Bueno, esta es una historia que se me ocurrió cuando escuchaba mis canciones antiguas que tanto me gustan. Este fic contará con tres capítulos, cada uno llevará por título el nombre de una canción y esta a su vez englobará la idea del mismo: Digamos, cada capítulo narrará algo y esto estará basado en la letra de la canción. No incluiré la letra como suelo hacer, no lo veo necesario. Si alguien desea escuchar la canción antes de iniciar la lectura estaría encantada, pero si no lo desean espero que la narración baste para comprender todo xD.
Me ha servido de inspiración conocer la infancia de Levi.
Es una especie de "homenaje" (no quiero ser pretenciosa) a la cantante en cuestión, estará presentándose en mi país el 20 de junio. Yo no podré ir a su concierto ;-;
Este fic está dedicado a Ranmaru Eli (gracias infinitamente por tus alentadores reviews y apoyo constante a mi fic), a Iante (linda, ojalá tuvieras cuenta en Fanfiction para poder mandarte PMs uwu, mil gracias también por tus críticas) y a todas aquellas lindas personas que me apoyaron con mi primera historia ¡no saben lo feliz que me hicieron!
Bueno, sin darle más largas, aquí el primer capítulo.
Disclaimer: Shingeki no Kyojin no me pertenece, el autor es Hajime Isayama.
Advertencia: Este fic hace alusión a canciones de Tormenta, cantante argentina que me encanta. Yaoi: chicoxchico; si no te gusta, no lo leas.
La educación aquí será como en mi país: desde los seis años se inicia la educación primaria y dura hasta los once; la educación secundaria es desde los doce y dura hasta los dieciséis. Posterior a esto, se puede postular a la universidad.
Pareja: LevixEren/ErenxLevi (sí, aquí la cosa es el amor y ya, no hay posiciones)
CAPÍTULO PRIMERO
ADIÓS CHICO DE MI BARRIO.
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Mikasa y Armin no entienden nada.
Aquí, sentado sobre mi silla y releyendo mis libros de matemáticas de primer año por el examen que se avecina, no puedo evitar pensar en lo equivocados que están mis amigos. La brisa de la tarde es maravillosa y va colándose por la ventana abierta de mi recámara, al menos me permite olvidarme por un momento de lo estresante que es la vida de un estudiante de secundaria. El verano es precioso en verdad, espero poder visitar el mar dentro de poco, será genial hacerlo con mis amigos... A no ser que vuelvan a mandarse discursos sobre cómo debo comportarme. Es decir, los adoro, son casi parte de mi familia, pero no me agrada su forma de aconsejarme.
Mikasa es mi hermana adoptiva, sus padres fallecieron no sé en qué circunstancias, mis padres no quieren contarme, pero el caso es que llegó aquí, a mi casa, y la vi tan desamparada que de inmediato decidí hacerla mi amiga. Es muy linda, tiene el cabello muy negro y liso, impecable, además de unos ojos oscuros muy profundos. Y vaya que sé que son profundos, si estos casi todo el tiempo están enfocados en mí. Siempre quiere protegerme y puedo comprenderlo, me ha tomado mucho cariño, pero no me agrada que a veces quiere convertirse en una especia de Mamá 2.0. Digo, sé que aún soy un niño –jamás lo admitiré frente a ella–, pero sé cuidarme solo.
Armin es mi mejor amigo, junto a Mikasa vamos en el mismo año y a la misma aula. De verdad estoy agradecido de que así sea, mi amigo es tan brillante que mis dedos no alcanzan para contar las veces que me ha ayudado con sus apuntes. Es un niño rubio de enormes ojos azules, tan claros como el cielo. Me atrevería a decir que son como el cielo de verano, pero como aquí ya está cayendo la noche este se ha tornado púrpura y ha creado una combinación bellísima en el horizonte... Vive a un par de calles de aquí, con su abuelo. Es huérfano como Mikasa, y tampoco sé qué fue de sus padres. Aquí los adultos nos ocultan muchas cosas.
Vivimos junto a mis padres, Grisha y Carla, un doctor y un ama de casa respectivamente. La vida es bastante apacible, me siento bien en mi hogar. Este tiene dos pisos, en el primero está la sala y la cocina, además de una pequeña biblioteca de mi padre; en el segundo, está mi habitación, la de Mikasa, la de mis padres y un cuarto de juegos que disfruto muy de vez en cuando. Sobre todo desde que tengo otra afición...
Mi mamá es muy sobreprotectora, me cuida a todas horas y, como ya dije, si no es ella es Mikasa quien está pendiente de lo que hago. Mi padre llega tarde, cuando cae la noche, así que no estamos muy en contacto.
—¡Eren! —la voz de mi mamá que me llamó desde el primer piso, al parecer tenía algo importante que decirme.
—¿Qué sucede? —grité desde mi habitación. La verdad no quería moverme de mi silla porque... Tengo algo que confesar... ¡De solo pensarlo me sonrojo!
—¡Armin ha llegado, dice que le pediste ayuda con una materia!
¡Casi lo olvido! Estuve repasando mis apuntes y mi libro, pero sé que con eso no bastará. Afortunadamente tuve la precaución de pedirle ayuda desde el día anterior para que se dé una pasada por mi casa. Además, tengo otra cosa rondando mi cabeza...
—¡Dile que suba!
Mi madre ya no contestó, supongo que entendió el mensaje.
Bueno, esperaré a que suba, no pienso moverme ni un milímetro de aquí, porque estando sentado como estoy, tengo a mi alcance la ventana y puedo divisar...
—¡Eren! —Armin entra gritando y casi me da un susto de muerte, incluso he pegado un brinquito. Él se ríe, sabe que me ha asustado y, por cómo me mira, está sospechando algo.— ¿Por qué te asustas? ¿Tan concentrado estás?
—Estaba concentrado en mi libro... —respondo, es mi modo de defenderme.
Armin estuvo a punto de replicar sin borrar su sonrisa, pero mi hermanita apareció y no sé si tomarla como mi salvadora o verdugo. Sucede que esos dos tienen la misma opinión sobre un asunto.
Ambos se saludan cordialmente, somos muy unidos y nos tomamos como hermanos, además de compañeros de aventuras. Es normal cometer alguna que otra diablura a nuestros tiernos doce años, no hacemos daño a nadie y simplemente lo hacemos para darle algo de emoción a nuestras vidas.
—¿Tienes un pómulo morado, Eren? —pregunta Armin, luego de reparar con más atención en mi rostro.
—No es nada... —la verdad aún me duele, pero no es algo de lo que quiera hablar.
—Seguramente se metió en otro lío —Mikasa responde por mí. Como siempre. La quiero mucho, pero a veces me desespera.
—¿Qué ocurrió? — dice Armin.
—Deberías suponerlo: defendió a otro chico de los bravucones del colegio.
—¿Y no lo ayudaste?
—¡No necesito que mi hermana me ayude, Armin!
—Tu pómulo opina lo contrario.
