Disclaymer:No, Twilight no es mío –I wish- Pertenece a Meyer.
Summary:Después de seis meses de que Edward la abandonó, el primer día del mes de Marzo, Bella ve el Volvo en la escuela. Ahí se encuentra Edward, pero de la mano de otra persona ¿Qué hará Bella? ¿Cómo podrá sobrevivir? New Moon, final alternativo.
8.- Capítulo.
"Who Knew"
Un Amor Imposible
By Mommy's Bad Girl
"And that last kiss I'll cherish
Until we meet again
And time makes it harder
I wish I could remember
But I keep your memory
You visit me in my sleep
My darling, who knew?" P!nk
&*.
–¡Isabela Marie Swan! ¡Ábreme la puerta ahora mismo o la derribare!, y bien sabes que si puedo- Chilló Alice.
–Alice– Gemí–. Ya voy.
Me levanté a trompicones y abrí la puerta, para después regresarme casi corriendo a mi cama y taparme con las cobijas.
–Vamos, señorita– Alice comenzó a saltar en mi cama–. Levántate ya que se nos hace tarde.
–No– Gemí–. Cinco minutos más.
–A-HO-RA- me quitó las cobijas y me cargó para llevarme al baño.
–Está bien, está bien, ya comprendí. Ahora, ¿Podrías bajarme, por favor?
–Claro– Me dejó caer de golpe en la taza del baño.
–Ouch– Grité.
Se carcajeó.
Abrió la llave de la tina del baño y saco su celular, mandó un rápido mensaje de texto mirándome de reojo y luego se rió.
–¿A quién texteas? – Pregunté entrecerrando los ojos con curiosidad. Sabía que ese mensaje tenía algo referente a mí… y me imaginaba a quien iba dirigido.
–A nadie de importancia –Sonrió–. Ahora a bañarse, floja. Aquí te dejo tu atuendo– Diciendo esto salio del baño azotando la puerta.
Mientras me desnudaba me di cuenta, o más bien ya sabía, que el mensaje de texto que había enviado Alice trataba sobre mí. El punto es ¿A quién se lo habría mandado? ¿A Edward? No, era poco probable, realmente Forks me estaba volviendo loca.
El agua caliente de la ducha me hizo reaccionar y el olor a mi shampoo me trajo de nuevo a la vida. Mientras me secaba, tomé la decisión de preguntarle a Alice si ella era la que había entrado en mi habitación por la noche. No había nada que perder. Lo más probable es que si haya sido ella, que me vio en alguna de sus visiones y vino a recostarme en la cama.
–Ven, siéntate para peinarte y maquillarte– Dijo Alice en cuanto salí del baño.
La siguiente media hora fue una completa y total tortura. Alice me rizó el pelo que me caía en cascada por la espalda, me pintó los ojos de un azul oscuro para que combinaran con el sweater y les puso delineador en la parte interior, haciendo que se vieran más profundos.
–Soy la mejor– Dijo Alice limpiándose una lagrima imaginaria dramáticamente–. Ve a verte en el espejo.
Cuando me vi en el espejo no me reconocí, esa que estaba en el reflejo no era yo. Me veía simplemente hermosa, obviamente no tanto como Rose, Tanya o Alice… pero me veía realmente bien.
–Rápido, Bells. Que se nos hace tarde– Chilló Alice desde mi cuarto.
–Ya voy– Grité, dándome el ultimo vistazo antes de irnos.
Nos subimos a su Porche y llegamos a la escuela en menos de 10 minutos. Para mi desgracia nos tuvimos que estacionar al lado del Volvo plateado.
"Maldito propietario de un flamante Volvo" pensé. Edward estaba esperando a Alice ahí recargado contra éste. Parecía un dios griego mandado desde el mismo cielo. Respiré rápidamente antes de bajar del Porche, estaba a punto de hiperventilar.
Bajamos y pude ver por el rabillo del ojo como Edward abría los ojos como platos y casi me comía con la mirada.
Reí, amargamente, para mis adentros.
–Nos vemos luego, Alice– Grité por encima de mi hombro.
–Sí, Bells. Hasta luego– Me guiñó un ojo.
Caminé hasta mi clase de lengua, con la mirada clavada de todos mis compañeros puesta en mi. Parecía el primer día de clases. De nuevo me inundó aquella sensación de querer desaparecer del mapa.
