Capítulo 4_No quiero volver.

-¡Un príncipe! ¡Eres un jodido príncipe! ¡Y nos lo has ocultado todos estos años!- exclamaba Yitán, ya de vuelta en la guarida.
-Jamaz lo habría imaginado...
-Y tanto, che. Cualquiera lo diría.
-Un jodido y puto príncipe. La hostia. Eres la hostia, tío.
-¿Queréis dejarme en paz?
-¿Se puede saber por qué dejaste esa alucinante vida para venir a morirte de asco por las calles de Lindblum?
-¿Alucinante vida? ¿Tú eres tonto o qué? No tienes ni idea de lo que es.
-Y para más, te ibas a casar con nada menos que Garnet, la princesa más hermosa que jamás haya tenido Alexandría.
-Y la más plasta. Si la hubieses conocido... las chicas no son solo una cara bonita. Antes me vuelo los sesos que compartir mi vida con esa. Paso, paso.
-Tío, sigo sin entenderte. Cambiar tu cuna real por... esto- abarcó la guarida con un amplio movimiento de brazos.
-Créeme, he salido ganando. La vida en un palacio...es una tortura. Para una persona como yo es morir de apoco. Cada día te consumes un poco más, encerrado en cuatro paredes, obligado a seguir el protocolo y la etiqueta. No, esa vida no es para mí. Ni modo. Mi vida es esto.
-Estás majareta. Que alguien le devuelva el sentido común, por favor.
-Te regalo mi antigua vida. Toda para ti.
-Oh, vamos, che. Es el sueño de cualquier persona; pertenecer a la realeza. El sueño de cualquier chica es ser una princesa.
-Yo no soy chica. Además, ese sueño no se aplica a mí. Si tengo que volver a Sarmag, moriré. De tedio o algo peor. No voy a volver.
-Eso será si le ganas a ese tal Gabranth. Recuerda que has aceptado el reto. Y que yo sepa, faltar a tu palabra no es algo que acostumbres hacer.
-Claro que voy a ganar. Ni lo dudes siquiera.
-Estás muy seguro.
-Claro que lo estoy.
El jefe, que no había dicho ni media palabra desde que salieron del castillo, se levantó de donde estaba sentado y encaró a Blank. Este se quedó callado al instante, rehuyendo la mirada de su jefe.
-Mira, Blank, o Bassalard, o como coño te llames. Aquí todos confiamos unos en los otros. No me puedo creer todavía que nos ocultases algo tan importante. Pensé que éramos una familia.
-Aún somos una familia.
-Tu verdadera familia está esperándote en el castillo de Lindblum, preocupada por ti, preguntándote qué diablos habrás hecho estos últimos ocho años. Les debes una historia por lo menos. ¿Y si te vas un tiempo para Sarmag? Sólo un tiempo. Para recuperar raíces ¿Eh?
-No podría. Eso de inclinarme y hablar de vos y sin usar palabrotas no me va. Ya no estoy acostumbrado a eso.
-No seas crío. No será para tanto.
-¿Y vosotros qué sabéis, eh? Ni os imagináis lo aburrida y vacía que es esa vida. Además, no sabéis lo que es que te obliguen a casarte con alguien a quien no quieres.
-¿Pero ze puede zaber que te ha hecho la princeza Garnet?
-Existir, ¿Te parece poco?
-Algo máz habrá.
-Mira, no me gusta y punto.
-Pero si dicen que es una persona muy dulce y cariñosa, y guapa y gentil, y guapa... y dulce... y guapa- Yitán estaba perdido en sus ensoñaciones.
-Hmpf... No hay manera. Da igual. Como no voy a perder, no va a pasar nada.
-Estás muy seguro de ti mismo.
-Claro. Gabranth nunca ha sido mejor que yo.
-Ocho años dan para mucho.
-¿Y yo que, he estado cruzado de brazos? Un dojo real no puede compararse a la experiencia que dan las calles. ¿Cuántas veces habrá luchado para salvar la vida? Apuesto que ninguna. Simples combates de exhibición. No tiene nada que hacer.
-Mira, tú verás donde te metes. Pero si no quieres a la princesa, para mí, ¿Vale?
-Para ti toda.
-En fin. Desde luego, cuando se te mete algo en la frente, no hay modo. Una duda, ¿De verdad habrías estado dispuesto a echarnos encima a los soldados de tu padre solo por tu orgullo?
-¿Es que acaso no lo escuchasteis? No lo hubiera hecho ni de broma. Era un farol, aun con todo es mi padre y lo conozco. Y aún por encima, ¿Un acto semejante en el castillo del Cid? Ni de broma. Además, ¿Acaso estáis insinuando que no hubiéramos podido escapar? ¿Estamos perdiendo facultades o qué?
-Bah.
-Que dezconziderado erez.
-Vamos, vamos.
-Y bueno... ¿No nos piensas contar nada más?
-¿Cómo qué?
-No sé... ¿Qué tal es que te llamen majestad?
-Un coñazo. De verdad, ahora no me apetece hablar de ello. Voy a dar una vuelta.
-Oye, ¿Adónde vas?
-A dar una vuelta, ya lo he dicho.
-¿Y nos vas a dejar así, en ascuas? ¿Te crees que esto pasa todos los días?
-¿Qué más queréis saber?
-Joder, un montón de cosas. Como fue tu infancia, que cosas hiciste cuando eras pequeño, como eran tus hermanos y tus padres... hay millones de cosas que queremos saber.
-Habrá tiempo. Pero ahora de verdad no me apetece. Me marcho.
-¿Puedo ir contigo?- preguntó Yitán poniendo ojitos de cachorro.
-Haz lo que te dé la gana.
-¡Yupi!
-Pero no me vas a sacar nada más. Y como me des la vara te echo de mi lado a patadas.
-Palabra. Seré bueno.

