero hay una contraindicación en la frase, admite esta lectura "Sé que el dolor existe, si no quiero sufrir… me lanzo al suicidio", lo que iría en contra del dogma budista "atentar contra la vida". Aún si rechazamos el sufrimiento ¿no configuraría una grave falta el exterminar una respiración, si ésta es la propia? ―expuse mi punto.
―Lo recuperaste, has recuperado… tu mente ―se alegró, dando palmadas.
―No hay frase perfecta, ellas son humanas y son imperfectas por tener un origen imperfecto ―sentencié para resaltar mi triunfo.
Ella dio unos pasos hasta estar frente a mí, dobló las rodillas y se sentó sobre sus talones. Encorvó la espalda despacio, flexionó sus codos y se apoyó con las palmas en sentido paralelo, su cabeza miraba al piso. La reverencia que se debía a un emperador, me era ofrecida. Ella, después de esperar, fue enderezando su espalda y posicionó sus manos en su regazo manteniendo su posición sentada.
―Eso es cierto. Pero, Sasuke, si no tomas las frases budistas… Al menos recoge esto, todo lo que has sufrido… Todo lo que sufriste en otras vidas, te hará regresar… Te diré algo, a tu pregunta por qué sé tu nombre. Conocí hace mucho tiempo… a Sasuke Uchiha ―atónito, quise recordar si nos habíamos visto, ella aseveró―: No te olvido, porque todo es igual. Tu corazón es inocente, pero se envilece desde temprano y a los trece… cruza tu camino un profesor, aprendes cosas de él. Lo verdaderamente importante ocurre a los dieciséis. Tú… tienes dieciséis ¿no es verdad? Sabía que te vería pronto, esperé a que vinieras a mí… ―exhaló, con aire servil ―. Porque esa fue la orden, esperarte en este sagrado templo. Tú vendrías por respuestas, tú arrogaste uno de mis amuletos… Sasuke Uchiha, ésta es mi decimotercera vida y tú vives… la novena. Éste es el regalo que me han encomendado darte, por haber superado el primer estadio. Las piezas que te borraron y te pertenecen, es hora de que te sean devueltas.
Ella se paró, fue subiendo los brazos arriba de su cabeza y los bajó en un círculo, juntó sus manos para hacer una serie de juegos. ¿Qué hacía? Decidí acercarme, di un paso y no pude avanzar más. Shion movía los labios, recitaba algo que no lograba escuchar, en sánscrito. No hablaba el idioma, no lo estudié. Pero extrañamente reconocía algunas palabras y estoy seguro que es sanscrito. A medida que ella extendía el cantico, mi comprensión iba en aumento. Desconcertante fue traducir de forma limpia su último susurro: "Ábranse, las puertas del pasado y a su dueño reciban dócilmente" Al detener el rezo, también detuvo sus manos, juntó las palmas por debajo de su barbilla.
Ni pasaron tres segundos, para que hiciera efecto el mantra de la sacerdotisa. El lugar se fue haciendo negro, se desvanecieron los árboles, el piso y también Shion. Yo quise correr hacia ella, dejé de ver. Todo desapareció.
Cuando abrí mis ojos, no estaba con la sacerdotisa. Tampoco me encontraba en el templo. Este misterioso lugar tenía casas tradicionales, de las que no se ven en Tokyo. Caminé por las calles desahitadas. ¿Dónde estoy? ¿Shion fue la que trasladó a esta despoblada villa? ¿Pero por qué es de noche? ¿O… Será un sueño?
Después de un rato, encontré una vivienda con luces. Era la única que daba la apariencia de estar habitada, por lo que avancé para investigar. Había un niño de cinco años sentado en el corredor de la antigua casa. En sus manos sostenía unas mantas, y se inclinó sobre esta mientras emitía un débil susurro.
Me acerqué hacia el niño… Y cuando éste levantó la mirada, retrocedí espantado.
¡Dios, era Itachi!
"Tranquilo, Sasuke" el niño le habló a la manta.
Antes de que pudiera examinar bien, la imagen se borró… Y lo siguiente fue de nuevo un Itachi como de doce años, con un bulto en la espalda… un cabellera oscura que apenas se veía por sobre su hombre. Me acerqué, y fui atravesado por el paso firme de Itachi. Volví hacia ellos, y entonces lo vi… El chico que iba en la espalda de Itachi… era yo.
La siguiente escena, estaba teñida de sangre. Cuerpos mutilados, esparcidos como flores en el suelo, eran vistos por ese niño idéntico a mí. Lo seguí hasta una casa, en la que estaban los cuerpos de mis padres. Horrorizado, pese a saber que la imagen no tenía concordancia con mi mundo, dirigí la vista hacia cada rincón del cuarto. Itachi no estaba allí… Quise caminar para hallarlo. Aunque solo fuera un sueño, el corazón se ardía por pensar que estaría en las mismas condiciones de que mis padres.
La escena se cortó. Más pasajes fueron mostrados, Naruto, mi mejor amigo… También en ese extraño mundo de ¿niños que peleaban a muerte contra otros niños, blandiendo armas antiguas con un control inimaginable? Era mi amigo. Mi mejor amigo.
Yo… estaba allí, alejándome de una gran ciudad para encontrarme con cuatro sujetos desconocidos, tres hombres y una mujer. Era la primera decisión importante de mi vida al dejar a quienes eran, al menos, mis compañeros. La oscuridad se apoderó de ese recuerdo…
Lo siguiente que vi es que no estaba en la ciudad amurallada y que reía, Naruto estaba allí, con heridas… Eso no era lo sorprendente. Kimimaro también era parte de ese mundo, el sostenía, en esa vida, que yo hice mi elección, que Naruto no quería respetar. Y después de una carrera, siendo perseguido por Naruto, llegamos a un precipicio. Peleamos… Naruto y yo. Gané. Kimimaro murió, tras pelear con Gaara.
Un hombre de cabello corto gris, con el rostro totalmente vendado, salvo por los ojos amarillentos como los de una serpiente me esperaba al final de un túnel, junto a un sujeto de cabellos grises y con lentes. Ninguno de ellos se me hacía conocido.
Y pasaron los años… Una escena sangrienta se desató, aquel hombre que se trasformaba en serpiente fue derrotado por mí, y armé un grupo con Suigetsu (mi compañero de Natación en Konoha), Karin (esa pelirroja que decía amarme) y un tal Juugo (un joven de prominente estatura al que no he visto). Ellos tenían una obsesión… Al menos, la sentí en la piel de aquel Sasuke Ninja.
Hebi, como se hacía llamar la banda del Sasuke ninja, se encontró con Akatsuki, una agrupación de ninjas renegados (que estaba integrada por alguno de los amigos de Itachi). Sasori y Deidara en esa historia, eran compañeros de batalla. El jefe de esa organización era Pein, el esposo de Konan. Tuve una pelea a muerte con Deidara y nuevamente, antes de conocer al ganador, todo se borró.
Un siguiente recuerdo se interpuso… Mi hermano vestía un abrigo con nubes rojas, igual al de Sasori y Deidara. Impreciso se iba aproximando, extendió una mano y una grieta apareció en su frente… Una segunda atravesó su cara. Y ahí dejé de mirar la escena como un espectador, y era yo quien protagonizaba el instante… Itachi se venía acercando… Cinco líneas había en su faz, se venía como un jarrón quebrado que fue pegado. Tan cerca de mí, comenzaba a desaparecer frente a mis ojos y con su último aliento, pudo atrapar mi cabeza, yo espantado le miré. Mirada de cariño, se desdibuja… Anochece la esperanza, renace la resignación. El olor a despedida, se siente y no quiero que me suelte. No quiero que hable, no tiene que parafrasear un consejo. Solo tiene que quedarse aquí, abrí la boca…
Yo, esta vez, quiero silenciar su voz… Porque si le permito expresarse, nos visitara la despedida.
Antes de que pudiera enderezar a mis sentimientos, él respetó su libreto. Quería hacerme llegar un mensaje "A partir de ahora, no importa lo que decidas… Yo te…"
Asfixiado, agudicé mi oído, enfoqué mis ojos, atento a lo que siguiera. Sin embargo, sentí que era arrastrado por una corriente. Estiré mi mano, si fuera solo un sueño… yo necesitaba escuchar las palabras que eran para mí. Pero allí todo se cortó. No pude escuchar el final de lo que aparentaba ser… una última confesión de mi hermano mayor.
―No quieres revelar más… Buda ―gimió la rubia, sostenía mi rostro y me soltó, desfallecida.
Ella estaba agitada, cayó en el suelo. Hizo mucho esfuerzo para recuperarse, tosiendo de forma horrible al apresurar el proceso. Cuando vi que estaba mejor, la ayudé a pararse.
―No pareces sorprendido ―en su mirar, se infundió la sospecha―. Tu primera impresión debió ser mortal. En cambio, estás analizando lo que has visto.
Sería lo normal, el atacar las visiones que presencié y la sentida antes de regresar. Hubiera tachado de gitana a Shion, es que las imágenes no eran tan desconocidas. La villa a oscuras, es la misma que vi cuando Itachi me acompañó al colegio. Fue el corto "flash back" que tuvo, después de que me dijera "Ódiame, detéstame".
―Esa ilusión, parte de la aldea estoy seguro de que he recorrido sus calles, pese a que tiene un aspecto ancestral que no existe en Tokyo ―ella levantó el rostro, estaba sorprendida―. Es como si fuera parte de un sueño, que vagamente recuerdo.
―También anduviste por esos corredores, al igual que el alma errante. El fantasma que te persigue, es parte de tus difusos recuerdos―Ella aseveró firme, me habré mostrado impactado―. ¿Verdad?
Coincidencia mágica que pudiera enlazar las fantasías con mis raros sueños, no al menos para mí:
―Tú… cómo lo sabes.
Ella exhaló satisfecha.
―No fue casualidad que lo conocieras también en esta nueva historia… El fantasma que te persigue, Kakashi Hatake estuvo la primera vez, se relacionó directamente con tu pasado, incidiendo tanto… que también debe recoger fruta magra ―aclaró Shion―. En el extraño mundo de tus sueños, había un ninja que se autoproclamaba como "vengador". Vivía en una tranquila aldea, de la que posteriormente desertó. No tenía sueños, tan solo una ambición… que pretendía saciar a toda costa. Por eso nuestro antihéroe, cambió al bando de los malos… Este ninja tuvo sus desventuras, si bien consumó su ambición, no todo es lo que parece. Tu antepasado tuvo la desgracia de conocer… la otra versión de la historia que creyó conocer. Fue lastimado y atentó contra la vida de ese mundo borrado de la memoria mundana. Cegado por un odio ardiente, acabó con vidas inocentes. De odio se llenaron sus ojos y de rojo se vistieron sus manos. Este ninja se llamó Uchiha Sasuke, al igual que tú… ―exclamó, para guardar silencio por un tiempo, cuando consideré que se callaría, continuó ―: Dicen que todas las historias deben tener un final, lo que no se resuelve en esta vida, será la tarea pendiente para el futuro. Eres el Sasuke Uchiha de un mundo que ya no existe en la memoria de las personas, porque los millones de años, sirvieron para hacer que todos olviden, incluyéndote.
A pesar de que todo es reciente, de que varios retazos de historia pasada, fueron transmitidos a mí. No se aleja la extrañeza, el sobresalto de haber tenido un pasado y que éste fuera recordado por ella y olvidado por el protagonista de la historia (yo).
―Yo te he visto… Sé que te he visto, hace muchos años. No olvido las caras, de quienes más sufrieron y la tuya es inolvidable para el tiempo ―Shion habló convencida, insistencia aseguraba haberme conocido.
No me interesaba. Lo que me desconcertaba era haber presenciado parte de mi sueño. Creí que eran ilusiones mías, en vez de soñar con dinosaurios, había soñado con chicos ninjas durante mi infancia. Sin embargo, lo verdaderamente increíble era ver a un niño con mis rasgos, y su hermano mayor idéntico al mío. Mismo nombre, mismo rostro… Misma familia, mismas personas. A pesar de algunos rostros desconocidos, todo era un calco, de las personas que conozco.
―Tu vida anterior fue traumática, y no podía ser enmendada… de ningún modo. Lo que comienza mal… acaba mal. Porque un jarrón quebrado… No queda igual con una restauración ―ella continuaba.
"Traumática" Las paredes pintadas de rojo, pinturas de sangre, acomplejan mi mente, que en vano intenta descreer de lo fantástico, lo irreal. Sueños que debieran ser completamente míos, son conocidos por esta chica.
―Aceptar el dolor, es un paso que jamás diste… Es tu oportunidad para dar el primer paso, hay muchos errores en tu camino… y aunque en posteriores reencarnaciones fuiste pagando el precio de las vidas arrebatadas… ―calla para meditar lo que dirá, y ciertamente el caudal de oraciones, te atropellan.
―Me confundes ―reclamo, para que deje de hablar como si nos entendiéramos, como si esta fuera una clase avanzada de física cuántica.
Ella exhaló fuerte.
―Las condenas están para quienes cometen un delito. Pagaste tus deudas, Sasuke, en siete vidas, ésta es tu novena vida ―continuó, pasaba por alto mi confusión por el parloteo que no se esclarece―. No debías regresar, se supone que habías lavado tus malas acciones ¿Si no debes nada, por qué continúas aquí? La cuestión es que tú aún no resuelves tu propia vida. ¿Por qué hablamos del pasado? Ese… error original es lo que te sigue marcando… Miles de años y tú vuelves. Sasuke, el karma te persigue. La ley kármanica rectora de nuestras acciones malas y buenas, sigue produciendo frutos. Eres la razón principal de que yo siga aquí.
La condición de Shion es más expuesta, su convicción budista la impulsa a elevar la norma del karma.
―Tienes que revertir el efecto del karma y solo abriendo tu corazón lo lograrás. Abre tu corazón verdaderamente, pero no te concentres en las chicas que dicen amarte, el verdadero cariño no se manifiesta con palabras… Lo sabes mejor que nadie, Sasuke. Que las personas hablan, porque tienen una lengua… Dicen que las palabras vuelan y lo hacen, Sasuke. Busca… aquello que aquieta tu corazón, lo único que puede calmarte es lo que permanece latente y lo que difícilmente se manifestara.
― ¿Qué aquiete…? ―susurré, por dentro meditaba aquello.
―Así… es… Todas tus vidas tienen un elemento igual, no resolviste el verdadero acertijo, el único que tiene el poder de destruir el ciclo. Te dije que era el péndulo… y lo soy, yo… conozco tu historia pasada. Nos hemos visto… Pero, no es necesario que me recuerdes, no lo es. Vine a ayudarte, como sacerdotisa, te mostré parte de tu pasado en tus anteriores vidas.
Es bastante la información que me es volcada, por encima de todo, revela la carencia de lógica.
― ¿Si es cierto, cómo es que recuerdas esas anteriores vidas? ¿Te das cuenta… que nadie depositaría un grado en confianza en ti? ―me alcé, enarbolando la falta de fe en su misticismo.
Ella asintió. Por supuesto me tomó desprevenido, la concordancia con mi recelo.
―Sé que no me crees… No tienes que hacerlo. Si fuera tú, tampoco confiaría en mí. Pero… debe haber una razón para que aquello mostrado, no te sea tan desconocido ¿Verdad? ¿Cómo una simple sacerdotisa puede conocer tus sueños infantiles? ―se preguntó seria, atrapándome en mi error de admitir que la visión generada por ella no me era extraña―. A la pregunta que te hice, tratarás de responder. Pero mucho me temo que no será suficiente para dar el paso decisivo. No interesa el cómo sino el "qué". Debes notar qué es lo que te queda por arreglar, para romper este infinito ciclo de renacimiento.
Romper el ciclo. ¿De qué habla? Una secuencia de etapas, que se repiten… Una y otra vez (es infinita). Tiene una fase inicial, una final que forma un círculo (no es lineal), repetitiva, no se corta.
― ¿Hablas de ciclo del nacimiento y renacimiento del budismo? ―me arriesgué a cuestionar.
Ella esbozó una sonrisa, pestañeando deslumbrada.
―Sigues siendo el mismo… Estás despierto y caminas con los ojos cerrados, puesto que conoces el mundo exterior. Te falta conocer un mundo más pequeño y a la vez mucho más extenso, tu mundo interior. ¿Todos los genios son así de lentos en el plano sentimental? Esto es lo que mis ojos ven, todavía eres como un niño que con los ojos cerrados, juega a no caerse de una vía de tren.
―Siendo que eso viene de una niñita que se viste de rosa, amarillo, blanco y rojo… ni llega a ser un insulto ―repliqué de inmediato.
Ni ofendida por asomo, ella dio pasos para aproximarse.
―Jo… Esta es nuestra última conversación, me he divertido. Sasuke Uchiha, eres valiente… ―sostuvo, haciendo un semicírculo con la mano izquierda a una corta distancia de mi pecho―. No hay más en lo que pueda ayudarte. Ahora te toca decidir, qué hacer con tus sentimientos y tus deseos. Si llevártelos contigo, al igual que en tus anteriores vidas… o transmitirlos en este viejo mundo.
Volvió sobre sus pies para tomar la escoba tirada y avanzó hacia la espesura de los árboles. Me mareó la mina loca, me acaba de revolver la cabeza. Y tranquilamente ella desaparece entre los árboles. En el caso de que su misión fuera marearme, que se quede tranquila… Ha cumplido con éxito las directivas que le fueron asignadas.
Yo no creo en ella. Pero…
En las ilusiones de Shion, en ellos he visto a las personas que viven conmigo. ¿Puede conocer a todas mis familiares, amigos y compañeros del colegio? ¿Incluso conocer el tipo de amistad que llevan los amigos de Itachi?
¿Quién es Makashi Hake? Ella pensó que ese era el nombre del fantasma, ¿debería haberle revelado la identidad de Kimimaro Kaguya como el triste fantasma?
Yo…
Necesito tomar un descanso.
+++Si pudiera salvarte…+++
La visita a Shion, en lugar de revertir las dudas, me llenó de un centenar de interrogantes que abrían unos miles más, en mi colmada cabeza. Quise compartir mi diálogo con la sacerdotisa a Itachi. Lamentablemente, hace una semana que no he visto a mi hermano mayor. Desapareció sin dejar rastros, debo reconocer que revisé su habitación la primera noche de su ausencia, por primera vez después de años de no haber pisado el campo enemigo… convertido en pueblo (habitación) fantasma.
No tengo claras, la mayoría de mis memorias infantiles. En un tramo de mi historia, mi hermano mayor se había convertido en el obstáculo a saltar y en consecuencia… Su habitación en el campo enemigo. Papá no quería que siguiera los mismos pasos que Itachi, el requerimiento bastó para que comenzara a distanciarme de él y no ayudaba en nada que yo, siguiendo el ojo crítico de papá, no aprobara a ninguno de los amigos de mi hermano.
Pero… Tal como reveló mi hermano mayor, todo ha estado cambiando. Especialmente mis acomplejadas relaciones, personas nuevas que se integraron en mi vida. Soranosuke, mi querido ahijado. Mejor dicho nuestro ahijado, de Itachi y yo.
Hermano, quiero verte, necesito tanto que estés aquí.
Pasaron los días, ya recordaba todo lo que me dijo en el bosque, como las hermosas palabras que usó en el hospital. Al rememorar aquello, sentía arder, por eso al regresar a casa, me tiraba en la cama. Me retorcía tanto entre las sábanas, dolía por dentro esta lejanía repentina. Quería tener cerca a Itachi para que dijera cosas buenas de mí, todas las cosas que yo no veo… Deseé tanto volver a oír "Eres mi Universo".
Por suerte, tuve una distracción que cortaba mi hundimiento en la nostalgia. Algo extraño está pasando, debido a algo inquietante. Hace una semana siento la presencia de alguien pisándome los talones. Al salir de casa, siento que estoy siendo observado. La salida de clases, no difiere. En el colegio el ser observado, es algo normal para mí. Las chicas que me miraban de forma coqueta, se delatan por medio de risas tontas, a fin de que las mire. Precisamente, por eso sé que no estoy siendo acosado por las chicas del colegio. La persona que me espía está en las calles, presiento conoce todos mis movimientos.
―El partido que me ganaste, no ibas enserio. ¿A qué jugas? ―lanzó iracundo Gaara.
Estaba observando las calles por la ventana del aula de música, hace diez minutos sonó la campana de finalización de clases. Los alumnos seguían saliendo al paso corto, yo preferí esperar para ver si capturaba infraganti al hombre, estaba seguro de que no era mujer, que me espiaba.
Un palmazo se sintió en el aula vacía, no me sobresalté y tampoco observé el foco del ruido. Gaara se desquitó con el pizarrón. ¡Este chico es denso!
―Al tenis… ¿y tú? ―repliqué desganado, después de desistir de mi plan de hallar al "stalker".
Levanté mi bolso del suelo y revisé mi celular, no tenía ningún mensaje de Itachi. Se había convertido en mi nueva rutina, revisar mi "Line" para ver el estado de Itachi. Me dolía, ¿por qué desaparece justo ahora? Un loco me sigue por las calles, y él no está.
― ¿Me estás tratando de imbécil? ―Gaara subió la voz, cómo se notaba que ni le llevaba el apunte.
Pudo haber certeza en esa voz venenosa, el que hubiera una pizca de duda, fue la chispa que inicio el fuego:
―Sí. ¿Tienes algún problema? ―por un momento pasé mi vista a él.
― ¿Perdón? ―resopló mi compañero, perplejo.
Mis formas se desdibujan, no pretendo remarcarlas. Estoy liberando lo que pienso y mi desgano hace gala frente a su insistencia:
―No ―soberbia pura en una monosílaba, no requiere del eco para amedrentar. Yo estoy siendo altanero.
Volví a mirar la pantalla de mi teléfono. ¿Qué le pasa a Itachi? ¿Por qué no se conecta a "Line"?
Resignado tuve que guardar mi móvil. Me mordí la punta del pulgar, me molestaba no tener noticias de él. Di un resoplido suave, tendría que acostumbrarme a estar sin él… Pero… Ni siquiera comprendo por qué lo quiero ver, posiblemente si lo encontrara iría directamente a abrazarlo. ¡Mierda! ¡Estúpidos pensamientos!
Habían pasado veinte minutos de la salida, era hora de abandonar el colegio. Mamá tiene la costumbre de esperarme a las seis de la tarde para tomar un té. Tenía media hora para regresar a casa, degustar un té nuevo y escuchar su larga conferencia sobre la importancia de reemplazar el azúcar por el edulcorante.
―Espera… ―Sabaku No agarró mi brazo derecho, gruñó―: Tú eres zurdo, me venciste con la derecha.
El partido que tuvimos, no lo manejé con profesionalismo. Fue una prueba preliminar, que le hice para ver si tenía potencial. Elegí mi mano derecha, para tomar un ritmo lento y no para alardear de que quién era yo.
―Te tardaste ―exclamé, imitando una ansiedad falsa y soltándome de él.
―Es una larga historia, digamos que una persona me puso al tanto de tus… ―detuvo la explicación, al verme dar pasos hacia la puerta―. ¿Te vas? ¿Me haces a un lado? Me debes… Una revancha ―me advirtió, ni le escuché ― ¡Tuviste la oportunidad de humillarme! ¡Sé que odiaste mi puta sinceridad! ¿Por qué no me te vengaste de mí?
Se exalta y ciertamente, todo pierde la relevancia antes tenida. Para mí ha dejado de ser importante, he detestado supremamente que las personas griten, creyendo que recurriendo al chillo obtendrán el beneplácito de una explicación. Abrí la puerta de salida y avancé al pasillo. No pude salir, el pelirrojo volvió a jalar de mi mano, entonces me di la vuelta. Gaara había avanzado para retenerme unos minutos más en el salón.
Estaba a punto de seguir parloteando, yo no estaba en ánimo de aguantarme un nuevo numerito de berrinche de un pernicioso que cree tener al mundo a su control. Éste es mi minuto y mi tiempo, no me demoraría ni cinco minutos acabar este problema y seguir mi vida.
―Neji es el capitán… porque quiere, mi objetivo es mucho más alto que una simple fama ―revelé, imitando la seriedad que es puramente de Itachi ― ¿Sabes qué me molesta de ti? ―en plan de copiar las virtudes de los demás, hago la pregunta que él me hizo hace tiempo, en el primer diálogo que tuvimos.
Rompería el esquema de la cordialidad y avanzaría un paso para delatar mi arrogancia natural.
―Oye… ―empezó a decir, pero yo no quería que él hablara, éste era mi instante:
― Seguir las directivas de un padre, es de sumisos. Según tu lógica, fumar en el colegio ¿te convierte en adulto? Tu actitud es una mierda. Reunís cualidades por las que muchos en el Club de Tenis alardearían, pero en lugar utilizar tus pulmones para respirar… Te intoxicas para darte un aire de grandeza que no tienes ―Ya no seré cordial, porque este rasgo es del muñeco de Fugaku Uhiha―. La mayoría del colegio no tiene una buena imagen de ti, porque nos diste fundamentos para creer que vas a acabar mal.
―Dices la mayoría ¿Qué pasa con el restante porcentual? ―inquirió, ciertamente era interesante que no respondiera a los gritos.
―Yo creo que estás a tiempo de cambiar el pronóstico general. Sin embargo ―volví a encarar el pasillo, él ni se movió ― ¿El juego del gato y el ratón? Te equivocas, no me malgastaré tratando de convencerte. Si vas a seguir con esa pendejada de la revancha… Te advierto que en este momento solo me interesa encontrar a una persona y patearle el trasero por ignorarme. Tú, Sabaku no, no vales mi preciado tiempo.
Comencé a caminar. Si no existe la determinación en él, ¿por qué obligarlo? Sujeté firmemente mi bolso. Si tuviera más tiempo… Valdría la pena, Gaara. Mi preocupación ahora, pasa por saber quién carajos me espía y… encontrar el escondite de mi hermano mayor.
+++Si pudiera salvarte…+++
Continuaba revisando día a día, mi teléfono. A todo minuto, se convirtió en una especie de obsesión y no lo noté hasta que mamá sugirió que debía cuidar mi nivel estudiantil, antes que atender a una "noviecita". Le grité, ruborizado y ella me recordó que no aceptaría ser la segunda en mi corazón. Tuve la primera vergonzosa discusión con ella, intenté hacerla entrar en razón. No estaba al pendiente del celular por una "mujercita", como ella pasó a llamar a mi "supuesta novia". Gasté en vano mi saliva, mamá aseguraba que andaba de novio. Si ella supiera… a quién realmente buscaba.
Fui a consultar a la agencia, porque estaba convencido que mi nuevo móvil no servía -papá me compró otro celular-. El personal de atención, me aseguró que tal condición era óptima y yo respondí a los gritos por la inoperancia de la empresa. Ellos me enviaron mensajes para comprobar el buen funcionamiento del artefacto. Después de esas pruebas, salí del lugar, enfurecido conmigo mismo. ¡Creí que Itachi no me escribía, ni me llamaba por culpa del obsoleto celular!
Esta tarde tuve la clase de alemán. Me detuve junto a un arbusto de la plaza. Ahí estaba otra vez, revisando el estado de Itachi en "Line", se había conectado hace ocho días. Mamá me dijo que Itachi estaba en un viaje de negocios, si fuera así ¿por qué no me llamaba? ¿Por qué se lo contó a ella y no a mí?
¿Por qué… me…? ¿Me…?
Empezaba a perder el control de mi propio cuerpo y me apoyé en el arbusto. El dolor que anidaba en mi pecho, estuvo dormido estos días y lento regresa a mí. Cruzó mis brazos en esa zona, para darme el aliento faltante, aquel que buscaba escaparse, junto a mi fuerza.
Mientras intentaba calmarme, los pensamientos cortados, terminaban por formarse:
¿Por qué… me… evitaba… mi hermano?
¡Tonto Itachi Uchiha!
Me agité. Estaba respiración con quejidos. No me interesó siquiera estar bien o estar mal.
¡Tonto hermano mayor!
Tosí. Otro tosido y no se iba la tos. Me encorvé, y tapé mi boca. Sentí que escupí algo sobre mi palma y lo revelé. Había manchas de sangre en éstas. Tuve que caminar apresurado a la estación de servicio, cerré mi mano ensangrentada y llevé la limpia para taparme la boca.
Cuando alcancé los sanitarios de la estación de subte, me encerré en un cubilo y ya no detuve mi tos, salpiqué todo el inodoro con sangre.
"Trabaja hasta tarde cariño." Recordé la excusación de mamá. Mi hermano tenía un extraño trabajo que le hacía desaparecer por días enteros, o llegar a horas no convenientes a casa –tipo una de la madrugada-.
La tos iba parando, me enderecé un poco. Noté que había un sombra debajo de la puerta. Me quedé callado y esperé, la sombra no se movía. ¿Estaba siendo acechado por el psicópata de las calles? Fingí toser, quizá la sombra se movería o una tercera persona acudiría en mi auxilio.
"Está tosiendo. Lleva unos quince minutos. Ni se te ocurra salir de mi casa, deja que me encargue. Lo cuidaré como si yo fuera tú" Habló en un tono bajo un hombre.
Conocía esa voz, me acomodé un poco los cabellos y decidí abrir un poco la puerta.
― ¿Akasuna No? ―fue la gran sorpresa del año, que el frígido amigo de mi hermano fuera el hombre de la sombra―. ¿Tú me seguías? ¿Eras tú?
Él cortó la llamada. Giró un poco para enfrentarme, exhaló derrotado.
―No pienses que es menos desagradable para mí, no es mi costumbre seguir a las personas ―se adelantó a explicarme.
Es que era elemental una disculpa, aunque el desagrado se apegara en ésta y fuera tan confusa. De por sí la situación era rara. Tener la sensación de ser perseguido y que esa persona fuera el austero amigo de hermano mayor, no hacía que me sintiera tranquilo. Yo mantenía una mejor relación con Pein y Konan, por obvias razones.
―Entonces… Si no eres espía, ¿qué eres? ―le increpé, por supuesto que me molestaba ser acosado―. Un psicópata degenerado que…
―Solo otro idiota que no puede negarse a ayudar a un amigo ―respondió resignado y guardó el celular en el bolsillo, obviamente no quería que agravara la acusación que armé en segundos para él.
Y temblé al repasar el "ayudar a un amigo", me sujeté de la puerta entreabierta. Él levantó las manos para ayudarme, la preocupación era tan visible en sus ojos y no me gustó. Endurecí mis ojos para que ni me tocara.
― ¿Quién te mandó? ―pregunté rápido, saliendo apresurado del cubilo. Aún tiritaba.
― ¿Importa realmente? ―Él seguía observando mi cuerpo, dudoso.
La inquietud no ha parado de crecer, no me importaba que mi dolor no se haya ido, Sasori encima se desvinculaba en una frase. ¡Me hastía su poca cooperación!
―Te hice una… ―me faltaba el aliento, e hice lo posible por simular que estaba bien―. Pregunta.
Él corrió la vista en dirección a los azulejos. Sé que estaba meditando algo, yo intentaba frenar mi desordenado pulso. Las ganas de toser me ganaron, e intenté callar mi voz con el torso de mi mano. Él me vio por rabillo, sé que lo hizo aunque no lo hubiera visto.
― ¿Quieres que te responda, o prefieres verificarlo por ti mismo? ―me cuestionó, dando por terminado el juego del espía, demasiado pronto para mi gusto. Algo me dice que mi tos, le convenció más que mi insistencia.
Preferí guardarme mis temores, no era posible que supiera que "esto" no era una tos normal. No tardé en seguirle. Debería exigir un nombre, en lugar de tomar la segunda alternativa. Ciertamente, estaba siendo confianzudo, o todo lo contrario. Me cuestioné internamente, dado que no confío en este sujeto. Pero… Está el hecho de que no ignoro, Sasori es un amigo de mi hermano mayor y fue él que quien me recibió como huésped en su casa la fatídica noche de mi desmayo en la calle. Además es el sobrino de Pein.
Akasuna No me llevó hacia su automóvil gris, estaba estacionado justo frente al edificio en donde tomaba las clases de alemán. Iba a reclamar por el acto imperdonable, el pelirrojo me detuvo, "no preguntes" me ordenó con una mueca agreta.
Hicimos un viaje bastante largo, la ansiedad crecía en demasía y él manejaba como una anciana. ¡Encima abría las ventanillas, en lugar de prender el aire acondicionado!
Llegamos a una casa de ladrillos. Él tomó un conjunto de llaves, con ésta pudimos ingresar. Él siempre adelante y yo secundando el andar apresurado que tenía. Daba la impresión de querer deshacerse de mí, sinceramente no aspiraba a que coordináramos un diálogo para matar el aire de compresión en que nos sumergimos. Yo solo quería tener mi respuesta. ¡Quería tanto saber quién ordenó acosarme!
Reconocí el living de la casa, hace unos meses estuve aquí. Justamente, en aquella ocasión había despertado agitado después de haberme desmayado, el ver a Sasori no disminuyó mi agitación. Solo la presencia de mi hermano mayor, que venía detrás del pelirrojo, me hizo sentir seguro.
Mi hermano mayor... Fue aquí donde tuvimos una discusión. La primera que provoqué, debido a esa sofocante sensación de que no contaba con nadie.
―Ey ―Sasori tronó sus dedos, cerca de mis ojos.
Estuve tan entretenido con mis recuerdos, ni presté atención de que el recorrido finalizó. Estaba frente a la habitación de huéspedes, también la recordaba. Aquí fue… donde perdí la mitad de mi primer beso. Me congelé, al instante.
Sasori volvió a mostrar su malhumor con un chasquido de lengua. No era mi culpa, su casa tenía tantos frescos y vergonzosos recuerdos. Tomé el picaporte y lo que vi, me dejó parado en la puerta. Ciertamente, era probable que fuera él.
Recostado en la cama, celular en mano y unas terribles ojeras, mi hermano mayor me contemplaba sorprendido. ¡Así que éste es el amigo! ¡Ningún otro pudo ser! En mi delirio imaginé que sería Deidara, había tratado tanto de sacarme fotos… y sé que es el novio de Sasori.
― ¿Por qué te alejas de mí? ―exclamé, estaba herido por el hallazgo.
¿Había evitado verme? ¿Por qué mintió al decir que se encontraba de viaje? ¿Qué significaba, jugaba a las escondidas cuando perfectamente sabe que puedo caer en cualquier instante?
―Sasuke… ―suspiró intranquilo él.
―Tu "aniki" fue afectado por un virus. Hace nueve días duerme en mi casa, terminó su reposo clínico anteayer, no así el reposo autocritico ―sugirió Sasori, no se había movido ni un centímetro de la puerta.
¿Un virus? Recriminé mentalmente a mi hermano, fruncí el ceño para que mi enojo fuera apreciado por él.
―Itachi, no tuve más opción que revelarme ―continuó el pelirrojo, esta vez cambiando de destinatario―. Tu precioso hermanito tosió hasta sofocarse en el sanitario. Me largo, antes de que digan que estoy sobrando.
