Disclaymer:No, Twilight no es mío –I wish- Pertenece a Meyer.

Summary:Después de seis meses de que Edward la abandonó, el primer día del mes de Marzo, Bella ve el Volvo en la escuela. Ahí se encuentra Edward, pero de la mano de otra persona ¿Qué hará Bella? ¿Cómo podrá sobrevivir? New Moon, final alternativo

13.- Capítulo

"Mediocre"

Un Amor Imposible

By Mommy's Bad Girl

"Me encanta escucharte hablar
Qué elegancia hacerte sentir mal
Sólo quiero que quisieras hoy
Demostrarte lo que soy.

Poco a poco
Ganó mi odio
No quisiste algo más y me quedé hasta el final." Ximena Sariñana

"¡Voy a matar a Alice!" Pensé. Ésto no me podía estar sucediendo, ¿Por qué a mí? ¿De todos los integrantes de la familia Cullen por qué ÉL tenía que haber venido?, se lo dije a Alice, ¡Se lo dije, maldita sea!

Alice corrió hacia mí y me dio un fuerte abrazo.

—Bella— Chilló, dando saltitos— ¡Me has metido el peor susto de mi existencia! — Diciendo esto, me volvió a abrazar, pero pegó su boca a mi oído. Su frío aliento me dio escalofríos—. Lo siento mucho, Bella. Escuchó nuestra llamada y me amenazó que si no lo dejaba venir conmigo, él vendría a la fuerza. En serio, lo siento mucho.

Se separó un poco de mi, pero aun tenía sus manos en mis hombros, tomándome como a una niña pequeña. Sus ojos escrutaban mi cara en busca de alguna señal que pudiese decir que era lo que estaba pensando, pero yo solo me limité a asentir con la cabeza.

Aunque por dentro me estuviese muriendo del coraje.

¿Por qué Edward hacia esto? ¿Qué ganaba con venir? ¿Quería verme sufrir más? ¿Acaso era tan masoquista?, éstas y mil preguntas se metieron en mi cabeza en menos de un segundo. Sabía que había venido por alguna razón, pero no la encontraba. Él ya tenía a Tanya, ¿Qué mas quería de mi?

Un escalofrió gigante recorrió todo mi cuerpo al sentir la mirada de Edward clavada en mi rostro, y en ese momento hasta la última de mis terminaciones nerviosas se pusieron alerta.

Seguía inmersa en mis pensamientos hasta que la vocecita chillona de Alice me sacó del ensimismamiento.

—Bella, entremos…— Me jaló de un brazo y yo la seguí mecánicamente, aun con las sobras del escalofrío que me había dado.

Entramos y Alice y yo nos sentamos en un silloncito de la sala, Edward se sentó en el sillón individual frente a nosotras. A pesar de tenerlo frente a mí, no me atreví a levantar la mirada. Sabía que en cuanto me encontrara con aquellos ojos color caramelo me perdería en ellos y mi fuerza se haría polvo. No me podía dar el lujo de hacer eso, aunque lo desease con toda el alma.

Tenía que dejar a Edward tener su propia vida. Él no podía estar siempre con la humana, él tenía que ser libre y feliz, y yo se lo estaba impidiendo.

La sala estaba en silencio, un silencio incomodo. Se podía casi cortar la tención que había con un cuchillo. Pero dadas las circunstancias yo tendría que ser la primera en hablar… quiero decir, yo fui la que salió huyendo primero.

—Yo — Tomé aire lentamente— Lo siento mucho… si los preocupe— Dije con la mirada aun clavada en mis manos entrelazadas y el dolor de mi pecho se hacia un poco más agudo.

—No importa, Bella— Dijo Alice con voz cálida—. Lo importante es que estás bien y nada te sucedió— Dudo un poco, pero por fin preguntó— ¿Nos podrías explicar el por qué huiste?

