Hola :D ¿Que tal? Les traigo un nuevo capítulo. Sí dije uno a la semana pero lo termine antes, como dije estos caps son un poco más largos así que, cuando pueda trataré de subir dos a la semana. Bueno los dejo para que lo lean. Gracias por los Reviews me hacen sentir bien :D
No me pertenece nada más que los errores.
Capítulo 2: Entrenamiento
Advertencias: Elementos No-con, nalgadas, lenguaje despectivo, angust.
Blaine fue despertado en su primera mañana en el Centro Entrenamiento por la puerta de su habitación siendo azotada para abrirla y la luz siendo encendida.
"¡Levántate, esclavo, el entrenamiento comienza en una hora!" Una voz ruidosa grito y Blaine se apresuró a levantarse. Le fue ordenado hacer su cama y registrarse en el comedor para el desayuno. Su corazón se rompió cuando entró al comedor y vio que había por lo menos cien chicos comiendo el desayuno ahí. Se les dio agua, ensalada de fruta y tostadas.
Blaine estaba sorprendido por la comida pero luego se dio cuenta que ellos no querían matarlos de hambre o darles algo poco saludable de comer. Tenían que estar en óptimas condiciones para ser vendidos por un beneficio. Blaine sabía que le habían pagado a sus padres por él un poco más de cien grandes- uno de los guardias le había dicho mientras lo ponían en su habitación la noche anterior. Eso significaba que tenía que ser vendido por más que eso o Sebastian no sería feliz.
Aunque, él parecía pensar que alguien pagaría tanto por él, la manera en que le estaba sonriendo y diciendo a Blaine lo buenos que eran sus resultados.
Blaine se sentó al lado de un chico pequeño más joven que él.
"Hola," dijo en voz baja. El chico lo miró con los ojos muy abiertos antes de mirar alrededor.
"Se supone que no debemos el uno al otro," susurró. Blaine mordió sus labios y volteó a su desayuno, luchando contra otra ola de dolor. Ni siquiera sería capaz de hacer amigos en este lugar.
Se comió su desayuno sintiéndose miserable para tan siquiera notar que de hecho sabía genial, aunque él realmente deseó poder temar café para animarse para lo que fuera lo que estaba reservado para él durante este "entrenamiento".
Él y un grupo de otros chicos fueron guiados a una habitación que se asemejaba a una pequeña sala de lectura. Se sentaron en silencio hasta que Sebastian entró a la habitación, esa cruel sonrisa todavía en su lugar. Blaine notó que no era el único que se dejo caer en su asiento, con la esperanza de evadir sus ojos.
"Bienvenido al Día Uno de su régimen de cuarenta días de entrenamiento," Sebastian dijo. "Hay cuatro sesiones, cada una dura diez días. Luego después de eso pasaran dos semanas preparándose para la subasta. Las sesiones son: Entrenamiento de Obediencia, Entrenamiento de Placer, Entrenamiento de Castigo y finalmente Entrenamiento de Recompensa. ¿Hay alguna pregunta?"
La gente estaba ya sea demasiado temerosa de las respuestas para sus preguntas o sólo demasiado asustada para preguntar en general porque nadie se movió con forme los fríos ojos de Sebastian pasaron sobre ellos.
"Bueno, vamos a continuar entonces. Primero que nada, esos collares que se les dieron a todos están equipados con dispositivos de choques y-"
"¿Cómo perros?" uno de los chicos, horrorizado, sin pensar y el siguiente segundo cayó al de la silla con un grito de dolor y todos los chicos lo miraron en shock."
"Gracias por ser voluntario para demostrar," Sebastian dijo con frialdad. "Y chicos, eso es lo que pasa el segundo en el que hacen algo mal. Y les puedo asegurar que sus maestros tendrán castigos mucho más severos por desobediencia. No podemos arriesgarnos a dañarlos así que los collares de choques no harán más que mandar breves destellos de dolor a través de su cuerpo. Sin embargo, si somos forzados de hacerlo demasiado les puede dejar cicatrices. No queremos eso y ustedes no quieren eso así que la mejor solución es simplemente hacer lo que se les dice y eso comienza con solo hablar cuando se les dice que pueden. ¿Todos lo entienden?"
