¿Yo? ¿Otra vez? No… *silba y desvía la mirada*
Lo lamento, queridos lectores, pero es que estoy demasiado viciada a esta historia, y la voy haciendo a medida que perfilo mentalmente los detalles para Las notas de nuestra canción y busco escenas para Pokémon: Renegade Generation xP
Hoy me he quitado el único examen por el que a lo largo de mi breve vida he dedicado tres días completos a estudiar, y me ha salido tan mal que no quiero ni recordarlo (básicamente ha sido culpa de la falta de tiempo). Odio física, la odio ahora y moriré odiándola. Aunque espero aprobar con un cinquillo o un seis xD
De todas formas, me dejo de idioteces que no os importan nada, aquí está el siguiente capítulo, con un título que lo dice todo XD
Advertencia: este capítulo sí que contiene algo de sangre. Tsu, espero que no te me mueras por el camino xD.
Destinos cruzados.
En el capítulo anterior…
El ardor y la pesadez de sus párpados se iban haciendo más notables con el paso de los minutos, y como el efecto de la adrenalina había desaparecido ya, mucho le costaba mantenerse en pie.
Cayó sobre la cama como lo habría hecho un tronco talado sobre el suelo y cerró los ojos, abandonándose al sueño durante las siguientes –e insuficientes- horas.
Al día siguiente le esperaría una larga y exhaustiva jornada de peligroso trabajo en el castillo.
Capítulo 4. La caída del castillo.
Los rayos del sol rasgaron la negrura brumosa nocturna, y como si la luz hubiese traído a la vida todo aquello que pareció quedar silenciado para siempre durante la noche, los pajarillos envalentonados comenzaron a piar y entonar rápidas canciones de ritmo sencillo pero cálido y divertido. Era un buen sonido con el que empezar el día, y Link, siempre con aquel sueño tan ligero y alerta, se despertó al instante.
Se mantuvo en la misma posición durante unos instantes, mientras que su interior emitía una queja en forma de adormecimiento cuando se percató de que las breves horas de sueño habían llegado a su fin. Al volver completamente en sí, el asesino se sentó en la cama y sus pies desnudos se posaron sobre el suelo.
Un escalofrío recorrió su cuerpo cuando las heladoras baldosas de piedra hicieron contacto con su piel, pero aún así se incorporó totalmente y pasó una mano por su rubia melena, exhalando un suspiro derrotado. La única idea que se le pasó por la mente le hizo dirigirse al aseo.
La puerta no se cerró tras él, mas no le dio importancia. Nadie entraría si apreciaba su vida.
Las ropas que había usado la noche anterior se deslizaron sobre de su cuerpo una tras otra, hasta que la pálida piel del muchacho quedó completamente al descubierto. Su torso desnudo mostraba una ligera musculatura nada marcada, nacida de todas sus misiones como asesino. Después caminó hacia el balde de madera y activó con una palanca el sistema de tuberías y canalizaciones que Ganondorf había construido para sus aprendices.
En menos de unos segundos el agua gélida ya manaba del tubo situado en el techo y se escurría por los hombros del asesino, que aceptó el helado beso del líquido como aquello que realmente era: lo único capaz de espabilarle.
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El día había transcurrido rápido y ajetreado para Link, repleto de técnicas, salidas secundarias y planes opcionales que seguir en caso de un fracaso en la misión principal.
Antes de marcharse, el gerudo se había encargado de recordar a sus asesinos la importancia de un trabajo eficaz y discreto. Podían ensañarse todo lo que quisieran con los trabajadores del castillo, tanto hombres como mujeres (dato que excitó particularmente a los varones e hizo esbozar una sonrisa misteriosa a Jasmine), a excepción de Zelda. La princesa de Hyrule era de Ganondorf y solo suya, eso estaba claro, y tocarla podría conllevar su nada recomendable reprimenda.
En ese momento el sol aún brillaba por encima de las distantes cordilleras, pero no tardaría más de unas horas en esconderse de nuevo. Los asesinos estaban dispuestos en una formación trabajada; Mike y su fuerza bruta se encontraban al frente, con Jasmine y Rock a los costados, luego se hallaba Toni, alerta y con el arco asido fuertemente, por último, Link cerraba la extraña fila con sus andares elásticos y las manos vacías pero siempre prestas a coger las armas. Kai, distraído y sonriente como de costumbre, caminaba de acá para allá, levantando alguna eventual brisa de viento para que azotara su rostro con un reconfortante frescor.
