Disclaymer:No, Twilight no es mío –I wish- Pertenece a Meyer.

Summary:Después de seis meses de que Edward la abandonó, el primer día del mes de Marzo, Bella ve el Volvo en la escuela. Ahí se encuentra Edward, pero de la mano de otra persona ¿Qué hará Bella? ¿Cómo podrá sobrevivir? New Moon, final alternativo


14.- Capítulo

"Besos en la Oscuridad"

Un Amor Imposible

By Mommy's Bad Girl

"I wish they could not see me at all
How I wish I could describe their pain
Or my pain" Tango with Lions

¿Era posible que a los vampiros se les callera la mandíbula? Porque si no era posible, entonces no sabía exactamente qué era lo que le había sucedido a Edward. En el momento en que pronuncié aquellas palabras Edward se quedó completa y totalmente inmóvil, con la boca abierta, literalmente abierta, y sus ojos estaban tan abiertos que temí por un momento de que se le fuesen a salir de las orbitas.

Aparte de que, al pronunciar aquellas palabras, mi interior había quedado reducido a puro y simple polvo, ¿Qué demonios me había sucedido?, tanto quería saber su respuesta, pero ahora que veía su reacción se esfumaron todas las ganas de escucharla. Él obviamente no esperaba esto, él no esperaba que yo lo supiese. Pero, digo, ¿Esperaba que yo no me enterase de lo que iba a ocurrir, hasta el día de su boda? ¿Qué me iba a quedar con una maldita sonrisa en los labios y que le iba a dar mis felicitaciones? No, él sabía demasiado bien lo que sucedería en el instante en que yo me enterara.

Iba a morirme.

Edward siguió con esa cara de impresión. Es más, creo que se veía un poco más pálido de lo normal , si eso era físicamente posible.

Mis ansias subieron. Quería una respuesta, así que tuve que ser yo la que rompiera el silencio.

–Edward– Murmuré– ¿Podrías responderme?

–Bella…– Musitó– Lo siento. Yo… realmente lo siento– Bajó su mirada y crispó sus manos en dos puños.

Me quedé en silencio, intentando analizar sus palabras. Él decía "lo siento", pero no era porque en realidad lo sintiese, sino por pura y mera cortesía. No lo decía por haberme hecho sufrir de esa manera. No, él nunca diría un "lo siento" por eso.

El silencio se prolongó, pero yo no iba a ser la que lo rompiera. Mi mente, en si, se encontraba en un estado de atolondramiento gigante. El dolor en mi pecho se hacía cada vez mas fuerte conforme respiraba la dulce esencia que venía de Edward, quien estaba a escasos centímetros de mí. Me separé un poco de él, sus ojos color caramelo me tenían hipnotizada, pero no me podía dar el lujo de estar tan cerca. No cuando tenía la maldita sensación en mis labios de querer besarlo.

–Bella, dime lo que estas pensando, ¡por favor! – Dijo con tono ansioso.

Negué con la cabeza.

–Nada, Edward– Esbocé una simple sonrisa, pero esa alegría no me subió a los ojos–. No estoy pensando en nada.

Un gruñido sordo salió de su pecho, sacándome completamente de mi ensimismamiento. Acercó un poco sus labios a mi oído y dijo con voz enojada, si es que el terciopelo podía escucharse así.

–Bella, te conozco– suspiró y su frio aliento me dio escalofríos–, así que dime de una vez qué es lo que piensas– Se separó un poco de mí y me volví a perder en su profunda mirada color caramelo.

–No, Edward. Tú no me conoces– Al decir esto sentí que algo en mi interior se quebraba.

–¿Acaso has cambiado? – Preguntó, enarcando una ceja perfecta.

–Demasiado. Tú más que nadie debería de saberlo– Dije suavemente.

Me observó de nuevo, pero ahora su expresión era diferente. Sus ojos denotaban tristeza, y tenía una mueca en la cara. Nos miramos de nuevo por un largo rato, intentando descifrar lo que cada uno estaba pensando. No sabía cuál era la cara que yo tenía, pero por su mirada sabía que no estaba del todo bien. Yo había cambiado, demasiado. La vida en si para mí ya no tenía sentido. El sentido de mi existencia estaba sentado a un lado de mí, observándome. Pero él ya no me pertenecía, y más bien, nunca lo había hecho. Pero yo sí, cada partícula de mi cuerpo, cada suspiro adquirido, cada respiración, cada latido del corazón tenían la marca de Edward. Toda mi maldita existencia tenía la marca de Edward. Aunque eso no le importase demasiado a él, por supuesto.

