Sí, aquí estoy :')

Acá son las doce y media, tuve que suplicarles a mis padres que me dejasen actualizar XD

Las razones de mi tardanza están más o menos explicadas en un one-shot que publiqué hace dos días llamado "Vert", aunque las explicaré con más detalles a todos aquellos lectores que, indignados, deseen saber lo que me sucedió.

No los entretengo más, yo tampoco tengo mucho tiempo XD

Nos leemos al final. Disfrutad de esto ^^

Destinos cruzados.

En el capítulo anterior…

Lejos de la pareja abrazada, Link se dio la vuelta despacio. Tenía al traidor que tanto deseaba ver muerto Ganondorf y a un mentiroso que se había colado en el gremio de los asesinos. Tal vez si los mataba y arrastraba sus cadáveres Ganondorf perdonaría su vida.

A pesar de sus pensamientos, Link no hizo nada de lo que se le ocurría, sino que caminó lejos de ellos, lejos del castillo, lejos de la agitada muchedumbre. Lejos de todo.

Solo.

Solo, como siempre había estado y como nunca había dejado de estar.

El asesino fue el único que sintió sus lágrimas calientes escaparse de sus ojos azules, el único que escuchó sus gemidos ahogados por el estrepitoso sonido del agua chocando contra el suelo. El único que podía sostenerse a sí mismo. Como siempre había sido. Qué estúpido fue el creer que algo podía cambiar.

Capítulo 10. Vinculado.

Cuando llegó a la casa de los asesinos estaba calado hasta los huesos. Su capa empapada se adhería a su piel de una forma incómoda y fría, los mechones rubios se esparcían irregulares por su rostro, incontables gotas se deslizaban desde sus pómulos afilados hasta su barbilla, donde caían.

La puerta del lugar se abrió y una silueta aguardó calmada al sibilante y letal proyectil que fue disparado segundos después. Una vez la flecha se hubo clavado en el suelo, la persona abandonó el interior del lugar y se descubrió bajo la escasa luz que se filtraba por entre las nubes la forma impecable de una mujer. Su piel era oscura y sus cabellos, rojos como el fuego mismo. Vestía un top blanco corto que solo le cubría sus pechos, unos bombachos a conjunto y unas babuchas oscuras cubiertas del barro que plagaba los caminos de la Ciudadela. En su mano derecha portaba una larga alabarda de aspecto y hoja amenazadores. Un penacho de plumas con los colores de la bandera gerudo adornaba el arma con escalofriante eficiencia. La mujer era una de los soldados de Ganondorf y posiblemente venía de informar a su maestro de lo sucedido en el castillo.

Link y ella se sostuvieron la mirada durante unos momentos, después la chica esbozó una sonrisa afilada, pérfida, y siguió caminando sin volver a posar siquiera un ojo más sobre el joven rubio.

El asesino supo que estaba condenado mucho antes de poner siquiera un pie dentro de la enorme sala, donde Ganondorf sentado en su trono flanqueado por Jasmine y Mike lo esperaban. La pelirroja sonrió al verlo entrar, Mike soltó una sonora carcajada.

El mundo del joven rubio tembló. ¿Tan pronto iba a morir?

Chasqueó la lengua. De alguna forma ya esperaba perecer en manos del gerudo, pero una cosa era estar seguro de algo y otra muy distinta tener tu final a diez pasos de ti. Aunque no tenía razones para seguir viviendo, todavía no deseaba morir. Qué irónico.

Ganondorf lo recibió con una sonrisa ancha y plagada de blancos dientes.

-Acércate –dijo jovial, pero su voz solemne hizo parecer aquello una potente orden más que una sugerencia amistosa. Link hizo lo que le mandaba caminando a paso lento y cauteloso hacia él. Cuando hubo llegado a su lado la sonrisa de Ganondorf se ensanchó más si era posible, dejó caer su barbilla sobre la mano derecha, situado el codo sobre el apoyabrazos, con un aire desinteresado. Mechones de ardiente rojo cubrían sus pupilas doradas y ocultaban su brillo vestigial-. Me ha dicho una buena amiga que te has metido donde no debías, Link, amigo mío.