Llegué hasta la puerta de lengua y ahí estaba Anthony, recargado sobre la pared. Se veía realmente bien.
–Wow, Bella. ¿Eres tú?- Me miró de arriba a abajo con aquella sonrisa que tanto me gustaba.
"Pues quién si no" pensé para mis adentros.
–Sí, Anthony. Soy yo– Le sonreí.
–Wow, te ves realmente bien– Comenzó a reír.
–Gracias, pero ¿Qué es tan gracioso?- Bajé la mirada para darme un rápido vistazo. Esperaba que no se me hubiera olvidado ponerme algo importante.
–Es que combinamos – Dijo apuntándonos.
"Me las vas a pagar muy, muy caro, Alice" Pensé para mis adentros, esa maldita duendecilla ya lo había visto. Anthony llevaba un sweater ligero color azul marino, se veía el cuello de su camisa blanca y sus pantalones eran del mismo color de los míos, llevaba tenis Adidas blancos.
Una vez mas la sensación de Déjà vú me abordó. Recordé aquél día en mi casa, antes de ir al claro con Edward. Sacudí la cabeza para quitarme ese recuerdo.
Lo único que atiné a hacer fue sonreír.
Entramos al salón y nos fuimos a sentar a nuestros lugares, aún riendo. Creo que yo reía más de histeria que de otra cosa.
–Oye, Bell ¿A dónde quieres ir primero hoy? ¿Al cine y luego al Gossip por un café, o primero por un café y luego al cine? – sonrió de esa manera torcida que tanto me encantaba, aunque no fuera de esa boca que tanto deseaba.
"Habla, idiota. O va a pensar que eres retrasada mental"
–Ah, pues primero al cine y luego por un café, ¿No crees? – Dije aun embobada viendo su sonrisa. Se parecía tanto a Edward que dolía el solo mirarlo.
–Claro, linda– Me acarició la mejilla–. Tus deseos son ordenes para mi.
Justo cuando dijo eso se escucho un bufido casi imperceptible. Observe con el rabillo del ojo a Edward que estaba sentado en el asiento de al lado, rígido y viendo hacia el frente con la mandíbula apretada y la mano crispada en un puño.
–Gracias, Anthony– Dije regresando la mirada a aquellos ojos verdes esmeralda que me observaban.
La clase comenzó enseguida y Edward no relajó su posición ni un momento. El único cambio que hubo fue que cambió su mirada hacia Anthony, ¡Lo veía con tanto odio!
Anthony no parecía ni notarlo. Estaba absorto jugando por detrás de su pupitre con mi mano.
La clase iba demasiado rápido y Edward seguía con aquella mirada de asesinato.
Por fin, para mi buena suerte, sonó el timbre y comencé a guardar mis cosas temblando y con el corazón mas acelerado de lo normal gracias a la mirada que Edward tenia en su rostro angelical.
No era justo que un ser tan bello pudiera sufrir tanto.
Una vez más me sentí culpable por causarle esto, aparte, la ultima mirada que Edward le había dado a Anthony antes de salir del salón me dejo petrificada.
–¿Nos vamos, princesita? – Anthony sonrió y yo salté del susto.
–Ajá– Fue lo único que atiné a decir.
Salimos directos a la siguiente clase, Anthony no paraba de hablar como ya era su costumbre.
–Princesa, saliendo de la escuela te sigo hasta tu casa para que dejes tu camioneta y de ahí nos vamos ¿Te parece bien? – Puso una sonrisa angelical, pero no era nada comparada con la de Edward.
–Ah, no Anthony no traigo mi cacharro. Vine con Alice Cullen– Murmuré.
–Tú y ella son muy amigas– No era una pregunta.
–Así es, es mi mejor amiga– "y su hermano el amor de tu vida" pensé.
–Oh, me parece que a su hermano no le caigo del todo bien– De nuevo, no era una pregunta.
–¿Por qué lo dices? – Dije con el tono más casual que me salió para que no notara el temblor en mi voz.
–Pues– Se puso un dedo en la barbilla y medito unos segundos–, por que el primer día me trato muy bien, pero cuando vio que me empecé a acercar mucho a ti –Me tomó de la mano–, como que ya no le caí tan bien. Me parece que está celoso.
Tuve que taparme la boca para no estallar en carcajadas. Sí, claro… Edward Cullen celoso.