Miré mal a Akasuna no Sasori ¿era necesario que informara el detalle de mi descomposición? ¿Cómo podía soltar ese tipo de noticias sin que se le moviera un pelo al desgraciado? Voy comprendiendo por qué se llevan tan bien ellos, tienen muchas similitudes.
Después de la retirada del pelirrojo, mi hermano mayor no tardó en ponerse al día con su preocupación obsesiva:
― ¿Cómo te sientes? ―Itachi me observó centrado en mi aspecto.
―Es lo primero que dirás ―le reclamé, él no cambió su semblante frígido―. ¡Te escribí! ¿Tanto te costaba leer y crear una nota para mí? Estuve… Estuve pensando mucho más de lo que quisiera en ti, y ahora me estás obligando a contarte lo angustiado que me tenías…Sigo peleado con mi mejor amigo, no me afecta… Pero tú, enloquecí por tu culpa ¡La agonía se convirtió en mi fiel amiga, porque tú desapareciste! Así… No me gusta… Me dolió aquí ―presionó mi camisa en el centro de mi pecho, donde debería estar mi maltratado corazón ―.¡Me hiciste sentir peor que cuando Kimimaro se fue! ¡Te odio!
Me desbordé, no sé en qué momento, empecé a llorar. "Me hiciste sentir peor..." repliqué en un llanto y abrí mi boca para soltar todos los gemidos que ahogué en casa. De tanto aspirar agitado, me ahogué y la horrible tos inició.
―Quiero que me digas, si estás bien ―Sin duda responderme, a mi lamento era lo de menos, verificar mi bienestar seguía siendo su prioridad. Él se levantó de la cama.
Negué, estaba empapado de mi dolor, e intentaba recuperar el aliento, mientras Itachi me hacía sentar en la cama. Tan patético, tan sentimental. Doblé la cabeza para que no me viera. ¿Por qué me vuelvo emocional? Preocupado porque no me vea hecho un desastre, débil y enfermo.
― ¿Te sientes mejor? ―Itachi se sentó al lado mío, rodeó mi cintura y apoyó su cabeza sobre mi nuca.
―Solo fue un ahogo… Tu culpa… ―balbuceé, también abrazándolo y era cierto abrirme completamente me había sofocado.
―Fue porque no respiraste al hablar, tonto ―dijo con una risa él, después de rato agregó ―: ¿Qué sucedió en el baño?
Ciertamente no olvidaría lo que comentó Sasori. Deshice el abrazo, Itachi no se obsesionó con retenerme, de lo contrario no me habría permitido separarme. Respiré profundamente antes de aclarar la inquietud de mi hermano.
―Me… Descompuse en el baño, escupí sangre ―prometí ser sincero y intentaría cumplir―. No es la primera vez que me pasa, así que no dolió mucho. ¿Y tú…?
―Me pegó fuerte un virus de mierda, acabó por tirarme en la cama ―repuso sin abandonar su tono profundo, ya ni se notaba que hubiera estado enfermo―. Yo no me perdonaría, el lastimarte una vez más. Yo… En ese estado, era peligroso para ti. Por eso decidí tomarme un descanso, no quise regresar contigo hasta estar totalmente recuperado.
¿No quería ponerme en peligro? Los enfermos de leucemia, son vulnerables a cualquier virus. Un cuerpo sin defensas… es igual a una casa sin cerraduras. El temor de mi hermano, se fundaba en el miedo de transmitir su enfermedad a mi cuerpo, ausente de defensas que repelerían todo tipo de ataques.
Así que era por eso. Evitaba tener un contacto conmigo, debido a su enfermedad. Hermano mayor… estoy feliz de que pienses en mí, pero ¡Nada te costaba, al menos escribirme!
―Podrías haber usado un barbijo ―me enojé, me levanté de la cama y caminé hacia la puerta tomándome la cabeza.
Pude haber reclamado por el mensaje, en lugar de ello, insistí que podíamos vernos físicamente. Es que leer lo que piensa, no es igual que ser abrazado. En un momento, su presencia era más que vital para estar calmado.
―Te hubiera incomodado. Sé que te hubiera afec…
― ¡Tú no me incomodarías! ―me exalté, rompiendo con esa tonta excusa ―. Quiero estar contigo… Me pediste que respirara, y respiro… solo para que vuelvas a dejarme… condenado a la soledad.
Realmente, no valoré mis palabras, éstas salen sin ser meditadas. Me fastidia haber perdido todo rastro de él, estar pegado al celular, agobiado por un mensaje que no llegaba. ¡Quería tanto leer un "¿Cómo estás, Sasuke?"! Que siguiera preguntando por mí.
―Respira… Sigue respirando, me lo pediste. Y yo… volví. Está bien, quise saltar… No lo hice, no lo hice… por ti, no lo hice. Por ti, continúo con todo. ¿Por qué me haces llorar? ―gimoteé, estaba tan afectado por su desaparición abrupta que empecé a actuar de manera dramática―. Dijiste que era Tu Universo. Si soy Tu Universo, ¿por qué desapareces, sabiendo que me harás llorar?
Itachi abrió por completo sus pestañas. Presionó fuerte las sábanas de la cama y sus ojos vibraban.
―Ven ―movió una mano, la señal era para que me acercara.
Me limpié un poco el rostro, lento me acomodé a la izquierda de la cama. No pasaron ni dos segundos para que sus fuertes brazos rodearan mi cintura, haciéndome recostar en su pecho. Su cuerpo estaba caliente, moví mis manos por su ancha espalda y él también restregó sus manos desde mi nuca hasta por debajo de mi espalda.
―Perdona a tu tonto… tu tonto… tonto ―repitió sobre mi oreja izquierda, ofreciéndome caricias ―. Ultra tonto hermano mayor.
Solté una pequeña risa, era tonto escuchar que se autodenominara "tonto". El apoyó su mentón sobre mis cabellos, seguía pasando sus largos dedos por mi cuerpo.
― ¿Le pediste a Sasori que me siguiera…? ―corrí mi mano por su abdomen, se notaba que él se ejercitaba cada día.
―En parte… ―reconoció, di un suspiro entrecortado porque él estaba respirando sobre mi cabello―. Llamé un par de veces a casa, no me decían lo suficiente de ti, para que estuviera tranquilo ―besó mi cabeza varias veces, si fuera por mí… Podría hacerlo toda la tarde―. Sasori se ofreció a observar tu día a día… Después que el médico prescribiera reposo absoluto por mi maldito virus.
Volví a deslizar mis débiles manos, por sus fuertes pectorales y seguía recostándome en el confortante pecho de Itachi. Así que fui espiado por expreso deseo de él, dejé de tocar a mi hermano mayor, para recapacitar su confesión. Eso explicaría el por qué era perseguido justamente por Sasori, y no por Deidara o Kisame. Mi hermano mayor, de todos sus amigos, siempre ha tenido un trato diferente con el sobrino de Pein. Aunque a simple vista, pareciera tener una mejor relación con Kisame Hoshigaki, ello no implicaba que fuera el primero sobre el cual se apoyaría. Solía decirme, que si un día mi hermano desapareciera, al primero que interrogaría sería a Akasuna No Sasori. Yo estaba seguro de que la mayoría de las cosas que pensaba mi hermano mayor, descansaban en la mente del pelirrojo.
Cada cédula mía, se congeló ante mi línea final. ¿Entonces Sasori conoce… mi debilidad?
―Él lo sabe ―me separé unos centímetros de ese cálido colchón viviente, su vigoroso pecho.
―Tuve que decírselo ―expresó suave y me obligó a regresar a mi posición anterior, pese a mi desagrado.
"Tuve" Sé que estaba enfermo, la forma en que me abraza me dice que no fui yo… el único que sufrió por nuestra separación. Levanté mis ojos para analizar los suyos, ahí se agitaba la impotencia de no haber hecho otra cosa que servirse de un amigo, para estar medianamente tranquilo y no digo complemente, sé que ni aunque hubiera puesto de custodia a Akatsuki completo, él hubiera aliviado su preocupación. A los ojos de Itachi, era vital tener novedades sobre mí. Me encogí un poco, su ansiedad me oprimía de modo absurdo.
Otra vez, sus fuertes manos recorrían mi diminuto cuerpo. Sigo creyendo, que heredé la contextura física de mi madre en lugar de la mi padre, solo eso explicaría el porqué Itachi fácilmente rodea mi figura como si tuviera seis años.
Todo estaba perfectamente, él tocándome y yo tocándolo. Entonces, ya no tiraba de mi rostro y me soltó. Eso…Me decepcionó, terriblemente.
―Perdón por enviar a Sasori. Se está convirtiendo en una costumbre, intentaré no volver a hacerlo ―se disculpó Itachi.
Si estuviera arrepentido, habría vuelto a acariciarme. ¡Qué desatinado pensamiento! ¿Cómo? ¿Itachi está reconociendo que no es la primera vez que manda a que me sigan?
―Sasuke… La pastilla que hallé en tu habitación, era la que te entregó el doctor ―dedujo él, yo asentí, aún perplejo ―. Son para tus dolores ―volví a bajar la cabeza―. Desde que te la entregaron, no las usaste ¿verdad?
Y allí no pude seguir asintiendo. Él carraspeó, estaba decepcionado. Me quedé callado. Ni las toqué, tenía miedo de verlas y las guardé. No estaban abiertas, Itachi debió ver las pastillas intactas, cuando revisó mi cuarto.
―Si te pido que tomes tus pastillas, ¿lo harías? ―me abrazó enérgicamente, para dejarme sin aire.
Una lágrima bajo por mi mejilla izquierda. No estaba en mi planes drogarme bajo autorización médica, pero que él me lo pidiera regalándome un abrazo, me hacía sentir terrible por el ser el peor paciente.
―Yo… Me ayudarán a aliviar el dolor, sería sensacional… vivir sin dolores ―sin duda, lo meditaba―. Sin embargo, sé que llegará la hora en que nada borre mis mareos… Lo sé. Si fuera posible quisiera asimilar de a poco el dolor… Y además, quisiera llegar a la Final del Torneo Nacional, en iguales condiciones que mis rivales.
Las drogas son placebos, serán inútiles y me robaran al tenis. Según el reglamento, como en cualquier deporte, era ilegal consumir sustancias que no estuvieran autorizadas. Claramente, no tenía el conocimiento de un farmacéutico, empero cualquiera deduciría que los inhibidores de agonía para el cáncer, contendrían una droga paranormal. Ello, sin contar que la fragilidad de los enfermos, era un factor que los excluía de las competencias deportivas. Usar las pastillas, me llevarían a admitir que estoy usando determinado medicamento y afrontar las consecuencias de la deserción a causa de la ingesta o de la fragilidad que crece en mí.
Yo, por mucho que sueñe con apagarme aligerado por el efecto anestésico de una bendita droga, quiero desafiar al cáncer y aguantar la onda expansiva de su incomprensible dolor… Hasta que mi cuerpo me permita seguir jugando.
―Tratarás de soportar… ―sujetó mi rostro con sus palmas, y lo acercó hasta casi pegarlo a su boca. ¿Cómo es posible que hallara la interpretación correcta de mis palabras? Porque es esto lo que pienso "trataré de soportar"― y qué pasará con las personas que te aman, con las personas que tienen la esperanza de que todo esto no sea más que una pesadilla. Dime, ¿sería atrevido pedirte que aceptes una tercera opinión médica?
¿Una tercera entrevista con un médico? ¿Qué ganaría al hacer conocer a un tercer profesional que estoy muriendo? Si me sometiera al examen, una reafirmación de estado ¿te convencería que nada podemos cambiar? ¿o me pedirías una cuarta revisión?
Nuestras respiraciones chocaban, Itachi no soltó mi cabeza Pero tú… tus ojos preocupados, la fuerza de tus afectuosos brazos ¿Quieres aplastar mi voluntad por medio de caricias? Si sigues así… Yo, por arriba de mi desagrado y mi temor de ser revisado por un oncólogo, podría reconsiderar todo, incluso cambiarme de apellido ¿lo sabes, no?
+++Si pudiera salvarte…+++
Después de que mi hermano mayor volviera a casa, si bien es cierto el desgarro en mi pecho disminuyó, las cosas no habían mejorado demasiado. No volvió a insistirme con el tema de la medicación, pero comenzó a atenderme diariamente. Me llevaba el té a mi cuarto, y hasta me hizo el desayuno cuando mamá no estaba en casa. Un día llegó mucho más lejos, quiso hacer merito de su incapacidad para elaborar otra cosa que no fuera colocar pan en la tostadora y hacer té, y me preparó un extraño licuado de frutas. En otra ocasión, intentó hacer un huevo frito, acabó dos maples enteros. Fue divertido verlo con delantal, y fue aterrador ver la mesa y el piso tapizado de platos con huevos. Uno crudo, otro revuelto, uno con una pelusa, otro bañado en aceite… Entré en pánico, Itachi me sonreía y a la vez sé que estaba conteniendo su furia por su deficiente trabajo. Me asustó, pero yo no podía jactarme de estar psicológicamente mejor que él.
La necesidad de escribirle mensajes, cuando no estábamos juntos, se incrementó con el correr de los días. Las ganas de ver su rostro, crecieron más. Lo más desconcertante, era mi nueva manía por centrarme en el movimiento de sus labios. Yo no quería hacer ese tipo de cosas desagradables y vulgares, tan alejado del buen comportamiento que siempre me caracterizaron. Por mucho que me reprimiera, mi respiro se diluía en su sensual boca. El pensamiento de que lo hubiera tocado antes, accidentalmente, no acomodaba mis desordenadas sensaciones. Porque sé que Itachi me quiere de corazón, también le quiero… Pero, siento que estoy luchando contra un fuerza magnética que solo se desvanece cuando nuestros cuerpos se rozan, desaparece la atracción magnética para que se genere un terremoto en mi pecho. No duele, no duele… Solo me pone nervioso.
Por ello, me asusta no enfrentarme a sus pupilas, y en su lugar adormecer la vista en el aire de sus labios.
Desgraciadamente, la algarabía de un "maníaco" no sería ignorada por un largo período. Fue así que Itachi me atrapó, con la vista perdida e insistió en que llevaba días enteros actuando así. Negué estar mal, mi actuación fue terrible. No fui escuchado, él me tocó la frente y apoyó el oído en mi pecho, para cerciorarse de que todo estaba bien en mi ritmo cardiaco. Cada cierto tiempo me visitaban los mareos de mi enfermedad, pero extrañamente estos aminoraron… y los malestares penetrantes e insoportables habían… como desaparecido. Solo quedaban los, cada vez más raros, vuelcos que sufría… en mi pecho. Estos me atacaban, con cada toque repentino y fraternal de Itachi.
― ¿Seguro estás bien? ―Era insistente, prácticamente lo tenía pegado a mi cuerpo, yo con las piernas flexionadas y cruzadas en su propia cama, él sentado en un costado.
Que estuviera en constante alerta de mi bienestar, no solo físico sino también anímico, por supuesto que me hacía sentir especial para él. No era como lo que tanto había temido, ser mirado con lástima. Tomé su mano, otra vez, pegada a mi frente e hice que me soltara. Noté cierta molestia en él, no me dijo nada. Pero pude ver, que no estaba de acuerdo de quitar su mano… hace un buen rato que frotaba allí, y yo sentí que tendría un ataque, si no lo alejaba de mí. Era mejor que no me tocara, no al menos ahora que estoy intentando abrirme completamente.
Debió leer mi pensamiento. Su disgusto, ondeaba en sus pupilas, agrietando su faz serena. Sigo sin entender, por qué él tiene estos pequeños arranques de… ¿una morigerada perturbación?
Tendría que hacer una pequeña tregua, por quitar su cariño de mí. Cuando, hace varios días, que acepté que esto no es desagradable, el hecho de que me toque. Por el contrario, me voy poniendo ansioso cada vez que me hace señas con las manos, para que me pegue a él.
Por más que estos dolores hayan dormido, reaparecerían en cualquier momento. Antes de que eso pase, tengo que aclarar un tema con él. Lo estuve pensando durante estos días, en que volvimos a estar juntos. Y siento que es el mejor momento para hacerlo, por eso entré a la habitación de él y no para ser acariciado gratuitamente.
―Yo… Me encuentro bien ―apoyé mis manos en la cama, giré un poco mi cabeza y volví a mirar a mi hermano―. Yo… Escúchame.
Hice todo lo posible por amarrar a la seriedad en mi voz, lo que iba a decir requería de una concentración fuera de lo normal.
―Solo quería mantener todo intacto, quería apagarme sin que nadie descubriera mi enfermedad ―expresé, despacio iría soltando los remordimientos que habitaban en mí.
Esto que estuve deliberando durante eternas noches, pensamientos recurrentes, insisten en ser transmitidos por un canal de cero ratings. Sólo tú quiero que sintonices, lo que escondí en el fondo del mar. Esta transmisión, será la primera y no tendrá más de un oyente, pido a tu sobreprotección que duerma y me permita contarte todo lo que me pasa.
―Toda esta historia… Mi historia de cristal, empezó por soledad ―hice una pequeña pausa, comencé y mi deber era sacar memorias de mi pasado―. Yo tuve un vínculo maternal especial por ser el menor. Tú fuiste especial para papá, tan especial que… hiciera lo que hiciera, yo nunca podría brillar más que tú…
Itachi presionó mis hombros con sus palmas, y realizó un suave empujón, luego me atrajo unos centímetros.
―Tú brillabas, Sasuke, tu luz… fue más fuerte que la mía ―me contradijo él, ahí saltaba de nuevo con su huella característica, el que no quiera que haga análisis negativo de mí. Hay calidez en sus palabras, un fuego que me abraza afectuosamente.
Sonreí. Lindas palabras, hermosas, pero sinceramente en este momento no pretendía buscar el ala protectora de su visión fraternal hacia mí. Por eso, continué:
―Sé que era un chiquillo, debía permitir que papá se centrara más en ti. Tú eras su sucesor directo… El que llevaría adelante nuestro apellido. Entendí eso… Sin embargo, Itachi, solo quería que papá viera mis notas, mis cuadernos, solo quería un décimo de su atención ¿Era mucho lo que pretendía de él? ―lo pude soltar, ahogado me encorvé―. Me deshice de mis juguetes a los ocho años, porque recordé que a esa edad tú leías… libros políticos. Recuerdo que mi primera lectura adulta fue "El Príncipe" de Maquivelo.
―Él escogió el libro para tu octavo aniversario ―rememoró él. No aprobaba la obra, no para mi anterior yo. Quiso quitármelo y yo no se lo permití, también lo recuerdo.
―Sí, unos años después lo leí. Me demoré tres meses en terminarlo y dos meses en entenderlo ―refresqué mi memoria, enderezando mi cuerpo en la cama―. Escuchar todo el tiempo que no era como tú… no era gratificante. Cuando solo eres un infante que quiere ser visto por su padre, las comparaciones lastiman… Pero no te odié, eras mi inspiración de lo quería ser a pesar de que tú ni eras un profesional ―habiendo enderezado mi columna vertebral, me sentía más ligero para seguir, para aclarar parte de mis escondidos sentimientos ―: Kaguya Kimimaro fue… una figura trascendental en mi vida. Él me aseguró que era "más que una mente brillante"… Necesitaba que alguien creyera en mí. Kaguya Kimimaro dijo que hacía magia en el tenis. Él creyó en mí, fue la primera persona que me elogió y no fue por mis notas en el colegio… Dijo que había algo impresionante en mi interior.
Itachi desvió la vista, se levantó de la cama y dio dos pasos hacia la venta. Las cortinas corridas, permitieron el paso de un grueso hilo dorado. La luminiscencia del sol, bañó por completo la figura de mi hermano, haciéndolo ver mucho más grande.
― ¿Es esa sencilla acción, la que le permitió ingresar inmediatamente a tu vida? ―su voz era neutra, me estaba dando la espalda, actitud por demás inquietante.
Medité un poco la pregunta. Hace dos años, me convencí de que me había enamorado de mi ex profesor. Comparando el sentir del pasado, con mi estado actual, las divergencias flotan alrededor… Yo (pensé que…) lo amaba. La verdad se leía en el paréntesis que seguía creando, cuando es inútil la posición que ocupa en este párrafo.
¿Cómo podía estar enganchado por el profesor, si ante las oportunidades presentadas, jamás le abrí mi corazón? ¿Cómo podía atreverme a englobar la emoción surgente en el más precioso de los sentimientos, si nunca tuve el deseo de retenerlo?
Y sin importar, mi crítica actual por engañarme voluntariamente al considerar al profesor como mi amor platónico, mi mente diseñó una simple respuesta que no me pertenecía:
―Sí… ―suspiré, no quise darle la cara, dolía tanto admitir lo que no era verdad al cien por ciento. Porque no hubo un "ingreso" real, le cerré las puertas a Kimimaro. Yo sé mi verdad, la verdad que estoy ocultando. Me di un pequeño aliento, para continuar―: Yo… Lo aprecié por ver… a través de mis muros. Él quería que tomara mis propias decisiones. No pasó mucho tiempo para que se fuera… Iría a China, le ofrecieron un mejor cargo que en Konoha. El día que nos contó sobre la situación, hablé en privado con él. Me aseguró que seguiríamos en contacto por internet, me prometió que estaría para mí. Sin embargo, desapareció antes de tiempo, no pude despedirme correctamente. Lo último que me dijo fue "No podré acompañarte en hospital, lo siento". Sabes, que siempre tuve recelo a los médicos, Kimimaro pidió un turno para que me hicieran una revisión. Decía que era importante, porque yo practicaba tenis. Lo detesté por irse sin avisar, hizo que piense que le importo, ¿y desaparece? Ése fue el final definitivo para mí. No me comuniqué con el profesor, no lo necesitaba.
Suspiré despacio. Iba a continuar, antes el celular de Itachi comenzó a sonar y él decidió apagarlo, ¿sería su jefe? Él solo entornó sus ojos para alentarme.
―Después de que el odontólogo me alentara a hacerme un control, fui al hospital. Escuchar el resultado fue como sumergirse en el mar y no poder gritar, no había momento en que la desesperación no me capturara. Intenté ser fuerte sin involucrar a nadie, no deseaba llorar y obtener miradas de pena. Lo estaba haciendo tan bien… pero… me quebré ―expliqué, no tan convincente como lo eran las palabras―. Y lloré en tu hombro… Yo tenía miedo de ser la página que es borrada de un manuscrito… ¿Sabes a lo que me refiero no? ―di una honda respiración―. Me gusto oírte. Tuve el trocito de fuerza para continuar este teatro de que todo estaba bien, porque esa noche que me abrazaste después de tanto tiempo, te oí decir que soy lo mejor que pudo pasarte.
El sobresalto se reflejó con la pequeña subida de cejas que tuvo Itachi, evidentemente pensó que estaba dormido la noche que descansamos en mi habitación.
―Quise experimentar cosas que nunca haría, por eso seguí a Gaara, el chico al que "ni en sueños le hablaría" ―repetí la acusación de mi hermano en el hospital, con una trémula tranquilidad―. Quise conocer su mundo para saber qué tan pequeño era mi reino de cristal… Gaara dijo que mi mundo es una pésima función teatral.
―Sasuke, tú no…
―Gaara estaba en lo cierto, no me incomoda reconocerlo. Me convertí voluntariamente en un Holograma, y por eso creí que lo mejor era desaparecer sin armar un revuelo tal como me enseñó papá. Estaba bien… incluso después de haberme desmayado en la calle, porque contaba con mi tenis… Pero luego… ― "Cuando te vi besándote con esa chica" es lo que seguía a mi "luego", pero aquí se quedará mi frase ―. Yo sentí que no tenía nada. Fue ahí que le escribí, reescribí, borré y enmendé palabras para él… quise compartir mi infelicidad con Kaguya Kimimro… porque yo… Yo…
Se van las palabras, te dejan y vacilas. No puedes armar una causa irreal donde solo reinaba la sensación de soledad.
―Yo estaba mal… el profesor no me respondía ―y van de nuevo las verdades a medias. ¡Estaba mal porque veía que todos tenían a alguien, incluso tú, Itachi! ―. Lo mandé a la mierda, sutilmente, para que sufriera mucho más. Lo cierto es que el profesor no recibió mi odio, los muertos no leen emails.
El final de esta historia, era inimaginable. Le escribí a un muerto, pasé horas meditando cada oración a enviar. Necesité tanto de Kimamiro Kaguya, que me diera… La "Fe" que dios me había arrebatado cruelmente.
―Te duele… ―Itachi me escrudiñaba por encima de su hombro, estaba mirando el paisaje a través de la ventana.
Tanteaba el "lo siento", no había nada en su vacía mirada, o al menos nada que yo pudiera leer entre su inexpresiva faz.
―Me dolió la sensación de creer que no le importaba y luego enterarme que era todo lo contrario. Es como decepcionarte de alguien y luego tener que disculparte, solo que estaba vez no es posible ―sentencié, aunque no tenía la intención de mortificar a mi hermano.
Miré de reojo la forma en que él redujo el balance perfecto de sus párpados, me arrepentí de ser sincero. Sí, mi frustración caló hasta convertirse en una culpa para Itachi. Justo lo que no pretendía.
―El doctor dijo que las pastillas harían menos dolora mi enfermedad, no creo en el poder de los fármacos. Una vez que la obra arquitectónica es terminada, debe enfrentarse a la demencial fuerza de la naturaleza. Las columnas sostienen al Coliseo Romano, después de largos siglos. La razón de que haya resistido al primer golpe, es que tengo mis columnas. Si me quitaran todos los bastiones sobre lo que me apoyo, habría caído… Fuiste la única columna que me sostuvo. No estoy enojado contigo, hermano mayor.
Si hubo un enojo, éste no sobrevivió al primer día. Tú… Me salvaste, y me diste una razón para intentar ser fuerte.
―Es natural sentir odio, Sasuke ―me hizo ver, no dije nada y preguntó―: ¿No guardas resentimiento alguno por mis voluntarias omisiones sobre el destino del profesor?
―Tendría… ―deslicé el comentario ―. ¿Sabes? En nuestro pasado son más los buenos recuerdos… que los malos… Estos últimos años, no tengo mucho por decir… Me distancié de ti. Lo reciente, sí… Tuve ganas de matarte, me citas, me cancelas… Te invito a ver mi partido, te atreves a permitir que alguien más que yo hurgue tu celular. Odié que me lastimes... Pero sé que te costó el decirme la verdad.
Se entumecieron mis manos y las restregué buscando calor, el aire fresco de la tarde ingresaba libremente. Era tan sencillo perdonar a Itachi, lo contrario sería difícil, como lo fue fingir que lo odiaba por hacerme perder el tiempo con las citas.
―El día que olvidaste en la mesa el papel que papá te entregó… Yo leí el email ―reveló Itachi, todavía observaba el horizonte de las calles, sumaba otro "delito" a su historial.
Lo deduje bien. En realidad, él mismo lo reconoció tácitamente, después de volver del parque de diversiones.
― ¿Y…? ¿No me pedirás perdón? ―interrogué, sorprendido no por la declaración sino porque no adicionó el "lo siento". ¿Cuál era el motivo de autoinculparse? Ambos sabíamos lo que hizo, era una clara violación a mi intimidad, ya por cierto vapuleada. Iba a decir algo más, pero un estornudo me lo impidió.
Él dio media vuelta para cerrar la ventana, me encaró con un no sutil:
― ¿Por qué lo haría? Me santificas en vano, no lo lamento. Solo quiero que estés al tanto.
Quise acallar un pensamiento que se gestaba dentro. Lo único que logré, fue mantenerlo conmigo "Me encanta que no lo lamentes". Lo pensé, lo pensé. Molesto conmigo mismo, ladeé mi cabeza solo para provocarme una contractura. ¡Carajo! ¡Cómo detestaba que me pasaran estas cosas!
―Sasuke, si te pidiera un examen más tú…
― ¿Vas a volver a insistir con lo mismo? ―cuestioné, realmente me ponía a la defensiva cada vez que pedía lo mismo y continué restregándome las manos, aún sentía frío.
Volver a ese proceso de larga espera, que me quitó una tarde completa para que alguien tuviera el coraje que darme el ultimátum. Yo era obstinado cuando me lo proponía, y de nuevo estoy en mi peor momento, cuando la noche anterior descubrí que el hematoma en mi tobillo no se desvaneció, había sufrido una caída hace ocho días atrás.
Estaba concentrado en calentar mis manos, entonces sentí un cuerpo pesado cayendo sobre mi lado derecho. Con un cobertor, Itachi me tapó la espalda y sujetó mi cintura con sus brazos. Atención y cariño silencioso son la combinación perfecta de mi hermano. Ya no tuve necesidad de frotar mis manos, el calor regresó a mis venas en la temprana noche.
―Te quiero ―murmuró pegando sus labios contra mis cabellos.
La frase que sirve para acabar con cualquier momento tenso, fue recitada para acortar una conversación que posiblemente nos llevaría toda la noche. ¿Era más fácil saltar los escalones para tocar el suelo?
Y sé que el "te quiero"… es en verdad un "porque te quiero". Itachi seguirá insistiendo porque me quiere, y cree que una tercera opinión podría modificar todo.
"Yo también te quiero"
―Una última revisión y te olvidas de todo ―no pude dar un sonido al pensamiento que tuve y ésta era la manera menos incomoda de decir que sentía lo mismo.
Vería a los médicos para que Itachi no lo lamente después. Sé que quiere imaginar que nada es real, e insistí en tener nuevos dictámenes médicos porque me quiere. Lentamente me recliné hacia atrás, las manos que antes me envolvieron, me ayudaron a recostarme en la cama. Yo cerré mis ojos, mientras él permanecía sentado con las piernas extendidas.
Después de unos minutos, decidí contarle todo lo referente a Shion, cómo la conocí y sobre todo cada palabra que me había revelado sobre mi supuesto antepasado. A decir verdad mucho no me preocupaban las locuras de Shion, pese a sentirme desconcertado sobre las extrañas coincidencias en la visión que me otorgó.
―Aunque las reencarnaciones existieran, ¿no sería un milagro el recordar en detalle la anterior vida? ―cuestionó mi hermano mayor.
Viéndolo así, según el budismo a una muerte le precede una especie de purificación del alma que obligatoriamente implica eliminación de recuerdos. Aunque algunos budistas reconocen tener pequeñas reminiscencias de una anterior vida, ¿cómo probarlo?
―Dejando de lado las pruebas… ―empezó él, por lo menos coincidimos en la suspicacia, al tiempo que extendía el cobertor para taparme―. Ella tiene razón sobre Kimimaro. Debes hablar con papá sobre Kimimaro, él sabe más de lo que te imaginas.
Aunque tendría que haberme interesado encarar a papá, no le encontré sentido alguno. Si bien es cierto que tuve sueños con el profesor, éstos no volvieron a repetirse. Quizá porque estaba poniendo todas mis fuerzas en encontrar a mi hermano mayor.
―Lo voy a pensar, sabes que nada cambiará conocer toda la historia o quedarme con lo que sé―Seguir profundizando sobre Kimimaro, no era lo que estaba buscando―. Estoy bien así.
―Debes hacerlo ―insistió enseguida.
―Kimimaro es una historia cerrada, él…
―Murió, es verdad ―me detuvo y yo me quedé intrigado por su insistencia―. Estoy convencido de que entender todo lo que pasa en tu mundo, te ayudará a seguir adelante… Kimimaro es un parte de tu historia, que sigue abierta y necesitas resolverlo. Debes revisar el pasado y cerrarlo para siempre.
Rodeé los ojos, ¿habría algo interesante por revelar? Me acomodé en la cama, pensaba dormir. Itachi apoyó una rodilla en la cama, se inclinó hasta que su coleta cayó sobre mi pecho. Me acolaré un poco, sus ojos no perdían el tinte profundo ni su fuerza.
―Debes obtener la verdad de papá. Al unir las faltantes piezas del rompecabezas, Kimimaro será un capítulo cerrado y no un capítulo suelto ―tomó mi rostro y depositó un beso en mi frente―. Y no olvides, que si te sientes mal, debes contármelo.
Asentí.
―Iré a bañarme, ¿podrías calentarme la cama, hermanito? ―se había inclinado sobre mi nariz, respiraba fuerte sobre mi cara.
Me ruboricé de forma vergonzosa, él volvió a acomodar la manta y luego salió de la habitación. Era su cuarto y me permitía dormir aquí. ¿Por qué esto se está repitiendo con una frecuencia, que me hace tiritar? ¿Por qué otra vez tomaré una decisión que no me convence del todo, solo porque él me lo ordena?
+++Si pudiera salvarte…+++
He aquí, la noche siguiente en el despacho de papá. Había esperado hasta las diez para exigir una respuesta. Tal vez, lo que me dijera le daría un sentido a la exigencia de Itachi. A decir verdad, me intrigaba el aliento que me daba mi hermano mayor, que la información que podría tener mi inescrupuloso padre.
―El profesor Kaguya murió hace siete meses ―anuncié, después de obtener una breve mirada de su parte.
Mi padre repasaba las hojas de un amarillento libro. No quité el rastro de ningún movimiento automático de él.
―Te acabo de decir que Kaguya falleció ―repetí, ofuscado. Le di quince minutos para que respondiera y nada pronunció.
Deslizó sus dedos por unas líneas, y lo leyó dos veces de forma oral e inmediatamente guardó el libro en un cajón del escritorio.
― ¿Y? Descansa en paz, no le daré una santa misa cristiana, si es lo que esperas de mi parte ―dijo indiferente, por fin reconociendo mi presencia.
―Ha dejado de existir ―insistí, con la muerte del profesor―. ¿Hay algo que debas contarme, padre?
El impasible hombre, sacudió sus hombros. Sus pupilas ni se refrescaron en un párpado. Sus gestos, se encuentran tan oxidados que infunden la sensación de apatía a la gama de expresiones humanas.
― ¿Sobre qué? ―inquirió, el timbre desafectado era su impronta bien ganada.
Kafka fue el autor de una memorable carta, una tan extensa… fue el logro de un malogrado vivir. Sin el padre de Franz, no habría "Metamorfosis" ni "El proceso". La prosa de Kakfa fue el resultado de una condena paternal, que fue descrita por la propia víctima de la autoridad.
Yo viví, bajo tu sombra, padre. Yo acepté tu régimen, no más. Ya no se trata de lo que escondes, si no de esa perniciosa fantasía que tienes de creer que tronando tu voz, me obligarás a consentir esta especie de condena. Mi vida a merced de tu absolutismo.
―Entiendes perfectamente lo que estoy pidiendo. Por una vez en la vida, quiero la verdad ―demandé, mi voz tronó como un relámpago para hacer mover la retina de mi padre ― ¿Qué sabes del viaje de Kaguya Kimimaro a China?
Él nota la conversión. Sé que lo hace, sus nudillos se mueven y se prepara para rugir:
― ¿Quieres la verdad? Solo eres un muchachito de dieciséis años en formación ―la colosal figura paternal franqueaba el acceso a la verdad.
