Capítulo 5_ Fight.

Al día siguiente, Yitán trataba de arrancar a un malhumorado Blank de la cama. Bakú había ido al castillo y lo había mandado a buscar.

-¡Arriba, marmota! Tu padre te reclama en el castillo.

-¿Qué querrá ese de mi ahora?

-Pero venga, arriba.

-Ya voy, ya voy- se tapó la cabeza con la almohada.

-¡Vamos!- jaló la manta que lo cubría.

-¡Que ya voy, coño!- le arrojó la almohada a la cabeza.

-Humpf, menudo humor gastamos de mañana.

-Eres tú quien me pone de mal humor. Se dejó caer de nuevo sobre el colchón. Yitán, harto, cogió carrerilla y se tiró en plancha sobre él.

-¡Idiota, ¿Se puede saber qué haces?!

-Intento sacarte de la cama, maldita sea. Es que no hay forma. Te aferras a las sábanas como una lapa con pegamento. Arriba.

-¿Y si no me da la gana?

-Lo ha dicho el jefe.

-¿Y qué? La culpa será tuya por no haber podido levantarme.

-Si no te levantas ya, sufrirás las consecuencias.

-¿Qué vas a hacerme tu, esmirrifio?

-Bueno... tengo formas de persuasión.

-¿Qué formas?

Se irguió sobre el pecho de Blank, que por cierto, solo llevaba puestos unos boxers negros, y se acercó mucho a su rostro.

-Si no me obedeces... te violaré.

Blank se puso rojo. Y luego estalló en carcajadas.

-Sí, claro... como si tú pudieras...- dijo entre risas.

-¡Claro que puedo!- replicó hinchando los carrillos. Se sentó a horcajadas sobre él y le sujetó los brazos por encima de la cabeza. -Y ahora, suplica.

-Sí, más quisieras- le sonrió con una sonrisa macabra.

En un rápido movimiento, invirtió las posiciones, quedando él encima de Yitán, sujetándole un brazo a cada lado de la cabeza.

-¿Decías?

Yitán forcejeó sin conseguir que cediese.

-Jo, no vale. Abusón.

-Y ahora, suplica.

-Jamás.

-Tú mismo. Una cosa, ¿Desde cuándo te has vuelto gay?

-Ya lo quisieras. Solo bromeaba. Que no es por nada, pero aquí el que batea hacia ambos lados eres tú, así como eres tú el que está en paños menores sobre mí.

-¿Y quién ha empezado, eh? Aún espero que supliques.

-Déjame.

Forcejeó con más fuerza y empezó a patalear.

-No vas a poder.

-Ya lo veremos.

-Que obstinado. ¿Cómo debería violarte? Mn... No sé. Tengo muchas ideas. Pero te aseguro que no seré gentil.

-Ya basta, estás yendo demasiado lejos.

-¡Blaaaaank!- gritó la voz de Marcus desde el piso de arriba.

-¡¿Qué quieres?! ¡Estoy ocupado!

-¡El jefe dice que como no eztez allí en veinte minutoz te pateará el trazero!

-¡Ya voy! Te ha salvado la campana.

Lo soltó y se levantó.

-¿A Marcus sí le haces caso a la primera?

Blank se encogió de hombros.

-Es que no impones.

-¡Claro que impongo!

-Para nada, colega.

-... jo. Eres malo. Y un abusón.

-¿Abusón por qué?

-Porque si. Me hiciste daño en las muñecas. Apretaste muy fuerte.

-Perdona.

-No lo dices de corazón. No te perdono.

-Me da igual.

Blank se puso unos pantalones. Luego se fijó en que Yitán aún estaba allí, mirando para él.

-¿Disfrutando del espectáculo? No sé yo si lo de violarme iría en broma. A saber lo que cruza por tu pervertida mente.

-En tus sueños, Blank... en serio, ¿Acaso no crees que podría hacerlo?

-¿Tú? Ni de lejos.