El aludido no se dejó engañar por la aparente fachada amistosa y descuidada de su superior, pues era solo una tapadera que velaba la ira que lo consumía por dentro. Por el rabillo del ojo percibió los cuerpos tensos de sus compañeros, que parecían listos para desenvainar las armas… y atacar.

Tragó saliva sosteniendo la mirada de su maestro. Si iba a morir no lo haría como un cobarde.

Ganondorf sabía que su aprendiz ya había comprendido lo que le sucedería por haberle desobedecido. Siempre había sido muy listo. Demasiado para el gusto del usurpador.

-Bueno, ¿y ahora qué deberíamos hacer? –su tono indiferente arrancó un par de temblores involuntarios al cuerpo de Link. El gerudo disfrutaba tanto torturándolo. Se inclinó en su trono, la barbilla aún sobre la mano. El silencio imperante transmitía una sensación de alarma y tensión que empezaba a ahogar al más joven de los asesinos. Estaba agobiado-. ¿Dónde está Sheik? –preguntó de pronto el gerudo, sacando al rubio de sus pensamientos. La ausencia del nuevo miembro no le pillaba desprevenido gracias al aviso de la soldado a su cargo.

-Está muerto –contestó Link, su tono mordaz atenuado por el suave hilo de voz en el que fue empleado, pues ni siquiera era capaz de alzar la voz de tan intimidado como estaba-. Lo maté con mis propias manos –añadió.

Por alguna razón el pensamiento de asesinar a Sheik se le hizo despreciable. Era el conocido más cercano que había tenido desde que a los diez años aniquilaron a los habitantes de su poblado. La garganta se le secó al recordarlo. El paso del tiempo no había sepultado el dolor de los recuerdos, que siempre era demasiado y le acongojaba, le hacía querer acurrucarse y llorar hasta no poder más, pero aun así sostuvo la mirada penetrante de aquel hombre que tanto le aterraba. Era un temor tan apabullante el que sentía, tatuado en su piel a base de golpes durante todos los días a partir de su primera década de vida.

-Mientes –rugió con una potencia que nadie preveía, poniéndose en pie y agarrando al muchacho rubio del nudo que sujetaba su capa al cuello. Lo levantó del suelo más de quince centímetros, pero Link no se inquietó. Simplemente devolvió todas las miradas iracundas y las enfrió con su aspecto indiferente.

Jasmine se encogió en su posición unos pasos por detrás de la pareja; no por pena ni compasión hacia aquel que había sido su compañero durante años, sino por el terror que le trasmitía el simple hecho de pensar que ella estuviese en su lugar. Si algo útil habían aprendido durante todos aquellos años de entrenamiento era que nadie se enfrentaba a Ganondorf y vivía para contarlo. Nunca.

De fondo Link notaba la sonrisa divertida de Mike, que era una de esas personas capaces de disfrutar de cualquier mal ajeno y desearles uno incluso peor al que ya tenían.

Ya era hora de que Link se diese cuenta de que los que estaban en aquella sala, los tres asesinos y su superior, Ganondorf, no eran más que bestias. El entrenamiento los había convertido en animales de batalla sin más sentimientos ni preocupaciones que uno mismo. La supervivencia prima en las situaciones de vida o muerte.

Ganondorf tenía el rostro tan cerca que Link podía sentir el aliento cálido a canela que este emitía. Era dulce a pesar de que el rubio nunca lo hubiera visto comer otra cosa que no fuese carne roja bien regada en vino tinto de alta calidad.

Tan repentinamente como lo había sujetado el gerudo lo lanzó contra el suelo. Link dio de bruces contra este, el hueso occipital de su cabeza fue el que recibió más daño cuando debido al impulso su cráneo chocó contra la madera sin pudor. Las risas de Mike eran suaves y llegaban a oídos de Link distorsionadas, igual que el resto del mundo, debido al golpe que acababa de sufrir.

-Tienes un minuto para correr, perro, verás como no vuelves a intentar mentirme nunca más –advirtió recuperando su tono calmado.

Y así, con una gran sonrisa forzada, sentado en su trono de terciopelo rojo y falsa madera de roble, Ganondorf vio como el mejor de todos sus aprendices, su erudito, se ponía en pie a duras penas, aturdido por el golpe, y tras dar un paso en falso que casi lo mando al suelo una segunda vez, abandonó el cuarto al ritmo más acelerado que se podía permitir.