El mejor juego de un padre, resaltar la minoridad para justificar el poder paternal. Siempre ha sido su juego. Primero fue Itachi, ahora yo. Ambos fuimos doblegados a las reglas patriarcales de un Uchiha. Las normas de nuestros antepasados que Fugaku Uchiha decía respetar, ¿realmente nuestros ancestros fueron domesticados por el paterfamilias?
Él coloca dos lapiceras en un cesto. Todo queda en orden en el escritorio, pasa de mí y estaba a punto de apagar las luces.
― ¡Tú…! No te irás, no sin antes haber borrado está neblina que se ha instalado en mi cabeza por tu culpa―caí en cólera.
Mi padre no quitó la mano del interruptor. Iba a repuntar mi rabia, pero él levantó su mano libre para que no siguiera.
―Soy un hombre de negocios, Sasuke. Que seas mi actual preferido, no me ciega ―deslizó un dedo en el botón.
A zancadas avancé y tiré de su mano. A él casi le saltan los ojos de su desencajado rostro.
―La verdad no es un favor, es un deber que tienes conmigo, padre.
― ¿Quieres estar a mi nivel? ―me increpó encolerizado, yo me había convertido en el escarabajo de Kakfa, despreciable por no tener la funcionalidad que espera de mí―. De acuerdo, términos y condiciones. Quieres una respuesta mía, te la daré… A cambio, tú harás algo por mí ―su nariz se movió desafiante―. En dos semanas, será la primera convocatoria. El examen de ingreso a ingeniería en la Universidad de Tokyio, una aprobación honorifica. Eso quiero de ti. ¿Está a tu alcance? No has hecho más que titubear sobre tu futuro, creyendo que el tiempo se detendrá. Tu madre ha consentido tu rebeldía... Yo no. Te inscribí hace tres meses. Es hora de que actúes como el verdadero heredero de nuestro apellido y que asumes tu responsabilidad.
Somos Uchiha. No dudamos. Tomamos las decisiones que la mayoría de las personas, son incapaces de aceptar.
"Debes obtener la verdad de papá"
―Lo haré ―acepté, endureciendo mis pupilas.
Fugaku Uchiha se reacomodó. Una línea de perversa felicidad, trataba de ocultarse en su frío mirar. El sacó un papel de su bolsillo y lo depositó en un mesa, luego apagó las luces, dejándome en la penumbra de la habitación. Tomé el papel antes de volver a mi habitación, una fugaz miraba se anotició de la fecha, solo tenía trece días. ¿Este autoritario hombre cuándo iba informarme que me inscribió al examen, faltando dos días?
Los días posteriores al trato que hicimos, me preparé para los exámenes finales del verano. Y también para presentarme ante una prueba tan burda como innecesaria… Si papá supiera, si papá supiera, que ni de forma voluntaria ni menos obligado seguiría el linaje exitoso de nuestra ancestral familia. Pero nunca lo sabrá, no hasta que este cuento de hadas tenga su "infeliz final".
El mismo día que rendí los exámenes, pedí una audiencia ante el rey. No dejé hueco alguno en mi hoja, y le entregué la constancia que me dieron para retirar la nota. Él cogió la nota y la guardó en el cajón en que resguardaba sus papeles importantes. Quizá olvidó que esperaba la nota, o daba el trato por cumplido. Terminó por hablar, sin que lo solicitara.
―Después de la deserción de Itachi, pude abrir los ojos… Tú serías mi sucesor. Enfoqué toda mi atención en ti, te inscribí a clases de idiomas, te llevé a los viajes de negocias… Bien, lo sabes, era nuestro pequeño sueño a largo plazo, desde los cimientos. Tuvo que aparecer aquel profesorcito, ¿cómo era posible que mi hijo obtuviera una nota por debajo del 100%? Yo sé lo que te pasó… Sasuke, te enamoraste de él. Un vagabundo, sin casa, sin dinero y carente de clase. Todo lo contrario a nosotros. Le ofrecí dinero para marcharse y le di una semana para decidirse. Me alegra decir que es igual a todos, puesto que aceptó mi dinero. Un año después el hippie reapareció, no lo creí… Nos habíamos librado de él. Intercepté la primera carta, un chico de catorce años… no recibe correspondencia internacional, Sasuke. Le pagué al cartero para que me entregara cada carta con el remitente Kaguya ―reveló, no le producía nada el reconocer haberse atrevido a sustraer mi correspondencia―. Fin de la historia profesorcito Kaguya.
― ¿Secuestraste mis cartas? ―clamé incrédulo, ¿hasta qué punto se inmiscuiría en mi vida?―. Entrégamelas.
―Kimimaro ha muerto… ―remarcó, aprensivo por mi pretensión―. Esas cartas no tienen valor alguno.
Dice que no valen nada. ¿Qué mierda sabría, de la angustia de quien espera un mensaje por días enteros de un navío extraviado?
―Sé que ha muerto. Sin embargo, son mis cartas, no eres el juez de su contenido, padre… Soy yo quién juzgará el valor de lo que me has ocultado ―interpuse mi carácter de víctima.
Fue escrito para mí. ¿Cuándo te darás cuenta, que esta es mi vida? Kimimaro no me decepcionó. Escondiendo lo que por derecho me pertenecía… Me has decepcionado padre. Si fuera solo un papel… Si fuera una oración… Si fuera una palabra, un estúpido saludo, sigue siendo mío. Esa pequeña palabra de Kimimaro, no es de él… menos te pertenece, es de mi propiedad. Kimimaro se desprendió de un pensamiento y tuvo el deseo de que llegara a mí… Pero tú…
Te entrometiste.
Que si estaba confundido, si sus palabras –todavía desconocidas para mí- pueden confundirme mucho más… No te habilita para interceptar mis cartas.
Yo tenía que resolver por mí mismo, si tenía Valor lo que me fue enviado.
―Sasuke… El deseo de un padre es que su hijo supere las barreras que él no pudo romper ―su voz es áspera, no reconoce el mal que ha provocado―. Itachi me decepcionó… La primera desilusión no se olvida fácilmente. Trate, pues, un Príncipe de vencer y conservar el Estado, que los medios siempre serán honorables y loados por todos.
Las conversaciones siempre se direccionaban al autor predilecto de Fugaku. Intercalaba trozos de "El Príncipe" de Maquiavelo, para ganar peso cuando sentía que estaba a punto de perder.
―No es una disculpa, tratas de justificarte con una cita de "El Príncipe" ―Señalé, sin que hiciera falta.
Me miraba fijamente, estaba excitado por mi elocuencia.
―Te eduqué bien… Sasuke ―Se halaga a sí mismo―. Kimimaro era un hippie. No lamento en absoluto lo que hice, todo fue por una causa justa. Los hijos son el canal de la inmortalidad, si tú triunfas… Yo habré transcendido, habré roto todas las barreras. Si tú fracasas… Yo habré sido Derrotado miserablemente. Nuestro apellido sería olvidado, la historia no conmemora la descendencia de hijos… No importa cuántos vástagos dejes en la tierra, sino lo que ellos serán. Lo único que se recuerda, es la huella que dejas atrás. Foucault, un hombre visto como puto maricón por los mediocres, es lectura obligada en la universidad. Yo pretendo que tú seas recordado, tanto como lo es Foucault… Así fue escrito, no son los hijos y los nietos los que llevan adelante nuestra identidad, sino las proezas. Si después de tu muerte, tu nombre sobrevive cien años, habremos superado la nada. Seremos inmortales, yo como tu padre y tú por el asombroso intelecto que habita en ti. Al final, será así… Habremos vencido el paso del tiempo.
―Es curioso… todo esto comenzó por orgullo, que me dejara manipular por ti… solo para que algún día te sintieras orgulloso de mí. Y ahora que observó la caída de tu máscara… No sé qué mierda sentir ―confesé, esperaba provocar algo en él, pero seguía igual de frígido e inhumano.
Sin quitarme la vista, él cogió una llave de su bolsillo. Se acercó a un organizador y se hincó para abrir una puertilla. Regresó con un grupo de sobres, los tiró sin cuidado sobre el escritorio. Luego fue hacia su caja fuerte y de allí sacó una raqueta, la posicionó sobre las cartas.
―No sigas el camino de tu hermano mayor. Nada te espera detrás de la puerta de una revolución, arruinar un futuro brillante por un acto insensato es peor que vagar en el desierto por cuarenta años ―La monotonía seguía en él―. Nadie puede soportar la miseria de una vida, después de un descomunal fracaso.
La impresión más fuerte se la habrá llevado él, era la primera vez que intercedía ante un deseo mío. Su dura expresión, me confirmaba que él tampoco comprendía su actitud.
―Muchas personas han sobrevivido al fracaso, padre ―aseveré, valiente. Aún si me faltaran los años para emanciparme legalmente de él, mi boca no callaría nunca más. Ésta era mi emancipación doctrinaria, no volvería a avalar ciegamente los preceptos de mi Emperador.
Yo soy el Príncipe… que a pesar de no contar con una tierra para gobernar ni un pueblo sobre el que ejercer poder, me tengo a mí mismo y a mis convicciones.
Esta revolución, comenzó antes con mi hermano mayor, padre. ¿Llamas el luchar por ser libre un "acto insensato"? Y tú sobreviviste a "tu primer fracaso" pensé para mis adentros, él leyó mi reflexión:
―El hombre mediocre… No es un sobreviviente ―negó él, no perdonó a Itachi―. Tengo una segunda oportunidad para reescribir la historia.
Llevaría la amargura hasta convertirse en polvo, eso dedujo. Él tenía la frase final, pero no la batalla ganada. Agarré mis cartas y las llevé a mi dormitorio. Sería una larga noche de lectura y mañana tengo clases.
"13 de abril de 2011. Uttar Pradesh, India.
Pequeño Mago:
Esta carta ha llegado a tus manos por el clásico correo. Te preguntarás… por qué te escribo en papel y no por los medios modernos. Soy una persona clásica que prefiere trazar con elegancia, antes que dar señales como ameritan los tiempos modernos. Seguiré almacenando libros aún frente al fiero avance de los e-books… Así que no te enojes porque elijo una comunicación que ha caído en desuso y puede dificultar nuestro intercambio epistolar –sí, te invito a contestarme por el mismo correo-. Hablo como un poeta y te miento… La verdad es que no todo es como quisiera, ciertamente nada lo es. Te dije que podríamos enviarnos buenos augurios por email… Pero ya ves, aún no me compro una notebook y en la zona rural, donde ahora estoy, es más fácil encontrar la amabilidad en las personas… que un cibercafé.
¿Cómo vas con las clases? Hay cosas que no deberían preguntarse, y ésta es una de ellas. Tienes una mente brillante, que te ayuda incluso en los exámenes sorpresa. No debería sondear sobre tu estudio, más no puedo obviar el formalismo.
¿Y el tenis? ¿Neji sigue capitaneando al Club? ¿Tienen nuevos compañeros? Por estas fechas, dará inicio el nuevo Torneo y te deseo el mayor de los éxitos.
Sé que estuvo mal irme sin antes despedirme, que escriba un año después… Sé que pensarás que soy un hipócrita. Te aseguro tengo mis motivos. Perdóname, no puedo decírtelos.
Sigue haciendo magia.
Saludos afectuosos desde India.
Kimimaro Kaguya"
La hoja en que Kimimaro escribió, era lisa y estaba algo manchada de tierra. Un año después de su desaparición, se había comunicado conmigo. Tardó… Se ausentó por un año y no por dos como imaginé.
Me dispuse a leer la segunda carta, según el día que fue fechada.
"9 de junio de 2011. Kapil Dhara, India.
Pequeño Mago:
Es el cumpleaños de tu hermano, no olvides abrazarlo por un nuevo año de sabiduría.
Te imagino desencajado, esta carta no tiene lógica, ¿escribirte solo para asegurarme de que lo felicites…? Tiene más lógica, mucha. Te lo garantizo.
El tiempo que he pasado en estas tierras, me han hecho reencontrarme… A mí mismo.
Un mensaje fue enviado, no me respondes. Comprendo las causas, una persona que enaltecía la verdad y se da a la fuga, no es digna de confianza. Es propio de ti, tener este tipo de razonamientos. Lo entiendo, yo haría lo mismo en tu lugar… Mejor dicho hubiera. Han cambiado varias cosas en mí que te sorprenderían.
Como bien dije, es el cumpleaños de tu hermano mayor y siento que debo hacerlo, porque estoy con el ánimo necesario para admitir todo lo que no te conté. Te oculté muchas cosas, hoy siento que quiero sincerarme contigo. Quiero hacerlo, solo la verdad hará que vuelvas a confiar en mí, y yo necesito recuperar tu valiosa confianza.
Nunca te conté de mi vida antes de llegar a Konoha. Impartí clases en un colegio del norte de Japón. Era un centro educativo de tal rigurosidad, que Konoha luciría como un jardín de niños frente a ésta. El instituto tenía aires de asfixia, estaba bajo la autoridad de un hombre al que admirarías por su sabiduría. Era un médico forense retirado, persona culta a la que tan solo el hábito de la docencia le hizo desistir del ejercicio de la profesión. Grandilocuente, un hombre mayor cuyo prestigio académico… Terminó por engañarme.
Tras unos meses de servicio en el instituto, noté algo extraño. Lo había visto un par de veces en el patio, desde la ventana de la biblioteca, cuando me quedaba hasta tarde consultando libros para mi próxima clase. Un joven de altura similar a la mía, deambulaba perdido en el exterior del colegio. Mi inquietud hizo que le pregunte al director por el joven que vi cuatro veces desde la biblioteca, él negó que hubiera alumnos hasta ese horario. Me aconsejó enfáticamente no vagar hasta tarde y me sugirió retirar libros de la biblioteca en vez de consultarnos… La duda tendría que haber surgido, por su insistencia categórica en que dejara el hábito de la consulta, pero continuaba cegado por la sabiduría de él. ¡Qué equivocado estaba!
Una tarde volví a quedarme hasta tarde, no desacaté el consejo del director de extender mis consultas. Esa vez, estaba en un aula cerrando mis cuentas del mes. Sabes que cuando inicio una tarea, quiero terminarla y había iniciado después de terminar mi clase. Bien, no recuerdo qué hora era… Pero sé que era de noche, todo estaba en penumbras y encendí las luces para leer el resumen de cuenta de mi tarjeta de crédito. Con el silencio que había, era fácil notar cualquier ruido, fue justamente lo que comprobé.
Un grito desesperante y doloroso, me hizo levantarme de un salto.
El recuerdo regresa, me veo corriendo para encontrar al dueño de esa voz agonizante, que no paraba de repetirse. Corrí por los pasillos, en el afán de socorrer al sufriente. En el sótano, donde había cuartos que según nuestro director estaban clausurados, encontré a un chico rubio, bastante joven como de diecisiete años. Me acerqué a él, su primera reacción fue tratar de empujarme y luego trató de tirarse sobre mí, para atacarme… Se detuvo.
No me asusté de él, mantenerme serio, creo que fue lo que hizo entrar en razón al chico. El joven se detuvo a dos metros, no me atacó. Deduje que atravesaba una crisis, contuve mi sobresalto.
Para mí, el que no me atacara bastaba para que lo visitara todos los días. No hablaba conmigo, pero sé que le hacía bien verme. Lo sé porque recibió la manta que le regalé para que durmiera, en la habitación había un andrajoso colchón y supuse que allí dormía. Sasuke, este chico usaba un uniforme de enfermero harapiento.
Como docente, cometí muchos errores. Debería haber comentado el hallazgo con mis colegas y el director, en vez de preocuparme por darle de comer. La política de regalar comida, no salva vidas… Por el contrario, aligera el alma de los donantes. Comprende, Sasuke, que era mi primer año a cargo de un curso, no sabía manejar este tipo de situaciones y estaba más interesado en aproximarme al chico del sótano, que preocuparme por entender su extraña estadía en un lugar oscuro y húmedo.
Solía ver al adolescente del sótano a las cuatro de la tarde, en mi hora libre. Él no era abierto, era como si no pudiera expresarse y me propuse enseñarle. Pero una tarde ocurrió lo imprevisto…
Se organizó una competencia deportiva en el colegio, los alumnos se midieron en diversos deportes y otros aprovechaban para armar un picnic. Yo me acerqué a una tienda de comidas armada por mi curso, compré cuatro sándwiches y un jugo de naranja para llevárselo al muchacho del sótano.
Me encontré con un panorama aterrador. El director estaba boca abajo y el chico taciturno estaba golpeándolo con un caño de agua. Le ordené detenerse, no esperaba que me hiciera caso, sorprendentemente lo hizo.
Por suerte las heridas de mi jefe no eran de gravedad. El adolescente se llamaba Juugo y tenía un grave trastorno mental, me informó mi superior. Asimismo me dijo que Juugo era un interno de un hospital en que trabajó, pero debido a que no tenía parientes que pudieran solventar su internación, la institución no podía hacerse cargo. El director me relató que tomó la responsabilidad del tratamiento, y que no encontró un mejor hogar para Juugo que el colegio. Su intención era en un futuro socializar a Juugo con los alumnos.
"Es esencial, la medicación. Si no la toma diariamente, olvidará quién es" bastó su cara de condolencia para que le prestara mi ayuda, es que por sí solo Juugo expresaba que era peligroso. Fui yo quien le aplicó la droga al adolescente que permanecía frígido mientras tomé su brazo, pude haber mirado a Juugo y no creerle al director. Sin embargo, hombre docto, enciclopedia al alcance de mis manos, sería una falta grave el vacilar. Acepté las absurdas explicaciones.
Al día siguiente, Juugo fue encadenado… "para que pudiera ser medicado". Se repetían las irracionales justificaciones del director y yo era el necio que las bebía. Jamás pensé que fuera su forma de vengarse del ataque.
Mi jefe me permitió ver al joven, porque mi presencia parecía tener un buen efecto en Juugo. El muchacho no hablaba… Pero se comunicaba con los animales. Increíble, ¿verdad?
Reitero, sé que debería haber dudado, desde un comienzo para antes alzarme con la justa verdad. Recién unos meses después descubrí lo que no había querido ver: el director hacía experimentos con él. Para superar una extraña enfermedad, usaba a Juugo para someterlo a pruebas que la comunidad de científicos medianamente éticos no aprobaría.
Asqueado con el tardío descubrimiento, le advertí al monstruoso doctor que lo denunciaría y que no pararía hasta que el caso fuera conocido por la prensa. Él no me amenazó, directamente actuó. Tengo una bonita denuncia policial por abuso sexual hacia un alumno, gracias a él. Después ello, no tuve otra opción, escapé con Juugo en cuanto recibí la citación del juez. La justicia humana no es ciega… Es estúpida.
Por suerte recibí una invitación de un amigo para dar clases en Konoha. Ahora lo sabes, mi llegada a Tokio no fue casual. Sabía que me buscarían por mar y tierra en la isla de la que escapé, creí que estar en la ciudad… tan cerca del peligro de ser descubierto, sería lo más arriesgado y también lo menos obvio. Los fugitivos buscan los bosques para ocultarse, por eso yo me mostraría al mundo sin demostrar miedo a mi enemigo.
En Konoha te conocí… Sasuke. Fue lo más maravilloso que pudo pasarme. Desde que te vi, lo he sentido, fuertemente. Había algo en ti, diferente y especial que no he encontrado en otra persona, sentí que tus ojos, los había visto en otra oportunidad.
Desgraciadamente, a tu padre no le gustó nuestra excelente relación. Mencionó que conocía la denuncia que pesa en mi contra y me obligó a irme de Konoha. Ya sabes cuál fue mi decisión. Lo único que lamento, es haber aceptado su soborno. No me es grato reconocer que acepté el dinero que tu padre me ofreció para irme, mi miserable condición me impidió despedirme de ti. Sentí que no era digno de irme con una sonrisa tuya, si yo mismo me sometía al juego de tu padre.
No repruebo la acción de Fugaku Uchiha. Tu padre creyó hacer lo mejor por ti, yo lo entiendo. Si lo razonas, me involucre mucho en tu vida, no me arrepiento, pero reconozco que falté a mi deber como docente al relacionarme de un modo distinto contigo.
Un abrazo.
Kimimaro Kaguya.
PD 1: Juugo está conmigo en India, no estaba dispuesto a abandonarlo en Japón. Me gustaría que lo conozcas, sé que se llevarán bien. Le he hablado de ti y… puedes creer que ha dicho "recuerdo su nombre, quiero ver que tan bueno es en tenis". Tiene ganas de conocerte y eso, en cierta forma fue lo que me incitó a escribirte de nuevo, aún cuando no me respondes. No es una queja, entiendo que estés enojado por no contarte nada y por ausentarme durante un año.
PD 2: No me gusta dejarte con dudas, después de esta historia que te oculté ¿Te acuerdas el día que jugaste con Matsumoto Iori de Odabunda Gakuen? Sé que dije que no fui a verte… Te mentí. Estuve unos minutos, me fui sin ver tu juego. Ni te imaginas quién estaba allí, viendo el partido. Así es, tu hermano mayor.
Itachi es más serio que tu padre. No tengo nada contra tu hermano, pero debo reconocerlo, no me agrada Itachi… Hay algo, que no logro entender de él y me mantiene alerta, ¿de qué? No estoy seguro. No obstante, me alegra saber que existe una persona que se preocupa por ti…Más de lo que puedo imaginarme.
Tú, le importas mucho más de lo que cualquier hermano mayor normal se preocuparía por un menor. Y sinceramente, es mucho más digno de él que no pretenda alardear de cuánto te quiere. El cariño actual es pura palabrería, por ello me regocija saber que el cariño de tu hermano es mudo. Sé que estarás bien, estás en buenas manos.
Sasuke, Sasuke… Me decías que tu hermano mayor se olvidó de ti… Pero yo veo otra cosa, felicita a tu hermano por este año nuevo de vida."
El juego con Matsumoto… Fue en la segunda fase del intercolegial. ¿Itachi estuvo en mi primer partido hace dos años? Intenté recordar. Es verdad vi a mi hermano mayor, ese día me hizo una pregunta absurda. No creí que Itachi se quedara a verme.
Pero se quedó.
Itachi estuvo en el segundo partido. Itachi estuvo… Y "le importas mucho más". Un intenso calor subió a mi cara, de nuevo hundiéndome en esta incómoda enfermedad que me acecha ante la sensación de que le intereso a mi hermano mayor. Me di aires con las cartas, al sentir el sofocón ¿alguien prendió la estufa?
Bosquejé una pequeño sonrisa y me palmeé el rostro para continuar.
"23 de julio de 2011. Kapil Dhara, India.
Pequeño Mago:
¡Feliz cumpleaños!
Tu regalo, una modesta pulsera Hindú hecha por mí. Le agregué un jamsa (una manito protectora, vas a decir "sé que es un jamsa" ¿no?). Fue idea de Juugo.
Van tres cartas. Me desconcierta que no me contestes.
Por aquí no hay muchas noticias, fabrico velas aromáticas para uso religioso, que luego vendo en un pequeño mercado con Juugo. Me costó acostumbrarlo a salir de casa, sigue siendo reacio al trato con otras personas. Pero al menos no atacó a nadie, es un gran avance.
Te envío una postal… Mumtaz Mahal. Sí ya sé…. Ya sé, que la conociste con tu abuelo. ¿Existe algo que pueda despertar tu interés?
Cuídate. Lo repito cuídate.
Kimimaro Kaguya
PD: Federer Roger es espectacular… Pero tú eres mi favorito."
En el interior del sobre encontré la pulsera de perlas azules de plástico con el jamsa.
―Sí, profesor Kaguya, sé lo que es un jamsa ―enuncié, tranquilo.
"21 de agosto de 2011. Kapil Dhara, India.
Pequeño Mago:
En una tienda me dijeron que es el último modelo del mercado y me dije que esto es lo que necesita un Mago para hacer Magia… ¿Cuánto me habrá costado por ser el primero del mercado? Solo te diré, que tu sonrisa lo vale. Me gustaría ver tu cara de emoción.
¡Úsala en la final del Torneo Nacional! ¡Y gana!
Te admira, Kimimaro Kaguya."
¿Un regalo para hacer magia? Observé la raqueta violeta y deduje que era el obsequio que papá guardó celosamente en la caja fuerte.
Tomé la siguiente carta.
"1 de septiembre de 2011. Kapil Dhara, India.
Hace dos semanas he conocido a cuatro personas, son Hinduistas. Es una situación bastante rara, estaba en una feria del pueblo con Juugo, cuando una chica pelirroja se acercó a mí y me llamó "maestro". Lógicamente, creí que era una ex alumna, la chica aparentaba tener dieciocho años. Tras ella, había tres sujetos más. Dos de ellos, se inclinaron ante mí, el tercero solo me observó asombrado.
Me he percatado de que, pese a mi descredito original de las fantásticas historias que ellos me cuentan, hemos tenido un idéntico extraño sueño. Yo sueño con ninjas y ellos también, te asombrarías de lo bien que describieron al director Orochimaru. Esto, sumado a que los cuatro hablan perfectamente sánscrito y consiguieron que Juugo soltara dos palabras, me animó a invitarlos a mi casa. Si se diera la oportunidad, me gustaría conservarlo en detalle contigo.
Quizás no entiendas mis creencias, aunque nunca hablamos de religiones, habrás notado que soy hinduista. Nací en India y creo en la vida después de la muerte. Si ellos sostienen que hemos sido un grupo de compañeros, y citan a la gente que conozco, yo no lo dudo. La sensación es como la de volver a conocer a las personas que antes fueron algo mío, como me sucedió contigo, esta extraña familiaridad también me conectó fuertemente a Juugo, a quien ya veo como mi hermano menor postizo.
Repito, es un tema complicado que amerita un café en Starbucks. ¿Aceptas mi invitación?
Kimimaro Kaguya."
Inquietante, no existe una palabra que se adecue mejor. ¿Cuatro hablantes de sánscrito en una feria en una de las ciudades más pobres de India? El profesor acierta al decir que supera el azar hallar un grupo parlante de una lengua litúrgica, ello sin mencionar que, al igual que mí, hablan de sueños de ninjas.
¿Sería posible que estos chicos fueran los que aparecieron en mis visiones provocadas por Shion? ¿Qué significado tiene todo?
"2 noviembre 2011, Kapil Dhara, India.
Mi Pequeño Mago:
Dejaré atrás mis raíces, abandono a mi querida India. Debo investigar algo en China, referente a las leyendas que me contaron los chicos del sonido (los llamo así porque tocan instrumentos musicales).
Mi viaje es por el "Kirin", supongo que habrás oído de él. Lo veneran en Japón, pero China es la cuna de esta bestia mística. Haré mi estudio allí, espero encontrar las respuestas necesarias a mis extraños sueños.
Soy reacio a los malos presagios… Pero…Tengo un mal presagio. Hablar con Tayuya, es el nombre de la chica pelirroja, tal vez me esté volviendo paranoico. Perdón si apresuro las cosas, quería hacer de mis palabras una declaración memorable, pero siento que si no lo digo ahora, no lo haré nunca en la vida.
Antes de irme a China, yo quiero decírtelo. Hay algo que no pude decirte… El día que me fui de Japón.
Te amo.
Te amo, Sasuke Uchiha. Amo tus ojos frívolos, amo tu no frecuente sonrisa… amo tu piel blanca, amo tu humor complicado, amo tu revoltoso corte de cabello que es tan distinto a tu carácter, amo todo en ti.
Sé que recibirás esta carta, he hablado con la oficina de correos en India y me han informado que todas las cartas han llegado. Y esta también lo hará, para estar seguro preguntaré en un par de semanas en la oficina de esta ciudad, quiero que esta confesión llegue a ti…
No tienes que contestarme ahora. Resolveré mis dudas en China y volveré a Japón a finales de año, estoy dispuesto a enfrentarme a todo, por todo me refiero a tu padre. Te pido que pienses mientras desayunas, en tus caminatas de treinta minutos al colegio, en el receso mientras degustas los tomates que tanto te encantan… Piénsalo bien, yo iré por mi respuesta.
Te ama tontamente desde el primer día…
Kaguya Kimimaro."
La caligrafía alterada de la última carta, la gracia de la primera, la franqueza, la impronta de Kimimaro Kaguya en mis manos. Repasé el manuscrito, no había mucho por analizar, el que tuvieran meses enteros de edición… Caí de rodillas sobre el suelo, había tanto por pensar, era tan inútil armar una contestación digna de mí.
Muchos "Te amo" tapizaron mi camino, confesiones a las que despache con un seco "Lo siento", tan seco… Tan burdo por no tener ni un gramo de pesar, formalismo recitado, que no tiene la esencia de empatía, falsa imitación. Mi último rechazo fue un "no me gustan las rosas"
¿Estoy a tiempo de pincelar una respuesta a la declaración, Kimimaro Kaguya?
― ¿Ya te desencantaste? Te lo advertí, pero… viéndolo bien, era mejor que vieras la diferencia entre esa gente y nosotros ―tenía una taza de café en mano, el alarde le hizo estirar los hombros hasta parecer una sombra siniestra―. Sasuke, el sol no brilla para todos de la misma forma.
Mi padre aún no dormía, eran más de las doce de la noche.
― ¿Quieres que las queme por ti? ―se ofreció mi padre.
No contesté. Seguí concentrándome en las cartas, antes de dejarme vencer por su sucio juego.
―Sasuke… No camines sobre las mismas pisadas que Itachi ―El tono en que habló, cambió, era una voz serena que refleja preocupación. Después de la advertencia él terminó por irse.
Necesitaba respirar bien, por eso con el arsenal de papeles en mano, caminé hacia el parque. Necesitaba analizar el reciente descubrimiento, en un lugar sereno y no encontraría la paz en casa. Fui a mi lugar favorito de lectura al aire libre, me senté en el pasto. Sentí un zumbido de mi celular y lo tomé con mi mano libre. Era un nuevo mensaje de Itachi, "¿dónde estás, otouto?". Escribí un corto mensaje "Plaza". ¿Sería suficiente para que me encontrara?
En menos de quince minutos, Itachi venía a mí, caminando serenamente. Entrecerró los ojos al ver el conjunto de cartas en mi regazo, no pidió verlas y permaneció de pie a mi lado. Me gustaba que fuera así, fiel… El eterno hermano mayor fiel. Cuando no merezco su amabilidad, le escondí muchas cosas. Tanteé mi lado izquierdo y él se acomodó en el pasto junto a mí. Cogí los viejos papeles y se lo entregué, él medio el valor y también deseo que lea a Kimimaro Kaguya.
Vagué mi atención entre las autos que transitaban hasta que mi hermano revisara las cartas. La exanimación duró los años que un caracol necesita para caminar una manzana.
―Escribió esas palabras en la carta. Me amaba ―susurré, sin saber realmente cómo sentirme por una declaración perdida a la que ya no podría responder.
Itachi dobló cuidadosamente el conjunto de manuscritos, lo que me desconcertó. Nunca pude leer bien sus gestos, pero a pensar de su delicado doblez, tenía el presentimiento de que pretendía ser cuidadoso.
Esperé que me interrogara por mis sentimientos, él por el contrario tocó mi cabello. Nada encontré en el desierto de sus ojos, ¿le habría molestado lo que leyó? ¿Por qué no le interesaban mis confusos sentimientos? ¿Ha dejado de interesarle mi historia de una no relación?
Hay tanto por contar y tantas preguntas que solo a él estoy dispuesto a responder… "¿Y cómo estás? ¿Amaste a Kimimaro Kaguya? ¿Quieres vengarte de Fugaku?" Esperé por el tifón de interrogantes que harían nacer un millón más, hasta que me fuera imposible recordar la primera que debería describir.
Sus labios sellados permanecen como si estuvieran pegados. Mi pecho duele, Itachi no me dice nada. Lamento el no haber leído antes mis cartas, pero yo… Sé que el dolor no es por el destiempo, porque el amor no nació antes… No nacerá ahora que tengo la confesión de Kaguya Kimimaro. Me desespera mucho, el silencio de mi hermano.
"Oponte, oponte…" Recé en mi interior "oponte a que lo amé". Ni yo comprendo lo que pido mudamente, no me comprendo y necesito que él me ayude a entenderme.
Yo no amé al profesor y en vano lanzo un pedido al cielo, quiero que Itachi me exiga saber qué siento y que se niegue a que yo ame a un hombre mayor, que me obligué a no sentir nada por Kimimaro Kaguya.
Tontos pensamientos.
+++Save you+++
El sábado volví a hacerme la rata, corrección Itachi me secuestró, impidiendo mi ingreso al colegio. Fuimos al hospital para que me revisaran, traté de distenderme mientras me conducían de una sala a otra. La desesperación de mi primer examen no se repitió, dado que esta vez contaba con la ventaja de conocer los procedimientos.
Yo no quería revivir los tortuosos "si hubiera", e Itachi tampoco quería someterme a esa depresión. Así que esperé a mi hermano mayor en el pasillo oyendo la música del celular de él. Sé que Itachi intentó no volcar toda la tristeza en mí, después de que terminara de conversar con los doctores. Quitó los auriculares de mis oídos, y se arrodilló. Rápidamente y temblando tomó mi cabeza para apoyar su frente sobre la mía. No hacía falta que me contara lo innecesario que fue perder un día de clases… Miré a mi hermano, descendía despacio y lentamente, la primera lluvia en el desierto que he visto en mi vida. Itachi estaba llorando. Y cuando pensé que necesitaba un abrazo mío, él fue quien me sujetó fuertemente de los hombros sin quitar su frente de la mía.
No queríamos seguir en hospital, Itachi tomó mi mano para guiarme. Me dijo que iríamos al templo abandonado. Le seguí a tropezones hasta el auto, no me reponía de la forma en que nos pegamos, con su rostro a milímetros de mí.
¿Por qué al templo? Suma cosas para pensar, a una mente sobrepasada de descubrimientos que reclaman un procesamiento inmediato. Acompañaba sus pasos, aturdido al pasar por la zona donde jugué a desarmar el hilo rojo de Itachi. Sé que quiere enseñarme una estatua, él me lo contó. Demasiado rápido llegamos y bajamos del auto para adentrarnos en el bosque, nos detuvimos entre unos arbustos. Itachi corrió algunas plantas para mostrarme una mediana estatua escondida entre un conjunto de arbustos y desgastada por los años.
― ¿Es un estatua de Buda? ―hablé dudoso, era lo último que consideré que me mostraría.
El musgo tapaba una parte considerable del rostro de Buda, eran las piernas dobladas con la túnica lo que hacían imaginar su procedencia. Me solté de Itachi y me acerqué a la enmohecida escultura, fui recorriendo lentamente la estatua.
Le hablé a un Dios, por qué a alguien quería gritar el estar muriendo. Mi última esperanza, fue la que atraviesa a toda alma temerosa… Crees en Dios, al estar en el filo de la muerte. ¿Realmente a qué Dios le hablaba?
"Si existe un Dios, seguro estás en Cielo Kimimaro…"
Pero Buda no es un Dios…
―Shion tiene razón en algo, las reencarnaciones existen… ―enunció por fin él, el labio inferior le vibraba.