Ipso facto me congelé. No podía decirles el por qué de mi huida. Eso solo haría que Edward se sintiera más culpable y que yo siguiese arruinando su vida. ¿Cómo esperaban que les dijera "Alice, Edward me fui porque me enteré de que el amor de mi vida se va a casar con una maldita vampiresa que por cierto, me odia" era algo que no se podía explicar con palabras. Y tampoco yo quería hablar respecto al tema.

—Bella— La voz de Alice empezaba a dejar al aire su curiosidad—, estamos esperando.

—Fue por… una situación… que me tomó por sorpresa— En ese momento me atreví a levantar la vista hacia Alice-, pero estoy intentado superarlo.

Edward, frente a mí, soltó un bufido casi inaudible, y yo volví a bajar la mirada, esta situación hizo que el agujero en mi pecho se tensara una vez más, pero este dolor se iba haciendo cada vez más familiar. De todos modos, sabía perfectamente que me tendría que acostumbrar… dudaba que se pudiera quitar con el tiempo.

—¿No quieres hablar del tema? — Pregunto Alice con voz amable.

—No. La verdad es que no— Murmuré.

—OK— Alice tomó mi cara entre sus manos y me obligó a verla—. Bella, no te voy a obligar si no quieres— Sonrió cálidamente—. Por cierto, Reneé ha marcado como loca al hospital, quiere hablar contigo. Carlisle le dijo que tú estabas con Esme y conmigo en Los Ángeles acompañándonos, porque no te podías quedar sola en casa… así que no te preocupes, podemos quedarnos aquí algunos días, si quieres— Volvió a sonreír pero esa alegría no le llego a los ojos.

Al escuchar esto mi corazón destrozado dio un brinco. Reneé… tenía que hablar con ella, ¡Se me había pasado por completo esto!, También necesitaba hablar con Jake. Recordé la última vez que lo vi y pareció que había sido hace años, en vez que hace una corta semana.

Ésto me dio un poco de esperanzas.

—Alice, ¿Puedo llamar a Reneé y a Jake?- Pregunte con un poco de brillo en los ojos.

Edward, frente a mi, soltó un gruñido y cerró la mandíbula audiblemente ¿Qué demonios le sucedía? ¿Ahora porque estaba enojado?, Por primera vez me atreví a mirarlo. Sus ojos se oscurecieron al instante, en ellos había un dejo de ira, pero ¿Por qué? Sabía bien que Jake nunca le había caído bien. Pero esa no era una razón para comportarse de esa manera.

Independientemente de el enojo que me embargó al ver su expresión, me di cuenta de que en el momento en que lo mire directamente a los ojos todo mi cuerpo pareció relajarse. Era como si él tuviese algún don extraño sobre mi… parecía como si todo el mundo alrededor desapareciese y quedáramos solo él y yo en alguna clase de burbuja. Me perdí de nuevo en su mirada, y presentía que él hacía lo mismo.

Miré detenidamente sus facciones, sus labios, todo.

Otro escalofrió me recorrió el cuerpo al darme cuenta de lo que estaba sucediendo. No sabía cuánto tiempo había estado observándolo. Pudieron haber sido segundos, o horas… la verdad es que eso no tenia demasiada relevancia.

Sacudí la cabeza un par de veces para quitarme del todo el hechizo de su mirada, y gire mi cabeza para ver a Alice que intercambiaba miradas entre Edward y yo. Parecía demasiado extrañada, pero una vez más… no era algo que me importase demasiado.

—Sí, Bella— Dijo—. Llámales, mientras Edward y yo iremos por las maletas al auto.

Salté del sillón y subí las escaleras corriendo, por más extraño que pareciese sentía como si volara. Esa mirada que habíamos cruzado Edward y yo había hecho que sintiera un poco de vida de nuevo en el cuerpo.

Esperanzas, esperanzas. No… ya no… ni una sola vez mas. Tenía que librarme de esto a como diese lugar. Me estaba lastimando a mi misma y estaba lastimando a Edward. Tenía que dejarlo… tenía que dejarlo ya.