Recorrí cada centímetro de su rostro con mi mirada. Sus labios entreabiertos, sus ojos color caramelo, su nariz simétrica, todo. Su rostro era el de un ángel. Un ángel al que yo no merecía. ¿Qué cosa podría tener yo que lo hiciera quedarse conmigo? Nada. Ni un solo pelo de mi cabeza valía tanto pena como para merecerlo.

El mesero llego con nuestras bebidas y la comida. Pero yo no me moví, ni cambie el curso de mi mirada. Ni él tampoco lo hizo. Suspiró lentamente, y, por fin, se dignó a hablar.

–Come– Me ordenó, apuntando, con su barbilla, el plato.

Obedecí al instante. Tomé uno de los ravioles con el tenedor y me lo metí en la boca. Ésto me abrió el apetito como por arte de magia, no me había dado cuenta de cuanta hambre tenía hasta que sentí el delicioso sabor del raviol recorriéndome toda la garganta.

Él me observó sin decir ni una sola palabra. Sabía que no se quedaría así de quieto. Sabía realmente bien que teníamos ésta plática pendiente. Le agradecí al cielo por qué me dejara comer en silencio, tenía que poner mis ideas en orden. Sabía que si seguíamos hablando terminaría por decirle toda la verdad, que lo amaba, y que si se casaba con Tanya yo moriría completamente, más de lo que estaba ahora. Que moría por besar sus labios y que mataría por ser yo la que estuviese en lugar de Tanya para casarme con él, porque yo, Isabella Marie Swan, moría por unirme a él, era lo único que deseaba en este momento. Aunque mi miedo al matrimonio fuera casi una enfermedad, estaba dispuesta a sacrificar eso por estar con él por el resto de mi humanidad.

Fijé mi mirada en el plato mientras cogía otro raviol con el tenedor. No quería verlo, esto era demasiado difícil. El agujero en mi pecho estaba a la espera de por fin poderse abrir contundentemente, y yo sabía perfectamente que esa espera no se alargaría mucho.

Gracias al cielo Alice apareció de nuevo, pero no traía una expresión de felicidad. Se dejo caer en la silla frente a mí y resopló.

–¿Y bien? – Enarcó una ceja perfecta.

–¿"Y bien" qué? – Dije, poniéndome otro raviol en la boca.

Me miro con cara de incredulidad por unos segundos y después agregó:

–Nada. Jazz está bien, dice que Charlie lo darán de alta para pasado mañana– Dijo con una sonrisa.

Me emocioné tanto al pensar en eso que casi me ahogo con un raviol. Me tuve que dar varias palmaditas en el pecho para poder volver a respirar.

–Entonces ¿Nos podríamos ir mañana? – Dije con los ojos abiertos como platos y una sonrisa dibujada en mi cara.

–Sí, si eso es lo que quieres– Alice asintió con la cabeza dándole una rápida mirada al vampiro de cabellos bronicios que se encontraba a un lado mío y luego a mí.

–Sí, eso es lo que quiero.

–¿Lista para irnos? – Preguntó Alice.

Hice una mueca.

Edward le hizo una seña al camarero y este vino hacia nosotros.

–¿Alguna otra cosa más que les pueda ofrecer? – Dijo, con su mirada fija en mi rostro.

–No– Contestó Edward, atrayendo la atención del camarero hacia él–. La cuenta, nada más– Dijo con la voz fría y calculadora.

–Por supuesto– El camarero sacó una carpetita de cuero negro y se la entregó a Edward, pero sin dejar de verme.

–Aquí tiene– Dijo Edward al instante mandándole una mirada asesina mientras le entregaba la carpeta con el dinero.

–Gracias– Dijo el camarero y me volvió a observar con un intento de mirada sexi, que mas que gustarme, me dio asco–. Regresen pronto.

