Disclaymer: No, Twilight no es mío –I wish- Pertenece a Meyer.
Summary: Después de seis meses de que Edward la abandonó, el primer día del mes de Marzo, Bella ve el Volvo en la escuela. Ahí se encuentra Edward, pero de la mano de otra persona ¿Qué hará Bella? ¿Cómo podrá sobrevivir? New Moon, final alternativo.
3.- Capítulo
Protección
Un amor imposible
By Mommy's Bad Girl
"Prefiero morir con los buenos recuerdos…"
*.
–No. Nada, Alice. ¡Olvídalo!
–Bella, ¡Por dios!, ¡Dime ahora mismo cual era el favor que me querías pedir! – Su tono de voz era demandante.
Respire profundamente y susurré.
–Quería ver si te podías llevar el estéreo que me regalaron para mi cumpleaños– Mis ojos la observaron tristes.
Me miró con su ceño fruncido, pero luego lo relajó. Me mordí el labio para ni dejar escapar un suspiro
– Claro. Dame el estéreo y ¿Cuál es el otro favor que me querías pedir?
–¿La próxima semana podría ir a ver a Carlisle y a Esme? –Obviamente ese no era el favor que yo le quería pedir pero este no era el mejor momento, tan solo el pronunciar su nombre me dolía mas que nada en este mundo.
Su mirada se lleno de asombro y parpadeo un par de veces.
–¡Claro, Bella! De hecho la próxima semana Edward y Tanya van de cacería… así que claro ¿Por qué no? –Me dio una sonrisa plateada.
–Gracias, Alice. Iré por el estero.
–Claro, aquí te espero– Contestó y subió el volumen del estéreo.
Bajé del coche corriendo y llegué al porche, abrí la puerta y la cerré con un golpe sordo detrás de mí. Charlie estaba desparramado sobre el sillón viendo el partido.
–Bella, llegaste temprano– Refunfuñó sin despegar sus ojos de la pantalla.
–¡Sí! ¡Espera! ¡Dame un minuto! – Grité.
Subí corriendo las escaleras y llegue a mi cuarto. Abrí mi closet y tome el estéreo que estaba enterrado entre varias capas de ropa. Tuve una sensación de vértigo al instante, era lo último que me quedaba de él, aparte de los recuerdos. Luché por respirar y no dejarme caer en el vacío que se abría bajo mis pies, tenía que lograrlo, tenía que olvidarlo.
Bajé corriendo las escaleras y corrí hacia Alice que seguía en su Porche. Me subí en el asiento del copiloto y se lo entregué.
–¿Bella? –Me miró con ojos asesinos– ¿Sabes lo que van a decir cuando vean este estéreo masacrado?, Voy a tener que ir ahora mismo a comprar uno para entregárselos. Créeme que si no, en un rato vas a tener a 5 vampiros enojados en tu ventana.
–Ah. Lo siento, Alice. De veras lo siento mucho... –Lo decía con toda sinceridad.
–No te preocupes, tonta. Yo lo arreglo–Su risa musical llenó el auto y yo hice una mueca–. Y aparte de eso... ¿Deseas que te regrese la pulsera, Bella?
–No, Alice. Muchas gracias…–La mire de nuevo con expresión triste–. Por cierto, también dile a Carlisle y a Esme que muchas gracias por los boletos de avión y dile a Emmet, Jasper y Rosalie que les agradezco el estéreo… ¡Ah! y también gracias a ti Alice.
Como dolía decir sus nombres en voz alta. Sentía que se me quemaba la garganta al pronunciarlos. Una oleada de tristeza me impactó el cuerpo y abracé fuerte a Alice.
–¡Oh, Bella! en serio, ¡Como te extraño! –Sus ojos tenían una expresión perspicaz–. Bueno cariño me tengo que ir. Nos veremos el lunes en la escuela.
Me invadió una tristeza inmensa al comprender que Alice ya se iba. Aunque la fuera a ver el lunes era como mi vinculo con los Cullen, con él. Con aquel vampiro el cual me destrozaba cada vez que pensaba en su nombre.
–Adiós, Alice–Musité.
Bajé del auto y fui directo a mi habitación, tenía muchas cosas en las cuales pensar.
La primera era que Edward era feliz, eso era lo único que me reconfortaba de todo esto. Que aunque yo estuviera sufriendo preferiría verle feliz.
Me deje sumir en el duermevela hasta llegar a la inconsciencia. Lo único que apareció en mis sueños fue el rostro de Edward. Sus largas pestañas, sus ojos de color caramelo, la nariz tan simétrica que tenia, sus labios de cristal; aquella sonrisa pícara que me derretía, su abdomen brillante. Era un dios griego.
Y sí... realmente ahora si me podía contestar aquella pregunta que antes me había hecho con tanto ímpetu: ¿Me merecía a Edward?, la respuesta era no. No había ninguna razón por la cual yo podría retenerlo. En mi nada era especial, ni un pelo de mi cabeza.
Su voz aterciopelada se metía por mi cabeza, sus gruñidos juguetones aquel día en su casa, la facilidad con la que podía hacer que me mareara cuando me besaba, su olor dulce, la fuerza con la que me cargaba, cuando corría como se sentía. Y así paso el tiempo, con saltos innecesarios y treguas injustas. Fue una noche muy, muy larga…
Aunque no por eso dejó de ser mágica por los recuerdos.
