Disclaymer:No, Twilight no es mío –I wish- Pertenece a Meyer.

Summary:Después de seis meses de que Edward la abandonó, el primer día del mes de Marzo, Bella ve el Volvo en la escuela. Ahí se encuentra Edward, pero de la mano de otra persona ¿Qué hará Bella? ¿Cómo podrá sobrevivir? New Moon, final alternativo


18.- Capítulo

"Rompiéndose"

Un Amor Imposible

By Mommy's Bad Girl

"So tell me when you hear my heart stops,

You're the only one who knows.

Tell me when you hear my silence.

There's a possibility, I wouldn't know" Lykke Li

Un escalofrió recorrió mi cuerpo completo. Reconocería esa voz en donde fuera. Sentí como el color abandonaba mi cara y mi corazón dejaba de latir, lentamente. ¿Por qué el destino se empeñaba en hacer mi vida más desgraciada? Esto era enserio lo último que me podía suceder.

Caminé mecánicamente al hall mientras los escalofríos seguían recorriendo todo mi cuerpo y una gota de sudor bajaba por la línea de mi espalda. Anthony, tras de mi, soltó un suspiro resignado y me siguió.

No tenía palabras para explicar los sentimientos que me inundaban en ese instante. Todos se juntaban y hacían el mismo efecto que el de un frenesí al momento de consumir alguna droga prohibida. Estaba completa y totalmente segura que en cualquier momento, si no hacía uso de todo el autocontrol que conseguí durante los seis meces en los que Edward no estuvo, colapsaría contra el piso.

Sabía perfectamente las consecuencias que traerían mis actos, pero jamás en mi vida imaginé que todas llegarían al instante, como una ola de mar que me hundió completamente: vergüenza, arrepentimiento, dolor, ira, pero la emoción que mas me extrañaba tener era felicidad. Felicidad porque por primera vez en mi vida hacia algo por olvidar a Edward Cullen…. Aunque eso no me sirviese de mucho.

Mi mirada era aun baja cuando entre al recibidor, sabía perfectamente que mi cara estaba pálida, el color se había borrado de mi vida.

—Isabella— Volvió a decir esa voz aterciopelada, ya tan familiar para mí y al instante subí la vista.

Ahí con toda la majestuosidad de su belleza estaba Charlie, Carlisle y Edward. El primero tenía una sonrisa de felicidad extendida en toda la cara, por lo visto no se había dado cuenta de lo sucedido. Pero en lo que se refería a Carlisle y Edward, era diferente. Carlisle me veía con una sonrisa de tristeza y Edward me veía con enojo, llamas salían por sus orbes negros, tenía las manos crispadas en dos puños y la mandíbula tensa. Sabía perfectamente que significaba eso. Problemas.

—Pa… papá— Balbuceé rompiendo el hechizo de su mirada—, ¡Qué bueno tenerte aquí! — Corrí a abrazarlo mientras las traicioneras lágrimas inundaban mis ojos. Aunque no sabía bien si eran lagrimas de felicidad o de un sentimiento muy diferente.

—A mí también, hija— Dijo Charlie mientras me abrazaba con uno de sus brazos enyesados.

Se escuchó un carraspeo detrás de mí y me giré para ver quién era. Anthony me estaba viendo con una cálida sonrisa en su cara.

—Princesa, me tengo que ir porque ya se hizo tarde— Se tomó el cuello con una de sus manos— Vengo mañana por ti para ir al instituto.

Asentí, acercándome a él.

—No me arrepiento de nada— Me murmuró en el oído tan bajo que apenas yo lo pude escuchar, me dio un beso cargado de cariño y se fue.

Un incomodo silencio inundo el hall, mientras yo seguía con la vista fija en la puerta donde segundos antes había salido Anthony. Sabía que me tendría que enfrentar con las dos miradas inquisitivas que ahora me taladraban la espalda y hacían que tuviese escalofríos.

—Ayudaré a Charlie a subir a su habitación— Dijo la sedosa voz de Carlisle a mis espaldas.

Asentí aun sin dejar de observar la puerta, a la espera de que el mundo me callera encima, pero para mi desgracia personal no lo hizo.

Escuché pasos en la escalera, seguidos por gruñidos provenientes de la garganta de Charlie y por ultimo una puerta cerrándose. "Míralo Bella… Míralo" me alenté mentalmente, esperando que mi cara pacifica fuera lo suficientemente creíble para que no se transparentara el huracán de emociones confusas que tenia dentro de mí.

