Hola de nuevo. Me hubiera gustado que la publicación de este capítulo coincidiera con la semana pasada, pero al parecer si hubiera comenzado a publicar una semana antes, lo habría logrado. Bueno, eso no importa. Éste es el penúltimo capítulo. Saludos.
Disclaimer: le pertenece a Marvel Capitán América y todos los personajes que aparecen en esta historia.
Capítulo 6
"A veces no necesitas a alguien que te levante del suelo, sino alguien que se acueste a tu lado hasta que te puedas levantar." – Anónimo
Es interesante cómo a veces disfrazamos nuestro sufrimiento; le decimos a los demás que estamos bien, cuando en realidad estamos hechos pedazos por dentro. Y me lo parecía así, porque no sabía si los demás eran tan ingenuos o de verdad se me daba bien fingir.
Una mañana de sábado, días después del incidente que causé, me levanté hacia el mediodía. Sólo de ver el reloj, me sobresalté: era una mala manera para comenzar el día. Terrible, si eso era posible.
Durante toda la semana, Sam estuvo hablándome sobre la celebración que estaban planeando él y Natasha para celebrar el cumpleaños de Steve, aprovechando que también se festejaba un día importante para el país. Decía que habrían fuegos artificiales y cosas por el estilo; yo no tenía esa certeza. Con todo lo que me había pasado, decidí seguir las indicaciones que me encomendaban, conforme con sentir que podía confiar en alguien. Así las cosas cambiaban. A pesar de que el sentimiento de que era una amenaza había vuelto, y se había alojado en el lugar más profundo y sombrío de mi alma, quería aferrarme a buscar un sentido para no seguir tratando de encontrar la bala. Aunque eso implicara vigilar a Steve durante todo el día.
Para estas alturas, no sabía qué habría ocurrido si no me hubieran ayudado. Lo más seguro es que ya hubiera muerto, víctima de mi juego mortal. Pero siendo un día importante, me convencí de que no valía la pena reparar mucho en ello. Podía estar seguro de que había mejorado un poco.
La ventaja de haber despertado tarde fue que el insomnio perdió su intensidad, lo cual me aseguraba una noche de sueño sin trastornos relacionados con el sueño. La desventaja era que al despertarme tarde, no supe dónde estaba Steve, justo cuando me habían pedido que lo vigilara para que no se arruinara su sorpresa.
Me vestí rápido, y salí a la calle, ignorando todo lo que ocurría a mi alrededor. Tampoco olvidé llevar el revólver. No es que esperara encontrar una razón para utilizarlo, pero tampoco quería imaginar qué pasaría si llegara a necesitarlo y no lo tuviera conmigo. Recordé que me quedaban dos intentos, y me concentré en encontrar a Steve. En ese momento sólo temía que hubiera encontrado el lugar donde Sam y Natasha preparaban su fiesta. Entonces decidí que lo mejor sería asegurarme de que no era así.
Me habían dado las señas de un pequeño parque ubicado sobre una loma, desde donde se veía un panorama increíble de la ciudad en contraste con la vegetación. Me pareció un lugar tranquilo.
Apenas me acerqué y vi a Natasha muy contenta.
—Mira lo que he conseguido —dijo—. El tipo que los traía me ofreció un precio razonable.
Vi que con ambas manos sostenía una caja de fuegos artificiales.
—Querrás decir que los vendía.
—¡Sí, claro! —añadió con una risa muy tímida. Encontré eso un poco extraño.
—¿Qué aspecto tenía exactamente el hombre que te los vendió?
—Bueno —comenzó a describirlo, nerviosa—, usaba lentes negros, una gabardina hasta los tobillos y un sombrero estilo gángster. ¿Por qué lo preguntas? De acuerdo, digamos que no tenía un aspecto tan confiable, ¡pero vamos! Si quieres calidad, a veces hay que buscarla, incluso con los sospechosos de traficar fuegos artificiales.
—Yo no te estoy diciendo nada, sólo me parece interesante tu definición de diversión —le respondí y se quedó muy satisfecha.