…
Justo cuando abrí los ojos escuché como Charlie se iba y yo quedaba otra vez sola. Como siempre había estado.
Me levante con mucho esfuerzo. Hoy era de esos días en los que era mejor quedarte en la cama, en los que deseabas que el mundo te tragara y jamás volver a salir a la superficie. Pero, por desgracia tenía muchas cosas que hacer, cosas que esperaba que me sacaran a él de la cabeza.
Me giré a mi escritorio, buscando una liga para sujetar mi cabello y ahí estaba la pulsera.
¿Qué?
¿La pulsera?
¿Qué hacía ahí?
¿Por qué estaba en mi escritorio?
¿Quién la había dejado?
Una vez más el sufrimiento me inundó, y por desgracia esto ya era cosa de todos los días. Con mucho dolor me iba acostumbrando cada vez más a como se sentía.
Porque no lo negaba, me seguía doliendo.
Me levante rápidamente y tomé mi neceser y un juego de ropa limpia, sin separar mi vista de la pulsera. Tenía miedo que si me volteaba por un segundo iba a desaparecer, tal y como desaparecieron todas aquellas cosas, todas aquellas esperanzas, todas aquellas bellezas y recuerdos que me mantenían unida a él de todas las maneras posibles. Aunque seguía habiendo un lazo más fuerte que todo esto, lo seguía amando.
Mi corazón seguía latiendo y todo gracias a que él seguía presente en mi pensamiento.
El agua caliente me hizo regresar a la realidad. El olor de mi champú me hizo sentir de nuevo como yo misma. Regresé y me puse a recoger mi cuarto al igual que el de Charlie.
No me giré ni una vez haber si la pulsera seguía donde la había visto por la mañana. Quería pensar que todo era una pesadilla, que todo era una simple imaginación mía…
Bajé a hacer la cena y a meter ropa en la secadora. Por desgracia mi mente seguía vagando en los más recónditos escondites de mi existencia, recordando:
Como me sentí aquella vez mi primer beso, como al terminar lo ataque y una risa escapó de mis labios porque esos eran de los mejores recuerdos que tenía. Una pequeña parte de mi mente, que presentía era la poca coherencia que todavía me quedaba, me decía que dejase de pensar en él, y era verdad. Me hacía más daño yo sola.
"Pum, pum, pum". Uno, dos y tres martillazos de nuevo al corazón…
Y regresé de nuevo a la realidad por el sonido de la secadora avisándome que ya había terminado. Puse todo en orden, saqué la cena de Charlie y se la puse en barrita de la cocina. Limpie toda la casa y algo dentro de mí me dijo que estaba empezando a desarrollar un trastorno obsesivo compulsivo por la limpieza.
Cuando ya no quedaban más cosas que hacer subí corriendo las escaleras buscando mi ejemplar manoseado de Cumbres Borrascosas y para mi sorpresa la pulsera imaginaria/infernal seguía ahí.
Sin pensarlo, puse en mi reproductor de discos uno de las nocturnas de Chopin y me senté sobre la cama. La primera canción me hizo recordar, el simple hecho de escucharla me sumió de nuevo en mis pensamientos y una ráfaga de tristeza inundo de nuevo mi mente. No pude soportar las lágrimas que salieron de mis ya hinchados ojos.
Inmediatamente quité el disco y avente la pulsera a la basura "Ni una lagrima más. Ni una sola más." me dije a mi misma una y otra vez, pero no me convencí de la idea. Afuera, el crepúsculo ya empezaba a dar sus primeros arrancones de luz y por mi ventana se filtraban pequeños rayitos de luz roja.
Recordé su expresión aquel día, triste. ¿Cómo podía haber transcurrido ya tanto tiempo de eso? cuando lo recordé lo veía todo tan nebuloso, como si hubiesen pasado mil años. Saqué el aire rápidamente y me limpié las lagrimas, que sin querer salieron de mis ojerosos ojos. Bajé las escaleras lentamente y me senté en la mesa de pino de la cocina. Recordaba su aspecto cuando se sentó en la silla que estaba frente a mí.
"Pum, pum, pum" otros 3 martillazos al corazón.
Realmente no me importaba, si tener recuerdos sobre el podría matarme, entonces que así fuera. Pero preferiría morir antes de olvidar que él había existido.
Me levanté de nuevo y me senté en el primer escalón de las escaleras, recordaba aquella vez cuando salte encima de él y lo besé, recordaba cómo me hizo sonrojar cuando menciono el color de mi blusa. ¡Cómo añoraba poder sonrojarme!, ahora la sangre ya no subía a mi rostro. Mi vida carecía de color alguno.
"Pum, pum, pum" otros 3 martillazos al corazón...
Me mordí el labio inferior y me senté en el sillón de la sala. Recordé como el día de mi cumpleaños habíamos visto Romeo y Julieta... y su voz resonó en mi cabeza como un puñado de campanas.
"–Bueno, no estaba dispuesto a vivir sin ti – Puso los ojos en blanco como si eso resultara evidente hasta para un niño. – Aun no estaba seguro de cómo hacerlo. Tenía claro que ni Emmett ni Jasper me ayudaría… así que pensé que lo mejor sería irme a Italia y hacer algo que molestara a los Vulturis." (Meyer, 2009)
"Pum, pum, pum" otros tres martillazos al corazón.