Tomé aire y el valor que aun tenía y me giré para observarlo. Él aun seguía ahí, viéndome ahora con ojos tristes y desalentadores, tenía las manos relajadas a cada lado de su cuerpo pero podía ver por lo tenso de su mandíbula que el enojo seguía ahí.

Lo observé un largo rato perdiéndome en sus orbes acaramelados, esos orbes que tanto tiempo me habían vuelto y me seguirían volviendo loca. No sé porque tuve la extraña sensación de que intentaba decirme algo… un sentimiento detrás del enojo. Solo que no me quede a investigarlo. Esto era simplemente más fuerte que yo.

Me giré y fui a zancadas hacia la cocina para poder seguir con la cena que estaba preparando antes de que todo lo que ahora me atormentaba sucediera. Sentía sus pasos detrás de mí, solo que no me volteé para verlo… sabía que si lo hacía todo mi autocontrol se iría al bote.

Tomé un cuchillo y me puse a picar la verdura que tenía en la tablita, aun consciente de que Edward estaba demasiado cerca, detrás de mí.

—Bella— Su voz fue un susurro.

—¿Sí, dime? — Dije, aun picando la verdura.

—Mírame— Demandó en otro susurro.

Yo no levanté la mirada por temor a que viera las lágrimas que llenaban mis ojos, lágrimas de tristeza y coraje.

—¿Qué es lo que necesitas, Cullen? — Murmuré poniendo las verduras en una hoya.

Suspiró, frustrado.

—¿Así va a ser esto? — Preguntó con enojo

—No sé a lo que te refieres— Dije, mientras cortaba trocitos de carne.

—¿Me vas a obligar a decirte lo que necesito sin mirarme? —Rogó.

—Estoy ocupada, así que dime de una vez que es lo que necesitas— Dije con tono frío.

—Tú lo pediste— Gruñó.

—Al grano, Cullen— Mascullé.

Todo se quedó en silencio por algunos segundos, pareciese como si estuviera debatiendo consigo mismo entre decirme o no, pero al final habló.

—¿Sabes en lo que hubiera terminado su jueguito si Carlisle y yo no hubiéramos aparecido? — Gruñó detrás de mí.

Ipso facto me congelé.

Ese comentario prendió una chispa en mí de enojo. Él pensaba que esto era un jueguito… él pensaba que yo no era lo suficientemente fuerte como para hacer algo por olvidarlo realmente… pues obviamente él no me conocía como yo creía. No, él no conocía a la nueva Bella… y es que ¿Cómo no se podía dar cuenta si el mismo la había creado?, él mismo había acabado con mis ilusiones, él mismo me había matado en vida.

—Lo que yo haga— Me giré para enfrentarlo—, O deje de hacer eso es algo que no te concierne— Hice una mueca burlona—, y no te preocupes… que este "jueguito" — Hice unas comillas en el aire—, Así como tú lo llamas, sí va a tener final tarde o temprano.

Su cara se crispó, dio un paso alejándose de mí y viéndome con ojos asesinos.

—No sabes lo que dices— Gruñó.

—Claro que lo sé, Edward— Seguía con mi mueca burlona—. No haré nada que tú no hayas hecho ya con Tanya, ¿No crees?

—Bella— dijo entre dientes—, tú no estás preparada para eso.

Bufé, y puse los ojos en blanco.

—¿Y tú si estabas preparado cuando lo hiciste? — Gruñí , exasperada— ¿No era esto lo que querías? ¿Qué viviera todas las experiencias humanas? —Comencé a hablar más rápido por temor a que las lágrimas salieran de mis ojos—. Ya que tú decidiste por mí respecto a esto… mínimo déjame decidir cuándo y como quiera cada experiencia ¿No crees? ¿O tengo que pedirte también autorización para ver cuáles son las adecuadas? — Contesté con sarcasmo.

Los dos nos aniquilamos con la mirada en ese instante. Él no tenía derecho a hacerme esto… ¿Qué era lo que quería? ¿Qué aparte de que se va a casar con Tanya, por su maldito egoísmo, yo me quede sola? ¿Qué demonios pensaba?, las palabras de aquel día en el bosque de Charlie retumbaban en mi mente y por cada de esas palabras sentía a mi corazón achicándose más y más.