Con estos pensamientos llegué a mi cuarto. En mi buro estaba mi celular. Dudé un poco en tomarlo, ya que sabía perfectamente que me esperaría una charla demasiado larga con mi madre respecto a todo lo que había sucedido… y la verdad no sabía si estaba de humor para aguantar que me estuviese repitiendo todo una y otra vez. Suspiré lentamente y marque el número de la casa de Reneé en Jacksonville. Tenía que marcarle. Al fin y al cabo, era mi madre.

El teléfono sonó tres veces y una linda voz contestó.

¿Sí, diga?

—¿Mamá? Soy yo, Bella— Dije, cautelosamente.

—¡Isabella Marie Swan! ¡Por fin llamas a la pobre de tu madre!, hija… no sabes lo preocupada que he estado por todo lo que ha sucedido con el pobre de Charlie, y tú ni una llamada me habías hecho ¿Qué piensas?... OK, OK… olvida lo que dije. ¿Cómo estás? ¿Cómo te has sentido? ¿Estás en Los Ángeles, cierto? ¿Cómo te la estas pasando?- dijo todo tan rápido que no tomó ni un solo respiro. Jamás pensé que hubiese una persona que pudiese aventar tanta cantidad de palabras sin respirar, pero parece que ya la había encontrado.

—Calma, mamá. Respira. Estoy bien… la estoy pasando fenomenal aquí en Los Ángeles, aunque extraño a Charlie, pero ya regresaré a Forks en un par de días— Dije poniendo los ojos en blanco.

—¡Oh, querida! — Reneé comenzó a sollozar—, Pobre de ti y de todo lo que está pasando, en cuanto llegues a Forks iré contigo. No quiero dejarte sola.

Un espasmo recorrió mi cuerpo completo, Reneé no podía ir a Forks. Sería ponerla en peligro. No. No podía permitir eso. El simple hecho de saber que Victoria estaría cerca de la indefensa de mi madre me puso los nervios de punta.

—Ah, no, mamá. No te preocupes. Carlisle dice que Charlie estará fuera del hospital en algunos días, así que no hay la razón por la cual vayas hasta Forks. Todo estará bien— Intenté sonar lo más alegre y despreocupada del mundo. No quería a Reneé en Forks.

¿Estás segura, hija?

—Sí, mamá. No te preocupes— Mentí de nuevo pero con más naturalidad que nunca. Ésto de mentir se me estaba empezando a dar bien.

Prométeme que si necesitas algo, no dudarás en llamarme y estaré ahí más rápido que un relámpago—dijo con voz tierna.

—Te lo prometo, mamá— Murmuré.

Después de una exhaustiva plática de treinta minutos con Reneé, en la que me obligó a contarle casi todos los detalles de lo que había sucedido últimamente, por fin pude colgar. A veces mi madre podía ser tan exagerada.

Tomé el celular una vez más, buscando el teléfono celular de Jake, pero justo antes de que me pudiese meter a la agenda de mi móvil, Alice entró en mi cuarto con sus andares de Bailarina y su sonrisa plateada. Se sentó a un lado de mí en la cama.

—Bella— Dijo, quitándome el celular de la mano—, vamos a cenar. Mañana podrás llamar a Jake. De todos modos, Carlisle ha estado en contacto con toda la manada. Así que no te preocupes, todos están enterados de todo lo que ha sucedido.

¿Eh?

¿Podría repetirme eso de nuevo?

¿Licántropos y vampiros… hablando?

¿QUÉ?

—Bells, respira- Dijo Alice pasando una mano por enfrente de mis ojos-. Aunque no nos gusten los chuchos—dijo con un tono despectivo—, ellos te quieren, y nos han servido para cazar a Victoria. Créeme, no le queda mucho tiempo teniendo a los licántropos de nuestro lado— Sonrió con seguridad.

—¿Ellos están con... ustedes? O sea, ellos los están ayudando— Se me fue el aire.