¿Qué había pasado con aquel amor? ¿Donde había quedado? Me parecía todo una fantasía…todo un lindo sueño que luego se convertía en pesadilla.
Así como tu vida entera…
Escuché las llantas de la patrulla de Charlie deslizarse por el terreno de granito y me apuré a la cocina para calentarle su cena en el microondas y poder regresar de mi eterno sueño. Escuché la puerta cerrarse y los pasos cansados de Charlie hasta llegar a la cocina.
-Hmm, Bella. Huele muy bien-Dijo Charlie con recelo.
Y básicamente eso fue lo único que se dijo esa noche.
…
Subí tranquilamente a mi cuarto a la espera de volver a caer en mis pensamientos y divagues rápidamente, pero no lo logré. Otra cosa llamo mas mi atención, la pulsera seguía en mi bote de basura. Relucía porque las luces de afuera de la casa se reflejaban en ella.
La herida de mi pecho se volvió a abrir. Me senté al borde de mi cama para después dejarme caer y poner mi cabeza entre las rodillas. Me mordí el labio inferior tan fuerte que empecé a sangrar y rápidamente me pare al baño corriendo y me vi en el espejo. Seguía igual que esta mañana, igual de demacrada. Blanca como un fantasma, las ojeras seguían bajo mis ojos y el único cambio que había era que mi labio inferior ahora esta hinchado y sangrando, pero fuera de eso seguía siendo la misma Zombi y lo seguiría siendo por el resto de mi vida, hasta que no encontrara una manera con la cual calmar mi dolor. Dudaba mucho que se quite algún día, se podía calmar, por supuesto, pero quitarse Jamás.
Recurrí de nuevo a los antigripales para poder dormir, esperando que aunque fuese en mis sueños él y yo termináramos juntos.
Aunque fuese por algunos minutos al día.
…
Desperté cuando las primeras luces del día entraban por mi ventana. Odiaba los domingos, había despertado justo cuando Charlie se subía a la patrulla para irse de pesca con Harry y Billy.
Bien, de nuevo sola. La maldita historia de mi vida.
Me levanté muy despacio y volteé mi cara hacia el bote de basura. La pulsera ya no es encontraba ahí. Me estremecí. La busqué con la mirada frenética y la encontré, estaba ahí al lado de la computadora.
¿Qué demonios está pasando? Pensé para mis adentros. Estaba segura que había sido Alice. Claro… Alice. No pretendía concebir esperanzas de ningún tipo. Yo sabía que estaba con su novia y no iba a venir solo por una estúpida pulsera.
Hice lo que tenía que hacer de nuevo sin voltear a ver la pulsera. Ahora ya menos metida en mis lagunas mentales porque quería saber cuál era el misterio sobre ella. Es Alice... no tengas ilusión… solo es Alice…
¿Por qué debería de ilusionarme por algo que sabía de antemano que no era?
Es Alice, es Alice, es Alice.
Pero algo me decía que me equivocaba completamente.
…
Seguí sumida con esa idea hasta que me di cuenta que Charlie estaba abriendo la puerta y ¡vaya que la tarde se paso rápido!. Charlie llego con una reserva de pescado como para 3 años. Los metí al refrigerador, le di su cena a Charlie y me retire a mi cuarto, esperando que otra vez mi coherencia fuera demasiado fuerte para sacarme del hoyo en el que estaba. Pero no paso así…de nuevo tuve que recurrir a los antigripales.
…
Al día siguiente solo tenía un recuerdo no muy nítido que me había quedado dormida al tocar la cabeza con la almohada. Me levanté a trompicones y me cambié. Me observé en el espejo y sí, mi pelo era un caso perdido. Me hice una rápida cola de caballo. Al parecer hoy el día estaba seco, no había rastros de lluvia pero aun así estaba nublado. Decidí irme caminando a la escuela... necesitaba urgentemente un poco de aire fresco.
Mientras caminaba lentamente por las calles de Forks me di cuenta en lo mucho que había cambiado mi vida y mi manera de pensar, en lo mucho que había cambiado yo, en lo mucho que extrañaba mi vida en Phoenix pero no tanto como para abandonar la de aquí. En todo… en todo lo que alguna vez para mí y para él fue importante pero que ahora simplemente había quedado en el olvido.
Mis pensamientos fueron pausados por un siseo que se escuchó de uno de los arboles más cercanos. Me giré pero no había nada. Sentía una mirada en mí pero no había nadie. Aceleré el paso y por el rabillo del ojo vi algo color rojo, rojo anaranjado que iba corriendo por los arboles en dirección contraria a donde yo estaba, como huyendo de mi.
"Bah, Bella. Estás loca… los antigripales te están haciendo daño" pensé para mi fuero interno.
Por fin llegué a la escuela, pero llegue con tiempo de sombra. El estacionamiento estaba casi vacío a excepción de los coches de los profesores, ningún chico de mi edad rondaba a esas horas. Me pregunte qué hora sería.
Fui y me senté en las banquitas de afuera de la cafetería, esperando a que dieran el primer toque para entrar a clases. Pero para mi desgracia me volví a perder en mis pensamientos
"La pulsera, la pulsera, la pulsera…" era en todo lo que podía pensar. Me estrujé los sesos intentando sacar una explicación pero lo único que conseguí es que de morderme el labio tan fuerte de nuevo se me volviera a abrir, aunque no sangraba tanto como el día anterior, y que me doliera la cabeza peor que nunca.