Debo darle la razón. Soy fácil de provocar y de inmediato me lanzo a enfrentar a quien se haya atrevido a ofenderme. Claro, esto no se limita a mí; si veo que algún abusivo está atacando a un indefenso mi cuerpo actúa y ya estoy encima del malhechor buscando justicia. No me importa si me ganan en tamaño o fuerza, el punto es intentar defenderse para que no crean que soy fácil de someter o pueden hacer lo que se les dé la gana con los demás. Y, como dice Armin, Mikasa, muy a pesar mío, me ha "salvado". O eso cree ella, porque lo único que obtengo es humillación: la escuela cree que vivo debajo de la falda de mi hermana y ella siempre me defenderá.
—A veces creo que lo hace para imitarlo, Armin.
—¿Imitar? Mikasa, ¿te refieres a...?
Oh, no. Aquí vamos de nuevo.
—Sí, Eren se cree igual de fuerte que ese enano callejero.
—¡No lo llames así, Mikasa! —de un solo movimiento me puse de pie para encararla. No permito que hablen así de él, no en mi presencia y no cuando ni siquiera lo conocen.
—Eren —Armin me toma un hombro para calmarme, debo tener el ceño muy fruncido porque hasta parece asustado—, cálmate... Solo fue un comentario...
No pudo decir nada más, el bullicio de la calle captó nuestra atención.
¡Debe ser él!
Los tres nos asomamos a la ventana haciendo a un lado la silla que nos estorbaba. Por fin puedo ver lo que estuve esperando toda la tarde y disimulé leyendo mi libro: el chico más misterioso que he visto en mi vida.
—¡Vuelve aquí! —grita un hombre que va corriendo. Es el viejo Hannes, el dueño de la panadería de la esquina. Pobre, es la principal víctima de los ataques de Levi.
Sí, así se llama: Levi. ¿A que es un nombre hermoso? Tiene presencia: es corto, pero poderoso.
Es un chico dos años mayor que yo, tiene el cabello algo largo, por lo menos más que el mío, aunque tiene aproximadamente la longitud del de Armin. Es tan oscuro como el de Mikasa, solo que sus mechones caen mucho más desordenadamente sobre su frente y nuca porque, según supongo, nunca se peina. No se sabe nada de su familia, en las actividades de padres nunca aparece ningún familiar suyo y a veces ni él mismo se presenta. Sí, estudia en mi escuela, aunque nadie sabe tampoco cómo paga la mensualidad si su facha da a pensar que es extremadamente pobre. Porque por eso está corriendo calle abajo con una botella de yogurt y cuatro panes que robó a Hannes, no tiene dinero y su ropa lo demuestra: un camisón blanco remendado y un pantalón que apenas le llega a los tobillos.
Es un chico problema para muchos. Para mí es un héroe. Vive en completa libertad, y no es que crea que robar está bien, ¡pero es tan genial! Muchas veces han querido meterse con él por su condición humilde, ¡pero les ha demostrado que no pueden con él! Y es verdad, nadie puede: cualquiera sabe que si te atreves a ponerle un dedo encima tu vida corre peligro. Es increíblemente ágil y sus reflejos son sorprendentes, en un pestañear ya tiene dominado y en el suelo a cualquier agresor. Por eso Mikasa cree que quiero imitarlo, cuando en realidad lo único que hago es seguir mis convicciones... No sé por qué él defiende ocasionalmente a algún desvalido, pero la verdad me gustaría acercarme a él y preguntárselo.
Quien lo ve corriendo a toda prisa por las calles no puede evitar quedarse mirándolo. Se ve increíble, su cabello se agita con violencia y golpea su rostro, pero ni por eso se detiene. Es la viva imagen de la libertad y justicia. Es casi como si volara, vestido de blanco, ligero y con mucha elegancia.
—Es un delincuente —afirma mi hermana.
—Bueno, quizá lo hace porque tiene necesidad... —Eso, Armin, apóyame por una vez.
—Eso no quita que está robando. Eren, ni se te ocurra acercártele, será una mala influencia.
Ahí está. Mis personas queridas, mis mejores amigos y confidentes aseguran que si me aproximo a Levi saldré lastimado. Lo consideran un vándalo y creen que cualquier proximidad con él me hará daño.
Me sorprende su facilidad para emitir juicios.
La primera vez que lo vi fue a mis ocho años. Iba precisamente una mañana a comprar el pan por orden de mi mamá. Estaba de muy mal humor, iba refunfuñando por la calle porque no me hacía la más mínima gracia ir tan temprano a que me dé el frío del amanecer luego de abandonar la comodidad de mi cama. Cuando estaba recibiendo el cambio luego de mi compra, me pareció ver una sombra escabulléndose entre la tienda. Todo ocurrió en un instante: Hannes abandonó la caja y me dejó en la tienda mientras se echaba a correr detrás de la pequeña sombra. Curioso como soy, no quedé tranquilo y me aproximé a la salida para ver qué había ocurrido.
Y entonces lo vi.
Con su típico camisón, el cabello desordenado, los pies descalzos por los que seguramente iba subiendo el frío terrible de la acera y el rostro sucio, con una capa de polvo que por partes se tornaba más oscura, más exactamente alrededor de sus labios.
En ese momento supe que ese chico realmente necesitaba lo que estaba tomando de la tienda.
No soy nadie para juzgarlo, y quizá por querer indagar sobre sus motivos y la situación en que vive me dediqué a contemplarlo cada tarde, cuando también se suscitaban sus ataques. La verdad Hannes ya está habituado, al principio quiso frenarlo poniéndole trampas, pero Levi es más escurridizo que un conejo y al hombre ya no le quedó más que la resignación. Rayos, cómo me gustaría ser tan ágil como él... A veces creo que Hannes ha terminado por comprenderlo, porque veo en sus ojos, mientras corre tras él, ya no con el ímpetu de hace cuatro años, una sombra de tristeza. Estoy convencido de que los adultos sí están enterados de todo sobre Levi. Me gustaría que me cuenten.
Está de más decir que todos los días fui, sin falta, a comprar el pan.
—Dejen el tema, nunca estaremos de acuerdo... Además, Armin vino a enseñarme.
Los dos asienten y nos sentamos sobre la suave alfombra que cubre el suelo de mi habitación. No tengo intención de discutir con ellos, ya me han dejado muy claro qué opinión tienen y es algo que, pese a los años, no he podido remediar.
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Puedo ser muy valiente para encarar a bravucones, pero con Levi me siento un cobarde.
Digo, si fuera realmente valiente tendría el coraje de acercarme a él, sin importar que esté en un aula de chicos más grandes que yo. Debería acercarme a él y hacerme su amigo, porque en realidad en el colegio no tiene ninguno. Me pregunto si se siente solo...
Han sido muchos los días que me dije a mí mismo que ese sería el día, que definitivamente le hablaría, pero a la hora de la hora... ¡Me quedo en blanco!
¡Eso no es lo peor! Hoy fue especialmente vergonzoso: Anticipé la hora de salida de modo que dejaba atrás a Mikasa y Armin para que no me vean subir las escaleras hasta alcanzar el piso que corresponde a los chicos de años mayores; salí de mi aula a toda carrera y cuando estuve frente a la puerta de su clase (bueno, estuve averiguando sobre él... Datos básicos: a qué hora sale, qué profesor le enseña, qué momentos tiene libre... No, no soy un acosador), y cuando se abrió la puerta ¡me di de cara con él!