Fuera llovía. Diluviaba. Por las calles de piedra corrían riachuelos de agua gris que arrastraban barro y piedras desperdigadas por el suelo, no había ni un alma allí fuera que se fijase en el muchacho rubio con la capucha caída que abandonaba la casa de tan normal apariencia casi corriendo.

La cabeza de Link daba vueltas. Apenas había comprendido las palabras de su maestro, era una suerte que captando palabras sueltas hubiera podido darle el sentido aterrador que les correspondían. Intentaba alejarse del lugar donde había vivido ocho años corriendo, pero el empedrado era resbaladizo con la lluvia y la densa cortina de agua que se precipitaba casi en vertical del cielo mezclada con su mareo no lo ayudaban en nada.

Supo que el minuto había pasado al escuchar el sonido distante de una puerta al cerrarse con fuerza. Derecha, pensó de pronto Link, tomando dicha dirección sin saber a dónde le llevaría. Las dos filas de edificios que componían aquella larga avenida parecían ser las paredes del laberinto donde Link se encontraba perdido. Tenía dos caminos: volver y suplicar por una muerte rápida o seguir adelante y arriesgarse a lo que tocara. La muerte estaba asegurada en ambas opciones, así que solo tenía que tomar la que menos dañara su orgullo de veterano. Así que siguió corriendo.

Iba a girar hacia la izquierda en una bifurcación cuando sintió un agudo dolor en el brazo derecho. Bajó la mirada sin dejar de correr y forzó sus ojos a focalizarse para ver con cuestionable claridad la diminuta cuchilla de hoja fina y alargada que le atravesaba el brazo. Una empuñadura roja cilíndrica era lo único que había impedido que el arma desfilase a través de toda su extremidad y saliese sin dificultades. A lo lejos escuchó unas carcajadas femeninas y un "¡Bingo!".

Sus compañeros estaban de caza. Una vez más Link sabía algo que no debería saber.

Cayó al suelo cuando alguien le golpeó por la espalda. Cerró los ojos por instinto, sintiendo que alguien lo agarraba del pelo y lo levantaba con rabia. La que supuso que sería Jasmine arrancó la daga de su brazo y la usó para delinear los finos rasgos del rostro del joven rubio.

-Es una pena –ronroneó la asesina muy cerca de su oído, el arma pronto sustituyó su voz con unas caricias suaves pero indudablemente peligrosas.

Lo siguiente que sintió fue una brusca patada en su estómago que le hizo encogerse a pesar de que el agarre de sus cabellos le impedía hacerse un ovillo. Cuando le soltaron Link se derrumbó de rodillas, se inclinó mientras trataba de tomar aire entre jadeos ahogados y gemidos de dolor, hilos de sangre serpenteando por su nívea piel. La lluvia comenzaba a ceder, las nubes arrastradas por el fuerte viento que se levantó de pronto.

Antes de que Jasmine pudiera trazar algo más que caricias con su daga una voz los interrumpió. Era un chico alto, muy alto, de piel pálida y rostro descubierto. Sus ojos eran grandes de un brillante tono verde esmeralda y la cabellera negra agitada por el viento le confería un aspecto salvaje. Tras él estaba alguien que Jasmine y Mike reconocieron al instante: Sheik. El sheikah sujetaba entre sus dedos vendados un largo arco de excelente madera y un carcaj colgaba de su hombro, aunque no parecía sentirse cómodo llevando esos elementos de batalla.

Los ojos de Jasmine se iluminaron ante la vista de aquel chico tan atractivo que se alzaba frente a ella. Un poco delgado para su gusto, pero por todas las diosas ¿qué mejor forma de sustituir a Link que con aquel muchacho moreno?