Yo era un cero a la izquierda en su vida. Él ya tenía a su niña de pelo color fresa y ojos grandes. Yo había dejado de importarle… eso jamás podría pasar…
La voz de mi cabeza me recordó las palabras de Alice.
"Le importas más de lo que piensas…"
Sacudí mi cabeza un par de veces para sacarme esas palabras.
–Pues no tiene razón para estarlo, Anthony. Él y yo no somos nada– Mi corazón se retorció ante esas palabras.
–Pues sí. Él no se tiene porque meterse en esto– Levantó mi mano y la besó.
–Eh… sí– Me quedé petrificada ante su beso.
–Esto– Dijo mirando nuestras manos unidas– ¿Te molesta?
"Sí"
–No– "¡Y un demonio, Bella! ¡Dile que sí!" gritaba mi coherencia.
–¿Segura? – Sonrió angelicalmente– ¿O sea que si te tomo de la mano durante todo lo que resta del día no te vas a molestar?
"Sí"
–No, no te preocupes– Me golpeé mentalmente.
Fuimos por los siguientes tres periodos de clase tomados de la mano, los estudiantes nos veían con ojos curiosos. Sabía bien lo que estaban pensando. No necesitaba tener el talento de Edward para saber bien lo que pensaban, se notaba en sus ojos.
"Despechada" grité en mi mente.
Pero no me importaba. Necesitaba olvidarme fuese como fuese.
…
El timbre sonó y nos dirigimos hacia el almuerzo. Me ponía cada vez más nerviosa el tener que entrar a la cafetería tomada de la mano de Anthony, sabía lo que parecíamos a simple vista: una pareja de novios.
Me estremecí ante aquella idea.
Empujé la puerta de la cafetería, y todas las miradas se giraron hacia nosotros dos. La sangre empezó a subirme a las mejillas y el corazón me empezó a latir demasiado rápido. Anthony, a mi lado, parecía realmente absorto como para darse cuenta de que la mitad de la escuela nos observaba.
Por inercia volteé a la mesa de los Cullen y ahí estaba Alice, con una sonrisa de oreja a oreja. A su lado estaba Edward que me observaba de nuevo con aquellos ojos tristes que tanto me habían matado. Me sentí de nuevo culpable.
–Princesa, ¿Qué vas a querer de desayunar? – Preguntó Anthony con voz ansiosa.
–Nada, solo una limonada– Seguía observando la mesa de los Cullen.
Nos fuimos a sentar a nuestra mesa habitual, que por desgracia estaba dentro de la vista periférica de Edward y Alice. La culpabilidad me carcomió toda la hora… a pesar de los intentos fallidos de Ang y Jess por animarme.
–Ay, Bells. No te sientas culpable, él te hizo lo mismo– Dijo Ang con una sonrisa de suficiencia en la cara.
–Exacto. Una cucharada de su propio chocolate– Agregó Jess.
Sabía que Edward estaría escuchando eso… por eso no quise agregar nada mas. No quería que viera lo duro que se me estaba haciendo olvidarlo. Ahora él tenía la vista clavada en algún lugar lejano, como si estuviera pensando en algo detalladamente.
Para mi sorpresa el timbre sonó demasiado rápido y mi tortura había llegado.
Anthony me volvió a tomar de la mano y fuimos directos al salón de biología en un tranquilo silencio. Mi mente vagaba muy, muy lejos de ahí, ¿Por qué Edward se habría puesto así? ¿Seria por mí y por Anthony?
"No, idiota. Recuerda que él te dejó. No te quiere" me repetía una y otra vez a lo largo del trayecto hacia el salón.
Por fin llegamos y Anthony se fue a su lugar, no sin antes darme un suave beso en la frente. Caminé hacia mi lugar aun embobada.
Edward ya se encontraba ahí, con la mirada de nuevo perdida en algún lugar lejano. Me senté a su lado pero él pareció no darse cuenta de mi presencia… no soportaba la idea de que estuviera de esa manera por mi, así que tuve que juntar todo mi valor para preguntarle lo siguiente.
–Ed... Edward– Mi voz se quebró–, ¿Estás bien?
Se giró a verme con la sorpresa escrita en su cara.
–Sí, ¿Alguna razón en especial por la que preguntes eso? – Preguntó con su tono frio y cortez que utilizaba para los simples humanos.
