¡Hola, ya estoy de vuelta! Este capítulo es producto del insomnio, y quedó más largo de lo que creía. Bueno, ahí me avisan si hay errores de ortografía. Y por cierto, ya estoy segura de que faltan dos capítulos. Veremos qué tal queda.
Disclaimer: Capitán América le pertenece a Marvel :)
Capítulo 5
"No tienes un alma. Tú eres un alma. Tú tienes un cuerpo."
-C.S. Lewis
Pasados un par de días, mi estado fue mejorando. Desde que Steve comenzó a llevarme a correr, el insomnio dejó de ser un problema grave; seguí el consejo de Sam e hice el esfuerzo de expresar lo que sentía, y aunque me interesaba conocer mi pasado, dejé de considerar esto una prioridad como dijo Natasha. Durante la última semana no había encontrado necesidad de continuar el juego de la ruleta rusa. Parecía que todo estaba resuelto, pero a veces es normal que queden cabos sueltos. Y en mí no había excepción. Aunque no todos retroceden como yo lo hice.
Nunca dejé de tener pesadillas. Siempre fueron terribles. Pero ahora sí me afectaban al despertar. Al cabo de unos minutos conseguía olvidar la angustia que me causaban, porque llegaba un momento en que sabía diferenciar la realidad de lo que no lo era.
Pero hubo un día en que ese sistema alteró su funcionamiento. Y los resultados me hicieron sentir la necesidad de seguir jugando.
No recuerdo cómo comenzó el sueño, pero pronto me vi tumbado en la nieve, temblando de frío y con el cuerpo destrozado: todo me causaba dolor; excepto el brazo izquierdo, porque éste no se encontraba en ninguna parte. Jamás supe cómo lo había perdido, pero sí sabía que me escurría sangre por todos lados. Yo no estaba en facultad de hacer algo, además de esperar la muerte que eventualmente me liberaría de todo. Con suerte me recordarían en una ceremonia junto con el resto de los caídos en batalla. Habría sido una muerte de la que Steve podía estar orgulloso, sólo que Zola y un puñado de sus científicos me encontraron. ¿Por qué no pude evitarlo?
Ese sueño era más que una pesadilla; no siempre los momentos que más nos han torturado se materializan mientras dormimos. El principal problema fue que uno de mis mayores miedos cobró forma, a causa de que mi subconsciente tomó el control.
"No debí sobrevivir esa caída. Es físicamente imposible. Si no hubiera terminado ahí, nunca me hubieran convertido en un arma. Debí haberme hecho pedazos, en lugar de que me convirtieran en un intento de soldado insensible y hecho de un frío material..."
Lo siguiente que ocurrió fue extraño. Mi cuerpo reaccionó por instinto a esa súbita ansiedad, aunque no puedo afirmar que mi mente consciente había despertado también. Como respuesta a ese estado mental, traté de librarme de mis captores, a quienes veía frente a mí, y evitar que experimentaran conmigo. Me levanté de golpe de la cama, y traté de alcanzarlos para atacarlos. Llegué a la sala, y golpeé las paredes mientras gritaba. Era difícil evitarlo; en mi sueño los veía con amplias sonrisas de satisfacción.
"¡Yo no pedí que me hicieran esto!"
Cuando llegué a la cocina, después de dejar un desastre por todos lados, creía verlos de cerca. En mi mente vi a Pierce, aunque no estaba seguro si era él. No podía recordarlo muy bien; apenas si lo había visto un par de veces (aunque considerando lo que hacían con mi memoria, seguro fueron más), pero me bastó: sabía que quería vengarme por todo.
Comencé a atacarlo, le lancé un gancho en el costado y lo vi retroceder de dolor. Seguí atacando, le di un fuerte golpe con la rodilla y por el impacto chocó contra el fregadero. Casi se rompe el grifo, pero logró evitarlo lanzándose hacia un lado. Vi que movía los labios mientras agitaba los brazos. Trataba de decirme algo, pero yo no escuché que su boca emitiera sonidos. Sólo escuché lo último:
—¡Detente!