El desconocido les había interrumpido con un tono bastante jovial que enfureció a Mike por resultar algo retador y humillante:

-Vaya, veo que en Hyrule se estilan las peleas descompensadas de dos contra uno –el fuerte viento que había acabado sustituyendo a la lluvia dejó al descubierto las orejas humanas del hombre y hasta pareció ser audible el "crack" que hicieron las esperanzas de Jasmine al percatarse de que su "amor a primera vista" era un humano que había logrado escapar de Ganondorf. El moreno ni se inmutó ante las reacciones que causó en los dos asesinos; dedicó un rápido vistazo a Link, que se había aovillado en el suelo, su sangre teñía de rojo el agua turbia que inundaba las calles de la ciudadela. Una sensación de rabia se apoderó de él y antes de que se diera cuenta ya estaba llevando su mano derecha hacia el collar en forma de colmillo de cristal que descansaba sobre su pecho, tras la capa. Se estremeció al contacto de la potente magia que este albergaba y sonrió-. Ahora me toca jugar a mí –todos pudieron contemplar como los colmillos del de ojos verdes (visibles porque estaba sonriendo abiertamente) crecían sin pausa mientras hablaba, su voz se tornó más grave y sus ojos se oscurecieron-. Creo que me está entrando hambre.

Jasmine y Mike estaban aterrados. Las rodillas les temblaron tanto que al darse media vuelta y echar a correr casi acabaron en el suelo, no se dignaron a terminar su tarea con Link, al que dejaron jadeando en el suelo sin mirarlo una última vez.

El muchacho hizo el amago de dar unos pasos hacia delante, los dos asesinos no siendo ya más que dos siluetas en el horizonte, pero en lugar de ir tras ellos, retiró la mano de su collar, invirtiendo el cambio que se estaba procesando en su cuerpo y retornando así a la normalidad, y se acuclilló al lado de Link.

Sheik corrió hacia el que había sido su compañero durante un breve lapso de tiempo y se arrodilló junto a él sin tomar en cuenta el agua que empezó a empapar sus vendas.

-¡Link! –exclamó el sheikah intentando tomar al aludido por los hombros, mas las manos de Danilo le impidieron hacerlo.

Fue el chico moreno el que pasó un brazo bajo las rodillas de Link y el otro por su cuello para levantarlo sin realizar un movimiento que pudiera empeorarle las heridas. Sheik llevó la mano a su faltriquera y de ella sacó un frasco delicado con un contenido azul, lo acercó a los labios entreabiertos e inertes de Link y poco a poco volcó el contenido en su boca. El rubio no presentó ningún inconveniente en tragarse la reconfortante pócima, así que el sheikah no tuvo que recurrir a medidas más drásticas.

-Suerte que estábamos cerca –comentó Dan en un susurro.

El trío caminaba hacia un edificio en ruinas de proporciones colosales. Tenía una estructura similar a la de una catedral, las paredes eran de piedra maciza y los tejados estaban compuestos por tejas de un color que antaño había sido azulado pero en esos momentos parecía gris. La estructura era imponente y tan elevada que cualquier persona debía de inclinar la cabeza hacia atrás al máximo para lograr ver las agujas que coronan cada una de las formas piramidales que adornaban el tejado. Un círculo perfecto componía un antiguo reloj que misteriosamente todavía funcionaba. Una de las puertas se había desprendido del agarre que la sujetaba a la pared y yacía en el suelo casi bloqueando los tres escalones que daban acceso a la construcción. A derecha e izquierda de las puertas se extendían dos alargados estanques que en esos momentos estaban desbordados de agua.

La gravilla distinguía el camino hacia el lugar de entre tantas hierbas que crecían desiguales por el vasto jardín repleto de hierbajos y matorrales.

Sheik contempló la infraestructura a la que penetraban con un brillo triste en sus ojos carmesíes. Si hubiese llegado al trono, él mismo habría ordenado la reconstrucción del abandonado Templo del Tiempo, tan venerado en el pasado por las razas de todo el mundo.

Decía la leyenda que quien poseyera las tres Piedras Espirituales despejaría el camino para hallar la Espada Maestra, arma legendaria con la que el poseedor de la Trifuerza del Valor podría vencer cualquier tipo de mal, y en la bolsa mágica de cierto arquero las tres gemas tintineaban inquietas, atraídas por el fuerte poder mágico proveniente del interior de aquella sala colosal. No había ni rastro del mármol que hace años cubrió las paredes y suelos de la habitación, en su lugar había un suelo terroso con eventuales pedazos de baldosas que los ladrones no habían podido arrancar.

