Ya estoy aquí de nuevo, ¡aleluya! (?)

Tardé mucho en actualizar este fic, pero es que también tengo los otros y debo compartirme xP

Por cierto, lamento no haber respondido a mis MP pendientes, pero es que esta semana ha estado muy atareada para mí: mi cumpleaños, los deberes, los exámenes y The Last Story (uno de mis regalos, que me tiene viciada, es una joya de juego *.*)

Shia Azakami, me gustaría muchísimo responderte a tu review, pero es que en él tocas temas delicados del fic, y como eres anónima no te puedo responder en privado y desvelaría cosas de la trama que no quiero decir :/ Espero que no te moleste, muchas gracias ;)

Y ahora sí, os dejo con la historia ;)

Advertencia: En este cap no hay contenido sangriento, me lo reservo para el siguiente 9,9

Destinos cruzados.

En el capítulo anterior…

Cuando Link se había perdido una vez más entre las sombras de la calle, los otros tres asesinos se miraron entre sí.

-Gato estúpido, si sigue así un día él lo acabará matando –gruñó Kevin, volviéndose hacia Jasmine, visiblemente molesto por la marcha de su otro compañero, ahora su amo les echaría una buena reprimenda.

-Déjalo, que haga lo que quiera, no nos incumbe –contestó la pelirroja, indiferente, echando un último vistazo hacia donde Link, también apodado como el Gato Negro, se había dirigido.

En un silencio tan absoluto que incluso resultaba escalofriante, los tres asesinos retrocedieron un paso y se sumieron en las sombras de la callejuela, dirigiéndose hacia donde él los esperaba. El día había llegado. Tantos años de espera por fin se verían recompensados.

Capítulo 2: Kai y compañía.

Cuando su capa se fundió con las sombras y su cuerpo quedó totalmente oculto tras la oscuridad, no dejó que el ligero temor provocado por las palabras de Jasmine hiciera mella en él.

Era un asesino, no tenía miedo de nada, y menos cuando no tenía por qué tenerlo. Ya que, a fin de cuentas, las personas temen porque tienen algo que perder. Temen por sus vidas o por las de otros, pero él no temía por su vida. Es más, llevaba ocho años dándola por perdida. Ocho extensas primaveras, acompañadas por las otras correspondientes estaciones, se habían sucedido ante sus ojos sin importarle lo más mínimo. Para él la vida era simplemente tiempo en el que se sufre, nunca se había sentido feliz de tomar una bocanada más de aire desde que cumplió los diez años.

Mientras que su mente permanecía con aquellos pensamientos, el asesino se deslizó por las calles, ya tenía un nuevo objetivo. Él era así. O, mejor dicho, su cerebro funcionaba así; sin una misión, sin un objetivo por cumplir, él no era nada. Necesitaba saber que estaba haciendo algo para acercarse más a su objetivo, andar por andar no le servía, solo deseaba vengar a sus padres y a su pueblo.

Pronto se detuvo frente a una casa, blanca como todas las otras. Las cortinas del hogar, corridas por lo avanzada de la noche, impedían atisbar el interior del lugar, y las ventanas carecían de poyetes, lo que impediría a la sombra trepar y colarse por ellas.

La segunda opción, más rápida y segura, le hizo introducir su mano izquierda en la capa que cubría su cuerpo, y cuando la sacó de nuevo ya portaba una de sus peligrosas dagas.

Esbozó una sonrisa amarga, recordando el día en el que, ocho años atrás, su superior los sometió uno por uno a una prueba de fuerza y capacidad de adaptación. Día en el que se percató de que las dagas eran sus únicas y verdaderas amigas.

El experimento era sencillo: en una gran mesa había todo tipo de armas, grandes y pequeñas, livianas y pesadas, ponzoñosas y romas o afiladas y punzantes.

Rememoró como aquel gerudo colocó a los muchachos que él previamente había seleccionado por parejas, y los hizo elegir un arma, para luego lanzarse a una batalla desesperada por la supervivencia, pues no se podía esperar ninguna clase de dominio sobre un objeto destinado a la muerte en niños de diez años.