Puedo jurar que nunca en mi vida había visto unos ojos tan extraños. Eran de un color particular, entre azul y gris... ¿Azul cobalto quizá? Y su mirada... A cualquiera le pondría la piel de gallina, y se veía más siniestro por el cabello que le cubría la frente.
A mí me fascinó. Despertó aún más mi deseo de conocerlo.
Sin embargo, los nervios me vencieron y los demás alumnos salieron a tropel, empujándome a su paso. Levi se quedó estático mirándome, como si esperara que le diga algo con una expresión de aburrimiento increíble. Bueno, eso fue lo que quise pensar, porque, a decir verdad, lo único que le provocaba en ese momento era fastidio al estar interponiéndome entre él y la salida.
Quise decir algo, pero mi boca simplemente se quedó abierta y debo haber tenido en el rostro una expresión muy estúpida, porque Levi chasqueó la lengua y me apartó de un manotazo. Sus compañeros se echaron a reír al verme tan ajeno a ese lugar. Los chicos de años mayores son realmente intimidantes, sobre todo para los que apenas hemos llegado a secundaria.
Me muero por hablarle, quiero conocerlo y evitar que siga solo, pero las palabras no me salen... Odio no poder actuar, nunca me había pasado. Pero algún día será mi amigo, estoy seguro de eso.
Ahora Armin y Mikasa llegarán a mi habitación, seguramente ya se enteraron del ridículo que hice y, si no se burlan, volverán con la cantaleta de que no debo acercarme a él y cosas por el estilo. Mejor avanzo con mi tarea, charlar con ellos y defender a Levi tomará mucho tiempo.
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Soy un maldito cobarde. Sí, lo soy.
Si ya llevaba cuatro años observando a Levi desde aquel día en la panadería, esto se ha agravado: He cumplido catorce años y no me he aproximado más de dos pasos a él.
Es una emergencia. Necesito ayuda. Ahora.
Desde aquel día, hace ya tanto tiempo, que me quedé mudo cuando lo tuve al frente, no he tenido el valor de volver a arriesgarme a tanto. Ahora sí me creo un acosador, maldita sea, cualquiera pensaría que quiero secuestrarlo.
Y es que a diario, y muy a pesar de mis amigos, dedico unos buenos minutos a seguirlo. No sé si se da cuenta de que lo hago, pero en todo caso en estos años no me ha dicho nada. Digo, si le molestara me lo diría... ¡Y sería perfecto, así podríamos entablar conversación! Claro, esa no es mi idea, preferiría que sea algo más ameno y divertido, pero si no hay otro modo... A ellos les molesta, incluso a veces me fuerzan a ir con ellos de regreso a casa. A veces consiguen lo que se proponen, otras veces me dejan ir porque reflexionan un poco y se convencen de que Levi jamás me permitiría acercarme a él.
Ahora sé que vive en una zona muy humilde y oscura, mis papás siempre nos han prohibido acercarnos porque aseguran que está lleno de peligros. No tengo miedo, solo quiero averiguar un poco más sobre él. Levi no ha cambiado demasiado físicamente, ha mantenido su cabello algo largo y su ropa sencilla es infaltable. Lo que sí lamento es que no haya crecido nada, se ha quedado pequeñito y por eso ahora se burlan de él. Me encantaría defenderlo, pero pues no es que necesite que lo ayuden, él es autosuficiente.
No he dejado de observarlo desde la comodidad de mi ventana. Sé que los fines de semana no roba... Mejor dicho, no "toma lo que necesita", porque así es, eso es lo que pasa... Bueno, los fines de semana no ataca a Hannes, así que mientras hago mis tareas disfruto de la vista, de ver su carrera. ¡Soy un cobarde! ¡Estoy aquí, mirándolo en secreto! Debería estar detrás de él, ayudándole, no escondido como una rata.
Ahora mismo estoy solo en casa. Mi mamá está encantada con el hecho de que Mikasa esté creciendo, cada vez le dedica más tiempo a su arreglo y está segura de que se convertirá en "una señorita hermosa". Claro, siempre que veo a Mikasa reconozco que es linda, pero no estoy interesado en participar de eso... Bueno, por eso ellas están ausentes, han salido a comprar ropa y no sé qué cosas más. Mi padre está trabajando, hoy tiene un turno en el hospital especialmente pesado según nos contó en la mañana, así que llegará cuando ya esté dormido.
Yo... Yo estoy pegado a la ventana, cubriendo mi silueta con las cortinas. Sé que en cualquier momento aparecerá Levi, escondiéndose hasta hallar el momento preciso para atacar. Es más, me parece que ya está doblando la esquina con rumbo a la panadería...
A veces me pregunto por qué no espera hasta que anochezca más. Es decir, estaría todo más oscuro, sería más fácil.
¡Ahí está! Se esconde detrás de un contenedor de basura mientras Hannes acomoda el letrero que decora la fachada de su negocio. Es el momento, lo sé... Hannes está de espaldas mientras vuelve a entrar... ¡Vamos, es ahora o nunca!
Es como si le hubiera leído el pensamiento, porque Levi se ha echado a correr y de un salto muy largo alcanzó al viejo Hannes, se metió a la tienda antes que él y tomó lo que necesitaba. Lo anticipó por completo, el pobre está en blanco... ¡Y Levi de un manotazo tomó lo que quería! ¡Es momento del gran escape!
Oh, no... Esto va mal, mal, mal, mal, mal, muy mal... ¡Hay una patrulla por el camino que toma Levi para regresar!
¿Qué hará ahora? ¡No tiene cómo huir!
Tengo que hacer algo, lo que sea... Es mi momento, mi única oportunidad.
Salgo de mi habitación a toda prisa, bajo las escaleras en un par de brincos y alcanzo la puerta de mi casa para verlo. Sigue ahí, Hannes lo tiene acorralado y la patrulla se acerca. Puede desmayar al viejo si se lo propone, pero no lo hace.
Punto a mi favor: Levi no es malvado.
Entre mi casa y la vecina hay una pequeña brecha que ahora sirve de jardín, incluso hay un árbol bastante grande que con sus ramas golpea la ventana de la habitación de mis padres. Secretamente siempre quise tener ese cuarto, me gusta el árbol; aunque, claro, dejar el que ya tengo implicaría no poder ver a Levi más.
Corro hacia este espacio y, sin saber cómo o qué hice, capté su atención.
Levi me ha mirado, me está mirando...
No hay marcha atrás.
Hannes, queriendo evitar que huya, para mi buena suerte me da la espalda. Levi le da una certera patada que lo deja lamentándose en el suelo y se echa a correr en dirección a mí.
Apenas puedo creerlo... Está aquí, conmigo.
—¡Ven! —grito, y le señalo el árbol que tenemos cerca. No es prudente que me vean con él, no porque me avergüence, sino porque me tacharían de cómplice y mi mamá y hermana me restringirían de tal modo que no podría volver a verlo. Eso no está en mis planes, de ningún modo.