Esa no era conducta común en él. Mi ira creció entonces.
—¡¿Y cuándo has querido tú que no haga uso de la fuerza?!
Consiguió esquivar un par de golpes que le dirigí. Nunca intentó defenderse, porque trataba de hablar conmigo.
—... detente... arrepentirte y será... ¿puedes oírme?...
Poseído por una rabia, ya inmesurable, tomé un cuchillo de la mesa, y después de mandarlo a la pared de un fuerte golpe en el estómago, se lo clavé en el brazo derecho. No pareciéndome suficiente, me detuve hasta que se lo enterré en el costado y en la pierna.
Fue entonces cuando me salpicó sangre en el brazo derecho que algo me pareció fuera de su sitio. ¿Qué estaría haciendo Pierce en casa de Steve, si ya había muerto? De no haberlo estado, jamás hubiera podido ser libre. Además, si era un sueño, ¿por qué podía sentir la sangre en el brazo? No tenía los ojos abiertos por completo, pero ya me sentía despierto.
Me tiré al suelo, haciendo el gran esfuerzo de abrir los ojos y despertar por completo. Era difícil, porque todavía sentía que mis ojos aún giraban de arriba hacia abajo, y mis párpados se sentían muy pesados.
Mientras me adaptaba a la luz y a esa dura transición entre dormir y despertar, pude escucharlo claramente.
—Tienes pesadillas todavía, ¿no es así, Bucky?
Volteé, deseando que haya sido sólo un sueño muy vívido, pero me horroricé nada más de ver qué había ocurrido. Steve había recibido cada uno de los golpes que creí darle a Pierce. Lo peor de todo fue la sangre que le escurría del costado. Seguro que el le impedía levantarse.
—¡Steve!
Comencé a temblar. Si antes había querido acabar con él; ahora corrí a ayudarlo. La culpa fue enorme. Había dañado a la única persona que creía en mí. Se me bloqueó la mente y no supe qué hacer.
—Steve, lo... ¡Lo siento!
—No te preocupes, estaré bien —respondió entrecortadamente y con dificultad.
—¡¿Qué hago?!
—Pide ayuda...
Tropezándome con cada objeto que se cruzaba en mi camino, busqué el teléfono. Entonces lo tomé y volví a la cocina.
Y me di cuenta de lo absurdo de la situación.
—¿No hay otra manera?
—¿Por qué?
De alguna forma, le dije que no iban a creer que el Capitán Rogers se encontrara en tal situación.
—Cierto, llama a Sam.
Sentí alivio; sabía que podía confiar en él. Quería llamarle, pero las manos me temblaban bastante. El teléfono se me resbaló de las manos y me sentí muy inútil.
—De acuerdo, dámelo.
No entendía cómo hizo Steve para encargarse de todo.
Me arrinconé mientras él hablaba. ¿Qué me había ocurrido? ¿Acaso soñaba? Todo se veía normal, pero en ningún momento me sentí entre las dos condiciones. Me volví y observé la mesa. Steve había estado dibujando antes de que yo lo interrumpiera. Lo que quiera que haya sido, había quedado irreconocible bajo la sangre de Steve. Le di un golpe a la mesa con tanta fuerza, que la hice pedazos y se me clavaron muchas astillas. Pero en el brazo de metal no sentía nada.
Las palabras con las que había soñado reverberaban en mi mente: "Debí haberme hecho pedazos, en lugar de que me convirtieran en un intento de soldado insensible y hecho de un frío material..."
—¡Bucky! ¡Tranquilízate! No voy a morir, ¿sí? No puedo creer que siquiera lo consideres ...
—No es eso.
Me miró con entendimiento.
—Me he dado cuenta, ¿sabes? A veces sufres de terrores nocturnos. Gritas, golpeas la pared, una vez te dio hiperventilación. No me preocupé porque nunca pareciste recordar que los temas, pero me arrepiento ahora por no haber hecho algo para que no te volviera a pasar.