Edward tomó mi cintura y me sacó de ahí. Me tensé al instante por su agarre, pero caminé a su lado. Cuando estábamos fuera de la vista del camarero, me soltó, dejándome una sensación de hormigueo donde me había tocado.

–Wow– Chilló Alice y se carcajeó.

Edward, a un lado de mi, gruñó.

–Eso no es gracioso, Alice– Dije con enojo–. Hizo eso por la manera en la que vengo vestida, y todo gracias a ti.

–Oh, vamos, Bells– Dijo con una sonrisa malévola–. Estas soltera ¿No? Debería de aprovechar.

Edward y yo nos tensamos al instante. Hasta ese momento me di cuenta de que yo realmente estaba soltera. La misma palabra hizo que me diera escalofríos. Edward a mi lado volvió a gruñir, aunque aun no entendía realmente el por qué de su enojo. Él debería de alegrarse de eso ¿No?, en todo caso él fue el que me dejo así.

–Bueno, bueno, no se pongan así los dos. No era para tanto–Murmuró Alice.

–Está bien– Murmuré–, solo que no lo había pensado de esa manera.

Los ojos de Edward se posaron en mí, mientras que yo tenía mi mirada baja. Parecía que mi respuesta lo había impresionado. Pero la pregunta aquí era ¿Por qué? Él, de seguro, había pensado en eso antes que yo. Aunque algo muy, muy dentro de mí, que fue creciendo cada vez más, me dijo que no.

–¿A dónde vamos ahora? – Preguntó Alice con una sonrisa de oreja a oreja–, Hay que celebrar que Charlie ya va a salir del hospital, ¿No creen?

–No– Gruñí–. Yo quiero dormir– Aunque, en realidad, no tenia sueño.

–¡Bella!, no seas aguafiestas, ¿Cuándo personas como nosotros- se apunto a sí misma y luego a Edward- podremos estar en Phoenix otra vez sin correr peligro?

–Cuando ustedes quieran y sea de noche– Contra ataqué con mi ceño fruncido.

Alice bufó y rodó sus ojos.

–Bien, vámonos– Gruñó.

Caminamos hacia el Volvo en silencio y nos metimos en el auto. Como siempre, en el viaje de regreso, no se dijo ni una sola palabra. Le agradecía a Dios, internamente, por ello. No podría haber soportado otra de las locas ideas de Alice por divertirnos, ella tendía a dejarse llevar por el momento.

Edward también estaba muy ausente, parecía perdido en su propio mundo. Con la mirada perdida en las grandes luces de la ciudad mientras las pasábamos a toda velocidad. Yo iba también viendo por la ventana, pensando en lo que había sucedido hace rato con Edward.

La realidad me pegó como si fuera un guate de box. Edward y Tanya se iban a casar, muy pronto y para mi desgracia yo no podía hacer nada para evitarlo. Y aunque lo pudiese hacer, sabía que con quien realmente Edward quería estar era con ella, no conmigo, sino ¿Por qué demonios me había dejado? Los ojos se me empezaron a rozar una vez más de lágrimas, pero las retuve.

No podía hacerle esto a Edward, no podía dejar que viera mi sufrimiento porque sabía que eso lo haría infeliz. No porque me quisiera, ni mucho menos, porque eso ya me había quedado bastante claro desde hace tiempo; sino porque él era todo un caballero y odiaba ver a las mujeres llorando. El agujero en mi pecho se tenso dejándome sin aire. Tuve que respirar pausadamente para regresar a la normalidad.

Estacionamos el auto afuera de la casa y nos bajamos. Todo seguía en silencio cuando entramos a la casa.

–Así que…– se giró hacia Edward en cuanto entramos a la sala– Tú te irás con Bella mañana por la noche en avión a Forks. Yo todavía me tengo que quedar aquí haciendo unas cosas– Dijo con una sonrisa malévola.

Ipso facto me tensé, ¿Por qué Alice me quería hacer esto?, no, no esto era una maldita pesadilla, realmente empezaba a odiar a Alice en este momento.

Edward aceptó sin chistar, con un movimiento de su cabeza. El y Alice intercambiaron una mirada demasiado extraña que no pude descifrar. Solo esperaba que esa mirada no tuviera nada que ver conmigo.