–No, simplemente te he visto muy triste estos últimos días y me preguntaba si– Garraspé un poco– ¿Te podría ayudar en algo?
Por un momento sus ojos se llenaron de alguna emoción que no pude reconocer y luego volvió a poner cara de nada.
–No, muchas gracias. Mejor vete a ocupar de tu noviecito– Utilizó su tono despectivo.
–Él y yo no somos novios– Dije, enojada.
–Pues eso son lo que parecen– dijo con un tono cargado de amargura.
–Pues no. Te equivocas– Dije más irritada, no tenía derecho a decirme eso ¿Quién demonios se creía?
–Hmm– Fue lo último que dijo.
Por suerte el profesor comenzó la clase en ese mismo instante, tuve que sostenerme en la barra para aplacar mis ganas de gritarle, ¿Quién demonios se creía para hablarme así?, Él me hizo lo mismo y nunca le contesté tan fríamente. Edward ya no me amaba y eso me quedaba más que claro ahora. Las lagrimas luchaban por salir de mis ojos, pero tuve que respirar varias veces para que se calmaran. Edward me vio por el rabillo del ojo, suspiró y luego se volvió a voltear.
La clase se pasó demasiado rápido como para notarla. Estaba demasiado ocupada luchando contra mi enojo con Edward, era injusto que me tratara así, yo no le había dado ningún motivo.
El timbre sonó y Edward se levantó igual de rápido como era su costumbre. Me pareció escuchar un "Lo siento", pero lo ignoré. No iba a sufrir más por ese maldito vampiro.
Anthony llegó a mi lado en menos de medio segundo y me volvió a tomar de la mano, ahora con mucha más fuerza. No me había dado cuenta que tenía unas manos muy, muy suaves y cálidas. Me sentí cómoda con su tacto.
La clase de gimnasia se pasó demasiado rápido. Estuve un poco mas cómoda de lo normal ya que cierta vampiresa que me mataba con la mirada había desaparecido de la escuela como por arte de magia… aunque aun me seguía preguntando el porque de su huida.
Gracias a mi buena suerte la clase se pasó demasiado rápido, y el timbre sonó antes de que me diera cuenta.
Bien, eso solo podía significar una cosa... que ya era tiempo de irme con Anthony al cine, o sea que eso quería decir que Alice y Jazz estarían de chaperones ¿No creían que estaba demasiado grandecita como para saber cuidarme por mi misma?
Anthony me alcanzó en la puerta del gimnasio.
–Princesa, ¿Estás lista? –Me tomó de la mano.
–Sí, listísima– Le sonreí.
Me jaló hasta el estacionamiento, donde otra vez todos los alumnos nos observaban con ojos curiosos. Por el rabillo del ojo vi que Alice me saludaba con la mano y le regresé el saludo… antes de darme cuenta que Edward estaba a su lado observándome con una sonrisa de suficiencia en la cara… ¿Por qué sonreía? ¿Qué sería tan gracioso?
–Déjame te abro la puerta.
Me quedé embobada viendo el auto que estaba frente a mi, era un Mustang GT Turbo, negro como la noche.
–Wow ¿Esto es tuyo? – Sonreí
–Así es, linda– Anthony cerró la puerta detrás de mí y fue a subirse por su lado.
–Oye… –Mis mejillas se pusieron rojas– disculpa mi incumbencia, pero ¿Por qué si tienes este auto, si tus papás se vinieron a vivir aquí y tu papá esta trabajando como policía?
–Eres muy curiosa, ¿Lo sabías? – Volvió a reír–, pues… mis papás no me han regalado el auto, fueron mis abuelos. Como soy el único nieto hombre pues… digamos que me dan todo lo que quiero, aunque yo no lo acepto, no quiero hacer sentir mal a mis papás… aparte de que no me falta nada.
-Oh, entonces ¿Por qué aceptaste el auto?
–Pues – Se puso serio por un momento-, no me lo regalaron. Yo trabajé para comprarlo. Veras, el verano pasado me fui a New York a trabajar en la empresa de mi abuelo como su asistente personal… y así fue como me lo compre. No quiero ser el típico hijo de papi… o mas bien de abuelo– Sonreí ante la idea.
–Eso es muy noble de tu parte– Era tan despreocupado… algunas veces era tan fácil que Anthony me gustara, pero no. Mi cuerpo demandaba unos brazos diferentes y mi boca unos labios que no eran los de él… Me sentí mal porque no me gustaba de regreso.