Ya nada les importaba, el sigilo con el que Link había trabajado la noche anterior carecía de sentido, y más teniendo en cuenta el estilo de ataque de los demás asesinos. Además, Ganondorf les había asegurado que ningún ciudadano pasaría cerca del castillo durante el ataque.
Un par de guardias apostados en la zona de vigilancia sobre la muralla los descubrieron, pero no los consideraron una amenaza hasta que vieron, para su horror y sorpresa, como un joven de cabello castaño con reflejos morenos y extraños ojos ambarinos comenzaba a acercarse a ellos. No fue el hecho de que alguien se aproximase, sino la forma en que Kai lo hizo lo que provocó el miedo de los hombres. El asesino mago, consciente y entretenido con el pavor que causaba a sus rivales, aprovechó sus dones mágicos naturales y caminó sobre el aire, como si de simple suelo se tratase, ascendiendo lentamente hasta los guardias.
Una lanza voló directamente hacia el pecho del mago, pero este desvió el misil con un simple gesto de muñeca y luego se posó sobre el puesto de guardia con total tranquilidad. Los dos hombres cayeron al suelo, aterrados ante la presencia de lo que ellos catalogaban como brujo, y suplicaron para tratar de que el joven no los transformase en ranas, sin saber que Kai no tenía ni la más remota idea de aquel hechizo.
Mientras que el asesino los distraía con sus trucos aéreos, Mike y Rock compartieron una mirada severa y asintieron al unísono. Ambos asesinos extrajeron de sus ropas el mismo instrumento que había usado Link el otro día, un gancho atado a una cuerda, y lo lanzaron a la parte superior de la muralla, cerca de Kai.
-Estúpido mago, bien podría habernos subido con él –gruñó Mike cuando tironeó de su cuerda para asegurarse de que estaba bien asida.
Jasmine soltó con una suave y melodiosa risita y se colocó junto a Mike, que la rodeó con un brazo para acto seguido ponerse a trepar. Su fuerza era tal que no parecía ni notar el peso de la asesina que cargaba.
Rock hizo lo propio con su soga y pronto se hubo encaramado arriba, luego fue el turno de Toni, quien batalló un poco más que los demás en su torpe subida, y en último lugar Link, que ascendió con presteza.
Para cuando el asesino rubio hubo alcanzado el puesto de guardia, el cadáver de un soldado degollado ya había caído al suelo mientras el hombre restante aún luchaba por su vida.
Kai se encontraba cómodamente sentado sobre una frágil rama cercana al lugar donde estaban sus compañeros, y su rostro normalmente sonriente había adquirido una expresión triste. No solía mezclarse en los asuntos que involucrasen un derramamiento de sangre, él se encargaba de facilitar las cosas a los otros asesinos, pero no mataba a menos que fuera en defensa propia.
Pronto otro cuerpo más se unió a la lista de los ejecutados por Mike y el grupo se dividió sin palabras. Link iría con Mike y Toni al interior del castillo, Kai se encargaría de limpiar de soldados las almenas con sus vendavales y Jasmine acompañaría a Rock en un viaje alrededor de la muralla, donde acabarían con todos los soldados que pudiesen dar la alarma.
Los tres varones asesinos aterrizaron limpiamente en el jardín y la nueva matanza comenzó.
Los guardias, que los esperaban abajo desde que habían contemplado el asesinato de sus otros compañeros, estaban armados con lanzas, espadas, algún eventual estilete y los escudos con el símbolo de la familia real marcado a fuego en ellos.
El primero de los soldados arremetió sobre Link, lo que fue un craso error porque instantes después caía al suelo con la garganta sujeta por sus manos en un desesperado intento por detener la constante escapada de sangre que había provocado una de las certeras dagas del asesino rubio.
Otras dos nuevas dagas prácticamente se aparecieron en las manos de Link y el muchacho se lanzó al ataque contra la primera decena de soldados que se le cruzó por delante.