—Sí, pero no te preocupes por eso. Ya habrá tiempo para hablar del tema— Me tocó la mejilla—. Ahora vamos a cenar.

—Está bien— Murmuré aun perdida en mi mente.

—Respira, tonta Bella— Volvió a reír—. Oye ¿Quieres salir hoy?.

Observé el reloj, deseando que fuese media noche, pero por desgracia a penas eran las 7:45 PM.

Mierda.

—Sí, Bells. Por favor, vamos a salir— Puso un puchero— Por favor, por favor, por favor hazlo por mí… te prometo no ponerte tacones y que estaremos aquí para antes de las 12, pero por favor, ¡Quiero conocer algo de Phoenix!

—Estás completamente loca. No voy a salir hoy. ¿No ves que no tengo ropa?, aparte de que soy un peligro andante para caminar por las calles de Phoenix, y por ultimo no creo que a Edward le guste demasiado la idea… Y un bono extra: estoy demasiado incomoda en esta situación— Dije, casi gritando.

—Bella, Bella, Tonta Bella— Dijo, sonriendo—. Ropa traigo yo. No te pienso poner tacones. Vamos a salir para que se te despeje un poco la mente. Edward ya aceptó en ir porque él también quiere salir, y por último, yo sé que esto es incomodo pero te terminaras acostumbrando, por favor.

—Está bien, está bien, pero antes de las 12 quiero estar aquí— Entrecerré un poco los ojos.

—¡Yuppy! — Empezó a dar saltitos por todo el cuarto y a aplaudir.

—Impresionante— Murmuré con los ojos clavados en el duende que saltaba—. Como algo tan pequeño puede ser tan nefasto.

—Es un talento natural— Me sacó la lengua, divertida.

—Bien, empecemos antes de que me arrepienta— Dije con un gesto dramático.

Alice bajó las escaleras y subió de nuevo en menos de un minuto con 3 maletas y una caja inmensa de maquillaje. Suspiré. Ésto realmente iba a ser una tortura.

Mientras Alice me arreglaba- O más bien me torturaba- mi mente divagó. Sabía perfectamente que esto era lo que necesitaba: salir y despejarme. Conocer gente nueva e intentar sacarme a Edward Cullen de la mente, pero por desgracia no podía. Y no es porque no pudiese lograrlo, sino porque no quería.

Sabía que esta era una actitud demasiado sadomasoquista de mi parte, y que al final cuando él se fuera y se casara iba a pagar las consecuencias muy, muy caras, pero como ya lo había pensado antes, preferiría sufrir por todo lo que restaba de mi maldita existencia a olvidar siquiera algún detalle de la existencia de Edward en mi vida.

Sabía que era una actitud estúpida de mi parte, que al fin y al cabo la única lastimada en la situación sería yo, pero una vez más: no me importaba. Aparte de que estaba el hecho de que yo tendría que seguir con mi maldita y desastrosa vida. Sabía que si no lo hacía terminaría lastimando a Edward, por no poder superarlo, así que lo tendría que hacer aunque sintiese que una parte de mi alma se quedara con él.

Edward Cullen jamás podría ser otra cosa que el más puro y simple amor de mi total existencia.

Nadie, nunca, podría tomar su lugar.

Y ahí, entre fijador y maquillaje, lo prometí. Prometí que aunque me doliera tendría que seguir adelante con alguien, con alguien que no fuera Edward, y que lo tendría que empezar a hacer desde ahorita.

A mi mente vino a imagen de Anthony, el perfecto clon de Edward. Este pensamiento hizo que me diera escalofríos. Era demasiado difícil imaginarse una vida sin Edward. Imaginarme con Anthony era mucho peor. Él era un buen chico y todo, pero era demasiado parecido a Edward y eso sería un recordatorio no solo físico, sino también mental de que Edward algún día existió. Aunque sabía que con el tiempo por lo físico me vería diferente, renovada o como lo pudiese llamar, por dentro cada sentimiento, cada célula, cada latido de mi corazón serian de él… y eso nunca nadie lo cambiaria.

