Disclaimer: Esta obra no es mía, es de Laura Gallego García, solo la estoy adaptando a los personajes de Naruto, que tampoco me pertenecen, sino a Masashi Kishimoto, sino el final de Naruto habría sido muy diferente. Espero que les guste y dejen sus reviews. Las personalidades se adaptan más a RTN.


Interludio

Hubo gritos en la estación, carreras, histerismo... El tren frenó bruscamente y, a través de la ventanilla, Sasuke vio la cara desencajada del conductor, que momentos después se precipitaba fuera del vagón.

Pero era demasiado tarde: la muchacha había saltado a las vías del metro y el convoy la había arrollado. Su cuerpo, ensangrentado y roto, yacía sin vida sobre la vía.

Sasuke se abrió paso entre la gente que, consternada, había formado corro en el andén lanzando gritos de horror, y, antes de que nadie pudiese detenerlo, saltó junto al cadáver de Hina. Comprobó que estaba muerta, aunque eso ya lo sabía. Despacio, desabrochó la correa de la vaina y separó la espada de su cuerpo destrozado. Le cerró los ojos.

—Mira que te avisé —le dijo, aunque sabía que ella no podía escucharle.

Desde el andén le gritaban que se apartase de ella. La policía acababa de llegar. Sasuke se puso en pie y saltó al andén con un airoso movimiento.

—Eh, muchacho —lo llamó un policía, mientras tres personas del equipo de emergencias bajaban a la vía y corrían junto al cuerpo sin vida de Hina—. ¿Era amiga tuya?

—La conocía, sí —respondió el joven con sereno aplomo; sabía que ninguna de las personas que había a su alrededor había reparado en la espada de Hina, que ahora llevaba él colgada del hombro.

—¿Has visto lo que ha pasado?

—Estaba aquí con otro chico y él la ha empujado.

—Aja. —De pronto, el agente parecía nervioso; no era lo mismo investigar un suicidio que un asesinato—. ¿Y podrías describir al culpable?

Sasuke lo hizo, pese a que tenía la certeza de que, por mucho empeño que pusiesen, jamás lograrían atrapar al asesino de Hina.

—Muchas gracias; por favor, no te vayas muy lejos. Necesitaremos tomarte los datos y que prestes declaración.

Otras personas habían identificado ya al agresor, y la policía lo estaba buscando por la estación de metro. Sasuke sabía que era inútil. Por eso, en cuanto el agente le dio la espalda un momento, se deslizó hacia un rincón en sombras, ligero y silencioso como la niebla... y desapareció.

Se movió a la velocidad del relámpago, como hacen los demonios, siguiendo el rastro de Haku. Lo alcanzó en un callejón, caminando tranquilo, con las manos en los bolsillos. En apenas unos segundos, lo había acorralado entre el muro y el filo de su espada.

—Explícate —le ordenó en la lengua de los demonios.

El otro soltó una risa despectiva.

—¿Ahora haces de caballero andante de una humana, Sasuke?

—Obedezco órdenes directas de un gran señor demoníaco —replicó el, con una nota de amenaza vibrando en su voz; esperaba que Haku temblara de terror ante aquella información, pero el joven demonio solo volvió a dejar escapar una carcajada desdeñosa—. Cuando se entere de que has matado a su protegida, te hará sufrir tanto que desearás que exista el infierno para terminar de pudrirte en él.

—Tal vez te castigue a ti por no haber cuidado bien a la chica, ¿eh?

—No, si le entrego a su asesino.

Haku se rió de nuevo.

—No me asusta tu jefe, patética imitación de diablillo —respondió con desprecio—. Pronto se alzará un nuevo rey de los demonios, alguien lo bastante poderoso como para desafiar no solo a todos los demás señores del infierno, sino también al mismísimo Indra. Se avecinan tiempos mejores para nosotros... y tú no estás en el bando correcto.

Sasuke bajó su espada disgustado. Otro sectario. Últimamente había muchos entre los demonios. Parecía que pasar tanto tiempo entre los humanos les contagiaba sus absurdas ideas.

Haku se irguió y le dirigió una fría mirada de cólera. Sasuke dudó un momento acerca de si matarlo o no; finalmente, decidió que era mejor no tentar a la suerte. Si era cierto que aquel diablillo servía a alguien mucho más poderoso, o si Indra llegaba a enterarse de que había matado a un demonio solo para vengar la muerte de una humana, podría tener problemas. De modo que guardó la espada.

—Ándate con ojo —le advirtió antes de dejarlo marchar—, porque no me cabe duda de que serás castigado por tu osadía. Y dudo mucho de que tu amo, sea quien sea, pueda protegerte.

Los dos demonios se separaron con gesto avinagrado.

Pensativo, Sasuke dejó atrás el callejón y la estación de metro, donde, en aquellos momentos, el cuerpo de Hina estaba siendo levantado para su traslado al depósito de cadáveres, y se dirigió con paso tranquilo hacia su casa.