Recordó el sabor metálico de su propia sangre, el chasquido húmedo de su nariz cuando su rival se la partió de un solo puñetazo, el dolor de los cortes que la espada de aquel que antaño había sido su amigo le provocaba. Todo era demasiado para él. Nada más empezar la batalla, el rubio había escogido por propia voluntad una de las dagas que había sobre la mesa, ya que era incapaz de blandir una pesada espada o una lenta hacha, mas aquello de poco le servía contra el arma de su enemigo.

Sintió el dolor que hacía ya tantos años había sufrido como propio, y también experimentó el desagradable pero a la vez tranquilizante placer que vivió cuando, por pura casualidad y acto reflejo, logró hacer un profundo corte una de las manos de su enemigo con su propia daga. Escuchó el grito agudo del pobre niño, el sonido metálico que provocó la espada al caer estrepitosamente contra el suelo, los llantos y lloriqueos.

Lo recordaba todo con dolorosa exactitud. Eran tan pequeños, no se le podía pedir a un joven que apenas si ha vivido diez años que luche a muerte contra otro sin saber de antemano que lloraría al recibir el más mínimo daño.

Poco después de aquel corte, y cegado por el dolor previamente sufrido, el joven rubio perdió la consciencia, y cuando despertó junto a su cama estaba la daga, con la hoja aún manchada de sangre. Ese día comprendió que aquella sería su arma para el resto de su vida.

Una vez sacado de sus memorias, Link introdujo con una gran habilidad la daga en la rendija lateral de la puerta, pues esta no encajaba a la perfección, y con un suave movimiento de empuje pronto tuvo el camino libre. Tantos años colándose en casas ajenas para espiar a las que en un futuro serían sus víctimas lo habían convertido en alguien muy mañoso.

Entró en el lugar y cerró la puerta tras de sí. Conocía cada palmo de la casa, en la planta baja estaba la salita principal, la cocina y un humilde aseo con lo justo y necesario. Y, en el piso superior, estaba su objetivo: el cuarto donde solía dormir su víctima.

Subió las escaleras con sigilo, ni el oído más agudo podría haber percibido su presencia, porque había aprendido con el tiempo que uno de los factores más importantes para un asesino era la sorpresa, además, él no poseía la fuerza necesaria para enfrentarse a cualquiera que se le cruzase por delante.

Cuando alcanzó la planta superior, el joven asesino encapuchado se dirigió directamente al único cuarto restante, y empujó sutilmente la puerta, que se encontraba entornada.

En la habitación había una gran cama para dos personas, un par de mesitas de noche y poco más. Sobre la cama, arrebujada entre las sábanas blancas impolutas, había una mujer joven, de unos veinticinco años, pelirroja y muy bella. Las voluptuosas formas de su cuerpo se contorneaban bajo las mantas, haciéndola ver aún más hermosa, y para Link era una auténtica tentación, pero no estaba allí para pasar la noche. Y menos con una muchacha que no lo deseara.

Caminó a paso lento, cuidando de no hacer ningún ruido, hacia la mesita situada junto a la mujer, después introdujo la mano derecha, puesto que la izquierda ya estaba ocupada sujetando su daga, en la capa y de ella extrajo el collar de oro que previamente le había arrebatado a su víctima.

Esa dama debería de ser Marie, futura esposa del general de Hyrule al que acababa de asesinar, y la joya le correspondía. Era mejor que la tuviese ella a un vagabundo aprovechado cualquiera.

Depositó delicadamente el collar, primero apoyando el colgante circular y luego dejando caer lentamente los eslabones que componían la cadena. Una vez hecho esto, Link esbozó una sonrisa carente de sentimientos.

Podría acabar allí mismo con la mujer y así evitarle el sufrimiento de amanecer sin su amado, pero ella no tenía la culpa de lo que sucedió en Ordon, todo recaía en los hombros del que casi fue su marido, por lo que matarla no tendría sentido.

Se dio la vuelta y salió del lugar con la misma calma y quietud con la que había entrado, perdiéndose pronto por entre las sombras de la calle con una nueva dirección en mente.

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-¡¿Dónde está Link?! –exclamó un hombre pelirrojo.

Su voz retumbó por toda la pequeña sala e hizo un espeluznante eco que helaría la sangre al más fiero de los guerreros.