—Son más que eso. Son hermosas. Iluminan la noche y dan un increíble espectáculo. Nunca te sientes solo cuando los miras. Ya verás cuando los encienda. Tú mismo encenderás una de las fuentes que tengo aquí.
Guardó la caja debajo de una mesa de picnic, planeando reservarlos hasta la noche.
Entonces me dediqué a buscar a Sam; esperaba que se enterara de que no había olvidado lo de ese día, pues él fue quien más estuvo preocupado por mi memoria. Lo encontré adentro de una camioneta negra, buscando algo entre sus cosas.
—¡Hey, Bucky! Estoy buscando discos que Steve jamás ha escuchado, y obviamente tú tampoco. Sé que les encantará, pero no puedo encontrarlos. Un momento —agregó después, como si apenas se percatara de que yo estaba ahí—, ¿qué estás haciendo aquí? ¿Dónde está Steve?
Tragué saliva. Por lo menos no había llegado ahí. Y pensar que antes me preocupaba por otra clase de cosas, como terminar las misiones que me encargaban.
—No lo sé. Pero lo encontraré pronto.
—Ya lo creo. Mira, tenemos un poco más de tiempo; van a venir unas tres familias a instalarse aquí; y nos unimos con ellos para conseguir la comida, resulta que...
—Sí, bueno, iré a buscarlo. Ya pasa del mediodía. Dijiste que aguantara hasta la tarde, y que lo trajera para entonces.
—Tienes razón; más vale que lo encuentres. No sería nada divertido celebrar sin el cumpleañero. Aunque sé que sabes que es una celebración doble.
Me marché al instante, sin saber por dónde empezar. Por todos lados había tumultos enfocados en la celebración. Se veían muy contentos y relajados; todo lo contrario a lo que yo sentía. ¿Cómo iba a encontrarlo entre la multitud? O mejor aún, ¿cómo podía haberlo perdido? Ésa era la misión más sencilla que pudieran darme nunca, y la había fallado sólo porque no había podido despertar temprano.
Fue cuando vi que las calles estaban abarrotadas, algunas cerradas y adornadas con globos tricolores, que la gente llevaba ropa de color rojo, azul y blanco, y que había por lo menos una bandera en cada calle portando los mismos colores, con barras y estrellas, que caí en cuenta de lo que había dicho Sam: era una celebración doble. Por eso había un gran desfile, y mucha gente se había reunido a verlo.
Ya sabía dónde buscarlo.
Busqué la manera de seguir el desfile; con la multitud no sería difícil. Prestaba atención a ambos lados de la barandilla que habían colocado para separar a la gente de la avenida; con todo el barullo y la alegría del desfile fue difícil, pero después de recorrer varias calles, lo encontré. No sé por qué me inquietó cuando me pasó por la mente pensar que conocía a Steve lo suficiente como para adivinar dónde estaría. Pero lo dejé pasar porque al fin y al cabo esa táctica había funcionado.
Me acerqué evitando chocar con una marea de gente. Sin duda se había escondido, como para observar en total tranquilidad. Se veía feliz pero distante. Incluso se sorprendió cuando me acerqué a su lado.
—Hola Buck.
No supe qué decir. Con un hola sería suficiente, pero no se le dice nada más eso alguien que cumple años. ¿Por qué era tan difícil? ¿Después de todo el tiempo que llevaba viviendo con él, no podía sentirme ya tranquilo cuando le hablaba? Lo de la última vez era diferente: había conseguido levantarle la moral (lo cual lideró su recuperación), pero eso era totalmente distinto. Ahora estaba implicado el trato amistoso que desde el principio me había hecho dudar en seguirlo.
—Hola, Steve. Es... es tu cumpleaños. Felicidades —dije con un deje de frialdad pero más timidez.
—Vaya, gracias.
La gente seguía animada y feliz, había música y el desfile se ponía más alegre. Había una banda tocando y los músicos tocaban con todas sus ganas.
¿Por qué ocurría esto? Se suponía que éramos mejores amigos. Si había algo que había aprendido bien, era a no derrumbarme.