Habíamos conversado de mis sueños y de lo que Shion me relevó en el santuario. ¿Qué pasaría después de que dejara de existir? Este juego de las inquietudes que nacen y no envejecen, me dominaban a cada segundo. Yo… me mordí fuerte la boca, contra todo deseo, un gemido atormentado, vuela en el bosque. Retumba, retumba para llegar a ti, quiere ir contigo.
Se escapa el dolor de un labio partido, mi cuerpo quiere liberarlo, porque eso… Lo atrae a mí. Mi dolor te atrae… y puede sonar ridículo, pero es en estos momentos en que pienso que no es tan malo estar enfermo, si a causa de mi penuria… Te tengo para mí.
― ¿De acuerdo? ―él presionó mi brazo, sus pupilas se rubricaron de agua.
La promesa de que nada terminaría, era lo que renovaría la rasgada Fe de mi hermano mayor. ¿Reencarnación? Yo… subí despacio mi cabeza, ¿volver a nacer? Bajé mi cabeza, aletargado. Quiero confiar en lo que dice, quiero hacerme de la estabilidad que me falta, estoy decidiendo apoyarme en esta columna.
Asentí firme y lo abracé. Quiero prohibir las incertidumbres de dormidas noches, para tener una perspectiva distinta de la vida. Sí, creeré… que jamás me despediré de mi hermano mayor.
+++Save you+++
Había ido a visitar a mi ahijado. Anko, la niñera de las dos hijas de Pein, me dijo que Konan estaba trabajando y se llevó al bebé con ella. Dado que era sábado y mi clase de idioma fue suspendida por una desinfección de roedores –encontraron uno ayer-, le pedí a la niñera la dirección.
Mientras viajaba en metro hacia Harajuku, medité sobre el trabajo de Konan. Ella me comentó que armaba flores de papel, hacía arreglos de flores naturales e incluso disecaba flores para armar ramos secos. No le gustaba trabajar con plástico. Tuve que caminar después de descender del metro, los comercios no eran tan bullicios como el epicentro de Tokyo.
Akatsuki "Hacemos de las despidas, un noble amanecer" leí el cartel del edificio que ocupaba una esquina. Empujé la puerta, un grupo de personas se reían amontonadas en un sillón.
―El cuerpo era irreconocible, ¿cómo se supone que iba a maquillar a una niña mutilada? Soy un artista, no un cirujano ―chilló, irritado uno de ellos.
―Ella estaba muerta, Deidara ¿para qué quieres un cirujano? No la limpiaste, sola la vestiste ―negó Kisame.
―No lloriquees que no viste la mierda que hicieron en su cuerpo ―se alzó otro.
Me llevé una mano a la boca, al comprender la frase del cartel. La desprestigiada tarea de limpiar cuervos era llevada por ellos, servicios fúnebres era el trabajo de Akatsuki. Entonces, Konan salía de una puerta con una bandeja repleta de galletitas para el grupo.
― ¿Sasuke? ―emitió ella asombrada, se trastabillo, casi haciendo caer la bandeja.
Las cabezas del resto giraron hacia mí. No sabía qué sentir realmente, si repulsión por los lavanderos de muertos o pena del degradante oficio. Lo cierto es que ni un sentimiento ni el otro burbujeó en mi cabeza, estaba como en una especie de trance viendo a la nada.
Alguien tiró de mi mano, para arrastrarme a un cuarto contiguo. El murmullo de Pein se oyó, antes de que la puerta fuera cerrada, "¿Quién fue el iluminado que no bloqueó la puerta?" Todos corearon "Kisame".
Me tomaron varios minutos tranquilizarme y superar mi estupor. Entonces noté que, como no, fui arrastrado por el más interesado en darme una explicación.
―Tú… ―empecé a cuestionar, estaba aturdido por el descubrimiento y ciertamente me costaba respirar y hablar a la vez.
― ¿Limpio cadáveres? No lo hago, esa tarea es de Sasori , Hidan, Kakuzu y Kisame. Deidara es quien los maquilla y viste ―informó, antes de sentarse en el borde del escritorio.
Lentamente busqué sus ojos. Sé que estaba preocupado por la forma en la que me tomaría la noticia. Ha sido un secreto, el oficio de Itachi. Nadie le interrogó en casa, no podía sentirme ofendido si ni yo demostré interés por su ocupación laboral.
―Si papá lo supiera… ―deslicé suave, él entendería la consecuencia del punto suspensivo.
―Lo que él piense es irrelevante ―aclamó, cruzándose de brazos.
¿Por esto dejaste la universidad, para obtener dinero rápido? Medité por nombre, Itachi se paró.
―Nunca tuve un afecto por la ingeniería, las circunstancias nos trajeron aquí. Konan esperaba un hijo de Pein. Un embarazo en la adolescencia, no es tan fácil como decir "no quiero abortar el fruto de mi amor". La vida no es cuento, tal como lo dice papá, pero… decidimos cómo escribirla. Todos decidimos ayudar a Konan y Pein, así nació Akatsuki como funeraria. Era el medio más efectivo para estabilizar la nueva familia de Pein. Pese a lo que oíste recién, te aseguro que seguimos aquí porque no lo consideramos una actividad inmunda. Fue nuestra elección, nadie fue obligado.
Volví a asentir. Perfectamente conocía la situación de Konan y su embarazo precoz. Sumido en la ignorancia, ni me puse a pensar la manera en que Pein logró hacerse cargo de su familia, si ni siquiera ingresó a la universidad. ¿Son estas las acciones impensadas que toman los padres por sus hijos?
Y sé que Itachi me miraba anhelante por mi recepción, a esta realidad con la que convive desde que dejó la universidad. Y yo podía reclamar, solo el que no me contara, pero precisamente fui yo él que nunca preguntó.
Despacio me acerqué hasta él, que pensativo me contemplaba.
―Sigues siendo… La persona que más admiro ―susurré con un nudo.
Él sonrió y se qué quería abrazarme, pero no hacía ningún movimiento para agarrarme. Había un deseo reprimido para hacerlo, para abrazarme hasta asfixiarme. Y yo sé cuál era el temor. Se creía impuro para tocarme, e iba más lejos al dudar sobre mi disposición a ser abrazado por un trabajador funerario.
Manos sagradas de un sacerdote… Manos limpias de un empresario, ¿Qué importancia tienen el rol de las manos, si la verdadera suciedad está en nuestras acciones? Yo no veo nada de malo en la profesión de Itachi.
―Dijiste que no limpiabas cuerpos, ¿harías una excepción por mí? ―exhalé, no estaba ni con ánimo ni con las ganas de preguntar. Era, más bien, el momento para pedirlo.
¿Ellos me enterrarían? ¿Los amigos de Itachi reprobarían mi cuerpo maltratado por mi enfermedad, como lo habían hecho hace minutos? ¿Sería irreconocible? Las paredes de la habitación se movían, no veía el rostro de Itachi. La sonrisa artificial, se diluyó entre mis lágrimas.
―Sasuke…
―Que no te incomode que hablemos del futuro… Siempre me cohibió el contacto con extraños ―lancé mi falsa sonrisa, no salía natural.
Él no me contestó, no necesitaba obtener un preciado sí. Sé que recordara mi aversión a los tocamientos desconocidos, que esté muerto no cambia que quiera recibir un último baño de parte de mi hermano mayor. Sé que aunque no trabaje lavando cuerpos, lo haría por mí.
Esa misma noche, después de que Itachi me tomó la presión, una rutina que inició después de regresar de su internación en casa de Sasori, tuvimos una pequeña pelea. Yo había ido a bañarme y al acercarme al living, volví a experimentar la aversión que me generó la enfermera en el ascensor. La rubia que besó a mi hermano estaba en el sofá, abrazada a mi hermano mayor. Fue el impulso el que me obligó a tomar un jarrón y arrojarlo contra el piso. Los dos me miraron asombrados, pero yo corrí hacia mi habitación antes de que alguno me dijera algo.
Me senté en la alfombra, e intenté controlar el latido desesperado de mi corazón. No pasaron ni cinco minutos, Itachi entró a mi habitación, que estúpidamente no cerré antes.
― ¿Ella es la persona con la que te casarás? ―grité primero, no iba a permitir que él fuera el primero en decir algo.
A él no le importó que le lanzara una lapicera, en cuanto violó la restricción de un metro que pretendía mantener. Tampoco se defendió cuando le arrogué mi libro de inglés. Me rodeó totalmente, mientras que yo estaba agitándome. Pero intenté quitarme de encima a mi hermano, ¿cómo puede decir que soy la única persona en su vida, si no tiene problemas en abrazar a un mina que quiso separarnos?
―Vino a pedirme otra oportunidad, no tengo la facultad para dársela… Porque un corazón capturado es despojado de su libertad ―Itachi se sentó en la alfombra y tomó mi mano izquierda―. Te conté que Kimimaro Kaguya y yo teníamos un punto en común. Mi último secreto es que… Ése eres tú.
¿Cómo? Le bajé varios grados a mi infernal ira, estaba desorientado por el cambio repentino de la discusión.
―Si tú sonreís, es como el cielo para mí… Si tú gritas, es el infierno en la tierra misma… Yo no me alejé ni un milímetro de ti, intenté estar cerca sin quemarme… ―susurra, pasando a mi piel, la intensidad de las letras, me acaricia la mano.
Y ni abrazaba, más la sensación que corría era la de ser víctima de una terrible fiebre.
―Itachi estás… sofocándome ―balbuceé.
"Déjame respirar" Me mordí la boca.
―La leucemia… no tiene la habilidad de modificar todo ―reveló, bajando más el tono serio de su voz, si ya era la dulzura la que hablaba ―Lo que siento por ti… tiene más de nueve años. Esta enfermedad no viene a cambiar nada. Te dije que estaba enamorado y no te mentí… Yo estoy enamorado, porque existes, Sasuke.
¿Enamorado de… mí? ¿Yo? Yo… que estoy a punto de morir.
―No tienes un futuro conmigo ―intenté que razonara, ¿qué otra cosa podía decirle? ¿Qué otra cosa si no la verdad?
―Dime que no… dime que sí ―recita con una seriedad que domestica a cualquier tipo de persona ―. Pero no digas que no tengo un futuro contigo. Yo quiero besarte ahora, no mañana.
Él apoyó su frente contra la mía, en sus ojos vi… el cariño que siempre estaba para mí.
―Itachi, no hay…
―Yo quiero una respuesta. ¿Me amas? ―se adelantó él, aprovechándose de que mi voz estuviera quebrada por la escaza de distancia.
Mi celular emitió un sonido, tembloroso le di un pequeño empujón a mi hermano y me paré para buscarlo. Tenía un nuevo mensaje del grupo de tenis, Neji confirmó mi partido en singles uno. Repasé las palabras del corto mensaje, por supuesto mi suspensión estaba cumplida hace una semana ¡Y regresaba, regresaba a las canchas como primer singles!
―Yo… la próxima semana jugaré, en el Estadio de Nara. Tienes que estar presente ―le comuniqué, feliz.
Sé que la noticia no fue del agrado de mi hermano mayor, habíamos discutido por ese tema. La raqueta me ayudaba a seguir cada día… Podía renunciar al colegio e incluso a mis amigos, pero al tenis… Eso nunca. Es mi pasión y planeo llegar con ésta al Cielo.
― ¿Me vas a dar una respuesta ese día? ―ocultó su desacuerdo, con una pregunta a su favor.
―Sí… ―acepté al instante, reparé en su sonrisa y abruptamente corregí―: ¡No! Yo necesito ordenar mi cabeza, demonios ¿soy el único que piensa que después de recibir una declaración, lo normal es dar un tiempo?
Estaba enfadado por esa actitud. Siempre que recibía una declaración, las chicas enseguida me apresuraban para que respondiera. ¡Qué se supone que debo decir! La única chica a la que le respondí bien fue a una pelirroja.
― ¿Debía darte un tiempo? ―dubitativo me observa Itachi, mientras se levanta del piso.
¡Hasta que se da cuenta de la seriedad del asunto! ¡No es como si me fuera a enamorar a primera vista, después de una declaración!
― ¿Qué tal una hora? ―propone, acercándose más.
― ¡Ya no molestes! ¡Y deja de invadir mi espacio personal! ―Lo empujé totalmente nervioso.
¿Qué les pasa a las personas? Que sueltan confesiones, y rápido exigen una devolución de correspondencia. Me acerqué la puerta y la abrí para que se marchara.
―Una última cosa… ―me sujetó del mentón para luego soltarme y avanzar a la salida.
― ¿Qué? ―le grité, exasperado por su comportamiento.
―Si hubieras querido destrozar mis esperanzas, te bastaba con recordarme que somos hermanos ―Itachi estaba totalmente serio.
"Somos hermanos" Mi mente… contaminada por la sinrazón, perturbada por el constante resonar de los latidos… Ha olvidado la clave para denegar cualquier ensueño de romance con esta persona… que conoce cada parte de mis capítulos.
He olvidado…
¿O simplemente me ordené no reparar en aquel no menor detalle de su declaración? ¿No quiero descartar la primera confesión deshonesta? ¿Me niego eliminar un mensaje romántico aun conociendo la ostensible consanguinidad con el remitente?
―Tonto hermano menor ―Enunció frente a mí y golpeó mi frente con sus dedos.
Me puse bastante rojo, del coraje. Retrocedí tres pasos, acomodando mis cabellos removidos por él. ¿Cómo podía exponerme, sin ningún toque de vergüenza? Pero no fue necesario llamar a la policía, Itachi se marchó sin hacer ningún reclamo.
― ¡Olvida tu respuesta! ―clamé acalorado, disgustado conmigo mismo por no haberlo dicho antes de que se fuera.
+++Si pudiera salvarte…+++
Esta mañana, a horas de mi partido decisivo, el aire del pasado regresó en un fuerte flash a mi cerebro. "Ganar, ganar" me autoimpuse, tanto que terminé soñando mi victoria abrazado a mi hermano. Cuando le conté a mamá sobre el sueño, ella me dijo que era normal que soñara con el tenis y mi hermano, dado participé de torneos gracias a él. Ella me mostró las fotos que nos tomamos el día que participé en el primer torneo, y hablamos sobre mi temprano entrenamiento en tenis.
La visión de las imágenes, en compañía de todos los amigos de mi hermano mayor, me revolvió la cabeza. Fui capaz de rememorar mi primer partido, vagamente y lo que fuera mucho más importante la promesa que le hice a mi hermano mayor de jugar en cualquier terreno. Le pedí a mamá que me explicara más sobre esa etapa de mi vida, y ella relató todo lo que pudo, risa de por medio de mi parte, mientras dilatábamos el desayuno hasta las diez de la mañana.
El Torneo iniciaba a las once, llegué un poco retrasado pero a nadie le interesó. El capitán seguía decaído por la discusión que tuvimos.
"Comenzamos con Singles uno" se oyó por los parlantes, ¿tan pronto? Ni reparé en los resultados de mis amigos.
Lee que estaba de ánimos en cualquier día de la semana, me avisó que sí o sí necesitaban mi victoria para pasar de ronda. Justo lo que esperaba, la oportunidad para volver a brillar.
Tuve una mayor fuerza a mi alrededor después del dialogo con mamá. Por eso, al elegir mi raqueta decidí tomar la roja y no la violeta de Kimimaro, que también llevé para mi partido. La raqueta de Kimimaro era mejor que la roja de papá, pero los verdaderos escritores hacen magia con un trozo de carbón y un cartón. Yo no dependo de la mejor arma para ganar una batalla.
―Quiero hacer una declaración formal. El juego de hoy se lo dedico a una persona que está en las gradas, así que solicito que me mire. Quiero que vea, mi verdadero tenis… Ya no me contendré ―anuncié antes de que iniciara mi partido.
Sé que Itachi estaría ahí, entre el público.
Ahora mira Hermano mayor, y perdón por hacerte esperar, yo voy a luchar de nuevo por ti. Por la promesa que te hice hace años, "brillaré".
"Kyaaaaaaa" Gritaron un par de chicas, y a los minutos comenzaron a llorar a mares "Sasuke tiene novia, noooooooooooooooo" "No, no debe ser para un empresario que lo verá jugar" "Sí… él no puede tener novia" Y otros tontos lloriqueos más que ni oí.
Tomé la raqueta con la mano izquierda y respondí el envío de mi contrincante. Una bola rápida iba al fondo, la alcancé y le di efecto doblando la muñeca rápidamente. Punto a punto se sumaban mis cuentas, agrandando la diferencia.
Yo… Brillaré intensamente, el fulgor de mi pecho, es infinito… y arderé como el ave fénix, me ordené a mí mismo mientras conectaba una volea.
Arderé dulcemente, porque alguien ha encendido mi preciosa felicidad. Alguien creyó en mí, no era solo Kimimaro, alguien vio mucho antes mi virtud. Y fue cuando ni siquiera yo pude notarlo.
"Juego y partido para Uchiha Sasuke. 6 juegos a 0. Konoha Gakuen pasa a la final del Torneo Nacional."
― ¡Estuviste al 1000% Sasuke! ―Tenten levantó mi brazo.
Sin que me diera cuenta, el partido que había iniciado, rápido terminó. Tenten invadió la cancha para darme un abrazo. Sabía todo lo que significaba este triunfo, una vez más estábamos en la final. Pero yo ni sé a quién derroté. ¿Me he entusiasmado?
―Sasuke, este juego fue una inspiración para la juventud ―Lee tenía los puños apretados y sus ojos chispeaban como rayos.
― ¡Un regreso explosivo! ¡Eso fue el Poder de la Juventud! ¡¿Lo viste, Lee?! ―Lee asintió muchas veces al profesor, él estaba tan emocionado.
Me permití hacer lo que de forma voluntaria, no haría ni en un remoto mal sueño. Yo sonreí con satisfacción. ¡Eso!
―Sasuke… ―Neji elevó la voz y se levantó de la banca en que estaba sentado.
Todos se quedaron en silencio, la aceptación del capitán era lo último que necesitaba para cerrar un buen partido.
―Necesito a este Sasuke en la final, no me desilusiones ―Neji levantó la mano y yo la choqué de inmediato.
"Uhhhhhhhhhhhhhhhhh" Se escuchó entre los restantes titulares. Lee invitó a todo el equipo a una fiesta de celebración en el restaurante de su tío. Le dije que tenía un pendiente y que posiblemente no iría, pero que disfruten sin mí. Tenten codeó a su pareja en dobles, y murmuró con indiscreción que alguien me esperaba. Lee dio un brinco y señaló hacia el cielo. ¡La juventud es maravillosa! Gritó para darme ánimos. Tenten me dio un rápido abrazo y me susurró "Entonces… ya no necesito buscarte una pareja". Neji tan solo me miró fijó y se inclinó para darme el aliento necesario. Tomé el gesto del capitán y me di la vuelta.
Le envié un mensaje a mi hermano mayor y le dije que nos veríamos en el sector de camping del Club. Él estaba parado, bajo el sol. Su cabello negro destellaba por los dorados rayos de verano y él se tostaba sin sudar una gota. Olvidando mi cansancio, corrí hasta alcanzarlo.
―Estoy todo acalorado y con un calambre en la rodilla ―Itachi alarmado, se agachó para revisarme, pero enseguida hice que se levantara―. No es grave… No es grave. ¿Te gustó mi juego?
La necesidad de hacer perfecto el descubrimiento que me regaló el sueño refrescado por mamá, me hace farfullar y crear un efecto dómino de palabras.
―Fue especial, volviste serlo. Pero no considero elemental que te agites ―me retó Itachi. Claro que continuaba enojado por mi necedad de abandonar mi deporte..
Lenguaje preocupante, rostro impasible. ¿Cómo afrontar el que te preocupes y que sigas insistiendo en ocultarlo?
―Yo… tengo una confesión que hacerte ―Un fulgor atravesó los ojos de mi hermano, continué―: Recordé la promesa que hice de jugar al tenis, estuvo dormido el recuerdo de mis cuatro años. Mamá me ayudó a recordarlo, yo te prometí jugar, porque confiabas en mí. ¿No es así?
―Sabía que algún día lo recordarías ―dijo Itachi, la emoción débil desapareció―. No escogiste la raqueta violeta.
La mención de ese hecho ni llegó a disipar la decepción que creí ver en su rostro. ¿Habré recortado demasiado la emoción de haber recuperado la promesa que perdió la distintiva gracia que debieran tener las palabras?
―La raqueta roja era mejor que la de Kimimaro ―me excusé falsamente, a fin de distenderme de la reacción turbia de mi hermano.
Una mueca había en la cara de Itachi, no estaba seguro de si era una falsa irritación o si en verdad había arruinado el momento que el trataba de aplacar… ¿Por qué le importaba que eligiera la raqueta de papá y no la violeta del profesor? Confuso por el extraño desencanto de mi hermano, me apresuré a acomodar mis palabras:
―Siendo sincero, la raqueta de Kimimaro era más sofisticada… Cualquier tenista querría tener una de ese tipo ―dije con seriedad―. ¿Sabes? Una excelente raqueta no hará brillar al usuario, es la técnica. Eso me hiciste entender, Itachi. Yo no necesito la mejor raqueta, no tomé la raqueta de Kimimaro Kaguya por esta razón. Soy la estrella misma, que ha brillado porque una persona me da las fuerzas. Y la persona que encendió mi Luz… Eres tú. Mi juego fue para ti.
"Bon Bon" Corazón tonto que salta, aturdiéndome. Son palabras de agradecimiento, simples atenciones de reconocimiento ¿por qué tiemblas corazón tonto?
―Gracias por la dedicación, pequeño genio ―agradeció, Itachi estaba de nuevo serio.
"Pequeño genio", eso queda mejor conmigo. No hay magia, donde no hay trucos. Tampoco tengo talento, como dice Itachi… Es Distinto. Lo que hago es Real, Mi Tenis Existe… Yo poseo una genialidad.
Mientras él caminaba hacia el estacionamiento, cargando con mi bolso, entendí la disipación de la ansiedad en mi hermano mayor. Él pensaba que formé una respuesta para su confesión, y yo no le dediqué ningún segundo. Estaba preocupado en apasionar a Itachi con mi esplendida jugada, que en contestar.
Desganado caminé hacia el auto de mi hermano. He conseguido el 10 de 10, entonces ¿por qué la sensación de haber obtenido un 0 de 100 emerge al ver la solitaria espalda de Itachi en un vacío camino?
+++Te amaré por siempre, otouto+++
La prueba de matemáticas fue como un juego de niños. Me recosté sobre el tronco del árbol del patio. Quedaba cerca de cuarenta minutos para que muriera el plazo del examen, mientras que yo lo rendí en cinco minutos.
―No lo vi. Me contaron que tu partido fue increíble ―habló una voz conocida.
Me enfoqué en el chico que también me miraba, él se revolvió el cabello con insistencia.
―Lo he escuchado todo el día, pero gracias, sirve de algo que te recuerden lo genial que eres… ―mencioné con simulo.
Naruto rió un poco incomodo.
―Debí hacer caso a mi padre y pedir ayuda para la prueba de matemáticas. Fue un desastre, no saldré vivo de ésta ―comentó para avanzar en la conversación, que no avanzaría sin que sacara un nuevo tema―. A ti, ni te pregunto, eres genial en todo.
No había mucho que adicionar, sabía que mi nota sería la de siempre, quizá por capacidad propia o por pereza ajena. El profesor de matemáticas, se salteaba la corrección de algunos exámenes, por el respaldo de antecedentes. Era una probabilidad cercana, que no revisara mis hojas, se suponía que aprobaría con la nota más alta y así sería. Obtendría una nota alta y el educador solo estampaba su firma, sin un análisis anterior.
―La conocí en el jardín de infantes. Tú no estabas.
No hacían faltas los nombres para saber a quién se refiere, su voz que deja el nervio y se convierte en susurro fúnebre, me dan la pauta de la identidad. No es una chica, es "la chica", aquella por la que se desvive. Naruto habla de Sakura Haruno, su primer y único amor.
El rubio se apoyó en la reja. Venía de antes, el cariño de Naruto. Yo ingresé a Konoha a los nueve años, antes de esa edad hice una tutoría en casa. Mamá decía que no contaba con el tiempo para llevarme al colegio y que esa tarea no se la asignaría a Itachi, por lo que desde pequeño fui instruido por mi propia madre. Con el propósito de validar mi derecho a estar en grado que me correspondía, rendí un examen de ingreso, que por supuesto aprobé. Tenía razón Naruto al afirmar que no conocía el origen de su flechazo sin el efecto de la primavera, nada nacería, ella no sentía lo mismo que mi amigo.
―Tal vez sea un amor imposible… Lo de Sakura Haruno y el tonto rubio de Konoha Gakuen… Será un hermoso sueño imposible ―miró hacia el horizonte―. Ríndete, jamás te mirará. "Naruto es un idiota que sueña mucho", lo escuché más veces de las que te puedas imaginar. Pero… ¿Nunca has sentido que no puedes ignorar a una persona? ¿Qué necesitas saber qué hace? Y de ser posible, brindarle todo lo que eres… Yo siento que no me enamoré ayer de ella, esto… Viene de antes, siento que es así. Digan lo que digan, no se me va a quitar, Sasuke. Ella ésta aquí… ―presiona su pecho―. Y no voy a dejar de amarla, esto no se me va a quitar.
Comenzó a reírse para luego parar rápido.
―Me molestó… que me lo dijeras, que era hora de que me olvide de ella. La verdad duele… ―Le da un fuerte golpe al muro, luego se dirige a mí―: Tuve tiempo para pensarlo y… Más que esta realidad, detesto que no me apoyes. Yo no la voy a sacar de aquí, de mi corazón, esto viene de hace años… ¿entendés? … Tendría que pasar algo realmente oscuro para que mi amor muera. Ella me da razones para seguir amándola… Por eso, yo pelearé. Pero yo no voy a rogarle ni menos a lloriquear y a obligarla, yo haré todo para conquistarla. Yo no voy a rendirme, que sea lo que tenga que ser… Los 47 ronin no dudaron, no voy a retroceder, es mi camino del ninja.
¿Bushido? Él quiere seguir… Aún si el pronóstico no es alentador.
No hay forma de hacer que desista, que la guerra está perdida… No corre a un soldado del campo, Él preferí morir en el campo enemigo. Naruto está enamorado de ella.
Sakura Haruno es la chica por la que Naruto se desvive, pero también por la que se desvivirá incluso después de años.
―Te apoyo ―sorprendí a mi propio amigo, por el cambio de opinión. No es algo que haga a menudo.
Banco a mi amigo porque para ser feliz… acepta sufrir, dará todo por Haruno. No puedo cruzarme en el camino y prohibirle a un soldado el defender a su patria, aduciendo que la muerte le espera, si en el habita un irrompible honor. Así que "ve, Naruto, lucha por tu sentir. Haz todo para ganarle a Rock Lee."
El respaldo en palabras, le hizo recobrar su estúpida sonrisa, Naruto se rasgó la punta de la nariz.
―Algún día… Sabrás que solo una persona hace la diferencia del resto, Sasuke ―Grande abrí mis ojos, Naruto continuó―: Cuando eso pase… Tú, el cerebrito… Pensarás cosas más absurdas que las mías, te lo aseguro. Yo voy a reírme al principio, pero sea quien sea tu persona destinada… Yo voy a bancarte. ¿Y Sabes por qué?
"Porque somos amigos."
―Yo soy feliz así, sé que serás feliz a tu manera. Alguien te hará más tonto que yo, y será mi turno para reírme de ti―el rubio sonrió.
Alcé mi mano y la cerré en un puño, Naruto copió el gesto para hacer el golpe de puños. Con esta acción, sé que ha quedado en el olvido aquel mal momento.
+++Te amaré por siempre, otouto+++
El domingo fui a visitar a Deidara, le devolvería los dos kimonos que me prestó para el bautismo de Soranosuke. Lógicamente, pasaron por la tintorería, la mínima cortesía que merece un préstamo de indumentaria.
Deidara aceptó el kimono de mariposas, pero no quiso saber nada del que había usado en el bautismo. Le insistí, no era una prenda que pudiera quedarme como un hermoso recuerdo, no encontraría la ocasión para volver a usarlo en mi corto tiempo.
―No es mío, como si pudiera aceptar el kimono que Itachi compró para ti ―el rubio alzó las manos teatralmente.
Le miré perplejo, él comprendiendo tarde lo que había soltado en un descuido, se cubrió la boca. ¡Y por supuesto que se vendría el aluvión de cuestionamientos! Pero ya Deidara me había sacado a la calle y cerrado la puerta en la espalda, aprovechándose del lento procesamiento mío.
Le toqué timbre, insistente, no se quedaría así. No lo haría, me daría una completa explicación de aquello. ¿Cómo que Itachi era el dueño del kimono?
No era el único que estaba en plan de reclamar a Deidara, una mujer se aclaró la garganta. La suerte quiso que me encontrara a la mina que no quise ver. Tenía un lunar bajo su ojo izquierdo, rasgo por la que empezaría a diferenciarla, de no ser por las raíces castañas que se asomaban de su cabellera rubia. Entonces hice bien en describirla.
―Itachi no me habla ―se colocó una mano en la cadera y exhaló irritada―. Me reventó tanto que el afeminado novio de Sasori me confesara que Itachi tenía una cita en una cafetería, que yo… Tomé su celular. Yo no sabía que era tu partido. ¿Te llamas Sasuke, no? ―Ella hablaba sin tomar aire―. En el celular, Itachi te tiene como "Hati", y yo pensé… que "Hati" era otra loca fastidiosa que me quería robar a mi novio… Resulto que solo era su hermano menor ―se rió estúpidamente, golpeándose la cabeza con la mano y riendo como rubia tonta ―. Lo lamento, no pensé que tuvieran una relación tan fuerte… Perdón. ¿Podrías decirle a Itachi que necesito que me conteste el teléfono? Sigue enfadado porque tomé su celular… Gracias, eres buen chico ―ni sé qué demonios agradecía, si ni me permitió saludar―. Yo venía a aclarar unas cosas con el novio de Sasori, ¿y tú?
¡Por fin me concede la palabra!
―Contéstame una cosa ¿Cuál consideras que es la mejor virtud de mi hermano? ―un fuego vigoroso se prendió dentro de mí.
Ella quedó descolocada por mi planteo. Se recompuso rápido y emitió una risa de comedia.
―Es guapo, a decir verdad está en sus genes, también en ti ―me guiñó un ojo ¿Itachi tuvo una relación con esta chica superficial?
¿Ha tocado a mi hermano mayor, sin tener una mínima comprensión de su naturaleza? Desinterés por sí mismo y amabilidad, que se enmascara con un semblante de indiferencia, así es Itachi. Pero él no es Indiferente, no necesita usar sonrisas falsas porque una verdadera vale por cien fingidas y "esas" gratamente las he conocido.
―Señorita rubia artificial, no moveré un dedo por ti, ni ahora ni nunca ―sentencié, asqueado por la perspectiva de ella. "No te entregaré a Itachi" ―. No ves más allá del mundo material. Solo eres otra idiota que ve con los ojos… y no con el corazón.
"Corazón" "Ve con los ojos" "corazón" me mareé un poco, tuve que recostarme a un arbusto para no caerme.
―Niñito, tú… ¿a quién crees que llamas, idiota? ¿No sabes a quién le gritas? Soy tu futura cuñada ―gritó, la rabia avanzó para enturbiar sus ojos.
No contaba la rapidez para reaccionar, venía hacia mí. Un hueco raspaje de pieles se oyó.
―Tampoco permitiré que sigas de arrastrada, ni menos dejaré que hostigues al hermano menor de mi mejor amigo ―adicionó una terca voz peligrosa―. No me conoces como tú crees, el mortífero veneno del escorpión corre en mis venas, y te advierto pudo aplastarte cuándo y dónde me apetezca.
Miré agitado hacia ellos. Sasori sujetaba la mano derecha de ella, cuyo objetivo era aplastar mi rostro.
―Tuve suficiente de este jueguito, no soy Deidara y no te tendré compasión solo por ser mujer ―amenazó, por la mueca de la mujer era claro que le estaba presionando la muñeca ―. Itachi nunca estuvo realmente contigo y yo no volveré a ir en contra de sus deseos. Desaparece, puta fea.
Oí el resoplido femenino de la derrota y las fuertes pisadas de tacón. Yo me tomaba fuertemente la cabeza como para encarar al entrometido amigo de mi hermano.
― ¡Qué lamentable! ―exclamó por lo bajo―. Ella estuvo mal al impedir que Itachi viera tu partido. Yo quise que tu hermano intentara establecer una relación. Las relaciones forzadas nunca terminan bien, me adjudico el error. Si te sirve de algo, se llama…
¿Y qué mierda pregunté? ¿Qué carajo quiero saber?
― ¡Me importa una mierda cómo se llame la rubia de New York! ―me desconozco, explotaba por la fútil exposición de identidad.
Sasori se llevó una mano al mentón.
―La rubia teñida, sí es teñida ―Sasori bosquejó una risa.
¡Excelente respaldo de crítica! La cabeza se me estaba partiendo, me enderecé haciendo muecas. Era sorprendente que Deidara no hubiera salido, con el numerito que se armó. Yo alzando la voz, ella respondiéndome y Sasori gritando.
―Te envidio… Sí, te envidio, me siento amado… Pero lo tuyo, es mucho más profundo, es como si tuviera milenios… Un artista aprecia las pinturas eternas, y fácilmente las envidia. Sublime e indiferente al encanto natural humano, la musa inmune a la poesía no verbal, no detiene el amor de un artista. Entiendo por qué los artistas no pueden comprometerse fácilmente con cualquier persona, no cuando tienen a su musa ante sus propios ojos. Tu hermano es como un artista ―Y Sasori debía justo sacar el tema, lo sacaría.
Quise cortarle, y él viendo mis intenciones, realzó el timbre de su voz:
―Que alguien esté dispuesto a cumplirte cualquier capricho y te observe por noches enteras… Que asista a todos tus eventos y obligue a mi novio a cubrirlo en un partido. Que me obligue a reparar una raqueta dañada, que recorra tiendas a las once de la noche para comprarte una raqueta. No merece ser llamado Amor, merece una palabra distante lo que Itachi siente por ti.
― ¿Qué dijiste? ¿Qué raqueta? ―me precipité, sin importarme una mierda todo lo demás.
La postura estoica de Sasori, no se desarmó.
―Tu nueva raqueta, la que usaste el día que te suspendieron ¿No lo sabes? ―Lo dice con una obviedad que no comporto―. El rojo es color favorito de Itachi
La raqueta, la raqueta que creí una ofrenda de papá. ¡Cuánto más no sé! ¡Cuántas cosas más no sabré! Bajé mi vista al piso, todo mi mundo se volvía a quebrar. Sasori se inclinó a mí, aventé su mano compasiva para otra vez correr. Un ardor incineraba todo mi cuerpo y no pretendía calcinar al pelirrojo con mi hoguera.
Avancé por las calles, desorientado pero con la intención de ir a mi casa en busca de mi raqueta. La necesitaba, no para jugar. Una vez que llegué a mi habitación, la saqué de mi bolso y la sostuve en mis manos, rojo, rojo… El color favorito de mi hermano, no fue un regalo de papá.