El que había hablado no era otro más que Ganondorf, caballero real y digno confidente de su majestad el rey. Su melena pelirroja había crecido ligeramente, pero seguía manteniendo el mismo aterrador aspecto que tuvo diez años atrás, cuando se ocupó de seleccionar a los que serían sus aprendices en la llamada "Matanza de Ordon".

-Dijo que tenía cosas pendientes, señor –respondió respetuosamente Jasmine, dirigiendo una mirada suplicante a sus otros dos compañeros varones.

Uno de ellos, Mike, respondió a su contacto visual con una mueca de: "Te lo advertí".

Lejos del grupo, e ignorando tranquilamente a sus compañeros, estaba Kai*, un muchacho de unos veinticinco años, de cabello castaño salpicado con mechones negros, ojos ambarinos curiosos pero discretos y sonrisa distraída. Él era reconocido por ser, justo detrás de Link, el Gato Negro, el mejor espía y el más apto para pensar con frialdad en los peores momentos. Sus aptitudes para la magia con el elemento aire, además de con todos los otros, lo solían convertir en alguien rápido y escurridizo pero también difícil de controlar, a fin de cuentas, nunca es fácil manejar una brisa, siempre existe la posibilidad de que se escape de tu alcance.

-Maldita sea –gruñó Ganondorf, dándose la vuelta y caminando hacia Kai.

Ninguno de los dos hizo ningún gesto, pero el chaval se movió al momento, apartándose de la pared sobre la que estaba recargado y empezando a caminar hacia los tres asesinos, que se limitaron a observarlo.

Cuando pasaban uno junto al otro, los labios de Kai se curvaron en una desdeñosa sonrisa, sabía que sus compañeros lo despreciaban porque Ganondorf siempre le había preferido por a su superioridad en cuanto a habilidades.

Mike, lejos de cederle el paso al mago del aire, se mantuvo en su posición, firme como una roca, mas Kai, o Viento del Norte, como solían llamarle, trazó hábilmente unas runas en el aire y murmuró en voz baja unas palabras arcanas que nadie comprendió.

En menos de diez segundos, Mike había salido volando, impulsado por una bestial corriente de aire, y se estrelló estrepitosamente contra la pared.

La puerta de la sala se cerró con suavidad en cuanto Kai abandonó el cuarto y el silencio, incómodo como de costumbre, se adueñó del lugar mientras que se escuchaban los gemidos ahogados provenientes de Lorelei cuando trataba de incorporarse.

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Link ya se dirigía a su siguiente destino. Seguramente Ganondorf le estaba esperando, y no muy contento.

Sus silenciosos pasos lo llevaron por las callejuelas más recónditas de la Ciudadela, cada vez se hacía más y más enrevesado el camino, pero el asesino no estaba perdido. En su mente se hallaba, marcado a fuego, un mapa de toda la ciudad.

Lo estrecho y difícil de las calles se debía, básicamente, al hecho de que, como buenos asesinos que eran, necesitaban hospedarse en un lugar escondido, poca gente, y tan solo aquella de baja calaña, sería capaz de dar con una casita de dos pisos, blanca, poseedora de un pequeño jardín a la entrada, además de un aparentemente inofensivo porche de madera.

Cuando hubo llegado al susodicho lugar, Link retiró la capa de su rostro, dejándola caer lentamente y mostrando una mata de cabello rubio desordenado y rebelde que le llegaba hasta los hombros. Un par de mechones se le escapaban de vez en cuando y cubrían parcialmente su fría e insensible mirada azul, que perfectamente podría asemejarse al hielo.

Justo cuando Link comenzaba a caminar sobre el pequeño y pedregoso sendero que cruzaba el jardín, la puerta de la casa se abrió lentamente, descubriendo conforme iba deslizándose sobre el suelo una mirada ambarina y el característico cabello de Kai.

Las miradas de ambos asesinos se cruzaron; una, insensible, y otra, jovial.

Kai era así, simplemente no podía evitar ser una persona vivaz y alegre, le venía en la sangre, al igual que sus dotes mágicos. El ambiente en el que Ganondorf lo había inmiscuido desde pequeño solo había conseguido que el joven mago fuese un poco más cerrado con aquellos cuya aura no le traía buenas vibraciones, pero el muchacho atrevido, curioso y vividor aún se ocultaba tras aquella máscara.