Sentía de nuevo la sensación de hormigueo en mis manos, deseaba golpear a alguien o algo… necesitaba sacar la ira contenida que tenia.

Antes de que alguno de los dos pudiera decir algo, Carlisle apareció en el marco de la puerta de la cocina.

—Bella— Dijo con su sedosa voz—, aquí están los medicamentos de Charlie— Me entregó una bolsita de papel—. Son dos pastillas cada ocho horas y el jarabe es por si llegara a sentir demasiado dolor. En cuanto cene, por favor que se duerma. Ha sido un viaje muy cansado desde Seattle hasta acá.

Asentí con la cabeza.

—Y, ¿Bella? — Su gesto se endureció—, hoy Alice vendrá a dormir aquí. Empezaremos la vigilancia por lo de Victoria…, recuerda que no puedes estar sin ninguno de nosotros.

El miedo apareció en mi semblante como por arte de magia. Victoria me estaba buscando… Victoria vendría por mí. Un escalofrió recorrió completo mi cuerpo haciendo que me tambaleara. Las manos fuertes de Carlisle me tomaron por los hombros.

—Carlisle… ¿Hay alguna oportunidad de que ella se acerque a mi?- Mi voz se quebró en la última palabra.

—No Bella— Negó con la cabeza y apretó más su agarre—. No hay oportunidad mientras siempre estés con alguien de nosotros. Alice te explicará qué es lo que vamos a hacer. Yo me tengo que ir al hospital—Me dio un abrazo y un beso en la frente—. Cuídate mucho, pequeña.

Me sonrió, pero vi que esa alegría no subía a sus ojos. Estaba en peligro, lo sabia… pero no me sentía así por eso. Temía demasiado por las personas que me rodeaban: Charlie, Anthony, Ang, Jess. Por todas. Sabía que estaban en peligro y todo por mi culpa.

—No hemos acabado con esto— Murmuró Edward antes de salir por la puerta y desaparecer por donde vino.

Me quede ahí, en silencio, en medio de la cocina, intentando entender el significado de sus palabras. Mordí mi lengua para que no saliera de mi boca el sollozo que tanto había guardado, aun no me podía derrumbar. Necesitaba estar completamente sola… sabía perfectamente que lo que me esperaba detrás de la puerta de mi cuarto sería algo que realmente nadie querría presenciar.

"Isabella Marie Swan eres una idiota por seguir atormentándote así" me regañó la voz de mi coherencia, a la que por cierto no le hice mucho caso.

Terminé la cena de Charlie y se la subí. Me parecía que mi mente aun no entendía del todo bien que era lo que había sucedido… Las imágenes de lo que hice con Anthony me venían a la mente como diapositivas. La manera en la que me había tocado, salvajemente dulce, despertó un nuevo sentimiento dentro de mí que no supe del todo descifrar. ¿Lujuria? ¿Pasión? ¿Deseo?... no supe cuál de esos tres era. Lo que sí sabía es que mi cuerpo deseaba más de esos casuales toques y suaves caricias. Mi cuerpo estaba a la espera, aunque mi corazón dijera lo contrario, ya que quería esas caricias… pero de otras manos.

—Hija, ¿Me estas escuchando? — La voz de Charlie me sacó de mi mente.

—Esto… papá, sí. Sí te estoy escuchando— Dije sacudiendo la cabeza para poder volver a la realidad.

—Ay, Bells— Suspiró mi padre, divertido—. Ese chico Anthony te está volviendo loca.

"No tienes una idea"

—Gracioso. Ten tu medicina, la necesitas— Dije con una sonrisa maternal, ¡Cuánto había extrañado a Charlie en estos últimos días!

Refunfuñó incoherencias mientras se metía las pastillas a la boca y tomaba agua.

—Bien, si necesitas algo solo grítame, papá— Lo apunté con un dedo mientras me dirigía de espaldas a la puerta—. Carlisle dijo que necesitabas dormir.

—Bien, bien. Buenas noches— Dijo en un bostezo mientras se acomodaba en su almohada y cerraba los ojos.

Cerré la puerta de la habitación de Charlie y me fui a la mía. Necesitaba pensar en todas las cosas que me habían sucedido hoy.

