Disclaymer:No, Twilight no es mío –I wish- Pertenece a Meyer.

Summary:Después de seis meses de que Edward la abandonó, el primer día del mes de Marzo, Bella ve el Volvo en la escuela. Ahí se encuentra Edward, pero de la mano de otra persona ¿Qué hará Bella? ¿Cómo podrá sobrevivir? New Moon, final alternativo.


6.- Capítulo

"Tal vez"

Un amor imposible

By Mommy's Bad Girl

"Well, I've been afraid of changing
'Cause I've built my life around you
But time makes you bolder
Even children get older and I'm getting older too
Oh, I'm getting older too" Stevie Nicks

&*.

–Edward, ¿Qué haces aquí?- Sentí como mi corazón se iba acelerando y como el rubor subía hasta mis mejillas.

–Uh– Hizo una expresión adolorida–, lastimas mi ego, Bella. Vengo a hablar contigo y me corres– Su sarcasmo era desagradable.

Se impulsó hacia adelante y se sentó en mi cama, con los brazos atrás de la nuca. Volteó a ver mi buqué y los ojos se le llenaron de ira.

–Lindo ramo, ¿Quién te lo ha dado? – Su voz sonaba enojada… contenida.

Parpadeé un par de veces, respire profundamente y me fui a sentar a un lado de él, en la cama.

–Anthony, el chico nuevo– Oh, sí claro Bella, como si le importara. Mi vocecita interna se burlaba.

Se quedó mirando el ramo fijamente durante algunos minutos hasta que volteó sus ojos a mi rostro. Me miró fijamente por algunos minutos más, respiró hondo y comenzó.

–Bella, he venido a disculparme por mi actitud de ayer. Sé que no debería de haberme comportado de esa manera, pero el simple hecho de no verte me pone ansioso. No sé cómo explicarlo– Meneó la cabeza–. Y sé que me porté como un completo estúpido, pero el simple hecho de pensar en que ibas a estar con ese maldito perro y no te pueda ver me hace enloquecer.

–Pues hoy fui con él, y– Señalé mi cuerpo– mírame no me pasó nada.

Soltó una risa amarga.

–Sí, ¿Sabes lo cerca que estuve de romper el trato y cruzar la linera para ir por ti? – Sus ojos estaban tristeza.

¿Qué demonios? Edward definitivamente se había vuelto loco, ¿Por qué me hacia esto a mi? Él debería de estar con Tanya, es más, él y yo no deberíamos de tener esta conversación nunca.

Él me cambio por ella. Ella arruinó mi perfecto cuento de hadas, ¿Cómo demonios esperaba Edward que yo reaccionara?, ¿Quería, acaso, que le pusiera mi mejor sonrisa y le dijera, "Oh, sí… Eddie no pasa nada. Vete tranquilo que no veré a nadie"?

Me quedé congelada por el dolor que empezó a salir de mi pecho… esto era más de lo que yo podría aguantar… necesitaba decirle que parara. Yo sabía que él se sentía demasiado culpable por haberme abandonado y por eso había regresado. Solo para matar a Victoria e irse de nuevo con su nueva diosa… Pero preferiría morir en manos de Victoria a tener que estar aguantando todo esto.

–Bella– Me sacudió el brazo– ¡Por favor di algo!, Me estas volviendo loco.

–Ed… Edw… Edward– Las lágrimas comenzaron a salir de mis ojos-, Basta ya. Tienes que parar con esto, me estas lastimando. Primero me dices que yo no soy importante- A pesar de que era casi imposible, tomé aire de nuevo-, luego vienes y me dices que te pone ansioso que esté con Jacob y que me quieres tener cerca. Te recuerdo que tú fuiste el que me dejo todos estos meses y regresaste como si nada hubiera sucedido. ¡Regresaste con otra persona que, por cierto, me odia sin sentido alguno! ¡Me alejaste de tu vida, me alejaste de tu familia!, y ¿Todavía esperas que este aquí con los brazos abiertos esperando a ver cuando vienes?, entiendo que te sientas culpable por haber puesto a Victoria en mi contra y que quieras acabar con esto… pero, por favor, no vengas aquí diciéndome que me quieres cuando tus actos demuestran lo contrario. Créeme que sin esto será lo bastante duro cuando te vayas– Iba a continuar, pero su expresión me dejo sin habla. Estaba con los ojos abiertos como platos a causa de la sorpresa, la boca levemente abierta y tenía las manos hechas puños.