Me despedí de los dos y subí a mi cuarto. Estaba demasiado agotada y ya pasaban de las 11:00 así que me desvestí con desgana y me puse un pijama que Alice me había dejado sobre la cama. Era un short y una playerita de tirantes azul obscuro de seda. Me acurruqué en mi cama y me dejé caer en el sueño que tanto me llamaba.

Caí en un estado de duermevela que no me ayudó del todo, puesto que aun era consciente del dolor que tenía dentro de mí. Realmente no sabía cómo había sobrevivido todo este tiempo. Ninguna persona normal hubiese aguantado todos los sentimientos que yo tenía encerrados en mi corazón. ¿Por qué Edward tenía que hacerme esto? ¿Qué le había hecho yo?... aparte de amarlo con toda mi alma. Sabía que era una completa estúpida al estar amando a alguien al que no pensaba en mí de la misma manera. Pero era lo único que aun me mantenía con vida. Lo único que realmente me daba un aliento para poder seguir adelante. Él ha sido, es y será el amor de mi vida y aunque él se case, y se vaya, no podre cambiar los sentimientos que tengo.

Extrañaba tanto su tacto contra mi piel. Sus fríos labios sobre los míos. Argh… Era simplemente insoportable.

No sé en qué momento de la noche me dormí realmente. Un sueño sin pesadillas. Aunque aun así sentía el vacio en mi cuerpo, desde hacía exactamente 6 meses me sentía así. Como si no tuviese nada en el cuerpo. Como si toda la alegría de mi mundo se hubiese extinguido.

Cómo extrañaba ser feliz y poder creer en las cosas. No sabía realmente como había caído en esto, hace seis meses era la persona más feliz que había en el mundo y hoy era una huraña. Mi vida dio un giro de 360° y no entendía por qué. Estos pensamientos me acechaban constantemente. Aunque ahora no tenia del todo la energía para poder hacerme más preguntas. Solo me deje caer en los brazos de Morfeo para que mis parpados descansaran.

Solo quería dormir, a ver si así olvidaba.

–¡Bella!– La voz chillona de Alice me despertó.

Giré sobre mi misma y me tapé la cara con una almohada, ¿Es que acaso esta duendecilla no sabía qué hora era?

–Bella, ¡Ya levántate, dormilona! – Canturreó, mientras saltaba en mi cama.

–Alice, por Dios. Es muy temprano– Gruñí bajo la almohada.

–No– Chilló–. Son las 10:00 de la mañana, Isabella Marie Swan. Levántate ahora– Y diciendo esto me quitó las cobijas de encima.

–Eres la cosa más peligrosa que he conocido en toda mi vida– Dije con voz pastosa.

– Lo sé, ahora a levantarse. Vamos, floja.

Me estiré en la cama y me levanté, tallándome los ojos. Odiaba definitivamente a Alice Cullen.

–Vamos, vamos– Me empujó al baño–. Metete a bañar, ten aquí está tu ropa.

Me dio un juego de ropa limpia y me metió a fuerza al baño. Suspiré. Ella nunca iba a cambiar.

–Rápido, Bella, que se nos hace tarde– Chilló mientras ponía sus manos en mi espalda para seguir empujándome.

–¿Tarde para qué? – Gruñí.

–Tonta, Bella; para desayunar y preparar todo para nuestro regreso– Dijo como si fuera lo más obvio del mundo.

No dije nada y me encerré en el baño. Abrí la llave de la regadera y me comencé a desvestir mecánicamente. Ningún pensamiento coherente me venía a la mente. Solo varios recuerdos de Edward y de mi me llenaron la cabeza. Decidí recordarlos todos, una vez más esto era lo único que me podía subir el ánimo un día como estos. El olor a mi champú me regresó la vida al cuerpo. Fresas.

Suspiré. Edward siempre iba a ser un misterio para mí. Creo que jamás podría llegar a conocerlo realmente. Eso me entristeció al instante.

Las gotitas de agua caliente que recorrían mi espalda me relajaron completamente. Era lo que necesitaba: relajarme, porque sabía que en el instante en que estuviera dos horas con Edward en el avión mi cuerpo se tensaría por completo.

Salí de bañarme, me sequé el cuerpo y me puse lo que Alice me había dado. Realmente no le preste mucha atención. Sabía que era algo blanco y unos pantalones de mezclilla muy bajos y entubados pero no me interesaba realmente. Seguía inmersa en mis pensamientos mientras me lavaba los dientes.