Entré a mi habitación y empecé a caminar de un lado a otro hablando para mí misma esperando a que llegara el colapso tan familiar que había estado esperando.

—Edward hoy estuvo más que extraño. Casi estuve a punto de hacerlo con Anthony en la cocina. Edward me dijo que no estaba lista. Edward vino a mi casa. Anthony dijo que no se arrepentía por casi hacerlo conmigo— Me paré en el instante—. ¡Estuve a punto de HACERLO con Anthony en la cocina! — Chillé, tapándome el rostro con las manos.

—Wow y yo que pensé que eso de las hormonas no se aplicaba a ti— Dijo Alice mientras yo saltaba por el susto.

—¡Alice! ¡No me vuelvas a asustar así! — Jadeé mientras me ponía una mano en el pecho para checar los latidos de mi corazón.

—Lo siento, lo siento— Puso sus manitas frente a mí a modo de defensa—. Solo que no es mi culpa que justo cuando yo subía por tu ventana te pusieras a hablar contigo misma— Sonrió.

Me dejé caer sobre la cama y resoplé mientras me ponía las manos en la cara.

—Así que… Bella, ¿No me piensas dar detalles de tu encuentro culinario? — Dijo como quien no quiere la cosa.

—¡Alice!— Chille—, ¿Por qué demonios todo me pasa a mí?

—¿A qué te refieres, Bells? — Dijo mientras se sentaba a un lado de mi en la cama.

—Alice— Me apoyé sobre un codo para verla mejor—, tu hermano llego justo en el momento en que casi… bueno, tú sabes, ¡Y un MALDITO demonio! — Gemí con mis mejillas en tres tonos de rojo.

—¿Edward?, espera… no... Espera… ¿Edward? —Dijo con tono de incredulidad. Se quedo retraída un momento y luego su boca formó una perfecta O antes de chillar— ¡Ya entendí! ¿Qué demonios hacia Edward aquí? — Casi gritó.

—¿Y me lo preguntas a mí? — Mascullé.

—¿Qué fue lo que te dijo? — Preguntó con curiosidad.

Suspiré. A este era al punto en el que no quería llegar porque sabía que me volvería a lastimar de alguna manera u otra. Le conté todo lo que nos habíamos dicho… y por cada palabra que repetía me sentía peor. La culpa empezó a llenar mi sistema y mi cabeza empezó a dar vueltas al instante por el huracán de emociones y sentimientos que tenia dentro de mi, intentando salir a como diese lugar.

Alice escuchó todo mi relato sin interrumpir. Cada vez fruncía mas el ceño en su marmolea frente y entrecerraba mas los ojos hasta que se quedaron en una línea.

—Edward es un idiota, ya lo sabes— siseó.

—Alice— Murmuré— ¿Por qué me está haciendo esto? ¿Qué es lo que quiere de mí? — Dije mientras una silenciosa lágrima recorría la piel de mi mejilla.

—No lo sé, cariño— Dijo mientras me limpiaba la lagrima con uno de sus fríos y níveos dedos—. Pero sabes que Edward es un egoísta. No entiendo, la verdad, qué es lo que se propone con todo esto. Pero, por favor Bella, no caigas en su juego de nuevo. Por favor, no lo hagas— Su voz tomó un matiz de enojo.

—Alice, lo amo— Sollocé con lagrimas en los ojos mientras abrazaba a Alice con todas mis fuerzas—. Él lo sabe, tú lo sabes… Demonios, creo que hasta el presidente lo sabe. ¿Por qué me tiene que hacer las cosas más difíciles de lo que ya son? — Sollocé de nuevo contra su hombro.

—Sh, calma, Bella— Canturreaba mientras me acariciaba el pelo—. Todo saldrá bien.

Me aferré más a su hombro mientras dejaba salir de una vez por todo todo lo que tenía dentro. Las lágrimas no dejaban de salir de mis ojos ni los sollozos de mi boca, sentía como la herida de mi pecho se iba abriendo horrorosamente lento y me dejaba sin aire. ¿Por qué todo esto era tan difícil? ¿Qué había hecho yo para merecer esto?, lo único que había hecho en todo este tiempo había sido sobrevivir de esperanzas y recuerdos. No había hecho nada más que aferrarme a la idea de que Edward muy dentro de el aun me quería, aunque eso quedó descartado cuando se decidió a casarse con Tanya. Ese fue el peor día de toda mi existencia.