Se veía mal, pero no por el dolor físico. Y ahora se culpaba por algo que yo claramente había hecho...
Sam llegó rápido. No estaba preocupado; él sabía de antemano que nada le ocurriría. Ni siquiera Natasha, que había venido con él, se había había preocupado lo suficiente, aunque parecía que le había afectado un poco.
—¡Steve! —corrió a su lado y lo tomó por el brazo. En ese momento, nada le importaba más que asegurarse por sí misma que las heridas no eran graves.
—Hola, Natasha.
—¿Pero qué fue lo que pasó?
Mientras Sam le aplicaba compresas de algodón y le limpiaba las heridas a Steve, yo me sentía terrible. Estaba congelado. No podía ayudar. Y había sido también el causante de todo.
—No es su culpa, Natasha; a veces sufre...
—Es cierto; tienes toda la razón.
¿Por qué se lo tomaban así? ¿Que no sabían lo culpable que me sentía? Para no ser un estorbo, me desaparecí de ahí. De camino a mi habitación, encontré todo destruido. Yo mismo lo había hecho. Eso me hizo reflexionar sobre lo peligroso que era. ¿Qué habría pasado si en lugar de un cuchillo hubiera usado un arma de fuego?
"Será mejor evitar que eso suceda."
Fui a buscar mi revólver. Todavía me quedaban tres intentos. La probabilidad de morir se acrecentaba cada vez más.
Cerré la puerta, y coloqué el revólver sobre mi sien.
—¡Bucky!
Iba a hacerlo, de no haber sido porque Sam me había llamado. Guardé el arma en mi bolsillo; quizá después se me presentaría la oportunidad de intentarlo. Me aparecí en la cocina tan pronto como pude, y me dio un súbito ataque de pánico al ver que Steve estaba inconsciente.
—Necesito que me ayudes; entre tú y yo vamos a cargar a Steve y llevarlo hasta el auto. Natasha y yo decidimos llevarlo a un hospital para que lo atiendan. Tenemos que ser discretos.
Llegar hasta el auto no fue fácil. Steve ya tenía sus heridas limpias, pero todavía temía seguir lastimándolo. Bajamos hasta la calle disimulando, luego Natasha abrió la portezuela y Sam lo acomodó en el asiento de atrás.
—Muy bien, Sam, ¿ahora a dónde?— preguntó Natasha, mientras se sentaba en el asiento del copiloto y se abrochaba el cinturón.
—A donde fuimos la última vez. Ese hospital es seguro; es probable que nos ayuden a que nada de esto se haga público.
—De acuerdo. Entonces, en marcha.
Yo me subí en la parte de atrás, lo cual acrecentaba mi sentimiento de culpa. Ahí podía ver el rostro de Steve. Sereno. Lastimado. Seguramente decepcionado.
Todo el camino fingí que los lugares que veía desde mi ventana eran más importantes que la situación que provoqué. Natasha guiaba a Sam, y Steve seguía sin reaccionar. Ya había tratado de disculparme con él, ¿qué más podía hacer? ¿A caso no lo había intentado lo suficiente? ¿O lo haría sentir mejor si le decía cuando despertara que estuve a punto de intentar matarme?
No me di cuenta en qué momento, pero finalmente llegamos. Se me dificultaba asimilar que todo eso fuera necesario.
Al llegar al estacionamiento, Natasha descendió del automóvil, mientras que Sam y yo bajamos a Steve. Ya en la entrada, nos esperaba una joven doctora.
—Debieron llamar primero, pero ya están aquí...
Lo subimos a una camilla que traían, y luego ella, con ayuda de una enfermera, lo llevaron hasta urgencias. Mientras, Natasha nos condujo a la sala de espera.
—Creemos que su sistema se encargará del resto. Sin embargo, apuntaron que es preocupante el hecho de que no reaccione.