Uno de los guardias trató de clavarle la lanza en el pecho, pero Link se zambulló en el suelo, el ataque le pasó por encima de la cabeza y atravesó el corazón de uno de los desafortunados soldados situados tras él.
El asesino rubio no perdió el tiempo y sujetó el mango de madera que componía el arma enemiga y tiró de ella hacia sí. El joven soldado perdió el equilibrio y pronto una daga en el estómago puso fin a su vida. El otro guardia herido se había librado de la lanza y luchaba inútilmente por seguir respirando.
Link desvió la mirada de su propia batalla para dirigirla hacia sus aliados. Toni y Mike combatían espalda contra espalda, y mientras que el más joven atravesaba gargantas con sus flechas, Mike destrozaba cuerpos, rompía cráneos y profería toda clase de insultos hacia sus rivales.
Un dolor cortante le hizo volver la vista al combate que tenía frente a sí, y sintió el calor de la sangre deslizándose a toda velocidad por su mejilla. Uno de los soldados armados con una espada había decidido atacar con todo, y tuvo la fortuna de que su rival estaba ligeramente distraído.
El sabor salado y férreo de la sangre apareció en el paladar de Link, y el joven se constató del rasgón en su capucha y el profundo corte en la mejilla, justo debajo de su ojo derecho.
El nuevo intento de golpeo por parte del guardia, cuya confianza había aumentado cuando supo que su rival estaba herido, fue detenido con habilidad por Link. Las hojas de acero chocaron entre sí haciendo saltar numerosas chispas y el asesino se acercó lentamente a su rival, aun manteniendo aquel duelo con las armas cruzadas. Haciendo uso de su segunda daga, el rubio clavó la totalidad de la hoja en el estómago de su rival, y la mantuvo allí hasta que pudo notar el cálido líquido carmesí en sus propias manos y se apartó. El cadáver cayó al suelo con un ruido sordo y Link se preparó para un nuevo adversario.
De pronto, la voz femenina de Jasmine irrumpió en la batalla, desviando numerosas miradas hacia su provocador cuerpo, despojado a propósito de la capa que antes lo cubría.
-Seguid vosotros, Camaleón y yo nos encargamos de esta pandilla de soldaditos de juguete –exclamó mientras que con la mirada escrutaba los rostros de los cuantiosos rivales que aún quedaban por abatir. De pronto sus ojos avellana se detuvieron y brillaron con especial placer cuando se topó con un guardia joven, moreno y apuesto-, así nos divertiremos un rato –agregó en voz baja. A pesar de que Link no pudo oírla, el asesino había aprendido a leer los labios y captó la mirada escrutadora de Jasmine y su última frase, lo que le llevó a conjeturar que en ella había un doble sentido no solo involucrado con las ansias de matar.
Mike respondió con un gruñido afirmativo y frunció el ceño, totalmente concentrado en la batalla. Se notaba que no quería dejar aquella pelea, pero si Jasmine se lo ordenaba, haría eso y más.
Un hachazo rápido hizo rodar la cabeza del soldado más cercano y salió corriendo con Toni pisándole los talones. Link los siguió a paso un poco más calmado, mientras que los guardias los observaban, incrédulos pero sin deseos de batirse contra ellos.
Justo frente a la puerta del castillo, Kai descendió muy lentamente hasta que sus botas tocaron el suelo, y esperó con paciencia a que la carrera de sus compañeros desembocase en el punto que él había tomado como pista de aterrizaje.
Nadia se atrevió a acercarse al mago, y menos cuando vieron emerger de la batalla, prácticamente ilesos, a tres de sus compañeros, todos imponentes y visiblemente peligrosos.
A pesar de que no representaban peligro alguno, Toni disparó algunas flechas sobre los alejados soldados para mantenerlos a raya, mientras que Mike ayudaba a Link en su intento de abrir la puerta gigantesca.
Tal como habían supuesto, era inútil; los guardias apostados dentro del lugar habrían tomado la precaución de atrancar la entrada, pero estaba claro que ellos no contaban con la presencia de un mago.
Kai caminó hasta el portón y colocó su palma derecha sobre la superficie de hierro cubierta de una pintura blanca, susurró suavemente unas palabras arcanas y movió su mano libre hacia un lado. El estrepitoso sonido de una palanca de metal cayendo contra el suelo confirmó al grupo que Kai había cumplido eficazmente su misión.