Su boda seria pronto. Lo sabía, aunque me negaba rotundamente a saber la fecha. No quería saber el día en que perdería al amor de mi existencia completamente. Este pensamiento hizo que tuviera un ataque más grande de lagrimas y sollozos a lo que Alice contesto abrazándome más fuerte.

Sabía que esto no iba a cambiar con el tiempo, ni mañana ni dentro de mil años… lo único que podía hacer con el dolor que sentía era acostumbrarme, intentar respirar y vivir por la gente que me rodeaba. No porque yo quisiese, sino porque era mi obligación.

¿Alguna vez alguien había amado tanto como yo amo a Edward?, esa pregunta rondaba en mi cabeza salvajemente terminando con la poca coherencia que me quedaba. ¿En serio alguien lo había hecho?, mi subconsciente me dio la respuesta al instante. Nadie lo había hecho ni lo haría nunca, es más, dudaba que alguien siquiera supiera la existencia de lo mucho que lo amaba.

No supe en qué momento me quede dormida en los brazos de Alice. Tuve varios sueños y pesadillas, de todos colores y de todas texturas… pero siempre aparecía la misma persona en ellas. Edward.

Sabía que hasta en mis sueños seguía llorando… podía sentir la cálida sensación de mis lagrimas recorriendo mis mejillas y el sabor salado en mi boca que dejaban a su paso. Sólo esperaba poder sobrevivir a su partida sin volver a caer de nuevo en el abismo oscuro que tanto aclamaba por mi ausencia.

—Bells, Bells despierta— Cuchicheaba Alice mientras me movía el hombro una y otra vez.

—Cinco minutos más— Grazné mientras me tapaba la cara con una almohada para que la luz perlada que se introducía en la ventana no me molestara.

—Levántate ahora. Tenemos el tiempo contado para arreglarte— Chilló.

Gruñí.

—Isabella Marie Swan, levántate ahora— Chillaba de nuevo mientras me quito las cobijas.

—¡Demonios, Alice! eres molesta, ¿Lo sabías? — Siseé mientras me tallaba los ojos hinchados y rojos por tanto llorar con las manos y me estiraba en la cama.

—Lo sé, pero aun así me quieres— Me sacó la lengua como una niña de cinco años.

—Lo empiezo a dudar— Dije en un bostezo.

Cruzó sus bracitos sobre su pecho y me miró con los ojos entrecerrados.

—Oh… ¡Vamos, tonta! sabes que sí te quier— Dije con una sonrisita mientras veía como Alice empezó a dar saltitos por toda la habitación mientras aplaudía.

Alice me empujó hacia el baño para que tomara una ducha. Hoy tenía instituto. No me quería encarar con la realidad, sabía que lo tendría que hacer tarde o temprano, pero no quería hacerlo por el momento.

El olor a mi shampoo me ayudó a regresar a mi mundo. El agua corría caliente por mi espalda mandándome una sensación de tranquilidad a todo el cuerpo… ¿Por qué las cosas no podían ser así? ¿Por qué la gente tenía que sufrir de esa manera? ¿Por qué el amor dolía tanto?

Salí de bañarme y me puse lo que Alice había dejado para mí en el lavabo. Me rehusé a verme en el espejo por temor a lo que me pudiera enseñar mi reflejo. Temor a que ni siquiera me pudiese reconocer a mi misma… ser una completa y total extraña.

Me lavé los dientes y salí a la espera de mi próxima media hora de tortura con la duendecilla, que por cierto ya me esperaba en la habitación con un cepillo en una mano y un rizador en la otra.

Suspiré.

No dije nada y me senté en el banquito. No serviría de mucho realmente ponerme a pelear con ella… no había nada capaz de hacerla cambiar de opinión. Ni Jasper mismo lo lograba.

—Bella— Chilló Alice mientras trabajaba en mi pelo—, mira ayer no te pude explicar las nuevas medidas de seguridad que hemos tomado, así que pon atención— Suspiró—. No puedes ir sola a ningún lugar fuera de Forks a excepción que sea con alguno de nosotros o con alguien de la manada. No puedes estar tu sola por las noches aquí en tu casa, aunque ahora que lo pienso tampoco de día, así que aquí vamos a estar todos, ¿Te parece bien?, ¡Ah, sí!, y por cierto cuando Charlie no esté en casa te irás a comer a la nuestra…. – Debió de haber visto mi expresión de perplejidad porque agregó—, Y no te preocupes. Edward no estará ahí cuando tú estés… que va a ser muy pocas veces. Listo ya acabe tu cabello ahora, el maquillaje.