"Edward, si supieras cuanto te amo…" decía una vocecita en el fondo de mi cabeza. ¿Me pregunto si él alguna vez sabría realmente cuanto lo amo? ¿Habría una persona que lo pudiese amar más que yo?... y la respuesta para las dos preguntas era un simple y rotundo No. Él nunca lo sabría, y por ende no se daría cuenta. Y no creo que hubiese otra persona que lo amara más que yo. Él era mi mundo, aunque él no lo supiese. Pero creo que era mejor así…. Así no tendría porque preocuparse por algo que realmente no importaba.

Salí del baño, y aunque me encontrase perdida en algún lugar de mi mente camine escaleras abajo, ahí con todas las cortinas cerradas se encontraban Alice y Edward en la sala platicando en murmullos bajos, parecía como si se estuviesen peleando. Alice miraba a Edward enojada y con los brazos cruzados, este la veía con cara divertida pero enojada. Los dos al verme se callaron al instante. ¿Por qué estarían peleando? Mi curiosidad creció.

–Bells– Canturreó Alice, ahora con una sonrisa en la cara– ¿Qué quieres desayunar?

Caminé hacia la sala y me senté en uno de los sillones frente a ellos, tomé mis piernas con mis manos y suspiré.

–No tengo hambre– Murmuré.

Alice puso cara de disgusto.

–Bella, ya sabes lo que dijo Carlisle sobre tus desmayos– Dijo entre dientes.

–Lo sé– Bajé la mirada–, pero enserio no tengo hambre.

Los ojos de Edward estaba clavada en mi rostro. Ésto me ponía demasiado nerviosa, mi corazón empezó a acelerarse y mis mejillas se tornaron rojas.

–Bien, Bella– Alice llamo mi atención una vez más–, hoy te irás a las 6:30 de la tarde con Edward a Seattle, yo me quedare aquí un rato mas porque necesito hacer algunas cosas y me iré en el Porche, así que los alcanzare haya más al rato– Dijo lentamente como si se lo estuviese explicando a un niño pequeño.

–Está bien– Murmuré casi inaudiblemente con la mirada de nuevo fija en mis rodillas.

–¿Bella? – Dijo Alice con los ojos perdidos en algún lugar lejano.

Edward, al leer su pensamiento, puso cara de enojo y frunció el seño.

–¿Sí, Alice? – Murmuré con la vista fija en ella.

–Deberías ir a contestar tu celular– Dijo con una sonrisa en la boca.

En ese momento mi celular comenzó a sonar en el piso de arriba. Me paré rápidamente y subí pitando las escaleras, llegué a mi cuarto y tomé el celular que estaba en la mesita de noche, era un número desconocido, pero decidí contestar.

–Bue… Bueno– Jadeé por el esfuerzo hecho.

¿Bella? – una voz demasiado familiar me llegó desde el otro lado del teléfono–, soy yo: Anthony.

–¡Anthony! – sonreí al instante– ¿Cómo estás?

Bien, princesa. Aquí extrañándote– dijo con tono triste– ¿Tú cómo estás?... escuché que te fuiste a Los Ángeles.

–Ah, sí, pero regreso hoy, a las 9:00 de la noche ya estaré en Seattle con Charlie– Dije con una risa.

Qué bueno, princesa. Realmente te extraño. Oye, ¿Te importaría si te voy a visitar hoy por la noche? –Dijo con un tono dulce.

–Claro, Anthony. Me encantaría que fueras– Dije con voz jocosa.

Bien, princesa, entonces ahí estaré a las 9:00 en punto. ¡Me tengo que ir!, pero te mando un beso de esos que te gustan– Dijo con tono pícaro y no pude evitar reírme al igual que él, las imágenes del beso que nos habíamos dado me llegaron a la mente como diluvio.

–Claro, Anthony. Cuídate y nos veremos luego… igual, tú también un beso de esos que te gustan– Murmuré la última parte.

Ah… entonces serán besos tuyos. Adiós princesa– Dijo con voz tierna.

–Adiós, Anthony– Colgué el teléfono.