—¿Qué estás haciendo aquí tú sólo?
—Nada —respondió indiferente—, sólo vine a ver el desfile. Me agrada los cambios que han hecho; todo era diferente antes. No puedo esperar a ver los fuegos pirotécnicos, ¿y tú?
—Sí, ojalá siga habiendo buen tiempo.
—No te preocupes, es verano; eso no sucederá.
Hablar sobre cosas como el estado del tiempo era tan superficial pero fácil. Sin embargo, yo quería prescindir de ese tema.
—¿Por qué viniste solo? Sería mejor...
—Está bien; además, me ha encantado la celebración hasta ahora.
Era momento de cumplir con mi misión. De alguna manera lo convencí de irnos a observar el desfile desde otro lugar. Sólo tendría que aguantar un par de horas hasta que se hiciera más tarde.
Lo guíe hasta un lugar cercano a la loma; Sam quería que lo trajera de inmediato, así que cuando estuviera todo listo, no tendríamos que ir tan lejos.
Unas dos manzanas cerca de la loma, me di cuenta de que Steve llevaba su escudo en la mano. Me pregunté qué podía haber sucedido. Aunque también lo noté un poco agitado cuando recién lo encontré en el desfile. Algo parecía marchar muy mal. Y cuando un tipo que se veía demacrado se nos apareció, supe que era verdad.
—¿De verdad tienes el cinismo de llevártelo, como si fuera...?
—Creí que ya había terminado contigo.
Observé al tipo que le había hablado así a Steve. Nunca en mi vida lo había visto, pero lo odié al instante porque el fanatismo hacia Hydra se le notaba bastante. De hecho, se le nota a cualquiera que tenga grabado su símbolo en su ropa.
—Tú interferiste con nuestros planes, ¿y ahora pretendes ablandar a nuestra mejor arma? Eres un poco molesto.
Fue fácil descubrir a quién se refería cuando mencionó la palabra arma. No me hizo sentir mal, pero insinuar que Steve no hacía lo correcto era digno de una dosis mayor de mi odio. Sabía perfectamente lo mal que me sentía por pensar en la distancia que esos desgraciados habían establecido entre nosotros. Luego le vi bien el rostro, y lo noté cubierto de arañazos y heridas abiertas. Había atacado a Steve por alguna razón, que no imaginaba lo rápido que descubriría.
—Saben que no pueden terminar con Hydra tan fácilmente. Soldado, ¿por qué no dejas a este idiota y te regresas con nosotros? Oh, es cierto: ya te despertaste de tu cómoda hibernación, y ahora te crees todas las mentiras que te dicen, ¿no es así?
—Tal vez sean mentiras para ti —intervine tratando de conservar la calma—, pero yo ya he decidido formar mi propia realidad, y en ella tú te largas de aquí mientras todavía puedes, o lo que es lo mismo, antes de que vaya a hacerte pedazos.
No creí que pudiera ser tan agresivo. A Steve también lo había fastidiado, pero se contuvo replicar algo para evitar una pelea innecesaria. Aquellos que no han aprendido ni a base de golpes, son los más peligrosos y difíciles de controlar.
—¿Nunca te preguntaste por qué te elegimos a ti?
Sí lo había hecho. No sabía cómo hacer para impedir que continuara hablando.
—Bueno, al principio no lo sabía nadie, pero ¡imagínate! Teníamos al mejor amigo...
—¡Basta! —la voz de Steve sonó distinta a causa del enojo que le causaba escucharlo —Ya no tienes nada qué hacer; toda Hydra cayó junto con SHIELD, ¿cómo crees que volverán?
El tipo se rio como si le hubieran contado un chiste. El barullo de la celebración resonaba a lo lejos, parecía que estuviéramos en otro día al mismo tiempo que ellos. Y un ex hidra estaba deteniéndonos, y nosotros que lo escuchábamos... Eso era lo más ilógico.
—Tienes razón, Capitán; hemos caído. Pero si no hacemos nada para evitarlo, así seguirá siendo.
