Disclaymer: No, Twilight no es mío –I wish- Pertenece a Meyer. Yo sólo me divierto haciendo a Bella y a Edward sufrir.
Summary: Después de seis meses de que Edward la abandonó, el primer día del mes de Marzo, Bella ve el Volvo en la escuela. Ahí se encuentra Edward, pero de la mano de otra persona ¿Qué hará Bella? ¿Cómo podrá sobrevivir? New Moon, final alternativo.
19.- Capítulo
"Quédate conmigo"
Un amor imposible
By Mommy's Bad Girl.
"Why won't you stay with me?
Cause you're all I see.
This ain't love it's clear to see
But, darling, stay with me" Sam Smith
*.
Sentí como si algo en mi interior se fuera rompiendo lentamente y dejando catástrofe a su paso. No podía creer lo que mis ojos me estaban enseñando. Quería creer que todo esto era una burda pesadilla creada por mi subconsciente sólo para torturarme… Pero por más que intente despertar de mi horrible sueño, no pude. Por más que intente que mis ojos vieran a un lugar diferente no lo logré, seguían apuntando hacia esa maldita escena. Una vez más sentí que todo respecto a mi vida dejaba de tener sentido.
Por alguna extraña razón todo por dentro me dolía. Sentía como si cada uno de mis órganos se fuera apagando, y el centro de mi pecho se fuera abriendo para dejar lugar al vacio. Recordé el dolor cuando James me rompió la pierna y lo hubiera preferido mil veces más, mil piernas rotas más por tan solo no sentir el vacio en el centro de mi pecho. ¿Por qué Edward se empeñaba tanto en herirme de esa manera?, ¿Qué acaso no sabía que sus acciones me dolían más que sus palabras? ¿Qué por su maldita culpa yo no volvería a ser feliz nunca más?
– Vamos a clases– Murmuré y jalé a Anthony de la mano.
Él solo asintió y me siguió.
Sabía que tenía el tiempo exacto para llegar a clase de lengua, excusarme para ir al baño y ahí dejar que me llevara el infierno.
Todo el recorrido hacia clase fue en silencio, y se lo agradecí en el alma a Anthony; mi mente estaba llena de pensamientos incoherentes y mi corazón lleno de dolor, así que no prestaba demasiada atención a las cosas que sucedían a mí alrededor. Mi cerebro aun no entendía realmente lo que había visto en el estacionamiento. Jamás en mi vida pensé que Edward se comportaría de esa manera… era un total y completo hipócrita consigo mismo. ¿Qué no se supone que era el señor moralidad? ¿Qué no se supone que él nunca traspasaba los limites?, pues por lo visto ¡Me equivocaba!, Edward no era ya la persona que yo había conocido. Y para mi desgracia personal no sabía el por qué de su cambio.
Entramos a clase de lengua y nos sentamos en nuestros lugares, -Mas bien Anthony me sentó en el mío porque yo era incapaz de mover un musculo sin que me doliera hasta el alma-.
–¿Te encuentras bien? – La voz de mi novio se escuchaba muy lejana, pero aun así pude notar la ansiedad de su voz.
Yo solo asentí con la cabeza.
–¿Estás segura? ¿No quieres que te lleve a la enfermería? – Preguntó de nuevo con tono preocupado.
–Necesito ir al baño– Murmuré.
Me paré en el instante, sin dejar tiempo a que me dijera nada, y salí del salón lo más rápido que mis torpes pies me dejaban.
Llegué al baño pitando, y para mi bendita suerte estaban solos. Me tome de uno de los lavabos y ahí fue cuando todo el mundo se me vino encima.
Empecé a hiperventilar y el dolor de mi pecho se hizo cada vez más extenso hasta el punto de aplastarme los pulmones y no dejarme respirar. Las lágrimas salían libres por mis ojos ya acostumbrados, y en mi mente se formó un Flash Back de todo lo sucedido en el estacionamiento. Su cuerpo contra el de Tanya, sus manos en sus caderas subiendo y bajando por sus costados, su lengua jugando salvajemente dentro de su maldita boca. A mí nunca me había dado un beso así, nunca me había dado un beso con tanta pasión desmedida. "Porque a ti no te quiere… nunca te quiso… y nunca te va a querer" me dijo una vocecita proveniente del fondo de mi cabeza, a lo que yo respondí con más lagrimas.