-Pues claro que podría... es decir, si quisiera. Cosa que no quiero.

-Lo que tú digas.

Buscó con la mirada su chaleco.

-¿Dónde... hmn... ah, ahí.

Lo recogió del suelo.

-Por dios, eres un completo dejado. ¿Cuándo vas a ser un poco más ordenado?

-Sí, cariño. Lo que tú digas.

-¿Cariño?

-Es que pareces mi esposa.

-¿Tu esposa? Tú estás muy mal.

-Tal vez lo esté. Vamos, yo ya estoy. Voy a comer algo y nos vamos.

-No tenemos tiempo.

-¿No querrás que vaya con el estómago vacío?

-Vamos, apura.

-Ya va, ya va.

Al llegar al castillo, la gente lo miraba de forma diferente. Lo señalaban con disimulo y murmuraban entre ellos. ¿Se habría corrido la voz tan rápido? Tuvo la confirmación cuando llegó al pasillo del ascensor. Los dos guardias que custodiaban la entrada se apartaron para flanquearle el paso con una reverencia. Puso los ojos en blanco. Menuda idiotez.

En el piso superior, un pequeño grupo de soldados escarlata y negro los esperaban. Entre ellos, estaba el tal Gabranth. Blank se acercó a él y se puso a su altura. Aquel hombre era más bajito que Blank, aunque parecía algo mayor. Tenía el pelo negro, con un largo flequillo que le cubría el ojo derecho. Sus ojos eran verdes, de un verde muy claro. Se inclinó ante él, al igual que el resto de los soldados. Blank puso una mano sobre su hombro y lo enderezó.

-Por favor, Gabranth. Déjate de estupideces. Y lo mismo vale para vosotros- dijo refiriéndose al resto de los soldados.

-Nuestro deber es mostrar el máximo respeto a la familia real, alteza, por si lo habéis olvidado- replicó Gabranth con cortesía y sumisión.

-Pero yo no quiero que me tratéis así.

-... lo siento, pero no podemos.

Con delicadeza, apartó la mano de Blank y volvió a inclinarse.

-Allá vosotros. Machacaros la espalda si queréis. Vamos, acabemos de una vez.

Bakú y la familia real, así como el Cid, los esperaban en la sala de audiencias.

-¡Hermano!- exclamó Leene, llena de alegría.

-Hola, Leene. ¿Cómo estáis? Galbor... Trevize, ¿Qué tal?

-¿De verdad eres tú, Aniki?- preguntó Trevize.

-Claro que soy yo.

-... luces diferente a como te recordaba.

-Claro que luzco diferente. He crecido. Hace un montón de tiempo que no nos vemos. Y tú eras muy pequeñito. Tú también has crecido mucho. Eres todo un hombrecito- le revolvió el cabello.

-... Aniki.

-¿A mi no me saludas, querido hijito mío?- exigió su padre.

-... tú aléjate de mí.

-Hermano, no seas malo con nuestro padre.

-Vale, vale.

-... sé bueno y salúdalo.

-... hola.

-¿Sólo eso?

-Ya basta, Trevize. Acabemos con esto de una vez. No he podido desayunar casi nada y tengo hambre. Así que abreviando.

-Cid, amigo mío, ¿Dónde nos permitirías...?

-... mn... no sé. ¿No estoy a tiempo de disuadiros de esta tontería y convenceros de que hablemos de forma civilizada?

-Lo siento, amigo. Cuando a un Vrecoc Til Sarmageon se le mete algo en la cabeza, no hay modo. Y eso es algo que creo conoces de sobra a estas alturas. Así que, ¿Dónde?

-... el único sitio que se me ocurre es el dojo donde entrenan los soldados del castillo, en el nivel inferior.

-Vamos pues.

El susodicho dojo era una amplia sala con suelo de madera.

-¿Cómo quieres hacerlo, Gabranth?

-Como designe su alteza.