Durante un buen rato, Natasha no se despegaba de los y las enfermeras; uno de mis pensamientos más desesperados para justificar eso, era que intentaba evitarme. A Sam también lo notaba de una manera parecida. Estaba sentado junto a mí, pero no volteaba a verme. Era insoportable haberle hecho eso a Steve, y encima tener que soportar la indiferencia de Natasha y Sam. Decidí hacer algo al respecto.
—Sam —comencé pero la garganta se me hizo un nudo —, sólo quería pedirte disculpas por lo que pasó; no sé qué me...
—¿Por qué te disculpas conmigo? Todo está bien; no te preocupes. Mucha gente parece trastornos de sueño. De hecho, yo un día me hice sonámbulo: me levanté por la noche y a la mañana siguiente desperté en la sala.. .sobre el suelo. Fue raro.
Entendía que sólo quería ayudar, pero no logró convencerme. Por lo menos me pareció que no estaba enfadado en realidad. Sólo me quedaba hablar con Natasha. Quizá así disminuiría mi culpa.
—Voy por un refresco. Te puedo traer algo de la máquina, si quieres.
Negué con la cabeza, confundido. Yo sólo pensaba en enmendar mi error.
—¿Ah, no? Pues si un día te encuentro en Coney Island no esperes que te invite nada, ¿me oyes? ¡Nada!
Decidí no preocuparme mucho por algo tan sencillo como eso, así que traté de amarme de valor para disculparme de nuevo.
Unos minutos después, vi a Natasha hablando con la doctora. Su actitud reflejaba consternación. Cuando la doctora se fue, se sentó junto a mí, escondiendo su preocupación. Me intimidó sobremanera verla así, porque ella no tenía derecho resentir lo que yo había provocado. Lo mejor sería no hablar con ella por el momento. Luego Sam llegó con dos latas, y se sentó entre nosotros.
—¡Adivinen quién tiene suerte!
Ninguno reaccionó como él esperaba. Por lo menos se atrevió a hacer la pregunta que yo no pude.
—¿Qué pasó, Natasha? ¿Malas noticias?
—Ya sabes cómo es esto. Necesitamos que Steve declare exactamente lo que ocurrió. Quieren llamar a un oficial, y no le va a hacer gracia si le contamos que fue un accidente.
—¿Hay algo que se pueda hacer?
—Creo que hay una solución; pero deberle un favor a Stark a cambio de los servicios de sus abogados es algo que en otras circunstancias me gustaría evitar.
Me levanté del asiento y salí afuera. Rápido. No tenía el valor para seguir en ese ambiente. Si no hubiera perdido el control de mi cuerpo, nada habría pasado. Llevaba días aceptando lo que me había pasado y viviendo a pesar de ello, y en tan sólo unos minutos se me había resbalado de las manos. Había comenzado a retroceder. E ir hacia atrás cuando se lleva un poco de avance que costó esfuerzo obtener, es frustrante.
Yo sólo quería salir de todo esto. Quería saber que yo todavía tenía "salvación". Desde que Steve comenzó a ayudarme, creía que podría lograrlo. Ahora todo volvía a ser incierto, porque seguía siendo una amenaza. Bien había dicho Steve que no iban a internar a nadie. Si lo hubiera sabido, esto jamás habría pasado.
Busqué un lugar donde no hubiera nadie. Ya casi atardecería, así que un lugar oscuro también era buena idea. Cuando lo encontré, detrás de una plaza comercial que quedaba a dos manzanas del hospital, decidí hacerlo. Metí la mano en el bolsillo, saqué el revólver, me apunté por cuarta vez, y cerré los ojos. Sin dudarlo, disparé.
Ésa cámara también estaba vacía.
No volví hasta que anocheció. Había tratado de que el dolor desapareciera, para que por lo menos no vieran mi rostro lleno de frustración. Seguía viviendo, y la culpa me consumía. Antes de que pudiera localizar a Sam y a Natasha, una enfermera me preguntó por lo ocurrido. Armado de valor, y totalmente arrepentido, le expliqué todo, omitiendo tan sólo la parte en que buscaba vengarme de Pierce.