A veces era tan fácil que Anthony me gustara, con él todo era más fácil, todo salía más natural, pero no, él no era la persona a la que yo amaba, aunque sabía perfectamente que él me podría ayudar a superar a Edward, pero no lo quería utilizar de esa manera. No. Anthony valía demasiado como para poder hacerle eso.

El día se pasó demasiado rápido y yo me la pase sentada en la sala leyendo – O más bien intentando leer ya que Edward no dejaba de observarme. En realidad no entendí ni una sola palabra de las que había leído porque mi mente viajaba a kilómetros de mi cuerpo.

Pensé en demasiadas cosas, ¿Cómo sería la boda de Edward? ¿Tendría sus gustos? ¿Estaría llena de vampiros? ¿Qué flores pondrían? ¿Qué música habría? ¿Alice estaría ayudando?, mil preguntas al respecto me saltaron a la mente, aunque sabía que esto me lastimaba lo suficiente como para dejarme sin aire, me daba demasiada curiosidad saber todos los detalles.

¿Edward dejaría a Tanya coordinar la boda o el también ayudaría? ¿Cómo sería su anillo de compromiso? ¿Dónde seria la boda?, Intenté imaginármela, y por desgracia sí pude. La boda perfecta, con las personas perfectas… simplemente la vida perfecta.

Por supuesto, yo no estaba dentro de la imagen. La imagen que yo tenía de donde estaría cuando la boda pasara era de mí, mas destruida que nunca, mas lastimada que nadie; esa era mi imagen. Realmente no sabía cómo le iba a hacer para salir de ese sufrimiento una vez que ocurriera… ni yo misma lo sabía.

Varios suspiros se me escaparon en toda la tarde, por supuesto Edward se daba cuenta de ellos, porque cada vez que suspiraba Edward ensanchaba más su mirada, como intentando ver cuál era la razón por la cual suspiraba. Obviamente, no pudo… pero creo que tenía una pequeña idea por la cual yo estaba tan perdida en mi mente, porque no me dejo sola ni un instante.

A las seis de la tarde ya nos encontrábamos yendo hacia el aeropuerto en el iba en silencio, como ya era costumbre. Edward iba perdido en su mundo, Alice iba canturreando algo tan bajo que no supe bien que era lo que decía y yo iba en el asiento trasero con la cabeza entre las manos, el corazón a toda velocidad, mis mejillas rojas y casi hiperventilando.

–Bella– La voz de Alice me regresó a la realidad.

Levanté la cabeza y ya nos encontrábamos en el estacionamiento subterráneo del aeropuerto.

–Bella, llegaré luego a Seattle, no te preocupes–Sonrió–. Ahora bájate o si no perderán el vuelo– Hizo un ademán con la mano.

–Gracias, Alice– Me acerqué y le di un beso en la mejilla–. Nos veremos luego.

Dicho esto, me bajé del auto. Edward ya me esperaba en la entrada para los elevadores. Suspiré. Éste iba a ser un largo viaje.

Llegamos al avión casi corriendo, por suerte aun no cerraban las puertas de abordaje. Subimos y nos sentamos en nuestros respectivos asientos. El mío era el que daba a la ventana. Por suerte tenía algo en que distraerme, porque todavía me quedaba un vuelo de dos horas con el amor de mi vida.

Edward, a mi lado, estaba leyendo un libro, aunque no pude leer el texto porque estaba en Francés, no sabía de dónde demonios lo había sacado. Yo, por consiguiente recosté mi cabeza en el mullido asiento de primera clase y dejé que mi mente vagara de nuevo en aquel abismo negro… iba a empezar cuando la aterciopelada voz de Edward llamó mi atención.

–Bella– Murmuró con sus ojos en los míos.

–¿Sí, Edward?- mi voz se quebró en la última letra.

Dudó un poco, pero luego hablo.

–Siento mucho de que te hayas enterado de mi boda con Tanya de esa manera– Me vio con ojos tristes–. Yo… te lo iba a decir… solo que no sabía de qué manera.

Sentí como si me sacaran todo el aire del cuerpo, "No, por favor… ¡Otra vez no!" grité en mi fuero interno. Requirió de todo mi autocontrol para poder responderle sin que me pusiera a llorar.