–Edward ¿Te encuentras bien? – Le sacudí un poco el brazo, el tacto con su gélida piel me hizo recordar aquella primera vez que lo toqué. Me encantaba, el olor que despedía de él era lo mejor que había olido en todo el mundo.

–Bella… discúlpame por causarte todo esto. Prometo que en cuanto acabemos con Victoria dejaremos de molestarte–Se puso de pie– Me tengo que marchar.

Lo tome por un brazo, pero no me miró.

–¡Edward, no!, no te vayas aun–Dije en un murmullo.

ESTUPIDA si dejas que te vuelva a lastimar.

Sus ojos se posaron en los míos y me miro por un largo tiempo, como si intentase leerme el pensamiento.

Se acercó un poco a mí y cerré los ojos. El tenerlo tan cerca me hacia querer besarle, querer tocar su cara, roso mi mejilla con su dedo… sentí su respiración cerca y aspiré... sabía que me iría al infierno por esto. Me dió un suave beso en la frente y abrí los ojos un momento después. Se encontraba demasiado cerca de mí, nuestras narices casi se juntaban.

Su cercanía iba a ser un delito, que con gusto pagaría.

Me miró durante otro largo minuto y se soltó de mi brazo para luego saltar por la ventana.

Ninguna palabra salió de mi boca.

Lo que acababa de pasar me dejo sin respiración, era demasiado extraño. Tomé la almohada más cercana y grité contra ella ¿Acaso Edward aun me quería? NO. eso era algo en lo que no me debería de permitir pensar.

Estaba concibiendo esperanzas de nuevo y no me lo podía permitir. Esto me sobrepasaba por mucho; mi corazón se empezaba a hinchar dentro de mí y mil recuerdos regresaban a mi cabeza. Él se iría cuando acabara con Victoria, y no había ni la mas mínima cosa que yo pudiera hacer para impedirlo. Él estaba con otra persona… tenía que aceparlo. TENÍA que entenderlo.

El hueco del pecho se abrió aun más, dejándome sin aire. TomÉ mis rodillas y las puse contra mi cabeza, necesitaba un respiro.

Después de estar echada en la cama durante un rato, divagando sobre lo que acaba de pasar, me paré de un brinco y tome mi neceser. Fui al baño a ponerme mi pijama, cepillarme los dientes y hacerme una coleta. Regresé y me acosté, tome la almohada donde él se había apoyado y la abracé con fuerza a mi lado, oliéndola.

Su olor me encantaba. Lo que había sucedido hace un rato fue mágico, aun no podía crees que eso hubiera pasado realmente.

Justo después de que se fue Edward hace 6 meses pensé que jamás en la vida podría volver a escuchar a mi corazón acelerándose, ni que tendría aquél rubor que, ahora, subía a mis mejillas.

Pensé que siempre iba a ser desdichada y no creería de nuevo en el amor. Lo odié por haberme dejado de esa manera, le guardé rencor, pero justo cuando sus labios tocaron mi frente todo eso se me olvidó. Fue como si nunca hubiera existido dolor alguno.

Suspiré. Me estaba haciendo ilusiones demasiado rápido.

Divagué un poco más, recordando aquellos días de felicidad que pasé al lado de Edward… y el sueño vino por mi.

Morfeo decidió que ya era suficiente.

Mi alarma me levantó y apenas estaba aclarando. Gemí al saber que hoy tendría que ir al colegio.

Me levanté titiritando de frío y me puse lo primero que encontré en el closet. Mi mezclilla que ya era indispensable y una blusa azul marino… la blusa que tanto le gustaba a Edward. Me puse mis Converse y baje corriendo las escales. Tomé una barrita de cereal y me la comí de tres mordiscos, tomé un poco de leche directamente de la botella, subí las escaleras corriendo para lavarme los dientes y arreglarme el pelo.

Cuando me vi en el espejo vi a una completa y total extraña.

Tenía un poco de color en las mejillas y mis ojos brillaban, aunque fuera por una razón incorrecta. Sonreí un poco… era extraño estirar los músculos del rostro de esa manera.