—¡Bella, estás lista! — Chilló Alice limpiándose una lágrima imaginaria de su cara con gesto dramático.

Yo todavía seguía ensimismada en los más oscuros recovecos de mi mente cuando me vi en el espejo. La imagen que vi me regreso a la realidad.

—¡Marie Alice Brandon Cullen! — Grité con furia—, No pienso utilizar esto. Mejor desnúdame… creo que eso taparía más.

—Oh, vamos, Bella. Aquí hace calor y te ves bellísima— su mirada y su voz se tornaron más siniestras—. Aparte, no te vas a cambiar… inténtalo si quieres pero te aseguro que saldrás vestida de esta casa así.

Era yo… pero diferente. Mi simple imagen hizo que me pusiera roja. Sabía que no podría cambiarme de ropa, a menos que quisiera morir en manos de Alice. Lo único que me podía calmar era que no llevaría tacones. En otra ocasión podría decir que si me veía bien. Pero ahorita era algo que realmente no me importaba.

Suspire pesadamente antes de girarme a Alice.

—Listo— Gruñí—. Ahora ¿Nos podríamos ir? Tengo mucha hambre.

—Claro— Sonrió malévolamente—. Vamos. Edward nos espera abajo.

Respire profundamente varias veces para no hiperventilar mientras bajaba las escaleras. ¿Por qué demonios me había metido en esto? Yo no debería de salir así vestida y menos en el estado de depresión en el que me encontraba en estos momentos.

Llegamos abajó y las luces de la casa estaban apagadas, pero la luz de la luna se filtraba por la ventana. Ahí estaba Edward sentado en uno de los sillones. Su belleza resaltaba gracias a la luz que se colaba por la ventana.

Tenía una camisa negra, abierta de los primeros dos botones y las mangas dobladas hasta la mitad de su antebrazo. Estaba desfajado, y llevaba unos pantalones medio sueltos de mezclilla. Me deslumbré al instante. No podía quitarle la mirada de encima.

Sacudí la cabeza y fijé mi mirada en Alice que miraba a Edward, divertida, y Edward a su vez me miraba a mí con los ojos abiertos como platos. Su boca estaba en una línea.

Eso solo podía decir una cosa. Problemas.

—Ella no va a salir vestida así— Gruñó.

Hermanito— dijo Alice con sarcasmo—, va a salir así porque yo lo digo, ¿Alguna duda? — Dijo entre dientes.

Edward se tomó el puente de la nariz con dos de sus dedos de la mano izquierda, respiró profundamente y abrió los ojos.

—Vámonos— Gruño.

Salimos de la casa y nos subimos en el Volvo, yo atrás y Alice y Edward adelante.

Nadie dijo ni una sola palabra en todo el camino… solo se podía sentir la tensión que Edward emanaba de sí mismo. ¿Por qué se había puesto así? No tenía derecho a decirme que era y que no era lo que yo me podía poner, es decir… si a esas vamos yo le diría que es un pecado andante… y no lo dejaría salir de su casa.

Él no tenía derecho alguno en decidir nada en mi vida. Nada. Aunque me gustaría que lo hiciera.

Llegamos al centro de Phoenix, donde había muchos restaurantes, discos y bares. Aparcamos en un lugar vacio casi en el centro de la calle y nos bajamos.

Yo me sentía demasiado incomoda con el atuendo que estaba utilizando, así que mis mejillas estaban pintadas de rojo por tiempo indefinido. Solo rezaba porque no me dijeran nada.

Caminamos hacia un restaurante muy lindo, que tenía mesas afuera con sombrillas y había mamparas con la luz tenue. Había música bohemia, así que se podía decir que estaba acogible el lugar.

Nos sentamos en una de las mesas de afuera y llegó el mesero a pedirnos la orden.