Me deje caer en el piso tomándome del torso y apretándome para cerrar el vacío imaginario que sentía. Pero por primera vez en todos estos largos meses, no me sirvió de nada. Esto ya era más grande de lo que yo podría controlar. Para mi desgracia interna.
No supe realmente cuanto tiempo pasé ahí, pudieron haber sido segundos u horas, en si el tiempo ya era algo sin importancia. El dolor era lo de lo único de lo que estaba consciente.
Sabía que tenía que regresar a clases, sabía que si no me iba en este instante comenzaría a levantar sospechas de lo sucedido. Así que con todo el dolor interno que tenía me levanté y me vi al espejo. Por suerte Alice me había puesto mascara de pestañas a prueba de agua, ya que mi maquillaje estaba intacto, lo único que tenía eran los ojos rojos e irritados por mis lágrimas. Tomé un fuerte respiro que me dolió hasta el alma, me limpié las lágrimas y salí del baño a paso lento. Ya tendría tiempo después para dejarme caer de nuevo.
En el camino al salón mi mente no pudo dejar de vagar en la inconsciencia, en un estado de estupor que hacia el dolor un poco más soportable, mas nunca se iba. Edward había decidido olvidarme, pues yo lo iba a olvidar a él. De nada realmente me servía seguir enganchada a alguien que no me quisiese. Me hacía daño a mí, a los que me rodeaban y también a Edward. El nuevo Edward era tan distinto, jamás pensé que él pudiera cambiar tanto, pero por desgracia me equivoque. Él ya no era mi Edward, él era alguien demasiado diferente y sin sentimientos, y lo que más le encantaba era hacerle daño a la gente a su alrededor. Y por raro que pareciese, a mí, más que a los demás.
–Señorita Swan que honor que nos acompañe hoy– Me regañó el profesor con gran sarcasmo.
–Lo siento– Murmuré y fui directa a mi asiento sin darle una mirada al vampiro estúpido que tenía a mi lado.
La clase siguió su curso, pero yo estaba ya muy lejos de ahí como para escuchar algo de lo que estuviesen diciendo. Por primera vez en toda mi existencia me arrepentía de haber venido a Forks, me arrepentía de haber conocido a los Cullen, me arrepentía de haberme enamorado de Edward. Sí, me arrepentía rotundamente de haberle entregado mi amor, me arrepentía de haberlo esperado seis meses, me arrepentía de no haberme ido a Jacksonville con mi madre cuando tuve la oportunidad, me arrepentía de que mi primer beso hubiese sido con él, me arrepentía de el simple hecho de haberlo visto en el primer instante en el que entré en la cafetería el maldito día en que se me ocurrió venir a vivir aquí.
¿Cómo se podía querer a alguien que te hacia tanto daño? ¿Cómo se supone que debería de sobrevivir a esto y seguir amándolo? Me podrían llamar cobarde si quisieran, pero yo ya estaba harta, harta de todos, harta de que me estuvieran lastimando, harta de que mi vida para Edward valiera tan poco.
Un nuevo sentimiento nació dentro de mí, sentía como si todo mi cuerpo se tensara y mi alma saliese lentamente por mis ojos. Sentía cada vez que mi corazón se iba congelando lentamente y una oleada de varios sentimientos me inundaran el cuerpo ahogándome en ellos. ¿Qué era esto que sentía? Era como si todo lo que hubiese en mi cuerpo fuera drenado y lo hubiesen llenado con nada más que puro aire. Sentía cada una de mis celular morir y causar un dolor tan grande que no se podía expresar con palabras.
Una última lagrimalágrima silenciosa se derramó por mi mejilla.
Lo había perdido, para nunca volverlo a recobrar, y mis sentimientos se habían ido con él.
Mil ideas me vinieron en ese instante, mil promesas por cumplir que tendría que hacer, mil decisiones que tendría que tomar. Bella Swan se había esfumado, yo solo era la sombra de lo que algún día fui, y las sobras de la esperanza de lo que algún día soñé.
Me prometí internamente no volver a llorar por él, y demonios si no lo iba a cumplir. Sabía perfectamente que si no encerraba todo lo que sentía ahora en un cajón y cerrarlo de por vida en ese instante nunca lo haría, nunca podría superarlo. Todo por lo que había luchado, todo lo que había anhelado, incluyendo mi corazón, quedaría en el olvido, algo nebuloso que algún día sucedió, y que jamás volverá a pasar.