Por el camino se detuvo en un bar, pidió una copa y aguardó.

No tuvo que hacerlo mucho tiempo. Pronto, un hombre alto y elegante, de cabello gris y ojos negros, se sentó a su lado y llamó la atención del camarero.

—Kakashi —saludó Sasuke tranquilamente—. Te esperaba.

El demonio no respondió hasta que tuvo ante sí la copa que había pedido. Entonces dio un sorbo, largo y lento, y dijo:

—Yo, en cambio, esperaba no tener que volver a verte tan pronto.

—Así son las cosas.

Kakashi había sido en tiempos pasados un aterrador demonio de las tormentas que se divertía enviando huracanes y tornados a todos los rincones del mundo. Ahora, ya solo lo hacía de vez en cuando; la naturaleza movía los vientos por él. En la actualidad servía, en calidad de mensajero, al misterioso señor demoníaco que había encargado a Sasuke que protegiera a Hina.

—Te dije ayer mismo que la chica debía vivir. No has sido muy eficiente.

—No —reconoció Sasuke—. Pero fue culpa suya, por salir del hotel. Y del demonio que la empujó a las vías —hizo una pausa y añadió—: Lo conozco: se hace llamar Haku y sirve a alguien que tiene muchos delirios de grandeza.

—Lo pagará —aseguró Kakashi con calma, y Sasuke tuvo la certeza de que Haku no vería un nuevo amanecer.

—Pero la chica está muerta —hizo notar el joven demonio, yendo directo al grano.

—Mi señor te transmite sus condolencias —replicó Kakashi con un acento burlón en su voz.

—Era él quien estaba interesado en ella, ¿no?

—Solo hasta cierto punto. La chica era importante, pero no irreemplazable. Y él lamenta su pérdida, pero me ha encargado que te diga que no serás castigado por ello. Has localizado al culpable y él puede ser una fuente de información. No obstante... —calló un momento, y Sasuke aguardó, en tensión.

—¿Sí? —se atrevió a preguntar.

—No obstante, mi señor está muy decepcionado contigo. Disponías de medios sobrados para cumplir lo que se te ordenó y, pese a ello, la chica está muerta.

—Comprendo —dijo Sasuke.

Había contraído una deuda con un gran señor demoníaco, y ahora tendría que pagarla. Con todo, podría haber sido peor. Era mucho mejor tener que hacer otro trabajo para él, lo cual suponía una oportunidad para redimirse a sus ojos, que directamente ser castigado por haberle fallado.

—Interrogaremos a ese tal Haku —prosiguió Kakashi—. Pero no iremos más allá. Tendrás que ser tú quien se encargue de llegar hasta el que le ha enviado, sea quien sea. ¿Me he explicado bien?

—Tu señor no quiere comprometerse —asintió Sasuke.

—Exacto. Tú trabajarás para él, pero si alguien te pregunta... nosotros no sabemos nada. Irás por libre.

Sasuke sopesó sus opciones. Era obvio que allí se estaba fraguando algo que, por el momento, era un proyecto secreto. Pero alguien estaba enterado, al menos en parte, y quería pararles los pies, y ese alguien era lo bastante poderoso... o lo bastante loco... como para desafiar a un gran señor del infierno. Sasuke sabía que estaría metiéndose en la boca del lobo si osaba hacer demasiadas preguntas. Además, en el caso de que tuviera problemas, ni Kakashi ni su señor darían la cara por él. Estaría completamente solo.

—¿Qué estáis tramando exactamente? ¿Otra conspiración para asaltar el trono del infierno?

—Si así fuera, no te lo diría —rió Kakashi—. No quieras saber demasiado, Sasuke; no te conviene. Lo único que necesitamos saber es quién ordenó la muerte de la muchacha...

—... y por qué —aventuró Sasuke.

Kakashi sonrió, por debajo de su máscara.

—Ya sabemos por qué. Lo que queremos saber es quién es esa otra persona que lo sabe también.

No dio más explicaciones, por lo que el joven demonio dedujo que no era buena idea seguir preguntando.

—Y me estás encargando esto a mí porque...

—... porque has pasado mucho tiempo con esa chica. Puedes investigar su muerte sin que te relacionen con nosotros. Ya sabes: cuestiones de propiedad y todo eso.

Sasuke comprendió lo que quería decir. Era cierto, había demonios que se encaprichaban con determinados humanos, y veían con muy malos ojos que otros demonios los dañaran. Constantemente había disputas entre unos y otros por cuestiones parecidas. No se trataba de que nadie lamentara la muerte de un humano, en realidad; pero había quien consideraba que el hecho de que otro demonio asesinara a un hombre o mujer «de su propiedad» suponía un desafío a su poder y autoridad.