Las enredaderas trepaban perezosas por los enormes pilares que sostenían el techo del edificio y le conferían un aspecto más natural. La vegetación crecía libremente por las esquinas y las rendijas que había entre una piedra y otra. Por los ventanales largos se podía apreciar el viento huracanado que sacudía la ciudadela, aunque el trío estaba resguardado entre esas sólidas paredes que tantos siglos habían permanecido en pie.

Dan dejó a Link en el suelo con cuidado, apreciando como su labio partido ya había sanado gracias a la pócima y el profundo corte de su brazo se veía bastante mejorado. Sheik se arrodilló a su lado y apartó unos mechones rubios del rostro de su compañero, sin percatarse de que el arquero se sentaba de piernas cruzadas al otro lado del cuerpo tendido.

Finalmente el sheikah apartó sus ojos rojos de la cara blanquecina de su antiguo aliado y los centró en Danilo.

-¿Qué haremos ahora? –fue el humano el que tuvo que romper el silencio imperante, su voz ahogada por la duda y el temor de lo que sabía que Sheik le iba a decir.

-Tienes que usar las Piedras; eres el elegido. Debemos salvar Hyrule –su tono sonó más cortante de lo que le hubiera gustado, pero supo que era necesario.

Dan se incorporó, sus piernas temblorosas. Definitivamente no estaba seguro de nada en esos momentos. Le había contado a Zelda que Telma había convertido su Tasca en un refugio para los últimos humanos en el que todas las razas convivían en armonía en un intento de hacerla cambiar de opinión. Jugar con los dioses nunca había sido algo que le llamase mucho la atención. Pero el obstinado muchacho, a pesar de mostrarse interesado por las acciones de la tabernera, no dio señales de cambiar de idea y solo expresó la urgencia de despertar el poder de la Espada Maestra.

Según él, Danilo era el elegido por las diosas para portar el arma legendaria y vencer el mal.

Él no estaba tan seguro. No cumplía las características físicas que siempre se habían descrito en las leyendas y ni siquiera era un hyliano, mas el sheikah se aferraba a la única oportunidad que le quedaba. Si Dan, que había sido capaz de recolectar las tres Piedras Espirituales, no era el designado de las divinidades Din, Nayru y Farore, ¿quién lo era? En esos momentos no tenía tiempo de buscar a otro. Si el arquero le fallaba, Sheik no podría más que darse por vencido y tratar de acabar con Ganondorf por su propia mano, sin ayuda de más magia que la que poseía, lo cual era un suicidio seguro.

El arquero se encaminó al altar de piedra desgastada y grisácea que se alzaba en el centro de la sala. Su estructura rectangular se fundía con el suelo y en su superficie tres huecos irregulares socavaban la piedra. En una de las caras había una escritura en hyliano antiguo que ambos, humano e hyliano, tradujeron a la perfección: "Si posees las tres Piedras Espirituales, toma la Ocarina del Tiempo y entona la Canción del Tiempo". Inspiró profundamente mientras introducía la mano en su bolsa y de ella extraía la primera Piedra, una joya que poseía una esmeralda circular del tamaño de su iris rodeada por una línea de oro, que como una enredadera, se enroscaba a su alrededor e incluso se montaba un poco sobre esmeralda formando una diminuta espiral dorada. Aquella era la Esmeralda Kokiri y la depositó en el hueco de la izquierda con el mayor de los cuidados. La pieza levitó a unos centímetros de la piedra, sujeta por esa especie de magia que parecía envolver todo el templo.

La siguiente joya fue un rubí de forma romboidal que tenía a izquierda y derecha dos filas de oro que acababan unidas en la base. A Dan siempre le había parecido una flor pequeña y muy hermosa, pensó mientras la dejaba en el espacio central. Ambas piedras quedaron elevadas a la misma altura.

Cuando fue a extraer la última, tragó saliva ruidosamente. No estaba preparado para lo que le esperaba una vez hubiese puesto la tercera gema. Sentía que las rodillas le temblaban tanto que no supo cómo logró colocar la última, una hermosa pieza compuesta por tres zafiros circulares unidos por el mismo oro presente en las demás joyas, en el espacio de la derecha.