La clase llegó a su fin y sabía que con ella se había ido mi vida. Me levanté mecánicamente de mi asiento aun sin darle una mirada a ese que se sentaba a un lado mío. Tomé la mano de mi novio y salimos hacia nuestra siguiente clase. Podía sentir que Anthony estaba tenso y lleno de preguntas, pero por el momento no quería, ni pensaba, responder nada. Mi mente aún estaba intentando comprender realmente el cambio que había hecho, y mientras menos personas me interrumpieran en este momento, todo saldría tal y como yo lo había dicho.
Así pasaron las siguientes horas, todas en silencio. Mi cuerpo se sentía vacío, hasta más liviano, pero no era algo que del todo me gustase, no era que en realidad extrañase del todo el dolor que había sentido, pero esto era como vivir en un cadáver. Sin vida recorrí mis periodos de clase de la mano de mi novio, que era lo único que me aseguraba que aún seguía en la tierra, que aun conseguía moverme y que seguía con vida, o bueno, a como se le llamare este estado que se parecía tanto al que me había encontrado aquellos primeros seis meses sin aquél, el que su nombre ya había quedado borrado de mi subconsciente.
Sabía y estaba consciente de que mis ojos no mostraban emoción alguna, que parpadeaba solo por necesidad y respiraba por la misma. Sabía que a simple vista, parecía un zombi. Y así permanecería por lo que restase de mi vida.
–Amor, ¿Quieres algo de comer? – Preguntó Anthony trayéndome de nuevo a la vacía realidad.
–No, gracias– Murmuré intentando sonreírle, pero esa alegría no llegó a mis ojos.
–¿– ¿Te encuentras bien, princesa? – Dijo, tomándome la cara con sus dos fuertes manos.
–Sí, estoy perfecta– Volví a susurrar, porque él solo sonido de mi voz me asustaba, era tan diferente al que yo estaba acostumbrada.
Me dio un rápido beso y me volvió a tomar de la mano.
–¿– ¿Segura que estás bien? – Dijo haciendo un puchero.
Solo asentí con la cabeza y le di otro beso, pero no un beso corto, sino un beso de aquellos que a mi anterior Bella le hubiesen quitado la respiración, pero en ese instante solo hicieron que el fantasma de mi Bella se escondiera más en su cajón.
Nos separamos lentamente y una sonrisita de suficiencia dibujo sus labios hinchados. Me tomo de la mano y nos dirigimos a nuestra mesa. Al llegar ahí pude ver que todos los ojos de la cafetería estaban posados en mí. Lo más probable es que hubiese sido por mi papá, por su ataque y porque Anthony y yo ya éramos novios. Mi antigua Bella se hubiera ruborizado e huido de ese lugar, pero a mí en ese instante ni siquiera un poco de color subió a mis mejillas; esa era una sensación que en verdad iba a extrañar, pero como todo, había quedado en el olvido.
Anthony estaba absorto jugueteando con los dedos de una de mis manos y tomando su limonada con una pajilla mientras yo lo observaba. No entendía realmente el por qué le había gustado, ni él porque quería estar conmigo, pero se lo agradecí mentalmente. Las palabras de Alice rondaban en mí ya vacía mente, carente de alguna emoción.
"Él te puede salvar de ti misma"
¿Sería cierto? ¿Aguantaría todo lo que se vendría solo por salvarme de mi misma? Esperaba que fuera cierto. ÉL, Charlie y Jake eran los únicos que me mantenían aquí, con los pies en la tierra y era algo que nunca llegaría a pagárselos completamente.
Mientras estos pensamientos venían a mi mente, los ojos verdes esmeraldas de Anthony se juntaron con los marrones míos, y pude ver en ellos una expresión que no reconocí. Era como si el supiese lo que yo estuviese pensando, como si con una sola mirada hubiera entendido todo lo que yo sentía –O en este caso lo que debería de sentir, porque mi cuerpo no reaccionaba-. Era como si por un momento, él hubiese visto mi alma.
De alguna manera, ese momento fue tan especial que me hizo sonreír de manera inmediata. Sabía bien que él se daba cuenta que esa sonrisa no era verdadera, y que era vacía, pero él parecía saber también las razones por las cuales yo me comportaba de esa manera. Y gracias a lo que hubiese en el cielo –Porque empezaba a dudar realmente de que alguien nos estuviese observando- No pidió explicaciones ni nada que pudiera ponerme peor.