Nada más abrir la puerta, Mike y Link, que eran los que encabezaban la marcha, se toparon con varias decenas de guardias armados y prestos para luchar.
El asesino rubio tragó saliva. Una cosa era ser hábil con las dagas y otra muy distinta era ser inmortal.
Mike, por su parte, blandió su hacha e hizo un par de filigranas en el aire con ella, como si tratase de intimidar a los soldados, aunque no logró su objetivo porque ellos estaban muy seguros de su superioridad, tanto en número como en equipamiento.
De pronto Kai se colocó al frente de su grupo, entre los soldados y la pareja de asesinos, alzó las manos al cielo y musitó unas palabras suaves que parecieron deslizarse muy lentamente sobre sus labios.
El efecto en los guardias fue inmediato, y ninguno pudo disimular la mueca de puro terror que les deformó el semblante cuando los enormes y pesados portones del castillo se abrieron violentamente, empujados por la brutal embestida del viento que no afectó a los asesinos pero que acabó derribando a toda la brigada que les bloqueaba el paso.
Una vez completado el hechizo, Kai bajó los brazos y su respiración jadeante fue lo único audible hasta que el instinto violento de Mike se activó:
-¡Vamos a matarlos antes de que se recuperen! –anunció con toda la fuerza de la que era capaz, echó a correr hacia el primero de los soldados y su hacha se encargó de sentenciar una vida más.
Link, por su parte, optó por una opción bastante más inteligente, ya que se hacía una idea de lo que el rey podía estar planeando.
-Mike –lo llamó. El aludido, totalmente inmerso en el baño de sangre a costa de los aturdidos guardias, no le prestó atención, así que el rubio recurrió a una técnica que seguro que cambiaría la actitud de su acompañante-. Mike, ¿quieres un rival de tu talla? –sus palabras fueron sencillas, escuetas, y su tono calmado, pero la atención del asesino se centró en él como nunca antes lo había hecho- ¿Qué te parecería acabar con el rey? Si seguimos aquí, tratará de escapar, yo acabaré con los guardias y tú eliminas aquello que nos arruinó la vida, ¿te parece?
Un brillo sádico se prendió en la mirada marrón de Mike, y solo tardó lo justo en cortar otro cuello para asentir con la cabeza y salir disparado por el pasillo. No conocía el rumbo, pero a su lado iba el callado Toni, por lo que no se perdería.
Link se encargó se acabar con aquellos soldados que le parecían especialmente peligrosos a base de rápidas puñaladas, pero se limitó a dejar inconscientes al resto. De todas formas, el hechizo de Kai acompañado por el nuevo golpe que él les había propinado aseguraba muchas horas de sueño, aunque Link sabía que todos aquellos hombres estaban condenados, sus compañeros eran mucho menos piadosos que él.
Se puso en pie y caminó solo, ya que Kai se le había adelantado una vez que se hubo asegurado de que todo estaba controlado.
Tras unos minutos que se le hicieron eternos por aquel pasillo que habían transitado tantos guardias, ahora cadáveres sin vida, llegó a su destino: la gran puerta que habría podido identificar si la sirvienta no le hubiera delatado durante la noche anterior.
No se sorprendió al escuchar los ruidos de una batalla en el interior de la sala, y se confirmó su presentimiento anterior; aquella era la habitación donde encontrarían al rey.
Al entrar, Link tuvo el tiempo justo para ver como Toni, armado con una espada que no era suya, era atravesado de lado a lado por un hombre maduro, de avanzada edad pero mucha más habilidad de la que se podía haber esperado.
Toni, agonizante, cayó de rodillas y se palpó la reciente herida con sus manos, después se miró las palmas y sus ojos se abrieron como platos, parecía sorprendido de tener esa herida ahí. Link no pudo evitar sentir lástima, su compañero siempre había sido demasiado inocente, provenía de una familia burguesa que había sido aniquilada y no estaba hecho para las batallas.
Con un gorjeo que se convirtió en nada cuando la sangre comenzó a manar por su boca, Toni se derrumbó, y sus ojos se perdieron en un vacío del que nunca regresaría.