El chico capta rápido mi señal y corre hacia el árbol. Ambos trepamos como podemos y alcanzamos la copa muy rápido. Qué bueno que Armin, Mikasa y yo le hicimos una "escalera" con unos pequeños troncos, ahí nos refugiábamos de pequeños cuando queríamos disfrutar un poco más de la tarde antes de que nuestros padres nos regañen por tardar tanto en regresar. Me alegra que sea tan frondoso, desde esta altura no pueden ver nuestros rostros.
Hannes tiene nuevamente esa mirada de tristeza... La patrulla, luego de ver el alboroto, está haciendo una especie de ronda, pero como estamos escondidos no alcanzan a vernos. Mi corazón palpita con tanta fuerza que siento que va a escaparse de mi pecho en cualquier momento. Y es que Levi está a mi lado, sentado sobre una rama, aferrándose a la comida que alcanzó a tomar.
—¿Estás bien? —pregunto. Por fin, luego de tantos años, puedo establecer comunicación con él. Mierda, estoy tan emocionado. Es casi épico, puta madre.
—Sí... ¿Por qué lo hiciste? —me mira con recelo, como si fuera un completo extraño...
Claro, para él soy un extraño, seguro nunca se dio cuenta de mi existencia.
—Porque... Porque si haces lo que haces —con mis ojos le señalo lo que con tanta fuerza aprieta contra su cuerpo: su comida— dudo que sea por maldad...
—Entonces te doy lástima —sus ojos me estremecen, es como si con ellos pudiera ver a través de mí.
—No, no es eso...
—Eres el típico jodido chico mimado que lo tiene todo. No me sorprende que te cause compasión —lo dice de forma tan seria que parece hasta tener de fondo un aire de desprecio.
—¡No es eso! —no puedo evitar gritar, está completamente equivocado—. ¡Yo te admiro!
—¿Ah? —no me ha entendido, pero la expresión de su rostro no ha variado en lo más mínimo, apenas sus labios se han separado para proferir esa palabra... Sus labios son delgados y rosados, contrastando con su piel tan blanca... ¡¿Qué hago pensando en eso?!
—Q-Que te admiro... No permites que nadie se pase de la raya contigo y defiendes a quien está en apuros.
—Ya veo —me estuvo mirando de pies a cabeza hasta este momento, eso me tenía muy tenso, pero ahora devuelve su mirada al horizonte—. Eres el mocoso idiota que defiende a todos creyéndose el héroe pero termina más molido que un puto perro callejero.
—¡N-No soy idiota! ¡Es injusto y por eso ayudo! —¡Hey, debería estar emocionado! Es decir ¡me ha reconocido, me conoce!
—No eres nada prudente. Mírate, eres un mocoso apenas, ¿cómo crees que puedes con los chicos de mi edad? —Parece aburrido... Rayos, no quiero que la conversación se vuelva aburrida...—. Por eso terminas hecho mierda.
—Quizá no pueda ganar, pero eso no lo sabré si no peleo. No porque sea más chico me voy a dejar pisotear. Algún día esos bravucones sabrán que no pueden aprovecharse de los demás.
Levi me ha mirado de soslayo y de a pocos va girando su rostro para poder verme a la cara de nuevo. Parece que, al fin, he llamado un poco su atención.
—¡S-Soy Eren! —¡Acabo de darme cuenta de que no me he presentado! Ojalá me permita darle la mano, sería vergonzoso que la mía se quede en el aire esperando su respuesta.
—Levi —¡Me ha correspondido! Sus manos están frías, pero, pese a todo lo que se enfrenta, son muy suaves y lindas. Creí que serían toscas.
—S-Si deseas... —No, Eren, no es momento de vacilar. Si se ha presentado esta oportunidad no puedo desecharla— P-Puedes venir aquí cuando gustes... Ya sabes, tengo muchas cosas que podrían servirte y ya no tendrías que exponerte a...
—No necesito tu caridad. Mi comida la consigo yo mismo.
—Lo siento... ¡Pero igual podrías venir a...!
—¿A qué?
—A platicar. O a jugar.
—Tengo dieciséis años, ¿te parece que juego, mocoso?
—Ven a no estar solo.
No sé qué tan malo haya sido lo que le dije, pero sus ojos se abrieron algo más de lo normal.
—¿No les joderá a tus viejos que te acerques a un delincuente?
—No tienen que enterarse. ¡Podríamos hacer las tareas aquí, en este árbol! ¡Será nuestro secreto!
Ha dudado un rato, incluso ha mordido su labio inferior ligeramente. Quizá sea porque estoy prestando mucha atención a cualquier gesto que hace, pero sus labios se han tornado más rojos por eso que acaba de hacer. Se ve bien, tiene un rostro curioso. Y lindo, se ve lindo.
¿Desde cuándo pienso así de él?
—Bien, vendré.
—¡Genial! Ahora podríamos...
—No puedo —me ha cortado de golpe y en sus ojos puede verse algo de preocupación—. Es tarde, me voy.
La verdad sí es tarde, la noche ha caído mientras conversábamos; el cielo está completamente oscuro y Levi, sin decir más, bajó de mi árbol en un par de ágiles movimientos.
No volteó a despedirse, corrió con una velocidad que nunca antes le había visto. Y vaya que sé de lo que hablo, si me dediqué a observarle desde hace años.
¡Pero tengo un gran avance! Solo hace falta que sienta confianza.
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Han transcurrido ya varias semanas y reconozco que Levi tiene palabra. Al principio estuve muy entusiasmado pero luego me asaltaron las dudas. Y es que creí que no se aparecería por mi casa.
Sin embargo, me demostró lo contrario: a las cinco de la tarde estaba sentado en el árbol, leyendo el libro de literatura que correspondía a su año además de lo que había conseguido de alguna tienda. Es muy bueno ocultándose, en ningún momento mi madre sospechó algo, incluso le alegró ver que me retiraba a un lugar tan tranquilo a leer. Ella cree que estudio, pero más me la paso intentando sacarle conversación a Levi.
No es que no hable, es que dice muy poco. Intenté averiguar sobre su familia o sobre su entorno, pero de inmediato se tensa, incluso cierra el libro que iba leyendo para dirigir su mirada al frente y fruncir más al ceño. No quiero incomodarlo, por eso ya no insisto tanto.
Lo que sé es que es muy bueno en letras, tiene una gran memoria y saca buenas calificaciones, por eso tiene media beca. Ajá, sin querer queriendo ahora sé cómo es que estudia sin tener dinero. A pesar de su inteligencia, los profesores lo evitan por su mal aspecto: pese a los años sigue usando esa ropa desgastada y a menudo tiene alguna marca de suciedad en el rostro. Por cierto, dice que odia la suciedad, por eso se lava a diario muy bien... Bueno, no se da cuenta de que no lo ha hecho tan bien como cree porque no tiene un espejo en su casa (más datos que obtuve sin proponérmelo), además de que se ensucia mucho cuando escapa de los que quieren atraparlo cuando toma algo.
Un día me pasé de atrevido. Como sé que odia la suciedad, pero la porta sin proponérselo, me llevé al árbol una toalla húmeda muy escondida en el bolsillo de mi pantalón. Cuando llegó, tomé su barbilla entre mis dedos y le pasé el trapo por las partes que estaban más marcadas.
Luego de eso no vino por una semana. Casi me tiro a la cama a llorar por idiota.