Miré sobre el hombro de Anthony, y tres pares de ojos acaramelados me observaban. Veían cada uno de mis movimientos, pero para mí, ellos ya no tenían importancia alguna, así que desvié la mirada. Sabía que de todos modos, de un momento a otro me tendría que acostumbrar a no verles nunca más, puesto que lo que fueran a hacer dos de esos pares de ojos seria pronto, y él se iría, desaparecería por completo de mi vida. De nuevo.
La campana sonó, me levanté lentamente de mi asiento y tomé la mano salvadora de mi novio, me aferré a ella como si fuera un salvavidas y mi vida dependiese de ello, a lo que él respondió soltándome y mejor pasándome la mano por la cintura. Él sabía perfectamente el significado de ese simple agarre, y comprendió que yo lo necesitaba.
El camino a clase de biología fue silencioso, o más bien el silencio estaba lleno de preguntas que yo me negaba a contestar. Entramos al salón, aun Anthony tomándome de la cintura, y me acompañó hasta mi asiento, donde cierta persona, de la cual su nombre estaba encerrado en mi cajoncito de recuerdos, ya se encontraba.
Mi salvavidas se agachó hasta quedar a mi altura, me tomó la cara con las dos manos y me depositó un beso suave y tierno en los labios.
–Te quiero– Murmuró contra estos a lo que yo respondí profundizando más el beso, ignorando los pequeños bramidos que salían del pecho de la persona que se encontraba a un lado mío.
"Yo se lo advertí" Me dije en mi fuero interno.
En el instante en que las manos de Anthony comenzaron a hacer su trayecto por mis costados para llegar a mi cintura, el profesor entró, acabando con nuestro beso.
–Esto aún no acaba, princesita– Murmuró Anthony ,juguetónAnthony, juguetón, antes de morder suavemente el lóbulo de mi oreja e irse con una sonrisita dibujada en sus sensuales labios.
Suspiré rendida y me giré hacia el pizarrón, ignorando por completo a quien tenía a mi lado que no dejaba de emitir lentos bramidos desde su garganta. Pude escuchar el Tic, tic, tic de algo cayendo en el piso, a un lado mío, justo donde él estaba. Bajé mi rostro hacia el suelo y vi montones de pequeñas astillas provenientes de nuestra mesa, subí mi rostro siguiendo su curso y me encontré con la nívea mano de él incrustada en nuestro escritorio, ésta había dejado la marca en la madera y si no se detenía en ese instante traspasaría la superficie de granito falso.
Giré mi rostro de inmediato al pizarrón, no deseaba encontrarme con sus ojos. Mientras más rápido empezara a dejar de verlos, sería más saludable para mí.
Un gruñido casi inaudible se volvió a escuchar a mi lado, pero yo no volteé.
Bloqueé mis pensamientos de cualquier tipo de tentación que pudiera abrir mi cajón. Tomé notas exhaustivas de la clase, simplemente como si él no estuviese ahí. Por primera vez no me ruboricé, mi corazón no se alteró y mi respiración siguió igual. Yo había cambiado. Y él podía notarlo.
Tenía la vaga necesidad de esconderme entre mi cabello, pero eso ya no era necesario, no… no era necesario para alguien a quien el color se había esfumado de su existencia.
Así siguió toda la clase, entre palabras no dichas y bramidos casi audibles, pensamientos incoherentes y suspiros imaginarios.
No podía decir que el hoyo en mi pecho había desaparecido, más bien se había extendido, dejando a mi cuerpo en un estado de negrura del que no quería despertar. Ahora mi cuerpo y mi mente simplemente se habían vuelto insensibles a cualquier cosa que sucediera a mí alrededor. Justo como debió de haber sucedido desde hace bastante tiempo.
El timbre sonó y un vago recuerdo de una sensación de alivio me llegó, aunque no podía decir que era eso, porque hacia tanto tiempo ya que no sentía paz, que me era difícil reconocerla.
Tomé de nuevo mi salvavidas y me fui a clase de gimnasia, la última clase del primer día de mi nueva vida.
Llegamos y para mi escasa buena suerte –si es que así se le podía llamar- la clase fue teórica, algo referente al básquet, al que por supuesto no le tome demasiada importancia.