Una oleada dorada bañó la estancia durante unos segundos, recorriendo el cuerpo de los tres presentes como si fuera agua del mar que acaricia una roca al llegar a la orilla, pero se extinguió en cuanto chocó contra las pétreas paredes. Dan jadeó ante la rapidez de lo sucedido y las pupilas dilatadas de Sheik, que en vano había tratado de seguir la onda, denotaban su sorpresa.

El sheikah fue el primero en recuperarse y dejando a Link tendido en el suelo se encaminó hacia el altar donde las tres joyas levitaban, sacando de su faltriquera un objeto de cuerpo ovalado que era grueso por uno de los laterales pero se iba afilando a lo largo del resto de la base. Presentaba numerosos agujeros en su superficie sobre los que Sheik colocó sus largos dedos, cubriéndolos sin excepción, y una boquilla alargada y corta con el símbolo de la Trifuerza plasmada en ella con oro y plata. Acercando la Ocarina del Tiempo a sus labios, Sheik sopló y al instante una melodía inundó la sala de las notas ligeras provenientes del instrumento de viento. Dan contempló boquiabierto a su amigo de la infancia interpretar la composición que había pasado de generación en generación en la familia Real y que él había memorizado a la perfección.

Nadie se percató de que tumbado en el suelo a unos veinte pasos del altar, Link comenzaba a despertar. Las notas de la canción sacaron de su plácido sueño al joven asesino, que despertó de golpe cuando los recuerdos de la última situación que había vivido acudieron a su mente.

Se incorporó pero el dolor de su cabeza de hizo volver a recostarse, un gemido se escapó de sus labios al comprobar que aquel lugar de techo tan elevado y distante no eran las calles donde estaba siendo golpeado por sus compañeros. Tal vez estaba muerto y aquel era el lugar en el que su alma vagaría por el resto de la eternidad. O tal vez aún estaba vivo y agonizante y los asesinos lo habían traído a morir lentamente a aquel edificio abandonado.

Todo podía ser, se dijo y a pesar de que no parecía sentir otro dolor que no fuera la aguda punzada en el interior de su cabeza no se confió. Lo más probable es que sus huesos y él estuvieran en tan malas condiciones que su cerebro había acabado bloqueando la sensación de dolor para ahorrarle más sufrimiento.

Le tomó casi un minuto percatarse de que no estaba solo en el interior de la sala y girando muy, muy despacio la cabeza hacia atrás pudo apreciar dos siluetas. Una le era vagamente conocida, pero la otra era inconfundible. Jamás podría olvidar el cuerpo esbelto y cubierto de vendas del sheikah que le había traicionado.

Entonces oyó la música, los quedos quebrados y complejos juegos de sonidos que Sheik encadenaba para interpretar una música profunda, que inspiraba respeto solo con escucharla. Quiso cerrar los ojos para evitar que el mareo que sentía le impidiese apreciarla bien, pero entonces se percató de que unas puertas macizas que segundos antes habían permanecido cerradas a cal y canto se desplazaban con calma sobre las piedras irregulares, allanando el camino con sus toneladas de irrefrenable peso, hasta que hubieron quedado completamente abiertas, descubriendo una sala que Link no podía ver, pues su posición no privilegiada a ras de suelo le impedía ver por encima del altar sobre el que flotaban tres joyas con el aspecto más bello y atrayente que el asesino había visto en su vida.

Abrió la boca, desconocía si era por sorpresa o para hablar, pero de su garganta reseca solo escapó un gruñido ahogado que atrajo la atención de ambos muchachos.

Uno de ellos, el de ojos verdes, quiso dirigirse hacia él, pero Sheik se lo impidió y, señalando con una mano la sala recién descubierta le apremió a entrar en ella. Dan hizo lo ordenado con visible resignación mientras el sheikah caminaba de vuelta al costado de Link, un instrumento de porcelana azul fosforito bien aferrado entre los dedos de su mano derecha. Al llegar a su lado Link ya se había puesto en pie, sus manos frotando sus sienes con fuerza.

No hubo preguntas cuando se miraron a los ojos. El asesino era lo suficientemente listo para comprender que lo habían salvado de Jasmine y Mike aunque no supiera cómo. Desde luego que ese chico moreno del arco no se veía un buen rival para ninguno de los dos jóvenes y Sheik, por muy habilidoso que fuera, tampoco podría hacerles frente.