-Y dale. A mí me da igual. Elige lo que quieras, puedo con todo.

-Tal vez no deberíais estar tan seguro, alteza. Hace mucho que no nos vemos. He entrenado muy duro durante estos nueve años.

-Comprobémoslo. ¿Acaso crees que he estado de brazos cruzados?

-Como deseéis. ¿Shinai?- (N/A: shinai: estilo de espada de madera con la punta acolchada utilizada en los entrenamientos).

-Por favor. ¿Por quién me tomas? No pienso utilizar un shinai.

-No puedo permitirme dañaros.

Una vena se hinchó considerablemente en la frente de Blank.

-...tú... ¿Qué te has creído? ¡Ahora sí! ¡Acero o nada! ¡Cabrón creído! ¡Te vas a enterar! ¡No pienso darte ni un respiro! ¡Te vas a arrepentir del día que me descubriste en ese pasillo, cabrón con pintas! ¡Que no quiere dañarme... como te descuides te despellejo!

-… No os alteréis majestad- dijo con una leve sonrisa.

-¡Déjame en paz!

-¿Sus órdenes, Su Alteza? - se giró hacia el rey

-Como Bassalard prefiera. Y no te cortes con él. No hace falta que seas suave. Presumo que él no tendrá un ápice de piedad y espera lo mismo de ti.

-Como ordenéis. Acero de verdad. ¿Qué estilo de arma?

-Lo que prefieras.

-De acuerdo. Yo escojo mis propias armas, así que, para igualdad de condiciones, os doy opción a hacer lo mismo.

Por toda respuesta dejó escapar un gruñido de asentimiento. Gabranth se quitó el peto de la armadura para estar más cómodo y desenvainó dos dagas largas. Blank ya tenía su espada en las manos y se había quitado la vaina, que llevaba siempre a la espalda con un cinturón de cuero. Gabranth se inclinó ante él.

-¿Vas a luchar inclinado?- dijo socarrón.

-No, majestad. Os pido disculpas, alteza, por adelantado. Lamento profundamente tener que haceros daño y tener que venceros en combate, pero no me dejáis otra opción.

-... cabrón...- la vena en la frente de Blank estaba a punto de explotar-... habla ahora que puedes, a ver como sigues hablando cuando acabe contigo...

-Suficiente. Adelante.

Gabranth se inclinó a forma de saludo. Levantó la vista, esperando que Blank hiciese lo mismo. Este se cruzó de brazos y lo miró de forma altiva.

-Jamás en mi vida me he inclinado ante nadie. Jamás. Incluso cuando mi vida dependiera de ello. Ni siquiera cuando era un niño pequeño me incliné siquiera ante mi padre. ¿Esperas en serio que me incline ahora?

-No, su alteza. Lo siento por mi error.

-Bien. Vamos allá.

Blank bajó la espada, rozando el suelo con la punta. Gabranth cruzó los brazos sobre su pecho, con una daga larga en cada mano. Blank esperó.

-Adelante. Te estoy esperando.

-Como deseéis. Perdonadme.

Se lanzó hacia delante, hasta ponerse a la altura de Blank y descruzó los brazos en un movimiento elegante y enérgico, lanzando sendas cuchilladas a cada costado de Blank. Este paró una de las dagas con su espada y la otra con la mano. Aún así, no se dañó. La palma de sus guantes tenía unas plaquitas flexibles de metal que absorbieron el golpe y detuvieron el filo cortante. Le lanzó un cabezazo que le dio de lleno a Gabranth en la frente y le echó la cabeza hacia atrás. Intentó darle un rodillazo en el estómago, pero Gabranth se apartó a tiempo. Al echarse hacia atrás, subió repentinamente las dagas. Una de ellas hirió a Blank en la mejilla izquierda.

Gabranth se tambaleó unos pasos hacia atrás por la furia del golpe en la cabeza. Blank estaba impasible.

-¿Qué te parece? Tengo la cabeza muy dura.