Grité devastado por no darme cuenta, sentí un oscuro sentimiento de agonizante ira y tiré abajo mi biblioteca personal. Aventé las lapiceras de mi escritorio y despedacé mis apuntes de la semana. Después del violento arranque emocional, de rodillas caí sobre el tapiz de hojas y libros rotos.
Allí en medio de mi desorden, encontré un viejo libro que hace tiempo no leía. El Principito de Antoine de Saint-Exupéry, el libro que me regaló Itachi. Entonces recordé mi enojo con la rubia teñida. "Solo eres otra idiota que ve con los ojos… y no con el corazón". Corrí rápidamente las hojas del libro, porque presentía que de algún lado habían salido esas palabras, y me detuve al ver una frase subrayada con una lapicera roja. "Solo se ve con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos" Corrí mis dedos por la frase resaltada en rojo, abracé el libro y me derrumbé en el suelo.
Después de largos minutos, me concentré en mi raqueta roja, para revivir mi perdido recuerdo que me fue devuelto por mamá:
―Los torneos infantiles no lo son todo. En el colegio, hay clubes deportivos… el de tenis es uno de ellos. Quiero que seas un titular del Club de Tenis y quiero verte midiéndote con los mejores, Sasuke ―enunció Itachi.
El desvanecido recuerdo aclarece para clavarme un certero puñal. Yo juré que jugaría para él.
Y creyó en mí, Itachi tempranamente depositó "Fe" en mí.
Y yo lo arruiné.
―Así que… sigues durmiendo ―Itachi entró a mi habitación de repente.
Esa noche, estaba repasando para un examen, sentado en la cama y con los ojos cerrados para concentrarme mejor.
―Eres tan ciego, hermano mayor ―reté, ofuscado por haber sido interrumpido ―. Estoy a punto de acostarme. Debo despertarme a las seis ¿Me haces el favor de irte?
Itachi cumplió mi reclamo, pero antes de irse declaró:
―Un Kalpa … Dura el sueño de Brahma. Tú… sigues durmiendo.
Cada 4.320 millones de años, Brahma termina su sueño. Solo me enfureció más:
―No tengo ni el tiempo ni el humor para tus desvaríos.
Tantos desencuentros, tantos rechazos. Mi eterno sueño, mi profundo sueño duró años. Y Solo yo fui el Ciego que no advirtió el sentido de la anhelante mirada de Itachi. En todas las fotografías familiares, sus pupilas se desviaban un poco hacia mí. Cuando desayunábamos acercaba un trozo de kiwi a mi plato, en la cena desviando sus ojos cada vez que nuestro padre hablaba de mí. En las noches, asomándose por la puerta de mi habitación a la medianoche y cumpliendo la promesa de asistir a todos mis partidos.
¿Aún sigo durmiendo? Ya desperté… Ya desperté.
Y ya sé… Porque lloro, porque detestó a la rubia de New York. Ya sé… porque mi nueva raqueta era roja. Ya sé… porque mi kimono azul que iba a usar en el bautismo fue mojado con café… Ya sé porque me gustaba el tenis… Ya sé… porque me sentía incomprendido y me apoyé en la ilusión de un enamoramiento que no se gestó… Ya sé… porque soy tan tonto y me mareo cada vez que Itachi interpone su cuerpo al mío.
Lloré incansablemente en la alfombra, tarde… siempre tarde. A millones de kalpas de la verdad.
Conocí el amor de palabra ¿Cuántos "te amo" he recibido antes de chocar contra el cariño silencioso?
"Abre tu corazón" ¿A esto se refería Shion? ¿A bajar completamente mi alta expectativa y desprecio hacia cualquiera que no tuviera una ambición intelectual?
Por más que lo supiera y que no importara que este cálido sentimiento se hubiera formado por mi hermano, no permitiría que el río fluyera. Esta apertura, solo era un cruento castigo para los dos. A él por amar desesperadamente en silencio y para mí, por comprender tarde mis sentimientos.
¿Qué otra cosa podía hacer ahora que tenía una respuesta que haría feliz a mi hermano mayor? Con el tiempo lo lastimaría, si lo hubiera sabido antes… antes…
Como pude, me reincorporé y empaqué la mayor cantidad de ropa en una maleta, con el celular en mano tomé un taxi en dirección a la terminal de ómnibus. Mi edad era un obstáculo para abandonar el país, al menos me refugiaría en un distrito recóndito. En la boletaría, compré el boleto a Shikoku, de allí me trasladaría a Kochi, lo decidí al instante de recibir mi pasaje.
No contaba con el dinero suficiente para sobrevivir cinco meses… Pero ¿realmente sobreviviría medio año? Perdido arrastré mi valija, todo fue apresurado y posiblemente saldría mal.
"Sé que serás feliz a tu manera" No, Naruto, yo no puedo ser feliz. Yo no merezco tener a Itachi. Ya nunca más seré feliz.
Me enamoré. Siento lo que se siente este estremecedor palpitar. Más no voy a pelear, voy a renunciar a lo que siento. No quiero amar… así, obligándolo a que me vea morir. Haré que se olvide de mí, y yo… Haré lo posible para vivir sin él.
Entablaría una conversación, marqué el número al que reventé de mensajes y llamadas, sería la última.
―Sasuke ―Y sabe que soy yo, yo y mis eternos silencios, cuando soy el que debería hablar primero.
―Itachi… ―gesticulé, mi voz suena desgarrada.
Tuve que sentarme en una banca para no caerme. Una multitud de personas avanzaban a la salida, llegaban a Tokyo provenientes de otros distritos.
― ¿Sasuke, dónde estás? ―Lo sintió, sintió mi fragilidad y el bullicio, se escucha preocupado de nuevo.
¿Es lo único que siempre haré bien? Preocuparlo, a cualquier hora.
―Yo…
Reaparecen las oscilaciones cuando he decidido extirparme el corazón, alguien que no tiene un mañana no debe… Soñar a "ser feliz".
―Dime ahora dónde estás, iré por ti ―ordenó, utilizaba la voz autoritaria.
¿Dónde estoy? En el túnel intermedio que me conduce hacia la desgracia. Me desgarra, me haría sangrar la primera mentira que ensaye toda la mañana y que luchaba tanto con mi corazón para salir. Era tan cobarde y débil como para mirarte a los ojos y decirte la farsa que inventé para ti. Iba a dolerme hasta la muerte, pero… me corresponde a mí, cuidarte por esta vez.
―Yo… amo a Kimimaro Kaguya. Tienes tu respuesta. No me sigas, no lo podrás cambiar ―me dolió tanto decirlo, ni esperé que contestara. Corté de inmediato la llamada.
Mi celular cayó al suelo. Todo se puso negro para mí, mi pecho subía y bajaba superando el ritmo normal, mi corazón era estrujado por mis venas y en mis manos, que cubrían mi rostro, la primera gota cayó. Mis palmas ya estaban empapadas, los lamentos se unieron a las lágrimas y ya lloraba sin lograr contenerme. El dolor era diez veces peor que el calor que mandó al hospital, levanté mis piernas del suelo y las subí a la banca, en éstas apoyé mi rostro y me envolví con los brazos.
Si hace dos años, hubiera sabido que me iría a lastimar terriblemente, el decir que amaba a Kimimaro Kaguya. Habría dejado que Itachi me abrazara, en vez de haberlo rechazado la vez que quiso darme calor. Soy tonto… soy tonto… Perdí la oportunidad de conocer la felicidad a su lado. Si pudiera retroceder el tiempo, dejaría que me abracé hasta que rompiera mi delgado cuerpo.
Un policía se acercó para cerciorarse de mi bienestar. El agente me movió el hombro y le di un manotazo. Justo cuando pensaba gritarle al hombre, una voz potente echó al entremetido policía con un "Me haré cargo".
Llegó, él llegó. De levantar la vista, me vería obligado a esclarecer mi explicación lamentable. ¿Qué sistema de espionaje implementa, para desarticular el desplazamiento clandestino de un estudiante?
― ¿Tenías planeado escaparte? ―me reclamó entre preocupado e irritado.
―Yo… ―Me sienta tan mal, reconocer que estaba huyendo.
Escapando. Escapando de lo que siento. Y me sienta peor no ser capaz de reconocerlo.
― ¿Amas a Kimimaro Kaguya? ¿Por qué me lo dices por teléfono y no de cara a cara? ―reprende la cobardía de mis actos, quiere una respuesta mía y ruge al no obtenerla―. ¿Crees que mi confesión es idéntica a la que diariamente recibís? ¿Crees que soy otra de tus estúpidas fans que no ve otra cosa que tu bello rostro? ¿Tú crees que te he mirado con los ojos y no de otra manera? ¿Tan simple me consideras? ¿Tú… entiendes mis sentimientos?
Se enfadó. Quiero decirle que no estoy jugando, que es la primera persona que no grita por mi aspecto pulido y no trata de impresionarme con "caritas" tontas ni alarga mi nombre de una forma idiota. Itachi, tú… No eres simple. Tus sentimientos, extensos, eternos y abrumadores, aprisionaron al veloz Príncipe que huía de las propuestas vacías. Me arrinconas y me atormenta que creas que no valoro tus palabras y que desprecio tus amorosos gestos.
―Yo… ― ¿Cómo explicaba una situación tan lamentable sin exponerme? Sin confesar que Brahma ha despertado precipitadamente.
―Yo no dije que me alejaría de ti, aún si tú lo escogieras a él por sobre mí. Así no funciona conmigo. Yo… Prefería no decírtelo ―reveló, mi corazón se oprimió al oír que se arrepentía de la confesión―. Pero no se trata de lo que prefiera, sino de lo que verdaderamente sienta ―reconoció, sin romper el contacto visual sobre mí, mientras que yo lo evadía―. Estoy contigo, quiero protegerte… de los doctores, de las miradas de lástima que no quieres ver… de la brisa… y de todo lo que pueda lastimarte. Y si no me permites hacerlo como el incondicional enamorado, te recuerdo que como hermano mayor tengo que velar por ti.
Me confirmaron que estoy muriendo. Pude sobrevivir y podré sobrevivir, aún si el amor ha florecido en mi pecho.
― ¿Por qué… por qué no te vas? ―sollocé desesperado, las estúpidas e inútiles lágrimas corrían por mis mejillas.
¿Por qué no dejas de amarme? ¿No te he decepcionado emocionalmente incontables veces? ¿No he dado la impresión de ser tu peor elección sentimental y posiblemente la causa de que no vuelvas a enamorarte, con cada mal momento que te hago pasar?
―Te lo advertí, el hecho de que no me ames, no me inhibe de amarte ― declara solemne.
Mi maltratado corazón, paró de llorar ¿No te importa que sea egoísta a cada instante, que te lesione… por dentro incontables de veces?
Su semblante arriesgado, sigue a la seriedad de sus ojos. Me lancé a él sin pensarlo. Quise renunciar al reciente descubrimiento, porque sé que no podré brindar lo que él merece… En las heladas noches, no estaré para juntos darnos bocanadas de aire caliente. No puedo ser su compañero de vida, en la brevedad de mis días, los compromisos son un trago amargo.
Por mi brevedad, yo no me creo capaz… de trazar un vago recuerdo en tu siguiente mes vitalicio. Atarte a verme postrado en cama, en vez de andar en bicicleta como haría una feliz pareja. Apoyarme a ti, por debilidad en lugar de afecto, no es un castigo al que quiero amarrarte.
Más que el aluvión de críticas moralistas, de lo que está bien… de lo que está mal. De que eres un hombre y eres mi hermano mayor. De tener al mundo entero en contra nuestra, porque tú deberías escoger a una mujer y yo resignarme a morir. Tengo un mayor temor, me obliga a tapar lo que siento. Todo lo que construiré en ti, será doloroso. Y me da miedo, que esta tristeza que sigue en mí… pase a ti. Yo en mis cortos días, te haré infeliz.
―Gracias por regalarme la raqueta ―resoplé entrecortado, reuní todo el aire que pude para soltar mi malestar―: De acuerdo. Estoy despierto, ¿qué ocurre con el resto de mí?
¿Así termina el juego de Maya? Desperté dieciséis años después. Yo no merezco que me ames.
+++Te amaré por siempre, otouto+++
No volví a comportarte de forma imprudente, no quería seguir preocupándolo. Sé que a mi hermano mayor le costaba seguirme el ritmo, estoy de humor y al rato el escepticismo me acapara. Ojala enamorarse y descubrir que estás enamorado fuera sencillo. ¿Lo amo desde que él sostuvo que soy su universo? ¿Y si la frecuente protección infantil germinó al amor sin que lo apreciara debidamente? Sé, sobre todas las cosas, que éste no es un amor a primera vista… Es un amor de mayor edad, quizás hasta supera mis dieciséis años. ¿Nací amando a Itachi? Suena en extremo cursi… Pero lo cierto es que, mientras más analizo mis sentimientos, todos me conducen a nuevos recuerdos que no imaginaba haber experimentado, o lo que es peor, a memorias que indudablemente no tuve y que persisten en mi cerebro, adhiriéndose a los verdaderos recuerdos.
Tuve una semana de examen liviano, las respuestas salían sin que forzara a mis neuronas. Por el contrario, en la práctica de tenis, perdí la respiración en la última semana antes del receso de verano. Culpé al golpe de calor veraniego, estábamos a 35° grados y la insolación afecta a los portadores de piel pálida. ¡Bendita suerte! Neji y yo nos quedamos bajo la sombra de un árbol, Lee y Tenten resguardados con una crema solar y visera, ensayaban una nueva combinación de golpes.
Naruto me invitó a Okinawa, se iría con su familia a visitar a su padrino "ero-sanin". Sonaba bien pasar dos semanas relajantes con mi mejor amigo, de no ser por el detalle del calor. El agobiante sol de finales de julio, nos obligaría a estar la mayor cantidad de horas en el mar y yo tengo que evadirlo. Si antes sufría golpes de calor, la exposición solar sería peligrosa y tampoco quería preocupar a Naruto durante dos semanas enteras.
Dos días después de que iniciaran mis vacaciones, Itachi diagramó un viaje para nosotros. En principio, evité sondear el tema. Era mejor mantenerlo dormido. Pero me insistió tanto de la oportunidad de conocernos mejor en unas vacaciones compartidas, claro éramos dos almas desconocidas que se habían enamorado y que no podían estar juntas. Shakespeare no lo hubiera escrito mejor. ¡Maldita suerte, que se niega a que olvide mis sentimientos!
―Estás pálido, ¿es tu primer vuelo? ―ironizó Itachi. ¿Cómo no iba leer mi incomodidad? Si no paraba de restregarme las manos sudadas y cambiar de posición mis piernas.
Cuando me había obligado a esconder los latidos de un corazón enamorado, intentando ser inmune a la voz madura y apacible de él, terminé accediendo. Mamá me había dicho que de pequeño sonreía cuando Itachi estaba conmigo, y lloraba desconsolado por su lejanía. "Ya basta de decir que no lo necesitas, tú quieres a tu hermano, así que, Sasuke, empaca. Ríe, grita y tráeme una colección de fotos vergonzosas. Sé feliz… Sé feliz, cariño" dijo ella, mientras estampaba ante mí, la firma que me autorizaba para salir del país.
Así inicié mis vacaciones de verano, hicimos el viaje en avión sin revelar el destino. Él logró mantenerme sordo, hasta que llegamos al aeropuerto. La gente hablaba en español e inglés, otro tanto en alemán.
En la salida nos esperaba un vehículo, Itachi recibió los papeles del auto, lo alquiló para nuestra estadía. Ya era de noche, no tardé en dormirme en el trayecto.
Al despertar al día siguiente Itachi me esperaba en el living con nuestro desayuno. Me pidió que siguiera esperando, quería mostrarme algo sumamente maravilloso. Eso solo aumentó mis ansías de ver lo que preparó para mí.
―No es Rusia, ni Canadá ¿Dónde estamos? ―estaba apresurado por tener la ubicación exacta, de un paraíso que… Ni creo haber visitado.
Itachi se agachó para quitarme el cinturón de seguridad, tocó mi rostro y me besó la frente. Antes de que pudiera responder algo, había salido del auto. Le seguí hasta el muelle, ¿haríamos un viaje más? Suerte que me puse la campera, Itachi había insistido en que empacara ropa de invierno y que la usara. ¡Al menos me hubiera avisado, que iríamos al Polo Norte!
Me detuve, mientras Itachi se acercaba a un hombre delgado y alto, vestido con un uniforme de la marina, se pusieron a conversar mientras yo veía la costa. Después de un rato, mi hermano había llegado a un acuerdo con el marino y juntos nos acercamos al puerto. Un hombre robusto abrigado hasta las orejas, fumaba un pipa, de nuevo mi hermano conversó con el hombre. Yo seguía analizando el lugar, había una fina capa de nieve sobre los tejados empinados de las casas del pueblo ¿Nieve en el hemisferio norte, siendo verano? Itachi me llamó y dejé de cuestionarme, haríamos un viaje en velero.
Las olas rugían y nosotros con el velero avanzamos sin temor bajo la tristeza de un cielo en penumbras. Me entretuve viendo el mar y la ciudad de casas bajas, no había rastro de edificios y alrededor del puerto se apiñaban barcos y modestas lanchas. Itachi notó que cada dos por tres me restregaba el antebrazo por el crudo frío, tomó mis manos y me llevó al camarote. Nos sentamos en un sillón esquinero, y él, que no me había soltado ni por un instante, chocó su aliento contra mis friolentos dedos. Sus grandes manos restregaron las mías, dándome el calor perdido. Pero no fue lo más incómodo, sino el hecho de que me estuviera viendo a los ojos, mientras cumplía su tarea de abrigarme. Sonrojado al máximo, desvié la mirada. ¡Calor que te vas, sin vergüenza regresas para apiñarme en mi mejilla!
―Sé que no he visto ni leído nada que se parezca a este paisaje ―observé. El robusto hombre era nuestro capitán de flota y sé que estaba frente al timonel, afuera soportando el duro clima, igual quise prevenirme y decidí hablar en japonés para que no nos oyera.
Hace media hora que Itachi dejó de apresar mis manos, y me sentía menos avergonzado para hablar. Esto no es el hemisferio Norte. Razoné internamente, Itachi no se apura en responder y yo le sintetizó la extrañeza con la suave apertura de mi boca. Él me gana:
―Estamos recorriendo el océano pacifico ¿Qué tierras lejanas hay bajo tus pies? ―expresa meditabundo, me sigue el juego de hablar en japonés.
La incertidumbre me atosiga, son varios los lugares que maquinan mis neuronas…
―Cierra tus ojos ―dice sonriente, por mi nefasta ubicación geográfica. Su boca luce… Tentadora.
Claro que los cierro. "Levántate y avanza dos pasos" me ordenó y acaté la orden y él inmediatamente tapaba mis ojos, ya cerrados. "Avanza" susurra sobre mi cuello, me retuerzo no puedo evitarlo, está tan pegado que su respiración regular besa mi nuca ¿soy yo el único descontrolado?
Ya escuchó el aire helado correr, sé que salimos del camarote, avancé un poco más y mis pies golpean contra un fierro. Él quita sus manos y me susurra "ahora despacio, ábrelos".
Siguiendo sus instrucciones, fui disipando la oscuridad. Ante mí, las densas nubes se alzaban en la cima de una montaña, un aire fantasmal rodeaba a una isla. Trozos blancos cubrían gran parte de la cima, el color azul gobernaba en la isla azotada por ráfagas insensibles, que se jactarían de cortarte la piel. La presencia del invierno era tan imponente como peligrosa.
Después de mostrarme la isla, Itachi quiso llevarme de nuevo al camarote. No quise, quería seguir apreciando la peligrosa belleza de la isla. Consintiendo otro de mis caprichos, Itachi me abrazó de la cintura para resguardarme de las helados soplidos del viento, hasta que llegamos al puerto. El capitán nos informó que la isla era una reserva natural y debíamos ser cuidados con ella. Yo no era un turista destructivo, me ofusqué por dentro.
Seguidamente, el capitán nos presentó a dos militares que custodiaban el lugar. Ellos dijeron que en la isla no contaban con mucha fauna, ni menos én le brindaron una explicación a mi hermano mayor sobre cómo recorrer la isla y le entregaron un bolso con materiales útiles para una expedición. Yo sigo sin entender del todo por qué estamos en un lugar inhóspito. No me estoy quejando, me fascinó el lugar, es solo que… Debe haber algo que vinimos a conocer.
El capitán de la embarcación debía hacer un papeleo en la isla, dijo que trabajaba para la Marina llevando suministro para los militares. Era mejor así, no quería a un extraño de guía… Por más que conociera el terreno.
Itachi y yo hicimos un viaje a pie, bueno lo hizo él. Me llevó un buen tramo a su espalda, porque me había tropezado con un piedra, razón suficiente para que él decretara mi invalidez automática.
Subimos a la cima de la pequeña cordillera, hacia más frío en la altura. Las nubes se veían más peligrosas, y el lugar más sombrío.
Justo cuando llegamos, el me bajó de su espalda se inclinó contra mi oído.
―Quiero que estos hermosos ojitos ―habló casi comiendo mi oreja, estaba inclinado en mi hombro y tomó mi mentón para guiarlo hacia una casita―. Miren lo que esconde la Isla de los Estados.
Una edificación hexagonal de madera pintada de blanca, estaba asentada en la montaña. A más de cincuenta metros del mar, calculo y quizá erro, el faro se erguía. En nada se comparaba a la descripción mágica de Verne, que con precisas letras, asentó un faro con forma de torre sobre un promontorio. Verne no pisó la Isla de los Estados, y tiene el perdón que se le concede a los autores ficcionales. Fuera de ello, el mar ruge a la par de sus letras, embiste contra el terreno rocoso, el cielo murmura, el sórdido graznido de un pájaro solitario envuelve en la punzante soledad y paz conjugas de la isla, tal como lo describió Verne.
Mi hermano me comentó que el faro era una réplica del original, que fue abandonado dos décadas después de su inauguración. La copia era un trabajo de un admirador francés de Verne y data de 1998. También me comentó que debido a la altura del faro, la luz no era útil para guiar a los navegantes, que muchas veces naufragaban.
Sí, es la Isla de los Estados de Julio Verne. "El Faro del fin del Mundo. No es un sueño" Me tapé la boca, mis hombros se encogieron y retengo el ahogo.
―Te he sorprendido, admítelo ―coquetea él, estremece un cuerpo que no se cansa de estremecerse, me enamora de nuevo.
Debería sentirme culpable de saber que me ama, y si dependiera de él compraría el faro para mí. No he sido afín al trato cariñoso gratuito, pero… Si es Itachi, grito y callo, río y lloro.
Suelto mi boca, ansiosa por hacer oír un entusiasmo que burbujea en mi estómago.
―Lo admito, eres un gran misterio viviente. Ningún viaje me había hecho tan feliz, nadie me hizo tan feliz, excepto tú ―reconocí, ante el asombro de él por mi generosidad en la cursilería.
Ya no me interesa aparentar ser el estudiante de frígido semblante, si es el único al que no puedo intimidar. Abrí mis brazos, fui corriendo por el terreno empedrado. El viento helado, ya no era un problema. Eran tantas las emociones que corrían por mi pecho, la felicidad de estar viviendo uno de mis más profundos deseos, gracias a mi única persona especial… Sentir la libertad en la frescura de una tarde de invierno, cuando ayer era azotado por el sofocante calor japonés.
Contemplé el faro, mientras seguía dando pasos rápidos en el suelo empedrado. Estos momentos son lo que siempre amaré.
Detuve torpemente mis pasos, retrocedí algunos y aún agitado, me tapé la boca, para empezar a reír de la nada. Él me contemplaba con una discreta ceja levantada. Se ha callado, mientras yo recorría infantilmente el terreno. Retrocedí rápidamente, de espaldas, acercándome más al acantilado. Los párpados de él, se abrieron al cien y levantó la mano, mientras corría los metros que nos separaban. Yo seguí riendo, él tenía miedo de lo que haría.
"Sé feliz… Sé feliz, cariño" recordé las confortantes palabras de mamá.
Itachi se preocupa, se preocupa yo… Sé que no lamentaré expresar, lo que estuve guardando, ya no más. No merece sufrir y creer toda la vida que no es correspondido:
―Yo… Te mentí, no lo amo… nunca amé a Kimimaro Kaguya, ni menos lo besé. A decir verdad, he dado y no he dado mi primer beso… ¿lo entiendes no?
Es divertido, como la esperanza muerta… revive en sus ojos, y que trata de procesar la idea de mi "sí y no beso". Iba a decirlo, quería armar bien mi revelación. Al diablo la improvisación de líneas que se aprietan y se desentienden de su autor, no pensaré lo que es sencillo.
―Yo… Te amo, te amo, hermano mayor ―grité en español, traduje mi declaración al inglés y lo coreé en japonés, sonreí para él.
A dos metros, Itachi se quedó rígido, sus ojos dejaron de mirar y parecieron perderse entre las olas que nacen y mueren en el mar, detrás de mí. Dio dos pasos imprecisos al revés, tenía todo el tiempo para aceptar que me oyó bien, pero quise apresurarlo y me di la vuelta para gritar con toda la fuerza de mi voz la misma confesión.
La siguiente escena, fue inesperada. Se abalanzó hacia mí y me levantó de las axilas. Los giros emotivos que se retratan en las películas, se hicieron propios. Mis pies no tardaron en soltar el suelo y levitar, en círculos. Me estaba mareando un poco, iba a pedirle que parara de hacerme girar… Pero no quería que dejara de contemplarme con esa mirada de intenso amor.
―Tú… me amas… Tú me amas ―canturreó, intercalando las risas.
Después del sinfín de giros, se detuvo y me bajó un poco. Acercó su rostro al mío, sin que pudiera entender nada, ya tenía sus labios sobre los míos. Enrosqué mi pierna izquierda a su cintura, luego envolví la otra, sin despegar nuestros labios. Por debajo de sus orejas, metí mis dedos para estirar sus finos cabellos hacia arriba. Las manos de Itachi, rápido abandonaron mis axilas y fueron recorriendo mi espalda… Lento y sensual, bajaban más, peligrosamente más…
Hasta que agarró mi trasero. Cada mano, en cada redondez. Él presionó firme, solté su boca, mientras sentí que el calorcito iba subiendo hasta mi cabeza.
―Qué suaves… ―dijo sin perder el equilibrio de su voz, sentí que sus manos encajaban también en mis nalgas.
―No… toques ahí ―estornudé, hacía frío y ya mi cuerpo hacía estragos
Lo que fuera una hermosa confesión, tomó la cobertura de una escena erótica. Y Buda sabe, que una confesión amorosa puede ser más cursi, más tonta o más reservada, pero es mi momento… perfecto, perfecto, es perfecto. Nuestros segundos perfectos en nuestro inhóspito lugar romántico.
Tímidamente, le besé. Una, dos… y quince veces.
Si pudiera salvarte…+++
Han pasado unos días desde que llegamos a la ciudad más austral e hicimos ese mágico viaje a la Isla de los Estados. Las casitas de Usuhaia están decoradas con capas de nieve, hacen juego con las calles pavimentadas de blanco. Cada día pasan los camiones barredores, removiendo la nieve traviesa que trata de obligarnos a permanecer recluidos ante el flamante hogar asando malvaviscos. No puedo decir que lamento estar encerrado gracias al horrible clima, no desde que Itachi está conmigo.
Ya no siento esa presión en mi pecho que me hostigaba en Japón. Aunque todo es… bochornoso, desde nuestro beso en el faro. Así lo siento, cada vez que volteo y, sin darme cuenta, ya tengo pegado los labios de mi hermano mayor. La idea de estar en una relación romántica con un adulto, que además es un familiar cercano, es desconcertante. Sé que lo "nuestro" fue categorizada por una palabra malsonante: "Incesto". La imperante moralidad, reliquia del triunfo del catolicismo sobre el politeísmo romano, no despliega una fuerza sobrenatural en mi mente. La amenaza de pudrirme en el infierno por haber permitido que Itachi me tocara y haber gemido dulcemente… No me da miedo. ¿A qué castigo divino católico he de temerle… Si el que me ama, todo el tiempo me protegió y buscó que no sufriera? ¿Si el que me ama, no alardeó de sus actos deprendidos, por qué he de amar a quién solo ve mi aspecto físico y demanda por una devolución de afectos a través de una burda declaración? ¿Por qué he de rechazar a Itachi, y aceptar a una de mis babosas admiradoras? ¿Por qué habré de rechazar al Amor Sincero y decidirme por el Amor Material, Amor espejo que solo repara en mi pulcro rostro? ¿Por qué declinar el afecto de quien silencioso hizo todo por mí, por quien ruidosamente demando que amara solo por una estúpida declaración?
Perdón… Si cierro los ojos, y elijo con el corazón.
Quiero estar relacionado emocionalmente a mi hermano mayor, no pido que Dios ni nadie acepten nuestra relación pecaminosa. No es que Itachi esté pensando en ir un paso adelante y desposarme, aprovechando de las normas matrimoniales de Argentina. Por muy flexibles que sean las leyes, somos hermanos, ¿casarnos? ¡Imposible!
Ayer visitamos la antigua cárcel de Argentina convertida en museo, el guía nos relató que en el edificio estuvieron alojados los criminales que dejaron huellas negras en la justicia argentina. También recorrimos las vías construidas por los presos. Han quedado en el pasado, en este país, la pena trabajo forzado se perdió en el tiempo.
Todavía tenemos mucho por hacer, bosques por recorrer y montañas para escalar. Pero tampoco me molestaría regresar al faro. Todo en Usuahia es diferente a lo que he vivido con el abuelo y papá. La belleza en natural, es increíble que Argentina cuente con una joya y no la disfruten como es debido. Esto sí que es un Pecado Imperdonable. Yo estaría encantado de hacerle turismo, si tuviera una cuenta en una red social.
Esta mañana conocimos un Parque Nacional. Después de comer, Itachi me pidió que descansara y mientras dormía, desapareció. Iba a preguntar en recepción, si mi hermano mayor me dejó un mensaje. Justo al abrir la puerta de nuestra habitación, un hombre me esperaba.
―Una persona lo espera en la entrada, afirma que fue contratado para trasladar al señorito Uchiha Sasuke ―el empleado extendió un carta cerrada, ante mi perplejidad atenuada por mi siempre firme semblante.
Saqué una breve nota del sobre, decía "No digas no, vendrás a mí y llevarás el kimono diseñado especialmente para esta ocasión. Tuyo, Itachi Uchiha" Iba a preguntarle al hombre por el referido atuendo, entonces alguien se aproximó.
― ¿Sasuke Uchiha? ―asentí, aún con la carta leída―. Ha llegado un paquete para usted.
El hombre tenía en sus manos una caja rectangular blanca, que llamaba mi atención.
― ¿Un paquete? ¿De dónde? ―Esto intrigaría a cualquiera, era un turista de estadía en un hotel hace solo cinco días.
―Tokyo, señorito ―respondió, apresurado y acercó la caja hacia mí.
Tomé la caja aún desconcertado y pedí a los hombres que se retiren, inmediatamente cerré la puerta después de entregarles una propina. Casi rompí la tapa de la caja, preso de la curiosidad. Un fino papel tapaba lo que fuera una delicada prenda blanca, la levante. Era un Kimono con todos sus accesorios, incluida las sandalias y las medias. Los moderados detalles de flores, que remarcaban cada pétalo, solo podían ser una obra manual. Tracé las figuras con mi dedo, era tan suave, debo admitir que era de mi agrado. Se ajustaba tanto a mí, a penas denotaba un arreglo, ni rimbombante ni opaco… A la medida, casi hecho para asistir a una de esas cenas que tenía el abuelo.
Presioné ligeramente el kimono, casi temía romper la delicada prenda con mis premiosos dedos.
―Una tarjeta ―me dije a mismo, estaba sobre el piso. La agarré, sin tirar el kimono ni menos permitir que fuera ensuciado con el piso―. "De mí para ti, lo confeccioné yo mismo, el diseño es de Sasori. Tu hermano me pidió una prenda en blanco para una ceremonia. Alguien como tú… Merece una prenda igual de hermosa. Deidara."
Presioné el regalo. Los amigos de mi hermano, lo hicieron para mí. Desconcertado, por el dúo de desconocidos que eran mucho más cercanos de lo que pude ver, decidí que no rechazaría una prenda trabajada especialmente para mí. Me cambié cuidando de no adulterar la tela, cogí mi estuche de cosméticos que siempre me acompañaban. No acostumbraba hacer esto, pintarme la cara… Siempre lo consideré cosa de "chicas". Pero verme desfallecido después de un ataque de mi enfermedad, me hizo comprar el set de cremas y hasta un labial. Quería que todos me vieran bien, los cosméticos eran mi herramienta secreta para verme… vivo.
Después de aplicar un poco de crema en mi cara, entreabrí mi boca. Estaba sentado ante el tocador de la habitación compartida, reviví mis labios con el coral… Primero pinceladas, ¿qué tan importante era la invitación de mi hermano? Me contemplé, ni era visible el labial en mi boca "Vendrás a mí", el labial se me cayó de las manos, cuando la profunda voz de mi hermano se reprodujo en mi mente. Refunfuñe un poco cuando vi el resultado de mi descuido, el labial estaba pegado de la pelusas de la alfombra. Bufé sonoramente, y aventé mi cartuchera desesperado… Sentí que la palidez estaba en mi boca y que me veía más muerto que vivo. El espejo me lo decía, no le hacía justicia al bello kimono… Estaba llorando…
Llorando estúpidamente, la sensación de que Itachi estaba preparando una sorpresa para mí y que mi cuerpo entero no estaba radiante, aumentó mis lágrimas. Después de unos minutos, de tristeza levanté mi cara… Si antes se veía horrible, ahora estaba peor. Me levanté para coger la caja del kimono, iba a guardarlo…
Entonces noté un sobre, dentro de la caja del calzado. Me restregué el rostro antes de tomarlo por curiosidad. Había varios lápices para ojos, sombras y demás utilería, Deidara… trabaja de maquillista, deduzco que él envió la cartuchera. Agarré un labial en gel incoloro. Decidí probarlo. Esta vez el espejo me dio una apetecible vista, mis labios resplandecían en un suave rosa, era mi propia boca… Mi boca, mi boca, revestida de gel traslúcido.
Veloz cogí una servilleta y me deshice de todo rastro de tristeza. En cinco minutos, la alegría regresó y estaba más que dispuesto a seguir las instrucciones de Itachi.
Hacía frío en las calles, suerte que me había puesto una camiseta sobre la prenda ceremonial. Habrá sido todo un espectáculo el presenciar mi andar por el vestíbulo del hotel. Llevaba el kit completo del kimono, incluido el abrigo blanco con figuras de hojas bordas en el mismo color. Los turistas, en su mayoría latinos, se acercaron para tomarme fotos.
― ¿Es de China, señorita? ―una sonriente niña de once años, estiró mi manga.