Lo bueno fue que sí volvió, pero estaba tan renuente y huraño que se quedó leyendo a una buena distancia de mí. Me dolió verlo tan distante, la verdad, por eso le pedí disculpas. Dijo que no estaba enojado, solo que lo tomé por sorpresa.
Desde entonces me permite hacerlo, pero debo avisarle antes de tocarlo.
Lo hago siempre que nos vemos y lo disfruto mucho. Tiene una piel muy bonita, blanca, limpia y tersa. Me sorprende lo bien conservada que la tiene, cualquiera pensaría que está ajada pero es todo lo contrario. Como la mayor parte del tiempo las marcas se extienden alrededor de su boca aprecio más y más sus labios...
No me gusta que cuando viene anda descalzo. Una vez tuve el valor de preguntarle por qué lo hacía, y, para mi sorpresa, me respondió. Me dijo que solo tiene unos zapatos y prefiere usarlos solo en la escuela, de modo que estos no se desgastan tan rápido.
Ese día sentí una punzada de dolor en mi pecho. Ese día lo admiré mucho más por resistir tanto.
Ese día me propuse protegerlo.
¡Ja! Como si me necesitara... Aunque me gustaría que me necesite, porque yo lo necesito. Su presencia se ha vuelto indispensable con el transcurso de las semanas.
Tanto me hacía falta verlo que, con mis habilidades de persecución (Bien, lo admito: soy un maldito acosador) conseguí acompañarlo a diario luego de clases. Recuerdo que cuando me vio esperándolo en una esquina se detuvo un momento a observarme. Me encaró y preguntó que qué carajos hacía ahí parado, pero no se negó a mi compañía. Fui tan feliz... [1]
Por supuesto, Mikasa se está preguntando qué pudo haberme pasado para que mi comportamiento cambie tanto. Para empezar, mis notas han mejorado: Levi, cuando tiene paciencia, me explica lo que no entiendo de alguna materia. Es lógico, siendo mayor y tan listo comprende con facilidad mis ejercicios. Luego, le extraña que me la paso en el árbol; muchas veces se ha asomado a ver qué estoy haciendo, pero Levi es tan pequeñito y astuto que cuando ella aparece se oculta como un camaleón. Le queda la duda, pero como no halla respuestas pues no puede hacer nada.
Lo peor fue ocultarle a ella y Armin por qué ya no quería volver a casa con ellos ni un solo día. Mi primera y pobre excusa fue que "necesitaba más independencia", y como me siento tan grande casi siempre, se tragaron esa razón, además de estar ya acostumbrados a mis escapadas y persecuciones a Levi. Eso fue al principio, porque siento que cada vez tienen más dudas, sobre todo porque algunos chicos mayores me ven acompañando a Levi por las calles y empiezan a molestarnos... Típicas bromas de idiotas, dicen que seguro es mi niñera, y gracias a ellos van corriendo los rumores de nuestro acercamiento. Mikasa ha oído algunos, pero evado el tema tanto como puedo.
¿Negar a Levi? Nunca. Tendrían que torturarme. Le contaría a mi hermana si no fuera porque sé que le contará a mi mamá y ese sería el fin.
Precisamente ahora estoy esperando a unas cuadras de la escuela. Es increíble cuánto tengo que correr para ganarle y estar esperándolo a esta distancia, porque estoy convencido de que jamás aceptaría que salgamos directamente de la escuela juntos. Levi tendría que estar llegando en un par de minutos más.
Hoy será especial, desde hace un par de semanas decidí regalarle algo cada día que nos veamos por las tardes: traje dinero para un par de dulces. Espero que le agraden y no lo tome como compasión, vaya que he aprendido que es muy orgulloso.
Ya viene... Lástima, hoy tiene el rostro bastante limpio, no podré limpiárselo... Aunque a lo mejor para la tarde se ensucia...
—¡Levi! —agito mi mano con fuerza para que pueda verme, aunque no es necesario ya que está inspeccionándome desde la distancia con sus bellos ojos. Sí, sus ojos me parecen muy particulares y bonitos.
No responde, simplemente queda a mi lado y emprendemos la marcha hasta que nuestros caminos se separen. A menudo le pregunté por qué no se quedaba toda la tarde conmigo en lugar de darse el trabajo de ir a su casa para más tarde ir a la mía. Solo dijo que tenía cosas que hacer.
Sé que en nuestro camino hay una pequeña tienda y se venden ricas golosinas, tengo todo muy planificado. Llegamos hasta donde está la señora y esta, que es una viejita, nos mira con ojos bondadosos.
De inmediato me detuve a inspeccionar en mis bolsillos para sacar el dinero que estuve guardando... Oh, no...
Mi bolsillo tiene un agujero.
Puta vida, mi mesada se fue a la basura.
Apenas han quedado unos cuantos centavos y no alcanza para comprar algo grande como tenía pensado. Bueno, no tengo más opción, la señora está esperando.
—¿Qué haces? —me pregunta él con su típico tono frío.
—Comprar dulces, ¿no es obvio?
—Se nota que eres un mocoso, a esta edad te gustan las golosinas.
Eso me desalentó un poco, la verdad. Pero no importa, estando aquí no puedo echarme para atrás.
Compré una galleta con chispas de chocolate y le entregué todo mi dinero a la anciana. Luego, reemprendimos nuestro camino.
Estoy muerto de nervios, no sé cómo ofrecerle mi dulce... Hasta que me decidí.
—¡Toma! —dije, extendiendo una de mis galletas a su boca. Mi rostro debe estar muy rojo por cómo me quema la piel, ni siquiera puedo verlo a los ojos.
Levi tomó mi galleta y la llevó a sus labios despacio, degustándola con placer y paciencia, como queriendo retener en su memoria su sabor por completo. Fue como si le dieran a probar la cosa más deliciosa de todo el universo. Fue hermoso contemplarlo.
—Gracias... —murmuró, apenas me dejó oírlo. Creo que fue una de las pocas veces que dijo esa palabra.
Noté que miraba de reojo el paquete que tenía entre mis manos mientras volvimos a caminar, y como estoy acostumbrado a comer ese tipo de cosas por mi madre consentidora, decidí hacer algo al respecto.
—¡Te lo regalo! —me detuve en medio de la calle para ponerme frente a él y extenderle con ambos brazos mis dulces, apretando los párpados y con el rostro todo colorado— ¡Acéptalo!
—No quiero tu car—
—¡No es caridad! —exclamé, sabiendo qué estaba a punto de decir y enfrentándolo ahora con mis ojos. Que vea que no voy a retroceder— ¡Quiero dártelo porque...!
—¿Por qué? —inquirió él, perforándome con sus ojos.
—Porque... somos amigos... y esto hacen los amigos... —no lo resistí, desvié la mirada.
No dijo nada, se limitó a arrebatarme el paquete y lo guardó en uno de sus bolsillos. Creí que se comería todo en el momento, pero no lo hizo. Me gustaría saber por qué.
Cuando llegamos a una esquina, las calles sombrías por las que vive Levi nos anunciaron que era hora de la despedida. Volvió a susurrar un ligero "gracias" y se alejó con algo de prisa. Levi es muy misterioso, pero por ese día ya tenía bastante.