–No importa, Edward– Murmuré–. De todos modos, ya se veía venir.

Al escuchar esto su expresión se crispó y asintió. No se dijo nada más en todo el viaje. Yo estaba al borde de la hiperventilación, sentía que cada uno de los huesos de mi cuerpo se estaban partiendo, sentía que las lagrimas amenazaban por salir de mis ojos, sentía que el corazón cada vez se iba haciendo más polvo. Tenía las manos aferradas al asiento en un intento de calmar mi ansiedad… aunque me sirvió de muy poco.

Entonces él sí se iba a casar.

De nuevo la verdad me abofeteo la cara, si antes no lo había tenido claro ahora sí. Ahora que él lo había dicho en voz alta no me quedaban dudas: él y Tanya se iban a casar y no había nada más que yo pudiese hacer.

Una suave lagrima, que escapó, recorrió mi mejilla y llegó hasta mi labio. Por suerte estaba volteada hacia la ventana, pero claro, Edward se dio cuenta, pero no dijo nada, solo se limitó a observarme, como intentando leerme el pensamiento.

Si tan solo supiera que dentro de mí había un remolino de emociones que no podía entender.

Todo el trayecto de Phoenix a Seattle me la pase viendo hacia la ventana, perdida en mi dolorosa mente, por suerte en cuanto llegáramos al hospital no lo vería. Necesitaba ubicarme. Necesitaba respirar, ya que su dulce aroma había llenado todo a mi alrededor. ¿Por qué me sucedía esto a mí? Definitivamente el mundo me odiaba más de lo normal, esto era producto de mi mala suerte. Maldito el momento en que se me ocurrió pisar Forks, maldito el momento en que se me ocurrió estar con Edward Cullen. ¡Maldito el momento en que le entregué mi corazón!

No sabía si era porque yo estaba tan perdida y despistada maldiciendo todo en mi vida o si me había dormido en algún trayecto del vuelo, pero el punto es que de algún momento a otro ya nos encontrábamos en el aeropuerto de Seattle. Bajamos del avión, yo aun iba demasiado ausente cuando me subí al Volvo plateado.

Realmente no sabía que sucedía a mi alrededor, seguía en mi lucha interna por no morir. Me pregunté en algún momento si esto hubiese sido más fácil, si James me hubiese matado… nada de esto estaría ocurriendo.

Las luces de la ciudad pasaban volando por el camino, ya que Edward seguía manejando como loco, pero en este momento era algo que realmente no me importaba, si me moría o no… no me interesaba ni una pizca.

Ni Edward ni yo dijimos ni una sola palabra en todo el viaje hacia el hospital. Aparcamos el auto en un lugar cerca de la puerta y bajamos. El frio que me azotó fue el que me hizo regresar a la realidad. Por poco me empezaban a castañear los dientes.

Por suerte llegamos al hall del hospital antes de que eso sucediera.

–Gracias por traerme– Murmuré con la vista baja.

–No hay de qué– Murmuró el también.

En ese instante levanté la vista. Parecía que él quería decirme algo, pero una voz llamó mi nombre en la lejanía.

–¡Bella! – Conocía perfectamente esa voz

Edward, a mi lado, bufó.

–Iré con Carlisle– Cuchicheó y se fue a paso firme al pasillo.

Yo me quedé sin habla.

–¡Princesa!- Anthony me tomó de la cintura antes de darme tiempo de girarme, me abrazó fuertemente y me dio un suave beso en la coronilla.

–Hola– Sonreí involuntariamente ante su expresión de cariño.

–Hola– Me observaba tiernamente, como si un niño hubiese encontrado su juguete preferido– ¿La pasaste bien en Los Ángeles?

–Sí…– "si tan solo supieras" murmuré en mi interior– ¿Y tú? ¿Cómo la has pasado?

–Mal –Frunció el ceño–. Te he extrañado como no tienes idea– Sonrió, con aquella sonrisa que me dejaba sin aliento–. Oye– Sus mejillas se pusieron de un color rojo intenso, se veía tan adorable–, quiero hacerte una pregunta.

–Sí, dime.

–Tú… me preguntaba si tú…– Se empezó a trabar y yo reí internamente– ¿Quieres ser mi novia?