Por alguna extraña razón, Kai era el único miembro restante del grupo de asesinos que no inspiraba desconfianza en Link. Él se limitaba a ignorarlo, como hacía con el resto del mundo, y mientras que el mago no hiciera amago de pelea todo seguiría bien entre ambos.

Kai fue el primero en apartar la mirada y se dio la vuelta, perdiéndose de nuevo en el interior de la casa. Link ya estaba allí, así que no tendría por qué salir a buscarlo, había cumplido con su cometido.

Link atravesó el jardín con la misma calma que antes, y subió los tres escalones de madera que le llevaban hasta el porche, para luego penetrar en el lugar sin más demora.

En el mismo instante en el que Link pasó, una flecha salida de la nada surcó velozmente la entrada, mas aquello no alertó al joven, puesto que ya estaba acostumbrado al peligroso proyectil, que volaba a la altura del pecho, para así asegurar que golpearía tanto a adultos como a niños. Esa era una de las trampas más antiguas y también más efectivas que había en la casa, las demás se habían ido desactivando o simplemente perdían su relevancia por el paso de los años, pero la flecha que cruzaba de lado a lado el porche era imprescindible, les servía para deshacerse de extraños y despistados, además de servir como buen activador de reflejos para los asesinos. El proyectil, que emergía de una zona desconocida del jardín, era recargado cuando se precisaba por un hechizo permanente realizado por alguien a quien Link nunca había conocido, y las flechas se desintegraban a los dos minutos de estar encajadas tanto en el suelo como en el cuerpo de su víctima. El único problema que presentaba era que el sistema se activaba tanto a la salida como a la entrada, por lo que nunca podían estar tranquilos.

Mientras que subía los escalones que diferenciaban el primer piso del segundo, Link recordó lo mucho que les había costado aprender lo que sucedía con las flechas. Bastantes estudiantes habían muerto por su falta de atención, y el primer día, cuando llegaron todos los que en un futuro serían aprendices, Ganondorf fue mandado, uno tras otro, a los niños al porche para que abrieran la puerta, y fueron cayendo muertos hasta que una joven consiguió girar el picaporte poco antes de que una nueva flecha le atravesase el cráneo.

La casa en la que se encontraban los asesinos era un refugio perfecto, discreto y con una puerta que podría servir de salida secundaria. A pesar de que el lugar constaba de dos plantas, la segunda estaba reservada exclusivamente para Ganondorf, y poseía dos habitaciones: la sala central, en la que se reunían cada mañana para recibir sus misiones o charlas, y un cuarto aparte, que era donde su superior descansaba las noches donde no se quedaba en el castillo.

En el piso inferior había ocho habitaciones, cada una con un tamaño más o menos similar y el mismo mobiliario, aunque con el paso de los años este se había ido amoldando al asesino que albergaba en su interior.

En el caserón ya solo quedaban seis asesinos restantes de los casi ciento cincuenta que llegó a haber en un comienzo: Kai, Mike, Jasmine, Toni, Link y Ruby. El último se hallaba en una misión que le ocuparía hasta bien entrada la noche.

Los métodos de Ganondorf en la selección de sus aprendices habían sido crueles; allí no había espacio para segundas oportunidades, y cualquier error llevaba a la muerte, aunque nadie podría negar la efectividad de esta forma selectiva. Cualquiera de los seis aprendices restantes valía más que veinte soldados rasos del ejército de Hyrule.

Cuando Link posó su mano sobre el tirador de la puerta que daba a la sala principal, un escalofrío le recorrió el cuerpo: había un silencio absoluto, y eso no era buena señal.

Lentamente abrió la puerta y esta se deslizó sobre el suelo acompañada por un chirrido que descubrió su tardía presencia en el lugar.

Todas las miradas se centraron en él conforme recorría la sala con sus ágiles y confiados andares de gato, aunque, muy en el fondo, sus músculos estaban tensos, preparados para esquivar cualquier ataque repentino por parte de alguno de los presentes.

Mientras que Kai había vuelto a su alejado rincón, Jasmine, Mike y Toni se pusieron alertas al instante, esperando la reacción de su superior.

Los ojos carmesíes de Ganondorf se clavaron en Link, una mueca de rabia crispó su rostro, pero luego se relajó al sentir la tensión del rebelde rubio.