En la esquina de la sala, Link percibió el ligero ondeo de una tela blanca como la nieve que desaparecía tras una de las puertas que comunicaba con la sala. Mientras tanto, en el lado opuesto se encontraba Mike.
El asesino intentaba disimular su terror, y lo hubiera conseguido de no ser porque apretaba con tanta fuerza el mango de su hacha que sus nudillos se habían puesto blancos. Seguramente incluso se estaba haciendo daño, pero el temor le hacía preocuparse de otros problemas.
El rey, que sintió la presencia de Link, se volvió hacia él con gesto amenazante. No consideraba a Mike como un problema, porque seguramente el joven apenas si sería capaz de moverse del terror.
Nohansen era un hombre imponente. Su prominente barriga, achacada a los deliciosos manjares del castillo, contrastaba con la agilidad de la que había hecho gala durante el breve combate contra Toni. Su rostro carnoso formaba una graciosa combinación con el bigote y la perilla blancos como la nieve, pero Link no estaba para risas. Su cabello cano se hallaba ligeramente aplastado por el peso de la corona de oro con rubíes que portaba en la parte superior de su cabeza. Los ojos marrones, pequeños y achinados, reflejaban una profunda sabiduría y una aún mayor preocupación. Vestía un manto real rojo con bordados de oro, una camisa de la más fina seda azul y unas mallas blancas ajustadas. Un cinturón ceñía la ropa a su cuerpo y el broche de oro, que parecía estar llevado hasta el límite de su aguante, permanecía en el sitio, cumpliendo con su misión. Las botas marrones cubrían sus pies, de un aspecto desproporcionalmente pequeño respecto al resto del cuerpo.
Como armas blandía una espada por cuya hoja se resbalaban las gotas de sangre de Toni y un escudo con algún que otro piquete de antiguas luchas.
-¿Quién eres? –preguntó el rey. Su voz era solemne, imponía respeto y hacía sentir unas ganas irrefrenables de guardar silencio para escucharle hablar, pero Link ignoró aquellos impulsos y caminó hacia el interior de la sala a paso lento, luego se volvió hacia Mike sin perder de vista a Nohansen.
-Ve a buscar a la princesa, no podemos perderla, yo me encargaré de él –ordenó con voz firme, y, seguro de que el asesino obedecería al momento en un desesperado intento por zafarse de un duelo que podría llevarle a la muerte, dejó de prestarle atención para voltearse hacia el rey.
-¿Quién eres? –repitió el soberano, tenso ante la posibilidad de que aquello fuera una trampa y el otro hombre le fuese a golpear por la retaguardia.
-Tranquilícese. A diferencia de usted, yo no le atacaré por la espalda –respondió el joven, consciente de los pensamientos del rey y forzándose a usar un trato de respeto hacia la persona que ordenó el asesinato de sus padres.
-¿Pretendes que me fíe de ti, asesino? –espetó el hombre, escupiendo las palabras una por una. El odio le teñía la voz. Aquellos hombres estaban poniendo en peligro lo que más amaba: su hija. Y eso no iba a permitirlo.
Como única contestación, Link se encogió de hombros mostrando su indiferencia y preparó sus dagas para una batalla que no podía esperar más.
-Responde a mi pregunta, niño, ¿quién eres? –el rey estaba comenzando a perder la paciencia, pero guardó silencio cuando su rival avanzó un solo paso y luego llevó la mano a su capucha, para descubrirse el rostro y mostrar la insensible mirada de unos fríos ojos azules-. Eres un monstruo –musitó el hombre sin pensarlo. Nunca se podría haber imaginado a una persona con aquella mirada, parecía provenir de otro mundo.
-Un monstruo, no, pero sí un sobreviviente –contestó con calma el joven, y, ante la mirada confusa del monarca, se puso en posición para atacar-. En guarde –advirtió sin más, y luego prosiguió su avance hacia el rey, mientras que por su mente circulaban las imágenes de los recuerdos borrosos y ensangrentados del día en el que lo había perdido todo. Del día en el que por culpa del rey lo había perdido todo.
Captando que en aquella ocasión su enemigo no iba a detenerse otra vez, el rey decidió tomar la iniciativa y tantear un poco las habilidades del joven, que si eran ligeramente parecidas a las de Toni, estaba perdido.