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Han pasado ya varios meses y, como es costumbre, estoy esperando que llegue la hora de nuestro encuentro en el árbol. Este, junto con la hora de salida, son los momentos que más espero a lo largo del día. A veces es tanta mi ansiedad que no puedo evitar esperarlo ya sentado en una de las ramas.
Me gustó tanto la expresión de su rostro cuando le regalé aquellas galletas que decidí hacerlo todos los días sin falta. Creo que incluso se le hizo costumbre porque, a pesar de que me agradecía, sumaba una mirada cómplice.
Cuando ya estoy en el árbol puedo verlo claramente. Él trepa con una agilidad impresionante, no le importa lastimar sus pies descalzos y en unos cuantos movimientos ya está ubicado en la copa al lado mío. Hoy parece bastante molesto, como nunca antes, y no entiendo por qué.
Quedamos en silencio muchos minutos y yo disimulaba mi tensión hojeando mi libro de literatura, su asignatura favorita. Esperaba que al ver qué estaba leyendo se aproxime a mí y me diga "Mocoso, ¿qué no entiendes? Es tan sencillo, no puedes ser tan idiota" o algo por el estilo.
Pero no. Se recostó en una rama reposando toda su espalda sobre esta y extrajo de su bolsillo algo que me alarmó.
—¡¿Qué haces?! —exclamé, con los ojos muy abiertos y dejando de lado mi libro.
—¿Eres tan mocoso que ni sabes qué es esto? —escupió, frunciendo el ceño por el volumen alto de mi voz y mostrándome un cigarro.
—¡Eso es dañino!
—No me importa —dijo, llevándose el objeto a la boca y sacando un encendedor.
—¡Déjalo! —con violencia tiré el cigarro de sus dedos y este terminó en el pasto del jardín que teníamos bajo nosotros.
—¡Mocoso idiota! —Por primera vez lo vi realmente furioso, como si de verdad le hubiera molestado lo que hice.
—¡¿De dónde sacaste eso?!
—¡En mi casa hay miles, como mierda! ¡Una infinidad! ¡Mil veces más que comida!
Se exaltó tanto que no midió sus palabras, porque parecía arrepentido de lo que acababa de decir. En ese momento no supe qué debería decir, temía meter más la pata.
Al final no pude embarrarla más, Levi chasqueó la lengua con fuerza, me lanzó una mirada asesina y se fue corriendo.
Creí que éramos amigos, pero ese día descubrí que no tanto como me imaginaba.
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Transcurrió más de una semana y Levi no se acercó a mi árbol. Todas las tardes lo esperé, pero no apareció nunca. La verdad sentí un hueco muy grande en mi pecho al descubrir que probablemente no volvería nunca más. Ni siquiera lo veía en las mañanas, iba religiosamente a esperarlo en aquella esquina, pero tampoco hizo acto de aparición.
Me gustaría pensar que me está evitando, así podría sentir que al menos fui importante para él. No lo creo, dudo que haya sido así.
Los días se me hicieron aburridos e interminables. Mikasa notó que mi ánimo había decaído y ya no sabía qué hacer, quería descubrir de algún modo qué me estaba pasando. No tenía ánimo de responderle, prefería estar solo en mi habitación esperando a que Levi haga crujir una rama y de esa forma me avise que vino, que fui un idiota al intentar prohibirle algo...
—¿Eren? —Mi mente invoca la mala suerte. Armin llegó.
—No estoy. Déjame solo.
—Vamos a comer helado, aprovecha que el verano ya llegó a su fin pero el sol aún no se va. Será una de esas pocas veces que tendremos chance... Anímate, por favor...
Vale, lo de los helados me ha tentado. Sin embargo, no he puedo evitar pensar en lo mucho que me gustaría compartir uno con Levi...
Mi hermana abrió la puerta de una certera patada. Lo que me faltaba, mi privacidad se fue a la basura.
—Vamos, Eren.
Mis amigos me sacaron a rastras de mi recámara, me puse violento y pataleé buscando liberarme, pero fue en vano. Fue muy iluso de mi parte creer que podría contra la sobrehumana fuerza de mi hermana.
Una vez en la heladería, que quedaba a varias calles de mi casa, mi hermana se quedó "contemplándome" (sí, esa es la palabra adecuada para su expresión y mirada). Armin simplemente se acercó a la caja para hacer nuestro pedido. Sabía que me gustaba el de chocolate, no hacía falta preguntar.
—¿Qué te pasa, Eren? —mi hermana me tomó las manos y parecía realmente preocupada.
—Creo que le gusta alguien.
¡¿Qué?!
—¿Qué has dicho, Armin? —yo estaba impactado, pero mi hermana parecía estar dispuesta a matar alguien.
—¿No lo notas? Se la pasa suspirando en clases y tiene la mirada perdida. Estos días parece al borde del suicidio... Ese cambio tan repentino solo puedo explicarlo como enamoramiento —Armin depositó tres copas sobre la mesa y se sentó a mi lado tocando mi hombro.
—¡N-No digas tonterías! —ni siquiera había contemplado esa posibilidad. La verdad creí que estaba acostumbrado a Levi y nada más, pero quizá por eso que me dolía tanto su ausencia... Y si así fuera, ¿habría algo de malo?
Oh, claro que habría algo de malo. TODO estaría mal. Es decir, ¿en qué mundo un chico mayor y huraño como él me haría caso? Debería sentirme privilegiado de al menos poder acompañarlo o pasar un rato a su lado.
—¿Quién te gusta, Eren? —mi hermana estaba tan angustiada que comenzó a apretar mis manos que seguían entre las suyas.
No pienso negar a Levi. Si me preguntara si somos cercanos, definitivamente diría que sí, con orgullo. Pero ella me preguntó de quién estoy enamorado, y sobre eso sí puedo mentir.
—¡De nadie! —para reafirmar mis palabras e indignación por sus preguntas, zafé mis manos con brusquedad y alejé la mano que yacía sobre mi hombro— ¡Déjense de tonterías!
Mikasa sabía que le estaba mintiendo por mis orejas que me delataban. Estas se ponen rojas siempre que miento y esa vez no fue la excepción. Parecía herida y en cierta forma lo comprendo; ella me adora y le duele que le esconda cosas o no le tenga confianza. Le diría, pero me protege tanto que a veces termina por querer enclaustrarme, temiendo que me hagan el mismo daño que le hicieron a ella cuando perdió a sus padres.
Armin no dijo nada, pero por sus ojos pude adivinar que sabía muy bien de lo que hablaba. A simple vista parece un chico muy lindo, pero sé que en el fondo otra personalidad permanece dormida. De solo imaginarlo me estremezco.
Resignados, se dedicaron a beber el contenido de sus copas ya sin importunarme con más preguntas incómodas. La verdad ni yo mismo terminaba de asimilar esa revelación.
Me gusta Levi.
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Transcurrieron otro par de semanas y ya no aguantaba más. Necesitaba ver a Levi de algún modo, ya ni siquiera se asomaba a robarle algo a Hannes y, si bien me angustiaba no poder verlo, temía más por cómo podría estar abasteciéndose si no atacaba ninguna tienda.