—La chica estaba contigo —concluyó Kakashi.

Y eso implicaba, evidentemente, que cualquier otro demonio entendería que Hina era «propiedad» de Sasuke. Las costumbres demoníacas señalaban que él podía sentirse insultado y tomar represalias contra los asesinos de la muchacha.

—No era nada mío —murmuró jugueteando con su copa—. Me da igual que esté muerta.

—Ya lo sé. Pero si te preguntan por qué estás husmeando en los asuntos de sus asesinos, no mencionarás que cumples órdenes de nadie, ni tampoco saldrá mi nombre a relucir. Será por una cuestión de propiedad, y punto.

Sasuke lo había captado a la primera; sin embargo, siguió haciendo preguntas para ganar más tiempo.

—¿Y qué pasa con Haku? Le dije que...

—Ya supongo lo que le dijiste —gruñó Kakashi, repentinamente molesto—. Era de esperar: el pequeño demonio recibe un encargo de un gran señor del infierno y no puede evitar contárselo a todo el mundo.

Sasuke calló, humillado. El demonio de las tormentas continuó:

—Haku estará muerto antes de que pueda decir nada a nadie. Y nos aseguraremos de que relacionen su muerte contigo —hizo una pausa y lo miró fijamente—. ¿Queda claro?

Sasuke reprimió una maldición y, de mala gana, le entregó su propia espada al demonio. Fue entonces cuando él reparó en la segunda espada que colgaba del hombro del joven.

—¿Una espada angélica?

—Era de Hina —murmuró Sasuke—. De su padre, el ángel.

Kakashi asintió.

—¿Ya has pensado a quién vas a ofrecérsela? Conozco a un par de demonios que podrían estar interesados.

—No lo he decidido todavía —respondió Sasuke con cierta cautela.

Pero Kakashi sonrió ampliamente y dijo:

—Bien; si cambias de idea, házmelo saber, ¿de acuerdo?

Sasuke se encogió de hombros.

—Por lo que tengo entendido, no era un ángel demasiado importante. A propósito, ¿qué sabes de su muerte?

Kakashi hizo una mueca.

—Nosotros no tuvimos nada que ver con eso, y dudo mucho que nuestros enemigos se molestaran en buscar y eliminar a un ángel menor.

Sasuke estuvo a punto de comentar que un ángel, aunque fuera un ángel menor, siempre era mejor presa que una humana y, después de todo, sí se habían molestado en buscar y eliminar a Hina. Pero contuvo la lengua; sabía que las preguntas acerca de los motivos del asesinato de la joven no serían bien recibidas. Kakashi había dejado claro que lo único que debía preocuparse de averiguar era quién, y no por qué.

—Me temo que fue un asunto personal —prosiguió el demonio—: un ajuste de cuentas, una venganza o algo parecido. De todos modos, ahora ya no importa.

—Eso es verdad —convino Sasuke—. Ahora ya no importa.

Kakashi sonrió. Apuró el contenido de su copa y se levantó para marcharse.

—Estaremos en contacto —le aseguró.

Sasuke no respondió. Kakashi no le había preguntado si aceptaba el encargo o no, y él no esperaba que lo hiciera: ambos sabían que no tenía opción.

El demonio de las tormentas dejó unas monedas sobre la barra y salió del bar en silencio, llevándose la espada de Sasuke.

El joven aún se quedó allí un rato más, pensando, preguntándose cómo iba a arreglárselas para salir de aquel lío. Estaba claro que ofrecerse a ayudar a Hina había sido una mala idea desde el principio. Pero ¿quién habría pensado que los grandes señores demoníacos estarían involucrados en aquel asunto? Si no quería ganarse las iras de uno de ellos, no le quedaba más remedio que cumplir con su encargo. Aunque, con un poco de suerte, Haku les diría lo que querían saber cuando lo interrogasen... si es que sabía algo, claro. Conociendo la forma de actuar de los demonios, y especialmente de los demonios que conspiraban contra otros demonios, era muy probable que aquel «gran señor» que había enviado a Haku ni siquiera le hubiera revelado su nombre.

Aún pensativo, Sasuke salió a la calle y se encaminó, sin prisa, hacia Uhlandstrasse. Allí estaba situada una de las muchas casas que, como todos los demonios, tenía repartidas por medio mundo; un amplio apartamento de lujo con muebles de diseño y altos ventanales que se abrían sobre Berlín oeste.

Abrió la puerta tranquilamente y dejó las llaves sobre la cómoda.

Enseguida percibió que había alguien más en la casa. Detectó su presencia como quien nota que se ha levantado una leve brisa. Echó una breve ojeada en derredor y la descubrió allí, flotando junto a la ventana, desconcertada y, sobre todo, terriblemente enfadada. Sasuke dejó escapar un suspiro de resignación.

—¿Otra vez tú? ¿Qué se supone que estás haciendo aquí?