Ya nada tenía importancia. Ni siquiera yo.
…
Tenía la cabeza en el regazo de mi novio, mientras el dejaba una línea de besos en mi cuello. Las luces del gimnasio estaban apagadas, porque nos estaban pasando una película referente al tema. Así que no había opción alguna de que nos vieran, y más porque estábamos en la última grada alejados de todos.
En un movimiento giré mi cabeza- Que aún seguía en el regazo de Anthony- Y él agacho la suya hasta llegar a tocar mis labios. El beso empezó de forma tierna y suave, pero de un momento a otro se profundizo y subió rápidamente de nivel. Enrede una de mis manos en su sedoso pelo negro mientras que la otra descansaba en mi abdomen. Nuestras lenguas estaban en una danza salvaje, y la temperatura comenzó a subir de nivel – O eso es lo que vagamente sentí-. Nuestras respiraciones eran acompasadas, habíamos encontrado nuestro propio ritmo. No supe cuánto tiempo estuvimos así, saboreando la boca de cada uno, pero mi cuerpo pedía más así que me separé un poco de él y me levante para estar a la misma altura. Su boca volvió a juntarse con la mía mientras sus manos iban directas a mi espalda y las mías a su pecho.
En un rápido movimiento Anthony me sentó a horcajadas encima de él. Poniendo sus manos en mis caderas y apretándolas mientras yo enredaba mis brazos en su cuello y me acercaba más a él –Si eso era posible-. Sus manos subieron por debajo de mi blusa, las tenía frías, una leve sensación de nostalgia se apoderó de mi cuerpo, pero fue retirada cuando una de sus manos tocó uno de mis senos. Su boca calló el gemido que salió de la mía haciendo que me estremeciera.
Mis manos viajaron a su bien formado pecho, desabrochando los botones de su camisa. Él era cálido, ni frio ni caliente, simplemente cálido.
Su boca dejó un momento la mía y mordió mi lóbulo dejando escapar un suspiro en mi oído que hizo de nuevo que me pegara más hacia él. Incluso con la ropa se podía sentir cuando nuestros cuerpos se frotaban y hacían calor propio.
Podía sentir entre mis piernas que nuestro jueguito comenzaba a hacerse algo más. En otras ocasiones me hubiese asustado, pero ese día, el primero de mi nueva vida, solo quería olvidar.
Mis manos bajaron lentamente hacia sus pantalones y empezaron a desabrocharlos, mientras nuestras lenguas seguían en la misma danza. Era aún un poco más emocionante porque sabíamos que nos podrían ver en cualquier segundo.
Sus manos empezaron a desabrochar mi sostén por debajo de mi blusa mientras pequeños escalofríos recorrían mi cuerpo. Y un extraño calor empezaba a formarse desde el centro de mí.
Por desgracia para mí, sentí una mirada destrozando mi espalda, y sabía perfectamente de quien se trataba. Me separé lentamente de Anthony, mientras lo miraba a los ojos.
–Nos están viendo– Le cuchicheé con voz ronca en el oído mientras mordía suavemente su lóbulo y me quitaba de encima de él.
Él giro a todos lados hasta que se encontró con su mirada, aquellos ojos acaramelados que habían hecho que nuestro jueguito no se llevara a cabo.
–¿– ¿La conoces? – Murmuró en mi oído con voz ronca mientras se abrochaba su camisa con manos temblorosas.
–Sí, se llama Tanya– Susurré de nuevo.
Él asintió.
El fantasma de alguna sensación que no supe descifrar me llenó el cuerpo, pero al fin y al cabo ¿No era algo que interesase, cierto? Esto pasaría tarde o temprano, y que mejor que fuera con Anthony. ¿Entonces, por queporque si era con Anthony seguía sintiendo el espectro de la culpabilidad? Yo le estaba dejando el camino libre a él, pero aun así, mi cuerpo no se sentía del todo bien.
Segundos después de que Anthony se abrochó el último botón de su camisa se prendieron las luces, y los ojos acaramelados dejaron de observarnos.
Bajamos de las gradas y caminamos lentamente hacia la salida del gimnasio. Una voz detrás de nosotros llamo.
–Hey ¡Anthony! – Mi novio y yo nos giramos para verlo, el entrenador Clapp agitaba sus manos– ¿Podrías acompañarme a mi oficina un momento? Lo que sucede es que necesito ver unas cosas sobre el equipo de futbol, y dado que eres el capitán necesito de tu ayuda.