Una vez ampliado su campo de visión, Link pudo contemplar atónito la segunda sala. Era una habitación de pequeñas dimensiones, rectas paredes cuadradas que se finalizaban en un techado puntiagudo más bajo que el del resto del templo, todas las superficies cubiertas de un mármol blanco, impoluto y brillante que contrataba muchísimo con el suelo gris del edificio principal; se notaba que no todo el mundo tenía acceso al interior del cuarto.

En el centro de lo que Link decidió definir como un cubículo había una plataforma elevada que mediante varios escalones conducía a una base de piedra con la Trifuerza grabada. Clavada en esa piedra, y robando el aliento del asesino rubio debido a la más absoluta de las sorpresas, una espada de doble hoja y filo afilado se alzaba erguida por encima de todos los presentes en la catedral. Poseía una empuñadura de color azul oscuro con la forma de la Trifuerza inscrita en oro resplandeciente justo en la base de la hoja, que era fina, larga y de apariencia delicada pero robusta. El arma no solo robó el aliento del hyliano con su forma sinuosa y su aspecto divino sino que le hizo sentir un repentino deseo de acercarse a ella, de tocarla, de cerrar su mano en torno a la rígida empuñadura y arrancarla de la piedra para blandirla. Ver a Danilo caminando hacia la espada lo hizo volver a la realidad de una forma brusca. ¿Qué hacía ese estúpido desconocido acercándose a su espada? ¿Cómo osaba aproximarse siquiera a su magnífica presencia?

Estaba tan ensimismado con la espada que ni siquiera se percató de lo incoherente de sus pensamientos. Era como si aquella arma fuese suya, cuando nunca antes la había visto.

-¿Qué hace? –se controló para evitar que su voz sonase tan furiosa como su interior. No lo logró con demasiada eficiencia, pues la mirada sorprendida de Sheik se apartó de la figura temblorosa de su amigo para dirigirse a Link y sus enormes ojos azules, que lucían molestos.

-Él es el Héroe del Tiempo. Está predestinado a poseer esa espada, la Espada Maestra, y a blandirla para acabar con el mal –contestó, consciente de que ocultar la verdad sería estúpido teniendo en cuenta que el rubio los había visto y conocía la existencia de esa sala en teoría inexistente.

Link tuvo que contenerse mucho para no bufar hastiado ante la soberbia de las palabras del sheikah. Esa espada era suya. No le importaba si era la Espada Maestra o el Florete Mariposa, solo sabía que el arma lo llamaba y todo su ser se dejaba arrastrar por aquella voz que resonaba desde lo más profundo de su alma.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Ajeno a todo lo que aquellos dos conversaban en la otra sala, Dan contempló con los ojos abiertos como platos la obra divina plantada ante sus humanos ojos. Incrustada en esa roca la Espada Maestra se veía tan magnífica, vibrante de la magia que albergaba en su interior. Una fina onda dorada recorría toda la espada en un pulso constante; el pulso del corazón de Hyrule latía a lo largo de su extensa hoja y el arma era tan poderosa que solo temblaba muy levemente.

Danilo ya sabía que no era su destino poseer la espada mucho antes de haberla visto, pero contemplarla solo afianzaba sus pensamientos. Todo su cuerpo temblaba de terror y fascinación con solo mirarla. No quería ni pensar lo que sucedería si posaba sus manos en ella.

En teoría el verdadero Héroe del Tiempo debería sentirse vinculado con la espada, no asustado de ella. Pero el testarudo de Sheik no aceptaría aquel razonamiento, pensó mientras estiraba sus dedos temblorosos hacia la empuñadura. El arma aletargada no se inmutó cuando el arquero cerró su mano en torno al mango azul y ni siquiera se deslizó un milímetro ante el primer tirón que Dan dio. Tímido intento de sacar la espada de su encierro pronto extinguido.

Lo intentó con algo más de fuerza, intimidado por el arma, solo consiguiendo el mismo resultado, y al final acabó aferrándose a la empuñadura con las dos manos, el pavor vencido por un pellizco de su orgullo masculino, aunque siguió sin moverla en absoluto.