Me hice mi coleta y baje las escaleras con la chaqueta en la mano, cerré la puerta con la llave que estaba abajo del alero y me fui directo a mi camioneta.

Intenté prenderla, pero mi mala suerte era desagradable y la camioneta ni siquiera hizo sonido.

¡Bien!, ahora me tendría que ir caminando a la escuela. Llegaría tarde, por supuesto. Estúpido tributo a los Chevys.

Sin más que hacer mas que ir refunfuñando, empecé mi caminata. Iba viendo el cielo, cuando de repente una mano me toco la espalda. Di un grito ahogado y me volteé para ver quién era.

–Hola, Bella. Perdón por asustarte, ¿Como amaneciste hoy?- Ahí estaba Anthony, con su sonrisa de lado y sus lindos ojos verdes observándome…. Diablos, era tan parecido a Edward.

–Oh, muy bien, Anthony. Me pegaste un susto gigante, ¿Y tú? ¿Cómo estuvo tu noche?

–Interesante–Hizo su sonrisita de lado. Parecía como si se estuviera acordando de algún chiste privado.

–Hmm… qué bien. Oye, muchísimas gracias por las flores, me encantaron– Le sonreí.

–Oh, qué bueno que te hayan gustado. Me preocupé un poco al no verte en la escuela y pues pensé que sería un bonito detalle.

Mi corazón empezó a latir con más fuerza… este chico me ponía nervioso.

–No te deberías de haber molestado. Me sentía un poco enferma, por eso no fui– Claro… enferma. Bufé para mis adentros.

–No te preocupes, princesa. Me alegro que te hayan hecho sentir mejor– ¿Cómo me acababa de llamar? ¿Qué demonios estaba pasando? El rubor subió de nuevo a mis mejillas.

Aclaré mi garganta.

–Este… y ¿Cómo te fue ayer? – Intenté llevar la conversación hacia temas más superficiales. No quería tener que pasar por eso de nuevo.

–Bastante bien. De hecho hice un amigo nuevo, me parece que se llama Edward Cullen. Es muy buen chico– Sonrió de esa forma que tanto me gustaba-, y me parece que nos parecemos un poco- Comenzó a reír.

Pausa y… play. ¿QUÉ?

¿Qué Edward QUÉ? ¿Habló con él? ¿Por qué? Edward nunca habla con nadie que no fuese vampiro o tuviese algo que él quisiera. Algo muy grande estaba pasando, ¿En qué demonios estaba pensando Edward?

–Humm…– Fue lo único que alcance a decir.

En un abrir y cerrar de ojos ya nos encontrábamos en la escuela. Faltaban 10 minutos para el toque y ya casi todo el estacionamiento se encontraba lleno. Lo cruzamos y justo cuando íbamos por las escaleras una fría mano me tomo del brazo.

–Hola, Bella– Esa voz era terriblemente familiar… no quería voltear pero tenía que hacerlo. Puse mi mejor sonrisa.

–¿Sí, Edward?, ¿Qué se te ofrece? – Le dije con el tono más hipócrita que me salió. Esperaba que él se diera cuenta.

–Oh, nada. Veo que estas un poco ocupada- Sonrió al ver a Anthony, pero no era una sonrisa buena, era de sus sonrisas traviesas y malvadas–. Solo te quería decir que hoy te irás conmigo a casa, ya que Alice no trajo su auto hoy.

–Hmm, me parece que hoy no podre ir a tu casa, Edward –Lo fulminé con la mirada-. Tengo planes.

Resopló y me miro con ojos hostiles.

–No seas ridícula, Bella. Te irás hoy conmigo y fin de la discusión–Me sonrió, burlonamente.

–A decir verdad, Edward– Anthony lo miro fijamente-, ella tiene planes conmigo. Iremos hoy a ver una película a Port Ángeles–

Tardé unos segundos en reaccionar.

¿QUÉ?

Ok eso había estado demasiado mal, hubiera funcionado si Edward no pudiera leer mentes… Y le agradecía a Anthony el que quisiera ayudarme, pero obviamente Edward sabia que esto era una mentira.

–Disculpa por interrumpir sus planes, me apena mucho– Claro que no le apenaba. Mentiroso–, pero lo que pasa es que mi madre cocino hoy para Bella, y sería de muy mala educación dejarla plantada. ¿No crees, Bella? – Sus ojos se posaron en mí.