Yo lo único que atine a hacer fue a asentir con la cabeza. No podía hacer otra cosa, era por mi seguridad y por nada mas, aparte de que no tenia porque estar con Edward, ¿Cierto?, Emmett no dejaría que él estuviera tan cerca de mí. Lo sabia… Emmett me lo había prometido. Me aferré a esa idea como si mi vida dependiera de ello.

La duendecilla acabó con mi maquillaje y sonrió de felicidad.

—En serio que me sigo impresionando a mi misma— Dijo, limpiándose una lagrima imaginaria.

Puse los ojos en blanco.

Afuera se escuchó el clacson del auto de Anthony. Cogí mi mochila, le di un beso en la mejilla a Alice, fui a despedirme de Charlie pero él seguía dormido y bajé las escaleras pitando. Cerré la puerta con la llave que estaba debajo del alero y me subí al auto de mi novio que me esperaba con una gran sonrisa.

—Hola, princesa. ¡Wow!, que novia tan hermosa tengo— Se acercó y me dio un beso.

—Hola— Sonreí contra sus labios—. Hm… si me vas a dar la bienvenida así todas las mañanas entonces tendrás que venir por mi todos los días.

Me calló de nuevo con sus labios poniendo una mano en mi cabeza y acercándome más a él.

—Claro, hermosa— Rio entre dientes—. No tienes porque decirlo dos veces… vendré por ti todos los días si me recibes con esa clase de entusiasmo.

Reí y sacudí la cabeza.

—B, necesitamos hablar sobre lo de ayer— Dijo mientras encendía el auto y veía hacia la calle.

—Sí, lo mismo pensaba yo— Murmuré con diez tonalidades de rojo abarcándome las mejillas de tan solo recordarlo.

—Eres tan linda cuando te sonrojas— Acarició una de mis mejillas

—Anthony— Tomé aire—, siento mucho lo de ayer… yo… no debí comportarme así… lo siento de veras—. Solté todo tan rápido que me quede sin aire.

—Bella, no hay de que pedir disculpas, yo también acepté… y… la verdad— El más lindo color de rosa coloreo sus mejillas— Hubiera deseado que no nos hubieran interrumpido— Murmuró al final.

Solté una risita tonta cuando dijo eso. Muy dentro de mi, también deseé lo mismo... sabía que intentándolo sería la única manera de olvidar a Edward.

—Yo pensé lo mismo— Susurré mientras me sonrojaba de nuevo.

Todo el auto se quedó en silencio. Ninguno de los dos sabíamos que decir respecto a mi respuesta… lo único de lo que fui consiente fue de que los dos estábamos mas sonrojados y de la sonrisita que se dibujaba en los carnosos labios de Anthony. Un extraño sentimiento creció dentro de mí. Sentía como si estuviese traicionando a algo o a alguien… aunque eso no tuviese sentido.

—Nena— Dijo Anthony con aquella sonrisa que tanto me gustaba—, ¿Que te parece si saliendo de la escuela vamos por un café y platicamos bien respecto a esto, con más tranquilidad? — Me guiñó el ojo.

—Claro— Suspiré internamente de alivio. Tendría más tiempo para saber realmente lo que quería y como explicárselo, aunque sabía que al final del día al único al que seguiría amando y deseando seria a Edward. Eso no cambiaria nunca.

Entramos al estacionamiento y aparcamos el auto. Salí de él y Anthony tomó mi mano mientras yo le sonreía y el veía hacia el frente.

—Wow… no sabía que Cullen pudiera utilizar de esa manera la lengua— Murmuró para sí mismo.

Seguí la dirección de su mirada y lo que me encontré fue la peor imagen que pude haber vislumbrado. Edward estaba besándose- Si así se le podía llamar a eso porque más que besar parecía tragar- con Tanya. Ella estaba recargada sobre el auto y Edward aplastándola contra este con sus manos recorriendo todo su cuerpo.

Y ahí mismo sentí como si mi corazón se hubiera partido en mil pedazos y mi autocontrol hubiera salido volando.