—Él me dijo que padezco de terrores nocturnos— concluí con eso para ver si servía de algo. Y luego me alegré por haberlo hecho.
—¿Has pasado por una situación inquietante que te haya provocado alguna clase de depresión o ansiedad extremos?
Asentí.
—Bien, en pocas palabras los terrores nocturnos consisten en episodios de terror y gritos, que se caracterizan porque quien los padece es incapaz de recordarlo. Son más comunes en niños. En adultos es muy raro que ocurra, a menos que presentes alguna clase de alteración psicológica extrema. Al parecer, éste es el caso.
Era bueno saber qué me ocurría. Mi mente tenía la culpa de todo.
—Lo que te ocurrió esta mañana no fueron terrores nocturnos. Los síntomas que describe son sin duda lo que se denomina "trastorno conductual del sueño paradójico." Mientras tu mente se mantenía dormida, tu cuerpo estaba despierto. Se supone que cuando dormimos nuestro cuerpo se "bloquea" para que no podamos actuar lo que soñamos. Pero en esta ocasión, el tuyo no lo hizo. Es idiopático, lo cual significa que no tiene causa aparente. Sabemos que puede ser peligroso, porque muchas veces desencadena conductas violentas, y que son más frecuentes en varones a partir de los cincuenta años —se puso nerviosa y se apresuró a añadir— pero también existen casos considerables que inician a una edad un poco más temprana. Por lo pronto descuida, tu amigo estará bien.
Se volvió hacia Natasha, que se había acercado a nosotros. "Así será más fácil; no era consciente de lo que ocurría. Nosotros podemos encargarnos de lo demás." Miré de reojo a Natasha; se veía más tranquila ahora. Sin embargo, no podía olvidar la inquietud que le había causado.
Sam miraba hacia la ventana como si así las cosas fueran a mejorar y nos estuviéramos preocupando de más. Decidí que lo mejor sería romper con ese ambiente aplastante. Todavía me faltaba disculparme con Natasha, así que ésa era la única manera de reducir un poco mi culpa.
—Mmm...— comencé a dudar— Natasha —volteó la mirada hacia mí— quiero pedirte...
La recepcionista tenía que llamarla justo cuando me preparaba para aclarar el asunto.
—Lo siento; hablamos en otro momento.
Al menos por ese día no tuve oportunidad de discutir el asunto. Lo que quiera que le hubiera dicho, hizo que se fuera hasta la habitación de Steve. Iba a hacerle guardia. Tuve que la esperanza de que volviera, pero no lo hizo. Sam venía de aquí para allá sin más, como si estuviera aburrido. No sé por qué no salía la doctora y nos decía que Steve podía volver a casa; nada de esto era realmente necesario. Al cabo de unas horas, decidimos que lo mejor sería irnos a dormir; no tenía sentido seguir esperando.
Esa noche me la pasé en vela. Para evitar cualquier clase de conflictos, Sam y yo nos fuimos a dormir en el auto. Por lo menos con el insomnio no me ocurrirían terrores nocturnos ni ese trastorno que me hizo atacar a Steve. Aún así, pasar la noche en vela era angustiante. Tenía presente todo lo que había ocurrido.
Tuvo que haber un momento en que me dormí, porque recuerdo cómo despertaba a causa de los primeros rayos del sol. Sam se había quedado dormido con la cabeza en el volante. Me hizo sonreír un poco; no me pareció una posición cómoda. Luego salí del auto y entré al hospital.
Todavía bostezando, crucé el umbral, sorteando un mar de gente que traía y venía a visitar a sus enfermos. Ya en la recepción, me dispuse a buscar a Natasha. La vi volviendo de la cafetería con unas galletas en la mano.
La serenidad de su semblante provocó que por mi mente cruzaran muchas cosas; como que Steve ya estaba mejor. ¿Por qué no iba a ser así?
—Ayer casi a medianoche, Steve despertó por un rato—comenzó a contarme—, durante ese lapso lo vi muy desanimado. Lo menos que pudieron hacer fue suministrarle un placebo; hasta ahora no ha surtido efecto.