Hubo un cabeceo colectivo y no palabras habladas.
"Oh, aprendices rápidos, estoy impresionado."
Los primeros diez días continuaron de esa manera. Sus voluntades fueron básicamente rotas con coques eléctricos y contantes insultos, recordándoles lo inútiles que eran hasta que seguían cualquiera y todas las órdenes dadas por los entrenadores. Sebastian era peor de lo que Blaine inicialmente pensó. Él los llamaba putas o zorras.
"Siéntate, Anderson," susurró Sebastian. Blaine apretó los es pero se sentó. "No, siéntate como perro. Te aseguro que hay algunas personas allá afuera a los que les gusta que sus esclavos actúen como si fueran animales. Siéntate como un buen perro, como la apropiada zorra que eres."
Blaine cerró los ojos pero de nuevo hizo lo que le dijo.
Pensó que conseguir ser llamado "marica" y "hadita" eran insultos que lo harían sentir de lo peor. Pero esto era diez veces peor. Se sentía enfermo cada vez que Sebastian lo llamaba con algo despectivo. De alguna manera, sin embargo, sabía que se sentiría peor un día. No podía imaginar recibir insultos como esos arrojándoselos durante el sexo pero probablemente también sucedería.
"Buen chico, mascota." Sebastian rió, acariciando sus rizos condescendientemente. Blaine se estremeció y Sebastian se dio cuenta. "¿Qué pasa? ¿Te sientes barato? ¿Usado? Bueno, simplemente va a empeorar así que puede ser que también debas de acostumbrarte. Sólo hay dos cosas para las que sirves por ahora, puta, y eso es ser follado y tener hijos. Ahora levántate y regresa a tu habitación. Has terminado por el día."
El entrenamiento de Placer era peor que el de Obediencia. Era exactamente a lo que Blaine le temía: aprender cómo dar placer a su maestro. Se sentía humillante porque seguían recordando que su placer no importaba, sólo el de su maestro importaba. Blaine quería llorar cada día de los diez porque siempre había pensado en el sexo como una amorosa, hermosa cosa pero nunca podrá ser así para él. Nunca podría hacer el amor con alguien. Sólo va ser cogido y probablemente en formas que no querría. Después de todo, su propio pacer y comodidad ya no importaba.
En el segundo día del Entrenamiento de Placer Blaine y otros cuatro chicos en su grupo fueron separados de los otros y todos estaban confundidos por un momento hasta que Sebastian dejó botellas de lubricante en frente de cada uno de ellos.
"Está bien, vírgenes, es tiempo de que aprendan cómo prepararse ustedes mismos así su maestro será capaz de cogerte cuando quiera sin dañarlo así ustedes pueden engendrar," Sebastian anunció y Blaine se sintió poniéndose rojo. Nunca había… Seguro, se había masturbado antes, ¿Qué chico adolescente no lo ha hecho? Pero nunca se había… metido los dedos y la idea de hacerlo aquí por primera vez, en frente de cuatro chicos de los cuales ni siquiera sabía sus nombres y con Sebastian observando le hacía sentir ganas de vomitar.
"¡Anderson!" Sebastian rompió y Blaine levanto su cabeza y se puso incluso de un rojo más oscuro cuando se dio cuenta que los otros chicos ya habían comenzado. "O tu lo haces o yo lo haré por ti y te prometo no será agradable."
Blaine cerró sus ojos ante las lágrimas de vergüenza y se quitó los pantalones lentamente, moviéndose a una posición más cómoda y agarro el lubricante. Lo extendió sobre tres de sus dedos, calentándolo y tratando de fingir que no había nadie más en la habitación con él, bloqueando los siseos de dolor de los que estaban a su alrededor y las palabras murmuradas de Sebastian a los otros.
Tomó un respiro hondo y apretó el dedo índice suavemente contra sí mismo. Sabía que sería más cómodo si estuviera excitado pero no había forma de que pudiera excitarse en esta situación y no se le permitía de todos modos –esto no era para su propio placer. Estaba comenzando a aceptar la mayoría.