Una mano blanca y fría toco mi hombro y salté del susto.
–Hola, Bella– Sonrió, pero esa sonrisa no alcanzó su rostro.
–Ah. Hola, Alice–No parecía muy emocionado de verla.
Se dejó caer a un lado mío.
–Necesito hablar contigo– Su voz tenía un tono de histeria y me preocupé.
–Sí, dime. ¿Qué pasa? –Contesté, sin darle mucha importancia a la ansiedad que sentía. Probablemente era una emergencia con respecto a la nueva moda en Milán o algo así.
–Primero que nada no quiero que te asustes, ¿De acuerdo? – Sus ojos me observaban expectantes.
–OK– Murmuré.
–Victoria ha regresado– Dijo sin rodeos.
Oh…
OH.
–Y parece que su nuevo objetivo eres tú– Terminó en un susurro.
Mire a Alice con sin ninguna expresión.
–No entiendo, Alice. ¿A qué te refieres?
–A que Victoria quiere matarte – Sus ojos flamearon.
–No–Sofoqué un grito y se me bajó la sangre. Todo a mí alrededor se volvió más nebuloso… No, no, no, no…
En mi mente solo aparecía la cara de Charlie. ¿Qué pasaría con él si yo desaparecía? ¿Qué pasaría con él si Victoria le ponía las manos encima?
Ella había sido a quien había visto hoy por la mañana, ella era la que me observaba desde los arboles... ella... tan cerca... ¡estuve tan cerca!
–¿Estás bien ,Bella? –Preguntó Alice aun más ansiosa.
–La vi…– Susurré–. La vi hoy... me estaba viendo desde un árbol.
–¿¡QUÉ! ¿A qué te refieres con que la viste? ¿Dónde la viste? –Al instante sacó un pequeño teléfono celular de su bolsa y comenzó a apretar inhumanamente rápido las teclas.
Le conté lo qué me había sucedido por la mañana, el por qué me había venido caminando etc. etc. Omití la pequeña parte de la pulsera, no quería que ella me creyera una loca. Alice no me interrumpió ni un minuto hasta que acabe de contárselo.
-Pues bien, Bella– Su tono era condescendiente, como si intentara explicarle algo a un niño en vez de un adolescente– sabes bien que ahora los Cullen vamos a intervenir, ¿verdad? –Enarcó una ceja perfecta.
-No, Alice. No. Lo que ella quiere es a mí, nada me ata para seguir huyendo de ella. Antes me ataba –La garganta me quemaba al repetir su nombre- Edward... ahora ya que no tengo nada que ver con él. No tengo ninguna intención de ponerlos a ustedes en peligro.
-Bella– Sonrió con tristeza–, mi tonta Bella... estas mal si crees que vamos a dejar que te pase algo malo–Me acaricio con su pequeña mano nívea la mejilla–.Y cuando me refiero a que vamos a meternos los Cullen me refiero a todos los Cullen.
Pensé varios minutos hasta captar todas sus palabras….
–A no…, no, no, no… él no puede... no debe... –No me salían palabras de la boca ¿Edward? ¿Peleando por mí? No, eso no podía pasar.
–Sí debe, sí puede y sí quiere…–Movió la cabeza con pequeña sonrisa.
–No, Alice. Te repito que de ninguna manera los voy a poner en peligro. Punto final de esta discusión– Me levanté con rapidez de la banca, mareándome un rápido por la velocidad.
–Ja Ja Ja––Alice sufrió un ataque de risa mientras yo la miraba consternada- ¿En serio crees que no le preocupas lo suficiente como para defenderte de Victoria? ¿Crees que no estaría dispuesto a dar la vida por ti?
Ahora fui yo quien sufrió un ataque de risa mientras Alice me observaba con curiosidad.
-Ja Ja Ja claro que no, Alice. Él tiene cosas más importantes en que pensar que en estar salvando a Bella – Lo decía mientras me limpiaba las lágrimas con las mangas de la chaqueta. Aunque no sabía si eran lagrimas de risa o de tristeza.
Alice frunció el ceño y note que su mirada se endureció por conforme estudiaba mis facciones.
–Alice, tienes que aceptar que no es el mismo Edward de antes – Lo dije mas para mí que para ella, y me dolió hasta el alma-. No querría ni siquiera involucrarse en un asunto que tenga que ver conmigo. Él ya no me ama... no me ama… –y me lo seguí repitiendo una y otra vez en la cabeza para que se me quedara guardado –. Así que por favor Alice no hagas de esto un lio más grande y si Victoria viene a buscarme que es lo más probable… pues… dejare que me lleve sin chistar. Créeme, es lo mejor
–Bella... en serio no sabes de lo que hablas-Su rostro era serio y como tallado en piedra–. Si por Edward fuera daría la vida por ti.
–Claro, Alice. Y por eso me dejo y ahorita está de la mano de Tanya– Hable lo más fríamente posible.
–Eso es muy diferente y hasta tú lo sabes... –Se puso a la defensiva y la verdad yo no quería pelear con ella. Era mi mejor amiga así que le di la razón, o más bien por su lado.
–OK, Alice. Es diferente–Lo dije con tono ausente y ella frunció el ceño.
Sonó el timbre y supe empezaba mi tortura.
Me despedí de Alice y me encaminé hacia mi primera clase, repitiendo la conversación que había tenido con ella una y otra vez en mi cabeza.