Una estocada horizontal de la espada hacia su pecho fue el primer ataque, Link lo desvió sin pensar con una daga y empleó la otra para tratar de acuchillar el pecho de su rival. El escudo detuvo con presteza la trayectoria del arma y ambos retrocedieron un paso para recuperar la soltura e idear una estratagema.
En esta ocasión, Link, con el amasijo de dolor palpitando fuertemente en su interior, arremetió contra el monarca y en respuesta la espada desvió la hoja, pero entonces sucedió algo que el rubio no se esperaba.
Un sonoro golpe resonó por todo el cuarto, y un gemido de dolor desgarró la garganta de Link y se escapó de sus labios. El rey le había golpeado fuertemente con el escudo en la cabeza, y ahora solo escuchaba un pitido irritante. Había perdido su agudo sentido del oído, lo que influyó bastante en su equilibrio y se derrumbó de rodillas en el suelo.
El repiqueteo de una de sus dagas al rebotar contra el suelo del castillo sonó como una sentencia de muerte, y el rey hizo descender el arma sobre la desprotegida nuca del joven mientras este se sujetaba la cabeza con la mano libre y apretaba violentamente la empuñadura de su daga restante.
Más por reflejo que por otra cosa, el asesino se zambulló de cabeza sobre el suelo y dio un par de vueltas sobre sí mismo para alejarse del rey, cuya espada chocó contra la alfombra rojiza.
Link se levantó tambaleante. El pitido había disminuido un poco y el dolor cegador que el escudo le había provocado por fin comenzaba a disiparse. Ya habría tiempo para desmayarse cuando el corazón del rey dejase de latir.
-No sé quién eres, ni qué quieres de nosotros, solo sé que no dejaré que dañes a mi familia –clamó el rey antes de embestir de nuevo contra su rival, espada por delante.
Sus palabras dañaron en lo más hondo a Link. Su familia en Ordon había sido arrasada por él, ¿y ahora pretendía decirle que no le iba a permitir dañar a la suya?
Los músculos del joven se tensaron, prestos para evitar el golpe, pero mantuvo una calma fría hasta que la espada del rey quedaba a unos diez centímetros de su rostro, momento en el que se acuclilló y empleó su daga para intentar herir al hombre, mas este, como buen y sabio rey, se detuvo a tiempo y golpeó a Link con el plano de la espada en la cabeza, haciéndole caer al suelo de espaldas.
Dos golpes en el mismo sitio. Apenas si era capaz de distinguir la difuminada silueta de su enemigo entre la oscuridad de la inconsciencia que amenazaba con tragársele en cualquier momento.
Notó la hoja fría de la espada contra su cuello, y una ligera punzada de dolor cuando el extremo de esta se hundió en la piel un poco. Una gota de sangre se escapó de la herida.
-Dime quién eres o de dónde provienes, asesino, y después te enviaré a un lugar donde podrás descansar en paz.
Link apenas si pudo entender aquellas palabras, pero entre la lectura de sus labios y la recopilación de sonidos que había podido escuchar, compuso la frase. Una ligera sonrisa amarga elevó la comisura de sus labios. Tantos años luchando para vengarse, y ahora iba a morir justo cuando estaba a punto de conseguirlo.
-Ordon.
La palabra generó un ambiente de aún más tensión en el cuarto, el silencio se hizo cuando los ojos marrones del rey se perdieron en los recuerdos de aquel día. El soberano recordaba a la perfección cuando uno de sus soldados le informó de que Ordon, un pueblo pacífico que nunca le había acarreado problemas, y todos sus ciudadanos habían sido aniquilados a sangre fría por unos bandidos desconocidos.
No había quedado ningún superviviente, según tenía entendido, y, en cambio, aquel chico afirmaba ser de allí, lo que parecía irreal.
Link se forzó a parpadear con más frecuencia de lo normal, y cuando las brumas se disiparon tan solo un poco, se movió con rapidez, asestando un fuerte golpe con el pie en el tobillo de su soberano.