Y no solo era eso, sino que luego de descubrir mis sentimientos sentí mayor necesidad de verlo y, quizá, manifestarle lo que sentía. Muchas tardes me imaginé cómo debía decírselo, qué cara poner y, sobre todo, prepararme emocionalmente para un muy probable rechazo. Qué importaba, sería peor quedarme con la duda.
Incluso estuve a punto de aproximarme a esa zona que mi mamá me prohibía visitar; hasta que una tarde, como si de un sueño se tratara, oí el crujir de las ramas.
Al principio creí que mi mente me estaba jugando sucio y todo era cosa de mi imaginación, ansiosa por volver a sentir su cercanía. Sin embargo, por masoquista, decidí acercarme a la ventana para, con el dolor de mi corazón, darme con la realidad y ver que Levi no estaba ahí.
¡Pero ahí estaba! Recostado leyendo un libro. O eso fingía, porque al asomarme por la ventana de la habitación sus ojos se enfocaron en mí y de inmediato el color subió a mis mejillas. Algo había cambiado, tenía el pelo corto en un estilo muy diferente: estaba rapado en la parte de la nuca y las patillas, pero el resto seguía algo largo con raya a la derecha, cubriendo su frente algunos mechones que se agrupaban en dos partes, más abundante a la izquierda.
Pudo más mi alegría de verlo otra vez. Como pude saqué mi cuerpo por la ventana y me aferré a una gruesa rama para trepar a esta y alcanzarlo, volver a tenerlo a mi lado.
—¡Lo siento! —grité, apretando los párpados e inclinando mi cabeza en una sincera disculpa. Tenía que hacerlo, quizá solo había venido por eso. Puedo entender, si me molesta tanto que Mikasa a veces quiera meterse en mi vida no debí hacer lo mismo con él. Claro, lo mío está justificado, el cigarro es muy dañino...
—¿Por qué te disculpas? —me dijo, apartando el libro de su rostro y depositándolo a su lado para incorporarse. Recién noté que tenía la cara muy limpia, como nunca; llevaba zapatos nuevos, brillantes y bonitos; lo único que no había variado era el camisón, aunque no se veía remendado, parecía nuevo. El corte le favorece tanto, se ve de maravilla...
—Porque no debí hacer lo que hice... Es tu decisión si haces o no eso...
—Qué mocoso eres... —Por primera vez he visto un esbozo de sonrisa. Mi pecho está agitado. No puede latir más rápido, es demasiada emoción para mi joven corazón...
Bien, ahora tengo claro que me gusta. Es decir, verlo sonreír me ha parecido un milagro del universo. Ese tipo de expresiones seguramente es la que inspira a los poetas a crear poesía. Es como si en mi vientre hubieran nacido miles de estrellas que irrumpen en mi ser y me hacen sentir afortunado e iluminado. Estrellas que él ha creado.
—No debí intentarlo aquí —sigue hablándome al ver que he quedado pasmado y en silencio. Oh, Dios, no... ¡Se está aproximando peligrosamente a mí!— Debería disculparme yo. Eres tan mocoso que seguro ni siquiera has estado cerca de un fumador.
—No lo harás —se me escapó eso último con una risa. Sé que es orgulloso, no me pediría disculpas aunque de verdad sea necesario. Quizá, bueno, no lo conozco tan a fondo tampoco.
—He estado ocupado.
—Lo imagino —estoy muy nervioso y por eso prefiero clavar mi mirada en el pasto que hay bajo nosotros. En esta situación no sé qué debería decir—. No te vi nunca, ni siquiera luego de las clases.
—He estado fumando mucho.
—Puedo sentirlo, hueles mal —¡Maldita sea! Mi lengua imprudente me ganó y dije eso. Estoy muerto, o peor: Levi va a odiarme por haber dicho eso.
—¿Te molesta el olor a cigarro? —ha tomado mi barbilla entre sus delgados y largos dedos. Ya antes había notado que sus manos son muy bonitas, pero ahora es como si las estuviera analizando porque he preferido mirar sus dedos en lugar de mirarlo a los ojos. Me pregunto si no se ha dado cuenta de que me gusta.
—S-Sí... Huele muy mal...
Ocurrió algo que jamás esperé.
Levi me dio un beso.
Mierda, me dio un beso.
Me dio un maldito puto beso.
Necesito pellizcarme para creer que no fue un sueño. Maldición.
Bueno, la verdad fue algo pequeñísimo. Sus labios se acercaron a la comisura de los míos y la rozaron mientras exhalaba un poco de su aliento, contagiándome con su calidez.
Para mí fue un beso y eso es lo que importa, al carajo la opinión del mundo.
Levi no dijo nada más, vio mis ojos desorbitados y de un salto abandonó el árbol.
Ni siquiera me explicó qué fue eso.
Qué importa, yo no puedo con tanta felicidad.
Hey, ¿qué pasará ahora? ¿Qué se supone que ha sido eso? ¿Estaba jugando? ¿Por qué lo hizo?
A lo mejor... ¡A lo mejor tengo una oportunidad con él! ¡Podría confesarme mañana cuando volvamos de clases!
—¡Levi! —tengo que alcanzarlo, aún es temprano así que no creo que tenga tanta prisa por volver a su casa. Bajo lo más rápido que puedo y lo veo a unos cuantos metros. Para mi buena fortuna mi bicicleta, algo vieja y olvidada desde que decidí caminar con mis amigos y ahora con Levi de vuelta a casa, se hallaba en algún rincón del jardín. Me subo rápido y me aproximo a él para que me vea en mi "vehículo". Una bici no es la gran cosa, pero en ella me siento el puto amo ahora.
—¿Qué? —es tan frío que siento que eso último no ha significado nada para él...
—¡Llévame contigo!
¿Qué acabo de decir? ¿Adónde va a llevarme si yo soy el de la bicicleta?
Ni yo mismo lo sé, solo quiero estar con él y me contagie ese aire de libertad que emana de toda su persona.
—Bien.
No esperaba que acepte. Ni siquiera tengo tiempo para reflexionar nada, solo quiero subir, que me tome de la cintura y que todo el aire de las primeras tardes de otoño golpee mi rostro tan fuerte que me haga cerrar los ojos. Que me lastime y me haga sentir lleno de vida, como solo Levi con toda la emoción que transmite su compañía sabe.
Que Levi me haga estremecer.
Me siento un héroe. Es decir, ¡estoy paseando con Levi y soy yo quien lo lleva!
Ambos, como un par de delincuentes (porque yo nunca lo consideré uno), vamos montados en mi bicicleta a toda la velocidad que mis piernas nos permiten. A lo mejor sí voy muy rápido, porque Levi se aferra a mi cintura, no de forma brusca, pero sí con fuerza. Me encanta sentir sus manos rodeándome, nunca me había sentido más pleno...
—¿Adónde vamos, mocoso? —su cálido aliento acaricia mi espalda. No sé si lo hizo a propósito, pero me envió un corrientazo por toda la columna. Su respiración traspasa mi ropa y me hace sentir de maravilla al tocar en mi piel.
—¡No lo sé! —De verdad es así, solo soy feliz. Desearía que esta carrera no termine nunca.
—Me subí a esta cosa sin tener un rumbo fijo.
—No preguntaste nada al subirte.
—Tsk...