Algo no estaba bien aquí. Él no tendría por qué preocuparse por nada. Al fin y al cabo… él era el que había terminado conmigo y no viceversa.
Llegue a mi asiento en clase de Lengua donde el señor Banner ya nos estaba esperando con un examen sorpresa. Sarcásticamente me felicité. Justo lo que necesitaba para un día como hoy.
Edward estaba muy quieto en el asiento contiguo, pero no levanto la vista para verme cuando me senté al lado de él. Ni tampoco cuando salió de esa clase. Hizo, simplemente, como si yo no existiera. Eso dolió mas que nada en este mundo. Ningún otro dolor se le podía igualar al del olvido.
Las horas pasaron rápidas hasta la hora del almuerzo. Pedí una limonada, me senté en el lugar de siempre y observe justo enfrente de mí, la maldita escena que se desarrollaría todos los días hasta que saliera de esa maldita escuela y me pudiera ir lejos de ahí. Edward besando a Tanya y sonriendo feliz de la vida. Alice por otro lado tenía la vista clavada en mi rostro. Esbocé una sonrisa, la cual me regresó, pero esa alegría no subió a sus ojos. Edward vio ese gesto y me observó solo por dos segundos en los que sus ojos se encontraron con los míos y luego evadió mi mirada como si nada hubiera pasado.
"Pum, pum, pum" el monstro del dolor del pecho gritaba por salir.
Estaba ausente de las pláticas que había en mi mesa. Viajes a La Push, carnes asadas, etc, etc. Cosas sin importancia.
Tomé mi limonada lentamente, degustando el sabor ácido que resbalaba por mi garganta. Sonó el timbre y de nuevo a sufrir otra hora aunque, esta vez, ya iba preparada para saber que se sentía tenerlo tan cerca. Tan, tan, tan cerca y no poder tocarlo.
Llegue y para mi suerte todavía no entraba al salón. Me imaginaba que ha de haber ido a dejar a su niña de cabellos largos y ojos grandes a su salón, como es su costumbre.
"Igual que lo hacía contigo" retumbó una vocecita en mi cabeza.
"¡CALLATE!" Gruñí en mi fuero interno.
Estaba tan metida en mi conversación conmigo misma que no me di cuenta que él ya se había sentado a un lado mío mirando hacia la ventana como si yo no estuviera ahí en lo absoluto. Me recordó los 2 meses que no me hablo después de que me salvo la vida. Irónico.
Suspiré recordando aquellos tiempos. Edward me observó por el rabillo del ojo para luego volverse a voltear hacia la ventana. La clase empezó enseguida, sus ojos seguían clavados en la ventana y su puño cerrado descansaba en la mesa. Algunas veces durante la clase volteaba por la cortina que tenía de pelo y admiraba su belleza, aunque una máscara irreconocible ahora le cubriese el rostro. Sonó el timbre y me levanté lentamente. Él, por supuesto, ya se había esfumado. Me preguntaba ¿Qué sentiría al verme? ¿Que pensaría de mi? ¿Se acordaría si quiera que existo cuando no me ve? Mil preguntas se volvieron a formular en mi cabeza mientras iba a clase de Gimnasia, de nuevo, sentada escuchando sin escuchar las reglas básicas del Tenis.
Dentro de mis pensamientos sentí una mirada clavada en mi rostro y algo dentro de mi me dijo por supuesto quién era. Sabía quien me estaba observando… y podía sentir las hondas de hostilidad que emanaban de su persona. ¿Alguna vez esta situación pararía?, ¿Podría llegar a olvidar completamente a Edward Cullen? Buscaba la respuesta en mis recuerdos, me estrujé los sesos, y por fin pude encontrarla:
No.
Nunca.
Jamás.
Esa era la respuesta.
No podría olvidarlo, al único y más grande amor de mi vida, aunque eso ya no se significara nada para él, para mi sí. Sus besos, su respiración gélida, sus dedos rosando mi clavícula.
Me dejé llevar de nuevo por mis pensamientos. Me dejé caer en el vacío que se me ofrecía ya que al parecer ese era el lugar más seguro para mí, ¿Cómo Alice podía pensar si quiera que Edward lucharía por mi? ¿Estaba loca?... no, más bien la que estaba loca ahí era yo, que empecé a concebir esperanza, aunque fuese muy, muy dentro de mi.
Prefiero tener cicatrices de amor…
A no haber amado nunca.
…
–¡Bella! –Gritó una vocecita cantarina detrás de mí.
Ya estaba en el estacionamiento, justo a 3 pasos de llegar a la salida para irme caminando. No quería voltear, sabía que si me seguía juntando con Alice me haría mas daño del que se le puede hacer a una persona que ya estaba destrozada, como yo.
–¡Bella! –Volvió a gritar la misma vocecita de antes.
Suspiré, rendida.
Giré sobre mi misma para verla. Y ahí estaba, pequeña y meticulosa, con la sonrisa plateada que tanto recordaba.
–¿Qué pasa, Alice? –Contesté con un hilo de voz
–Me preguntaba si ¿Te gustaría ir hoy a dormir a mi casa? –su tono de voz era tan… animado.
La observé como si tuviera dos cabezas. ¿Qué no lo entendía? ¿No entendía lo mucho que costaba estar en presencia de su hermano y, no solo eso, saber que estaba con otra persona?