Era muy difícil asimilarlo, cuando unos momentos antes creía que todo se había arreglado.
—Ayer querías hablar, ¿quieres que te escuche todavía?
Le dije que sí.
Borrar de mi mente todo lo que había hecho el día anterior superaba a mi voluntad. Por eso ya no sabía qué decir; tampoco podía permitirme el quedarme callado.
Nos sentamos; Natasha me observaba expectante.
"Vamos, tengo que hacerle saber de algún modo que lamento mucho todo esto..."
—Lamento mucho lo que ocurrió, mi cuerpo reaccionó cuando no debería; realmente no fue mi intención que esto pasara.
Había apretado los puños, casi enterrándolos en mis pantorrillas. También apreté los párpados, como queriendo que así las cosas cambiaran para bien. Luego sentí que tomaba mi mano izquierda.
—Yo en ningún momento te he culpado. Mucho menos si él tampoco —apretó mi mano, pero no pude sentir nada—. Sí, entiendo que lo creas; siempre vamos a buscar un culpable, pero no todos somos así. A veces sufrimos grandes cargas de estrés que nos afectan bastante.
Hubo una pausa.
—Ayer, mientras soñaba, recordé cuando me encontraron en la nieve para hacerme esto— señalé mi brazo, en representación de todos los experimentos que me hicieron.
Natasha se apartó. Parecía comprender mi dolor.
—No importa. De verdad. Si algo he aprendido por experiencia, es que tu alma es lo que importa. Cada una de tus actitudes cuenta. Cada que decides ser infeliz, terminas siéndolo, ¿no te ha pasado? Eso no depende estrictamente de tu cuerpo. Si perdiste la sensibilidad en un brazo, eso es razón suficiente para sentirlo todo con el otro, ¿no crees? Además, el cuerpo sólo va a ser una herramienta más para alcanzar los deseos del alma. No importa si le falta algo o es diferente: uno va a encontrar la manera de ser feliz sin importar el que le haya tocado. ¿Ves a Steve? Está tan, pero tan triste, que ni siquiera el suero de super soldado en su sangre puede sanarlo...
Tal vez no se dio cuenta, pero acababa de darme la solución.
Segundos después, se nos acercó Sam, con un gran bostezo.
—¿Por qué nadie me despertó?
Tenía la marca del volante grabada en su frente. Natasha se rió suavemente. A mí también me pareció gracioso, pero no fui capaz de reír.
—Oye, Sam, creo que deberías verte en un espejo. Tiene un patrón en la frente.
—¿Por qué lo dices?
Se miró reflejado en el cristal de una ventana, y regresó para verme sarcástico.
—Muy gracioso, Bucky. ¿Te has visto tú en el espejo? Tienes un par de discos en la cara... Espera... ¡son tus ojos!
Traté de no ofenderme; la verdad es que Sam no pretendía eso.
—¿Y bien? ¿Ha ocurrido algo interesante?
—Nada, sólo estamos aquí discutiendo una cuestión. Steve y yo creemos que no es la culpa de nadie —dijo Natasha.
—Pues tienen razón; yo también lo creo.
—¡Pero ustedes no saben cómo me siento! —agregué súbitamente— ¡No puedo ni siquiera controlarme a mí mismo!
—Vaya, tranquilo, Bucky. Ya habíamos hablado sobre eso. ¿Todavía te molestan los trastornos? Mira, la mayoría ocurren por situaciones de angustia; basta con superar las crisis...
—Ya lo sé —lo interrumpí.
—Y si ya lo sabes, ¿por qué no lo pones en práctica?
Tenía razón. Para mí, eso significó "es hora de arreglar esto". Me decidí a ver cómo podía ayudar a Steve.
—¿A qué hora comienzan las visitas? —preguntó Sam a Natasha—. No he podido ver a Steve desde que lo trajimos.
—Voy a preguntar en recepción, ahora vuelvo.