―De Japón ―le aclaré, tuve que usar mi español y preferí no exaltarme por el error en el género.
He notado algo común en los latinos, para la gran mayoría, circunscriben a los asiáticos en chinos. Y son curiosos por las costumbres foráneas, me rodeaban para tener una visión más detallada de mi atuendo. El botones me abrió la puerta, debía ser recatado, pero estaba igual de alborotado que los residentes por las suntuosas prendas "chinas".
Me acomodé en el vehículo que habían reservado para mí. Después de veinte minutos, el chofer se detuvo en medio del camino. Nos habíamos distanciado de la ciudad, ni lograba ver las casitas de Usuahia. Estaba por cuestionar la acción, entonces vi correr a uno perros grises, ellos arrastraban un trineo que se detuvo frente a mis ojos. El chofer se quitó el cinturón de seguridad, yo arqueé una ceja ante la acción ¿Habría una problema en el vehículo?
El conductor del taxi abrió la puerta para que saliera. Lo hice, pero no borré mi confusión. El hombre bastante mayor, se bajó del trineo. Estaba vestido con gruesas pieles, se inclinó ante mí y extendió un sobre. Lo abrí, pensaba en la interacción de los dos sujetos, grato fue encontrar una nota en japonés que decía "Sigue el viaje, falta pocos kilómetros". Tenía SU puntillosa firma en rojo, como acostumbraba hacerlo.
Subí al trineo, emocionado por ver que el viaje continuaba y ansioso por saber a dónde me conducía. Realmente me emocionaba llegar hacia él… y lo que estaba preparando para mí.
¿Volvería a venderme los ojos?
Todo tiene un final, llegamos a una pequeña cabaña. La chimenea despedía esponjosas nubes grises, alguien estaba allí… y yo sabía quién me esperaba.
El hombre del trineo me entregó una cajita y me informó que iría a juntar leña, dejaría el suministro bajo el techo de la cabaña. Detrás de la casa, había un depósito con la preciada madera, dijo que con esta alcanzaría para pasar cinco días, pero de todos modos buscaría más leña. Él regresaría en tres días, tenía instrucciones para regresar por nosotros. Me despedí del argentino, di una onda exhalación antes de enfrentarme a mi final de viaje.
Caminé hasta llegar a los dos peldaños de la casa de madera. En la entrada, había un ramo de margaritas blancas de pimpollo negro, idénticas al florero del hospital solo que éstas eran rojas. Lo cogí, las flores no merecían estar a la intemperie. Tuve el presentimiento que no debía tocar y abrí la puerta. Decidí mantener el abrigo en mis hombros, sentía el intenso frío encima, escuché una voz entristecida que a un ritmo pausado cantaba. Curioso, dejé el recibidor y, conservando el ramo en la izquierda, di unos pasos siguiendo la voz. La casa no era grande y no fue difícil hallar al cantor locamente enamorado. Así es, reconocí la letra, mi hermano mayor entonaba la canción del bautismo de Soranosuke. Aquello triste melodía que aparentaba ser un regalo solo para mí.
Las prendas eran adecuadas, Itachi vestía un kimono negro con un hakama gris y calzado idéntico al mío. Su cabello estaba recogido, con el atado usual de coleta. El fuego ardía con mucha fuerza detrás de él, haciéndolo ver mucho más poderoso con su prenda tradicional impecable.
Me quedé quieto unos instantes, él me había mirado desde que aparecí, bajé la vista y noté el camino de largos pétalos blancos que se dirigían al centro, donde estaba él. El camino estaba libre, un sofá estaba pegado a la única ventana de la cabaña. Arrimada a ésta, se encontraba una mesa ratona.
Despacio me aproximé, mientras él seguía cantando.
― ¿Qué es todo esto, niisan? ―Ciertamente podría esperar que planeara una fiesta o algo parecido por la elección de un solo color de mi vestimenta. Aunque, no había sentido en usar prendas ceremoniales japoneses en un país foráneo, salvo que fuera, otra nación asiática.
Él siguió recitando la letra, que dejó de ser desconocida para mí. Ya sabía el mensaje directo, me restregué las mejillas para detener al calor que subía a mi rostro, mientras él no interrumpía su perfecto canto. Cuando termina el canto, él habla:
―Hace unos meses, me abrazaste como no debiste hacerlo y me hiciste la pregunta inesperada y aclamada. "Si te enamoras y en un momento te casas ¿Seguirás pensando en mí, aniki?" fue tu preciso temor. Yo te dije que si llegaba a casarme, no habría forma de que te olvide. ¿Sabes lo que sucede? ―El atuendo tradicional confiere un dominio extra en su personalidad de por sí imponente.
Atento a la atención que exige, rememoré nuestro diálogo. "Y creo que si llego a casarme con la persona de la que me he enamorado, no habrá manera de que te olvide". No pude ser real. Miré las flores blancas que estaban en floreros, en cada rincón de la casa y otra vez admiré la vestimenta formal de nuestro país, en el cuerpo de mi hermano. Sobresaltado, toqué las delicadas mangas de mi propio…
Uchikake blanco, de los que usan en ceremonias importantes.
El hakama de él…
Flores blancas.
―Gerberas blancas ―revela la identidad de las flores, son gerberas ―. Estás aquí… Estamos aquí… Nadie puede entender la paciencia que me acobijo, cuánto tuve que esperar para que volvieras a ser el Sasuke al que amo. Yo, Itachi Uchiha, juro que te respetaré. A nadie más miraré… Te cuidaré, porque sabes que… solo yo puedo hacerlo debida, devota y entregadamente. Nadie más en este mundo, hará sombra a la sombra que protege cada uno de tus pasos. Siente… ―agarra mi mano izquierda y la lleva a su pecho―… que es amor lo que aumenta mis latidos. Siente… que te esperé todo este tiempo, inalcanzable tu puro corazón quise tocar… Con las manos que se encontraban a miles de kilómetros del resplandeciente Cielo. Este día, ante la noche como testigo… Yo Itachi Uchiha, hijo de Fugaku Uchiha y Mikoto Kurosaki, hago un desesperado pedido… déjame hacerte feliz. Quisiera ser recibido con un beso por tus benditos labios, cada noche que regreso del trabajo. Quiero un cuerpo al que abrazar en la soledad de mi descanso, aspirar profundo el aroma de la dulce tentación y ser el insomne que se desvela susurrando tu precioso nombre. Yo… Te esperé más de un Kalpa… Esperé a que abrieras los ojos y regresarás junto a mí. Sin importar lo que suceda, te amaré por siempre, mi pequeño. ¿Quieres casarte conmigo, Uchiha Sasuke?
Bajé mi cabeza totalmente avergonzado. Realmente él… estaba dando el siguiente paso en nuestra breve relación.
Tengo tu amor, aún después de ser tan testarudo, complicado y fatalista, niisan.
―No tienes que decir sí… Sasuke, yo no voy a dejar de amarte si tú me recha...
Aquí va, el hombre gentil que entrega su corazón sin ponerte "caras bobas" ni haciéndose el lindo, ni menos queriendo dar lástima, todo lo maneja con una fría calma. No quiere obligarme a que acepté su voto.
―Espera… ―gemí "Solo dame unos minutos", quise pedirle tiempo para reflexionar… Pero un nudo ahorcó a mi voz.
¿Yo… merezco ser feliz?
Presioné el kimono blanco, el recordatorio de que fuera un elegante kimono de boda, me mareó más. Agaché mi rostro totalmente acalorado. Era tan bello el diseño de las figuras, aún si no hubieran invitados, hacía honor a la ceremonia para la que fue confeccionada.
He sufrido tanto por mi enfermedad, por no poder experimentar ni una infimita porción del amor distinto al paterno. He llorado, horas por estar muriendo. He sido salvado por Itachi… Yo… Yo… No hice nada incorrecto, he seguido cada orden paternal. Estudié y viví como alguien de mi edad debe hacerlo, no fumé… no me drogué… sobresalí en todas las materias, mi imagen escolar… es perfecta.
Tantos aciertos, ¿no tengo derecho a hacer algo indebido al menos una vez?
Yo tengo el privilegio de ser… Incorrecto. De encontrar la plenitud, en mis propias decisiones… De reír y llorar, por mis elecciones. De sonreír a pesar de que nadie apruebe lo que siento. ¡Merezco ser feliz!
Sin pensar, no hay absolutamente nada para meditar, las palabras que conforman mi respuesta, se ordenan y se hacen oír:
―Yo, Sasuke Uchiha, hijo legítimo del matrimonio en primeras nupcias, Fugaku Uchiha y Mikoto Kurosaki, estudiante de Konoha Gakuen, cabeza del ranking escolar en el distrito de Tokyo, primer singles de la institución mencionada, tomo el amor sincero que me fue entregado y frente al señor Itachi Uchiha, como mi noble pretendiente, y único testigo, juro… Juro amarte cada día de mi vida Y… Sí, acepto casarme contigo ―La inquietud había desaparecido y en su lugar habló la cordura del alma.
Él parpadea un poco, por alguna razón es un "tic" que no puedo quitarme fácilmente. El formalismo enseñado por nuestro padre, dice presente.
Pronto el ceñudo rostro se relajada. Los ojos turbados, abren paso al alivio. Itachi llevó una mano a su bolsillo. Había sacado una cajita, le miré ansioso y el sonriente la abrió. Dentro había dos anillos plateados, sencillos. Es perfecto para mí, no quería recibir una alianza de oro, no va con nosotros la opulencia.
Primero Itachi colocó el anillo en mi dedo, y después yo me encargué de colocarle la alianza.
En este momento entiendes, que no interesa si los días que te restan son pocos, la promesa que realizas es por cada día que tendrás. Juras para lo que vendrá, prometes que al salir no "coquetearás" con el profesor de biología y lo más importante… Tienes un fundamento para hacer un escándalo público. Así es, no dejaré que ninguna rubia o no rubia, se acerque a lo que por derecho es mío.
― ¿Puedo besarte? ―A falta de un sacerdote o un juez de paz, alguien debía preservar el rito. Me encanta que sea Itachi el mediador de nuestra ceremonia.
Sale de sus labios, la pregunta que ni debe asomarse. Se abre entre nosotros, el aire de una boda que no requiere de testigos para demostrar la felicidad.
― ¿Desde cuándo haces preguntas tontas? ―le reprendí, audaz y sonriendo hasta sentir que se partirían mis comisuras.
A pesar de la valentía, estaba un poco cohibido. Sería el famoso beso que das, después de dar el sí. El beso que no planeé dar ni menos soñé entregar.
Itachi sujetó mi rostro, adormecer y despacio vino a mí. Sus labios calientes impacientes buscaban cortarme el aire, dan calor al glaciar y me derrito al sentirlo… Estrujé su hombro derecho, él tiraba suave para alargar una dulce conexión que pretendía estirar. Fue cariñoso y cuidadoso, al darme mi beso de casados. Despacio probamos nuestras bocas, para aliviarnos un poco me concedió dos milímetros para que respirara.
―Sabes, aunque nunca proyecté casarme a tan temprana edad… tuve un pensamiento, que quiero que conozcas ―manteníamos los labios casi pegados―. "Me casaré con una persona inteligente, reservada y definitivamente que no sea escandalosa ni un paño de lágrimas… Y de ser posible que sea emocionalmente más fuerte que yo. Sobre su aspecto físico… Definitivamente, nada de pelos rojizos ni de un color llamativo… Quiero que esa persona no tenga la rebeldía de mis hebras. Me gustaría… un cabello largo y sedoso… Oscuro, sí oscuro" Fue lo que medité, sin notar… que eras tú, a quien veía.
Sujetando mi cintura, lento chupó mi labio inferior. Sé que le ha gustado lo que dije.
Él se levantó y me instó a esperar. En quince minutos, volvió con una bandeja de empanadas, servilletas, dos copas y una cajita de cartón. Si bien no tenía mucha hambre, comí para darle el gusto. Había variedad de surtidos y compartimos nuestras porciones.
―Brindemos ―me pidió, al separarse de mí.
Celebramos con jugo de naranja. Suena a chiste sin gracia. ¡Quién quiera reír que ría! El tema de mi minoridad rondaba, aunque estuviéramos en otro país y nuestros padres siguieran en Japón. Itachi me contó que en Argentina, recién tienen licencia para tomar alcohol a los dieciocho… ¡Dos años menos que en Japón! Aún así, la realidad dista en extremo con lo que debiera ser. El tercer día de turismo, mientras caminábamos cerca del puerto, un grupo de chicos de trece y quince años estaban tirados en la ribera, cada uno tenía una botella de cerveza en mano. Mi hermano le preguntó a un pescador inglés, por lo chicos alcoholizados en un día de semana. Le dijeron que era bastante común en esta latitud. Frente al descubrimiento, yo solté una risilla y mi hermano estalló decepcionado contra el pescador. Aunque fuera argentino, la actitud de mi hermano me decía que no permitiría beber.
Y no es que lamente el que me impidan quebrantar una norma, porque yo quiero hacer todo lo que una persona de dieciséis años tiene autorización para hacer. No quiero valerme de mi enfermedad para apresurar las etapas. El que esté muriendo no me hace mayor. Si llego a los veinte, tomaré una copa… y será un trago con vodka, leí que el licor ruso no te deja olor.
Después de que ambos dimos un corto sorbo, copa en mano, Itachi se encaminó hacia una vieja mesita y regresó con un sobre.
― ¿Es para mí? ―me tomó por sorpresa, que tuviera algo para mí. Es como si todo lo hubiera preparado.
El asintió. Dejé mi copa en la mesa y rápido abrí el sobre. Dentro encontré, la mejor de las noticias, era una entrada para un partido de exhibición que se haría en China, en nueve días. ¿El jugador? ¡Roger Federer!
―El suizo no juega mal, pensé que tal vez… tal vez te gustaría verlo ―divagó, el alarde era tan visible que hasta Deidara lo notaría.
¿Tal vez? Mi sueño escrito en una hoja. ¡¿Cómo pudo conseguir algo tan valioso?! ¡¿Cómo podía disfrazar la proeza, en regalo mezquino?! Había deseado fuertemente que Roger Federer visitara Japón, y ahora… No era Mahoma yendo a la montaña, era un estudiante afortunado de tener a un marido que quería acunar mis recónditos sueños.
― ¡Gracias! ¡Gracias! ―repetí, abrazando mi preciada entrada.
En un dos por tres me levanté. Di un giro, rebosante de tener mi precioso regalo. Alcé el papel y lo bajé para presionar un beso en el papel.
―… ¿Y tú…? ―carraspeó él, logrando que me atragantara con el propio aire―… ¿Y tú?
Quité el sobre de mi rostro, me sonrojé un poco por mi inmadurez de mimar a un papel.
― ¿Y yo? ―balbuceé, instando a que continuara.
Itachi extendió firme el brazo, bajaba y subía la muñeca varias veces. Era la manera en que solía pedirme que me acercara, acompañaba el gesto con un tenue movimiento facial sereno. Era el instante en que yo desviaría mi atención y masticaría mi labio, deposité mi boleto en puerto seguro e Itachi dio un par de golpecitos en su regazo. Me estaba invitando a sentarme sobre él. Todavía masticando mi labio, restregué mis manos y me senté en mi "butaca especial". Tuve que sentarme de costado, mi vestido de novia no me permitía una mejor movilidad.
― ¿Qué ofrecerás, para corresponder a tu considerado esposo? ―tocó mis cabellos, yo dudando, me aproximé (pegué) unos milímetros más y también titubeando roce su boca hasta convertir mi acción en un tímido beso―. No me considero debidamente pagado… ―se quejó él, tan serio me miró que me nuevamente correr mi rostro.
Volví a tomar mi copa y bebí de ésta. La bebida no humedeció mi paladar, estaba vacía. Realmente debí verme tonto, respiré algo agitado y mi intención era devolver el vaso a la mesa. Itachi me quitó la copa y la dejó en el suelo, junto a la de él.
Me inhibe un poco nuestra reciente relación, que me impide dar una muestra de afecto correcta. Mi hermano tocó mi mejilla izquierda, y sin aviso alguno juntó nuestras bocas. Ruidos pegajosos se esparcieron en el silencio, llevé mis manos a su cuello y las uní en su nuca. Me asfixia, me quitaba el aire… No quise soltarlo y recordé que la verdadera respiración es por la nariz, solo de esta forma pude recibir el afecto de Itachi, con su caliente lengua que empuja contra la mía, su saliva que se entremezcla con la mía.
No me di cuenta, en qué momento fui levantado y era elegante conducido por un pasillo impregnado de pétalos blancos. Solo fui avisado por el crujido de las tablillas del piso, que estaba haciendo un corto viaje. De esos que alguna vez vi en una película romántica, o quizás no…
Esta es mi película, con el príncipe portador de todas las virtudes, esas que buscaba en una persona cuando ni siquiera imaginaba que tuviera alguna preferencia. Elegancia, al dar los pasos. Seguridad, en sus brazos. Fuerza, que se percibe también sus brazos, solo él… pudo cargarme desde que fuera pequeño. Cuidado, me sostiene sin lastimarme. Protector, mi bienestar prima porque como si fuera a romperme en cualquier momento, me deposita despacito en la cama. Afectuoso, se agacha sujetándose con sus brazos y golpea mi frente.
"Todo lo que pasará, puedes arrepentirte en cualquier momento. Te aseguro… que me detendré, si me lo ordenas… Y también te advierto, que si no me detienes, yo… iré hasta el final" susurró sobre mi oído, deslizó su caliente lengua allí. Me acaloré más, mucho más. Es lo que esperas en un momento crucial, confianza. Él me inspiraba confianza y también… Ansiedad, de lo que fuera a hacerme.
Y veo, en la enigmática mirada, una oscura peligrosidad amorosa.
Despacio baja para besarme. Nuestras bocas se tocan lento ¿Irá hasta el final?
Vuelve a conectar nuestras bocas, primero pausado recorre cada pedacito de mis tímidos labios. Yo intento poner algo de mí, al deslizar una mano en su hombro. Su caliente lengua empuja mis labios, toca mis dientes. Todo es tan húmedo, su fuerte lengua sigue presionado y me hace reprimir un gemido, muere en mi garganta empapada de su saliva. Su mano recorre mi cuello, va descubriendo mis hombros sin perder el poder arrasador en mis dientes. Entonces entiendo el mensaje, busca que abra mi boca, obediente permito que invada mi cavidad. Su humectada lengua no pierde tiempo en enroscarse con la mía. Nuestras salida producen un ruido exquisito al mezclarse, queriendo más de él… estiro mis labios, todo lo que pueda. Y ya siento que su dominante lengua, recorre las zonas nuevas. Sería tonto decir que estamos luchando por el control de este fogoso beso, porque yo no estoy poniendo resistencia alguna, simplemente como buen esposo le permito abusar de mi inexperta boca. Así que todo es el juego de él y yo… Por primera vez, no quiero ganar… Es más tentador ser el perdedor de esta húmeda guerra.
Nunca había sido atacado de esta forma, ni creí despertar un deseo tan profundo en él. Un oscuro deseo que va siendo revelado, cuanto siento que no puedo abrir más lo boca, que aún así… Él empuja violentamente, si no logra controlarse, en cuestión de segundos me ahogara a besos.
Todo es caliente, su lengua, sus manos que recorren mi cuello y ese pomelo que tiene entre las piernas… Redondo y duro, presiona contra mi muslo, va creciendo y se raspa descarado contra mi majestuoso kimono de boda.
―Estás… ―jadeé, recuperando el aliento y mirando hacia mis piernas abusadas por la gruesa carne de Itachi.
¿Qué es esta incomodidad que tiene entre las piernas? Él besa mi frente y me sonríe de manera siniestra.
―Estoy duro, debido a ti. Estoy tan caliente, que temo lastimarte en las eternas horas que se asoman ―exhala, con un control que me sorprende ¿cómo puede decir algo así, sin avergonzarse?
Impúdico, sujeta su hinchada polla y la masajea a través de la tela del pantalón. Estira persistente, la tela se levanta, él satisfecho de ver la elevación monstruosa del pantalón, vuelve a rodear la hinchazón y la acerca a mis piernas. Abre la bragueta, quisiera patear la curiosidad, pero como un niño pequeño miro sus largos dedos recorrer una segunda tela. El vuelve a besarme hasta quitarme el aliento y luego regresa su atención a sus apretados y mojados bóxers. El lento baja la prenda, sin descomprimir sus pantalones. Una gruesa polla salta de la bragueta, da un seco golpe contra el ombligo de Itachi. Siento el calor exagerado que rodeada la masculinidad de mi esposo, el casco de carne que rodea la punta del pene, le hace ver como un hongo alto… Es el primer miembro de otra persona que veo, y vierte gotas blancas de la punta, gotas dulces.
Esa monstruosidad, se acerca a mi piel. Itachi rodea mi cintura, busca acortar una distancia que no existe. ¿Qué más cerca podemos estar? Sigue hinchándose entre mis temblorosas piernas, pronto Itachi me sujeta del mentón y niega despacio, una sonrisa perversa me da. No quiere que siga mirando cómo se restriega descaradamente sobre mi blanca piel.
Cae otra vez, sobre mí, exhala descontrolado y vuelve a besarme. Labios desesperados quieren descascararme por completo. Cuando inicias algo, sumerge el hormigueo de querer terminarlo. A diferencia del alcohol que no quise degustar, tuve necesidad de consumar el juego de conocer nuestras pieles. También yo empecé a rasparme contra él.
Sucedió. Lo que se espera de la primera noche de nupcias, pasó. Es un recuerdo pecaminoso entre Itachi y yo, y no me apetece escribir sobre nuestra primera noche de esponsales. Solo diré que el amor… requiere de una manifestación física y sí, cuando el manto negro cubrió el lugar… Decimos compartir solo una cama. Un beso… llevó a otro, un roce temeroso… pasó a caricia anhelante… La ropa pesaba y la esparcimos en la alfombra. No me arrepiento de nada de lo que hicimos en la cabaña, y me alegra decir por fin pude ver al genio Itachi Uchiha en su gloria completa, descontrolado sexualmente y… vergonzosamente agotado, tanto o más que yo.
Yo, aún con mi debilidad, lo agoté. Me llevé hasta el último flujo de energía que tenía.
+++Si pudiera salvarte…+++
Una semana después, las vacaciones en Usuahia llegaron a su fin. Abordé el avión… con una metamorfosis en todo sentido. Mi soltería murió, en aquella sencilla ceremonia preparada por mi hermano mayor. También mi estúpida inocencia. Abandono Argentina, llevando un gran cambio en mí. Estoy feliz, mi anillo de plata es precioso y encaja bien en mi dedo, pase gran parte del viaje admirando mi sortija.
No regresamos a Japón, hicimos el viaje a China. Por supuesto, conocía el país. Mi abuelo hacía frecuentes viajes, tenía varios proyectos de imponentes construcciones en el corazón de la ciudad. Lo acompañé en algunos de sus viajes, al igual que Itachi.
Mi ansiedad no solo era por ver a Federer. Mi hermano mayor me había contado días antes que encontró el cementerio donde fue enterrado Kimimaro Kaguya, él pudo contactar a la mujer que le comunicó sobre el accidente de Kimimaro. Ella le facilitó la dirección del cementerio, desgraciadamente no sabía cómo ubicar la tumba. Eso no me desanimaba, una idea rondaba mi mente desde que acepté mi amor por Itachi y quería ejecutarla cuanto antes.
Llegó el esperado día de la presentación de Roger Federer. Itachi había conseguido un buen palco, no era un VIP, pero para mí era mucho más de lo que jamás esperé ver. Capté cada sacudida de muñeca, los ligeros saltos y la determinación del tenista profesional. Varias pelotas volaron hacia el público, ninguna llegó a mis pies.
―Lamento que no pudieras agarrar la pelota ―Itachi había estado atento a cada esfera perdida del partido, quería hacerme más feliz de lo que ya era―. ¿Quieres que vaya por ti?
Señaló a un tumulto de gente. Ellos estaban amotinados para hacer que el famoso tenista suizo les firme un papel o remera, un chico hasta ofrecía su espalda para recibir el trazado.
―No soy un fanático enardecido, no soy un coleccionista. Yo admiro su talento. No necesito un souvenir para idolatrarlo como un estúpido, por el contrario yo me moría por ver… en primera persona su juego ―tenía la vista en el desesperado grupo, veía la cabellera del tenista, que calmaba a sus fans―. Ya cumpliste mi sueño… Y tengo una idea de cómo quiero que sea mi siguiente partido.
Nunca tuve la necesidad de acumular posters o ver las entrevistas de Federer. No entiendo ese tipo de actitudes, para mí pertenecen más a una "niñita" excitada, lo mío es admiración por el inexplicable talento de él.
Él solo ver a Federer jugar, me ha hecho recordar, que quiero seguir. Es mi ambición volver a levantar mi raqueta. No quiero pensar que el partido que tuve antes de las vacaciones, se convertirá en el último. Sé que esta corta conciliación de cuerpo y mente, terminará pronto y… Quiero que dure. Quiero un partido, solo uno más.
― ¿Y cómo será el siguiente partido, Uchiha Sasuke? ―alzó mi nombre, alguien que estaba detrás.
Rápidamente, me di la vuelta. Un joven de cabellos pelirrojos, mirada verde tranquila y algunas pecas por debajo de sus ojos, estaba a dos metros de distancia. La vincha blanca de sus cabellos, mantenía firme la cabellera del muchacho. A su lado, apoyando ambas manos en el hombro izquierdo de él, había un chico un poco más bajo. Éste tenía una cabellera rubia suelta que llegaba a sus hombros. Los lentes oscuros de sol, le daban una faceta inquieta y sonreía socarrón.
―No te conozco ―me dirigí al pelirrojo, ignorando la babosa que tenía pegada en el hombro.
Él parpadeó, luego sonrió divertido.
― ¿Mirai Gakuen, te suena? El equipo que derrotó a Konoha Gakuen, perdón que practicó tenis con Konoha ―se metió la babosa (el rubio), llevándose un dedo a la boca―. ¿Cierto, capitán Ichiban?
El mencionado envió una mueca de disgusto a su acompañante. Al menos el vencedor del capitán Hyuuga es honorable.
―Ichiban ―emití su apellido, el ardiente veneno que se atoró en mi garganta por la derrota de mis compañeros, volvió a incinerarme.
―Nishinosora Yoichi, tampoco olvides mi nombre. Hice mierda al segundo singles ―Brevemente, dirigí mi atención a la babosa humana, éste se acomodó los lentes ―. No solo vinimos por Federer.
Había odio hasta en sus palabras, un gran rencor para una contextura tan frágil… Igual… a la mía.
―Un torneo juvenil, las inscripciones son hasta mañana ―relató Yoichi, Ichiban se tomó la cabeza, ciertamente no estaba de acuerdo en que hablara―. Dará inicio el fin de semana, nos dijeron que habría algo interesante en este torneo, el capitán no quiere decepcionarse ―mencionó insinuante, era obvio que me enviaba una invitación.
Se realizaría un torneo, justo lo que anhelaba. ¿Sería apropiado inscribirme? No sé cuántos días nos quedaremos en China, aunque no me guste, todo dependía de mi hermano mayor. Si fuera en Japón, sería fácil ingresar en la competencia.
―Debemos irnos ―Itachi cogió mi mano apresurado.
Ambos estudiantes azorados observaron nuestra salida. Ya en el estacionamiento, retiré el agarre posesivo de Itachi. No me gustaba lo que hacía, ¿por qué se metía en mis pláticas?
―No decidas por mí, yo quiero participar… ―me exacerbé, extendiendo mis manos para cercar mi espacio―. Puedo pedir un giro bancario, si la plata es el problema.
―Tú perfectamente sabes, que no se trata de dinero. Yo no quiero que te esfuerces.
Me trae a la realidad, cita a la enfermedad que inhabilita para usar mi cuerpo como quisiera.
―Duró mucho, pero tu sólida comprensión debía desvanecerse un día―dije decepcionado ―. No me entiendes, actúas como todos. Me tienes lástima
Fue nuestra primera pelea después de la boda. Subí al auto y no le hablé por el resto del día. Al acostarnos en la cama, le di la espalda y le di un codazo cuando intentó abrazarme. Quería tanto que mi bronca, le atravesara la cabeza, que estaba por aventarle el anillo… Pero me contuve, al rememorar lo maravilloso que había conmigo.
No conciliaba el sueño. Pensé en razonar con mi hermano, podríamos llegar a un acuerdo conversando.
― ¿Sabes que si juegas, me lastimarás? ―Itachi se arrastró a mí, dio un suave apretón a mi cintura y se frotó contra mí.
Suspiré derrotado. Ninguno podía dormir, si estábamos peleados, así que debíamos solucionar nuestra pelea.
―Tú dijiste que quería vengarme… Tenías razón, quiero derrotarlo. Antes de las vacaciones, Gai nos informó que por un tema institucional del torneo, la final de las nacionales será en octubre. Yo tengo miedo… ―reconocí, me di la vuelta para abrazarme al pecho de mi amante―. Esta es mi única oportunidad. No podré enfrentarme a Ichiban en las nacionales, sin correr el riesgo de que me descalifiquen.
Nos tocamos en la oscuridad, el sentir sus dedos correr por mis ropas me trasmiten el pensamiento que no requiere de voz. Sé que tiene miedo de sobrecargar mi cuerpo, la asfixiante temperatura de China adormeció mis articulaciones y me regaló un bonito desmayó en las escaleras de un templo.
―Sasuke… ―Itachi presionó su nariz contra la mía y buscó mi mano izquierda, enroscó su meñique a mío ―. Será el último. No más deportes.
Asentí. Nos besamos despacio, seguimos abrazándonos. Hubiéramos llevado las caricias más lejos, más ninguno había dormido y yo estaba perdiendo las fuerzas para mantenerme despierto. Mis horas de descanso aumentaban a cada día y eso él también lo sabía.
―Me haré cargo de tu entrenamiento. Pero quiero que sepas, si te mareas, haré que abandones ―manifestó serio.
Tal vez no fue buena idea aceptar el entrenamiento de mi… esposo. A cada tropezón mío, se alarmaba y se negaba a que siguiera el ritmo de mi práctica. Tuve que aclararle varias veces, que cumpliría mi palabra de no volver a jugar, que ésta era mi salida oficial del tenis.
Fue después de que mi vista se cansara en la tercera sesión, que él decidió no forzar mi vista y el adiestramiento a ojo cerrado comenzó. La idea era descongestionar la carga sobre mi vista. Tuve un acoplamiento bueno. Se me ocurrió probarlo en Kita, Itachi no estaba seguro de exponer mi cuerpo, por una falla en mi oído, pero debido a mi insistencia, acordamos que solo bloquearía mi visión en un caso extremo.
Después de mis victorias aplastantes, todas 6-0, obtuve mi pasaje a la final, en donde me esperaba el capitán Kita Ichiban de Mirai Gakuen.
Las gradas no estaban atiborradas, tampoco estaban vacías. "Mi último partido, el saque final… La volea que no volveré a ejecutar, este es mi momento" Me repetía. "Itachi-sensei" me masajeó las rodillas, mientras yo tomaba agua, iba por mi tercer litro del día. El infernal calor de China seguía asolando la ciudad.
―Luce preocupado, "Itachi-sensei" ―me burlé, para distenderme.
Él detuvo su acción y golpeó mi frente. Luego tomó mi mano y me colocó una muñequera roja en cada mano, hacía juego con la camiseta roja y shorts negros que me compró para el campeonato. Sé que quería hacerme jugar el menor tiempo posible, intentaría darle al menos esa tranquilidad.
De Kita Ichiban distinguí un par de buenos movimientos de pies, y la facilidad que tenía para devolver golpes difíciles, acoplando su cuerpo. Usaba la mano izquierda, daría pelea y yo no estaba para jugar amistosamente con él. Le aplastaría.
El primer punto se alargó más de la cuenta, estuvimos 40-40 casi veinte minutos y ganó el pelirrojo. Sirvieron al menos para medir el nivel de Kita, era verdad lo que decía Itachi. Era un tenis que fácilmente se llevaría el torneo, si yo no estuviera.
El segundo juego fue igual de reñido, pudo adjudicármelo por un preciso smash. Era suficiente de mi mano derecha, había jugado con Ichiban y era hora de demostrar mi real rostro. Inicié el juego de las finas voleas para derrotar las de él. La intensa carrera bajo el sol, a las cuatro de la tarde y con el siempre presente polvo de ladrillo, me hacía marear. Perdí los primeros puntos del tercer juego, pero retomé y llevé el juego al 40-40. Caí pesadamente, después de haber logrado alcanzar a Ichiban.
Todo se cortó, mientras estaba tendido en el suelo. Pude reacomodarme en la banquina, junto a mi hermano, que trataba de reanimarme manteniendo mi cabeza hacia atrás. Zumbaba a mí alrededor, la curiosidad de las personas por mi estado de salud. Mi hermano pidió tiempo, uno que se estaba agotando. Me levanté como pude, si no lo hacía suspenderían el partido.
Mi hermano me contemplaba entre preocupado y resuelto a seguir el protocolo normal de un médico.
―Es el último… yo… ―gemí, me paralicé al sentir un tibio calor bajar de mi nariz.
Él no protestó, en vez de ello me cubrió con un bolillo de papel la fosa nasal. Sangre, estoy perdiendo sangre.
―No me ates las manos, tú… no… ―me desesperé, ¿haría mi entrenador que renuncie antes de abrazar mi objetivo?
Itachi se inclinó y golpeó mi frente con sus dedos. "Brilla, Sasuke. Brilla para mí" Susurró, me alcanzó la raqueta roja que tomé inmediatamente. Antes de volver a las gradas, le prometí que haría algo especial para él. Intentaría ahorrar un poco de energía, lo merecía por una noche.
Mis ojos estaban preparándose para dormir, se cerraban a pesar de mi insistencia por mirar. Me resigné a abandonar mi mejor sentido. Yo no necesitaba ver, todo estaba dentro de mí. Me centré en la experiencia del trazado de lana, y la formación que recibí de mi entrador y pareja. La dinámica del juego, se desarrollaba en mi cerebro, ya no necesitaba mis ojos…
Los cerré. Golpe magistral tras otro, despaché cada devolución de Kita y le quité el saque. La diferencia de puntos crecía, y yo sin ver su rostro desilusionado.
Era el último punto y detendría a mi rival en cinco golpes. Serví, con mi mano izquierda. Oí el sonido seco del saque. Kita atacó el fondo sobre la línea, respondí con un directo a la izquierda. La pelota regresó al centro, avancé sin ver… Todas las jugadas se estaban reproduciendo por medio de mis oídos. Incliné suavemente la raqueta e hice que volviera al campo del contrincante.
"Juego y partido para Sasuke Uchiha, 6-1. Ganador del Torneo Fo Guang Shan Uchiha Sasuke".
―Uchiha Sasuke, te veré en la final del Torneo Nacional. Tendré mi revancha en Japón ―Kita se notaba irritado por la derrota y esperanzado de volver a medirnos.