-Misión cumplida –anunció con tono indiferente, inclinándose un poco ante su superior.

El pelirrojo en única respuesta asintió; ya estaba acostumbrado a la frialdad de su aprendiz predilecto, y seguramente habría acabado con él mucho tiempo atrás de no ser porque había mostrado talento con las armas que poseía, además de un total manejo sobre su condición de asesino.

-Acercaos –exclamó Ganondorf, dirigiéndose a los dispersos jóvenes que había por la sala. Estos obedecieron de inmediato y se aproximaron a su superior de forma calmada-. Hoy por fin todo ha acabado, tantos años de sacrificio por fin se verán recompensados, vuestro interior se verá finalmente vengado y yo me alzaré como nuevo y justo soberado de Hyrule –prosiguió. Su voz, solemne y grave, se imponía en la sala de una forma sobrecogedora, y ni el silencio se atrevía a interrumpirle-. ¡Por fin, compañeros míos, podréis arremeter contra aquel que no teme enviar a sus soldados a arrasar pueblos inocentes y a quemar sus casas! ¡Porque, que lo sepáis todos, para mañana por la noche, el rey de Hyrule estará muerto!

Y con estas palabras, que tocaron especialmente a Link, el grupo de asesinos vitoreó a Ganondorf, algunos incluso desenvainaron sus armas, movidos por el deseo de la batalla.

-Atacaremos mañana al atardecer, ya que con los rayos del sol toda misión en más peligrosa –informó el hombre. Ahora su tono de voz se había vuelto mecánico, táctico-. Nuestro objetivo es el rey, no lo olvidéis, y una vez que lo hayáis asesinado tendréis carta blanca para hacer lo que deseéis. He oído que hay muy bellas sirvientas en el castillo –la última frase la añadió en voz baja, y la reacción primaria que provocó en algunos de los varones de la sala le hizo sonreír, divertido, pero pronto volvió a retomar su rostro serio, y observó con gravedad a los asesinos, uno por uno, deteniéndose unos instantes de más en Link, ya que solía ser el que mejor mantenía la cabeza fría cuando había mujeres de por medio-. Lo único que quiero y os exijo es a la princesa Zelda. No la toquéis, evitad dañarla y ni se os ocurra forzarla, ¿entendido?

Había una connotación en la última palabra que provocó un temor irracional en el interior de cada uno de los asesinos, mas ninguno dijo nada, se limitaron a asentir como cachorritos entrenados.

-Perfecto –asintió con una nueva sonrisa, luego se dio la vuelta y caminó hacia la puerta que conducía a su cuarto situada en aquella misma habitación-. Podéis marcharos, nos vemos a primera hora mañana.

Una vez hubieron recibido permiso, tonto fue el último joven que abandonó la sala, y Link se apresuró a bajar los escalones.

-Casi nos metes en un problema, gatito –dijo una voz femenina a su espalda, y pronto sintió una mano de dedos finos y delicados pero fuertes agarrándole el hombro.

-Exactamente –coincidió Mike, avanzando hacia él un paso de forma amenazadora.

Toni, siempre en silencio, se mantuvo al margen. El rubio simplemente iba con aquella pareja de muchachos porque ellos le brindaban la protección que él necesitaba para sobrevivir.

Link se apartó bruscamente del agarre, moviendo el hombro con sequedad, pero su mirada seguía siendo fría e indolente. Le daba exactamente igual todo lo relacionado con el resto de asesinos y los problemas que pudieran tener con él, solo deseaba una cosa, algo que había perdido cuando apenas si tenía diez años. Felicidad, y para llegar a ella debía acallar aquellas voces que siempre resonaban en su mente, recordándole que el rey tuvo la culpa de todo, él y los soldados que ellos mismos se había encargado de aniquilar.

Mike soltó un improperio y cerró el puño, listo para golpear a Link por su comportamiento con Jasmine, pero una voz los detuvo a todos:

-Haya paz, compañeros, debemos mantenernos unidos hasta mañana, ¿o vais a tirar por la borda todo nuestro trabajo?

Era Kai, que caminaba hacia ellos con sus característicos movimientos relajados y livianos, incluso parecía ser ajeno a la mismísima gravedad.