Natasha se acercó a la recepcionista, una mujer que siempre parecía enojada con cualquiera que se le pusiera enfrente.
—Aquí tiene su pase.
Desde mi lugar alcancé a escuchar su voz grave. No parecía concordar con su apariencia menuda. Natasha volvió con un pedazo de papel y se lo entregó a Sam.
A pesar de que él lo había pedido, yo sabía que tenía el poder de ejercer un cambio.
—Um... Si no les importa, me gustaría pasar a ver a Steve.
Ambos me miraron sorprendidos. No era porque se les hiciera raro, sino porque no creyeron que finalmente me animaría.
—Claro. Mejor entra tú. Steve no se la iba a acabar, así que lo estás salvando.
—Lo saludas de nuestra parte —dijo Natasha mientras me entregaba el papel.
La señora de la recepción se me quedó viendo con indiferencia en cuanto me caminé frente a ella para alcanzar el pasillo de los pacientes. Por un momento me pareció que me negaría el paso, porque en nada cedía su rostro de verdugo.
—¿Va a ver a un paciente? Mire, déjeme informarle que tenemos una política muy estricta en cuanto visitas. No puede pasar con alimentos, animales, flores, armas de fuego... —la mujer seguía hablando, ni se detuvo cuando me volví a dejar mi saco en una silla junto a Sam y Natasha —; también debe tener cuidado de no interferir con los cuidados del paciente, y de ser posible...
La dejé hablando sola mientras me dirigía al pasillo. No me sorprendió ver tanta gente enferma. Más bien quería ignorar todo lo que veía. En una habitación del lado izquierdo, encontré la habitación de Steve. Respiré hondo. De mí dependía que recuperara la salud. Bueno, creo que me estaba dando mucho crédito; pero si Natasha ya había pasado y Steve seguía igual, entonces nadie podría negarme el darme una puesto importante en su recuperación.
—Hey —dije, y volteó a verme cómo si fuera una luz de esperanza.
Me costó verlo así. Sobretodo porque yo mismo lo había provocado. Pero como ya me habían dicho antes, él no me culpaba de nada. Y yo no sacaría provecho de ello.
—Veo que has despertado —seguía viéndose terrible. Debía ser más cuidadoso.
Esbozó lo que creí una débil sonrisa, ni a eso llegaba.
Súbitamente habló.
—¿Por qué no habías venido? Digo, si has tenido cosas por hacer; aunque, claro, Natasha ha venido toda la tarde, y se lo agradezco bastante; pero...
—¡Perdóname por hacerte esto! Te juro que voy a hacer todo el esfuerzo para evitar que ocurra de nuevo; sólo es cuestión de controlarme...
Había logrado soltar todas mis disculpas, que no me di cuenta de cuándo fue que comenzó a verme con una mueca de bromista.
—Caíste, Buck, ¡ja! Las últimas horas he estado inconsciente; si alguien ha venido yo ni me he enterado. Deberías ver tu rostro ahora mismo.
Podría haberlo hecho; mas no quise reflejarme en el espejo. No era necesario. Me senté junto a él, tratando de mantenerlo animado. Todavía se me dificultaba mantener un carácter alegre, desgraciadamente, en ese lapso de espera, Steve volvía a la amargura.
No tuve que pensar mucho cuando finalmente se me ocurrió.
—Steve —comencé con timidez —¿cuánto tiempo se hace de aquí a Nueva York?
—Déjame pensar... Cerca de 3 horas, en realidad depende de cómo quieras llegar, ¿por qué?
—Es que... Sam habló de un lugar llamado Coney Island, y quería saber...
—¡Quieres ir a Coney Island! Yo también; llevo mucho tiempo sin ir, ¿sabes? He oído que ha cambiado un poco.
Ya lo tenía. Pero era difícil. No estaba muy convencido de lo que hacía. Tenía que animar a Steve, aunque tuviera que fingir que yo ya lo estaba.
—Primero tienes que salir de aquí. Ya verás ¿Crees que a Sam no le importe conducir?