Alguien contrajo el virus de la venganza. Iba a decirle que no me interesaba su nefasto tenis, pero Itachi se interpuso.
―No podrás desafiar el tenis de Sasuke ―afirmó serio, quería evitar a toda costa otro enfrentamiento de mi parte.
Es agradable la sensación de tener, además de entrenador, un representante. Sin importarme un carajo el que estuvieran esos dos, quise darle un beso a Itachi.
―Está por verse, señor entrenador ―se burló el rubio, antes de que hiciera un movimiento hacia mi hermano mayor, y dio un par de giros con la mano. ¿Tomará clases de irritación social?
Mi hermano ni se molestó en idear una contraofensiva verbal, usó su penetrante mirada para amenazarlo. Dije una vez que en sus ojos, Itachi podía trasmitir un violento homicidio. Era infalible, Yoichi optó por darse la vuelta y seguir el rastro de Ichiban, éste caminaba hacia la puerta de salida. Los dos se retiraron antes de la entrega de medallas, compartir el podio conmigo iba en contra del orgullo de Mirai Gakuen.
Todavía era temprano, volvimos al departamento para descansar. Saldríamos temprano para buscar la tumba de Kimimaro Kaguya. Así es, me siento muy mimado, y me incomodaba imaginar que haría para devolverle el amor que me entrega.
Al día siguiente, el viaje en auto fue bastante largo. Todo alrededor era campos sin cultivar, unas pocas parcelas tenían vegetación. Cada tanto insistía a Itachi para saber si estábamos cerca. Solo obtuve un profundo beso de parte de él.
Itachi estacionó el auto en un cementerio rural y yo tomé una bolsa que traje conmigo, dentro de ésta estaban las cartas de Kimimaro Kaguya junto a los presentes que recibí de él. Empaqué estas cosas, porque pensé en tirarlas en algún mar o laguna, frente a cada avance de Itachi en nuestro viaje olvidé las cartas y solo cuando él mencionó que visitaríamos la tumba, pensé en que lo correcto no sería aventar los papeles al mar
Estaba cansado por las horas que llevaba sentado, así que le pedí a mi hermano mayor que llevara la bolsa.
El cementerio era mantenido por los campesinos del lugar y no había un guardia. Incluso la excavación corría por la cuenta de ellos. Recorrimos el terreno de ocho hectáreas, el pastizal interfería en nuestra búsqueda. Algunas lápidas denotaban el arreglo de familiares, otras reclamaban el ausentismo de los parientes. Dimos varias vueltas, hasta que nos cansamos y descansamos bajo un árbol. El sol picaba bastante a las tres de la tarde, me hacía añorar Ushuaia.
―No me molesta seguir buscando, Sasuke.
Hacía mucho calor, le iba a decir que no lo hiciera. Sin embargo, Itachi se adelantó unos pasos y casi iba corriendo entre las tumbas.
Le había confesado que me hubiera gustado saber dónde estaba la tumba de Kimimaro, para devolver las cartas y sus regalos. Me sentía infiel guardando obsequios de otra persona, me había casado hace unos días y pesaba fuerte la sensación de traición.
―Para mí es suficiente con estar aquí. No busques más, te lo digo enserio. Está bien, sé que está enterrado por aquí ―le aseguré para que parara de saltar.
Estaba al tanto de lo que haría, en cuanto me levanté del suelo. Itachi regresó a mi lado, dudó de entregarme la bolsa en que guardaba los afectos de Kimimaro.
―Me iré… ―habló lúgubre mi hermano.
―No quiero que te vayas. Lo que diré… No tiene porqué ser un secreto.
Le tomé la mano y caminamos al centro, a falta de la tumba del profesor, consideré que era el lugar adecuado. Presioné la mano de mi hermano y la llevé a mi pecho, entonces subí la vista al cielo.
―Profesor, como usted dijo tengo un don… Se me da bien esto de golpear con la raqueta una pelotita verde. Vine por un torneo, no tenía pensado pasar por aquí… Pero el tipo con cara de actor de Hollywood ―me centré en mi hermano y luego regresé mi atención al cielo―, me dijo que lo enterraron en este cementerio. El examen en que me clavó el 98.5 % fue porque no lo hice en equipo, todo lo hice por mí mismo y ni hablé con mi compañero de clases… Lo comprendí. No importa que tan preparado estés, necesitamos de los otros… somos seres imperfectos. Y necesitamos ser amados… Lo aprendí de una persona muy especial para mí ―soslayé a mi amante y tiré de su mano―. Profesor Kaguya Kimimaro, encontré a mi otra mitad… Itachi Uchiha se transformó en mi sombra para protegerte mucho más de lo que un hermano normal haría, como bien usted dijo, y yo terminé de verlo… con el corazón.
Suspiré para seguir el ritmo que mantenía.
―El respeto y la fidelidad son pilares en una relación verdadera, yo no puedo aceptar regalos de otra persona que no sea Itachi Uchiha. Por ello, sus cartas y regalos, se lo rechazo ―Hice un gesto a Itachi para que me entregara la bolsa―. Hago esta devolución para rechazar personalmente su proposición, profesor.
Saqué uno por uno los papeles amarillentos y usé la raqueta como soporte de peso, encima de ésta deposité la pulsera artesanal.
―Sé que es mi hermano… y no me importa lo que la humanidad entera piense. ¿Lo que siento no puede ser llamado amor? Bien por mí, si la Humanidad entera me censura por llamar a mi sentimiento Amor ―dije firme.
Itachi estrujó el enlace de nuestros dedos, en apoyo de nuestro puro sentimiento.
―Estoy completamente convencido de lo que pienso. Estoy en llamas, cuando está a centímetros de mí… y me abrazó a ese calor con desesperación. Nunca creí decir estas palabras… pero daría mi vida por Itachi Uchiha, lo poco que me queda… lo entregaría por él… Hasta mi último respiro.
Sentí un extraño agotamiento, Itachi enseguida me resguardo de la repentina debilidad. Los árboles se movieron con fuerza, tirando varias hojas verdes sobre el suelo. Hacía demasiado calor, por encima de cuarenta grados y las cartas no resistieron el poder de la naturaleza. Sol directo, pastizal y papeles hicieron combustión, lo increíble fue que extraños tentáculos negros rodearon las misivas, en lugar de la llamarada entre roja tirando a naranja. Sentí una aguda partición en mi cabeza y cerré mis ojos fuertemente. Cuando pude recuperar mi sentido, pulverizados, los restos del papel se dispersaron en los alrededores.
Itachi se estaba restregando los párpados, la visión fue sensorial para ambos. ¿Llamas negras? Me presioné fuerte la sien, para reordenar mi cabeza.
― ¿Cómo te sientes? ―me observa, nuevamente con los ojos que fueron creados para mirarme exclusivamente.
Y entonces olvido, mi ilógica visión. Con el solo preguntar, sé que este cariño es real y es solo mío. Me pertenece, como yo le pertenezco.
―Cerré el capítulo suelto de mi historia, con un peso menos. Tú… Luces feliz ―dije, sé que mi confesión en la ciudad de los muertos, ha sido una confirmación de mi decisión en Ushuaia.
Él subió la vista al cielo.
―Tuve la peor tirada de cartas, tengo razones para estar contento ―Bajó la mirada hacia mí. Noté que detrás de tu seriedad, había una verdadera sonrisa, que iba formándose desde hace varios minutos―. Amé lo bien que defendiste nuestra relación.
Sonreí. Porque no importa lo que vea con los ojos… Si no lo que veo con el corazón. Y tú sonríes… Sé que estás sonriendo en un lugar en que las sonrisas ganadoras no deberían existir… Eres tan descarado Itachi, te pones a reír alto en un cementerio.
Y se atreve a coger mi mano, el premio de una cruenta batalla no frontal… Las tumbas simbolizan estatuas de los guerreros caídos, a la derecha, a la izquierda se tienden las tablillas viejas con inscripciones. Todo es desolador. Un frío enfrentamiento entre el profesor e Itachi, del que no participe… Ellos se enfrentaron por mí, no al menos físicamente.
No soy menos culpable, envuelvo mis dedos. Y soy yo el moralmente incorrecto al declinar mi cabeza, ofreciendo mi boca. Y él acepta su culpabilidad, al probar de mi manzana. Nos unimos en un beso amoroso, pegando nuestros cuerpos. Al separarnos, volvemos a reír. No quiero soltarlo y caminamos agarrados hacia la salida.
Este capítulo ha sido cerrado, nebulosa fue la cortina en la que me escondí, por años enteros. No volveré a hacerlo, sé lo que quiero.
Descanse, profesor… Ya no pensaré más en el pasado, alguien espera que viva el presente… y yo quiero pasar cada pequeñísimo segundo con la persona destinada a mí.
Lo que sentí por usted… no funcionó, porque… yo secretamente esperé por un sentimiento mucho más fuerte,
Fue una bonita ilusión, el pensar que usted podía gustarme, profesor…
Mientras esperaba por algo que pudiera aprisionar mi respiración.
He vivido atormentado por no experimentar algo único, que asombrosamente estoy viviendo.
Un sentimiento capaz de hundirme en el mayor de los misterios: Amor Verdadero.
Lo hallé, él es tan mío y yo irremediablemente le pertenezco.
Ya no tengo necesidad de revolver el pasado.
Tengo el deseo de entregarme a mis sentimientos.
Esta es la última vez que pensaré en usted. Adiós, Kimimaro Kaguya.
+++Si pudiera salvarte…+++
Llegamos a Tokyo, a las seis de la tarde. Antes de regresar a casa, sentí que debía hacer una visita. Cuando subimos a un taxi, le di indicaciones al conductor, Itachi no me preguntó. Seguramente, sabía lo que quería hacer. Le había contado sobre las conversaciones que tuve con Shion y que en cuanto pisara suelo japonés, la buscaría y era justo lo que pretendía hacer.
Ya en mi destino, le pedí a Itachi que me esperara fuera. Caminé la pequeña escalera e ingresé al templo. No había movimiento alguno, no es de esperar las puertas al público habían sido cerradas previamente. Me dirigí al templo, Shion estaba rezando parada en el altar.
―Hace un tiempo, me aseguraste que sería la última vez que nos veríamos ―le dije, sonriendo de lado.
Ella, de la sorpresa, se fue para adelante.
―No debías venir, no tienes que estar aquí ―se giró para verme, el susto seguía en su cara.
―Será la última vez, ya no te veré… Nunca más. Vine para decirte, que no me interesa lo que haya sucedido hace millones de años en el mundo de shinobis, del que supuestamente provengo y que he resuelto las cosas que me quedaron pendientes con el profesor Kaguya, ha dejado de asolarme su fantasma. Yo estoy aquí… por decisión propia, sigo aquí, porque me niego a renunciar… cuando existe alguien que me da las fuerzas para seguir respirando. Este sentimiento es real, mucho más de lo que cualquier Relación Normal será… ―orgulloso sonreía, no lo encontré… Siempre estuvo en mí este inmenso amor―. Si te contara lo que hice días atrás, atormentaría tu mente puritana. No me arrepiento de lo que hice, solo lamento no haber sido feliz antes. Mi corazón seguirá latiendo, pase lo que pase, yo… No estoy seguro de tener una religión, pero creo en el renacimiento del Budismo. Yo… Budista o no, renaceré de las cenizas solo para regresar a él, es un hecho.
El punto final de mi pasado, es éste. Me despido de rever las historias de antepasados. Me alejé del templo, sintiendo la sensación de ligereza atravesar cada fibra de mi ser. No volvería a buscar respuestas. No pretendo descifrar los hechos pasados, si parte de mi infancia robada fue recuperada y me permitió despertar, no necesito saber si soy descendiente de un temible samurái borrado de la historio o si por el contrario soy la reencarnación de un dios.
Quiero recuperar el tiempo perdido y entregarle todo lo que soy a Itachi Uchiha, mi hermano mayor y mi marido.
+++Si pudiera salvarte…+++
Reinicié mis clases en la primera semana de septiembre. Gaara apareció el primer día de práctica en el Club de Tenis. Levantó la curiosidad de los chics que conocían el famoso don sociable de Sabaku No, ellos enseguida protestaron con el entrenador. Gai reveló que en las vacaciones de verano, le tomó la prueba y se convirtió en un miembro del grupo. Lee fue el primero –y único en felicitarlo-, estrechó felizmente la mano de Gaara y lo abrazó como si fueran amigos de toda la vida, el pelirrojo lo empujó. El acto bastó para que nuestro capitán saliera a reclamar, a vivo pulmón, por el ingreso "ilegal y fuera de fecha" del nuevo. Enseguida Gai remarcó que Gaara pertenecía al Club por decisión de él, y le advirtió al pelirrojo que aprendiera a comportarse con sus compañeros. La solución del profesor fue: veinte vueltas a la cancha para Lee por ser invasivo con los nuevos –Gaara se defendió de su actitud diciendo que no estaba acostumbrado a ser tocado por desconocidos-, veinte vueltas a Gaara por ser agresivo con un compañero y la frutilla del postre treinta vueltas para el capitán por gritar en la cancha. El día fue fantástico, Tenten se estaba riendo en la cara de los tres. A Gaara le daba igual, pero empezó a disfrutar de la risa de la chica cuando vio el efecto vergonzoso que tenía sobre Neji. El pobre capitán estaba indignado por la sanción.
Después del incidente, tanto Lee como Tenten despaldaron a Neji en cuanto a la admisión del pelirrojo como un titular del equipo. Pero a mí, el ingreso de Gaara a las canchas, me generó tranquilidad. Había dado por perdido el juego que tuvimos, no esperaba resultado beneficioso alguno. Por otro lado, Gai veía en Gaara al tercer singles del Torneo Nacional, mientras yo lo veía… Como el primero. Por ello, cuando el capitán, acompañado por la totalidad de los miembros del Club, me pidió que me uniera a ellos para exigirle a Gai la retirada de Gaara, me negué.
El viernes, después de haber tenido otra discusión sin sentido con el capitán y Lee debido a Gaara, Itachi se presentó en el entrenamiento de la tarde, se opuso a que realizara actividad física. Lógicamente el profesor solicitó una causa, e Itachi esgrimió mi debilidad por una anemia. Sigue desconcertándome, el modo que tiene para recrear situaciones ficticias. Lo hablamos la noche anterior, y yo estaba de acuerdo en formalmente retirarme del tenis. Se lo prometí en China y en la última práctica me mareé. Tuve un pequeño tropezón que me dejó tendido en el suelo diez minutos, suficiente para incluso preocupar a Gaara.
Dejé de practicar tenis, pero me permití ir a las canchas públicas para ver a mi nuevo compañero. El chico malo del colegio resultó ser más humanitario que Naruto, la angustia por mi delgadez se escondía en sus ojos, la única parte de su cuerpo que no sabía manipular bien. Aún así, Gaara intentaba tapar su preocupación con repetidas preguntas sobre cómo mover la muñeca para no adormecerla, le había sucedido en una práctica con Lee a minutos de acariciar la victoria.
Fue gratificante para Gaara tener el debut en un amistoso con otro colegio. El chico rebelde tuvo que cubrir al tercer singles por una lesión. El resultado no conformó a ninguno de mis compañeros, 7-5 significó una derrota agónica. Pero con sabor a victoria para Gai, es que si Gaara no hubiera castigado a sus pulmones, habría obtenido el aire necesario para quedarse con el time break. Nuestro capitán también analizó cuidadosamente el desenvolvimiento del pelirrojo, más mantuvo en secreto cualquier juicio. Era más que obvio que de haber alguna falla, Neji la hubiera remarcado durante toda la semana y esto era bien sabido por Gaara.
La atmosfera en el Club de Tenis, tenía un futuro alentador. Lo presentía.
Mi descanso deportivo, aligeró la fatiga muscular que arrastraba. Pero la neutralización de un síntoma, no retuvo al ataque de otro. Todo estaba complicándose, me estaba costando despertarme temprano. Me empecé a dormir en clases, a cualquier hora… e Itachi quiso tomarse una licencia en el trabajo, para encargarse totalmente de mí, no lo dejé. Había admitido que no estaba aprendiendo nada que no conociera en el colegio, pero el "cursar" materias era parte de mi adolescencia. Quería una relación normal, sin el peso de mi enfermedad pesando sobre nuestras cabezas. Así que llegamos a un acuerdo, mientras yo estaba en clases, él trabajaría. Me esperaba a la salida de clases, a veces íbamos por una bebida caliente y nos quedábamos en su vehículo, escuchando a Cyndi Lauper entonar All Through The Night mientras nos besábamos fogosamente en el asiento trasero.
Desearía tanto que las mareas siguieran calmas, incluso ser secuestrado por la noche y dormir veintitrés horas, era una buena tregua con mi enfermedad. Haberme desmayado la tarde del viernes, me regresó al estadio del horror.
Papá no estaba en casa, mi hermano estaba con problemas en el trabajo y mamá estaba preparando un nuevo té. Yo bajé de mi habitación, después de descambiarme e iba a probar la infusión de ella. Pisé ocho escalones para llegar al living, sentí que otra vez bajaba sangre de mi nariz, intenté tapar con las manos, más pronto éstas estaban completamente cubiertas de sangre. Terminé desmayándome, faltando dos escalones.
Mi madre tuvo la genial idea, en mi inconsciencia, de llevarme al maldito edificio de paredes blancas. De la nada volvieron a entubarme y desperté tres días después, Itachi estaba a mi lado, todavía se reprochaba el no haber estado en casa el día en que tuve la peor recaída de mi enfermedad. Las enfermeras susurraban que era un milagro que hubiera despertado cuando mi cuerpo era inservible, ya me daban por muerto las indiscretas auxiliares. Itachi le había dado una violentada cachetada a una, y casi lo sacaron del cuarto… Casi. El debió ser abogado o algo parecido, sabía bien como revertir una acusación de violencia hacia el personal del hospital. El médico de turno vino de inmediato y se disculpó personalmente, lucía atormentado por la queja que mi hermano amenazó con presentar. En realidad, Itachi es bueno en todo. Me libró de la repugnante presencia de esas auxiliares.
―Tiene que recibir la atención de profesionales. No existe nada definitivo, los exámenes preliminares que hicimos requieren de una adecuada revisión ―alentaba el médico clínico, fuera de mi habitación.
Le oía claro, las paredes de los hospitales no son de piedra maciza. Mi madre lloraba en el pasillo. Ella lloraba. Mi desmayo sucedió frente a sus ojos.
―No lo dude, doctor. Solicitaremos la atención de alguien mucho más competente que un clínico y su grupito de tontas auxiliares―contestaba mordaz mi padre.
Él fue informado del infortunio por mi madre. Me habían realizado unos análisis y ya sacaron las primeras conclusiones, que por supuesto mi padre, desmerecedor de las enfermas y clínicos, descreía.
Mientras afuera se llevaba la batalla campal entre mi padre y el personal de urgencias, Itachi me hacía compañía. Él tenía una nueva venda en el brazo, había vuelto a donarme sangre. Sé que lo hacía feliz el poder hacer algo por mi salud, pero sinceramente me molestaba ver su cara desmejorada. Es que hace poco menos de dos meses recibí vida de sus venas, y ahora volvía a ofrecerse para salvarme. Su amor y fortaleza en mi sangre me dieron el ánimo para hablar:
―Aquí, moriré cada día… Las paredes blancas, el olor a enfermedad incurable repica, haciendo imposible la distracción de la muerte. Si permites que sigan usándome como un conejillo, posiblemente alargues mi tiempo… Pero, dime, ¿de qué valen las horas, si me tendrán postrado a una cama? Todo es silencioso… aquí, esto es como vivir la antesala de mi velorio… ¿Ya he muerto para que pretendan velarme antes de tiempo?
Solo por él seré entendido. Solo él escucharía mis deseos.
― ¿Me prometes que sonreirás para mí, si nos escapamos? ―Él sonreía continuamente para distender mi desesperación.
Desde que desperté, no había sonreído ni una vez. Sentía que estar en el hospital, me obligaba a estar enfermo. Las enfermeras quejándose del olor a enfermo y todas con barbijos, me hacían sentir odiar vivir cada puto segundo. Por lo menos afuera, no me tendrían sometido a sus berrinches.
―Volveré a sonreír cada maldito segundo, si me raptas ―para agradecerle, hice lo posible por dibujar una sonrisa. No salió del todo bien, me pesaban las mejillas.
No hubo nada más para decir. Itachi me dio un tierno beso en la comisura de mis labios y me prometió regresar a la noche.
Estaba ansioso por escaparme, gasté el tiempo restregando mi hermoso anillo de plata. Sentí que salía fácilmente de mis dedos, habían pasado unos meses y, desde luego, mi cuerpo sufrió el cambio. Mi muñeca estaba más delgada, al igual que mi cintura, mi rostro debía verse cansado, sin suda, arrastraba conmigo la agonía del encierro junto a la condenada enfermedad.
Cogí el peine que guardaba bajo mi almohada, debía arreglarme un poco para mi secuestro nocturno. Me restregué los ojos y limpié con una servilleta el borde de mis ojos y froté varias veces mi boca para que el apetecible rojo bañara esa zona, quería que Itachi aún me viera como me miraba hace meses, en nuestras vacaciones en Tierra del Fuego y posterior versión de Luna Miel. Quise ser apetecible.
Alrededor de la medianoche él apareció y me entregó un pantalón de lino, una camiseta y una campera. Me quité la asquerosa ropa de hospital y juntos abandonamos el edificio. Me llevó al departamento que había comprado hace un año, me lo dijo mientras que, todavía en sus brazos, me acomodaba en el centro de una cama de dos plazas. "Fue una inversión" reconoció mi hermano mayor, no pensaba mudarse ni alquilar el cuarto.
Nuestros padres no dejaron de hacer llamadas durante nuestro primer día, Itachi prefirió dar de baja las líneas de nuestros teléfonos móviles.
Al día siguiente mi cuerpo se había empapado de sudor, grité quebrado. Mi hermano me pasó baños de agua por todo el cuerpo, redujo bastante el dolor. Me hizo beber una infusión de manzanilla. Descansé un par de minutos, y él seguía ahí, sentado en una silla observando preocupado.
Nada mejoro en nuestra segunda noche. Las ganas de comer se fueron reduciendo antes de mi recaída en casa de mis padres, pero Itachi continuaba sirviéndome todas las comidas del día. Intenté acabar mi desayuno completo de leche, galletitas, manzana y cereales, dos horas después vomité en mi dormitorio.
Sé lo que está pasando, sé porque mi anillo se cae de mi dedo anular, mientras que el de mi esposo permanece firme, en la posición de probar nuestro enlace.
Tosí sobre mis manos, la sangre estaba presente como siempre. No queda mucho por hacer, el dolor he dejado de sentirlo en un parte… Se siente por todo mi cuerpo, no solo en mis pulmones. Las horas que avanzan, van derrotando a los valientes organismos, que me permitieron jugar, correr, estudiar… Hacer el amor. Y tantas cosas que me faltaron.
Habrá un millón de cosas por hacer… Miles de películas por ver, canciones que… también quisiera desentonar (las seres humanos somos cantantes por naturaleza, niisan)… situaciones de las que querré escapar… Pero tengo la seguridad, de que la mayor parte las he vivido…
Contigo.
Y esta vez con la completa certeza de que caminaste junto a mí. Por eso no tengo nada que lamentar, pedí tener algo Real y lo obtuve, hermano mayor.
El miedo… todavía vive en mí, temo a lo que vendrá… ¿Qué hay detrás de aquella inevitable mortalidad?
Sin embargo… Creo poder continuar… Porque crees en mí, hermano mayor.
Sé… que volveremos a reírnos, dejaremos nuestras huellas en la nieve, dirás que soy tonto… volverás a golpear mi frente y sentiré tu cercano aliento…
Y…
Volverás a protegerme de todo. Volverás a…
Suspirar por mí, una y otra vez.
Muchas personas lamentan el no ser felices en esta vida… puedes tenerlo todo, creer que has triunfado o que pronto obtendrás la gloria, como esos videojuegos que al final dicen "Winner"… y sin embargo, sentir que algo se está quebrando dentro de ti. En mi corta carrera gané partidos con mi tenis, sin haber disfrutado de mi juego. Esa desesperación la he vivido, todo quedo en el pasado… Porque al final entendí… que había una puerta que estaba destinada para mí…
Nuestra relación fue corta… Pero este cariño, que ha sido anterior a nuestro enlace, tendrá la fuerza para interponerse al tiempo… Te quiero, dos palabras cursis que nunca creí decir… (¿Es eso posible? tú sabes, que te lo vengo diciendo desde pequeño…) En un tramo de esta historia, lo olvidé… Olvidé decirte lo que siento por ti. Te lo dije en otras vidas… algo tarde. Y en esta vida te lo vuelvo a decir desde el fondo de mi corazón. Grábatelo:
Te amo.
Recuerda cada día que…
A ti, solo a ti…
¡Te amo!
Créeme. Te esperé, a la siempre esquiva persona destinada a mí. Porque nada me hará cambiar este sentimiento…Tomé malas decisiones y en ellas me perdí… Pero te encontré… ¡Dios! Si no estabas perdido, él perdido era yo.
Todos mis recuerdos de esta vida serán olvidados, mis buenas acciones darán frutos. Al serme arrebatada mi sagrada memoria, recibiré algo a cambio ¿Cuál será la distinción que me entregaran por el progreso en esta vida?
No tengo nada que pensar… Si me oyen, si me ignoran. Yo seguiré pidiendo lo mismo. En mi próximo renacimiento, quiero que tú, hermano mayor, seas la persona que me acompañe en cada uno de mis errores. Quiero que estés en cada una de mis torpes caídas. Yo volveré a nacer. Tardaré. Lo sé. Estoy completamente convencido de que mi regreso quedará suspendido en el tiempo. Este deseo de no separarme de ti… Me detendrá en el umbral. Esta diferencia de edades que por años se ha mantenido, me lo dice, siempre serás… Mi amado hermano mayor.
El mayor… Lo fuiste en esta vida… y lo serás en la próxima.
No me detuve a mirarte con el corazón. Tarde, en tus ojos vi la verdad. Hasta el último instante fuiste mi Gran Misterio que me quedaba por resolver, paradoja cerca, en la siguiente vida trataré de no ser "tonto" y haré un esfuerzo para comprenderte antes de que todo colapse.
Por encima del dolor, que me provoca cada letra, valió la pena. Todo lo valió. Tu infinita comprensión por mis vacilaciones, daba un paso… retrocedía dos. Aún así, no me soltaste. No dejaste de amarme, me hiciste sentir lo que solo he leído en las irreales novelas. Tu cariño desgajo a pedazos mi alma, y tu cuerpo… en nombre del amor hizo lo indebido, indescriptible y pernicioso.
Largos dieciséis años, sumergido en el fondo del océano, la obra principal de un Museo, embalsamado vivo sufrí los años de mi magna hipocresía. Dieciséis crudos inviernos en Siberia, para en pequeños segundos… Rendirme al calor que siempre quisiste darme.
¿Acaso estos pequeños momentos de felicidad… no son más que la monotonía de casarte con alguien a quien no amas y festejar un aniversario cuando tu corazón no palpita? ¿Acaso vale más un fúnebre aniversario de cincuenta años de boda que un pequeño segundo de alegría? La felicidad puede medirse en un segundo y ser millones, mis millones de preciosos y felices segundos a tu lado, hermano mayor. He sido feliz, en estos eternos cortos segundos.
Te amo, Itachi Uchiha.
A partir de ahora… Yo te esperaré, hermano mayor…
Para volver a comenzar...
Nuestra Historia.
+++Tiempo después…+++
Hace tiempo he notado el hábito de escritura de mi hermano menor. Cincela febril en las hojas, sonriendo al notar mi inagotable interés por todo lo que hiciera. La costumbre desapareció un día. Sasuke no escribió en su diario, todas las mañanas agregaba palabras o corregía lo que entiende que está mal. Ahora no escribe ni rescribe, esto me inquieta… porque pienso que no tiene nada más para contar. Su diario desapareció de la almohada, sin que pudiera leer una hoja de sus pensamientos.
El domingo a la mañana, Sasuke no se sentía del todo bien, pero me insistió en que fuéramos a caminar por el túnel de glicinas del Jardín Botánico de Fuji Kawachi. Le obligué a faltar a clases el jueves y viernes, después de que salimos del hospital. Traté de que tomara los sedantes, él se negó. Me confesó que no sentía que el dolor se alejara de él como en un principio. Tras su partido en China, se dejó medicar cada vez que desfallecía y recientemente cortó los paliativos. Le preparé infusiones diarias para reducir al máximo la posibilidad de un episodio de dolor, ruego porque al menos le quiten un por ciento de su dolor.
Sasuke iba recostado en mi espalda, como en nuestra infancia... Estaba igual de ligero que cuando era un niño. A penas podía caminar más de dos metros, sus fuerzas repentinamente se desvanecieron después de salir del hospital.
Había un aire frío en el jardín, demasiado para su salud. Lo cuidé tanto de posibles catarros, en el viaje a Ushuaia le preparé diariamente infusiones de genjibre y té de limón para potenciar su resistencia al frío, compartimos la bebida, era vital que me mantuviera sano para no tener que volver a distanciarme de él. Leucemia… El símbolo de una casa sin cerraduras, de solo pensar… que todo era peligroso para él, me devastó enteramente. No tenías defensas, mi pequeño universo sin murallas, era vulnerable a cualquier ataque.
El aire frío había congelado los dedos de mi pequeño, lo sentí cuando sus frágiles dedos rozaron mi cuello. Y hubiéramos regresado a casa, abandonando la crudeza del parque de glicinas, pero su sonrisa, su bella sonrisa, lo es todo para mí.
―Quisiera que fuera primavera, para sentir las… glicinas ―susurró, melancólico y cansado.
El otoño había invadido Japón. Y yo quise tanto regarle todas las primaveras que se perdió, por estar constantemente enclaustrado con libros, tardes enteras, y ser arrastrado a cenas de hombres vestidos para la ocasión de una funesta ceremonia.
Quiero que sienta, todas las cosas que le quitaron y mataría por dárselas, por eso su deseo… me desgarra por dentro.
―Cierra los ojos ―le pedí, retenía la nebulosa rabia que me atosigaba―. Las yemas comienzan a hincharse, un racimo pequeño asoma de una ramita delgada. No es el intenso aroma del jazmín chino ni el débil del narciso, su fragancia ingresa con solo colocar tu nariz cerca… suave, suave… se abren dos más, diez más, el túnel de glicinas se alegra de verte, sonríe porque estás aquí. Sonríen las glicinas, mostrando sobrios pendientes lavanda.
―… Yo veo… la primavera, ya la veo… ―nuevamente, habla en trocitos tristemente desmigajados―. Quiero…que me cuentes… esa historia…
En el llanto silencioso de su voz, cita a la nostalgia, quebrándose.
―No lo recuerdo bien ―negué, no lo haré.
―Intenta-ta ―me pide, quejumbroso.
¿Es la misma táctica colgada del dulce azoramiento? Insiste, me manipula y me hace hacer lo que no quiero. En el fondo, soy consciente de que lo necesita, que cuente la historia que le relataba en su infancia. Así que reuní toda la fuerza que me quedaba, la que misteriosamente aparece para que no se angustiara del incomprensible terror que me carcome. Quería que sintiera seguridad en mi pecho, a cada segundo. Por ello comienzo el viejo relato, relajando mi voz, quitando algunos detalles y ensanchando los párrafos que nos interesa. Le regalo una nueva versión de "El Principito".
Él no pronunció nada. "Lo llevaré a casa, le haré un té de limón con miel", pensé, mientras seguía caminando a ritmo normal. Al menos, su cuerpo no rechazaba al limón… y eso, me aliviaba de daba un lacónico alivio. La defensa de cuerpo había caído precipitosamente, y ya dormitaba en mi espalda.
―Solo se ve con el corazón, lo esencial es… ―me detengo, la frase, irremediablemente memorizada, no quiere despegarse de su débil boca porque el sobreesfuerzo le detiene también la voz―. Lo esencial… Es… es… invisible a los ojos.
¿No estaba dormido? Había tardado diez minutos en completar la cita, di por sentado que cedió a la fatiga. Me doblé un poco para verlo, sus ojos estaban decaídos.
―Ya lo entiendo… ―sentí que removía mi cabello―. Estaba creciendo, yo tontamente asumí que era un adulto… Era todo un adulto en un cuerpo de niño. Tú viste, que… en mi interior… todo… se quebraba… Tardé dieciséis años en abrir mis ojos. Y todo se vuelve oscuro… Todo ensombrece… No veo las glicinas… Yo… ahora comprendo… Porque me regalaste ese libro… Ahora comprendo...
―Deja de hablar, te llevaré a casa ―Él no debía hablar, no quería que se lamentara de nada. Porque hay iban las cortas oraciones, los "entiendo", no tiene que entender nada. Yo siempre adoraré su ingenuidad y le perdonaré que no me comprenda, pese a desear fieramente que lea mi desesperado amor.
Él negó débil. Apenas exhalaba. Apenas respiraba. Apenas se mantenía despierto.
―Que… no solo se ve… con… los ojos… La verdad reside más… allá… de las palabras… ¿Tú lo… sabías no?... ¿Sabías que si antes… me decías "te amo", probablemente… nunca te… hubiera tomado en serio? ¿Sabías que mi… espejismo se rompería al… pasar… los años…con las acciones… cariñosas, que tuviste siempre para mí? ¿Tú sabías… que inevitablemente… me enamoraría de ti? ―tropezaban sus oraciones, alentadas por el hilo de voz que arrastraba a cuestas. Y el amor estaba presente, siempre ahí.
Traté de centrarme en el camino del túnel, para evitar escucharlo. ¿Por qué dice esto ahora, no puede esperar a que nos sentemos en nuestra acogedora casa?
Pero yo por dentro, entendí la insistencia que le hacía hablar. Su respiración era suave y los latidos de su corazón… eran pausados, tan imperceptibles a la fina audición de un murciélago. No quería ni imaginar lo que vendría, respiraba cada vez más lento. Seguí caminando, sintiendo su débil existencia. Triplicaría mis cuidados, leería nuevos libros, consultaría a especialistas occidentales, esa sería mi nueva tarea… Tendría que conversarlo con Pein, mi licencia podría convertirse en una renuncia definitiva.
Iba imaginando las modificaciones que haría para estar más pendiente de mi esposo. Mi esposo… Repetí, quedaba bien el pronombre unido al sustantivo. El suave zarandeo de hojas empezó, rompiendo mi reflexión, entregaba un gris ambiente al balbuceo jadeante de la preciosa criatura que descansaba en mi espalda.
―Dieciséis años… Me demoré tanto… ―pudo soplar, tanto sobreesfuerzo por lamentos que no quiero.
Tortuoso era oírle. ¿Por qué insistía en mortificarse por no haberme aceptado antes?
―Tanto. Tanto. Tanto… ―repitió, tosiendo otro poco―. Sin embargo, al final… Yo he visto… lo que vive en… ti… ¿Me seguirás después…? ―exhaló en un suspiro agudo, y toda la pausada agitación cesó.