Esta vez fue Blank quien atacó. Lanzó una estocada con furia al torso de su contrincante, de arriba abajo, que este esquivó con algo de dificultad. Con la espada a ras del piso, aprovechando la momentánea desprotección, Gabranth lanzó dos nuevas cuchilladas, que Blank esquivó. Sin darle tiempo, Gabranth atacó de nuevo, con dos cuchilladas al pecho. Blank se echó hacia atrás, pensó que no le había dado, pero entonces notó como su chaleco se escurría por sus hombros. Se miró el pecho. Dos finos y superficiales cortes cruzaban su piel casi a la altura de los hombros. Había cortado la parte de delante del chaleco.

-Por favor, Gabranth. Este golpe podría haber sido mejor.

Se desembarazó del maltrecho y molesto trozo de tela a tiempo de esquivar un nuevo ataque. Seguido de otro, y otro, y otro. Apenas tenía tiempo para cubrirse y esquivar. Dio un mandoble con furia y una de las dagas de Gabranth voló por los aires, para acabar clavada en el suelo a varios metros de donde ellos estaban. Sujetó la mano en la que Gabranth aún tenía un arma y le retorció la muñeca, haciéndolo soltar la daga. La pateó y la mandó lejos. Le lanzó un nuevo rodillazo al estómago, que esta vez hizo blanco. Gabranth cayó de rodillas en el suelo.

-¿Ya está? ¿Esto es todo lo que tenías? ¿De esto presumías tanto? Que decepción, Gabranth. Esperaba más de ti.

-Aún no hemos terminado.

-¿Te empeñas en seguir?

-No me dejáis opción. No quería ponerme serio, pero es mi deber venceros para que volváis al lugar que os corresponde, que es en Sarmag, con la familia real.

Derribó a Blank barriendo el suelo con una pierna y se precipitó sobre él. Le retorció la mano para que soltara la espada y se posicionó encima de él. Blank apenas había tenido tiempo de reaccionar. Gabranth le propinó un puñetazo especialmente fuerte, un puñetazo que supuraba ira mal contenida. Eso no se lo habría esperado.

-¡Me prometí a mi mismo que haría lo imposible por traeros de vuelta, y eso pienso hacer!

-Si yo te dejo, lo cual no me apetece.

De un solo movimiento, giró el cuerpo e invirtió las posiciones. Saltó de encima de él y recogió su espada del suelo. Gabranth rodó a un lado y recuperó una de sus dagas. Apenas se hubo puesto de pie, Blank se lanzó hacia él.

De un salto, dándose impulso sobre los hombros de Blank, saltó sobre él y aterrizó como un gato a su espalda. Corrió hasta donde estaba su otra daga y la recogió del suelo. Blank escupió una bocanada de sangre, que manaba de la herida que se había hecho en la boca cuando Gabranth le pegó. Lo atacó de nuevo.

Durante un tiempo, ambos se dedicaron a atacar y defender. Llegaron a herirse en varias ocasiones. Blank tenía varios cortes sin importancia en el pecho y los brazos. Gabranth también, además de un profundo corte en un costado fruto de un descuido. Su jubón de negro cuero estaba bastante maltrecho, y empezaba a molestarle. En un rápido movimiento, desató las cinchas que lo sujetaban por un costado y se desembarazó de él, tirándolo a un lado, quedándose con una camisa roja y negra. Atacó. Blank, para su sorpresa, dejó caer su espada, tomó sus muñecas con ambas manos, parando su mandoble sin aparente esfuerzo y le propinó una fuerte patada en el abdomen, que lo hizo retroceder, haciéndolo chocar contra una pared.

Se apoyó un instante contra la pared para recuperar el aliento, mientras el pelirrojo recuperaba su espada del suelo con toda la calma del mundo. Empezaba a estar cansado. Blank estaba casi tan fresco como al principio del combate.