—Yo un vaso de Coca Cola, por favor— Dijo Alice con una sonrisa deslumbrante.

—Que sean dos— Dije yo.

—Tres- Apunto Edward con la mirada fija en mi. Ésta mirada hizo que me diera un escalofrió… no era una mirada de odio, ni de curiosidad, era una mirada con un sentimiento que realmente no pude descifrar.

—¿Y de cenar? — Preguntó el camarero.

Dos pares de ojos se posaron en mi rápidamente. Obvio, yo era la única que cenaría.

Maldije por lo bajo.

—Hmm… ravioles con zetas, por favor— Murmuré. Era lo primero que vi en la carta.

Al pronunciar estas palabras, me petrifique… un flash back de una fría noche en Port Ángeles, de una mesera de veintiún años, de unos individuos queriéndome lastimar, de un secreto que descubrí, de un vampiro del que me enamoré irrevocablemente me llegaron a la mente.

El dolor de mi pecho que por un momento se había calmado, volvió a regurgitar con toda su fuerza, dejándome sin aire. Esto era demasiado difícil, demasiado.

Giré mi vista hacia Edward, que parecía que también se había acordado de aquella noche en Port Ángeles, solo que esta vez él me desvió la mirada. Como intentado ocultarme alguna emoción que no que no quería que yo viera.

Suspiré pesadamente y Edward me observo por el rabillo de su ojo para luego volver a poner cara de nada. Inescrutable.

—Ay, Bells— Giré a ver a Alice que tenía una sonrisa maliciosa en la cara— iré a hablar con Jazz, en un momento regreso— Sonrío con más ganas.

No pude decir nada y me congelé. ¡Maldita Alice me las iba a pagar luego!, ¿Por qué me quería dejar sola con su hermano? ¿Qué no se daba cuenta de la situación? Maldije internamente. La miré con ojos asesinos. Ésto nunca se lo iba a perdonar. Ella simplemente sonrío.

Se paró con sus andares de bailarina y se desapareció de mi vista, quien sabe a dónde.

Edward y yo nos observamos por un buen rato. Ninguno le desvió la mirada al otro esta vez. Intentábamos decirnos mil y un cosas con los ojos. Pero por desgracia, eso no era suficiente.

Por fin… se digno a dirigirme la palabra.

—Bella— Murmuró con voz enojada—, nunca, me escuchaste, nunca en tu vida vuelvas a hacerme esto.

—¿De qué hablas? — Luché porque mi voz no dejara ver el temblor que ahora me recorría todo el cuerpo.

Se acercó un poco más a mí.

—No vuelvas a desaparecer de esa manera— Sus ojos llamearon.

Me quedé en silencio. No sabía qué responderle. De lo único de lo que era consiente era de la gota de sudor que me surcaba la nuca y del temblor que me recorría entero el cuerpo.

—¿Por qué te fuiste? — Preguntó, expectante.

Negué con la cabeza.

—Dímelo— Dijo demandante.

Negué con la cabeza una vez más.

—Ahora— Susurró tan cerca de mí, que su aliento dulce me golpeó la cara.

Parpadeé un par de veces antes de volver a mi cuerpo. Me había quedado petrificada por la cercanía en la que estábamos. Si me acercaba unos centímetros más lo podría besar. Claro, eso no sucedería ni ahora ni nunca. Aunque muriese por hacerlo.

Lo miré fijamente a los ojos, y puse mi cara más cínica. Tenía que decírselo… tenía que sacarme esto de la mente y ver cómo reaccionaba. Él y yo todavía estábamos demasiado, peligrosamente, demasiado cerca. Éste era el momento.

—Felicidades por tu boda— Dije con tono casual y un intento de sonrisa en los labios, pero esa alegría no me subió a los ojos…

… Y el corazón se me estaba destrozando.


No se desesperen. Sé que la actitud de Bella es horrenda y sadomasoquista, pero prometo que en exáctamente tres capítulos, todo eso cambiará ;)

Las amo.

Mommy's.