Hasta chasqueando la lengua es adorable.
No tengo idea de cuánto tiempo estuve pedaleando, mis piernas no sintieron nada y quizá fue en parte por eso que no me detuve hasta que alcanzamos a ver el parque. En ese lugar hay columpios, resbaladillas y juegos semejantes. Bien, fue un destino muy infantil, pero al menos la vista es buena: hay un jardín muy bien cuidado poblado de amapolas, rosas, azucenas y jazmines.
Al ver que frené, Levi bajó y de inmediato sentí la ausencia de sus brazos sobre mi cuerpo. Me pregunto si algún día volveré a sentirlo.
Caminamos un pequeño tramo hasta llegar al jardín. Al parecer a Levi le gustan mucho porque hasta se puso de cuclillas para poder sentir su aroma. O eso supongo, ya que acercó su nariz hasta una de las flores.
Quizá...
—¡Toma! —de un tirón arranqué una flor y se la extendí hasta que choque con su respingada nariz. Hasta su nariz es bonita.
—¿Qué haces? —le he sorprendido, una de sus cejas se ha curvado por la intriga.
—¡Te la regalo! ¡Tómala!
La ha aceptado. Sus dedos la sostienen y apenas me he dado cuenta de que le he regalado una rosa blanca, perfecta y preciosa como su piel. El color se prolonga de su mano a la rosa. La huele un momento y las aletas de su nariz se agitan levemente mientras el aroma invade sus fosas nasales mientras sus ojos cerrados le permiten volver la experiencia más sensorial.
—Gracias—lo dice muy claro, como nunca antes.
Yo no puedo ser más atrevido:
—Póntela —con mis dedos le señalo su oreja. Me gustaría que todos lo vean con una rosa mía en su cabello.
—¿Esperas que la luzca como una chica? —está incrédulo y su rostro vuelve a su clásica expresión de fastidio—. Tienes que estar de coña o te golpeaste la cabeza en algún momento.
—No, bueno... Clávala en tu camisón, se verá bonita...
Dudó un momento, pero no sé qué mueca hice para que al final acceda. Con algo de fuerza presionó el tallo de la rosa contra una parte de su camisón y esta quedó prendida, luciendo mucho más blanca sobre la prenda. Volvió a sonreír al verla sobre su ropa.
Mi pequeño corazón no resiste tanto.
¿Podría confesarme ahora? ¡Estaría bien?
—¡Te sienta bien! —no puedo evitar ser sincero. Todo le queda estupendo. Quería decirle lo que sentía, pero esa frase se me escapó primero.
No nos quedamos mucho rato, la tarde oscurecía cada vez más y Levi se veía inquieto. No quise incomodarlo y por eso le sugerí que volviéramos a mi bicicleta. Así lo hicimos, y volvió a sujetarse a mi cintura para evitar caerse.
No sé qué le ocurrió al mundo entero ese día, pero nadie se apareció por las calles.
A lo mejor yo era tan feliz que no me percaté de su presencia.
Cuando llegamos al lugar en el que usualmente nos separábamos para cada uno tomar rumbo a su casa, bajó de mi bicicleta y se detuvo un momento. Tenía algo que decirme:
—Me voy.
—¡Bien, nos vemos mañana a la salida! —con mi mejor sonrisa estaba despidiéndome, pero vi que seguía moviendo los labios.
—Me voy de aquí. Me iré lejos. Terminaré este último año de secundaria en otra ciudad.
Mi cuerpo entero pesaba, pero ya no sentía mis manos. Sin querer dejé caer mi bicicleta y esta hizo un estruendo espantoso al caer sobre la acera.
Me dio un beso y ahora se va.
Y yo... ¡Yo iba a confesarme mañana!
¡Con ese beso sentí que tenía alguna oportunidad con él! ¡Creí que seríamos más cercanos!
—¡¿Por qué?! ¡¿Adónde?!
—No puedo decirlo. Adiós, mocoso.
Quizá fue el schock luego de oírle decir eso, pero me quedé estático observándolo correr. Porque eso hizo, se echó a correr sin darme oportunidad de replicar, de exigirle algo, de pedirle respuestas.
De reclamarle por abandonarme.
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No sé cuántos días, meses o años exactamente hayan pasado, pero incluso ahora sigo esperándolo. Cada tarde espero en mi ventana que su menuda figura se aparezca por una esquina dispuesto a saquear la panadería del viejo Hannes.
Nunca ocurre. Cumplió con lo que dijo y se fue.
Ahora mismo estoy por terminar mi secundaria y no he tenido noticias de él.
A menudo me pregunto si algún día volverá.
Porque yo lo recuerdo todos los días. Su sonrisa, su cabello oscuro, su piel blanca. Especialmente su sonrisa, esa que me regaló aquella tarde que se despidió de mí.
Y el beso. Cómo olvidar su beso. Mi beso.
A veces creo que hasta nuestro árbol lo extraña. Cada día desde su partida se le cayeron con más facilidad las hojas y su frondosidad se va perdiendo con el pasar de los años.
Quizá esa es su forma de llorar su ausencia.
Solo sé que, sin importar cuánto tiempo pase, voy a esperarlo. No oiré ninguno de los rumores que rondaron sobre su viaje. Prefiero ignorarlos, solo él podría decirme la verdad.
Algunos dicen que su madre era una "puta" y que uno de sus amantes se lo llevó de su miseria a cambio de ciertos favores.
A cada uno de los imbéciles que se atreven a repetir esa mierda les parto la nariz.
En mi casa lo estoy esperando. Jamás me iré de aquí porque sé que volverá por mí, en algún momento. Volverá por mí porque ese beso no fue cualquier cosa. Ese beso lo fue todo y él lo sabe.
Vuelve pronto, Levi. Sé que sabes que estoy aquí para ti, para siempre. Ven a mi casa y devuélveme a la vida, toma mi cintura y dejemos que el viento vuelva a darnos en la cara. Sintámonos vivos, vuelve a estremecerme con una sola mirada como solo tú sabes hacerlo.
Vuelve para poder amarte como debí hacer desde un principio.
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Continuará
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[1] Si alguien conoce canciones de Tormenta ya podrá intuir qué canción usaré en el siguiente capítulo, este y el siguiente están estrechamente vinculados.
N.A: Bueno, primer capítulo completo. Espero que les guste, serán un poquito largos porque, a decir verdad, mi primera intención fue hacer One Shots xD (especialmente de la segunda canción, es decir, del siguiente capítulo) pero preferí agruparlos al tener en común a la cantante.
¡Me encantaría saber su opinión! Es mi segundo fic y, por si las dudas, no sé si poner la advertencia de OoC... Quizá será más leve que en Serena, pero aún no siento que esté MUY apegada a sus personalidades. Voy a pensarlo hasta el segundo capítulo.
Actualizaré dentro de dos semanas aproximadamente, muchas gracias de antemano a quien decida seguir esta historia.
Si alguien lee Serena, aproximadamente el fin de semana subo el epílogo. Sí, la historia llega a su fin y de aquí a un mes o tres semanas subo un extra lleno de fluff (que me encanta, lo admito).
¡Ranmaru Eli, espero que te guste esto!
¡Mercurio se despide!