Sabía que Edward no me iba a dejar salir de ésta.

–Sí, Anthony. Me parece que tendremos que dejar la salida para otro día, ¿Qué te parece mañana? – Le guiñé un ojo y Edward, que estaba a mi lado, lanzó un gruñido sordo y se puso serio.

–Claro, Bells. Mañana iremos, no te preocupes– Me sonrió como cuando a un niño le regalan un dulce.

–Bueno, Edward, nos veremos al rato. Adiós– Le sonreí de la manera más natural que pude, no sé si fue mi imaginación pero vi que sus ojos casi echaban chispas. Caminamos un poco hacia nuestra clase de Lengua.

–Anthony, muchas gracias por ayudarme– Le sonreí.

–No hay de que, preciosa. Parecía que necesitabas ayuda con el chico- Se rió por lo bajo.

Entramos a la clase unos minutos antes de que el profesor lo hiciera, tomé mi lugar y me dispuse a abrir mi cuaderno para estudiar un poco de mis apuntes. Un pequeño gruñido me sacó de mi ensimismamiento, mi corazón empezó a latir rápidamente, volteé.

Edward me observaba con los ojos más tristes que le hubiera visto en todo lo que llevaba de conocerlo; su expresión reflejaba tristeza… se me vino a la mente aquel horrible día en el que James me atacó, cuando estábamos en el salón de espejos. Aquella mirada que tuvo cuando sabía que me estaba perdiendo.

No entendí el significado de su mirada. Parecía como si estuviera intentando decirme algo con aquellos ojos acaramelados… así duramos por lo menos 2 minutos observándonos, diciéndonos palabras mudas que ninguno de los dos se atrevía a decir, hasta que el profesor empezó a hablar.

Desvié la mirada un poco y cuando volteé de nuevo, él ya no me observaba. Tenía las manos crispadas en dos puños y parecía querer decir algo.

Desvié mi mirada de nuevo, no quería que se diera cuenta de que lo estaba observando. Me parecía que él ya tenía suficiente con tener que verme todos los días como para tener que aguantar, aparte, mis miradas.

La campana me sacó de mis lagunas mentales. Comencé a recoger mis libros pausadamente mientras veía como el amor de mi vida salía con paso elegante por la puerta. Una voz me trajo a la realidad.

–Bella ¿Estas lista? –Los grandes ojos verdes de Anthony me observaban de manera ansiosa.

–Sí… vámonos.

Mientras caminábamos por los pasillos de la escuela Anthony iba hablando hasta por los codos de cual película podíamos ver, que podríamos hacer después de ir al cine etc. etc.… así pasaron las siguientes 3 clases hasta el periodo del almuerzo, cuando llegamos a la cafetería desvié mi mirada hacia el piso, no quería observar hacia la mesa de los Cullen. Sabía que cualquier movimiento en falso me haría caer.

-¿Quieres algo, princesa?- Anthony me observaba con una gran sonrisa.

-Humm… no muchas gracias.

Caminamos hacia la mesa, y ahí estaba Jess con Ang, las dos tenían una mirada demasiado curiosa. Nos sentamos de nuevo, Anthony enfrente de mí y Jess a un lado.

–Oye, Bells, te tengo que peguntar algo– Me susurró al oído.

–Sí, dime, Jess.

–¿Anthony y tú tienen algo? – Me dijo con una sonrisita.

No pude evitar carcajearme.

–No Jess, para nada- Me gustaba, eso no podía negarlo… pero no iba a decírselo a nadie.

Me miro con ojos curiosos una vez más, soltó una risita y se volteó a platicar con Angela. ¿Por qué habría preguntado eso? ¿Era tan notorio?, lo único que si sabía era que Anthony me gustaba por las razones equivocadas. Me gustaba porque se parecía demasiado a Edward, era un buen chico… pero yo estaba destinada a no volver a creer en el amor por todo lo que me quedaba de existencia.

La hora del almuerzo se paso rápido y con ella llegaba mi hora de muerte. Caminé lentamente con Anthony a mi lado hacia clase de biología. Una parte de mi deseaba huir de ahí, pero otra más grande quería quedarse. Quería volver a ver la mirada de Edward, quería saber que le sucedía, por qué su mirada me decía tantas cosas.