—No tiene caso, Steve; vámonos de aquí.
Había funcionado, hasta que el tipo sacó una pistola; se disponía a disparar, cuando Steve lo detuvo justo a tiempo lanzándole su escudo. Yo también estuve a punto de actuar, pero antes de que pudiera hacer algo, se dio cuenta.
—¡No te olvides, Soldado, quiénes te salvaron de la muerte! ¡Sputnik!*
Todo se volvió negro, y después de azotar contra el suelo, no supe lo que ocurrió.
Desperté después de un rato, poco antes del atardecer. El que una vez fue agente de Hydra ya no se encontraba ahí. Lo más seguro era que Steve se hubiera hecho cargo de él. No había que preocuparse, más que por la verdad que me reveló. Finalmente había comprobado que no podía seguir así. Todos estos días hice esfuerzos para volver a tener una vida normal; esfuerzos que jamás darían resultado porque era un hecho que me habían programado para nunca lograrlo.
Decidí que ya era el momento de ponerle fin a todo.
Saqué el revólver, y entregué mi vida a la suerte.
—¡¿Qué es lo que estás haciendo, Bucky?!
Disparé la quinta cámara, vacía también, y al escuchar a Steve tan alterado, el pulso se me aceleró, como si estuviera a punto de tener un ataque de pánico, e incluso sentí que por mis venas corría sangre muy helada, porque palidecí. Steve me había descubierto mientras jugaba a la ruleta rusa. Por momentos no supe cómo reaccionar. Sabía que podía decepcionarse.
—Dame eso.
A causa de la sorpresa, no puse objeción alguna cuando caminó hasta mí y me arrebató el revólver. Después, cada fibra de mi cuerpo se tensó cuando lo vi apuntándose con él.
—¡Steve, no!
Estuvo a punto de dispararse la última cámara, la que era seguro que contenía la bala. Sin pensar en otra cosa, lo embestí; ambos caímos, pero por lo menos el arma se le cayó de las manos.
—¿Quieres explicarme por qué te apuntabas?
Fue difícil y doloroso. No entendía por qué. ¿Cómo decirle lo que ocultaba? ¿Temía que no lo entendiera? ¿Que después de saber cómo me sentía por todo lo que me hicieron, se diera cuenta de que ya no tenía arreglo? A pesar de todo, lo hice, porque si me dejaba todos la asuntos sólo para mí, en cualquier momento estallaría, y nadie sabría la razón. Sólo quería que supiera el fracaso que siempre sería.
—¿Lo hiciste por lo que dijo el hombre de hace rato? No confíes en lo que dice. Hay gente que no tiene razón de ser desde que destruimos a Hydra. No debes de ser como ellos. Eres mejor que eso.
—No sólo por eso —dije con mucho esfuerzo—. No creo que pueda lograrlo. En ningún momento lo he hecho.
Después le seguí contando más acerca de mi aflicción: toda la desesperación que sentía y que había logrado ocultar, y cómo había decidido jugar a la ruleta rusa. Fue doloroso ver también la angustia que inundaba su rostro conforme seguía contándole.
—Estabas jugando en contra de las reglas, ¿sabes? —dijo cuando terminé— Cada vez que lo intentas tú, debes pasárselo a alguien más. ¡¿Qué sentido tiene jugar tú solo, si sabes que tarde o temprano te va a tocar?!
No respondí nada. Sólo miraba el suelo, esperando encontrar alivio si desconectaba mi mente de la realidad, como siempre trataba de hacerlo.
—Parece como si nada más estuvieras decidiendo hasta dónde vas a llegar. Entonces, ¿nada de lo que hemos hecho por ti te importa?
Me seguí mostrando distante. Era evidente que sabía que no era del todo cierto, porque de otra manera, me habría dado el tiro desde el principio. Sólo podía quedarme así, petrificado, esperando una resolución. Lo mejor que podía esperar, era que me diera la razón: que me habían convertido en una persona diferente que él ya no conocía.
Después de unos minutos, recogió el revólver de nuevo, e intentó darse el tiro.