Anthony siguió hablando sobre su escuela, donde era el lugar donde vivía sus amigos etc. etc.… emití algunos "oh`s" y "ah`s" en los momentos adecuados para que pensara que le estaba prestando atención, pero la verdad era que mi mente ya volaba a varios cientos de kilómetros de ahí. Más que estar en Forks, mi mente se encontraba junto a Edward, aunque yo sabía que él no me veía de la misma manera que yo a él lo seguía amando con cada célula de mi cuerpo. Eso dolía más que nada… porque sabía que el sentimiento no era mutuo.
Me forcé a pensar en la razón por la cual Edward estaba en Forks: Victoria.
Un escalofrió recorrió mi cuerpo. Ella estaba esperando a cualquier error por parte de mis cuidadores para atacarme, cualquier fisura en mi cuidado para matarme. Me pregunté si no hubiera sido menos doloroso que ya hubiera terminado con todo esto. Sabia que Alice y Jazz estarían siguiendo el auto en este instante… iba a ser demasiado difícil olvidarme de que ellos iban a estar observando cada uno de mis movimientos y que luego Edward tuviera que verlos en su mente.
Lo amaba…. Era lo mejor que me había pasado en mi vida. pero tendría que olvidarlo sin importar qué. Él ya había seguido adelante, y, como había dicho antes, sabía que a la larga lo perdonaría por estar con Tanya. Lo único que realmente me importaba era su felicidad… y sabía que junto a mi no la había encontrado.
–¿Qué quieres ver, princesa? – Sonrió de manera angelical.
–Eh… lo que tú quieran, Anthony– Me perdí en sus ojos verdes… eran demasiado hermosos.
Me tomó de la mano.
Entramos y compramos palomitas y refrescos. Yo estaba con los ojos muy abiertos para ver cualquier señal de jazz o Alice, pero no los vi. Ni siquiera cuando entramos a la sala.
–Princesita, ¿Estás bien? – Me dijo con voz ansiosa mientras nos sentábamos en los asientos– ¿No te gustó la película que elegí? – Dios… era tan lindo cuando se preocupaba.
–No, estoy bien. Lo que pasa es que me da un poco de miedo la película– "Sí, claro, idiota. Como si esa fuera la razón"
–No te preocupes. Aquí estaré para abrazarte si te da miedo– quitó el brazo del asiento y me abrazó.
–Gracias, Anthony– Sonreí de corazón.
–No hay de qué, linda.
En ese momento empezó la película. Me conmocionó un poco la imagen que ponían sobre los vampiros: era total y completamente falsa. Yo estaba mas que segura de eso… los vampiros no eran aquellos seres horribles que tenían los colmillos llenos de sangre ni esa fea ropa- Alice hubiera muerto si tuviera que utilizar eso- eran las personas mas sensibles que existían en todo el mundo, independientemente de que fueran más rápidos o más hermosos que los humanos sentían de igual manera, se enamoraban de igual manera, sufrían de igual manera.
Éste pensamiento hizo que la herida de mi pecho se abriera una y otra vez… haciéndome sentir un dolor inmenso.
Cada vez que me estremecía, Anthony pensaba que era por miedo, y me abrazaba con mas fuerza casi hasta el final de la película que yo quede acostada sobre su pecho y él me rodeaba la cintura con sus brazos. Me sentía realmente cómoda en esa posición, pero él no era con quien yo quería estar.
–Princesa, salgamos de aquí– Murmuró en mi oído, su aliento me hizo estremecer.
Me tomó de la mano y salimos del cine… un escalofrió recorrió todo mi cuerpo, afuera ya era de noche y hacia mucho frío.
Anthony, al ver eso, se quitó su sweater, dejando ver su camisa blanca entre abierta y su pecho bien formado… me quede embobada viéndolo y él solo rió entre dientes.
–Anda, Bella. Te vas a congelar– Sonrió.
–Oh, sí. Disculpa– Me sonrojé.
Me ayudó a ponerme el Sweater, y justo cuando terminé de pasármelo por el cuello su cara quedó a centímetros de la mía. Podía sentir su aliento en mi cara. olía. Era muy rico… me acerqué un poco mas por inercia y nuestras narices casi se tocaban. Puso sus manos en mi cintura y me acercó un poco mas a él.
Y nada me preparó para lo que se vino después.