—¡Claro que no! Además, le puedes pagar invitándole un helado combinado.
Sólo tenía que continuar. Aunque la verdad era que estaba haciendo un esfuerzo mayúsculo por mantener la angustia oculta. Seguía siendo una amenaza para él.
—Creo que nunca he probado uno.
—¡Te encantarán, Bucky! Sólo trata de no comerlo antes de subir a la montaña rusa, o acabarás...
—¿Acabaré como tú?— pregunté con un deje de timidez.
—¡No puede ser, recuerdas eso!
En este punto era difícil continuar. Pero como ya me habían dicho, es una bendición olvidar ciertas cosas, pero este parecía un buen recuerdo; así que todo dependía de mi resistencia emocional.
—Bueno, a veces me llegan fragmentos. Todavía los veo borrosos, pero, sí, cuentan un poco.
Lo vi sonreír. ¿Qué tanto lo estaba engañando? Quizá lo suficiente para que se sintiera mejor pronto.
Seguí platicando con él, procurando que su ánimo no decayera. Funcionaba.
El sol comenzaba a penetrar sus rayos a través de las cortinas, así que las abrí completas. Me quedé viendo el horizonte, ignorando a Steve. Pensaba en lo mejor que estaría si hubiera decidido no saber nada sobre mí. Definitivamente, no estaría ahí. ¿Entonces dónde? "Buscándome". No había otra opción; sólo debía evitar los pensamientos que me hacían retroceder. "¡¿Pero cómo?!" Luego lo escuché.
—Oye, Buck, quiero saber una cosa, ¿ya no te...?
En ese momento, una de las enfermeras entró a revisarlo. Tenía la cara consumida por los años, pero aún así parecía amar su trabajo. Haciendo como si yo no estuviera ahí, tomó expediente y comenzó a leerlo.
—De acuerdo, señor Rogers, se ve que va mejorando. Dígame, ¿todavía siente dolor en las costillas?
—Um... No. Sólo que creo que se me abrió una herida. Las demás están bien; ya casi estoy curado.
—Bien, llamaré a un doctor. Quizá pronto pueda volver a casa, qué maravilla.
Se alejó tarareando una melodía alegre. Yo consideré oportuno ese momento para también irme. Creo que sí logré mi cometido. Me di la media vuelta, pero Steve me detuvo.
—Gracias por venir a verme. No sabes lo mucho que significa para mí.
La verdad era que sí lo sabía.
—No es nada. Por cierto, Natasha te manda saludos, y Sam dijo que no te la ibas a acabar si él entraba. No sé a qué se refería pero...
Steve comenzó a reírse.
—Lo que pasa es que quería vengarse; la última vez que estuve en el hospital, bueno... Digamos que busca la manera de desquitarse por todas las bromas de "a tu izquierda".
Por primera vez en esos últimos días, pude sonreír. Decidí abandonar ya la habitación; un doctor y la enfermera se oían cada vez más cerca.
Volví con Sam y Natasha. Jugaban a las cartas, como si hubieran adivinado que ya no había de qué preocuparse. Me senté un poco alejado de ellos, escuchando solamente cómo Natasha perdía contra Sam, rompiendo así su cadena de cinco victorias consecutivas. Cuando terminaron, quisieron saber cómo habían resultado las cosas.
—Dicen que probablemente mañana pueda volver a casa.
Sam sonrió de oreja a oreja, mientras recogía las cartas y las apilaba de vuelta a su empaque. Natasha me tomó la mano izquierda. No sentí nada, pero supe el ánimo que me quería transmitir.
Un ánimo que sólo pudo reconfortarme por un rato. Si de mi actitud dependía todo, me era difícil todavía ignorar que me habían puesto contra ellos, y que ahora me trataban como un viejo amigo, sin saber que por dentro todavía me consumía.
No sabía lo difícil que iba a ser abandonar ese sentimiento.
Quiero saber qué opinan del capitulo. No olviden comentar :)