Ipso facto me congelé. ¡Ni siquiera llevábamos tanto tiempo de conocernos!, apenas una semana, dos a lo mucho… ¿y ya me estaba pidiendo ser novios? no… no podía… pero una vocecita en el fondo de mi cabeza gritaba que sí.

Sabía que él era lo que necesitaba para sacarme de la mente a Edward. El solo pensamiento de que eso sucediera me lastimó, pero sabía que era necesario. Sabía que me iba a odiar profundamente por esta decisión si Anthony salía herido, pero era un riesgo que tendría que correr.

–Sí– Murmuré.

Sus ojos brillaron de excitación al entender el significado de aquella palabra. Tomó mi cara entre sus manos y me dio un suave, dulce y tierno beso en los labios. Se separó de mí lentamente y sonrió como nunca antes lo había visto sonreír.

–Gracias, princesa– Murmuró juntando su frente con la mía–. Te prometo que no te vas a decepcionar.

Me quedé callada. Aun no asimilaba demasiado bien que era lo que estaba sucediendo, era novia de Anthony, si… pero por alguna extraña razón esto no me decía nada. Esas palabras no las podía poner en una oración coherente.

–Tengo que ir a ver a Charlie– Murmuré perdiéndome en sus ojos verdes, en ese momento me pregunte si Edward habría tenido ese verde en sus ojos cuando era humano. Un escalofrió recorrió mi espalda.

–Bueno, B– Me dio otro suave beso en los labios, Nos veremos mañana ¿De acuerdo?

–De acuerdo– Dije, aun perdida en sus ojos verdes.

Me dio un suave beso de despedida y se fue. Caminé como zombi por el pasillo para ir al cuarto de Charlie, pero no pude llegar hasta ahí, en uno de los pasillos me detuve y me apoye contra una pared.

"¡¿Que demonios he hecho?" me grité en mi fuero interno. Mi corazón estaba acelerado y las lágrimas empezaron a caer por mis mejillas.

De un momento a otro las luces se apagaron, todo estaba a oscuras. Mi corazón dio un brinco al no poder ver nada, así que me quedé pegada a la pared muerta de miedo, nunca me había gustado la obscuridad. "Todo va a estar bien, es solo un apagón". Me repetía internamente.

Las lagrimas caían cada vez más rápido por mis mejillas mientras seguía pegada a la pared, ¿Qué otra cosa me podía suceder hoy?

Sentí a alguien cerca de mí, me tensé en ese instante.

–¿Quién está ahí? – Dije con voz temblorosa.

Pero nadie me contestó. Yo ya me empezaba a desesperar, mil imágenes se me vinieron a la mente. Podría ser cualquier persona, incluso Victoria.

Sentí a ese alguien frente a mí, y de pronto dos manos me tenían pegada a la pared. No sabía quién era, solo escuchaba su respiración.

Estaba a punto de gritar, cuando unos labios me callaron.

Me quedé congelada, pero luego me deje llevar. Ese beso era diferente, esos labios yo los conocía.

Nuestras lenguas hicieron una danza salvaje mientras yo enredaba mis manos en su cabello y él me tomaba por la cintura con una mano apretándome contra él mientras que con la otra se detenía de la pared. Esta fue la mejor sensación de mi vida, era el mejor beso que había tenido, su lengua delineaba mi labio inferior mientras que la mía hacia lo mismo. Sus manos recorrían mi espalda y un gemido lento salía de su boca, esto hizo que me pegara mas a él y que profundizara mas nuestro beso hasta casi dejarnos sin respiración.

Me perdí de nuevo en ese beso, sabía que este estaba llegando a su fin, así que lo aproveché a como pude, aferrándome más a él. Lo sentía venir. Mordí suavemente su labio inferior y se separó de mí, podía escuchar su respiración entrecortada.

Una sonrisa apareció en mi rostro.

Me soltó y suspiró cerca de mi oído.

–Ese es un beso verdadero– Dijo con su voz aterciopelada antes de irse.

Ipso Facto me congelé, unos segundos después se prendieron las luces. Yo estaba recargada en la pared hiperventilando y con el corazón latiendo a mil por hora. Me dejé caer en el piso y puse mi cabeza entre las rodillas.

–Edward– Murmuré.

Y los recuerdos me volvieron a azotar.