Anthony se giró hacia mí y me dio las llaves de su auto.
–Princesa, ten. Mete las mochilas al auto por favor– Me dio un suave y fugaz beso, me pasó su mochila y se fue corriendo hacia el entrenador– En un momento voy.
Suspiré y salí de ahí a paso lento, camine hacia el aparcamiento donde la mayoría de los autos se estaban yendo. Entre los pocos que vi que se acercaban a la salida era el Volvo plateado. Me regañé mentalmente por el simple hecho de acordarme de ellos.
Llegué al Mustang arrastrando los pies y puse las mochilas en el asiento trasero. Lentamente el aparcamiento se fue quedando sin autos. Solo quedaba el auto de Anthony y dos autos de los profesores. Anthony se había tardado ya lo suficiente.
El auto de mi novio estaba justamente en el espacio de bosque que salía, detrás de mí se encontraban los árboles y por alguna extraña razón sentí como si alguien me observase desde ahí. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y bajé del auto dispuesta a ir a la escuela en busca de mi novio.
Abrí la portezuela para poder bajarme, pero en el momento en que apoye mi mano para recargarme, una fría mano tomó la mía.
–Por fin nos encontramos, Isabella– Dijo una voz felina, y al instante todo se volvió negro.
APOV
Me encontraba en la sala de mi casa después de otro día de escuela, otro día sin estar con mi hermanita, otro día en el que Edward tenía que sacar su lado impulsivo y besar a lo que sea que tiene por prometida –golfa la había llamado Rose- enfrente de todos en el estacionamiento.
¿Hasta cuándo iba a durar esto? ¿Qué Edward no entendía que él tenía que estar con Bella? ¿Qué eran hechos el uno para el otro?, pero ¿Cómo no? Edward siempre tenía que sacar su lado salvaje primero y hacer que la pobre de Bells lo odie más cada día. Genial.
Mi Jazz no estaba, se había ido de caza con Emmett y Rose. Para mi desgracia eterna me quede con los Denalí, no era que no me cayesen bien, bueno solo había una excepción. Pero, en serio, ¿Pensaba Edward que yo lo ayudaría a planear su boda? ¿Qué yo traicionaría de esa manera a Bella? ¿Qué no me conocía? ¿O por estar tanto tiempo con la cosa que tiene por prometida -"golfa" me recordó mi conciencia- ya se le empezaban a morir las neuronas?
Gracias al cielo ahorita estaban en el jardín, Dios sabe haciendo que cosa. Edward y su golfa estaban arriba, según ellos terminando con lo que habían terminado en la mañana. Obviamente sabía que eso no sucedería, sí se besarían un rato, se tocarían, pero no llegarían a hacer nada más. Conocía demasiado bien a Edward Anthony Masen Cullen como para saber que él no haría eso con alguien que no fuera Bella, porque la seguía amando. Pero eso sí, el "vampirito" se ponía histérico cuando la veía con ese chico Anthony... "¡Uno no sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido, EDWARD!" grité en mi fuero interno para que Edward me escuchara, y lo único que recibí fue un Gruñido.
Me levanté rápidamente para subir a mi habitación, tenía que ver que ropa me iba a poner mañana, cuando, de repente, llego a mí.
Bella estaba en el auto de Anthony esperándolo, abrió la portezuela y justo cuando iba a salir.
-Por fin nos encontramos ,Isabellaencontramos, Isabella- Canturreó la voz felina.
Bella giro a verla y su cara fue de espanto mientras ahogaba un grito.
Y entonces, todo se volvió negro
–¡– ¡NOOOOO! – Gritó Edward saliendo a toda velocidad de su habitación mientras yo me desplomaba en el suelo.
–Bella– Murmuré, con la cara entre las manos.
–Alice, ¡Dime que no es cierto! – sollozó Edward, mientras me tomaba de los hombros y me obligaba a mirarlo.
–Es demasiado tarde– Dije en un sollozo
–¡– ¡NO! ¡ESO NO ES CIERTO! ¡ESTAS MINTIENDO! ¡NO ES CIERTO! – Y con eso salió corriendo de la casa, mientras yo intentaba levantarme para hablarles a todos, teníamos que intentar salvar a Bella, a como diera lugar.