¿Qué tenía que hacer ara que lo entendiera?
–Alice– Hablé lentamente, en caso de que ésta idiotez momentánea de la que era víctima le hubiese atrofiado las neuronas–, no sé si has notado que ya no soy bien recibida en tu casa, y tu hermano va a estar ahí… así que prefiero no ir. Aparte, voy a ir a ver a Jacob a La Push– Jugué con los tirantes de mi mochila.
–¡Pues no, Bella!, él y Tanya se van hoy de cacería... y a Carlisle y Esme les encantaría verte. Anda ¡Por favor!... y aparte, el perro puede esperar, prometo solemnemente que yo mañana misma te llevare hasta la línea del tratado, ¿Sí? –Sabia que no me iba a dejar en paz, y era tan capaz de llevarme a la fuerza. Asentí con la cabeza sin darle mucha importancia, aunque sabía que me arrepentiría de ello luego.
–Bien, Bella. Pasaré por ti a tu casa en media hora–Y así se fue con, sus andares de bailarina.
Llegue a mi casa 10 minutos más tarde. Aún con los ojos de Edward clavados en mi cerebro. Aquella mirada fría que me dedico en clase de biología… ese no era mi Edward, aquél Edward amoroso y paciente.
Éste era otro... o más bien, demostraba sus verdaderos sentimientos. El Edward del que yo me enamoré era fruto de mi imaginación.
Subí corriendo las escaleras para sacar mi pequeña bolsita de lona que estaba debajo de mi cama, puse un juego de ropa limpia y mi cepillo de dientes.
Estaba buscando mis zapatos cuando volteé la cara a mi escritorio y ahí estaba la pulsera, justo donde había estado esta mañana. La tomé con las 2 manos como si fuese algo frágil, y dejé que mi mente volara, que mi mente retrocediera a hacia unos cuantos meses, cuando mi vida era la vida que toda persona quiere.
Recordé como se sentía estar viva, el rubor extendiéndose por mis mejillas, mis ojos de suspicacia cada vez que se le ocurría una idea.
Con un suspiro lo decidí. Metí la pulsera a mi bolsa de lona. La iba a dejar en su casa. No quería mas recuerdos que me pudieran lastimar, aunque de todos modos ¿De cuantas maneras una persona pude romperle el corazón a otra, y esperar que siga latiendo?
Me inundé el pensamiento con mil preguntas más y tuve un flash-back De Edward y de mi sentados en el bosque, aquel horrible día en que me dijo que ya no me amaba... que tenía otras distracciones.
Estaba segura que Edward ya no sentía nada por mi… sus ojos eran diferentes cuando me observaban.
Y de nuevo tuve una punzada de dolor en el pecho que se fue extendiendo a todo el cuerpo. Me deje caer en el piso para luego poner mi cabeza entre las piernas y con una mano tomar mi pecho para apretarlo. Sentía como si me estuvieran destazando por dentro.
Como si la vida se me estuviese escapando por los poros.
…
El sonido de un auto acercándose me regresó a la realidad.
–Alice–Gemí.
Bajé corriendo las escaleras con mi bolsa de lona y salí como rapidez por la puerta. A Alice no le gustaba que la hicieran esperar. Subí rápido al auto y ahí me encontré con aquella sonrisa plateada que tanto me gustaba…
–Hola, Bella. No te preocupes por Charlie –Puso los ojos en blanco–. Esme ya le habló para decirle que te ibas a quedar a dormir en mi casa y yo mañana te llevaría a la escuela.
–Gracias, Alice–Contesté mecánicamente.
Recordaba muy bien el camino por el que íbamos. Los grandes árboles creciendo al lado del empedrado, y los pequeños rayos de luz que se filtraban por sus copas.
Aquel camino que parecía que nunca se iba a acabar y entre todo ese bosque majestuoso aquella casa blanca y grande.
Desde donde yo me encontraba se podía vislumbrar muy bien el ventanal del cuarto de Edward. Una punzada de nuevo me tomo por sorpresa… y el dolor se volvió a extender. Alice me miraba con ojos ansiosos…
–Bella ya te dije que todo va a estar bien–Tenia una voz serena y en paz–.Ellos no están aquí. Se fueron de caza y regresan hasta mañana por la mañana.
Asentí, no muy convencida.
Subí mecánicamente las escaleras de la entrada y Alice me abrió la puerta. Ahí parados en la entrada se encontraban Carlisle y Esme. Una oleada de varios sentimientos me inundo el cerebro hasta dejarme sin respiro.
Esme corrió a abrazarme…
–Oh, Bella, cariño… cuanto te extrañábamos–Me abrazó fuertemente y me dio un beso en la frente.
–Sí, Bella. Estábamos ansiosos por volver a verte–La voz de Carlisle era sincera. No contenía ni un atisbo de mentira–. Vamos, pasa, pasa…. Tenemos muchas cosas de las cuales platicar.
Me sentí tan familiarizada con aquella casa. Todo seguía igual: las pinturas en las paredes, el piano de cola en el pequeño tapanco de la sala, los sillones blancos, la televisión de pantalla de plasma.
Me senté en el sillón blanco que ya tanto conocía… a mi lado izquierdo se sentó Alice, y a mi lado derecho Esme.
Una ráfaga de aire golpeó mi espalda y Jasper se encontraba detrás de mi en un segundo.
–Hola, Bella... gusto de verte–Su voz era fuerte pero serena.