Escuchó las carcajadas del chico rubio de ojos azules del que Sheik le había hablado vagamente. Si no se equivocaba, se llamaba Link. Encontró en la mirada de odio y superioridad que este le dirigía algo más, algo oculto tras tanta basura inservible que el chico había ido acumulando en su mirar a lo largo de los años. Bendita fuera su intención lobuna. Esa que le hizo sentir que un lazo invisible lo unía a aquel desconocido. Justo la misma que le obligó a descender los pocos escalones, acercarse al muchacho y, ante la mirada atónita de Sheik y la resistencia del rubio (que no era rival para su fuerza vestigial), agarrarlo del brazo para arrastrarlo junto a la roca donde la Espada Maestra yacía incrustada.

Justo como esperaba, al encontrarse junto al arma Link dejó de fulminarle con la mirada, toda su atención de pronto volcada en la forma de la espada. Esta también pareció reaccionar ante el muchacho, pues el brillo languidecido que antes emitía se intensificó.

Los haces de luz dorada ya eran casi palpables a ojos de los tres presentes cuando Link, sumido en un profundo trance, los ojos abiertos como platos y la mano temblorosa pero segura extendida hacia el arma, sujetó la empuñadura de la espada y la desincrustó de la piedra sin utilizar una pizca de fuerza, pues la hoja se deslizó a lo largo de los veinte centímetros que yacían sumergidos en la roca como si hubieran colocado aceite por toda su superficie.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Link no podía describir lo que sintió cuando la punta del arma, y con ella toda la espada, quedaron liberadas. Al mirarla sus deseos anteriores de poseerla quedaron obsoletos comparado con la urgencia que sentía en ese momento, y al agarrarla, una parte de su interior se sintió completa, pero un estallido se produjo en su interior. Primero fue algo tranquilo, una sensación de calma y poder que le tranquilizaba, mas después se tornó violenta y triplicó la molestia que llevaba semanas sintiendo en su mano izquierda.

Al sacar la espada todo su interior quedó nublado por una sensación de lacerante dolor y otra opuesta, de serenidad. Tan pronto hubo estallado aquella explosión dorada, esta desapareció y el cuerpo de Link cayó al suelo, inconsciente por segunda vez en el mismo día.

Danilo y Sheik compartieron una mirada, este último bastante más sorprendido que el primero.

-M-Me parece que lo hemos encontrado –susurró sin aliento, apenas un susurro por encima del silencio mágico que había inundado toda aquella sala.

Y Dan solo asintió.

Era el momento de comenzar la verdadera función.

Continuará…

Pueeees hasta aquí llegamos :3

Me siento satisfecha del resultado de esto, ¿y ustedes?

Creo que esa es la relación de posesión y dependencia que el Héroe del Tiempo tiene con su Espada Maestra. Se necesitan mutuamente, o eso creo yo. Espero que haya quedado bien plasmado XD

¿Alguien se esperaba este quiebro del destino?

Espero que no los haya sorprendido demasiado XD Todo ha comenzado ya, queridos míos, ¡ya era hora!

Como disculpa por mi tardanza y como regalo navideño se me ha ocurrido un evento. Todos vosotros, queridos lectores, podéis dejarme una idea que tengáis sobre algo del universo de Zelda y yo mezclaré todas las ideas en un solo one-shot. Ese es mi regalo navideño, espero que os guste.

Voy a poner un ejemplo: El lector X tiene la idea de que "Zelda besa a una rana por accidente" y otro lector, Y, la idea de que "Link es un príncipe encantado". Yo combinaría ambas ideas y daría lugar a un one-shot. Estas ideas son muy básicas, las usé como ejemplo, pero creo que si entre todos me dan ideas el resultado puede ser muy interesante.

Participar es opcional, por supuesto ;)

Si tienen más dudas podremos contactar por MP. Procuren dejar todas sus ideas antes de que publique el siguiente capítulo, que será antes del 6 de enero del año que viene, no es tanto tiempo como parece XD

No tengo más que decir y llevo mucha prisa o.o

Espero que os haya gustado esto, y disculpas de nuevo por la tardanza.

Pasen unas muy buenas navidades y feliz año nuevo, estimados lectores. Muchas gracias a todos los que comentaron y leyeron en el capítulo anterior, me hicieron muy felices

Atte, Magua.