Día 3: Fencing Lessons
(Lecciones de esgrima)
Luka nunca fue un fanático del deporte, es más, ni siquiera le llamaba la atención.
Pero después de ver aquella pequeña competencia que tuvieron el colegio donde estudiaba su hermana para las nacionales de esgrima, ahí fue cuando todo cambio para Luka.
Kagami Tsuguri podía ser una chica frágil y serena para la mirada de todos, pero, cuando ella tenía un sable en mano y tenía un contrincante frente a ella era una fiera agresiva y ruda.
Y eso fue lo que le hizo llamar más la atención a Luka sobre aquella chica, que hasta se decidió por querer saber más de ella… claro que bajo la excusa de querer "aprender" el esgrima y que mejor que te lo enseñe la chica de traje rojo.
Apenas Luka si podía respirar bajo esa careta, el sudor le recorría por toda su cara, y cómo no olvidar el traje de equipo que ya comenzaba a empaparlo con su propio sudor; lo único bueno de todo es que él aun sostenía con firmeza el sable en su mano derecha. Kagami se encontraba justo enfrente de él mientras le mostraba algunas técnicas de defensa y ataque, los cuales él si apenas podía notar.
– ¿Puedo quitarme la careta? No puedo ver nada con esto. – preguntó el Couffine a la chica quien no dio por terminado una lección al guitarrista.
– Regla n° 1: Nunca te quites la careta. – replicó Kagami al muchacho.
– Pero no estoy haciendo nada, además ya me estoy muriendo de calor con esto. – Luka intento convencer a Kagami pero aquello no le pareció convencerla.
– Deja de quejarte no es para tanto, si me hubieras dicho otra cosa como la claustrofobia entonces ahí si te permitiría quitártelo.
Luka soltó una carcajada divertida por el comentario de la chica.
– Muy buena esa. No sabía que tenías sentido del humor.
– No la tengo. De hecho he tenido algunos compañeros que sufren de esa fobia. Y no me parece nada gracioso. – el Couffine se quedó callado por unos segundos hasta que la Tsuguri volvió a habar. – Ahora inténtalo tú. Demuéstrame todo lo que te he enseñado.
– ¿Todo?
– Sí todo.
Un silencio incomodo se empezó a notar en el ambiente. Luka apenas había podido ver algunos movimientos que hizo Kagami a través de esa estorbosa careta.
– Estoy esperando Couffine-kun. No tengo todo el día.
– Bien te lo demostraré sólo si lo hago contigo.
Sí Kagami no tuviera puesto también la careta en ese momento Luka vería el rostro de la joven ruborizado y sorprendido.
– ¿Estás seguro?
– Por supuesto, digo, al menos que tengas miedo de que te venza en una pequeña práctica. – esbozó una sonrisa divertida el chico.
– No tengo miedo Couffine-kun. Y sí aceptó el reto.
Ambos tomaron sus posiciones mientras se colocaban otra vez sus caretas. Volvieron a ponerse en sus lugares, en una posición de defensa, y cuando la chica dio el aviso de empezar; la sesión volvió a comenzar, y los sables emitían unos limpios y suaves sonidos de defensa al chocarse.
Kagami estuvo a punto de embestir su sable hacia el pecho de Luka, cuando de pronto ella sintió una ligera presión en su abdomen; al bajar su mirada ésta mostraba sorpresa e incredulidad.
Luka Couffine le había tocado antes de que ella pudiera hacerlo.
Kagami se enderezó y se quitó la careta, su rostro mostraba sorpresa mientras sus labios se encontraban entreabiertos.
El Couffine se quitó la careta mientras mostraba una sonrisa nerviosa.
– Lo siento, ¿Te lastime? – preguntó él preocupado.
– No. – replicó Kagami. – Me tocó. Eso quiere decir que me venció. – pensó ella aun incrédula.
– ¿Segura? Te veo como si estuvieras… – antes de que el Couffine pudiera decir más el sonido de un celular se escuchó.
Era de él.
La Tsuguri aún no dejaba de mirarlo con incredulidad que hasta no prestó atención a la llamada de que estaba haciendo. No fue hasta que la voz de Luka hizo que ella volviera en sí.
– Tengo que retirarme Kagami, mi madre necesita ayuda en su trabajo.
– Sí. De acuerdo. Te veo en la siguiente clase. – Luka asintió mientras devolvía el equipo de esgrima.
– Nos vemos mañana en las clases de guitarra, Kagami. – sonrió el chico.
– Sí.
Con eso último el guitarrista se fue, dejando a la japonesa sola en la escuela recordando que ese día un novato la había vencido. Una pequeña sonrisa decoró sus labios mientras que ella misma se hizo un juramento de no volver a perder la siguiente ronda con el Couffine.