Seguía teniendo la misma imagen misteriosa que yo recordaba.
–Hola– Susurré.
–Bella... necesitamos hablar contigo de un tema muy serio–La voz de Carlisle me tomo por sorpresa. Sus ojos eran inescrutables.
–Sí ¿De que desean hablar? –Mi voz tembló en la última silaba.
–Pues bien–Comenzó Carlisle–. Como sabes Victoria ha regresado, aunque no por eso tienes que tener miedo. Sabes que los Cullen te vamos a proteger, pero necesitamos que estés siempre cerca de alguno de nosotros para poder ayudarte.
–Carlisle–Dudé un momento para luego tomar aire y volver a comenzar–, no creo que eso sea posible. Mira, Victoria a quien busca es a mi, no a ustedes. Así que les pido de la manera más atenta que por favor, no me malinterpreten, pero mientras menos personas estén entrometidas en este asunto…mejor será para que nadie esté herido.
Cuatro pares de ojos me observaban al mismo tiempo. Unos con gesto de ira y otros con tristeza.
–No, Bella. Tú eres la que está mal si piensas que te vamos a abandonar ahora– La voz melodiosa de Esme sonó impaciente.
–Exacto, Bella. Tú siempre serás parte de esta familia–Agregó Jasper.
–Y siempre vas a tener a nosotros protegiéndote–Dijo Alice.
–Así es, y haremos todo lo que esté en nuestras manos para protegerte–Termino Carlisle.
De repente una oleada de paz me lleno el cuerpo. ¡y un Demonio!, ¡Jasper! Mascullé para mis adentros. Sí... ahora me sentía así, pero ¿Que pasaría cuando saliera de esa habitación? Me volvería a inundar la sensación de tristeza... volvería a pensar en aquellas cosas de las que me había mantenido tan alejada.
–Pues bien– la voz de Carlisle interrumpió la secuencia de mis pensamientos-Tendrás que venir todos los días después de la escuela aquí, Bella.
¿Qué? ¿Carlisle se había vuelto completa y totalmente loco? ¿No sabía que mi corazón no podría soportarlo?, negué con la cabeza… no podía hacer eso.
–¿Por qué no, Bella?
–Carlisle... no creo, bueno… dudo que a Edward–Su nombre me retumbaba en la cabeza– le agrade la idea de mantenerme cerca de aquí…–Y, para ser honestos, ni a mí tampoco me gustaba esa idea.
–Esto fue su idea, Bella– Murmuró Alice.
–¿QUÉ? –Grité una octava más alta. Mis pensamientos no podían imaginarse a Edward dando esa idea. Era simplemente imposible.
–Así es…–Dijo Esme con voz cautelosa.
Para ese entonces mis pensamientos ya volaban a varios kilómetros de ahí… ¿Cómo? ¿Porque Edward quería hacerme tanto daño? ¿Que ganaba con mantenerme encerrada tanto tiempo en su casa con Tanya a su lado?
–¿Bella? –La voz de Alice me trajo de regreso a la realidad–, aunque no lo creas… Edward se sigue preocupando por ti.
–Así es–Asintió Jasper con la cabeza.
No, no y no. Eso no podía ser posible. Estaba en una dimensión desconocida.
No sabía cuál era la expresión de mi cara, pero por los ojos de Carlisle no podía ser nada buena.
–Bueno, Bella. Entonces mañana saliendo de la escuela te esperamos aquí...-Carlisle me sacudió el brazo suavemente.
No sabía dónde tenía el cuerpo. No sabía dónde tenía el alma. No supe cuanto tiempo me perdí viendo hacia la ventana… solo tenía la extraña sensación de que estaba sola.
–Vamos, Bella. Necesitamos hacer la tarea…–Alice interrumpió mis pensamientos una vez más.
Mientras me desparramaba por el suelo de la habitación de Alice todo se me hizo tan normal. Los días que había pasado en esa casa volvieron a tomar mis recuerdos, y una vez más me perdí.
No supe cómo ni cuándo pero ya era de noche, fui por mi bolsa de lona y la abrí.
–La pulsera– dije para mis adentros. El cuarto de Edward se encontraba enfrente y Alice estaba en la cocina
¿Sería muy arriesgado de mi parte llevar la pulsera al cuarto?¿El hoyo en mi pecho se haría mas grande?¿Me echaría a llorar como es mi costumbre?... las preguntas iban y venían mientras yo cruzaba el corredor y me encontraba con la gran puerta de madera de su cuarto. Lo abrí sigilosamente y me metí rápidamente. Todo estaba en oscuras, pero la luz de la luna que se asomaba por su ventanal le daba a todo un toque de luz plateada. Aquí estaba su sillón de cuero negro, y su equipo de música.
Puse la pulsera sobre éste y me quedé mirando por el ventanal. Una oleada de tristeza me tomo por sorpresa, recordaba aquellos días en los que jugueteaba con mi Edward, en los que me quedaba dormida sobre su pecho y me mareaba con su exquisito olor.
¡Rayos!, tenía que salir de ahí antes de que me tirara al piso para poner mi cabeza entre las rodillas.
Salí lo mas rápido que pude y me volví a meter en el cuarto de Alice, hiperventilando. No podía mantener los ojos abiertos, las lágrimas me lo impedían. El corazón me dolía mas que nunca y no podía respirar. Todo se fue volviendo negro.