-Déjalo ya, Gabranth. Ese corte en el costado es serio. No podrás seguir mucho más. Estás perdiendo mucha sangre, y podría abrirse más. Piensa un poco en ti. Tienes que retirarte.

El moreno se separó de la pared, de nuevo en posición de ataque.

-No pienso perder. Por nada de este mundo.

-Siento decepcionarte. Pero ya es suficiente.

Se abalanzó sobre él. De una estocada le arrebató una daga, y luego la otra. Lo derribó golpeándolo con el hombro y Gabranth acabó en el suelo. La punta de la espada de Blank le presionó la garganta, haciéndole un fino corte.

-Jaque mate, Gabranth.

-¡No! ¡No puedo aceptarlo!- gritó perdiendo los estribos- ¡Se suponía que no debía perder! ¡No puedo perder! ¡No puedo fallarle a mi rey así, no puedo fallaros a vos así!

-No le has fallado a nadie. Simplemente, has perdido. Acéptalo. Por lo tanto, no voy a volver.

-... no pienso darme por vencido, a menos que muera.

-No seas idiota. No voy a matarte. ¿Tú me matarías?

-Por supuesto que no.

-Entonces no es justo. Has perdido. Estás desarmado, con la espalda contra el suelo y mi espada en tu garganta. Te he vencido.

-¡No, aún no hemos acabado! ¡O venzo o muero!

-Gabranth...- dijo el rey.

-¿Alteza?

-... ya está, Gabranth. Has perdido honrosamente. Él ha ganado.

-Pero... pero... tengo que ganar. Tengo que traerlo de nuevo a casa.

-Se acabó, Gabranth. No me has fallado. Lo has hecho lo mejor que has podido. Estoy orgulloso de tener un soldado tan noble y fuerte como tú a mi servicio. Pero ya es suficiente.

-No... Yo quería que volvierais...

-Lo siento. Pero no lo haré. Has luchado bien. Te has vuelto mucho más fuerte, es cierto. Pero no puedes compararte con la experiencia que da haber luchado en más de una ocasión para salvar el pellejo. Es algo superior al entrenamiento que puedas recibir en un dojo. Volveremos a luchar siempre que quieras. Pero ahora, debes curarte. Estás herido.

-Aún puedo seguir...

-No puedes porque te he vencido.

Se alejó de él. Recogió la vaina de su espada y se la acomodó a la espalda, como la llevaba siempre. Varios soldados se acercaron a Gabranth y lo levantaron del suelo.

-Capitán, necesita atención médica.

Gabranth no respondía. Sólo miraba fijamente la espalda de Blank.

-¡Mi señor Bassalard! ¡Os lo suplico, volved! ¡Sé que he perdido, pero por favor, os lo ruego, volved a Sarmag!

-... ni aunque me lo pidas de rodillas.

Se encaminó a la salida.

-... Majestad... por favor... os lo ruego.

No le hizo caso. Se fue.

-... Blank, espera- dijo Yitán yendo tras él.

-Os he fallado, Alteza.

-No lo has hecho. Has estado muy bien. No pensaba que Bassalard se hubiese hecho tan fuerte. Ahora ve a que te curen. Y estate tranquilo. Has dado todo de ti en un combate de forma honorable. No hay nada de lo que debas avergonzarte.

-Sí, alteza.

-Entonces, Aniki no va a volver, ¿Verdad?- preguntó Trevize.

-... me temo que no- le contestó Galbor.

-Vaya. Qué pena.

-¡Eh, Blank, espera! Lo alcanzó a la carrera y se puso a caminar a su altura, lo cual le era un poco difícil, porque el pelirrojo caminaba a grandes zancadas.

-Oye, deberías ir a que te cure.

-Ya voy.

-Pues ven, anda. Vamos a la enfermería de aquí.

-Prefiero ir a otro sitio.

-¿Y piensas ir por ahí sangrando como un cerdo? ¿Estás tonto o qué? ¡De eso nada! Pasa, vamos.