Presionó el dedo adentro, silbando de incomodidad. Se sentía raro y ardía ligeramente pero continuó empujando el primero adentro y afuera hasta que pensó que podría manejar el segundo, aún jadeando al ardor mientras presionaba ambos adentro. Comenzó a tijerearlos cuando el dolor desapareció y sintió a Sebastian moveré a su alrededor.
"El que sigue," Dijo en voz baja. Blaine quería ignorarlo, pensó que no soportaría uno más aún. Dudó un momento demasiado largo, sintió por primera vez, una fuerte sacudida de electricidad corriendo a través de él y se desplomo en su silla, jadeando.
"Tres," Sebastian dijo con frialdad, sin siquiera esperar a que Blaine se recuperara la estabilidad. No queriendo ser castigado de nuevo Blaine obedeció, las lágrimas le lastimaban sus ojos por el fuerte ardor a la introducción de tres dedos. Comenzó a estirarlos, esperando a que se acostumbrara y el dolor desaparecería. Aspiró respiraciones profundas para recuperarse del choque y acostumbrarse a la intrusión la cual aún sentía increíblemente rara, como si no perteneciera – tal vez porque estaba siendo obligado a hacerlo.
Sebastian se había ido a ordenar a alguien más por ahí así que Blaine saco sus dedos y agarró una de las toallitas para limpiar sus manos. Estaba a punto de ponerse de nuevo sus pantalones cuando Sebastian habló.
"Todos ustedes permanezcan donde están," ordenó. "Necesito… revisar que están suficientemente estirados."
Blaine contuvo el aliento. ¿Revisar? ¿Revisar cómo? ¿Con que?
Casi comenzó a hiperventilar hasta que Sebastian fue con el primer chico y se dio cuenta que sólo estaba revisando con los dedos. Blaine dejó escapar el aliento que había estado conteniendo. Por supuesto, eso era estúpido de pensar. Sebastian quería un buen precio por ellos así que ellos necesitaban mantenerse vírgenes. Los otros cinco chicos en su grupo obviamente no lo eran o habían estado aquí también así que él y los otros cuatro necesitaban permanecer de esa manera.
Cuando Sebastian llego a él, Blaine vio un destello de algo diferente en sus ojos y se sintió aún más violado de lo normal cuando Sebastian instaló tres dedos dentro de él y los extendía experimentalmente. Sebastian asintió con la cabeza y lo dejo ir.
Blaine fue al baño y vomitó su almuerzo antes de ir a su cuarto y llorar por varias horas seguidas, sin saber por lo que pasaría en ese par de días del resto del Entrenamiento de Placer y cada vez, vomitó después.
Esperaba que podría mejorar cuando llegara el Entrenamiento de Castigo, sin siquiera pensar en lo que el nombre significaría para él y sus compañeros portadores.
Eran estos diez días que los rompieron. Todos y cada uno.
Pero no realmente hasta el Día Treinta, el último día del entrenamiento de castigo: Los primeros nueve días simplemente habían sido vídeos de los tipos de castigos que podrían recibir, desde nalgadas hasta llegar a ser cogidos en bruto sin preparación y algunas cosas más repugnantes que Blaine había intentado de no ver hasta que fue castigado con choques por segunda vez y mantuvo sus ojos en la pantalla.
Pero el décimo día del Entrenamiento de Castigo fueron conducidos a una habitación y les dijeron que esperaran. Fueron llamados uno por uno a la habitación que ninguno de ellos había estado antes pero no vieron a los miembros de su grupo regresar afuera después, así que debieron de haber salido por una puerta diferente. Blaine se pregunto por qué no se les permitía ver.
Fue llamado y se congelo al segundo que fue a la habitación a través de un pequeño pasillo.
Era una… cámara de tortura era de la única forma que podía llamarla. Y reconoció la mayoría de los artefactos de los vídeos.
"Yo… ¿Qué…?" Blaine pregunto débilmente.
"No voy a darte choques porque estas a punto de ser castigado de todos modos," Sebastian se burló con una sonrisa. "Ven aquí."