Di dos pasos por inercia. ¿Seguir? ¿A dónde te irás sin mí, belleza andante? Las hojas se desprendieron, cayendo sobre nosotros. El aire de despedida, traslado de estaciones, se derrumbó en mis hombros. No hubo más palabras. Ya no soplaba en mi oreja, su delicada mano fue cayendo lentamente de mi hombro, la otra secundó el desprendimiento. Me detuve en seco.
― ¿Sasuke, mi amor? ―mascullé, temerario de comprobar lo que tanto dolor me causaría―. ¿Sasuke?
No lo escucho. Sus manos no presionaban en mi cuello, no temblaba en mi espalda. La pequeña luz en mi espalda no alumbraba el túnel, no veía el final del arco de glicinas.
Mi labio temblaba, cuidando no lastimarlo lo bajé de mi espalda. Giré su débil cuerpo, ante la triste hermosura se presentó, su blanco rostro estaba sereno. Lo besé, deje correr al tiempo mientras esperaba por su tímido regreso. No me respondió, su labios habían tomado la frescura del otoño.
Lento, solté sus labios.
Una leve incomodidad crece, dentro de mí, se expande a cada segundo. Rodeé el pequeño cuerpo, había dejado de respirar en mi espalda. Me encogí un poco, caí en el suelo con en brazos y lo presioné contra mi pecho. Este tonto sentimentalismo humano, existe…
― ¡Sasuke! ―grité, la furia y el dolor habían explotado furiosamente en mi corazón.
Tonto sentimentalismo…
Es Real… Tan Real que Duele…
Y… Empieza a consumirme.
Dolor sigue creciendo.
Yo no creo en las segundas oportunidades.
Nunca había sentido, lo que se manifiesta hoy.
No vendrá un nuevo Amor.
A partir de ahora… Cierro a mi Corazón para siempre.
Porque sabes… Vida mía… Eres la razón de que llegara hasta aquí…
Con mis malas decisiones…
(Que de éstas, hubo millones)
Con las buenas, si es que existieron…
(Tú dijiste que tuve buenos gestos. Me basta para citar a la posibilidad.)
No sé cuál fue la fuerza divina que me hizo llegar a nuestra habitación. Deposité el cuerpo frágil de mi esposo en la cama, encendí la estufa y me acomodé de frente a él. Lo abracé y decidí… que no dejaría de abrazarlo, haría que las horas se detuvieron en el mundo. Haría que siguiera conservando el calor ante el avance de la frialdad en su apagada Luz. Con mis manos protegería la Luz de una trémula llama en medio de la lluvia, haría lo que estuviera a mi alcance… para extender la felicidad que me abandona en la despedida de otoño.
En teléfono junto a la cama, cortó mi adormecimiento mortal. Era Sasori, le había pasado el número del departamento antes de que me fugara con Sasuke y recibí llamadas diarias de él, a las siete de la mañana. Debía ser la habitual llamada, la rutinaria conversación donde yo decía que "estábamos bien", se fundió en la oscuridad de nuestro cuarto, solo exhalé "el Cielo… es hermoso, frío y bello se desvaneció".
No había cerrado la puerta. Desconcertado y perdido me aferré al cuerpo de Sasuke, el desalmado tiempo seguía avanzando y yo me aferraba a él. No quería levantar los ojos al Cielo, cuando había aprendido a verlo por debajo de mí.
El chirrido de la puerta fue un tenue zumbido que me aturdió, unas manos me jalaron de la cama y fui separado del cuerpo de mi amado. Un hombre me redujo por la espalda para evitar que arrebatara a Sasuke de brazos de Sasori. Forcejeé con el hombre hasta que en un giro, noté que era Pein. Crecía el dolor, ramificaba todo mi cuerpo y me hizo gritar todo lo que había resistido en los últimos días. Pein trató de abrazarme, pero lo empujé para que ni lo intentara. Agotado, derrumbado, vencido por el incesante diluvio de mi rostro, me dejé caer en el suelo.
Allí fui patético, por primera vez en mi veintena de años, recité el nombre de mi Cielo y ordené a los dioses que me devolvieran el alma de mi esposo.
Y la fuerza que se presentó para levantarme, era extraña. Sasuke fue depositado en la camilla de una ambulancia, mientras que yo subí al auto de Sasori.
Las horas seguían acumulándose, me habían arrebatado mi pequeña Luz, y todo iba ensombreciéndose. Pese al avance de mi ceguera, fui a reacio a abandonar el morgue donde trasladaron a Sasuke. A puro llanto, mi madre avanzaba agarrándose de las paredes para acercarse al personal que iba y venía por los pasillos, mi padre se trituraba el cuero cabelludo, estaba luchando tanto para mantenerse calmado.
El cuerpo de Sasuke fue trasladado al edificio central de Akatsuki. Ellos habían conversado lo que cada uno haría en el funeral. El que Sasuke fuera como un hermano menor para Pein, hizo que él se ofreciera asearlo y vestirlo. También Sasori aseguró que le daría un lavado de infusión de lavanda. Yo, atravesando el apogeo de mi visión, me opuse a que fuera desnudado por cualquiera de ellos. Sasuke había sufrido tanto por el estado de su cuerpo, era un ultraje que ellos vieran el verdadero rostro del cáncer.
Era lo que me había pedido, Sasuke quería que lo hiciera.
Tenía una noción sobre la higiene, jamás imaginé que tendría que practicarlo en esta circunstancia. Intentando controlar mi tembloroso pulso, deslicé suavemente el trozo de tela para cubrir su cuerpo de aires a jazmín. Vestí a Sasuke con el kimono de nuestra boda. Le pedí a Deidara que hiciera un maquillaje ligero, quería tanto desaparecer el rastro de la leucemia en su increíblemente delgado cuerpo y soñaba con que las manos de Deidara le devolvieran la paz para tener la fuerza de no colapsar como lo había hecho mamá.
Ya en la casa de mis padres, con Sasuke en el medio del living, personas que conocía, que me eran extrañas pasaron para recitar palabras o tan solo despedirse sin expresar nada. A cada uno percibí, a todos ignoré. No quise aceptar las famosas condolencias de los velorios. El pobre "lo siento", vibraba en labios de los despidientes, embutidos de colores lóbregos pretendían sentir mi agonía. Era mi fatídico día y nadie en su puta vida lo entendería, este dolor, era solo mío y de nadie más.
―Retírense, todos ―exigí, viendo expresamente a mi padre, cuyo cigarrillo cayó de su boca.
El velorio había terminado. Lo habían visto todos, habían acariciado su rostro y hasta Sasori le había besado la mano. Todas las caricias extrañas estaban en él, profanado. Y yo no quería que siguiera sucio, Sasuke detestaba que lo tocaron… Y solo yo fui autorizado para hacerlo. ¡Quienes se creían para deshonrar a mi esposo!
Mi padre guardó silencio por un tiempo, desorientado por la terrible situación y mi dura voz. Madara apoyó una mano en él y lo jaló fuera de la habitación, agradecí que al menos mi tío entendiera una parte de la densa ira que se fusionaba a mi dolor.
―Sé que no puedo atarte aquí… Pero ¿cómo? ¿Debo resignarme dejarte, amado mío? ―exclamé para caer de rodillas―. No voy a llorar… No lo haré…
Me mordí la boca, me incorporé lentamente. Quise tanto evitar derramar lágrimas, pero… el solo ver su sereno rostro sin vida. Llama al deshago, la imagen tristemente hermosa. Su boca, conserva el rosa pálido. Con una mano tomé las suyas, pequeñas y livianas. Estaban heladas, pertenecían a un cuerpo que ha dejado de irradiar calor. Las pasé por mi rostro, volví a tocar su cara sutilmente maquillada y besé su frente.
El féretro de Sasuke fue cargado en el coche fúnebre, junto a mis padres, subí al vehículo. Noté que había largas hileras de vehículos, alrededor de nuestra casa. Por ella desfilaron varios rostros, que ignoré. No pude ver nada que no fuera a Sasuke, soñando en un cajón de cedro en todo lo que duraba la ceremonia de los millones de "descansa en paz" y "lo siento".
Papá había decidido llevar a Sasuke al cementerio privado de nuestra familia, no fuimos acompañados por el cortejo. Si bien en el velatorio, eran más los conocidos que los familiares, nosotros éramos un exclusivo y acotado "Clan" y por orden de Madara, el líder de nuestra familia, solo familiares presenciarían el entierro.
Mamá volvió a derrumbarse cuando introdujeron el cuerpo en la tumba, era un milagro que hubiera resistido al apagón genérico de su consciencia. Pero estaba al límite, los llantos llorosos maternos… desaparecieron sorpresivamente. Es que el nombre grabado en una tablilla de mármol, con la fecha de su nacimiento y defunción, hizo que finalmente ella se desmayara. No faltaron las manos que la sujetaran, Madara y mi padre. Izuna trató de darle aire con las palmas.
Yo estaba aislado de ella, la atención del socorro no nacía en mí, si soy yo mismo quien demanda que toda esta macabra escena se detenga.
Aún sabiendo que no merecía vivir entre los miserables mortales, el Cielo bajó para decirme que no debía alzar la vista desesperanzado. Yo comencé mirar el mundo por debajo de mis ojos, no eran celestes sus ojos, impactante noche estrellada en su hondo mirar encontré.
Inerte caí de rodillas. Creí que después de haber llorado una noche entera a Sasuke, no repetiría la acción. Y Aquí estoy, el primero de los cuatro Uchiha que llora desconsolado y vuelve a maldecir a todos los santos y la inepta ciencia que no pudo retener al Cielo en la tierra.
+++Save you+++
Es una cruel ironía que las buenas noticias toquen a la puerta, después de una tragedia. Esta semana llegó la carta de admisión a la Universidad de Tokio de Sasuke. El puntaje fue perfecto, a la altura de la expectativa de nuestro perfeccionista padre.
La segunda sorpresa, la tuve esta mañana. Recibí una invitación para el Torneo Juvenil de Tenis en Francia y claro que no era para mí, sino para el mejor tenista juvenil de Japón. Los organizadores de la competencia internacional, habían recibido la recomendación por parte de un reportero inglés y decían estar interesados en ver a Sasuke. El imaginar el nombre de Sasuke entre los primeros del ranking ATP, me hicieron recordar, el dolor que no podía ocultar. Él hubiera salido a escena, como un gladiador en un coliseo romano. No perdería… Siempre prometía ganar, prometía impresionarme. Danzaría ante un contrincante que pelearía por aguantar el ritmo acelerado de mi... Amado Esposo.
"Amado esposo" Estaba en la cocina, cuando colapsé. Abrí un cajón y tomé el palo de amasar de mármol, con éste golpeé a mi celular. El sudor caí de mi frente, mientras me ensañaba con ver convertido en polvo a mi dispositivo. Al terminar mi macabra obra, la angustia y la ira no se habían retirado… Días sin comer ni dormir, me incitaron a romper en pedazos el departamento que compartí con Sasuke. Tiré los cinco platos, las dos tacitas que hacían juego con una tetera, nuestra tetera inglesa. La compré después de mi criminal rapto en el hospital.
Habiendo acabado con la cocina, seguí por el pequeño pasillo. Arranqué los retratos y los aventé en todas las direcciones, nada me detendría hasta llegar a nuestro cuarto. Con una lámpara quebré la tv, luego barrí la colección de libros que atesoraba en un viejo stand. Tomé uno por uno los libros y rompí las hojas… Hasta que uno pudo frenar mi locura.
¿Cómo ha llegado aquí? Temblando deslicé mis manos por la curtida cubierta de "El Principito". Caí de rodillas entre las destrozadas hojas amarillas, solté la obra y al hacerlo de ella sobresalió una hoja doblada. Lo agarré más para tener otra cosa por destrozar, por ser incapaz de destruir el libro que nos unía.
Aullé, mi corazón no paraba de sangrar. Me puse de pie, desenfocado extendí el papel hallado y lo partí en varios trozos. Intenté caminar, pero los libros se cobraron venganza. Caí sobre ellos, maldije y juré que los calcinaría… Me encorvé para levantarme y entonces vi mi más cruel obra. Lamenté horriblemente haberlo hecho, en mi locura he despedazado una hoja de Sasuke. Porque eso era lo que rompí, la hoja que había triturado contenía la caligrafía perfecta de Sasuke. Repasé dolorosamente un trocito del herido papel: "No odio a mi enfermedad. Mi enfermedad, me dio…" La culpa recayó sobre mí, y ya estaba gateando entre los libros para encontrar las piezas que le darían sentido a esa terrible oración.
Junté todos los trozos y los deposité suavemente en la cama, corrí para buscar una cinta adhesiva… en el basural que armé, sería como buscar una aguja en un pajar. Desesperado por mi infructuosa búsqueda, corrí a la casa de mi vecina y le pagué por la cinta que me prestó ante el desconcierto de ella.
La bronca se había desvanecido, la desolación que le sigue a cualquier siniestro natural, se adueñó de la habitación. Se había hecho de noche, mientras intentaba enmendar a la hoja que antes traté vilmente.
Una vez que terminé el armado, me senté entre el revoltijo de cubiertas y hojas, apoyándome sobre el lado derecho de la cama. Resultó que el papel, estaba en aquel libro por una razón. Sasuke escribió una carta para mí.
A mi amado hermano mayor:
He dejado esta carta, en el único libro que sé jamás regalarías ni romperías. Perdóname, es una costumbre que no se me borra. Te hice sentir mal, y pensaste que no iba a dejarte ningún último mensaje. Lo que quiero confesarte… solo lo puedo decir en privado… Yo…
Estoy temblando, quiero adueñarme de las palabras elegantes, para obsequiártelas. Quiero dedicarte un libro con las oraciones, empapadas de poesía. No he sido bendecido, como las personas de nombre difíciles, la anormalidad para conectar las palabras y formar un soneto no fue incrustado en mi ADN. ¿Cómo persuadiré a las decorosas palabras para enfilarse y trasmitir un póstumo mensaje? No te rías, si te parece tonto mi estilo.
Regala otro suspiro de tu paciencia, la inspiración no nacerá… Pero la naturalidad me ayudará. Ya tengo la forma, trataré de seguirla.
¿Sabes por qué no me gustan las rosas? El Principito de Antoine de Saint-Exupéry tenía una rosa… vanidosa y desalmada, que lo hacía sufrir… y eso me pareció siniestro. Hay oscuridad en una historia simple… que dicen fue diseñada para un público infantil. Yo odio las rosas, porque vi en la rosa una representante de la tiranía. El principito fue domesticado por la rosa que lo asfixiaba con sus desorbitantes planteos, papá me advirtió que la dependencia genera inhabilidad. ¿Qué poder soberano tiene un Príncipe subyugado por otro ser?
Pero, reconozco, tuve curiosidad cuando a mi profesora de lengua le obsequiaron rosas por San Valentín, ella sonrió feliz. Mi aversión a las espinosas flores, permanecía… Fue el gesto romántico, el que secretamente me llevó a prestar atención a las novelas. La emoción descrita en prosa, tentaba a querer sentir lo que sintió Julieta al conocer a Romeo, lo que significó Faustine para el prófugo y tantas otras historias. Mi experimento fue lamentable. Me autoengañé diciéndome que estuve enamorado, cuando ni siquiera sentí la necesidad de pelear por "ese amor". No todo sucede como lo planeas, ¿cierto? Que quisiera sentirme como todos, que no engañara a otros… Que cometiera el penoso acto de victimizarme por el abandono de alguien que solo fue mi profesor. Afligido, olvidé mi intento por sentir el tiránico cariño, mi odio por las rosas remació. Pero, sin darme cuenta, me fui enamorando… de alguien… que era un misterio. Un profundo misterio que ponía de revés mi mundo, uno que casi me hace perder un partido… y por quien me suspendieron en tenis.
Una persona que con un escudo me brindó una protección más fuerte que la materna. Una sobreprotección, es mucho más de lo que pude imaginar que iba recibir. Fui incapaz de verlo a través de mis ojos… Era un Amor sincero que me protegía desde las sombras.
¿Debía ser así nuestra historia?
Tú…
Tú…
Solo tú.
Me salvaste, Itachi Uchiha. Me salvaste de vivir una vida que no era mi vida… Me salvaste de lo único que jamás podré enfrentar, a mí mismo. Con cada pequeño acto, hiciste que valiera la pena, cada pequeño segundo.
Yo… Sé que será difícil… y doloroso levantarte de la cama. Los días correrán… después de mí. Lo siento aquí, en mi corazón.
Yo… no te veré, sigo teniendo miedo… Pero, no a morir. Se supone que todo termina, cuando deje de sentir. El terror me invade… Yo… tengo miedo a estar sin ti. A perderme en los muros de la oscuridad que por innumerables años me apresaron y no verte nunca más.
Temo a la ausencia de Itachi Uchiha, temo a pasar una eternidad sin encontrar a la persona que siento he estado esperando.
Y aquí voy de nuevo, cometiendo los errores que indiqué no comerte, digo cosas que te entristecerán. No debiste haberme hecho jurar que no te escondería nada. Así te hubiera mentido… No sirve, sé que te habrías dado cuenta. Con una mentira solo me engañaría a mí, no quiero hacerlo. No quiero armarme de verdades que sabemos no son reales.
Prometí ser sincero, abandonando a la falsedad. El antiguo Sasuke Uchiha, el Holograma abanderado del colegio y que astutamente se ganó la estima de papá, ha desaparecido. Por eso digo cosas, que lamento confesarlas, sé que debería desear que seas feliz... Y lo siento, me has hecho tan Humano, Mi corazón no es tan fuerte, no lo es desde que tú me diste las fuerzas. No lo seré jamás… Desde que me reencontré con este sentimiento, dormido por varios años y que ha vivido conmigo, antes de que toda esta tragedia inicie.
Me hizo llorar, me tiró varias veces contra la pared y me quitó al tenis… En un principio, tuve miedo a todo lo que "Ella" sería capaz de hacerme. Y te sorprenderá, porque he dejado de temerle.
No odio a mi enfermedad. Mi enfermedad, me dio una oportunidad invaluable y es el haber sufrido noches enteras, angustiado por mi negro destino… Morir, sin haberlo intentado… Sin haber jugado mis días en este mundo. Volando con los ojos cerrados, caí en las tierras por las que vagó el pueblo Dios. Programado para ser el sucesor del linaje Uchiha, había cometido el peor pecado: no fui feliz. Sin embargo, lo paradójico es que el dolor de la soledad fue lo que obligó a mi cuerpo a gritar en el desierto… Que no era cierto que podía manejar cada situación y que no quería prepararme para ser infeliz por el resto de mi vida.
Cuando el pedido de auxilio hacia Kimimaro Kaguya, mi última esperanza de cariño, no era atendida… Bajé definitivamente los brazos, había aceptado completamente que sería infeliz por siempre, puesto que mis cartas que no eran respondidas. Sería devorado por el cáncer, pero intentaría mantenerme de pie para apagarme heroicamente. Afortunadamente, mi vulnerabilidad me dio la posibilidad de intentar ser feliz. "Si te caes, estaré para levantarte"… Nunca olvidaré, lo feliz que me hiciste ese día. Y debes saber, que tuve deseos de suicidarme, pero el escucharte gritar me retuvo y trastabillé por una estúpida visión… Me alegra que hayas podido agarrarme.
Todo lo que te estoy diciendo, lo entenderás mejor cuando leas mi diario. Lo encontrarás bajo el kimono que secretamente me regalaste para el bautismo de Soranosuke (Deidara me lo contó, a su manera). Tienes derecho a conocer mi Corazón y yo te lo abriré completamente solo a ti. No me critiques por no ser Borges, las páginas son memorias y no aspiro a ganar un premio literario por medio de mi manuscrito autobiográfico. Borges no ganó el Novel, así que no espero ganarlo, definitivamente los verdaderos artistas no son galardonados. (¿Te ríes, querido?).
Tú… Serás siempre la única persona que conoció el camino que lleva a mí, porque solo tú pudiste salvarme… del terror de ver que no tenía nada a lo que aferrarme, rompiste mi esquema sobriamente maquinado… y te lo agradezco. Agradezco que digas que no es verdad que soy estoico, porque tiemblo cuando te veo a los ojos… que afirmes que en realidad el único serio eres tú… porque cuando se trataba de ti, la compostura se desgajaba en mí y desfallecía cada vez que me tocabas.
No es verdad que nunca he llorado, te mojé con mis continuos mares… Lo sabemos. No soy perfecto, no soy una máquina capaz de anular los sentires. Yo… no soy un Holograma, soy… tan estúpidamente humano. Me equivoqué todo el tiempo y me he enamorado de la única persona perfecta en esta vida.
Durante años me perdí buscando lo que no existía en mí, yo corrí para capturar la perfección, adelante. Sin embargo, todo lo que buscaba estuvo detrás y en todo momento la tuve frente a mis ojos. La perfección existe, lo comprendí… y reside en la persona que escogemos.
Por eso… Yo…
Yo también… Te Amaré por siempre.
Sasuke Uchiha de Uchiha.
Pronto será 12 del 12 del 12… Eh, los periodistas, asesorados por videntes alabados por su "ciencia", dicen que estamos acercándonos al final de los tiempos. No habrá, según ellos, un 13 del 12 del 12. Circula el mensaje en cadena, en las redes sociales, el boom cibernético de esta era masifica la catastrófica destrucción mundial.
Paganos energúmenos, el destino final de la humanidad, no me interesa, cuando vivo mi propio hermoso trágico final. Me enamoré… Tontamente, cometí el lamentable error de enamorarme de Sasuke. Sobrepase todo por una sonrisa en su adorable rostro, y desafié a la moralidad al casarme (simbólicamente, para quien acepta una unión con sacerdote o autoridad estatal de por medio) con él… Fui insistente, sin tomar el descuento del tiempo que nos acechaba. Quise robarle todas las sonrisas, y no devolvérselas... Quise ser enteramente de él y deseé que Sasuke Uchiha fuera exclusivamente mío.
Me negué a conformarme con una unión y una próspera familia, las bases, según muchos, de la felicidad. Yo… nunca dejé de tener altas expectativas hacia la vida. Me gustaba levantar mi vista. Yo alcé la vista al Cielo, soñando con un sentimiento profundo, que dulcemente me consumía por dentro… Y no renuncié a él, conservé el pecaminoso sentir en mi pecho.
Estaba entrando en el crónico hábito de la melancolía. Abrí el diario de Sasuke, la primera hoja estaba limpia, impregnada de su dulce aroma. La segunda página tenía un párrafo:
"Oyes al doctor decir eso que no imaginabas que diría. Te preguntas qué hiciste mal… Y ahora, estás ahí, sintiendo el agua calar en tu cuerpo… Ése eres tú."
Respiré hondo, estaba a segundos de volver a derrumbarme. Usando mi fuerza de voluntad, tomé la pequeña lapicera de la contratapa. Debajo de su dolor, quise trazar el mío.
"Oyes a tu única excepción decir lo que no imaginabas que diría, quieres creer que se está vengando de ti… Pero no es él, sabes que no es él. Porque la malparida vida te castiga. Sufres… sufres, sus dolores también fueron tuyos y no terminaron, están comenzando… Te siguen atormentando. Y ahora estás aquí, sintiendo que la vida acabó… Aunque sigas respirando"
Al estampar la última oración, traté de continuar. Jadeo, quiere escaparse de mis labios el lamento que me hace humano. Cerré el diario y lentamente caminé por el túnel de glicinas. Quise tanto leer sus pensamientos y miedos que nacieron de su enfermedad, no lo hice. Empañaría el manuscrito, con las primeras gotas de esta lluvia, que amenaza la ciudad desde hace nueve días.
Yo empararía las memorias del Cielo.
¿Lo estás viendo, otouto? Yo… vuelvo a quebrarme, yo vuelvo a llorar y renuevo mis maldiciones al mundo entero. Maldigo las sonrisas de quienes tienen razones para ser felices, condeno el alarde de quienes transitan de la mano, detesto los anuncios de las personas felices y condeno miserablemente las invitaciones a futuras bodas.
¿Habrá sido el corto el tiempo de… mi… de mi…?
Suspiro fuerte…
¿…De nuestra Felicidad?
Que si no fue extenso… que si fue breve… Fui feliz, contigo a mi lado. Es lo único que importa. Ambos sabemos que incluso la felicidad puede ser un mísero segundo y…Tuvimos más que eso. Hemos vivido millones de míseros segundos, que lo valen.
Porque reíste, porque bailaste, porque jugaste, porque cantaste… Porque Brillaste.
Hiciste tácticas imposibles con una raqueta y una pelota. Porque… sin haberte adiestrado, fuiste mejor arquero que Febo, y lo demostraste. Has llegado a atravesar con inclemencia este insociable corazón.
Sin embargo, esta universal codicia humana, me hace decir… que no me conformo con nueve semanas teniéndote en mis brazos… (Porque…Sabes que este corazón estuvo latiendo por más de nueve años por ti, y nueve semanas no son el resarcimiento de ese largo tiempo en que me resigné a contemplar la sutileza en este mundo).
¿Entonces qué? Por nueve segundos junto a ti… Yo cambiaría el resto de mis años. Esa es la verdad. Es mi única verdad. Estoy siendo sincero como jamás nadie lo he sido en la vida. Y tengo un último mensaje para ti, si no te has ido. Si todavía tu alma sigue aquí, conjuro al mismo demonio y vendo mi propia alma, para que te lleve esta confesión desesperada:
Brillaste en cada uno de los nueve sueños, y en todos me cegaste…
Tu resplandor… aclara cada arista oscura de este diminuto universo (mi vida), y tu ausencia seguirá dejando…
La interminable amargura en mí.
Pedalea el tiempo.
La devastación acrecienta, incinera al infame que ha cometido…
El más temible de los Pecados.
Y también… El más dulce Pecado.
Sasuke…
El día de hoy…
Hice una promesa…
Escúchame, otouto.
Nada ni nadie tendrá la fuerza para combatir la oscuridad inmanente de este Reino (mi vida)
Las horas precedentes, perpetua condena serán. Pero…
Yo…
Yo…
Yo…
No voy a renunciar a lo que siento por ti.
Ni en un centenar de vidas, cederé a este sentimiento mío.
Alma pura, me inclino ante la gracia que destila elegancia…
Que me atormenta y me abruma de la insólita belleza,
en días que se estancan en una tarde y en noches que no aclarecen,
Vida mía, mis votos renuevo
En esta nueva era.
Astuta, loca, peligrosa, perversa, romántica, incondicional, posesiva y celosamente,
Seguiré eligiendo… a mi más dulce e inocente pecado,
Escúchame.
Yo… El que se cree indigno de ti, cobardemente te hice esperar…
Eterno Karma arrastré, escondiendo mi afecto hacia ti,
Priorizando tu felicidad…
Vilmente, postergué tu alegría…
Perdón.
Perdóname una vez más.
Perdona los errores que continúan repitiéndose.
Yo renuevo la promesa que jamás romperé.
Yo…
Te amaré por siempre, Sasuke.
FIN
Ante todo quiero hacer un breve listado de las canciones que lograron inspirarme en esta última entrega:
The Climb, Hannah Montana
Estoy Contigo, LOVG.
Stand by me, Ben E. King.
A song of storm and fire, Kajiura Yuki.
Everything I Do It For You, Bryan Adams.
Heaven, Bryan Adams.
Said I Loved You...But I Lied, Michael Bolton.
Now You Know, Hilary Duff.
I am Live, Celine Dion.
All Through The Night, Cyndi Lauper.
Mi pequeño gran valiente, LOVG.
Thank you, Alanis Morissette.
Mención especial a Save You de Simple plan, gracias al cantante por el himno a la impotencia de quienes tiene un ser querido enfermo de cáncer.
Aclaraciones:
Kita Ichiban (capitán/primer singles) y Nishinosora Yoichi (segundo singles): Son alumnos de "Mirai Gakuen", los personajes no son míos, pertenecen a "Inazuma Eleven Go". Decidí incluirlos porque me encantan. Quizá sean personajes recurrentes en mis fanfics.
Brahma: es un dios hindú. Según el hinduismo nosotros somos un sueño de Brahma, quien despierta cada Kalpa (4.320 millones de años).
Maya: Brahma al aburrirse de su soledad, creó a la diosa Maya para jugar con ella. Maya pidió al dios que creara al mundo y luego lo cortó en miles de pedacitos. Estos trozos de Brahma fueron colocados en cada ser humano. Brahma debe recordar quién es, en cada ser humano, a fin de reconstruirse y terminar de una vez con el juego de la diosa.
De acuerdo. Estoy despierto, ¿qué ocurre con el resto de mí?: Esta frase es dicha por Sasuke en la terminal de ómnibus. Como parte de un juego, es lo que dice nuestro Brahma interior, cuando descubrimos nuestra divinidad y reconocemos la ilusión de Maya (recuerda que cada trozo de Brahma, según el hinduismo, vive en cada persona).
Kirin: Es uno de los cuatro seres mágicos sagradas de China (también forma parte de la mitología japonesa). Tiene la cabeza de un dragón, pezuñas de caballo, cuernos y la espalda cubierta de escamas de carpa. Un aura de llamas rodea su cuerpo. Pese a su aspecto, el Kirin es un ser amable que solo se presenta ante las personas de puro corazón. Se dice que su aparición anuncia el nacimiento de líderes grandes y benévolos. En el fanfic un Kirin anuncia el nacimiento de Sasuke.
Reencarnación: Según el budismo la vida es un ciclo, nacimiento crecimiento y muerte. Pero la vida no culmina con la muerte, cuando ésta se produce el alma es separada del cuerpo para renacer, es por ello que un fallecimiento no es un acontecimiento triste para los budistas. Las acciones malas así como las buenas son condicionales para la siguiente vida, que se encuentra sujeta a ley de la causa y efecto (karma). Las buenas acciones darán frutos en nuestra próxima vida, por otro lado las malas restarán prosperidad. Es así como una grave enfermedad (cáncer) puede ser el resultado del daño causado anteriormente (en otra vida).
¿No se esperaban un Diario así de intenso? Desde que decidí incluir a Shion en la historia imaginé un giro de timonel con respecto al género de la historia. El tema de la espiritualidad estuve latente, desde un comienzo con los cuestionamientos de Sasuke. Pero a mitad de la historia, fueron dejados de lado. Porque de nada sirve rever una vida pasada (antepasado), si el mismo Sasuke perdió recuerdos recientes (por el accidente en la infancia). Lo esencial, era que resolviera el capítulo inconcluso con Kimimaro Kaguya y que, por encima de su enfermedad, se diera la oportunidad de ser feliz.
Y Holograma tenía que terminar así… con la frase que nos enamoró a todas, con las bellas palabras de Itachi para despedirse de Sasuke en el manga, y ahora también son de Holograma. Esta historia dentro de una vida (Sasuke) que temerariamente buscaba destruir a una imagen y lo logró. Jugó sin despeinarse. Se despidió de su enamoramiento falso en el cementerio (Kimimaro Kaguya) y eligió al Real (Itachi Uchiha)… Sasuke decidió entregar su corazón, aún por encima del cronómetro que tenía en el pecho.
Anteriormente, anuncié que daría algunas respuestas. Sobre las citas canceladas, Itachi quería recrear una cita de novios con Sasuke. También quería contar a Sasuke sobre la muerte de Kimimaro. En parte por celos, al sentir que competía con un muerto, pero el saber que solo él mantenía con vida a Kimimaro en la mente de Sasuke… Y al tanto de que esto le hacía bien a su amado hermano menor, le hizo esperar.
Sobre los interrogantes planteados: "¿Estás enferma? ¿Un familiar se encuentra convaleciente?" No responderé preguntas de ese calibre. Este fanfic tiene un porcentual de imaginación y… determinada incidencia de realidad, prefiero que se quede en el misterio que tan mía es la frase de Sasuke "… Me salvaste de lo único que jamás podré enfrentar, a mí mismo".
Siento no haberles obsequiado el lemon, pero es que el punto de Holograma, era la vida de Sasuke. Sus virtudes, pero más que nada sus temores… que demostraron más su humanidad. Puedo hacer un oneshot e incluir un vocabulario morboso. Sin embargo, no quise envilecer, desde mi punto de vista, la historia más trágica que podré escribir. Así que, imaginen que Sasuke tuvo su momento mágico con Itachi.
He pensado en hacer una secuela de uno o dos capítulos centrados en Itachi, bajo el título de "Sálvame" (RBD). Debido a mis tiempos, ciertamente no es seguro. Si la inspiración me acompaña por una semana entera, la breve secuela, saldrá en tiempo y forma.
Más allá de la incierta segunda parte, tengo la esperanza de que me acompañen en algún nuevo episodio de la única pareja cutte de Naruto (léase ItaSasu), esperemos que la próxima aventura tenga más risas que Holograma…
Recuerden… Sasuke fue feliz, pudo entregar su corazón a su verdadero amor "¿acaso estos pequeños momentos de felicidad… no son más que la monotonía de casarte con alguien a quien no amas y festejar un aniversario cuando tu corazón no palpita?" Y no tengo miedo de decirlo, mis padres no se amaron, yo lo entendí. Así que sé de lo que hablo. Amo el romanticismo y amo al ItaSasu, el amor sincero es el que DA… y NO PIDE a gritos una devolución del sentir, porque no es un cariño egoísta ni vanidoso… (Igual a todo lo que hizo Itachi en Holograma y en el manga). El amor verdadero VE con el CORAZÓN, y NO con los OJOS. Amo al ItaSasu, por eso, por la impalpable conexión que no requiere de las palabras, y que cuando se materializó en palabras (confesión de Itachi)… Se trasformó en uno de los sentimientos más puros que he apreciado en todo lo ficcional y lo no ficcional.
Por llegar hasta aquí, por estar junto a mí en estos 9 diarios y por regalarme 33 reviews, arigato. ¡Qué poquitos! ¡Promedio de 3, 66 por capítulo! No importa, ésta es mi historia más querida, y me vale que tenga un mísero review, después de todo para reventar el buzón, esta historia debió contener una "pareja canon" (las que, en el fandom de Naruto, detesto supremamente), gomen ne, no soy fana ni de cenicienta ni menos de las novelas mexicanas. Por ello, entiendo el escaso interés en mi historia, no busqué reviews por medio de una historia de nudos simples con una "pareja canon" y villanos definidos. Mi deseo fue trasmitir un sentimiento a través de un fanfic, todo lo que podría ser el estar al límite, sintiendo que nada de lo vivido valió la pena, para finalmente ver lo que siempre se tuvo. Este mensaje quise que le llegara a una persona inolvidable para mí. Lo conseguí… Todo está bien ahora, estoy bien conmigo misma.
Gracias por estar en esta interminable, esquiva y tambaleante travesía. Gracias por apoyarme y esperarme, a los que estuvieron presente en estos nueve diarios, a quienes se fueron antes y a quienes se sumaron hacia el final, incluso si el respaldo fuera anónimo y fantasmagórico, gracias.
ItaSasu es sinónimo de Amor Verdadero
Oyasumi, matta ashita