Podía sentir sus ojos clavados en él. Pero no le hacía ni caso. Solo caminaba sin un rumbo fijo con él a su lado. En verdad, no tenía motivo de queja. No había dicho una sola palabra desde que salieron la guarida. Pero la mirada abrasiva de su curiosidad empezaba a ponerlo de los nervios. Lo miró por fin.
-Te estás muriendo de ganas ¿Eh?
-Claro que sí. Pero sé que es mejor no tocarte la moral. Además, son tus cosas. No es bueno presionarte con esto. Es algo importante para ti, y lo entiendo. Además, es un tema complicado.
-Uau, no me lo esperaba de ti. Por tu buen comportamiento, te has ganado el derecho a una pregunta.
-¡Oh! ¡¿Cualquier pregunta?!
-... sé que me arrepentiré, pero si, cualquier pregunta.
-Uh, uh, ¿Qué pregunto? ¿Qué pregunto? Es que hay tantas cosas que quiero saber.
-Solo una ¿Eh?
-¿Y prometes responder sinceramente sea cual sea?
-Que sí.
-¿Por entrometida que sea?
-Oi, si no te apuras y te dejas de tonterías te retiro el derecho.
-¡No, ya va! A ver... mn...¡Ah, ya sé!
-A ver.
-¿Cuál es la verdadera razón o razones por las que no quieres casarte con Garnet?
-Uf... ¿Tenía que ser esa?
-Sí.

-En fin. En primer lugar, porque no me gusta. Esa es la razón principal. No... no le encuentro el punto. No es mi tipo. Que si, que la chica es guapa y amable y tal... … pero no sé qué quieres que te diga. No me gusta. La segunda razón es porque me obligan. ¿Quién se cree que es para decirme con quien debo casarme?
-¿Tu padre? ¿El rey de Sarmag?
-Para mí no es suficiente. Ni de lejos. Si alguna vez me caso será con quien yo quiera, y lo haré con la persona que quiera, no porque lo dicte la estúpida diplomacia.
-Ya veo. ¿Hay más?
-¿Te parece poco no estar enamorado de ella?
-Bueno, sin duda es una poderosa razón. Cuéntame más, ¿Cómo es?
-Bueno... es muy amable. Y muy sumisa. Realmente, no es mala gente, porque podría ser una persona calculadora, que enseña una cara pero en realidad es radicalmente diferente, pero sé que es bastante simple, que lo que ves es lo que hay. Siempre sonríe, pase lo que pase.
-Que maja.
-Que idiota, dirás. ¡Si no te apetece sonreír, no sonríes, coño! No tienes por qué estar siempre alegre, aun cuando quieres estar triste. Es una soberana estupidez. Esa es otra cosa que no me gusta de ella. Siempre obedece las órdenes de su madre, sean cuales sean, sin cuestionarlas, le gusten o no. Hay que tener un poquito de personalidad, caray. Y siempre te sigue como si fuese un perrito faldero. Parece tonta.

-Pobrecita. Seguro que no es para tanto.
-¿Tú que sabrás? Cuando éramos pequeños estábamos juntos a veces. En aquel tiempo no me llevaba tan mal con ella. Jugábamos juntos y esas cosas. Ella, Galbor, Leene y yo. Trevize era muy pequeño, y poco jugó con nosotros. Otra cosa que no me cae de ella es que aunque la trataba con frialdad, incluso siendo grosero a posta, ella no me lo tenía en cuenta. Seguía sonriéndome y tratándome con amabilidad.
-Joder, que malo. Pobrecilla, lo que habrá tenido que aguantar. Tú cuando quieres ser grosero, eres grosero a pan pedir.
-Bah. Ya da igual. No voy a volver, ergo no me voy a casar con ella, así que ya no hay problema. Muerto el perro, se acabó la rabia.
-Eso será si le ganas al tal Gabranth.
-Que pesadez. Claro que voy a ganar.
-Estás muy confiado para llevar ocho años sin verlo.
-Si lo vimos en el pasillo. Fue el tipo que me arrancó el cinturón de la cabeza.
-¿Aquel tipo? Parecía rápido. En fin, pudo quitarte el cinturón. ¿Sigues tan seguro?
-Me cogió con la guardia baja. Aquello no era una pelea. No lo volverá a lograr, te lo aseguro.
-¿No echas de menos a tu familia? ¿Ni siquiera un poquito?
-Bueno... yo...
-No sabes lo que daría yo por haber tenido una familia. No es que no sea feliz en Tantalus, pero... no sé. Siempre quise saber quiénes eran mis padres, si tenía hermanos o algo así... y no me cabe en la cabeza que tú tuvieses todo aquello y te marchases sin más, dejándolo todo atrás.
-... Si.
-¿Si qué?
-Sí que los eché de menos. Claro que sí. Incluso a mi padre. Pero... no quiero volver. Me gusta mi vida de ahora. Estoy muy bien aquí. Además ¿Qué haríais vosotros sin mí?
-Oh, te ha dado un ataque de egocentrismo. La verdad es que nos apañaríamos muy bien sin ti...
-Gracias.
-... sin embargo, sí te echaríamos mucho de menos. Por un lado, quiero que vuelvas a tu casa, con tu familia. Seguro que te echaron mucho de menos. Pero, por otro lado... me da pavor pensar que te separarás de mí… de nosotros.
Blank lo miró de reojo. Estaba un poco sonrojado.
-Bah, no te pongas sentimental ahora- dijo revolviéndole el pelo-. Vamos a la guarida, anda. Se hace de noche.