-Tú no te metas, intento de mago, que no pintas aquí –espetó en respuesta Mike, volteándose hacia el muchacho castaño con mechones negros.

Link dirigió una breve mirada vacía hacia Kai, él podría haber salido ileso en una batalla contra el moreno, pero en ese momento no tenía tiempo ni ganas de realizarla. Cuando hubo contacto visual entre ambos, el rubio lo rompió al momento y se dio la vuelta, comenzando a bajar las escaleras por segunda vez.

En esta ocasión, nadie le molestó, pero por estar de espaldas se perdió como, con una sencilla frase arcana, Kai se había desintegrado del lugar y el veloz puño de Mike golpeó a Jasmine, que, bufando como una gata salvaje, se abalanzó sobre él, incluso dispuesta a sacarle los ojos.

Link entró en su cuarto, situado bastante cerca de la puerta de entrada.

La suya era una habitación sencilla, con un mobiliario básico y austero, todo de madera: una cama con un colchón muy fino, cubierta por una manta blanca y un grueso pluma que recibió como premio en una de sus misiones, una mesita de noche con dos cajones, y un armario repleto de cajones donde guardaba tanto sus ropas como sus objetos personales. En la pared izquierda (es un cuarto cuadrangular) se encontraba la puerta que daba acceso al baño, que contaba con un barreño donde bañarse con el práctico sistema de agua que Ganondorf había instalado a base de magia y un retrete, también diseñado mágicamente, donde podía hacer sus necesidades.

Nada más acceder al cuarto, el joven se dirigió al armario y, tras abrir unos cajones, extrajo de ellos una larga soga y un gancho de metal ligeramente oxidado que poseía tres afiladas puntas enroscadas para permitir la sujeción a lugares con ligeras prominencias en las paredes.

Con cuidado coló la cuerda por el pequeño agujero que poseía el objeto punzante y ató dos fuertes nudos en torno a él, luego se aseguró de su resistencia y finalmente lo guardó en su capa. A continuación caminó hacia su cama, y debajo de ella sacó una daga que también ocultó entre los pliegues de su vestidura, en sustitución a la que se había dejado olvidada frente a la Tasca de Telma.

Una vez hecho todo esto, el asesino salió de la casa, donde aún discutían sus otros dos compañeros, y se caló la capucha hasta el fondo, ocultando de nuevo su apuesto rostro y volviendo a meterse totalmente en el rol de asesino, con un nuevo destino en mente…

El castillo de Hyrule.

Continuará…

*(Kai): lo siento, debo crear un anexo para este personaje, porque quiero hablar un poquito de él. En un principio, Kai iba a ser un mero personaje secundario más, pero cuando escribí cobre él se me fueron las letras y me acabó gustando más de la cuenta, así que os recomendaría no olvidarle, porque saldrá poco, pero será de vital importancia en la historia. Su nombre, Kai, es en honor a mi segunda trilogía de libros preferida: El Valle de los Lobos, porque amo a su personaje ;)

Una vez dicho esto, ¿qué tal el capítulo?

Espero que lo hayáis disfrutado, y lamento la falta de "acción", pero este cap se ha centrado más en explicar algo sobre dónde está Link y sus compañeros, sino todo sería muy confuso, ¿no os parece?

El próximo cap sí que tendrá violencia, aunque tampoco a raudales, la de siempre en este fic XD

Y ahora voy a agradecer a un pilar clave en cada historia, a los que dan ánimo e impulsan a escribir… sí, sois vosotros lectores, muchas gracias por vuestros reviews a todos: Shia Azakami, Cafekko-Maya-chan, arcangel91, Zelinktotal99, Shimmy Tsu, Angie ZF, Princess Aaramath, Zilia K, Rosy Gonzalez, lagenerala y Xungo.

Diosas, nunca llegué a pensar que este fic podría tener tanta aceptación :'D

Creo que he respondido a todos los revies, si me he saltado alguno, ¡tiradme una sandía gigante a la cabeza!

Bueno… mejor no XD Me disculpo de antemano, y ahora me despido, no sin antes desearos suerte y que os vaya muy bien ;)

Y, por cierto, dejen review, por favor ;)

Próxima actualización: Tengo decidido que el próximo es el Renegade, aunque me vaya la vida intentando hacer la comedia, así que… ¡esperadlo! :D