Blaine obedeció sin pensar y luego lo lamentó porque fue atado en un banco de madera y despojado de su ropa. Estaba inclinado con su trasero en exposición y de inmediato comenzó a entrar en pánico.
"No vamos a hacer nada drástico pero vamos a enseñarte como se sienten las nalgadas," Sebastian explicó. "Vas a contar. Vas a tener diez con manos. Luego diez con una paleta. Finalmente diez con el látigo. ¿Entendido?"
Blaine asintió y Sebastian llamó al primer chico adelante.
"Cuenta," ordenó Sebastian y el primer golpe cayó sobre su mejilla derecha.
"Uno," dijo entre dientes. Duele más de lo que pensó. Termino teniendo cinco en cada lado de su trasero y para el momento en que escupía "diez" su piel se sentía caliente.
"Está bien, el siguiente. Cuenta hasta diez de nuevo, zorra," Sebastian ordenó.
Blaine gritó antes lograr ahogar "uno" con forme la paleta golpeaba su ya adolorida piel. Estaba llorando para cuando los diez golpes de la paleta habían llegado y se sentía aliviando hasta que Sebastian llamó al siguiente y recordó que aún tenía el látigo por venir. Comenzó a luchar.
"No, por favor, no puedo aguantar más. ¡Por favor, detente, por favor! ¡Te lo ruego! ¡Alto!"
"¡Cállate!" Hubo un golpe duro en su trasero adolorido y sollozaba por ello. Sebastian tomo un puñado de sus rizos y levanto su cabeza para mirarlo. "Vas a aguantar lo que sea que perfectamente te están dando. Eres una zorra asquerosa cuyo trabajo es ser cogido y quedar embarazado. No tienes que decir en nada de lo que te pasa, ¿Entendido?"
Blaine lloró suavemente y asintió.
"En lugar de contar esta vez vas a decirme lo que eres y para lo que eres bueno en cada golpe," Sebastian ordenó. Asintió con la cabeza y Blaine gritó cuando las dos tiras de cuero del latigo aterrizaron en su trasero con un dolor punzante.
"Soy una zorra," Blaine sollozó suavemente. "Sólo bueno para ser cogido."
Otra vez.
"Una zorra. Sólo bueno para ser cogido."
Siete veces más y repitió y en la decima cayo débil y repitió por enésima vez. "Soy sólo una puta que sólo es bueno para ser follado."
Y finalmente lo creyó.
Después de que el Entrenamiento de Recompensa fue fácil. Cada chico hizo lo que se les dijo y fueron dotados con pequeñas cosas por las que tenían que responder apropiadamente. Algunos chicos de los que ya han sido sexualmente activos fueron obligados a dar algo al jefe de entrenadores pero Sebastian se ocupó de los vírgenes y ellos fueron sólo solicitados a básicamente acurrucarse y actuar como un animal desquiciado. Se les había enseñado durante los entrenamientos de placer como dar frente a los consoladores pero Sebastian les dijo que iban a seguir permaneciendo tan puros como sea posible así que no tuvieron que darle una mamada.
A pesar de que Blaine estaba siendo obediente y el esclavo perfecto, siendo elogiado por ello y recompensado adecuadamente todavía se sentía enfermo. Todavía soñaba con salir de ahí aunque había perdido la esperanza de que sucediera así que los esos sueños lo hacían sentir peor. Había aceptado su vida pero eso sólo significaba que había una espiral de una seria depresión y sueños de suicidarse por la libertad se unió a los sueños de escapar o ser comprado por un maestro amable.
El entrenamiento de subasta fue básicamente que ocurriría durante la subasta, cómo debía presentarse a los compradores y dejar a su comprador examinarlos después de la venta para asegurarse de que estaban perfectamente contentos con ellos. Sebastian aseguró que no habría reclamo en el complejo, sus maestros les llevaba a casa para hacer eso.
Nada de eso le importaba a Blaine. Su vida terminó el día que vino aquí. Nada iba a cambiar sólo porque iba a ser comprado.
Ow pobre de Blaine cuanto ha sufrido :( espero que les haya gustado. Nos leemos la próxima semana, cuídense mucho bye.