Y le di la bienvenida a la negrura… porque al menos así dejaría de sentir por algunas horas.
…
Lo siguiente que recuerdo es haber despertado en el sillón de Alice, con Carlisle a mi lado.
–¿Bella? ¿Te sientes bien?
No.
Me siento pésima.
Mátame ahora, por favor.
–Sí –Dije con un hilo de voz.
–Te desmayaste porque no has comido nada
–¿Lo siento? – ¿Cómo esperaba Carslice que yo siquiera pensara en comer si me la pasaba pensando en Edward? Era un milagro que pudiese recordar cómo respirar.
Dios… necesitaba tanto a Jacob.
–Le diré a Alice que te preparé algo, Bella.
–Gracias.
–Si necesitas algo… sólo pídelo– Murmuró antes de salir por la puerta.
Al siguiente minuto Alice ya estaba enfrente de mí con una gran bandeja de fruta, carne y jugo.
–Nos metiste un buen susto, Bella…–El tono de Alice era de desaprobación.
El olor a la comida me abrió el apetito y en segundos mi boca estaba llena de fruta.
–Lo siento... –Logre decir entre mordiscos.
–Mínimo Carlisle estaba aquí.
–Ajá.
Mi pensamiento se encontraba muy fuera de ahí. Me encontraba vagabundeando en los confines de mi existencia: ¿Qué haría Edward al ver la pulsera sobre su reproductor? ¿Él habría sido el que la llevo a mi casa? ¿Se molestaría?
Esas y mil preguntas más abordaban mi mente en ese momento. Lo último que recuerdo fue haber acostado la cabeza sobre la almohada, exhausta de haber comido tanto. Dormí muchas horas pero para mí parecieron minutos. Minutos en los que pude abrazarle y besarle y decirle que le amaba.
Minutos que fueron perfectos… hasta que las manos de Alice me despertaron.
–Bella, levántate. Anda… tenemos que ir a la escuela.
¡No!... oh, no. ¿Ya habría regresado? ¿Ya estaban él y ella aquí?
Me levanté a regañadientes y fui directa al baño a arreglarme. No quería pasar ni un momento extra fuera del cuarto de Alice más que el que fuera suficiente. No me iba a exponer a las miradas furtivas de Edward y Tanya. No... No me iban a lastimar más.
Salí justo cuando estaba lista y un escalofrió recorrió mi espalda. Baje las escaleras casi corriendo. Alice ya me esperaba en el vestíbulo.
–Vaya que te has tardado, eh... –La voz de Alice era juguetona.
–Lo siento. ¿Nos vamos ya? – Contesté.
–Espera un minuto, estoy esperando a Edward y a Tanya.
Me quedé helada. ¿Cómo esperaba Alice que yo estuviera en el mismo auto que Tanya y Edward? Aunque fueran unos pocos minutos ¿no sabía que iba a morir en cuanto los viera? ¿Que demonios pasaba con Alice?
–Tranquila, Bella. Ellos 2 irán en el Volvo. Tú te irás conmigo–Pareció notar mi expresión de espanto.
Resoplé.
No, aún así no lo quería ver. Bastante duro era con verlo en la escuela… bastante duro era tener que ir a su casa y todavía querían agregar el que lo viera con Tanya justo a 2 metros de mi.
¿Qué clase de loca, masoquista, enferma era yo? ¿Como podía aceptar aquello?
La realización hizo que se me fuera el aire y volteé a ver a Alice que ahora miraba hacia la puerta trasera. Seguí el camino de su mirada, y lo vi… lo vi ahí entrando de la mano con ella, riendo como si la vida fuese hermosa.
–Oh– Dejó de reírse al instante– Hola Alice, Bella-Saludo con tono formal.
–Edward, me preguntaba si podríamos irnos ya a la escuela. Te recuerdo que necesito ayuda para la protección de Bella y yo sola no puedo ir.
Tanya me miro con ojos envenenados mientras Edward asentía con la cabeza.
–De acuerdo solo debemos ir a cambiarnos.
Esperamos otros 3 minutos a que volvieran a bajar de las escaleras vestidos espléndidamente… Edward llevaba un sweater verde y unos pantalones de mezclilla. Tanya llevaba un sweater blanco y unos pantalones de mezclilla.
En ese momento una punzada de celos me tomó por sorpresa y arrugué el ceño ¿Cómo demonios podían lucir así con las prendas más comunes?
–¿Vamos? –Preguntó Edward cuando bajo por las escaleras observando primero a Alice y luego dándome un rápido vistazo. Me sentí en el abismo negro de nuevo.
¿Qué demonios estaba haciendo ahí? ¿Mi seguridad valía tanto para estar aguantando esto?
No.
Preferiría que Victoria me matara, preferiría que me torturara y que quemara mis huesos. No soportaba la sensación de vacío que tenía mi cuerpo, una y otra vez los escasos recuerdos me volvían a la mente y todo pareció una fantasía.
¿Qué tal si entre Edward y yo no había ocurrido nada? ¿Y si hubiera sido fruto de mi imaginación?
Y ahí fue cuando me decidí, o intenté hacerlo. Nunca más, ni una sola lágrima más por Edward Cullen. Lo olvidaría así fuera lo último que hiciera, así mi vida se destrozara, así mi corazón ya no latiera.
Lo olvidaría, así se me fuese la vida en ello.