Llegué al salón y ahí estaba él, con la mirada perdida hacia la ventana. Anthony me sacudió un poco el hombro y me giré a verlo.

–¿Bella?, muchas gracias por acompañarme mañana al cine. En serio necesito salir- Sonrió de esa manera torcida que tanto me gustaba y me abrazó. Me quedé congelada por el tacto y no pude abrazarlo de regreso.

–Oh… no hay de qué, Anthony– Me separé un poco de su abrazo efusivo.

Me fui a sentar junto a Edward, quien seguía con la mirada perdida en la ventana. Me preocupaba demasiado que estuviera tan absorto en sus pensamientos. Él jamás había sido así.

La curiosidad y el preocupamiento me empezaron a llenar la cabeza de preguntas ¿Por qué estaría así? ¿Qué habría sucedido? ¿Por qué no había visto a Tanya en todo el día con él? ¿Por qué parecía que sufría demasiado?, me mordí la lengua para que las preguntas no salieran de mi boca. Sabría que él no me las contestaría.

Una oleada de tristeza me llenó el cuerpo, ¿Qué tal si él se sentía de esa manera por mi culpa?

TONTA, BELLA. Sabes que eso no es verdad, no habría posibilidad

Mi coherencia me gritaba, la clase comenzó y yo no podía poner atención. Cada cinco minutos lo observaba, pero él no se molesto en voltearme a ver ni una sola vez.

Era como si definitivamente hubiese desaparecido para él.

La clase acabó y yo seguía perdida en mis lagunas mentales… como siempre. Me di cuenta que daría lo que fuera por saber cuál era el causante de que él estuviera tan triste, y haría lo que fuera para arreglar esa mirada. Me entregaría hasta a la misma Victoria si eso lo cambiaba.

Seguía con la misma línea de pensamientos en la clase de Gimnasia. No había escuchado ni una sola palabra que me hubieran dicho, ni siquiera las de Anthony, que ahora se encontraba jugando.

Busqué con mi mirada a Tanya, pero ella no se encontraba ahí. ¿Dónde estaría? ¿Esa sería la razón por la cual Edward estaría así? La clase de gimnasia se pasó igual de rápido y llegaba la hora del desastre. Tendría que salir al estacionamiento e irme con Edward y Alice. Eso me hacia ponerme cada vez más nerviosa.

Salí caminando lentamente por el pasillo que me llevaría hacia ellos.

Mierda.

Cuando llegué al estacionamiento los dos estaban ahí, esperándome. Alice sonreía de una manera un poco diferente, parecía más feliz de lo normal, Edward me observó con los mismos ojos tristes que en la mañana. Fui hacia ellos, pero nadie dijo nada. Me rehusé a ser la primera en romper el silencio.

–¡Bella! ¡Qué bueno que hoy vienes a la casa!, Esme esta tan feliz– La voz de Alice se convirtió en un zumbido. No entendí ni una sola palabra de lo que decía. Mi vista seguía clavada en los ojos de Edward, me abrió la puerta del copiloto y me subí en el asiento trasero.

El camino hacia la casa de los Cullen fue callado. Lo único que rompía el pacifico silencio era la voz de Alice que cantaba la canción de la radio varias octavas por encima de la misma.

En cuanto llegamos a la casa de los Cullen, Edward estacionó el auto. Esme ya nos esperaba en el pórtico.

–Bella, ¡Qué bueno que viniste! – Soltó un pequeño gritito de emoción mientras corría a abrazarme.

–Muchas gracias por invitarme, Esme. Cuando Edward me dijo no me pude negar– Sí claro… como si esa fuera la razón.

Me arrastr´p dentro de la casa y me sentó en la sala. Edward se fue directo a su habitación mientras Alice y Esme se quedaban a platicar conmigo,

Mi curiosidad no pudo más y le tuve que preguntar a Alice...

–Alice, ¿Y Tanya? – La busqué con la mirada.

–Ah, se ha marchado…– Dijo con una sonrisita.

–¿Por qué? –Murmuré.

–Uh…– Torció el gesto– Creo que se lo tendrías que preguntar a Edward.

Genial. Prefería quedarme con la incógnita para siempre.