El chasquido que se escuchó proveniente del ataque no fue nada agradable, pero aún menos para el rey, quien de repente sintió una oleada de dolor y perdió el equilibrio, dando de bruces sobre el suelo. Link rodó sobre sí mismo para alejarse de Nohansen y trató de ponerse en pie. En los primeros intentos el mareo era demasiado, pero finalmente logró sostenerse y se dirigió a paso lento hacia el monarca, que, incapaz de levantarse, como la más noble de las bestias, había aceptado su futura muerte y la esperaba con la barbilla más alzada posible, en señal de orgullo.
Link se arrodilló junto al hombre y asió la daga con ambas manos, puesto que no se sentía con fuerza para acabar con la vida del rey usando solo una. Levantó el arma sobre el pecho del hombre y sintió que su corazón se aceleraba.
-Mataste a mi familia, a mi pueblo, a mi gente –susurró con voz ronca, el dolor era demasiado, y no solo físicamente hablando-. Destrozaste miles de vidas inocentes que hoy verán cumplida su venganza.
El rey se tomó unos minutos para reflexionar las palabras del asesino, y de pronto comprendió lo que sucedía. Su rival estaba siendo engañado, la familia real nunca había planeado tal ataque.
-Te equivocas, joven, la familia real no estuvo relacionada con el atentado que se cometió contra tu pueblo aquel día y nunca lo estaría.
Pero Link no quería escuchar. Le dolía demasiado la cabeza, los recuerdos le martilleaban por dentro con tanta fuerza que parecían dispuestos a reventarle el cráneo en cualquier momento, incluso su propia respiración provocaba un sonido desagradable en aquellos momento.
La daga descendió sobre su pecho, y el soberano contempló su muerte con fría pasividad. La causa del joven era justa, pero él no era su verdadero objetivo.
Cuando el corazón del monarca hubo dejado de latir, Link arrancó la daga de su cuerpo y observó la hoja teñida de rojo. Dejó que una a una las gotitas manchasen el traje del inerte soberano y las miró con un aire distante. La venganza no estaría cumplida hasta que la princesa, última persona con sangre real, hubiera muerto, pero aún así estaba decepcionado por no haber encontrado la calma interior que se prometía una vez que la vida del rey hubiese finalizado.
Ni rastro. La desesperación seguí allí, latente.
Ante la nueva oleada de dolor, Link recordó algo que antes había estado demasiado exhausto como para rememorar. Su mano rebuscó entre los pliegues de la capa y de ella extrajo una pequeña botellita del más fino y caro de los cristales, repleta de un líquido rojizo con poderes curativos bastante elevados.
Dio un pequeño trago al brebaje y sintió una enorme satisfacción cuando el frescor de la pócima con sabor a frutas del bosque inundó su cuerpo. Por supuesto, sus heridas no se le curaron por completo, simplemente aceleraron su recuperación, pero el dolor de cabeza desapareció y Link pudo ponerse en pie sin más contemplaciones.
El joven guardó el frasco y luego caminó con paso decidido hacía la puerta por la que había visto desaparecer el volante blanco y después al propio Mike.
Tras unos minutos de marcha por los alfombrados pasillos, el joven escuchó la inconfundible risita femenina de Jasmine. Fuera lo que fuese, la mujer lo estaba disfrutando.
Link entró en la sala de donde provenía el sonido y la rabia le invadió. Allí, justo delante de él, Mike sujetaba el brazo de una joven y la atraía hacia su cuerpo.
Era una mujer rubia de larga melena. Dos mechones actuaban como patillas y sus orejas puntiagudas resaltaban entre sus dorados cabellos. Los ojos azul oscuro de la dama reflejaban la sabiduría que previamente había visto en el rey, y Link no dudó en pensar que la chica que tenía frente a sí era la legítima heredera al trono. Tendría la misma edad que Link, dieciocho años, y parecía igual de madura. Era alta, y vestía un largo y elegante vestido rosado con volantes blancos iguales a los que había visto antes. Algunos adornos púrpuras que formaban una extraña figura compuesta por tres triángulos que Link no había visto nunca antes adornaban el traje. Sus manos de apariencia delicada se encontraban protegidas por unos finos guantes de seda de color blanco. Debajo del vestido, unas sandalias delicadas completaban su aspecto de noble.