—¿Por qué haces eso? —pregunté mientras volvía a quitárselo.
—¿Vas a seguir jugando tú? ¿Quieres morir? Adelante, si no tiene sentido detenerte, entonces no perderé mi tiempo. Pero, por favor, déjame jugar contigo. Si me toca a mí, no tendré que volver a pasar por la angustia verte morir. Tú decides.
No quise decirle que a la próxima que tiraran del gatillo, la bala saldría disparada finalmente. Me pareció innecesario. Entonces comprendí que era el momento de decidir, no sólo porque él lo estuviera diciendo. Era imposible seguir viviendo así, deseando morir porque a cada momento descubría que no había razón para ganar a la ruleta rusa.
—Ya no puedo ser como antes, Steve. Quiero decir, sé que antes era de otra manera. Quizá ya no pueda volver a ser así.
—Ambos lo hemos hecho. Yo tampoco soy como antes. Nosotros hemos cambiado al igual que el mundo. Lo que también es cierto es que a mí me duele bastante pensar en que mientras yo estaba en el hielo, a ti te estaban haciendo cosas terribles. Juro por mi vida que si tan sólo hubiera sido más rápido, no te habría dejado caer del tren. Pero no pude. Tengo que vivir con eso, ¿sabes?
Su voz había sonado tan llena de dolor, que incluso me sentí culpable. Tumbados en el suelo, nadie decía nada. Era increíble escuchar eso.
—A veces me pregunto qué hubiera pasado si yo hubiera caído del tren. Y siempre llego a la conclusión de que si me hubieran encontrado a mí, no habría podido soportarlo. Siempre has sido más fuerte. Y también he olvidado agradecerte por rescatarme del agua. Sé que fuiste tú. Estaba inconsciente, pero sólo lo sé. ¿Ves? Te debo la vida, lo menos que puedo hacer ahora es aceptar que ya no somos como antes.
Me quedé unos momentos decidiendo. ¿Cómo no se me había ocurrido pensar que era difícil también para él? A pesar de que todavía me parecía imposible descubrir una razón para dejar la ruleta rusa, decidí que había una. Quizá después la descubriría. O quizá ya la conocía pero no sabía que ésa era.
—Steve, ¿qué hiciste con...?
—No te preocupes, ya no molestará a nadie. Después de que te desmayaras, armó un gran revuelo cerca del desfile. En un día como hoy, no sé a quién se le ocurre hacer eso.
—¿Cuando toda la policía está vigilando?
Asintió y sonreímos. De verdad era una gran tontería. Había llegado el momento de comunicarle mi decisión.
—Steve, decidí dejar de intentarlo. Creo que ninguno de los dos tiene la culpa por lo que pasó. Además, yo también te debo la vida por destruir a Hydra y salvarme de ellos.
—¿Y qué quieres hacer ahora?
Sólo había una respuesta para tales circunstancias.
Me levanté, sintiéndome mucho mejor. Steve también se levantó, y lo llevé hasta donde estaba preparada su fiesta. Desde lejos podía ver a Sam y Natasha esperando. Cuando se dieron cuenta de nuestra presencia, al parecer se aliviaron de vernos, porque realmente tardamos mucho. No hicieron preguntas porque podían presentir que debían esperar hasta que estuviéramos listos. En cambio, procuraron continuar el festejo. Felicitaron a Steve por su cumpleaños, a quien no le causó gracia cuando Sam encendió un pastel con decenas de velitas. Claramente había sido idea suya.
Cuando se hizo más tarde, comenzaron a lanzar los fuegos pirotécnicos. Fue el momento favorito de Natasha, porque pronto sacó su caja y comenzó a repartir sus cohetes. Le dio bengalas a unos niños que venían con una de las familias que se reunieron donde estábamos nosotros, a Steve y a Sam les dio un puñado de petardos, y a mí me dio la fuente, como había dicho antes.
La encendí, y comprobé que tenía razón: ya no me sentía tan solo.
Gracias por leer, y espero saber qué les pareció.