A pesar de su apariencia dulce y mimada, en una de las esquinas de la sala había un puñal, y el rostro de Rock mostraba un profundo arañado muy posiblemente provocado por el arma de la princesa.
Kai estaba en una de las esquinas de la sala, solitario y con la mirada perdida en aquellos dos, su cuerpo tenso parecía indicar un posible deseo de detener el forcejeo, mas se contenía.
-Suéltala –ordenó Link con voz rayana a la furia.
Los ojos marrones de Mike estudiaron al muchacho y vio el cansancio a través de las pupilas zarcas de Link, así que no le hizo mucho caso y siguió atrayendo a la joven hacia su cuerpo. La mujer luchaba valientemente por oponerse mientras que mentalmente intentaba recordar cualquiera de los hechizos que conocía.
-Estate quieto, ¿o acaso has olvidado las órdenes de él? –dijo Link, acercándose a Zelda y poniendo un énfasis especial en la mención a su superior, cuyo nombre tenían prohibido mencionar en público. La mirada lasciva de Mike se mezcló con el temor que sentía hacia Ganondorf. Link notó la confusión del joven y adivinó sus pensamientos-. Es una bella mujer, hay que admitirlo, pero aquí también hay sirvientas hermosas, puedes estar con ellas –se odiaba a sí mismo por pronunciar aquellas palabras. Respetaba a la mujer por encima de todo, pero sabía que si no usaba ese argumento Mike se mostraría aún más reticente a liberar a la dama.
Cuando la hubo soltado, Link vio que Zelda se preparaba para escapar, así que agarró con fuerza su muñeca, tratando de no causarle ningún daño. Las órdenes de Ganondorf eran claras. No quería que la princesa sufriese el más mínimo roce durante la misión.
La piel de su mano izquierda entró en contacto con la palma derecha de Zelda, y entonces Link sintió una extraña sensación. Primero fue un leve cosquilleo, pero fue subiendo de intensidad hasta convertirse en una oleada tan dolorosa que durante unos momentos creyó que la princesa había usado algún hechizo para subir la temperatura de su mano y quemarle la piel.
Zelda rompió el contacto al instante y miró al joven con frialdad. No había ni rastro de odio, porque su padre le había enseñado que aquel no era un sentimiento benigno ni para el cuerpo ni para el alma, así que castigaría al asesino con su indiferencia.
Link trató de simular que no había sentido nada, y observó a sus compañeros, captando en sus miradas que tenían pensado quedarse un poco más en el castillo para disfrutar de la merecida recompensa.
El joven echó un vistazo a Kai antes de marcharse de la sala y notó que el rostro del muchacho se encontraba contraído en una mueca de dolor y que se sujetaba con fuerza la cabeza empleando ambas manos. Parecía tratar de contener los gemidos de sufrimiento causados por lo que fuera que le estuviese sucediendo.
Por suerte, nadie le prestaba atención, y Link tenía que llevar a la princesa de Hyrule junto a Ganondorf, por lo que se limitó a abandonar el cuarto sin pensar más en el mago y centrándose en lo que ahora se le avecinaba.
Continuará…
Es un poquito largo el cap, pero espero que lo hayáis disfrutado igual, he puesto esmero en el asesinato de nuestro amado Nohansen, que muere en casi todas las historias XD
¿Qué le pasará a Kai? Muajajaja, eso es uno de mis mayores secretos xD
Y… ¿qué pasará con Zelda? Solo yo lo sé owo
Y ahora muchas gracias a los que comentaron, es un placer teneros como lectores :D : Zelinktotal99, Shimmy Tsu, Zilia K, Ncy-Z, Xungo, Guest (y sus pingüinos xD), lagenerala, Emilia L. Cortez, Shia Azakami, P.Y.Z.K, Angie ZF y Cafekko-Maya-chan.
Supongo que mi querida Tam (Princess Aaramath) andará ocupada con los exámenes que nos ahogan a todos XD
Una vez más, muchas gracias y disfrutad de la vida, las venideras vacaciones de Navidad (pongan la babilla de Homer Simpson mientras que digo esto xD), esquiven los postes de voleibol y… bueno, poco más, dejen un review, ¡que me lo curro por vosotros xD!
Con cariño, una escritorcilla más de esas que odian los números y aman las letras ;)
